11.6.05

Se levanta la veda de la mujer musulmana

¿Puede justificarse la violencia conyugal bajo alguna circunstancia? Según algunos de Australia, sí — si el cónyuge es musulmán.

La Oficina de Asesoría Multicultural de la Policía Austral-Asiática ha publicado y distribuido 50.000 ejemplares de un manual de 82 páginas para funcionarios policiales australianos, orientándoles acerca de cómo tratar con gente procedente de todas las culturas no familiares que un policía australiano se puede encontrar. Un sikh, por ejemplo, puede recibir una suspensión temporal del arresto durante tres días si el funcionario que le detiene lo hiciera mientras está leyendo sus escrituras sagradas — una práctica que requiere 50 horas, y que no puede ser interrumpida. Y los maridos musulmanes que golpean a sus mujeres tienen que ser tratados de modo distinto a otros casos de violencia doméstica, como tema de sensibilidad cultural: “En incidentes tales como la violencia doméstica”, reza el manual, “la policía necesita tener un cierto grado de conocimiento de las tradiciones, estilo de vida y hábitos de los musulmanes”.

Este manual ha sido publicado, como era de esperar, en el estado de Victoria, en Australia, donde a finales del año pasado, dos pastores cristianos fueron víctimas de las leyes de odio religioso novedosas y traicioneramente elásticas. Fueron encontrados culpables de vilificación de los musulmanes por crímenes tales como citar versos del Corán que obviamente los musulmanes de Victoria preferían que los no musulmanes desconocieran. La censura de la libertad de expresión ya era bastante mala; ahora la distribución del manual preocupaba a Joumanah El Matrah, del Consejo de Bienestar de la Mujer, porque las mujeres están en peligro: “La implicación”, explicaba, “es que una tiene que ser más tolerante con la violencia contra las mujeres musulmanas, pero deberían recibir la misma protección. La policía no debería aconsejar a otros funcionarios seguir este tipo de protocolos. Sólo puede traerles perjuicios”.

Los maridos musulmanes, por supuesto, pueden señalar el Corán 4:34 para justificar la violencia contra la esposa: “… las mujeres buenas son por lo tanto obedientes, protegiendo lo oculto como Alá lo ha protegido; y (en cuanto a) esas por cuya parte temes la deserción, amonéstalas, y abandónalas en el lecho y pégales…” Este castigo ha llegado a ser inculcado culturalmente: el Instituto de Ciencias Médicas de Paquistán ha determinado que hoy, más del 90% de las esposas paquistaníes han sido golpeadas, apaleadas, o se ha abusado sexualmente de ellas — por ofensas del orden de preparar una comida insatisfactoria. Otras fueron castigadas por no dar a luz un hijo varón.

Si el policía de Victoria va a tolerar tal comportamiento por parte de los musulmanes con el argumento del multiculturalismo, incluso aunque contraviene el Derecho australiano, con certeza tendrá que tolerar también otros comportamientos. Después de todo, la ley islámica también permite la poligamia. Los gobiernos occidentales europeos ya han cerrado los ojos ante los acuerdos polígamos entre musulmanes, y los británicos hasta han considerado legalizar la poligamia para propósitos fiscales. ¿La permitirá también el estado de Victoria? ¿Cerrará los ojos la policía de Victoria ante los ladrones cuyas manos hayan sido amputadas según el Corán 5:38? Ese verso es claro: “En cuanto al ladrón, tanto varón como mujer, amputa sus manos. Es la recompensa por sus propias obras y el castigo ejemplar de Alá. Alá es poderoso y sabio”. Mahoma es igualmente claro en que cualquiera que abandone el Islam tiene que ser asesinado (ver también Bukhari, vol. 9, bk. 84, no 57): ¿La policía de Victoria también vacilará o incluso rehusará investigar los casos de asesinato si la víctima es un apóstata del Islam?

Esta aprobación indirecta de la violencia contra las esposas en Australia ha arrojado nueva luz cruda sobre la bancarrota del multiculturalismo relativista. ¿La violencia contra la esposa es intrínsecamente errónea? Evidentemente, en el estado de Victoria, no. De hecho, es dudoso que los doctos miembros de la Oficina de Asesoría Multicultural de la Policía Austral-Asiática piensen que las categorías morales tienen alguna relevancia en el mundo moderno. Pero aún así, si algo aprobado por un gran número de personas y convertido en ámbito cultural no puede ser condenado, entonces los Aliados no tenían motivo para oponerse a la Alemania Nazi o para condenar a Hitler. ¿Antisemitismo criminal? Bien, sí, pero verá usted, tenemos que ser sensibles a las tradiciones, estilo de vida y costumbres de los Nazis.

No todos los maridos musulmanes son violentos con las esposas, y que la Oficina de Asesoría Multicultural de la Policía Austral-Asiática conceda a los que lo son carta blanca, en lugar de denunciar inequívocamente la práctica e invitar a los varones musulmanes a ser los guardianes de su naturaleza, es condescendiente e irresponsable. Es la misma irresponsabilidad condescendiente que rehúsa desde el principio confrontar a los elementos del Islam que utilizan los terroristas de la jihad para justificar la violencia, por temor a ofender a los musulmanes moderados — socavando así cualquier posibilidad de que los moderados sinceros puedan tener que hablar abiertamente en favor de la reforma dentro del Islam. ¿Por qué deberían hablar, si no hay nada que necesite reforma?

Pero la locura del estado de Victoria también discurre más profundamente: revela una vacía debilidad en la defensa de Occidente frente a la jihad global: es decir, amenaza con convertirse no tanto en un choque de civilizaciones como en un choque de barbaridades. Una parte afirma determinados valores que son, en una palabra, monstruosos: la subyugación de la mujer y de los no musulmanes, la desaparición de la libertad de fe y demás. Pero el otro bando no afirma ningún valor en absoluto, y se opone a esta gran marea con nada más que un vacío intelectual y moral en el que ningún comportamiento se sale de las normas de la moralidad, sin importar lo atroz que sea.

¿Qué bando ganará en tal conflicto? Bien, la naturaleza aborrece los vacíos. Pero no tiene que ser de este modo. Es el Occidente judeocristiano el que ha dado al mundo las grandes ideas de la igualdad de las dignidades y los derechos de todos los pueblos, la libertad de fe, la santidad del individuo — todo lo que sería barrido a un lado por los jihadistas. En lugar de barrerlo por ellos, como el estado de Victoria parece determinado a hacer, quizá aquellos que aprecian estos valores se unan algún día en su defensa. Pero se está haciendo tarde, muy tarde.

Robert Spencer

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