15.5.07

Vade retro, Islam


Sandro Magíster es un especialista en cuestiones religiosas y en el estudio de conflictos que los siglos han venido arrastrando y que son resistentes al progreso de la inteligencia.

Los musulmanes abren mezquitas en Europa y se casan con mujeres católicas; en cambio, entre ellos persiguen a los cristianos. Al enemigo musulmán la Iglesia le pide ia par conditio (igualdad de condiciones), mientras fomenta “el conflicto secular entre los dos mundos religiosos y culturales”. Por esta razón, Magíster piensa que Juan Pablo II, por un lado, pide perdón por las cruzadas y, por otro, “haría de buena gana una moderna y pacífica cruzada antimusulmana”.

El papa Juan Pablo II pidió perdón por las cruzadas antiguas. Pero hoy la Iglesia haría de buena gana una moderna y pacífica cruzada antimusulmana, porque siente que el enemigo islámico presiona en la línea limítrofe, y sobre todo lo ve acechando y actuando también en las tierras de la antigua cristiandad: en Europa, en Italia. Esta segunda práctica es la gran novedad en el conflicto secular entre los dos mundos religiosos y culturales.

La línea limítrofe externa, el limes, corta África en dos y va desde Arabia hasta Filipinas. Las noticias que llegan al Vaticano desde esta frontera bastarían para crear la alarma. En Nigeria, con la mitad de la población cristiana y la mitad musulmana, en las primeras semanas del 2000 hubo más de mil muertos; poco antes una matanza en el norte del país por obra de los musulmanes; después, en el sur una contramatanza por obra de los cristianos. En Sudán, guerra civil interminable entre el norte musulmán y el sur animista y cristiano.

En enero pasado, veintiún víctimas en Egipto, entre ellas diecinueve cristianos, en los asaltos de musulmanes a casas e iglesias coptas. En Yemen mataron a unas hermanas de la orden de la madre Teresa de Calcuta. En Pakistán están a la orden del día procesos a cristianos por “impiedad”, que son condenados a la pena capital. En signo de protesta, John Joseph, un obispo católico, se quitó la vida en la escalinata de la iglesia. En Indonesia, después de las matanzas de Timor siguieron en las Molucas los progrom anticristianos.

La preocupación del Vaticano es que en los países con población predominantemente musulmana los cristianos no tienen igualdades civiles. En Roma los musulmanes han construido su gran mezquita, pero en Arabia Saudita no hay iglesias cristianas y el sólo hecho de tener un evangelio es delito. El Papa y sus diplomáticos tienden la mano a los jefes musulmanes moderados: en Egipto al jeque de Al Azhar, en Indonesia al nuevo presidente Abdurrahman Wahid y desde Nigeria han recibido con alivio la noticia del retiro de la imposición de la ley islámica para las minorías cristianas, chispa de las matanzas recientes.

Pero el diagnóstico general es muy alarmante. El jesuita Thomas Michel, el mayor experto vaticano del islamismo, lo formula así: “Los reformadores musulmanes, los que propugnan el regreso a la pureza originaria del Islam, ven a Occidente y a la modernidad como el enemigo. Están convencidos de que Occidente, después de haber cristianizado a Europa, quiere ahora destruir al Islam como su último bastión religioso, y en consecuencia contraatacan.”

Y lo hacen llevando su lucha a las mismas tierras del enemigo: en Europa, en Italia. He aquí la novedad que tanto alarma a la Iglesia: la apertura de un frente interno. La Iglesia tiene antenas sensibles. Sabe que el liderazgo de veinticuatro millones de musulmanes hoy presentes en Europa está cada vez más controlado por los autores del regreso a un Islam puro. Intuye el peligro: si éstos verdaderamente consideran ya muerto o agonizante al cristianismo en Europa, su objetivo no es la integración, sino la conquista.

Don Pierino Gelmini, predicador que cuenta con un considerable auditorio, dio voz a un temor difuso: “En otro tiempo venían a depredar nuestras ciudades, ahora vienen a casarse con mujeres católicas y a convertirlas.” Tampoco el apacible secretario de la Conferencia Episcopal italiana, el obispo Ennio Antonelli, brazo derecho del cardenal Camillo Ruini, se ha quedado atrás. Dijo que hay que poner un alto a las demasiadas autorizaciones de la Iglesia a favor de los matrimonios entre musulmanes y católicos; alto al ofrecimiento de iglesias y salas parroquiales a los musulmanes; sobre todo alto a la carrera del acuerdo entre el Estado italiano y la comunidad musulmana: “No está dicho que el Estado deba tener acuerdos con todos.”

Los matrimonios hasta hoy celebrados en Italia entre musulmanes y católicos son alrededor de doce mil, de los cuales anualmente un centenar tiene el placet de la Iglesia. El Islam prohibe estrictamente a una mujer musulmana casarse con un no musulmán, pero permite a un musulmán casarse con una cristiana y a ésta conservar su religión, con tal de que los hijos sean educados en la religión islámica y que la madre no pretenda tener algún derecho de custodia sobre ellos. Esto sin contar las otras desigualdades a favor del sexo masculino.

En 1995 los obispos habían puesto en guardia acerca de los riesgos a los que las mujeres católicas se iban a enfrentar. Pero el balance que hoy hacen es todavía más severo. No sólo gran parte de las mujeres casadas con musulmanes se convierte al Islam “por conveniencia”, sino que muchos de estos matrimonios se desintegran y los hijos son sistemáticamente arrebatados a las madres.

Existe además el fenómeno de la poligamia, practicada dando vuelta a las prohibiciones de la ley. El musulmán ya casado por lo civil puede contraer matrimonio con otras mujeres simplemente en la mezquita, con un ritual sin registro. Un caso italiano: Abulkar Fall Mamour, imán de la iglesia de Carmagnola, ya casado civilmente con una convertida, tomó como segunda esposa a Aisha, otra convertida que según el registro civil es Barbara Farina, la primera que obtuvo en Italia el derecho de aparecer en la foto de sus credenciales con la cabeza cubierta por el velo islámico.

En Italia, las organizaciones musulmanas que presionan por un acuerdo con el Estado también han incluido entre sus peticiones el derecho de celebrar y disolver los matrimonios según las leyes islámicas, “sin ningún efecto o relevancia civil”. Rengo Guolo, de la Universidad de Padua y el más agudo analista de las estrategias musulmanas en Italia y en Europa, comenta: “Se trata de pretender una especie de extraterritorialidad. Los efectos, con sus devastadoras implicaciones, no tardarían en manifestarse.”

Guolo distingue dos principales corrientes islamitas. La primera es la de los radicales, encendidos autores de la jihad: lucha por la fe. Son radicales los líderes del Instituto Cultural Islámico de la avenida Jenner en Milán: egipcios, sirios, algerinos, todos opositores a los respectivos regímenes de sus países. El egipcio Abu Imad es el imán de su mezquita. En su lista no hay italianos convertidos. Consideran a Occidente “casa de la guerra”, pero todavía le conceden una tregua, sosteniendo más bien a sus compañeros de militancia que luchan en su patria. Entre los países europeos, Inglaterra es la que alberga a los grupos más activos y vociferantes de islamitas radicales, incluida la representación del Frente Internacional Islámico a favor de la jihad contra judíos y cruzadas del escurridizo superterrorista Osama bin Laden.

La segunda corriente, mucho más difundida, es la de los neotradicionalistas. Su faro no es la jihad, sino más bien la hijra, la hégira, el exilio voluntario de Mahoma a Medina. En la tierra infiel europea tratan de crear espacios purificados, de intensa vida comunitaria islámica, y para lograrlo aceptan negociar con los Estados. Guolo explica: “Con los pactos quieren obtener el reconocimiento de algunos derechos de grupo sobre una base religiosa, pero sin contraer ningún pacto de lealtad hacia el Estado que los acoge, que permanece siendo impío.”

Los neotradicionalistas quieren sobreponer una nueva identidad comunitaria, supranacional, a las identidades nacionales de los musulmanes emigrados a Europa. De hecho se refieren no a las patrias de origen, sino a las grandes internacionales islámicas como la Liga Mundial y los Hermanos Musulmanes que los financian. En Italia, desde hace años tratan de unificar a la comunidad musulmana a través del control de centenares de mezquitas y buscan asumir su representación, ostentándose frente al gobierno como los interlocutores autorizados para el acuerdo.

Casi lo han logrado. El frente más activo de los neotradicionalistas pertenece al Centro Islámico de Milán y de Lombardía, animado por los Hermanos Musulmanes llegados de Siria y de Egipto, que a su vez han creado a nivel nacional la Unión de las Comunidades Islámicas en Italia. Ya en 1990 la ucoii presentó al gobierno un esbozo para el acuerdo, pero el camino se vio obstruido por el Centro Islámico Cultural de Italia, de la mezquita de Roma, guía de las embajadas árabes. La oposición llegaba sobre todo de Marruecos, que no quería perder el control de sus numerosos emigrados a favor de los aborrecidos Hermanos Musulmanes. Sin embargo, en 1998 la ucoii logró ponerse de acuerdo con Arabia Saudita, otro gran patrón de la mezquita de Roma, para aislar a Marruecos. Nació un nuevo organismo representativo: el Consejo Islámico de Italia, cuyo presidente es el sirio Mohamed Nur Dachan, quien ya era jefe de la ucoii y líder histórico de los Hermanos Musulmanes. Su vicepresidente es el convertido Mario Scialoja, ex embajador de Italia en Arabia Saudita. El gobierno italiano está listo para negociar. Pero ¿qué pasaría si escuchara a la Iglesia?

Sandro Magíster
Traducción de Annunziata Rossi

2 comentarios:

  1. Andrés10/10/07

    Hace tiempo leí, en una revista religiosa, que había aparecido muerto en Pakistán, a las puertas de un edificio público, un obispo católico. Las autoridades dijeron que se había suicidado. La revista hablaba de asesinato.
    El obispo, evidentemente, había protestado por la situación de los cristianos en aquel país. Pudo cometer un suicidio-protesta, pero no cuadra con la doctrina católica, que prohíbe el suicidio.
    Parece, pues, que se trata del mismo caso que Vd. menciona. Ahora bien, si tiene que avalen la hipótesis del suicidio, le agradecería lo hiciera saber, pues me parece más plausible la del asesinato.
    Le felicito por el blog. Hace tiempo que el tema me preocupa, como creyente católico, patriota español, ciudadano occidental y ser humano a quien nada humano le es ajeno, ni siquiera el daño que a sí mismos se están haciendo los propios musulmanes.
    Saludos.

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  2. Andrés, en estas páginas encontraras información fidedigna sobre el Obispo John Joseph:

    http://alianzacivilizaciones.blogspot.com/2004/03/la-intolerancia-religiosa.html

    http://alianzacivilizaciones.blogspot.com/2004/03/la-persecucin-religiosa-no-cesa.html.

    Gracias por tus palbras.

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