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25.2.05

El problema islamista de Rusia


Rusia tiene planteado sobre la mesa el problema del extremismo y terrorismo islamista que se está enquistando y que este país no afronta precisamente con sagacidad y perspicacia.

Los sucesos recientes de Nalchik no han constituido el final de la trama; por el contrario, podría representar un paso más en la propagación de la conflictividad más allá de Chechenia.

Los terroristas no se han salido con la suya en Nalchik, su talón de Aquiles ha sido el exceso de confianza en sus posibilidades.
En lugar de asestar golpes frecuentes a escala reducida, han intentado operar a mayor escala, convirtiéndose así en blanco de las fuerzas de seguridad rusas, victoriosas por su mayor poder de ataque. Sin embargo, no se ha tratado ni mucho menos de una derrota completa, de modo que el Kremlin se enfrenta a un problema creciente.

Suele olvidarse que Rusia posee una importante población musulmana -entre 16 y 20 millones, no se conoce la cifra con exactitud-. Y, en tanto la población rusa merma rápidamente, aumenta la de Tatarstán, Bashkortostán y otros núcleos musulmanes, que por cierto poseen importantes reservas (incluido el petróleo) y que, aun cuando no quieren independizarse de Rusia, aspiran a un grado mucho mayor de autogobierno.
Últimamente han propuesto que la vicepresidencia rusa debería ser desempeñada por un musulmán.
La gran mayoría de la población no es islamista, pero aloja pequeñas células islamistas en su seno. No hay chechenos entre los presos de Guantánamo, pero sí algunos bashkorkostanes.

Los rusos musulmanes no constituyen un grupo de población compacto y cohesionado, ya que viven diseminados a lo largo y ancho de un enorme país, no forman un único frente, no emplean una sola lengua y en principio el Kremlin dispone de recursos para contentarlos con una amplia panoplia de concesiones.

Sin embargo, el Kremlin no se ha mostrado muy sagaz en sus relaciones con los musulmanes.
Por el contrario, ha hecho gala de gran indulgencia en sus relaciones con países como Irán, dando por supuesto -errando en ello por completo- que los iraníes ayudarán a controlar el problema musulmán en casa propia.

Los gobernantes rusos acusan el peso de la humillación por la pérdida del imperio y de modo creciente tienden a echar las culpas a Occidente en lugar de examinarse a sí mismos.

Hasta cierto punto, suscitan simpatía o, al menos, comprensión; la pérdida de Kiev no fue sólo la pérdida de Ucrania, fue la pérdida de mil años de historia rusa, ya que la historia de un Estado ruso da comienzo, al fin y al cabo, en Kiev.

Putin y la mayor parte de sus ministros quieren recuperar tanto como les sea posible de lo perdido.
Sucede, sin embargo, que tratan de hacerlo de la peor manera que imaginarse pueda; en el mejor de los casos, la cuestión podría manejarse a lo largo de un dilatado proceso..., pero ellos tienen prisa.
No sólo presionan a los musulmanes, sino que, además, quieren segar la hierba tanto a Georgia y Moldavia como a Ucrania; además, incrementan el número de bases militares en Tayikistán y en otras repúblicas de Asia central (a su vez, tales repúblicas abordan de modo inadecuado el problema islamista, como ha podido comprobarse recientemente en la provincia uzbeka de Andizhan con la consiguiente radicalización de un movimiento de suyo no radical ni fanático en el plano religioso), pues naturalmente no van a ceder en vista de los grandes y crecientes ingresos procedentes de la venta del petróleo y el gas de aquellos territorios.

No obstante, el petróleo y el gas no bastan para restablecer un imperio... En este sentido, intentan lo imposible: hacer de la nueva Rusia una realidad más nacionalista y más multicultural a un tiempo.


El problema es que la población rusa va menguando, el campo ruso se vacía y miles de aldeas están desapareciendo del mapa. Los demógrafos pronostican que la población rusa -actualmente de 142 millones de habitantes- habrá descendido para el año 2050 a 101 millones aun cuando la tasa de nacimientos se recupere, extremo por lo demás altamente dudoso.

En comparación, la población de Yemen - que no es el país más populoso de Oriente Medio- tendrá asimismo alrededor de 100 millones de habitantes a mediados de siglo.

Tal vez los demógrafos yerran con respecto a Yemen al sobrestimar su crecimiento. Pero no se equivocan sobre el declive de Rusia, de forma que surge la pregunta acerca de por cuánto tiempo el territorio extremo-oriental ruso y Siberia permanecerán en manos rusas si se despueblan.
El mando militar ruso y el FSB (antiguo KGB) viven en un mundo de fantasía llamado euroasianismo (concepto geopolítico acuñado en los años veinte del siglo XX) que incluye de hecho la alianza con China y determinadas partes del mundo musulmán frente a la amenaza de Occidente... Ahora bien, ni los norteamericanos ni los europeos quieren reemplazar a los rusos en Yakutia y Kamchatka.
Tal vez un día de éstos Moscú llegue a entender este punto de vista...

Sería erróneo echar todas las culpas de la crisis del Cáucaso sobre las espaldas de los rusos. Los chechenos tuvieron su oportunidad en los años noventa para establecer una república autónoma, pero la malograron gravemente; ciertamente el islamismo agresivo -una realidad de índole y naturaleza virulenta- tiende a propagarse, aunque no en todas partes indiscriminadamente y, dadas las circunstancias existentes en el Cáucaso, cabe afirmar que tampoco está escrito que pueda extenderse fuera de Chechenia.

En fin, resulta algo perfectamente natural y explicable que Rusia posea intereses en las regiones que la circundan y que, en consecuencia, deba percibirse su influencia en derredor... Pero para hacer valer tal influencia son menester tacto y paciencia, cualidades de las que no ha hecho gala la política rusa.

Por lo que se refiere al Cáucaso, es posible que haya dejado escapar las oportunidades que en su día se presentaron. Y la verdad es que puede ser demasiado tarde para pensar en un auténtico progreso de la situación, de forma que podemos hallarnos ante un dilatado periodo de amplia conflictividad.

WALTER LAQUEUR, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington

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20.2.05

Choque de civilizaciones

Nuestra opinión pública se derrumba ante la mera posibilidad de la muerte, porque ha perdido el valor del sacrificio y del martirio. Nosotros no amamos ni la muerte, ni la vida. Nosotros sólo estamos apegados al bienestar. ¿Quién estaría dispuesto a morir por el bien común, si fuere preciso?

Por mucho que nuestros dirigentes políticos hayan puesto de moda el ideal de la “Alianza de Civilizaciones”, en realidad, su propuesta no pasa de ser un mero desideratum político sin base cultural, antropológica, ética ni teológica. No cabe duda de que sería deseable tal alianza, pero si pretendemos que esta propuesta política suponga algo más que hermosas palabras, tendremos que aceptar que un objetivo tan ambicioso no puede alcanzarse por mero voluntarismo político, sino que supone el establecimiento de bases previas de confluencia cultural, antropológica, ética y teológica, de las cuales parece como si nos enorgulleciésemos de habernos desprendido.

Una alianza de civilizaciones presupone una conciencia clara por parte de quienes establecen el pacto. El caso es que ni Euskadi, ni España, ni Europa tienen conciencia de su idiosincrasia. ¿Qué tipo de alianza vamos a realizar con el mundo islámico cuando comenzamos por avergonzamos de nuestras raíces y de nuestra historia?

El 13 de Mayo del 2004, el cardenal Ratzinger pronunció una conferencia en el Senado Italiano bajo el título Europa: Sus fundamentos espirituales ayer, hoy y mañana”, en la que hacía mención a la calculada ambigüedad con la que el texto constitucional europeo aborda cuestiones esenciales como el matrimonio y la familia, el reconocimiento de los derechos inalienables del hombre, etc...
Sus palabras fueron especialmente proféticas al describir esa especie de complejo con el que Europa mira hoy su historia y los valores en los que se sustenta nuestra cultura: Aquí se da un odio de Occidente hacia sí mismo, que resulta extraño y que se puede considerar solo como algo patológico.

Es verdad que Occidente, de modo loable, intenta abrirse lleno de comprensión hacia los valores externos: pero no se ama ya a sí mismo. De su propia historia solo ve aquello que es despreciable y destructivo, al tiempo que es incapaz de percibir lo que es grande y puro. Para sobrevivir, Europa necesita una nueva aceptación -ciertamente crítica y humilde- de sí misma.

La idiosincrasia europea parece que ha quedado reducida a las reglas propias del mercado, escenificando a cada momento, por otra parte, las dificultades para ponerse de acuerdo en el vil dinero. Y es que, pretender definir la idiosincrasia occidental como “el pueblo de la democracia”, como se ha hecho, es tanto como definir el ideal de una familia por sus normas de convivencia.

El hecho es que vivimos perplejos entre dos modelos irreconciliables: el fundamentalismo islámico que en nombre de Dios desprecia al hombre, y el occidente secularizado que en nombre del laicismo, endiosa al hombre y niega a Dios o lo religa al interior de la conciencia.

Nuestra mayor pobreza en estos momentos es nuestra secularización, de la que se desprende la carencia de un espíritu fuerte desde el que hacer frente al reto del fundamentalismo islámico. ¿Qué receta de espiritualidad nos ofrece nuestra cultura occidental? ¿"Todo es relativo", "todas las religiones son iguales", "la religión hay que reducirla al ámbito personal"...? Todo ello no nos lleva sino a aumentar nuestro vacío interior y a hacernos más vulnerables.

Nuestra debilidad parte del hecho de que nos hemos limitado a construir una sociedad del bienestar, en el marco político de una Europa sin alma.

Los perversos acontecimientos del 11-S en New York, del 11-M en Madrid y del 7-J en Londres, dejan al descubierto la fragilidad en la que se sustenta nuestro bienestar, santo y seña de la cultura occidental. La cuestión no se limita a un simple asunto de seguridad, sino que alcanza de lleno al sentido de nuestra existencia.

Los mismos terroristas islámicos lo han explicado en más de una ocasión: "amamos la muerte más de cuanto vosotros amáis la vida". Y aquí radica la profunda debilidad de Occidente: ellos pueden “permitirse el lujo” de sacrificar muchas vidas humanas en su concepto de guerra santa, mientras que nuestra opinión pública se derrumba ante la mera posibilidad de la muerte, porque ha perdido el valor del sacrificio y del martirio.
Nosotros no amamos ni la muerte, ni la vida. Nosotros sólo estamos apegados al bienestar. ¿Quién estaría dispuesto a morir por el bien común, si fuere preciso?

La receta del entonces todavía cardenal Ratzinger para poner las bases de una Alianza de Civilizaciones está expresada en el libro publicado conjuntamente con el presidente del Senado Italiano, Marcello Pera: «Sin raíces. Europa, relativismo, cristianismo, islam» (Mondadori, 2004). El teólogo y el político-filósofo debatieron abiertamente sobre la necesidad de colaboración entre católicos y creyentes de otras religiones o no creyentes «para volver a encontrar una moral común en Europa».

Ratzinger propuso el redescubrimiento de la ley natural como base para una ética común: «Tenemos que volver a estudiar la ley natural --quizá hace falta otro nombre, no lo sé--, pero es necesario encontrar el fundamento para individuar responsabilidades comunes entre creyentes y quienes no inspiran la ética en la religión, para fundamentar una acción que no sólo responda a la acción, sino también al deber y a la moral».

Sin embargo, es desconsolador comprobar cómo los mismos que postulan la Alianza de Civilizaciones, son los que desprecian la ley natural y legislan abiertamente contra ella. Paradójicamente, por ese callejón solo pueden llevarnos al Choque de Civilizaciones.

El fanatismo islamista no se limita a unas reivindicaciones políticas, sino que llega a poner en cuestión el resto de los fundamentos de nuestra vida: cultura, religión, historia, dignidad de la mujer, derechos humanos, poligamia, valor de la vida y de la muerte... Se trata de un reto radical; es decir, un reto que cuestiona nuestras raíces, y que cuestiona y pone a prueba nuestros valores espirituales. Hoy más que nunca adquieren una especial actualidad aquellas palabras de Jesús en el Evangelio: "Y no temáis a los que solo pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma..." Lo peor no es que nuestra vida terrena sea potencial objetivo de los terroristas, sino que lo más dramático es que Occidente esté en camino de un suicidio espiritual colectivo.

Hay algo todavía peor que ser víctima del terror: no tener resortes espirituales para afrontarlo.

J. I. Munilla

17.2.05

Zapatero culpa a Occidente de la expansión del fanatismo

YA sabíamos que Zapatero es, como aquel ángel que San Agustín se tropezó en la playa, propenso a formular conceptos oceánicos que la estricta razón no puede alcanzar.

Postular una «alianza de civilizaciones» o predicar unas «ansias infinitas de paz» pertenece, como el propósito de encerrar el agua del infinito océano en un hoyo excavado en la arena, al ámbito de las realizaciones imposibles.
Confesaré que, en un principio, achaqué esta propensión de Zapatero a un impulso utópico, pero bienintencionado (aunque ya se sabe con qué adoquines se empiedra el camino que conduce al infierno); en la insistencia con que formula y sostiene estos conceptos oceánicos, aun en las coyunturas más impertinentes o extemporáneas, empiezo a vislumbrar cierto cinismo.

En un artículo anterior expresaba mi desconfianza en la capacidad de Europa para defender con determinación unos valores o principios en los que ha dejado inconscientemente de creer; quizá las proclamas de Zapatero, tan rimbombantes en la forma como hueras en el fondo, sean uno de los síntomas más notorios de esa perlesía moral que se extiende por Europa.

Que dichas proclamas las emita, además, sin descolgar de los labios esa impertérrita «sonrisa de metal» a la que se refería la semana pasada Ignacio Camacho, incorpora ribetes inquietantes a lo que, de otro modo, calificaríamos de pamplinas.

Acaba de escribir Zapatero que la matanza de Londres debe enmarcarse en «un mar de injusticia universal», aserto que a simple vista enuncia una perogrullada, pues no hay calamidad, desgracia o mero contratiempo que no admita idéntico marco.

Pero este concepto tan oceánico y tontorrón de «injusticia universal» es, en realidad, la coartada ingenua que permite a Zapatero lanzar a renglón seguido la insidia: sólo mediante un «esfuerzo colectivo» podremos «comprender las condiciones que facilitan la expansión del fanatismo». Aunque no se atreve a mencionarlo explícitamente, Zapatero culpa a Occidente de dicha expansión; y, puesto que no enumera las condiciones que debemos esforzarnos en comprender, hemos de entender que conforman una amalgama también oceánica, un auténtico mar de injusticia universal que lo mismo comprende la guerra de Irak que los intentos por extender los principios y valores que encarnan nuestra moribunda civilización.

Como buen relativista, Zapatero considera que Occidente debe sentirse culpable de exportar sus ideas e instituciones (probadamente beneficiosas para el desarrollo moral, político y económico de los pueblos), pues con ello sólo ha logrado enardecer el fantasma del fanatismo.

Como buen relativista, Zapatero concibe el terrorismo como una guerra reactiva, no agresiva; y, por lo tanto, entiende que bastará con que los europeos seamos «comprensivos» con esos otros modos de vida tan respetables como el nuestro, cejando en nuestras ínfulas coloniales, para conjurar la amenaza del fanatismo, que no es sino la consecuencia lógica -morbosa quizá, pero a fin de cuentas lógica- de la injerencia occidental. Como buen relativista, Zapatero considera que todas las culturas poseen el mismo valor ético: la democracia, las declaraciones de derechos, el liberalismo, la separación entre Iglesia y Estado, criaturas típicas, originarias y propias de Occidente, quizá se hayan mostrado provechosas para el desarrollo de los pueblos que las han acogido, pero esta constatación no satisface a un relativista como Zapatero, que siempre considerará que las aportaciones de Occidente al mar de la injusticia universal han sido más numerosas.

Produce un poco de bochorno que un señor con responsabilidades de Gobierno albergue tamaña empanada mental.

Juan Manuel de Prada

13.2.05

Zapatero plagia la “Alianza de Civilizaciones”

La alianza de civilizaciones - Elementos para una crítica.

La propuesta de crear una “Alianza de Civilizaciones” para luchar contra el terrorismo fue lanzada por Zapatero el pasado septiembre durante su intervención ante la asamblea general de la ONU. Desde entonces no se ha sabido mucho sobre el desarrollo de dicha iniciativa, pero es una realidad que el gobierno socialista la está impulsando con todas sus fuerzas en el ámbito de sus contactos internacionales.

En este papel intentaré explicar el desarrollo, contenido y alcance de la idea del actual presidente español, así como aportar elementos para su crítica.

1.- ¿Qué es la cacareada Alianza de Civilizaciones?

La respuesta más sencilla es que se trata de una idea planteada en términos vagos, que ha ido tomando forma a medida que se exponía a otros.

Fue el senador por Montana Mike Mansfield quien dijo “yo no sé definir exactamente la pornografía, pero les aseguro qué sé perfectamente reconocerla”. Pues bien, algo parecido ocurre con el concepto avanzado por Rodríguez Zapatero de “Alianza de civilizaciones”: pocos son capaces de darle un contenido exacto, pero todos nos hacemos una idea. De hecho, el gobierno actual no ha realizado ninguna elaboración detallada de su propuesta. Al menos públicamente y para el consumo del pueblo español.

La idea de una “Alianza de civilizaciones” surge con motivo del discurso del actual presidente de gobierno ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el pasado 21 de septiembre de 2004. Hacia finales de un texto plagado de generalidades, Zapatero dijo lo siguiente:

…como representante de un país creado y enriquecido por culturas diversas, quiero proponer ante esa asamblea una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán. Cayó un muro. Debemos evitar ahora que el odio y la incomprensión levanten otro. España somete al Secretario General, cuya labor al frente de la Organización apoya con firmeza, la posibilidad de constituir un Grupo de Alto Nivel para llevar a cabo esta iniciativa.

Preguntado sobre el propósito de una alianza de tal naturaleza, Zapatero respondió: “Tiene como objetivo fundamental profundizar en la relación política, cultural, educativa, entre lo que representa el llamado mundo occidental y el ámbito de países árabes y musulmanes”.

En realidad, del objetivo último del gobierno español no saldría de la reunión de la ONU, donde meramente se limitó a avanzar una vaga propuesta, sino tres meses más tarde, con motivo del final de las comparecencias ante la comisión que investigaba el 11-M. De acuerdo con el diario el País, el ejecutivo socialista tenía preparada una propuesta para renovar en pacto antiterrorista, ampliándolo también al terrorismo islamista. Según ese diario, las llamadas “bases del Gobierno para una Alianza democrática” consistirían en siete principios, de los que a nosotros, aquí y ahora, sólo nos interesan dos:

· Desvincular el Islam del terrorismo de Al Qaeda;
· Cooperación internacional. Todos los partidos se deben comprometer a trabajar conjuntamente para desarrollar iniciativas de cooperación en el marco de la Unión Europea y de Naciones Unidas para hacer frente a los desafíos que plantea el terrorismo internacional. Entre las medidas de esa cooperación se incluyen intercambios económicos y culturales equitativos entre las sociedades occidentales y el mundo islámico, y a fomentar el diálogo intercultural y entre religiones, tanto dentro como fuera de las fronteras estatales.[1]

O sea, que el objetivo último es la lucha contra el terrorismo y esa lucha se entiende que debe realizarse, esencialmente, a través del diálogo y la mejora del conocimiento mutuo.

2.- ¿Qué está promoviendo el actual gobierno y quién le apoya?

Más allá de estos enunciados generales, en realidad no se sabe. Pero lo que sí es seguro es el empeño del ejecutivo socialista por impulsar esta propuesta. Así, el ministro de asuntos exteriores instruyó mediante telegrama a todas las embajadas españolas sobre la necesidad de recabar el máximo apoyo posible para la propuesta de Zapatero.

Consecuentemente, aprovechando la cumbre iberoamericana de San José de Costa Rica, el pasado 19 y 20 de noviembre, el gobierno español coló gracias a la complicidad de la delegación argentina, una declaración adicional sobre el tema, en la que literalmente se dice:

A propuesta de la delegación argentina, la XIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno exhorta al Secretario General de las Naciones Unidas para que, en uso de sus facultades, establezca un grupo de alto nivel en esa Organización sobre la propuesta del Presidente español efectuada en la ultima sesión de la Semana Ministerial de la Asamblea General de las Naciones Unidas relativa a la “Alianza de Civilizaciones”, como una herramienta idónea en su doble dimensión cultural y política de acercamiento de las naciones.

Esta declaración adicional se ha interpretado por el gobierno español como una adhesión a la idea por parte de la comunidad de países iberoamericanos.

En segundo lugar, el gobierno ha empujado también su idea con motivo de la reunión de la Liga Árabe, mantenida en El Cairo a comienzos del pasado mes de diciembre. Según Moratinos, el secretario general de la Liga, Amor Moussa, se mostró deseoso de dar el máximo apoyo a la propuesta de Zapatero ante las Naciones Unidas.

En Europa, y también al alimón de cumbres bilaterales, se cuenta en principio con el apoyo de Polonia y Portugal, aunque sólo conste públicamente el fervor de Bulgaria por la idea.

Durante la reunión del diálogo mediterráneo 5+5 que tuvo lugar en Orán, Argelia, el pasado 23 de noviembre también se discutió del diálogo entre las culturas, aunque no consta apoyo explicito a la propuesta de Zapatero.

En cualquier caso, con estos contactos y complicidades, el presidente del gobierno escribió al secretario general de la ONU, Kofi Annan, a finales de noviembre, para informarle de los avances y de los partidarios de su iniciativa, instándole a que recogiera su propuesta de crear un grupo de alto nivel que estudiara el asunto.

La respuesta de Annan llegó días más tarde, en diciembre, siendo positiva y favorable. Quedaba así constituido el grupo de alto nivel, de momento con tres miembros, el jefe de gabinete de Annan, el embajador español ante la ONU, Juan Antonio Yánez, y Máximo Cajal como experto. No sólo esta composición pone de relieve las limitaciones actuales de la propuesta, sino que la dimisión forzada del hombre de confianza de Annan, el paquistaní Iqbal Riza, y su reemplazo por Mark Malloch Brown, quien ha tomado posesión apenas hace 10 días, habrá complicado aún más los trabajos de ese grupo.

Es verdad que el número de países que formalmente están de acuerdo con la propuesta de Zapatero no ha dejado de crecer, pero eso no puede ignorar el hecho que, de momento, los logros del gobierno español se reducen a dos grandes grupos: latinoamericanos y musulmanes. Está por ver el impacto en Europa y el mundo occidental, donde, como era de esperar, los Estados Unidos, han expresado ya su rechazo.

3.- Por qué no hay que apoyar la Alianza de Civilizaciones

El contagio aparente a favor de la propuesta de Zapatero ha llevado a algunos a pensar que el Partido Popular no debe quedarse al margen de esta iniciativa y que debería apoyarla sin reservas para hacerse un hueco en la misma. Dejando al margen la inocencia de tal planteamiento que desconoce el ansia de ZP por lograr una foto en Madrid de reconocimiento universal y que, por lo tanto, no puede incluir a la oposición, apoyar el concepto de Alianza de Civilizaciones sería un gravísimo error ya que supone renegar de la visión, actitud y políticas que se han sostenido en la etapa de gobierno por el PP en la lucha contra el terrorismo.

La iniciativa de ZP se explica en parte por su necesidad de reconocimiento internacional, pero, sobre todo, porque subraya su concepción de que para luchar contra el terror recurrir al uso de la fuerza es un grave error, que lo importante es comprender las causas del terrorismo y atajarlas a través del diálogo y la promoción de la cultura.

Por lo tanto:

1) Se trata de una iniciativa para mayor gloria de zapatero y su gobierno, no de España y mucho menos de todos los españoles, incluida la oposición. Ya por esto, y aunque fuera pura táctica política, el concepto debería ser aborrecido.

2) Se trata de una iniciativa que busca condenar la política de los anteriores gobiernos en materia antiterrorista, con especial énfasis en las intervenciones exteriores como Irak. Más que suficiente para rechazar de plano el planteamiento del gobierno socialista.

Pero hay más y de mayor calado:

3) Se cuenta con una experiencia previa que ha sido todo un sonado fracaso. No suele decirse, pero la propuesta de ZP es un puro plagio de la que lanzó Jatami en 1998, ante el mismo foro, el 21 de septiembre de 1998. Sólo que en lugar de alianza Jatami empleó Diálogo de civilizaciones.
(Ver en este mismo Blog "Alianza de Civilizaciones" con fecha 06-02-2005)
De hecho, la ONU declaró el año 2001 el año del diálogo de civilizaciones, promoviendo una declaración formal que se aprobó finalmente en noviembre de ese mismo año, dos meses después de los atentados del 11-S y que ya auguraba cuáles eran los límites de dicho diálogo.

4) La propuesta parte de un planteamiento equivocado y peligroso. La Alianza, al igual que el diálogo de Jatami, fija las civilizaciones, puesto que el diálogo busca el entendimiento del otro, no su cambio o transformación. Es, por tanto, un planteamiento absolutamente relativista: nuestros valores no tienen por qué ser universales y debemos respetar los del los otros, aunque sean nuestros enemigos. En la Alianza queda claro el planteamiento de Zapatero sobre el terrorismo islámico: no es el odio a los valores occidentales, es la incultura y la pobreza la causa del terror. Ayudando a superar estos factores, todo se podrá resolver. Por lo demás, el mismo concepto de Alianza de civilizaciones tiende a esconder el hecho constatable que el terrorismo internacional es mayoritariamente islámico y, muy especialmente, proveniente del mundo árabe. Parece querer situar el fenómeno terrorista más allá de las civilizaciones, como algo externo, cuando en realidad es todo lo contrario, un producto de la enseñanza fundamentalista del Islam militante.

Henry Kamen compartía estas preocupaciones en un reciente artículo donde se mostraba convencido de que la propuesta de Zapatero era o inútil en el mejor de los casos o una farsa en el peor de ellos, puesto que una Alianza requería compartir una serie de conceptos en común, algo que, evidentemente, no sucede entre los occidentales liberales y el mundo islámico. El decía irónicamente:

Se supone que la intención no es exportar los decadentes conceptos culturales occidentales, como democracia, derechos de la mujer, libertad de expresión, libertad religiosa o tolerancia sexual. Si zapatero no tiene intención de profundizar en estos temas ¿entonces intentará profundizar en conceptos como la dictadura, el control de la prensa y la negación de la libertad sexual? (...) Zapatero puede contestar que cuando dice profundizar, quiere decir no interferir, algo así como alcanzar una situación de mutua tolerancia...[2]

Es un planteamiento peligroso porque ya conocemos cuál es el resultado de décadas en las que se ha dejado las manos libres a los líderes religiosos musulmanes y en las que sólo han aprovechado para inculcar el odio y la cultura de la muerte. Mientras que la propuesta de ZP no desborde el marco meramente gubernamental y no promueva, por tanto, mayores contactos entre grupos sociales, estará aliándose en realidad con los verdugos, no con las víctimas de la opresión y la intolerancia.

5) Hay alternativas que producirán más seguridad y bienestar. Desde la invasión de Irak, el presidente americano no se ha cansado de repetir que es la falta de libertad la causa de los males que aquejan al mundo árabe y del terrorismo islamista. Y que, por tanto, la mejor forma de combatirlo es una estrategia a largo plazo de transformación profunda de esas sociedades, o civilización si se prefiere. El G-8 endosó su Iniciativa sobre el Amplio Oriente Medio y Norte de África.

Su discurso durante la ceremonia de inauguración de su segundo mandato, ha sido claro al respecto: la seguridad de todo el mundo depende de la libertad en esa parte del mundo. La tiranía se combate con la expansión de la democracia, no con el diálogo con los tiranos.

En conclusión, la propuesta de la Alianza de civilizaciones nos enfrenta a una serie de opciones sobre las que decidir:

a) es un ejercicio vacío y fútil, destinado a mejorar la imagen y densidad internacional de Zapatero; o
b) es un acto de ingenuidad o irresponsabilidad del que sacarán provecho los enemigos de la civilización occidental, reforzando sus valores y expandiendo su audiencia.

Sea lo que sea, no parece nada atractivo. Máxime si se cree que el cambio en el Oriente Medio es posible y empieza por las elecciones del próximo domingo en Irak.

Por Rafael L. Bardají

[1] El País: “El nuevo pacto antiterrorista propone mayor colaboración entre occidente y países islámicos”. 12 de diciembre de 2004.
[2] Kamen, Henry: “¿Qué alianza? ¿Qué civilizaciones?” en El Mundo, 10 de diciembre de 2004


Quién le iba a decir a Samuel P. Huntington que, doce años después de la publicación en la revista “Foreign Affairs” de su teoría del “choque de civilizaciones”, iba a surgir de la cantera leonesa un joven y dispuesto presidente del Gobierno con la intención de desposeerle del cetro mundial de las frases grandilocuentes pero carentes de todo sustento científico.

¡Pues sí, señor Huntington, échese a temblar, que su reinado tiene los días contados! Tal desafío se escenificó inesperadamente hace algunos días en Londres, cuando Tony Blair –haciendo las veces de Don King‑ alabó las excelencias de la “alianza de civilizaciones” de Rodríguez Zapatero durante la conferencia de prensa conjunta tras su entrevista en Downing Street, presentándola como el contrincante natural –es más, el antídoto‑ del famoso “choque de civilizaciones”.

Lo malo es que a este púgil, que dice ser el único capaz de erradicar el mal del terrorismo, nadie le conoce. Sólo sabemos que responde al nombre de “alianza de civilizaciones”, el cual se nos repite una y otra vez cual slogan publicitario (¿producto quizá de la agencia que ideó la marca ZP?). Y lo peor del caso es que los españoles, acostumbrados como estamos a votar sin ver los programas electorales, repetimos dicho slogan sin pararnos ni un segundo a pensar que con qué derecho nos están intentando vender un piso ‑ahora se llaman “soluciones habitacionales”‑ sin enseñarnos siquiera el plano.
Pero, ya puestos a pedir cuentas a nuestro Presidente, preguntémosle cómo es posible presentar un endémico peso pluma (su propuesta difícilmente llena un titular periodístico) ante todo un peso pesado (Huntington dedicó un libro entero a desarrollar su teoría).


Y, siendo todavía más quisquillosos, pidámosle que nos aclare de qué fuente ha bebido: ¿del “diálogo de civilizaciones” que el dirigente iraní Jatamí propuso ante la Asamblea General de la ONU hace unos años? ¿O bien del “diálogo interreligioso” que el Magisterio de la Iglesia lleva ya varias décadas propulsando?

Es más: ¿por qué no enfrentar la “alianza de civilizaciones” a los mismos sparrings con los que tuvo que lidiar Huntington, esto es, a las decenas de expertos que castigaron con sus críticas los puntos débiles de su teoría? Al igual que el americano, Rodríguez Zapatero habla indistintamente de “civilizaciones”, “culturas” y “religiones”, lo cual supone un error conceptual de libro.

Y, además, ¿a qué civilización se refiere? ¿A la islámica? En el Islam no existe una única cabeza visible, por lo que quizá sería más conveniente referirnos a países concretos. Pero, en este caso, ¿con cuáles nos “aliamos”? ¿Con Arabia Saudita, que impide el establecimiento de cualquier otra religión en su territorio, ignorando la reciprocidad debida en justicia? ¿Con Irak y Afganistán, que maltratan sistemáticamente los derechos de la mujer, y donde chiítas y sunitas se matan entre sí a diario? ¿Con Sudán, donde se lapida a las adúlteras en aplicación de la Sharía o Ley islámica? ¿Y con Pakistán? ¿Nos aliamos hoy mismo con él, o esperamos a que el presidente Musharraf cumpla su promesa de expulsar a los islamistas radicales de las madrasas, incluso de las que no controla el Gobierno que dirige?

Y, por cierto, ¿qué hacemos con el llamado “Islam europeo”? ¿En qué civilización lo englobamos? ¿En la europea de raíces cristianas, ignoradas en la maltrecha Constitución Europea? Contéstenos por favor.

Por otro lado, la propuesta de Rodríguez Zapatero contiene una contradicción interna que merece ser resaltada: pese a rebatir la teoría de Huntington, necesita que ésta exista –que se verifique empíricamente‑ para así justificar la conformación de una “alianza” salvadora. Es decir: en última instancia, da por bueno el “choque de civilizaciones”, creando así una campo de interacción e interdependencia mutua. Paradójico, ¿verdad?

Señor Presidente: al “choque de civilizaciones” ya le fallan las piernas, debido a la edad y al exceso de combates; pero a su “alianza de civilizaciones” le pesan los guantes. Tiene todo el verano para procurar que engorde y para que defina sus todavía flácidos músculos. Entrénela bien, porque hay mucho dinero (público) apostado de por medio, en forma de partida presupuestaria aprobada en Consejo de Ministros. El combate contra el terrorismo necesita rápidos KO’s., y no pírricas victorias a los puntos.



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12.2.05

Alianza de civilizaciones (entrevista...)



(Entrevista a Bat Ye'or)

Bat Ye’or, nacida en Egipto, refugiada política en Londres, nacionalizada británica por matrimonio y profesora de Ciencias Sociales en Suiza, es la principal autoridad mundial en «dimitud». En una sustanciosa entrevista concedida a la web Frontpage Magazine, como preludio a la inminente publicación de su nuevo libro “Eurabia: el eje Euro-árabe”, Bat Ye’or analiza las raíces del antiamericanismo europeo.

Eurabia, en rigor, «no es sólo una red de varios acuerdos sobre diversos campos. Es esencialmente un proyecto político para una total simbiosis cultural y demográfica entre Europa y el mundo Árabe, en el que Israel quedaría disuelto y Norteamérica aislada y retada por un emergente territorio euro-árabe, interconectado con el mundo musulmán e investido de un tremendo poder político y económico en asuntos internacionales.

Las políticas de multilateralismo y diplomacia blanda expresan bien esta profunda simbiosis.
Los acuerdos euro-árabes son meramente las herramientas para la creación de este nuevo ‘continente’».«Es un proyecto —continúa la profesora Ye’or— que fue concebido, planeado y llevado a cabo consistentemente a través de la política de inmigración, la propaganda, el apoyo de la iglesia, asociaciones económicas y de ayuda, así como la colaboración cultural, mediática y académica.
Generaciones enteras han crecido en este marco político, siendo educados y condicionados a apoyarlo y seguir sus directrices.

Este es el origen del fuerte sentimiento antiamericano en Europa y su obsesión con Israel, dos elementos que forman la piedra angular de Eurabia».El antiamericanismo y el sentimiento antijudío Euro-árabe tiene hasta su propio martirologio —laico, eso sí.
Por ejemplo, «el pasado mes de mayo, los ministros de asuntos exteriores europeos aprobaron la creación de la Fundación Anna Lindh para el Diálogo entre Culturas, con sede en Alejandría, Egipto. Anna Lindh, Ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, asesinada por un perturbado mental, fue uno de los principales abogados de la causa palestina y del boicot a Israel. Lindh era bien conocida por sus críticas a las políticas israelíes y norteamericanas de autodefensa contra el terrorismo.

El jefe de la política exterior de la UE, Javier Solana, era un gran amigo de ella, a la que denominó como ‘una verdadera europea’».El magma antiamericano que promueve esta opción estratégica explica así mismo, (para la profesora Ye’or,) la furiosa ofensiva de una parte considerable de las sociedades europeas contra la segunda parte de la Guerra del Golfo, pues «es el contexto euro-árabe, representativo de una cultura y política totalmente antiamericana y antisionista, lo que explica la dura reacción contra la guerra en Irak, integrada dentro de la guerra contra el terrorismo islámico.

Un terrorismo que Eurabia ha negado, culpando en su lugar a la "injusticia de la ocupación israelí" y a la ‘arrogancia’ norteamericana.
Eurabia ha transformado el terrorismo islámico en un cliché: "América es el problema", en orden a consolidar la red de alianzas que sostienen su visión geoestratégica».
En cuanto al plano institucional, la apuesta euro-árabe tiene también un fiel reflejo en las posiciones políticas que la UE ha manifestado siempre respecto a Oriente Medio.
No hay más que «examinar las declaraciones de la CEE/UE desde 1977 respecto al conflicto árabe-israelí, para darse cuenta enseguida de que apoyan las decisiones y posiciones de la Liga Arabe: Las líneas del armisticio de 1949 impuestas a Israel, aunque nunca se reconocieron como fronteras internacionales; la creación en esas fronteras de un estado palestino no mencionado en la resolución 242 de la ONU; el reconocimiento de la Autoridad Palestina como única representante del pueblo palestino y de Arafat como su líder, con la obligación para Israel de negociar exclusivamente con él y el rechazo inicial de formular tratados de paz separados.

La UE aceptó todas esas exigencias de la Liga Arabe, con repetidas amenazas de boicot económico y cultural a Israel, constantemente pedido por los europeos más cercanos a sus aliados árabes y su poderoso lobby, la Asociación de Parlamentarios por la Cooperación Euro-Arabe».

Pero la autoría de este diseño estratégico tiene nombre y apellidos. Se trata de algunos de los principales muñidores de la alta política europea; en concreto «notables integrantes de Eurabia como Chirac, de Villepin, Solana, Prodi y otros, (que) han puesto el acento continuamente en la centralidad de la causa palestina para la paz mundial, como si un mayor envilecimiento hacia Israel por parte europea pudiera cambiar algo en la yijad global puesta en marcha por el terrorismo islámico.

Desde esta perspectiva, la sola existencia de Israel —no el genocidio yijadista en curso— es la amenaza para la paz».
En este contexto, la determinación política y militar del actual presidente norteamericano no puede sino encontrar una fortísima oposición a este lado del Atlántico.

Para la profesora Ye’or «la violenta tendencia europea anti-Bush está estrechamente ligada a la situación interna europea.
La declaración de guerra de Bush al terrorismo islámico desveló una realidad cuidadosamente oculta en Europa, exhibiendo su extrema fragilidad; una situación que fue compensada por una explosión de antiamericanismo y antisemitismo organizado por las redes euro-árabes».

El panorama de futuro es bien pesimista, pues «la guerra será ganada sólo si la llamamos por su nombre, si le hacemos frente y si reconocemos que obedece reglas específicas de guerra que no son las nuestras; y si las democracias y los musulmanes moderados dejan de justificar esos actos contra otros países.

La política de colusión y apoyo a los terroristas para obtener autoprotección es un engaño».

Nuestro actual Presidente del Gobierno Zapatero, también en esto llega tarde, propuso recientemente una “alianza entre civilizaciones”, que, conjugada con una valerosa huída militar de los escenarios de conflicto, aplaque finalmente a los terroristas islámicos.
Quizá inconscientemente, ZP hacía méritos para el ingreso de España en el selecto club Euro-árabe.
El requisito principal para la admisión —una vez más, el enemigo no es el Islam, sino Norteamérica— triste es decirlo, lo cumplimos holgadamente.

Todo lo publicado por esta autora sobre el proyecto europeo con los árabes, se encuentra en el apartado "Especial Bat Ye'or".

5.2.05

EL ISLAM EN ESPAÑA

EL ISLAM EN ESPAÑA,

ALA.
Es el nombre genérico de Dios en lengua árabe aunque Éste tiene, en realidad, noventa y nueve nombres o apelativos.

CORÁN.
Libro revelado a Mahoma por el arcángel Gabriel. Se divide en suras (capítulos) y aleyas (versículos) ordenados de mayor a menor extensión y siempre en lengua árabe. Varias editoriales cuentan con coranes en español, casi todos vertidos del inglés.

DERECHO.
También llamada ley islámica o «sharia», está basado en el Corán, los hadith o hechos del Profeta y en la jurisprudencia que de ellos se deriva. Su aplicación afecta tanto a la relación del individuo con Dios como con el resto de la comunidad y es especialmente rígida en Afganistán, Irán, Arabia Saudí y los Emiratos.

EDUCACIÓN.
Existen colegios para niños musulmanes en la embajada de Libia y en las mezquitas de Madrid (M-30), Granada, Valencia y Barcelona. Hay 20.000 niños magrebíes, palestinos y del África musulmana escolarizados en España.

FIESTAS.
La legislación española prevé el respeto laboral de las fiestas y ritos islámicos si contratante y contratado así lo acuerdan: Ramadán, Aid es Sagui o fin de este mes sagrado, y Aid el Kebir o fiesta del cordero. Muchos musulmanes se quejan de que algunos empresarios no cumplen la norma.

GEOGRAFÍA.
Se calcula en medio millón de personas la población musulmana residente en España. Las mayores concentraciones, a parte de en Ceuta y Melilla, se dan en Madrid, Barcelona, Levante y Andalucía.
Existen dos grandes asociaciones, la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), más progresista, y la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE).

HALAL/HARAM.
Halal es lo permitido por la religión y Haram lo prohibido, como el cerdo, el alcohol, las drogas, la homosexualidad.Existe un término intermedio, Makruh, que se refiere a lo desaconsejable, como tabaco o café.

INTEGRISMO.
Alicante y Valencia sobre todo, pero también Barcelona y Melilla podrían disponer de células integristas debido al tránsito de pasajeros en barco desde Orán y Argel.

JÓVENES.
El 90% de los inmigrantes son jóvenes menores de 35 años y casi el 70%, varones.

KILÓMETROS.
Cada año la Operación Paso del Estrecho implica a 1,5 millones de magrebíes en tránsito por España (150.000 por Alicante, 150.000 por Almería y el resto por Algeciras). Cada familia recorre una media de 1.500 kilómetros desde su lugar de trabajo en Europa hasta su lugar de origen.

LUNA.
Marca el calendario musulmán con un ritmo de 360 días anuales y 12 meses de 30 días. Por eso el Ramadán se adelanta cada años 10 días con respecto al calendario solar.

LLAMADA.
En los países islámicos el muecín llama a la oración cinco veces al día desde un minarete. En España está prohibido en virtud de la ley de contaminación acústica.

MEZQUITA. Existen 45 lugares de culto en España, 17 de ellos en Andalucía, cinco en Cataluña, siete en Madrid, cuatro en Castilla-León, tres en el País Vasco, dos en Murcia, dos en la Comunidad Valenciana y dos en Castilla-La Mancha.
La mezquita es un lugar de oración pero también de encuentros, conversación y difusión cultural.En Madrid, la de la M-30 ha sido financiada por Arabia Saudí y la de Estrecho, por Irán.

NIÑOS.
Más de 1.500 menores musulmanes viven en y de la calle en España. Por imperativo legal se intenta la reunificación familiar, pero muchos desconocen dónde están sus padres.

POLIGAMIA.
Los musulmanes pueden tener un máximo de cuatro esposas, siempre y cuando puedan mantenerlas. Según los países, se practica cada vez menos (Marruecos, Egipto, Argelia) y más en (Yemen, Arabia Saudí, Afganistán). En España es un uso prohibido por las leyes.

QUIBLA.
Palabra árabe que se refiere a la orientación en la que deben colocarse los musulmanes para rezar, en dirección hacia La Meca. En España está al sudeste.

SECTAS.
El Islam se divide en dos grandes grupos, la rama chií y la suní. La primera cree que el descendiente de Mahoma tendría que haber sido Alí y no Abu Bakr, quien aglutinó a la rama mayoritaria o sunita. Los residentes en España son casi todos suníes.

TRABAJO.
Sirios y, sobre todo, palestinos se dedican a la Medicina.También abundan los comerciantes y los expertos en derecho internacional o de aguas. Los hombres no desdeñan la costura ni la cocina. Mucho pastoreo en España es desempeñado por inmigrantes magrebíes. Las mujeres se emplean en el servicio doméstico y los hombres en la agricultura, la jardinería, obras públicas, albañilería, fontanería y servicios.

USOS.
En sus países de origen es habitual ver dos varones de la mano, costumbre que pierden al llegar a Europa. Dependiendo del país o la región se saludan con uno, dos, tres y hasta cuatro besos en las mejillas, pero no entre sexos opuestos.
Es común entre los norteafricanos llevarse la mano al corazón después de dar la mano.
Comen con dos o tres dedos de la mano izquierda y utilizan agua en lugar de papel en la higiene íntima.
El calzado se deja a la puerta de casa para indicar que se deja fuera la suciedad, física y espiritual.

VELO.
El Corán indica que la mujer ha de cubrirse en señal de modestia. El uso del hiyab o pañuelo no ha generado problemas en España, como sucedió en Francia en los años 80 y 90.

WAHABISMO.
Movimiento político-religioso de carácter integrista que surgió en Arabia en 1744. El Gobierno saudí intenta favorecer esta versión, no tan rigorista como en el pasado, a través de las mezquitas sobre las que tiene influencia, como la de la M-30.

YIHAD. El término significa «sobreponerse a». Se distinguen dos yihad distintas: la mayor, que consiste en luchar contra uno mismo y las pasiones y la menor, contra los enemigos del Islam y los ateos, no contra las demás religiones monoteístas.

ZOCO.
El comercio es vital para los musulmanes. En España montan mercadillos e improvisan rastros y bazares.

«JUDÍOS Y CRISTIANOS SON EL ENEMIGO»

Al margen del progresivo y esperanzador aumento de la colonia musulmana en nuestro país, formada por gente que reza en sus mezquitas y que procura integrarse lo más posible en la sociedad, existe un movimiento cultural islámico, muy alentado por españoles conversos, que tiene en la reivindicación de Al-Andalus (Andalucía islámica) y en el enfrentamiento con los modos culturales de Occidente uno de sus ejes principales.

El dinero de distintos países (Libia, Malasia, Marruecos), así como las contribuciones particulares procedentes de Arabia Saudí, los Emiratos, Egipto, Argelia, Pakistán, EE.UU. o Inglaterra contribuye a sostener una red de revistas y paginas web en castellano, algunas de cuyas afirmaciones extractamos.

El número cero de País Islámico, editado en junio de 1998, contenía ya un editorial algo polémico que se felicitaba por «el retorno del Islam a Al-Andalus» y explicaba el alivio de «mucha gente a la que el Islam les había estado vedado por la censura.

El mismo número incluye un artículo de Shaykh Addalqadir As-Sufi Al-Murabit con las siguientes aseveraciones:

- «Sólo los musulmanes forman una comunidad. No existe semejante cosa como la comunidad internacional.

La ley internacional es una ilusión. Las constituciones no tienen ni justicia ni poder.El poder únicamente pertenece a Allah».

- «Los derechos humanos son un engaño»

- «Es una obligación, con excusas condicionantes, luchar Yihad (guerra santa) bajo el mando de un jefe legítimo»

- «A los otros se les hará la guerra hasta que acepten la unidad de Allah.

Se previene a los musulmanes de tomar a judíos y cristianos como amigos, puesto que son enemigos».

- «Se reemplazarán las vergonzosas formas de la ley romana, revisadas y corrompidas, primero por célibes sacerdotes cristianos con inclinaciones sádicas, después por modernistas judeo-laicos».

- «El Islam vivo está en vía de destruir el esclavizante mito de la democracia».

Verde Islam recoge declaraciones del profesor Alí Kettani, rector de la Universidad Islámica Internacional Averroes de Córdoba, que asegura:

«¿Qué es el pueblo andaluz? Para mí, el pueblo andaluz son todos los ciudadadanos musulmanes del Estado español».

Movimiento Mundial Morabito (Internet): «En una era postcristiana de oscuridad sin precendetes para Occidente, los morabitos emergen como los dientes del dragón y han creado comunidades en puntos importantísimos del mundo como fortalezas de devoción y conocimiento en medio de un territorio ateo, ignorante y hostil».

Por Jaime Barrientos.
Domingo 23 de septiembre de 2001.