6.12.07

Del ´hiyab´ al ´burka´

DEL HIYAB
AL BURKA

El velo no es únicamente un símbolo religioso, sino también sexista. Es un modo de marcar a la mujer frente al hombre, de ocultar su rostro (o su cuerpo entero) por temor a excitar las "bajas pasiones" de quienes son incapaces de controlarlas.

En lo que se refiere a la polémica levantada por el uso (o no) del velo islámico en los colegios públicos, Ruiseñor piensa que lo que aquí se ventila no es un problema educativo o religioso, sino una cuestión de antropología filosófica.
¿Qué es, en definitiva, el ser humano? A esta pregunta cabe responder de dos modos diametralmente opuestos.
Si, como propone gran parte de la filosofía contemporánea (y avala el paradigma dominante de las ciencias sociales), el ser humano no es nada en particular; si resulta que no tiene naturaleza, sino historia (Ortega y Gasset ); si lo único que podemos decir de él es aquello que ha venido siendo con el paso de los siglos: en ese caso el ser humano es una entidad infinitamente maleable, una tabula rasa para quien la cultura lo es todo.

Ahora bien, la cultura no es sino un depósito de hábitos sedimentados a lo largo del tiempo. Desde este punto de vista cualquier práctica cultural asentada históricamente resulta legítima por definición (así el uso del hiyab, del burka, incluso la ablación del clítoris), pues no existe ningún patrón externo con el que poder contrastarla.

Si definimos, en cambio, al ser humano como un ser dotado de una naturaleza específica, entonces no todos los mandatos culturales serán igual de legítimos. Algunos colisionarán con ella.
El concepto de "derechos universales" parece apelar a esta naturaleza única de la que derivarían exigencias jurídicas (y morales) también únicas. Entre ellas, por ejemplo, la igualdad de trato entre mujeres y hombres.
Se habla de los "derechos de los animales" solo en sentido metafórico, ya que pensamos que el animal no es un agente moral susceptible de ser titular de ninguna prerrogativa jurídica.

Carecería de sentido, sin embargo, hablar de los "derechos de las mujeres". Mujeres y hombres son idénticos en este sentido (aunque, por fortuna para Cupido, no en otros); los derechos recogidos en la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" lo son del hombre y de la mujer.
Desde este punto de vista, el uso del velo en la religión islámica puede ser interpretado como un símbolo de la exclusión femenina en la esfera pública, según interpretó por ejemplo la pionera del feminismo árabe Huda Sha arawi , quien abogó ya en los años 20 del pasado siglo por un "desvelamiento" de la mujer.

Lo malo del concepto de naturaleza humana es que no se sabe muy bien qué cosa sea, y que cabe siempre la tentación de rellenar esa "X" con material espurio, arrumbado allí por quienes detentan el poder para legitimar con argumentos ad hoc su posición de dominio.
La historia nos ofrece múltiples ejemplos de conductas que fueron consideradas un día antinatura por quienes dictaban las tablas de la ley, y que hoy nos parecen de lo más normales.

Hay quienes ven en la "Declaración universal de los Derechos Humanos" una agresión imperialista orquestada por Occidente para masacrar los hábitats culturales de otras zonas del planeta. Aquí debe ser la ciencia (la genética, la neurobiología, la psicología evolucionista...) la encargada de elaborar hipótesis contrastables que permitan aventurar un modelo de naturaleza humana no contaminado ideológicamente.

Ahora bien, frente al riesgo de etnocentrismo que acecha a una visión naturalista del ser humano no ilustrada por la ciencia, la visión contraria (aquella que considera a éste como un ente exclusivamente cultural) agita los fantasmas de la intolerancia y de la irracionalidad.

Piensa Ruiseñor en las recientes declaraciones de cierto clérigo saudí que --amparado en la idiosincracia de su religión nada eurocéntrica-- explica a sus jóvenes discípulos el procedimiento para golpear a las mujeres sin que se note demasiado (¡extraña cautela para quien se limita a cumplir los dictados de Allah!).

Y es que el velo no es únicamente un símbolo religioso, sino también sexista. Es un modo de marcar a la mujer frente al hombre, de ocultar su rostro (o su cuerpo entero) por temor a excitar las "bajas pasiones" de quienes son incapaces de controlarlas. Del hiyab al burka existe un continuo.
Casi nadie en Occidente admitiría la presencia del burka en la escuela; sin embargo, son muchos los multiculturalistas que defienden con arrojo el uso del hiyab como señal de resistencia frente al imperialismo-cultural-norteamericano (esta fórmula hay que pronunciarla de corrido y con los dientes muy apretados). Y, sin embargo, a Ruiseñor le parece que el significado de una y otra prenda no difieren demasiado: tapar, ocultar, reprimir

No, no todo está permitido. Existe una naturaleza humana. No sabemos exactamente cómo es, pero intuimos que conforme a ella las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no justifican recorte alguno en los derechos fundamentales de éstas.
No sabemos con certeza lo que es un ser humano, pero que Ruiseñor sepa nadie (sea hombre o mujer) desea ser esclavo de nadie; a nadie le gusta ser humillado, ni preterido, ni velado. Por mucho que digan ciertos clérigos. Por muy asentadas que estén sus prédicas en la tradición.

Jose Zafra
03/12/2007


1 comentario:

  1. Me parece un excelente artículo. ¿Tienes más referencias de él? ¿Quién es José Zafra?

    Saludos desde El Salvador

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