13.5.06

Los musulmanes no se integran en Europa

El Islam es hoy la religión que más deprisa crece en Occidente, y casi 20 millones de habitantes de la Unión Europea se confiesan musulmanes. Si la tendencia continúa, hacía el 2020 los musulmanes serán el 10 por ciento de la población total de Europa, y pasarán de los diez millones en EE.UU. Esta población aumenta por la inmigración (1) y una tasa de natalidad enorme que supera con mucho la de la población nativa.

Lo que sucede ahora no se parece a la ola de inmigración a EE.UU. que tuvo lugar en la década de 1880 y 1890. No fue clandestina, y no se basó en el supuesto derecho de los recién llegados a forzar a los ciudadanos de los EE.UU. a someterse a su religión y a matarlos si se negaban a hacerlo.

Nunca hubo ninguna ley de ninguna legislatura occidental invitando, menos aún obligando a los inmigrantes musulmanes a venir.
“Lo que ocurrió no fue una inmigración, fue más parecido a una invasión llevada a cabo bajo el signo del secreto –un secreto que es perturbador porque no es manso ni doloroso, sino arrogante y protegido por el cinismo de los políticos que cierran un ojo o quizás incluso los dos.”

La mayoría de los emigrantes musulmanes inicialmente esperaban pasar sólo un periodo breve de sus vidas en el industrial Occidente.
La antigua aversión a vivir entre infieles fue dominada por el señuelo de la oportunidad económica.

En 30 años, la población musulmana de Gran Bretaña pasó de 82.000 a 2 millones. En Alemania hay cuatro millones de musulmanes, la mayoría turcos, y más de cinco millones en Francia, la mayoría norteafricanos. Hay un millón de musulmanes en Italia y otro en Holanda, y medio millón en España "legalizados".

Casi un diez por ciento de los niños nacidos en la UE. son musulmanes. Con las crecientes cifras y la creación de
barrios musulmanes en las ciudades occidentales, antes europeas, la separación inicial de la cultura del territorio ha sido invertida y la audaz noción de conquista por medios demográficos más que militares penetró en las mentes de los activistas.

El proyecto original fue desarrollado hace más de veinte años, en 1981, cuando la Tercera Cumbre de la Conferencia Islámica de la Caaba adoptó la “Declaración de La Meca”. Afirmaba:
“Hemos resuelto llevar a cabo la yihad con todos los medios a nuestra disposición para liberar nuestro territorio de la ocupación.
“Declaramos que la opresión sufrida por las minorías y comunidades musulmanas en muchos países es un ultraje sangrante de los derechos y dignidad del hombre. Llamamos a todos los estados en los que hay minorías islámicas a permitirles la completa libertad.
“Estamos convencidos de la necesidad de propagar los preceptos del Islam y su influencia cultural en las sociedades musulmanas y por todo el mundo.”

En las siguientes dos décadas, cada semana se abría
una nueva mezquita en algún lugar de Occidente. Por lo que respecta a los activistas de La Meca, esto no significaba que los musulmanes de esos países no estuvieran, sin embargo, “oprimidos”.
En el Islam, las minorías musulmanas son oprimidas mientras que no se gobiernen por la sharia o ley islámica, que es la única “libertad completa” posible. Los firmantes de esta Declaración abiertamente oprimían a las comunidades no musulmanas de sus propios países, o les impedían siquiera que se establecieran.

El número de musulmanes de los EE.UU. ha aumentado tres veces desde la Declaración de La Meca, hasta unos tres millones. (Podemos ignorar, por ahora, las pretensiones hinchadas de seis, siete o incluso diez millones, hechas por varios activistas islámicos.) Ese número aumenta, mayoritariamente por la inmigración más que por la conversión. Ya cuando el primer ataque contra las torres gemelas en 1993, era evidente que el Islam beligerante tenía una base firme entre la diaspora musulmana de los EE.UU. Esa base ha aumentado en número, poder y confianza política en la década posterior.

Sin embargo, durante años el gobierno norteamericano ha sido incomprensiblemente laxo al permitir la entrada no sólo de cientos de miles de inmigrantes musulmanes –muchos de ellos de países considerados peligrosos o abiertamente enemigos de los intereses norteamericanos– sino también a defensores y propagandistas del Islam radical, o agentes de regímenes y organizaciones terroristas.
Permitió a muchos terroristas y a sus colaboradores entrar en EE.UU. con visados de estudiantes obtenidos fraudulentamente que disimulaban su verdadero propósito. Otros vienen y van por breves periodos, incluyendo a clérigos y líderes de grupos islamistas radicales que vienen para dar conferencias organizadas por grupos militantes de los EE.UU. pero cuyo propósito verdadero es reclutar a nuevos miembros,
recoger fondos, coordinar estrategias con otros líderes militantes, adoctrinar a nuevos “soldados de infantería” e incluso participar en sesiones de adiestramiento.

Una década y varios miles de vidas norteamericanas más tarde, el presidente Bush repitió la funesta convención durante una visita a una mezquita el 17 de septiembre:
“EE.UU. cuenta con millones de musulmanes entre nuestros ciudadanos y los musulmanes hacen una tremenda y valiosa contribución a nuestro país.”
Dos días después añadió: “Hay millones de buenos norteamericanos que practican la religión musulmana y que aman su país tanto como yo, que saludan a la bandera con tanta energía como yo.”
Quizá el Señor. Bush debería ver la película popular iraní “No sin mi hija”, en que un “papá” inmigrante asegura a su hija pequeña que es tan norteamericano como el pastel de manzana, pero que podría volver en cualquier momento a ser un musulmán tan estricto como un ayatollah.
El señor Bush quiere creer la fantasía occidental de que todos los seres humanos son esencialmente consumidores –sumisos, materialistas, superficiales en religión y listos a ser llevados a la cooperación política por el sistema corriente de limosnas que es el moderno estado liberal– una suposición negada por casi toda la historia humana anterior a las dos últimas generaciones de occidentales.

Las consecuencias de este engaño han sido graves. A comienzos de 2000, los EE.UU. y Canadá se han convertido en el refugio de una amplia variedad de grupos terroristas islámicos internacionales y nacionales, que son la amenaza principal del terrorismo internacional en territorio norteamericano. Han llevado a cabo recogida de fondos, centros de operaciones políticas, reclutamiento militar y a veces incluso centros de mando y control.
Todos los grupos terroristas islámicos actuaron en EE.UU., como Hamas, Hezbollah, el G.I.A. argelino, Al-Yamaat al-Islamiya egipcio, el Yihad islámico palestino, el Partido Islámico de Liberación, el PKK kurdo y Al-Qaeda. Todos comparten el punto de vista proclamado abiertamente por Siddiq Ibrahim Siddiq Ali, uno de los sospechosos del primer atentado contra el World Trade Center, durante su interrogatorio por el F.B.I.: “Por supuesto, no olvidar que Dios dijo en el Corán, en épocas como ésta, que todo es lícito para el musulmán, su dinero, sus mujeres, sus privilegios, todo...
Los infieles deben ser muertos... y el musulmán cuando muere, es el camino al paraíso. Es un mártir. Un musulmán nunca irá al infierno por matar a un infiel.”

La norma fue establecida en la década precedente, y tiene su modelo en el tawhid –la conquista musulmana de Arabia– y el fatah, las primeras conquistas musulmanas.
Entonces se difundió el concepto de “eludir la amenaza”, al-taqiya. Incitaba a los musulmanes a utilizar subterfugios para derrotar al enemigo. Se les conminó a infiltrarse en las ciudades enemigas y a plantar las semillas de la discordia y la sedición. La taqiya de nuestra época se refleja en los intentos de los activistas musulmanes de Occidente para presentar el Islam favorablemente dotado de tolerancia y paz, fe y caridad, igualdad y fraternidad.
Los “-mal comprendidos musulmanes” nos dicen que la yihad es en realidad el “esfuerzo por Allah” y la “lucha interior”. Citan los versos mecanos abrogados y se callan los posteriores, los medineses. Mienten.

Ismail Al-Faruqi, inmigrante palestino que fundó el Instituto Internacional de Pensamiento Islámico y enseñó durante muchos años en la Universidad Temple de Filadelfia, fue también el primer teórico contemporáneo del califato islámico de EE.UU. declaró en 1983 que “nada podría ser más importante que este continente joven, vigoroso y rico se apartara de su antiguo mal y avanzara bajo el estandarte de Allahu Akbar.” En diciembre de 1989 algunos líderes extremistas se reunieron en Chicago, como Bashir Nafi, el fundador de la Yihad Islámica, y Abdul Aziz Odeh, su líder espiritual.
Después de reunirse con el señalado “hereje” musulmán Louis Farrakhan en 1996, el presidente libio Muammar Gaddafi dijo: “Nos hemos enfrentado con EE.UU. como una fortaleza exterior. Ahora estamos buscando una brecha para penetrar en el país y enfrentarnos desde dentro.” Cuando el líder de la Nación del Islam visitó Irán en el aniversario de la revolución fundamentalista, declaró: “Dios destruirá EE.UU. por mano de los musulmanes. Dios no dará este honor al Japón ni a Europa. Es un honor que reservará a los musulmanes.”

Un año después en Harlem, Farrakhan declaró: “Se ha decretado la pena de muerte contra EE.UU. el juicio de Dios se ha hecho y EE.UU. debe ser destruido.” [...]


Como podéis observar el autor de este articulo Serge Trifkovic, enfoca el grave problema que amenaza a TODO occidente hacia EE.UU. y Canadá.

De lo que no hay duda después de leerlo es, que de la misma manera y sin diferencias ostensibles son los mismos problemas que también se plantean y afectan a toda Europa, máxime cuando las últimas noticias nos inquietan por la entrada masiva de Senegaleses.

Porqué no podemos obviar la realidad ni ignorar que este colectivo de emigrantes que profesan como religión el Islam, nunca se van a integrar en Europa, muy al contrario a medida que aumentan y se instalan en un país creando sus propios barrios, comienzan a exigir de los gobiernos todas las reindivicaciones concernientes a sus creencias, exigiendo un respeto que Europa no debería conceder, teniendo en cuenta que la mayoría choca con las libertades que ostentamos y de las propias
Constituciones europeas.

CRECE LA INVASIÓN PACIFICA

(1) Canarias recibe la mayor oleada de inmigrantes del año procedentes casualmente de países senegaleses y de religión Mahometista.

La llegada de 931 subsaharianos a las costas de diferentes islas canarias desde el pasado viernes hasta el mediodía de este domingo supone la mayor oleada de inmigrantes interceptados en el Archipiélago en lo que va de año.

La de este fin de semana es ya la llegada de inmigrantes más importante a las Islas Canarias este año.Un total de 974 inmigrantes indocumentados, de los que 33 son menores, han llegado a diferentes islas de Canarias, desde el pasado viernes hasta la tarde de este domingo, a bordo de 15 barcazas, todos procedentes de Senegal, informó este domingo la Subdelegación del Gobierno.Hasta la fecha, la más masiva, y también a lo largo de un periodo de tres días, ocurrió entre el 2 y el 4 de marzo, ya que un total de 478 inmigrantes irregulares intentaron a bordo de cayucos arribar a las costas de Gran Canaria, Tenerife y El Hierro.No obstante, la interceptación por unidades policiales más destacada de 2006, y durante el mismo periodo de tiempo, se produjo entre los días 13 y 15 de marzo, ya que a lo largo de esas tres jornadas arribaron un total de 912 inmigrantes, pero no sólo llegaron a las costas de diferentes islas canarias, sino también a las de Almería y Granada.

De esos tres días, el que registró la llegada más masiva fue el 14, ya que 417 inmigrantes sin documentación arribaron, a bordo de cayucos, a las costas de Tenerife, Gran Canaria y Almería.Posteriormente al día 15, continuó la interceptación de extranjeros procedentes de países subsaharianos.Casi 150 inmigrantes en cinco embarcaciones intentaron llegar hasta las costas de Tenerife el 16 de marzo, mientras que durante la jornada siguiente hicieron lo propio 120.

La llegada de inmigrantes se prolongó, por tanto, cinco días, al cabo de los cuales se contabilizaron 1.178 inmigrantes interceptados sin documentación.

Más recientes son las interceptaciones, también en el Archipiélago, de 412 inmigrantes irregulares entre el 5 y el 6 de mayo pasados y de 261 entre los días 9 y 10 de este mes.
De este fin de semana, la jornada en la que se contabilizaron más inmigrantes interceptados fue este sábado, cuando arribaron al puerto de Los Cristianos, al sur de Tenerife, 456 senegaleses a bordo de seis cayucos.Se trata de las jornadas de llegadas de inmigrantes más destacada de los últimos seis años.

La quinta columna de la yihad en Occidente

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