8.7.06

Matar por Alá

Antes de conducir un todoterreno alquilado por el campus de la Universidad de Carolina del Norte y de intentar arrollar y matar a cuanta gente pudiera el 3 de marzo, Mohammed Reza Taheri-Azar dejó una carta explicatoria en su apartamento. Es llamativamente flemática, casi clínica: "En el nombre de Alá, el clemente, el misericordioso. Para quien pueda interesar: escribo esta carta para informarle de mis motivos para intentar asesinar con premeditación a ciudadanos de los Estados Unidos de América el viernes, 3 de marzo del 2006 en la ciudad de Chapel Hill, Carolina del Norte, atropellándolos con mi vehículo o apuñalándoles con un cuchillo si Alá me presenta la oportunidad".

En la carta, Taheri-azar se identifica sencillamente como "un sirviente de Alá". Afirma que "en el Corán, Alá afirma que las mujeres y los hombres creyentes tienen permiso para asesinar a cualquiera responsable de la muerte de otros hombres y mujeres fieles... tras exhaustiva contemplación y reflexión, he tomado la decisión de ejercer el derecho que Alá me ha dado a responder con violencia hasta la extensión más amplia de la que soy capaz actualmente". Y además, "los mandamientos de Alá nunca deben ser cuestionados y todos los mandamientos de Alá deben ser obedecidos. Aquellos que violan los mandamientos de Alá y siguen a propósito la fabricación y la falsedad humanas como su religión arderán en el fuego durante la eternidad según la voluntad de Alá".

En una carta escrita una semana después, Taheri-azar afirmaba: "Vivo con el santo Corán como mi constitución para lo que está bien y lo que está mal y la definición de justicia ... Alá da permiso en el Corán para que los seguidores de Alá ataquen a aquellos que han emprendido [sic] la guerra contra ellos, ante la expectativa del Paraíso eterno en caso del martirio y/o llevar la vida de uno en obediencia a todos los mandamientos de Alá que se encuentran a lo largo de los 114 capítulos del Corán.

He leído todos los 114 capítulos quince veces desde junio del 2003, cuando empecé a leer el Corán". Y no intentó asesinar estudiantes de la UNC "por odio a los americanos, sino por amor a Alá.
Sólo vivo para servir a Alá, obedeciendo todos los mandamientos de Alá de los que soy consciente leyendo y aprendiendo los contenidos del Corán".

Puede que Taheri-azar se refiriera a pasajes como el Corán 2:190 ("Lucha por la causa de Alá contra aquellos que luchan contra ti…") y 9:111: "Alá ha adquirido de los fieles sus personas y sus bienes; para ellos a su vez es el Jardín del Paraíso: luchan por Su causa, y masacran y son masacrados…"


Hay otros numerosos pasajes que se regodean en la violencia contra los infieles (2:216; 9:5; 9:29; 47:4; etc.). Pero en respuesta, según una información de noticias locales, "diversos líderes de la comunidad del Triángulo Musulmán afirman que la interpretación personal del Corán de Taheri-azar es errónea y va más allá de la verdadera fe de los musulmanes en todo el mundo -- que es la paz".

Tal respuesta era predecible tanto en su contenido como en su falta de concreción. Cada día trae más pruebas de que los musulmanes creen que el Corán ordena todo menos la paz: el lunes atestiguada centenares de clérigos musulmanes manifestándose en Afganistán contra la liberación del cristiano converso Abdul Rahmán. Cantaban "¡Muerte a los cristianos!" y pedían el ajusticiamiento de Abdul Rahmán según la prohibición tradicional de apostasía en el islam. Un clérigo, Faiez Mohammed, de Kunduz, fue sucinto: "Abdul Rahmán debe ser ajusticiado. El islam lo exige".

Está completamente claro que incluso si Mohammed Taheri-azar actuó en solitario el 3 de marzo en Chapel Hill, su opinión del Corán no es ajena a muchos musulmanes en todo el mundo.

Pero aún así, tres años y medio después de que Mohammed Atta y su tripulación empotrasen un avión contra el World Trade Center por amor a Alá, no vemos a un ningún esfuerzo concertado o constante por parte de musulmanes autoproclamados pacíficos en Estados Unidos o en ninguna parte para liberar de la falsedad a sus correligionarios de esta ideología de la jihad, y su agenda política totalitaria, supremacista y globalista.
Tal esfuerzo no debería ser visto como casual u opcional; sin él, el compromiso mismo de estos autoproclamados moderados con Estados Unidos y su Constitución puede y debería ser cuestionado.

Asimismo, los analistas continúan centrándose en la cuestión de si Taheri-azar era un "terrorista" o no. Si usted le llama un melón, no me importa. El verdadero problema aquí es que cualquiera en cualquier momento puede leer el Corán y llegar a la misma conclusión que él. Si los funcionarios americanos fueran lo bastante serios en prevenir un futuro ataque, tratarían eso. Si los grupos de defensa musulmana americana fueran realmente serios en ser americanos leales y patriotas, tratarían eso.

¿Estoy diciendo que el Corán debería ser ilegalizado, como se intentó hace mucho en Calcuta, acerca de lo cual ha habido algunos rumores recientemente en Alemania?

No, preferiría hablar más en el ámbito de lo que es posible de manera realista. Me gustaría ver un debate público honesto de los elementos del Corán y la Sunna que animan a la violencia y al fanatismo. Me gustaría ver explicar a los portavoces musulmanes americanos cómo tratan ellos estos elementos específicamente, y cómo enseñan a los musulmanes a rechazarlos en favor de los principios de igualdad de dignidad y derechos de todos los pueblos, mujeres como hombres, no musulmanes así como musulmanes. Y me gustaría verles pasar de estas explicaciones a la acción real.

Solamente entonces puede que uno estuviera llegando a alguna parte contra el fenómeno planteado por Mohammed Taheri-azar. No cuento con ello.

ROBERT SPENCER


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