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31.1.05

La poligamia entre musulmanes en Francia


Un hombre con varias mujeres y muchos hijos gana más con prestaciones sociales que con trabajos pagados con el salario mínimo.


El informe de la diputada Zimmermann sostiene que en Francia se dejan de lado la legislación nacional y la Convención Europea de los Derechos Humanos, a la hora de resolver determinados conflictos que afectan al estado civil, régimen matrimonial, filiación o sucesión, en beneficio de las normas que existen en los países de origen de los inmigrantes.

Así se explica que en plena Europa y en el seno de una sociedad formalmente laica existan entre 8.000 y 15.000 familias polígamas, según datos de la comisión parlamentaria, que rebaja las cifras más alarmantes manejadas por asociaciones que militan contra la poligamia, pero constata la importancia del fenómeno.

Esta costumbre implica además un mecanismo de obtención de subvenciones públicas. Cada persona nacida en Francia, a partir del segundo hijo, genera el derecho a una ayuda pública hasta que alcanza la mayoría de edad; tres o cuatro retoños suponen unos 500 euros mensuales. Tampoco es infrecuente que el derecho al reembolso de las prestaciones sanitarias sea reclamado por todas las esposas de un mismo marido.

En 1993 se adoptó una ley destinada a contener este fenómeno, que consiste en prohibir la entrega del permiso de residencia a los miembros de familias polígamas: reconoce excepciones, pero acentúa la inseguridad en que viven las sucesivas esposas. Un padre con tres o cuatro mujeres y una quincena de hijos puede ganar mucho más con prestaciones sociales que con trabajos pagados con el salario mínimo.

Lo que en un primer momento es medio para escapar de la miseria, con frecuencia se convierte en cruz para parte de estas familias. Este caso es real: una mujer de 30 años, procedente de Malí, llegó a Francia con un visado turístico, pero se quedó a vivir con su marido en la periferia de París. Al cabo de un tiempo, el marido trajo una segunda esposa e instaló a las dos en la misma casa, donde vivían los hijos que tiene con ambas. Tras un reguero de incidentes, el marido y la segunda esposa abandonaron a la primera sin documentos ni dinero.

Muchas primeras esposas, con hijos nacidos en Francia, siguen en el país aunque el marido regularice a la segunda mujer, lo cual deja a la primera sin derechos. Más que un matrimonio, esa situación se parece a la esclavitud. Pero hete aquí que existe un convenio franco-marroquí de 1981 (hoy cuestionado), por el cual los marroquíes que viven en Francia pueden divorciarse y repudiar a las mujeres cuando los dos miembros de la pareja son marroquíes y "para conservar los fundamentos de su identidad nacional".

Matrimonios forzosos

Numerosas coesposas siguen llegando a Francia para vivir a merced de su marido y en una situación legal sumamente precaria. "En caso de absoluta necesidad, utilizan los documentos de la primera esposa; no es raro que en los hospitales se produzcan dos nacimientos con pocos meses de intervalo a nombre de una misma mujer, lo cual también plantea problemas en caso de separación, porque esas mujeres se encuentran en la imposibilidad de probar que son madres de sus hijos", se lee en el informe de la comisión parlamentaria mencionada.

Unas 70.000 mujeres en Francia son víctimas de matrimonios forzosos, según datos del Alto Consejo de la Integración. "Las bodas forzadas están presentes por todas partes, más como consecuencia del acoso moral que de la presión física", confirman militantes de Ni Putas Ni Sumisas. "Ninguna familia acepta que sus hijas se vayan de casa antes de casarlas.

Muchas chicas aguantan porque no quieren enfrentarse a sus padres, incluso las que trabajan y tienen algunos medios económicos para tratar de marcharse. Lo impide la cultura de los barrios".

El Gobierno de París, encabezado por Dominique de Villepin, "no debería precipitarse en la construcción de respuestas urgentes a los disturbios que hemos vivido", a juicio de la socióloga Hélène Orain.

Por ejemplo, la medida gubernamental de recortar la escolaridad obligatoria hasta la edad de 14 años y encaminar rápidamente a los jóvenes hacia tareas de aprendices "intenta responder a lo que se ha visto, que son los chicos encolerizados en los barrios sensibles", argumenta Orain. "Pero esa medida está claramente destinada a los varones y no a las chicas.

La respuesta política a los disturbios no tiene en cuenta a las mujeres, por la sencilla razón de que no se les ha visto físicamente en ellos. Parece como si ellas no tuvieran problemas. De este modo se perpetúa la situación de dominación y de falta de derechos cívicos de las chicas de los barrios populares, que no consiguen progresar hacia su independencia económica ni al acceso a otros derechos".

J. PRIETO
El País

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21.1.05

Diálogo Euro - Árabe


Las manifestaciones europeas pro - Saddam de febrero del 2003 que sacaron a millones de ciudadanos a las calles de las capitales europeas son la culminación de la visión política de Charles de Gaulle de un destino europeo liderado por Francia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, de Gaulle era el líder de la resistencia francesa contra los Nazis, pero su anti - americanismo de posguerra sobrepasó al de muchos de sus enemigos previos.

La hostilidad hacia América y el antisemitismo eran fuertes en distintos círculos franceses: los comunistas, la izquierda, y particularmente entre los numerosos políticos, funcionarios, intelectuales y hombres de negocios que habían colaborado solícitamente con los alemanes.

Esas corrientes políticas tenían vínculos importantes con el mundo árabe - musulmán.
La visión de de Gaulle se proponía restaurar a Francia en un papel dominante de los asuntos políticos, mediante la construcción de una Europa fuerte y unida como contrapeso a la potencia americana.

Tras la pérdida de Argelia en 1962, la última colonia árabe de Francia, de Gaulle orientó su política hacia el mundo árabe-musulmán.
Durante los años 60, se elaboró una política mediterránea francesa, que ligaría como una unidad geoestratégica económica y política a la Comunidad Europea (CE) y a los países de la Liga Árabe.
Pero la colaboración árabe tenía un precio: la eliminación de Israel.
A pesar de los esfuerzos de Francia por acercar a sus socios europeos a las visiones árabes, muchos países semostraron reticentes a seguir esta trayectoria.

En aquel tiempo, el conflicto árabe - israelí no provocaba el menor interés o declaración por parte de la CE.
Tras la guerra sirio - egipcia de octubre de 1973 contra Israel, y la tercera derrota árabe, los productores árabes de petróleo declararon un embargo de crudo, incrementaron el precio del petróleo en cuatro veces, redujeron la producción y clasificaron a los países importadores en amigos, enemigos o neutrales.
Esta vez, las maniobras de Francia para alinear a la CEE con la política árabe anti israelí creando un bloque fuerte Euro - árabe tuvieron éxito.

Los nueve países de la CEE, reunidos en Bruselas (6 de noviembre de 1973) publicaron una resolución conjunta, que aprobaba la política franco - árabe en lo que se refiere a Israel.
En 1974 se fundó la Asociación Parlamentaria de Cooperación Euro - Árabe, para consolidar la cooperación política, económica y cultural entre Europa y el mundo árabe.

La asociación tenía cerca de 600 miembros en los 18 parlamentos nacionales de los países de la Unión Europea ampliada (UE), así como en el Parlamento Europeo – y todas las principales tendencias de la política europea estaban representadas.

Esta asociación organizó reuniones regulares con líderes y políticos árabesy sirvió como canal entre ellos y los gobiernos europeos, la presidencia del Consejo de Ministros europeo, y la Comisión de Comunidades Europeas.
En otras palabras, era el lobby árabe más poderoso que funcionaba mediante mecanismos europeos, construido en el seno de las instituciones europeas para influenciar la política europea en su cumbre.

En los años siguientes, este organismo fue reforzado con una estructura cultural, económica y política bautizada como el Diálogo Euro - Árabe, que unió en lo más alto a la CEE – para convertirse más tarde en la Unión Europea – y los países de la Liga Árabe.

Los europeos intentaron sustentar el Diálogo sobre las relaciones económicas, mientras que los países árabes ligaron los mercados financieros y de crudo con el alineamiento europeo en sus políticas anti israelíes.
Incluso aunque algunos países se mostraban reticentes a seguir esta trayectoria, las proclamas conjuntas de la UE referentes al conflicto árabe israelí aprobaban los puntos anti israelíes establecidos previamentepor la Segunda Conferencia Islámica de Lahore, Pakistán (febrero de 1974).

En adelante, una diplomacia de asociación ligaría a los países árabes - musulmanes y a la UE, desarrollada en los foros internacionales y especialmente en las decisiones referentes al conflicto de Oriente Medio.

Durante los simposios euro - árabes, la amenaza del petróleo era enarbolada y se ejercía presión sobre la UE, como recordatorio de que las relaciones económicas estaban inexorablemente ligadas al alineamiento político de Europa con la política árabe antisionista.

Sin embargo, el Diálogo no se restringió a influenciar la política exterior europea contra Israel y a separar Europa de América, también pretendíaestablecer una presencia árabe - musulmana masiva en Europa mediante la inmigración y el asentamiento de millones de musulmanes con los mismos derechos para todos, inmigrantes y nacionales por igual.

Esta política se esforzó por integrar a Europa y al mundo árabe musulmánen un sólo bloque político y económico, mezclando poblaciones (multiculturalidad) al tiempo que debilitando la solidaridad transatlántica y aislando a América.

Para facilitar el asentamiento musulmán en Occidente, se impusieron cambios en la escuela pública, las universidades y la vida social.Los libros de texto fueron reescritos con vistas a aliviar la susceptibilidad musulmana, y los estudios de Oriente Medio e historia islámica pronto se adaptaron a las normas árabe - musulmanas y a su visión del mundo.

Se impusieron repetida y enfáticamente recomendaciones de extender el conocimiento del árabe en Europa, y el aprendizaje de su historia y civilización islámicas superiores.
Cuando se tomaban estas decisiones, después se implementaba mediante el mecanismo del Diálogo, que abarcaba cada país de la UE, una profunda islamización cultural — mediante la red de escuelas, universidades y el bendito clero islamófilo — condicionando lamentalidad de dos generaciones de jóvenes europeos.

A esta transformación cultural se añadió desde dentro de la presión demográfica de la cada vez más numerosa inmigración musulmana y, sin que faltara, la simbiosis a todos los niveles con el mundo árabe quela acompañaba.
Esta simbiosis construida en el sistema de Diálogo Euro - Árabe, y por lo tanto aprobada por las más altas autoridades políticas de la UE, abarcó la colaboración en la publicación de libros, los intercambios universitarios, la televisión, la prensa y la radio, el acercamiento teológico, jornadas de jóvenes y la intensa colaboración entre numerosas organizaciones no gubernamentales, actividades humanitarias, sindicatos de trabajadores y relaciones económicas y financieras.

Se proporcionó entrenamiento militar, científico y nuclear como, por ejemplo, el programa nuclear de Francia con Irak, que culminó en la construcción del reactor nuclear de Osirak, destruido por Israel en 1981.

El desarrollo de esos lazos complejos entre el mundo árabe - musulmány la UE fue condicionado, en su núcleo, por una política anti israelí y antiamericana, siendo la ambición árabe separar a Europa de su aliado atlántico.

Conforme el terrorismo islámico y palestino se desarrollaba, la UE — impaciente por salvar sus múltiples y cada vez mayores interesesen el mundo musulmán — acusó a Israel y a Estados Unidos de provocarlo.

En lugar de afrontar el terrorismo islámico, los líderes europeos recurrieron al apaciguamiento mediante la condena de Israel.
El antisemitismo, integrado en las relaciones euro - árabes en desarrollo, se convirtió en una subcultura europea de odio, de inmigración y desinformación, nutrida mediante la dinámica interna del Diálogo Euro - árabe que condujo al ascenso de Eurabia.

Las opiniones opuestas fueron silenciadas para mantener una façade monolítica de corrección islámica en la prensa y en las publicaciones.
A partir de septiembre del 2000, el estallido del terrorismo palestino dentro de Israel promovió una violenta ola antisemita en Europa, dado que ésta se ha convertido en el corazón del arabismo.

Francia, Alemania y Bélgica, la troika que lidera Eurabia, impuso órdenes monolíticas para la UE y sus satélites africanos.
Una alianza con la Organización de la Conferencia Islámica, que abarca a 56 países, proporcionaría supremacía mundial en la ONU en algunos temas.

La confianza del bloque Euro - Árabe en la “legitimidad internacional” de la ONU se basa en su virtual control de este foro. Esencial para lapolítica de la Liga Árabe en lo referente a Israel, Arafat — el padrino del terrorismo internacional — fue el regulador clave entre la UE y los árabes.
La UE pasó a ser la principal fuente financiera de la Autoridad Palestina, y hasta la fecha el Parlamento Europeo rechaza cualquier investigación del uso dado a más de 1 billón de euros de fondos europeos del contribuyente transferidos a Arafat.

La crisis iraquí enfrenta hoy a los gobiernos de la UE con tres décadas de política pusilánime basada en el crudo, los mercados, los beneficios económicos a corto plazo y una ambición imperialista de dominación.

Hoy en Europa es prácticamente imposible controlar el terrorismo islamista, ya sea desde dentro o desde fuera.
Tampoco puede aceptar la UE la destrucción de la simbiosis polifacética creada por todos los partidos políticos europeos con el mundo árabe y musulmán, en detrimento de su propia seguridad nacional.

Europa ha sufrido un cambio estructural y demográfico profundo, que no es percibido todavía completamente por los europeos, mucho menos por los americanos.
Esta transformación de una civilización y cultura judeo cristiana mediante fuertes tendencias de islamización crea los argumentos sociales, políticos y culturales para confrontaciones que podrían provocar peligrosas implosiones sociales.

El alejamiento de los europeos de América no se debe, en consecuencia,a sus requisitos morales superiores, como algunos analistas superficiales escriben.
En su lugar, este abismo revela un terror traumático a un terrorismo que la UE siempre ha rehusado reconocer, echando la culpa en su lugar a Israel y a América.
Revela la preservación, a cualquier precio, de las dictaduras árabes y musulmanas, Arafat incluido, con quien la UE construyó su estrategia política económica e internacional, su poder y su seguridad.
Y, más amenazante, indica una profunda transformación, una mutación,mediante la cual una civilización se derrumba hacia la “dhimmitud”.

Nota del autor: Dhimmitud se deriva de la entrega del clero y los líderes políticos cristianos a los ejércitos musulmanes de la yihad, y la sumisión a la dominación islámica tanto de sus tierras como de sus pueblos. A cambio, reciben un compromiso de protección (“dhimma”) del soberano musulmán - y el cese de la guerra de la yihad. Esta “protección” estaba sujeta al pago de una tasa (jizya) frutode la extorsión a las poblaciones cristianas y judías derrotadas (dhimmis). A veces, la sumisión cristiana al Islam se arraigaba en la ambición personal. La dhimmitud indujo a menudo al auto odio y al odio a los judíos y a los cristianos que se oponían a la dominación musulmana. La dhimmitud cristiana ha sido una fuerza mundial para la islamización a través de la historia.

Por Bat Ye'or

18.1.05

Las mujeres en Afganistan moneda de cambio


Esta chica vale 3.900 euros en opio

Lo más terrible que le puede pasar a una adolescente afgana es que su padre se dedique al comercio de drogas, el único rentable. Si por desgracia el negocio va mal o el cabeza de familia es apresado, la joven será vendida para pagar las deudas. Eso le ha pasado a Aziza, de 12 años, desposada contra su voluntad con un cuarentón que proporcionaba opio a su padre, desaparecido. Cerca de 500.000 afganos se dedican al narcotráfico. Se ganaban la vida así con los talibán, y siguen haciéndolo después de que fueran “liberados” por EEUU. Este es el país con el que se encontrarán los soldados españoles que piensa enviar el Gobierno de Zapatero.

Los ojos verde pálido de Aziza brillaban. Su cuerpo de 12 años se estremeció y retrocedió dos pasos hacia la pared de adobe del pasillo. No tenía escapatoria. “¡No quiero ir! ¡No quiero ir!”, le gritaba a su madre.

Mientras tanto, Haji Sufi, un campesino de 46 años que cultiva opio, la estaba esperando. Aguardaba sentado, con las piernas cruzadas, sobre una delgada esterilla mientras bebía un té negro. Había viajado cientos de kilómetros desde el sur de Afganistán para recoger a Aziza, su esposa desde hacía dos años.

Ella era el pago de una deuda de opio de 3.900 euros de su padre, pero cada vez que Haji venía a por ella, Aziza le maldecía y huía. “La culpa es del desgraciado de tu padre. Él nos metió en este infierno”, dice Khadija, madre de la niña. “Lo hecho, hecho está”.

Desde la caída de los talibán en 2001, el comercio de opio, que en el pasado estuvo legislado en Afganistán, se encuentra al alcance de todo aquel que disponga de armas o una parcela. La ONU calcula que unos 500.000 afganos están implicados y afirma que el comercio mundial ilegal del opiáceo es un negocio que mueve anualmente unos 21.000 millones de euros. Afganistán, el mayor productor mundial, suministra las dos terceras partes de la demanda global.

Este comercio supone un obstáculo para las potencias occidentales en sus esfuerzos por reconstruir el país. Casi la mitad de su Producto Nacional Bruto procede de ese negocio.

La producción de opio se disparó desde las 185 toneladas de 2001, el año de la liberación, hasta las 3.600 de 2003. Hoy se cultiva la amapola en 28 de las 32 provincias afganas. La mitad del opio sale a través de la frontera occidental con Irán y continúa hasta Turquía o el Golfo Pérsico, donde se refina hasta su transformación en heroína. De ahí se transporta a Europa y a otros destinos.

Los países donantes se muestran reacios a contribuir al mantenimiento de un narcoestado, pero en raras ocasiones perciben la tragedia que yace en la raíz del problema. Y que se ceba con las hijas y esposas de los traficantes cuando éstos mueren o son encarcelados. Las mujeres pasan a ser moneda de cambio para liquidar deudas.

La casa de Aziza se encuentra en uno de los cientos de poblados que forman los eslabones de esta cadena.
El distrito de Ghorian, provincia de Herat, está a dos horas de la frontera iraní. Muchos de sus 180.000 habitantes son toxicómanos, traficantes o viudas. Aquí mandan los señores de la droga. Los maridos e hijos son quienes transportan el opio por las montañas, a pie o en burro. Muchos no regresan, mueren en una emboscada o son ejecutados en cárceles iraníes. Dejan tras de sí deudas de miles de euros, y quienes las heredan son las principales víctimas de este comercio: mujeres y niños.

Aziza Khoshsaraj es una niña traviesa, de tez clara y 1,50 de altura. A menudo, para escarnio de la madre, juega descalza en el riachuelo. Está encantada de asistir al colegio tras seis años metida en casa durante el régimen talibán. Sin embargo, la chica se vuelve irascible ante la llegada de Sufi portando regalos. Su madre es tan pobre que intenta convencerla para que se marche con él. Quiere que toda la familia se ponga al servicio de Sufi para que éste les garantice el sustento.

El padre de Aziza, Maroof Khoshsaraj, de 35 años, era un reclutador de opio, el intermediario entre los correos y los gerifaltes. En cinco años se construyó una casa de dos plantas. También tomó una segunda esposa, Shamira, traída de la ciudad. Pero la fortuna del opio es pasajera. Irán ha reforzado su frontera, en parte motivado por el aumento de su propia población de drogadictos. Son pocos los correos afganos que regresan y el opio desaparece con ellos. Maroof debía unos 8.600 euros. Los señores de la droga le colocaron una pistola en la sien y en varias ocasiones le encerraron en la cárcel para exigirle la deuda. Él no tenía el dinero y les ofreció a sus hijas Aziza y Rahima, de ?4 años. Hace dos años, Maroof decidió poner tierra de por medio. Su primera esposa, Khadija, esperaba su sexto hijo. Después llegaron los señores de la droga. Le dieron a la familia unas horas para empaquetar y se apropiaron de la casa y de todo su contenido.

Khadija y su prole se quedaron en la calle. Ahora ella vive en un barracón propiedad de un primo. Se gana la vida cociendo pan o lavando ropa. La familia apenas tiene para comer. El forzoso marido de su hija mayor no ha dado señales de vida, pero Khadija está demasiado asustada para desposarla con otro hombre, por si aparece. “Vivo hora a hora”, dice, “preguntándome cuándo regresarán los traficantes para llevarse a mi hija. ¿Volverá alguna vez mi marido a casa? Ahora vivimos en paz, pero de qué nos sirve cuando mi familia puede pasar hambre mañana”.

Hace 30 años, antes de que los comunistas se hicieran con el poder, Ghorian era un bastión del contrabando de té y telas, con poco comercio de opio. Durante la guerra con la Unión Soviética, desde 1979 a 1992, cientos de familias huyeron a Irán y muchos de los hombres se unieron a la resistencia.

Para financiarla, los nómadas de la región, con su tradición de contrabandistas, se encargaban del tráfico de droga hacia Irán.
Tras el derrocamiento de los comunistas, los refugiados volvieron y el único trabajo que se encontraron fue en el narcotráfico. En 1995, los talibán ocuparon la zona y estimularon este comercio. Al principio, nadie sabía cómo cultivar las amapolas hasta que los talibán les enseñaron.

Jalal, de ?9 años, aprendió a convertir sus cultivos de trigo y sandías en campos de amapolas. En 2003, produjo 20 kilos de opio sin refinar; era la primera vez que lo cultivaba. “Mi padre me preguntó si quería una esposa y un coche”, dice. “Le respondí que quería dos coches. Ahora transporto pasajeros de Ghorian y de Herat, ida y vuelta, por 20 dólares. El año pasado, no tenía ni una bicicleta, ahora me siento rico y tengo un trabajo”.

Sobornos. “Aquí negociamos y contratamos a los pastores como nuestros hombres de paja. Esta es la única manera de mantenerse con vida y de hacerse rico”, confiesa Jalal con una sonrisa. Le gusta el nuevo Gobierno. Cada otoño, la administración provincial envía a una comisión de seis miembros para constatar lo que se ha cultivado. Exigen dos kilos de opio por hectárea. A cambio, los cultivos no son destruidos.

Mientras le acompaño, Jalal se dirige a la comisaría de policía de Ghorian y charla con uno de los mandos. “Estoy disgustado con tu padre”, dice el funcionario, “no me ha dado mi parte...”. La conversación se acaba con la llegada de Mohammed Sobhan, el jefe policial. Enseguida se ofrece a mostrarme los vídeos destruyendo cultivos. “Cuando las familias no quieren ceder su parte, el Gobierno quema sus tierras”, me explicaría Jalal más tarde.

En 2000, los talibán prohibieron el cultivo de opio. El precio había caído tan bajo que intentaron deshacerse de lo almacenado. Todo cambió tras el triunfo de la coalición liderada por Estados Unidos. Los cultivadores se aprovecharon del vacío de poder. En enero de 2002, el presidente, Hamid Karzai, ilegalizó el comercio de droga, pero la autoridad del líder, apoyado por los norteamericanos, no se extiende más allá de Kabul.

En Herat, el señor de la guerra, Ismail Khan, es el autoproclamado emir, con un ejército de 20.000 hombres apoyado por Irán. En diversas ocasiones, el presidente Karzai ha intentado convertirle en un aliado, pero sin éxito. Durante mi estancia allí, Khan prohibió a la Oficina Central Antinarcóticos afgana abrir una delegación en su feudo, afirmando que ya existía una agencia que operaba bajo su mando. Hace unos seis meses, ambas oficinas se unificaron.
A pesar de que la estrecha seguridad hace que Herat sea la provincia más segura de Afganistán, el tráfico continúa. Khan, un tayiko, ha nombrado a un alcalde del distrito y a un jefe de policía traídos de fuera para reforzar el poder de su etnia, y hace dos años mandó fusilar a un traficante pastún. Pero incluso Ismail Khan es incapaz de controlar esta zona.

“Aquí no tenemos ayuda del Gobierno, somos el sobaco de la provincia. Nos consideran unos contrabandistas y unos ladrones”, afirma el doctor Gol Ahmed Daanish, director del hospital local. “El contrabando es la única fuente de ingresos que se ha propiciado”. Elegante con sus pantalones y camisa occidental, Daanish representa a una pequeña minoría de residentes bien educados que lucha por cambiar la reputación del distrito. “Antes, el contrabando era cuestión de unos pocos residentes que ya están muertos o se han convertido en adictos... Hoy quienes controlan el tráfico son las mafias invisibles y los bandidos; los locales son simples peones”.

Los señores de la droga más temidos son dos primos: Ruhollah y Kader. Sus chalés gemelos de dos plantas, con jardines bien cuidados y puertas de bronce, despuntan entre las hileras de edificios de barro. Proceden de una población más pequeña, Haft Chah, cuna de narcotraficantes con importantes conexiones iraníes, según dice la población local. Ruhollah y Kader son analfabetos.

Hace tres años hicieron el obligado viaje a La Meca. Los residentes de Ghorian les respetan por su peregrinación y por su enriquecimiento. Sus secuaces aterrorizan a las mujeres y familias con deudas de opio. Pero incluso ellos han perdido, por las drogas, a gente muy allegada. “Durante toda la historia de Afganistán, esta ruta ha pertenecido a los contrabandistas”, cuenta Ruhollah. “Esto no es un crimen. La gente lo hace porque pasa hambre”.

En la casa de adobe de Shau Bibi Soltanzi, la luz brilla sobre una fotografía de su marido Shahpoor y de su hijo Qader, ambos ejecutados hace ?? años en una cárcel iraní. Su hijo mayor murió en un combate contra los soviéticos. Su hijo Nader fue capturado por los soldados iraníes y ha dejado una enorme deuda de opio. Wahid, el tercero, es un drogadicto. Ella no ha colocado los retratos de sus hijas porque resulta inapropiado mostrar las fotos de las mujeres. Pero sí guarda un retrato de su hija más pequeña, Bibi Shah, en una funda de plástico. Esta chica de ?7 años murió hace tres; se roció con combustible y prendió una cerilla. Y aún sobrevivió dos meses a las quemaduras.

El marido de Bibi Shah murió transportando opio. De acuerdo con la tradición, sus dos cuñados se ofrecieron para casarse con ella, pero les rechazó. La madre dice que le dieron una paliza tremenda hasta estallarle uno de los tímpanos. La encerraron en la casa y prohibieron las visitas familiares. Ella guardaba un cuchillo bajo la almohada mientras dormía, temerosa de que sus cuñados intentaran violarla. Un día Bibi Shah perdió completamente la esperanza.

A su madre sólo le queda su otra hija, Gulaby, otra viuda con dos hijos pequeños, pero está perdiendo la cordura y es incapaz de pensar de forma coherente. Ganan algo de dinero tejiendo alfombras. Shau Bibi, con su chador y sus zapatos gastados, busca en el desierto el espino y el heno que luego vende por unos céntimos a los pastores para leña y forraje. Para sobrevivir, ha comenzado a cultivar opio en su patio. Su familia, antes, se había dedicado a transportarlo.

“En los viejos tiempos no hacíamos mucho dinero”, dice. “Por cada kilo que los hombres transportaban al otro lado de la frontera, obtenían un saco de harina. Ahora hay mucho más en juego y también es mayor el precio que le pones a tu vida”. Su hijo Nader, de 24 años, era de sobra conocido como un traficante despiadado. Shau Bibi quería que abandonara el narcotráfico y le convenció para que anunciara su compromiso de boda. La familia de la novia exigía una dote de 3.880 euros. Nader realizó la peligrosa ruta para reunir ese dinero.
Pasaron tres años antes de que Shau Bibi recibiera noticias de que los iraníes le habían capturado vivo, junto a tres contrabandistas. Era ella quien ahora le adeudaba 6.865 euros a Ruhollah y a los señores de la droga. “Eran talibán. Llegaron y se apropiaron de las alfombras, la moto y las tierras. Ruhollah me dejó sin nada”, solloza la mujer.

Khan, el gobernador de Herat, ha dicho que todas las deudas de opio quedan perdonadas, pero los acreedores de Shau Bibi continúan llegando. Algunos, dice ella, son policías. La desconsolada madre y viuda dice saber por qué el Gobierno no actúa contra Ruhollah y su primo Kader: “Porque no pueden. Ellos tienen más dinero y más poder que Ismail Khan y que Karzai. Además, las autoridades son incapaces de sobrevivir sin ellos y su dinero”.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, ha reconocido que no sabe cómo abordar el problema de Afganistán, que va camino de convertirse en un narcoestado que financia a los oponentes de la coalición. La estrategia británica en la región incluía medios policiales, cultivos alternativos y una reducción de la demanda a 10 años vista. Pero los críticos afirman que Gran Bretaña y Estados Unidos, al ensalzar a los señores de la guerra que se dedican al narcotráfico y a su vez apoyan a la coalición, debilitan los intentos internacionales para acabar con ellos.

Nuevas rutas. Afganistán ha aprobado recientemente nuevas leyes para combatir el floreciente tráfico de drogas. Mirwais Yasini, director de la Oficina Antinarcóticos, mantiene que el resultado ha sido un descenso de la producción en el cinturón sureño de la amapola. Pero detener el contrabando resulta el reto más difícil de todos debido a que sus redes criminales le resultan completamente desconocidas a las autoridades, según Adam Bouloukos, anterior responsable de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen. Cada vez son más los contrabandistas que evitan el territorio de Irán y atraviesan la ex república soviética de Tayikistán, menos vigilada.

Un traficante retirado, Nasim Siah, de 32 años, sabe lo peligrosa que resulta su vieja profesión. Tenía 2? amigos traficantes, y él es el único que sigue con vida y en libertad. Comenzó a traficar cuando decidió casarse por segunda vez. El padre de la chica le pidió una dote de 10.500 euros y la droga era el modo más rápido para obtenerla. Tomó prestados 1.500 kilos de opio y se los llevó a Irán.

Los policías antidroga intentan convencer a las mujeres para que impidan a sus maridos involucrarse en este comercio. El alcalde del distrito ha pronunciado un discurso incendiario ante 3.000 mujeres congregadas en el colegio femenino de Ghorian. Dos niñas escenificaron un cuadro dramático sobre una madre que convence a su hijo para que abandone el tráfico y la adicción. Algunas de las mujeres lloraban, al contemplarlo, con lágrimas de angustia y de esperanza.

Para Aziza, la niña-novia convertida en objeto de trueque, las esperanzas son escasas. Su marido, Sufi, afirma que no quiere obligarla, pero al final la niña tendrá que irse con él. “Su padre me la prometió. Seré paciente, pero yo soy su esposo...”, dice él. Las autoridades locales han prohibido el trueque de niñas por deudas de opio pero, ante la ley islámica, la pareja ya ha contraído matrimonio.

Tras abandonar Ghorian, supe que Aziza fue en mi busca. Caminó más de una hora. “Él se ha marchado, pero ha jurado volver a por mí”, le dijo a mis anfitriones. “Por favor, decirle a la periodista que le obligue a dejarme en paz”. Hacía tiempo que me había marchado de Afganistán.


Fariba Nawa 
Fotografías de Massoud Hoseiny y Farzana Wahedi.
El Mundo.es Suplementos

15.1.05

YO ACUSO


Autora: Hirsi Ali, Ayaan

Titulo: Yo Acuso

Editoria: Galaxia Gutenberg

EN DEFENSA DE LA EMANCIPACION DE LAS MUJERES MUSULMANAS


Antes aún que una denuncia del Islam, del infierno en que el Islam ha convertido la condición femenina, el Yo acuso de Ayaan Hirsi Ali es una lúcida denuncia del cinismo con que, bajo etiqueta multiculturalista, abandonan las muy democráticas sociedades occidentales a quienes han tenido la desdicha de nacer en un horizonte al cual los europeos gustan contemplar con la condescendiente placidez del respeto a lo exótico.

La parlamentaria holandesa de origen somalí Ayaan Hirsi Ali es consciente de que sobre ella pende la pena de muerte. Lo sabe porque su nombre aparecía citado en la misiva que el asesino de Theo van Gogh dejó sobre el cuerpo inerte del cineasta. El motivo de la amenaza: su lucha en defensa de las mujeres islámicas y las afiladas diatribas contra el islam, una religión, según sus palabras, sustentada en el miedo y la represión.


En Yo acuso, Ayaan recopila sus polémicos discursos y ensayos, en los que clama por una época ilustrada para el islam y por que Occidente contribuya a la generación del Voltaire del mundo musulmán.

Por esa misma razón, se opone a toda política de integración de los inmigrantes basada en los principios del multiculturalismo, que a su juicio permite la permanencia de normas culturales y religiosas que frenan el proceso de emancipación de los musulmanes.
También ofrece diez consejos para las mujeres que quieran liberarse del yugo del islam e incluye el controvertido guión de "Submission", el filme por el que su compatriota halló la muerte a manos de un extremista.

yaan Hirsi Ali nació en Somalia y musulmana. Cliteridectomizada en Kenia, al llegar a la edad púber. En la Holanda inmemorialmente tolerante, logró ser una mujer libre. Theo van Gogh pagó con su vida el haber filmado su lucha contra la opresión de las mujeres musulmanas. Ayaan Hirsi Ali, diputada liberal del Parlamento holandés, sigue amenazada de muerte: cualquier buen musulmán tiene el derecho (¿o el deber?) de asesinarla. Estuvo el mes pasado en Madrid. Para presentar este libro, de título sencillo e irrevocable: Yo acuso. Que es una demoledora denuncia de nuestras complacidas sociedades multiculturales:

"Mi crítica a la fe y la cultura islámica se percibe como 'dura', 'ofensiva' e 'hiriente'. Pero la oposición de los relativistas culturales es, de hecho, más dura, más ofensiva y más hiriente si cabe. Se sienten superiores, y en un proceso de diálogo tratan a los musulmanes no como sus iguales sino como el 'otro' que debe ser respetado. Y piensan que debe evitarse la crítica al Islam, porque temen que los musulmanes se ofendan y recurran a la violencia. En tanto verdaderos liberales, nos abandonan a los musulmanes que hemos atendido la llamada de nuestro espíritu cívico, a nuestra suerte. He corrido un riesgo enorme al prestar oído al ruego de la reflexión y participación en el debate abierto que se generó en Occidente tras los atentados del 11 de septiembre. ¿Y qué dicen los relativistas culturales? Que debería haberlo hecho de otra manera".

El libro recopila textos de origen y forma muy diversos: conferencia, ensayo, entrevista, guión televisivo… Y, a través de ellos, mantiene una blindada coherencia interna: la de una batalla que es quizá, hoy, la más sociológicamente prioritaria del mundo en los inicios siglo XXI: la liberación de la última bolsa masiva de esclavitud, la de la mujer musulmana. Una esclavitud de dimensión demográfica colosal y ante la cual todos los organismos internacionales siguen empecinados en ser ciegos. No, no ciegos, cómplices activos: desde las Naciones Unidas hasta las miserables ONG empeñadas en defender un "derecho a la diferencia" que es, en sentido estricto, el derecho a sufrir una servidumbre abominable, una servidumbre en la cual están en juego libertad, dolor y muerte, puesto que la mujer no es sujeto de pleno derecho en tan "distintas" sociedades. Y su vida no vale mucho más de lo que vale la de una bestia.

"Mi religión ha sido una religión del miedo", escribe Hirsi Ali. "Miedo a que Alá se enfadase. Miedo a ser arrojada al infierno. Miedo de las llamas, del fuego… Ofender al profeta, Mahoma, se castiga con la muerte… Y yo puedo pensar: Mahoma, como individuo es despreciable, Mahoma dice que la mujer debe quedarse en casa, que debe llevar el velo, que no tiene que realizar determinados trabajos, que no tiene los mismos derechos de herencia que el varón, que debe ser lapidada si comete adulterio…"
El museo de los horrores de ser mujer y musulmana va siendo desgranado por Ayaan Hirsi Ali con la objetual contención de un etnólogo; y con la carga casi inexpresable de dolor de quien las ha sufrido sobre sí o sobre sus cercanas (así el relato de la locura y muerte de su hermana, devorada por la irrebasable carga de culpa religiosa que fuera su patrimonio). Y en esa descripción hay la denuncia, no sólo, no sobre todo, del bárbaro universo en el cual tales prácticas son posibles, sino, y aún más, de la insufrible hipocresía de un mundo "civilizado" que ve ese genocidio material y moral como un "asunto interno" de específicas sociedades soberanas.

La cliteridectomía, sí. Esa terrible práctica de la cual la autora fuera víctima en su infancia y que describe en páginas difícilmente soportables:

Ayaan Hirsi Ali."La forma más extrema de salvaguardar la virginidad es la mutilación de clítoris junto con la extirpación de los labios mayores y menores, y por último un raspado de las paredes vaginales con un objeto punzante: un trozo de vidrio, una cuchilla de afeitar o un cuchillo de cocina. A continuación se atan juntas las dos piernas, de modo que las paredes vaginales se toquen. Esta práctica se lleva a cabo en más de treinta países, entre ellos Egipto, Somalia y Sudán. Si bien es cierto que no aparece prescrito en el Corán, para aquellos musulmanes que quieren evitar que la joven trabaje fuera de casa esta práctica tribal se ha convertido casi en una obligación religiosa… La llamada infibulación o sutura ofrece una garantía extra para los guardianes ojos de madres, tías, abuelas y otras vigilantes femeninas".

Pero también la cínica "tolerancia" occidental, el despliegue de retóricas de doble moral que eluden confrontarse con lo inadmisible:

"Para aquellas chicas de determinadas familias que ejercían controles rigurosos, en Occidente existe –también en Holanda– la posibilidad de restaurar la virginidad, una práctica hasta hace poco cubierta por la Seguridad Social: si perteneces a una cultura en la que se práctica la ablación y has tenido relaciones antes de tu boda, entonces te haces suturar de nuevo a demanda del hombre; si eres una mujer somalí en Europa, te renuevas las suturas vaginales con el ginecólogo sudanés que ejerce en Italia; si eres sudanesa, entonces acudes al médico somalí en Italia. Las direcciones son conocidas…"

Un llamamiento casi desesperado atraviesa las páginas de este Yo acusso. No va dirigido a los varones musulmanes. La autora sabe demasiado bien que eso sería tiempo perdido. Nos interpela a nosotros, ciudadanos de la tierra de acogida de millones de estas mujeres explotadas y amputadas. "¡Permitidnos tener nuestro Voltaire!". No hagáis de la Ilustración una apropiación privada de vuestro autosatisfecho racismo: ése al cual dais nombre de multiculturalidad.

Pocos libros recientes pueden decirse imprescindibles. El de Ayaan Hirsi Ali debiera ser texto de lectura obligada en las escuelas europeas. Que nuestras hijas sepan, al menos, el horror del cual ellas se han librado; el horror que sigue vivo, no ya en lejanos horizontes africanos; a apenas tres o cuatro estaciones de metro.

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9.1.05

Los Musulmanes profanan Iglesias Cristianas



Comportamiento de Inmigrantes en las iglesias

El canal 3-24 acaba de informar sobre el comportamiento de los inmigrantes en la manifestación de Barcelona.
Los grupos de personas que se encontraban bailaban sardanas en la plaza de la catedral, como es habitual, se sintieron asaltados al irrumpir la manifestación violentamente, pisoteando los utensilios de los músicos así como pisando los bolsos y arremetiendo contra las personas, según cuenta el atropello fue incesante al mismo tiempo que gritaban racistas a los ciudadanos que protestaban por este comportamiento.

Acto seguido entraron en la catedral donde se estaba celebrando la liturgia profiriendo gritos descalzándose, saltando y tirando los bancos, la gente espantada comenzó a salir, al mismo tiempo que observaban como se meaban en las paredes de la catedral y arremetían con todo lo que encontraban a su paso.

El Cardebal Arzobispo, titular del Templo y de la Diocesis declaró públicamente, y a las autoridades, que no consentía que pernoctaran en el mismo.

El desalojo

Mil inmigrantes, no se sabe muy bien cómo, se introdujeron en la Catedral para pedir que legalizaran su presencia en España.

Los inmigrantes se encerraron el sábado a última hora de la tarde y hasta las tres de la madrugada, cuando fueron desalojados por la policía a petición del arzobispado, en la catedral para intentar encontrar una solución a su situación.
Si los ciudadanos extracomunitarios que ocuparon la catedral de Barcelona fuesen representativos de la inmigración que vive y trabaja en Catalunya, resultaría que aquí no hay chinos, ni latinoamericanos, ni subsaharianos, ni personas de los países del Este, ni mujeres.

La práctica totalidad de quienes pusieron la catedral patas arriba, orinaron en el claustro y en las paredes del templo y opusieron resistencia a la policía eran magrebíes y pakistaníes.
Musulmanes todos ellos, que obedecían fielmente a sus jefes, y que se dedicaron a fumar, a dormir, a proferir alaridos y a orar en dirección a La Meca.
Entre la masa airada, sólo había una joven europea, casada con un asiático y con un crío. Las demás mujeres o eran periodistas o voluntarias de Caritas que intentaban que la catedral no quedase más llena de desperdicios.
También acudieron unas chicas uniformadas de antisistema que nos trajeron una cazuela de pollo asado. Su menú de resistencia quedó tirado en la puerta trasera de la catedral. E igual pasó con unos colchones solidarios que nos ofrecieron, que de sucios que estaban parecían andar solos y nadie reposó en ellos.

Cuando los representantes de Cáritas transmitieron a los ocupantes el ultimátum previo al desalojo, el cronista infiltrado entre la algarabía intuyó que hasta la paciencia cristiana tiene un límite, y que el cardenal Carles no iba a poner la otra mejilla ante semejante atentado a la fe, al sentimiento y a la inteligencia de sus fieles.
Y cuando salimos a dar un rodeo y vimos que la policía acordonaba el Barri Gòtic, tomaba posiciones y dejaba una única salida para evitar tácticas de guerrilla urbana, comprendimos que la suerte estaba echada y que saldríamos por las buenas o por las malas mucho antes de lo previsto.

A las 4.00 horas, la policía llamó a la puerta y desertó el colectivo de los magrebíes cual alma que lleva el diablo. Después, se hizo otra votación, que ganaron los pakistaníes partidarios de salir de mala manera. A las 4.15 horas entró la primera unidad policial y a las 5.00 horas la catedral quedaba vacía y lista para que empleados y voluntarios del obispado pudiesen adecentarla.

En esa media hora, sin embargo, a punto estuvo de rozarse la tragedia mientras una traductora pedía paz en vano y un miembro de un colectivo de supuesta ayuda a los inmigrantes insultaba a los agentes y les recordaba que Dios los vigilaba.
Los antidisturbios no usaron las porras y sólo se sirvieron de brazos y escudos para acompañar o arrastrar hasta la calle a los más fanáticos. Otros agentes ponían en pie los bancos y reclinatorios que tumbaban los ocupantes.
Pero con tantas cargas policiales como hemos visto sobre estudiantes, trabajadores, payeses, “hooligans” e independentistas catalanes, por ejemplo, nunca habíamos asistido a un desalojo tan fino y delicado.

A pesar de provocaciones, insultos, barricadas humanas en el altar mayor y en las escaleras que van a la cripta de Santa Eulàlia, y otras trampas, los agentes no cayeron en la tentación y no abusaron de la fuerza. Lo prueba que no hubo que lamentar ni un parte médico de lesiones leves. Mientras los desalojados organizaban una manifestación hasta la plaza Catalunya, personal de Papeles para Todos y otros grupúsculos alternativos se sumaron al cortejo y siguieron azuzando a la policía en vano.

Constituidos en asamblea típica de zoco en Rabat o Islamabad, se les sumaron después los encerrados en la iglesia del Pi y se disolvieron todos tras amenazar con nuevas acciones.

Horas más tarde, el delegado del Gobierno pedía a la opinión pública que se pregunte quién manipula a esos inmigrantes. Pero la respuesta no está en el Fòrum de les Cultures. Para hacerse una idea, hay que soportar una noche de soflamas y orines en el interior de una catedral ocupada por magrebíes y pakistaníes que no contaron ni con el apoyo de los sindicatos, ni con la presencia de chinos, latinoamericanos, filipinos, subsaharianos, mujeres y otros inmigrantes ajenos a su causa.

LA VANGUARDI - 07/06/2004
JOAQUIM ROGLAN

L D (EFE)
El citado portavoz ha subrayado este lunes que los responsables de la catedral "no quieren echar más leña al fuego" y se ha limitado a reconocer que algunos elementos del mobiliario fueron rotos durante la noche, "pero no vamos a pasar la factura a nadie".

A pesar de que en la catedral sólo hay un lavabo, los responsables de la iglesia entienden que el lugar "es de culto y se debería ir con mucho cuidado al hacer algunas cosas que son muy desagradables". Este portavoz resalta que "daría mi vida por esta gente, porque están en una situación complicada, pero si uno quiere a Barcelona y su patrimonio debería ir con cuidado".

Asimismo, ha alertado de que si vuelve a producir otro encierro parecido en el futuro "puede acabar en desastre". El arzobispo de Barcelona, Ricard Maria Carles, ya opinó este domingo que los inmigrantes encerrados no respetaron "el carácter religioso" del templo por interrumpir una misa, y lamentó las "manipulaciones interesadas" de que, a su juicio, fueron víctimas los "sin papeles".

¿Y si se hubieran encerrado en una mezquita?
¿Qué hubiera ocurrido si inmigrantes ilegales peruanos, ecuatorianos o polacos, por ejemplo, se hubieran encerrado en unas mezquitas para exigir “papeles para todos”?
¿Qué hubiera ocurrido si en esos encerrados los católicos se hubieran puesto a celebrar la Eucaristía?
¿Y qué hubiera pasado si los cristianos hubiéramos tenido la osadía de traspasar las puertas de una mezquita, ese sagrado recinto musulmán prohibido para el resto de los mortales?
Pues bien, la caradura de los musulmanes les ha llevado a profanar la Catedral de Barcelona, donde varios bancos y lámparas fueron destruidos llegando incluso mearse al lado del altar.

Reciprocidad
¡¡¡Que ironías de la vida, los que claman respeto y se ofenden por poner en boca a su profeta, son los mismos que no dudan a la hora de profanar, insultar y pisotear los recintos Sagrados de los Cristianos!!!