Un mensaje difundido por un grupo que dice ser Al Qaeda en Irak, dirigido por el jordano Abu Musab al Zarqaui, arremete contra la Cumbre de Madrid celebrada estos días y desdeña la fatua emitida por la Comisión Islámica Española en contra de Usama bin Laden, Al Qaeda y las formas de terrorismo escudadas en el Islam.
En el mensaje, el grupo desprecia la conferencia contra el terrorismo celebrada en Madrid un año después del 11-M y asegura que las naciones que la apoyan "nunca saldrán victoriosas". "Vosotros infieles, preparéis los que preparéis, seréis derrotados y nunca saldréis victoriosos porque Alá nos ha prometido la victoria. Así que no tenéis más que esperar (...) y nosotros esperaremos también", señala el comunicado, colgado hoy en una página web islamista.
El mensaje lo dirige Abu Maysara al Iraqi, designado el "coordinador de medios" para el grupo terrorista de Al Qaeda en Irak, dirigido por Al Zarqaui, que ha reivindicado la autoría de numerosos ataques, así como de secuestros de extranjeros e iraquíes.
La web en la que aparece el comunicado publicó en otras ocasiones comunicados de Al Qaeda y reivindicaciones de atentados. "Cuántas veces los infieles se unieron en solidaridad y cooperación contra el Islam para luchar contra la yihad (guerra santa)", se pregunta el comunicado. "Aterrorizar a los enemigos de Dios es nuestra fe y religión, la cual nos ha sido enseñada por el Corán", continúa.
En la Cumbre de Madrid, que concluyó ayer, participaron jefes de Estado y expertos en terrorismo de unos 50 países con el objetivo de crear la Agenda de Madrid, cuyo cometido es coordinar las acciones antiterroristas a nivel mundial.
El texto dedica algunos pasajes a los atentados de hace un año en Madrid. "No olvidemos el primero brillante aniversario del ataque de Madrid aquí donde aceptamos felicitaciones", señala.
La página albergó comunicados de un grupo llamado Abu Hafs al Masri, que reivindicó la responsabilidad de los atentados de Madrid y que vinculó el ataque con la presencia de tropas españolas en Irak.
Además, el comunicado muestra su desdén por el presidente de la Comisión Islámica Española, Mansur Escudero, por haber emitido una fatua en la que declara a Usama bin Laden un apóstata, así como a su grupo Al Qaeda, y que ha recibido el apoyo de los musulmanes de Marruecos, Argelia y Libia.
Europa Press 12/03/2005
.
Seguidores
20.3.05
19.3.05
El devenir del Islam Europeo
Diez millones de ciudadanos europeos de origen musulmán viven la tensión entre una reivindicación defensiva de su identidad y una asimilación que es aprovechada por la prédica de los movimientos fundamentalistas.
Acaso la europeización del islam -mediante la combinación de la demografía y de la emigración- trae consigo un aggiornamento decisivo con un valor ejemplar para el resto del mundo?
¿O, por el contrario, es la oportunidad para los militantes islamistas y salafistas de establecer las cabezas de puente de un proselitismo que, de creer a los más exaltados, garantizaría la tercera -y victoriosa- expansión islámica en suelo europeo, tras los dos fracasos sancionados por la Reconquista española en el siglo XV y la derrota otomana en el asedio de Viena en 1683?
Dos acontecimientos dramáticos que han tenido lugar en 2004 ilustran este dilema y lo llevan al paroxismo: el atentado de Madrid, por un lado, y por otro, la movilización de los ciudadanos de origen musulmán a favor de los periodistas secuestrados en Irak.
El atentado de Madrid fue perpetrado por jóvenes marroquíes inmigrados a España, con el apoyo logístico de "profesionales" de la red Al Qaeda. Junto a los marginados y los delincuentes que son la presa habitual de los predicadores salafistas-yihadistas, había también individuos socialmente bien integrados, como el estudioso Mohamed Ata, estudiante aplicado en Hamburgo y jefe de los terroristas del 11-S; la aparición de personalidades esquizofrénicas transfiguradas por el islamismo radical en asesinos en masa sólo afecta a algunos individuos, pero su impacto es devastador para el devenir del islam europeo, al que toman como rehén, por encima incluso de los centenares de muertos que provocan.
Más allá de la capacidad de Bin Laden y sus subalternos para cambiar el resultado esperado de las elecciones españolas, o para obtener la retirada de Irak del ejército de Madrid, en el movimiento salafista-yihadista encontramos la certeza de que España es desde la Andalucía musulmana "tierra del islam" para la eternidad y que allí es lícita la yihad contra los "ocupantes" no musulmanes cuyo asesinato está permitido.
Dentro de esta lógica, el 11-M es tan sólo la primera batalla de una Reconquista al revés, cuyo horizonte es Europa.
Frente a esto también se inscribe la movilización de los ciudadanos franceses de origen o de confesión musulmana (sea cual fuera su fe o creencia, para la que la República, al contrario que los Estados islámicos, les da la libertad) en apoyo de sus dos conciudadanos periodistas secuestrados en Irak y amenazados de muerte por otros salafistas-yihadistas si la ley sobre el laicismo en la escuela no era retirada.
Con frecuencia nos hacemos preguntas sobre la incapacidad de los musulmanes no islamistas para hacer oír su voz: en este caso se ha expresado con fuerza y ha tenido un efecto de arrastre notable en las sociedades de Oriente Próximo, donde los secuestradores del llamado Ejército Islámico de Irak, al quedar en falso, han tenido que renunciar a ejecutar su amenaza.
La mayoría de nuestros conciudadanos europeos de origen musulmán, cuando tienen la sensación de una inserción satisfactoria en su entorno político, social, económico o cultural, no sienten la necesidad de convertir su confesión en una bandera de identidad más de lo que pueda sentirla la mayoría de sus compatriotas de origen católico, judío, protestante u otro.
La reacción masiva frente al chantaje de los secuestradores también ha expresado el rechazo de una "sociedad civil de origen musulmán" francesa a verse representada por las corrientes surgidas de los Hermanos Musulmanes, quienes, a través de su preponderancia en el Consejo Francés del Culto Musulmán, dibujan día tras día los contornos confesionales de una fragmentación de la sociedad francesa en comunidades enraizadas en identidades religiosas defensivas y avivan las brasas de la cuestión del velo en la escuela, bandera de identidad por excelencia de esta fragmentación.
El desafío de Turquía
No es poco lo que está en juego: se trata nada menos que de la capacidad de Europa para demostrar ante el mundo islámico que sus ciudadanos de origen musulmán son la primera generación surgida del universo del islam que participa en una sociedad democrática cuyos beneficios están vedados para la inmensa mayoría de los parientes que permanecen en la aldea en Africa.
Todo el mundo en el Magreb, en Africa, en Pakistán o en Turquía tiene un primo en Marsella, Birmingham, Düsseldorf, Barcelona o Milán. Están pendientes de la evolución de este miembro de la familia, próxima o alejada, que participa al mismo nivel y en la realidad en el aggiornamento de la civilización musulmana heredada en contacto con la modernidad democrática en el mismo lugar en el que ésta se elabora (mientras que en la aldea esto se vive por poderes, a través de la televisión por satélite, Internet y sus efectos distorsionadores).
Con demasiada frecuencia, esta dimensión ejemplar también se ve agravada por las dificultades para el ascenso social de los jóvenes pertenecientes a las últimas generaciones de inmigrantes, muchos de los cuales proceden de países musulmanes.
El ámbito de este malestar es un terreno predilecto del movimiento islamista que se esfuerza en convertir el desánimo en un rechazo de la sociedad "impía" europea y en una cosificación defensiva a nivel de la identidad que se proyecta en una Umma -una comunidad de creyentes mesiánica- cuyo mecanismo no deja de recordar al internacionalismo proletario de antaño.
No nos extrañe que los supervivientes del comunismo y del izquierdismo en el viejo continente hayan establecido, tanto dentro del Foro Social Europeo (FSE) como en diversas asociaciones de barrios desfavorecidos, una alianza con los paladines del velo en la escuela.
El dinamismo militante de estos últimos transforma a los primeros en "compañeros de ruta" y pone crudamente en evidencia su carencia de un proyecto.
Esta batalla que se desarrolla en torno al futuro de los musulmanes en Europa y en la que la conquista de los medios de comunicación es una cuestión de poder crucial, ya que se trata también de una lucha de imágenes, se dirime ya con fuerza en torno a la cuestión turca.
Por un lado, el efecto de atracción de Europa ha obligado al AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), en el poder en Ankara -muchos de cuyos miembros salieron de la matriz de los Hermanos Musulmanes-, a disolver en el crisol democrático de Bruselas la ideología islamista que hacía que Erbakan, la figura tutelar del islamismo turco, describiese a Europa como un "club judeocristiano" al que oponía un M-8 que agrupase a los grandes países musulmanes.
Este factor se debe tanto a la presión del electorado del AKP, las clases ascendentes y piadosas de Anatolia deseosas de realizar las concesiones necesarias para fundirse en la prosperidad europea, como al tropismo europeo antiguo de las elites políticas turcas laicas que, a su vez, en gran número son europeas "de origen", ya que proceden de Rumelia (la antigua parte europea del Imperio Otomano) y se instalaron en la Turquía moderna durante los intercambios de población de los años veinte.
Pero, por otro lado, la integración europea es también, según una irónica lógica de frentes invertidos, la ocasión para los islamistas turcos de luchar contra el laicismo surgido con Atatürk, utilizando las libertades civiles europeas para convertir en lícito y promover, por ejemplo, el velo en la Universidad turca, a la vez que aportan el apoyo de su masa demográfica a los Hermanos Musulmanes y salafistas franceses y demás europeos que luchan a favor del velo en la escuela.
Como todas la batallas políticas, la que implica al islam y a Europa no verá a los diferentes protagonistas "salir del hamman igual que entraron", como dice el proverbio árabe. Pero es necesario plantear los desafíos con claridad para que cada cual sepa cómo definirse y con quién identificarse.
Por Gilles Kepel
Nota: Politólogo. Instituto de Estudios Políticos de París.
Copyright Clarín y Le Monde, 2004.
Acaso la europeización del islam -mediante la combinación de la demografía y de la emigración- trae consigo un aggiornamento decisivo con un valor ejemplar para el resto del mundo?
¿O, por el contrario, es la oportunidad para los militantes islamistas y salafistas de establecer las cabezas de puente de un proselitismo que, de creer a los más exaltados, garantizaría la tercera -y victoriosa- expansión islámica en suelo europeo, tras los dos fracasos sancionados por la Reconquista española en el siglo XV y la derrota otomana en el asedio de Viena en 1683?
Dos acontecimientos dramáticos que han tenido lugar en 2004 ilustran este dilema y lo llevan al paroxismo: el atentado de Madrid, por un lado, y por otro, la movilización de los ciudadanos de origen musulmán a favor de los periodistas secuestrados en Irak.
El atentado de Madrid fue perpetrado por jóvenes marroquíes inmigrados a España, con el apoyo logístico de "profesionales" de la red Al Qaeda. Junto a los marginados y los delincuentes que son la presa habitual de los predicadores salafistas-yihadistas, había también individuos socialmente bien integrados, como el estudioso Mohamed Ata, estudiante aplicado en Hamburgo y jefe de los terroristas del 11-S; la aparición de personalidades esquizofrénicas transfiguradas por el islamismo radical en asesinos en masa sólo afecta a algunos individuos, pero su impacto es devastador para el devenir del islam europeo, al que toman como rehén, por encima incluso de los centenares de muertos que provocan.
Más allá de la capacidad de Bin Laden y sus subalternos para cambiar el resultado esperado de las elecciones españolas, o para obtener la retirada de Irak del ejército de Madrid, en el movimiento salafista-yihadista encontramos la certeza de que España es desde la Andalucía musulmana "tierra del islam" para la eternidad y que allí es lícita la yihad contra los "ocupantes" no musulmanes cuyo asesinato está permitido.
Dentro de esta lógica, el 11-M es tan sólo la primera batalla de una Reconquista al revés, cuyo horizonte es Europa.
Frente a esto también se inscribe la movilización de los ciudadanos franceses de origen o de confesión musulmana (sea cual fuera su fe o creencia, para la que la República, al contrario que los Estados islámicos, les da la libertad) en apoyo de sus dos conciudadanos periodistas secuestrados en Irak y amenazados de muerte por otros salafistas-yihadistas si la ley sobre el laicismo en la escuela no era retirada.
Con frecuencia nos hacemos preguntas sobre la incapacidad de los musulmanes no islamistas para hacer oír su voz: en este caso se ha expresado con fuerza y ha tenido un efecto de arrastre notable en las sociedades de Oriente Próximo, donde los secuestradores del llamado Ejército Islámico de Irak, al quedar en falso, han tenido que renunciar a ejecutar su amenaza.
La mayoría de nuestros conciudadanos europeos de origen musulmán, cuando tienen la sensación de una inserción satisfactoria en su entorno político, social, económico o cultural, no sienten la necesidad de convertir su confesión en una bandera de identidad más de lo que pueda sentirla la mayoría de sus compatriotas de origen católico, judío, protestante u otro.
La reacción masiva frente al chantaje de los secuestradores también ha expresado el rechazo de una "sociedad civil de origen musulmán" francesa a verse representada por las corrientes surgidas de los Hermanos Musulmanes, quienes, a través de su preponderancia en el Consejo Francés del Culto Musulmán, dibujan día tras día los contornos confesionales de una fragmentación de la sociedad francesa en comunidades enraizadas en identidades religiosas defensivas y avivan las brasas de la cuestión del velo en la escuela, bandera de identidad por excelencia de esta fragmentación.
El desafío de Turquía
No es poco lo que está en juego: se trata nada menos que de la capacidad de Europa para demostrar ante el mundo islámico que sus ciudadanos de origen musulmán son la primera generación surgida del universo del islam que participa en una sociedad democrática cuyos beneficios están vedados para la inmensa mayoría de los parientes que permanecen en la aldea en Africa.
Todo el mundo en el Magreb, en Africa, en Pakistán o en Turquía tiene un primo en Marsella, Birmingham, Düsseldorf, Barcelona o Milán. Están pendientes de la evolución de este miembro de la familia, próxima o alejada, que participa al mismo nivel y en la realidad en el aggiornamento de la civilización musulmana heredada en contacto con la modernidad democrática en el mismo lugar en el que ésta se elabora (mientras que en la aldea esto se vive por poderes, a través de la televisión por satélite, Internet y sus efectos distorsionadores).
Con demasiada frecuencia, esta dimensión ejemplar también se ve agravada por las dificultades para el ascenso social de los jóvenes pertenecientes a las últimas generaciones de inmigrantes, muchos de los cuales proceden de países musulmanes.
El ámbito de este malestar es un terreno predilecto del movimiento islamista que se esfuerza en convertir el desánimo en un rechazo de la sociedad "impía" europea y en una cosificación defensiva a nivel de la identidad que se proyecta en una Umma -una comunidad de creyentes mesiánica- cuyo mecanismo no deja de recordar al internacionalismo proletario de antaño.
No nos extrañe que los supervivientes del comunismo y del izquierdismo en el viejo continente hayan establecido, tanto dentro del Foro Social Europeo (FSE) como en diversas asociaciones de barrios desfavorecidos, una alianza con los paladines del velo en la escuela.
El dinamismo militante de estos últimos transforma a los primeros en "compañeros de ruta" y pone crudamente en evidencia su carencia de un proyecto.
Esta batalla que se desarrolla en torno al futuro de los musulmanes en Europa y en la que la conquista de los medios de comunicación es una cuestión de poder crucial, ya que se trata también de una lucha de imágenes, se dirime ya con fuerza en torno a la cuestión turca.
Por un lado, el efecto de atracción de Europa ha obligado al AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), en el poder en Ankara -muchos de cuyos miembros salieron de la matriz de los Hermanos Musulmanes-, a disolver en el crisol democrático de Bruselas la ideología islamista que hacía que Erbakan, la figura tutelar del islamismo turco, describiese a Europa como un "club judeocristiano" al que oponía un M-8 que agrupase a los grandes países musulmanes.
Este factor se debe tanto a la presión del electorado del AKP, las clases ascendentes y piadosas de Anatolia deseosas de realizar las concesiones necesarias para fundirse en la prosperidad europea, como al tropismo europeo antiguo de las elites políticas turcas laicas que, a su vez, en gran número son europeas "de origen", ya que proceden de Rumelia (la antigua parte europea del Imperio Otomano) y se instalaron en la Turquía moderna durante los intercambios de población de los años veinte.
Pero, por otro lado, la integración europea es también, según una irónica lógica de frentes invertidos, la ocasión para los islamistas turcos de luchar contra el laicismo surgido con Atatürk, utilizando las libertades civiles europeas para convertir en lícito y promover, por ejemplo, el velo en la Universidad turca, a la vez que aportan el apoyo de su masa demográfica a los Hermanos Musulmanes y salafistas franceses y demás europeos que luchan a favor del velo en la escuela.
Como todas la batallas políticas, la que implica al islam y a Europa no verá a los diferentes protagonistas "salir del hamman igual que entraron", como dice el proverbio árabe. Pero es necesario plantear los desafíos con claridad para que cada cual sepa cómo definirse y con quién identificarse.
Por Gilles Kepel
Nota: Politólogo. Instituto de Estudios Políticos de París.
Copyright Clarín y Le Monde, 2004.
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Información relacionada con este tema:
Fundamentalismo islámico
,
Yihad islámica
13.3.05
La Religión como amenaza
WASHINGTON, sábado, 7 febrero 2004 (ZENIT.org).-
En vísperas de Navidad, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicaba un informe sobre la libertad religiosa hasta el 30 de junio pasado. Algunos países como China descalifican este informe anual, al que acusan de ser una injustificada intrusión en sus asuntos internos. Sin embargo, la libertad religiosa es un derecho garantizado por numerosos documentos internacionales, incluyendo la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, observaba el informe. La religión como amenaza.
El informe enumera algunas naciones donde se carece de libertad religiosa debido a la amenaza que la religión puede representar para el régimen. Estas naciones son:
--Birmania. Los agentes del gobierno regularmente se infiltran o supervisan las actividades de virtualmente todas las organizaciones, incluyendo a los grupos religiosos, observa el Departamento de Estado norteamericano. Entre los abusos se incluyen restricciones al clero budista que promueve los derechos humanos y a los grupos cristianos que buscan permisos para construir nueva iglesias. Se censuran todas las publicaciones religiosas.
--China. El informe acusa a las autoridades de continuar su acoso a miembros de grupos religiosos no registrados. Autoridades locales siguen organizando derrumbes selectivos de iglesias, templos y mezquitas no registrados. «Se detiene, arresta o sentencia a prisión a muchos líderes religiosos y a sus seguidores», comenta el informe.
--Cuba: el gobierno sigue «tratando de controlar y supervisar las instituciones y actividades religiosas, y usa la vigilancia, la infiltración y el hostigamiento contra grupos religiosos, profesionales religiosos y personal laico», dice el informe. Las autoridades ignoran también las peticiones de reconocimiento legal de grupos religiosos y siguen denegando permisos para construir iglesias. Severas restricciones obstaculizan el funcionamiento de escuelas parroquiales y la impresión de material religioso.
--Laos. El informe cita una mejora moderada en algunas partes del país, así como deterioros en otras. En general, el gobierno «ha continuado inhibiendo la práctica religiosa de todas las personas, especialmente de aquellas que pertenecen a religiones minoritarias». Algunos funcionarios locales presionan a los cristianos para que renuncien a su fe, mientras el gobierno prohíbe a los extranjeros el proselitismo.
--Corea del Norte. «No existe una genuina libertad religiosa», es el dictamen del informe. Las medidas represivas incluyen ejecuciones, torturas y encarcelamientos. Es difícil de conseguir información sobre Corea del Norte, pero el informe observaba que en abril de 1999 y también en mayo y junio del 2002, varios testigos aportaron su testimonio ante el Congreso de que los prisioneros condenados por sus creencias religiosas eran peor tratados en general que otros internos.
--Vietnam. Todavía se dan significativas restricciones a los grupos religiosos no reconocidos por el gobierno. «Los grupos religiosos han hecho frente a dificultades en la preparación y ordenación del clero y han encontrado algunas restricciones a la hora de llevar a cabo actividades educativas y de caridad». El informe también dice que en algunas provincias de las regiones montañosas del centro, la policía había hostigado y detenido a creyentes y destruidos sus lugares de culto. «Amenazas a la seguridad»
El Departamento de Estado de Estados Unidos coloca en una lista separada aquellos países donde los gobiernos son hostiles a los grupos religiosos por ser vistos como una amenaza a la «seguridad». Éstos son:
--Irán. El informe observa que los miembros de las minorías religiosas del país --bahabitas, judíos, cristianos, musulmanes sunníes y sufíes-- sufren diversos grados de discriminación sancionada oficialmente, incluyendo intimidación, hostigamiento y encarcelamiento. Los que más sufren son los seguidores de la fe bahabita, considerada como una clase de «secta islámica rebelde».
--Irak. Antes de su caída, Sadam Husein utilizó medidas represivas «contra algunos grupos y organizaciones religiosas consideradas no totalmente a favor del apoyo político y social al régimen». Y las autoridades continuaron reprimiendo de manera estricta a los líderes religiosos chiíes.
--Pakistán. El informe acusa al gobierno de no ser capaz de proteger los derechos religiosos de las minorías. Han campado a nivel nacional las leyes discriminatorias. Y las autoridades «han fallado a la hora de intervenir en los caos de violencia social dirigida a grupos religiosos minoritarios», especialmente chiítas.
-- Arabia Saudí. «El gobierno sigue haciendo cumplir una versión estrictamente conservadora del Islam sunní y suprime la práctica de las demás interpretaciones del Islam y de las religiones no musulmanas», establece el informe de Estados Unidos.
Los creyentes no musulmanes hacen frente a la amenaza de «arresto, encarcelamiento, azotes, deportación y en algunos casos abusos físicos por realizar actividades religiosas que atraigan la atención oficial».
El informe también llama la atención sobre los predicadores de las mezquitas a sueldo del gobierno que utilizan «un lenguaje violentamente antijudío y anticristiano en sus sermones». Como nota positiva el informe observa que las autoridades han sustituido a más de 2.000 imanes por sus predicaciones extremistas.
--Sudán. El informe dice que el gobierno de Jartum sigue con su política de islamización, «relegando de facto a los no musulmanes a una ciudadanía de segunda clase». Los grupos religiosos no musulmanes encuentran dificultades para ser registrados.
Las autoridades rechazan el permiso de construcción de cualquier iglesia en el área de Jartum o en las capitales de distrito. Y los fondos de varios proyectos de ayuda católicos han sido confiscados cuando éstos eran cerrados temporalmente o cambiados de localización.
--Turkmenistán. El informe acusa al gobierno de seguir restringiendo toda forma de expresión religiosa. Las agencias públicas y los tribunales interpretan las leyes de tal manera que se discrimina a todos los que practican cualquier fe que no sea el Islam sunní o el Cristianismo Ortodoxo Ruso, «que están controlados por el gobierno».
Otros grupos se ven privados de reunirse en público, hacer proselitismo, o distribuir materiales religiosos. Las autoridades también restringen el número de mezquitas musulmanas y controlan el acceso a la educación islámica. Además, el gobierno impone el uso de la guía espiritual del presidente Saparmurat Niyazov, «Rukhnama», en las instituciones educativas, mezquitas e iglesias ortodoxas rusas.
--Uzbekistán. Se permite que funcionen los principales grupos religiosos, pero el gobierno restringe la libertad de las religiones minoritarias. El informe observa las duras medidas contra los musulmanes considerados extremistas, así como el hostigamiento de grupos cristianos con miembros de etnia uzbeka.
Otras restricciones incluyen un proceso excesivamente estricto de registro de las organizaciones religiosas que fuerza a muchos grupos a operar de manera ilegal. Parcialmente perdonados Otros gobiernos, observa el informe, tienen leyes que favorecen a ciertas religiones y ponen a otras en desventaja. Esto es con frecuencia resultado del predominio histórico de una religión.
En Bielorrusia, el respeto por la libertad religiosa empeoró durante el periodo cubierto por el informe, establece el documento. Eritrea también es mencionada debido a su hostigamiento hacia los protestantes, testigos de Jehová, y seguidores de la fe bahabita.
Y en Rusia, algunas agencias federales y muchas autoridades locales siguen restringiendo los derechos de las minorías religiosas. Israel ha recibido críticas por su discriminación de los no judíos en la educación, la vivienda, el empleo y los servicios sociales.
Los cristianos evangélicos, los Testigos de Jehová, y los Judíos Reformados y Conservadores se quejaron de incidentes de hostigamiento, amenazas y vandalismo dirigido contra sus edificios y otras instalaciones. Otra categoría de países citados son aquellos cuya autoridades no logran actuar con suficiente vigor contra las violaciones de la libertad religiosa. Aquí se mencionan de manera singularizada Bangladesh, la India, Egipto, Georgia, Guatemala, Indonesia y Nigeria.
Como en años anteriores el informe critica a algunas naciones de Europa occidental --Bélgica, Francia y Alemania-- por leyes que han llevado a «estigmatizar a religiones minoritarias al asociarlas con ‘cultos’ peligrosos». El Departamento de Estado de Estados Unidos observa que estas leyes han recibido críticas también de otros organismos, como la Federación Internacional de Helsinki para los Derechos Humanos y el Consejo de Europa.
En vísperas de Navidad, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicaba un informe sobre la libertad religiosa hasta el 30 de junio pasado. Algunos países como China descalifican este informe anual, al que acusan de ser una injustificada intrusión en sus asuntos internos. Sin embargo, la libertad religiosa es un derecho garantizado por numerosos documentos internacionales, incluyendo la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, observaba el informe. La religión como amenaza.
El informe enumera algunas naciones donde se carece de libertad religiosa debido a la amenaza que la religión puede representar para el régimen. Estas naciones son:
--Birmania. Los agentes del gobierno regularmente se infiltran o supervisan las actividades de virtualmente todas las organizaciones, incluyendo a los grupos religiosos, observa el Departamento de Estado norteamericano. Entre los abusos se incluyen restricciones al clero budista que promueve los derechos humanos y a los grupos cristianos que buscan permisos para construir nueva iglesias. Se censuran todas las publicaciones religiosas.
--China. El informe acusa a las autoridades de continuar su acoso a miembros de grupos religiosos no registrados. Autoridades locales siguen organizando derrumbes selectivos de iglesias, templos y mezquitas no registrados. «Se detiene, arresta o sentencia a prisión a muchos líderes religiosos y a sus seguidores», comenta el informe.
--Cuba: el gobierno sigue «tratando de controlar y supervisar las instituciones y actividades religiosas, y usa la vigilancia, la infiltración y el hostigamiento contra grupos religiosos, profesionales religiosos y personal laico», dice el informe. Las autoridades ignoran también las peticiones de reconocimiento legal de grupos religiosos y siguen denegando permisos para construir iglesias. Severas restricciones obstaculizan el funcionamiento de escuelas parroquiales y la impresión de material religioso.
--Laos. El informe cita una mejora moderada en algunas partes del país, así como deterioros en otras. En general, el gobierno «ha continuado inhibiendo la práctica religiosa de todas las personas, especialmente de aquellas que pertenecen a religiones minoritarias». Algunos funcionarios locales presionan a los cristianos para que renuncien a su fe, mientras el gobierno prohíbe a los extranjeros el proselitismo.
--Corea del Norte. «No existe una genuina libertad religiosa», es el dictamen del informe. Las medidas represivas incluyen ejecuciones, torturas y encarcelamientos. Es difícil de conseguir información sobre Corea del Norte, pero el informe observaba que en abril de 1999 y también en mayo y junio del 2002, varios testigos aportaron su testimonio ante el Congreso de que los prisioneros condenados por sus creencias religiosas eran peor tratados en general que otros internos.
--Vietnam. Todavía se dan significativas restricciones a los grupos religiosos no reconocidos por el gobierno. «Los grupos religiosos han hecho frente a dificultades en la preparación y ordenación del clero y han encontrado algunas restricciones a la hora de llevar a cabo actividades educativas y de caridad». El informe también dice que en algunas provincias de las regiones montañosas del centro, la policía había hostigado y detenido a creyentes y destruidos sus lugares de culto. «Amenazas a la seguridad»
El Departamento de Estado de Estados Unidos coloca en una lista separada aquellos países donde los gobiernos son hostiles a los grupos religiosos por ser vistos como una amenaza a la «seguridad». Éstos son:
--Irán. El informe observa que los miembros de las minorías religiosas del país --bahabitas, judíos, cristianos, musulmanes sunníes y sufíes-- sufren diversos grados de discriminación sancionada oficialmente, incluyendo intimidación, hostigamiento y encarcelamiento. Los que más sufren son los seguidores de la fe bahabita, considerada como una clase de «secta islámica rebelde».
--Irak. Antes de su caída, Sadam Husein utilizó medidas represivas «contra algunos grupos y organizaciones religiosas consideradas no totalmente a favor del apoyo político y social al régimen». Y las autoridades continuaron reprimiendo de manera estricta a los líderes religiosos chiíes.
--Pakistán. El informe acusa al gobierno de no ser capaz de proteger los derechos religiosos de las minorías. Han campado a nivel nacional las leyes discriminatorias. Y las autoridades «han fallado a la hora de intervenir en los caos de violencia social dirigida a grupos religiosos minoritarios», especialmente chiítas.
-- Arabia Saudí. «El gobierno sigue haciendo cumplir una versión estrictamente conservadora del Islam sunní y suprime la práctica de las demás interpretaciones del Islam y de las religiones no musulmanas», establece el informe de Estados Unidos.
Los creyentes no musulmanes hacen frente a la amenaza de «arresto, encarcelamiento, azotes, deportación y en algunos casos abusos físicos por realizar actividades religiosas que atraigan la atención oficial».
El informe también llama la atención sobre los predicadores de las mezquitas a sueldo del gobierno que utilizan «un lenguaje violentamente antijudío y anticristiano en sus sermones». Como nota positiva el informe observa que las autoridades han sustituido a más de 2.000 imanes por sus predicaciones extremistas.
--Sudán. El informe dice que el gobierno de Jartum sigue con su política de islamización, «relegando de facto a los no musulmanes a una ciudadanía de segunda clase». Los grupos religiosos no musulmanes encuentran dificultades para ser registrados.
Las autoridades rechazan el permiso de construcción de cualquier iglesia en el área de Jartum o en las capitales de distrito. Y los fondos de varios proyectos de ayuda católicos han sido confiscados cuando éstos eran cerrados temporalmente o cambiados de localización.
--Turkmenistán. El informe acusa al gobierno de seguir restringiendo toda forma de expresión religiosa. Las agencias públicas y los tribunales interpretan las leyes de tal manera que se discrimina a todos los que practican cualquier fe que no sea el Islam sunní o el Cristianismo Ortodoxo Ruso, «que están controlados por el gobierno».
Otros grupos se ven privados de reunirse en público, hacer proselitismo, o distribuir materiales religiosos. Las autoridades también restringen el número de mezquitas musulmanas y controlan el acceso a la educación islámica. Además, el gobierno impone el uso de la guía espiritual del presidente Saparmurat Niyazov, «Rukhnama», en las instituciones educativas, mezquitas e iglesias ortodoxas rusas.
--Uzbekistán. Se permite que funcionen los principales grupos religiosos, pero el gobierno restringe la libertad de las religiones minoritarias. El informe observa las duras medidas contra los musulmanes considerados extremistas, así como el hostigamiento de grupos cristianos con miembros de etnia uzbeka.
Otras restricciones incluyen un proceso excesivamente estricto de registro de las organizaciones religiosas que fuerza a muchos grupos a operar de manera ilegal. Parcialmente perdonados Otros gobiernos, observa el informe, tienen leyes que favorecen a ciertas religiones y ponen a otras en desventaja. Esto es con frecuencia resultado del predominio histórico de una religión.
En Bielorrusia, el respeto por la libertad religiosa empeoró durante el periodo cubierto por el informe, establece el documento. Eritrea también es mencionada debido a su hostigamiento hacia los protestantes, testigos de Jehová, y seguidores de la fe bahabita.
Y en Rusia, algunas agencias federales y muchas autoridades locales siguen restringiendo los derechos de las minorías religiosas. Israel ha recibido críticas por su discriminación de los no judíos en la educación, la vivienda, el empleo y los servicios sociales.
Los cristianos evangélicos, los Testigos de Jehová, y los Judíos Reformados y Conservadores se quejaron de incidentes de hostigamiento, amenazas y vandalismo dirigido contra sus edificios y otras instalaciones. Otra categoría de países citados son aquellos cuya autoridades no logran actuar con suficiente vigor contra las violaciones de la libertad religiosa. Aquí se mencionan de manera singularizada Bangladesh, la India, Egipto, Georgia, Guatemala, Indonesia y Nigeria.
Como en años anteriores el informe critica a algunas naciones de Europa occidental --Bélgica, Francia y Alemania-- por leyes que han llevado a «estigmatizar a religiones minoritarias al asociarlas con ‘cultos’ peligrosos». El Departamento de Estado de Estados Unidos observa que estas leyes han recibido críticas también de otros organismos, como la Federación Internacional de Helsinki para los Derechos Humanos y el Consejo de Europa.
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Información relacionada con este tema:
Persecución Cristianos
,
Religión
12.3.05
Los musulmanes viven en un mundo prisionero del pasado

Entrevista al islamólogo Samir Khalil Samir
Publicada en "La Razón"
Tras los atentados de Occidente, como ocurrió tras la caída de las Torres Gemelas y en otras trágicas ocasiones, el mundo musulmán reacciona de modo poco organizado.Hay quien habla incluso de la "parálisis" de la Media Luna.
R- No es una novedad, sino la confirmación de viejos problemas sin resolver que el islam lleva arrastrando desde hace tiempo
¿Por qué el islam es incapaz de asumir una actitud unitaria, profesor?
- Le falta una autoridad religiosa única reconocida por todos los musulmanes. Hay puntos de referencia notables, pero a menudo toman actitudes opuestas. Por ejemplo, en el asunto de los "kamikazes" y de su justificación religiosa, hemos asistido a una división muy significativa: el rector de la universidad de Al-Azhar, Muhammad Tantawi -una de las mayores autoridades del mundo sunnita- había emitido una fatwa en la que recordaba que hay que condenar el suicidio en cualquier caso, también cuando se hace en nombre de Dios.
El gran muftí de Arabia Saudí lo corroboró, pero poco después, otro famoso jeque egipcio, Yusuf-al-Qaradwi, les acusó de proponer "razonamientos abstractos, que no contemplan la necesidad de defender el islam de los ataques a los que está sometido en muchas partes del mundo y que justifican el martirio". Políticamente, la mayor parte de los "muftíes" y muchos "ulemas" siguen las pautas de los gobiernos de los países en los que viven (y que les pagan) y esto les hace menos creíbles a los ojos de muchos fieles.
Telepredicadores y tradición.
Por último, hay que tener en cuenta la gran influencia ejercida por los telepredicadores, que entran en las casas de millones de musulmanes y pueden ser más convincentes que los imanes de las mezquitas. Al-Qaradawi, por ejemplo, vive en los Emiratos Árabes pero es muy seguido en todo el mundo árabe, porque sale en televisión y muestra una gran capacidad para dar respuesta a las preguntas incisivas de la gente, partiendo del Corán y de la tradición. Otros responden a las preguntas más recurrentes a través de Internet, a golpe de citas coránicas.
O sea, que en el mundo islámico la popularidad también está reñida con la oficialidad...
R- Es una de las consecuencias a largo plazo producidas por la caída del califato y la llegada del presidente Kamal Ataturk. Hasta 1924 en el mundo sunnita había un punto de referencia al que uno se podía dirigir: al menos había alguien que decía "esto se puede hacer" o "está prohibido". Era una autoridad que reunía el aspecto religioso y el político, y que garantizaba algunas referencias comunes. Tras su abolición a manos de Ataturk, también faltó aquella referencia, el mundo musulmán entró en un periodo de gran desorientación y aumentaron las divisiones que ya existían en su seno.
No es casual que en algunos de los mensajes de Ben Laden se haga referencia implícita a la caída del califato a manos de Occidente y se proponga reconstruirlo para volver a dar fuerza a la nación islámica, que es el sueño nostálgico de mucha gente. Pero eso es mirar al pasado para no afrontar con realismo los problemas del presente.
El Corán se utiliza tanto para condenar como para justificar las mismas cosas. Es típico el ejemplo de las acciones de martirio de los "kamikazes", pero ocurre lo mismo con muchos otros problemas. ¿Es posible salir de este uso ambiguo en los textos sagrados?
R- En el Corán se pueden encontrar soluciones diferentes para el mismo problema, y esto permite siempre que se pueda echar mano de los textos desde diferentes perspectivas: se pueden "exhibir" versículos como apoyo a la propia tesis, proclamando siempre la ortodoxia.
Existe también un problema de método: paralelamente a una lectura interpretativa, que tiene en cuenta la realidad cotidiana y valora el uso de la razón, existe una lectura "mecanicista", que quiere aplicar de modo literal el modelo idealizado por Mahoma, profeta y guerrero que conquistó la península arábiga. La mayor parte de los musulmanes piensan lo siguiente: el modo de hacer del profeta Mahoma fue eficaz, por tanto, debemos actuar como él y no debemos cimentarnos en interpretaciones del Corán y de la Sunna (tradición) que corran el riesgo de traicionar el espíritu originario del islam.
El islam nace desde su origen como proyecto sociopolítico y también militar: esto es evidente tanto en el Corán como en la Sunna, en la tradición que incluye la vida y la enseñanza de Mahoma. Para un musulmán la religión y la política son inseparables. El verdadero problema es que el musulmán llama religión a todo: aspectos religiosos, políticos, costumbres... Pero esto significa condenar el mundo musulmán al inmovilismo, volverlo incapaz de hablar cara a cara con el presente.
Apoyar las tendencias liberales.
¿Y qué se puede hacer para salir de este inmovilismo?
R- Ayudar al desarrollo de las tendencias liberales y modernistas que intentan conjugar razón, libertad y fe. Son tendencias minoritarias pero abren caminos innovadores por los que los demás pueden encaminarse y avanzar hacia la modernidad.
Por ejemplo, en Túnez, el ex presidente Burghiba logró que se aceptaran de manera compartida por el pueblo algunas reformas fundamentales sobre la mujer y la familia: tenía un gran carisma por su papel en el proceso de independencia, estaba respaldado por los "muftíes" de Túnez y podía apoyarse en la herencia que dejó la civilización francesa. Hoy se está viviendo un intento de modernización semejante en Marruecos, donde el joven rey Mohamed VI ha propuesto reformas innovadoras que aprueba la población, aunque los grupos radicales islámicos oponen una fuerte resistencia. Es una partida abierta, como la que se está jugando en otros países árabes.
¿Y Occidente puede hacer algún movimiento decisivo?
R- Occidente debe alentar las nuevas tendencias con ayudas para el desarrollo ligadas a la apertura a la democracia y viceversa, debe tener el valor de congelar las relaciones económicas con los países que pisotean y los derechos humanos.
Es necesario dar a conocer el pensamiento y la obra de los intelectuales más abiertos: en el islam de hoy en día hay tomas de posición valientes, pero a menudo no son escuchadas. Y, por supuesto, debemos favorecer todo lo que pueda poner en movimiento un mundo que vive todavía prisionero del pasado.
Escrito por Samir Khalil Samir, islamólogo, es egipcio, jesuita y profesor de Historia de la Cultura Árabe e Islamología en la Universidad de Saint Joseph de Beirut, además de un profundo conocedor de la historia y la cultura musulmanas.
R- No es una novedad, sino la confirmación de viejos problemas sin resolver que el islam lleva arrastrando desde hace tiempo
¿Por qué el islam es incapaz de asumir una actitud unitaria, profesor?
- Le falta una autoridad religiosa única reconocida por todos los musulmanes. Hay puntos de referencia notables, pero a menudo toman actitudes opuestas. Por ejemplo, en el asunto de los "kamikazes" y de su justificación religiosa, hemos asistido a una división muy significativa: el rector de la universidad de Al-Azhar, Muhammad Tantawi -una de las mayores autoridades del mundo sunnita- había emitido una fatwa en la que recordaba que hay que condenar el suicidio en cualquier caso, también cuando se hace en nombre de Dios.
El gran muftí de Arabia Saudí lo corroboró, pero poco después, otro famoso jeque egipcio, Yusuf-al-Qaradwi, les acusó de proponer "razonamientos abstractos, que no contemplan la necesidad de defender el islam de los ataques a los que está sometido en muchas partes del mundo y que justifican el martirio". Políticamente, la mayor parte de los "muftíes" y muchos "ulemas" siguen las pautas de los gobiernos de los países en los que viven (y que les pagan) y esto les hace menos creíbles a los ojos de muchos fieles.
Telepredicadores y tradición.
Por último, hay que tener en cuenta la gran influencia ejercida por los telepredicadores, que entran en las casas de millones de musulmanes y pueden ser más convincentes que los imanes de las mezquitas. Al-Qaradawi, por ejemplo, vive en los Emiratos Árabes pero es muy seguido en todo el mundo árabe, porque sale en televisión y muestra una gran capacidad para dar respuesta a las preguntas incisivas de la gente, partiendo del Corán y de la tradición. Otros responden a las preguntas más recurrentes a través de Internet, a golpe de citas coránicas.
O sea, que en el mundo islámico la popularidad también está reñida con la oficialidad...
R- Es una de las consecuencias a largo plazo producidas por la caída del califato y la llegada del presidente Kamal Ataturk. Hasta 1924 en el mundo sunnita había un punto de referencia al que uno se podía dirigir: al menos había alguien que decía "esto se puede hacer" o "está prohibido". Era una autoridad que reunía el aspecto religioso y el político, y que garantizaba algunas referencias comunes. Tras su abolición a manos de Ataturk, también faltó aquella referencia, el mundo musulmán entró en un periodo de gran desorientación y aumentaron las divisiones que ya existían en su seno.
No es casual que en algunos de los mensajes de Ben Laden se haga referencia implícita a la caída del califato a manos de Occidente y se proponga reconstruirlo para volver a dar fuerza a la nación islámica, que es el sueño nostálgico de mucha gente. Pero eso es mirar al pasado para no afrontar con realismo los problemas del presente.
El Corán se utiliza tanto para condenar como para justificar las mismas cosas. Es típico el ejemplo de las acciones de martirio de los "kamikazes", pero ocurre lo mismo con muchos otros problemas. ¿Es posible salir de este uso ambiguo en los textos sagrados?
R- En el Corán se pueden encontrar soluciones diferentes para el mismo problema, y esto permite siempre que se pueda echar mano de los textos desde diferentes perspectivas: se pueden "exhibir" versículos como apoyo a la propia tesis, proclamando siempre la ortodoxia.
Existe también un problema de método: paralelamente a una lectura interpretativa, que tiene en cuenta la realidad cotidiana y valora el uso de la razón, existe una lectura "mecanicista", que quiere aplicar de modo literal el modelo idealizado por Mahoma, profeta y guerrero que conquistó la península arábiga. La mayor parte de los musulmanes piensan lo siguiente: el modo de hacer del profeta Mahoma fue eficaz, por tanto, debemos actuar como él y no debemos cimentarnos en interpretaciones del Corán y de la Sunna (tradición) que corran el riesgo de traicionar el espíritu originario del islam.
El islam nace desde su origen como proyecto sociopolítico y también militar: esto es evidente tanto en el Corán como en la Sunna, en la tradición que incluye la vida y la enseñanza de Mahoma. Para un musulmán la religión y la política son inseparables. El verdadero problema es que el musulmán llama religión a todo: aspectos religiosos, políticos, costumbres... Pero esto significa condenar el mundo musulmán al inmovilismo, volverlo incapaz de hablar cara a cara con el presente.
Apoyar las tendencias liberales.
¿Y qué se puede hacer para salir de este inmovilismo?
R- Ayudar al desarrollo de las tendencias liberales y modernistas que intentan conjugar razón, libertad y fe. Son tendencias minoritarias pero abren caminos innovadores por los que los demás pueden encaminarse y avanzar hacia la modernidad.
Por ejemplo, en Túnez, el ex presidente Burghiba logró que se aceptaran de manera compartida por el pueblo algunas reformas fundamentales sobre la mujer y la familia: tenía un gran carisma por su papel en el proceso de independencia, estaba respaldado por los "muftíes" de Túnez y podía apoyarse en la herencia que dejó la civilización francesa. Hoy se está viviendo un intento de modernización semejante en Marruecos, donde el joven rey Mohamed VI ha propuesto reformas innovadoras que aprueba la población, aunque los grupos radicales islámicos oponen una fuerte resistencia. Es una partida abierta, como la que se está jugando en otros países árabes.
¿Y Occidente puede hacer algún movimiento decisivo?
R- Occidente debe alentar las nuevas tendencias con ayudas para el desarrollo ligadas a la apertura a la democracia y viceversa, debe tener el valor de congelar las relaciones económicas con los países que pisotean y los derechos humanos.
Es necesario dar a conocer el pensamiento y la obra de los intelectuales más abiertos: en el islam de hoy en día hay tomas de posición valientes, pero a menudo no son escuchadas. Y, por supuesto, debemos favorecer todo lo que pueda poner en movimiento un mundo que vive todavía prisionero del pasado.
Escrito por Samir Khalil Samir, islamólogo, es egipcio, jesuita y profesor de Historia de la Cultura Árabe e Islamología en la Universidad de Saint Joseph de Beirut, además de un profundo conocedor de la historia y la cultura musulmanas.
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Información relacionada con este tema:
Decadencia europea
,
Fatwas
,
Historia
,
Religión
,
Samir Khalil Samir S.J
11.3.05
El Islam en Europa
Inmigración y democracia europea.
Este texto de reflexiones respetuosas, desde un punto de vista europeo. Todos analizan las consecuencias del ISLAMISMO radical. Me parece sencillamente impactante, al mismo tiempo que me hace reflexionar y preguntarme ¿Por qué motivo siendo conocedores de lo que esta pasando en Francia con los islamitas, nuestros dirigentes en España nos están arrastrando sin consideración a igual o peor situación?
La presencia, cada vez más importante, del Islam en Europa, el peso cada vez más grande de tradiciones culturales afroasiáticas en nuestro continente, consecuencias ambas de la inmigración incontrolada, constituyen una amenaza para la tradición democrática.
Por angelicalismo, “ellos” se imaginan que la educación y la razón, el espíritu “republicano”, borrarán las tradiciones culturales ancestrales de los inmigrantes. Es el error de juicio de Régis Debray.
Este error está fundado sobre el mito de la educación espontánea y de la sabiduría innata, entretenido por el racionalismo optimista del Aufklärung.
Por el contrario, las virtudes democráticas son etnoculturales, limitadas a la esfera europea, y no universales ni naturales a los humanos. La democracia es, por naturaleza, extremamente frágil: sus fundadores griegos la perdieron rápidamente, como la República Romana.
Únicamente existe desde 900 años en Islandia, país preservado de las sacudidas de la Historia, y étnicamente totalmente homogéneo.
La democracia está amenazada por el laxismo social, las pretensiones mediáticas de la opinión pública -que no es la opinión del público sino la de minorías activas-, el gobierno de los jueces que pretende dominar la voluntad general y corregir las leyes, y la instalación de una “cultura de conducta cotidiana” de sumisión a las manipulaciones de aparatos sofisticados. En efecto, una sociedad puede cesar de ser democrática y ya no asegurar la seguridad, la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, aunque sus instituciones queden formalmente democráticas; basta que las practicas sociales opresivas sean extendidas, admitidas, legitimadas, sin ser necesariamente legalizadas.
La cultura de los “jóvenes nacidos de la inmigración” que se benefician de la admiración de los mass-media, conquistando un espacio social cada vez más importante, encierra algunos valores perfectamente antidemocráticos.
La “cultura beur-black” y el comportamiento de sus miembros, amplificados por la propaganda de las cartas de fragmentos de rap, difunden actitudes y estados de espíritu totalmente opuestos a las convicciones de las elites políticamente correctas que los apoyan: machismo, clanismo, tribalismo agresividad, visión racial de la sociedad, espíritu de ghetto, desprecio por la mujer, culto del jefe de banda, valorización de la violencia primaria (inversa de la “fuerza”), rechazo de toda responsabilidad social, apología de la violencia de grupo, desprecio total por “Francia” o por la “nación”, etc.
La nueva “cultura de las ciudades periféricas” difunde entre la juventud –es decir, entre las generaciones futuras- valores sociales antitéticos de los de la famosa “República”.
Pensar que será posible por la “educación” y la “persuasión” transformar en “ciudadanos responsables” a los jóvenes portadores de estos tipos de mentalidad, es una vez más creer en los milagros, esta enfermedad senil de la ideología occidental. Es paradójico que los “demócratas” apoyen y excusen esta emergencia de un primitivismo social.
Este tipo de ilusiones siempre es el hecho de las ideologías hegemónicas, las cuales, demasiado seguras de ellas mismas, ya no son capaces de analizar la realidad.
Si la tendencia demográfica y migratoria actual consigue, con varias poblaciones afroasiáticas cada vez más numerosas, una presencia cada vez más importante del Islam –que quiere ser mayoritario, cosa que poca gente entiende- el futuro de la democracia estará comprometido. Poco a poco, la sociedad se impregnará de valores coercitivos, fanáticos, antilaicos y anticiudadanos.
Y al final, el multirracismo,: guerra civil entre las diferentes comunidades. Una parte de la izquierda lo sabe, pero admitirlo sería reconocer sus contradicciones internas y su debilidad intelectual. Y sobre todo, sería enfrentarse al dogma de la sociedad multirracial.
Por racismo inconsciente, la izquierda asimilacionista piense que todo ser humano es un átomo neutro y maleable, sin origen particular. No entiende que, incluso después de muchas generaciones, el pasado étnico persiste, como un atavismo antropológico.
Estos individualistas no entienden que si la educación puede transformar a un individuo aislado, es imposible transformar los valores de comunidades étnicas y religiosas constituidas que se están instalando masivamente en el suelo europeo.
Los “demócratas” tendrán un despertar difícil. En realidad, en la tradición europea, la democracia –es decir el reino del orden consentido, que también se podría llamar nomocracia o reino de la ley común- solamente es posible si existe una proximidad cultural, heredada, casi innata, entre los ciudadanos.
Las verdaderas causas del inmigracionismo: xenofilia, etnomasoquismo, electoralismo ¿Por qué esta propensión, en toda la izquierda, a favorecer así la inmigración? Los argumentos presentados son de mala fe y a menudo perfectamente ridículos.
1) Por el honor de Francia, tierra de acogida, patria de los Derechos humanos, se tiene que recoger los refugiados. Ser patriota consiste en -¡es normal!- metamorfosear, en una generación, el substrato antropológico, étnico y cultural del país, fenómeno único en la Historia de las Galias y de Francia.
2) Los inmigrantes dinamizan la economía. En los años sesenta, cuando un patronato codicioso, irresponsable y egoísta, con la complicidad de los sindicatos, iba a contratar en el extranjero una mano de obra dócil y barata, en lugar de invertir para bajar los costes, hacer crecer la productividad y remunerar correctamente a los obreros franceses, este argumento económico no era admisible. Hoy, el coste de la inmigración es colosal.
3) La natalidad francesa de origen ya no es capaz de renovar las generaciones; los inmigrantes, pues, son necesarios. Magnífico sofisma: ¿por qué, en lugar de favorecer la inmigración, no tomar medidas para desarrollar la natalidad de los Franceses de origen? Porque el natalismo es un pecado político e ideológico. Ahí están las dos verdaderas razones del inmigracionismo.
La primera, psicoideológica; la segunda, un puro calculo político.
Primera causa: la izquierda que pilota el inmigracionismo y arrastra a la derecha culpabilizada en este terreno, siente en sus fibras ideológicas y morales, un sentimiento, un complejo binario: xenofilia y etnomasoquismo, idealización del extranjero afroasiático y odio hacia su propia estirpe.
Esto se asemeja al antiguo síndrome, muy bien conocido, de los burgueses marxistas antiburgueses, de las antiguos seminaristas transformados en anticlericales, o de los judíos antisemitas.
Un psicoanálisis político de los ideólogos de izquierda, mostraría que en sus espíritus enfermos, el “hombre blanco” es culpable por definición, contaminado por el pecado capital de haber explotado al hombre extraeuropeo (esclavitud, colonialismo, racismo, etc.)
El inmigracionismo y las teorías de la sociedad multirracial y mestizada son un trabajo de expiación. Nosotros debemos de expiar nuestras faltas y desaparecer como pueblos homogéneos. Nosotros debemos de dejarnos colonizar, dominar (cuando digo “Nosotros”, no hablo de “ellos” personalmente, de los ideólogos de izquierda, sino de estas detestables masas populares de origen europeo).
Un ejemplo entre otros: frecuento mucho, por razones profesionales, el mundo del show-business. Durante una entrevista con la guapa y talentosa Béatrice Dalle [31], “lookada” pseudorebelde,
Le pregunté: “¿Por qué no tienes hijos?”
Respuesta: “No quiero engordar después de una maternidad. La maternidad, es carca. Pero me gustan mucho los críos. Me gustaría adoptar alumnos, si es posible”.
Pregunta: “Justamente, hay muchos pequeños rumanos y ucranianos, ¿esto no te tienta?”.
Respuesta, sin comentario: “¡No! No quiero adoptar ningún europeo. Únicamente críos de color, de África o Asia”.
Qué magnifico terreno para un psicoanalista: ¿el etnomasoquismo y la xenofilia de la izquierda son el fruto inconsciente de una obsesión racial? La segunda razón del inmigracionismo es un sencillo calculo electoral y demográfico. Los sondeos de los Renseignements Généraux [32] indican que, del hecho de las naturalizaciones, del jus solis y del laxismo migratorio, la proporción de los electores de origen extraeuropeo aumenta sin cesar.
Y estos electores votan en una gran mayoría por los socialistas y la extrema izquierda que los protegen, aunque su elemento electoral natural, las clases populares de origen francés votan cada vez más por el Frente Nacional.
El calculo es simplisimo:
a) aumentar la proporción del “voto inmigrante” entre los electores,
b) facilitar el acceso al escrutinio por la inscripción automática (y no voluntaria y “ciudadana”) en las listas electorales. Es un calculo a corto plazo, pero es un buen calculo arribista para los políticos de izquierda y de extrema izquierda: una mayoría durable para conservar el poder. Por razones demográficas, la derecha no puede ser mayoritaria por un tiempo largo. ¿El pueblo no conviene? ¡Vamos a cambiar el pueblo! La “discriminación positiva” es racista y sexista.
Varios Estados de los Estados Unidos han creado programas y votado leyes de affirmative action, de “discriminación positiva”. Esta palabra, por sí misma, es ridícula... También ahora Suráfrica está desarrollando este tipo de programas. En verdad, la “discriminación positiva”. crea un discurso racialista, casi racista, porque necesita de una definición de las “razas a ayudar”.
¿Es necesario también ayudar a los árabes y a los coreanos?
Una “escala racial” de superioridad / inferioridad se establece implícitamente, producida por la ideología antirracista... En los Estados Unidos, muchos representantes de las minorías se sintieron humillados de entrar en la categoría de los beneficiarios de las “discriminaciones positivas”.
Recientemente, en Francia, una novelista de origen africano ha firmado una petición para exigir una cuota obligatoria de negros en la televisión.
En todos estos casos, se asimilan las mujeres, los negros, etc. a subnormales congénitos, a subdotados que, por conmiseración, deben ser ayudados. ¡Qué humillación! ¿Se debe humillar al “macho blanco” para que los demás puedan tener una parte del postre, lo que supone que el “macho blanco” es superior por definición?
Consecuencia: se debe de desvalorizar autoritariamente el supuesto superhombre para que los demás puedan ocupar su puesto. Es decir, que las mujeres y los negros son víctimas perpetuas que, congénitamente, necesitan ser ayudados; débiles que deben ser protegidos continuamente de la opresión.
Al final, la ideología antirracista, igualitarista y feminista avala la inferiorización racista o sexista. ¡Si yo fuese negro, realmente estaría furioso de ser tomado por un incapaz permanente, que debe ser asistido en perpetuidad! Por otra parte, cuando se impone autoritariamente una cuota de 50% de mujeres entre los candidatos de los partidos políticos, la ideología igualitaria contraviene los principios de igualdad y desvaloriza la santa “causa de las mujeres”.
En efecto, si la mayoría de los candidatos es masculina, no es porque las mujeres estén apartadas voluntariamente, sino porque no hay suficientes candidatas. Con una ley paritaria, se va a imponer por fuerza un número importante de candidatas necesariamente mediocres; como cuando Juppé [26], para parecer “moderno”, quería seis ministras en su gobierno, despedidas muy poco tiempo después por incompetencia... A propósito, en otras profesiones “civilmente capitales”, como la magistratura o la enseñanza secundaria, donde las mujeres constituyen la gran mayoría, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de hombres?. Y en la medicina y la cirugía, donde los hombres son particularmente mayoritarios, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de mujeres por dos concursos separados?
Pero en este caso, hay un problema: los igualitaristas, los grandes burgueses de la izquierda bien-pensante, partidarios de la discriminación positiva, probablemente no querrían ser operados por “cirujanas” de talento dudoso. Más lejos, ¿por qué no aplicar, además de las cuotas de sexos, unas cuotas étnicas, con arreglo a la composición de esta sociedad multirracial, tan querida por la izquierda igualitaria?
Air France estaría obligada –mediante contratación separada en “colegios étnicos”- a contratar un X% de pilotos de origen africano, de origen magrebí, etc. Pero esta cosa, no la veremos nunca.
Los intelectuales igualitarios no están tan locos... De hecho, la discriminación positiva, cuyos finos son antirracistas y antisexistas... conduce a sexualizar y racializar la sociedad. De otra parte, se puede notar que el igualitarismo, cuando intenta aplicar sus principios hasta sus consecuencias lógicas, los pervierte, los deviene absurdos y contradictorios. ¿La igualdad de suertes no conduce a la igualdad de resultados?
Bueno. Así se va a imponer, por fuerza, la igualdad de resultados, a destruir la noción de igualdad de suertes, fundamento esencial de la ideología igualitaria... Únicamente porque ésta última rechaza dogmáticamente el reconocer la desigualdad de las capacidades que rigen a los individuos entre sí y a los grupos entre sí. ¿La naturaleza no tiene nuestras ideas? Vamos a cambiar la naturaleza por decreto, como ya lo hicimos varias veces en la Historia. ¡Programa amplio y vía sencilla hasta la catástrofe! Pero, después de todo, es mejor así.
Como dice un proverbio indio: “cuando tu enemigo está bailando en un tejado, déjalo hacer y aplaude la proeza...”
Un liberal francés JEAN-FRANÇOIS REVEL,
Este texto de reflexiones respetuosas, desde un punto de vista europeo. Todos analizan las consecuencias del ISLAMISMO radical. Me parece sencillamente impactante, al mismo tiempo que me hace reflexionar y preguntarme ¿Por qué motivo siendo conocedores de lo que esta pasando en Francia con los islamitas, nuestros dirigentes en España nos están arrastrando sin consideración a igual o peor situación?
La presencia, cada vez más importante, del Islam en Europa, el peso cada vez más grande de tradiciones culturales afroasiáticas en nuestro continente, consecuencias ambas de la inmigración incontrolada, constituyen una amenaza para la tradición democrática.
Por angelicalismo, “ellos” se imaginan que la educación y la razón, el espíritu “republicano”, borrarán las tradiciones culturales ancestrales de los inmigrantes. Es el error de juicio de Régis Debray.
Este error está fundado sobre el mito de la educación espontánea y de la sabiduría innata, entretenido por el racionalismo optimista del Aufklärung.
Por el contrario, las virtudes democráticas son etnoculturales, limitadas a la esfera europea, y no universales ni naturales a los humanos. La democracia es, por naturaleza, extremamente frágil: sus fundadores griegos la perdieron rápidamente, como la República Romana.
Únicamente existe desde 900 años en Islandia, país preservado de las sacudidas de la Historia, y étnicamente totalmente homogéneo.
La democracia está amenazada por el laxismo social, las pretensiones mediáticas de la opinión pública -que no es la opinión del público sino la de minorías activas-, el gobierno de los jueces que pretende dominar la voluntad general y corregir las leyes, y la instalación de una “cultura de conducta cotidiana” de sumisión a las manipulaciones de aparatos sofisticados. En efecto, una sociedad puede cesar de ser democrática y ya no asegurar la seguridad, la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, aunque sus instituciones queden formalmente democráticas; basta que las practicas sociales opresivas sean extendidas, admitidas, legitimadas, sin ser necesariamente legalizadas.
La cultura de los “jóvenes nacidos de la inmigración” que se benefician de la admiración de los mass-media, conquistando un espacio social cada vez más importante, encierra algunos valores perfectamente antidemocráticos.
La “cultura beur-black” y el comportamiento de sus miembros, amplificados por la propaganda de las cartas de fragmentos de rap, difunden actitudes y estados de espíritu totalmente opuestos a las convicciones de las elites políticamente correctas que los apoyan: machismo, clanismo, tribalismo agresividad, visión racial de la sociedad, espíritu de ghetto, desprecio por la mujer, culto del jefe de banda, valorización de la violencia primaria (inversa de la “fuerza”), rechazo de toda responsabilidad social, apología de la violencia de grupo, desprecio total por “Francia” o por la “nación”, etc.
La nueva “cultura de las ciudades periféricas” difunde entre la juventud –es decir, entre las generaciones futuras- valores sociales antitéticos de los de la famosa “República”.
Pensar que será posible por la “educación” y la “persuasión” transformar en “ciudadanos responsables” a los jóvenes portadores de estos tipos de mentalidad, es una vez más creer en los milagros, esta enfermedad senil de la ideología occidental. Es paradójico que los “demócratas” apoyen y excusen esta emergencia de un primitivismo social.
Este tipo de ilusiones siempre es el hecho de las ideologías hegemónicas, las cuales, demasiado seguras de ellas mismas, ya no son capaces de analizar la realidad.
Si la tendencia demográfica y migratoria actual consigue, con varias poblaciones afroasiáticas cada vez más numerosas, una presencia cada vez más importante del Islam –que quiere ser mayoritario, cosa que poca gente entiende- el futuro de la democracia estará comprometido. Poco a poco, la sociedad se impregnará de valores coercitivos, fanáticos, antilaicos y anticiudadanos.
Y al final, el multirracismo,: guerra civil entre las diferentes comunidades. Una parte de la izquierda lo sabe, pero admitirlo sería reconocer sus contradicciones internas y su debilidad intelectual. Y sobre todo, sería enfrentarse al dogma de la sociedad multirracial.
Por racismo inconsciente, la izquierda asimilacionista piense que todo ser humano es un átomo neutro y maleable, sin origen particular. No entiende que, incluso después de muchas generaciones, el pasado étnico persiste, como un atavismo antropológico.
Estos individualistas no entienden que si la educación puede transformar a un individuo aislado, es imposible transformar los valores de comunidades étnicas y religiosas constituidas que se están instalando masivamente en el suelo europeo.
Los “demócratas” tendrán un despertar difícil. En realidad, en la tradición europea, la democracia –es decir el reino del orden consentido, que también se podría llamar nomocracia o reino de la ley común- solamente es posible si existe una proximidad cultural, heredada, casi innata, entre los ciudadanos.
Las verdaderas causas del inmigracionismo: xenofilia, etnomasoquismo, electoralismo ¿Por qué esta propensión, en toda la izquierda, a favorecer así la inmigración? Los argumentos presentados son de mala fe y a menudo perfectamente ridículos.
1) Por el honor de Francia, tierra de acogida, patria de los Derechos humanos, se tiene que recoger los refugiados. Ser patriota consiste en -¡es normal!- metamorfosear, en una generación, el substrato antropológico, étnico y cultural del país, fenómeno único en la Historia de las Galias y de Francia.
2) Los inmigrantes dinamizan la economía. En los años sesenta, cuando un patronato codicioso, irresponsable y egoísta, con la complicidad de los sindicatos, iba a contratar en el extranjero una mano de obra dócil y barata, en lugar de invertir para bajar los costes, hacer crecer la productividad y remunerar correctamente a los obreros franceses, este argumento económico no era admisible. Hoy, el coste de la inmigración es colosal.
3) La natalidad francesa de origen ya no es capaz de renovar las generaciones; los inmigrantes, pues, son necesarios. Magnífico sofisma: ¿por qué, en lugar de favorecer la inmigración, no tomar medidas para desarrollar la natalidad de los Franceses de origen? Porque el natalismo es un pecado político e ideológico. Ahí están las dos verdaderas razones del inmigracionismo.
La primera, psicoideológica; la segunda, un puro calculo político.
Primera causa: la izquierda que pilota el inmigracionismo y arrastra a la derecha culpabilizada en este terreno, siente en sus fibras ideológicas y morales, un sentimiento, un complejo binario: xenofilia y etnomasoquismo, idealización del extranjero afroasiático y odio hacia su propia estirpe.
Esto se asemeja al antiguo síndrome, muy bien conocido, de los burgueses marxistas antiburgueses, de las antiguos seminaristas transformados en anticlericales, o de los judíos antisemitas.
Un psicoanálisis político de los ideólogos de izquierda, mostraría que en sus espíritus enfermos, el “hombre blanco” es culpable por definición, contaminado por el pecado capital de haber explotado al hombre extraeuropeo (esclavitud, colonialismo, racismo, etc.)
El inmigracionismo y las teorías de la sociedad multirracial y mestizada son un trabajo de expiación. Nosotros debemos de expiar nuestras faltas y desaparecer como pueblos homogéneos. Nosotros debemos de dejarnos colonizar, dominar (cuando digo “Nosotros”, no hablo de “ellos” personalmente, de los ideólogos de izquierda, sino de estas detestables masas populares de origen europeo).
Un ejemplo entre otros: frecuento mucho, por razones profesionales, el mundo del show-business. Durante una entrevista con la guapa y talentosa Béatrice Dalle [31], “lookada” pseudorebelde,
Le pregunté: “¿Por qué no tienes hijos?”
Respuesta: “No quiero engordar después de una maternidad. La maternidad, es carca. Pero me gustan mucho los críos. Me gustaría adoptar alumnos, si es posible”.
Pregunta: “Justamente, hay muchos pequeños rumanos y ucranianos, ¿esto no te tienta?”.
Respuesta, sin comentario: “¡No! No quiero adoptar ningún europeo. Únicamente críos de color, de África o Asia”.
Qué magnifico terreno para un psicoanalista: ¿el etnomasoquismo y la xenofilia de la izquierda son el fruto inconsciente de una obsesión racial? La segunda razón del inmigracionismo es un sencillo calculo electoral y demográfico. Los sondeos de los Renseignements Généraux [32] indican que, del hecho de las naturalizaciones, del jus solis y del laxismo migratorio, la proporción de los electores de origen extraeuropeo aumenta sin cesar.
Y estos electores votan en una gran mayoría por los socialistas y la extrema izquierda que los protegen, aunque su elemento electoral natural, las clases populares de origen francés votan cada vez más por el Frente Nacional.
El calculo es simplisimo:
a) aumentar la proporción del “voto inmigrante” entre los electores,
b) facilitar el acceso al escrutinio por la inscripción automática (y no voluntaria y “ciudadana”) en las listas electorales. Es un calculo a corto plazo, pero es un buen calculo arribista para los políticos de izquierda y de extrema izquierda: una mayoría durable para conservar el poder. Por razones demográficas, la derecha no puede ser mayoritaria por un tiempo largo. ¿El pueblo no conviene? ¡Vamos a cambiar el pueblo! La “discriminación positiva” es racista y sexista.
Varios Estados de los Estados Unidos han creado programas y votado leyes de affirmative action, de “discriminación positiva”. Esta palabra, por sí misma, es ridícula... También ahora Suráfrica está desarrollando este tipo de programas. En verdad, la “discriminación positiva”. crea un discurso racialista, casi racista, porque necesita de una definición de las “razas a ayudar”.
¿Es necesario también ayudar a los árabes y a los coreanos?
Una “escala racial” de superioridad / inferioridad se establece implícitamente, producida por la ideología antirracista... En los Estados Unidos, muchos representantes de las minorías se sintieron humillados de entrar en la categoría de los beneficiarios de las “discriminaciones positivas”.
Recientemente, en Francia, una novelista de origen africano ha firmado una petición para exigir una cuota obligatoria de negros en la televisión.
En todos estos casos, se asimilan las mujeres, los negros, etc. a subnormales congénitos, a subdotados que, por conmiseración, deben ser ayudados. ¡Qué humillación! ¿Se debe humillar al “macho blanco” para que los demás puedan tener una parte del postre, lo que supone que el “macho blanco” es superior por definición?
Consecuencia: se debe de desvalorizar autoritariamente el supuesto superhombre para que los demás puedan ocupar su puesto. Es decir, que las mujeres y los negros son víctimas perpetuas que, congénitamente, necesitan ser ayudados; débiles que deben ser protegidos continuamente de la opresión.
Al final, la ideología antirracista, igualitarista y feminista avala la inferiorización racista o sexista. ¡Si yo fuese negro, realmente estaría furioso de ser tomado por un incapaz permanente, que debe ser asistido en perpetuidad! Por otra parte, cuando se impone autoritariamente una cuota de 50% de mujeres entre los candidatos de los partidos políticos, la ideología igualitaria contraviene los principios de igualdad y desvaloriza la santa “causa de las mujeres”.
En efecto, si la mayoría de los candidatos es masculina, no es porque las mujeres estén apartadas voluntariamente, sino porque no hay suficientes candidatas. Con una ley paritaria, se va a imponer por fuerza un número importante de candidatas necesariamente mediocres; como cuando Juppé [26], para parecer “moderno”, quería seis ministras en su gobierno, despedidas muy poco tiempo después por incompetencia... A propósito, en otras profesiones “civilmente capitales”, como la magistratura o la enseñanza secundaria, donde las mujeres constituyen la gran mayoría, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de hombres?. Y en la medicina y la cirugía, donde los hombres son particularmente mayoritarios, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de mujeres por dos concursos separados?
Pero en este caso, hay un problema: los igualitaristas, los grandes burgueses de la izquierda bien-pensante, partidarios de la discriminación positiva, probablemente no querrían ser operados por “cirujanas” de talento dudoso. Más lejos, ¿por qué no aplicar, además de las cuotas de sexos, unas cuotas étnicas, con arreglo a la composición de esta sociedad multirracial, tan querida por la izquierda igualitaria?
Air France estaría obligada –mediante contratación separada en “colegios étnicos”- a contratar un X% de pilotos de origen africano, de origen magrebí, etc. Pero esta cosa, no la veremos nunca.
Los intelectuales igualitarios no están tan locos... De hecho, la discriminación positiva, cuyos finos son antirracistas y antisexistas... conduce a sexualizar y racializar la sociedad. De otra parte, se puede notar que el igualitarismo, cuando intenta aplicar sus principios hasta sus consecuencias lógicas, los pervierte, los deviene absurdos y contradictorios. ¿La igualdad de suertes no conduce a la igualdad de resultados?
Bueno. Así se va a imponer, por fuerza, la igualdad de resultados, a destruir la noción de igualdad de suertes, fundamento esencial de la ideología igualitaria... Únicamente porque ésta última rechaza dogmáticamente el reconocer la desigualdad de las capacidades que rigen a los individuos entre sí y a los grupos entre sí. ¿La naturaleza no tiene nuestras ideas? Vamos a cambiar la naturaleza por decreto, como ya lo hicimos varias veces en la Historia. ¡Programa amplio y vía sencilla hasta la catástrofe! Pero, después de todo, es mejor así.
Como dice un proverbio indio: “cuando tu enemigo está bailando en un tejado, déjalo hacer y aplaude la proeza...”
Un liberal francés JEAN-FRANÇOIS REVEL,
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Información relacionada con este tema:
Decadencia europea
,
Euroguetos
,
Invasión demográfica
,
Islamización
,
Racismo
6.3.05
El Integrismo no existiría sin Arabia Saudí
El integrismo vio la luz en unos años preñados de utopías y ensoñaciones totalitarias, de promesas de paraísos y filas cerradas de poder absoluto.
En muchos aspectos era un fascismo a la musulmana, pues coincidía en el rigorismo moral y en el retorno a los fundamentos, a épocas pretéritas, así como en el antisemitismo (antes de que los judíos recalaran en Oriente Medio), pero tenían un componente internacionalista frente a la fragmentación nacionalista, Dar el Islam, la tierra de los musulmanes, semejante al marxismo-leninismo.
Con ambos totalitarismos coincidía en su aversión a la pluralidad, a la democracia y a los valores occidentales de libertad personal. Nació en Egipto, con Hasan el Banna como ideólogo, cuando en 1928 se fundó la formación Hermanos Musulmanes.
Era un momento de desconcierto en el mundo islámico tras la toma del poder turco por Kemal Ataturk en 1924, la apuesta por una Turquía laica con separación entre Iglesia y Estado y el derrocamiento del califato otomano, instancia última político-espiritual de unidad, pues en la religión y en los países islámicos nunca ha habido algo similar al "Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".
El movimiento, minoritario, convivió bien con la monarquía conservadora del rey Farak de Egipto, un compulsivo devorador de pornografía, pero entró en colisión y durante un tiempo fue barrido por el panarabismo de jóvenes oficiales que tomó el mando en los años cincuenta con los procesos de descolonización.
Los ulemas estaban desacreditados frente a estos adalides de la modernización pues, como explica el estudioso Jacques Berque, "para conservar su poder, los ulemas no han rehusado colaborar con los colonizadores: cuando los franceses deponen en 1953 al rey Mohamed V de Marruecos ningún ulema protestó. Bonaparte creó en Egipto un consejo de ulemas".
La generación que había luchado contra las potencias coloniales o habían derrocado a monarquías tenían una ideología que situaba a la URSS como modelo con las peculiaridades islámicas. Eran nacionalistas y socialistas.
Consideraban a los ulemas como retrógrados, retardatarios del progreso que ellos iban a impulsar con métodos colectivistas, de planificación económica y gigantescas obras públicas. Eran también panárabes y fueron los principales animadores del movimiento de los no alineados, como fórmula intermedia o alternativa a un tiempo del capitalismo y el comunismo ateo.
Es la generación de los Oficiales Libres de Gamal Abdul Nasser en Egipto, del FLN con Ahmed Ben Bella y Burguiba en Argelia, de Boumedian en Túnez, de Anuar Al-Gadafi en Libia, de Sukarno en Indonesia, del partido laico Baas en la Siria de Hasef El Asad y el Irak de Sadam Husein.
Prometían eficacia y modernidad, sacar a las poblaciones de su atraso, sin las fórmulas democráticas que odiaban. Una colección de partidos únicos, rodeados desde pronto, más a medida que su fracaso se iba haciendo notorio, de policías secretas y ejércitos cuyas cúpulas pasaron a ser la élite social, para poder sostenerse en el poder.
La Conferencia de Bandung del 18 al 24 de abril de 1955 fue su momento estelar. Los nuevos líderes de lo que empezó a llamarse el tercer mundo, en concepto inventado en Francia, percibieron una sintonía común en considerar que los países descolonizados partían de la edad de la inocencia. Creían en la capacidad del poder abstracto de las palabras y abundaron en la generación de conceptos nuevos.
Sostenían, sobre todo, la superioridad de la política sobre la economía.Los Hermanos Musulmanes llevaron una vida tolerada hasta que fueron culpados de un intento de asesinato de Naser en 1954 y prohibidos.
El fracaso del movimiento llevó a una reelaboración radicalizada de su estrategia. El pensador con el que el integrismo toma cuerpo es Sayyid Qotb, autor de "A la sombra del Corán" y "Signos de Pista".
Qotb reelaboró el integrismo en torno al concepto yahiliya, el estado de impiedad previo a Mahoma, de impureza e ignorancia.
Esa era la situación de las naciones musulmanas de forma que sus dirigentes eran tan enemigos del Islam como los no musulmanes. Los nuevos conceptos puestos en circulación como nación, partido y socialismo eran nuevas formas de idolatría, de politeísmo, frente a Alá, el único soberano, pues la noción de soberanía no existe en El Corán, donde Alá es amo absoluto.
Qotb establecía el Islam de la comunidad de los creyentes, Umma, como una utopía religiosa, y rompía los puentes de comunicación o de neutralidad en una moralidad bipolar de contrarios: el Bien y el Mal, el Islam y el no Islam.
A las aspiraciones democráticas de algunos sectores contestaba con: "Nuestra Constitución es el Corán" y establecía como programa político la imposición de la sharia, la ley coránica. Promovía un instinto de unidad frente a la disgregación de los partidos y se dirigía a un Islam profundo confrontando religión con política. Era un tipo de fundamentalismo providencialista, cuyo sentido llevó en su día a la puesta en marcha de la Inquisición en España, con el sencillo mensaje de que la pureza religiosa traería los beneficios de la omnipotencia divina.
De hecho, la clave del activismo propuesto era una relectura universal del takfir, el anatema o declaración de impío, por el que se declara a una persona falso musulmán. El creyente tiene la obligación de matarle pues "su sangre es lícita".
Introducía así un elemento autodestructivo, llamado a hacer correr mucha sangre y provocar guerras civiles en los países musulmanes, pues fuera de los integristas, el resto pasaban a ser paganos y el Estado declarado impío, intentando abrir una fosa entre los dirigentes y la masa común.
Casi todas las naciones en formación confrontaban a tal postura el caudal de nuevos sentimientos o reclamaban otras herencias históricas, desde Ciro en Persia hasta el legado de los faraones. La formación de Pakistán motivó un foco importante de integrismo, pues en ese caso se trataba de una creación ex nihilo.
No podía plantearse un Estado de los musulmanes, con pluralidad interna al margen del grado de compromiso religioso, sino de un Estado musulmán basado en la identidad de la creencia.
Mawdudi reflejó un pensamiento similar al de Qob, insistiendo en los aspectos culturales y morales, en la sharia, destacando el carácter "total" del Islam, con la política como "componente integral e inseparable de la fe islámica", expurgada de cualquier conexión con otras culturas, y específicamente con la occidental, como había propugnado el movimiento deobandi, generado en la ciudad india de Deoband.
También consideraba los cinco pilares de la fe islámica –profesión de fe, oración, ayuno del Ramadán, peregrinación a La Meca y zabat o limosna religiosa- una preparación para la jihad, el grado más alto de perfección. El Estado islámico quedaba como esperanza de panacea de todos los problemas. Aunque su partido legal siempre fue minoritario, tuvo una poderosa influencia.
La guerra de los Seis días en junio de 1967 marcó un hito decisivo en el auge del movimiento. La victoria de Israel que tomó el Sinaí, los altos del Golán, Jerusalén y Gaza y Cisjordania fue un shock traumático para una población larvada de fundamentalismo providencialista, que interpretó el desastre bélico como el castigo de Alá a la falta de piedad de sus dirigentes. El odio a Israel constituía el consenso de las sociedades musulmanas y el enemigo había triunfado en el campo de batalla.
Al fracaso de las recetas económicas colectivistas, con reformas agrarias de colectivización del campo, que dañó a los ulemas, terratenientes por las donaciones testamentarias de los piadosos, el agotamiento de las arcas con obras faraónicas como la presa de Hasuan y el control del aparato del Estado, con su clientelismo, se unió la derrota militar provocando el descrédito de una fórmula presentada como la vía islámica para ponerse al día con Occidente.
El mundo islámico sólo ha conocido como sinónimo de Occidente un modelo próximo al socialismo real, una ideología contraria a los valores occidentales. Un profundo y lamentable drama.
El integrismo apareció como una atrayente fórmula alternativa para superar la humillación. El momento coincidía con una notable explosión demográfica, en la que las naciones musulmanas aumentaron su población entre un 40 y un 50 por 100, y varias contaban con un segmento de población joven superior al 60 por 100.
Según Gilles Kepel en su libro La Yihad, básico para comprender el fenómeno, el integrismo islámico empezó a calar en dos grupos sociológicos: las clases medias piadosas, proclives a un mensaje fundamentalista y despechadas por su nula representatividad política, y sobre todo los jóvenes.Los gobiernos nacionalistas habían hecho un esfuerzo educador, mejorando la formación, pero sin el dinamismo económico capaz de ofrecer trabajo ni cauces de participación a una juventud abocada al paro.
El primer foco donde prendió con fuerza el integrismo fue en las universidades, donde empezaron a organizarse campamentos a la manera nazi, en los que se aprendía la "vida islámica pura" y se predicaban los conceptos de la guerra santa frente a los gobiernos impíos.Los ulemas, ajenos en los orígenes al movimiento, recuperaron un prestigio arrebatado por los militares nacionalistas de la descolonización.
Como dice Rashid Al-Ghannouchi, perseguido como terrorista en Túnez y asilado en Inglaterra (una contradicción habitual en Occidente): "es cierto que los ulemas han colaborado a veces con los colonizadores y los dictadores. Pero también han protegido al pueblo magrebí, la identidad árabe-musulmana. Han jugado un papel positivo en la educación y la salud del pueblo. Queremos la modernización, pero no según el modelo que nos impone Occidente.
Los occidentales nos dicen: para acceder a la modernidad, debéis renunciar a vuestra identidad. Es lo que han hecho Kemal Ataturk en Turquía y Burguiba en Túnez. A fin de cuentas, han perdido su identidad y no han entrado en la modernidad". El velo empezó a presentarse no como un signo de vejación sino como "un gesto de resistencia a Occidente".
Conscientes de su atolladero –Nasser hizo una dimisión ficticia en la noche de la derrota de la guerra de los seis días-, los gobiernos intentaron compartir el aparato ideológico y educativo y, en vez de democratizarse o de poner en práctica políticas económicas liberalizadoras, empezaron a derivar su legislación hacia el integrismo. "Los islamistas –recuerda Kepel- fueron sacados de las cárceles y se les dio preeminencia en las universidades como elemento conservador para frenar a las fuerzas izquierdistas" que anunciaban la revolución marxista, "los estados compartieron la ideología y buscaron la legitimidad islámica".
Las instituciones religiosas como Al Azhar, la milenaria mezquita donde se forman los imanes, fueron potenciadas y se buscó la funcionarización de los ulemas.
El recurrente mensaje de que el Islam era compatible con el socialismo, el "igualitarismo del Profeta", fue cambiado por la puesta en marcha de la sharia como legislación estatal, con sus lapidaciones por delitos sexuales y sus ejecuciones públicas.
Los integristas aparecieron durante un tiempo como defensores del orden por su impronta conservadora y fueron cortejados por las dictaduras.
Los estados, más aún las dictaduras como la Zia-ul Haq en Pakistán cuya prioridad fue la sharia con destrucción de los últimos restos de Estado de Derecho, que había derrocado a Ali Bhutto y luego lo había ahorcado, se desbocaron por la senda del integrismo.
Entre ellas, fue clave Arabia Saudí, la financiera del integrismo y su exportadora.
Los Hermanos Musulmanes en los primeros tiempos de represión fueron recibidos en la Universidad de Medina, terminada en 1961. La dinastía saudí, como garante de los Santos Lugares de La Meca y Medina, era la cuna de la interpretación literal y rigorista del Corán, desde que en 1745 el emir Muhamad Ibn Saud asumiera confesionalmente la doctrina del reformador religioso Muhamad Ibn Abd al Wahhab. . El wahabismo o salafismo.
La monarquía saudí vio en el integrismo el instrumento para desarrollar un liderazgo moral sobre el conjunto del mundo islámico, pues ambos coincidían en puntos tan fundamentales como el rigorismo y la sharia. ¡El rey saudí, a la sombra de La Meca, podía recuperar alguna forma de califato!
La guerra de 1973, desatada por Egipto y Siria, amplió con nuevas vías ese proyecto. La primera victoria militar dio paso a una peligrosa contraofensiva israelí, pero los tanques hubieron de parar a cien kilómetros de El Cairo cuando Arabia Saudí impuso el boicot en el suministro de petróleo a los países aliados de Israel.
La subida de los precios dio un amplio caudal económico a los que Kepel denomina "petromonarquías". El dinero fue repartido con generosidad en mezquitas y asociaciones benéficas con la fórmula internacionalista y salafista. Se crearon bancos islámicos con préstamos sin interés, en donde encontraron colocación los jóvenes universitarios.
Otro instrumento de difusión del fundamentalismo fueron los emigrantes a los países del Golfo, que volvían a sus países enriquecidos y en plena sintonía con el salafismo. La identificación de progreso económico e integrismo fue un factor dio nuevas alas al fundamentalismo providencialista.
El salafismo exportado por Arabia Saudí combatía como forma idolátrica el islamismo rural de las cofradías en las que se venera a santos islámicos y se pide su protección, y había ofendido a las mismas bases de la chií, destruyendo los enterramientos de los primeros imanes y de Fátima, la hija de Mahoma, objeto de veneración para tal "herejía", en la que militan el 20 por 100 de los musulmanes.
Con este apoyo económico, los ulemas plantearon una directa competencia a los intelectuales que habían suplantado su función. Las interpretaciones alegóricas del Corán fueron perseguidas como apostasía y sus defensores anatemizados por fatwas, documentos jurídicos de obligado cumplimiento, de forma que fueron siendo asesinados por los fanáticos.
Los años setenta conocieron un auge general y sin precedentes del integrismo. Gobiernos de ese signo se impusieron en Malasia y Sudán.
Irán iba a dar un fuerte impulso a ese proceso. La dinastía Pahlevi, aunque nacida de un golpe de estado en 1921, se consideraba heredera de Ciro el Persa, y mantenía una posición de confrontación respecto a los ayatolás chíies a los que consideraba retrógrados.
El Sha de Persia era una extraña mezcla de prooccidentalismo en las relaciones internacionales, de ostentación en los fastos de la corte y de socialismo real en la política económica a través del partido único en el que se promovían formas de culto a la personalidad.
Los chiíes, como religión, se habían desgajado con la derrota y muerte del cuarto imán, Alí, yerno de Mahoma, y esperaban su vuelta, lo que había impregnado de un estilo quietista a sus relaciones con la política. Jomeini, desde la ciudad santa de Quom, y desde su exilio en París, promovió una nueva mentalidad activista convirtiendo las procesiones de dolor por la muerte de Alí en manifestaciones contra el régimen.
Reza Pahlevi quiso iniciar la llamada "revolución blanca" uniendo principios del "capitalismo y el comunismo". En el fondo y en la forma, con la riqueza del petróleo, impulsó la presencia del Estado en todas las instancias económicas; gastó demasiado, demasiado rápido, eso provocó inflación.Incapaz de reconocer su error, lanzó a la policía contra "acaparadores" y "especuladores". Hubo detenciones en el bazar, malquistándose con los comerciantes.
Un proyecto del Sha, presentado como un impulso modernizador, anunció la extensión del derecho al voto a las mujeres y una reforma agraria colectivista gravemente lesiva para el clero.
El campo conservador había sido un apoyo de la monarquía, pero el Sha montó la "administración agrícola unificada", con granjas colectivas y destrucción de las viejas aldeas con traslados a pueblos "modelo".
Cundió el descontento. Jomeini hizo acercamientos a los comerciantes del bazar, descontentos con su marginación política, y asumió un discurso retórico próximo a la izquierda presentando su proyecto de conservadurismo moral junto con reclamaciones del Islam como la religión de los "desheradados" para establecer una alianza con los muyahidines.
Eran los tiempos de Jimmy Carter y los Estados Unidos retiraron su confianza al Sha, acusado de una política contraria a los derechos humanos. Fue la puntilla.
La "república islámica" dio amplios poderes a Jomeini. Mostró una faz sanguinaria desde el inicio. Los dos primeros años ejecutó a ocho mil personas. Veintitrés generales y cuatrocientos oficiales del ejército de la policía; se ensañó con las minorías religiosas –judíos, cristianos, sabeanos y sunnitas- y, por último, fue inmisericorde con sus antiguos aliados.
Los miembros del partido comunista Tudesh fueron los últimos de la purga. Aparecieron en la televisión afirmando la superioridad del Islam sobre el marxismo, en un remedo de los viejos juicios de Moscú, y luego desaparecieron sin dejar rastro.
Egipto fue otra de las naciones en donde los integristas pusieron sus miras. El 6 de octubre de 1981, un grupo de terroristas asesinó al presidente Sadat durante un desfile militar. Sadat había sido objeto de fataws por firmar la paz con Israel, pero al tiempo abrió la mano y fue condescendiente con sus verdugos. Los asesinos declararon en los interrogatorios que buscaban provocar una sublevación de las masas, una "revolución popular".
¡El rey Fahd más radical y pernicioso que Jomeini! En la época que siguió a la guerra de octubre de 1973 se consolidó el poder financiero saudí, lo que permitió a la corriente wahabista-islamista, puritana y socialmente conservadora, extenderse por todas partes y conquistar una posición de fuerza en la expresión internacional del Islam.
Su repercusión era menos visible que la del Irán jomeinista pero era más profunda y podía tener una vida más duradera. ¿Qué predica esa corriente de "nuestros amigos"? La aversión a la corrupción de costumbres occidental, el odio a Occidente.
Es decir, el odio a Occidente culminado en el atentado a las Torres Gemelas y al Pentágono corrió a lomos de los petrodólares. "Aunque oponía claramente la virtuosa civilización islámica a la corrupción de Occidente, Arabia Saudí, de donde procedía la mayor parte de los fondos, siguió siendo un aliado esencial de los Estados Unidos y Occidente frente al bloque soviético".
Arabia Saudí tuvo especial interés en radicalizar con su modelo a los grupos de inmigrantes en las naciones occidentales. Financió más de mil quinientas mezquitas de un modelo estándar para evitar peculiaridades nacionales. Las convirtió en centros asistenciales.
En los países musulmanes se inmiscuyó en las relaciones entre la sociedad y el Estado, poniendo en evidencia a éste. ¡Proceso de globalización religiosa! La familia real buscaba establecer su hegemonía sobre todo el Islam.
"Su objetivo –señala Kepel- era al mismo tiempo hacer del Islam una figura de primera línea en la escena internacional, que sustituyera a los nacionalismos derrotados, y reducir las formas de expresión plurales de esta religión a las creencias de los señores de La Meca.
Gestores de un inmenso imperio de beneficencia y caridad, el poder saudí pretendía legitimar la prosperidad que se identificaba con el maná divino porque se producía en la Península donde el profeta Mahoma había tenido la Revelación". Un argumento definitivo para el fundamentalismo providencialista.
Estos sueños de califato encontraron un serio escollo en Jomeini. El liderazgo alcanzado por la revolución iraní hizo que ajustaran viejas cuentas. El ayatolá acusó a la familia real saudí de lujo desmedido e hipocresía; rigoristas pero al tiempo proveedores de petróleo de Occidente, de Estados Unidos, situado por el ayatolá como "gran Satán". Jomeini se dispuso a plantear la batalla en el propio corazón del Islam.
Saudíes opositores a la familia real se hicieron fuertes en la Gran Mezquita y las fuerzas saudíes tardaron una semana en reducirlos. No se pudo demostrar que Jomeini estuviera detrás. Pero en cada peregrinación, hajj, la que los piadosos musulmanes han de hacer una vez en la vida, los iraníes hacían propaganda de la "revolución islámica".
El jomeinismo puso en marcha algunas estrategias, entonces fracasadas, pero que abrirían sendas de imitación. Intentó, para agradecer su asilo, exportar la revolución a los inmigrantes en Francia contra los "satanes occidentales", lo que se tradujo en una primera ola de atentados.
Creó y financió el grupo Hezbolá en el Líbano con la comunidad chií, ayudando a destruir lo más parecido a una democracia en el mundo árabe. Hezbolá fue uno de los primeros grupos en poner en práctica el terrorismo suicida.
El 22 de septiembre de 1980, Sadam Husein invadió Irán. Lo consideraba debilitado en su poder militar por las purgas integristas en el ejército y aspiraba a abrirse paso hacia el mar. Empiezan una serie de malentendidos y complicidades de esa señora tuerta de la diplomacia. Los saudíes ven el cielo abierto para ajustar las cuentas con el enemigo que les ha plantado cara obligándoles a movilizar todo su clientelismo salafista para evitar el descrédito religioso.
Estados Unidos está herido por el secuestro de sus diplomáticos en la embajada y por la retórica diabolizadora de los jomeinistas. Llueven, pues, las ayudas a un Husein en acelerado proceso de conversión del baasismo al integrismo, pues Jomeini lo tilda de "apóstata" e "irreligioso", exagera sus muestras de devoción.
La guerra entre Irán e Irak quedó en tablas, pero provocó el "martirio" de toda una generación iraní, lanzada como carne de cañón, y dejó a Husein con un sistema económico inviable y un ejército elefantiásico y bien pertrechado.
Con un Teherán debilitado, en el hajj (peregrinaje mayor a la ciudad Santa La Meca) de 1987, la policía saudí rodeó a los peregrinos iraníes y mató a cuatrocientos.
Jomeini, meses antes de su muerte, trató de recuperar su papel central en el mundo islámico con un golpe de efecto. El 14 de enero de 1989 un grupo de musulmanes ingleses se manifestó en Bradford quemando ejemplares del libro Versos satánicos, de Salman Rushdie, considerado blasfemo por sus referencias a las mujeres de Mahoma.
Eso llamó la atención de Jomeini quien en una fatwa hizo una llamada a su asesinato: "informo al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor de los Versos satánicos Salman Rushdie, que se opone al Islam, al Profeta y al Corán, y todos los que participaron en su publicación y conocían su contenido, están sentenciados a muerte".Atacando de forma directa a la libertad de creación y de expresión lo hacía a la base de los valores occidentales, al tiempo que recreaba la idea de Dar el Islam, implicando en ella a los grupos musulmanes de Occidente. Demostraba su dominio, en base a la religión, sobre ellas.
En varios lugares las manifestaciones terminaron con quemas de libros recordando los tiempos nazis; los saudíes intentaron promover una acción jurídica para promover la censura del libro y en Londes los manifestantes musulmanes corearon gritos a favor de la fataw y del asesinato del escritor. El integrismo triunfaba en las mismas entrañas de Occidente, en la misma ciudad que un día fuera el símbolo de la resistencia al nazismo.
LOS "TALIBÁN MODERADOS"
El enemigo se esconde pero no es un ente espiritual ni un monstruo salido del subconsciente, tiene escuelas de terroristas, santuarios, campos de entrenamiento y fuentes de financiación.
Tiene su base, por ejemplo, en Afganistán.
No sólo, pues hay terrorismo e integrismos en diversas partes del mundo, pero ahí es huésped de honor dentro de un mismo orden moral.
Desde allí se organizan las masacres y se dan las órdenes.
¿Quiénes reconocen a los talibán?
¿Quiénes consideran respetables a estos sembradores de odio?¡Sólo tres naciones!
Entre los innumerables países con asiento en la ONU sólo tres gobiernos tienen la desfachatez de tener representación diplomática en un territorio donde ningún derecho humano es respetado y donde las mujeres ven la vida tras la prisión de la burka.
¿Tres naciones acaso con serios conflictos con Occidente?
¿Tres gobiernos con graves contenciosos con los Estados Unidos?¿Tres parias de la sociedad de naciones?
Nada de eso. Son Pakistán, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Tres firmes aliados.
Tres países "árabes moderados".
¡Kuwait, por quien fueron a luchar los soldados occidentales! ¡Arabia Saudí, cuyas fronteras fueron defendidas por el costoso despliegue, en todos los sentidos, de las fuerzas norteamericanas! Pakistán, el amigo predilecto de Washington, hasta sus experimentos con bombas nucleares en 1998.
¿Qué sentido tiene? Casi siempre aquello del enemigo de mi enemigo es mi amigo es un salto en la lógica. Nunca es por ese simple hecho mi amigo.
A veces puede ser mi enemigo. ¿Árabes moderados? Será, en todo caso, naciones árabes no agresivas o no belicistas, pero en Arabia Saudí se lapida a las adúlteras, se prohibe la enseñanza y hasta el permiso de conducir a las mujeres y una "policía religiosa" recorre con varas las calles para sacudir a los perezosos o a los despistados en sus devociones. ¿Dónde está la moderación?
¿Da patente el petróleo para ser considerado un moderado a pesar de las evidencias? ¡Los saudíes son los padres, los hermanos mayores y los generosos financiadores de los talibán!
A Afganistán van sus príncipes a cazar y dejan como regalo sus todoterreno y sus sistemas de telefonía. ¡Talibán pudientes, amantes del lujo, pero talibán al fin y al cabo!.
¡El integrismo no existiría sin Arabia Saudí! ¡No hubiera alcanzado sus actuales dimensiones sin las dispendiosas y siempre llenas arcas de la familia real saudí! ¡Nuestros amigos! ¡Nuestros queridos y moderados amigos!.
"La dinastía saudí –dice Gilles Kepel- puso su fabulosa riqueza al servicio de una opción conservadora de las relaciones sociales. Exaltó el rigor moral y financió en su nombre la difusión mundial de todos los grupos o partidos que iban a adherirse a ella. Multiplicando las concesiones en el ámbito cultural y moral, el poder establecido favoreció en su conjunto un clima propicio para la reislamización en su vertiente reaccionaria.
Arabia Saudía desempeñó un papel central en ese proceso, distribuyendo dinero con generosidad, suscitando vocaciones y vasallajes, y fidelizando a las clases medias piadosas gracias a los productos financieros por el sistema bancario islámico.
A finales de los años sesenta, el único lugar del mundo en que los ulemas consiguieron mantener el control del discurso público sobre los valores esenciales fue en Arabia Saudí".
Ni todo el petróleo del mundo vale para mantener esa patraña de los países "árabes moderados". Nunca la moderación como concepto fue utilizado con tanto abuso. Digamos, en todo caso, que nos conviene por estrategia, por dependencia enegética, no reconocer lo obvio. Pero –como decía George Orwell- hay ocasiones en que se hace imprescindible reconocer lo obvio y ésta es, de manera clara, una de ellas.
La invasión de Afganistán por los rusos intensificó la dependencia de la estrategia norteamericana respecto a los intereses de Arabia Saudí, mediante una nueva fórmula de amistades basadas en enemistades comunes.
Los soviéticos, dispuestos a mantener un gobierno comunista tambaleante, estaban preocupados por el riesgo de contagio integrista en sus repúblicas musulmanas y Arabia Saudí se sintió amenazada.Acudió con financiación abundante a socorrer a los mujaidines.
Estados Unidos no fue difícil de convencer: suministrando armas y entrenamiento a los afganos debilitaba, en el mundo bipolar de entonces, a su principal enemigo y además, tal como explicaron los saudíes, recuperaban crédito en las naciones árabes, se exorcizaban de la satanización trasladándosela a los soviéticos.
El enlace clave en esa estrategia fue Osama ben Laden. La consideración reiterada de que fue un hombre de la CIA no refleja con exactitud como sucedieron los hechos.
Ben Laden fue el hombre de la familia real saudí en Afganistán. El dinero de la petromonarquía sirvió para trasladar a voluntarios de todo el mundo musulmán para participar en la jihad.
Por primera vez integristas de todo el mundo se reunían en número considerable bajo la bandera común del Islam, al margen de las nacionales. A Estados Unidos le pareció redondo el negocio. Sin pérdidas de vidas humanas devolvía los agravios de Vietnam, mientras la generosa cuenta la pagaba la monarquía saudí.
Ben Laden pasó a tener su ejército personal. Su posición mejoró cuando su mentor palestino Abdallah Azzam fue asesinado en circunstancias no aclaradas. Desde esas bases, con los radicalizados alumnos de las madrasas, podía poner en marcha un vasto proceso de ingeniería social en Afganistán y sus internacionalistas empezaron a exportar esa fórmula "pura" del Islam a naciones como Argelia y Egipto.
El "señor de la cueva" -se hizo construir por ingenieros alemanes varios búnkers subterráneos- se dispuso a recrear en su propio beneficio el sueño del califato y a utilizar su fortuna personal para mantener unidos a los jihadistas y formarlos como terroristas suicidas, con el objetivo diseñado por Azzam: "este deber no acabará con la victoria en Afganistán; la jihad seguirá siendo una obligación individual hasta que reconquistemos cualquier otra tierra que era musulmana para que el Islam reine en ella de nuevo.
Ante nosotros tenemos a Palestina, Bukhara, Líbano, Chad, Eritrea, Somalia, Filipinas, Birmania, Yemen del Sur y otros, Tashkent, Andalucía".
EL AUGE DESESTABILIZADOR DE LOS OCHENTA
Los integristas pasaron a ser un factor de desestabilización del mundo musulmán. Los palestinos fueron un campo abonado de infección.
La intifada de 1987 representó el ascenso de los nuevos movimientos integristas –Hamas, fundada por los Hermanos Musulmanes, y la Jihad Islámica- con la Organización para la Liberación de Palestina de Yaser Arafat, que tenía un contenido nacionalista y socialista, y había sido pionera en la utilización del terrorismo para obtener objetivos políticos.
Los dos nuevos grupos emprenderían el camino del terrorismo suicida. Eso introdujo a los palestinos en una espiral de violencia sin salida, pues el programa máximo rechazaba la negociación y apostaba por echar a los judíos al mar; es decir, por el exterminio.
Esta radicalización fue primada por las petromonarquías: ¡en 1990, Kuwait donó sesenta millones de dólares a Hamas y sólo veintisiete millones a la OLP!.
Los jóvenes desocupados suministraban el material humano para el integrismo. Un proceso similar al padecido en Argelia, un país que estuvo a punto de sucumbir al integrismo, a través del FIS. También la explosión demográfica fue una clave, como el deterioro económico por los procesos de nacionalización, como la reforma agraria colectivista que desposeyó a las cofradías musulmanas rurales.
A finales de los ochenta, el FLN aparecía desgastado y sin proyecto, convertido en mero monopolio del poder.
Empezó a hacer concesiones como la reducción de derechos de las mujeres y una política de subvención a las mezquitas.
El retorno de los "internacionalistas" que habían combatido en Afganistán dio nuevas fuerzas a movimientos conservadores centrados en la vuelta a la religiosidad.
Unidos en la reclamación de la sharia, en 1988 se produjeron los primeros incidentes graves.
En marzo de 1989 se creó el Frente Islámico de Salvación, que obtuvo la victoria en las elecciones locales de junio de 1990 y en las generales de diciembre de 1991.
El ejército tenía la experiencia de la purga iraní. Desde luego no pesó en él la apreciación de Karl Popper sobre la democracia como fórmula de alternancia sin derramamiento de sangre, y la consideración de que unas elecciones son antidemocráticas cuando tienen por fin no volver a convocar elecciones.
Simplemente, militares y policías temieron por sus vidas, así que anularon el resultado y tomaron el control.
Estalló una cruenta guerra civil, de inusitado salvajismo.
El integrismo se dividió en dos movimientos, el GIA y el AIS. La crueldad desatada por los "afganos" del GIA, con exterminio de aldeas, mutilación y decapitación de sus víctimas, la extensión de sus enemigos mediante la anatemización de grupos cada vez más extensos, hicieron que la población les fuera dando de lado, y que el movimiento concluyera en una orgía de asesinatos internos.
El GIA montó la retaguardia de su aparato de propaganda en Londres –donde se editaban sus periódicos- y se infiltró en Francia –también en España- a través de la emigración, promoviendo atentados contra la antigua potencia colonial en un intento de galvanizar a las masas.
A lo largo de los años noventa, el integrismo fracasó también en su intento de desestabilizar Egipto. El proceso tuvo similitudes con el argelino, pues el gobierno hizo también concesiones "culturales" al integrismo e impuso la "sharia", permitiendo una persecución constante contra los coptos.
Los integristas quisieron atacar a los "satanes occidentales" y a las bases económicas del país con una serie de atentados contra turistas.
En 1986 asesinaron a dieciocho turistas griegos confundiéndoles con judíos, justificando la matanza como "una venganza contra los judíos, hijos de monos y cerdos, y adoradores del demonio, por la sangre de los mártires caídos en tierras del Líbano".
En 1997 un grupo de integristas protagonizaron una masacre de turistas en Luxor. Las clases medias dependientes del turismo se asustaron y respaldaron la represión sin contemplaciones del ejército. El jeque Omar Abdel Rhaman, el ideólogo de los integristas egipcios más sanguinarios, emigró a Estados Unidos.
Era un signo de los tiempos que los extremistas encontraran fácil acomodo en un Occidente al que odiaban. Fue condenado como inductor del primer atentado contra las Torres Gemelas. Los suicidas se habían reclutado entre los seguidores de sus inflamadas prédicas.
LA ESCISIÓN DE BEN LADEN
El 2 de agosto de 1990 Sadam Husein invadió Kuwait. Un hecho llamado a tener hondas consecuencias y a afectar al conjunto del movimiento integrista.
Los tanques irakíes sobrepasaron la frontera saudí. Ante la posibilidad de ser invadidos en poco tiempo, la monarquía pidió auxilio a los Estados Unidos. La respuesta internacional aceleró la "conversión" integrista de Sadam que invocó la jihad contra el "satán" norteamericano.
Osama ben Laden había ofrecido sus internacionales a Ryad, pero consideró una profanación de la tierra del Profeta, constitucionalmente santa, la presencia de militares "infieles". Ahí se consumó la escisión.
Detengámonos por un momento a analizar el personaje Osama ben Laden.
La idea de los desheredados de la tierra no tiene nada que ver con él. Nacido en 1957, es uno de los cincuenta y cuatro hijos e hijas engendrados por Mohamed ben Laden, un albañil yemení, que entró al servicio de la corte y escaló posiciones, hasta convertirse "en el mayor empresario de obras públicas del reino y en uno de los primeros de Oriente Medio.
Consiguió la concesión exclusiva de la extensión y el mantenimiento de la Gran Mezquita de La Meca, así como todas las autopista que llevaban a ella desde las principales ciudades del territorio saudí.
Cuando en 1968 murió a causa de un accidente, su fortuna alcanzaba los once mil millones de dólares". Sus hijos fueron educados junto a la familia real.
Osama tuvo la juventud disipada de un príncipe saudí. Se le sitúa como un habitual de las discotecas de Marbella y de Beirut.
La imagen de un asceta del desierto, de un piadoso camellero, es la estudiada creación de un personaje.
Afganistán fue para él lo más parecido a "sentar la cabeza". Montó la infraestructura en Pesahwat de los brigadistas, y pronto derivó la estrategia saudí a un componente de liderazgo personal. Saboreó los placeres de la violencia y de esa corrupción moral, de la que hablara Lord Acton, del poder sobre las vidas humanas. Su dinero y sus empresas sirvieron para el intento de exportar la experiencia afgana al resto de países musulmanes, entre los que Arabia Saudí era un objetivo preferente.
El asesinato en Mogasdicio en 1993 de dieiciocho militares norteamericanos forzó, por la presión diplomática, su salida de Sudán, donde se había instalado para seguir la infección del Magreb. En el verano de 1996, volvió a Afganistán desde donde difundió una fatwa de jihad contra los americanos: "Expulsad a los politeístas de la península Arábiga", situando "la ocupación de la tierra de los dos Santos Lugares como la peor de las agresiones".
En febrero de 1998 creó el Frente Islámico Internacional contra los Judíos y los Cruzados (Cristianos) con una fatwa estipulando que "todo musulmán que esté en condiciones de hacerlo tiene el deber personal de matar a los americanos y a sus aliados, civiles y militares, en cualquier país donde sea posible". Una llamada clara al genocidio sin excepción alguna.
El integrismo, tras el auge en los años ochenta, entró en claro retroceso a lo largo de la década de los noventa. Su intento de toma del poder había fracasado.
La intervención de una brigada internacionalista en Bosnia escandalizó a los europeizados musulmanes de esa nación, a la vista de las atrocidades, superiores a las de los serbios.
La sublevación de Chechenia, después de una campaña de terrorismo en Moscú, fue contestada por el Kremlin. Sobre todo, el integrismo había ahuyentado a las clases medias piadosas y se había ganado desconfianzas y enemigos, pues nadie podía estar seguro de ser anatemizado.
Quedaba Afganistán como ejemplo de la utopía: el retroceso estricto al siglo VII, la prohibición de cualquier alegría de vivir, de cualquier diversión, desde volar cometas a criar palomas, pasando por la música en las bodas, con una saña estricta contra las mujeres, condenadas a la ignorancia y restringida severamente la atención médica.
Y un riesgo de infección integrista en Pakistán: con los monstruos totalitarios no se juega sin terminar en la telaraña.
"Estos cuantos miles de jihadistas –sentencia Kepel-, apartados del terreno Afgano pero imbuidos de su experiencia, se anquilosaron en una lógica político-religiosa sectaria, al margen de las realidades sociales del mundo en el que vivían.
La falta de enlaces internacionales de peso y el alejamiento de cualquier movimiento social facilitaron el paso de Ben Laden y de sus acólitos a un activismo del que en realidad ya no se sabía a qué intereses respondía".
Tibias liberalizaciones en Egipto y Argelia ampliaron la base social de los gobiernos con la aparición de nuevos empresarios.
La declaración de la guerra santa contra Estados Unidos era una forma de intentar salir de este atolladero para intentar galvanizar a las masas juveniles, sobrepasando a los gobiernos, marcando un enemigo común y retomando todo el odio sembrado contra la civilización occidental en las predicas de los viernes en las mezquitas y en las escuelas coránicas.
El atentado de las Torres Gemelas ha sido, desde ese punto de vista, no una muestra de fortaleza sino manifestación de debilidad extrema. El intento de recuperar un liderazgo perdido.
El suicidio colectivo del integrismo, ¿para promover un choque de civilizaciones? En cualquier caso, un choque de tiempos, entre la civilización y la barbarie.
L.O./Por Enrique de Diego
En muchos aspectos era un fascismo a la musulmana, pues coincidía en el rigorismo moral y en el retorno a los fundamentos, a épocas pretéritas, así como en el antisemitismo (antes de que los judíos recalaran en Oriente Medio), pero tenían un componente internacionalista frente a la fragmentación nacionalista, Dar el Islam, la tierra de los musulmanes, semejante al marxismo-leninismo.
Con ambos totalitarismos coincidía en su aversión a la pluralidad, a la democracia y a los valores occidentales de libertad personal. Nació en Egipto, con Hasan el Banna como ideólogo, cuando en 1928 se fundó la formación Hermanos Musulmanes.
Era un momento de desconcierto en el mundo islámico tras la toma del poder turco por Kemal Ataturk en 1924, la apuesta por una Turquía laica con separación entre Iglesia y Estado y el derrocamiento del califato otomano, instancia última político-espiritual de unidad, pues en la religión y en los países islámicos nunca ha habido algo similar al "Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".
El movimiento, minoritario, convivió bien con la monarquía conservadora del rey Farak de Egipto, un compulsivo devorador de pornografía, pero entró en colisión y durante un tiempo fue barrido por el panarabismo de jóvenes oficiales que tomó el mando en los años cincuenta con los procesos de descolonización.
Los ulemas estaban desacreditados frente a estos adalides de la modernización pues, como explica el estudioso Jacques Berque, "para conservar su poder, los ulemas no han rehusado colaborar con los colonizadores: cuando los franceses deponen en 1953 al rey Mohamed V de Marruecos ningún ulema protestó. Bonaparte creó en Egipto un consejo de ulemas".
La generación que había luchado contra las potencias coloniales o habían derrocado a monarquías tenían una ideología que situaba a la URSS como modelo con las peculiaridades islámicas. Eran nacionalistas y socialistas.
Consideraban a los ulemas como retrógrados, retardatarios del progreso que ellos iban a impulsar con métodos colectivistas, de planificación económica y gigantescas obras públicas. Eran también panárabes y fueron los principales animadores del movimiento de los no alineados, como fórmula intermedia o alternativa a un tiempo del capitalismo y el comunismo ateo.
Es la generación de los Oficiales Libres de Gamal Abdul Nasser en Egipto, del FLN con Ahmed Ben Bella y Burguiba en Argelia, de Boumedian en Túnez, de Anuar Al-Gadafi en Libia, de Sukarno en Indonesia, del partido laico Baas en la Siria de Hasef El Asad y el Irak de Sadam Husein.
Prometían eficacia y modernidad, sacar a las poblaciones de su atraso, sin las fórmulas democráticas que odiaban. Una colección de partidos únicos, rodeados desde pronto, más a medida que su fracaso se iba haciendo notorio, de policías secretas y ejércitos cuyas cúpulas pasaron a ser la élite social, para poder sostenerse en el poder.
La Conferencia de Bandung del 18 al 24 de abril de 1955 fue su momento estelar. Los nuevos líderes de lo que empezó a llamarse el tercer mundo, en concepto inventado en Francia, percibieron una sintonía común en considerar que los países descolonizados partían de la edad de la inocencia. Creían en la capacidad del poder abstracto de las palabras y abundaron en la generación de conceptos nuevos.
Sostenían, sobre todo, la superioridad de la política sobre la economía.Los Hermanos Musulmanes llevaron una vida tolerada hasta que fueron culpados de un intento de asesinato de Naser en 1954 y prohibidos.
El fracaso del movimiento llevó a una reelaboración radicalizada de su estrategia. El pensador con el que el integrismo toma cuerpo es Sayyid Qotb, autor de "A la sombra del Corán" y "Signos de Pista".
Qotb reelaboró el integrismo en torno al concepto yahiliya, el estado de impiedad previo a Mahoma, de impureza e ignorancia.
Esa era la situación de las naciones musulmanas de forma que sus dirigentes eran tan enemigos del Islam como los no musulmanes. Los nuevos conceptos puestos en circulación como nación, partido y socialismo eran nuevas formas de idolatría, de politeísmo, frente a Alá, el único soberano, pues la noción de soberanía no existe en El Corán, donde Alá es amo absoluto.
Qotb establecía el Islam de la comunidad de los creyentes, Umma, como una utopía religiosa, y rompía los puentes de comunicación o de neutralidad en una moralidad bipolar de contrarios: el Bien y el Mal, el Islam y el no Islam.
A las aspiraciones democráticas de algunos sectores contestaba con: "Nuestra Constitución es el Corán" y establecía como programa político la imposición de la sharia, la ley coránica. Promovía un instinto de unidad frente a la disgregación de los partidos y se dirigía a un Islam profundo confrontando religión con política. Era un tipo de fundamentalismo providencialista, cuyo sentido llevó en su día a la puesta en marcha de la Inquisición en España, con el sencillo mensaje de que la pureza religiosa traería los beneficios de la omnipotencia divina.
De hecho, la clave del activismo propuesto era una relectura universal del takfir, el anatema o declaración de impío, por el que se declara a una persona falso musulmán. El creyente tiene la obligación de matarle pues "su sangre es lícita".
Introducía así un elemento autodestructivo, llamado a hacer correr mucha sangre y provocar guerras civiles en los países musulmanes, pues fuera de los integristas, el resto pasaban a ser paganos y el Estado declarado impío, intentando abrir una fosa entre los dirigentes y la masa común.
Casi todas las naciones en formación confrontaban a tal postura el caudal de nuevos sentimientos o reclamaban otras herencias históricas, desde Ciro en Persia hasta el legado de los faraones. La formación de Pakistán motivó un foco importante de integrismo, pues en ese caso se trataba de una creación ex nihilo.
No podía plantearse un Estado de los musulmanes, con pluralidad interna al margen del grado de compromiso religioso, sino de un Estado musulmán basado en la identidad de la creencia.
Mawdudi reflejó un pensamiento similar al de Qob, insistiendo en los aspectos culturales y morales, en la sharia, destacando el carácter "total" del Islam, con la política como "componente integral e inseparable de la fe islámica", expurgada de cualquier conexión con otras culturas, y específicamente con la occidental, como había propugnado el movimiento deobandi, generado en la ciudad india de Deoband.
También consideraba los cinco pilares de la fe islámica –profesión de fe, oración, ayuno del Ramadán, peregrinación a La Meca y zabat o limosna religiosa- una preparación para la jihad, el grado más alto de perfección. El Estado islámico quedaba como esperanza de panacea de todos los problemas. Aunque su partido legal siempre fue minoritario, tuvo una poderosa influencia.
La guerra de los Seis días en junio de 1967 marcó un hito decisivo en el auge del movimiento. La victoria de Israel que tomó el Sinaí, los altos del Golán, Jerusalén y Gaza y Cisjordania fue un shock traumático para una población larvada de fundamentalismo providencialista, que interpretó el desastre bélico como el castigo de Alá a la falta de piedad de sus dirigentes. El odio a Israel constituía el consenso de las sociedades musulmanas y el enemigo había triunfado en el campo de batalla.
Al fracaso de las recetas económicas colectivistas, con reformas agrarias de colectivización del campo, que dañó a los ulemas, terratenientes por las donaciones testamentarias de los piadosos, el agotamiento de las arcas con obras faraónicas como la presa de Hasuan y el control del aparato del Estado, con su clientelismo, se unió la derrota militar provocando el descrédito de una fórmula presentada como la vía islámica para ponerse al día con Occidente.
El mundo islámico sólo ha conocido como sinónimo de Occidente un modelo próximo al socialismo real, una ideología contraria a los valores occidentales. Un profundo y lamentable drama.
El integrismo apareció como una atrayente fórmula alternativa para superar la humillación. El momento coincidía con una notable explosión demográfica, en la que las naciones musulmanas aumentaron su población entre un 40 y un 50 por 100, y varias contaban con un segmento de población joven superior al 60 por 100.
Según Gilles Kepel en su libro La Yihad, básico para comprender el fenómeno, el integrismo islámico empezó a calar en dos grupos sociológicos: las clases medias piadosas, proclives a un mensaje fundamentalista y despechadas por su nula representatividad política, y sobre todo los jóvenes.Los gobiernos nacionalistas habían hecho un esfuerzo educador, mejorando la formación, pero sin el dinamismo económico capaz de ofrecer trabajo ni cauces de participación a una juventud abocada al paro.
El primer foco donde prendió con fuerza el integrismo fue en las universidades, donde empezaron a organizarse campamentos a la manera nazi, en los que se aprendía la "vida islámica pura" y se predicaban los conceptos de la guerra santa frente a los gobiernos impíos.Los ulemas, ajenos en los orígenes al movimiento, recuperaron un prestigio arrebatado por los militares nacionalistas de la descolonización.
Como dice Rashid Al-Ghannouchi, perseguido como terrorista en Túnez y asilado en Inglaterra (una contradicción habitual en Occidente): "es cierto que los ulemas han colaborado a veces con los colonizadores y los dictadores. Pero también han protegido al pueblo magrebí, la identidad árabe-musulmana. Han jugado un papel positivo en la educación y la salud del pueblo. Queremos la modernización, pero no según el modelo que nos impone Occidente.
Los occidentales nos dicen: para acceder a la modernidad, debéis renunciar a vuestra identidad. Es lo que han hecho Kemal Ataturk en Turquía y Burguiba en Túnez. A fin de cuentas, han perdido su identidad y no han entrado en la modernidad". El velo empezó a presentarse no como un signo de vejación sino como "un gesto de resistencia a Occidente".
Conscientes de su atolladero –Nasser hizo una dimisión ficticia en la noche de la derrota de la guerra de los seis días-, los gobiernos intentaron compartir el aparato ideológico y educativo y, en vez de democratizarse o de poner en práctica políticas económicas liberalizadoras, empezaron a derivar su legislación hacia el integrismo. "Los islamistas –recuerda Kepel- fueron sacados de las cárceles y se les dio preeminencia en las universidades como elemento conservador para frenar a las fuerzas izquierdistas" que anunciaban la revolución marxista, "los estados compartieron la ideología y buscaron la legitimidad islámica".
Las instituciones religiosas como Al Azhar, la milenaria mezquita donde se forman los imanes, fueron potenciadas y se buscó la funcionarización de los ulemas.
El recurrente mensaje de que el Islam era compatible con el socialismo, el "igualitarismo del Profeta", fue cambiado por la puesta en marcha de la sharia como legislación estatal, con sus lapidaciones por delitos sexuales y sus ejecuciones públicas.
Los integristas aparecieron durante un tiempo como defensores del orden por su impronta conservadora y fueron cortejados por las dictaduras.
Los estados, más aún las dictaduras como la Zia-ul Haq en Pakistán cuya prioridad fue la sharia con destrucción de los últimos restos de Estado de Derecho, que había derrocado a Ali Bhutto y luego lo había ahorcado, se desbocaron por la senda del integrismo.
Entre ellas, fue clave Arabia Saudí, la financiera del integrismo y su exportadora.
Los Hermanos Musulmanes en los primeros tiempos de represión fueron recibidos en la Universidad de Medina, terminada en 1961. La dinastía saudí, como garante de los Santos Lugares de La Meca y Medina, era la cuna de la interpretación literal y rigorista del Corán, desde que en 1745 el emir Muhamad Ibn Saud asumiera confesionalmente la doctrina del reformador religioso Muhamad Ibn Abd al Wahhab. . El wahabismo o salafismo.
La monarquía saudí vio en el integrismo el instrumento para desarrollar un liderazgo moral sobre el conjunto del mundo islámico, pues ambos coincidían en puntos tan fundamentales como el rigorismo y la sharia. ¡El rey saudí, a la sombra de La Meca, podía recuperar alguna forma de califato!
La guerra de 1973, desatada por Egipto y Siria, amplió con nuevas vías ese proyecto. La primera victoria militar dio paso a una peligrosa contraofensiva israelí, pero los tanques hubieron de parar a cien kilómetros de El Cairo cuando Arabia Saudí impuso el boicot en el suministro de petróleo a los países aliados de Israel.
La subida de los precios dio un amplio caudal económico a los que Kepel denomina "petromonarquías". El dinero fue repartido con generosidad en mezquitas y asociaciones benéficas con la fórmula internacionalista y salafista. Se crearon bancos islámicos con préstamos sin interés, en donde encontraron colocación los jóvenes universitarios.
Otro instrumento de difusión del fundamentalismo fueron los emigrantes a los países del Golfo, que volvían a sus países enriquecidos y en plena sintonía con el salafismo. La identificación de progreso económico e integrismo fue un factor dio nuevas alas al fundamentalismo providencialista.
El salafismo exportado por Arabia Saudí combatía como forma idolátrica el islamismo rural de las cofradías en las que se venera a santos islámicos y se pide su protección, y había ofendido a las mismas bases de la chií, destruyendo los enterramientos de los primeros imanes y de Fátima, la hija de Mahoma, objeto de veneración para tal "herejía", en la que militan el 20 por 100 de los musulmanes.
Con este apoyo económico, los ulemas plantearon una directa competencia a los intelectuales que habían suplantado su función. Las interpretaciones alegóricas del Corán fueron perseguidas como apostasía y sus defensores anatemizados por fatwas, documentos jurídicos de obligado cumplimiento, de forma que fueron siendo asesinados por los fanáticos.
Los años setenta conocieron un auge general y sin precedentes del integrismo. Gobiernos de ese signo se impusieron en Malasia y Sudán.
Irán iba a dar un fuerte impulso a ese proceso. La dinastía Pahlevi, aunque nacida de un golpe de estado en 1921, se consideraba heredera de Ciro el Persa, y mantenía una posición de confrontación respecto a los ayatolás chíies a los que consideraba retrógrados.
El Sha de Persia era una extraña mezcla de prooccidentalismo en las relaciones internacionales, de ostentación en los fastos de la corte y de socialismo real en la política económica a través del partido único en el que se promovían formas de culto a la personalidad.
Los chiíes, como religión, se habían desgajado con la derrota y muerte del cuarto imán, Alí, yerno de Mahoma, y esperaban su vuelta, lo que había impregnado de un estilo quietista a sus relaciones con la política. Jomeini, desde la ciudad santa de Quom, y desde su exilio en París, promovió una nueva mentalidad activista convirtiendo las procesiones de dolor por la muerte de Alí en manifestaciones contra el régimen.
Reza Pahlevi quiso iniciar la llamada "revolución blanca" uniendo principios del "capitalismo y el comunismo". En el fondo y en la forma, con la riqueza del petróleo, impulsó la presencia del Estado en todas las instancias económicas; gastó demasiado, demasiado rápido, eso provocó inflación.Incapaz de reconocer su error, lanzó a la policía contra "acaparadores" y "especuladores". Hubo detenciones en el bazar, malquistándose con los comerciantes.
Un proyecto del Sha, presentado como un impulso modernizador, anunció la extensión del derecho al voto a las mujeres y una reforma agraria colectivista gravemente lesiva para el clero.
El campo conservador había sido un apoyo de la monarquía, pero el Sha montó la "administración agrícola unificada", con granjas colectivas y destrucción de las viejas aldeas con traslados a pueblos "modelo".
Cundió el descontento. Jomeini hizo acercamientos a los comerciantes del bazar, descontentos con su marginación política, y asumió un discurso retórico próximo a la izquierda presentando su proyecto de conservadurismo moral junto con reclamaciones del Islam como la religión de los "desheradados" para establecer una alianza con los muyahidines.
Eran los tiempos de Jimmy Carter y los Estados Unidos retiraron su confianza al Sha, acusado de una política contraria a los derechos humanos. Fue la puntilla.
La "república islámica" dio amplios poderes a Jomeini. Mostró una faz sanguinaria desde el inicio. Los dos primeros años ejecutó a ocho mil personas. Veintitrés generales y cuatrocientos oficiales del ejército de la policía; se ensañó con las minorías religiosas –judíos, cristianos, sabeanos y sunnitas- y, por último, fue inmisericorde con sus antiguos aliados.
Los miembros del partido comunista Tudesh fueron los últimos de la purga. Aparecieron en la televisión afirmando la superioridad del Islam sobre el marxismo, en un remedo de los viejos juicios de Moscú, y luego desaparecieron sin dejar rastro.
Egipto fue otra de las naciones en donde los integristas pusieron sus miras. El 6 de octubre de 1981, un grupo de terroristas asesinó al presidente Sadat durante un desfile militar. Sadat había sido objeto de fataws por firmar la paz con Israel, pero al tiempo abrió la mano y fue condescendiente con sus verdugos. Los asesinos declararon en los interrogatorios que buscaban provocar una sublevación de las masas, una "revolución popular".
¡El rey Fahd más radical y pernicioso que Jomeini! En la época que siguió a la guerra de octubre de 1973 se consolidó el poder financiero saudí, lo que permitió a la corriente wahabista-islamista, puritana y socialmente conservadora, extenderse por todas partes y conquistar una posición de fuerza en la expresión internacional del Islam.
Su repercusión era menos visible que la del Irán jomeinista pero era más profunda y podía tener una vida más duradera. ¿Qué predica esa corriente de "nuestros amigos"? La aversión a la corrupción de costumbres occidental, el odio a Occidente.
Es decir, el odio a Occidente culminado en el atentado a las Torres Gemelas y al Pentágono corrió a lomos de los petrodólares. "Aunque oponía claramente la virtuosa civilización islámica a la corrupción de Occidente, Arabia Saudí, de donde procedía la mayor parte de los fondos, siguió siendo un aliado esencial de los Estados Unidos y Occidente frente al bloque soviético".
Arabia Saudí tuvo especial interés en radicalizar con su modelo a los grupos de inmigrantes en las naciones occidentales. Financió más de mil quinientas mezquitas de un modelo estándar para evitar peculiaridades nacionales. Las convirtió en centros asistenciales.
En los países musulmanes se inmiscuyó en las relaciones entre la sociedad y el Estado, poniendo en evidencia a éste. ¡Proceso de globalización religiosa! La familia real buscaba establecer su hegemonía sobre todo el Islam.
"Su objetivo –señala Kepel- era al mismo tiempo hacer del Islam una figura de primera línea en la escena internacional, que sustituyera a los nacionalismos derrotados, y reducir las formas de expresión plurales de esta religión a las creencias de los señores de La Meca.
Gestores de un inmenso imperio de beneficencia y caridad, el poder saudí pretendía legitimar la prosperidad que se identificaba con el maná divino porque se producía en la Península donde el profeta Mahoma había tenido la Revelación". Un argumento definitivo para el fundamentalismo providencialista.
Estos sueños de califato encontraron un serio escollo en Jomeini. El liderazgo alcanzado por la revolución iraní hizo que ajustaran viejas cuentas. El ayatolá acusó a la familia real saudí de lujo desmedido e hipocresía; rigoristas pero al tiempo proveedores de petróleo de Occidente, de Estados Unidos, situado por el ayatolá como "gran Satán". Jomeini se dispuso a plantear la batalla en el propio corazón del Islam.
Saudíes opositores a la familia real se hicieron fuertes en la Gran Mezquita y las fuerzas saudíes tardaron una semana en reducirlos. No se pudo demostrar que Jomeini estuviera detrás. Pero en cada peregrinación, hajj, la que los piadosos musulmanes han de hacer una vez en la vida, los iraníes hacían propaganda de la "revolución islámica".
El jomeinismo puso en marcha algunas estrategias, entonces fracasadas, pero que abrirían sendas de imitación. Intentó, para agradecer su asilo, exportar la revolución a los inmigrantes en Francia contra los "satanes occidentales", lo que se tradujo en una primera ola de atentados.
Creó y financió el grupo Hezbolá en el Líbano con la comunidad chií, ayudando a destruir lo más parecido a una democracia en el mundo árabe. Hezbolá fue uno de los primeros grupos en poner en práctica el terrorismo suicida.
El 22 de septiembre de 1980, Sadam Husein invadió Irán. Lo consideraba debilitado en su poder militar por las purgas integristas en el ejército y aspiraba a abrirse paso hacia el mar. Empiezan una serie de malentendidos y complicidades de esa señora tuerta de la diplomacia. Los saudíes ven el cielo abierto para ajustar las cuentas con el enemigo que les ha plantado cara obligándoles a movilizar todo su clientelismo salafista para evitar el descrédito religioso.
Estados Unidos está herido por el secuestro de sus diplomáticos en la embajada y por la retórica diabolizadora de los jomeinistas. Llueven, pues, las ayudas a un Husein en acelerado proceso de conversión del baasismo al integrismo, pues Jomeini lo tilda de "apóstata" e "irreligioso", exagera sus muestras de devoción.
La guerra entre Irán e Irak quedó en tablas, pero provocó el "martirio" de toda una generación iraní, lanzada como carne de cañón, y dejó a Husein con un sistema económico inviable y un ejército elefantiásico y bien pertrechado.
Con un Teherán debilitado, en el hajj (peregrinaje mayor a la ciudad Santa La Meca) de 1987, la policía saudí rodeó a los peregrinos iraníes y mató a cuatrocientos.
Jomeini, meses antes de su muerte, trató de recuperar su papel central en el mundo islámico con un golpe de efecto. El 14 de enero de 1989 un grupo de musulmanes ingleses se manifestó en Bradford quemando ejemplares del libro Versos satánicos, de Salman Rushdie, considerado blasfemo por sus referencias a las mujeres de Mahoma.
Eso llamó la atención de Jomeini quien en una fatwa hizo una llamada a su asesinato: "informo al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor de los Versos satánicos Salman Rushdie, que se opone al Islam, al Profeta y al Corán, y todos los que participaron en su publicación y conocían su contenido, están sentenciados a muerte".Atacando de forma directa a la libertad de creación y de expresión lo hacía a la base de los valores occidentales, al tiempo que recreaba la idea de Dar el Islam, implicando en ella a los grupos musulmanes de Occidente. Demostraba su dominio, en base a la religión, sobre ellas.
En varios lugares las manifestaciones terminaron con quemas de libros recordando los tiempos nazis; los saudíes intentaron promover una acción jurídica para promover la censura del libro y en Londes los manifestantes musulmanes corearon gritos a favor de la fataw y del asesinato del escritor. El integrismo triunfaba en las mismas entrañas de Occidente, en la misma ciudad que un día fuera el símbolo de la resistencia al nazismo.
LOS "TALIBÁN MODERADOS"
El enemigo se esconde pero no es un ente espiritual ni un monstruo salido del subconsciente, tiene escuelas de terroristas, santuarios, campos de entrenamiento y fuentes de financiación.
Tiene su base, por ejemplo, en Afganistán.
No sólo, pues hay terrorismo e integrismos en diversas partes del mundo, pero ahí es huésped de honor dentro de un mismo orden moral.
Desde allí se organizan las masacres y se dan las órdenes.
¿Quiénes reconocen a los talibán?
¿Quiénes consideran respetables a estos sembradores de odio?¡Sólo tres naciones!
Entre los innumerables países con asiento en la ONU sólo tres gobiernos tienen la desfachatez de tener representación diplomática en un territorio donde ningún derecho humano es respetado y donde las mujeres ven la vida tras la prisión de la burka.
¿Tres naciones acaso con serios conflictos con Occidente?
¿Tres gobiernos con graves contenciosos con los Estados Unidos?¿Tres parias de la sociedad de naciones?
Nada de eso. Son Pakistán, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Tres firmes aliados.
Tres países "árabes moderados".
¡Kuwait, por quien fueron a luchar los soldados occidentales! ¡Arabia Saudí, cuyas fronteras fueron defendidas por el costoso despliegue, en todos los sentidos, de las fuerzas norteamericanas! Pakistán, el amigo predilecto de Washington, hasta sus experimentos con bombas nucleares en 1998.
¿Qué sentido tiene? Casi siempre aquello del enemigo de mi enemigo es mi amigo es un salto en la lógica. Nunca es por ese simple hecho mi amigo.
A veces puede ser mi enemigo. ¿Árabes moderados? Será, en todo caso, naciones árabes no agresivas o no belicistas, pero en Arabia Saudí se lapida a las adúlteras, se prohibe la enseñanza y hasta el permiso de conducir a las mujeres y una "policía religiosa" recorre con varas las calles para sacudir a los perezosos o a los despistados en sus devociones. ¿Dónde está la moderación?
¿Da patente el petróleo para ser considerado un moderado a pesar de las evidencias? ¡Los saudíes son los padres, los hermanos mayores y los generosos financiadores de los talibán!
A Afganistán van sus príncipes a cazar y dejan como regalo sus todoterreno y sus sistemas de telefonía. ¡Talibán pudientes, amantes del lujo, pero talibán al fin y al cabo!.
¡El integrismo no existiría sin Arabia Saudí! ¡No hubiera alcanzado sus actuales dimensiones sin las dispendiosas y siempre llenas arcas de la familia real saudí! ¡Nuestros amigos! ¡Nuestros queridos y moderados amigos!.
"La dinastía saudí –dice Gilles Kepel- puso su fabulosa riqueza al servicio de una opción conservadora de las relaciones sociales. Exaltó el rigor moral y financió en su nombre la difusión mundial de todos los grupos o partidos que iban a adherirse a ella. Multiplicando las concesiones en el ámbito cultural y moral, el poder establecido favoreció en su conjunto un clima propicio para la reislamización en su vertiente reaccionaria.
Arabia Saudía desempeñó un papel central en ese proceso, distribuyendo dinero con generosidad, suscitando vocaciones y vasallajes, y fidelizando a las clases medias piadosas gracias a los productos financieros por el sistema bancario islámico.
A finales de los años sesenta, el único lugar del mundo en que los ulemas consiguieron mantener el control del discurso público sobre los valores esenciales fue en Arabia Saudí".
Ni todo el petróleo del mundo vale para mantener esa patraña de los países "árabes moderados". Nunca la moderación como concepto fue utilizado con tanto abuso. Digamos, en todo caso, que nos conviene por estrategia, por dependencia enegética, no reconocer lo obvio. Pero –como decía George Orwell- hay ocasiones en que se hace imprescindible reconocer lo obvio y ésta es, de manera clara, una de ellas.
La invasión de Afganistán por los rusos intensificó la dependencia de la estrategia norteamericana respecto a los intereses de Arabia Saudí, mediante una nueva fórmula de amistades basadas en enemistades comunes.
Los soviéticos, dispuestos a mantener un gobierno comunista tambaleante, estaban preocupados por el riesgo de contagio integrista en sus repúblicas musulmanas y Arabia Saudí se sintió amenazada.Acudió con financiación abundante a socorrer a los mujaidines.
Estados Unidos no fue difícil de convencer: suministrando armas y entrenamiento a los afganos debilitaba, en el mundo bipolar de entonces, a su principal enemigo y además, tal como explicaron los saudíes, recuperaban crédito en las naciones árabes, se exorcizaban de la satanización trasladándosela a los soviéticos.
El enlace clave en esa estrategia fue Osama ben Laden. La consideración reiterada de que fue un hombre de la CIA no refleja con exactitud como sucedieron los hechos.
Ben Laden fue el hombre de la familia real saudí en Afganistán. El dinero de la petromonarquía sirvió para trasladar a voluntarios de todo el mundo musulmán para participar en la jihad.
Por primera vez integristas de todo el mundo se reunían en número considerable bajo la bandera común del Islam, al margen de las nacionales. A Estados Unidos le pareció redondo el negocio. Sin pérdidas de vidas humanas devolvía los agravios de Vietnam, mientras la generosa cuenta la pagaba la monarquía saudí.
Ben Laden pasó a tener su ejército personal. Su posición mejoró cuando su mentor palestino Abdallah Azzam fue asesinado en circunstancias no aclaradas. Desde esas bases, con los radicalizados alumnos de las madrasas, podía poner en marcha un vasto proceso de ingeniería social en Afganistán y sus internacionalistas empezaron a exportar esa fórmula "pura" del Islam a naciones como Argelia y Egipto.
El "señor de la cueva" -se hizo construir por ingenieros alemanes varios búnkers subterráneos- se dispuso a recrear en su propio beneficio el sueño del califato y a utilizar su fortuna personal para mantener unidos a los jihadistas y formarlos como terroristas suicidas, con el objetivo diseñado por Azzam: "este deber no acabará con la victoria en Afganistán; la jihad seguirá siendo una obligación individual hasta que reconquistemos cualquier otra tierra que era musulmana para que el Islam reine en ella de nuevo.
Ante nosotros tenemos a Palestina, Bukhara, Líbano, Chad, Eritrea, Somalia, Filipinas, Birmania, Yemen del Sur y otros, Tashkent, Andalucía".
EL AUGE DESESTABILIZADOR DE LOS OCHENTA
Los integristas pasaron a ser un factor de desestabilización del mundo musulmán. Los palestinos fueron un campo abonado de infección.
La intifada de 1987 representó el ascenso de los nuevos movimientos integristas –Hamas, fundada por los Hermanos Musulmanes, y la Jihad Islámica- con la Organización para la Liberación de Palestina de Yaser Arafat, que tenía un contenido nacionalista y socialista, y había sido pionera en la utilización del terrorismo para obtener objetivos políticos.
Los dos nuevos grupos emprenderían el camino del terrorismo suicida. Eso introdujo a los palestinos en una espiral de violencia sin salida, pues el programa máximo rechazaba la negociación y apostaba por echar a los judíos al mar; es decir, por el exterminio.
Esta radicalización fue primada por las petromonarquías: ¡en 1990, Kuwait donó sesenta millones de dólares a Hamas y sólo veintisiete millones a la OLP!.
Los jóvenes desocupados suministraban el material humano para el integrismo. Un proceso similar al padecido en Argelia, un país que estuvo a punto de sucumbir al integrismo, a través del FIS. También la explosión demográfica fue una clave, como el deterioro económico por los procesos de nacionalización, como la reforma agraria colectivista que desposeyó a las cofradías musulmanas rurales.
A finales de los ochenta, el FLN aparecía desgastado y sin proyecto, convertido en mero monopolio del poder.
Empezó a hacer concesiones como la reducción de derechos de las mujeres y una política de subvención a las mezquitas.
El retorno de los "internacionalistas" que habían combatido en Afganistán dio nuevas fuerzas a movimientos conservadores centrados en la vuelta a la religiosidad.
Unidos en la reclamación de la sharia, en 1988 se produjeron los primeros incidentes graves.
En marzo de 1989 se creó el Frente Islámico de Salvación, que obtuvo la victoria en las elecciones locales de junio de 1990 y en las generales de diciembre de 1991.
El ejército tenía la experiencia de la purga iraní. Desde luego no pesó en él la apreciación de Karl Popper sobre la democracia como fórmula de alternancia sin derramamiento de sangre, y la consideración de que unas elecciones son antidemocráticas cuando tienen por fin no volver a convocar elecciones.
Simplemente, militares y policías temieron por sus vidas, así que anularon el resultado y tomaron el control.
Estalló una cruenta guerra civil, de inusitado salvajismo.
El integrismo se dividió en dos movimientos, el GIA y el AIS. La crueldad desatada por los "afganos" del GIA, con exterminio de aldeas, mutilación y decapitación de sus víctimas, la extensión de sus enemigos mediante la anatemización de grupos cada vez más extensos, hicieron que la población les fuera dando de lado, y que el movimiento concluyera en una orgía de asesinatos internos.
El GIA montó la retaguardia de su aparato de propaganda en Londres –donde se editaban sus periódicos- y se infiltró en Francia –también en España- a través de la emigración, promoviendo atentados contra la antigua potencia colonial en un intento de galvanizar a las masas.
A lo largo de los años noventa, el integrismo fracasó también en su intento de desestabilizar Egipto. El proceso tuvo similitudes con el argelino, pues el gobierno hizo también concesiones "culturales" al integrismo e impuso la "sharia", permitiendo una persecución constante contra los coptos.
Los integristas quisieron atacar a los "satanes occidentales" y a las bases económicas del país con una serie de atentados contra turistas.
En 1986 asesinaron a dieciocho turistas griegos confundiéndoles con judíos, justificando la matanza como "una venganza contra los judíos, hijos de monos y cerdos, y adoradores del demonio, por la sangre de los mártires caídos en tierras del Líbano".
En 1997 un grupo de integristas protagonizaron una masacre de turistas en Luxor. Las clases medias dependientes del turismo se asustaron y respaldaron la represión sin contemplaciones del ejército. El jeque Omar Abdel Rhaman, el ideólogo de los integristas egipcios más sanguinarios, emigró a Estados Unidos.
Era un signo de los tiempos que los extremistas encontraran fácil acomodo en un Occidente al que odiaban. Fue condenado como inductor del primer atentado contra las Torres Gemelas. Los suicidas se habían reclutado entre los seguidores de sus inflamadas prédicas.
LA ESCISIÓN DE BEN LADEN
El 2 de agosto de 1990 Sadam Husein invadió Kuwait. Un hecho llamado a tener hondas consecuencias y a afectar al conjunto del movimiento integrista.
Los tanques irakíes sobrepasaron la frontera saudí. Ante la posibilidad de ser invadidos en poco tiempo, la monarquía pidió auxilio a los Estados Unidos. La respuesta internacional aceleró la "conversión" integrista de Sadam que invocó la jihad contra el "satán" norteamericano.
Osama ben Laden había ofrecido sus internacionales a Ryad, pero consideró una profanación de la tierra del Profeta, constitucionalmente santa, la presencia de militares "infieles". Ahí se consumó la escisión.
Detengámonos por un momento a analizar el personaje Osama ben Laden.
La idea de los desheredados de la tierra no tiene nada que ver con él. Nacido en 1957, es uno de los cincuenta y cuatro hijos e hijas engendrados por Mohamed ben Laden, un albañil yemení, que entró al servicio de la corte y escaló posiciones, hasta convertirse "en el mayor empresario de obras públicas del reino y en uno de los primeros de Oriente Medio.
Consiguió la concesión exclusiva de la extensión y el mantenimiento de la Gran Mezquita de La Meca, así como todas las autopista que llevaban a ella desde las principales ciudades del territorio saudí.
Cuando en 1968 murió a causa de un accidente, su fortuna alcanzaba los once mil millones de dólares". Sus hijos fueron educados junto a la familia real.
Osama tuvo la juventud disipada de un príncipe saudí. Se le sitúa como un habitual de las discotecas de Marbella y de Beirut.
La imagen de un asceta del desierto, de un piadoso camellero, es la estudiada creación de un personaje.
Afganistán fue para él lo más parecido a "sentar la cabeza". Montó la infraestructura en Pesahwat de los brigadistas, y pronto derivó la estrategia saudí a un componente de liderazgo personal. Saboreó los placeres de la violencia y de esa corrupción moral, de la que hablara Lord Acton, del poder sobre las vidas humanas. Su dinero y sus empresas sirvieron para el intento de exportar la experiencia afgana al resto de países musulmanes, entre los que Arabia Saudí era un objetivo preferente.
El asesinato en Mogasdicio en 1993 de dieiciocho militares norteamericanos forzó, por la presión diplomática, su salida de Sudán, donde se había instalado para seguir la infección del Magreb. En el verano de 1996, volvió a Afganistán desde donde difundió una fatwa de jihad contra los americanos: "Expulsad a los politeístas de la península Arábiga", situando "la ocupación de la tierra de los dos Santos Lugares como la peor de las agresiones".
En febrero de 1998 creó el Frente Islámico Internacional contra los Judíos y los Cruzados (Cristianos) con una fatwa estipulando que "todo musulmán que esté en condiciones de hacerlo tiene el deber personal de matar a los americanos y a sus aliados, civiles y militares, en cualquier país donde sea posible". Una llamada clara al genocidio sin excepción alguna.
El integrismo, tras el auge en los años ochenta, entró en claro retroceso a lo largo de la década de los noventa. Su intento de toma del poder había fracasado.
La intervención de una brigada internacionalista en Bosnia escandalizó a los europeizados musulmanes de esa nación, a la vista de las atrocidades, superiores a las de los serbios.
La sublevación de Chechenia, después de una campaña de terrorismo en Moscú, fue contestada por el Kremlin. Sobre todo, el integrismo había ahuyentado a las clases medias piadosas y se había ganado desconfianzas y enemigos, pues nadie podía estar seguro de ser anatemizado.
Quedaba Afganistán como ejemplo de la utopía: el retroceso estricto al siglo VII, la prohibición de cualquier alegría de vivir, de cualquier diversión, desde volar cometas a criar palomas, pasando por la música en las bodas, con una saña estricta contra las mujeres, condenadas a la ignorancia y restringida severamente la atención médica.
Y un riesgo de infección integrista en Pakistán: con los monstruos totalitarios no se juega sin terminar en la telaraña.
"Estos cuantos miles de jihadistas –sentencia Kepel-, apartados del terreno Afgano pero imbuidos de su experiencia, se anquilosaron en una lógica político-religiosa sectaria, al margen de las realidades sociales del mundo en el que vivían.
La falta de enlaces internacionales de peso y el alejamiento de cualquier movimiento social facilitaron el paso de Ben Laden y de sus acólitos a un activismo del que en realidad ya no se sabía a qué intereses respondía".
Tibias liberalizaciones en Egipto y Argelia ampliaron la base social de los gobiernos con la aparición de nuevos empresarios.
La declaración de la guerra santa contra Estados Unidos era una forma de intentar salir de este atolladero para intentar galvanizar a las masas juveniles, sobrepasando a los gobiernos, marcando un enemigo común y retomando todo el odio sembrado contra la civilización occidental en las predicas de los viernes en las mezquitas y en las escuelas coránicas.
El atentado de las Torres Gemelas ha sido, desde ese punto de vista, no una muestra de fortaleza sino manifestación de debilidad extrema. El intento de recuperar un liderazgo perdido.
El suicidio colectivo del integrismo, ¿para promover un choque de civilizaciones? En cualquier caso, un choque de tiempos, entre la civilización y la barbarie.
L.O./Por Enrique de Diego
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Información relacionada con este tema:
Fundamentalismo islámico
,
Historia
,
Política
5.3.05
Mitos y Política.

La sociedad islámica pluralista
Hace más diez años, cuando llegué a América para presentar mi libro Dhimmi: judíos y cristianos bajo el Islam, me sacudió la inscripción del Archivo de Washington: “El pasado es el prólogo”. Solía pensar -al menos al principio de mi investigación- que mi tema versaba acerca de un pasado remoto, pero me di cuenta de que los sucesos contemporáneos modernizaban rápidamente este pasado.
Los países musulmanes, en donde la ley islámica -la shari'a- había sido reemplazada por las potencias coloniales europeas, estaban abandonando la tendencia secular, reemplazándola con la islamización en numerosos sectores de la vida.
La impresión del retorno del pasado se hizo más fuerte cuando trabajaba en mi siguiente libro, publicado en 1991, cuya edición inglesa apareció a comienzos de 1996 con el título: El declive del cristianismo oriental bajo el Islam - del siglo VII al XX: de la jihad a la Dhimmitud (Associated University Press).
En este estudio, intenté analizar los numerosos procesos que han transformado las ricas y poderosas civilizaciones cristianas en tierras islámicas, y sus efectos a largo plazo, que habían reducido las mayorías cristianas nativas en minorías religiosas pequeñas y dispersas, camino de la desaparición total.
Es a este complejo proceso de islamización que afecta a tierras cristianas y civilizaciones de ambas orillas del Mediterráneo - y en Irak y Armenia - lo que he llamado: el proceso del “dhimmitud”; y a la civilización de los pueblos que sufren tal transformación, la he llamado la civilización de “dhimmitud”.
Los indígenas eran judíos y cristianos (ortodoxos, católicos, o de otras iglesias cristianas del este). A todos ellos los juristas musulmanes les denominan “los pueblos del libro” - siendo el libro la Biblia - y eran objeto de la misma condición según la ley islámica. Se denominan según el término árabe, dhimmis: “pueblos protegidos”, porque la ley islámica protege su vida y bienes a cambio de que se sometan al mandato islámico.
Pero es esta misma ley islámica lo que genera los procesos de dhimmitud y autodestrucción. No entraré en detalles aquí dado que es un tema muy largo y complejo, pero para entender la situación serbia uno debe saber que los serbios fueron tratados durante medio siglo igual que otros dhimmis cristianos y judíos. Participaron en esta civilización de dhimmitud. Es importante entender que la civilización de dhimmitud crece a partir de dos instituciones religiosas importantes e interconectadas: la jihad y la shari'a, que establecen un sistema ideológico particular que convierte en obligatorio - durante la operación de la jihad – el uso del terror, las matanzas en masa, la deportación y la esclavitud.
Y los serbios -porque me refiero a ellos aquí- no escaparon a este destino, que ha sido el mismo para todos los pueblos en torno al estanque Mediterráneo que han sido derrotados por la jihad.
Durante siglos, los serbios lucharon para liberar su tierra de las leyes de la jihad y la dhimmitud, que había legalizado la condición de oprimidos en sus propias tierras.
Así que mientras analizaba y escribía acerca de los procesos de dhimmitud y la civilización de dhimmitud - mientras escuchaba la radio, veía la televisión, leía los periódicos - tenía la incómoda sensación de que el reloj volvía atrás.
Los políticos modernos, los escritores sofisticados -que utilizan teléfonos, aviones, ordenadores y toda suerte de tecnologías modernas- parecían retroceder varias décadas en el pasado, con pelucas, con collares rígidos, utilizando los mismos argumentos corruptos, la misma política retorcida a corto plazo que había contribuido previamente a la islamización gradual de muchos pueblos no musulmanes.
Tuve que pellizcarme en un intento por distinguir el pasado del presente. Así pues, ¿es el pasado siempre el prólogo?. ¿Estamos condenados a repetir perpetuamente los mismos errores?.
Ciertamente, si no conocemos el pasado. Y este pasado - el largo proceso agónico de aniquilación cristiana mediante las leyes de la jihad y la dhimmitud - es una historia no sólo en tierras islámicas, sino sobretodo en Occidente. Se ha enterrado bajo un mito, fabricado por políticos occidentales, líderes religiosos y académicos, para promover sus propios intereses nacionales, estratégicos, económicos y personales.Curiosamente, este mito comenzó en Bosnia-Herzegovina en el siglo XIX. Afirma que el gobierno turco era justo y legal con los cristianos en sus provincias europeas.
Que el régimen otomano, siendo islámico, fue de modo natural “tolerante” y bien predispuesto hacia sus sujetos cristianos; que su justicia era justa, y que la seguridad de la vida y los bienes de los cristianos estaba garantizada por las leyes islámicas.
El dominio otomano fue etiquetado como el régimen más apropiado para gobernar sobre los cristianos de los Balcanes.
Esta teoría fue impulsada por los políticos europeos para salvaguardar el equilibrio de poder en Europa, y para bloquear el avance ruso hacia el Mediterráneo. Para justificar el mantenimiento del yugo turco sobre los eslavos, este yugo tuvo que ser presentado a la opinión pública como un gobierno justo.
El Imperio Otomano fue pintado por turcófilos como un modelo de imperio multi-étnico y multi-religioso. ¡Por supuesto, la realidad era totalmente diferente!. En primer lugar, el Imperio Otomano fue creado mediante siglos de jihad contra las poblaciones cristianas; en consecuencia, las leyes de la jihad, elaboradas por teólogos árabe- musulmanes de los siglos VIII y X, fueron aplicadas a las poblaciones cristiana y judía de los dominios turco - islámicos.
Esas regulaciones están integradas en la legislación islámica que hace referencia a los pueblos derrotados no musulmanes, y en consecuencia presentan una cierta homogeneidad a lo largo de todos los imperios árabes y turcos - y, aparentemente, también en la parte musulmana de Asia.
La civilización de dhimmitud en la que participaron los serbios tuvo muchos aspectos que evolucionaron con las cambiantes situaciones políticas.
Sufrieron las mismas leyes opresoras y perjuicios que se referían a cristianos y judíos en el imperio islámico. Desde 1830, los otomanos emprendieron reformas (Tanzimat) encaminadas a la emancipación de sus poblaciones raya (dhimmi) cristianas. No actuaron por propio impulso, sino que se vieron forzados a ello por parte de las potencias europeas.
Que los políticos europeos desearan abolir las degradantes condiciones de los cristianos no se debió a su humanidad; promovieron estas reformas para evitar que buscaran el apoyo ruso para liberarse de la opresión otomana. En las regiones serbias, los opositores más fanáticos a la emancipación cristiana fueron los musulmanes bosnios.
Lucharon contra el derecho de los cristianos a poseer tierras, y -en asuntos legales- a que tuvieran los mismos derechos que ellos. Se opusieron a estas reformas con el argumento de que bajo el viejo sistema, que había dado el dominio completo sobre los rayas cristianos, musulmanes y cristianos habían convivido durante siglos fraternalmente. Y este argumento es utilizado aún hoy por el bosnio Izetbegovic y por otros.
Él afirmó en varias ocasiones que el medio milenio de dhimmitud cristiana fue un período de paz y armonía religiosa. Enfrentemos ahora el mito con la realidad. A continuación citaré unos cuantos hechos de algunos de los documentos de mi próximo libro.
Desde 1860, se llevó a cabo una investigación sistemática acerca de las condiciones de los cristianos por parte de los cónsules británicos de todo el Imperio Otomano. Gran Bretaña era entonces el aliado más fuerte de Turquía; ver que la opresión de los cristianos era eliminada le interesaba para evitar interferencias rusas o austriacas.
El 22 de julio de 1860, el cónsul James Zohrab envió un extenso informe desde Bosna-Serai (Sarajevo) a su embajador en Constantinopla, Sir Henry Bulwer, en el que analizaba la administración de las provincias de Bosnia y Herzegovina. Indica que desde 1463 hasta 1850, los musulmanes bosnios disfrutaban de todos los privilegios del feudalismo: “Durante un período de casi 300 años, los cristianos fueron objeto de gran opresión y crueldad.
Para ellos no existía más ley que el capricho de sus amos”. Aquí debemos recordar el sistema de devshirme, que es bien conocido. Iniciado por el sultán otomano Orkhan (1326-1359), se prolongó durante unos 300 años.
Consistía en un tributo regular de niños cristianos procedentes de la población cristiana de los Balcanes. Estos jóvenes, de edades comprendidas entre los catorce a los veinte años, eran islamizados y esclavizados para propósitos militares.
Los tributos periódicos, que tenían lugar en contingentes de miles, pasaron a ser posteriormente anuales. Para desalentar a los fugitivos, los niños eran transferidos a provincias remotas y confiados a amos musulmanes, soldados que les trataban duramente, como esclavos.
Operaba otro sistema de reclutamiento paralelo: comprendía el tributo de niños cristianos de edades de entre seis y diez años (ichoghlani), reservados al palacio del sultán. Confiados a eunucos, experimentaban un entrenamiento tiránico durante catorce años.
En África, existía un sistema de esclavizar niños cristianos y animistas negros similar al devshirme, como lo prueban los documentos publicados en mi libro. Una especie de sistema de devshirme existe aún hoy en Sudán, y fue descrito y denunciado por el ponente especial de la ONU, Gaspar Biro, en su informe de 1994, y por un artículo en el Times de Londres (Cristianos sudaneses “vendidos como esclavos”, 25 de agosto de 1995).
En 1850, los jefes bosnios se opusieron a la autoridad del Porte y a las reformas. Fueron derrotados por el ejército del sultán a las órdenes de Omar Pasha, ayudado por los cristianos. Los corsés impuestos por los terratenientes bosnios sobre sus poblaciones cristianas fueron abolidos, así como también sus privilegios feudales.
Los cristianos esperaban que la administración directa del Porte mejorara su posición, pero apenas se beneficiaron de ella. Además, a pesar de su asistencia al ejército del sultán, fueron desarmados, mientras que los musulmanes que combatieron contra el sultán pudieron conservar sus armas.
Los cristianos continuaron estando oprimidos como antes, aunque no se permitió tratarlos como antes. En referencia a la reforma, Zohrab afirma: "puedo decir[lo] con seguridad, (ello)sigue prácticamente sin tocar". Discutiendo la impunidad concedida por el sultán a los musulmanes, el cónsul Zohrab escribe en el mismo informe: "Esta impunidad, aunque no se extienda a permitir que los cristianos sean tratados como eran tratados antes, es hasta el momento insostenible e injusta, al permitir que los musulmanes les extorsionen con fuertes impuestos.
Los encarcelamientos falsos (encarcelamiento bajo acusación falsa) están a la orden del día. Un cristiano apenas tiene posibilidades de ser inocente cuando su oponente es un musulmán (…) la evidencia cristiana, en general, sigue siendo rechazada (…) A los cristianos se les permite hoy poseer propiedades inmobiliarias, pero los obstáculos a los que hacen frente cuando intentan adquirirlas son tantos y tan vejatorios que muy pocos se han atrevido.
Tal es, hablando en general, el curso seguido por el gobierno hacia los cristianos de la capital (Sarajevo) de la provincia donde los agentes consulares de las diferentes potencias residen y pueden ejercer algún tipo de control.
Puede adivinarse fácilmente hasta qué grado los cristianos de los distritos del remotos sufren, siendo gobernados por Mudirs (gobernadores) generalmente fanáticos e intocables con (las nuevas reformas de) la ley.
Con referencia a la adquisición de tierra - un nuevo derecho de los cristianos - indica: "(Aunque) un cristiano puede comprar y tener propiedades; es cuando tiene su terreno en orden, o cuando el musulmán que ha vendido ha superado las dificultades pecuniarias que le obligaron a vender, cuando el cristiano siente el desamparo de su posición y la falta de sinceridad del gobierno.
El propietario original toma a continuación medidas, o algunos de sus parientes, para reclamar la tierra al cristiano, generalmente con uno de los siguientes argumentos: (…) que los hechos de la transferencia eran defectuosos, la venta no se habría hecho legalmente.
Bajo uno u otro de estos argumentos, en diecinueve de veinte casos el cristiano fue desposeído, y puede considerarse afortunado si consigue un precio [comparable] al que pagó. Pocos, muy pocos, han sido capaces de recibir justicia; pero debo decir que la mayoría de ellos deben su buena suerte a la influencia de un poderoso musulmán, no a la justicia de su causa". "Las pruebas cristianas se examinan ocasionalmente en los Medjlises (consejos provinciales), pero como norma son rechazadas, directa o indirectamente, por deferencia al Mehkemeh.
Sabiendo esto, los cristianos llegan preparados generalmente con testigos musulmanes. Los casos en los que las pruebas cristianas han sido desestimadas son numerosos". Pero, comenta Zohrab, "hace veinte años, es verdad, no tenían ley alguna más allá del capricho de sus terratenientes (…) Los casos de opresión son con frecuencia el resultado del fanatismo musulmán, pero de éstos debe hacerse responsable al gobierno (turco), porque si castigaran a los delincuentes, la opresión sería rara necesariamente".
Por proclamación, en la primavera de 1861, el sultán anunció nuevas reformas en Herzegovina, prometiendo entre otras cosas libertad para construir iglesias, el uso de campanas en las iglesias y la posibilidad de que los cristianos adquirieran tierra.
Desde Bosna-Serai, el cónsul William Holmes escribe a Sir Henry Bulwer el 21 de mayo de 1861 comentando esto, que esas promesas se habían dado a menudo, sin aplicarse. Menciona que a los serbios, la mayor comunidad, se les negaba el derecho a construir la iglesia en Bosna-Serai. Con respecto al derecho a comprar tierra, escribe: "Se pone todo obstáculo posible a la compra de tierras por cristianos, y muy a menudo, después de que hayan logrado pagar y mejorar la tierra, no es ningún secreto que con un pretexto injusto u otro, se les arrebata".
Desde Belgrado, el cónsul Longworth escribe a Sir Henry Bulwer el 14 de julio de 1860: "Puede que el gobierno, mediante sus edictos y Hatti-humayos anuncie e impulse tal reforma; pero cuestiono muy mucho si no se hará más mal que bien de proclamar una igualdad social que es, en la etapa actual de las cosas y de las relaciones de la sociedad, moralmente imposible". "La igualdad ante la ley es lo que debe establecerse primero; el único tipo de igualdad que en la práctica, bajo las circunstancias existentes, puede cumplirse. Y en relación con esto, nos quejamos en la propuesta - el único punto tangible en ella - del rechazo a las pruebas cristianas en los tribunales otomanos.
A este respecto, no puede negarse que hay espacio para enmiendas, no sólo en Widdin, sino en cada provincia del imperio". Él comenta a continuación "(…) el principio relajado y vicioso que actúa en los tribunales musulmanes, donde, como único medio para garantizar la justicia a cristianos, se permite que falsos testigos musulmanes presten testimonio a su favor.
La abolición de esta práctica haría más que nada por purificar estos tribunales; pero esto sólo puede lograrse eficazmente a través de la admisión del testimonio cristiano, en vez del perjurio musulmán, como cuestión de necesidad legal". Continúa diciendo que los secuestros con violencia de niñas cristianas por mahometanos, "y la cuestión de los testimonios cristianos son los dos puntos principales que, como fuentes de debate y sentimientos amargos, debería dirigirse la atención del Porte".
Comparando las condiciones de los cristianos en las distintas provincias, indica, "pero en Bosnia, la cuestión del privilegio era complicada por consideraciones religiosas, habiendo abrazado los nobles, en un período anterior, el mahometanismo, para preservar sus estados, que les fueron así garantizados condicionalmente.
Cada una de las restantes provincias había atravesado su prueba de fuego peculiar". Del cónsul Blunt - que escribe desde Prístina el 14 de julio de 1860 a su embajador, Sir Henry Bulwer, acerca de las condiciones de la provincia de Macedonia - sabemos: "Durante mucho tiempo, la provincia de (Uscup:Skopje) ha sido presa de bandidos: iglesias y monasterios cristianos, ciudades y habitantes, son hoy [presa del] pillaje, masacrados y quemados por hordas albanas como solían serlo hace diez años". (…) "No se les permite (a los cristianos) llevar armas.
Esto, en vista del deseo de una buena policía, los expone más a los ataques de bandidos". "El testimonio cristiano en pleitos entre un musulmán y un no musulmán no se admite en los tribunales locales".
Con algunos ejemplos, ilustra después las consecuencias de tal sistema en la vida diaria: "Hace aproximadamente diecisiete meses, un soldado turco asesinó a un mahometano, un anciano que trabajaba en su campo. Las únicas personas, dos, que atestiguaron el hecho son cristianos. El Medjlis de Uscup no aceptó su testimonio.
En la misma época, un Zaptieh (un soldado) intentó convertir por la fuerza a una muchacha búlgara al Islamismo. Nada más acabar de declarar ante el Medjlis de Camanova (Kumanovo, cerca de Skopje) que ella no renunciaría a su religión, él la mató en el mismo recinto de la casa del Mudir.
Esta tragedia causó gran sensación en la provincia. Los Medjlises de Camanova y de Prisrend (cerca de Kosovo) no aceptarían pruebas cristianas, y se han hecho todo tipo de esfuerzos para salvar al Zaptieh". "Hace seis meses, fue atacado un búlgaro en el distrito de Camanova, sin que hubiera provocación por su parte. Le hirieron con saña; siendo el caso enviado a Prisrend, el Medjlis rehusó dar audiencia para conocerlo, dado que el único testimonio que había era cristiano.
Hace diez años, escribe el cónsul: "No se permitía construir iglesias; y uno puede juzgar la tolerancia practicada en aquella época teniendo que trepar cuatro pies bajo las puertas.
El humo y entrar era una ofensa ante el turco; cruzarse en su camino, o no levantarse ante él, era igualmente incorrecto". En su informe de Constantinopla del 10 de octubre de 1873, Sir Henry Elliot escribe al secretario de exteriores conde de Granville "que la igualdad nominal entre musulmanes y cristianos ante la ley, que no había existido nunca en la práctica, era hoy en la mayoría de las provincias más ilusoria de lo que lo había sido hace algunos años".
En otro informe del cónsul Edward Freeman, en Bosna-Serai, fechado el 30 de diciembre de 1875, aprendemos que los musulmanes bosnios habían enviado una petición al sultán indicando que, antes de las reformas, "vivieron como hermanos con la población Rayah (cristiana). De hecho su objetivo parece [ser] reducir a los cristianos al estado antiguo del servidumbre".
Así que una vez más nos trasladan al mito. La situación no cambió, y en 1875 el gran visir Mahmed Pasha admite al embajador británico en Constantinopla "la imposibilidad de permitir testimonios cristianos en los Tribunales de Justicia de Bosnia". Así, observa el embajador: "la igualdad profesada de cristianos y musulmanes es, sin embargo, ilusoria siempre y cuando se mantenga esta distinción.
Esta situación jurídica tenía consecuencias serias debido al sistema de justicia, [tal y] como explica: "Este es un punto de mucha importancia para los cristianos, dado que los tribunales religiosos (musulmanes) ni admiten evidencia documental escrita, ni admiten evidencia cristiana, poca justicia se puede esperar de ellos".
La dificultad de imponer reformas en un imperio tan extenso provocó este comentario desilusionado (el 12 de diciembre de 1875) de Sir P. Francis, cónsul honorario y juez del Tribunal Consular Británico de Constantinopla: "De hecho, la perversión moderna de la idea oriental de justicia es una concesión a un pretendiente con tolerancia y favor, y no la declaración de un derecho, con los principios de la ley, y tratando de equiparar".
Al leer la literatura de la época, vemos que la obstrucción a los movimientos de liberación serbio, griego y otros [movimientos] cristianos se arraigada en dos debates principales:
El dhimmi cristiano (raya) es congénitamente incapaz de independencia y gobierno autónomo. Deben por lo tanto permanecer bajo mandato islámico.
El gobierno otomano es un modelo perfecto para una sociedad multi-religiosa y multi-étnica. De hecho, estos son argumentos teológicos islámicos que justifican la jihad, puesto que no todos los pueblos deben poseer independencia política, porque sus leyes son diabólicas y deben ser reemplazadas para siempre por la ley islámica.
Encontramos el mismo tipo de razonamiento en la Carta del movimiento palestino Hamas de 1988, en la que afirma que solamente el mandato islámico puede llevar paz y seguridad a judíos y cristianos. Esos argumentos son muy comunes en la literatura legal y teológica, y son impulsados por los islamistas modernos.
Hemos visto el origen del mito, su función política y la utilidad - y hemos confrontado este mito con la realidad, descrita por observadores contemporáneos del siglo XIX. Es interesante observar la confluencia entre - por una parte, los poderes europeos que defienden la integridad territorial del imperio otomano, por su propio interés nacional; y por otra parte, la política musulmana que tiene como objetivo mantener subyugada a la población cristiana.
El mito no murió con el derrumbamiento del Imperio Turco tras la Primera Guerra Mundial. Más bien cobró otra forma: la de movimiento árabe nacional, que promovió una sociedad árabe, en la que cristianos y musulmanes vivirían en armonía perfecta.
De nuevo, esta era la fabricación de políticos, de escritores y de clérigos europeos. Y, de la misma manera que el mito del paraíso político otomano fue creado para bloquear la independencia de las naciones balcánicas, la fraternidad multi-religiosa árabe era un argumento para destruir los movimientos nacionales de liberación de los pueblos no árabes de Oriente Medio (kurdos, armenios, asirios, maronitas, igual que de los judíos).
Y aunque desde el comienzo [del siglo pasado] hasta los años 30, una corriente de refugiados cristianos huía por los caminos de Turquía de masacres y genocidio, de Irak y de Siria, el mito continuó prosperando, sostenido sobre todo por escritores árabes cristianos y clérigos.
Después de que los israelíes hubieran logrado liberar su tierra de las leyes de la jihad y la dhimmitud, el mito reapareció en la forma de una Palestina multicultural y multi-religiosa, fraternal, que tendría que sustituir al estado de Israel (discurso de Arafat en la ONU, 1975).
Sus efectos perniciosos condujeron a la destrucción de los cristianos en el Líbano. Uno podría pensar que el mito terminaría allí, pero la reciente crisis de Yugoslavia ofreció repentinamente una nueva ocasión para su reencarnación en un estado de dominio musulmán, multi-religioso y multi-étnico. ¡Qué ocasión!. Un estado musulmán otra vez en el corazón de Europa.
Y conocemos el resto, los sufrimientos, las miserias, los juicios de la guerra que este mito dejó de nuevo a su estela. La decisión de la ONU en 1992 de reconocer un estado "multi-étnico", "multi-religioso" y musulmán en la anterior Yugoslavia parece haber sido un pago ofrecido al mundo islámico por la devastación de la Guerra del Golfo de 1991.
La destrucción del arsenal nuclear, químico y bacteriológico de Irak, así como de su infraestructura económica, parece ser un contrapeso "equitativo" por el bombardeo masivo de los serbios bosnios por la OTAN, aunque las dos situaciones no pueden compararse.
Para concluir, quisiera decir unas últimas palabras. La civilización de dhimmitud no se desarrolla de una vez. Es un proceso largo que implica muchos elementos y un condicionamiento mental específico.
Tiene lugar cuando los pueblos sustituyen la historia por mitos, cuando luchan por mantener estos mitos destructivos por encima de sus propios valores, porque transforman mentiras en realidad.
Sostienen esos mitos como si fueran la única garantía de supervivencia, cuando, en realidad, son la trayectoria hacia la destrucción.
Aterrorizados por la evidencia y la enseñanza de la historia, esa gente prefiere destruirla en vez de que hacerle frente. Sustituyen la historia por cuentos infantiles, viviendo así [en un estado] de amnesia, inventando justificaciones morales para su propia autodestrucción.
Por Bat Ye'or
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Información relacionada con este tema:
Bat Ye'or
,
Bosnia
,
Dhimmies
,
Historia
,
Islamización
,
Persecución Cristianos
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)
