5.3.05

Mitos y Política.




La sociedad islámica pluralista


Hace más diez años, cuando llegué a América para presentar mi libro Dhimmi: judíos y cristianos bajo el Islam, me sacudió la inscripción del Archivo de Washington: “El pasado es el prólogo”. Solía pensar -al menos al principio de mi investigación- que mi tema versaba acerca de un pasado remoto, pero me di cuenta de que los sucesos contemporáneos modernizaban rápidamente este pasado.

Los países musulmanes, en donde la ley islámica -la shari'a- había sido reemplazada por las potencias coloniales europeas, estaban abandonando la tendencia secular, reemplazándola con la islamización en numerosos sectores de la vida.

La impresión del retorno del pasado se hizo más fuerte cuando trabajaba en mi siguiente libro, publicado en 1991, cuya edición inglesa apareció a comienzos de 1996 con el título: El declive del cristianismo oriental bajo el Islam - del siglo VII al XX: de la jihad a la Dhimmitud (Associated University Press).

En este estudio, intenté analizar los numerosos procesos que han transformado las ricas y poderosas civilizaciones cristianas en tierras islámicas, y sus efectos a largo plazo, que habían reducido las mayorías cristianas nativas en minorías religiosas pequeñas y dispersas, camino de la desaparición total.

Es a este complejo proceso de islamización que afecta a tierras cristianas y civilizaciones de ambas orillas del Mediterráneo - y en Irak y Armenia - lo que he llamado: el proceso del “dhimmitud”; y a la civilización de los pueblos que sufren tal transformación, la he llamado la civilización de “dhimmitud”.

Los indígenas eran judíos y cristianos (ortodoxos, católicos, o de otras iglesias cristianas del este). A todos ellos los juristas musulmanes les denominan “los pueblos del libro” - siendo el libro la Biblia - y eran objeto de la misma condición según la ley islámica. Se denominan según el término árabe, dhimmis: “pueblos protegidos”, porque la ley islámica protege su vida y bienes a cambio de que se sometan al mandato islámico.

Pero es esta misma ley islámica lo que genera los procesos de dhimmitud y autodestrucción. No entraré en detalles aquí dado que es un tema muy largo y complejo, pero para entender la situación serbia uno debe saber que los serbios fueron tratados durante medio siglo igual que otros dhimmis cristianos y judíos. Participaron en esta civilización de dhimmitud. Es importante entender que la civilización de dhimmitud crece a partir de dos instituciones religiosas importantes e interconectadas: la jihad y la shari'a, que establecen un sistema ideológico particular que convierte en obligatorio - durante la operación de la jihad – el uso del terror, las matanzas en masa, la deportación y la esclavitud.

Y los serbios -porque me refiero a ellos aquí- no escaparon a este destino, que ha sido el mismo para todos los pueblos en torno al estanque Mediterráneo que han sido derrotados por la jihad.
Durante siglos, los serbios lucharon para liberar su tierra de las leyes de la jihad y la dhimmitud, que había legalizado la condición de oprimidos en sus propias tierras.

Así que mientras analizaba y escribía acerca de los procesos de dhimmitud y la civilización de dhimmitud - mientras escuchaba la radio, veía la televisión, leía los periódicos - tenía la incómoda sensación de que el reloj volvía atrás.

Los políticos modernos, los escritores sofisticados -que utilizan teléfonos, aviones, ordenadores y toda suerte de tecnologías modernas- parecían retroceder varias décadas en el pasado, con pelucas, con collares rígidos, utilizando los mismos argumentos corruptos, la misma política retorcida a corto plazo que había contribuido previamente a la islamización gradual de muchos pueblos no musulmanes.
Tuve que pellizcarme en un intento por distinguir el pasado del presente. Así pues, ¿es el pasado siempre el prólogo?. ¿Estamos condenados a repetir perpetuamente los mismos errores?.

Ciertamente, si no conocemos el pasado. Y este pasado - el largo proceso agónico de aniquilación cristiana mediante las leyes de la jihad y la dhimmitud - es una historia no sólo en tierras islámicas, sino sobretodo en Occidente. Se ha enterrado bajo un mito, fabricado por políticos occidentales, líderes religiosos y académicos, para promover sus propios intereses nacionales, estratégicos, económicos y personales.Curiosamente, este mito comenzó en Bosnia-Herzegovina en el siglo XIX. Afirma que el gobierno turco era justo y legal con los cristianos en sus provincias europeas.

Que el régimen otomano, siendo islámico, fue de modo natural “tolerante” y bien predispuesto hacia sus sujetos cristianos; que su justicia era justa, y que la seguridad de la vida y los bienes de los cristianos estaba garantizada por las leyes islámicas.
El dominio otomano fue etiquetado como el régimen más apropiado para gobernar sobre los cristianos de los Balcanes.

Esta teoría fue impulsada por los políticos europeos para salvaguardar el equilibrio de poder en Europa, y para bloquear el avance ruso hacia el Mediterráneo. Para justificar el mantenimiento del yugo turco sobre los eslavos, este yugo tuvo que ser presentado a la opinión pública como un gobierno justo.

El Imperio Otomano fue pintado por turcófilos como un modelo de imperio multi-étnico y multi-religioso. ¡Por supuesto, la realidad era totalmente diferente!. En primer lugar, el Imperio Otomano fue creado mediante siglos de jihad contra las poblaciones cristianas; en consecuencia, las leyes de la jihad, elaboradas por teólogos árabe- musulmanes de los siglos VIII y X, fueron aplicadas a las poblaciones cristiana y judía de los dominios turco - islámicos.

Esas regulaciones están integradas en la legislación islámica que hace referencia a los pueblos derrotados no musulmanes, y en consecuencia presentan una cierta homogeneidad a lo largo de todos los imperios árabes y turcos - y, aparentemente, también en la parte musulmana de Asia.

La civilización de dhimmitud en la que participaron los serbios tuvo muchos aspectos que evolucionaron con las cambiantes situaciones políticas.
Sufrieron las mismas leyes opresoras y perjuicios que se referían a cristianos y judíos en el imperio islámico. Desde 1830, los otomanos emprendieron reformas (Tanzimat) encaminadas a la emancipación de sus poblaciones raya (dhimmi) cristianas. No actuaron por propio impulso, sino que se vieron forzados a ello por parte de las potencias europeas.

Que los políticos europeos desearan abolir las degradantes condiciones de los cristianos no se debió a su humanidad; promovieron estas reformas para evitar que buscaran el apoyo ruso para liberarse de la opresión otomana. En las regiones serbias, los opositores más fanáticos a la emancipación cristiana fueron los musulmanes bosnios.

Lucharon contra el derecho de los cristianos a poseer tierras, y -en asuntos legales- a que tuvieran los mismos derechos que ellos. Se opusieron a estas reformas con el argumento de que bajo el viejo sistema, que había dado el dominio completo sobre los rayas cristianos, musulmanes y cristianos habían convivido durante siglos fraternalmente. Y este argumento es utilizado aún hoy por el bosnio Izetbegovic y por otros.

Él afirmó en varias ocasiones que el medio milenio de dhimmitud cristiana fue un período de paz y armonía religiosa. Enfrentemos ahora el mito con la realidad. A continuación citaré unos cuantos hechos de algunos de los documentos de mi próximo libro.

Desde 1860, se llevó a cabo una investigación sistemática acerca de las condiciones de los cristianos por parte de los cónsules británicos de todo el Imperio Otomano. Gran Bretaña era entonces el aliado más fuerte de Turquía; ver que la opresión de los cristianos era eliminada le interesaba para evitar interferencias rusas o austriacas.

El 22 de julio de 1860, el cónsul James Zohrab envió un extenso informe desde Bosna-Serai (Sarajevo) a su embajador en Constantinopla, Sir Henry Bulwer, en el que analizaba la administración de las provincias de Bosnia y Herzegovina. Indica que desde 1463 hasta 1850, los musulmanes bosnios disfrutaban de todos los privilegios del feudalismo: “Durante un período de casi 300 años, los cristianos fueron objeto de gran opresión y crueldad.


Para ellos no existía más ley que el capricho de sus amos”. Aquí debemos recordar el sistema de devshirme, que es bien conocido. Iniciado por el sultán otomano Orkhan (1326-1359), se prolongó durante unos 300 años.

Consistía en un tributo regular de niños cristianos procedentes de la población cristiana de los Balcanes. Estos jóvenes, de edades comprendidas entre los catorce a los veinte años, eran islamizados y esclavizados para propósitos militares.
Los tributos periódicos, que tenían lugar en contingentes de miles, pasaron a ser posteriormente anuales. Para desalentar a los fugitivos, los niños eran transferidos a provincias remotas y confiados a amos musulmanes, soldados que les trataban duramente, como esclavos.

Operaba otro sistema de reclutamiento paralelo: comprendía el tributo de niños cristianos de edades de entre seis y diez años (ichoghlani), reservados al palacio del sultán. Confiados a eunucos, experimentaban un entrenamiento tiránico durante catorce años.

En África, existía un sistema de esclavizar niños cristianos y animistas negros similar al devshirme, como lo prueban los documentos publicados en mi libro. Una especie de sistema de devshirme existe aún hoy en Sudán, y fue descrito y denunciado por el ponente especial de la ONU, Gaspar Biro, en su informe de 1994, y por un artículo en el Times de Londres (Cristianos sudaneses “vendidos como esclavos”, 25 de agosto de 1995).

En 1850, los jefes bosnios se opusieron a la autoridad del Porte y a las reformas. Fueron derrotados por el ejército del sultán a las órdenes de Omar Pasha, ayudado por los cristianos. Los corsés impuestos por los terratenientes bosnios sobre sus poblaciones cristianas fueron abolidos, así como también sus privilegios feudales.

Los cristianos esperaban que la administración directa del Porte mejorara su posición, pero apenas se beneficiaron de ella. Además, a pesar de su asistencia al ejército del sultán, fueron desarmados, mientras que los musulmanes que combatieron contra el sultán pudieron conservar sus armas.

Los cristianos continuaron estando oprimidos como antes, aunque no se permitió tratarlos como antes. En referencia a la reforma, Zohrab afirma: "puedo decir[lo] con seguridad, (ello)sigue prácticamente sin tocar". Discutiendo la impunidad concedida por el sultán a los musulmanes, el cónsul Zohrab escribe en el mismo informe: "Esta impunidad, aunque no se extienda a permitir que los cristianos sean tratados como eran tratados antes, es hasta el momento insostenible e injusta, al permitir que los musulmanes les extorsionen con fuertes impuestos.

Los encarcelamientos falsos (encarcelamiento bajo acusación falsa) están a la orden del día. Un cristiano apenas tiene posibilidades de ser inocente cuando su oponente es un musulmán (…) la evidencia cristiana, en general, sigue siendo rechazada (…) A los cristianos se les permite hoy poseer propiedades inmobiliarias, pero los obstáculos a los que hacen frente cuando intentan adquirirlas son tantos y tan vejatorios que muy pocos se han atrevido.

Tal es, hablando en general, el curso seguido por el gobierno hacia los cristianos de la capital (Sarajevo) de la provincia donde los agentes consulares de las diferentes potencias residen y pueden ejercer algún tipo de control.
Puede adivinarse fácilmente hasta qué grado los cristianos de los distritos del remotos sufren, siendo gobernados por Mudirs (gobernadores) generalmente fanáticos e intocables con (las nuevas reformas de) la ley.

Con referencia a la adquisición de tierra - un nuevo derecho de los cristianos - indica: "(Aunque) un cristiano puede comprar y tener propiedades; es cuando tiene su terreno en orden, o cuando el musulmán que ha vendido ha superado las dificultades pecuniarias que le obligaron a vender, cuando el cristiano siente el desamparo de su posición y la falta de sinceridad del gobierno.

El propietario original toma a continuación medidas, o algunos de sus parientes, para reclamar la tierra al cristiano, generalmente con uno de los siguientes argumentos: (…) que los hechos de la transferencia eran defectuosos, la venta no se habría hecho legalmente.

Bajo uno u otro de estos argumentos, en diecinueve de veinte casos el cristiano fue desposeído, y puede considerarse afortunado si consigue un precio [comparable] al que pagó. Pocos, muy pocos, han sido capaces de recibir justicia; pero debo decir que la mayoría de ellos deben su buena suerte a la influencia de un poderoso musulmán, no a la justicia de su causa". "Las pruebas cristianas se examinan ocasionalmente en los Medjlises (consejos provinciales), pero como norma son rechazadas, directa o indirectamente, por deferencia al Mehkemeh.

Sabiendo esto, los cristianos llegan preparados generalmente con testigos musulmanes. Los casos en los que las pruebas cristianas han sido desestimadas son numerosos". Pero, comenta Zohrab, "hace veinte años, es verdad, no tenían ley alguna más allá del capricho de sus terratenientes (…) Los casos de opresión son con frecuencia el resultado del fanatismo musulmán, pero de éstos debe hacerse responsable al gobierno (turco), porque si castigaran a los delincuentes, la opresión sería rara necesariamente".

Por proclamación, en la primavera de 1861, el sultán anunció nuevas reformas en Herzegovina, prometiendo entre otras cosas libertad para construir iglesias, el uso de campanas en las iglesias y la posibilidad de que los cristianos adquirieran tierra.
Desde Bosna-Serai, el cónsul William Holmes escribe a Sir Henry Bulwer el 21 de mayo de 1861 comentando esto, que esas promesas se habían dado a menudo, sin aplicarse. Menciona que a los serbios, la mayor comunidad, se les negaba el derecho a construir la iglesia en Bosna-Serai. Con respecto al derecho a comprar tierra, escribe: "Se pone todo obstáculo posible a la compra de tierras por cristianos, y muy a menudo, después de que hayan logrado pagar y mejorar la tierra, no es ningún secreto que con un pretexto injusto u otro, se les arrebata".

Desde Belgrado, el cónsul Longworth escribe a Sir Henry Bulwer el 14 de julio de 1860: "Puede que el gobierno, mediante sus edictos y Hatti-humayos anuncie e impulse tal reforma; pero cuestiono muy mucho si no se hará más mal que bien de proclamar una igualdad social que es, en la etapa actual de las cosas y de las relaciones de la sociedad, moralmente imposible". "La igualdad ante la ley es lo que debe establecerse primero; el único tipo de igualdad que en la práctica, bajo las circunstancias existentes, puede cumplirse. Y en relación con esto, nos quejamos en la propuesta - el único punto tangible en ella - del rechazo a las pruebas cristianas en los tribunales otomanos.

A este respecto, no puede negarse que hay espacio para enmiendas, no sólo en Widdin, sino en cada provincia del imperio". Él comenta a continuación "(…) el principio relajado y vicioso que actúa en los tribunales musulmanes, donde, como único medio para garantizar la justicia a cristianos, se permite que falsos testigos musulmanes presten testimonio a su favor.

La abolición de esta práctica haría más que nada por purificar estos tribunales; pero esto sólo puede lograrse eficazmente a través de la admisión del testimonio cristiano, en vez del perjurio musulmán, como cuestión de necesidad legal". Continúa diciendo que los secuestros con violencia de niñas cristianas por mahometanos, "y la cuestión de los testimonios cristianos son los dos puntos principales que, como fuentes de debate y sentimientos amargos, debería dirigirse la atención del Porte".

Comparando las condiciones de los cristianos en las distintas provincias, indica, "pero en Bosnia, la cuestión del privilegio era complicada por consideraciones religiosas, habiendo abrazado los nobles, en un período anterior, el mahometanismo, para preservar sus estados, que les fueron así garantizados condicionalmente.

Cada una de las restantes provincias había atravesado su prueba de fuego peculiar". Del cónsul Blunt - que escribe desde Prístina el 14 de julio de 1860 a su embajador, Sir Henry Bulwer, acerca de las condiciones de la provincia de Macedonia - sabemos: "Durante mucho tiempo, la provincia de (Uscup:Skopje) ha sido presa de bandidos: iglesias y monasterios cristianos, ciudades y habitantes, son hoy [presa del] pillaje, masacrados y quemados por hordas albanas como solían serlo hace diez años". (…) "No se les permite (a los cristianos) llevar armas.

Esto, en vista del deseo de una buena policía, los expone más a los ataques de bandidos". "El testimonio cristiano en pleitos entre un musulmán y un no musulmán no se admite en los tribunales locales".
Con algunos ejemplos, ilustra después las consecuencias de tal sistema en la vida diaria: "Hace aproximadamente diecisiete meses, un soldado turco asesinó a un mahometano, un anciano que trabajaba en su campo. Las únicas personas, dos, que atestiguaron el hecho son cristianos. El Medjlis de Uscup no aceptó su testimonio.

En la misma época, un Zaptieh (un soldado) intentó convertir por la fuerza a una muchacha búlgara al Islamismo. Nada más acabar de declarar ante el Medjlis de Camanova (Kumanovo, cerca de Skopje) que ella no renunciaría a su religión, él la mató en el mismo recinto de la casa del Mudir.
Esta tragedia causó gran sensación en la provincia. Los Medjlises de Camanova y de Prisrend (cerca de Kosovo) no aceptarían pruebas cristianas, y se han hecho todo tipo de esfuerzos para salvar al Zaptieh". "Hace seis meses, fue atacado un búlgaro en el distrito de Camanova, sin que hubiera provocación por su parte. Le hirieron con saña; siendo el caso enviado a Prisrend, el Medjlis rehusó dar audiencia para conocerlo, dado que el único testimonio que había era cristiano.

Hace diez años, escribe el cónsul: "No se permitía construir iglesias; y uno puede juzgar la tolerancia practicada en aquella época teniendo que trepar cuatro pies bajo las puertas.
El humo y entrar era una ofensa ante el turco; cruzarse en su camino, o no levantarse ante él, era igualmente incorrecto". En su informe de Constantinopla del 10 de octubre de 1873, Sir Henry Elliot escribe al secretario de exteriores conde de Granville "que la igualdad nominal entre musulmanes y cristianos ante la ley, que no había existido nunca en la práctica, era hoy en la mayoría de las provincias más ilusoria de lo que lo había sido hace algunos años".

En otro informe del cónsul Edward Freeman, en Bosna-Serai, fechado el 30 de diciembre de 1875, aprendemos que los musulmanes bosnios habían enviado una petición al sultán indicando que, antes de las reformas, "vivieron como hermanos con la población Rayah (cristiana). De hecho su objetivo parece [ser] reducir a los cristianos al estado antiguo del servidumbre".

Así que una vez más nos trasladan al mito. La situación no cambió, y en 1875 el gran visir Mahmed Pasha admite al embajador británico en Constantinopla "la imposibilidad de permitir testimonios cristianos en los Tribunales de Justicia de Bosnia". Así, observa el embajador: "la igualdad profesada de cristianos y musulmanes es, sin embargo, ilusoria siempre y cuando se mantenga esta distinción.

Esta situación jurídica tenía consecuencias serias debido al sistema de justicia, [tal y] como explica: "Este es un punto de mucha importancia para los cristianos, dado que los tribunales religiosos (musulmanes) ni admiten evidencia documental escrita, ni admiten evidencia cristiana, poca justicia se puede esperar de ellos".

La dificultad de imponer reformas en un imperio tan extenso provocó este comentario desilusionado (el 12 de diciembre de 1875) de Sir P. Francis, cónsul honorario y juez del Tribunal Consular Británico de Constantinopla: "De hecho, la perversión moderna de la idea oriental de justicia es una concesión a un pretendiente con tolerancia y favor, y no la declaración de un derecho, con los principios de la ley, y tratando de equiparar".

Al leer la literatura de la época, vemos que la obstrucción a los movimientos de liberación serbio, griego y otros [movimientos] cristianos se arraigada en dos debates principales:
El dhimmi cristiano (raya) es congénitamente incapaz de independencia y gobierno autónomo. Deben por lo tanto permanecer bajo mandato islámico.

El gobierno otomano es un modelo perfecto para una sociedad multi-religiosa y multi-étnica. De hecho, estos son argumentos teológicos islámicos que justifican la jihad, puesto que no todos los pueblos deben poseer independencia política, porque sus leyes son diabólicas y deben ser reemplazadas para siempre por la ley islámica.

Encontramos el mismo tipo de razonamiento en la Carta del movimiento palestino Hamas de 1988, en la que afirma que solamente el mandato islámico puede llevar paz y seguridad a judíos y cristianos. Esos argumentos son muy comunes en la literatura legal y teológica, y son impulsados por los islamistas modernos.

Hemos visto el origen del mito, su función política y la utilidad - y hemos confrontado este mito con la realidad, descrita por observadores contemporáneos del siglo XIX. Es interesante observar la confluencia entre - por una parte, los poderes europeos que defienden la integridad territorial del imperio otomano, por su propio interés nacional; y por otra parte, la política musulmana que tiene como objetivo mantener subyugada a la población cristiana.

El mito no murió con el derrumbamiento del Imperio Turco tras la Primera Guerra Mundial. Más bien cobró otra forma: la de movimiento árabe nacional, que promovió una sociedad árabe, en la que cristianos y musulmanes vivirían en armonía perfecta.

De nuevo, esta era la fabricación de políticos, de escritores y de clérigos europeos. Y, de la misma manera que el mito del paraíso político otomano fue creado para bloquear la independencia de las naciones balcánicas, la fraternidad multi-religiosa árabe era un argumento para destruir los movimientos nacionales de liberación de los pueblos no árabes de Oriente Medio (kurdos, armenios, asirios, maronitas, igual que de los judíos).

Y aunque desde el comienzo [del siglo pasado] hasta los años 30, una corriente de refugiados cristianos huía por los caminos de Turquía de masacres y genocidio, de Irak y de Siria, el mito continuó prosperando, sostenido sobre todo por escritores árabes cristianos y clérigos.

Después de que los israelíes hubieran logrado liberar su tierra de las leyes de la jihad y la dhimmitud, el mito reapareció en la forma de una Palestina multicultural y multi-religiosa, fraternal, que tendría que sustituir al estado de Israel (discurso de Arafat en la ONU, 1975).

Sus efectos perniciosos condujeron a la destrucción de los cristianos en el Líbano. Uno podría pensar que el mito terminaría allí, pero la reciente crisis de Yugoslavia ofreció repentinamente una nueva ocasión para su reencarnación en un estado de dominio musulmán, multi-religioso y multi-étnico. ¡Qué ocasión!. Un estado musulmán otra vez en el corazón de Europa.

Y conocemos el resto, los sufrimientos, las miserias, los juicios de la guerra que este mito dejó de nuevo a su estela. La decisión de la ONU en 1992 de reconocer un estado "multi-étnico", "multi-religioso" y musulmán en la anterior Yugoslavia parece haber sido un pago ofrecido al mundo islámico por la devastación de la Guerra del Golfo de 1991.

La destrucción del arsenal nuclear, químico y bacteriológico de Irak, así como de su infraestructura económica, parece ser un contrapeso "equitativo" por el bombardeo masivo de los serbios bosnios por la OTAN, aunque las dos situaciones no pueden compararse.

Para concluir, quisiera decir unas últimas palabras. La civilización de dhimmitud no se desarrolla de una vez. Es un proceso largo que implica muchos elementos y un condicionamiento mental específico.
Tiene lugar cuando los pueblos sustituyen la historia por mitos, cuando luchan por mantener estos mitos destructivos por encima de sus propios valores, porque transforman mentiras en realidad.

Sostienen esos mitos como si fueran la única garantía de supervivencia, cuando, en realidad, son la trayectoria hacia la destrucción.
Aterrorizados por la evidencia y la enseñanza de la historia, esa gente prefiere destruirla en vez de que hacerle frente. Sustituyen la historia por cuentos infantiles, viviendo así [en un estado] de amnesia, inventando justificaciones morales para su propia autodestrucción.

Por Bat Ye'or


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