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10.3.04

Muerte en el Templo

El fanatismo musulmán llega a las iglesias cristianas en Pakistán.
Un sacerdote católico había advertido sobre la tragedia del lunes 29.

El lunes 29, un grupo armado, presuntamente fundamentalista islámico, irrumpió en la iglesia católica de la ciudad paquistaní de Bahawalpur y mató a 17 fieles. Un mes antes, en Suiza, un sacerdote paquistaní, había conversado con nuestro corresponsal en Europa, Ramiro Escobar, y le había mostrado su temor ante una posible tragedia.

HACE poco más de un mes, en los pasillos de la Universidad de Friburgo (Suiza) y durante el Congreso de la Unión Católica International de Prensa, me topé con tres personajes que llamaron mi atención. Tenían una piel muy oscura (pero no el pelo rizado como los negros africanos), hablaban un idioma extrañísimo y uno de ellos llevaba esa especie de cuello blanco típico de los curas. Inayat Bernard, Nadeem Francis y Khalid Rashid -el cura- eran católicos paquistaníes.

Entonces el ataque contra Afganistán era inminente, y los problemas en Pakistán también, de modo que me enfrasqué con Rashid en una conversación en inglés, que tuvo que contar con la ayuda de Dios para llegar a buen puerto.
Con un acento también extrañísimo y agitando un pasquín de papel rosado, en el que se veía la borrosa foto de un obispo, este cura barbudo intentaba explicarme lo que en 1998 había pasado con el "bishop John Joseph". La historia parecía increíble.

El 6 de mayo de 1998, ante el tribunal que lo juzgaba por supuesta blasfemia, John Joseph, obispo de Faisalabad (diócesis paquistaní), se había inmolado metiéndose un tiro, según Rashid para detener la opresión que sufrían las minorías religiosas del país.

El pasado lunes 29 de octubre, con la noticia del asesinato de 17 cristianos en una iglesia de la ciudad de Bahawalpur, evoqué el relato. Y me pareció de una triste coherencia.

Los cristianos de toda denominación sobrepasan apenas el uno por ciento de la población paquistaní. Como son tan pocos, practican un natural ecumenismo, lo que explica que los muertos del lunes sean protestantes, a pesar de que la masacre se produjo en una iglesia católica. El padre Safraz Simon, según han informado las agencias, prestaba su templo a las diversas confesiones, y a distintas horas, sin importarle el tipo de rito con que recordaran al carpintero de Nazareth.

A quienes sí parecía importarles lo que allí pasaba era a ciertos grupos fundamentalistas islámicos, que desde que se inició el ataque a Afganistán pusieron en la mira a estos creyentes, acaso porque la lucha era contra la civilización occidental y "cristiana". Los asistentes al templo del padre Simon lo sabían, al punto que pidieron protección policial. El mismo día del ataque había dos efectivos del orden en la puerta, uno de los cuales también murió.

El mismo Rashid, aquella vez en Suiza, declaró para la agencia de noticias católicas APIC, que si Bush atacaba Afganistán ellos (los cristianos) "pagarían un alto precio". Solicitó además que se reactivara el diálogo entre cristianos y musulmanes, una de las causas por las que batallaba el difunto obispo John Joseph, considerado por ellos casi como un monseñor Romero paquistaní.

Este acto de feroz intolerancia interreligiosa se puede explicar por el clima generado a raíz del ataque norteamericano a Afganistán, considerado impío por los musulmanes extremistas. Pero también tiene algunos antecedentes. Zia ul Haq, un predecesor del actual gobernante paquistaní, general Pervez Musharraf, dictó en 1986 unas draconianas leyes que sancionaban a quienes blasfemaran contra el Islam.

Como era lógico, una norma de ese talante servía de coladera para arbitrariedades de todo tipo y la minoría cristiana fue la que llevó la peor parte. El obispo John Joseph fue, justamente, uno de los tantos que fueron llevados ante los tribunales por supuestamente blasfemar contra el Corán. Prefirió quitarse la vida él mismo, delante de sus acusadores, en un acto que, literalmente, sólo el Cielo podría juzgar.

No es exacto entonces, como dijo Musharraf luego del atentado del lunes, que "los cristianos y musulmanes siempre han vivido en paz en Pakistán". En el Medio Oriente, el odio interreligioso es, básicamente, entre judíos y musulmanes, pero en Pakistán la situación es diferente. En los últimos años hubo muchas tensiones, sobre todo a partir de las leyes antiblasfemia.
El Papa Juan Pablo II ha condenado enérgicamente el asunto, poniendo quizás en salmuera la discreción con que el Vaticano había hablado sobre esta guerra un poco ciega contra Afganistán. Ahora se ve que la espiral de las armas puede afectar a moros y cristianos, a civiles y militares, a protestantes y católicos, a cooperantes y testigos.
Roma tal vez examine su posición sobre el conflicto. A Rashid, mientras, espero que por lo menos lo proteja el Espíritu Santo.

(Ramiro Escobar).

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