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22.4.05

El Islam contra los infieles.

A diferencia de Eduardo Haro Tecglen, que cree que la conciencia más limpia es la de el ateo, yo estoy convencida de que la conciencia tiene poco a ver con creer o no creer. En nombre de la negación de Dios, el estalinismo mató hasta el horror, y en nombre de Dios, la historia está saciada de crímenes.

Dios, como buena entelequia, está sometido al uso bueno o perverso que se pueda hacer de Él, de manera que es mejor mantenerlo en el ámbito privado que toda trascendencia requiere. Aun así, y dado que la realidad nos trae el dolor sangrante en forma de niños asesinados en honor a Alá, y nos reproduce los ojos sin cuencas de los fanáticos de la muerte, y nos muestra (para quien quiere ver) los campos de entrenamiento dónde la infancia es destruida a manos de los padres que enseñan a odiar y a morir matando, dado que todo esto pasa en nombre de Dios, resulta difícil dejarlo fuera.

Dios, hoy, es usado para fanatizar, socializar en el odio y matar. El dios denominado Alá, pero en otros tiempos tuvo otros nombres, otros ritos y liturgias, y también educó en la intolerancia y en la violencia. Todo creyente sabe que el Dios individua puede construir almas nobles como Santa Teresa de Calcuta, pero que el Dios colectivo ha engendrado, a lo largo de la historia, terribles monstruos. Aun así, y ¿la razón? La razón, como profetizó Goya, ¿también engendra monstruos? Estoy convencida de ello, y en estos difíciles momentos, en qué la muerte nos golpea las entrañas en su forma más abrupta, quiero hablar de los guerreros locos de Dios, y de los intelectuales racionalistas que, en nombre de la razón, no están a la altura moral que la historia requiere.

Primero, los guerreros. A pesar de que la ignorancia ha devenido un patrón de conducta del análisis internacional, resulta espantoso ver como analistas de prestigio e intelectuales laureados, no tienen ni idea de lo qué hablan. O, peor aún, apelando a la solidaridad y a la justicia, mienten, distorsionan o sencillamente defienden planteamientos incomprensibles. Una de las barbaridades más lacerantes la dijo, hace pocos días, en el “Fórum de las Culturas de Barcelona, Juan Goytisolo: "Los palestinos y los Chechenos no son terroristas, sino resistentes", y el público convencido de su compromiso solidario, se comió la frase con la estupidez que caracteriza determinados cerebros planos de izquierdas. Lo cierto es que la resistencia a una situación de opresión, mítica históricamente, no tiene nada a ver con una ideología internacionalizada, de base nihilista y de planteamiento totalitario, como es el integrismo islámico.

Los guerreros enloquecidos del Islam no luchan por la libertad de nadie, sino contra la libertad. No son los defensores de los pobres, sino sus opresores. No quieren a sus hijos, sino que los odian y los convierten en máquinas de matar. Y no están a favor de resolver los conflictos abiertos al mundo, sino que los usan, se aprovechan y lo destruyen. Sin embargo, ¿considera Goytisolo que son actos de resistencia el poner una bomba en un autobús lleno de niños en Jerusalén, o tener un millar de niños aterrados, hambrientos y sedientos, rodeados de bombas, en una escuela de Beslam ? ¿Cómo puede creerlo nadie?

Más todavía, ¿como es posible que los intelectuales opinen desde la desinformación y ni siquiera no conozcan los textos de los grupos terroristas palestinos o Chechenos, dónde la intención bélica no tiene nada a ver con liberar sus pueblos, sino con crear una república islámica integrista en todos los lugares donde puedan llegar? Todo el mundo que conozca el conflicto Checheno ya sabe que hace años que se están organizando grupos de culto wahhabita (1) en las repúblicas caucásicas y que usan las cuestiones nacionales pendientes para de alimentar el fanatismo fundamentalista.

El mismo Bassaiev y su lugarteniente, el denominado "árabe negro", son cabezas visibles de este totalitarismo del siglo XXI. Un totalitarismo que, como el nazismo, no ha dejado nada sagrado fuera la sangre: la infancia, la Cruz Roja, las ambulancias, las ONGs que dan ayuda humanitaria, todo vale para una ideología que hace del culto a la muerte su código de conducta.

Ellos son los asesinos. Pero, ¿y el resto, los que no matamos? Tomando prestada la frase de Luther King , "lo peor no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos", lanzo mi acusación.

Acuso al mundo islámico de callar, de otorgar, de minimizar el carácter asesino del integrismo, de disfrazar terroristas como resistentes, de no levantar la voz para crear un gran movimiento autocrítico, de no cumplir con el deber moral que tienen con su propia cultura.

Acuso a sus medios de comunicación, con Al-Jazira al frente, de fomentar el antioccidentalismo, el antisemitismo y de practicar un paternalismo con el terrorismo que sólo puede conducir el Islam a su destrucción.

Acuso a los Tariq Ramadan y a las Nawal al Sadawi de camuflarse bajo el doble discurso en función de la lengua que hablan, y de no asumir la obligación histórica que tienen de rechazar la ideología totalitaria que ha nacido a su seno.
Como los intelectuales europeos que no estuvieron a la altura cuándo el nazismo mataba a diestro y siniestro, o cuando el estalinismo mató hasta la fatiga, los intelectuales islámicos actuales –excepto pocas excepciones- practican el antiamericanismo furibundo, justifican el terrorismo y no asumen el rol de defensores de la libertad que les sería propio.

Y, en Occidente, acuso la legión de intelectuales de izquierdas que, como los monos, ni escuchan, ni ven, pero hablan como si todavía tuvieran el cartel del Che colgado en las narices, y se pensaran que todos estos locos que van secuestrando, matando y violentando en nombre de Alá son el resurgimiento de los movimientos guerrilleros de su adolescencia.

Alimentados por el odio al gran “Satán” americano, estos intelectuales han devenido una extraordinaria coartada para la justificación de la ideología totalitaria. Exactamente igual como ocurrió con el estalinismo. De ahí que crean que Hamás es un grupo de resistencia, y no la banda de fanáticos asesinos que han demostrado ser.

De ahí que, cuando la maldad secuestra y mata la infancia, en pro de Chechenia, prefieran hablar de la culpa rusa. Supongo que estarían encantados que finalmente Bassaiev creara la gran república islámica del Cáucaso, paladín de la libertad.

La inteligencia islámica es, hoy, cómplice por minimización, paternalismo y justificación del integrismo islámico. Y la inteligencia occidental es cómplice por pura imbecilidad. En los dos casos, los que más hablan de libertad y solidaridad, más la están traicionando. Y, en el camino, traicionan el deber moral que, como intelectuales, deberían tener. "El peor es el silencio de los buenos..."

Articulo de Pilar Rahola

Personalmente añado que peor que el silencio de los "buenos" es tener el enemigo en la propia casa, el peor enemigo de Europa sin lugar a dudas es esa corriente de gobernantes e intelectuales "la quinta columna" todos ellos se identifican como progresistas, y para los cuales el resto de mortales somos considerados como ciudadanos racistas y xenofogos, lo que demuestra que sus propias ideas de la democracia y tolerancia, se semeja a un totalitarismo solo comparado a los regimenes mas dictatoriales, utilizando con desprecio todo pensamiento contrapuesto a su menoscabo de sentido común.
Ellos son los únicos responsables de la perdida de identidad política y religiosa de Europa, y el resto como siempre esperamos que el tiempo haga justicia, en mucha ocasiones demasiado tarde.


Monmar

2 comentarios :

  1. Anónimo2/3/06

    En esta hora se ve la valentía. Ellos tienen la bomba, el cuchillo, nosotros la experiencia histórica, la garganta desnuda, las espaldas preparadas para soportar la losa de desprecio por decir lo que vemos. Así debió ser en la Alemania de los años 30. Animo y valor, nuestra cultura es imperfecta, pero se alza , así y todo, como un faro de luz en la oscuridad.

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  2. Anonymous said...29/11/06

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