11.7.04

El librero de Kabul


Autor: ASNE SIERSTAD
Editorial: MAEVA
Un retrato íntimo del pueblo afgano como no se ha visto en ningún otro libro hasta ahora.

Asne Seierstad es quizá la más joven y respetada corresponsal de guerra en Europa. Sus reportajes sobre Kosovo, Chechenia y Afganistán han recibido numerosos galardones a nivel nacional e internacional.
Entre ellos destacan el premio como mejor periodista noruega en 1999; el premio de la revista Elle como mejor escritora en el año 2000; y el prestigioso Free Speech Award como mejor reportera de guerra en 2002.

Los talibanes fueron los peores enemigos de los libros, y de las mujeres.

En el prólogo de este excelente libro, Seierstad explica como conoció a Sultán Khan al llegar a Kabul en noviembre de 2001, después de la caída de los talibanes.
“un hombre elegante y canoso”, un “curioso librero, un patriota afgano a menudo frustrado por su país”.
Éste le contó que primero los comunistas le quemaron los libros, luego los muyahidin saquearon la librería y, finalmente, los talibanes volvieron a convertir sus obras en pasto de las llamas. Raís vivió en carne propia la represión y el horror de las guerras y fue encarcelado dos veces por su empeño de salvaguardar la historia del país contenida en los libros:
Intentaba explicarles que era importante guardar libros sobre la historia del país y que algún día ellos mismos los necesitarían… pero no me hicieron caso y me llevaron a la cárcel.

A pesar de que gracias a él se conservaron muchos ejemplares, el librero relata con dolor los bibliocidios que llevaron a cabo los talibanes, quemando a la puerta de su librería todos los libros que encontraban en su tienda:
Perdí libros únicos y muy antiguos
Obligado a huir a Pakistan, el librero gestionaba desde la distancia su librería y acudía de vez en cuando a Kabul para con la disculpa de vender "libros permitidos", suministrar a algunos clientes obras clandestinas.

El librero de Kabul, La novela que recoge la estremecedora historia de este hombre.

Después de cenar en su casa, disfrutar de su hospitalidad y comprobar cómo las mujeres estaban marginadas, decidió escribir un libro sobre la familia del librero, y éste le abrió las puertas de su vivienda.

“He decidido dar al texto un aire de ficción; me baso, no obstante, en la vida real tal como la he presenciado o me la han retratado los protagonistas. Cuando escribo lo que piensan o sienten esas personas en determinados momentos, recurro a lo que me contaron que pensaron o sintieron entonces”, explica la periodista, que sin duda ha podido elaborar en estas páginas un sobresaliente reportaje novelado, un documento que, por su extensión y miras, jamás podría aparecer en un periódico, pero que puede resultar tan informativo como entretenido, a pesar de la sombría realidad que retrata.

Asne Seierstad cuenta que era libre de observar a la gente a su alrededor sin que la pudieran ver, el anonimato se volvió una liberación. Con el burka, la escritora se metió en la piel de una afgana para darse cuenta de lo que es.
Sin duda, bajo el burka se esconden muchas historias, aunque la mayoría tengan que ser tristes porque esta vestimenta, básicamente, es una forma más de segregación para las mujeres, cuando un autobús está medio vacío, buscar un sitio en las tres últimas filas reservadas para mujeres y llenas a reventar; o lo que es acurrucarse en el maletero de un taxi porque hay un hombre sentado en el asiento de atrás.

La autora del libro ha confesado que llegó a detestar esta vestimenta porque aprieta la frente y provoca dolor de cabeza, la rejilla limita el campo de visión y dentro huele a cerrado y se suda mucho porque no deja pasar el aire. Hay que andar siempre con cuidado porque una no se ve los pies y se ensucia. La prenda molesta mucho.

Durante los cuatro meses que dura la estancia en casa de la familia de Sultán Khan, la periodista noruega se convierte en testigo directo de su vida cotidiana, su experiencia quedó plasmada, en forma de novela, en este libro. Asne no nos relata lo que le contaron, lo que vió o experimentó, sino que deja que los protagonistas vivan sus propias historias. Imagino que, como mujer, no pudo menos que centrarse en las mujeres de la familia del librero.

Ellos son los protagonistas de amores prohibidos, de matrimonios concertados, de actos de rebeldía juvenil... y víctimas todos ellos de la dureza con que la sociedad islámica sigue gobernando la vida de las personas en Agfanistán: sobre todo la de las mujeres, quienes, a pesar de vivir muchas veces oprimidas y sometidas a las estrictas normas de su país, revelan una admirable dignidad y se muestran como incansables luchadoras en la búsqueda de su propia liberación.

Mujeres que han vivido o crecido en la época taliban y cuyo destino está en manos de los hombres de su familia. Sus esposos, hermanos, padres tienen la prerrogativa de decidir sus destinos: si pueden o no estudiar, si pueden o no trabajar, cuando y con quién se casarán, etc.

En Afganistán las mujeres no tienen derecho alguno y su vida transcurre entre las paredes de la casa familiar o bajo el espeso burka que no sólo impide que las vean los demás sino que les impide ver a ellas mismas a través de la espesa mirilla que tapa sus ojos, como unas anteojeras.

El libro va presentándonos a los personajes que rodean la figura del librero del que la autora dijo que era un hombre con diversos lados.

Detrás de un aparente liberalismo del protagonista del libro, existe en la realidad un hombre tradicional de la sociedad afgana. Por un lado, es un hombre apasionado por los libros, por la historia, la literatura, la poesía. Un próspero hombre de negocios que ha tenido que vérselas con la represión de diversos regímenes, un hombre que ha sido encarcelado por vender sus libros y que ha visto como soldados analfabetos quemaban sus preciados volúmenes sin siquiera saber cual era el contenido de los mismos.

Por otro lado, es un patriarca en su hogar, gobernando con mano férrea a las mujeres que viven en su hogar, decidiendo por ellas y manteniendo su estatus en la jerarquía familiar.

Sin duda, podríamos creer que un hombre educado, ingeniero de carrera y amante de los libros, también podría ser un defensor de las mujeres, pero no es el caso.
Así, citó el hecho de que el librero le había dicho que se casó con su segunda mujer por consejo de la primera e incluso ésta le presentó la persona.
La Realidad, según la periodista es muy diferente: se le comunicó veinte días antes de que se incorporara a la casa, tras haber llegado a un acuerdo con los padres de una chica de dieciséis años.

Al parecer, la diferencia de opiniones ya se encuentra en los tribunales. Asne Seierstad ha sido denunciada por el librero de Kabul.

Otra de las características del librero es que no sólo domina a las mujeres de su familia, sino también a los hijos varones, de los que dispone su futuro. Esta imagen es muy distinta de la liberal con que se presentó en un primer momento.

En las páginas del libro conoceremos a Sharifa, la primera y fiel esposa del librero que tiene que soportar la humillación de ser desplazada por la segunda esposa, Sonya, una chiquilla que el librero cuida como si fuera una muñequita ornamental.

Leila, la menor de los trece hermanos del librero, es quien se ocupa de las tareas del hogar desde el amanecer hasta entrada la noche. Cocina, limpia, cose, barre, y esconde los pocos sueños que es capaz de imaginar en la monotonía de su vida.

Quizás es el personaje más tierno de toda la historia. Quizá fue con quien la autora se sintió más cercana, ya que durante algún tiempo ambas compartieron la habitación y, además, Leila podía hablar en inglés, lo que facilitó las conversaciones entre las dos mujeres"Leila nunca sale sola. No es bueno para una joven andar sin compañía. ¿Quién sabe donde podría ir? Quizás a encontrarse con un hombre, quizá a cometer un pecado.

Leila ni siquiera va sola a la frutería que hay a unos pocos minutos del apartamento. Normalmente se hace acompañar por el chico de una vecina, o le pide que haga recados para ella. Estar sola es una idea desconocida para Leila.

Ella nunca, ha estado sola en el apartamento, nunca ha ido a ningun lugar sola, nunca durmió sola. Todas las noches duerme en una estera al lado de su madre. Ella, simplemente, no sabe que es estar sola, ni lo echa de menos. La única cosa que desea es un poco más de paz y menos trabajo.

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