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21.5.05

La Muerte de Occidente

Titulo:"LA MUERTE DE OCCIDENTE.

La caída de la natalidad y la invasión de inmigrantes amenazan a la civilización occidental."

AUTOR: Patrick J. Buchanan

EDITORIAL: Kion


La muerte de occidente es un incisivo análisis de nuestra historia social y cultural reciente, desde la perspectiva de un experimentado político estadounidense, ex candidato a presidente y asesor de Nixon, Ford y Reagan, que justifica su convicción de que la ruina de los valores morales, el egoísmo economicista y la decadencia del concepto de familia están llevando a la sociedad occidental a una destrucción progresiva e inexorable.

Mediante un pormenorizado compendio de las alarmantes cifras sociodemográficas de los países que forman la llamada Civilización Occidental, y una investigación de las teorías educativas que triunfaron en la América del siglo XX, Buchanan desvela las razones que han llevado a la situación actual y propone un cambio radical en nuestros valores objetivos para evitar el derrumbe de nuestra cultura.

Buchanan vaticina que, “con las tasas de natalidad actuales, la población de Europa en el año 2100 será menos de un tercio de la actual: Europa ha votado por la dolce vita”.

PATRICK J. BUCHANAN

Los males que afectan a las naciones de Occidente son de tal magnitud que han de obligarlas a considerar el acervo común y tomar conciencia de la necesidad de luchar por conservarlo.



Pat Buchanan, como comúnmente se le conoce, acaba de publicar un libro, The death of de west (La muerte de Occidente), que es importante porque supone una reflexión documentada de los males, ya avanzados, que nos corroen a todos los ciudadanos de las naciones de Occidente.

Preocupado íntimamente por la deriva de los acontecimientos culturales, demográficos y migratorios que vienen dándose tanto en Europa como en Estados Unidos, lanza su voz de alarma y nos urge a tomar conciencia de ellos.
La acelerada tendencia a la baja de los índices de natalidad es un problema acuciante para las naciones occidentales. Buchanan nos ofrece datos, extraídos de la "UN Population Division".

En el año 2000 la población total de Europa, incluída Rusia, era de 728 millones.

Para el 2050, sin contar con la inmigración, bajará a 600 millones.

Y si las tasas de fertilidad se mantienen, a finales del siglo XXI Europa contará con 207 millones, menos del 30% de la población actual.

Claro que esta situación podría ser compensada por las sucesivas oleadas de inmigrantes, sobre todo procedentes de África y Asia.
Pero, y ése es el problema, serían gentes de otras razas, de otras religiones, de otras culturas. Serían oleadas de gentes no occidentales. El resultado sería el multiculturalismo, la desaparición de los rasgos culturales tradicionales de Europa y una posible predominancia del Islam.

Esta situación de multiculturalismo ya se está dando en Estados Unidos con un notable repliegue de las expresiones culturales cristianas, habiéndose llegado al extremo de su prohibición en público para no ofender a las otras culturas.

El principal motivo de esta falta de fertilidad Buchanan lo encuentra en la descristianización de la sociedad. Falta de religión y falta de hijos van unidas siempre, afirma.
Hace hincapié en la legalización del aborto, impuesta en las naciones de Occidente, donde la religión ha pasado a un plano muy secundario. Se refiere a los 40 millones de abortos realizados en Estados Unidos desde su legalización. 40 millones de vidas perdidas que son sustituídas por las de los inmigrantes que invaden la nación. Observación esta última que puede aplicarse a Europa igualmente.
Los compatriotas que matamos son sustituídos por extranjeros.En Estados Unidos por cada dos embarazos llevados a feliz término se produce un aborto. En esto son superados ampliamente por Rusia, donde el aborto se introdujo antes, en 1920, bajo Lenin. Allí por cada nacimiento se producen dos abortos. Los 150 millones de habitantes de la actualidad se habrán reducido a 114 en 2050.

Mientras tanto, en África la población habrá ascendido a mil quinientos millones de habitantes. De Marruecos al Golfo Pérsico habrá un mar de 500 millones de musulmanes. A estos habrá que añadir los 700 milloness de musulmanes iranios, afganos, pakistaníes y Bangladeshios y los 300 millones de indonesios. China e India tendrán cada una mil quinientos millones. Son cifran lo suficientemente elocuentes por sí mismas para no necesitar extensos comentarios.

Sobre la descristianización, vertiginosa en las últimas cuatro décadas, Buchanan se expresa relacionándola en parte con la nefasta influencia de diversos filósofos marxistas, concretamente los de la "Escuela de Frankfurt" que emigraron a Estados Unidos cuando Hitler llegó al poder en Alemania.
Uno de los fundadores de esta Escuela, el húngaro Georg Lukacs, así como el italiano Antonio Gramsci, percibieron que las previsiones de Marx habían resultado erróneas. Aparte de que la revolución marxista no se había producido en el Oeste, como él había previsto, sino en Rusia, en este país las masas no se habían transformado bajo el nuevo régimen económico, según la teoría marxista señalaba, sino que en gran parte seguían siendo cristianas, apegadas a sus tradiciones.

La doctrina marxista dogmatizaba que un nuevo régimen económico (infraestructura) impuesto al pueblo habría de cambiar la mentalidad, el pensamiento (supraestructura) de ese pueblo. No había ocurrido así, y los dos filósofos señalados preconizaron la acción directa sobre la cultura. Había que destruir, dinamitar la cultura cristiana occidental. Si se conseguía este objetivo, el resto vendría por añadidura.

Otros ideólogos de esta Escuela fueron Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erich Fromm, Wilhelm Reich y el más joven Herbert Marcusse, quienes, una vez instalados en la nueva "Frankfurt School" en Nueva York, trabajaron activamente en la crítica y demolición de la cultura occidental.
Todas sus ideas han alcanzado enorme extensión y predominancia en la clase intelectual que, dominando los medios de comunicación, editoriales, prensa, cine, televisión, tiene los resortes del pensamiento de la sociedad.

La libertad sexual absoluta, el feminismo, la homosexualidad, el aborto, la disgregación familiar, etc. fueron preconizados por estos pensadores. La contracultura y la contramoral salieron victoriosas, de forma que Buchanan dice que si bien el marxismo económico fracasó y terminó con la caída del muro de Berlín, el marxismo cultural ha triunfado.

Se hace la pregunta de si estos filósofos fueron imprescindibles para la revolución que se ha dado en la sociedad occidental, y contesta que probablemente no, pero que el hecho cierto es que jugaron un papel sustantivo. Un aspecto esencial en esta labor de demolición cultural ha consistido en arrojar sombras de vergüenza e infamia sobre el pasado histórico.

Se lamenta Buchanan de que hoy en día en Estados unidos todos los grandes hombres relacionados con su historia son denigrados. Cristóbal Colón es acusado de haber introducido la esclavitud en América.

La diabolización de los grandes exploradores y conquistadores españoles como "irredimibles asesinos racistas" es casi completa.

La conquista y conversión del Imperio Azteca por Cortés se presenta ahora como un genocidio cultural contra un pueblo amante de la paz.

No se tiene en cuenta el horror que produjo en los españoles contemplar los sacrificios humanos de los aztecas (gentes sólo comparables a los antiguos asirios en crueldad satánica, según afirma Octavio Paz en "El laberinto de la soledad").

Pero ya centrándose en los inicios de los Estados Unidos como nación, ninguno de los Padres Fundadores se salva, puesto que son considerados como esclavistas sin más. Y así sucesivamente.De esta tendencia masoquista, derrotista y disolvente, sabemos bastante los españoles.

Realmente, cuando se lee a Buchanan mencionar la "diabolización de los exploradores y conquistadores españoles" parece como si se estuviese refiriendo al proceso que en este sentido se ha dado en España.
Realmente, es muy parecido lo que ocurre en ambos países en este orden de cosas. Y en todos los países de Europa, se podría añadir, puesto que se trata de un proceso generalizado en Occidente.

Cuando Buchanan nos informa del desprecio con que son considerados hoy en día George Washington, Thomas Jefferson o Andrew Jackson, no puede menos de recordarse el paralelo desdén que se muestra en amplios ámbitos intelectuales españoles por los Reyes Católicos, Felipe II o el Cardenal Cisneros.

Se trata de una tendencia antipatriótica y desnacionalizadora que está siendo inducida por grupos interesados. La crisis de los estados-nación está relacionada con esto. Buchanan juzga a los estados-nación, a través de las palabras de Jacques Barzun, "la creación política más grande de Occidente".
Añade que no fueron creados casualmente, sino que cada uno de ellos tiene un sentido de realización humana que enriquece el acervo común de la Humanidad. Ve, por tanto, con suma prevención los movimientos disgregadores de estos estados-nación.

Movimientos separatistas en Gran Bretaña, Francia, España, Italia, Canadá... todos ellos un grave error.Porque "cuando un pueblo devuelve su fidelidad a las tierras de que se ha conformado, élites transnacionales empujan en opuesta dirección.

La rendición final de la soberanía nacional a un gobierno mundial es ahora abiertamente aconsejada".Hay que tener en cuenta que Buchanan no es un norteamericano imperialista. Es contrario a cualquier imperio. Uno de sus libros se titula: "A Republic, not an Empire", con referencia a su nación, y de nuevo en esta su última obra aboga por este planteamiento.

No desea que Estados Unidos intervenga en conflictos internacionales, y se queja de que Europa no haya tenido fuerza militar suficiente para remediar por sí misma conflictos como el de Kosovo. Es lo que sus críticos llamarían un "aislacionista". Y lo que él comprueba es que todos estos procesos de descristianización, desculturización, desnacionalización, confluyen en un único resultado: el predominio mundial de las grandes corporaciones, con mayor poder ya que los Estados.

Lo que él teme como a la muerte es a ese gobierno mundial que se está esbozando y que acabaría gobernando un mundo del que se habrían esfumado los valores cristianos y occidentales y en el que la misma raza blanca sería una pobre minoría. "El capitalista global y el verdadero conservador son Caín y Abel", afirma. Buchanan se debate en la duda sobre si lo ya destruído puede rehacerse o no; si es posible enderezar los pasos y recuperar lo que se ha perdido.

Sus últimas palabras son, sin embargo, para declarar la necesidad de la lucha, del esfuerzo. Expone como necesarias diversas medidas, desde reducir las cuotas de inmigración a promover la enseñanza de la historia y promulgar leyes pro-vida. Sin entrar en más prolijos detalles, es obligado concluir que tales medidas sólo podrán llevarse a la práctica si se consigue que el movimiento de reacción ya generado desde hace tiempo en Estados Unidos avanza imparablemente.

En Europa, el mal se presenta más enquistado, pero se perciben algunos signos esperanzadores. El secreto de todo lo que ocurre está en las mentes de los hombres, y en esta época histórica se presenta acuciante como nunca el cambio en el pensar, al que únicamente conviene un nombre: contrarrevolución.

Hay un aspecto de esta obra con el que no podemos estar de acuerdo. Su sensibilidad occidental es anglosajona, y no puede coincidir en todo con la sensibilidad occidental de un latino, concretamente de un español. Buchanan ve con malos ojos el enorme flujo migratorio de los mejicanos a Estados Unidos. Esta emigración se dirije sobre todo hacia las tierras que antes fueron de Méjico y que se perdieron en una guerra que constituyó un gigantesco expolio (nada menos que dos millones y medio de kilómetros cuadrados).

A un español no le puede importar nada que en la actualidad el 30% de la población de California sea de origen mejicano y que otro tanto ocurra con Texas, y que esto vaya en aumento en estos y en los demás estados que antes pertenecieron a Méjico. Existen sensibilidades distintas. No se puede estar de acuerdo en todo.Además, se le podría recordar a Buchanan que los mejicanos, gracias a España, son católicos, como él mismo lo es. Y también que Méjico, como los restantes países hispanoamericanos, forman parte de Occidente. Gracias precisamente a los exploradores y conquistadores españoles a los que él justamente valora y cuyo descrédito deplora.

Hay un detalle en esta obra que dice bastante en favor de Buchanan. A través de sus páginas se citan oportunamente a diversos escritores como Dostoyevsky, Wilde, Brecht, Burke, Chesterton, Diderot, Eliot, Gide, Yeats, entre otros, y uno se sorprende pensando que Buchanan quizás sea hombre de más vasta cultura literaria de lo que suponía. Pero él mismo nos desengaña en la última página, destinada a "Reconocimientos".

En ella, agradece a Kara Hopkins, su "intrépida investigadora", que le aportase citas, ideas y argumentos de libros que él no había leído. Es una muestra de franqueza y sencillez por parte del autor.Buchanan no es un intelectual cultivado. Es hombre sencillo e inteligente, lo cual en no escasas ocasiones resulta de mayor valor.

En el seno de las sociedades democráticas formales, el problema de la diversidad cultural se plantea bajo la forma del derecho a la diferencia o del respeto a las minorías, pero en el terreno de los hechos, no se contempla por el momento el reconocimiento de formas distintas de sociedad, de otras maneras de vivir, incluso aunque se decida democráticamente. Parece como si las libertades sólo tienen cabida y reconocimiento en el seno del modelo socioeconómico imperante.

El pensamiento único, que se extiende paralelamente a los mercados y se asienta en los nuevos lenguajes informáticos y en las autopistas de la información, es el discurso que sustenta lo que Roger Garaudy identifica sagazmente como Monoteísmo del Mercado.

Una de sus características es la sutil eliminación de la diversidad, que ahora es disidencia, no mediante la represión brutal, sino por la mediación de las nuevas herramientas, de las nuevas tecnologías, mediante el control de la información y la consecuente incidencia en la opinión de los ciudadanos, en la opinión pública.En un contexto así, la atonía, la sumisión al pensamiento único, han de ser la norma.

Quien ose defender con demasiada tenacidad alguna idea o alguna postura contraria a los intereses del paradigma, fácilmente aparecerá como estridencia en medio de la homogénea interpretación general, será entonces señalado como fanático. Si, además, los medios de comunicación e información sirven a los intereses del poder –no a los intereses de los distintos partidos o confesiones– resulta fácil para éste abortar cualquier propuesta que atente contra dichos intereses, por diferentes vías: la descalificación, la tendenciosidad o la tergiversación.

Es evidente que ninguna mente sensata defendería el fanatismo como actitud propia del ser humano civilizado. Identificamos el fanatismo con la ceguera intelectual, con la incapacidad de valorar y sopesar los variados aspectos de la realidad. El fanático no escucha, no razona, no produce diálogo. La mayoría de los cristianos no viven como fanáticos. Ni la mayoría de los musulmanes tampoco, ni la de los herederos de las ideologías históricas de occidente.
A pesar de ello, la historia está plagada de las consecuencias del fanatismo en todas sus variantes: religiosa, ideológica, bélica, económica. Momentos, lugares y grupos en los que la pasión y el exceso han hecho mella, enturbiando la transparencia de las ideas, los sentimientos y las creencias.
Casi siempre se ha optado por relacionar el fanatismo con estas realidades en lugar de buscar sus raíces allí donde se hunden: en la ignorancia, en la explotación, en la incultura y el desarraigo.

En lugar de remediar las causas que lo producen, se ha optado por instrumentalizarlo a favor de determinadas opciones políticas, religiosas o estratégicas.En esa lectura interesada del problema nos encontramos hoy, cuando asistimos al desarrollo de una peligrosa visión del fanatismo religioso, atribuida al Islam por los medios de comunicación de masas, incluso con el apoyo de algunos intelectuales e instituciones académicas internacionales.

Patrick J. Buchanam y Occidente.
Abril.org


3 comentarios :

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  3. Anonymous30/11/06

    Tenemos un grave problema en nuestra propia casa: Una ideología diabólica pretende destruir Occidente.
    Los valores occidentales se encuentran en grave peligro. Nuestra cultura occidental está amenazada de muerte a medio plazo por culturas ajenas. Demasiada gente aún no se ha percatado de esta situación. Para concienciar a la población occidental, este mensaje se está difundiendo. Tenemos un gran problema en nuestra propia casa, en nuestro Territorio Occidental. La Civilización Occidental puede desaparecer a medio plazo.

    Las Constituciones y las legislaciones de los países occidentales carecen de mecanismos legales que nos defienda de culturas, mensajes e ideologías ajenas, que pretenden destruir nuestra idiosincrasia, nacida tras miles de años de evolución cultural. Las legislaciones favorecen en exceso la entrada y engrandecimiento de culturas ajenas, en detrimento de nuestra propia cultura occidental. Se hace necesario poner los límites oportunos.

    Se ha iniciado un pensamiento orientado a promover la modificación de determinados artículos constitucionales y de las legislaciones occidentales, a fin de adaptar las respectivas constituciones de los países europeos, así como la futura Constitución Europea, para obtener la seguridad de la conservación de los valores que definen a Occidente. Todo ello para no perjudicar los derechos de los ciudadanos occidentales y permitir la supervivencia de esta Cultura.

    Occidente ha pasado por diversas épocas de barbarie. No tenemos la menor intención de que nos traigan nuevos bárbaros de importación contra los que tengamos que pelear a medio plazo.

    Si en este momento usted desconoce la realidad de esta ideología, y el futuro que ésta ofrece a la Humanidad en general y a la Civilización Occidental en particular, le invito a que visite y lea los numerosos sitios sobre la verdadera faz de islam.

    Así controla y domina la mafia islámica (el terror islámico – El islam en acción), visite esta web outrage.org.uk

    Recientemente, en España se ha ofrecido un día de luto oficial por la muerte de un dirigente de un país islámico en el que se realizan cotidianamente los actos que en esta web se muestran: ogrish.com.

    Los ciudadanos tenemos el derecho a defendernos de los ataques contra nuestra Cultura Occidental. La pasividad nos perjudicará a todos, y también a nuestros hijos, nietos, etc. Hay que actuar ya, con decisión, pero dentro de la legalidad. Es necesario cambiar la legislación. ¿Desea dejar a sus descendientes un futuro problemático, enfrentados a las graves amenazas y ataques de la ideología nazi, totalitaria y mafiosa islámica? La indecisión nos perjudica cada día más, y en cambio beneficia a los enemigos de la sociedad occidental, a los enemigos de nuestra idiosincrasia.

    Recuerde que islam mantiene en la actualidad múltiples escenarios de guerra en su afán de conquistar el mundo y destruir lo que no sea islam: Filipinas, Chechenia, Sudán, terrorismo en países occidentales y en países “apóstatas musulmanes” , visite esta web: thereligionofpeace.com/

    Islam ha aniquilado todo vestigio de las civilizaciones previas existentes en cada país conquistado. Islam es incompatible con cualquier otra cultura en un mismo territorio y tiempo. Islam pulveriza toda cultura que hubiera en los lugares que conquista, con la finalidad de no permitir el retorno. No admite la vuelta atrás. Una vez islam se implanta en un lugar, sólo puede ser desalojado atacándolo desde el exterior, como ocurrió en la Península Ibérica. Ya que en el interior del territorio conquistado, destruye todo lo que se le oponga: personas, ideas, productos y todo lo que recuerde la civilización anterior.

    Las legislaciones islámicas, basadas en la ideología totalitaria y mafiosa que emana del corán, impone que quienes no somos musulmanes seremos asesinados por ser “infieles”. Los cristianos o judíos podrán seguir vivos si pagan “el tributo” -es decir, si pagan impuestos a los estados islámicos, por no ser musulmanes, y poder así salvar su vida-, pero siempre serán ciudadanos de segunda categoría, sin derechos civiles iguales a los derechos de los musulmanes, hasta que se conviertan. Las mujeres, musulmanas o no, valen exactamente la mitad que el más miserable y execrable de los musulmanes varones. El maltrato a la mujer está respaldado por el corán. La discriminación por razón de sexo está establecida por el corán. Un hombre no musulmán tiene prohibido casarse con una mujer musulmana, bajo pena de muerte. El proselitismo a los musulmanes de otras creencias ajenas a islam, también está castigado con la muerte. Quienes siendo musulmanes, abandonen esta creencia, podrán ser asesinados por los otros musulmanes, sin que estos resulten castigados.

    Estas ideas se aplican en todos los países musulmanes. Para la práctica de estas ideas no hay que ser un “islamista terrorista extremista suicida”. Cualquier creyente musulmán por pacífico que parezca, lo tiene asumido como “hechos normales ordenados por su dios”. Está escrito en el corán.

    Todo esto equivale a una amenaza de discriminación contra quienes no somos musulmanes y en especial contra las mujeres. Vulnera completamente las leyes occidentales. Como ciudadanos occidentales sentimos una gravísima discriminación por parte de los musulmanes.

    Así es como consigue perpetuarse la ideología islámica: El único argumento que tiene islam es … te mato. Todo lo resuelve matando: al infiel, al apóstata, a quien incita a la apostasía, a las mujeres adúlteras, etc. Es una ideología de muerte. Pura mafia. Con todo esto, viene a Occidente presumiendo de ser una ideología de paz.

    Políticos e “intelectuales progres” de Occidente asumen con esta “alianza de ideologías” que los valores de islam deben ser los que imperen en el futuro en el actual Occidente, y colaboran en su promoción. Piensan que lo “progre” es aniquilar el tipo de sociedad que tolera el nacimiento y mantenimiento de la misma ideología “progre”, y que lo que debe favorecerse aquí es el establecimiento de una ideología islámica. Olvidan o desconocen que islam no tolera “progres”. No se han dado cuenta, de que han asumido sin saberlo aún, el papel de tontos útiles a favor de islam. Tampoco se dan cuenta que esta alianza sólo la pueden realizar en tierras de Occidente, porque en tierras de islam no sería posible esta alianza, sencillamente porque al no tolerarse la existencia de “progres”, la alianza carecería de una de las partes para componer la alianza.

    ¿Desea usted de verdad que una ideología de este tipo devore la Civilización Occidental y volvamos a la barbarie? ¿Desea usted de verdad que sus hijos y demás descendientes tengan que luchar contra o someterse, voluntariamente o por la fuerza bruta, a los dictados de los directivos de esta ideología?

    La actitud mafiosa de esta ideología, está imponiendo “el silencio” a numerosas personas en Occidente, que siendo conocedoras de las veladas pero reales amenazas de muerte que destila el corán contra quienes intenten frenarlo, no expresan abiertamente, por temor, lo que verdaderamente sienten acerca del islam.

    ¿Es esto lo que usted quiere que se nos imponga a Occidente? ¿Es esto compatible con las ideas de libertad que tenemos en Occidente?

    A lo largo de la Historia, islam ha atacado militarmente repetidas ocasiones en diversos lugares del territorio europeo. En la actualidad viene con otra estrategia, pero ¿nos creemos acaso que vienen con intenciones más pacíficas que las de hace siglos?

    Ahora, esta ideología tiene dos maneras de atacar nuestro sistema Occidental: la más llamativa es el terrorismo y probablemente será controlado legalmente y por las fuerzas policiales respectivas. La otra manera es silenciosa, y es sin duda verdaderamente peligrosa. Es la que utilizan los musulmanes más inteligentes y sutiles. Utilizan las buenas maneras, la contención y la diplomacia, aunque a veces no pueden contener lo que llevan en su interior y sin control expresan lo que sienten verdaderamente: recuérdese el caso del imán de Fuengirola.

    Se trata de ir infiltrándose en todos los pueblos y ciudades de Occidente, sin hacer ruido: asociaciones culturales, mezquitas, madrasas, exigiendo derechos a los estados occidentales, pidiendo subvenciones y terrenos al estado, las comunidades autónomas y ayuntamientos. Exigiendo la enseñanza del corán en las escuelas, imanes para los musulmanes encarcelados, comida halal en los colegios. Creación en el espacio Occidental de tribunales islámicos en los que se aplicaría la sharia. Poco a poco van instalándose y trayendo a sus familias. Las mujeres jóvenes tienen numerosos hijos, que serán futuros musulmanes. Aprovechándose de la “ingenuidad” de Occidente, la red se va extendiendo silenciosamente, sin que los ciudadanos occidentales, evadidos e intelectualmente desactivados mediante fútbol, toros, telebasura, consumismo, vacaciones y viajes de ensueño, etc. etc., apenas nos percatemos del peligro.

    Todo esto con la connivencia rastrera de los políticos promotores de la ignorancia de los ciudadanos, a quienes deberían de defender y ensalzar. ¿Acaso los políticos no tienen hijos y otros descendientes a quienes legar una sociedad estable, segura y tranquila? ¿A qué se debe la intencionalidad de abrir las puertas a elementos humanos ajenos a nuestra cultura, en la que no tienen la menor pretensión de integrarse, y que serán un motivo de intranquilidad e inestabilidad en el futuro?

    ¿Conoce usted cuántos musulmanes había en Occidente hace 30 años? ¿sabe usted cuantos musulmanes hay en la actualidad? ¿calcula usted cuantos musulmanes habrá en Territorio Occidental cuando pasen los próximos 30 años si no se legisla adecuadamente sobre este tema? ¿sabría usted calcular cuando llegarán a ser mayoría dentro de nuestro Occidente? ¿imagina usted que pasará cuando sean mayoría? ¿podrán entonces contener nuestros descendientes el seguro y previsible ataque islámico para destruir la sociedad occidental?

    Estamos completamente convencidos de que todos los defectos que tiene el sistema de vida occidental, son perfectamente mejorables desde el mismo sistema, si nosotros los ciudadanos nos lo proponemos, por eso estamos en democracia. No necesitamos que vengan desde fuera a imponernos ideologías ajenas pretendidamente mejores y superiores.

    Se hace necesario comunicar esta preocupación a los partidos políticos con el fin de que tomen y apliquen rápidamente las medidas oportunas que aseguren la tranquilidad y la seguridad a nosotros y a nuestros descendientes, así como la salvaguarda de los valores occidentales. Una magnífica prueba de que son muy válidos los valores occidentales y sus fundamentos, es que millones de personas desean venir a Occidente para beneficiarse de estos valores. Occidente es superior a cualquier otra civilización vigente en la actualidad. Tratemos de limar sus evidentes defectos para mejorarlo aún más.

    Esto es así aunque a algunas ideologías de por aquí les resulte intragable, y crean ingenuamente que “haciéndose amigos” y ayudando a los musulmanes éstos los respetarán cuando hayan conseguido sus objetivos de conquista. No los respetarán, porque son también “infieles” que no creen en su dios… y además son “progres”.

    Por un cambio drástico y contundente de las legislaciones de los países occidentales, que nos defienda de este ataque, solicitamos su apoyo. ¡Hágalo por sus hijos y demás descendientes! ¡Este gravísimo problema interno de Occidente se agrava cada día que pasa! Cada día hay más musulmanes. ¡Todos los musulmanes varones jóvenes y sanos están obligados por mandato del corán a procurar la expansión de esta ideología, aunque sea mediante la guerra de agresión! ¡Nuestra supervivencia y nuestra libertad están en juego! Y no es ninguna broma. Esto va muy en serio.

    Occidente está en una situación de estupidez espeluznante. No quiere reconocer que se está suicidando, y que su política de tolerancia y de dar alimento al islam, es sencillamente necia. Son necesarias reformas legislativas drásticas y radicales para la autodefensa occidental. Dada la situación excepcional que vivimos, quizás una revolución legal temporal en este aspecto, sería muy beneficiosa para la integridad de la Civilización Occidental. Caso contrario, Occidente será derrotado y desaparecerá para siempre. Si Occidente decae, islam está al acecho.

    Para conseguir este objetivo se hace necesaria la participación democrática y dentro de la legalidad de todos los ciudadanos occidentales que están alertados ante el peligro. Si usted se identifica con este mensaje, le ruego lo difunda a todas las personas que conozca, de su ciudad o de otras ciudades, incluso del extranjero, mediante todos los medios posibles: en persona, por teléfono, mediante msn, e-mail, y cualquier otro medio.

    Si quiere usted comunicar este texto y su preocupación personal a los partidos políticos, puede hacerlo a estas direcciones de correos electrónicos:

    Partido Socialista Obrero Español: http://www.psoe.es/ambito/actualidad/mailus.do

    Partido Popular: atencion@pp.es

    Izquierda Unida: org.federal@izquierda-unida.es

    (Puede usted dirigirse a las delegaciones provinciales y locales de estos partidos, las sedes y delegaciones de los partidos autonómicos, locales, y otros partidos minoritarios)

    Si quiere usted comunicarlo a 120 medios de comunicación escritos de España, visite esta web: hazteoir.org

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