Seguidores

31.3.06

Ayaan Hirsi Ali (la siguiente en la lista)



Después del asesinato de Van Gogh perpetrado a sangre fría por haberse atrevido a realizar un documental sobre el Islam,
SUBMISSION” y (Traducción del diálogo). La siguiente en la lista de los fundamentalistas es sin duda su colaboradora Ayaan Hirse.



Amenazada.

Y después de Theo van Gogh, ¿quién será la próxima víctima? Suena a morboso juego de mesa, pero es una pregunta que verdaderamente preocupa a los holandeses. En los medios de comunicación, en los foros de Internet, en el trabajo y en los bares.
El país quedó marcado por el asesinato del líder derechista Pim Fortuyn, el 6 de mayo de 2002. Por eso, cuando el pasado martes se supo que el cineasta, columnista y provocador profesional Theo van Gogh, de 47 años, había sido asesinado en Amsterdam por un joven de origen marroquí, la pregunta surgió al instante: ¿quién va a ser el siguiente que pagará su opinión con la muerte?

La posible respuesta se halló en una carta encontrada con el cadáver del director. Estaba firmada «en nombre de Alá» e incluía amenazas a EEUU, a los Países Bajos, a Occidente y a la persona a la que iba dirigida: Ayaan Hirsi Ali, una de las mujeres más admiradas y controvertidas del país.

Una de las últimas provocaciones de Van Gogh, que solía referirse a los islamistas como «folladores de cabras», era la película Sumisión, dirigida y financiada por él.

El cortometraje muestra a cuatro mujeres maltratadas cuyos cuerpos han sido caligrafiados con textos denigrantes para la mujer, sacados del Corán. Una forma de blasfemia para los musulmanes. Hirsi Ali, era la guionista.

Después de que la película saliera en televisión, sus creadores recibieron amenazas de muerte. Van Gogh se negó a aceptar protección policial. Hirsi Ali, en cambio, sí se escondió.
Y no por primera vez en su vida.

Ayaan Hirsi Ali nació el 13 de noviembre de 1969 en Mogadisco, Somalia. Su padre tenía cinco hijos y una hija con cuatro mujeres y era adversario del dictador somalí Mohamed Siad Barre, por lo que la familia huyó a Kenia.

Allí Ayaan cursó la enseñanza secundaria. Recibió una educación islámica ortodoxa. Como muchacha, llevaba velo y se le practicó la ablación. Sin anestesia. Una experiencia traumática que afectó su carrera posterior.

Cuando Ayaan se enteró de que la casarían con un primo lejano en Canadá, en 1992, se escapó a los Países Bajos, país que la concedió asilo.

En un tiempo récord aprendió el idioma y estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Leiden. Dirigía una agencia de traducción e interpretación y trabajaba para el servicio de inmigración y para refugios de mujeres maltratadas. A estos centros de acogida, acudían cada vez más mujeres islámicas.
Y así nació su misión: Ayaan no repararía en medios para mejorar la situación postergada y oprimida de las mujeres islámicas.

En 2001 Hirsi Ali se incorporó a la plantilla de la fundación Wiardi Beckman Stichting, dependiente del PvdA, el partido socialdemócrata.Tuvo un éxito glorioso en los medios de comunicación, donde destacaba por su elocuencia, firmeza y encanto. Una intervención en un programa de televisión en el que, al igual que Fortuyn, calificó el Islam de «retrógrado», dio lugar a amenazas dirigidas contra su persona. Se escondió y huyó a los Estados Unidos.

Ayaan Hirsi Ali no es una diputada tradicional. Llama las cosas por su nombre y no le gustan los juegos políticos. Los críticos la califican más de activista que de política. Dentro de su propio partido, Hirsi Ali no es popular. Se le reprocha su actuación en solitario. Atacó, sin consultar con nadie, la ayuda al desarrollo y manifestó que la libertad de enseñanza (un derecho constitucional en función del cual se pueden abrir escuelas bajo prácticamente cualquier culto o principio educativo con financiación pública) era anticuado, porque daba carta blanca a las escuelas islamistas de ideología radical.Pero su tema favorito sigue siendo las mujeres musulmanas. Su frase más controvertida apareció en el diario Trouw: «Según criterios occidentales, Mahoma es un hombre perverso». Aludía al hecho de que el profeta a los 53 años contrajera matrimonio y desflorara a Aisha, una muchacha de nueve años. Esta observación conllevó nuevas amenazas de muerte e incluso dio lugar a una carta de protesta de 21 países islámicos que exigían una disculpa por insultar a 1.500 millones de musulmanes en el mundo. Ella no se disculpó.

Durante su exilio decidió pasar al VVD, el partido liberal de la derecha. No estaba satisfecha con el enfoque débil de los socialdemócratas con respecto a la integración de las minorías. Tras su regreso a los Países Bajos fue elegida en enero del año 2003 diputada al Parlamento holandés. Desde entonces, es vigilada permanentemente por dos guardaespaldas cuando sale de casa.

Ayaan Hirsi Ali no es una diputada tradicional. Llama las cosas por su nombre y no le gustan los juegos políticos. Los críticos la califican más de activista que de política. Dentro de su propio partido, Hirsi Ali no es popular. Se le reprocha su actuación en solitario. Atacó, sin consultar con nadie, la ayuda al desarrollo y manifestó que la libertad de enseñanza (un derecho constitucional en función del cual se pueden abrir escuelas bajo prácticamente cualquier culto o principio educativo con financiación pública) era anticuado, porque daba carta blanca a las escuelas islamistas de ideología radical.

Pero su tema favorito sigue siendo las mujeres musulmanas. Su frase más controvertida apareció en el diario Trouw: «Según criterios occidentales, Mahoma es un hombre perverso». Aludía al hecho de que el profeta a los 53 años contrajera matrimonio y desflorara a Aisha, una muchacha de nueve años. Esta observación conllevó nuevas amenazas de muerte e incluso dio lugar a una carta de protesta de 21 países islámicos que exigían una disculpa por insultar a 1.500 millones de musulmanes en el mundo. Ella no se disculpó.

Mujer de gran belleza, Hirsi Ali es un fenómeno social. Mientras sus admiradores la llaman «profeta moderna» o «heroína de la libertad de expresión», sus adversarios la tachan de «yuppie del derecho de asilo» o dicen que «requiere un diagnóstico médico más exhaustivo». Un grupo de rap de La Haya escribió una canción en la que la trataban de «puta rezongona». «Te partiré la cara», cantaban los raperos marroquíes.

¿Qué riesgo corre, pues, Ayaan Hirsi Ali? Con motivo de sus declaraciones sobre Mahoma, una mujer musulmana escribió en una página web: «Francamente, no será una sorpresa cuando nos enteremos de que se ha atentado contra la vida de Ayaan; sencillamente lo está buscando. Y yo, personalmente, me alegraría». Los holandeses están con el alma en vilo.

Stan de Jong

29.3.06

MI VIDA, MI LIBERTAD (Ayaan Hirsi Ali)


MI VIDA, MI LIBERTAD
Ayaan Hirsi Ali

Traducción de Sergio Pawlowsky
Barcelona, Círculo de Lectores
Galaxia Gutenberg, 2006.

La autobiografía de Ayaan Hirsi Ali: Mi vida, mi libertad, es un doble y
trágico viaje, con final –relativamente– feliz. El primer viaje va de la edad de piedra hasta uno de los países más desarrollados del mundo, Holanda. El segundo consiste en el descubrimiento de lo que corre por debajo del paraíso tolerante y multicultural neerlandés. El final feliz, matizado con una punta de amargura, es el salto al otro lado del Atlántico, donde la protagonista podrá vivir con algo de libertad.
Como la historia es muy conocida, vale la pena centrarse en el asunto principal del libro, un asunto que presenta dos caras que Hirsi Ali conoce y retrata con elegancia, amenidad y una valentía fuera de serie. El asunto de fondo es la aspiración a la libertad de un individuo y su lucha por conseguirla. Las dos caras son el islamismo, por una parte, y el nihilismo cultural occidental, por el otro.

En cuanto al primero, Mi vida, mi libertad empieza en el mundo de la abuela de la autora, una mujer que vive, literalmente, en un mundo tribal, prehistórico. Conviene matizar, sin embargo: Hirsi Ali se cría en un ambiente donde se hablan dos idiomas, el somalí y el inglés, y en el que las personas podían haber tenido acceso a formas de vida distintas, más adelantadas, civilizadas y abiertas.

Toda la primera parte, que relata la peripecia de la protagonista y su familia en Somalia, Arabia Saudita y Etiopía, es un viaje al corazón del islamismo, que va tomando posiciones y arraigando incluso en el alma de la autora. Las páginas en que describe la primera vez que se pone el velo con la pretensión de llegar a ser una musulmana ejemplar son tan memorables, por lo que significan, como las del relato de la mutilación a la que fue sometida, como tantas otras musulmanas de la región.

La toma de conciencia y la huida de semejante esclavitud –no siempre vivida como tal, y eso es de los aspectos más fascinantes del libro– sitúa a la protagonista y al lector en Holanda, en apariencia el paraíso de la libertad y la tolerancia.

Hirsi Ali comete, una tras otra, todas las tonterías, casi inevitables en estos casos, como hacerse socialdemócrata. Hasta que se da cuenta de lo que está ocurriendo a su alrededor y empieza a tomar conciencia de que la tolerancia a la holandesa es, en realidad, una abdicación moral, y que la sociedad en la que cree haber encontrado la libertad practica, en nombre de esa misma tolerancia y esa misma libertad, una forma de fanatismo tan cerril como aquél del que ha venido huyendo.

Es éste el segundo gran asunto del libro, en el que el islamismo juega otra vez un papel protagonista, propiciado ahora por el nihilismo de una Europa que ha decidido no darse por enterada de una realidad que le incomoda y le llevaría, de tenerla en cuenta, a comprometerse y actuar.

Cuando una amiga, con la mejor intención del mundo, le avisa de lo "explosivo" que resulta lo que está diciendo en público sobre el islam, Hirsi Ali comenta:

¿Explosivo? ¿En un país en que la prostitución y las drogas blandas están legalizadas, donde se practica la eutanasia y el aborto, donde los hombres lloran en televisión y por la playa la gente se pasea desnuda y en el canal público de televisión se ríen del Papa? ¿Donde el famoso escritor Gerard Reve es conocido por haber fantaseado con hacer el amor con un mono, un animal que empleaba como metáfora de Dios?

Conocemos las consecuencias de la obcecación de Hirsi Ali en seguir los dictados de su conciencia y del sentido común, y de su negativa a dejarse amedrentar: el asesinato de su amigo y colaborador Theo van Gogh, las amenazas, las protestas del vecindario por las molestias causadas por los escoltas, incluso la decisión judicial según la cual, efectivamente, sus escoltas violaban los derechos humanos de los vecinos… Al final, no le quedaba más salida que acogerse a la protección que le brindaban en Estados Unidos.

Del libro destacan la amenidad y la claridad con que Hirsi Ali cuenta una historia clásica de emancipación. Hay que agradecérselo doblemente, porque la aparente sencillez disimula la sutileza con que expone un juego muy complejo, en el que se reflejan y se van reforzando las dos grandes formas contemporáneas del fanatismo: el nihilismo occidental y el islamismo.

La claridad, en este caso, es algo más que una virtud estética o intelectual. La elegancia del libro y de su autora consiste en relatar una historia propiamente atroz sin caer en el resentimiento, ni siquiera en el sarcasmo. Motivos no faltaban, al contrario, pero hay en esta contención, en esta distancia, el signo de una profunda seriedad. La de quien le ha tomado la medida al enemigo y ha decidido plantarle cara con todas las consecuencias.
Un libro extraordinario.
José María Marco. (Libertad digital)

28.3.06

La mujer bajo el Islam: sumisión y maltrato físico

El libro "Yo acuso" de Ayaan Hirsi Ali, trata en gran parte de la situación de la mujer bajo en el Islam.

La ablación del clítoris, la lapidación por infidelidad o por sospecha de infidelidad, los malos tratos... La situación de la mujer musulmana se ha denunciado en varias ocasiones, pero pocas veces con la claridad con la que habla la diputada holandesa de origen somalí.

"Yo acuso", dos palabras que resuenan en la conciencia europea por la novela de Emilio Zola, es el título elegido por Ayaan Hirsi Ali para su libro, una colección de ensayos críticos con el Islam. Deplora a los radicales que, con el Corán como argumento, justifican los mayores atropellos contra los "infieles". Y contra las mujeres, sojuzgadas por una cultura brutalmente machista.

"Si dijera en Somalia las cosas que digo en el parlamento de Holanda, me matarían". Una sola frase que resume el largo camino que ha recorrido Ayaan Hirsi Ali desde que abandonó su país, cuando solo tenía seis años y su marido estaba ya decidido, hasta la Holanda. De su país natal viajó a Arabia Saudita, donde cumplió los siete años, de ahí a Etiopía y año y medio más tarde a Kenia. Allí viviría once años más.

Su belleza serena y su elegancia le permitieron trabajar como modelo, lo que le abrió las puertas a la universidad. "Vengo de un continente que está dividido por la guerra civil, y quería entender porqué". Estudió políticas "y es así como comencé a aprender sobre el poder, las instituciones, sobre la ciudadanía; sobre lo que hace de Europa Europa, y de los países en desarrollo lo que son ahora".

Ella ha denunciado en otras ocasiones que "Somalia está compuesta por una población que es musulmana al ciento por ciento. Aumentan, por desgracia, las enseñanzas radicales de un número enorme de la población, y la posición de las mujeres somalíes nunca ha sido tan mala como lo es ahora".

"No me intimidan"

Se declara ex musulmana, una herejía que en el caso del islamismo puede llevarle a la muerte. Ha documentado y denunciado literalmente miles de casos de violencia física contra las mujeres en nombre del Islam. También apelando a esa religión, le ha llovido un torrente de amenazas de muerte. Ali ha dicho en alguna ocasión que "no me intimidan las amenazas y los intentos de cerrarme la boca, porque vivir en un rico país occidental europeo como este, yo tengo la protección que no tendría en Somalia o África o en cualquier otro país islámico".

Parte de Europa ha elegido cerrar los ojos frente a la amenaza islamista, y Hirsi Ali se topó con esa ceguera voluntaria en el partido en que se inició en política, el socialdemócrata. Por ello lo abandonó, yéndose al partido liberal, desde el que ha defendido sin descanso y sin concesiones los derechos de las mujeres en países musulmanes.

La mujer musulmana

A las niñas se les practica la ablación del clítoris, una operación dolorosa y peligrosa, que cercena sin posible remedio la sexualidad de millones de mujeres musulmanas. Hirsi Ali habla en "Yo acuso" de su propio caso. Puede tener consecuencias a largo plazo para la salud, e incluso la Organización Mundial de la Salud ha mostrado su preocupación por la posible transmisión del SIDA por esa vía.

En Egipto esta práctica se extiende al 97 por ciento de la población. En su libro La cara oculta de Eva, Nawal El Saadawi documenta la medida en que se practica esta mutilación a mujeres desde el primer mes de vida hasta la pubertad. Se hace en las peores condiciones para la víctima.

Ayaan Hirsi Ali tenía seis años cuando salio de su pais. Esa misma edad tuvo cuando se casó una de las mujeres de Mahoma, un matrimonio que se consumó tres años más tarde. La familia musulmana y la occidental son muy distintas. Mientras que la tradición judeo cristiana fija el núcleo familiar en torno a un hombre y una mujer, la posibilidad de poligamia bajo el Islam cambia por completo los diferentes papeles de hombre y mujer. No son ya los dos sustento de la familia, sino que la segunda queda por y para el servicio del hombre. Él puede repudiar a cualquiera de sus mujeres, lo que les conlleva el fin de la vida civil y con ella incluso de la física. Pero ellas no tienen derecho al divorcio.

El castigo físico

"La discriminación contra la mujer árabe", dice Wajiha Al-Huweidar, "comienza en el útero". Los varones reciben la atención, el cariño, el dinero y la educación que se les niega a las niñas. Una discriminación que continúa toda la vida, porque "son débiles", son "una tentación", tienen "más trampas que Satán".

El versículo 4:34 emplaza el castigo físico de la mujer, que es una práctica común. El Instituto Pakistaní de Ciencias Médicas ha registrado que nueve de cada diez mujeres han sido golpeadas, maltratadas o vejadas sexualmente por faltas como cocinar un plato que no es del gusto del marido. Los 4:11 y 2:282 establecen que la herencia y el valor del testimonio en un juicio de las mujeres es la mitad del de los hombres.

Según el Profeta, el infierno está ocupado mayoritariamente por mujeres. En el Islam no se ha producido la separación entre religión y derecho que se ha operado en Occidente. Desde que en plena Edad Media se hablaba de la separación entre "el poder temporal" y el "espititual", se ha ido forjando una separación de Iglesia y Estado que es inconcebible en el Islam, por lo que estas enseñanzas de Mahoma tienen una relevancia práctica real.

Mientras que las violaciones de mujeres por cascos azules crea vergüenza y una dura respuesta de las sociedades occidentales, el versículo 33:50 sanciona el derecho del musulmán a violar a las mujeres capturadas en combate. Pero, precisamente por haber sido violada, una mujer puede ser condenada a la lapidación. Una muerte cruel que le espera a la que haya cometido adulterio o reciba la sospecha de su marido de que así ha sido, suficiente para condenarla.

Libertadigital.

26.3.06

Ayaan Hirsi Alí (Entrevista)


Ayaan Hirsi Alí, Diputada del Partido Liberal holandés.
«La Alianza de Civilizaciones de Zapatero es interpretada por los islamistas como un signo de debilidad»


Ayaan Hirsi Ali nació en Mogadisco en 1969. Huyó de su familia cuando la obligaron a casarse con un primo. Es diputada por el VVD, partido liberal de la derecha holandesa. Como Fortuyn, asesinado, calificó de retrógrado el Islam. Trabajó con el recién asesinado Theo van Gogh. Tuvo que exiliarse por un tiempo en EEUU por sus críticas al Islam

Tras romper con su familia, su religión y las tradiciones de su infancia en Somalia, ha tenido el coraje de alzar la voz para denunciar que el islam está anclado en un pasado oscurantista, que subyuga a la mujer y pretende conquistar un Occidente que considera sumido en la decadencia.

Es una de esas mujeres que desmienten radicalmente la asimilación de la valentía con los atributos sexuales masculinos. Su valor es inconmensurable. Gigantesco. Ayaan Hirsi Ali es una fiera defensora de la libertad, que ha elegido el camino más difícil y también el más digno.

No sólo está condenada a muerte por los mismos islamistas que asesinaron a su amigo Theo Van Gogh, director de una película «blasfema» cuyo guión llevaba su firma. No sólo vive protegida por seis guardaespaldas que la acompañan a todas partes, en una Holanda en la que tal circunstancia resulta una excentricidad sin precedentes. No sólo soporta a diario los insultos y descalificaciones de quienes la consideran demasiado radical para este mundo de lo «políticamente correcto» en que vivimos.
Ella ha tomado una opción que la ha llevado a romper con su familia y su religión.Con su pasado, su país de origen (Somalia) y todas las tradiciones de su infancia.

Desde su tribuna del Parlamento holandés, país que le proporciona asilo, como diputada del Partido Liberal; desde sus escritos, sus declaraciones a los medios de comunicación y sus conferencias por todo el mundo, Hirsi Ali dice verdades como puños.

Pregunta.- ¿Merece la pena tanto sacrificio?
Respuesta.- Sí, merece la pena porque el hecho de que yo haya puesto el dedo en la llaga de la situación de muchas mujeres musulmanas en Holanda ha forzado al Gobierno a tomar medidas para protegerlas. A estas mujeres se les ha dado por vez primera la oportunidad de sacar a la luz sus vidas y lo están haciendo, lo cual es decisivo para empezar a cambiar la situación.

P.- En Holanda y fuera de ella, a escala europea y occidental, ¿se siente acompañada y apoyada en su batalla?
R.- Tengo compañía. Cuando yo me sumé a este debate gentes como Salman Rushdie o Taslima Nasrim ya eran activistas destacados y cada vez hay más voces de hombres y mujeres musulmanes que están denunciando valientemente el oscurantismo y el atraso que quieren imponernos algunos.

P.- ¿Ha estado Europa a la altura de sus expectativas en la crisis de las caricaturas de Mahoma?
R.- El único líder que ha reaccionado como yo creo que habrían debido hacerlo todos es el primer ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, a quien yo respeto enormemente por mantenerse firme ante los imames.

Otros dirigentes me decepcionaron. Sarkozy dijo cosas interesantes, pero Chirac se mostró dispuesto a ayudar a las organizaciones musulmanas ofendidas a acudir a la Justicia.Blair se calló y Jack Straw denunció a los dibujantes.
P.- ¿Y Zapatero?
R.- ¡Zapatero, con su Alianza de Civilizaciones...! A mí me parece muy bien eso de aliarnos con otras civilizaciones, pero primero habrá que considerar de qué clase de civilizaciones estamos hablando.

¿Puede compararse la civilización occidental con la civilización islámica, que cerró las puertas de la Razón en el siglo XI? La civilización islámica está en una profunda crisis hoy en día. Muchos jóvenes musulmanes están escapando de sus propios países porque quieren alcanzar el Occidente y su civilización. 

Los países que se rigen por la sharia o ley islámica cortan las manos de los ladrones, cuelgan a la gente, subyugan a las mujeres están sumidos en la crisis económica. ¿Es ése el tipo de civilización con la que quiere aliarse el presidente del Gobierno español? Debería meditar sobre estas cuestiones antes de hablar de alianza de civilizaciones.
P.- ¿Es el islam o el islamismo susceptible de ser domesticado con políticas de apaciguamiento?
R.- El islam no puede ser contenido mediante el apaciguamiento, no. Pero hay que distinguir islam de islamismo. Cuando hablamos de musulmanes que aceptan la ley secular occidental, no hay problema.Pero si hablamos de movimientos totalitarios que politizan el islam, entonces el apaciguamiento está abocado al fracaso. Cuanto más intentas apaciguar, más piensan los islamistas que eres un débil y que han ganado.

Una de las creencias nucleares del islam político es que los occidentales en general, y los europeos en particular, son decadentes e incapaces de ofrecer una guía moral a la Humanidad. Y de acuerdo con este pensamiento, cuando tú intentas la vía del apaciguamiento, ellos se convencen de que tienen razón y van ganando.
Cuando boicotean los productos daneses, queman embajadas y la respuesta que reciben es: «De acuerdo, vamos a retocar la libertad de expresión para adaptarla a los usos y costumbres islámicos», obtienen la confirmación de que los occidentales son gente totalmente decadente.
P.- ¿Es el islam una religión de tolerancia?
R.- No. Podría serlo. Los musulmanes podrían aprender a convertir el islam en una religión de tolerancia, pero cuando se contempla el islam como un cuerpo compacto de pensamientos tal y como los presentó el profeta Mahoma, se convierte en una religión tolerante únicamente con los hombres; las mujeres están subyugadas. Con los heterosexuales; los homosexuales han de ser eliminados. Con los creyentes; los apóstatas deben ser asesinados de acuerdo con los dictados del Profeta.

P.- ¿Los musulmanes que vienen a Europa respetan nuestra cultura?
R.- Algunos lo hacen, algunos vienen a Europa precisamente en busca de derechos humanos, pero otros no respetan la ley secular porque la ha hecho el hombre y creen que es temporal. Estos desean introducir el islam en Europa y conquistarla para su religión.Está en manos de los dirigentes europeos encontrar la inteligencia, visión y determinación para distinguir entre los que eligen el laicismo y las libertades, y los que emplean un doble lenguaje, como Tarik Ramadan, o los fundamentalistas que dicen representar a la comunidad.

Si los líderes de Europa optan por este segundo grupo, me temo que se confirmará en la práctica lo que piensan los islamistas.Y en ese contexto la Alianza de Civilizaciones que propone Zapatero, aunque sea bienintencionada, no es interpretada como un gesto de buena voluntad, sino de debilidad del enemigo y en consecuencia de victoria.
P.- ¿Existe una estrategia definida del islamismo para llevar a cabo esa conquista de Europa que, a su juicio, pretende?
R.- Desde luego. Esa estrategia pasa, en primer lugar, por el terrorismo; esto es, crear tal terror en los ciudadanos que nadie se atreva a criticar el islam. Y como ésta es una batalla ideológica, limitan las posibilidades de los no musulmanes de dar la batalla en el terreno de las ideas y la discusión pública.

Luego está el dinero. Hay mucha financiación de esa ideología que viene de Arabia Saudí o Irán, y tenemos que seguir el rastro al dinero. A eso se añade la corrupción de las instituciones occidentales, como la Educación, por el procedimiento de instalar escuelas coránicas o madrasas entre nosotros, y de la Justicia y los partidos políticos, infiltrándose en ellos.
Y por supuesto está la demografía. La concentración de tanta gente como puedan en los países europeos, donde ya han conseguido que en algunas ciudades francesas los supermercados no vendan alcohol o carne de cerdo.

P.- ¿Podemos esperar nuevos ataques terroristas tan devastadores como el del 11-M en Madrid?
R.- Eso dependerá de la capacidad de los servicios de Inteligencia europeos para desmantelar las tramas terroristas islámicas. Porque esas tramas existen y preparan atentados. De eso estoy segura.

P.- ¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie para impedirlo?
R.- Ocupar la arena ideológica. Ahora mismo hay 1.200 millones de seres humanos en todo el mundo que son vistos por los islamistas como un bloque monolítico. Sus corazones y sus mentes son considerados una propiedad de los islamistas.
Nosotros, quienes creemos en la libertad y el poder de las ideas, no estamos intentando siquiera influir en los corazones y las mentes de esas personas, diciéndoles que lo que el profeta Mahoma dijo en el siglo VII no es correcto ni es bueno, aunque les hayan enseñado lo contrario.

Fuimos capaces de decir a los comunistas que las enseñanzas de Marx eran perversas y que el paraíso que prometió era realmente el infierno una vez puesto en práctica. Lo que debemos hacer ahora los ciudadanos, no los gobiernos, es convencer al mayor número posible de musulmanes de que el paraíso de Mahoma no existe ni se hará nunca realidad.
Ayaan Hirsi Alí, también es autora del libro "Yo Acuso"
El Mundo17.03.06

.

25.3.06

El Islam retorna con fuerza a Andalucía.


El Islam retorna con fuerza a Andalucía donde hay ya mas de 100 mezquitas.

El incremento de la población inmigrante de religión musulmana unido a las comunidades de conversos de origen español ha propiciado que de nuevo se construyan mezquitas y que los viernes estén retornando a ser días de oración.

Comunidades en Sevilla

En el caso de Sevilla, actualmente hay 10 comunidades islámicas en activo: la de Al-Hidaya, que es la que aglutina a mayor número de fieles (los viernes se reúnen hasta 500); la Yamaa islámica de Sevilla con unos 100 miembros; la comunidad islámica española Salah Al-Din Ael Ayubbi, que se reúne en un local de la localidad de Alcalá de Guadaíra; la Comunidad Islámica de España, a la que el Ayuntamiento ha cedido suelo en los Bermejales para levantar una mezquita moderna, y cuatro asociaciones más a las que no se les conocen sedes o templos.
En total, en Andalucía hay cerca de un centenar de mezquitas. No todas están registradas ni es fácil cuantificarlas.

La población musulmana en Andalucía se calcula que ronda al menos el cuarto de millón de personas.

Jaén

La capital jiennense contará pronto con una Centro Cultural Islámico que se quiere convertir en el centro de referencia de la población musulmana de la provincia, en su mayoría integrada por marroquíes y paquistaníes.
Hasta que los trámites finalicen, los musulmanes acuden a una mezquita instalada en un piso de la calle Jorge Morales, también existe una mezquita, que podíamos llamar de «paso» ubicada en el área de descanso de la A-4, conocida como la «Jaima Park». Cuentan también con mezquitas las ciudades de Úbeda, Martos y Villanueva del Arzobispo, que junto a las de Linares y Jaén suman un total de seis.

Córdoba

Entre la capital, Almodóvar y Pedro Abad.

La población de confesión islámica suma unas 1.200 personas en la capital cordobesa, y tiene su principal núcleo de encuentro en la Mezquita de Colón. Al templo, gestionado por la Asociación de Musulmanes de Córdoba, acuden a la horación del viernes unos cien fieles.
Ya en la provincia cordobesa, en Almodóvar del Río, a unos 20 kilómetros de la capital, se encuentra la sede nacional de la Junta Islámica, presidida por Mansur Escudero. Además, la Junta Islámica gestiona el Instituto Halal, dedicado a la certificación de productos alimenticios aptos para el consumo de los musulmanes.

El otro foco musulmán en la provincia de Córdoba se halla en la localidad de Pedro Abad, donde está enclavada desde principios de los años ochenta, y al borde de la autovía a Madrid, la mezquita de la Comunidad Ahmadía del Islam, una de las más lujosas.

De todas formas esta comunidad no es aceptada como musulmana por el resto ya que reconocen a un profeta posterior a Mahoma que no es aceptado en la ortodixia musulmana.

Sevilla

Suelo cedido por el Ayuntamiento (1)

Por lo que respecta a la capital andaluza, hay diez comunidades islámicas en activo:
La comunidad islámica Al-Hidaya, que es la que aglutina a mayor número de fieles (los viernes se reúnen hasta 500)
La Yama´a islámica de Sevilla con unos cien miembros
La comunidad islámica española Salah Al-Din Ael Ayubbi, que se reúne en un local en Alcalá de Guadaira
La Comunidad Islámica de España, que es a la que el Ayuntamiento ha cedido suelo en los Bermejales para la construcción de una mezquita, y cuatro asociaciones más.

Cádiz

Comunidades desde el año 1994

Existen cuatro comunidades islámicas:
La comunidad islámica Mezquita An-nur de Jerez (desde 1994), La comunidad islámica de La Línea Mezquita de Badr (desde 1999)
La de Algeciras (desde 2000) y la de Estudios e Investigaciones árabe-islámicas de Puerto Real, desde mayo pasado.

Huelva

Pequeños locales alquilados

Pese a que es una de las provincias que más musulmanes acoge, son sólo seis los recintos sagrados del islam en Huelva.
La propia capital, Lepe, Moguer, Cartaya, Palos de la Frontera e Isla Cristina.
En todos los casos son pequeños locales alquilados.

En Huelva capital hay una comunidad amplia de conversos musulmanes que están tratando de recaudar fondos para construir un gran centro social y cultural que albergue una nueva mezquita, así como guardería, biblioteca y zonas de esparcimiento.

Almería

Las más numerosas, las de El Ejido

Es quizás la provincia que más musulmanes y mezquitas reúne en la actualidad sobre todo debido a la numerosa población magrebí.

Así, existen en Almería once mezquitas que funcionan en locales habilitados para celebrar culto y reuniones, pertenecientes a otras tantas comunidades musulmanas.
Estas mezquitas provisionales atienden a unas 100.000 personas, entre inmigrantes legales e ilegales, según detalla el imán, Abdallah Mhanna, Se trata de las mezquitas y comunidades AlIjlas, en El Ejido;
Annour, en Las Norias;
Assunna, en La Mojonera;
Omar, en San Nicolás;
Atouba, en Vícar;
Alijá, en Roquetas de Mar;
Al Muhseneen, en Almería;
Al Ihasn, en El Puche;
Campohermoso, en Níjar;
Venta de El Viso;
Santa María, en El Ejido.

Las comunidades más numerosas son las de El Ejido, Campohermoso y Roquetas de Mar, que es donde se concentran más musulmanes.

(1)
LA CESIÓN DE SUELOS PODRÍA SER DECLARADA ILEGAL

Demanda contra la mezquita de los Bermejales.

El 21 de febrero se presentó ante el Juzgado número 4 de lo contencioso administrativo la demanda de la Asociación de Vecinos Bermejales 2000 solicitando que se anule el acuerdo de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de marzo de 2005 que adjudicó terrenos del barrio a la Comunidad Islámica para construir una mezquita.

La parcela S-2 del Plan Parcial SUP-GU 4 Bermejales Sur es un sistema local calificado como dotacional SIP público y «como tal se desarrollará ese uso en el ámbito de barrio que le corresponde». Por ello la construcción de un centro de culto para musulmanes de ámbito metropolitano como el que se propone no es viable según el Planeamiento Urbanístico analizado y debería ubicarse en terrenos destinados a sistema general». Además, se especifica que ningún terreno de sistema general está ubicado en Los Bermejales.

El acuerdo de cesión de los terrenos vulnera el artículo 92 del Reglamento de Bienes de las Entidades Locales que establecen el pago de un canon del 6 por ciento del valor en venta de los bienes.
En el informe del jefe de la gestión del Patrimonio Municipal del Suelo se propone el canon anual a pagar por la Comunidad Islámica en España que asciende al 6 por ciento de 525.416,46 euros, o sea 31.524,99 euros.

Ni en el pliego de condiciones ni en la escritura de constitución del derecho de superficie figura la obligación del pago del canon anual que se ha sustituido por algo completamente diferente como es la garantía por una sola vez para el cumplimiento de las obligaciones.
Además con ello se vulnera también el artículo 26 de la Ley Andaluza 7/1999 de Bienes de las Entidades Locales que sólo permiten la cesión gratuita de bienes a otras Administraciones Públicas o a entidades de carácter privado declaradas de interés público.

También se vulnera el artículo 18 de la citada ley de 1999 que dice que la competencia para establecer gravámenes sobre bienes locales es del Pleno de la Corporación con el voto favorable de la mayoría absoluta del número legal de miembros de la Corporación.

En el caso de los suelos de la mezquita, se cede gratuitamente un derecho de superficie sobre un bien municipal por 75 años pero el acuerdo no lo tomó el Pleno sino la Junta de Gobierno.
En la demanda se recogen todas las informaciones publicadas en la Prensa sevillana sobre la mezquita y la Comunidad Islámica.

La misma noticia publicada en el Diario Sur:

El culto islámico se expande por Andalucía

Los musulmanes cuentan con un centenar de mezquitas y comunidades repartidas por la geografía andaluza.
EL islam retorna con fuerza a Andalucía. El incremento de la población inmigrante de religión musulmana unido a las comunidades de conversos de origen español que siempre han existido en esta tierra de raíces moriscas ha propiciado que de nuevo se construyan mezquitas y que los viernes estén volviendo a ser días de oración. En Andalucía hay cerca de un centenar de mezquitas, unas más grandes y lujosas, sobre todo las de Málaga y Granada, y otras que son pequeños oratorios donde grupos de musulmanes se reúnen para rezar.

No todas están registradas ni es fácil cuantificarlas, ya que para los musulmanes, «una mezquita en definitiva no es otra cosa más que el lugar en el que un grupo de fieles se reúne a rezar». No obstante, la población musulmana en Andalucía se calcula que ronda al menos el cuarto de millón de personas. Almería es quizás la provincia que más musulmanes y templos tiene en la actualidad, sobre todo debido a la numerosa población magrebí afincada.

Así, la provincia almeriense cuenta con 11 mezquitas que funcionan en locales habilitados para celebrar culto y reuniones, pertenecientes a otras tantas comunidades musulmanas.

Las más numerosas

Estas mezquitas provisionales atienden a unas 100.000 personas, entre inmigrantes legales y 'sin papeles', según el imán Abdallah Mhanna. Las comunidades más numerosas son las de El Ejido, Campohermoso y Roquetas de Mar, que es donde se concentra una mayor población musulmana. Se da la circunstancia de que el Ayuntamiento de Roquetas de Mar ha ofrecido a la comunidad musulmana de su municipio, igual que a las demás confesiones religiosas de la localidad, terrenos en la zona de las antiguas Salinas para que pueda edificar su centro de oración.

En Córdoba, la población de confesión islámica suma unas 1.200 personas en la capital, y tiene su principal núcleo de encuentro en la Mezquita de Colón. Al templo, gestionado por la Asociación de Musulmanes de Córdoba, acuden a la oración del viernes unos cien fieles. Ya en la provincia cordobesa, en Almodóvar del Río, se encuentra la sede nacional de la Junta Islámica.

De corte moderado, esta institución se ha desmarcado de la Feeri, una de las federaciones en las que se agrupan las comunidades islámicas, al entender que la nueva directiva defiende tesis extremistas. Además, la Junta Islámica gestiona el Instituto Halal, dedicado a la certificación de productos alimenticios aptos para el consumo de los musulmanes.

El otro foco islámico en Córdoba se halla en la localidad de Pedro Abad, donde está enclavada desde principios de los años 80 y, al borde de la autovía a Madrid, la mezquita de la Comunidad Ahmadía del Islam, una de las más lujosas.

Por lo que respecta a Jaén, que tiene seis templos, la capital contará pronto con un Centro Cultural Islámico que se quiere convertir en el núcleo de referencia de la población musulmana de la provincia, en su mayoría integrada por marroquíes y paquistaníes. Hasta que eso sea realidad, los musulmanes acuden a una mezquita instalada en un piso. También existe una mezquita, que podía denominarse «de paso» ubicada en el área de descanso de la A-4, entre los términos municipales de Guarromán y Bailén, conocida popularmente como la «Jaima Park».

Por lo que respecta a Cádiz, se cuentan cuatro comunidades islámicas: la Mezquita An-nur de Jerez (desde 1994), la de La Línea, Mezquita de Badr (desde 1999), la de Algeciras (desde 2000) y la de Estudios e Investigaciones árabe-islámicas de Puerto Real, desde mayo.

En Huelva, pese a que es una de las provincias que más musulmanes acoge, la mayoría marroquíes que trabajan en labores agrícolas y comerciales, sólo hay seis mezquitas y no están bien dotadas: Lepe, Moguer, Cartaya, Palos de la Frontera e Isla Cristina. En todos los casos son pequeños locales alquilados. Por ejemplo, en Lepe utilizan lo que fue una antigua guardería infantil. De media, tienen una capacidad para unas 50 personas y, exceptuando el mes del Ramadán, sólo los viernes hay oración colectiva.

Comunidades en Sevilla

En el caso de Sevilla, actualmente hay 10 comunidades islámicas en activo: la de Al-Hidaya, que es la que aglutina a mayor número de fieles (los viernes se reúnen hasta 500); la Yamaa islámica de Sevilla con unos 100 miembros; la comunidad islámica española Salah Al-Din Ael Ayubbi, que se reúne en un local de la localidad de Alcalá de Guadaíra; la Comunidad Islámica de España, a la que el Ayuntamiento ha cedido suelo en los Bermejales para levantar una mezquita moderna, y cuatro asociaciones más a las que no se les conocen sedes o templos.


Más información sobre las Mezquitas.



22.3.06

El vivero marroquí

Marruecos, antaño remanso de paz frente a la agitación islamista de sus vecinos, es actualmente vivero de combatientes para los conflictos en países musulmanes y para la guerra que grupos que se han subido al carro del extremismo de Al Qaeda están librando contra Occidente en nombre del islam.

Si el mundo relacionó por primera vez terrorismo con Marruecos el 16 de mayo del 2003, por los atentados de Casablanca, la sorpresa fue mayúscula al comprobar que la mayoría de los miembros de la célula que llevó a cabo el 11-M eran marroquíes. Su militancia, sin embargo, venía de lejos. Aunque en menor número que sus vecinos argelinos, los marroquíes habían estado presentes en los conflictos de Afganistán, Bosnia, Chechenia e Iraq.

"Al Qaeda no funciona en Marruecos como una organización propiamente dicha. Se enrolan personas a título individual porque hay un ambiente que lo favorece, pero no es un grupo organizado", asegura el investigador en Ciencia Política de la Universidad Hassan II de Casablanca Abdallah Rami.
Los sermones o las conversaciones que se traban en torno a las mezquitas, los libros, la información que circula por internet, la cadena de televisión Al Jezira..., todo ese entramado inflama los espíritus de jóvenes que viven en una sociedad que no cubre sus expectativas, ni materiales ni espirituales. Con un rey que gobierna y es comendador de los creyentes por descender de Mahoma, se daba por supuesto que Marruecos no corría el peligro de caer en el islamismo violento.

"Si los marroquíes han podido combatir en otros países, es porque pasaban inadvertidos, porque se les suponía ajenos al extremismo", afirma un sociólogo marroquí. Además, desde que hace siglos llegó el islam suní al actual territorio marroquí -durante un tiempo estuvo dominado por los fatimíes chiíes- las cofradías sufíes dieron lugar a una práctica que integraba misticismo y creencias populares preislámicas.

Todo muy tradicional y moderado. Pero una visita a pueblos y ciudades descubre que hay más de un Marruecos. El rico, occidentalizado en la forma de vivir y afrancesado en la lengua; el pobre, tradicional y que sólo habla bereber o árabe dialectal marroquí y entiende el dialectal egipcio gracias a los culebrones de la televisión, y el de una pequeña clase media que vive casi como los pobres pero con una formación parecida a la de los ricos.

El islamismo, del moderado al radical, traspasa las clases medias y bajas.Mientras se ensalzaba el islam moderado marroquí, Mohamed Fizazi, entre otros, predicaba desde el almimbar de las mezquitas de Tánger y en sus 17 libros -el más importante, ¿Por qué no participamos en las elecciones democráticas?- una ideología que fomentaba el combate en tierras del islam como Palestina, Afganistán, Chechenia e Iraq.
Fizazi cumple una condena a 30 años de prisión, acusado de ser un "teórico" de los atentados de Casablanca como líder de la organización Salafiya Yihadiya.

Su hijo Abdelillah purga una pena de dos años. "La Salafiya Yihadiya ha sido un invento de los servicios secretos. Nadie había oído hablar de Salafiya Yihadiya. Mi padre nunca llamó a la yihad en Marruecos. No tiene nada que ver con el 16-M de Casablanca. Sólo llamó a la lucha en Palestina, Afganistán o Iraq, en tierras de islam", afirma su hijo Abdelhalim.

"Fizazi - dice un experto en islamismo- no es el jefe de una organización; no tiene potestad para enviar a nadie a ningún sitio". La condena de Fizazi, según su hijo, obedece a una situación internacional en la que Marruecos se ha alineado, una vez más, con EE.UU. "EE.UU. dijo que había islamistas en Marruecos y Marruecos le ofreció el encarcelamiento de mi padre", añade. Mohamed Fizazi fue maestro durante 31 años, además de ejercer de imán en tres mezquitas de Tánger, salvo en los diez años que tuvo prohibido predicar, entre 1982 y 1992, periodo en que el islamismo estaba en pleno apogeo.

En Marruecos, los imanes son funcionarios y reciben directrices sobre el tema que deben tratar en el sermón de cada viernes. Eso cuando no reciben el sermón escrito directamente. Algunas mezquitas, no obstante, escapan al control de las autoridades.

El combate en tierra de islam, explica Abdelhalim Fizazi, no es que lo predicara su padre, es que está justificado por una aleya coránica: "Se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste. Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Dios sabe, mientras que vosotros no sabéis".
Para Abdelhalim, el Corán es "el libro de instrucciones" del musulmán y condena en nombre de su padre los atentados de Madrid y Londres. Critica además el fanatismo de Abu Musab Al Zarqaui, supuesto líder de Al Qaeda en Iraq, y de Yusuf Fikri, miembro del grupo Al Takfir Ual Hichra (Anatema y Exilio), y que Bin Laden malinterprete la yihad al hacer la guerra contra inocentes como en Madrid y Londres.

De hecho, Mohamed Fizazi fue anatemizado por Fikri, condenado a muerte por asesinatos. Abdelhalim recuerda una conversación sobre cuestiones teológicas de su padre con el arzobispo de Tánger en la que comentó al prelado que había encontrado muchas personas cultas occidentales que se habían convertido al islam, pero ningún caso a la inversa.
La corriente de pensamiento salafista, que preconiza el retorno a las fuentes originarias del islam -el Corán y la sunna o tradición-, no es nueva en Marruecos. Es una visión de mayor rigidez en las normas con la que jugaron, según sus intereses, varios sultanes desde finales del siglo XVIII. La clave es cómo se pasa del campo de las ideas a la lucha armada.

Cómo hay montones de jóvenes dispuestos no sólo a luchar -no hay que olvidar que en la guerra civil española combatieron las Brigadas Internacionales- sino a ser kamikazes en un país hermano en el islam. "Para los árabes musulmanes lo de Palestina o los ataques contra la coalición internacional en Iraq no es terrorismo. Es la defensa ante una ocupación", comenta un periodista marroquí.

Después de una crisis que ya dura siglos en el mundo árabe y que el escritor libanés Amin Maalouf recordaba en Las cruzadas vistas por los árabes,la colonización y la instauración de regímenes dictatoriales consentidos por las potencias occidentales, el mundo globalizado ha venido a poner los medios para que el islam vuelva a ser la religión victoriosa que fue.
Hay una absoluta convicción entre los musulmanes de la superioridad del islam sobre las demás religiones. "El islam -dice Abdelhalim Fizazi- es mejor."

La Vanguardia,
Isabel Ramos Rioja.

19.3.06

La inmigración musulmana en España


Minuto Digital entrevista a Manuel Leal, coordinador de Iniciativa Habitable, sobre las causas de los conflictos vecinales que ha desatado la riada de inmigración musulmana, en no pocas poblaciones españolas.

La riada de inmigración musulmana ha desatado el conflicto en no pocas poblaciones. En Holanda tras el brutal asesinato del cineasta Theo van Gogh a manos de los islamistas, el país sufre un proceso de confrontación violenta entre autóctonos y musulmanes. En España hemos conocido manifestaciones de vecinos contra la construcción de mezquitas o la inseguridad ciudadana, que evidenciaban las dificultades de convivencia ¿Se trata de rechazo a lo desconocido o por el contrario existen razones que justifiquen la actitud de los vecinos? Iniciativa Habitable es una agrupación de la Comunidad de Madrid que se define empeñada en 'devolver la voz y el protagonismo a los vecinos en la actividad pública, llamando a las cosas por su nombre'. Se ha significado en la denuncia de conflictos, como la el aumento de la delincuencia, la vivienda o los problemas de convivencia derribados de la inmigración, entre ellos con la comunidad islámica.


-Los grandes núcleos de presencia musulmana son en ocasiones fuente de conflictos con los vecinos. Las asociaciones se han enfrentado en ocasiones con estos colectivos ¿A qué cree que es debido?

-Existen dos fuentes de problemas fundamentales. El primero es el modelo social del Islam. Para los creyentes el Corán es una trascripción de las palabras exactas reveladas por Dios. No es un libro para meditar, sino para recitar. Dicta fórmulas de conducta muy concretas en lo económico, lo político y lo legislativo, que traspasan los límites de lo religioso y se instalan de lleno en el ámbito civil. Es en este terreno donde entra en conflicto con los derechos de los vecinos.

Donde la práctica islámica encuentra su aplicación, dos grupos son sistemáticamente hostigados; las mujeres y los no-musulmanes. Este comportamiento cobra mayor o menor desarrollo en función del vigor de la comunidad musulmana de referencia. Más tibio en un principio y tremendamente exigente cuando la comunidad cobra fuerza.

El segundo problema añadido es el de la seguridad ciudadana, debido a la alta delictividad común y conflictividad de algunos de los individuos que habitualmente forman estos colectivos.

-Señala usted un 'problema añadido de delincuencia común'. ¿No es peligroso criminalizar determinados colectivos?

-No es un problema de discriminación, son datos objetivos. Si nos fijamos en los colectivos de origen musulmán mayoritarios en España encontramos cifras significativas.
La Asociación Independiente de la Guardia Civil ha declarado que el 30% de los delincuentes extranjeros detenidos son marroquíes.
El Instituto Nacional de Estadística ha determinado que uno de cada tres inmigrantes argelinos en España ha sido detenido.
La Policía Nacional nos aporta otro triste récord, en el primer semestre del año los 13 argelinos deportados desde la comunidad de Madrid acumulaban nada menos que 150 causas pendientes ¿Más argumentos? Casi la mitad de los presos extranjeros en cárceles españolas son árabes, en algunos centros penitenciarios llegan a ser el 71%.

La política del avestruz enquista los problemas de convivencia y termina provocando estallidos sociales, no los resuelve. El estado de derecho cuenta con los mecanismos de diálogo y corrección suficientes, otra cosa muy distinta es la voluntad política de emplearlos.

-El gobierno pretende normalizar la presencia del Islam, facilitando su implantación en la sociedad española. ¿Qué le parece la propuesta de financiación?

-Lo que realmente pretende el ejecutivo es comprar el voto inmigrante a cambio de poner en peligro la estabilidad social. En el caso de los votos musulmanes esta política es especialmente peligrosa.

El apoyo al expansionismo islámico en España es más ambicioso de lo que la gente cree. Entre otras áreas abarca la subvención de profesores de religión, la creación de espacios propios en los medios de comunicación públicos, la asistencia religiosa en hospitales, centros penitenciarios y cuerpos de seguridad del estado.

Además de esto las comunidades islámicas solicitaron en su día una dotación anual directa, para empezar, nunca inferior a los 30 millones de euros. Eso sí, como la mayoría de la población musulmana de nuestro país no hace la declaración de la renta, rechazaron el sistema de financiación voluntaria partir del IRPF similar al de la iglesia católica, así que la financiación llegará con cargo a los Presupuestos Generales del Estado

Dicho de otra forma, las partes reconocen que los musulmanes aportan muy poco o nada, al menos vía impositiva al conjunto de la comunidad española, pero financiarán su expansión metiendo la mano directamente en el bolsillo de cada uno de nosotros, queramos o no todos pagaremos los nuevos votos del PSOE.

-Otro objeto de debate es la enseñanza del Islam en los colegios ¿Cree que será conflictiva?

-Personalmente no encuentro ninguna garantía de que esta enseñanza se imparta desde el respeto constitucional, a la mujer o a nuestras costumbres o nuestra organización social. Recordemos el caso del imán de Fuengirola que publicó un libro recomendando los castigos corporales a la mujer, que por otra parte recoge el Corán. Pues bien, ese señor seleccionaba profesores y profesoras, separados por sexos, de las clases de musulmán en los colegios de Málaga.

¿Cuál será su interpretación o la de sus profesores de la sociedad europea, vista desde el prisma de una cultura que sataniza el sexo o discrimina a la mujer, hasta lapidar a las adúlteras?

-Sin embargo, ¿No parece lógico el integrismo religioso vaya disminuyendo el las nuevas generaciones residentes en Europa?

-Todos los estudios recientes apuntan lo contrario. En España podemos recurrir por ejemplo al estudio editado por la Fundación La Caixa, sobre “La inmigración musulmana en Europa'. Tras analizar los procesos migratorios de los musulmanes que se iniciaron hace más de 50 años, concluyen que segundas generaciones de inmigrantes se han radicalizado en las posturas islamitas como seña de identidad, cayendo en un desarraigo más fuerte, si cabe. Recientemente Le Monde publicaba un informe del Ministerio del Interior francés que constataba el mismo hecho.

-Ha citado al Imán de Fuengirola, sin duda un caso polémico. Sin embargo desde las instituciones se advierte de que estos son casos aislados ¿Por qué hemos de esperar otra cosa?

-Llama la atención la desvergüenza con la que el discurso oficial se distancia de la realidad. Pongamos como ejemplo la UNED. Este verano financió unos cursos de aproximación al Islam. En ellos se entregaron como material docente documentos editados por la asociación IFTA, dependiente de la Embajada de Arabia Saudí en Washington, así como material editado directamente por la citada embajada. En ellos aseguraba textualmente despropósitos tales como que 'el concepto islámico de la libertad de expresión es superior al occidental', o 'para las mujeres el Islam es una bendición, y no hay mayor benefactor de las mujeres que el profeta', o 'que bajo la protección del Islam los lugares de culto no musulmanes han florecido por todo el mundo'.

Ahora contrastemos esas citas con la realidad en Arabia Saudí. La ACI, Agencia Católica de Informaciones pertenece a la Federación Internacional de Agencias Católicas (FIAC) denuncia que las confesiones no islámicas, no pueden reunirse para rezar ni siquiera en casas privadas, está prohibido poseer la Biblia u otros libros religiosos y el proselitismo está castigado. El incumplimiento de estas normas lleva directamente al arresto por parte de los mutawa o policía religiosa de la moralidad, incluso cuentan que la Cruz Roja en operaciones de socorro se le impuso en ocasiones borrar el símbolo. Según esta agencia no hay iglesias en toda Arabia Saudí y no está permitido construirlas. Cuando comenzó el mes de ayuno este año, las autoridades saudíes advirtieron a todos los no-musulmánes y a las embajadas de que cualquier extranjero que incumpliera públicamente los preceptos del Ramadam, sería inmediatamente expulsado del país. Pues bien, estos que dictan las leyes en Arabia, editan los textos que se reparten en España con el beneplácito de la UNED.

Volvemos a lo mismo, es solo cuestión de equilibrio de fuerzas. Donde se permite la descompensación de este equilibrio a favor del Islam, se multiplican los casos de intolerancia e imposición.

-Con estos precedentes ¿cómo piensa que podría discurrir la situación durante los próximos los próximos años en España?

-Podemos adivinar lo que nos espera echando un vistazo a otros países europeos, que como Francia, nos llevan años de adelanto en el proceso.

Volvamos al informe del Gobierno Francés. Han constatado como las comunidades emigrantes en Francia y muy en especial la islámica, han constituido en buena parte territorios sustraídos al imperio de la legalidad. Son enclaves musulmanes normalmente ubicados en la periferia urbana, donde la policía reconoce su incapacidad de actuar y no existe más control real que el de las autoridades islámicas. Donde impera la sharía y la igualdad de las mujeres se ha extinguido.

El panorama descrito en este informe es desolador; violencia urbana, dificultad para mantener una presencia francesa de origen que se repliega frente al superdesarrollo de las familias extracomunitarias, presencia de comercios étnicos, de un tejido asociativo propio, endogámico y excluyente, multiplicación de los lugares de culto y escuelas coránicas donde no se habla francés y fuerte presión social para imponer el uso de costumbres o prendas religiosas.

En Holanda tras el brutal asesinato del cineasta Theo van Gogh, se ha desatado la quema de templos, las amenazas o las conspiraciones integristas para dar muerte a políticos.

En toda Europa los predicadores islamitas son cada vez más influyentes entre la juventud. Segundas y terceras generaciones, lejos de integrarse que se radicalizan y sé automarginan. En este caldo de cultivo calan con facilidad el mensaje antisemita y antioccidental. Muchos pensarán que parece mala ficción y pero en Holanda o Francia son los respectivos Gobiernos quienes lo asumen como presente. En España quizás futuro.

18.3.06

Europa entre la la intolerancia y la ingenuidad


La confusión generada en torno al Islam y a la aparición de grupos terroristas que matan en su nombre exige, ciertamente, un análisis serio y profundo.

Ante la sorpresa de los Europeos los atentados que sucedían en otras partes del mundo, sobre todo en Oriente Medio, golpearon a Europa, nadie se lo esperaba, y el Islam no pasaba de ser, para la mayor parte de los occidentales, una peculiaridad religiosa muy localizada.
Pero aquellos que han trabajado y vivido en países de mayoría islámica saben bien de las dificultades por las que debe atravesar allí cualquier extranjero, y más si pretende ejercitar su propio culto religioso.
La mayoría de los problemas de convivencia entre cristianos y musulmanes, en estos países, vienen originados por la adopción de la sharia –la ley islámica– como ley civil que regula todos los ámbitos de la vida. Sharia significa camino, y designa el recorrido que debe seguir todo musulmán para hacer la voluntad de Alá.

Tiene su base en el Corán y en los dichos y hechos de Mahoma, así como en las decisiones adoptadas por consenso dentro de cada comunidad creyente, y regula hasta las más mínimas cuestiones de la vida cotidiana, no sólo religiosa, sino también civil, debido a la pretensión del Islam de identificar la religión con la organización social y política del Estado.

Muchas de sus prescripciones se oponen a derechos humanos fundamentales, como el castigo de cortar las manos a los ladrones, la lapidación de las mujeres sorprendidas en adulterio, y la condena a muerte de todos aquellos musulmanes que abandonan el Islam por otra religión.
La sharia se opone frontalmente al derecho a la libertad religiosa, pues recoge del Corán la superioridad del Islam sobre el judaísmo y el cristianismo; incluso algunas suras, o versículos, del libro sagrado de los musulmanes alientan a los fieles a combatir con violencia, y hasta matar, a todo aquel que no sea musulmán.

Sin embargo, a pesar de contradecir los derechos fundamentales de la persona, multitud de países han adoptado la sharia como ley reguladora de todos los ámbitos de la vida civil, religiosa y social. En cualquier caso, no existe una sharia concebida como una lista clara y concreta de leyes a aplicar, porque depende de la escuela de interpretación que se siga. Actualmente, hay cuatro escuelas principales: shâfi’îtas, hanbalitas, hanafitas y malikitas; los distintos países han elaborado leyes, más o menos estrictas, de acuerdo con la escuela jurídica adoptada.

Un dicho afirma que cada verso del Corán tiene siete significados, comenzando por el sentido literal, y así hasta el séptimo y más profundo significado, que sólo Alá conoce. El problema surge cuando se asiste a una diversidad de interpretaciones que muchas veces son contradictorias en sí mismas, y que dependen de la intención previa que posea el lector de los versículos del Corán.

Uno de estos términos que sugieren en los musulmanes significados distintos –y hasta contradictorios– es el de jihad, la guerra santa. El jesuita padre Giuseppe De Rosa explica cómo, «según el Derecho musulmán, el mundo está dividido en tres partes: dâr al-islam (casa del islam: los países en los que está vigente la ley coránica); dâr al-´ahd (casa del pacto: los países con los que se ha estipulado un acuerdo); y dâr al-harb (casa de la guerra: los países de infieles, contra los que los musulmanes, por lo menos en teoría, se hallan en estado de guerra, una guerra que continuará mientras no esté todo el mundo sometido al Islam).

En cuanto a los países pertenecientes a la casa de la guerra, la ley canónica islámica no reconoce otra relación con ellos que la propia de la jihad, que significa esfuerzo en el camino de Alá, y que tiene dos significados igualmente esenciales y que no deben ser disociados. En el primer significado, jihad hace referencia al esfuerzo que el musulmán tiene que realizar para ser fiel a los preceptos del Corán, y así mejorar su propia sumisión (islam) a Alá. En el segundo, indica el esfuerzo que el musulmán tiene que realizar para combatir por el camino de Alá, es decir, para luchar contra los infieles y difundir el Islam por todo el mundo. La jihad es un precepto de la máxima importancia, tanto que a veces es enumerado entre los preceptos fundamentales como sexto pilar del Islam. La obediencia al precepto de la guerra santa explica el hecho de que la historia del Islam sea una historia de guerras sin fin por la conquista de los territorios de los infieles».

Otro de los conceptos clave para entender la autocomprensión de los musulmanes dentro del mundo es el de umma, o comunidad islámica. Escribe el padre De Rosa: «La ley islámica no conoce los conceptos de nación y de ciudadanía, sino solamente la umma, la única comunidad islámica, por la que el musulmán puede vivir en cualquier país islámico como en su patria: está sujeto a las mismas leyes, encuentra las mismas costumbres y goza de la misma consideración.

La noción moderna de ciudadanía, a pesar de los considerables esfuerzos de intelectuales de toda orientación, entra muy lentamente y con mucho trabajo en la mayor parte de los países árabe-musulmanes. Se tiene la impresión de que, en la orientación de fondo de muchos Estados musulmanes (si no en la ley), las categorías de comunidad dominante y de las demás comunidades, más o menos dominadas, están siempre presentes».

Todo ello favorece la aparición en Occidente de tensiones y curiosas situaciones –aprovechando bien la confusión reinante en Occidente, que, en aras de una pretendida tolerancia, es capaz de renunciar a sus propios derechos y tradiciones–, como la eliminación del crucifijo de las escuelas y la censura del cuento Los tres cerditos –este caso se dio en una escuela británica–, para no ofender la sensibilidad de los alumnos musulmanes, que no pueden comer carne de cerdo.


Todo ello es aprovechado por las organizaciones islámicas para exigir toda una serie de reclamaciones a los Gobiernos europeos: construcción de mezquitas, mataderos propios para la matanza de animales según el Corán, menú islámico en los comedores escolares y de empresa, enseñanza de la religión musulmana en las escuelas, reconocimiento de las principales festividades del calendario musulmán, posibilidad de ausentarse del trabajo para participar en la oración ritual del viernes…

Tras los acontecimientos del 11-S y del 11-M, Europa, sumida en un devastador proceso secularizador, no deja de preguntarse por qué en nombre de Dios algunos están determinados a matar, y a matarse a sí mismos, y si hay alguna religión a salvo de este tipo de fundamentalismo. De vez en cuando, portavoces de asociaciones de musulmanes aparecen en los medios afirmando que Islam significa paz, y que los que cometen estos atentados no son verdaderos creyentes.

Quizá la respuesta deba surgir de entre las propias filas de las comunidades musulmanas, necesitadas de una voz carismática que llame a la paz en nombre de Dios, en contraste con otras tantas que promueven precisamente lo contrario, y que cobran tintes heroicos a los ojos del resto del pueblo musulmán.

En un reciente artículo titulado Entender a los terroristas suicidas, Lee Kuan Yew, ministro de Singapur, ha afirmado: «Los Gobiernos pueden mejorar sus servicios de inteligencia, destruir redes terroristas o incluso ampliar potenciales objetivos; pero sólo los musulmanes con un enfoque más moderado y moderno de la vida pueden luchar con los fundamentalistas para controlar el alma musulmana».

También es hora de que Occidente se pregunte acerca de cuál ha sido y cuál debe ser a partir de ahora su relación con el resto del mundo.
No puede seguir estableciendo meras relaciones comerciales, al filo de la explotación interesada más descarnada, que llevan consigo la exportación de una mercancía cultural peligrosa: la secularización, que los pueblos orientales –incluidos los musulmanes–, más sensibles a la relación con la divinidad, perciben como una seria amenaza de la cual deben defenderse.

Musulmanes en Europa

La llegada de numerosos musulmanes a nuestro continente, favorecida por el bajo índice de natalidad en Europa –producto de la que el Papa Juan Pablo II llama cultura de la muerte– y su consiguiente pérdida de fuerza laboral, plantea, en ocasiones, problemas de convivencia, debido a que es difícil conciliar la concepción acerca de la separación Iglesia-Estado –heredera del cristianismo– con la ambición del Islam de abarcar todas las esferas de la sociedad.

El cardenal Giacomo Biffi alertaba sobre los peligros de esta situación: «Los musulmanes son portadores de una antropología y de unos valores radicalmente distintos de aquellos sobre los que está edificada la sociedad europea, en particular sobre las libertades individuales y la concepción de la familia, la mujer y los hijos. Europa no es un páramo semidesierto, sin Historia ni tradiciones, que se pueda poblar como si no hubiera un patrimonio típico de humanismo y civilización».

Acerca del futuro de Europa, el cardenal Biffi opina que «volverá a ser cristiana, o se volverá musulmana. Lo que encuentro sin futuro en Europa es la cultura de la nada, de la libertad sin límites y sin contenidos, del escepticismo como conquista intelectual. Esta cultura de la nada no será capaz de resistir el asalto ideológico del Islam; sólo el redescubrimiento del acontecimiento cristiano como única salvación para el hombre –y, por tanto, sólo una decidida resurrección de la antigua alma de Europa– podrá ofrecer un resultado distinto de esta inevitable confrontación. Además, ni los agnósticos ni los católicos parecen haberse percatado del drama que se está perfilando.

Los agnósticos, hostigando con todos los medios a su alcance a la Iglesia, no se dan cuenta de que combaten a la defensa más válida de la civilización occidental y sus valores de racionalidad y libertad. Los católicos, dejando difuminarse en sí mismos la conciencia de la verdad poseída y sustituyendo el ansia apostólica por el puro y simple diálogo a cualquier coste, inconscientemente preparan su propia extinción.

La esperanza es que la gravedad de la situación pueda llevar en algún momento a un eficaz despertar tanto de la razón como de la antigua fe».

Sobre este mismo asunto se ha manifestado el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado de Juan Pablo II, quien ha afirmado que «hoy se advierte la necesaria exigencia de nuevos y más fuertes puentes con la cultura y la sociedad islámicas; y si existen personas y organizaciones que abusan del nombre del Islam y promueven la guerra y el terrorismo, será deber de la autoridad tomar las medidas necesarias para impedir su actuación».

Una de las voces más esperanzadas es la del cardenal Tettamanzi, arzobispo de Milán, que ha declarado a la revista Il Tempo: «Yo no tengo miedo del Islam. El cristianismo es debilidad, pero una debilidad que no tiene miedo de nadie, sino que tiene en sí misma la fuerza para encontrarse y dialogar con todos, y para caminar juntos».


16.3.06

La extensión del fanatismo.

Maldita Yihad

"Durante décadas el islamismo radical ha ido ganando posiciones en el mundo islámico por diversas causas, unas por el simplismo y atractivo que tiene el mensaje del odio y el fanatismo, y otras también por errores estratégicos, de cálculo y de análisis de Occidente".

El primero de esos errores es el de la complacencia que, en algunos momentos, se ha tenido con los movimientos religiosos ultraconservadores, por creer algunos analistas y servicios de inteligencia que podían llegar a ser un eficaz elemento de contrapeso y compensación en su lucha contra la extrema izquierda. Lamentablemente cinco décadas de guerra fría enmascararon a algunos de los peores enemigos que estaban empezando a desarrollarse tras el disfraz de la tensión entre bloques.

El segundo es un cierto grado de imprudente corrección política, que junto a los complejos nos ha anestesiado. Por eso se ha cedido demasiado, casi siempre, con los ideólogos de estos bárbaros. Algunos han querido ver síntomas de humanidad y de progresía en las ideas de alguno de estos «intelectuales».
Otros, han querido ir más lejos, hasta intentar redimirlos, abriéndoles nuestras puertas, desde la temeridad y la estupidez que, sin embargo, era incapaz de ocultar el paternalismo progre eurocéntrico.

Entre los más repugnantes defensores del horror y del fanatismo, aunque eso sí, con muy buenas maneras, se encuentran Hassan Al Tourabi y Tariq Ramadan, a quien las autoridades británicas acaban de prohibir la entrada en el Reino Unido.
El primero ha perdido toda credibilidad y prestigio por su clara vinculación con el establecimiento de Al Qaeda y su líder Bin Laden en Sudán. El segundo sigue siendo, lamentablemente, invitado profusamente a universidades y foros de pensamiento europeos, donde es aplaudido y homenajeado como una «voz moderada». Así nos va.

El tercero es haber dado cobijo a ciertos líderes ultrarradicales del islamismo que han hecho de ciertas ciudades europeas su centro de propaganda y de extensión del fanatismo.
Los gobiernos y servicios de inteligencia de algunos de estos países creyeron que tenerlos controlados era mejor que no hacerlo, y que se les controlaba más eficazmente teniéndolos cerca. Sin embargo, resulta ingenuo creer que éstos vayan a ordenar directamente los atentados de forma pública, y mucho menos cometerlos personalmente.

La espeluznante realidad es que han estado predicando el odio, la barbarie y el terror desde sus púlpitos y algunos desde sus cátedras, sin que prestáramos la suficiente atención. Así nacieron las expresiones Londonistán o Paristán, entre otras, que han sido tan duramente criticadas y profusamente comentadas con ocasión de los bestiales atentados del 7 de julio.

El cuarto es que no hicimos los deberes cuando aún era posible favorecer e impulsar una evolución política positiva en el mundo islámico. Hace veinte años el islamismo radical era un fenómeno muy minoritario y, en ocasiones, claramente encapsulado en ciertas zonas del mundo islámico, con especial incidencia en unas ciudades y provincias concretas de estos países.

Debimos haber trabajado más y más intensamente cuando eran entre el 5 y el 15 por ciento. Hoy los mayores expertos nos recuerdan que más del 30 por ciento de los creyentes se sienten de alguna forma identificados con todas o bastantes de las ideas del islamismo radical.
Esto quiere decir que un tercio de los creyentes comparte criterios ideológicos y metodológicos del yihadismo. Esto no quiere decir que todos ellos sean terroristas o terroristas potenciales, sin embargo sí quiere decir que la base de reclutamiento del radicalismo ha crecido espectacularmente.

El 30 por ciento que maneja Richard Clarke en su reciente libro «Cómo derrotar a los yihadistas», se queda corto en algunos países. Si en Arabia Saudí, por ejemplo, llegaran a celebrarse mañana elecciones libres por sufragio universal, no ganaría un partido islamista radical, podría llegar a ganar un terrorista como Bin Laden.

Por eso, a quienes se empeñan en forzar la máquina de la revolución frente a quienes propician las fórmulas de la evolución paulatina, hay que recordarles que la ruptura política en estas delicadas circunstancias sería desastrosa en primer lugar para esos países, pero también para las democracias más avanzadas del planeta.

Por otra parte, conviene subrayar igualmente que los islamistas, así como también sectores políticos moderados opuestos frontalmente al islamismo, recuerdan a Occidente de manera insistente que a lo largo de estas últimas décadas hemos apoyado a regímenes dictatoriales y/o autoritarios, lo que ha contribuido a fomentar la desconfianza hacia Occidente y, en algunos casos, el odio hacia nosotros.

Para los islamistas, todos los gobiernos de esos países son corruptos, antiislámicos, impíos y apóstatas. Todas estas acusaciones son extraordinariamente eficaces para desprestigiar y socavar la autoridad de los regímenes no islamistas, especialmente si son pro occidentales.

Frente a la complacencia de algunas izquierdas con el crecimiento del islamismo radical, al que algunos despistados consideran una forma de progresía reformista, hay que oponer la cruda realidad de la barbarie que representa esta ideología y, que de tener oportunidad, instalaría la más feroz de las dictaduras, supuestamente teocráticas, iniciando una violenta represión sin precedentes en esos países.
Se convertirían, además, en Estados criminales, que servirían de base, fomento y apoyo del terrorismo yihadista, en contra del resto de los países islámicos y contra las democracias del mundo. Menudo panorama.

El quinto es que en Occidente seguimos hablando ingenua y temerariamente de razones y de causas del terrorismo. Es increíble que alguien pueda creer, en el Siglo XXI, que de verdad hay razones que hayan desencadenado tanto odio.

Hablar de teorías como la del mar de injusticia universal, como decía en un reciente artículo el presidente del Gobierno español, basarlo, de manera simplista, en la pobreza y el conflicto árabe israelí, no hace más que llenar el zurrón de los pretextos y de las excusas que esgrimen con maquiavélica habilidad los pensadores del terror.
¿Es que acaso alguien puede creer de verdad que, si desaparecieran todas las causas y todos los problemas que han servido de pretexto a los terrorismos durante tantas décadas, su violencia y su barbarie desaparecerían?
Pues no, se apresurarían a inventarse nuevas «causas» y nuevas «razones» para seguir reclutando terroristas a través de la incitación al odio. Francia se opuso a la guerra de Irak, pero fue declarado país objetivo de los islamistas por muchas otras «razones», como la prohibición del uso en las escuelas públicas del hijab (pañuelo islámico) o por su pasado colonial. No podemos seguir alimentando la máquina de justificaciones del terror.

El sexto es que algunos países de Occidente siempre creyeron que «eso», el terrorismo, le ocurría a otros. Muchas sociedades se han mostrado escandalosamente insolidarias, inconscientes o insensibles ante los problemas de terrorismo de otros países durante los años ochenta y noventa.
Otros estaban persuadidos de que mirando hacia otro lado, no destacando demasiado o incluso siendo complacientes, los dejarían en paz. A este respecto conviene recordar lo que decía Churchill de los apaciguadores: «El apaciguador es aquel que alimenta al cocodrilo esperando ser el último en ser devorado».
El cocodrilo de hoy es el terrorismo fanático, y la ideología que lo alimenta, el islamismo radical, y todos los fanatismos e intolerancias que fomentan la violencia y la opresión. A ese cocodrilo ni se le puede ni se le debe domar, es un disparate alimentarlo y lo que hay que hacer es derrotarlo.
La bestia del terror y del fanatismo se alimenta de apaciguamiento y de cobardía, se regocija y se fortalece con la mezquindad, se ríe de las confrontaciones entre demócratas, que nos hacen más débiles, y sólo se sacia con el poder total.

Algunos movimientos antiglobalizadores y ciertas izquierdas han conformado lo que ya hemos denominado la emergente alianza antisistema. Pero lo que es peor es que algunos, supuestamente moderados, no hayan censurado, con suficiente valentía, las acciones de estos grupos. De hecho, los movimientos antiglobalizadores y sus aliados, manifiestan públicamente su simpatía por islamistas radicales e incluso por el yihadismo, pues consideran que tienen enemigos comunes: La democracia, la economía social de mercado, en definitiva, al mundo libre y avanzado.

Hoy, ahora, no mañana, aunque hubiese sido mejor que fuese ayer, tenemos que unirnos frente a un monstruo desalmado que crece a velocidad vertiginosa. Este monstruo es el enemigo común de Oriente y de Occidente; de musulmanes, cristianos, judíos o agnósticos; de europeos, africanos, asiáticos o americanos. Es una lacra abyecta que debe ser extirpada con firmeza, tenacidad y determinación. Y que nadie crea que el brutal rayo del terror no cae dos veces en el mismo lugar. Siempre buscarán el mayor impacto y efecto.
Para el terrorismo no existe el non bis in idem.

Por Gustavo de Arístegui

13.3.06

Musulmánes de Melilla contra la chirigota de Ceuta

Un partido musulmán de Melilla se querellará contra la chirigota de Ceuta.

MELILLA. Coalición por Melilla (CpM), partido de mayoría musulmana, ejercerá «todas las acciones legales en defensa de la dignidad de las personas y de los derechos humanos» ante las letras de la chirigota que obtuvo el primer premio en el Carnaval de Ceuta.

La vicepresidenta segunda de la Asamblea de Melilla y diputada por CpM, Jadu Dris, deploró en una carta hecha pública ayer que en las letras se califique a los musulmanes «como animales» y sostuvo que éstas contienen «manifestaciones racistas, xenófobas y marcadas por el fanatismo religioso, cuyos antecedentes los encontramos en el nazismo».

«Las aberrantes expresiones vertidas han sido jaleadas y premiadas con dinero público por la Ciudad Autónoma de Ceuta e incluso pudimos observar cómo miembros del Gobierno del PP disfrutaban del bochornoso espectáculo», señaló.
Dris lamentó el «inadmisible desamparo en el que se encuentra la comunidad musulmana por su máximo representante en la ciudad» y la inhibición de la Fiscalía, «cuyo deber es velar por el cumplimiento de la ley>>

Esta es la letra de la terrible “chirigota” que ha suscitado las críticas y la ira de la comunidad musulmana:

Al ladrón chorizo, al político sin vergüenza, Zapatero lo más bonito es impresentable. Si tengo un recarajote, que no sabe ni dónde vivo, y le llamo a los mafiosos camellos y traficantes.

Esto que cuento son verdades como un templo, no pongas en tela de juicio lo que piensa todo un pueblo, que hay que tener más cojones, para llamar en esta tierra, a las cosas por su nombre.

En la noche de la valla fueron donde Zapatero, en una ruleta en juego en donde que Ceuta sea el pretexto, como momento de cambio caprichos y favores a ese tal Mohamed VI, y Zapatero es la calaña, si le preguntamos ¿Usted es presidente, porque murió mucha gente?
¿Qué le une a usted al 11-M?
Ahora soy yo el que calla, el que otorga y el que bebe.

De mayor yo quiero ser veterinario, Aquí hay becerros para tener un sueldo diario, Vaya rebaño, vaya rebaño, Vamos a dejar de ponernos ya condones, Que estamos igualadas ya las dos poblaciones.

Quisiera decirle al señor Zapatero, que de gilipollas estamos hasta los huevos, para qué has venido si nos ha vendido.

Me han hecho a mí un cristo en caricatura, Que no se parece al mío ni en pintura, Y mi cultura no es la locura, Me fui directo al libro de naturales, Para ver si los turcos, son animales racionales. Vi que esta gente y los bovinos son iguales, Y me aclaró la duda, son todos animales.

Me ha llamado mi madre, y me ha dicho que me calle, Que no cante más lo que no canta nadie, Antes de irme que mal lo hizo Hitler, Aquí estoy dando la cara y desarmado, Prefiero morir de pie que vivir arrodillado.

12.3.06

Islamismo en Marruecos


Combatientes del país magrebí nutren desde hace años las filas del extremismo islámico

Marruecos, antaño remanso de paz frente a la agitación islamista de sus vecinos, es actualmente vivero de combatientes para los conflictos en países musulmanes y para la guerra que grupos que se han subido al carro del extremismo de Al Qaeda están librando contra Occidente en nombre del islam. Si el mundo relacionó por primera vez terrorismo con Marruecos el 16 de mayo del 2003, por los atentados de Casablanca, la sorpresa fue mayúscula al comprobar que la mayoría de los miembros de la célula que llevó a cabo el 11-M eran marroquíes.

Su militancia, sin embargo, venía de lejos. Aunque en menor número que sus vecinos argelinos, los marroquíes habían estado presentes en los conflictos de Afganistán, Bosnia, Chechenia e Iraq. "Al Qaeda no funciona en Marruecos como una organización propiamente dicha. Se enrolan personas a título individual porque hay un ambiente que lo favorece, pero no es un grupo organizado", asegura el investigador en Ciencia Política de la Universidad Hassan II de Casablanca Abdallah Rami.

Los sermones o las conversaciones que se traban en torno a las mezquitas, los libros, la información que circula por internet, la cadena de televisión Al Jezira..., todo ese entramado inflama los espíritus de jóvenes que viven en una sociedad que no cubre sus expectativas, ni materiales ni espirituales.

Con un rey que gobierna y es comendador de los creyentes por descender de Mahoma, se daba por supuesto que Marruecos no corría el peligro de caer en el islamismo violento. "Si los marroquíes han podido combatir en otros países, es porque pasaban inadvertidos, porque se les suponía ajenos al extremismo", afirma un sociólogo marroquí.

Además, desde que hace siglos llegó el islam suní al actual territorio marroquí -durante un tiempo estuvo dominado por los fatimíes chiíes- las cofradías sufíes dieron lugar a una práctica que integraba misticismo y creencias populares preislámicas. Todo muy tradicional y moderado.

Pero una visita a pueblos y ciudades descubre que hay más de un Marruecos. El rico, occidentalizado en la forma de vivir y afrancesado en la lengua; el pobre, tradicional y que sólo habla bereber o árabe dialectal marroquí y entiende el dialectal egipcio gracias a los culebrones de la televisión, y el de una pequeña clase media que vive casi como los pobres pero con una formación parecida a la de los ricos. El islamismo, del moderado al radical, traspasa las clases medias y bajas.

Mientras se ensalzaba el islam moderado marroquí, Mohamed Fizazi, entre otros, predicaba desde el almimbar de las mezquitas de Tánger y en sus 17 libros -el más importante, ¿Por qué no participamos en las elecciones democráticas?- una ideología que fomentaba el combate en tierras del islam como Palestina, Afganistán, Chechenia e Iraq. Fizazi cumple una condena a 30 años de prisión, acusado de ser un "teórico" de los atentados de Casablanca como líder de la organización Salafiya Yihadiya. Su hijo Abdelillah purga una pena de dos años.

"La Salafiya Yihadiya ha sido un invento de los servicios secretos. Nadie había oído hablar de Salafiya Yihadiya. Mi padre nunca llamó a la yihad en Marruecos. No tiene nada que ver con el 16-M de Casablanca. Sólo llamó a la lucha en Palestina, Afganistán o Iraq, en tierras de islam", afirma su hijo Abdelhalim. "Fizazi - dice un experto en islamismo- no es el jefe de una organización; no tiene potestad para enviar a nadie a ningún sitio". La condena de Fizazi, según su hijo, obedece a una situación internacional en la que Marruecos se ha alineado, una vez más, con EE.UU. "EE.UU. dijo que había islamistas en Marruecos y Marruecos le ofreció el encarcelamiento de mi padre", añade.

Mohamed Fizazi fue maestro durante 31 años, además de ejercer de imán en tres mezquitas de Tánger, salvo en los diez años que tuvo prohibido predicar, entre 1982 y 1992, periodo en que el islamismo estaba en pleno apogeo. En Marruecos, los imanes son funcionarios y reciben directrices sobre el tema que deben tratar en el sermón de cada viernes. Eso cuando no reciben el sermón escrito directamente. Algunas mezquitas, no obstante, escapan al control de las autoridades.

El combate en tierra de islam, explica Abdelhalim Fizazi, no es que lo predicara su padre, es que está justificado por una aleya coránica: "Se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste. Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Dios sabe, mientras que vosotros no sabéis".

Para Abdelhalim, el Corán es "el libro de instrucciones" del musulmán y condena en nombre de su padre los atentados de Madrid y Londres. Critica además el fanatismo de Abu Musab Al Zarqaui, supuesto líder de Al Qaeda en Iraq, y de Yusuf Fikri, miembro del grupo Al Takfir Ual Hichra (Anatema y Exilio), y que Bin Laden malinterprete la yihad al hacer la guerra contra inocentes como en Madrid y Londres. De hecho, Mohamed Fizazi fue anatemizado por Fikri, condenado a muerte por asesinatos.

Abdelhalim recuerda una conversación sobre cuestiones teológicas de su padre con el arzobispo de Tánger en la que comentó al prelado que había encontrado muchas personas cultas occidentales que se habían convertido al islam, pero ningún caso a la inversa.

La corriente de pensamiento salafista, que preconiza el retorno a las fuentes originarias del islam -el Corán y la sunna o tradición-, no es nueva en Marruecos. Es una visión de mayor rigidez en las normas con la que jugaron, según sus intereses, varios sultanes desde finales del siglo XVIII.

La clave es cómo se pasa del campo de las ideas a la lucha armada. Cómo hay montones de jóvenes dispuestos no sólo a luchar -no hay que olvidar que en la guerra civil española combatieron las Brigadas Internacionales- sino a ser kamikazes en un país hermano en el islam. "Para los árabes musulmanes lo de Palestina o los ataques contra la coalición internacional en Iraq no es terrorismo. Es la defensa ante una ocupación", comenta un periodista marroquí.

Después de una crisis que ya dura siglos en el mundo árabe y que el escritor libanés Amin Maalouf recordaba en Las cruzadas vistas por los árabes,la colonización y la instauración de regímenes dictatoriales consentidos por las potencias occidentales, el mundo globalizado ha venido a poner los medios para que el islam vuelva a ser la religión victoriosa que fue. Hay una absoluta convicción entre los musulmanes de la superioridad del islam sobre las demás religiones. "El islam -dice Abdelhalim Fizazi- es mejor."

La Vanguardia, Enviada especial
Isabel Ramos Rioja- 12/03/2006