13.1.09

Odiar... Mentir... Matar...

La Mentira "TAQIYYA" que va a Destruir al Mundo


Recomiendo a los lectores que lean, (a pesar de su extensión), detenidamente este fantástico artículo de Mario Linovesky.

Hace ya tiempo uno de los más eminentes oncólogos estadounidenses contrajo cáncer, esa terrible enfermedad contra la que lidiaba día a día.
El galeno que se la diagnosticó y que debía anunciarle la mala nueva, contó sobre los temores que entonces lo asaltaron respecto a la reacción de su famoso paciente.
Evaluó a priori que el hombre, dados sus conocimientos sobre el espantoso futuro que le aguardaba, habría de desesperarse al punto de perder los estribos y hacerle alguna escena indeseable, ya fuera ésta de tinte trágico, dramático y/o patético.

No ocurrió así, en lugar de ello el enfermo recibió el informe con una amplia sonrisa agradeciendo a su colega el haberse ocupado de su persona, pero negándose a aceptar las conclusiones emanadas del concienzudo estudio. Este comportamiento llevó a una discusión en los ámbitos científicos, de la cual se dedujo que los que padecen cáncer de modo alguno aceptan como cierta dicha realidad; ni siquiera aquellos que por profesión, luchan contra ella cotidianamente. Y por dicho motivo dióse que el oncólogo de marras acabó rechazando cualquier tipo de tratamiento, por lo que su tumor se ramificó, y al tiempo, tras dispensarle un sufrimiento indecible, terminó con su existencia.

Algo parecido, si no más grave puesto que compromete la libertad o vida de millones de personas, le está ocurriendo a nuestra sociedad, no cree que la haya invadido el cáncer y que encima éste entró en metástasis, y mucho menos que si no se lo trata pronta y adecuadamente, la llevará directamente a una debacle definitiva. Sin embargo, las pruebas están a la vista para aquellos que las quieran ver.
El cáncer, esa enfermedad de la que pocos apetecen oír siquiera su mención y a la que para aludirla normalmente se baja la voz, está lamentablemente instalado entre nosotros y exige de una rápida curación. El diccionario lo define técnicamente como “el crecimiento tisular producido por la proliferación continua de células anormales, con capacidad de invasión y destrucción de otros tejidos”. Que cuando se torna metastático, toma otros órganos aledaños y sigue, indetenible, hasta infectar el cuerpo en su totalidad.

La medicina moderna con todo, tras largos años de estudiar y codearse con este mal, arribó a la conclusión que mediante un diagnóstico temprano y su consiguiente tratamiento, se avienta en gran porcentaje el riesgo de su expansión. Hace falta sólo la voluntad y valentía suficientes para afrontar dolorosas pero imprescindibles terapias, a fin de minimizar sus funestas consecuencias.
Pues bien, abandonemos por un momento el campo de la medicina y transfiramos todo lo antedicho a nuestra vida diaria. Aunque lo ya citado, nos habrá de servir para hacer unas cuantas y obligadas comparaciones.

PRIMERO LOS PRIMATES

Ya hemos dicho en otras oportunidades que el desarrollo del hombre primitivo se dio muy lentamente, en razón de que el mismo estaba mayormente preocupado, a más de subsistir como podía, en encontrarle explicaciones a aquello que no entendía dado su reciente arribo al estado racional. O, al decir de García Márquez, estaba inmerso en la ignorancia propia de ese período en que “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Pero había más que cosas palpables en el entorno de esos primates, sobre todo los fenómenos naturales a los que ellos no les hallaban motivo y a los que por ende temían hasta la exageración.
Fue ya por entonces cuando al carecer de conocimientos sobre los ensordecedores truenos, los deslumbrantes relámpagos y tantas otras manifestaciones intimidantes de la de por sí caótica naturaleza, que delegaron en cantidad de dioses la responsabilidad de su inquietante presencia. En una adoración fervorosa, cuya práctica duró milenios. Pero, avanzado el tiempo y ya organizados en grupos sociales, comenzaron a ver las cosas un poco más claras, lo que los llevó a reducir en parte la enorme cifra de deidades implicadas en la producción de los fenómenos mencionados. Y ese avance intelectual fue incrementándose con el paso de los años, hasta concentrarse en las religiones que hoy todos conocemos.

Tenemos entonces que el proceso evolutivo natural llevó a los primeros hombres a superar aquel paganismo idólatra, con su confusa e inmensa cantidad de dioses, para recalar en el monoteísmo que sobrevive hasta la fecha en todo occidente, con algunas cuñas en otras partes del globo.

A partir de entonces las religiones, por sí mismas, fueron marcando el camino a las sociedades mientras éstas iban evolucionando; hasta que se llegó al punto en que los clérigos se apercibieron del poder e influencia que tenían sus prédicas y transformaron aquellos credos en “entes políticos”. Aun así dichas religiones fueron sumamente útiles, porque sirvieron para contener los desbordes de miles de seres de suyo novatos en la convivencia comunitaria, en tiempos que ética, moral y justicia eran términos del todo extraños, dentro de aquel modo de sobrevivir salvaje y primitivo.

EL SIEMPRE MOLESTO JUDAÍSMO

La aparición de la religión judía fue la primera experiencia de monoteísmo, una experiencia costosa por cuanto debió desarrollarse en medio de sociedades paganas que se resistían a convalidar tan revolucionario cambio. Porque mutar miles de dioses, ídolos y fetiches en un solo Dios en el que se aglutinaban todas las virtudes y responsabilidades, resultaba demasiado oneroso para mentes tan escasamente desarrolladas. Pero con todo el monoteísmo judío se fue imponiendo poco a poco, a medida que aquellas transcurrencias primitivas iban civilizándose.

Aun así, por tratarse de humanos (en el caso de los sacerdotes, que por supuesto también lo eran o son) y más todavía cuando éstos advirtieron la facilidad de preeminencia que les otorgaba el manejo de la religión, transformaron esta última en el máximo factor de poder. Y comenzaron a gobernar según su antojo y voluntad, por vía de la sumisión de sus inferiores, mientras atribuían a la decisión divina todo lo concerniente a lo que no eran otra cosa que sus apetencias personales.

Y ya en poder de textos a los que reputaron de sagrados, transformaron a éstos en armas contundentes para reafirmar sus intereses sectarios. Y embrollaron todo de tal modo, que sus devotos mandados no se animaban a cuestionarles ni siquiera lo más evidente. Como consecuencia, al prevalecer en el seno del judaísmo el antojo de quienes detentaban el poder, ese mismo predominio se constituyó en motivo principal para que ocurriera la conocida escisión de una gran parte de sus fieles. Siendo que fue esa transformación de los hombres que comandaban la espiritualidad del pueblo hebreo en “cosa política” y además despótica, la que significó la aparición de lo que podríamos parangonar con una especie de “tumor” (aquí utilizaremos el término tumor para simbolizar cualquier ente anormal instalado dentro de un organismo dado) en el seno de tal sociedad.

EXCREENCIAS EN LOS PÚLPITOS

De cualquier modo se trató de un tumor de los que conocemos como benignos, ya que con su simple remoción se podía recomponer el tejido social por su causa en conflicto, más aún cuando la ética y la moral implícitos en dicho judaísmo, visto por quienes no desertaron de él, constituían un escollo insalvable para las apetencias desmedidas de los aprovechadores de siempre. Otro tanto ocurrió con la aparición del cristianismo, aunque en este caso el tumor escindido tomó características de maligno, una situación que duró casi 2000 años persiguiendo y asesinando a sus “hermanos mayores”, en tanto la congregación se fragmentaba en incontables grupos (excrecencias o tumores más chicos) antagónicos entre sí.
Con todo y gracias a la actuación en tiempos recientes de dos Papas excepcionales como Juan XXIII y Juan Pablo II, “supuestamente” aquella malignidad de la parte católica remitió y hoy su iglesia discurre dentro de los límites normales que le demarca el credo.

No ocurrió lo mismo con el tercer tumor que apareció súbitamente en el tejido social asiático allá por el siglo VII, cuando un tal Mahoma, camellero y comerciante de profesión, imaginó una nueva religión monoteísta. Porque este tercer tumor aparentemente nació anormal y con tendencia expansiva. Y si bien copió (¿o se apropió?) de los dos credos anteriores cuanto de bueno contiene, al mismo tiempo le incorporó ciertas particularidades nada prometedoras y de suyo beligerantes, productos de su propia cosecha.

Por caso la obediencia ciega a la palabra de su clerecía y la consecuente supresión del libre albedrío para sus creyentes. Es que Islam, que es puntualmente de lo que estamos hablando, significa “sumisión”, teóricamente al arbitrio de Dios o Alá, aunque en la práctica se refiere a la voluntad particular de los sacerdotes de dicha fe. Y musulmán resulta ser lo mismo, porque se traduce como “el que se somete”, sin pensar, sin discutir, solamente acatando lo que un libro guía le ordena. Estas, justamente, son las peculiaridades de este credo, con su inmensa cantidad de rituales y exigencias. Una religión basada mayormente en la fantasía (si se quiere absurda) y con visos de cuento infantil, pero asimismo creída devotamente por millones de personas.

CABALGANDO POR LOS CIELOS

Así nos enteramos sorprendidos de la cabalgadura que llevó a Mahoma desde la roca de Abraham hasta la escalerilla que lo conduciría a los siete paraísos celestiales, un raro animal con cuerpo de mula, cola de pavo real y cara de mujer (la mítica yegua Al Buraq), en el que montó posteriormente a la visita del ángel Gabriel (Yibril para los mahometanos), quien se había allegado al profeta para anunciarle que Alá ordenaba su comparecencia, pero al que previo al viaje hizo un tajo en el pecho, sacó su corazón, lo lavó y volvió a colocar en su sitio, ahora lleno de fe y sabiduría. Y sigue la leyenda contando sobre lo hablado entre Alá y Mahoma, habiéndole correspondido a este último convencer al Creador, quien exigía que los fieles le rezasen 35 veces por día nada menos, sobre la practicidad de hacerlo sólo 5 veces.

En tales visiones y en muchas más creyeron a pie juntillas los fieles del Islam. Y en tanto se trataba de gente desesperanzada proveniente en su mayoría del desierto, aceptaron vivir fatalísticamente su existencia, bajo el sometimiento total al capricho de una casta de clérigos, cuyos primeros antecesores posiblemente hayan tergiversado las enseñanzas del profeta. De cualquier modo todo ésto no es comprobable y además ya está instalado firmemente en la creencia de más de 1000 millones de personas. Lo cual, si se desarrollase solamente en su ámbito particular, sería parte de un credo más y de suyo legítimo de legitimidad absoluta, aun con su misoginia y degradaciones varias incluidas.

El problema es que el Islam no se considera a sí mismo una religión más, sino la única admisible y por lo tanto es absolutista y expansivo. El Corán, su libro sagrado, si bien constituye una guía moral “exclusiva” para sus seguidores, asimismo abunda en determinadas y brutales exigencias para apartarse del que llama “infiel”. Y cuando además, como sucede asiduamente, es manejado por mentes extremistas, éstas le adosan sus propios delirios (cosa que su religión les tolera), los que podríamos resumir en las tres demandas (desde luego que disfrazadas), que encopetan este artículo: odiar... mentir... matar. En una palabra: “fanatismo” y de los peores que hayamos conocido.
Y es este fanatismo, ya con características de tumor metastático, el que nos ha invadido.

¿JABÓN EN POLVO O PAN RALLADO?

Un sketch que se oía por la radio argentina en los años 60/70 trataba de la discusión entre un Ministro de Economía, hoy afortunadamente desaparecido, quien sostenía que el polvillo que tenía frente a él era, sin lugar a dudas, pan rallado. Mientras tanto su interlocutor, bien seguro de sí mismo, le porfiaba que se trataba de jabón en polvo. Para dirimir el pleito y cansado de la inflexibilidad del funcionario, quien mantenía la segunda postura le invitaba a probarlo vía papilas gustativas, cosa que el político hacía para luego responder: Sí, tendrá gusto a jabón, pero es... pan rallado. ¿Metáfora o realidad?

Estamos hasta la coronilla de escuchar que el Islam es una religión de paz. Y aunque ellos son los primeros que lo pregonan, no están solos para tal fin. Le hacen coro una izquierda occidental que ya se proclamaba antiimperialista en tiempos de Stalin (como que aquella URRS no se había anexado nada que no le perteneciera), la derecha mercantilista que depende (sus obscenas ganancias, claro) del petróleo musulmán, el centro que para lavar su conciencia se ha transvertido en progresista (eso sí, al uso nostro) y cuanto grupúsculo nazi emerja o pulule por ahí. Bastante parecido, a lo que hacía el ministro argentino en el sketch. Pero más parecido aún, en incontables casos, a la protección que en los años 30 se le pagaba a la mafia en Chicago, sin que se advierta hasta ahora la aparición de ningún Eliot Ness para combatirla.

DE VISITA POR MEDIO MUNDO

La proclividad a la dominación del Islam, nace en el mismo momento en que fue fundado. Claro que sus primeros años los entretuvieron en peleas de entre casa, donde quien tuvo más arrojo se hizo del poder. Pero ya en el año 711, apenas sesenta años después de muerto Mahoma, ocupaba gran parte de España, a la que pasó a llamar Al-Andalus, aunque previo a dicha invasión sus tropas habían llegado a las fronteras de China e India y había invadido el norte de África, del Mar Rojo hasta el Atlántico.
Solamente el reino franco pudo frenarlos bajo el mando de Carlos Martel, en el año 732, en cercanías de Poitiers. Resulta entonces risible que quienes al día de hoy se quejan airados por la existencia de Israel en un aislado rinconcito del Levante, tierra judía desde milenios antes del nacimiento de Mahoma y del Islam, lo cual está registrado prolijamente en la Biblia, sean los mismos que por la fuerza de las armas invadieron y sometieron a gran parte del mundo. Y doblemente risible si no fuera trágico, que sus víctimas de antaño, en primer término España, hoy proclamen el pacifismo islámico, por el que según parece pondrían las manos en el fuego. ¿Síndrome de Estocolmo de los torturadores de toros, quizá?

¿UN FINAL? HITLER VA REGRESANDO, DE LA MANO DE SARAMAGO

En fin, sería demasiado fatigante describir todas las agresiones del Islam, la religión de la paz. No obstante, démosle crédito a la creencia de un Islam moderado, que incluiría a la mayoría de esos centenares de millones de practicantes. Pero si ésto es así, deberán comenzar a actuar sus dirigencias. Porque si los extremistas son tan minoritarios como se asegura, tanto que apenas se contarían unos pocos cientos de miles de ellos, o sea menos del 1% del total, quienes gobiernan las instituciones islámicas deberían fácilmente imponerse y detenerlos en su locura.

No parece que fuera a ocurrir así, vistos los desbordes de estos últimos días. Y no es así en el Irán teocrático shiita, sector además minoritario frente al intimidante número de suníes que se cuentan dentro de la fe islámica, donde los ayatolás colocaron a la cabeza del Estado a un individuo totalmente desquiciado y fanático. No es así desde luego en la vapuleada (más por sus propios hermanos que por Israel) Palestina, donde se eligió para gobernar a una gavilla de asesinos fanáticos e irredimibles, reconocida por el nombre de Jamás (Hamás en la prosodia inglesa). Y tampoco es así en la mayor parte de los países musulmanes, donde unas caricaturas (si bien de pésimo gusto... o no, eso depende del paladar de cada uno) del profeta Mahoma, promovieron estallidos de ira y pedidos de muerte, ya no sólo de sus autores, sino de cualquier conciudadano de los mismos, allí donde se encuentre.

Todos estos sucedidos, desde luego que nos llevan a desconfiar sobre las intenciones del Islam. Porque, o es una congregación de paz o se trata de un tumor expansivo y destructor. De ser la primera posibilidad, deberá demostrarlo, para que todos nos estrechemos las manos y comencemos juntos a preocuparnos por conseguir un mundo mejor. Pero si se trata de un tumor en metástasis, de nada servirá tratarlo con aspirinas como pretende el PSOE (Partido Socialista Obrero Español; ¿socialista y obrero…? ja... ja... ja…), sino que se hará imprescindible la actuación de un cirujano para su definitiva supresión.

Y aquí es el Islam quien debe tomar la iniciativa, extirpando de su seno a los Ajmedinejad, Aniyehs, imanes y jeques fanáticos y a todo aquel musulmán que propenda a la guerra expansiva. Antes que el bisturí lo tome un ajeno y sin garantías de cura. Siendo además que si el tal cirujano fallara en algo y la operación no resultare exitosa, ya están aguardando los Le Pen y cía. para tomar la posta. Un amargo final por el que deberemos agradecer, por tratarse de los que más fuerte gritan su “utopía” antiimperialista, a la izquierda irracional y antisemita y al progresismo que no sabe donde está parado, como así también a las posturas totalitarias (léase su apoyo irrestricto a los asesinos islamistas de Jamás o de Irán) que en su ignorancia ambos defienden.

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3 comentarios:

  1. Anónimo13/1/09

    "La aparición de la religión judía fue la primera experiencia de monoteísmo, una experiencia costosa por cuanto debió desarrollarse en medio de sociedades paganas que se resistían a convalidar tan revolucionario cambio. Mutar miles de dioses, ídolos y fetiches en un solo Dios en el que se aglutinaban todas las virtudes y responsabilidades, resultaba demasiado oneroso para mentes tan escasamente desarrolladas. Pero con todo el monoteísmo judío se fue imponiendo poco a poco, a medida que aquellas transcurrencias primitivas iban civilizándose"

    ¿Es decir que Egipcios, Asirios, Babilonios, Persas, Griegos y Romanos eran más primitivos que los judíos que apedreaban mujeres y mataban a los que no guardaban el Sabat? "Tan revolucionario cambio" que los Macabeos, los talibanes del siglo II AC, se rebelaron contra la sofisticación griega para volver a los rituales barbáricos descritos en la Torah. ¿No son el Zoroastrismo y el culto a Akenaton religiones monoteístas anteriores al judaísmo? Y no sabes la forma tan civilizada cómo el Cristianismo se impuso en Europa.

    La prueba que el Judaísmo es una religión monoteísta:

    Exodus 15:11 (New International Version)
    Quién entre los dioses es como tú, O Señor?

    Salmo 82:1
    Dios preside el consejo celestial, entre los dioses dicta sentencia

    Psalm 89:6
    For who in the skies compares to Yahweh, who can be likened to Yahweh among the sons of gods.

    Varias veces los musulmanes han dicho que el Islam es el regreso a la religión verdadera que les fue enseñada a los Judíos, de ahí que cometan todo tipo de barbaridades como matar a las mujeres y los hijos por honor, que si los judíos actuales hicieran lo que sus "revolucionarios y civilizados" antepasados tampoco les tendrías simpatía.

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  2. que si los judíos actuales hicieran lo que sus "revolucionarios y civilizados" antepasados tampoco les tendrías simpatía.

    Seguramente que no, y tampoco al cristianismo, la diferencia es que estamos en el siglo XXI y los musulmanes desgraciadamente continúan en el paleolítico, son los musulmanes los que tienen que esforzarse y deben alcanzar las cuotas de libertad y democracia que rigen hoy en el mundo.
    Sería un desastre para la humanidad permitirles que desarrollen sus ancestrales costumbres en Occidente, solo nos podría causar el retroceso de todo lo conseguido, y no debemos ni podemos olvidar el coste en vidas causado en luchas, guerras, y derramamiento de sangre que ha padecido Europa para alcanzar el nivel que afortunadaente disfrutamos hoy en dia, moralmente tenemos que defender y adquirir la responsabilidad para dejar a las próximas generaciones un mundo pacifico, aun a costa de sacrificar por mucho que nos duela a los enemigos de la paz.

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  3. Monmar, claro que puedes poner el entrada, bien sabes que estamos en el mismo barco. Un abrazo

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