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9.7.05

La guerra santa contra Occidente


El atentado más sangriento en la historia de España.
Entre la 7.35 h. y las 8.35 h. de la mañana del 11 de marzo de 2004.

Todos los movimientos integristas islámicos coinciden hoy en querer atacar a sangre y fuego a Occidente y son muchos los occidentales que se preguntan el por qué de esa guerra santa declarada tan ardientemente por el Islam contra su mundo.

No faltaron, en los inicios de esta guerra en forma de terrorismo, quienes creyeron que eso era un mero alarmismo y algo fantasioso, pero el 11 de septiembre con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de marzo con el múltiple ataque a los trenes de cercanía camino de la estación de Atocha en Madrid y las amenazas de similares actos terroristas en Francia, Alemania e Inglaterra, les hicieron despertar de su suicida ingenuidad.

Cara a esa declaración de “Guerra Santa a Occidente” es muy interesante prestar atención a lo que en 1950 proclamaba Sayyid Qutb, uno de los fundadores de los movimientos integristas del Islam. Escribía así, sin ambigüedades: “El género humano debe buscar una nueva dirección. La orientación de Occidente está agotada. Ha llegado el turno del Islam. Es, sin embargo, muy poco probable que en varios siglos, el Islam pueda materialmente ser superior a Occidente. Pero hay un elemento que le permitirá asumir la conducción del género humano. Ese elemento no es otro que el de una ideología y programas concretos del Islam, que le permitirán al género humano mantener el ritmo de su avance material pero bajo una nueva concepción que responde mejor que la actual de Occidente a las exigencias de la naturaleza humana”.

La proclama de Sayyid Qutb es significativa porque revela las tres ideas-fuerza del discurso islámico actual. Esas tres ideas son:

1) Los auténticos valores del Islam están llamados a suplir los falsos valores de Occidente;
2) El poderío material de Occidente es indiscutible y hay que admitirlo;
3) El llamamiento a triunfar por medio de una nueva ideología es el arma suprema del Islam de hoy. “Es posible y lo lograremos”.

El Islam de hoy, consciente de sus valores y analizando su historia, se muestra ante todo muy sensible a los daños inferidos por Occidente a su territorio con las diversas ocupaciones y prácticas colonialistas a lo largo de los siglos XIX y XX; y sensible a los daños inferidos a su cultura con la invasión de sus valores perversos, muy ajenos a la moral dictada por Dios a Mahoma. Esto determina su incompatibilidad con Occidente y la necesidad de enfrentarlo aguerridamente.

En pleno esplendor de la civilización musulmana -siglos IX al XII- el pensamiento ajeno al Islam logró fascinar a intelectuales islámicos como Avicenna, Averroes, Al-Farabi, Al-kindi y otros muchos más.
Desgraciadamente -dice hoy el Islam integrista- el Jalifa Al-Mamum creó en el año 832 una “Casa de la sabiduría” que se proponía nada menos que la traducción y difusión de los textos de Platón y de Aristóteles. Curiosamente, gracias a esta iniciativa, la filosofía griega llegó a Occidente.
Tal iniciativa trajo que a comienzos del siglo XII en circunstancias políticas muy difíciles el pensamiento islámico se endureciese y que los integristas de ese tiempo cerrasen puertas y ventanas a todo viento de novedad intelectual. Los teólogos islámicos más dogmáticos y cerrados hacían quemar todo libro tachado de impío. “El creer está por encima del saber y la realidad por encima de la ilusión”, escribía uno de esos teólogos.

El mundo musulmán, después de haber vivido un medievo luminoso se encerró en sí mismo en el momento histórico en que Occidente se abrió al Renacimiento y más tarde a la modernidad.Por siglos el Islam no se interesó para nada de cuanto modernamente estaba sucediendo fuera de sus confines. Violentamente, sin embargo, todo eso se le vino encima en el siglo XIX, con la expansión colonialista de Occidente

Entre 1798 y 1801 Napoleón invadió a Egipto.
En 1830 Algeria fue tomada y subyugada.
En 1881 se produjo el Protectorado Francés de Túnez y en 1912 el de Marruecos.
En 1914 Inglaterra en forma de protectorado se apoderó de Egipto.
En 1920 Francia ocupó Siria y el Líbano y en 1920 Inglaterra se hizo dueña de Palestina y de Irak.Moviéndose difícilmente en un mundo hostil y arisco siempre y jamás totalmente dominado, Occidente despertó en el Islam admiración por un lado, pero al mismo tiempo profundo desprecio, odio, resentimiento y rabia.

El islamita marroquí Abdessalam Yassin, fustigando las ideas modernistas en el seno del Islam, atribuye directamente esta desgracia y perversión a la conquista colonial de Occidente. Yassin ve en ese fenómeno un premeditado proyecto imperialista de Occidente.En los comienzos del siglo XX existían muchos obsesionados con la idea de que el Islam se abriese a Occidente y renaciese a una nueva vida con el deseo subterráneo de doblegarlo y dominarlo.
Esto supuesto no fue extraño que Bernard Lewis en su libro “El retorno del Islam” escribiese que la comunidad islámica no podía olvidar toda esa época traumatizante en la que los gobiernos y el imperio islámico fueron expoliados y los pueblos del Islam sometidos a extranjeros infieles.

Tales sentimientos no desaparecieron con la descolonización de esas potencias extranjeras. Todo lo contrario, se radicalizaron con los últimos acontecimientos como la guerra entre Israel y el mundo árabe en la que Israel ha sido visto como el brazo armado de Occidente y como la guerra del Golfo y la invasión a Irak.

Por otro lado hiere hoy la sensibilidad islámica el espectáculo de la opulencia de Occidente en contraposición a la miseria de los pueblos islámicos. Ante este hecho, en vez de analizar las causas internas de esa situación, el Islam ha recurrido a culpar de ella a la colonización sufrida durante la ocupación occidental. En la actualidad se repite insistentemente que Occidente se llevó sus riquezas, destruyó sus tradiciones y ha dejado trás de sí un desierto.
Occidente es el gran enemigo hacia el cual hay que dirigir todos los rencores.

Está también el mundo de lo sexual. Occidente es el lugar hoy del gozo sin frustración. Freud enfatizó los efectos devastadores que produce en el individuo la represión impuesta a la libido. En ninguna parte, sin embargo, es más difícil satisfacer ese deseo que en los países superpoblados y en los que el desempleo no permite a los jóvenes acceder a una casa y a constituir una familia.

La tradición musulmana es casarse pronto pero hoy las condiciones económicas lo imposibilitan. No es raro el caso de un joven palestino, algerino, marroquí o egipcio célibe a los treinta años. Esta situación incita en Oriente a la experiencia sexual. El Islam la prohíbe y la traumatiza, ya que la relación amorosa está minuciosamente reglamentada. Por otro lado la pareja recién casada carece de intimidad. La crisis habitacional les obliga a cohabitar con el resto de la familia sin espacio propio.

A estas frustraciones se añade la visión continua de un mundo sin inhibiciones ni limitaciones en Occidente al que ellos se asoman a través de las antenas parabólicas de las que están llenos los techos del Medio Oriente.
De este modo Occidente es considerado el “Gran Satanás” no sólo militar y económico sino también de la libertad omnímoda. Esta identificación, sin embargo, de Occidente con Satanás, no está libre de cierta tristeza de no poder gozar de ese supuesto paraíso.

De hecho el mundo islámico está ya muy occidentalizado. Pero esta occidentalización es considerada “alienación”. El rechazo, sin embargo, de la cultura occidental convive en la población con cierto hechizo de ella.
Es una de sus muchas paradojas. Deseo y rechazo, admiración y condena.El Islam desprecia los cambios, las innovaciones. La palabra “tradición “ es sacrosanta para él. Es la que da su nombre a la segunda fuente de la fe, la “sunna”.. Todo ha sido ya revelado por Dios a Mahoma y tal revelación vino a dar plenitud a todas las revelaciones anteriores, la judía y la cristiana.

Los hebreos son la Esperanza, los cristianos el Amor y los musulmanes la Fe. Esta fe se fundamenta en la convicción que sólo la repetición del pasado puede originar un presente aceptable. Los modos de conocimiento y de organización del mundo fueron formulados ya, de una vez para siempre, en el Corán.Mientras el mundo oriental exalta el saber transmitido por la tradición, de padre a hijo, el Occidente defiende y busca continuamente lo novedoso. La innovación, sin embargo, es para los musulmanes el pecado por excelencia, una herejía. A la obediencia incondicional a la ley religiosa y a las usanzas de los antiguos el Occidente contrapone la rebelión, la protesta y la crítica. No admite la simple obediencia como genuino valor.

La irreligiosidad -agnosticismo o ateísmo teórico y práctico- de Occidente choca frontalmente con la fe islámica, leal hasta la inmolación propia en fidelidad a Dios y a Mahoma, su profeta.

Existe, pues, un abismo entre ambos universos culturales. Ha habido intentos de lanzar puentes entre ambas orillas, pero ninguno ha tenido éxito. Todo lo contrario, surgieron, en respuesta a ese engañoso sueño, movimientos “reformadores” en los que la “reforma “ era retornar al pasado. Es justo recordar a este propósito aquel paradójico movimiento de pensamiento llamado “Nahda” “revivir”, “volver a vivir”, palabra que erróneamente fue traducida como “reformar”. Fundado por el persa Jamal-al-Afghani en los años 80 , tal movimiento no buscaba otra cosa que retornar al Islam de los orígenes, a la auténtica “Asala”.

Significativamente “Asala” fue el título de aquella célebre revista algerina sobre asuntos religiosos, salida a la luz publica entre 1971 y 1981, en la que se exponían ideas integristas y fundamentalistas del Islam con la bendición explícita de FLN, Frente de Liberación Nacional. No se trata de una mera coincidencia.

Entre las grandes figuras argelinas tenidas como modernistas y los líderes islámicos hay fuertes vinculaciones. Es muy importante y luminoso identificarlas. Hacerlo es orientarse en ese laberinto ideológico de la historia del integrismo islámico y es adentrarse sagazmente en su alergia contra Occidente, que es lo que en buena parte está en el trasfondo de la “guerra santa”.

Francisco José Arnaiz S.J.

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