
La tendencia se disparó tras el asesinato de Theo van Gogh.
El cineasta era un crítico de los fundamentalistas islámicos.
Los inmigrantes conforman el 10% de la población. Los que se van, eligen Canadá, y Nueva Zelanda como destinos, pero sobre todo Australia.
AMSTERDAM.- Paul Hilterman ya había advertido un estado de ánimo más apagado en Holanda.
Hilterman dirige una agencia para personas que desean emigrar y su lista de clientes se ha incrementado.Pero de todos modos le sorprendió en noviembre el asesinato de un realizador cinematográfico holandés, primero a balazos y luego degollado en las calles de Amsterdam.
En las semanas siguientes, Hilterman recibió una lluvia de mensajes de correo electrónico y llamadas telefónicas."Cundió el pánico -dijo- y una enorme cantidad de personas decían que querían marcharse del país."¿Abandonar este estable y próspero rincón de Europa? ¿Dejar esta tierra de generosos beneficios sociales y buenos salarios, de excelentes escuelas, museos, campos de deportes y bici sendas, todo ello dentro del marco de una vital democracia? La respuesta es -y cada vez más- que sí.
Esta pequeña nación es un imán para los inmigrantes, pero las estadísticas revelan que se ha acelerado la emigración de la clase media blanca.
Los holandeses que se desarraigan declararon experimentar un pesimismo general con respecto a su pequeño y repleto país, debido a las tensiones sociales que han crecido con las sucesivas oleadas de recién llegados, casi todos musulmanes."Los musulmanes viven en una olla de presión", dijo Hilterman.
Y hay más de una preocupación acerca de la creciente complicación que implica absorber a los inmigrantes, que ahora conforman una décima parte de la población, muchos de ellos procedentes de países mayoritariamente islámicos. Muchos holandeses se sienten perplejos de que su país,gobernado durante décadas dentro de un íntimo y grato consenso político, resulte ahora tan tenso e irritable y proclive a la confrontación.
Los holandeses que se marchan se han sentido atraídos por las grandes naciones anglohablantes como Australia, Nueva Zelanda y Canadá, donde esperan sentirse menos constreñidos.
En algunas entrevistas, los emigrantes rara vez afirmaron que el temor a la militancia islámica fuera la razón primordial que los decidió a preparar sus maletas. Pero el asesinato del cineasta Theo van Gogh, feroz crítico de los musulmanes fundamentalistas, parece haber sido el catalizador."Nuestro sitio web recibió 13.000 visitas durante las semanas siguientes al asesinato", dijo Frans Bruysse, que coordina una agencia dedicada a concretar los trámites de los que abandonan el país. "Y esa cifra supera cuatro veces las visitas habituales."
El asesinato de Van Gogh es el único que la policía ha atribuido a un militante islámico, pero desde entonces ha informado el descubrimiento de listas de potenciales víctimas de militantes islámicos, que incluían seis políticos prominentes. Los efectos aún tienen eco. Según datos de una encuesta reciente, el 35% de los holandeses tiene una opinión negativa del islam.
Muchos de los que se establecen en el exterior no aparecen en las estadísticas, como el creciente contingente de pensionados que se marcha a países más cálidos. Pero los números oficiales revelan cuál es la tendencia.
En 1999, casi 30.000 holandeses se trasladaron a otros países, según la Oficina Central de Estadística. En 2004, la cifra provisional alcanza a 40.000.Los que se marchan hablan de su anhelo por espacios abiertos, aire limpio, por la amabilidad y la urbanidad que, según sienten, han perdido.
Las quejas incluyen el apiñamiento, los interminables embotellamientos de tránsito, el exceso de regulación. Algunos hablan de conducta antisocial y de un preocupante nivel de agresión tanto en la calle como en los debates políticos.Desde el asesinato de Pim Fortuyn, político populista contrario a la inmigración, ocurrido en 2002, hasta el crimen más reciente de un maestro, esta generación de holandeses no puede concebir tanta violencia en su pacífico país.
Tras el crimen de Van Gogh, se produjeron furiosas manifestaciones e incendios de mezquitas y escuelas musulmanas. Como venganza, fueron atacadas algunas iglesias cristianas.
El hecho de que Holanda "está saturada" se ha convertido en el problema nacional. Al principio, todos lo decían con cierta cautela, porque tenía una connotación antimusulmana. Pero muchos ahora lo afirman directamente, como Peter Bles, quien todos los días hace un largo viaje para trabajar en un banco de Amsterdam. El y su esposa se preparan para establecerse en Australia. "Allí encontramos gente más amable, menos estresada", dijo.
El espacio es, por cierto, un premio en Holanda, la nación más densamente poblada de Europa, donde 16 millones y medio de personas viven en una zona que tiene más o menos la dimensión del estado de Maryland.
Los demógrafos holandeses dicen que su país ha experimentado uno de los aumentos demográficos más rápidos y de mayor alcance de toda Europa, ya que alrededor del 10% de su población nació en el extranjero, casi todos ellos musulmanes.
Se ha vuelto común culpar a los inmigrantes de muchos males.
Los marroquíes y turcos procedentes de áreas rurales han sido acusados de desdeñar el liberalismo holandés y de que no se esfuerzan en absoluto por adaptarse. Los inmigrantes jóvenes constituyen ahora la mitad de la población carcelaria.
Más del 40% de los inmigrantes recibe alguna forma de asistencia del gobierno, lo cual es una fuente de resentimiento para los holandeses nativos.
Los inmigrantes, sin embargo, dicen que se los discrimina.Para Hilterman, el consultor de emigración, lo más notable no es sólo el aumento del número de holandeses interesados en dejar el país, sino también la clase de gente interesada. "Se trata de gente exitosa, gerentes, fisioterapeutas, especialistas en computación", dijo. "Cinco años atrás -agregó casi todos sus clientes eran granjeros en busca de más tierras."
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