9.9.06

Cautiverio de una mujer casada con un musulmán

Lo que sigue es un escalofriante testimonio de una mujer occidental, casada con un musulmán. Este relato pertenece a un pasaje del libro de Chesler The death of Feminism, publicado en 2005 por Palgrave Macmillan.

Cuando regresé de Afganistán, el 21 de diciembre de 1961, besé el suelo del aeropuerto Idlewild de Nueva York. Pesaba 40 kilos y tenía hepatitis.
Aunque pronto militaría en los movimientos americanos por los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam y feminista, lo que aprendí en Kabul me hizo inmune a la visión romántica del Tercer Mundo que infectó a tantos radicales americanos.
En Afganistán, como joven esposa, fui testigo de lo mal que se trata a las mujeres en el mundo musulmán. También yo fui maltratada, pero sobreviví. Mi feminismo "occidental" se forjó en el país más bonito y traicionero.

En 1962, cuando volví al Bard College, intenté contar a mis compañeros de clase lo importante que era que América tuviera tantas bibliotecas, salas de cine, librerías, universidades, mujeres sin velo; libertad de movimiento por la calle, libertad para abandonar nuestra familia de origen si así lo decidimos, libertad para concertar matrimonios –también para practicar la poligamia
–. Todo eso significaba que, con todas sus imperfecciones, América era todavía la tierra de las oportunidades y de "la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad".

Mis amigos –futuros periodistas, artistas, médicos, abogados, intelectuales– sólo querían escuchar asombrosos cuentos de hadas hollywoodienses, no la realidad.
Querían saber cuántos criados tenía, y si alguna vez conocí al rey. No hubo modo de transmitirles el horror y la verdad. Mis amigos americanos no podían o no querían comprender. Al igual que mis jóvenes compañeros de carrera, los izquierdistas y los progresistas de hoy quieren permanecer en la ignorancia.

Mi despertar afgano comenzó en Nueva York en 1961, cuando me casé con mi novio de la universidad, Alí. Yo era una muchacha judía ortodoxa americana; él, un muchacho musulmán de Afganistán que llevaba catorce años fuera de casa, mientras estudiaba en centros privados de Europa y América.

Mi plan era conocer a la familia de Alí en Kabul, quedarme allí un mes o dos, estudiar Historia de las Ideas en la Sorbona durante un semestre y después volver al Bard College para terminar mi último semestre.

Cuando aterrizamos en Kabul, al menos treinta miembros de su familia estaban allí para recibirnos. Los funcionarios del aeropuerto me confiscaron sutilmente el pasaporte americano. "Sólo es una formalidad, nada de lo que preocuparse", me aseguró Alí. "Te lo devolverán más tarde". Nunca volví a ver ese pasaporte.

Tras nuestra llegada a Kabul, mi marido occidental se convirtió en otra persona, simplemente.
Durante dos años, en Estados Unidos, Alí y yo habíamos sido inseparables. Me acompañaba a mis clases. Hacíamos juntos nuestras tareas en la biblioteca. Hablábamos constantemente.
En Afganistán todo cambió. Durante el día ya no éramos una pareja. Ya no me cogía la mano o me besaba en público. Apenas me hablaba. Sólo me buscaba por la noche. Me trataba como su padre y su hermano mayor trataban a sus esposas: con irritada turbación, frialdad y distancia.

Mi suegro, Amir, a quien tratábamos como "Agá Jan" o "Estimado Señor", era un empresario importante y un hombre excesivamente pulcro. En Afganistán, era un progresista.
De joven había apoyado a Amanulá Jan (1919-29), que audazmente había destapado a las mujeres afganas, instituido los primeros sistemas educativos y sanitarios del país e introducido los tranvías de estilo europeo en la capital.
Sin embargo, Amir no quería una nuera americana o judía.

Yo fui la desesperada rebelión de Alí. Fui la prueba viviente de que, durante catorce años, había estado viviendo realmente en el siglo XX.

Alí no me contó que su padre era polígamo hasta poco antes llegar a Kabul. Entonces me dijo que, "en realidad", su padre tenía dos esposas. Había sido "engañado" para casarse con la segunda, de la que solamente tuvo dos hijos, explicaba Alí. "Eso lo dice todo. Es más como una criada de la familia".
La madre de Alí trataba tan mal a la segunda mujer, Fauzia, que Agá Jan finalmente la trasladó a su propia casa. Yo visitaría a Fauzia, y tomaría el té con ella. Fauzia se mostró agradecida por el gesto de respeto y la compañía.

Imagine, estimado lector, mi sorpresa cuando descubrí que, en realidad, Agá Jan tenía tres esposas. Era una de esas realidades de las que Alí no discutía ni podía discutir. Él y sus hermanos culpaban a su madre del tercer matrimonio, con Sultana, que ponía en considerable peligro su herencia. Era un asunto arriesgado y tabú. El tercer matrimonio no contaba porque contaba demasiado.

Agá Jan tenía sesenta y tantos años y medía metro ochenta. Su pelo oscuro era espeso, y sólo en los lados salpicado de canas. Tenía un bigote ancho y poblado, y ojos de terciopelo negro que hacían juego con sus zapatos italianos, hechos a mano.
Aunque llevaba los más alegres y caros tocados karakul de estilo afgano, también vestía trajes y corbatas de confección europea. Como musulmán devoto, ni bebía ni fumaba. Sus hijos adultos y casados, tanto hombres como mujeres, hacían una genuflexión al saludarle.

La casa de Agá Jan y su tercera esposa, Sultana, tenía un gran salón a la europea, en el que recibía a las visitas y cenaba. Normalmente comía sólo, en una sala adornada con gruesas alfombras persas y tapices de terciopelo de estilo europeo. Rozia, la hija de ambos, de catorce años, le servía cada plato entrando y saliendo de la sala como una criada.

"¿Cómo puedes justificar la poligamia?", le preguntaría a Alí. "Es humillante, cruel e injusta para las esposas; las condena al celibato y a la soledad emocional a una edad muy temprana y para el resto de sus vidas. También crea peligrosas rivalidades entre los hermanos de distintas madres, que tienen pleitos por herencias durante toda la vida".

El Alí oriental diría: "No seas una tonta americana. Dices ser una pensadora, por Alá, siempre estás leyendo, por lo que espero más comprensión y amplitud de miras por tu parte.
La poligamia intenta proporcionar a los hombres lo que necesitan para tratar a sus esposas e hijos de modo civilizado. En Occidente los hombres son polígamos en serie. Dejan a sus primeras esposas y a sus hijos sin mirar atrás. Aquí no tenemos esposas previas que abandonar, empobrecidas y privadas de sus identidades sociales. Si es una buena esposa musulmana, acepta y obedece los deseos de su marido, él la apoyará siempre; tendrá siempre cerca a sus hijos, que es todo lo que le importa a una mujer. Su mundo continuará unido".

El Alí occidental, en cambio, diría: "Nuestro país no está listo para las libertades personales. Por eso soy necesario aquí, para ayudar a conducir hasta el siglo XX a mis pobres paisanos. Ese es mi destino, y necesito que me ayudes. No te vayas".

En cuanto al velo, mi marido occidental diría: "Estáis demasiado inquietas con el maldito chadari ver [foto]. Las mujeres afganas no son estúpidas. Dales tiempo. A su tiempo, probablemente adoptarán una vestimenta más occidental y libre".

Pero el Alí oriental intentaba justificarlo de otra manera. Dijo: "El país es polvoriento y a veces peligroso, y una mujer está mejor protegida, en muchos sentidos, con el chadari.
De todas formas, las mujeres del campo no lo llevan cuando cultivan. Es en gran parte un fenómeno urbano, y de todas maneras está muriendo".
Esto no era del todo cierto. Las campesinas volvían la cara hacia la pared más próxima siempre que pasaba cerca un hombre que no fuera pariente suyo. Tendían a cubrir sus cabezas y caras con sus ropas.

Vivimos con el hermano mayor de Alí, Abdalá, su esposa Rabiá y sus dos hijos; todos ellos compartían casa con mi suegra Aisha, o "Bibi Jan" (Estimada Señora). Agá Jan no había vivido mucho con ella.

Mi vida era similar a la de una mujer afgana de clase alta. Mi experiencia fue parecida (pero mucho menos constrictiva) a la que afrontan hoy en día un creciente número de mujeres árabes y musulmanas.
En esta primera década del siglo XXI, las mujeres que viven en sociedades islámicas están siendo forzadas a retroceder en el tiempo, vueltas a tapar con velos, vigiladas más estrechamente y castigadas más salvajemente de lo que lo eran en los años 60. Dicho esto, nunca hubiera esperado que mi libertad y privacidad fueran tan recortadas.

En Afganistán, unos cuantos centenares de familias ricas vivían según los estándares europeos. Los demás vivían en un estilo premoderno. Y así querían que siguieran las cosas el rey, su Gobierno y los mulás. Los diplomáticos occidentales no ajustaron sus políticas exteriores al trato que daba Afganistán a las mujeres. Incluso antes de que el relativismo multicultural saliese a escena, los diplomáticos occidentales no creían en la "interferencia".

El Afganistán que conocí era una prisión, una monarquía feudal, rebosante de miedo, paranoia y esclavitud. Los afganos eran encantadores, divertidos, muy humanos, tiernos, corteses, y a veces impresionantemente honestos.
Pero su país era un bastión del analfabetismo, la pobreza y las enfermedades evitables.
Las mujeres eran objeto de sufrimiento doméstico y psicológico en forma de uniones concertadas, poligamia, embarazos forzados, chadari (Burka), esclavitud doméstica y, por supuesto, purdah (aislamiento).
Vivían enclaustradas y sólo se relacionaban con otras mujeres. Si necesitaban ver a un médico, sus maridos consultaban a uno en su lugar. La mayoría de las mujeres apenas habían recibido educación.

En Kabul conocí a otras esposas extranjeras, a las que les encantaba tener criados pero cuya libertad había sido socavada. Algunas europeas que habían llegado a finales de los años 40 y comienzos de los 50 se habían convertido al Islam y usaban "La Cosa", como llamábamos al chadari. Cada una había sido advertida, como yo, de que todo lo que hicieran se sabría, de que había ojos por todas partes y de que sus acciones podrían ponerlas en peligro, así como a sus familias.

Los afganos desconfiaban de sus esposas extranjeras. Una vez vi a uno estallar de ira cuando vio no sólo que su mujer llevaba a una fiesta un traje de baño occidental, sino que se tiraba a la piscina. Los hombres esperaban ser los únicos que nadaran; sus mujeres sólo valían para charlar y beber.

El concepto de privacidad es occidental. Cuando salía del cuarto de estar para leer en silencio en mi dormitorio, todas las mujeres y niños me seguían. Preguntaban: "¿Estás triste?". Nadie pasaba un tiempo solo. Hacerlo era un insulto a la familia. La idea de que una mujer pudiera ser lectora ávida de libros y pensadora era demasiado extranjera como para ser comprendida.

Como todos, Alí estaba sometido a vigilancia permanente. Su carrera y sustento dependían de que fuera un hijo y un afgano obediente. Cómo me tratara era crucial. Tenía que demostrar que su relación con las mujeres era tan afgana como la de cualquier otro hombre; quizás más, puesto que había concertado su propio matrimonio, como un extranjero.

Kabul

Tras dos semanas de jornadas maratonianas de beber té y comer pistachos, mi sonrisa cortés se me había pegado a la cara. No podía entender lo que decía la gente, estaba aburrida, quería salir por mi cuenta y ver Kabul, visitar los mercados y el museo y contemplar de cerca las montañas.
Me encontraba bajo una muy educada especie de arresto domiciliario. "Eso no se hace", "La gente hablará", "Dime lo que necesitas y yo te lo traigo" eran algunas de las respuestas de Alí. Por eso empecé a "escaparme" a diario de la casa.

Nunca me puse los capuchones, los guantes y los largos abrigos que me dejaban sobre los muebles del dormitorio. Respiraría hondo, saldría afuera y caminaría a ritmo americano y enérgico. Siempre saldría corriendo detrás de mí, llevando los pañuelos, una pariente o una criada. Yo sonreiría, diría "no" con la cabeza y proseguiría mi camino. Por supuesto, también era seguida por un Mercedes de la familia. El conductor gritaba: "Madame, entre, por favor. Nos preocupa que se haga daño".

A veces caminaba más rápido, o cogía un autobús o un gaudi, un carro pintado tirado por un caballo. Los autobuses eran muy coloridos excepto por dentro: mujeres completamente cubiertas sentadas aparte de los hombres. La primera vez que vi esto me reí ruidosamente, con incredulidad y nerviosismo. En cualquier caso, conforme las mujeres subían al autobús los hombres empujaban y, despectivos, hacían observaciones que yo no podía entender.

Mi familia tenía razón. Conocían su país. Sola y sin cubrir, parecía una afgana "presuntuosa" y, por tanto, era objeto legítimo de silbidos, propuestas, interrogatorios interminables, empujones descarados.
Los hombres se apretarían contra mí, me sacudirían, se reirían, bromearían. Pero podía haber sido secuestrada y que pidieran por mí un rescate, llevada a una cueva, retenida durante días, violada y después devuelta.
Finalmente, Alí explotó y me dijo que eso mismo le sucedió a la esposa de un ministro afgano, el cual se había suicidado después.

Tuve que ser metida en cintura. La hombría y el futuro de Alí dependían de ello. Un criado evitaría que saliera. La familia llamaría a Alí y él me llamaría para gritarme, amenazarme, rogarme o despreciarme. Me presenté en la embajada americana, que estaba en la puerta de al lado. La embajada alquilaba la propiedad a mi suegro.

– Quiero ir a casa. Soy ciudadana americana –dije.

– ¿Dónde está su pasaporte? –me preguntaría el marine.
– Me lo quitaron cuando aterrizó el avión. Pero me dijeron que me lo devolverían.
Cada vez, los marines me escoltaban a casa. Me dijeron que, como "esposa de un afgano", ya no era ciudadana americana con derecho a protección americana.

En alguna ocasión llegué a hablar con los diplomáticos. No se escuchaba ni una sola voz extranjera que protestase por la situación de las mujeres.
A los medios de comunicación occidentales no les importaba lo que se hicieran los afganos entre sí, o lo que los hombres hacían a "sus" mujeres. Diplomáticos empapados en ginebra me decían que sería "inmoral" sermonear a los afganos sobre su violencia tribal o su opresión a las mujeres; eran costumbres soberanas, sagradas, locales. Un diplomático americano lo expresó de esta manera:

"No podemos imponer nuestros valores morales o culturales a esta gente. No podemos preguntarles nada sobre su sistema de gobierno o de justicia, su trato a las mujeres, sus criados, sus cárceles. Son muy sensibles, muy delicados, muy orgullosos, y resulta que poseen un trozo de tierra que es importante para nosotros. Si no somos cuidadosos, sus hijos aprenderán ruso o chino en lugar de inglés o alemán. Debe usted recordar que aquí somos huéspedes, no conquistadores".

Estaba bajo arresto domiciliario en el siglo X. No tenía ninguna libertad de movimiento, nada con lo que ocuparme. Se suponía que debía aceptarlo.

Ali sabía que me estaba perdiendo. Luchamos amargamente cada noche. ¿Intentaba dejarme embarazada para que tuviera que quedarme? Tenía miedo de irme a la cama. Su hermana mayor, Soraya, se ofreció a dormir conmigo en nuestro dormitorio, un acto de valor y amabilidad que no he olvidado. Soraya debía saber lo que vendría a continuación.

Sí, mi marido me "amaba" y deseaba protegerme, pero yo era, después de todo, una mujer, lo que significaba que él creía poseerme, y que su honor dependía de su capacidad para controlarme.
Alí también estaba enclaustrado, en una lucha de poder con su padre y su cultura. Yo era el símbolo de su libertad e independencia, un recuerdo de su vida vivida aparte. No quería perder un símbolo tan valioso. Si me dejaba embarazada tendría que quedarme. Su padre se vería forzado a no ponernos las cosas tan difíciles.

Mi fuga

Dediqué todo mi tiempo a planear una fuga. Abandoné lo de la embajada americana. Dejé de confiar en Alí. Comencé a contactar con esposas extranjeras, la mayor parte de las cuales no me ayudarían –o no podrían–. Sólo podía conocer gente por medio de Alí o de un pariente. No se me permitía hablar en privado con nadie. Las casas de té eran sólo para hombres. No podía deambular por ahí y entablar conversación con un hombre.

Finalmente di con una mujer extranjera que estuvo de acuerdo en ayudarme. Era la segunda esposa del ex alcalde de Kabul, alemana de nacimiento. Me consiguió un pasaporte falso. Yo, por mi parte, había escrito secretamente a mis padres. Y les había llamado. Me enviarían dinero a nombre de esta mujer. Ahora sólo tenía que elegir un vuelo y reservar una plaza.

Y entonces me desmayé. Había contraído hepatitis. Supe más tarde que Bibi Jan había ordenado a los criados que dejaran de hervir mi agua. A algunos afganos parece gustarles el espectáculo de ver a occidentales sucumbir a tales enfermedades; lo toman como prueba de la "debilidad" extranjera. Finalmente me llevaron al nuevo hospital. Fui acompañada de al menos diez miembros de la familia. El doctor me dijo: "Querida, está usted muy enferma y tiene que salir de aquí. ¿Le dejarán? Si está lo bastante fuerte como para incorporarse y caminar un poco, suba a un avión y váyase a casa".

Me dio un par de gafas de sol, de las que llevaban los asistentes de vuelo, para ocultar mis ojos ictéricos. Y me recetó intravenosas de vitaminas y nutrientes. Envió, también, una enfermera a la casa.
Bibi Jan intentó sacarme la vía y se desataron todos los demonios. Llamé a Agá Jan y le pedí que viniera. En los asuntos de familia, él era el Amo del Universo.

Vino. Primero rezó "por mi recuperación". Después pidió a todos que se fueran, tras lo cual me dio natillas a cucharadas. Era tierno conmigo; sólo después comprendí que podía permitírselo. Mi enfermedad y mi probable partida significaban que había ganado el pulso a Alí.
Quizá tampoco quisiera una nuera americana muerta. Y estaría feliz de verme marchar. Yo era sólo una fuente de problemas para la familia; cualquier esposa extranjera lo sería, pero especialmente una que había intentado escapar tantas veces.

–Supe de tu pequeño plan con la mujer alemana –dijo tranquilo–. Creo que será mejor si te vas con nuestro visto bueno en un pasaporte afgano que te he sacado. Te han concedido un visado de seis meses por "motivos de salud".

Y me lo dio en el acto. El pasaporte del Reino de Afganistán ha conservado su brillante color naranja. También me dio un billete de avión. "Te iremos a despedir. Es mejor así".

Alí rabió y juró. Me suplicó que me quedase, pero me mantuve firme.

Obedientemente, treinta parientes fueron a despedirme. Kabul estaba enterrada en la nieve. Tenía reserva en un vuelo de Aeroflota Moscú. Cuando despegó el avión, una feroz alegría se apoderó de mí, y no me abandonaría. Tenía ictericia y estaba embarazada. Si Alí lo hubiera descubierto, nunca se me habría permitido marchar. Teniendo en cuenta mi estado de salud, habría sido mi sentencia de muerte.

No obstante, no sería la última vez que vería a Alí. En 1979, tras la invasión soviética, escapó a Pakistán cruzando, disfrazado de nómada, el paso de Jiber.
Desde 1980 vive cerca de mí, aquí en América, con su nueva esposa, Jamila, y sus dos niños, Iskandar y Leyla. Aunque parezca mentira, pero felizmente, nos relacionamos como miembros de una familia ampliada.

Mi despertar feminista

Había experimentado el apartheid de sexo mucho antes de que los talibanes llegaran a los titulares. Llegué a comprender que, toda vez que una mujer americana se casa con un musulmán y vive en un país musulmán, no es ciudadana de ningún sitio. Nunca más podría pensar románticamente en lugares o pueblos del Tercer Mundo, o en casarme.

Una vez que una mujer occidental se casa con un musulmán y vive con él en su tierra natal, deja de tener derecho a los derechos de que disfrutó una vez. Sólo pueden rescatarla mercenarios militares. Desde entonces he oído muchas historias sobre mujeres occidentales que se casaron con hombres musulmanes en Europa y América pero cuyos hijos fueron posteriormente secuestrados por sus padres y retenidos para siempre en países como Arabia Saudí, Jordania, Egipto, Pakistán o Irán. Normalmente, a las madres no se les permite ningún contacto.

En la actualidad, cada vez son más las mujeres del mundo islámico presionadas en matrimonios concertados, forzadas a llevar velo; no se les permite votar, conducir, o viajar sin acompañamiento masculino; trabajar, o hacerlo en espacios mixtos.
Y lo que es peor, muchas son mutiladas genitalmente en la infancia, y cotidianamente golpeadas, como hijas, hermanas o esposas; algunas son asesinadas por sus parientes masculinos en crímenes de honor, o lapidadas hasta morir por presuntas conductas sexuales impropias, o por mostrar la más leve independencia.

Tales violaciones de los derechos humanos de las mujeres suceden cada vez con más frecuencia en la comunidad musulmana de Europa y en Norteamérica.

Los occidentales no siempre comprenden que los hombres de Oriente pueden fácilmente mezclarse en Occidente pero seguir siendo orientales en su interior. Pueden "pasar" por uno de nosotros, pero, de vuelta a casa, asumen su manera de ser original.
Algunos pueden llamar "esquizofrenia" a esto; otros pueden ver aquí duplicidad. Desde el punto de vista de un musulmán, ni lo uno ni lo otro. Es simplemente Realpolitik personal.

La transparencia y aparente ausencia de picardía que caracteriza a muchos occidentales nos hace parecer infantiles y estúpidos ante aquellos que cuentan con personalidades culturales múltiples.
Una mujer no se atreve a olvidar tales lecciones –en el caso de que logre sobrevivir y escapar–. Lo que me ocurrió en Afganistán debe ser considerado también un relato de prevención ante lo que puede pasar cuando una piensa románticamente en el "primitivo" Oriente.

¿Creía realmente Alí que yo podría encajar en un estilo de vida medieval e islámico? ¿O que su familia habría aceptado alguna vez a una novia-por-amor judeoamericana? Sólo hay dos respuestas posibles: o no pensaba o me vio como mujer, lo que significa que no existí por derecho propio, que estaba destinada a complacerle y obedecerle y que, realmente, lo demás no importaba.
Ciertamente, él me ayudó a dar forma a la feminista en que iba a convertirme.

Cuando volví a Estados Unidos había pocas feministas revolviendo las cosas. Sin embargo, en cinco años me convertí en una líder del nuevo movimiento feminista.
En 1967 pasé a militar en la National Organization for Women, así como a participar en diversos grupos y campañas feministas de sensibilización. En 1969 fui pionera en las clases de estudios con créditos acerca de la mujer, cofundados por Women in Psychology, y empecé a dar conferencias feministas.

También comencé a trabajar en mi primer libro, Women and madness, que se convirtió en un texto feminista citado por doquier.
Mi experiencia directa de la vida bajo el Islam como mujer cautiva en Kabul ha dado forma al tipo de feminista en que me convertí y que he continuado siendo: uno que no es multiculturalmente "correcto".
Viendo cómo se relacionaban las mujeres con los hombres y entre sí, aprendí lo increíblemente serviles que pueden ser las gentes oprimidas, y lo mortíferos que pueden ser los oprimidos para ellos mismos.

Bibi Jan era cruel con sus sirvientas. Golpeaba a su anciana criada particular y humillaba verbalmente a nuestra ama de llaves, joven y embarazada. Fue algo que se me quedó grabado.

Aunque el multiculturalismo ha llegado a ser cada vez más popular, nunca podría aceptar el relativismo cultural. Lo que experimenté en Afganistán como mujer me enseñó la necesidad de aplicar un único estándar de derechos humanos, no uno adaptado a cada cultura.

En 1971 –menos de una década después de mi cautiverio en Kabul– hablé de rescatar a las mujeres de Bangladesh violadas en masa durante la guerra de independencia que libró ese país contra Pakistán.
El sufrimiento de las mujeres en el Tercer Mundo no debería considerarse menos importante que los asuntos feministas que se tratan en Occidente. Por consiguiente, pedí una invasión de Bosnia mucho antes de que Washington hiciera algo, y pedí acciones militares similares en Ruanda, Afganistán y Sudán.

Me temo que, estos últimos años, la barahúnda occidental del "paz y amor" ha rechazado entender cómo pone en peligro el islamismo los valores y vidas occidentales, empezando por nuestro compromiso con los derechos de la mujer y los derechos humanos.

Los islamistas que están decapitando civiles, lapidando mujeres hasta la muerte, encarcelando disidentes musulmanes y poniendo bombas contra civiles en todos los continentes se mueven entre nosotros, en Oriente y en Occidente.

Aunque algunos líderes y grupos feministas han llegado a publicar las atrocidades perpetradas contra las mujeres en el mundo islámico, no lo han vinculado a política exterior feminista alguna. Los programas de estudios de la mujer deberían haber sido los primeros en hacer sonar las alarmas. No lo hacen. Más de cuatro décadas después de que fuera una prisionera de hecho en Afganistán, me doy cuenta de lo lejos que debe llegar el movimiento feminista occidental.

Por Phyllis Chesler
La ilustración liberal

31 comentarios:

  1. Anónimo4/6/08

    QUE TRISTE LA VIDA EN ESE PAIS Y SOBRE TODO PARA LAS MUJERES Y NINOS.PERO HAY UN DIOS QUE TODO LO VE.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo4/9/09

    KE TRISTEZA KE LAS MUJERES VIVAN DE ESA MANERA UY LEEI ESTE PAGINA ME KEDE SORPRENDIDA YO TENGO MI NOVIO KE ES DE TURQUIA Y EL ES MUSULMAN Y LA VERDAD NO LE ENTIENDO Y ESO KE LELBO POCO TIEMPO Y AHORA ESTOY CONFUNDIDA TENGO KE CORTAR ESA RELACION KE ME ESTA CONFUNDIENFO MAS

    ResponderEliminar
  3. Anónimo26/9/09

    Yo hace un tiempo vi una película muy muy triste de una americana casada con in musulmán y el la engaño q llevandoela a su país supuestamente de vacaciones. Pero el ya tenía sus planes de no volver. Igual al llegar a su país el cambió por completo con ella. Dandole una vida infeliz contrario a cuando vivían en EU. Si alguien sabe como se llama esa película les agradecerías lo digan Mi correo es blankacun@ hotmail.com

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo18/5/12

      Creo que la película a la que te refieres se llama: No me iré de aquí sin mi hija.

      Eliminar
    2. Anónimo31/12/12

      Se llama "Sin mi hija no!

      Eliminar
    3. Anónimo25/1/13

      por si te sirve yo lei un burka por amor....despues vi otra muy parecida, pero el titulo no lo sé...

      Eliminar
  4. Anónimo14/10/10

    HOLA UN CORDIAL SALUDO . Y Q PENA SABER Q HAYA UN PAIS Q TRATE A SUS MUJERES COMO ESCLAVAS .YA QUE SOY ECUATORIANA Y MI NOVIO ES DE TURKIA EL ES MUSULMAN YO NO COMPRENDIA EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA MUSULMAN PENSABA Q ERA SOLO UNA RELIGION HASTA Q EMPESE A BUSCAR Y EL SIGNIFICADO ME ASUSTA YA Q YO NO ACEPTO EL MALTRATO HACIA LA MUJER .NOSOTRAS DEVEMOS SER AMADAS ,CUIADADAS TENER LIBERTAD DE EXPRECION Y EL RESPETO SER MUTUO Y TRATADAS CON IGUALDAD.GRACIAS

    ResponderEliminar
  5. Hola es realmente penoso saber estas realidades de como maltratan a las mujeres .Creo que los paises que tienen influencia deberian hacer algo para ayudar a concientizar a esta gente de que todo SER HUMANO tiene derecho a ser tratado como tal en especial con los niñas .Pidamos a Dios que esta ayuda llegue pronto.

    ResponderEliminar
  6. Hola es realmente penoso saber estas realidades de como maltratan a las mujeres .Creo que los paises que tienen influencia deberian hacer algo para ayudar a concientizar a esta gente de que todo SER HUMANO tiene derecho a ser tratado como tal en especial con los niñas .Pidamos a Dios que esta ayuda llegue pronto.

    ResponderEliminar
  7. Hola es realmente penoso saber estas realidades de como maltratan a las mujeres .Creo que los paises que tienen influencia deberian hacer algo para ayudar a concientizar a esta gente de que todo SER HUMANO tiene derecho a ser tratado como tal en especial con los niñas .Pidamos a Dios que esta ayuda llegue pronto.

    ResponderEliminar
  8. Anónimo17/11/11

    Hola siceramente necesitaba buscar informacion acerca de como son los hombres musulmanes,en cuanto al trato que le dan a sus mujeres... yo tengo una relaciona distancia con un chico de Palestina, el cual quiere venir a verme y a casarse conmigo. Dice que me ama muchisimo que yo soy la luz de su vida. Es muy dulce y respetuoso conmigo. Y a pesar Que el me dijo que hay muchas cosas del Sistema de su pais que no van con su pensamiento, yo tengo mucho miedo de que el me este mintiendo.Y ahora que he leido esto ya no tengo miedo, tengo terror... ahora esty confundida...y si el viene despues que nos casemos el cambia de parecer ?... hay Dios nose que hacer...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo12/6/13

      espero q no te hayas casado, como arriesgarte con un persona que ni conoces a distancia no se conose a nadie, espero qyete encuentres bien

      Eliminar
  9. Anónimo3/12/11

    amiga tu que estas enamorando con un Palestino despues de haber leìdo acerca de los Musulmanes y su trato a las mujeres no hay duda tienen una mentalidad retrograda,con solo saber que SU HONOR DEPENDE DE LA OBEDIENCIA Y SUMISION DE LA MUJER por tanto cualquier acto de independencia de la mujer como mirar, vestir, hablar como nosotras las occidentales es mal visto y esa actitud serìa manchar su HONOR y si tienes una hija y quiere enamorar seria UN CRIMEN CONTRA EL HONOR por eso hay tantas historias de padres que mataron a sus hijas por encontrarlas enamorando con chicos a escondidas, piensa es tus futura hija, hijo. podrà ser muy lindo el Palestino pero en su interior es Oriental Musulmàn esta sembrado su ideal de vida, es peligroso pensar en vivir con un Musulmàn

    ResponderEliminar
  10. Anónimo15/2/12

    u_u aun con este testimonio no se puede juzgar una cultura ajena, siempre, desde luego se puede ser precavido, pero he sabido de matrimonios de extranjeros con arabes que van de lujo. Y lamentablemente, no, si las mujeres de esos paises no deciden un cambio, no hay extranjero que pueda hacer nada por ellas. Es un pueblo que tendrá que evolucionar a su ritmo

    ResponderEliminar
  11. Yo lo veo así, mira: Cierto es que esa vida les viene impuesta desde que nacen, intentando anular su cerebro, y como no conocen otra la ven como cosa natural, aunque me imagino que muchas pensarán que eso no es vida, el "miedo" las puede. Y digo miedo porque cuando te muelen a palos, te azotan, te lapidan, te encarcelan porque te violaron, pues se dejan hacer porque su cultura es así y no les queda otra. Están subyugadas.

    De las que viven en occidente, pocas habrá que se relacionen con occidentales y si llegan a hacerlo seguro que están supervigiladas. Como nuestras costumbres son liberales ellas no pueden ser "contaminadas" pues si le cogen el gusto a nuestra vida el resultado sería... Adios Islám tal como se le conoce hoy.

    Ojalá se rebelaran, deberían de decidir ese cambio que tú indicas y deberían de comenzarlo las jóvenes musulmanas que viven en Occidente. Algunas lo han intentado y el resultado ha sido "la muerte por honor". Es lamentable.

    Respecto a los matrimonios que dices conocer y que van de lujo... Van de lujo mientras viven en Occidente e irán de lujo para aquellas mujeres que se casan con un occidental que tenga dos dedos de frente, aunque se convierta al Islam; pero no creo que sea de lujo para el sexo contrario, es decir la mujer occidental, ya que les cambia la vida radicalmente. Es posible que sea de lujo mientras vivan aquí pero si van a vivir a Oriente, les pasará como a la señora de este testimonio y de muchos más conocidos y de otros que no se conocen. Porque testimonios, hay muchos, algunos escritos por propias mujeres árabes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Xad, la vida que llevan seguramente en muchos casos es impuesta, pero te aseguro que en otros muchos están encantadas con el rol de mujer sumisa en casa y cuidando los hijos y además felices que las mantenga el marido.
      Si estas mujeres envidiaran la vida de las occidentales te aseguro que ya se habrían revelado, sin embargo no solo no la envidian que además les dan pena, si no fuera así te aseguro que por lo menos en los países más "modernos" como Túnez y Egipto, no habrían elegido gobiernos fundamentalistas, no olvidemos que en las manifestaciones multitudinarias gritan y se se hacen oír reclamando el velo o la sharia exaltadas, que nadie se crea que no tienen voz ni voto, mandan y mucho, pero como son fieles, obedientes y sumisas a la sharia también acatan las desventajas.

      Nadie puede ni debe interferir en su forma de entender la vida, cuando quieran llevar otra vida con la "mala leche que gastan” te aseguro que lo consiguen sin esfuerzo, pero hoy por hoy no es el caso, incluyo a los millones que viven en Europa ¿Acaso no las hemos visto luchar por lo que consideran sus derechos, como el velo y el burka? Y no hablemos de las madres desnaturalizadas que obligan a sus hijas a contraer matrimonios por conveniencia, como también ocultar mirando para otro lado que el hermano del marido o el primo abuse de su hija, aun a sabiendas que están incumpliendo las leyes europeas.
      Que en sus países hagan lo que quieren y en occidente que cumplan con las leyes establecidas, si no les gusta que se marchen que a nosotros tampoco nos gusta su forma de vida.

      Eliminar
  12. Monmar, si encantadas de servir solo en casa y no trabajar, en eso no son únicas, mujeres así las hay en todo el mundo.
    Pero pienso que una hija duele mucho para permitir que venga el tío y el primo y abusen de ellas, así como luego permitan que la castiguen a ella porque su palabra vale la mitad del hombre. Cierto es que tanto allí como aquí hay madres que "pasan" (como tú bien dices, desnaturalizadas), pero las que no lo son y aceptan todo eso, tienen que tener muy poco cerebro. El ser sumisa no implica que, un hecho como el que exponemos, no lo defiendan que, como te dije antes, los hijos duelen mucho; luego vengan los imanes con cuatro chorradas y tengan que agachar la cabeza y conformarse. Si mandan tanto, lo único que saco en claro entonces es que son retrasadas.

    ResponderEliminar
  13. Anónimo28/2/12

    Que horror, tengo dos hijas y le pido a dios que las libre de tipos islamicos, y que les de inteligencia a la hora de elegir su pareja. Esos tipos me dan demasiada desconfianza.

    ResponderEliminar
  14. Anónimo10/3/12

    Hola!
    Al igual que muchas, mi novio también es musulmán, árabe, y "supuestamente estamos muy enamorados", por eso me he interesado en estos temas. Al leer este testimonio, me identifiqué con la parte que dice que pueden facilmente ser "occidentales pero en el interior ser orientales". UNA LUZ ROJA. El dice ser de mente abierta y estar feliz aqui, que no quiere regresar a su país, pero después de leer esto, ya no se que pensar. Lo que si me gustaría dejar en claro, y en base a todo lo que he leído, es que una cosa es ser árabe o nativo de esos países, y otra cosa es ser musulmán. Hay cristianos en medio oriente, perseguidos también y hay musulmanes muy respetuosos que no matan ni una mosca. Esta problematica es una cuestión más política y cultural que religiosa, porque eso de matar a las mujeres por el honor, o ser terrorista no lo dice El Corán, (la palabra de Dios de los musulmanes), eso es una tradición que se hereda de generación en generación. Así que aunque el 90% de los musulmanes orientales sean de este tipo, no podemos generalizar, creo que en ese 10% puede estar la diferencia. El problema es... si queremos correr el riesgo. Yo soy cristiana, y el dilema con mi novio para casarnos es la religión, ocasionandome esto un gran conflicto, pues me cuesta entender que la religión nos separe si Dios es amor. AHORA COMPRENDO QUE NO ES LA RELIGION EL PROBLEMA, SINO TODO LO QUE TRAEMOS ARRAIGADO EN EL CORAZON QUE NO NOS DEJA LUCHAR POR LA PAZ Y LA JUSTICIA. Así que como dicen, si alguien quiere un cambio, tienen que ser las mujeres de allá las que lo inicien, pues como comentaban, cada quien percibe la vida de diferente forma. GRACIAS.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Anónimo.

      Dices: AHORA COMPRENDO QUE NO ES LA RELIGION EL PROBLEMA, SINO TODO LO QUE TRAEMOS ARRAIGADO EN EL CORAZON QUE NO NOS DEJA LUCHAR POR LA PAZ Y LA JUSTICIA.

      La religión también es el problema, Anónimo, o eso pienso, porque son las que nos imponen esas creencias que arraigan.

      En el Islam, si tú te casas con un musulmán, una de dos, o él abandona su fe o tu te conviertes a ella y los hijos que tengas son automáticamente musulmanes. No hay elección, no se te permite conservar tu fe sino practicar la suya y si te separas, los hijos son suyos.

      En la Iglesia católica existe la "dispensa", por la cual puedes contraer matrimonio con otra persona de cualquier fe, a condición de educar los hijos en la fe católica, lo que también presenta un problema, porque si hay hijos la parte contraria, con el mismo derecho, querrá educarlos en la suya.

      Asi que lo mejor en estos casos es el matrimonio civil o simplemente sin matrimonio (lo que ocurre es que si hay hijos de por medio, como no esté regularizada la unión, vienen los problemas legales, pero para eso te inscribes en el registro como pareja de hecho) y que cada uno, libremente, practique su fe. Para que haya igualdad de condiciones, que cada uno instruya al hijo en la suya y que éste, cuando sea mayor, elija. Pero, claro está, eso es solo mi pensamiento.

      Así, que en ambos casos, la religión es el problema.

      Puede que los crímenes de honor sean, como tú indicas, costumbres tribales, pero a estas alturas del siglo XXI son inaceptables y eso indica un retraso enorme en la cultura de esta gente. No sé de donde eres, pero piensa lo siguiente: si realizas el matrimonio con un musulmán, educas a tus hijos en esa fe y te llega a suceder que, por costumbre, te maten una hija ¿Qué harias?

      Por otra parte en la ley islámica, que violen a una mujer es considerado adulterio. La sociedad considera a la mujer violada NO una víctima a la que hay que proteger, sino como una persona que degrada la dignidad de la familia. Por eso, en vez de ser defendida, es castigada, mientras su violador queda libre. Para lavar esa vergüenza, esa degradación, esa ofensa, se la casa con el propio violador o tratan su matrimonio con otro hombre (ésto último si el violador es hermano o tío, que por lo visto abusan bastante de la familia). Y si no quiere, pues la mujer a la cárcel y también condenada a lapidación en el peor de los casos.

      La mujer en el Islam, aunque ellas lo nieguen sufre una fuerte discriminación y opresión. Se les prohibe la libertad de expresión y están sometidas al control del hombre.

      Sigo diciendo que entre ellos hay gente honrada y decente, pero como bien dices, la cultura y las costumbres hacen mucho.

      Te deseo mucha suerte

      Eliminar
    2. Anónimo28/7/12

      Xfavor Infórmate mejor sobre las.mujeres n L.islam ignorante con to el respeto gracias

      Eliminar
    3. Gracias, sabiduría andante (con todo el respeto). Ya os tengo a vosotros para quitarme esa ignorancia.

      Eliminar
    4. Anónimo31/12/12

      Yo les voy a dar mi humilde opinion, soy musulmana conversa hace un año, muchas veces las personas se dejan llevar por una simple impresion, si bien es cierto que en este pais, asi como en Iraq, Iran, y otros, son de tendencia Chiita, y salafis,quienes son extremistas por sobre todas las cosas, pero en su mayoria los otros somos de tendencia Sunnita, que quiere decir que somos seguidores de la Sunna del profeta Muhammad, su vida y su obra, quien fue un hombre lleno de paz, amor y respeto por sus amigos y compañeros, asi como con sus esposas, porque si es verdad que se pueden casar hasta con cuatro mujeres, perooo, SI Y SOLO SI van a ser equitativos con todas, de lo contrario en la misma Sura 4 del sagrado coran se prohibe ir a causarle daño a una mujer, y si ellos tienen otras mujeres es por unica y absolutamente consentimiento de la primera esposa, y tampoco es cierto que vivan todas cuatro en la misma casa, todo eso e smentira, producto de todas las mentiras que se dicen acerca del islam, el hecho de cubrirnos la cabeza no quiere decir que no pensemos, nos cubrimos el cabello no el cerebro, nos podemos desempeñar en lo que queramos, que queremos trabajar, pues trabajamos sin necesidad de dar nuestro dinero a nuestro esposo, porque el es el unico responsable del mantenimiento del hogar, la mujer es sencillamente una joya para su esposo, eso es asi de sencillo, en todas las religiones siempre se critica algo, o una cosa, u otra, que los curas violadores, que el pastor ladron y mentiroso, en todas se dice siempre algo, ademas de esto, en el Islam la madre es un tesoro, y en sus pies esta la llave del cielo, nunca por nada del mundo se permite ni tan siquiera levantarle la voz, esto es lo unico que si les quiero aclarar, es que la mujer no esta en semejante situacion tal como la quieren hacer pintar hoy en dia, pues se ha evolucionado en todo, y la base del Islam es el matrimonio entre dos personas que se quieren por Allah, y para Allah, con respeto y fidelidad, soy casada con un Marroqui y mi hogar es muy lindo, vivo en Marruecos, donde mi esposo me ayuda en las labores, salimos tomados de la mano, y yo soy una mujer de 42 años, casada sin obligacion de nadie, con un hombre de 30 años que me ama, me cuida y me proteje.
      Salam para todos.

      Eliminar
    5. Anónimo31/12/12

      Olvide decir algo: El Islam, mas que una religion, es un estilo de vida, para servir y alabar unica y exclusivamente a Dios, porque no hay dios mas que Dios

      Eliminar
  15. Anónimo11/3/13

    Hola, anonimo casada con marroquí, alli cuentas que els sura 4 del sagrado coran prohibe hacer daño a una mujer verdad? pues mira tengo una amiga que por mas que le dije que no se meta con arabes o marroquies, lo hizo y este se la tiro, le saco la virginidad y luego resulta que tenia novia en marruecos, que te parece? ella llorando vino a casa, cuando descubrio su anillo de novio en el apartamento, y luego que? al reclamarle le dijo que penso que se la estaban pasando pipa los dos, eso es respetar a la mujer? se supone en su religion se casan con mujeres virgenes, no? pues el el coran por el culo. Vienen aqui a europa y se tiran a quien sea, con sus caras de niños inocentes, luego cuando toman confianza les pegan, y como no se pueden casar con ellas porque l familia no quiere van a su pais y se buscan una virgen, para casarse, alla las apariencias es lo que importa, que pena me da.

    ResponderEliminar
  16. Anónimo7/5/13

    Bueno , hola a todas, lastimosamente la chica que cuenta su historia habla del maltrato a la mujer enm el "mundo Musulman", El mundo Islámico no es Afghanistan, porfavor no confundamos, ese es un pais radical lastimosamente en donde se llevan la religion segun ellos a, a su manera, no como el Islam manda.... Con respecto a los casos en donde chicas latinas se dicen han sido utilizadas por hombres que las engañan y las utilizan, pues la culpa de esto es tanto de los hombres como de las chicas, porque a sabiendas de que llevan una mentalidad muy distinta, muchas veces las chicas piensan que pueden cambiarlos e imponerles sus costumbres, y ellos se aprovechan porque no les toman enserio, porque muchas veces su familia no lo permite o ellos miosmos desean de espsa una mujer de su religion y de su tierra

    ResponderEliminar
  17. 1- Afganistan es un pais que antes era del la union sovietica asi que porfavor mijito no des informacion falsa a la gente.
    2- el pais de mas mujeres maltratadas es en america latina, no solo maltratada sino asesinadas por sus maridos.
    3- No intentes meter las religiones sea cristiana,musulmana,judia en el maltrato de las mujeres, sino que hay hombres cabrones por todo el mundo, latinos,rusos,alemanes, mexicanos, arabes.
    4- no des falsas informaciones a las personas porfavor.

    ResponderEliminar
  18. Anónimo16/5/13

    Yo estoy casi un año con un tangereno que me vuelve loca es un padrazo, adorable, respetuoso, gracioso y musulmán yo soy española pero no me considero creyente en ninguna religión. Al principio esta dispuesta a convertirme leí el Corán por mi cuenta y el mismo me pidió que no cambiará que me quiere así tal como me a conocido. Yo como cerdo delante de el y llevó escotes y ago lo que me apetece.
    No niego que la historia es escalofriante pero no es lo que dicta Alá y me niego a generalizar todo el mundo islámico hay españoles y latinos y de todas partes mucho peores.
    Asique yo aconsejo a todas estas chicas conocer a su chico marcar las pautas desde el minuto 0 y si no llegan a un acuerdo pues cada uno por su lado pero simplemente con respetarse que más me da en que crea.
    Yo pienso disfrutar de mi mori así le llamó hasta mi último aliento.

    ResponderEliminar
  19. si las que piensan aquí que su novio es diferente y que no les pasará nada de lo que están leyendo aquí ! entonces que se casen y lo averigUen en carne propia ! porque el Islam es solo uno en todos lados y está permitido que un Musulmal mienta y jure a una mujer con el Coran en las manos porque eso no es delito alguno, le están mintiendo a una mujer y eso no cuenta ! así que si quieres creer en pajaritos entonces ve y averigua, pero por favor no tengas hijas, especialmente, porque ellas pagarán caro tu decisión de enamorada !!!! ellas posiblemente sean casadas a la edad de 6 u 8 años y maltratadas por sus maridos sino muertas en su noche de bodas como le pasa a muchas porque no están preparados sus cuerpos para soportar a un hombre ya adulto que las USE. Que Dios esté contigo !

    ResponderEliminar
  20. Anónimo20/2/14

    A la pelicula k te refieres es no sin mi hija

    ResponderEliminar
  21. Anónimo16/4/14

    Yo estuve casada con un musulman el es de Egipto y ha sido la peor pesadilla que he vivido, yo también creía que el era diferente, pues lo conoci cuando vivía en los Estados Unidos, había estudiado también en Londres y era juez en su país entonces uno supone que es diferente que ya no era tan conservador ni obsesivo con su religión pero desgraciadamente no fue asi. Todo el mundo me lo advirtió cuando anuncie que me casaba con un musulman yo siendo católica pero me negué a aceptar eso y me decía el es diferente. Nos casamos en Cairo, y desde el primer dia todo cambio, se transformo, y me negaba yo a ver las señales que esto seria solo el principio de mi peor pesadilla. Durante los cuatro anos que estuvimos juntos el me abuso, me insultaba, me amenazaba constantemente que si le contaba a alguien detalles de nuestra vida el tenia inmunidad como juez que era en Egipto y me podía cortar en pedazos y pasearme el la cajuela de su carro. Yo quede embarazada y me forzó a tener un aborto, lo cual yo me negué, luego de amenazas acepto que lo tuviera. MI ex marido es adicto a la pornografía, sexo virtual, y prostitutas cosa q es muy común en esos países tan reprimidos y cuando yo descubri eso y lo confronte realmente empezó mi pesadilla. El era una persona que su imagen es lo mas importante y ante todos es un hombre ejemplar. Le pedi el divorcio, y el me lo negó, me dijo que el niño me lo quitaría, que nunca mas lo volveria a ver, que yo podía ir a verlo dos veces al ano, y que el enviaría a mi bebe que lo cuidaran sus padres ancianos. Me quito el dinero, la computadora, los pasaportes, me dejaba encerrada en la casa y amenzada que el me podría meter a la cárcel . Senti que le mundo se me caia encima, entre en pánico no supe que hacer. Empece a contactar aamugos egipcios, embajadas y una abogada extraoridanaria me guiaron y juntos planeamos mi plan de escape de allí. El me tenia alertas en migración en caso que yo fuera al aeropuerto le llegaba un mensaje de texto dándole la alerta, asi que salir del país no era cosa sencilla. Luego de casi tres meses logre escapar con mi bebe y ya son dos anos de esta pesadilla y aun sigue tras de nosotros. Uno siempre cree que este hombre encantador, romántico y culto no será asi, como dicen en los blogs o el las películas pero lo cierto es que es un mundo extraño, raro, obsesivo y la mujer no vale nada, ni mucho menos los hijos...la mujer pasa a ser una sirvienta, a la cual tienen derecho de maltratar, violar, abusar y menospreciar dia con dia y esta permitido, no esta mal porque hay que educarla y ensenarla a ser buen esposa , buena mujer. Una buena mujer no cuestiona ni reclama simplemente obedece al hombre y listo. Dios bendiga a todas esas mujeres que aun no han logrado escapar, y a todas las que lo hemos logrado asi como a sus hijos...

    ResponderEliminar

Los propietarios del Blog eluden toda la responsabilidad sobre los comentarios aquí expuestos, incurriendo exclusivamente al autor de los mismos.
Sugerimos no utilizar palabras ni insultos ofensivos, los mensajes que no se ciñan a estas reglas no serán publicados.
Gracias por visitarnos y por vuestra participación.