10.3.09

Estambul Capital Cultural de Europa 2010.

Foto: Torre Gálata


Estambul Torres y alminares

«Si la Tierra fuera un sólo estado, Estambul sería su capital»

Napoleón Bonaparte. «Mezquitas con enormes alminares que se perfilan sobre el color azufre del atardecer»
Pierre Loti. «Mano antigua cubierta de anillos tendida hacia Europa»
Jean Cocteau. Tres formas de definir esta ciudad entre las infinitas posibles. Desde la rotundidad del emperador y el apasionamiento del romántico, hasta la ambigüedad del polígrafo y cineasta.

Oriente y Occidente, dos puntos cardinales. Asia y Europa, dos continentes. Mármara y Negro, dos mares. Costantinopla y Estambul, dos nombres. Torres y alminares, dos símbolos del poder y de la fe. Eterna dualidad de una ciudad eterna. Constante ambivalencia de la más oriental de las ciudades occidentales (y viceversa).

Estambul es una mixtura sin divisiones claras. Una imprecisión mil veces definida por propios y extraños. Y entre los propios destaca el escritor Orhan Pamuk, premio Nobel en 2006, cuya obra refleja la yuxtaposición de las tradiciones orientales con las occidentales, la añoranza por un pasado perdido y anhelo por la modernidad inalcanzada. Otro ejemplo es el cineasta Fatih Akin, director y guionista de «Cruzando el puente», una lúcida aproximación a la música y la sociedad actual turca que ,como el mismo Akin -un «kanak» nacido en Berlín de padres turcos- es la fusión de dos culturas.

No debe extrañarnos, pues, que la capital de los sultanes otomanos vaya a ser el año que viene la capital cultural de Europa.
Como a nadie extraña que Anatolia (Çatalköyük), el corazón de Turquía, haya sido una de las cunas de la civilización occidental.

Mezcla respetuosa y enriquecedora que queda patente en la mezquita de Kariye, antigua iglesia de San Salvador de Chora, un macizo edificio bizantino que el gran visir Atik Ali Pacha salvó de la quema y al que mandó añadir un alminar. O en la Mezquita Árabe, antigua iglesia de San Pablo.

Santa Sofia
Y qué decir de Santa Sofía, símbolo de la ciudad, antigua basílica cristiana construida en el siglo VI por el emperador Justiniano I, y que los turcos, nada más tomar la ciudad en 1453, convirtieron en mezquita sin apenas tocarla y con la adición de cuatro alminares.


Porque torres y alminares son una constante en el paisaje estambulita. Las torres representando el alma occidental de la ciudad, los alminares, la oriental.

Y entre las torres de Estambul hay una clara reina, la de Gálata. Vista desde la ciudad antigua casi se solapa con la torre del hotel Mármara Pera de 19 pisos. Esta del siglo XX, la otra del XIV, cuando los genoveses reconstruyeron allí una atalaya anterior. Torre circular coronada por una caperuza cónica, sirvió sucesivamente como baluarte de la ciudad amurallada occidental -frente a la ciudad bizantina del otro lado del Cuerno de Oro- cárcel y observatorio de vigilancia contra incendios y del movimiento portuario.

Mirador abalconado

Hoy es una atracción turística de primer orden. Al mirador exterior abalconado, situado a 62 metros de altura, se puede acceder por una escalera de caracol de 143 escalones o en ascensor. La vista en panorámica de 360 grados sobre la ciudad es uno de los imprescindibles de Estambul.
Entre los alminares -minarete es un galicismo que hay que evitar- la cosa está más reñida. Hay tantos que el turista tiene difícil encontrar un ángulo en el que la cámara no capte alguno.
El alminar (de «al manara», el faro) es una torre situada junto a la mezquita desde la que el almuédano o muecín realiza el «adhan» o llamada a la oración cinco veces al día. Hoy, en la mayoría de sus balconcillos hay altavoces desde los que se difunde la llamada previamente grabada.
Hasta tal punto son símbolos del islamismo -como los campanarios pueden serlo del cristianismo- que la extrema derecha suiza ha promovido iniciativas para que sea prohibida su construcción en el país helvético.

Y entre todos los alminares de Estambul permítanme que me quede con los de la mezquita de Solimán el Magnífico. No es que desprecie los de la Mezquita Azul, que tiene seis cuando lo normal es no sobrepasar los cuatro, pero los construidos por el gran arquitecto Sinan en el siglo XVI en una de las nueve colinas que domina Estambul son el epítome de la arquitectura otomana. Cilindros como cohetes apuntando al cielo, esbeltos y con tejado cónico. Aspecto este último que los vincula con la Torre de Gálata. De nuevo la dualidad de Estambul.

ABC.es

¿Algún comentario? Corramos un tupido velo, porqué todo esta atado y bien atado, Turquía será parte de Europa, es decir una ciudad Árabeuropea.


Respuesta de Alain

Estambul Capital Cultural de Europa 2010... ¿Hace falta añadir mucho a esto? Aún así haremos algún comentario al respecto.

Las pretensiones europeístas de Turquía no serían motivo de preocupación alguna si estas no tuvieran la complaciente acogida que le dan algunos por estos lares, sobre todo en las altas instancias de la UE y del Gobierno de algunos países que la componen, amén de la mayoría de la gran prensa del continente y la consabida y abigarrada tropilla de "intelectuales", artistas, progres de todo pelaje y condición y demás (malas) hierbas. Prueba de esto último es este benévolo y turístico artículo del ABC (¡periódico de derechas! ¿Cómo serán los demás? La pregunta es retórica, no necesito respuesta).

Analicemos, aunque sea superficialmente, el dicho artículo, que no solamente pone en evidencia la escasa o nula capacidad critica de la prensa nacional en todo lo referente al islam y los países y pueblos que lo componen, sino que es un ejemplo de manual del escaso nivel del periodismo español en general. Pareciera que al abordar una cuestión relacionada con el mundo musulmán sólo se puede escribir ñoñerías, cuando no extasiarse ante la multiforme belleza de todo lo que toca de cerca o de lejos al islam.

Desde la introducción de las citas que encabezan el artículo, ya estamos situando a Turquía donde le corresponde: fuera de Europa, pues es lo que se sobreentiende de la frase atribuida a Jean Cocteau: "Una mano antigua cubierta de anillos tendida hacia Europa". Una mano tendida hacia Europa significa sin lugar a dudas desde fuera de Europa. A renglón seguido el autor de la nota abunda en el mismo sentido cuando empieza por su cuenta con el tópico de rigor: "Oriente y Occidente, dos puntos cardinales, Asia y Europa"... Esta enumeración binaria no tiene otro significado que ponernos ante dos conceptos opuestos y sin duda antagónicos. Aquí conviene recordar que el hermafroditismo civilizacional no existe más que en las ensoñaciones de los que ven demasiada televisión convencidos de que Dios habla por ahí a cada telediario entre el Oscar de Penélope y el menisco de Raúl.

Me explico: Asia o Europa, Oriente u Occidente, una cosa o la otra: el mestizaje de civilizaciones no existe, ni los pajaritos preñados tampoco. Es significativo en ese sentido, que nuestro periodista añade: "torres y alminares" y no "campanarios y alminares", lo que hubiera permitido hablar, sin faltar gravemente a la verdad, de una cierta convivencia, de un cierto "mestizaje" de las culturas y religiones, etc... Las torres mencionadas aquí son construcciones militares de la época bizantina conservadas por los otomanos sin necesidad de reformar su original arquitectura. En cuanto a las iglesias, estas fueron destruidas o "recicladas" en clave musulmana con la adición de minaretes.

Termina el párrafo con una perla: "Estambul, la más oriental de las ciudades occidentales (y viceversa)". Cuando Estambul todavía era Constantinopla podía perfectamente recibir esa apelación en alguna épocas de su historia, pues la ubicación geográfica de esa ciudad griega estaba indudablemente en el oriente. Pero en el oriente de Europa, pues Europa siempre fue ante todo un concepto cultural: la civilización griega y después romana, la civilización grecolatina.

Durante siglos Europa fue exclusivamente el helenismo, y después su heredero el mundo romano. Así, cuando vastas regiones de la Europa actual, más allá del Rin y del Danubio no eran aún Europa, sumidas aún en la barbarie de los bosques y pantanos germánicos o célticos y de las estepas eslavas, el Egipto de los Tolemeos y toda Asia Menor hasta la frontera persa eran Europa.
Los pueblos y los territorios accedían y entraban a formar parte de la civilización europea a medida que Grecia primero y Roma después los introducían en ella y lograban helenizarlos o romanizarlos. Las fronteras de Europa fueron siempre "elásticas" según el ir y venir de las invasiones y las conquistas de unos y de otros. Esa misma movilidad de los límites de Europa (y por lo tanto de Asia) indica bien a las claras el eterno antagonismo entre esos dos mundos para siempre enemigos. Así, por no poner más que un ejemplo, recordemos que durante siglos Antioquia en la costa levantina y Alejandría en la desembocadura del Nilo fueron importantes ciudades europeas bajo el gobierno de los griegos que fundaron allí y en otras partes una nueva Grecia al otro lado del mar.

Las invasiones árabes del siglo VII d.c acabaron con la obra griega en esas tierras, y así la caída de Alejandría en el año 641 marca el fin de un mundo. El Egipto de los sabios alejandrinos, de los neo-platónicos y de los Padres de la Iglesia desaparece para siempre.

Alejandría que, desde el declive de Atenas había sido, mucho más que Roma en esas épocas, la capital del pensamiento europeo, dejaba de estar "en Europa" (Entre paréntesis, aquí se sitúa la quema de la biblioteca de Alejandría por orden del califa Omar en 642).
Otro tanto le ocurre a Constantinopla (hoy Estambul) después de su caída definitiva en manos de los turcos en 1453. Desde entonces Estambul estuvo (descontando el largo intermedio de la ocupación de Grecia y la península balcánica en que estuvo en una ubicación más centrada geográficamente respecto del conjunto del Imperio Otomano), no en el oriente (al este) de Europa, sino en el extremo occidental (al oeste) de Asia.

Definitivamente Estambul está fuera de Europa porque no es Europa. Ni siquiera tiene una parte europea, pues el territorio turco al oeste del Bósforo sigue sin ser Europa, pues lo repetimos una vez más: Europa no es un concepto estrechamente geográfico, es una civilización, y de esa civilización Turquía no forma parte, ni ahora ni nunca.
Un prestigioso historiador francés, René Grousset lo dice así: " Hacia el año 1118, después de los éxitos de las Cruzadas, las fronteras de Europa, como en los tiempos de los Césares, llegaban hasta Mosul en plena Mesopotámia (actual Irak). En 1529 esas mismas fronteras habían retrocedido hasta las puertas de Viena" ("Balance de la historia", 1946)

Vale la pena recordar brevemente el episodio de la toma de Constantinopla y releer el siguiente pasaje la obra citada del historiador francés. "El sitio de Constantinopla, ya se sabe, duró del 6 de abril al 29 de mayo de 1543. Durante esos dos meses, contra los 160.000 soldados aguerridos de Mehmet II, Occidente no puso al servicio de la defensa más que 3.000 residentes venecianos, genoveses o catalanes y 3.000 marinos, corsarios o aventureros de todas las procedencias. Ninguna de las potentes escuadras italianas aparejó a tiempo. Lo que estaba en juego era, sin embargo, todo el porvenir y, si así puede decirse, también todo el pasado de las más vieja Europa.
Quiere la tradición que el día de la entrada en Constantinopla de Mehmet II, al atravesar el hipódromo, derribó con su maza de armas el trofeo alzado por los griegos con los despojos de los persas la tarde de la batalla de Platea. La anécdota no es segura, pero ningún símbolo podría ser más elocuente".

Volviendo a nuestro cronista, constatamos que este no es muy exigente, pues para apreciar como algo natural que Estambul, "la capital de los sultanes otomanos" sea la capital cultural de Europa el año que viene, pone como fundamentos suficientes la obra de un escritor turco galardonado con el Nobel de literatura ("que refleja la yuxtaposición de las tradiciones orientales con las ococcidentales") y una película de un turco nacido en Alemania, que personificaría (lo estaba sospechando) "la fusión de dos culturas". Las tonterías de siempre, digo yo. Y añade, sin retomar aliento, que "a nadie extraña que Anatolia, el corazón de Turquía, haya sido una de las cunas de la civilización occidental". Pues mira por donde, a mí si me extraña semejante afirmación.
Primera vez que escucho tan peregrina idea. No tengo tiempo ni ganas rebatir tamaña insensatez. Desde que tengo uso de razón vengo estrujándome las meninges para determinar la cuna de la civilización occidental (¿Atenas, Tebas, el Peloponesio, Esparta...?).
Pues va a ser que no, la cuna de la civilización occidental es un reseco pedregal en la Turquía central. Çatalkÿük para más señas.
Gracias por la noticia, Dios se lo pagará al ciento por uno.

Prosigamos. Entramos en el capítulo "Belleza y Enriquecimiento de las Iglesias convertidas en Mezquitas", todo un clásico de los incondicionales del islam. Aquí se muestra agradecido de que algunas iglesias monumentales no fueran destruidas ni quemadas, y adornadas con espléndidos minaretes. Y remata con una sentencia de una hipocresía vomitiva: "Torres y alminares son una constante en el paisaje estambulista. Las torres representan el alma occidental de la ciudad, los alminares, la oriental". Las iglesias, que sí representan el alma occidental, han dejado de existir como tales, pero si eso es incuestionable y sin vuelta de hoja, entonces ¿de qué puñetera alma
occidental está hablando?

Y ahora, una joyita de rastrerismo filoislámico digno de resaltar. No hay que decir "minarete", pues !horror! es un galicismo (es decir un palabro de origen "gabacho", ya saben esos paletos que comen queso podrido y se bañan una vez a la semana). Hay que decir "alminar", palabra de origen más noble, pues proviene del árabe. Esto es puro papanatismo de enamorado del islam. Papanatismo e ignorancia, pues minarete también es de origen árabe. Sólo que llega al español a través del francés. La similitud entre alminar y minarete parece que se le ha pasado por alto a nuestro periodista. Pero tenía que aprovechar la ocasión para "hacer la pelota" a estos simpáticos turcos musulmanes. Las dos son palabras españolas (de origen árabe como muchas otras). ¿En qué tendría más legitimidad una que la otra? Es una cuestión de costumbre, de época, de cultura, de moda. La palabra minarete es actualmente más empleada. Casi todo el mundo sabe lo que
es un minarete, no así lo que es un alminar. Para terminar con la cuestión de los alminares/minaretes no se resiste a mencionar la "extrema derecha" suiza que viene promoviendo iniciativas contra la construcción de minaretes en su país...

El último párrafo ya es para ponerse colerizado. Aquí, este iluso con código de barras se hace el "connaisseur" (!toma galicismo!) en materia de minaretes, perdón, alminares. Se "queda con los alminares de la mezquita de Solimán el Magnífico", cilindros como cohetes, apuntando al cielo". Pero no vayan a hacerse una idea equivocada acerca de su afición "almeneril". No desprecia, ¡gran Dios! ni mucho menos los alminares de la Mezquita Azul, pero donde esté "el epítome de la arquitectura otomana" que se aparte todo lo demás. El hombre entiende de alminares.

Para terminar. El absurdo de dar la sede de la capitalidad europea de la cultura a Estambul es una decisión política cocinada por aquellos que nos quieren meter a Turquía en la UE con calzador. Nos quieren acostumbrar a un hecho que ya está decidido. A nadie en su sano juicio se le ocurriría proponer Atenas como capital cultural del Turquestán (conjunto de países turcófonos). Pero tal y como van las cosas, quien sabe si no nos conviene la pronta (y cuanto más pronta mejor) destrucción de la UE.

Si la entrada de Turquía significa el descalabro definitivo de este engendro, quizás habrá que replantearse si no es preferible no oponerse más a ello aunque la perspectiva de una transición hacia otra cosa sea cuando menos terrible y extremadamente dolorosa para el conjunto de los pueblos europeos.

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5 comentarios:

  1. Anónimo27/4/09

    Mira Alain, creo que te has pasado,en tu texto se aprecia cierto racismo, fascismo, o ponle la palabra que quieras(ya que tu vocabulario es tan amplio) , mira, tengo amigos turcos, excelentes personas (no se dedican a incendiar iglesias ni nada a lo que tu aludes) que estan muy ilusionados con la idea de ser europeos, asi que mira, a mi me encantaria si ellos son felices, despues de todo de eso es de lo que se trata, felicidad para todos,y seria menos complicado el verlos a menudo; y mira tu, aqui tambien tenemos mezquitas, y mucha cultura islamica(sobre todo por aqui por el sur) que de veras me alegra mucho tanta diversidad,y no ser todos iguales como borregitos que es lo que ordena y mandan los medios de comunicacion hoy en dia(creo que tanto derecha como izquierda, son todos igualicos hijo mio, aun no te diste cuenta?? hasta los trajes de chaqueta los llevan iguales), asi que mira,Viva Turquia en Europa, viva!

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  2. Alain27/4/09

    Anónimo, gracias por tu brillante pieza de oratoria, me he enriquecido mucho. ¡Si, si, de veras!

    Por lo general lo primero que se me viene a la mente ante este tipo de prosa y esta clase de argumentos es un refrán francés (perdón por la pedantería, es el menor de mis defectos) que dice así: "Cuanto más me miro a mi mismo más me entristezco, pero cuanto más me comparo con otros más me tranquilizo" ("Plus je me regarde, plus je m´attriste; plus je me compare, plus je me rassure").

    Si consideras que me "he pasado", puedes estar seguro de que me estás halagando, pues como dejó escrito en algún lugar Alexander Solyenitsin: "Si mi pluma no es un puñal, entonces no sirve para nada" (otra vez la pedantería más arriba señalada).

    En cuanto a lo de ese "cierto racismo, fascismo o la palabra que TÚ quieras" (ya que eres TÚ el que califica mi escrito, no yo) que tú aprecias en mi texto, creo sinceramente que te pondría en un compromiso si te pidiera que nos dieras una definición medianemente coherente de lo que es el racismo y el fascismo. Te lo digo sin acritud pero sin diplomacia tampoco: tu comentario es de una ñoñería tal que te veo incapaz no ya de aleccionarnos acerca del racismo o del fascismo sino tan sólo de hacer una redacción sobre el tema la vaca. Me congratula decirtelo así: no estás a mi altura. Además de racista, fascista y pedante soy un cabrón sin escrúpulos, como puedes ver.

    Que tengas amigos turcos no me interesa mayormente, pues es un asunto que te incumbe exclusivamente; no pongo en duda el que sean excelentes personas, pues no creo imposible el que esa especie exista como parece que quieres dejar a entender. Me alegro que esos turcos de bien no se dediquen a quemar iglesias ni a hacer otras cosas malvadas a las que yo supuestamente aludo. No estaría de más que cuando alguien acuse a otro de decir o hacer algo reprobable o no, se remitiera a los hechos cometidos o los dichos expresados. O no has leído bien lo que he escrito o simplemente te dejas llevar por la mala fe y practicas esa táctica sucia que consiste en poner palabras inexistentes en boca de quien se quiere desacreditar para mejor atacarlo con unos argumentos ya preestablecidos. En un comentario anónimo en un blog de la red esto no tiene demasiada trascendencia, pero ante un juez (quiero decir: en la vida real) no se te ocurra nunca ese tipo de juegos pues te podría caer un "paquete" por acusación maliciosa o falso testimonio.

    Según tú, los turcos están muy ilusionados con entrar en Europa. La verdad es que no todos, pero si la mayoría de ellos, empezando por las élites gubernamentales, las clases dirigentes, casi todos los partidos políticos y en general los grupos hegenómicos del país anatolio (si hablo muy raro avísame y lo hago más claro). Pareciera, según la lógica implícita en esta exposición que el que alguien quiera algo "de corazón", intensamente, de verdad, le da el derecho de obtener lo deseado. Y si además la obtención de lo deseado es condición necesaria para la felicidad del que desea, entonces estamos, en esa óptica, en la obligación de acordar el objeto codiciado a aquél que ha cifrado su felicidad en la posesión de tal objeto. Lo importante, como nos lo recuerda nuestro anónimo, es la felicidad, que seamos todos felices, que desaparezca la infelicidad (y el mal aliento).

    Me gustaría que fuera así, por simple interés personal. Me explico: me encantaría, me ilusionaría que Miss España (que no sé quien es pero estoy convencido que es una señorita estupenda con todo lo que hay que tener en sus medidas y proporciones justas) me diera "la prueba de amor" (soy un señor y me abstendré de decir guarradas impropias de un oficial y un caballero español). Soy absolutamente sincero, y mi deseo es no solamente real sino vehemente, como corresponde a un varón de ibérica estirpe de verbo claro y semen espeso como el que suscribe. Sería muy feliz si pudiera realizar ese deseo.

    Que estés encantado con las mezquitas, la cultura islámica y la diversidad es tu problema, no puedo hacer nada por tí. Tú ya has elegido tu bando, y me parece bien que no lo disimules.

    Por último, no me llames "hijo mío". ¿Pretender batir algún record de chulería conmigo?

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  3. Sebastián12/7/09

    Lejos, la mejor defensa de un argumento que he visto.
    Los que estamos hartos de la condescendencia, de la corrección política y de la falsa modestia vemos en tu actitud un ejemplo. No tiene nada de pedantería mostrar, no diría yo superioridad, pero sí más aptitud (o instrucción, quizá) la manera suya de contrargumentar. Excelente

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  4. 'Connoisseur'

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  5. Hola. De casualidad cai en tu blog, y me parecio interesante. A como yo lo veo no hay un peligro real para con los habitantes de Latinoamerica. Europa deberia tornar un poco mas sus ojos a quienes desde hace muchos años aportan a su crecimiento. Deberian buscar entre los habitantes de las Americas a sus aliados. Con quienes tienen muchos mas lazos culturales que otros paises.
    Es mi opinion, America va a volver a salvar a Europa.

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