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18.2.08

El islam inquieta a Europa


La indecisión ante el desafío sarraceno se nutre del fracaso de los modelos de integración ensayados

Las noticias concernientes al islam político y su hijo bastardo, el terrorismo, inquietan y dividen a Europa.

La somalí Ayaan Hirsi Alí, exdiputada holandesa, prosigue en Francia su angustiosa peregrinación con el estigma de la apostasía a cuestas, en busca de protección contra la fatua que ordena su asesinato.

Dinamarca captura a tres musulmanes que pretendían asesinar a uno de los autores de las viñetas de Mahoma publicadas en el 2005, juzgadas ofensivas para el profeta, y que provocaron agitación y disturbios.

El Gobierno de Ankara logra que el Parlamento autorice el pañuelo como ostentoso signo de identidad en las universidades, en medio de la repulsa de los laicistas, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, tacha la asimilación de "crimen contra la humanidad" y polemiza en Berlín con la cancillera Angela Merkel cuando esta exige "la disposición de adaptarse al modo de vida de un país". Un diálogo de sordos.

La aprensión se generaliza cuando el arzobispo de Canterbury, el inconformista Rowan Williams, heraldo del diálogo interreligioso, aboga por la adopción parcial de la sharia o ley islámica en el sistema legal de Gran Bretaña, alegando que es "inevitable" ante el avance imparable de la inmigración (dos millones de musulmanes).

Un clamor de indignación y asombro zarandeó las viejas certidumbres de la inmemorial supremacía anglosajona y protestante, aunque el primer ministro, Gordon Brown, replicó que "la ley debe aplicarse en este país fundada sobre los valores británicos".

Ante tan insólita como estridente ruptura del principio de igualdad jurídica, el presidente Nicolas Sarkozy, al presentar su plan para regenerar los guetos degradados, terció en el debate para proclamar que "no hay sitio en Francia para la poligamia, no hay sitio para la ablación, no hay sitio para el matrimonio forzado, para el velo en las escuelas ni para el odio a Francia, porque detrás de eso está la ley de la tribu".

El fenómeno multicultural, que hace apenas 20 años se creía propio de EEUU, está en Europa para quedarse. La población musulmana supera los 20 millones y genera tanto un sinuoso conflicto religioso-cultural como una pugna civilizatoria. ¿Cómo tratar la diferencia? ¿Cómo se puede integrar a poblaciones que se repliegan de forma comunitaria o tribal y se muestran reacias cuando no hostiles a algunos de los pilares de las sociedades abiertas?

LOS ARBITRISTAS

Hacen su agosto en medio de la confusión, la atonía ideológica, el relativismo, la inoperancia estratégica y las reivindicaciones étnico-religiosas, mientras el mero planteamiento de la hipótesis multicultural confirma la crisis del proyecto de modernización y el retroceso de la libertad de conciencia en Europa, que afecta no solo a los países de la Unión Europea, sino también al gran espacio ruso (Chechenia y otros territorios próximos).

La indecisión ante el desafío sarraceno en Europa se nutre del fracaso de los modelos de integración ensayados o tolerados en los principales países. El universalismo de la Ilustración y de los derechos humanos proclamados en 1789, y desde entonces sacralizados, junto con el laicismo escolar y el centralismo burocrático, no sirvieron para integrar a los seis millones de musulmanes de Francia.

No obtuvo mejores resultados Gran Bretaña con su tan cacareado respeto por la diversidad y su tolerancia hacia el comunitarismo, traducido en guetos suburbanos, a condición de que la soberanía de los Comunes siguiera en manos de los anglosajones protestantes.

Tres millones de turcos están segregados en Alemania, con escollos casi insuperables, pese a las correcciones introducidas en la hegemonía abusiva del ius sanguinis. Los más generosos esfuerzos de integración se dieron en Holanda y Bélgica, pero sus resultados son decepcionantes, incluso entre los nacidos en los dos países, y alimentan el discurso xenófobo, la vejación y el crimen. Algunos analistas describen a España como el trampolín de Eurabia.

EUROPA
No sabe qué hacer tras superar el papanatismo de creer que lo multicultural es bueno a priori, mientras se tildaba de rancio, vil o retrógrado a cualquiera que osara criticarlo. En nombre de ese paradigma multicultural y relativista, los padres de la frustrada Constitución europea recusaron en el preámbulo una escueta alusión a las raíces judeocristianas, modeladas por Grecia y Roma, de la civilización liberal y democrática.

Entre la mala conciencia y la cobardía intelectual, el afán multicultural, fervoroso entre las élites que no sufren sus inconvenientes, no sirve para establecer planes que impidan la explotación del inmigrante ni para que las minorías abandonen la pobreza que las aherroja a los dictados tribales o la prédica fanática.

Europa debe aclarar su discurso para eliminar toda ambigüedad en la defensa de los principios de su civilización, pese a la creciente diversidad cultural y religiosa.

Los criterios de Copenhague (1993), recogidos en el tratado de Amsterdam (1997), fijan los requisitos para la adhesión de nuevos países y deberían exigirse lógicamente a los emigrantes que llegan al espacio comunitario. El decálogo incluye el sistema democrático y el respeto escrupuloso de los derechos humanos, la seguridad jurídica y la asunción del acervo común, la primacía del derecho comunitario.

Falla la voluntad política y sobra el egoísmo económico.

MATEO Madridejos
Periodista e historiador.
El Periodico.com

5 comentarios :

  1. ¿Por qué y para que tienen que esforzarse para adaptarse, si Europa les permite continuar con su antiguo sistema de vida?
    Es grotesco que a estas alturas Europa este preocupada por la integración de los inmigrantes, cuando se les permite continuar con sus costumbres ancestrales formando sus propios guetos y aislarse políticamente y socialmente, de la sociedad que libremente han elegido.
    La incongruencia, con la que actúa Europa no tiene sentido, el esfuerzo solo nace de la necesidad, casi nunca por voluntad propia.

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  2. Anónimo18/2/08

    Hola a todos,
    Comparto sus preocupaciones, soy búlgaro vivo hace 7 años en América del Sur y creo que es el único lugar donde definitivamente y no obstante los problemas de clase económicos no existe problema de invasión y guerra demográfica ni religiosa, es decir que Hispanoamérica sera el monasterio y el refugio para la cultura cristiana y hábitos occidentales en unos 15-20 años.
    Europa es condenada de ser dividida, país por país, cuidad por cuidad, bario por bario etc.
    Ya podemos felicitar la inauguración de la tercera republica islámica en Europa KOSOVO, se esperan varias mas falta tiempo.
    Solo se imaginan como vivirán los serbios que se quedan atrapados en Kosovo ... Obvio que van a huir ... pero hay que considerar que esto fue su tierra durante siglos y por unos 50 años los anihilaron lo mismo pasa en y todo el mundo occidental y peor por razones económicas en las culturas eslavicas del este como de mi país natal.
    La razón mas fuerte junto con el efecto económico en los países Europeos del Este es que tenemos choque entre un doctrina tolerante contra una cobarde y agresiva. Para salir de todo esto se necesita igualar en algún modo la agresividad. No esperan que la contraparte se va a poner tolerante.

    Slds
    Georgi

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  3. Anónimo19/2/08

    Al hilo de lo que dice el coment del camarada búlgaro (personalmente les tengo mucho aprecio desde Hristo Stoikov), leo comentarios de cómo están las cosas en Alemania, Francia, España, el Reino Unido, incluso Italia, pero en este último caso siempre se refieren al norte, Milán, Roma, pero nunca, NUNCA, se dan casos e abuso musulmán en Sicilia...¿Nos estamos perdiendo algo?¿Renunciamos a algún recurso valioso?...No sé, lo dejo en el aire por si alguien responde, si lo hace algún "amicu di amici",.. "bacio in mano padrone".

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  4. El problema morisco en Sicilia es fundamentalmente el mismo que en España: es un conflicto de civilizaciones.

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  5. Alain20/2/08

    Desconozco la situación en Sicilia en relación al problema islámico que nos afecta a los europeos en general (a unos más que a otros). En todo caso es notable la falta de referencias a Sicilia en esta cuestión. Tal vez estén allí menos invadidos que en otras regiones de Italia. Ignoro ese dato.

    Aun así no descarto que el motivo de esa ausencia siciliana de la lista diaria de ataques y abusos islámicos contra los europeos se deba a alguna razón relacionada con lo que insinúa el comentario anterior, a saber la existencia de unas determinadas características culturales de la población isleña en las que no son ajenas las maneras expeditivas y violentas. Quizás esté demasiado influenciado por ciertos tópicos cinematogáficos ("vendetta", "lupara", "omertá" etc...), pero no me imagino a los sicilianos dejándose intimidar por unos recien llegados musulmanes o no. Me es díficil pensar que en Sicilia unos moros apenas bajados de la patera se encierren en una iglesia para reclamar "papeles" y profanen el altar y se orinen en la sacristía o a los pies de la Virgen (como en Barcelona hace un par de años) o se pongan a berrear por las calles de Caltanisetta reclamando una mezquita ante la indiferencia o la simpatía (como ocurre en otros sitios) de la población local. Creo más bien que la sangre llegaría al rio, y no es ninguna metáfora.

    Conozco un poco mejor la situación en Córcega (la Sicilia francesa en cierta manera). Los corsos tienen un cierto parentesco cultural (antropológico, si no es demasiado pedante expresarse así) con los sicilianos. No es necesario entrar aquí en detalles, pero existen ciertas similitudes entre ambas poblaciones. Es sin duda un estereotipo habitual, pero la verdad es que corsos y sicilianos son en cierta medida algo "primitivos" comparados con sus compatriotas de otras regiones. Y por lo tanto menos "hechados a perder" con las blandenguerías e idioteces que son el pan cotidiano de una Europa totalmente amariconada e incapaz de actuar virilmente en la defensa de sus intereses.

    En Córcega hay musulmanes, y como en todas partes hay problemas con ellos. Córcega es la única región de Francia donde la población actúa "con ganas" contra esa infecta plaga islámica. Desde hace varios años las "acciones" contra los musulmanes son contínuas... y efectivas, pues se observa el creciente éxodo de los "arabi" hacia el territorio de la Francia continental. Estos corsos no se andan con tonterias ni se dejan cretinizar con esas monsergas de mestizaje y multicultura. Y por supuesto no soportan con la cabeza gacha la agresividad y la prepotencia de los musulmanes.

    Las características culturales y sociales de los corsos no los hacen propicios a una excesiva hospitalidad hacia los extraños (sin querer decir con ello que son inhospitalarios o xenófobos por naturaleza). Digamos que no son gente a dejarse pisar los pies y menos por extranjeros. Lo que es una actitud respetable e incluso meritoria, pues una excesiva tolerancia con los extraños es siempre fuente de problemas y conflictos.

    Alain

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