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29.5.05

Choque de civilizaciones - Gestos de buena voluntad



La Valla de Melilla es una barrera física de separación entre Marruecos y la ciudad africana de Melilla, en España. Su propósito es detener la inmigración ilegal y el contrabando comercial.


GUERRA DE MARGALLO. 1893, SIDI GUADIACH

"La mezquita de Sidi Guadiach ha sido completamente derribada por los cañonazos de los fuertes Camellos y Victoria Grande. Júzguese esto de una importancia trascendental por el efecto moral que ha de haber causado al enemigo".

El telegrama cruzó como una flecha la redacción de La Vanguardia y atravesó tres siglos hasta clavarse en el año 2006 con un cierto olor a choque de civilizaciones.

Porque la pólvora buscaba eso: el "efecto moral". El telegrama fue enviado desde Melilla a la una de la tarde del siete de noviembre de 1893, y publicado en la edición del día siguiente. Lo redactó Josep Boada i Romeu, el primer corresponsal de guerra que tuvo este rotativo.

Es - como tantas- la historia de un desencuentro. La intención inicial del ejército español no era derribar la mezquita (en realidad un morabo, la tumba de un santón islámico): fue la profunda desconfianza entre españoles cristianos y rifeños musulmanes lo que acabó en guerra, y la guerra la que acabó en la destrucción del santuario.

¿Qué hay en Sidi Guadiach, cien años después? Hay un sofisticado alambre trenzado de cortantes pinchos que resigue el cuadrante del morabo - fue reconstruido tras la guerra- y que resigue todo el cortante perfil de Melilla: en 1893, los rifeños no querían que los españoles entraran en el Rif y, en el 2006, los españoles no quieren que los rifeños entren en España.

- En todas partes hay vallas. Es normal. Lo que no me gusta es que tengan pinchos - comenta un periodista melillense que prefiere guardar su nombre-.

Todas las líneas - la guerra de 1893 y todo lo que vino después- empezaron el 14 de junio de 1862 con dos balas de cañón de 24 libras de peso lanzadas desde el fuerte de Victoria Chica.
Ese fue el método pactado entre Madrid y el sultán de Marruecos para trazar la indefinida frontera de Melilla: hasta donde llegaran los proyectiles, eso sería España.

Como gesto de buena voluntad, la delegación española tomó como válida la bala de menor alcance.
En un segundo gesto de buena voluntad, España renunció a la franja neutral para no tener que derruir el poblado rifeño de Farjana.
Hubo un tercer gesto hispano: se cedió una porción rectangular de terreno para que el muy venerado morabo de Sidi Guadiach, con su cementerio, quedara en territorio marroquí.

Pasaron tres decenios de muy relativa calma hasta que, en 1893, el ejército español decidió construir un fuerte sobre una pequeña loma frente al morabo. De edificarse la obra - pensaban los rifeños- ese lugar sagrado quedaría para siempre al alcance de la mirada infiel. El dos de octubre de ese año, los musulmanes atacaron a los presos comunes que contruían el fuerte y a sus guardianes: hubo 18 muertos y 53 heridos.

La guerra duró un par de meses, y el ejército español no sólo destruyó a cañonazos la mezquita de Sidi Guadiach, sino que - para más inri y choque de civilizaciones-al final de la contienda celebró una misa de campaña frente a sus ruinas con la confesada intención de provocar "la chispa que encienda nuevamente la guerra" y "castigar a estas cabilas que tanto han ofendido a España".

Dejemos que nos lo explique el reportero de La Vanguardia:porque su relato no tiene desperdicio. "El altar - explica- se montó en el tambor que protegerá la entrada del nuevo fuerte, a unos dos metros del suelo.
Estaba adornado con banderas nacionales y otras que facilitaron los barcos de guerra. Antes de comenzar la misa bendijo las obras el vicario general castrense.
Se cambió el nombre árabe con que hasta el presente era conocido el terreno -Sidi Guadiach- bautizándole con el de fuerte de la Purísima Concepción, en honor a la patrona de la infantería española". "Un vibrante punto de atención del corneta de órdenes anunció el comienzo de la misa.

Todas las miradas se fijaron en el altar, y aquellos 20.000 hombres allí congregados se sintieron presa de intensa emoción (...) La posibilidad de que se rompiera el fuego de un momento a otro - sigue explicando nuestro corresponsal- daba mayor solemnidad al acto. Cuando al llegar al punto culminante de la misa todas las bandas batieron la marcha real, hincando las tropas la rodilla y presentando las armas frente al símbolo de nuestra redención, el espectáculo resultó de una grandiosidad extraordinaria".

"El general Martínez Campos, erguido en su caballo, examinaba las montañas vecinas, en tanto que los moros, sorprendidos, admiraban en numerosos grupos aquel hermoso espectáculo. Lo que buscaba el general y lo que aguardábamos todos no venía... Los rifeños no parecían dispuestos a atacarnos.

Unos araban las tierras, otros marchaban campo a través, todos, en fin, demostraban el firme propósito de no guerrear, ahora que veían palpablemente numerosas fuerzas dispuestas a castigar sus desmanes".

"Los que ayer limpiaban de escombros la mezquita no trabajaban hoy - escribía el reportero-; sin duda la proximidad de las tropas españolas les inspiraba recelos". "¡No hay más medio de sacarles de su quietismo!, decíamos despechados. ¡Ni hiriendo sus sentimientos religiosos logramos que salga una bala de sus espingardas!...".
Hasta aquí el relato del primer corresponsal de guerra de La Vanguardia.

Que con esa misa no se celebraba precisamente el Sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo lo ratificó unos días más tarde Martínez Campos ante las tropas que regresaban a la Península.
"El modo cómo sufrieron la provocación que para ellos significa celebrar la misa en Sidi Guadiach, al lado mismo de la derruida mezquita, es demostración más que suficiente para que hasta la más ligera sombra de ofensa a nuestra bandera quede desvanecida", subrayó el general.

"Y es que la guerra al moro - añadía Josep Boada i Romeu- ha sido muy popular en nuestro país, teniendo el don de enardecer todos los corazones". En 1893, esa era la verdad.

En 2006 hay otras verdades.

Hoy, el fuerte cuya construcción provocó la guerra, con su imagen de la Purísima Concepción pintada en destellantes colores, es un centro de acogida de menores magrebíes. Es más: el pasado septiembre estaba a reventar de niños marroquíes y la Consejería de Bienestar Social de Melilla se vio obligada a solicitar literas al ejército.

Cosas de la historia: en 1893, el ejército español tuvo muy serios problemas para alojar a la masa de soldados que desembarcó en Melilla para luchar contra el moro, y en el 2006 el ejército ofrece literas para que el hijo del moro no duerma en el suelo.

Todos los mundos se cruzan por el espinoso alambre de Sidi Guadiach. Subiendo la cuesta hacia la Purísima, a las ondas de los móviles españoles les cuesta alcanzar la bala de cañón lanzada en 1862... "bip, bip... Morocco Telecom Welcomes You...".Todo está muy cerca de todo.

Debajo del viejo fuerte se extiende el aeropuerto de Melilla. Es como una alfombra asfaltada hacia el Paraíso: los niños magrebíes de la Purísima Concepción miran sentados sobre unos montículos de ruina cómo se elevan los aviones De Havilland con hélices de Iberia.
- ¿Adónde queréis ir? - les pregunto-. - A Barcelona - responden extrañados ante la pregunta, como si no hubiera otro lugar en el mundo dónde ir-. Es la foto del bloqueo soviético de Berlín en 1948: un muro y unos niños que se suben al cielo mirando las hélices de un avión. Sólo que en este cielo hay mucho Dios.

Plàcid Garcia-Planas
- Melilla. Enviado especial de la Vanguardia -

28.5.05

Granada 1492-2003, dos reconquistas


CINCO SIGLOS después, los musulmanes vuelven a poblar la ciudad. 3.000 universitarios, 1.500 españoles CONVERSOS, nuevas mezquitas...Es la toma pacífica del paraíso de Boabdil .

El minarete de la nueva mezquita de Granada se alza hacia el cielo en lo alto del Albaicín, dominando prácticamente la ciudad de Granada. Está rodeado de casas, de calles, de barriadas con memoria de la ocupación árabe en España. Por eso parece un tanto paradójico que el Ayuntamiento obligara a los promotores de esta mezquita a construir una maqueta del futuro minarete a tamaño real para apreciar el impacto visual que provocaba. O sea, ninguno: arquitectura de inspiración árabe entre siglos de arquitectura morisca.

«La aplicación de la ley con la mezquita ha sido estricta», señala Tarik Ruiz, su presidente. Sus palabras parecen inocentes desprovistas de su expresión. No lo son. Encierran un prudentísimo pero firme reproche hacia los cristianos que pusieron tantas trabas administrativas, desde que hace 20 años se compraran los terrenos con 14 millones de las pesetas de entonces que donó Hasán II, rey de Marruecos fallecido en 1999. Hoy el precio del solar ronda los dos millones de euros.

La prudencia de Tarik Ruiz, granadino nacido en 1970 y convertido al Islam en 1992, tiene que ver también con la fecha de la entrevista: es 11 de septiembre.

En El Albaicín, que fue el núcleo de población mayor de Granada durante la dominación árabe, con más de 60.000 musulmanes hasta 1492, hay otra vez un runrún de guerra santa, de reconquista, desde hace muchos años.
Su estructura urbanística fue dejando el barrio obsoleto para los obreros del desarrollismo español, años 60, que consideraron el váter vecinal como algo anacrónico y emigraron hacia las viviendas de protección oficial.

El Albaicín se fue vaciando. Se convirtió en reducto de marginación.En mercado de drogas y refugio de yonkis que la gente decente de Granada no pisaba jamás a partir de las seis de la tarde.
Hasta que llegaron las primeras olas de inmigrantes en los 80 y los musulmanes, sobre todo magrebíes, fueron ocupando locales y viviendas, porque en aquellas arquitecturas se sentían como en casa y porque los alquileres eran muy asequibles.

La Reconquista musulmana del barrio se inició con algunas teterías de la Calderería, junto a la mezquita de At-Taqwa. Uzman Almerabet es uno de los comerciantes más antiguos de los que permanecen allí. Nacido en Tetuán en 1960, estudió Química y Ciencias Políticas en Barcelona, ayudado por una beca hispano-marroquí, antes de recalar en Granada hace 18 años. Hoy posee una tetería y un taller de luthier.

Es difícil hablar con nadie en la dos caldererías -calles atestadas de comercios musulmanes que en estos 20 años se han convertido en uno de los mayores atractivos turísticos de la ciudad- en este 11 de septiembre. De la pastelería de Abdel remiten a la marroquinería de Umar, de allí a la de Asis y de ésta a la de Mohamed.
Educadas evasivas en todas partes. Taysir Alony, periodista de Al Yazira vinculado ahora a Al-Qaeda por Baltasar Garzón, es habitual del barrio, amigo de muchos ellos. Tres vecinos fueron detenidos recientemente, nadie sabe muy bien por qué. Hay mucha desconfianza hacia los desconocidos que hacen preguntas.

Uzman Almerabet, mientras ultima el puente y el clavijero del laúd que está fabricando, habla de la reconquista truncada del Albaicín: «Cuando llegamos nosotros aquí había más chorizos que otra cosa. El abandono era total. Los bajos estaban totalmente en ruinas».
Alrededor de la modesta mezquita se creó un zoco, una pequeña medina que fue creciendo con los años. ¿Por qué se asentaron allí?: «Por motivos económicos, históricos y románticos.Después de 500 años desde la entrada de los Reyes Católicos, éste sigue siendo un barrio morisco».

Y recuerda un detalle que suena a demanda de una deuda histórica: «Los Reyes Católicos no cumplieron sus compromisos con Boabdil tras la rendición». Entre ellos, respetar las creencias de los hijos del Islam y su cultura y lengua.

No es el único que, en su momento, consideró de justicia poética la reconquista pacífica del Albaicín por las primeras olas de inmigrantes llegados a Granada.Como muchos correligionarios suyos, Uzman defiende el papel de los musulmanes en el entorno medio milenio después. «Muchos de los que vinieron eran artistas, pintores, músicos, poetas, estudiantes..., gente con sensibilidad que cambió esto», dice.

Sin embargo, una vez que hicieron habitable el barrio, los precios de las viviendas y los bajos se dispararon, y hoy los musulmanes no pueden pagar los 400 euros mensuales que puede costar el alquiler de un apartamento o los 240.000 que piden por la adquisición de una casa. Los que llegan ahora se hacinan en las viviendas baratas de la Casilla de Montijo, mientras el Albaicín es reconquistado por los bolsillos de la burguesía media y alta granadina y por estudiantes y jubilados europeos con posibles.

Antes incluso del desembarco musulmán de los 80, un grupo de artistas andaluces también descubrió que entre las semi-ruinas del Albaicín se podía encontrar inspiración. Entre ellos se encuentra el escritor y pintor Francisco Izquierdo, autor de una Guía secreta de Granada publicada hace 30 años. Entonces no había musulmanes allí.

SUFIES MAS ACTIVOS

Para este escritor, la vindicación musulmana del Albaicín la iniciaron los sufíes (españoles conversos al Islam) que, «con ayuda primero del PCE y después de IU empiezan a hacer leilas (fiestas) reclamando un terreno que consideraban suyo porque había sido mahometano durante ocho siglos». También relata con humor las contramanifestaciones musulmanas del dos de enero, día en que los granadinos cristianos celebran desde 1492 la entrada de los cristianos.

Abdel Karim, nacido Antonio Carrasco hace 55 años en Sevilla y converso desde 1980, es el representante de la Junta Islámica de Granada. Para él, la toma musulmana del Albaicín en los 80 fue un efecto más de la llegada de las libertades a España y de la pérdida de influencia política de los ultras católicos del Régimen franquista.

En Granada se estima que la población musulmana ronda las 20.000 personas (incluidos ilegales), y los conversos pueden ser entre 1.000 y 1.500. Pero son éstos -y los cristianos más recalcitrantes critican el protagonismo de esta minoría de apóstatas- los que han impulsado las manifestaciones en reivindicación de sus derechos, la erección de mezquitas, las pocas ayudas institucionales, los actos culturales y de proselitismo... Abdel Karim -cuyo nombre coincide con el del primer presidente iraquí tras el derrocamiento de la monarquía en 1958- tiene una explicación: «Para los musulmanes [por nacimiento] los sufíes somos gente osada porque estamos llevando temas de orden social y colectivo y nos atrevemos a opinar.

Claro, contamos con la ventaja de que somos españoles, somos los anfitriones y conocemos mejor los derechos que tenemos aquí». Aunque reconoce que a veces despiertan reticencias incluso entre aquellos a los que pretenden ayudar: «El dirigente islámico de origen árabe muchas veces piensa en nosotros como aprendices». Una crítica grave, dado que una de las principales actividades de estas mezquitas es la educación: seminarios, cursos y clases de árabe, principalmente, en busca de un mayor conocimiento del Islam entre los españoles.

También distribuyen folletos y libros enviados gratuitamente desde países como Egipto o Libia para contribuir a la labor de las, económicamente, precarias mezquitas españolas. Pero los sufíes son cada vez más en Granada. Desde la apertura de la nueva mezquita el 10 de junio pasado, 25 granadinos han adoptado el Islam.


¿Su perfil?

El presidente de la mezquita, Tarik Ruiz, lo dibuja a grandes trazos: «El denominador común de los conversos es que todos se encuentran en procesos de búsqueda.Hay desde gente muy religiosa desencantada del cristianismo a anarquistas o comunistas que desde su inquietud política desembocan en la fe».

Mohamed VI de Marruecos no heredó el anhelo de su padre Hasan II por ver construida la nueva mezquita del Albaicín. Dejó en 1999, tras la muerte del padre, el proyecto sin financiación.Hasta 2001, en el que el Emirato árabe de Sharjah aportó el resto.Esta circunstancia covierte esta mezquita, según Tarik, en algo único: «Generalmente todas se convierten en embajadas de los países que las financian».

Arabia Saudí y Marruecos han sido los dos países que más dinero han invertido en erigir lugares de culto musulmán en Granada, aunque también ha entrado dinero Libio, de los Emiratos Arabes, Pakistán o Malasia.

ANIBAL MALVAR





26.5.05

Cristianos venidos del Islam



Entrevista a Giorgio Paolucci, redactor jefe de «Avvenire», ha escrito junto a Camille Eid, periodista libanés y enviado del mismo diario a Medio Oriente, un libro en italiano.
Titulo: «Los cristianos venidos del Islam»
Editorial:Piemme
Este libro recoge los testimonios de musulmanes residentes en Italia convertidos al cristianismo. «El libro quiere sacar a la luz un iceberg --afirma el autor--.
Mientras los occidentales que se convierten al Islam son muy conocidos, van a la televisión, son invitados por los programas más vistos, son presidentes de las asociaciones islámicas más famosas y no tienen problemas de visibilidad, nosotros nos hemos puesto a buscar a las personas que, por la naturaleza misma de su experiencia, tienen problemas para dar a conocer lo que han vivido, aunque estén muy contentos de lo que ha sucedido».
«Se trata de los musulmanes convertidos al cristianismo --añade el periodista--, personas que, por esta decisión libre suya, se van a encontrar con discriminaciones y amenazas, en algunos países islámicos pierden los derechos civiles y corren el riesgo de la pena de muerte, son rechazados por los mismos familiares y amigos porque son acusados de apostasía».
Una investigación delicada y peligrosa...
Paolucci: El primer problema fue encontrar a los convertidos del Islam al Cristianismo. Todos han oído hablar de Abdul Rahman, el afgano de 41 años que estuvo amenazado con la pena de muerte en marzo de este año, acusado de apostasía y que ahora vive en Italia, salvado gracias a una increíble movilización internacional.
Cuando se produjo su caso, durante 15 días, todos los periódicos de Italia y de Europa y del mundo hablaron del problema de la apostasía y de la condena a muerte que el Islam prevé para quien se convierte a otra religión.
Nuestra tarea era la de ir a conocer las historias y los rostros de estas personas, haciendo comprender que la cuestión no sólo afecta a países lejanos como Afganistán sino también a Europa e Italia.
¿Por qué nos afecta?
Paolucci: Uno de los frutos de la inmigración es que el Islam está entre nosotros. Estando entre nosotros, está en toda su complejidad, incluida la cuestión de la libertad religiosa, cuestión que los países islámicos y las relativas comunidades esparcidas por el mundo no han aclarado todavía.
Queríamos hacer un libro que profundizara en las implicaciones teológicas, jurídicas y de la apostasía y de las relativas condenas, pero que lo hiciera a través de los itinerarios humanos, tratando de comprender cómo puede suceder que haya personas que amen tanto a Jesús como para arriesgarse a sufrir persecuciones y la pena de muerte.
En 1995, salió también en Italia el libro de Jean Pierre Gaudeul, «Vienen del Islam, llamados por Cristo» y cuyo objetivo era el de analizar las historias desde un punto de vista teológico.
A nosotros en cambio nos interesaban las historias por entero. Nos ha costado dos años encontrarlas porque es muy difícil convencer a las personas a que hablen, organizar los relatos de modo que permanezca la esencia, cambiando las connotaciones por razones de seguridad... Al final, hemos encontrado treinta historias, algunas contadas personalmente, otras recogidas por teléfono o Internet, otras recuperadas de algunos raros artículos de la prensa italiana.
En la introducción al libro, el jesuita egipcio Samir Khalil Samir, profesor de Historia de la Cultura Árabe e Islamología en la Universidad Saint-Joseph de Beirut, afronta el problema de la apostasía.
¿Podría decirnos los resultados de su análisis?
Paolucci: Según Khalil Samir, del estudio del Corán no se desprende que haya una pena de muerte para los apóstatas. Hay 14 suras en las que se habla de los castigos del apóstata, pero sólo en una de éstas se hace referencia al tipo de castigo y dice que «el apóstata será castigado con un castigo en este mundo y en el otro mundo».
En el pasaje que dice «en este mundo» no se especifica cómo, mientras que el Corán en general es muy específico en las penas: si se roba, debe ser amputada la mano, si eres adúltero eres castigado con cien latigazos, etc.
Samir subraya por tanto que el hecho de que los apóstatas sean condenados a muerte según el código penal de Arabia Saudita, Irán, Sudán, Yemen, Mauritania y Afganistán, no deriva de una prescripción coránica. Si esto es verdad, los integristas islámicos que dicen que hay que matar a los apóstatas, no hablan en nombre del Corán.
Este hecho es importante no sólo para los musulmanes que se convierten al cristianismo sino por el hecho de que la apostasía se ha convertido en los últimos treinta años en el instrumento principal para eliminar a los adversarios políticos.
Muy a menudo los Hermanos Musulmanes y otros grupos acusan a sus adversarios de apostasía y por tanto no es ya un problema religioso sino una técnica de eliminación de la oposición.
El análisis realizado por Samir sobre este argumento es revolucionario y se espera que suscite un debate interno en el Islam.
¿Cuántos son en Italia los convertidos del Islam al cristianismo?
Paolucci: No hay datos precisos. Por lo que se refiere a nuestra investigación podemos dar testimonio de algunos centenares de convertidos, provenientes de países del norte de África, de Oriente Medio y de Asia. Algunos han sido bautizados en Italia, otros bautizados en su país y luego vinieron a vivir a Italia. Otros bautizados en un tercer país y luego llegaron aquí.
De las historias que hemos recogido resulta que hay interrogantes que están en el corazón de cada persona: el sentido de la vida, la felicidad, el amor, la amistad, qué hay después de la muerte.
Algunas de las personas que hemos conocido no encontraban una respuesta satisfactoria en el Corán y en la educación islámica que habían recibido, y al mismo tiempo encontraron testimonios atrayentes de cristianos --sus amigos, colegas de trabajo, vecinos de casa, profesores--, que han sido el inicio de una respuesta diversa de la coránica musulmana.
Las diversas experiencias han hecho saltar la idea de que quizá era el Cristianismo, Jesús, y no el Corán, lo que estaban buscando para realizar su itinerario humano.
--Cuéntenos algunas de las historias contenidas en su libro. --
Paolucci: Una chica argelina, de padre católico y madre argelina musulmana, nacida en Varese, Italia, educada en el Islam. Un día fue al instituto y tenía al lado a una chica del movimiento eclesial «Comunión y Liberación» que se convirtió en su mejor amiga.
Empezó a estudiar con ella, a los 15 años se preguntó por qué esta amiga suya siempre estaba alegre, feliz y le preguntó: ¿Puedo ir yo también a las excursiones y encuentros que organizáis? Sólo después de convivir con grupos de jóvenes unidos por la fe cristiana, comprendió que el origen de esta alegría era Jesús y su amor. Y dijo entonces: «también lo quiero yo».
Al principio tuvo problemas con la madre que no aceptaba que fuera al centro juvenil de la parroquia, a misa, luego eligió ella. A menudo, dentro de la familia musulmana, el padre, la madre, o la comunidad se oponen radicalmente a la conversión al cristianismo. Hay casos extremos, con personas que son asesinadas si se alejan de las costumbres musulmanas.
De las diferentes historias, he sacado la convicción todavía más clara de que en el fundamento de la conversión está la atracción humana representada por el testimonio cristiano.
Un chico turco que no encontraba respuestas convincentes dentro de la tradición islámica, iba al imam y éste le respondía que leyera el Corán. El chico turco leía el Corán pero las respuestas no las encontraba. Así un día visitó a un franciscano, le hizo determinadas preguntas y recibió las respuestas precisas y satisfactorias, y esto le llevó a la conversión.
--¿Es verdad que algunos se han convertido leyendo el Evangelio? --
Paolucci: Exacto. Hay un bosnio que combatía en los Balcanes en las milicias musulmanas contra los serbios y los croatas. Durante la noche escuchaba en la trinchera una radio de Sarajevo que transmitía al mismo tiempo los discursos de Mustafa Ceric, jefe de la comunidad islámica de Bosnia-Herzegovina, y los discursos del cardenal Vinko Puljic sobre la guerra.
Ceric decía: tenemos que hacer la guerra santa («yihad») y combatir para que esta tierra se haga musulmana, y es deber de cada musulmán hacer la «yihad».
Por su parte, Puljic decía que no habrá paz en esta tierra hasta que no tengamos el valor de perdonarnos; la reconciliación, añadía, es la única vía que llevará a la amistad.
Y él quedaba impresionado por el hecho de que mientras su líder incitaba al uso de las armas, su enemigo invitaba a la reconciliación.
Por motivos diversos vino a Italia donde acabó en la cárcel injustamente por un incendio con el que no tenia nada que ver y de hecho luego fue absuelto.
En el tiempo pasado en la cárcel, encontró a una religiosa croata que iba a visitar a los detenidos, y le preguntó si quería leer el Corán, pero el oficial bosnio respondió que el Corán lo conocía ya y que quería leer el Evangelio, porque recordaba una frase del cardenal Puljic que decía que Jesús en el Evangelio nos enseña el perdón.
La religiosa quedó impresionada, y le regaló un Evangelio en lengua croata.
Él lo leyó e inició una amistad que al final le llevó al bautismo.
Son historias milagrosas, como es milagrosa toda conversión. Otra historia se refiere a la conversión de una chica turca que tuvo un sueño. Ella amaba a un italiano con el que se casó por lo civil en Turquía y enseguida vino a vivir a Verona; tenía que casarse pero el obispo tardaba en darles el consenso para el matrimonio mixto y había obstáculos de naturaleza burocrática. En ese momento la chica tuvo un sueño en el que se le apareció un hombre con la nariz curva y vestido blanco que le dijo: soy Juan, no te preocupes porque tu vida será feliz.
Pasado un mes, estaba lavando los platos en la cocina cuando vio en la televisión la plaza de San Pedro con una imagen del rostro de la misma persona que había soñado. Nariz curva, vestido blanco, un poco gordito. Llamó a su marido y le dijo: ven a ver, ése es el hombre con el que soñé. Se trataba de la beatificación de Juan XXIII: la chica turca había soñado con el pontífice.
Y tras pocos días de esta revelación llegó a la Curia de Verona la notificación de que el matrimonio podía celebrarse. Ella quedó tan impresionada que pidió el bautismo.
Todas son historias de personas que han sido tocadas por Cristo de manera misteriosa, absolutamente no programada.
--¿Es verdad que hay también quien se ha convertido escuchando «Radio María»? --
Paolucci: Exacto. Es un argelino que quería aprender italiano. La universidad estaba cerrada porque hubo desórdenes, él era un apasionado de los idiomas, había comprado un curso de casetes en italiano, y se encerró en casa a estudiar. Para mejorar su conocimiento de la lengua usaba la radio.
Una tarde encontró una emisora que repetía continuamente las mismas palabras, y le servía mucho esta letanía para aprender la lengua. Era el padre Livio Fanzaga, que rezaba el rosario y las palabras repetidas eran el Avemaría. El chico estaba aprendiendo italiano y quedó fascinado por esta oración. Siguió escuchando «Radio María», profundizó su conocimiento del cristianismo y de María en los libros.
Se convenció de que quería seguir la religión cristiana. Un sacerdote francés de Argelia no le quiso bautizar porque era muy peligroso en aquel momento. Y entonces vino a Italia, fue a visitar la redacción de «Radio María», se bautizó y ahora vive en Toscana.
Se ha hecho un gran devoto de María, pero es todavía uno que vive escondido porque tiene la familia en Argelia y su hermano entró en un grupo islámico radical.
Anexa al libro está la historia muy hermosa de un libanés musulmán que se convirtió al cristianismo, se hizo sacerdote y luego convirtió a centenares de musulmanes. Su historia llegó hasta la Secretaría de Estado. El entonces pontífice Pablo VI lo invitó a Roma, y de rodillas le pidió la bendición, diciéndole: «Tú eres el ejemplo de que la libertad de Dios no tiene confines».
--Existe una pastoral para los convertidos del Islam? --
Paolucci: La Conferencia Episcopal Italiana ha preparado un documento, «Catecúmenos provenientes del Islam», escrito por Walther Ruspi. Hay justamente mucha cautela porque muchos de los musulmanes convertidos arriesgan la vida. Es un problema de libertad que no toca sólo a los países islámicos.
Lamentablemente se está dando un problema de libertad también en un país como Italia, porque el Islam prevé sólo una religión de la que no se puede salir.
Desde este punto de vista, es muy importante pedir a las comunidades musulmanas que reconozcan a sus hermanos la libertad religiosa para poderse convertir y vivir libremente.
--¿Cuáles son las conclusiones que han sacado de esta investigación? --
Paolucci: El libro lanza tres desafíos:
desafía al Islam para que reconozca la libertad religiosa,
desafía a las autoridades civiles para que garanticen esta libertad y nos desafía a nosotros, cristianos «tibios». para que se reencienda el amor a Jesús.
Como está escrito en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada en 1948, el derecho a la libertad religiosa es fundamento de toda sociedad civil. Es legítimo que las comunidades musulmanas presentes en nuestro país pidan la tutela de sus derechos religiosos, pero justo por esto deben reconocer el mismo derecho también a quienes libremente desean convertirse a otra religión.
Desde este punto de vista, las autoridades civiles italianas deben garantizar el derecho y la práctica de la libertad religiosa. No es admisible que un convertido del Islam tenga que vivir clandestinamente, ir a una iglesia que está a 30 kilómetros de su casa porque tiene miedo que la comunidad musulmana lo castigue.
En tercer la Iglesia tiene un desafío, porque estos convertidos son parte de la nueva primavera del cristianismo, en un país en el que el catolicismo se ha convertido a menudo en un adorno.
Durante la investigación, Camille Eid y yo quedamos impresionados por la frescura y el coraje de estos convertidos del Islam, los cuales nos decían. «No os dais cuenta del tesoro tan grande que tenéis... Jesucristo ha revolucionado nuestra vida».
Un argelino nos dijo: «Vosotros tenéis el joyero con la tapa cerrada y dentro hay un tesoro. Nosotros vamos a vuestras iglesias y no vemos el tesoro, venimos a un país católico, como Italia, y vemos que el joyero está cerrado; en cambio debéis tenerlo abierto porque hay un tesoro que es para todos.
Debéis comunicar a Jesús a los inmigrantes que llegan, y sin embargo sois tímidos y tenéis vergüenza». En estos convertidos hemos visto una fe extraordinariamente vital que nos ha recordado la revolución que Cristo ha realizado en el mundo.
Fuente: (zenit.org)

22.5.05

España frente al islam (Entrevista)


Con España frente al islam. De Mahoma a Ben Laden (La Esfera de los Libros), César Vidal rinde un tributo de lectura imprescindible a la historia de España.


SINOPSIS:
En contra de lo establecido por mitos como el de la convivencia pacífica de las tres religiones, la relación entre España y el islam se han caracterizado históricamente por una enorme tensión salpicada de violencia.
Desde la invasión del siglo VIII, que aniquiló la cultura más floreciente de Occidente y sometió a la mayor parte de la población española a una ciudadanía de segunda clase, a la esclavitud o al exilio, hasta el desafío que suponen en la actualidad la inmigración, el terrorismo y las reivindicaciones marroquíes sobre ciudades del territorio nacional.
Un libro que permite conocer la esencia del islam sin los corsés de lo políticamente correcto.

Pero además aclara en esta interesante entrevista concedida a Elsemanaldigital, cómo y por qué suceden las cosas en el ámbito de la política internacional siempre que un país musulmán se ve involucrado.

No sólo la Reconquista, los moriscos o Lepanto pasan de uno al otro lado de la mesa en una conversación interesantísima. También Irak, Palestina o Marruecos.

En el conflicto entre el islam y España, ¿qué es más importante: el factor fronterizo o el factor religioso?
-El factor religioso. España ha sido frontera con otros países con los que ha tenido problemas, y sin embargo no tenemos una historia de agresiones con Portugal, y la cuestión de Francia, que sería más grave, escapa a otros elementos. En el caso del islam el factor fronterizo es terrible. Queramos o no queramos fuimos un parapeto de Occidente frente al islam durante siglos.

Pero el parapeto... es frontera.
-Sí, pero el factor determinante es el islámico, porque es de continua expansión. Cuando uno ve un mapa del mundo en estos momentos, en todas las zonas donde el islam es frontera hay un conflicto armado de mayor o menor intensidad. Es una circunstancia que debería llevar a la reflexión.

Una vez finalizada la Reconquista en 1492, ¿cuándo concluye el conflicto con el islam? ¿Con la expulsión de los moriscos en 1609?
-Más que con la expulsión de los moriscos, acaba con la debilidad de los musulmanes bien entrado el siglo XVIII. Cuando termina la Reconquista, lo que tienen muy claro sus protagonistas es que si no controlan el Estrecho se va a producir una nueva invasión: esto aparece en el testamento de Isabel la Católica, en la política diplomática de Cisneros y de Fernando el Católico para el norte de África, y en la política de Carlos V y después de Felipe II. La Reconquista no sólo sufre la invasión del siglo VIII, hay que recordar las invasiones de almorávides, almohades, benimerines.

Y quedaba una resistencia interior...
-Operaban dos factores gravísimos. Uno, la existencia de una quinta columna morisca, que provoca el conflicto armado más terrible de la historia de España hasta la Guerra de la Independencia, que es la Guerra de las Alpujarras. Es de una violencia extraordinaria y de base totalmente islámica. Cuando se produce la sublevación de las Alpujarras las víctimas privilegiadas son los sacerdotes, a quienes se somete a torturas antes de matarlos. Y hay otro factor que es el avance turco y de la piratería islámica en el norte de África: obligó por ejemplo a sostener una flotilla que protegiese el puerto de Barcelona, cuajó en incursiones para capturar esclavos en las costas españolas, era muy difícil navegar entre la península ibérica y las posesiones italianas...

¿Hasta cuándo dura esta situación?
-Esto termina cuando se produce un factor de debilidad, ya en el siglo XVIII. En apariencia, este fenómeno tendría que haber acabado en esos momentos, pero vuelve a producirse el enfrentamiento cuando el islam vuelve a encontrarse en una situación de fuerza. Y no concluye, como sería de esperar, cuando termina el periodo colonial español. Teóricamente, la independencia de Marruecos a mediados de los años 50 debería haber significado el final de litigios con potencias norteafricanas.

¿No han tenido otros países idénticos conflictos con sus antiguas colonias?
-Gran Bretaña no ha vuelto a tener problemas con la India, o con Kenya. Y sin embargo en el último siglo todos los conflictos armados que hemos tenido nosotros han sido con países islámicos. También es una cosa para reflexionar: Ifni, Sáhara, las dos guerras de Irak... En ellos se produce algo muy preocupante: una estrategia de tensión controlada, en virtud de la cual Marruecos agrede siempre que España se encuentra en una situación de debilidad y, por el contrario, reprime o contiene esa agresión cuando España mantiene una posición de firmeza, como sería el caso de Perejil.

En esto se superpone lo territorial a lo religioso.
-Pero Marruecos reivindica territorios que no son estrictamente marroquíes. Marruecos no tenía ningún derecho a Ifni, no tenía ningún derecho al Sáhara, y no tiene ningún derecho a Ceuta, a Melilla ni a las Canarias. No digamos ya a Toledo, como pretenden los nacionalistas marroquíes, que dicen que Marruecos tendría que extenderse hasta Toledo porque fue la capital de los almorávides.

¿Y eso depende del factor islámico que mencionaba?
-El islam, al partir de una idea de expansión religiosa, no llega una situación de paz tras el periodo colonial, sino que esa expansión prosigue. Y esa idea de expansión además recibe variables muy inquietantes en los últimos años, como es el desarrollo del terrorismo islámico dentro de un esquema de guerras de cuarta generación, esquema sin el cual yo creo que es imposible entender lo que es en este momento la situación del islam.

Entonces, cuando Bush o el Papa hablan del islam como de una "religión de paz", ¿es sólo diplomacia?
-Hombre, una persona con unas gotas de cinismo podría decir que es lo que los anglosajones llaman el wishful thinking, la forma de pensar de lo que a mí me gustaría que fuera. Yo creo que es un intento de no romper puentes, pero desde luego forma parte de una estrategia diplomática, porque en términos históricos, lo que es obvio es que el islam no es una religión de paz. Dedico algunos capítulos al inicio del libro precisamente a estudiar las fuentes islámicas, porque éstas son bastante claras en cuanto, no sólo a la idea de expansión, sino al papel que juega en ella la guerra religiosa.

¿Existe buena bibliografía al respecto, aparte de su libro?
-Hay un libro muy interesante, que menciono en la obra, que se llama Jihad in the West, que está escrito por un francés, que ahora enseña en Estados Unidos, que se llama Paul Fregosi. Él sostiene la tesis, absolutamente irrefutable, de que el islam lleva agrediendo a Occidente desde hace trece siglos. Curiosamente el libro dedica capítulos a episodios de la historia de España, y dice que en la historia universal la batalla de las Navas de Tolosa tiene una importancia tan grande como Stalingrado o Waterloo, porque finalmente ahí se salvó Europa, como en Lepanto.

Cuando usted se refiere a "de Mahoma a Ben Laden", ¿no se trata entonces solamente de los extremos de un paréntesis histórico, sino de una relación de causa-efecto?
-Yo cito un hadiz de Mahoma donde dice que hay que conquistar Al Andalus. Cuando Ben Laden, en su segundo comunicado tras el atentado de las Torres Gemelas, hace referencia a Al Andalus (cosa que sumió en el estupor más absoluto a las agencias de prensa, porque no sabían qué país era ése), se está haciendo eco de una visión muy clara: "Hay territorios de los que hemos sido desalojados y tenemos que recuperar, como Palestina y Al Andalus". Todo el mundo tiene que convertirse en "la casa del islam", en la que además se vive con un tremendo resentimiento cualquier retroceso histórico del islam.

O sea, que todo está en las fuentes originarias musulmanas.
-Yo dedico unos capítulos iniciales a las fuentes del islam (y un apéndice con sesenta documentos) porque muestran lo que es el islam; el islam es absolutamente coherente con sus fuentes.

¿Se están entendiendo los conflictos actuales como una cruzada?--A diferencia de Bush –el personaje más atacado, quien empezó diciendo: "Esto no es una cruzada", poniéndose la venda antes de la herida–, Al-Qaeda sí que lo ha presentado siempre como una cruzada. Esto forma parte de la lectura islámica de muchos fenómenos. La lectura islámica del Estado de Israel es que se trata de una cruzada más. El mismo análisis palestino para no zanjar la cuestión de Oriente Medio también se retrotrae a las cruzadas: "Los cruzados estuvieron aquí dos siglos y se fueron: a los judíos les quedan ciento cincuenta años, pero finalmente se acabarán yendo".
Quien no conserva un espíritu de cruzada es Occidente –para lo bueno y para lo malo–, pero donde está muy presente es en el islam.

¿Cuál debe ser la actitud de Occidente hacia el islam?
-Primero, despojarse de las anteojeras de lo políticamente correcto. Segundo, analizar con conocimiento y sensatez las situaciones. Tercero, la firmeza. Históricamente, lo que es obvio a lo largo de trece siglos, es que cuando ha habido una posición de firmeza, el islam o no ha sido agresivo, o si lo ha sido, no ha conseguido sus objetivos. Si la posición de Occidente es una posición políticamente correcta, no toma en cuenta la realidad del islam, y además no es firme, Occidente está condenado no solamente a ser derrotado por el islam, sino a ver la desaparición de su sistema de libertades.

¿Cómo enfocan ese dilema sus estrategas?
-Los análisis geoestratégicos de Al-Qurashi, el cerebro estratégico de Al-Qaeda (en el libro reproduzco algún documento de él), sobre las guerras de cuarta generación, no tienen nada que envidiar a un Clausewitz o a Sun Tzu. O realmente Occidente se da cuenta de lo que tiene enfrente, o lo va a pasar muy mal. Al-Qurashi tiene muy claras las debilidades de Occidente y que esas debilidades van absolutamente en beneficio suyo.

En concreto, España respecto a Marruecos: ¿debemos financiar su desarrollo para evitar la inmigración, o eso contribuiría a reforzarles en cuanto país islámico?
-Respecto a Marruecos hay varias cosas que tienen que quedarles muy claras: cualquier intento de agresión sobre territorio español va a ser repelido de manera rápida y contundente. En ese sentido, Perejil tiene mucha importancia, no por el islote en sí, sino porque es la primera vez que hay una respuesta española casi en medio siglo.

Pero la inmigración está ahí...
-Es muy importante tener una política de inmigración en que la izquierda deje de ser descerebrada y la derecha deje de ser acomplejada. Y eso implicaría establecer cupos de inmigrantes a recibir anualmente, con un sistema de cuotas que primara a países que o bien pertenecen a nuestra área cultural, como es el caso de Hispanoamérica, con una integración relativamente fácil, o bien van a entrar en la Unión Europea y de todas formas van a venir, como es el caso de Rumanía, Bulgaria, Rusia, Ucrania, etc. Y en el caso de la inmigración islámica, tender a suprimir esa inmigración. Porque lo que me parece absurdo es invertir en Marruecos para que se desarrolle y no envíe inmigrantes, y al mismo tiempo recibir a esos inmigrantes. Es como pagarle a una persona el terapeuta para que deje el alcohol, y al mismo tiempo pagarle el alcohol con el que se emborracha.

¿No cree que sea posible la integración?
-Históricamente, lo que es obvio es que los musulmanes no se integran en las sociedades en las que viven. Tienden a formar ghettos aparte e intentan imponer su cosmovisión sobre esas sociedades, lo cual significa, en el caso de los sistemas democráticos, el final de la democracia.

¿Esto se ha producido en algún caso?
-En Nigeria, un país con un sistema británico y una ordenación federal, que hace dos décadas tenía una población islámica en torno al 10% que no planteaba más allá de ciertos problemas puntuales. Y en los últimos años el incremento de la población musulmana ha sido tal que algunos Estados federados de Nigeria han ido convirtiendo la sharia en la ley de aplicación. Con lo cual tenemos un país que por un lado tiene Estados que siguen con el sistema británico del common law y por otro Estados donde se aplica la sharia: aparte de las noticias que aparecen en televisión de fornicadoras a las que lapidan, adúlteras a las que apedrean, etc., la situación de los cristianos se ha hecho intolerable, y se han quemado iglesias, misiones, hospitales y escuelas y se ha asesinado a decenas de miles de cristianos en los últimos años.

¿Y eso ha ocurrido por el aumento de población musulmana?
-Un sistema democrático acaba estallando si hay una minoría importante –no digamos ya si es mayoría– que parte de una cosmovisión que no es democrática. Eso explica también por qué no hay una sola democracia en el mundo islámico.

Sigamos con Marruecos y el Sáhara...
-Hay que reconocer que en términos históricos España lo ha malacostumbrado. Si yo fuera marroquí, con los precedentes de la guerra de Ifni y de la Marcha Verde del Sáhara, pensaría que Perejil es un paréntesis y por supuesto que Ceuta, Melilla y las Canarias van a caer. Por lo demás, la actuación de Marruecos en el Sáhara raya el genocidio, me parece absolutamente intolerable.

No cabe la menor duda de que la postura de España, en términos de la posición que defiende, es absolutamente impoluta e impecable, aunque la salida que se produjo del Sáhara fue lamentable.

Oriente Medio: ¿debe mantener España su posición mediadora, o implicarse más con alguna de las partes?
-El papel que está jugando España, diplomáticamente, en términos generales me parece aceptable. Lo que pasa es que es un conflicto sobre el que soy pesimista, porque una de las partes no quiere una solución pacífica, que son los palestinos, salvo sectores muy pequeños e ilustrados. La posición palestina a la hora de hacer declaraciones es de una duplicidad escalofriante.

Creo que usted lo vivió de forma directa.
-Estaba en Israel cuando sucedió la famosa batalla de Yenín. Los comunicados que hacían los palestinos para consumo occidental, reproducidos bastante acríticamente, era que aquello era un genocidio: los israelíes habían entrado en Yenín y estaban asesinando a la gente como si aquello fuera el ghetto de Varsovia. Mientras que si leías la prensa palestina, era que habían atraído a una trampa al ejército israelí a Yenín como había sucedido en Stalingrado y estaban machacando a los israelíes y les iban a causar una derrota militar.

¿Hay, pues, una estrategia de prensa bien calculada?
-Posiblemente uno de los aspectos en que las dictaduras islámicas (en las que hay que incluir desde luego la de Arafat) se han perfeccionado enormemente en los últimos años es en la forma de influir en los medios de comunicación occidentales. Es más, yo creo que hay fenómenos, como la posición de Sadam Hussein en la última guerra, cuya explicación última es su esperanza en la utilización de los medios de comunicación para acabar doblegando a los gobiernos de otros países hacia una posición que a ellos les convenía.

Como usted cita en el libro, esto está también en Al-Qurashi.
-Él dice textualmente, y yo lo reproduzco en el libro, que "un sector los medios de comunicación occidentales vale para nosotros como varias divisiones". Buena parte de la lucha contra Occidente, como él dice, no es militar, entre otras cosas porque Occidente nunca va a utilizar todo su potencial de guerra porque no se lo permitiría su opinión pública. "Lo que tenemos que conseguir", dicen, "es un estado tal que combine el cansancio de la opinión pública con el hecho de que hay elecciones cada cuatro años y unos medios de comunicación que nos van a apoyar. Eso finalmente les obligará a ir retrocediendo mientras que nosotros vamos avanzando". Esto explica la visión de los palestinos, la actitud de Sadam Hussein en esta última guerra, que ha sido totalmente distinta a la de la primera guerra, y la actuación de Al-Qaeda y otros grupos islámicos.

Pero, precisamente, ¿no hay una diferencia entre la primera y la segunda guerra del Golfo? ¿Hasta qué punto la primera incluye un factor religioso?
-En los dos casos Sadam utiliza los dos aspectos. Hay una realidad obvia: el partido Baas es un partido laico. Pero la palabra no significa lo mismo en el mundo islámico que en Occidente. Cuando hablas de un partido laico en Occidente estás pensando en el modelo jacobino laicista francés, mientras que cuando dices laico en un país islámico es un partido en el que los políticos son políticos seculares. Pero la vinculación con el islam se mantiene. El laicismo islámico aquí lo consideraríamos una confesionalidad espesa.

¿Cómo influye eso en la forma en que Sadam plantea la guerra?
-Lo que sí ha variado en los dos casos, y esto es muy interesante, es el planteamiento estratégico. El planteamiento de la primera guerra Sadam lo hace desde una perspectiva militar: cree que la guerra no se va a librar, y si se libra la puede ganar, porque tiene en aquellos momentos lo que podría ser el cuarto o quinto ejército más poderoso del mundo. La segunda vez el conflicto lo libra desde la perspectiva de una guerra de cuarta generación: no es el enfrentamiento militar, porque ese enfrentamiento militar es obvio que lo más seguro es que lo pierda, sino que él piensa que puede mover las fichas en la opinión pública de manera que la guerra no se produzca.

¿Y eso cómo se consigue?
-Por ejemplo con el fenómeno de los sobornos a políticos, los comités de solidaridad con la causa árabe, etc. Incluso desde la perspectiva de las guerras de cuarta generación, esta guerra no ha terminado, y por eso se mantiene abierta la cuestión. En estos momentos el terrorismo en Irak lo mantiene gente de Al-Qaeda: "Al fin y a la postre", piensan, "tendrán que retirarse, al fin y a la postre nos vamos a quedar nosotros, al fin y a la postre el vencedor será un régimen similar al de Irán".

¿Va a continuar Estados Unidos la guerra contra Siria e Irán?
-Estados Unidos tiene una muy difícil situación. La forma en que se libra esta guerra es totalmente distinta de la forma en que se han librado otras. Pretende que se produzcan, si no cambios democráticos –que eso es implanteable–, por lo menos sí una civilización de los regímenes islámicos en la zona. Lo que ha pasado con Gadafi. Nadie le ha pedido a Gadafi que convoque elecciones, porque eso es pedir la luna, pero nos conformamos con el hecho de que no acumule cierto tipo de armas, haya llamado a los inspectores para que las vean, que no apoye a grupos terroristas, que no se meta en fregados fuera de sus fronteras... En Estados Unidos no esperan que Siria vaya a cambiar. En Siria hay una dictadura dinástica, y en Irán es obvio que el régimen no va a evolucionar. Se trata de conseguir que no se produzca un desarrollo armamentístico y que no entren en una política de apoyo al terrorismo y de agresión contra sus vecinos.

¿Lo puede hacer Estados Unidos en solitario?
-En términos militares no necesita para nada a sus aliados, pero en términos de opinión pública, no tiene más remedio que contar con su concurso. Y ahí entran de nuevo los factores que le hacen pensar a Al-Qaeda que ésta es una guerra larguísima, y de la cual creen que van a salir como vencedores.

¿Y es una guerra larguísima?
-Yo creo que la guerra de Irak no es una guerra, sino una campaña de una guerra más larga, igual que la guerra de Afganistán. Es un conflicto que puede durar años, y su final es imprevisible. Por muchos factores. Sobre todo porque Europa no es consciente del peligro que corre, porque está muy estupidizada por el pensamiento políticamente correcto, porque no tiene clara su identidad –a diferencia de los Estados Unidos–, y porque además el peso de las poblaciones islámicas en Europa cada vez es mayor. Y funcionan lobbies poderosos.

¿Por ejemplo?
-Los países árabes tienen un gasto en relaciones públicas –por llamarlo de alguna manera– absolutamente fastuoso. Cuando uno ve este documento en que aparecían unas 300 personas que habían estado recibiendo millones de barriles de petróleo de Irak –y parece ser que el documento es incompleto–... Si un país sometido a bloqueo podía sobornar de esta forma, ¿qué estará sucediendo con otros países que no tienen bloqueo, que supuestamente son amigos, etc.?

¿Están, sencillamente, comprando voluntades?
-La posibilidad de soborno de las dictaduras islámicas es gigantesco, a la hora de granjearse amistades de gente que está en medios diplomáticos, en medios de comunicación, en partidos políticos, etc. Aparte de las decisiones que se tomen, la forma en que estos sobornos están influyendo en el aumento de la corrupción en Occidente es absolutamente extraordinario.

Es comprar al enemigo...
-Un fenómeno curioso: sectores de las sociedades occidentales se dejan corromper para suicidarse. No deja de ser, en términos de análisis histórico, realmente inquietante.

21.5.05

La Muerte de Occidente

Titulo:"LA MUERTE DE OCCIDENTE.

La caída de la natalidad y la invasión de inmigrantes amenazan a la civilización occidental."

AUTOR: Patrick J. Buchanan

EDITORIAL: Kion


La muerte de occidente es un incisivo análisis de nuestra historia social y cultural reciente, desde la perspectiva de un experimentado político estadounidense, ex candidato a presidente y asesor de Nixon, Ford y Reagan, que justifica su convicción de que la ruina de los valores morales, el egoísmo economicista y la decadencia del concepto de familia están llevando a la sociedad occidental a una destrucción progresiva e inexorable.

Mediante un pormenorizado compendio de las alarmantes cifras sociodemográficas de los países que forman la llamada Civilización Occidental, y una investigación de las teorías educativas que triunfaron en la América del siglo XX, Buchanan desvela las razones que han llevado a la situación actual y propone un cambio radical en nuestros valores objetivos para evitar el derrumbe de nuestra cultura.

Buchanan vaticina que, “con las tasas de natalidad actuales, la población de Europa en el año 2100 será menos de un tercio de la actual: Europa ha votado por la dolce vita”.

PATRICK J. BUCHANAN

Los males que afectan a las naciones de Occidente son de tal magnitud que han de obligarlas a considerar el acervo común y tomar conciencia de la necesidad de luchar por conservarlo.



Pat Buchanan, como comúnmente se le conoce, acaba de publicar un libro, The death of de west (La muerte de Occidente), que es importante porque supone una reflexión documentada de los males, ya avanzados, que nos corroen a todos los ciudadanos de las naciones de Occidente.

Preocupado íntimamente por la deriva de los acontecimientos culturales, demográficos y migratorios que vienen dándose tanto en Europa como en Estados Unidos, lanza su voz de alarma y nos urge a tomar conciencia de ellos.
La acelerada tendencia a la baja de los índices de natalidad es un problema acuciante para las naciones occidentales. Buchanan nos ofrece datos, extraídos de la "UN Population Division".

En el año 2000 la población total de Europa, incluída Rusia, era de 728 millones.

Para el 2050, sin contar con la inmigración, bajará a 600 millones.

Y si las tasas de fertilidad se mantienen, a finales del siglo XXI Europa contará con 207 millones, menos del 30% de la población actual.

Claro que esta situación podría ser compensada por las sucesivas oleadas de inmigrantes, sobre todo procedentes de África y Asia.
Pero, y ése es el problema, serían gentes de otras razas, de otras religiones, de otras culturas. Serían oleadas de gentes no occidentales. El resultado sería el multiculturalismo, la desaparición de los rasgos culturales tradicionales de Europa y una posible predominancia del Islam.

Esta situación de multiculturalismo ya se está dando en Estados Unidos con un notable repliegue de las expresiones culturales cristianas, habiéndose llegado al extremo de su prohibición en público para no ofender a las otras culturas.

El principal motivo de esta falta de fertilidad Buchanan lo encuentra en la descristianización de la sociedad. Falta de religión y falta de hijos van unidas siempre, afirma.
Hace hincapié en la legalización del aborto, impuesta en las naciones de Occidente, donde la religión ha pasado a un plano muy secundario. Se refiere a los 40 millones de abortos realizados en Estados Unidos desde su legalización. 40 millones de vidas perdidas que son sustituídas por las de los inmigrantes que invaden la nación. Observación esta última que puede aplicarse a Europa igualmente.
Los compatriotas que matamos son sustituídos por extranjeros.En Estados Unidos por cada dos embarazos llevados a feliz término se produce un aborto. En esto son superados ampliamente por Rusia, donde el aborto se introdujo antes, en 1920, bajo Lenin. Allí por cada nacimiento se producen dos abortos. Los 150 millones de habitantes de la actualidad se habrán reducido a 114 en 2050.

Mientras tanto, en África la población habrá ascendido a mil quinientos millones de habitantes. De Marruecos al Golfo Pérsico habrá un mar de 500 millones de musulmanes. A estos habrá que añadir los 700 milloness de musulmanes iranios, afganos, pakistaníes y Bangladeshios y los 300 millones de indonesios. China e India tendrán cada una mil quinientos millones. Son cifran lo suficientemente elocuentes por sí mismas para no necesitar extensos comentarios.

Sobre la descristianización, vertiginosa en las últimas cuatro décadas, Buchanan se expresa relacionándola en parte con la nefasta influencia de diversos filósofos marxistas, concretamente los de la "Escuela de Frankfurt" que emigraron a Estados Unidos cuando Hitler llegó al poder en Alemania.
Uno de los fundadores de esta Escuela, el húngaro Georg Lukacs, así como el italiano Antonio Gramsci, percibieron que las previsiones de Marx habían resultado erróneas. Aparte de que la revolución marxista no se había producido en el Oeste, como él había previsto, sino en Rusia, en este país las masas no se habían transformado bajo el nuevo régimen económico, según la teoría marxista señalaba, sino que en gran parte seguían siendo cristianas, apegadas a sus tradiciones.

La doctrina marxista dogmatizaba que un nuevo régimen económico (infraestructura) impuesto al pueblo habría de cambiar la mentalidad, el pensamiento (supraestructura) de ese pueblo. No había ocurrido así, y los dos filósofos señalados preconizaron la acción directa sobre la cultura. Había que destruir, dinamitar la cultura cristiana occidental. Si se conseguía este objetivo, el resto vendría por añadidura.

Otros ideólogos de esta Escuela fueron Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erich Fromm, Wilhelm Reich y el más joven Herbert Marcusse, quienes, una vez instalados en la nueva "Frankfurt School" en Nueva York, trabajaron activamente en la crítica y demolición de la cultura occidental.
Todas sus ideas han alcanzado enorme extensión y predominancia en la clase intelectual que, dominando los medios de comunicación, editoriales, prensa, cine, televisión, tiene los resortes del pensamiento de la sociedad.

La libertad sexual absoluta, el feminismo, la homosexualidad, el aborto, la disgregación familiar, etc. fueron preconizados por estos pensadores. La contracultura y la contramoral salieron victoriosas, de forma que Buchanan dice que si bien el marxismo económico fracasó y terminó con la caída del muro de Berlín, el marxismo cultural ha triunfado.

Se hace la pregunta de si estos filósofos fueron imprescindibles para la revolución que se ha dado en la sociedad occidental, y contesta que probablemente no, pero que el hecho cierto es que jugaron un papel sustantivo. Un aspecto esencial en esta labor de demolición cultural ha consistido en arrojar sombras de vergüenza e infamia sobre el pasado histórico.

Se lamenta Buchanan de que hoy en día en Estados unidos todos los grandes hombres relacionados con su historia son denigrados. Cristóbal Colón es acusado de haber introducido la esclavitud en América.

La diabolización de los grandes exploradores y conquistadores españoles como "irredimibles asesinos racistas" es casi completa.

La conquista y conversión del Imperio Azteca por Cortés se presenta ahora como un genocidio cultural contra un pueblo amante de la paz.

No se tiene en cuenta el horror que produjo en los españoles contemplar los sacrificios humanos de los aztecas (gentes sólo comparables a los antiguos asirios en crueldad satánica, según afirma Octavio Paz en "El laberinto de la soledad").

Pero ya centrándose en los inicios de los Estados Unidos como nación, ninguno de los Padres Fundadores se salva, puesto que son considerados como esclavistas sin más. Y así sucesivamente.De esta tendencia masoquista, derrotista y disolvente, sabemos bastante los españoles.

Realmente, cuando se lee a Buchanan mencionar la "diabolización de los exploradores y conquistadores españoles" parece como si se estuviese refiriendo al proceso que en este sentido se ha dado en España.
Realmente, es muy parecido lo que ocurre en ambos países en este orden de cosas. Y en todos los países de Europa, se podría añadir, puesto que se trata de un proceso generalizado en Occidente.

Cuando Buchanan nos informa del desprecio con que son considerados hoy en día George Washington, Thomas Jefferson o Andrew Jackson, no puede menos de recordarse el paralelo desdén que se muestra en amplios ámbitos intelectuales españoles por los Reyes Católicos, Felipe II o el Cardenal Cisneros.

Se trata de una tendencia antipatriótica y desnacionalizadora que está siendo inducida por grupos interesados. La crisis de los estados-nación está relacionada con esto. Buchanan juzga a los estados-nación, a través de las palabras de Jacques Barzun, "la creación política más grande de Occidente".
Añade que no fueron creados casualmente, sino que cada uno de ellos tiene un sentido de realización humana que enriquece el acervo común de la Humanidad. Ve, por tanto, con suma prevención los movimientos disgregadores de estos estados-nación.

Movimientos separatistas en Gran Bretaña, Francia, España, Italia, Canadá... todos ellos un grave error.Porque "cuando un pueblo devuelve su fidelidad a las tierras de que se ha conformado, élites transnacionales empujan en opuesta dirección.

La rendición final de la soberanía nacional a un gobierno mundial es ahora abiertamente aconsejada".Hay que tener en cuenta que Buchanan no es un norteamericano imperialista. Es contrario a cualquier imperio. Uno de sus libros se titula: "A Republic, not an Empire", con referencia a su nación, y de nuevo en esta su última obra aboga por este planteamiento.

No desea que Estados Unidos intervenga en conflictos internacionales, y se queja de que Europa no haya tenido fuerza militar suficiente para remediar por sí misma conflictos como el de Kosovo. Es lo que sus críticos llamarían un "aislacionista". Y lo que él comprueba es que todos estos procesos de descristianización, desculturización, desnacionalización, confluyen en un único resultado: el predominio mundial de las grandes corporaciones, con mayor poder ya que los Estados.

Lo que él teme como a la muerte es a ese gobierno mundial que se está esbozando y que acabaría gobernando un mundo del que se habrían esfumado los valores cristianos y occidentales y en el que la misma raza blanca sería una pobre minoría. "El capitalista global y el verdadero conservador son Caín y Abel", afirma. Buchanan se debate en la duda sobre si lo ya destruído puede rehacerse o no; si es posible enderezar los pasos y recuperar lo que se ha perdido.

Sus últimas palabras son, sin embargo, para declarar la necesidad de la lucha, del esfuerzo. Expone como necesarias diversas medidas, desde reducir las cuotas de inmigración a promover la enseñanza de la historia y promulgar leyes pro-vida. Sin entrar en más prolijos detalles, es obligado concluir que tales medidas sólo podrán llevarse a la práctica si se consigue que el movimiento de reacción ya generado desde hace tiempo en Estados Unidos avanza imparablemente.

En Europa, el mal se presenta más enquistado, pero se perciben algunos signos esperanzadores. El secreto de todo lo que ocurre está en las mentes de los hombres, y en esta época histórica se presenta acuciante como nunca el cambio en el pensar, al que únicamente conviene un nombre: contrarrevolución.

Hay un aspecto de esta obra con el que no podemos estar de acuerdo. Su sensibilidad occidental es anglosajona, y no puede coincidir en todo con la sensibilidad occidental de un latino, concretamente de un español. Buchanan ve con malos ojos el enorme flujo migratorio de los mejicanos a Estados Unidos. Esta emigración se dirije sobre todo hacia las tierras que antes fueron de Méjico y que se perdieron en una guerra que constituyó un gigantesco expolio (nada menos que dos millones y medio de kilómetros cuadrados).

A un español no le puede importar nada que en la actualidad el 30% de la población de California sea de origen mejicano y que otro tanto ocurra con Texas, y que esto vaya en aumento en estos y en los demás estados que antes pertenecieron a Méjico. Existen sensibilidades distintas. No se puede estar de acuerdo en todo.Además, se le podría recordar a Buchanan que los mejicanos, gracias a España, son católicos, como él mismo lo es. Y también que Méjico, como los restantes países hispanoamericanos, forman parte de Occidente. Gracias precisamente a los exploradores y conquistadores españoles a los que él justamente valora y cuyo descrédito deplora.

Hay un detalle en esta obra que dice bastante en favor de Buchanan. A través de sus páginas se citan oportunamente a diversos escritores como Dostoyevsky, Wilde, Brecht, Burke, Chesterton, Diderot, Eliot, Gide, Yeats, entre otros, y uno se sorprende pensando que Buchanan quizás sea hombre de más vasta cultura literaria de lo que suponía. Pero él mismo nos desengaña en la última página, destinada a "Reconocimientos".

En ella, agradece a Kara Hopkins, su "intrépida investigadora", que le aportase citas, ideas y argumentos de libros que él no había leído. Es una muestra de franqueza y sencillez por parte del autor.Buchanan no es un intelectual cultivado. Es hombre sencillo e inteligente, lo cual en no escasas ocasiones resulta de mayor valor.

En el seno de las sociedades democráticas formales, el problema de la diversidad cultural se plantea bajo la forma del derecho a la diferencia o del respeto a las minorías, pero en el terreno de los hechos, no se contempla por el momento el reconocimiento de formas distintas de sociedad, de otras maneras de vivir, incluso aunque se decida democráticamente. Parece como si las libertades sólo tienen cabida y reconocimiento en el seno del modelo socioeconómico imperante.

El pensamiento único, que se extiende paralelamente a los mercados y se asienta en los nuevos lenguajes informáticos y en las autopistas de la información, es el discurso que sustenta lo que Roger Garaudy identifica sagazmente como Monoteísmo del Mercado.

Una de sus características es la sutil eliminación de la diversidad, que ahora es disidencia, no mediante la represión brutal, sino por la mediación de las nuevas herramientas, de las nuevas tecnologías, mediante el control de la información y la consecuente incidencia en la opinión de los ciudadanos, en la opinión pública.En un contexto así, la atonía, la sumisión al pensamiento único, han de ser la norma.

Quien ose defender con demasiada tenacidad alguna idea o alguna postura contraria a los intereses del paradigma, fácilmente aparecerá como estridencia en medio de la homogénea interpretación general, será entonces señalado como fanático. Si, además, los medios de comunicación e información sirven a los intereses del poder –no a los intereses de los distintos partidos o confesiones– resulta fácil para éste abortar cualquier propuesta que atente contra dichos intereses, por diferentes vías: la descalificación, la tendenciosidad o la tergiversación.

Es evidente que ninguna mente sensata defendería el fanatismo como actitud propia del ser humano civilizado. Identificamos el fanatismo con la ceguera intelectual, con la incapacidad de valorar y sopesar los variados aspectos de la realidad. El fanático no escucha, no razona, no produce diálogo. La mayoría de los cristianos no viven como fanáticos. Ni la mayoría de los musulmanes tampoco, ni la de los herederos de las ideologías históricas de occidente.
A pesar de ello, la historia está plagada de las consecuencias del fanatismo en todas sus variantes: religiosa, ideológica, bélica, económica. Momentos, lugares y grupos en los que la pasión y el exceso han hecho mella, enturbiando la transparencia de las ideas, los sentimientos y las creencias.
Casi siempre se ha optado por relacionar el fanatismo con estas realidades en lugar de buscar sus raíces allí donde se hunden: en la ignorancia, en la explotación, en la incultura y el desarraigo.

En lugar de remediar las causas que lo producen, se ha optado por instrumentalizarlo a favor de determinadas opciones políticas, religiosas o estratégicas.En esa lectura interesada del problema nos encontramos hoy, cuando asistimos al desarrollo de una peligrosa visión del fanatismo religioso, atribuida al Islam por los medios de comunicación de masas, incluso con el apoyo de algunos intelectuales e instituciones académicas internacionales.

Patrick J. Buchanam y Occidente.
Abril.org


8.5.05

El Islam utiliza la tolerancia europea



El Islam utiliza la tolerancia europea para islamizar

Samir Khalil Samir, jesuita profesor de la Universidad St. Joseph de Beirut y del Pontificio Instituto Oriental de Roma. Estuvo en España la semana pasada con ocasión del V Congreso «Cristianos y Vida Pública» que organiza cada año la Fundación San Pablo CEU. En una entrevista de profunda actualidad, Khalil nos ofrece el punto de vista de un árabe cristiano sobre las relaciones entre cristianos y musulmanes en los países árabes y en Europa, analiza la situación del viejo continente ante las exigencias islámicas en la sociedad y propone soluciones para llegar el entendimiento.

Egipcio, jesuita, profesor de Historia de la cultura árabe y de islamología en Beirut y en Roma, el padre Samir Khalil es hoy en día uno de los mayores especialistas en relaciones entre cristianismo e islam.

- ¿Cree que los musulmanes pueden cambiar el modo que tienen de vivir su religión musulmana?

- Sí, siempre y cuando Europa se afiance en defender su identidad, la carta universal de los derechos humanos. Esa carta es universal, no como la que hace unos años hicieron algunos países musulmanes, una carta musulmana de los derechos humanos. Con esa identidad, Europa puede tener apertura. Y los musulmanes han de aceptar vivir en una Europa con las condiciones de Europa, no viniendo a promover en Europa un proyecto musulmán utilizando el esquema tolerante europeo, que está muy extendido entre los musulmanes. Europa es estúpida si no ve eso, si no se da cuenta de que pueden usar la tolerancia para islamizar Europa.

«El Islam nunca retrocede»

- ¿Cómo se islamiza una sociedad no islámica?

- Cuando van adquiriendo fuerza social, los musulmanes exigen que las leyes les reconozcan como minoría distinta, y cuando de una minoría de un cinco o diez por ciento llegan a tener ya la presencia de un treinta por ciento, como el caso de Malasia o de Mindanao en Filipinas, exigen la islamización de la sociedad. Y cuando el islam ha ido adquiriendo zonas de poder e influencia, nunca retrocede. España ha sido el único caso en la Historia. La única posibilidad que yo veo de modernizar el islam es que cuando las siguientes generaciones de inmigrantes en Europa vean que pueden vivir su fe sin modificar el marco social y político, acepten esa posibilidad.

- ¿Cómo vive la minoría cristiana en un país musulmán?

- La religión islámica está pensada magníficamente como control social y político. La convivencia es siempre como minoría y con la tendencia a desaparecer, aunque algunos líderes islamistas están dándose cuenta de que es negativo para ellos. Los cristianos árabes somos plenamente árabes, aunque no compartamos la fe musulmana. Somos más libres que los musulmanes, puesto que podemos aportar una mirada crítica sobre la realidad.

Actualmente nos ven como posibles aliados o espías de Occidente, y nos dirigen las mismas acusaciones que dirigen al imperialismo occidental. La línea del entendimiento con ellos, que es la de Juan Pablo II, es la de la defensa de los derechos humanos, de la justicia social. En materia social hay un profundo entendimiento entre musulmanes y cristianos, porque hay un visión del hombre coincidente en muchos elementos.

«España es un símbolo»

- ¿Qué significa España para un árabe cristiano?

- Para nosotros, España es un símbolo. Europa y Occidente no tienen ya la experiencia de vivir con un grupo dominante de presión constante en nombre de la religión.

Además, el islam, históricamente, nunca ha retrocedido en aquellos lugares en los que se ha ido asentando, a excepción de España. España es el único caso en el que un pueblo cristiano recuperó lo que los musulmanes le habían arrebatado.

Además, la Reconquista no fue una cruzada, los árabes — también los musulmanes — nunca hablamos de «cruzada», hablamos y hablan de las guerras de los francos, de los amalfitanos y de los venecianos luego. Se ve como la sucesión normal de los acontecimientos y de las relaciones entre los pueblos en aquel momento histórico.

Para mí, España representa la reacción católica de un pueblo, consciente de su identidad, que pone los medios aptos para recuperarla.

- Entonces, ¿qué piensa de las revisiones históricas que rechazan ese hecho?

- Me sorprende que los occidentales y sobre todo los españoles nieguen eso. La Historia está hecha de flujos y reflujos. Hoy Europa no hace autocrítica, que es buena, sino que hace autodestrucción porque no quiere asumir su historia. Asumir la propia historia es distinguir lo bueno de lo malo pero sentirse orgulloso de que sea esa su propia historia, sin rechazarla.

7.5.05

Persecución Religiosa



¿Qué le harían a Jesús en Arabia en el 2006?
Abdul Rahmán. Este es el nombre del ciudadano afgano de 41 años condenado a muerte en Afganistán por haberse convertido al cristianismo.

No olvidemos que la pena de muerte es el castigo establecido, en muchos países musulmanes, para los que abandonan el Corán.
El gobierno afgano, aduciendo “falta de pruebas” ha “desistido temporalmente” del caso, y el hombre, bajo protección, ha sido liberado (se asiló en Italia).

La noticia no mereció nuestra atención, porqué ya sabemos que nuestra mirada paternalista no proyecta, nunca, un ojo crítico hacia los países islámicos.
Si un musulmán fuera condenado a muerte, por su religión, por ejemplo en los Estados Unidos, el tsunami informativo y social habría sido el previsible y el pertinente.
Sin embargo, y por suerte, en los países democráticos no se dedican a perseguir a las personas por su creencia religiosa, y por tanto, esta es una hipótesis que no necesita ser objeto de preocupación.

En los países islámicos, en cambio, la persecución religiosa no solo es un hecho, sino que ha ido a más, y no encuentro ni denuncia mediática, ni rechazo social, ni mínima preocupación ciudadana.
Y es esta constatación, la alegria con que aceptamos la vulneración de todos los derechos fundamentales en los países islámicos –amigos o no tanto-, la que me preocupa, me motiva y me indigna.

He denunciado reiteradamente el silencio que proyectamos ante la esclavitud y el sufrimiento de millones de mujeres sometidas a la tiranía machista del Islam. Sin embargo, quizás por que no toca, quizás por que no forma parte de las preocupaciones de la corrección política, nunca denunciamos otras persecuciones, quizás menos masivas, pero igualmente dolorosas.

Veamos como son las cosas.
Estos días una delegación española ha visitado Arabia Saudí. Hemos asumido como “normal” que las mujeres –a excepción de la reina Sofía- brillaran por su ausencia, en una aceptación del machismo criminal que es una auténtica derrota de los países democráticos.
Pero como que la renuncia explícita de un derecho fundamental abre la puerta a la renuncia de otros derechos, también hemos obviado lo que pasa con los ciudadanos cristianos.
Es curioso, porqué los Borbones son católicos, apostólicos y etc. Pero no parece que ello sea ningún obstáculo para asegurar, en plena Arabia Saudí, que el rey actual es magnífico, que está haciendo una “política inteligente” y que es un aliado del pueblo español. Bien.

La fatwa de 3 de julio de 2000 prohibe explícitamente que los cristianos compren posesiones, construyan iglesias o hagan ningún tipo de apología.
Obviamente, no pueden acceder a la ciudadanía saudí.
Entre otras cosas, la fatwa asegura que toda religión, fuera del Islam, es herejía y, a partir de aquí, abre la puerta a todo tipo de castigos, incluyendo la pena de muerte, para preservar la única religión verdadera.

Y por supuesto, hablo de cristianos, que si explicito lo que dicen los ulemas de los judíos, lo que explican en las mezquitas, lo que escriben en sus libros de texto, o lo que aseguran en sus televisiones, entonces tendríamos que usar gramática demasiado gruesa. Y sucia. Y violenta.
De hecho, no es que los judíos no puedan comprar propiedades en tierra saudita, es que no pueden ni existir.

Hablábamos de la fatwa. Su rigorismo extremista, sumada a la confusión ancestral que existe, en el Islam, entre Dios y las leyes civiles, está impregnando de sentido represivo, la filosofía, las leyes y la actuación de gobiernos islámicos, desde Kuwait hasta Palestina, desde el Uzbekistán (hace poco se enderrocó la última sinagoga que quedaba en todo el territorio) hasta el Yemen o el territorio ensangrentado del Sudan.

Sin embargo, hace tantos años que hemos decidido no escuchar el lamento de los cristianos de Belén, o de todo el sur sudanés –incluyendo la terrible tragedia de Darfur, que también es una tragedia religiosa-, o de los cristianos que queden en Egipto, que el aumento represivo ha llegado de forma impune y casi natural.

Y con ello no niego lo que ya sabemos: que el Islam ha sido, en épocas más felices, tierra de acogida, justamente cuando el rigorismo extremista cristiano impedía a otras religiones vivir con una cierta tranquilidad. Durante siglos, ha habido ciudadades del Islam que permitían una singular y envidiable armonía entre las tres religiones monoteistas, siendo ejemplo notable de convivencia.

Pero hace muchos años que esta concepción idílica se ha transmutado en una situación de presión, persecución y violencia, justo desde que la ideología integrista ha pasado a ser hegemónica.
Y no olvidemos que el papel de algunas de las tiranías del petrodólar, en la consolidación del Islam intolerante, ha sido absolutamente clave.

Por eso, cuando escucho al jefe de Estado de un país democrático, elogiar las excelencias del tirano saudita, me siento notablemente imbécil.
Pascua cristiana y pesar judío. En las sociedades libres, grandes fiestas religiosas. Pero en algunos países de la Media Luna, más que actos religiosos, estos días se celebran auténticos actos de resistencia.

Pascua Cristiana en el Islam
Por Pilar Rahola