18.6.05

¿Guerra Santa en Europa?


¿Ha comenzado una intifada en Francia — una jihad total? ¿Afrontan los franceses lo que por ahora es, mientras los disturbios superan su segunda semana y engullen virtualmente al país entero, una insurrección total de jóvenes inmigrantes que simplemente acusan estar siendo marginados y empujados a la cuneta de la sociedad francesa? ¿O tiene el malestar algo que ver con la agenda de los jihadistas en todo el mundo? Como es cada vez más sabido, Osama bin Laden, entre otros en todo el mundo, quieren unificar el mundo islámico bajo un califato restaurado, reestablecer el mandato de la ley islámica y también extender la hegemonía de esa ley, la sharia, al resto del mundo. ¿Juega eso algún papel en los disturbios franceses?

Las evidencias hasta la fecha son incompletas. Las informaciones de los principales medios se han centrado en la marginalización económica y cultural de los alborotadores. “La suya”, se lamenta AP, “es una vida monótona empleada en fumar hachís y rondar por las esquinas de las calles”. Un joven de 18 años llamado Ahmed se queja: “Llevas estas ropas, con este color de piel y automáticamente eres objetivo de la policía”. Algunos analistas, regodeándose en diversos grados de schadenfreude[1], han alegado que el racismo inculcado por parte de Francia, el snobismo hacia los extranjeros y el maltrato hacia los inmigrantes musulmanes son responsables de los disturbios.

Pero aún así, las historias de horror que detallan el maltrato que hoy acaparan las noticias nos suenan completamente ciertas. Francia no ha descuidado a su importante minoría musulmana. No hace demasiado establecía una organización oficial para supervisar el islam francés, el Consejo Francés de Religión Musulmana (CFCM), e incluso ha debatido revisar las leyes seculares de Francia con el fin de permitir que el gobierno financie las mezquitas de Francia, para arrancarlas de influencias exteriores “fundamentalistas”.

Los musulmanes tampoco han sido marginados de la vida pública francesa. Dalil Boubakeur, líder del CFCM e imán de la mezquita de París, disfruta de una posición visible. Después de que el gobierno francés anunciase los planes de expulsar a los imanes jihadistas de Francia en mayo del 2004, el entonces primer ministro Jean-Pierre Raffarin dijo a Boubakeur querer “tranquilizar a la comunidad musulmana” con respecto a “su voluntad de tratarla igual que trata a otros credos”. Boubakeur explicaba que en lo que a Raffarin se refiere, “no hay nexo de unión entre la expulsión de los imanes y la comunidad musulmana en general”. Cuando dos periodistas franceses fueron secuestrados en Irak en agosto del 2004, el entonces Ministro del Interior (y Primer Ministro actual) Dominique De Villepin acudía a la mezquita de Boubakeur a unirse a los musulmanes en oración por su liberación — y levantó aplausos al hablar de la unidad entre musulmanes y no musulmanes en Francia.

La visita de De Villepin a la mezquita es emblemática de los presentes esfuerzos de Francia por hacer que su población musulmana se sienta integrada, apreciada, y francesa — esfuerzos que ahora son universalmente atacados por estar ausentes. Y hay varias indicaciones de que los disturbios no se deben completa o únicamente a la marginalización económica y social en absoluto, y que la agenda de la jihad islámica es un elemento significativo que alimenta su continua expansión:

· Se ha establecido desde hace tiempo que existe una presencia jihadista significativa entre los musulmanes franceses. Recientemente, seis musulmanes de París eran arrestados por reclutar para la jihad en Irak.

· Los alborotadores han estado berreando el grito de guerra de la jihad, “Aláhu akbar”. Como escribía Mohammed Atta en su exhortación final a sí mismo, “cuando comience la confrontación, luchad como defensores que no quieren volver a este mundo. Gritad, 'Aláhu Akbar', porque esto inspira miedo en los corazones de los infieles“. Mientras los principales medios continúan identificando a los alborotadores como “jóvenes franceses nativos de origen árabe o africano, muchos de ellos musulmanes”, la identidad islámica de los alborotadores es en realidad bastante clara: han evitado negocios de propiedad musulmana, prefiriendo de manera obvia objetivos no musulmanes.

· Los alborotadores han arrojado cócteles Molotov contra dos sinagogas francesas, haciendo probable que suscriban el odio a los judíos profundamente enraizado que comparten tantos jihadistas. También han incendiado dos iglesias, reforzando más la impresión de que ven su lucha como fundamentalmente religiosa, y consideran el terror contra judíos y cristianos como parte de su responsabilidad religiosa, según el Corán 9:29, que ordena que los musulmanes emprendan la guerra incluso contra “los pueblos del Libro”: el término coránico para — principalmente — judíos y cristianos.

· Mouloud Dahmani es un líder musulmán de Francia que intenta prevalecer sobre los franceses con el fin de permitir que un grupo de jeques de la Hermandad Musulmana negocie el final de los disturbios. La Hermandad Musulmana, por supuesto, es la primera organización islámica moderna de la jihad y el antepasado directo de Hamas y al-Qaeda. Dahmani ha declarado: “Todo lo que exigimos es que se nos deje solos”. Esta es una declaración extraña viniendo del líder de una comunidad que acusa ser marginada y que quiere ingresar en el corazón de la sociedad francesa. ¿Dejarla sola? Bastante literalmente. El periodista Amir Taheri afirma que los musulmanes de Francia no están interesados en realidad ni remotamente en la asimilación; en su lugar, quieren autonomía: “Algunos incluso piden la creación de áreas donde los musulmanes constituyan la mayoría de la población a reorganizar según el sistema de 'milet' del Imperio Otomano: cada comunidad religiosa (milet) disfrutaría del derecho a organizar su vida social, cultural y educacional según sus creencias religiosas”. Informa de que “en algunas partes de Francia, ya existe en vigor un sistema de milet de facto”. Los líderes musulmanes controlan la zona y los funcionarios franceses, policía incluida, simplemente no entran.

· Los mensajes en los weblogs musulmanes indican que los disturbios no son estallidos espontáneos de ira, sino esfuerzos cuidadosamente planificados. Algunos no sólo desvelan la planificación en juego en los disturbios, que hoy han asolado toda Francia y se han extendido también a Dinamarca, Bélgica y Alemania, sino también el objetivo islámico supremacista tras ellos. Uno reza: “Los polis están aterrorizados ante nosotros, todo tiene que arder, desde el lunes, arranca la operación 'Sol de medianoche', pásalo, lugar de encuentro para Momo y Abdul en la zona 4…. jihad islamia Alá Ajbar”. Otro añade: “¿Crees realmente que vamos a parar ahora? ¿Eres tonto? Continuará, sin parar. No vamos a abandonar. Los franceses no harán nada y pronto, seremos mayoría aquí”.

Mientras tanto, la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia, que tiene vínculos con la Hermandad musulmana, ha decretado una fatwa afirmando: “Se prohíbe formalmente que cualquier musulmán que busque la gracia y la satisfacción divinas participe en cualquier acción que golpee a ciegas propiedades públicas o privadas o pueda constituir un ataque contra la vida de alguien”. Existe una extraña ambigüedad en esto que recuerda a la fatwa americana respaldada por CAIR, condenando los ataques contra civiles inocentes sin definir “inocente”: ¿qué constituye atacar “a ciegas”? ¿Un ataque centrado con objetivo claro es aceptable de alguna manera?

El momento de tal ambigüedad ha pasado hace mucho. Y en realidad, se traspasan límites.

Robert Spencer

[1] Placer derivado de la maña fortuna de otros cuando ésta ya había sido vaticinada.

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