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14.6.12

Sí podemos y debemos hablar del islam en Occidente

La pregunta se la hacen Lloyd Newson y la compañía DV8 en «Can we talk about this?», una pieza «verbatim» que mezcla teatro, danza y cine, sobre la tolerancia hacia los intolerantes





Miguel Ayanz entrevista a Lloyd Newson

Lloyd Newson podría haber escrito un libro o rodado un largometraje documental con el material que reunió a lo largo de cinco años de laboriosa investigación y trabajo, y que ha cuajado en «Can we talk about this?», la pieza que dirige con la compañía británica DV8 que cierra este fin de semana el Festival de Otoño en Primavera. 

Cinco años de entrevistas con islamistas moderados y radicales, con cristianos y ateos, sobre las que han construido una pieza de teatro-danza (ellos emplean el término «teatro físico») inscrita en el género «verbatim», un teatro documental surgido en los 90 en la escena inglesa que bucea en la realidad y la aportación documental.

Newson da voz a unos y otros, aunque reconoce que ha partido de una tesis: ¿por qué en Europa no nos atrevemos a abordar los problemas del islam? «En Gran Bretaña, la población musulmana es sólo entre el 2 y el 3%. Lo interesante es cuánta atención acaparan en cuanto a artículos en periódicos, cuestiones sociales...», comienza reflexionando Newson, un tipo curioso –toma notas y graba la entrevista, «es un tema controvertido», se justifica– que elabora un discurso rápido, analítico y sembrado de datos. Lleva cinco años estudiando a la comunidad musulmana y los conflictos culturales que acarrea en Occidente, sobre todo, sus implicaciones sobre la libertad de expresión.

Tolerancia cero

Lo primero que Newson aclara es que «esta obra no tiene nada que ver con terrorismo de ningún tipo. El que sea, porque algunos musulmanes ven la invasión británica de Irak como una forma colonialista de terrorismo. Esto no trata de los atentados de Londres, ni de Afganistán ni de Bin Laden». La obra surge de un estudio previo que él mismo realizó sobre homosexualidad en el judaísmo, el cristianismo y el islam. «Cuando entrevistaba a gente de un amplio espectro, algunos gays y otros no, religiosos y ateos, con diferentes opiniones sobre la homosexualidad, se hizo evidente que los musulmanes homosexuales, hombres o mujeres, se mostraban muy nerviosos al revelar su identidad. Y hablamos de personas que viven en Gran Bretaña. En una encuesta realizada por una organización muy respetada, Gallup, de 500 musulmanes británicos encuestados, al 0% le parecía que la homosexualidad era moralmente aceptable frente al 58% del resto de la población británica. Me pareció evidente que había un problema. Los gays musulmanes no podían decir nada porque temían represalias de su propia comunidad... ¡En Inglaterra! ¿Qué pasaba con la libertad de expresión?».

Llegados a este punto, antes de que nadie le etiquete, deja bien claras sus filiaciones: «Vengo de la izquierda blanca, trabajo en el teatro y soy homosexual». Lo subraya porque algo no funcionaba entre quienes se tachan de progresistas: «Muchos de mis amigos liberales luchan por los derechos de las mujeres, por la libertad a practicar o no una religión, combaten el racismo y han criticado al judaísmo, al catolicismo, al Papa, los escándalos sexuales en la Iglesia católica, y a la cristiandad», explica.
 Pero esa misma gente mira hacia otro lado cuando se habla del islam. «En Gran Bretaña funcionan más de 85 Consejos de la sharia, que en el fondo son tribunales que no ofrecen los mismos derechos a las mujeres musulmanas que a los hombres o a las mujeres británicas no musulmanas», denuncia Newson. «¿Por qué Gran Bretaña, bajo la bandera del multiculturalismo apoyado desde el Estado, permite que opere un sistema legal cuasi paralelo que no otorga a las mujeres musulmanas los mismos derechos que a las demás? Sin duda, eso es racismo. Pero mis amigos no están preparados para hablar de esto».

Matrimonios forzosos

La cuestión es: ¿por qué no lo están? Y Newson llega al meollo, al título del montaje: «Creo que están preocupados por que los vean como racistas. Pero tal como yo lo veo, no estoy haciendo nada racista. No querríamos eso para nosotros mismos. Los matrimonios forzosos no existen en la comunidad blanca británica. Pero sí en la musulmana, y es un tema que los políticos no quieren abordar desde hace mucho tiempo. ¿Puedes imaginar que no se investigase que una mujer blanca fuera forzada a casarse?». Y hace un matiz a su propia reflexión: «Digo blanco porque la mayoría de los musulmanes son de piel oscura, pero al final hablamos de religión, no de razas».

Newson sabe que el miedo también juega un papel en Occidente tras episodios como la fatua contra Salman Rushdie, el asesinato de Theo Van Gogh o las amenazas a los caricaturistas daneses. «Esta pieza no va contra el islam o tu derecho a profesar una fe. O a no creer, porque en el islam ser apóstata es un asunto muy serio, no es como abandonar la Iglesia católica. En muchos países, está castigado con la muerte, y eso viene del Corán. Hay mucho miedo y preocupación».

«El asunto en realidad es: ¿qué se puede decir sobre el islam? De eso trata la obra», explica Newson. Aunque para ello traza un camino bidireccional: si defendemos la libertad de expresión, ha de ser para todos. Por eso, a sus amigos les choca que defienda que la extrema derecha tenga el mismo derecho a criticar al islam como que los fundamentalistas abucheen la llegada a Londres de los féretros de soldados ingleses.

En los cientos de horas de entrevistas que grabó, abundan las opiniones liberales, aunque hay de todo, desde la feminista lesbiana canadiense Irshad Manji y la ex musulmana y política Ayaan Hirsi Ali, guionista de «Sumisión», el filme que le costó la vida a Theo Van Gogh (ambas viven amenazadas), hasta Mizanur Rahman, un extremista que protestó frente a la embajada danesa en Londres por las célebres caricaturas de Mahoma. «Por aquello fue sentenciado a cuatro años de cárcel. ¿Es esto aceptable? ¿Por qué su libertad de expresión no se respeta?», nos invita a preguntarnos el director. También ha acudido a material documental ya existente, como un cara a cara entre un islamista de la línea más dura y Maajid Nawaz, un ex radical anglo-paquistaní que, tras cuatro años en prisión, se reformó y trabaja ahora contra la violencia en la Fundación Quilliam. «Es genial escucharlos porque hay un gran debate entre los musulmanes, pero existe el riesgo de meterlos a todos en el mismo saco. El mismo que si alguien hablara de los conservadores y dijera que David Cameron y Geert Wilders son iguales».

La cuestión urge, advierte Newson. Y recuerda el origen de la frase del título: «Cuando un islamista radical degolló a Theo Van Gogh en plena calle, la última frase que éste dijo fue: ¿podemos hablar de esto? Evidentemente, ya no podían. Ése ya no era el momento. Debemos hablar de esto ahora».

El hombre sin rostro

Hace años que Lloyd Newson no deja que le hagan fotos. Para las entrevistas en televisión, aparece con gafas de sol y un gorro que le tapa media cara. «Durante los últimos 20 años o así he querido ser el observador, no el observado. Aprendo mucho más de la gente si no saben quién soy», explica el director. «El mundo que habito es muy pequeño. Hay una expresión que dice: juzga a alguien por la forma en que trata a alguien sin ninguna importancia. He visto a gente que podían llegar a ser muy maleducados hasta que descubrían quién era. Podía ser un bailarín en busca de un trabajo, y entonces empezaba a ser agradable. Me gusta saber eso desde el comienzo».

2.5.12

Danza y palabras contra los excesos del multiculturalismo

 DV 8 ofrece en el Mercat una obra que debate la tolerancia con el islam radical

Del jueves al sábado próximos en el Mercat de les Flors de Barcelona, podrá verse la obra de teatro " Can We talk about this?" con unos bailarines excepcionales que realizan movimientos coreográficos de fuerza visual hipnótica y apabullante.


 

Abordan desde la danza, utilizando además, y mucho, la palabra, la compleja relación entre la libertad de expresión y el islam en las democracias occidentales, a la luz de casos como los de Salman Rushdie, el asesinato de Theo van Gogh y las caricaturas de Mahoma. A través de una cuidadosa selección de textos provenientes de archivos y de entrevistas realizadas por el propio grupo que ofrecen una amplia representación de opiniones, DV 8 debate la desconcertante tolerancia en nuestras sociedades hacia actitudes del islam incompatibles con las libertades esenciales, tolerancia que se produce, dicen, en aras de un mal entendido multiculturalismo. Forman parte de los textos, entre los de otros muchos escritores, periodistas, políticos, fanáticos y víctimas, declaraciones de Martin Amis, de una mujer amenazada por escapar de un matrimonio impuesto, de un político musulmán británico que apoyó la quema de Los versos satánicos, de Timothy Garton Ash y de un imán que recibió amenazas de muerte por considerar que Darwin es compatible con el Corán.

 En entrevista telefónica que, advierte, va a grabar por lo delicado del tema (!), el director de DV 8, Lloyd Newson, recalca: “No es en absoluto una pieza contra el islam como religión como un todo, sino una obra que critica determinados aspectos del islam que van contra los derechos humanos, como la vulneración de los de la mujer y de los gays”.

Newson señala lo paradójico de que en el seno de las sociedades democráticas occidentales se permitan prácticas injustas por miedo a ofender la sensibilidad cultural, lo que conduce en realidad a traicionar minorías y libertades que se deberían proteger. En el Reino Unido, ejemplifica, las políticas de tolerancia han permitido que en el país operen 85 consejos que se rigen por la sharia. Por nuestro sentido de culpa poscolonial y el miedo a ser acusados de islamofobia y falta de tolerancia, opina el director, se está produciendo un peligroso vacío de críticas que hace el caldo gordo a los intolerantes.

En términos artísticos, el debate se traduce en Can We talk about?, estrenado en agosto en Sidney, en una forma “híbrida” y “holística” de danza y textos. Los bailarines afrontan con maestría asombrosa el reto de bailar y hablar al tiempo.

Newson no responde a la pregunta de si han recibido amenazas en reacción a su obra. “Prefiero hablar de críticas y opiniones fuertes”.

Fuente: Aquí