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14.6.07

El odio a Occidente, creyentes y laicos

Foto de la carretera de La Meca "Makkah", una “izquierda” para los musulmanes, y otra “derecha” para los infieles, si en Europa se realizaran estas diferencias no quiero pensar lo que sucedería.
Y a pesar de todos los improperios que recibimos de los musulmanes, entre los que podemos destacar la quema de iglesias, y la persecución y crímenes contra los cristianos, pues a pesar de todo, los únicos considerados racistas somos los europeos.

El siguiente testimonio es una vivencia escalofriante, nos lo narra la superviviente Brigitte Gabriel.

En 1975, cuando los musulmanes y palestinos declararon la Jihad sobre los cristianos libaneses, comenzaron a masacrar cristianos en una ciudad tras otra.

Me siento honrada y con orgullo de estar aquí hoy ante ustedes, una libanesa que habla a favor de Israel, la única democracia de Medio Oriente.

Como alguien que fue criada en un país árabe, quiero darles una ojeada en el corazón del mundo árabe.

Crecí en el Líbano, donde aprendí que los judíos son la maldad, Israel el demonio, y el único momento en que tendremos paz en el Medio Oriente será cuando matemos a todos los judíos, y los arrojemos al mar.

En 1975, cuando los musulmanes y palestinos declararon la Jihad sobre los cristianos libaneses, comenzaron a masacrar cristianos en una ciudad tras otra. Terminé viviendo en un refugio antibombas subterráneo desde los diez hasta los diecisiete años, sin electricidad, comiendo hierbas y arrastrándonos bajo las balas para conseguir agua.

Israel vino en ayuda de los cristianos en el Líbano. Mi madre fue herida por una bala musulmana, y fue llevada a un hospital israelí para su tratamiento. Cuando entramos a la sala de emergencia, me chocó lo que vi allí. Había cientos de heridos, musulmanes, cristianos libaneses y soldados israelíes tendidos en el suelo. Los médicos atendían a cada uno según sus heridas. Ellos atendieron a mi madre antes que al soldado israelí que estaba tendido a su lado. No vieron religión, ni afiliación política, vieron gente en necesidad, y ayudaron. Por primera vez en mi vida pude observar la calidad humana (que yo sé por cierto) mi cultura no habría mostrado a su enemigo. Experimenté el valor moral de los israelíes, que eran capaces de amar al enemigo aun en sus momentos más críticos.

Pasé 22 días en el hospital, días que cambiaron mi vida y la manera en que creía en la información recibida, la forma en que escuchaba la radio y la televisión. Me di cuenta que mi gobierno me había vendido una mentira fabricada acerca de los judíos e Israel, muy alejada de la realidad. Sabía por cierto que si fuese un judío en un hospital árabe, habría sido linchada y tirada afuera, mientras gritos jubilosos de Allahu Akbar ("Dios es grande"), se estarían escuchando a través del hospital y las calles adyacentes.

Hice amistad con familiares de los soldados israelíes heridos, una en particular, Rina, cuyo único hijo, un joven de 19 años, había sido herido en los ojos. Un día estaba yo con Rina cuando llegó una banda del ejército a tocar música para levantar el ánimo de los soldados heridos. Mientras rodeaban la cama del hijo de Rina tocando una canción sobre Jerusalén, Rina y yo comenzamos a llorar. Me sentí fuera de lugar y comencé a retirarme, y entonces Rina me tomó de la mano y me acercó de nuevo sin siquiera mirarme. Me sostuvo llorando y me dijo: "No es tu culpa". Y nos quedamos allí, las dos paradas, tomadas de las manos y llorando. ¡Qué contraste entre ella, una madre cuidando a su hijo único, deformado, y aún capaz de amarme a mí, su enemiga, y una madre musulmana, que envía a su hijo a explotarse en pedazos con tal de matar a algunos judíos o cristianos!

La diferencia entre el mundo árabe e Israel es la diferencia en valores y carácter. Es barbarie versus civilización. Es democracia versus dictadura. Es bondad versus maldad. Una vez, había un lugar especial en las profundidades del infierno para aquéllos que matan intencionalmente a niños. Ahora, el asesinato intencional de niños israelíes está legitimizado como "conflicto armado palestino".

Sin embargo, una vez que este comportamiento está legitimizado contra Israel, queda legitimizado para cualquier parte del mundo, constreñido por nada más que la creencia subjetiva de gente que se envuelve a sí misma en dinamita y clavos con el propósito de matar niños en el nombre de "Dios".

Porque los palestinos han sido llevados a creer que el asesinato de israelíes es una táctica legítima para lograr sus fines, el mundo entero sufre ahora la plaga del terrorismo, desde Nairobi a Nueva York, desde Moscú a Madrid, desde Bali a Beslan.

Justifican a los suicidas-bombas por la "desesperación por la ocupación". Permítanme decirles la verdad: El mayor acto de terrorismo suicida cometido por árabes contra el estado judío ocurrió diez semanas antes de que Israel declarara su independencia. El domingo 22 de febrero de 1948, adelantándose a la declaración de la Independencia de Israel, un camión bomba fue detonado en la calle Ben Yehuda, en lo que era entonces la sección judía de Jerusalén. Cincuenta y cuatro personas fueron asesinadas, y cientos, heridas. Por lo tanto, es obvio que el terrorismo árabe no es causado por la "desesperación por la ocupación", sino por la Sola idea de un estado judío.

Tantas veces en la historia de los últimos cien años, los ciudadanos fueron testigos, pero nada hicieron, permitiendo a la maldad prevalecer.

Así como América enfrentó y venció al comunismo, es ahora tiempo de enfrentar y luchar contra el terror del fanatismo religioso y la intolerancia. Es tiempo de defender al Estado de Israel, que está en la primera línea del frente en la guerra contra el terrorismo.

"Porque odian"


Una superviviente del terror islámico advierte a América", está firmado por Brigitte Gabriel. Esta es una versión editada de la entrevista realizada por Larry Elder.

Libramos una guerra que es mucho peor que el Nazismo y que nada contra lo que hayamos luchado antes porque ni siquiera los Nazis animaban a sus hijos a adosar bombas a sus cuerpos y después celebraban sus muertes, igual que las muertes de sus víctimas.


Larry Elder: Usted es de ascendencia libanesa cristiana. Cuando escucha lo que dijo Rosie O'Donnell, que el extremismo cristiano es tan malo como el extremismo islámico, ¿cómo reaccionó?

Brigitte Gabriel: Bien, no sé en qué país vive, pero yo no recuerdo cuándo fue la última vez que vi a un cristiano decapitar a alguien en televisión, o decapitar a alguien y anunciarlo en internet. No recuerdo escuchar a un cristiano predicar que los musulmanes son monos y cerdos porque están malditos por Jesús, el modo en que los musulmanes están enseñando que nosotros somos cerdos y monos.
No recuerdo la última vez que un cristiano entró en un parvulario, secuestró a los niños y empezó a dispararles por la espalda como hicieron los musulmanes en Beslán, en Rusia, cuando accedieron al recinto escolar y secuestraron a los niños y empezaron a masacrarlos y matarlos.
[Rosie] estaría mejor dando gracias de vivir en América porque si estuviera viviendo en Irán y se pronunciase contra su país -- o contra cualquier país árabe -- sería decapitada o enterrada textualmente medio cuerpo en el suelo, para ser lapidada.

Elder: ¿Estudió Islam?

Gabriel: No, no estudié Islam; yo viví el Islam. Yo viví en Oriente Medio. Leo el Corán en árabe -- no necesito traducción. Algo pasa con vivir en un lugar y ser testigo y proceder de una cultura y chivarte de esa cultura, y es muy distinto a alguien que se licencia en Islam y vive en Oriente Medio durante dos meses para poder escribir su tesis.

Elder: Usted se crió en el Líbano, tenía 10 años y vivía en el sur del Líbano cuando militantes musulmanes... entraron en tromba en su país y declararon la jihad contra los cristianos libaneses como usted.

Gabriel: Sí, mi 11 de Septiembre me sucedió en 1975 cuando era una niña de 10 años, viviendo a mi aire y preocupándome de mis cosas [en] una pequeña ciudad del sur del Líbano. Yo era hija única de un empresario y su esposa. Fui bendecida con una infancia maravillosa... me colmaron de amor y de todo con lo que la vida les había bendecido. Sin embargo, nuestras vidas dieron un vuelco porque en 1975, los musulmanes declararon la Guerra Santa a los cristianos del Líbano.

Mi hogar se hizo pedazos a mi alrededor, enterrado en los escombros, herido mientras los autores materiales gritaban "Alá ajbar" [Alá es grande]. Mi único crimen fue ser una cristiana residente en una ciudad cristiana. A los 10 años aprendí el significado de la palabra "infiel". Recibí un curso acelerado de supervivencia, no en las Girl Scouts, sino en el refugio antibombardeos en el que viví durante 7 años de mi vida en un frío sobrecogedor, oscuridad total, bebiendo agua estancada y comiendo hierba para vivir.

Recuerdo que a la edad de 13 años, me puse mi ropa de entierro para irme a dormir, esperando ser masacrada. A la edad de 20 años, había enterrado a la mayor parte de mis amigos, que fueron asesinados por musulmanes.

Elder: Usted llama a su libro una llamada a despertar. Díganos lo que Occidente no comprende acerca de lo que yo llamo islamofascismo. Y, ¿cree que "islamofascismo" es un término apropiado?

Gabriel: Sí, es un término apropiado. Luchamos contra el islamofascismo, libramos una guerra que es mucho peor que el Nazismo y que nada contra lo que hayamos luchado antes porque ni siquiera los Nazis animaban a sus hijos a adosar bombas a sus cuerpos y después celebraban sus muertes, igual que las muertes de sus víctimas. Los islamistas están animando a sus hijos a morir.

Elder: Hay 1.200 millones de musulmanes en el mundo. Analícelos por ideología.

Gabriel: No todos ellos son radicales. Estimamos que los radicales son entre el 15 y el 25%; eso se traduce en entre 180 y 300 millones de personas como Mohammad Atta, que están dispuestas a adosar bombas a sus cuerpos y perpetrar operaciones de martirio.

Bien, eso sigue siendo una minoría, 15 a 25%, pero 300 millones de Mohammad Attas preparados para esparcir su sangre por Occidente... Bien, el resto de ellos... desprecia a Occidente, odian nuestra occidentalización, nos creen moralmente corruptos, que estamos corrompiendo al mundo, y creen que somos una influencia tan mala para el mundo que es necesario pararnos a cualquier precio. Pueden no estar dispuestos a cometer operaciones de martirio por sí mismos, pero se sentarán y animarán y apoyarán a aquellos dispuestos a matarnos.

Elder: ¿Estamos ganando?

Gabriel: No, estamos perdiendo.

Por Larry Elder

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4.4.07

El testimonio de una libanesa


Brigitte Gabriel es una arriesgada periodista nacida en el sur del
Líbano. Fue presentadora de noticias vespertinas para Middle East
Television, que se difunden en Egipto, Siria, Jordania, Chipre y su
país natal.
También fue coordinadora de producción para la TV alemana en el Líbano, Gaza y Cisjordania. Hace pocos años fundó el Congreso para la Verdad sobre el Medio Oriente, curiosa y valiente institución que resiste el maremoto antisemita que se derrama desde los medios masivos de comunicación, reproduciendo el confuso clima previo al Holocausto.

Brigitte se expresa con fluidez en árabe,francés e inglés, y sus opiniones se basan en hechos libres de prejuicios, aunque generen la tirria de quienes atizan las hogueras del odio. Acaba de pronunciar una disertación estremecedora en la Universidad Duke, que voy a sintetizar en este artículo para mostrar el lado oculto de una situación que se deforma con vergonzosa irresponsabilidad.

Esta periodista no dudó en presentarse a sí misma como una libanesa que tiene la obligación de revelar los aspectos perniciosos del mundo árabe para bien de los árabes y el resto del mundo, aunque genere descargas epilépticas de asombro o indignación.
Fue criada y educada en el Líbano. Su padre tenía un modesto restaurante donde acudía gente de diversa condición social y podía escuchar múltiples opiniones. Pero todos los parroquianos, asegura, incluso los cristianos y kurdos, "estaban influidos por la prensa y las noticias oficiales de que los judíos son el mal irredimible y que no habría paz en la región hasta que se los matara o arrojara al mar".

Agregó más adelante: "Cuando los musulmanes y los palestinos declararon la jihad contra la población cristiana en el año 1975, se dedicaron a asesinar libaneses de esta religión en forma sistemática, ciudad tras ciudad, sin clemencia. Yo terminé viviendo en refugios subterráneos desde los 10 hasta los 17 años, sin electricidad, comiendo pasto para vivir y serpenteando entre las balas para llegar hasta algún surtidor de agua".

"Israel vino a salvarnos a nosotros, los cristianos del Líbano. Mi madre fue herida por un proyectil disparado desde una base musulmana y la llevaron enseguida a un hospital israelí para su tratamiento.
La seguí desesperada y entré detrás de ella en el sector de emergencias. Tenía miedo y odio a los israelíes, porque me habían enseñado que eran los malignos del universo. Ni siquiera en las clases de Biblia nos dejaban leer el Antiguo Testamento, para que no tuviésemos otra idea de su horrible carácter. Sufrí un shock en ese hospital, porque me encontré rodeada por cientos de heridos, algunos musulmanes, otros palestinos, también cristianos, todos libaneses de cualquier edad y clase, mezclados con soldados israelíes heridos.

Los médicos y enfermeros judíos se ocupaban de cada uno según sus problemas, trabajaban con celeridad y eficiencia. Se ocuparon de mi madre antes de revisar a un soldado israelí manchado de sangre y que respiraba con dificultad junto a ella. No ocurrió la temida discriminación religiosa, política o nacional que yo esperaba de esos perversos, según me habían inculcado, sino una práctica solidaria propia de samaritanos reales."

Brigitte Gabriel abrió grandes los hermosos ojos oscuros y extendió sus expresivos brazos para exclamar: "¡Por primera vez en la vida experimenté la calidad que mi cultura no hubiera brindado al enemigo! Descubrí los valores que predominan entre los israelíes, capaces de tratar con amor al enemigo en sus momentos más críticos.

Me daba vueltas la cabeza y el corazón me latía frenético ante esa revelación. Permanecí veintidós días en el hospital. Ese lapso cambió mi vida y la forma de recibir la información tendenciosa que martilla la radio o la TV árabe por todas partes. Me di cuenta de las incendiarias mentiras que fabrica mi gobierno y los demás gobiernos árabes sobre los judíos e Israel, tan lejos de la verdad.
Advertí horrorizada que, si en vez de ser una árabe entre judíos, yo hubiera sido una judía alojada en un hospital árabe, me hubieran linchado y destrozado en medio de los aullidos Allah Akbar (Dios es grande), cuyo eco feroz petardeaba desde las calles vecinas".

"Trabé amistad con las familias de los soldados israelíes heridos, en particular con una mujer llamada Rina, cuyo hijo único fue baleado delante de sus propios ojos. Un día, mientras la visitaba, varios amigos llegaron para cantarle canciones que levantasen su espíritu. Nos rodeaba una estremecedora calidez. Entonaron una canción sobre Jerusalén y abracé a Rina para llorar juntas.
Esa madre sostuvo mi mano y me miraba desbordada de lágrimas para decirme, cuando yo mencionaba la desgracia de que su hijo quedase discapacitado para siempre: "No fue tu culpa, Brigitte, no fue tu culpa".

La oradora hizo una pausa ante la magnetizada audiencia para lanzar una reflexión explosiva: "¡Qué diferencia, por Dios, entre esa madre junto a su hijo deformado, que amaba al enemigo, con ciertas madres musulmanas que envían y bendicen a sus hijos para que se aten explosivos a la cintura y despedacen judíos y cristianos en un acto suicida criminal! ¡Enfatizo –agregó– que la diferencia entre el mundo árabe e Israel es una diferencia de valores! Es la barbarie contra la civilización, es la dictadura contra la democracia, es el desprecio al otro contra el respeto por el otro".

Cambió la tonalidad, como si fuese a decir un cuento de hadas: "Había una vez...", pero enseguida añadió: "Había una vez la convicción de que merecía el más hondo pozo del infierno quien asesinaba intencionalmente a un niño. Ahora, en cambio, los terroristas han logrado legitimizar el asesinato de niños judíos como recurso de su «justa lucha».
Recordemos, sin embargo, que cuando algo se legitima contra los judíos, luego empieza a ser legitimado para el resto del mundo. Ya no sorprende que los explosivos se carguen de clavos y tornillos con el propósito de matar o por lo menos malherir a niños para la gloria de Dios.

Los terroristas han acostumbrado a la opinión pública a resignarse con los asesinatos de civiles, ocurran las matanzas en Israel, Nairobi, Bali, Nueva York, Buenos Aires, Moscú, Londres o Madrid. Justifican su salvaje conducta con un argumento deleznable: los «desespera la ocupación». Pero déjenme contarles la verdad –anunció Brigitte Gabriel–. La verdad informa que el terror empezó contra los judíos, cuando no había ninguna ocupación".

Mientras absorbía las palabras de esta sensible e independiente periodista árabe, pensé que iba a referirse a la gran matanza de hombres, mujeres y niños desarmados que cometieron las bandas dirigidas por el Mufti de Jerusalén, Haj Amin El Husseini, amigo de Hitler, con quien se fotografió en Berlín, tras prometerle ocuparse de la "solución final" en Medio Oriente. Ya había diezmado en el lejano año 1929 a la comunidad de Hebrón, luego seguiría con el resto, hasta "limpiar el país de judíos" y hacerlo Judenrein, como pretendían los nazis y ahora es una trágica realidad consumada en casi todos los países árabes, discriminación étnica masiva que la prensa astigmática y los políticos camanduleros se resisten a tener presente.

Brigitte Gabriel, contra lo que yo esperaba, se refirió a otro hecho que pronto fue olvidado por el estallido de la guerra de la independencia israelí. Narró en forma documentada que meses antes de esa independencia, el domingo 22 de febrero de 1948 (la independencia fue firmada en mayo), tres camiones cargados con explosivos detonaron en la concurrida calle Ben Yehuda de Jerusalén, donde mataron a cincuenta y cuatro civiles e hiriendo a centenares de transeúntes. En ese tiempo, dijo, severa, no estaban "desesperados por la ocupación".

Con tristeza evocó el Líbano de su infancia, antes de la guerra civil que pretendió limpiar también al país de cristianos. La mayoría era cristiana y parecía que las fanáticas guerras de religión quedaban atrás. Pero la diferencia demográfica empezó a modificar los guarismos, porque no son equivalentes una familia monogámica cristiana con la musulmana que llega a cuatro esposas y produce una tribu de hijos. "¿Conocen una familia cristiana como la de Ben Laden, que posee 53 hermanos?" Tampoco es lo mismo la cultura cristiana, que absorbe las conquistas de Occidente (igualdad de la mujer, libertad de expresión, estímulo del arte, aprecio por la investigación científica, derechos individuales, tolerancia por las diferencias) con la cultura que rechaza esos valores.

Las palabras de Brigitte Gabriel me inyectaron de nuevo la esperanza de que en el mundo árabe existen personalidades valientes como las que en su momento lucharon dentro del cristianismo contra la Inquisición o en Alemania contra el nazismo, pese a la confusión que generan las lealtades deformadas. En el Líbano centenares de miles hoy cruzan los dedos para que los criminales de Hezbollah, que han atacado a Israel sin el justificativo de ninguna "ocupación", sean derrotados para el bien de la región y el mundo.

El Líbano merece vivir y progresar sin las hordas medievales que sueñan psicóticamente con establecer un califato totalitario que extienda su imperio desde España hasta el océano Pacífico. Su primera etapa es la definitiva destrucción de Israel.

Ver: El odio a Occidente, creyentes y laicos


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