3.4.05

"Europa", será parte del occidente árabe

Rara vez el curso de la historia europea ha sido alterado por una observación desechable de alguien que no es un político en un diario en alemán un miércoles durante los últimos compases del abatimiento estival.

Pero el 28 de julio, el historiador de Princeton Bernard Lewis declaró al diario conservador con sede en Hamburgo Die Welt que Europa sería islámica "por los pelos" antes de fin de siglo, y la política continental no ha sido la misma desde entonces.

Días antes del tercer aniversario del 11 de Septiembre, Frits Bolkestein, de los Países Bajos, el comisionado saliente de la competencia en la Unión Europea, causó un alboroto cuando mencionó la observación de Lewis en la apertura del curso en la Universidad de Leiden.


Bolkestein advirtió de que la UE "implosionaría" si se amplía demasiado rápido. Era un tema oportuno. Dentro de algunos días, el comisionado para la expansión de la UE, Günter Verheugen, de Alemania, publicará un informe acerca de si abrir o no negociaciones con Turquía para que entre en la UE.

Se espera que sea positivo. La comisión al completo debe celebrar una votación sobre el informe en diciembre, tras lo cual se prevé una década de negociaciones.

Pero dado que es probable que el informe de Verheugen sea positivo, y puesto que se espera que la comisión estampe su sello de caucho en las recomendaciones del informe, y puesto que ningún estado candidato que haya accedido a las negociaciones de adhesión ha sido rechazado nunca, el proceso tiene aspecto de ser una propuesta a cumplir.
Gracias a. . . ¿qué? . . . al ánimo de Günter Verheugen, los pueblos de Europa están a punto de ver su destino unido irrevocablemente al del mundo islámico.

De hecho, la necesidad de forjar un enlace solemne con el secularismo islámico de la clase del que Turquía disfruta después de que Kemal Atatürk llegara al poder, es la razón ofrecida más a menudo para la imprescindibilidad de la adhesión turca.

Bolkestein se dirigía así a un continente ampliamente confundido. Su discurso fue largo. No despotricó. Aludiendo a la aspiración de la UE a convertirse en un estado multinacional, llamó la atención del auditorio sobre el destino del poder europeo más reciente con esa aspiración, el imperio Austro - húngaro, hace apenas un siglo.

Los austriacos eran culturalmente confiados (Liszt, Richard Strauss, Brahms, Mahler, y Wagner trabajaban en Viena). Eran prósperos y estaban orgullosos.
El problema fue que sólo había 8 millones de ellos, y ampliar las fronteras de su país les puso cara a cara con un movimiento pan-eslavo enérgico.

Una vez que el Imperio absorbió a 20 millones de eslavos, afrontó dificultades comprometidas entre permitir a los nuevos individuos gobernarse a sí mismos o preservar su propia cultura.

Al igual que la UE, el Imperio había cruzado un punto sin retorno antes de darse cuenta de que no iba a ninguna parte en concreto. Bolkestein preguntó qué lecciones sacaban los europeos de esta historia, al considerar la entrada de Turquía.

Entonces trató dos problemas específicos. Primero, que no había fin lógico alguno a la vista en la expansión europea -- una vez que la UE acepte a Turquía, no tendrá motivo alguno en principio para rechazar a los países considerablemente más europeos de Ucrania y Bielorrusia.

Europa está agregando así una inestabilidad de la que no tiene ni los medios financieros ni la solidaridad cultural para controlar.

El segundo problema, advierte Bolkestein, es que la inmigración está convirtiendo a la UE en "un imperio Austro - húngaro a gran escala". Aludió a ciertas grandes urbes que pronto serán minoritariamente europeas -- dos de las más importantes, Ámsterdam y Rótterdam, están en su propio país -- y advirtió que la adición (proyectada) de 83 millones de musulmanes turcos fomentaría la islamización de Europa.

Fue esta parte de su discurso -- en la que se refirió a las proyecciones de Lewis -- la que saltó a los titulares de todo el mundo: "las tendencias actuales sólo permiten una conclusión", dice Bolkestein.
"Estados Unidos continuará siendo la única superpotencia.
China se está convirtiendo en un gigante económico. Europa está siendo islamizada".
Sobrevino una especie de reacción en cadena.

Dos días después de que Bolkestein diera el discurso, el Financial Times publicó una carta que Franz Fischler, el comisionado saliente de agricultura de la UE, de Austria, había enviado en privado a sus homólogos comisionados.
Fischler se quejaba de que Turquía era "mucho más oriental que europea", y lo que es peor, "quedan dudas acerca de las credenciales democráticas y seculares de Turquía a largo plazo.

Podría. . . haber un retorno fundamentalista". La reacción de Europa fue un ¡Y ahora nos lo dices! colectivo. Reunidas, las observaciones de Bolkestein y de Fischler parecían sintomáticas de la corrección política que lastra el tema de la adhesión turca.

Una mayoría del Parlamento Europeo es anti-adhesión, los diversos parlamentos nacionales están contra ella, y las poblaciones nacionales se oponen abrumadoramente.

Es la Comisión Europea la que lleva el proceso -- y ahora dos miembros prominentes de ese mismo organismo, a punto de dejar sus respectivas carreras políticas atrás, decían que todo era un gran error del que nadie se atrevió a hablar. (Quizá lo único que enfurezca al europeo de la calle más que tal giro burocrático, sea el apoyo norteamericano incomprensiblemente constante a la adhesión turca a la UE).

Lo que es fascinante de la entrevista de Lewis que dio lugar a esta ronda europea de darle vueltas, es que no pretendía versar específicamente sobre Europa.
Su interlocutor preguntó a Lewis acerca de los progresos en la guerra de Irak, la evolución de la cuestión de Palestina, las esperanzas de democracia liberal en Irán, y las perspectivas de derrotar a al Qaeda. (En este último tema, Lewis dio una respuesta inquietante: "es un proceso largo y el resultado no es seguro en absoluto", dijo.
"Funciona de modo parecido al comunismo, que tuvo éxito entre la gente infeliz de Occidente porque parecía dar respuestas inequívocas.

El Islam radical tiene la misma fuerza de atracción"). Fue igualmente cautivador cuando describió la ruptura de la Unión Europea con Estados Unidos en términos de "una comunidad de envidia". ("Comprensiblemente, los europeos tienen algunas reservas sobre una América que les ha superado.
Ese es el motivo de que los europeos entiendan bien a los musulmanes, que tienen una sensación similar").

Pero el propio futuro islámico de Europa surgió como mera casualidad. Preguntado acerca de si la UE podría constituir un contrapeso global a Estados Unidos, Lewis contestó simplemente: "no".

Veía solamente tres países como jugadores "globales" potenciales: definitivamente China y La India, y posiblemente una Rusia revivida. "Europa", dijo, "será parte del occidente árabe, del Magreb".

Lo que parece haber enfurecido a los oyentes europeos es que Lewis no afirmara esto como algo subido de tono, o una propuesta contraria. Simplemente lo dijo, como si fuera algo que cada persona políticamente neutral e intelectualmente honesta tomara a la ligera. ¿Lo es?. Bolkestein dijo que no sabía si las cosas acabarían como Lewis predijo. ("Pero sí que tiene razón", agregó Bolkestein, "la liberación de Viena [de los ejércitos turcos] en 1683 habrá sido inútil").

Bassam Tibi, un inmigrante sirio que es el musulmán moderado más prominente de Alemania, parece estar de acuerdo con el diagnóstico de Lewis, incluso mientras rechaza su énfasis. "O el Islam se europeíza, o Europa se islamiza", escribió Tibi en el Welt am Sonntag.

Habiendo pasado gran parte de la última década defendiendo la construcción de instituciones islámicas sensatas en Europa, Tibi parece advertir que Europa carece de la capacidad para rechazar el Islam, o la oportunidad de frenarlo.

"El problema no es si la mayoría de europeos es islámica", añadió, "sino qué Islam -- el Islam de la sharia o el euro-Islam -- es el que va a dominar en Europa".

Christopher Caldwell es editor senior de The Weekly Standard.

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