30.6.06

El Islamita es mas peligroso que el terrorista


Entrevista a Antoine Sfrir, ensayista y politólogo, experto en Oriente Próximo.
«El islam no es «soluble» en la República Francesa o en el Reino de España»
Escritor, fundador de la revista «Cahiers de l´Orient», Sfeir responde así a la idea alumbrada por Rodríguez Zapatero:


«¿Alianza de Civilizaciones? Hablemos de cosas serias»

PARÍS. Antoine Sfeir (Beirut, Líbano, 1948) acaba de publicar un ensayo sobre el islam en Francia y Europa, titulado «Liberté, egalité, Islam.
La République FACE au communitarisme» (Ed. Tallandier).
Es uno de los firmantes del manifiesto promovido por Salman Rushdie, y que denuncia el islamismo como una amenaza totalitaria comparable al nazismo y el estalinismo.


-¿Cómo llega a la conclusión de que esta amenaza es real un libanés refugiado en Francia?-

A través de la reflexión diaria sobre varios problemas que convergen en la misma dirección. El velo, las mezquitas, el terrorismo interior... me incitaron hace tiempos a hacerme esta pregunta: ¿y si se tratase de una misma amenaza, multiforme, que pudiera culminar con la destrucción del modelo de integración republicano? Durante los últimos quince años, el repliegue «comunitarista», «multiculturalista», ha comenzado a minar los fundamentos de la República a través de muchos procesos convergentes: visibilidad creciente del islam, inquietudes sociales hacia su reconocimiento, ascensión y radicalización de las organizaciones islámicas, recuerdo del pasado colonial.
Desde hace meses, tengo la impresión de encontrarme en el Líbano destruido por el «comunitarismo» y el «multiculturalismo».

-¿Cuándo comenzó a pensar que estaba viviendo en Francia la experiencia ya vivida en el Líbano?

-Tuve por vez primera esa sensación cuando un ministro francés del Interior, Charles Pasqua, en 1994, comenzó a hablar del Consejo de franceses de Culto Musulmán, diciendo que la comunidad musulmana necesitaba representantes propios.
No comprendí por qué, en un país laico, esta o aquella sensibilidad religiosa necesitan representantes particulares.
A mi modo de ver, tal necesidad emanaba del Gobierno y no de la comunidad musulmana, que no se reconoce en absoluto en tal Consejo.

El 11-S sentí por segunda vez la misma sensación de encontrarme en el Líbano. Desde entonces, comenzó a consumarse una amalgama casi natural: «Todo árabe es musulmán; todo musulmán es islamista; y todo islamista es un terrorista». La crisis no ha dejado de agravarse.

Ahora proliferan las «comunidades» religiosas, étnicas, sexuales... alimentando divisiones profundas, y todas aspirando a manifestarse en la calle para reclamar reconocimientos materiales e identitarios.

-¿Por qué es peligrosa la manifestación de identidades culturales, étnicas o religiosas?

-Vengo de un país donde un ciudadano, yo, usted, cualquiera, no tenía existencia legal antes de ser bautizado y reconocido por los dignatarios musulmanes. Cuando quise inscribir a mi hija en un registro civil, en el Líbano, el funcionario me decía, inquieto, «le falta un papel». Yo preguntaba «¿qué papel?». Y él, molesto, me decía «un papel que certifique que usted es musulmán».

Una locura. Yo vengo de un país comunitarista, multicultural, mucho antes que nacional. A través de la ciudadanía y los principios cívicos, los hombres son iguales ante la ley, puesto que somos ciudadanos y solidarios en la aceptación de los principios comunes

.-En Francia, descubrimos que hay muchos ciudadanos negros o musulmanes que no se sienten franceses...-Un drama trágico.

En el caso de los musulmanes, el problema comienza en los años sesenta, cuando Francia fue a buscar mano de obra barata.

En el origen, las relaciones estaban claras: el trabajador recibía su sueldo, vivía y nadie pensaba que pudiera convertirse en ciudadano francés.
Sucesivos gobiernos, aceptando el principio del reagrupamiento familiar, y nuevas fórmulas de acceso a la ciudadanía francesa, crearon el problema de fondo. Se crearon nuevas familias. Se produjo un gigantesco movimiento de hipocresía. Muchos emigrantes llegaron con varias mujeres.

Y Francia las aceptaba: una mujer era declarada como esposa, la otra como hija, una tercera como hermana, o prima. A partir de la tercera generación ha estallado el problema, inmenso.
Los hijos o nietos de los primeros inmigrantes no conocen nada de sus países de origen, pero tampoco se consideran completamente franceses. Y, para complicar el problema, sus convicciones religiosas se perciben como una seña de identidad distinta y peligrosa, que se considera amenazante y se trata con un miedo irracional.

Los profesores recibieron la consigna de explicar el islam como una forma de antiamericanismo.

-¿Cuál es el peligro del islamismo en un país como Francia, o en Europa?

-El islamismo puede llegar a ser mucho más peligroso que el terrorismo. Los islamistas aspiran a crear una sociedad paralela, dentro de la comunidad nacional.
La sociedad islámica lo engloba todo: la vida social, la economía, la política, aspirando a controlarlo todo a través de los valores propios a su religión.

El islam no es «soluble» en la República Francesa o en el Reino de España: aspira a imponer sus propios valores. Por el contrario, los musulmanes, en tanto que individuos, son perfectamente «solubles». La inmensa mayoría viven su fe en paz en Francia, en España... en Europa.

-Islamismo, nazismo, estalinismo: ¿no es una comparación excesiva?-

El islamista es más peligroso que el terrorista. El terrorismo reclama un tratamiento policial, militar, judicial. El islamista se sirve de la retórica, es un populista, coquetea con la demagogia.

Y, con tales elementos, construye sociedades paralelas, que minan las sociedades libres. Es tan peligroso como el fascismo, como el nazismo, como el estalinismo, porque considera ilegal todo aquello que no es musulmán.

-Islamistas más o menos moderados, que incluso aconsejan a gobiernos europeos, ¿pueden ser tan peligrosos como los terroristas?

-¡Por supuesto! Los islamistas se consideran llamados a propagar el islam como religión única, a la que deben someterse todos los seres humanos.
El verdadero islamista es un proselitista nato, que aspira a someter a la Humanidad a la ley de Mahoma.

-¿Arabia Saudí es un estado tan peligroso como Irán?

-Debemos estudiar en detalle la retórica saudí. Los saudíes nos dicen: «Quienes nos hablan de los derechos del hombre son quienes se burlan de Mahoma». Las caricaturas danesas eran de mal gusto. Pero recuerde que los estallidos de violencia vinieron tras el encuentro de la Meca, después de varios meses de reflexión y avances de la retórica saudí.

-¿Occidente no percibe con claridad la amenaza?

-La crisis data de los años sesenta, cuando Washington impuso a Europa optar por Arabia Saudí frente a Naser, que era un militar laico. Desde entonces, Occidente apoya a los saudíes, que son musulmanes estrictos, ¡aliados del mundo libre en el que ellos no creen en absoluto! A partir de entonces, se detuvo la secularización de las sociedades árabes.

-¿Qué puede hacer Europa ante tal desafío histórico?-

Desde la otra orilla del Mediterráneo, Europa no existe. O es una simple oficina de subsidios. Existen Alemania, Francia, Italia, España. En tanto que actor, Europa no existe en Oriente Próximo. La presencia europea es una exigencia capital.

-El Gobierno español intenta promover como proyecto diplomático una Alianza de Civilizaciones. ¿Qué opinión le merece?

-Por favor, hablemos de cosas serias. Pura mitología. Algo así como Al Andalus para los musulmanes. En Damasco o Teherán utilizan la idea para sus propios fines.

ABC.es

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