25.6.06

Amina Lawal, de la lapidación al abandono.


Amina Lawal, símbolo de la lucha de los derechos de la mujer.



Hace casi tres años, una campaña mundial impidió que la lapidaran por haber tenido una hija después de divorciada. Icono de la lucha por los derechos de las mujeres, hoy vive pobre y enferma en Kurami, su aldea natal, al Norte de Nigeria.
Débil, enferma y sin posibilidades de alimentar a sus hijas. Así vive hoy Amina Lawal, la mujer que hace dos años y medio conmovió y movilizó a millones de personas en una campaña internacional sin precedentes que evitó su lapidación.

Amina volvió a su pueblo, tiene otra hija, Mariam, a la que a duras penas está amamantando, y depende de la ayuda de sus familiares con los que convive en una choza de barro.
Estoy triste porque estoy sola y no puedo cuidar bien de mis dos niñas. Tampoco me siento bien. Estoy enferma, pero son los problemas con los niños los que me hacen estar así. No tengo con qué alimentarlos”, le dijo al diario español El País.

Como en setiembre de 2003, cuando su rostro sereno llegó a los diarios y los televisores de todos los continentes, Amina sigue viviendo en Kurami una aldea agrícola y pobrísima. Entonces, un tribunal islámico la había condenado a morir apenas destetara a Wasila, su tercera hija, concebida fuera del matrimonio y cuando ya estaba divorciada.
Enterramiento hasta las axilas y apedreamiento hasta morir, esa es la pena para el adulterio prevista en el sistema jurídico basado en una interpretación ortodoxa del Corán vigente en 12 de los 18 estados del Norte de Nigeria.

¿Cómo es que llegó a eso? Amina, la menor de 13 hermanos, se casó por primera vez a los 14. De ese matrimonio de 12 años nacieron dos hijos. Se divorció y volvió a casarse, aunque por poco tiempo: “Estuvimos casados diez meses, porque yo sufría hemorragias y él no quería pagar mis medicamentos”, les contó a los periodistas que seguían su juicio. Después de ese segundo divorcio vino el nudo de la pesadilla: Yahaya Mohamed, sobrino lejano de su segundo marido comenzó a cortejarla. El noviazgo duró once meses. “Cuando fue evidente que que su familia no lo dejaría casarse conmigo, me sedujo y mantuvimos relaciones sexuales dos veces. Eso es todo”, contó incrédula.

Cuando se enteró del embarazo, el padrastro de Amina fue a quejarse al jefe del pueblo. El seductor aceptó su responsabilidad y prometió mantener al bebe, llamada Wasila. Muy poco después incumplió su promesa y Amina fue arrestada. El mismo juez que la condenó a muerte, exoneró a su amante.

La Corte de Apelaciones de Katsina invalidó ese dictamen y otro que en segunda instancia lo había confirmado. El fallo fue interpretado como el resultado de la impresionante campaña internacional a la que se sumaron millones de firmas a los pedidos de celebridades.
El revuelo hizo que el mismo presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, anunciara la suspensión de las lapidaciones. Con su bebe Wasila siempre a upa, y dando muestras de un estoicismo fuera de lo común, Amina se convirtió en ícono de la lucha por los derechos de las mujeres, sobre todo de las más pobres.

A los 34 años, Amina no parece poder despertar de la pesadilla: “Cuando me dejaron libre volví a Kurami. Todos me reciben siempre muy bien en esta aldea. Es mi casa. Me buscaron un marido que no me gustaba. Me casé y tuve otra niña, Mariam, a la que estoy amamantando todavía. Mi marido me abandonó a los seis meses de casarnos.

Estoy sola otra vez”, contó al medio español. El capítulo resumido así por la protagonista tiene sus particularidades. Después de ser absuelta y mientras todavía residía en Katsina, ciudad donde fue juzgada, la asociación encargada de su defensa le organizó un casting de maridos. Este hecho es curioso e inusual incluso en Nigeria, donde la mayoría de los matrimonios son concertados, pero mediante métodos más convencionales.

En este caso WRAPA (Avance y Protección Alternativa para los Derechos de la Mujer, según sus siglas en inglés) llamó a concurso público y luego se dedicó a entrevistar a los candidatos que aparecieron. Hoy, las integrantes de WRAPA reconocen que la iniciativa fue un error, pero alegan que sólo buscaban la estabilidad económica de Amina.Tras mucho buscar, la casaron con un hombre que vivía en Abuya (la capital de Nigeria) y que, si bien ya tenía una mujer, estaba dispuesto a hacerse cargo de ella.

El fracaso de ese matrimonio expuso la tragedia de su biografía y la de las tantas otras. Hoy, abandonada, pobre y enferma, Amina no tiene siquiera la libertad de recorrer la distancia mínima de su aldea. Ninguna mujer puede andar sin el permiso de su marido y el acompañamiento de un hombre de confianza. Cuando finalmente lo hacen, deben vestir una túnica que sólo deja ver sus caras. La cara extrañamente serena de la que no logra despertar de un mal sueño.

Fuente: Diario Clarín

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