18.8.06

La mujer en Arabia Saudí (1ª parte)

OCULTAS EN NOMBRE DE ALÁ
Las saudíes, ausentes de la escena pública, alzan la voz para exigir sus derechos.

Foto: dos saudíes, con la abaya y el burka, y dos niñas, sólo con la abaya, caminan por el mercado de Dammam (Arabia Saudí).


Amal habla en voz baja, como si confesara un secreto. Está en su habitación, sin velo ni abaya, la larga túnica negra que debe llevar y que la cubre de la cabeza a los pies. La puerta está cerrada. "El papel de la mujer es muy débil. Los hombres creen que nacimos para quedarnos en casa y cuidar de los niños; no confían en nosotras. El problema son las tradiciones", asegura por teléfono. Habla en francés. Amal vive en Riad, capital de un reino considerado como uno de los Estados más represivos con la mujer. Sin derecho a votar ni a conducir. Vive en Arabia Saudí.

Qism al Ailat. Al llegar por primera vez a Arabia Saudí, son las primeras palabras en árabe que cada uno recuerda. Una expresión que aparece en los restaurantes, los bancos, los centros comerciales, los hospitales. Significa "sección familiar"; indica las zonas reservadas a las mujeres y prohibidas a los hombres solos. Amal suele irse de compras o a tomar un café en el centro de Riad, pero debe estar acompañada por un mahram, un tutor. Para ejercer cualquier actividad, siempre necesita su permiso; puede ser su marido, su padre o un hermano, aunque sea menor de edad. Hasta hace poco, una mujer debía comprar bragas y sujetadores a un vendedor hombre. Y para muchas saudíes es la base del problema.

Wajeha no oculta su rabia cuando habla de su país. "Una mujer no puede hacer nada sin un guardia hombre", sanciona por correo electrónico. Y desgrana una larga lista de lo que la mujer no puede hacer sin el permiso de un hombre: "Irse de casa, abrir una cuenta corriente, llevar la vida que quiera". "La mujer es tratada como una retrasada mental. No es nada", concluye esta escritora que vive en Al Hasa, al este del reino árabe. Una visión que oculta el éxito literario del año: Las chicas de Riad. Su autora, Rajaa al Sanie, de 25 años, cuenta la vida de cuatro jóvenes asfixiadas por el peso de las tradiciones. Los tabúes se rompen: el lujo, el alcohol, la homosexualidad. ¿Una señal de apertura? Las palabras de Amal toman sentido: "¡Las mujeres fuertes sí existen!"

Más de ocho millones

En Arabia Saudí, las mujeres no son una minoría. De los 16,5 millones de súbditos, según datos oficiales de 2004, 8,2 millones son mujeres, el 49,9%. Y son ambiciosas. El índice de alfabetización femenino supera el 70%; las saudíes representan el 58% de los 200.000 licenciados cada año. Quieren ser profesoras, médicas, arquitectas, abogadas. Están dispuestas a posponer la creación de una familia. Se casan cada vez más tarde (a los 22 años de media), recurren a anticonceptivos (el índice de fecundidad cayó de 8,26 niños por mujer en 1980 a cuatro en la actualidad). O se divorcian. En 2002 hubo 70.000 bodas y 13.000 divorcios, informó el diario Al Iqtisadiyá. Más sorprendente: las mujeres poseen, según el Ministerio de Comercio saudí, el 70% del total de los ahorros depositados en los bancos del reino.

"La evolución de la mujer es uno de los cambios más espectaculares en Arabia Saudí", comenta Fatiha Dazi-Héni, investigadora francesa y autora de un libro sobre las sociedades del Golfo. El punto de ruptura se remonta a 1990 cuando, tras la guerra del Golfo, 47 mujeres condujeron sin chófer en un aparcamiento de Riad. Era -y aún es- ilegal. La conmoción vino, sin embargo, 12 años más tarde, en marzo de 2002, cuando el incendio de una escuela causó la muerte de 15 alumnas. La policía religiosa les impidió salir del edificio porque, argumentó, no llevaban velo. Pero la sociedad saudí no aceptó la versión oficial y exigió responsabilidades. Son cada vez más las mujeres que escriben en la prensa para denunciar su situación y exigir sus derechos. "Hasta que hombres y mujeres no sean realmente iguales, seguiremos viendo a mujeres maltratadas", escribió Abir Mishkhas en Arab News.

Wajeha es una privilegiada. Trabaja en Saudi Aramco, la mayor compañía estatal de petróleo del mundo. Amal nunca trabajó. "El verdadero problema es el empleo", según Dazi-Héni. O mejor dicho, el desempleo. Las saudíes sólo representan el 5% de la fuerza laboral. "Los derechos cívicos es la última preocupación de las saudíes", opina la investigadora. Y añade: " Se sienten como una fuerza laboral excluida; su principal reivindicación es trabajar". Una paradoja en un país que da empleo a unos seis millones de extranjeros y en el que la tasa de paro oscila entre el 13%, según cifras semioficiales, y el 30%, alertan otras fuentes. Es la única vez que Amal alza el tono: "¡Quiero trabajar!".

Las cosas cambian. Las autoridades organizaron en junio de 2004 un Diálogo Nacional dedicado a los derechos de las mujeres. Pueden tener un DNI desde 2001, y abrir un negocio desde hace dos años. "Mi sueño es crear mi propia empresa", reza una mujer en un cartel publicitario en Yeda, la segunda ciudad del reino. Las autoridades confirmaron el pasado 9 de mayo que las mujeres sustituirán a los hombres como vendedores de lencería. Dos mujeres fueron elegidas en el Consejo de Administración de la Cámara de Comercio e Industria de Yeda. "La emancipación de la mujer pasa por el trabajo. ¡Ésa es la verdadera lucha!", insiste Dazi-Héni.

La lucha se anuncia larga. "Son cambios cosméticos", comenta Madawi al Rasheed, profesora saudí de antropología de la religión en el King's College de Londres. "La mayoría de las reformas reflejan la preocupación de un régimen por aparecer más aceptable en Occidente", explica. Arabia Saudí está en el punto de mira desde que 15 de los 19 terroristas del 11-S eran de nacionalidad saudí. "El problema son las leyes", dice Wajeha. "Necesitamos leyes que establezcan que las mujeres son ciudadanas iguales". Amal lo tiene claro: las tradiciones sons las culpables. "No son lógicas, están en contra del desarrollo y de la mujer", dice convencida.

El año pasado, las mujeres no pudieron participar en las primeras elecciones municipales de la historia del reino, mientras que las autoridades habían informado de que tenía derecho a votar "todo ciudadano" mayor de 21 años. Se argumentó entonces que había que establecer un doble sistema de cabinas de voto para respetar la división de sexos. Como si las autoridades se hubieran olvidado de la Qism al Ailat, la "sección familiar".

Control religioso

¿Contradicciones?

"La familia real Al Saud [que gobierna Arabia Saudí desde 1932] presenta reformas, pero está sometida al liderazgo religioso que controla la sociedad", explica la investigadora Dazi-Héni. El jeque Saleh Bin Fawzan al Fawzan acusó, el pasado 29 de junio en Al Watan, a los que apoyan la idea de que las mujeres puedan trabajar de "quitarles su dignidad". En casa, continúa, "están protegidas moral y físicamente". Conservadora es la sociedad saudí, aunque también se cuestiona cómo cambiar. Tash Ma Tash es la serie estrella de la televisión saudí. En uno de los episodios, las mujeres trabajan, no llevan velo, los hombres cuidan de los niños y limpian la casa.

La posibilidad para las mujeres de vender lencería a otras mujeres no duró mucho tiempo; las autoridades aplazaron su aplicación. La expresión Qism al Ailat es vigente y seguirá creando situaciones surrealistas, cuando no cómicas. Así, por ejemplo, la abaya, la túnica negra destinada a "ocultar el deseo", a veces lo provoca. Los centros comerciales son los lugares preferidos de los jóvenes para ligar; cambiar una mirada, un mensaje con el teléfono móvil, o dar el número en un papel dejado por el suelo. La policía religiosa vigila. No todos los velos y abayas son opacos. La abaya francesa fue un éxito hace unos años porque dibuja las formas de las mujeres; algunos velos son casi transparentes para que la mirada sea más intensa. "Lo que está prohibido es deseado", dice un proverbio saudí.

Wajeha es pesimista: "La mujer no puede mejorar su situación porque las puertas están cerradas". En Arabia Saudí, muchos conocen esos versos del sirio Nizar Kabbani: "Escribiré sobre la cárcel que chupa los años de los presos. / Sobre las puertas que no se abren. / Sobre esa inmensa celda. / Y sobre sus negros muros. / Y sobre los miles de mujeres mártires / Enterradas sin nombre / En el cementerio de la tradición". La puerta de la habitación de Amal sigue cerrada. Alguien toca a la puerta; no responde y concluye: "La libertad es cuando puedo decir sí o no".

Por Guillaume Fourmont

Arabia Saudí

- Territorio: 1.960.582 km2.
- Población: 16.529.302.
Hombres: 8.285.662.
Mujeres: 8.243.640.
Extranjeros: 6.144.236.
- Mortalidad infantil: 12,8 por 1.000.
- Renta per cápita: 12.800 dólares.
- Industria: petróleo.
- Régimen: monarquía absoluta.
- Voto: sólo hombres, a partir de los 21 años. ________________________________

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