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24.4.05

Los Derechos de las minorías islámicas en Europa.


Alabado sea Dios, Creador del Universo, a Él elevamos nuestras plegarias. La paz y las bendiciones sean con el Profeta Muhammad, con su familia y todos sus Compañeros.

Este año será celebrado el 52 aniversario de los Derechos Humanos, declarados por las Naciones Unidas.
Es un deber, tomar desde el inicio de la proclamación de los derechos humanos en el mundo, los derechos civiles del musulmán que vive en países o sociedades no islámicas, o que viven bajo un sistema de gobierno no islámicos.

Entre estos derechos, se deben destacar, por ejemplo: el derecho a vivir, el derecho de profesar su religión, de instruirse, de salud, de la libre expresión, de la propiedad privada y de transitar libremente.

Es posible que se diga que estos derechos anteriormente mencionados, estan garantizados por leyes y legislaciones internacionales, como también por las constituciones de cada país.
Puede ser esto correcto, pero la práctica de la fe cotidiana de cada musulmán en países no islámicos es distinta, especialmente las referida al derecho civil (casamiento, divorcio, y herencia).

Caso contrario sucede con los no musulmanes que viven en países islámicos, quienes tienen la libertad de aplicar los preceptos y lineamientos generales de su religión. Pues los gobiernos islámicos los consideran con el principio de gozar de los mismos derechos que los musulmanes y tienen las mismas obligaciones, salvo casos concretos y específicos, por ejemplo el Zakat...etc.

¿Libertad? este es el trato que reciben los cristianos en los países islámicos, para ello sugiero acceder al Blog y leer “La persecución de los cristinos en Oriente

No cabe duda que, para cualquier observador, existen problemas y obstáculos comunes, dentro de las minorías islámicas a pesar de los diferentes lugares y problemas particulares para c/minoría. Dependiendo de situaciones políticas e ideológicas, situaciones económicas, culturales, etc. del lugar donde residen.

Algunos de estos problemas son impuestos por las sociedades donde viven y otros, son impuestos por los mismos musulmanes. Así encontramos a los musulmanes distanciados, debilitados, sin ocupar cargos de importancia en la vida política y en las decisiones de trascendencia en los países que viven.

También se observa un alto grado de impotencia por mantener su identidad islámica, sumados al mal trato psicológico y la opresión frente a su creencia, siendo un ejemplo concreto; el sacrificio de animales para su alimentación, la forma de vestirse, particularmente las mujeres, etc.

En ciertos países europeos se observan campañas de la extrema derecha, incentivando la expulsión de hijos de musulmanes, bajo pretexto de cierto nacionalismo, pretendiendo otros, insertarlos de tal forma en la sociedad hasta obtener que se disuelven dentro de ella, olvidando su fe y sus principios.

Los motivos de la pérdida de los derechos del musulmán en ciertos países, se debe a la falta de comprender el Islam por parte de ellos, intentado a veces parecerse a los habitantes de estas sociedades, terminando por imitar sus costumbres, perdiendo el interés por adquirir sus propios derechos.

Para preservar los derechos de las minorías islámicas, debemos tener en cuenta lo siguiente:

1) Realizar estudios profundos sobre estas minorías, sus actividades, influencias en las decisiones de sus respectivos países en que viven y realizar una estadística precisa.

2) Intentar hacer llegar las ondas televisivas de algún canal árabe reconocido, a América Latina y a los continente donde existan minorías, de esta forma se lograrán dos objetivos:a) la comunidad islámica se acostumbrará al idioma árabe y a su cultura y aprenderá más su religión, y los habitantes de ese país o continente comenzará a conocer el Islam y su cultura.

3) Seleccionar guías religiosos que dominen la lengua del país donde desarrollaran su Da’wa, y saber como mostrar correctamente a los no musulmanes, el espíritu del Islam.

4) Construir colegios islámicos y preservar la práctica de la fe.

5) Prevenir sobre campañas que pretendan disolver el ímpetu de la juventud, aislándolos de su fe.

6) Concienciar a los musulmanes que ellos poseen los mismos derechos y deberes que cualquier otro ciudadano de ese país. Este sentimiento patriótico los llevará a ocupar cargos de relevancia dentro de las decisiones importantes, que en un futuro inmediato influirá en las decisiones de importancia referente a las minorías islámicas.

7) Preparar islámicamente a los jóvenes según indica el Corán y la Sunna, comprendiéndolo y aplicándolo en la vida cotidiana.

8) Mantener una vía de comunicación permanente entre las minorías islámicas, y los gobiernos y organismos internacionales islámicos, quienes consideran a las minorías islámicas parte del mundo islámico. Incentivándolos a través de congresos islámicos, intercambio de ideas, etc, a valorizar que la presencia islámica en foros internacionales es extremadamente importante para el futuro de las minorías.
Hacerlos participes de la difusión de la cultura y civilización islámica, utilizando esos medios como puente para fomentar las relaciones bilaterales entre el mundo islámico y los países donde viven.

9) Estimular a las comunidades para lograr sus derechos y difundir estos logros a otras comunidades, como por ejemplo lo logrado por los musulmanes de Argentina, de establecer el gobierno argentino una ley nacional, donde es declarado día no laborable en las festividades de Hidd al Adha, y de Idd al Fitr al Mubarak, o la aceptación del adán libremente, del enfatizamiento islámico, la vestimenta del hiyab en lugares de trabajo o estudios, la práctica de la oración en bases militares, el otorgamiento por parte de los gobiernos de subsidios para colegios islámicos, consideración del matrimonio islámico como elemento legal, caso de España, etc,etc

Conclusiones Generales: Los musulmanes deberíamos tener una jurisprudencia islámica para las minorías.
Sabemos que se está desarrollando un tratado sobre (Fiqh) Jurisprudencia, para minorías que habitan en países no islámicos, y así conocer cada individuo, como desarrollar sus actividades diarias, por ejemplo; el entierro de sus muertos en cementerios no islámicos, los seguros de vida que están directamente relacionados con la usura, el trabajo en lugares donde se obligue a expender o transportar bebidas alcohólicas y carne de cerdo, la ejecución de rezos en países donde las noches son extremadamente cortas y los días muy largos, etc, etc.

Pedimos de Allah, Todopoderoso, ilumine y guíe a todos aquellos que tienen la responsabilidad de servir a su causa y DIFUNDIRLA.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullah
Arquitecto Muhammad Yusuf Hallar
Sec. General de la Organización Islámica para América Latina.
Miembro del Consejo Ejecutivo de la Muslim World League.

22.4.05

El Islam contra los infieles.

A diferencia de Eduardo Haro Tecglen, que cree que la conciencia más limpia es la de el ateo, yo estoy convencida de que la conciencia tiene poco a ver con creer o no creer. En nombre de la negación de Dios, el estalinismo mató hasta el horror, y en nombre de Dios, la historia está saciada de crímenes.

Dios, como buena entelequia, está sometido al uso bueno o perverso que se pueda hacer de Él, de manera que es mejor mantenerlo en el ámbito privado que toda trascendencia requiere. Aun así, y dado que la realidad nos trae el dolor sangrante en forma de niños asesinados en honor a Alá, y nos reproduce los ojos sin cuencas de los fanáticos de la muerte, y nos muestra (para quien quiere ver) los campos de entrenamiento dónde la infancia es destruida a manos de los padres que enseñan a odiar y a morir matando, dado que todo esto pasa en nombre de Dios, resulta difícil dejarlo fuera.

Dios, hoy, es usado para fanatizar, socializar en el odio y matar. El dios denominado Alá, pero en otros tiempos tuvo otros nombres, otros ritos y liturgias, y también educó en la intolerancia y en la violencia. Todo creyente sabe que el Dios individua puede construir almas nobles como Santa Teresa de Calcuta, pero que el Dios colectivo ha engendrado, a lo largo de la historia, terribles monstruos. Aun así, y ¿la razón? La razón, como profetizó Goya, ¿también engendra monstruos? Estoy convencida de ello, y en estos difíciles momentos, en qué la muerte nos golpea las entrañas en su forma más abrupta, quiero hablar de los guerreros locos de Dios, y de los intelectuales racionalistas que, en nombre de la razón, no están a la altura moral que la historia requiere.

Primero, los guerreros. A pesar de que la ignorancia ha devenido un patrón de conducta del análisis internacional, resulta espantoso ver como analistas de prestigio e intelectuales laureados, no tienen ni idea de lo qué hablan. O, peor aún, apelando a la solidaridad y a la justicia, mienten, distorsionan o sencillamente defienden planteamientos incomprensibles. Una de las barbaridades más lacerantes la dijo, hace pocos días, en el “Fórum de las Culturas de Barcelona, Juan Goytisolo: "Los palestinos y los Chechenos no son terroristas, sino resistentes", y el público convencido de su compromiso solidario, se comió la frase con la estupidez que caracteriza determinados cerebros planos de izquierdas. Lo cierto es que la resistencia a una situación de opresión, mítica históricamente, no tiene nada a ver con una ideología internacionalizada, de base nihilista y de planteamiento totalitario, como es el integrismo islámico.

Los guerreros enloquecidos del Islam no luchan por la libertad de nadie, sino contra la libertad. No son los defensores de los pobres, sino sus opresores. No quieren a sus hijos, sino que los odian y los convierten en máquinas de matar. Y no están a favor de resolver los conflictos abiertos al mundo, sino que los usan, se aprovechan y lo destruyen. Sin embargo, ¿considera Goytisolo que son actos de resistencia el poner una bomba en un autobús lleno de niños en Jerusalén, o tener un millar de niños aterrados, hambrientos y sedientos, rodeados de bombas, en una escuela de Beslam ? ¿Cómo puede creerlo nadie?

Más todavía, ¿como es posible que los intelectuales opinen desde la desinformación y ni siquiera no conozcan los textos de los grupos terroristas palestinos o Chechenos, dónde la intención bélica no tiene nada a ver con liberar sus pueblos, sino con crear una república islámica integrista en todos los lugares donde puedan llegar? Todo el mundo que conozca el conflicto Checheno ya sabe que hace años que se están organizando grupos de culto wahhabita (1) en las repúblicas caucásicas y que usan las cuestiones nacionales pendientes para de alimentar el fanatismo fundamentalista.

El mismo Bassaiev y su lugarteniente, el denominado "árabe negro", son cabezas visibles de este totalitarismo del siglo XXI. Un totalitarismo que, como el nazismo, no ha dejado nada sagrado fuera la sangre: la infancia, la Cruz Roja, las ambulancias, las ONGs que dan ayuda humanitaria, todo vale para una ideología que hace del culto a la muerte su código de conducta.

Ellos son los asesinos. Pero, ¿y el resto, los que no matamos? Tomando prestada la frase de Luther King , "lo peor no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos", lanzo mi acusación.

Acuso al mundo islámico de callar, de otorgar, de minimizar el carácter asesino del integrismo, de disfrazar terroristas como resistentes, de no levantar la voz para crear un gran movimiento autocrítico, de no cumplir con el deber moral que tienen con su propia cultura.

Acuso a sus medios de comunicación, con Al-Jazira al frente, de fomentar el antioccidentalismo, el antisemitismo y de practicar un paternalismo con el terrorismo que sólo puede conducir el Islam a su destrucción.

Acuso a los Tariq Ramadan y a las Nawal al Sadawi de camuflarse bajo el doble discurso en función de la lengua que hablan, y de no asumir la obligación histórica que tienen de rechazar la ideología totalitaria que ha nacido a su seno.
Como los intelectuales europeos que no estuvieron a la altura cuándo el nazismo mataba a diestro y siniestro, o cuando el estalinismo mató hasta la fatiga, los intelectuales islámicos actuales –excepto pocas excepciones- practican el antiamericanismo furibundo, justifican el terrorismo y no asumen el rol de defensores de la libertad que les sería propio.

Y, en Occidente, acuso la legión de intelectuales de izquierdas que, como los monos, ni escuchan, ni ven, pero hablan como si todavía tuvieran el cartel del Che colgado en las narices, y se pensaran que todos estos locos que van secuestrando, matando y violentando en nombre de Alá son el resurgimiento de los movimientos guerrilleros de su adolescencia.

Alimentados por el odio al gran “Satán” americano, estos intelectuales han devenido una extraordinaria coartada para la justificación de la ideología totalitaria. Exactamente igual como ocurrió con el estalinismo. De ahí que crean que Hamás es un grupo de resistencia, y no la banda de fanáticos asesinos que han demostrado ser.

De ahí que, cuando la maldad secuestra y mata la infancia, en pro de Chechenia, prefieran hablar de la culpa rusa. Supongo que estarían encantados que finalmente Bassaiev creara la gran república islámica del Cáucaso, paladín de la libertad.

La inteligencia islámica es, hoy, cómplice por minimización, paternalismo y justificación del integrismo islámico. Y la inteligencia occidental es cómplice por pura imbecilidad. En los dos casos, los que más hablan de libertad y solidaridad, más la están traicionando. Y, en el camino, traicionan el deber moral que, como intelectuales, deberían tener. "El peor es el silencio de los buenos..."

Articulo de Pilar Rahola

Personalmente añado que peor que el silencio de los "buenos" es tener el enemigo en la propia casa, el peor enemigo de Europa sin lugar a dudas es esa corriente de gobernantes e intelectuales "la quinta columna" todos ellos se identifican como progresistas, y para los cuales el resto de mortales somos considerados como ciudadanos racistas y xenofogos, lo que demuestra que sus propias ideas de la democracia y tolerancia, se semeja a un totalitarismo solo comparado a los regimenes mas dictatoriales, utilizando con desprecio todo pensamiento contrapuesto a su menoscabo de sentido común.
Ellos son los únicos responsables de la perdida de identidad política y religiosa de Europa, y el resto como siempre esperamos que el tiempo haga justicia, en mucha ocasiones demasiado tarde.


Monmar

16.4.05

Europa será islámica al final de siglo


El estudioso del islam Bernard Lewis habla sobre el estado del mundo árabe y por qué los poderosos necesitan a Israel como pararrayos.

ENTREVISTA

DIE WELT:
En su primer libro, “La paradoja de Atatürk”, usted declaró: “Después de la guerra perdida fundó Turquía y resistió a Occidente, pero estableció vías para la aceptación de la primacía de la civilización occidental” ¿Sucede lo mismo en Iraq?
Bernard Lewis:
No totalmente, puesto que Atatürk expulsó a los invasores, edificó una república y tomó la senda occidental. En Iraq, por el contrario, la dictadura fue derrotada desde el exterior. Pero también fue impuesta desde el exterior.
El poder de Saddam Hussein no estaba enraizado en la cultura árabo-islámica. Radicaba en un modelo europeo, el de los nazis.

DIE WELT:
En Iraq, los alemanes tuvieron éxito en un inicio.
Lewis:
Sí, puesto que el régimen, que instalaron los alemanes allí en 1941 mediante Raschid Alí Al Kailani fue la cumbre de su éxito. Fue un modelo que siguió al del régimen nazi, apoyado por un movimiento similar al nazi que desembocó en el Partido Baaz. La tradición política islámica ciertamente conoce la autocracia y la obediencia, pero rechaza el despotismo y la dictadura.

DIE WELT:
¿Han allanado el camino hacia la dictadura Baaz las reformas realizadas desde el siglo XIX?
Lewis:
Sí. En Iraq se trataba en aquella época de modernizar u occidentalizar. Europa era el modelo moderno entre los modernos. Pero, ¿qué significa esto? Fortalecer la autoridad central. El Estado tuvo más poder. Al mismo tiempo fueron debilitadas las fuerzas de la sociedad tradicional que habían sido un contrapeso del Estado. Se cortó todo lo que crecía orgánicamente desde el interior: comerciantes de bazar, tribus, notables territoriales y dignidades religiosas. Ninguno de ellos era nombrado por el Estado, pues sus dirigentes emanaban de la ordenación de la sociedad.

DIE WELT:
¿Qué posibilidades hay de satisfacer la cuestión palestina sin Saddam Hussein?
Lewis:
Han mejorado al pasar de no tener ninguna a tener alguna posibilidad. Los afectados ven mejor lo que antes o no conocían o no se atrevían a expresar. Por ejemplo, se hizo una encuesta en Gaza acerca de quien tenía la culpa de la miseria y sólo una minoría la atribuyó a los israelíes. Antes toda la responsabilidad habría recaído sobre ellos. Ahora los palestinos consideran responsables a sus propios dirigentes. Un gran paso.

DIE WELT:
¿Ha pasado la hora de Yasir Arafat?
Lewis:
Eso espero. Aunque él posee una meritoria capacidad de supervivencia. Un problema es la disposición de muchos a ayudarle, sobre todo en Europa.

DIE WELT:
Es un figurón.
Lewis:
Es más que eso. Ejerce los controles efectivos y recibe anualmente millones de dólares, entre otros, de la Unión Europa y ello sin una clara contabilidad.

DIE WELT:
La valla de Israel sobre la línea verde (línea del alto el fuego en 1949) o sobre el territorio ocupado, ¿es la cuestión decisiva?Lewis:
La Línea Verde tiene poco sentido pues se entiende por ella el acuerdo de alto el fuego de Rhodos después de la guerra de 1949, por lo que está claro es la línea del alto el fuego, no una frontera.

DIE WELT:
La Asamblea General de Naciones Unidas ha condenado la construcción de la valla.
Lewis:
Esto hubiese sido convincente si este organismo hubiera tomado esa decisión de un modo más ecuánime. Muy unilateralmente, apenas toma en consideración el problema del Terrorismo y de los atentados suicidas que son el motivo fundamental de la construcción de esta barrera. Israel existía desde hace tiempo, pero sin valla. Ésta es un acto de desesperación, una reacción a los atentados. Esto debiera haberlo considerado mejor la ONU.

DIE WELT:
¿Cuáles son los presupuestos para unas negociaciones entre israelíes y palestinos?
Lewis:
Cada uno de ellos debe reconocer la legitimidad y la justificación de la existencia de su Estado al otro. Cuando se parte de ahí, qué extensión deba tener Israel o qué fronteras deba tener, son cosas negociables. Aparte de esto, el terrorismo debe ser condenado. De alguna manera la cuestión palestina muy valiosa para los gobiernos de la región. El espacio árabe, económicamente, ha quedado detrás del África Ecuatorial. Los habitantes de esos países lo saben y levantan justificadamente su rabia contra sus gobiernos. Estos trasladan su ira a la cuestión palestina. Si no existiera Israel, se darían cuenta de ese fracaso económico. La ausencia de Israel provocaría que esos gobiernos tuvieran que hacer frente a la ira de sus ciudadanos por ese fracaso.

DIE WELT:
¿Cuál es la posición de Irán en las negociaciones de paz?
Lewis:
Su gobierno es un problema, pues ayuda a diversos grupos terroristas que se autodefinen religiosamente en Gaza y el Líbano. En el mismo Teherán se ha tergiversado el islam. No son únicamente antijudíos, sino también anticristianos, aunque el Corán les ordena tolerancia.

DIE WELT:
Usted previó con antelación la revolución islámica del Ayatolá Jomeini de 1979 en Irán. ¿Qué desearía predecir hoy?
Lewis:
Una revolución democrática en Irán y en Iraq. Para ello veo fuerzas originarias. Pero esto no será ni rápido ni fácil.

DIE WELT:
¿Ha mejorado la vida la revolución islámica iraní?
Lewis:
No. El nivel de vida se ha deteriorado en todos los ámbitos. Hay menos libertad, un nivel económico menor. Sobre todo a las mujeres les va mucho peor. La edad legal para casarse era antes de 18 años. En esta república es de nueve años. Han legalizado el matrimonio de niñas siguiendo las leyes de la sharia islámica.

DIE WELT:
Arabia Saudí soltó un genio de una lámpara mágica. ¿Lo pueden volver a meter ahí?
Lewis: Apenas. La situación se está tensando. Los extremistas están a la vista en sitios web. La dirección wahabita se está mostrando extremadamente fanática, intolerante y violenta. Ese no es el islam tradicional tolerante. Hoy hay allí masacres cometidas por extremistas sunníes que asesinan a chiítas orando. Esta es la nueva versión wahabita del islam.

DIE WELT:
¿Podría una mejor educación desarticular el profundo complejo de los árabes hacia los occidentales?
Lewis:
Sí, pues existen personas capacitadas. Antiguamente contaban con los mejores investigadores. Pero después retrocedieron. Una causa de ello es el agotamiento de la investigación. En la Edad Media las sociedades islámicas fueron muy activas y creativas. ¿Por qué perseveraron estas personas de repente en su ABSEITS intelectual? Algunos dicen que esto fue consecuencia de la decadencia de la economía.
Otro dato fue el descubrimiento de América. Esto fue con toda seguridad una de las causas del predominio de Europa. Europa descubrió el Nuevo Mundo, los países del oro y la plata, los terrenos para nuevas simientes. Para ello se realizaron avances tecnológicos y se mudó hacia la Europa moderna. Pero, ¿por qué no descubrieron América los musulmanes? También tenían una costa atlántica.

DIE WELT:
Los europeos construyeron barcos con capacidad de cruzar el Atlántico, los musulmanes los construyeron más ligeros para cruzar el Mar Rojo y el Océano Índico.
Lewis:
Exacto. Cuando los barcos europeos llegaron a aguas del Asia Oriental tenían ventajas, al estar construidos para navegar por el Atlántico: más cañones, tripulación y mercancía.

DIE WELT:
¿Fue otra causa el trato dado a las mujeres?
Lewis:
Sí, uno de los grandes logros de la Cristiandad es la aceptación generalizada de la monogamia. Todas las demás civilizaciones habían permitido la poligamia. El Cristianismo fue la primera religión mundial en la que sólo se permitía una mujer. Como ya en su momento subrayaron los autores turcos, las mujeres no sólo son la mitad de la población, sino que son también las madres de la otra mitad.
Los niños, que crecían con una mujer educada, alcanzaban con seguridad más cosas en la vida que los que estaban con madres analfabetas. A pesar de ello, los territorios islámicos vivieron sus períodos de florecimiento.

DIE WELT:
¿Quizás las mujeres en el islam primitivo fueron mejor tratadas que en momentos posteriores?
Lewis:
Así es. En las dinastías europeas las mujeres y las hijas eran importantes. Las madres permanecían en el árbol genealógico. Entre los Osmanes, por contra, a menudo desconocemos quienes eran las madres. Eran en su mayoría concubinas anónimas de los harenes. Esto no era así en el islam primitivo. Entre los califas y la dinastía Omeya (del 661 al 750 d.C.) las madres eran mujeres libres. El sistema de harén llegó después.

DIE WELT:
El islam en su día actuó como un gran portador de paz en sus propios espacios.
Lewis:
Ciertamente, aunque naturalmente, hubo guerras entre ellos, como la de los sultanes turcos contra los shas persas. Pero eran pocas en comparación con la historia militar europea cuyas numerosas guerras, por cierto, también impulsaron la tecnología militar. Aparte de esto, los europeos debieron aprender muchos idiomas para poder entenderse.
En las regiones islámicas, por contra, había tres lenguas decisivas: árabe, persa y turco. Los europeos, sin embargo, no sólo debieron aprender las lenguas de sus vecinos, sino también las de sus predecesores para poder leer escritos tales como los del Viejo y Nuevo Testamento: hebreo y griego.

DIE WELT:
¿Qué país puede considerarse como un modelo educativo: Iraq, Palestina, Egipto o Turquía?
Lewis:
Hace años habría señalado a Túnez, pero allí se ha declinado. El gobierno se hizo menos liberal, más autocrático. Túnez contaba en su momento como la vanguardia en apertura, educación y derechos de las mujeres. Ahora está retrocediendo, al revés que Marruecos.

DIE WELT:
La lucha contra Al Qaida, ¿va a durar decenios?
Lewis:
Creo que es un proceso largo y los resultados no son de ninguna manera seguros. Se debe tomar en cuenta la posibilidad de que Al Qaida gane. Tienen muchos aliados en Occidente, conscientes e inconscientes. Entre los conscientes cuento las crecientes minorías islámicas y los conversos en Europa. Ésta se comporta ahora de forma parecida a como antes lo hacía con el comunismo, pues a los infelices de Occidente les gustaba que se les dieran respuestas unívocas. Esa es también la fuerza de atracción de las personas al islam radical. Les proporciona convicciones y certezas, les da el sentido de una misión. Aparecen unidos, mientras las democracias lo hacen profundamente divididas.

DIE WELT:
¿Se acerca entonces un imperio islámico global?
Lewis:
En las democracias parece que las personas se odian más que a los adversarios exteriores. La debilidad y la división parece que dominan al lado occidental. La política en Europa no ayuda a superarlo, en especial la política francesa y alemana.

DIE WELT:
¿Es Al Qaida aún lo suficientemente poderosa para cometer un atentado parecido al del 11 de septiembre de 2001?
Lewis:
Sí. Antes de aquel atentado hubo una larga sucesión de ataques a instituciones americanas. Los radicales se vieron estimulados puesto que faltó una auténtica fuerza para hacerles frente. Después del 11 de septiembre quedaron impactados por la dureza de la nueva administración USA en Afganistán e Iraq. Entonces Al Qaida vio en los debates occidentales debilidades y división. Naturalmente se sintieron con ánimos renovados y volvieron a empezar, entre otros sitios en España, pues ésta retiró sus tropas de Iraq. Sin duda habrá nuevos ataques.

DIE WELT:
¿Qué causas existen para la división entre USA y la UE?
Lewis:
Desde alguna perspectiva podría cambiar el nombre de la UE para denominarla “cooperativa de envidias”. Está muy claro que los europeos alimentan reservas contra América que han sido llevadas muy lejos. Por eso los europeos entienden bien a los musulmanes, porque también se sienten adversarios de América.

DIE WELT:
¿En qué podría consistir la especialidad de una política alemana respecto al Oriente Próximo y Medio?
Lewis:
En la prudencia, en contrapesar el exceso de sentimiento y la irracionalidad de la política francesa.

DIE WELT:
¿Constituirá la UE un contrapeso global a América?
Lewis:
No. Junto a los Estados Unidos serán actores globales China, India y, posiblemente, una Rusia recuperada. Seguramente nadie sabe qué tipo de poder habrá en Moscú, pero ciertamente no será comunista. Europa será una parte del occidente árabe, del Magreb. A favor de ello cuentan la emigración y la demografía. Los europeos se casan tarde y no tienen ningún o muy pocos niños. Pero existe una fuerte emigración: turcos en Alemania, árabes en Francia y pakistaníes en Inglaterra. Estos se casan pronto y tienen muchos niños. Siguiendo las tendencias actuales habrá mayorías musulmanas en la población europea lo más tarde a finales del siglo XXI.

(Publicado en DIE WELT, el 28 de julio de 2004)



“Europa será islámica al final del siglo, esto asegura el estudioso del islam Bernard Lewis También afirma que la U.E no será un contrapeso para EEUU. Junto a los Estados Unidos serán actores globales China, India y, posiblemente, una Rusia recuperada.

Europa será una parte del occidente árabe, del Magreb. A favor de ello cuentan la emigración y la demografía. Los europeos se casan tarde y no tienen ningún o muy pocos niños. Pero existe una fuerte emigración: turcos en Alemania, árabes en Francia y pakistaníes en Inglaterra. Estos se casan pronto y tienen muchos niños. Siguiendo las tendencias actuales habrá mayorías musulmanas en la población europea lo más tarde a finales del siglo XXI.

Interesante pronostico… del Sr. Bernard Lewis sobre todo si tenemos en cuenta que todo lo que anuncia esta aconteciendo.

15.4.05

La quimera de al-Andalus



Titulo: La quimera de al-Andalus

Autor: Serafín Fanjul

Pese a ser un tópico mil veces repetido, la denominada singularidad de al-Andalus en la realidad no lo fue tanto. Sólo una visión localista -en la cual han incurrido tanto detractores como fervorosos partidarios- que olvide el islam medieval y moderno en su conjunto puede insistir en esa mixtificación histórica y desconocer que la Península Ibérica no fue la única tierra de confrontación entre esa religión y su cultura correlativa y las propias de los países conquistados por los árabes:
SICILIA, BULGARIA, GRECIA, YUGOSLAVIA, INDIA... también son territorios en los cuales el islam entró por la fuerza de las armas y acabó reculando por la reacción a largo plazo de las poblaciones respectivas o por la aparición de conquistadores nuevos.
La Hispania medieval no constituyó una excepción, ni siquiera en Europa, como lugar de afincamiento y retroceso de la religión musulmana y, sin embargo, tal idea está presente de modo subliminal y repetitivo, cuando no declarado, en discursos políticos, ensayos, prensa, televisión y en un imaginario colectivo más y más falseado en la medida en que se busca cuartear la imagen de España como nación.

Al-Andalus no fue ningún paraíso ni algo ajeno a los países islámicos medievales, sino uno más de ellos. Contribuir a desmitificar esa etapa de la historia de la Península es tarea necesaria que la presente obra acomete sin complejos.

Biografía: Serafín Fanjul es Catedrático de Literatura Árabe en la Universidad Autónoma de Madrid, autor de Al-Andalus contra España. La forja del mito (Siglo XXI, 2000), así como de diversos estudios literarios (Literatura popular árabe, Canciones populares árabes y El mawwal egipcio) y de varias traducciones de obras cimeras de la literatura árabe (Libro de los avaros de al-Yahiz, A través del islam de Ibn Battuta, Maqamas de al-Hamadani o Descripción general de África de Juan León Africano); también ha publicado un libro de relatos breves (El retorno de Xan Furabolos) y dos novelas (Los de Chile y Habanera de Alberto García).

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11.4.05

Sin Raices


SIN RAICES: EUROPA, RELATIVISMO, CRISTIANISMO, ISLAM

EDICIONES PENINSULA, S.A.

Autor: Ratzinger Joseph y Pera, Marcello


Europa ha firmado un Tratado Constitucional que es un auténtico galimatías ya en el título mismo. Después de tanta retórica sobre la «reunificación del continente», tiene también dificultades para la simple ampliación.

Sus miembros están divididos acerca del escaño en la ONU, la guerra de Irak, la posguerra, las relaciones con Estados Unidos, las relaciones con Israel, las organizaciones terroristas, y la política de defensa, inmigración y seguridad.
Está retrocediendo demográficamente y tiene dificultades para competir en los mercados globales.
Convocada a votar por su Parlamento, no acude a las urnas.
Y, llamada a definir su identidad, se niega a explicitar sus raíces culturales y religiosas.

Parece Babilonia, pero es la Europa de hoy. La que predica la idea relativista de que no existen valores universales, ni siquiera esos grandes principios que civilizaron al mundo. La que se manifiesta por la paz incluso cuando se le advierte de la «guerra santa» del fanatismo islámico.

La que, para no llamar a los problemas por su nombre, utiliza un «lenguaje políticamente correcto».

Y la que se dice laica cuando en realidad está practicando una forma dogmática y arrogante de ideología laicista.

Un hombre de Estado y un hombre de Iglesia confrontan aquí sus análisis personales sobre la situación espiritual, cultural y política de Occidente y, en particular, de Europa. Y, pese a partir de posiciones distintas, descubren una convergencia sustancial en cuanto a las causas de esta crisis y de los remedios que podrían atajarla.

BIOGRAFIA

RATZINGER, JOSEPH

Estudiante en la Universidad de Munich, ordenado sacerdote en 1951, profesor de teología sucesivamente en Bonn (1958), Münster (1963), Tübingen (1966) y Regensburg (1969), publica varios tratados de teología, entre los que destaca su Introducción al cristianismo' ( 1ª. edición alemana en 1968). Durante el Concilio Vaticano II, actúa como consejero del cardenal Frings, y colabora estrechamente con K. Rahner en la elaboración de documentos contra los criterios y métodos del Santo Oficio, y en favor de las posiciones más reformistas.
En 1977 es nombrado por Pablo VI arzobispo de Munich. Desde noviembre de 1981, en que Juan Pablo II le nombra Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, asume varios y destacados procesos de investigación y control de la ortodoxia. Es elegido Papa en abril de 2005, adoptando el nombre de Benedicto XVI.

MARCELLO PERA

Prestigioso político y Presidente del Senado Italiano, Marcello Pera es sobre todo un Profesor, un maestro. Un pensador digno heredero de la mejor tradición filosófica occidental. En sus palabras descubrimos las enseñanzas de su maestro Popper; también descubrimos un profundo conocimiento de la filosofía de Kant, de Hume, de Descartes o de Tomás de Aquino. El Profesor Pera es ante todo un filósofo dedicado al noble arte de la política.

Catedrático de Filosofía de la Ciencia, Marcello Pera es fiel representante del pensamiento liberal, moderado y reformista europeo. Desde el liberalismo, nos enseña una cuestión fundamental; el respeto a los demás sólo es posible desde una profunda convicción en los propios valores. Valores comunes a creyentes y no creyentes, a cristianos y no cristianos que han cimentado Europa.
Por ello, el Profesor Pera denuncia incansablemente los males que afectan a nuestras sociedades; el malestar espiritual, la crisis de identidad, el pensamiento débil. En una época de relajamiento intelectual y moral, el relativismo se ha convertido en un dogma religioso.

Pero el relativismo es intelectualmente débil y tiene unas nefastas consecuencias políticas. En política no todos los valores son iguales, porque la radical dignidad del ser humano es superior a cualquier otro valor. Por ello nuestra cultura ha desarrollado la democracia, el pluralismo, el Estado de derecho que disfrutamos hoy.

Realidades que son típicas, originarias y propias de Occidente. Todo ello nos proporciona un bienestar social y económico desconocido fuera de nuestras sociedades. Debemos aspirar a que otras personas disfruten de ello como lo hacemos nosotros, abriéndolas a ellas. Debemos también defenderlos celosamente de los nuevos riesgos y amenazas. Este es el reto que hoy se nos presenta.

Como dice el Profesor Pera, si no somos conscientes del valor de nuestra cultura, no sentiremos la necesidad de defenderla. Occidente debe ser consciente de que el milagro democrático es obra suya. La democracia, los derechos humanos, la sociedad civil y la separación Iglesia-Estado son valiosas aportaciones de la civilización occidental que no debemos perder. La sociedad abierta es el más importante legado cultural y político de Occidente. Es nuestro deber cuidarlo y mejorarlo para los demás. Para ello debemos ser conscientes de su valor.

Como afirma el prólogo de la obra de Marcello Pera y del ahora Papa Benedicto XVI, "peor que vivir sin raíces es ir tirando para sobrevivir sin futuro".

El entonces cardenal y el intelectual no-creyente coincidían en lo fundamental; no podemos sentirnos culpables de la gran aportación de nuestra cultura al mundo. El diálogo con otras culturas es hoy una necesidad sólo posible desde la conciencia del valor de nuestras ideas. Renunciar a ellas es renunciar al diálogo.

Como su maestro Popper, Marcello Pera denuncia todo dogmatismo intelectual y político. Proclama la superioridad de la sociedad abierta sobre la sociedad del miedo. Estas ideas son hoy tan valiosas como cuando "La sociedad abierta y sus enemigos" fue publicada hace sesenta años.
El Profesor Pera es fiel reflejo de ello. Con él, debemos repetir lo evidente; La democracia es mejor que la teocracia. La libertad, mejor que la tiranía. Ideas evidentes que no podemos perder de vista.

10.4.05

«Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la catedral»


Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la catedral
Autor: George Weigel
Editorial: Ediciones Cristiandad
Las ocho dimensiones de la cristofobia
El extracto del libro «Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la catedral» de George Weigel, nos lo ofrece Zenit.org con permiso del editor.

Antes de abordar ese problema, detengámonos un momento en el empleo provocativo que hace Weiler del término «cristofobia». Cuando afirma que la resistencia a reconocer las raíces cristianas del presente democrático de Europa es la expresión de una cristofobia, ¿qué quiere decir, exactamente?

En realidad, hace referencia a ocho aspectos que, tomados en conjunto, constituyen una red ideológica que, en opinión de Weiler, hace virtualmente imposible percibir --y mucho menos, reconocer-- la posibilidad de que las ideas, la ética y la historia cristianas tengan alguna relación con una Europa comprometida con los derechos humanos, con la democracia y con el imperio de la ley.

1 - El primer componente de esa cristofobia es la experiencia del Holocausto en el siglo XX, y la convicción que se tiene en círculos intelectuales y políticos europeos de que las atrocidades genocidas de la shoá fueron consecuencia lógica del antijudaísmo cristiano que atraviesa la historia europea.

Por consiguiente, una Europa que grita. «¡Nunca más!» ante la tragedia de Auschwitz y todas las otras, tiene que decir «¡No!» a la posibilidad de que el Cristianismo tenga algo que ver con una Europa tolerante.

2 - El segundo elemento --la enumeración de Weiler no sigue un orden específico de gravedad-- es lo que él llama «mentalidad de 1968». La rebelión de los jóvenes contra la autoridad tradicional, que convirtió el año 1968 en un fenómeno de mayor calado en Europa que en Estados Unidos (donde, en ese mismo año, se vivieron los asesinatos de Martin Luther King Jr. y Robert F. Kennedy, vastas movilizaciones urbanas, el colapso de la presidencia de Johnson, y el caso Woodstock) continúa hoy, de una u otra manera, en los encanecidos veteranos de 1968 que ahora disfrutan de una buena posición en los parlamentos europeos, en los gobiernos, en las universidades, en los círculos literarios y en los medios de comunicación.

Parte de esa revuelta de 1968 fue su rebelión contra la tradicional identidad y conciencia cristiana de Europa. Completar el 1968 a través del proceso de integración y constitución europea significa hoy llevar a término la supresión del Cristianismo, privándolo de su posición relevante en la vida pública europea.

3 - El tercer componente de la cristofobia, según Weiler, está formado por un regreso ideológico y psicológico a la revolución de 1989 en Europa Central y Oriental. Fue ésta una revolución no violenta que contribuyó a extender la democracia en Europa más que ningún otro fenómeno desde la derrota de Hitler, y fruto de una profunda y decisiva inspiración cristiana. Sus principales promotores, el papa Juan Pablo II, luteranos de la antigua Alemania Oriental, cristianos checos de varias denominaciones, y católicos de Polonia y Checoslovaquia, trabajaron codo con codo con antiguos disidentes políticos para derrocar el antiguo régimen y reinstaurar la democracia en el imperio territorial de Stalin.

En opinión de Weiler, se trató de una experiencia desquiciante, de una revolución por la democracia, en gran parte inspirada por cristianos y dirigida contra un hiper-secularismo instalado en la política del momento, concretamente en el comunismo. El choque con la sensibilidad de los promotores de la revuelta de 1968, muchos de los cuales no eran exactamente adictos a la causa anticomunista, fue bastante violento. La consecuencia fue una negativa a sumarse a la causa. Y así continúa ese aspecto de la cristofobia.

4- El cuarto elemento de la cristofobia europea contemporánea es más abiertamente político. Se manifestó en la continua quiebra del papel dominante que antaño habían desempeñado los partidos políticos cristianodemócratas en la Europa de la posguerra, y no solo en países corno Alemania e Italia, donde los cristianodemócratas acaparaban la mayor parte de los votos, sino también en la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, luego en el Mercado Común, y finalmente en la formación de la Comunidad Europea.

Años de sequía política, con los cristianodemócratas en imparable ascenso, y en combinación con un olvido deliberado de la inspiración cristiana del proyecto europeo, dejaron profundas cicatrices en la izquierda europea y entre los fautores del secularismo. Todo eso forma parte de la cristofobia de hoy.

5 - El quinto elemento es la tendencia de Europa a encuadrar todas las realidades en categorías de «derecha e izquierda», para luego identificar el Cristianismo con la derecha, es decir, con un partido que la izquierda define como xenófobo, racista, intolerante, fanático, estrecho de miras, de corte nacionalista, y todo lo que Europa no debería ser.

6 - La sexta fuente de la cristofobia europea contemporánea es, en opinión de Josef Weiler, el rechazo de la figura del papa Juan Pablo II por parte de los secularistas y los católicos disidentes. El innegable papel del Papa en avivar la revolución de la conciencia, que hizo posible la revolución política de 1989 en la Europa Central, su apoyo a la democracia en Latinoamérica y en Asia Oriental, su cerrada defensa de la libertad religiosa para todos, su considerable impulso para reconstruir las relaciones entre católicos y judíos, su oposición a la guerra y al aborto (por no mencionar su enorme autoridad personal y su gran popularidad entre los jóvenes), todo eso encaja difícilmente en la línea de posmodernidad que cobra cada día mas fuerza entre los partidarios del secularismo y entre los católicos disidentes.

Éstos insisten en que el Papa es, necesariamente, un personaje premoderno, del que no se puede esperar nada serio que contribuya al futuro democrático de Europa. La alternativa, es decir, el hecho de que Juan Pablo II sea un hombre completamente moderno que ofrece otra lectura, quizá más penetrante, de la modernidad, no se puede sostener en absoluto.

7 - En séptimo lugar, la cristofobia en la Europa de hoy se alimenta de una visión distorsionada de la historia europea que (como sucede frecuentemente en Estados Unidos) carga el acento en las raíces de la Ilustración, que son las que alimentan el proyecto democrático y al mismo tiempo excluyen virtualmente las raíces históricas y culturales de la democracia en la Europa cristiana anterior a la Ilustración.

Tanto creyentes corno no creyentes han interiorizado esa meta-narración. De modo que, quizá, nadie podrá admirarse de que el borrador del preámbulo a la Constitución Europea abriera una gigantesca brecha desde los griegos y romanos hasta Descartes y Kant, al presentar las fuentes históricas de la democracia europea contemporánea.

8 - Finalmente, Weiler sugiere que los hijos de 1968, ahora en plena madurez y ya próximos a la jubilación, se sienten contrariados y confusos por el hecho de que, en muchos casos, sus hijos se han hecho cristianos.

Los que crecieron como cristianos, pero al final de su adolescencia o en su primera juventud rechazaron la fe y la practica religiosa, están perplejos e incluso indignados por el hecho de que sus hijos hayan vuelto a Jesucristo y al Cristianismo para llenar el vado de sus vidas.

Por mi parte, después de haber contemplado personalmente esa nueva floración durante el viaje de Juan Pablo II a París en 1987 para participar en la Jornada Mundial de la Juventud, cuando prácticamente toda la Francia bien pensante se maravillaba de la masiva presencia de jóvenes católicos llegados de todas partes para celebrar en compañía de su héroe religioso su fe recién recuperada, me inclino a pensar que en este punto, igual que en los precedentes, Josef Weiler está en lo cierto. Pero sobre esta experiencia volveré mas adelante.

Fuente: Zenit.org

9.4.05

La amenaza de la Inmigración sin límites



El pensador italiano Giovanni Sartori, el 'príncipe' de la ciencia política de la izquierda liberal de Europa, sostiene que la llegada incontrolada de inmigrantes que no quieren integrarse supone un riesgo para el pluralismo y la democracia.


Giovanni Sartori ha estado en Madrid presentando lo que no sólo él llama un panfleto en el mejor sentido del término fraguado en el siglo XVIII. Es un análisis lúcido, político y sociológico, que concluye en lo que supone un apéndice provocador y refrescante, para muchos muy cuestionable o condenable incluso, en todo caso controvertido.

Es un libro-panfleto breve que habrá de tener en cuenta, le guste o no, todo aquel que realmente piense en serio sobre el mayor reto para las sociedades desarrolladas en las próximas décadas, la inmigración o la incursión descontrolada de personas de culturas diferentes o antagónicas que buscan un porvenir en un medio social que les es ajeno, siempre difícil y que muchas veces consideran hostil.

Este liberal de izquierdas de quien mucha izquierda abomina, dice muy claramente lo que tantos otros piensan difusamente y no se atreven a formular por miedo a ser tachados de desviacionistas, reaccionarios o incluso racistas.

Hoy que tantos temen pecar de incorrección política y ser condenados al ostracismo político e intelectual por opiniones que no concuerdan con las verdades al uso, Sartori vuelve a mostrarse como el pensador valiente que siempre ha sido. Dicen algunos que demasiado valiente para ser consistente. Es posible. En todo caso, sin él u otros como él, el debate sobre la sociedad moderna en general, y en este caso sobre la inmigración en particular, sería más triste, sumiso y romo.

Por eso es siempre de interés leerle y, para quienes hayan tenido la suerte de poder hacerlo, un lujo escucharle. Es tan difícil terminar una conversación con Sartori como empezarla. Cualquier referencia lo lanza a un discurso lúcido, pletórico de sentido del humor, ironía y complicidad y brillantez en la exposición de sus reflexiones sobre las fórmulas de coexistencia humana en lo que llama 'la buena sociedad'.

Pregunta. Profesor Sartori, llama un poco la atención el hecho de que el cardenal Biffi, de Bolonia, provocara un inmenso revuelo con sus manifestaciones sobre la conveniencia de fomentar una inmigración cristiana y prevenir la musulmana. Hablaban de cruzadas fundamentalistas del Vaticano y todo tipo de razones aviesas. Usted, en su nuevo libro, viene a defender la misma tesis. Con usted se meten mucho menos. ¿Por qué?

Respuesta. Pues probablemente porque el cardenal es más importante que yo.

P. No me sea usted modesto.
R. Siempre hay que intentarlo. Yo creo que es difícil de explicar en cuanto a las diferencias. Yo no estoy de acuerdo con Biffi en que hay que preferir a unos inmigrantes cristianos a unos musulmanes.
Eso es un criterio religioso que yo respeto, pero no puedo compartir. Yo hablo desde un punto de vista absolutamente laico.

En términos culturales. En cuanto al argumento de que la civilización occidental y el islam actual son fundamentalmente incompatibles, creo que es cierto y estoy dispuesto a defenderlo. Pero no creo que nuestro argumento, el de Biffi y el mío, sean el mismo. No creo que él y yo estemos defendiendo la misma sociedad; él defiende la sociedad cristiana; yo, la que llamo la 'buena sociedad', la sociedad pluralista.
Lo que pasa en que en ciertos puntos estamos de acuerdo, porque las bases históricas y culturales de las que parte son correctas. Las premisas son muy diferentes, así como las perspectivas.
Yo parto de unas premisas políticas y éticas, pero laicas, y él es un católico.

P. Pero usted habla en todo caso de diferentes religiones y culturas del mundo que son más integrables que otras en nuestra sociedad occidental, en la sociedad abierta de que hablaba Popper, aunque en su época, cuando fraguó el término de la sociedad abierta, nadie se enfrentaba a estos desafíos actuales.

R. Entonces no existían tales problemas. En todo caso, si usted habla de religión, hay diferencias. La comunidad pluralista es para mí esa 'buena sociedad' que se caracteriza por que, dentro de la diversidad, genera consenso e integración. Si nuestra civilización, la democrática liberal, se basa en convicciones realistas que preceden a las construcciones constitucionales y que son, por medio de la tolerancia, la columna vertebral de nuestro sistema de creencias. Este sistema es hoy perfectamente ajeno a las creencias religiosas.

Con esta premisa, digo que las dos cuestiones están en plantearse si los inmigrantes que llegan desde el sur a Italia y España son gentes fáciles de integrar y, sobre todo, si tienen la voluntad de integrarse. Yo creo que no tienen ningún deseo de integrarse salvo excepciones. E incluso si desearan hacerlo serían los más difíciles de integrar, ya que su sistema de creencias y de valores difiere totalmente del nuestro.

P. ¿Qué es lo que hace a chinos, indios u otros pueblos no occidentales inmigrantes preferibles a los de religiones 'vigorosas y totalitarias', como las llama usted, por ejemplo, la islámica?

R. En el libro yo hablo poco de ello y en realidad no hago nunca consideraciones étnicas. Si las hiciera, daría igual que fueran chinos, indios u otros. Son tan diferentes como los otros y, sin embargo, no crean reacciones xenófobas.

Se trata de un problema cultural, político y ético. Si fuera étnico serían rechazados todos por igual.
Pero el rechazo y la reacción la genera culturalmente el islam, que es una religión pública, no privada, una religión muy fuerte y autoafirmativa.
Las religiones sincretistas son privadas y no afectan a la cosa pública.
Pero el islam, que pasa ahora con un fuerte renacimiento, es, yo diría hoy que absolutamente, al cien por cien, incompatible con la sociedad pluralista y abierta en Occidente.

Aunque los islamistas son muy diferentes entre sí, ellos tienen un concepto del mundo propio que nada tiene que ver con el colectivo de individuos con una base común, como somos las sociedades occidentales.
Los principios de las dos culturas son antagónicas y son ellos los que nos consideran a nosotros los infieles aunque estén aquí (en Europa), no nosotros a ellos.

LA SOCIEDAD ABIERTA

P. ¿Cuánto puede abrirse esta sociedad, en su opinión, sin que esté en peligro su subsistencia por lo que usted califica de enemigos culturales? ¿Hasta dónde se puede llegar sin hacer peligrar la cohesión y provocar esa fragmentación que usted teme?

R. No es fragmentación, es algo mucho peor, es la disolución balcánica de nuestras cualidades pluralistas. Lo que es muy posible. La sociedad abierta, como contraposición a la cerrada, ya no es la que nos conceptuaba Popper.

Se trata de establecer cuán abierta puede ser una sociedad abierta para seguir siéndolo. Se trata de poder definir el valor de la diversidad, la solidez del pluralismo, la importancia de la tolerancia.
El pluralismo tiene una larga historia en Occidente. Comienza al final de las guerras religiosas del XVII. Entonces comienza a cuajar el concepto de que la diversidad no es dañina, sino un valor añadido, y a partir de ahí se desarrollan la tolerancia, el consenso y el pluralismo, sobre estas piezas se ha de basar la sociedad abierta para que no se colapse.

Estas nociones no son infinitamente elásticas. La apertura total que supone la entrada indiscriminada de todo aquel que quiera hacerlo nos deja sin espacio ni para respirar, pero además supone la entrada de fuerzas culturales ajenas y enemigas al sistema pluralista nuestro.

Hay tres criterios para establecer la supervivencia en diversidad.

- El primero es la negación del dogmatismo, es decir, precisamente todo lo contrario que predica el islam. Cualquier cosa que uno haga tiene que ser explicada por argumentos racionales. Todo acto tiene que ser explicado. No vale eso de que Dios lo dice, o que es así.

- El segundo es que ninguna sociedad puede dejar de imponer el principio de impedir el daño y esto supone que todas nuestras libertades siempre acaban donde supondrían un daño o peligro de daño al prójimo.

- Y el tercero y quizás más importante es el de la reciprocidad. La reciprocidad dentro de la doctrina de la tolerancia supone que no podemos ser tolerantes con la intolerancia.
Yo soy tolerante como anfitrión, pero tú tienes que serlo asimismo desde tu papel de huésped.
La religión católica ha sido durante mucho tiempo muy intolerante, hoy no se lo puede permitir. Aunque muchas veces quisiera. Ya ha perdido para siempre la ocasión de serlo.
Pero el islam sigue pensando en el poder de la espada.
Y la obligación en estas religiones es distinta.
A la Iglesia católica no le gusta que se vayan sus creyentes, pero se tiene que aguantar. La islámica no te lo permite.

P. Usted critica mucho las tendencias multiculturalistas. Me ha recordado a Harald Bloom y a sus ataques contra ese relativismo cultural que, según él, tanto daño ha hecho a sociedad y cultura en EE UU y que, según usted, hace peligrar la cohesión pluralista incluso en EE UU.

R. Sin duda. Harald Bloom, un hombre muy inteligente, hablaba del multiculturalismo como -y yo estoy de acuerdo- una ideología. Yo lo que digo es que el multiculturalismo en sí es una ideología perniciosa, porque fragmenta, divide y enfrenta y lleva directamente a un proceso cuyo fin posible es la antítesis del pluralismo.

P. Dice usted que el pluralismo ha sido un proceso largo cuyo comienzo sitúa al final de las guerras europeas de religiones en la Paz de Westfalia en 1648 y en el que desde entonces, pese a todos los traumas y desastres europeos, se han ido sumando cultura y tolerancia. Viene a decir que el pluralismo, por medio de una integración voluntaria y racional, suma valores, mientras el multiculturalismo fracciona y fragmenta, crea pequeñas sociedades cerradas, de necesidad identitaria en las que ya se disuelve la premisa de que todos los ciudadanos son iguales y liquida así la ciudadanía, balcaniza.

R. Ahí hablo de tres niveles: uno es el nivel de creencia en que la diversidad es buena, después también está la necesidad de una estructura plural que supone compensaciones cruzadas y afiliaciones múltiples.

Es una estructura, como dice, de sumar, sobre el principio de la afiliación múltiple y voluntaria. Tiene que ser una sociedad en la que la multiplicidad de compromisos niega esa autoridad a la religión, al origen y otros factores o mitos que acaban dando a Dios una fusta dominadora determinante.

P. Insiste usted mucho en la necesidad de la reciprocidad entre inmigrantes y, llamémoslos huéspedes. ¿A qué se refiere?

R. Nunca he pensado en ello como eso que algunos dicen que para abrir una mezquita en Italia hay que inaugurar una iglesia católica en Arabia Saudí. Me refiero a algo distinto.

La reciprocidad supone que, si entras en un país que no es el tuyo y te beneficias de ello, considerando que no se te ha obligado a acudir al mismo, entonces debes atenerte a los valores básicos de la sociedad que te acoge.
Si no lo aceptas, no es que yo te vaya a echar, pero no te hago ciudadano con los mismos derechos de un país cuyas reglas no aceptas.

INTEGRACIÓN Y CIUDADANÍA

P. ¿Dónde está la clave para esa integración y aceptación de las reglas básicas de convivencia que le son en principio ajenas, en su opinión, a los inmigrantes musulmanes?

R. En la escuela. Es ahí donde la segunda generación debe completar una integración que para la primera es imposible por su procedencia y nivel cultural.
Las escuelas especiales, islámicas o de cualquier otro tipo, sólo fomentan la resistencia a la integración y la lucha cultural contra la sociedad de acogida.

P. ¿No pasa entonces la integración por la ciudadanía, como tantos dicen hoy en día en la clase política?

R. No. Creo que los ciudadanistas, quienes siguen creyendo que la integración es una cuestión de mera concesión de la ciudadanía, están cometiendo un grave error.

Los papeles no equivalen a integración. Conceder sin más la ciudadanía a personas que en gran parte vienen dispuestas a no integrarse y que acaban formando grupos o tribus de no integrables, y así fácilmente grupos de presión en contra precisamente de la sociedad abierta que aceptó acogerlos, es uno de los inmensos errores que se están cometiendo.

Esos grupos que no quieren integrarse crean compartimentos estancos en la sociedad que rompen el principio de igualdad ante la ley que las sociedades que vivimos en pluralismo hemos creado durante siglos.
Hay culturas que niegan los principios en los que nosotros vivimos y nosotros hemos de ser tolerantes, como antes dije, pero sólo ante la reciprocidad de la tolerancia.
El respeto a la identidad del anfitrión debe ponerse como condición para una integración. La alternativa es la desintegración y el conflicto de culturas.

P. ¿Y el racismo, ese término que se usa mucho como arma arrojadiza, pero que, según usted, genera mucho más racismo como tal del que antes había?

R. Hay mucha gente que protesta por situaciones, no por ideología.
Quien tiene una mezquita junto a su casa en Europa y se despierta a las seis de la mañana con el grito (al rezo) del muhecín, ahora, además, con altavoces, y lo sufre cinco o seis veces al día está molesto y harto, su casa pierde valor y él quiere mudarse. No es un racista.
Pero si protesta y cierta gente le llama racista, acaba siendo racista por indignación. Creo que hay mucho militante antirracista que genera mucho racismo. Y creo que mucho político debería tener más en cuenta la ética de la responsabilidad frente a la fácil ética de los principios.

Cualquiera puede ser bueno en sus intenciones. Pero quien no sea responsable en el ejercicio público y político, quien no tenga en cuenta cuáles pueden ser las consecuencias de sus propias acciones, es un irresponsable ante sus votantes, ante la sociedad entera y finalmente también ante los propios inmigrantes.

El Pais

3.4.05

"Europa", será parte del occidente árabe

Rara vez el curso de la historia europea ha sido alterado por una observación desechable de alguien que no es un político en un diario en alemán un miércoles durante los últimos compases del abatimiento estival.

Pero el 28 de julio, el historiador de Princeton Bernard Lewis declaró al diario conservador con sede en Hamburgo Die Welt que Europa sería islámica "por los pelos" antes de fin de siglo, y la política continental no ha sido la misma desde entonces.

Días antes del tercer aniversario del 11 de Septiembre, Frits Bolkestein, de los Países Bajos, el comisionado saliente de la competencia en la Unión Europea, causó un alboroto cuando mencionó la observación de Lewis en la apertura del curso en la Universidad de Leiden.


Bolkestein advirtió de que la UE "implosionaría" si se amplía demasiado rápido. Era un tema oportuno. Dentro de algunos días, el comisionado para la expansión de la UE, Günter Verheugen, de Alemania, publicará un informe acerca de si abrir o no negociaciones con Turquía para que entre en la UE.

Se espera que sea positivo. La comisión al completo debe celebrar una votación sobre el informe en diciembre, tras lo cual se prevé una década de negociaciones.

Pero dado que es probable que el informe de Verheugen sea positivo, y puesto que se espera que la comisión estampe su sello de caucho en las recomendaciones del informe, y puesto que ningún estado candidato que haya accedido a las negociaciones de adhesión ha sido rechazado nunca, el proceso tiene aspecto de ser una propuesta a cumplir.
Gracias a. . . ¿qué? . . . al ánimo de Günter Verheugen, los pueblos de Europa están a punto de ver su destino unido irrevocablemente al del mundo islámico.

De hecho, la necesidad de forjar un enlace solemne con el secularismo islámico de la clase del que Turquía disfruta después de que Kemal Atatürk llegara al poder, es la razón ofrecida más a menudo para la imprescindibilidad de la adhesión turca.

Bolkestein se dirigía así a un continente ampliamente confundido. Su discurso fue largo. No despotricó. Aludiendo a la aspiración de la UE a convertirse en un estado multinacional, llamó la atención del auditorio sobre el destino del poder europeo más reciente con esa aspiración, el imperio Austro - húngaro, hace apenas un siglo.

Los austriacos eran culturalmente confiados (Liszt, Richard Strauss, Brahms, Mahler, y Wagner trabajaban en Viena). Eran prósperos y estaban orgullosos.
El problema fue que sólo había 8 millones de ellos, y ampliar las fronteras de su país les puso cara a cara con un movimiento pan-eslavo enérgico.

Una vez que el Imperio absorbió a 20 millones de eslavos, afrontó dificultades comprometidas entre permitir a los nuevos individuos gobernarse a sí mismos o preservar su propia cultura.

Al igual que la UE, el Imperio había cruzado un punto sin retorno antes de darse cuenta de que no iba a ninguna parte en concreto. Bolkestein preguntó qué lecciones sacaban los europeos de esta historia, al considerar la entrada de Turquía.

Entonces trató dos problemas específicos. Primero, que no había fin lógico alguno a la vista en la expansión europea -- una vez que la UE acepte a Turquía, no tendrá motivo alguno en principio para rechazar a los países considerablemente más europeos de Ucrania y Bielorrusia.

Europa está agregando así una inestabilidad de la que no tiene ni los medios financieros ni la solidaridad cultural para controlar.

El segundo problema, advierte Bolkestein, es que la inmigración está convirtiendo a la UE en "un imperio Austro - húngaro a gran escala". Aludió a ciertas grandes urbes que pronto serán minoritariamente europeas -- dos de las más importantes, Ámsterdam y Rótterdam, están en su propio país -- y advirtió que la adición (proyectada) de 83 millones de musulmanes turcos fomentaría la islamización de Europa.

Fue esta parte de su discurso -- en la que se refirió a las proyecciones de Lewis -- la que saltó a los titulares de todo el mundo: "las tendencias actuales sólo permiten una conclusión", dice Bolkestein.
"Estados Unidos continuará siendo la única superpotencia.
China se está convirtiendo en un gigante económico. Europa está siendo islamizada".
Sobrevino una especie de reacción en cadena.

Dos días después de que Bolkestein diera el discurso, el Financial Times publicó una carta que Franz Fischler, el comisionado saliente de agricultura de la UE, de Austria, había enviado en privado a sus homólogos comisionados.
Fischler se quejaba de que Turquía era "mucho más oriental que europea", y lo que es peor, "quedan dudas acerca de las credenciales democráticas y seculares de Turquía a largo plazo.

Podría. . . haber un retorno fundamentalista". La reacción de Europa fue un ¡Y ahora nos lo dices! colectivo. Reunidas, las observaciones de Bolkestein y de Fischler parecían sintomáticas de la corrección política que lastra el tema de la adhesión turca.

Una mayoría del Parlamento Europeo es anti-adhesión, los diversos parlamentos nacionales están contra ella, y las poblaciones nacionales se oponen abrumadoramente.

Es la Comisión Europea la que lleva el proceso -- y ahora dos miembros prominentes de ese mismo organismo, a punto de dejar sus respectivas carreras políticas atrás, decían que todo era un gran error del que nadie se atrevió a hablar. (Quizá lo único que enfurezca al europeo de la calle más que tal giro burocrático, sea el apoyo norteamericano incomprensiblemente constante a la adhesión turca a la UE).

Lo que es fascinante de la entrevista de Lewis que dio lugar a esta ronda europea de darle vueltas, es que no pretendía versar específicamente sobre Europa.
Su interlocutor preguntó a Lewis acerca de los progresos en la guerra de Irak, la evolución de la cuestión de Palestina, las esperanzas de democracia liberal en Irán, y las perspectivas de derrotar a al Qaeda. (En este último tema, Lewis dio una respuesta inquietante: "es un proceso largo y el resultado no es seguro en absoluto", dijo.
"Funciona de modo parecido al comunismo, que tuvo éxito entre la gente infeliz de Occidente porque parecía dar respuestas inequívocas.

El Islam radical tiene la misma fuerza de atracción"). Fue igualmente cautivador cuando describió la ruptura de la Unión Europea con Estados Unidos en términos de "una comunidad de envidia". ("Comprensiblemente, los europeos tienen algunas reservas sobre una América que les ha superado.
Ese es el motivo de que los europeos entiendan bien a los musulmanes, que tienen una sensación similar").

Pero el propio futuro islámico de Europa surgió como mera casualidad. Preguntado acerca de si la UE podría constituir un contrapeso global a Estados Unidos, Lewis contestó simplemente: "no".

Veía solamente tres países como jugadores "globales" potenciales: definitivamente China y La India, y posiblemente una Rusia revivida. "Europa", dijo, "será parte del occidente árabe, del Magreb".

Lo que parece haber enfurecido a los oyentes europeos es que Lewis no afirmara esto como algo subido de tono, o una propuesta contraria. Simplemente lo dijo, como si fuera algo que cada persona políticamente neutral e intelectualmente honesta tomara a la ligera. ¿Lo es?. Bolkestein dijo que no sabía si las cosas acabarían como Lewis predijo. ("Pero sí que tiene razón", agregó Bolkestein, "la liberación de Viena [de los ejércitos turcos] en 1683 habrá sido inútil").

Bassam Tibi, un inmigrante sirio que es el musulmán moderado más prominente de Alemania, parece estar de acuerdo con el diagnóstico de Lewis, incluso mientras rechaza su énfasis. "O el Islam se europeíza, o Europa se islamiza", escribió Tibi en el Welt am Sonntag.

Habiendo pasado gran parte de la última década defendiendo la construcción de instituciones islámicas sensatas en Europa, Tibi parece advertir que Europa carece de la capacidad para rechazar el Islam, o la oportunidad de frenarlo.

"El problema no es si la mayoría de europeos es islámica", añadió, "sino qué Islam -- el Islam de la sharia o el euro-Islam -- es el que va a dominar en Europa".

Christopher Caldwell es editor senior de The Weekly Standard.