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29.12.05

Dinamarca, en el punto de mira del mundo musulmán

“Por doce viñetas satíricas sobre Mahoma

En una nueva vuelta de turca en la explosiva crisis que enfrenta a la comunidad musulmana mundial contra Dinamarca, los ministros de asuntos exteriores de la Liga Árabe, reunidos en El Cairo, se han mostrado



“sorprendidos y descontentos” con la respuesta que Copenhague ha dado a sus exigencias de disculpas oficiales tras la publicación de varias viñetas periodísticas que consideran “blasfemas” para Mahoma y el Islam.

Mientras las autoridades danesas ya piden protección para sus ciudadanos en Pakistán después de que
una organización religiosa musulmana haya ofrecido una fuerte recompensa económica a quien asesine a los dibujantes, y líderes religiosos islámicos hayan comenzado a lanzar sus proclamas antioccidentales por el tema, la Liga Árabe ha anunciado que va a incrementar la presión sobre Copenhague después de que el gobierno del liberal Fogh Rasmussen se haya negado a recibir a once embajadores de países musulmanes que exigen actos de desagravio por la “ofensa” a Mahoma, entre ellos, tres días de celebraciones nacionales en honor del profeta.

Todo comenzó cuando el pasado 30 de septiembre, el Jyllands-Posten (en
danés y en inglés), diario de mayor circulación en Dinamarca, publicó doce viñetas satíricas –incluyendo una en la que el turbante de Mahoma representaba a una bomba- para responder a la creciente opinión de que el mundo occidental y su prensa se autocensuran cuando hablan de los musulmanes por miedo a sus violentas represalias.

La propia Unión Europea, a través de la Comisión de Justicia, se ponía de parte de la cólera musulmana para afirmar que
la publicación de las viñetas serviría para fomentar el "radicalismo", en unas declaraciones bien aventadas incluso desde los medios turcos más moderados y occidentalizados, en las puertas de comenzar las negociaciones para la inclusión de Turquía en la Unión Europea.

De nada han servido las afirmaciones del gobierno danés en el sentido de que en el país impera la libertad de prensa y el ejecutivo no tiene poder para controlar o castigar a dibujantes periodísticos.

No sólo
los imanes daneses exigían disculpas en tono airado y violento, sino que todas las grandes organizaciones internacionales musulmanas o del entorno musulmán, desde la Liga Árabe, a la Organización Islámica para la Educación y la Cultura, pasando por la Organización de la Conferencia Islámica han amenazado con boicots y con "respuestas" contra Dinamarca mientras el propio embajador de Egipto en Copenhague ha advertido contra la tentación de no tomar “en serio” estas advertencias.

A finales de octubre se producían violentos incidentes en Dinamarca (en
danés, en inglés) en la que jóvenes emigrantes musulmanes provocaron disturbios en la capital danesa, disturbios en los que se manifestaban “coléricos con lo que le ha sucedido a nuestro profeta”, en relación a las caricaturas del diario danés, y proclamaban sus barrios como “su territorio” del que “la policía tiene que estar alejada” para concluir: “Esta es nuestra zona. Nosotros mandamos aquí”.


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28.12.05

LA Islamización de Belén



Desde que el control de la ciudad pasara a manos de la Autoridad Palestina (1995), según lo estipulado en los Acuerdos de Oslo, Belén ha dejado de ser cristiana para convertirse en musulmana. Los cristianos que permanecen allí, la ciudad en que nació Jesucristo, viven hoy en condiciones de dhimmitud (referencia a la ciudadanía de segunda clase que el Islam impone a los cristianos).

Los palestinos llevaron consigo un sistema basado en las primitivas relaciones tribales, donde el poder de un clan se erige en sustituto de la ley. A resultas de todo ello, los cristianos han sufrido el ultraje civil y la violencia criminal sin posibilidad de recurso a la justicia. Como han rechazado vivir bajo estas condiciones, están abandonando Belén en gran número.

Así pues, ¿quién tiene la culpa de la situación de los cristianos de Belén, y de que el lugar de nacimiento de Jesús se esté vaciando de cristianos? ¡Los judíos, faltaría más!

Ese es el orwelliano mensaje del Comité Antidiscriminación Árabe Americano (AADC), que celebró una vigilia con velas por los cristianos de Belén en la Union Square de San Francisco el pasado 29 de noviembre, cuando comenzaba la temporada de compras navideñas.

Los musulmanes de Belén hacen insoportable la vida a los cristianos y les fuerzan a abandonar sus hogares, mientras los musulmanes de América celebran una vigilia para culpar a los judíos.

Para comprender cómo los cristianos se convirtieron en minoría y en víctimas del matonismo en la ciudad natal de Jesús es importante observar lo que hizo Yaser Arafat a Belén en cuanto le puso las manos encima.

En 1995 Arafat se hace con el control de Belén, y de inmediato expande sus límites municipales, con el fin de incluir a 30.000 musulmanes residentes en campamentos de refugiados adyacentes. A continuación, los beduinos musulmanes que vivían al este la ciudad fueron incorporados a los límites municipales revisados. Pero no era suficiente para que la Autoridad Palestina cambiase su estatus de ciudad cristiana. Así pues, Arafat ideó estímulos para que los musulmanes abandonasen Hebrón y su entorno y se estableciesen en Belén.

Con el gobierno de Arafat mediante el clan, las armas y el terror, se desarrolló una inmobiliaria que comenzó a expropiar tierras a los cristianos. En 2002, dos hermanas adolescentes de confesión cristiana eran encontradas con las gargantas cortadas y los genitales mutilados. Los musulmanes afirmaban que las hermanas Amer eran prostitutas, como si eso justificara la tortura y el asesinato. Pero las familias cristianas con incidentes similares a cuestas afirman que las niñas fueron asesinadas para encubrir una violación colectiva.Por supuesto, nada de esto aparece en la convocatoria de la AADC para la vigilia con velas, que también está diseñada para escenificar la campaña de desinversión de la AADC contra Israel.

La situación de los cristianos de Belén bajo la criminosa Autoridad Palestina ha provocado la ira en organizaciones cristianas de todo el mundo. Sin embargo, las principales iglesias protestantes de América han estado demasiado ocupadas con sus campañas de desinversión como para darse cuenta del estado de los cristianos que viven sometidos al tribalismo de la AP.Precisamente esta semana*, el Vaticano, en una maniobra diplomática poco frecuente, pedía públicamente a los israelíes que interviniesen en Belén en favor de la población cristiana, que está experimentando un fuerte retroceso. Los cristianos, que representan en la actualidad el 12% de la población, han sido objetivo de la violencia continua de la AP, y podrían abandonar la ciudad por completo. De ello resultará que no habrá comunidad cristiana en el lugar en que nació Jesús.

En la localidad de
Taibe, en la Margen Occidental, un grupo de invasores musulmanes quemaron, saquearon y apalearon a los residentes cristianos invocando el "honor" de una familia musulmana; una familia cuyo padre había golpeado brutalmente a su hija, hasta matarla, por querer casarse con un cristiano. La violenta horda musulmana prendió fuego a una estatua de la Virgen María al grito de: "¡Quemad a los Cruzados!".

Las fuerzas de seguridad y los bomberos de la AP se tomaron con calma el llegar a la zona: se presentaron horas después. Finalmente, la horda fue sacada de la cárcel casi de inmediato. Por otro lado, el prometido cristiano de la mujer asesinada era arrestado, y golpeado mientras estaba encarcelado. ¡La comunidad cristiana de la Margen Occidental aprendió la lección: una muchedumbre musulmana es liberada mientras un cristiano inocente languidece en prisión!

El padre Artemio Vitores, que supervisa los Santos Lugares en Israel y en los territorios controlados por la Autoridad Palestina en representación del Vaticano, suplicaba reciente y públicamente al presidente de Israel, Moshé Katsav: "Ayúdenos a conservar Belén". Este llamamiento representa un marcado y desesperado cambio en la política del Vaticano.


Durante mucho tiempo, la Santa Sede ha tenido mucho más miedo a ofender a los palestinos que a los israelíes.En 2002, después de que unos terroristas palestinos tomasen la Iglesia de la Natividad y tratasen brutalmente a los sacerdotes, el Vaticano presionó a Israel para que dejara salir a los terroristas y no invadiera o destruyera el recinto. Finalmente, Israel se avino a ello. Por su parte, el Vaticano rehusó hablar de las brutalidades que se cometieron en el interior de la basílica, incluso volver a consagrarla, ya que significaría reconocer que la iglesia fue profanada.

El Vaticano camina sobre la cuerda floja en el inestable Oriente Medio. La principal preocupación de la Iglesia es preservar tanto los Santos Lugares como la administración de los mismos. Con Belén ya en manos de la AP, y aún incierto e imprevisible el resultado de la guerra palestino-israelí, el Vaticano se encuentra ante un conjunto nada envidiable de difíciles decisiones.

Ahora se enfrenta, además, a las realidades que afrontan los cristianos que ya no viven bajo protección israelí, sino bajo la opresión palestina. La solicitud vaticana de asistencia israelí es una señal contundente de lo amenazados que están los cristianos, y de que la Santa Sede tiene bien claro que la AP no es la solución sino la causa del problema.


Por supuesto, nada de esto importará a la maquinaria propagandística de la AADC, que pedirá a la gente "encender una vela para proteger a los cristianos de Belén de la opresión israelí". Según la AADC, los cristianos huyen de Belén debido a las políticas de Israel. ¿No es extraño que los cristianos huyan mientras los musulmanes se quedan y multiplican espectacularmente, y que las propiedades de los cristianos se reduzcan al tiempo que crecen las de los musulmanes? Allí, los musulmanes oprimen a los cristianos; aquí, celebran vigilias para culpar a los judíos de la opresión que sufren los cristianos de Belén.

Evidentemente, en San Francisco, donde el presidente Bush es comparado con Hitler y el ejército americano es considerado una organización terrorista, la realidad no importa. Tenemos que dar crédito a los de la AADC. No podrían haber encontrado una audiencia más susceptible, o un ritual más evocador de los desfiles incendiarios de Hitler que el de encender velas "contra la opresión judía" en la Union Square, repleta de compradores navideños.



Abraham H. Miller, profesor emérito de la Universidad de Cincinnati y autor de numerosos libros sobre terrorismo.
* Este artículo fue publicado originalmente en Front Page Magazine el pasado día 16.


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27.12.05

El multiculturalismo no es una medicina, es una enfermedad. Giovanni Sartori


“Todo lo que pienso lo digo. Ya no tengo edad de tener miedo a nada”. Giovanni Sartori se siente libre. Libre para decir lo que le apetezca, aunque irrite o escandalice. Cumplidos los 81 años en mayo, y después de haber escrito más de treinta libros, decenas de ensayos y cientos de artículos, este sabio de la ciencia política y la comunicación, que ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2005, puede opinar que George W. Bush es “el peor presidente de EE UU” o que la posición de Jacques Chirac en la crisis que condujo a la guerra de Irak fue “una vergüenza”. “Siempre he estado al margen de la corrección política.

Hubo momentos en los que me costó mucho seguir adelante; en Italia estuve veinte años en la lista negra de la izquierda, no me invitaban a recepciones. Yo me mantuve en mis posiciones, la historia cambió y ahora me consideran más. Por ejemplo, sobre inmigración y multiculturalismo, Massimo D’Alema [ex primer ministro y presidente de Demócratas de Izquierda] ha dicho que probablemente yo tenía razón. Si lo dice D’Alema…”.

Provocador por naturaleza, coqueto como para bromear con la fotógrafa y de tan buen humor y buena salud como para beberse un vaso de vino a mediodía, Sartori –nacido en Florencia y que alterna su tiempo entre Italia y EE UU– no para de trabajar “porque si uno lo deja, envejece”. Además de viajar para dar conferencias y recoger premios –en 2005 ha estado tres veces en España– “mantengo vivos mis treinta y tantos libros: prólogos para nuevas ediciones, apéndices, revisiones… Y escribo cosas nuevas: ahora estoy con la continuación de Mala tempora, que vendió 70.000 ejemplares; no está mal… Aquí está la cubierta: se va a llamar Mala Costituzione e altri malanni.
Son artículos del Corriere della Sera, del Espresso… Hablo sobre todo de la mala reforma constitucional en Italia; la verdad es que decir que es mala es un eufemismo. Es pésima. Y estoy editando la recolección, en inglés, de mis escritos de lógica y metodología, todo aquello que ve usted ahí”.

Libros, y libros, y más libros en este apartamento de Nueva York, un piso 27º desde el que se disfrutan los árboles de Central Park, aún con las hojas amarillas y naranjas. “Aquí es donde tengo la mayor parte de mis 20.000 ejemplares, así que es aquí donde vengo cuando quiero trabajar en serio, cuando tengo que escribir”. En el despacho, Sartori se sienta ante su mesa italiana del siglo XVII, estrecha y larguísima. A su espalda, la vieja máquina Olivetti Lettera 32. Enfrente, las traducciones a todos los idiomas de todas sus obras. A la izquierda, un viejo teléfono con fax y carpetas con artículos sobre una estantería. A la derecha, las ventanas sobre el parque desde las que ve los rascacielos de Manhattan.

Cuando pasan cosas en Europa como los atentados de Londres o la quema de coches en París y otras ciudades francesas, ¿qué le preocupa más, el factor religioso, el problema de la integración de los inmigrantes…?

En mi opinión, lo más grave es lo de Inglaterra. Se suponía que allí había una comunidad islámica integrada, con personas que vienen de la Commonwealth, que conocen las normas y que hablan el inglés como lengua común. Que haya habido unos chicos de esa comunidad, podría decirse que de la pequeña burguesía, que hayan hecho saltar por los aires unos vagones del metro de Londres… Y cuando se sabe que la mitad de la comunidad islámica inglesa aprueba lo ocurrido…

La repercusión popular y mediática, sin embargo, ha sido la inversa.

Quizá Londres tuvo menos impacto porque al homo videns le hacen falta las imágenes, y las del metro no expresaban bien lo que había ocurrido: los muertos estaban dentro, sólo se veían algunos destrozos. En cambio, las fotos de París eran al aire libre: los coches ardiendo, las piedras… Desde el punto de vista fotográfico, París ha sido más importante. Desde un punto de vista sustancial, lo ocurrido en Inglaterra es muy grave. Si había un país que debía estar preparado para absorber a la comunidad islámica –que es de mayoría paquistaní, mucho mejor que otras– era Inglaterra. Es grave porque ha revelado el fracaso de una política de integración considerada como la mejor posible, la más inteligente.

¿Y en Francia qué ha pasado?

En Francia, la revuelta de las banlieues magrebíes, de estos jóvenes hijos de inmigrantes, pero que son franceses, no es una revuelta islámica. Son ciudadanos poco integrados, y su revuelta tiene las características de las revueltas de las periferias pobres. El desempleo es muy elevado, los jóvenes se sienten marginados y discriminados. Hay también un factor de islamismo que hace que sea, en algunos casos, un círculo vicioso: además de la segregación, también ellos tienen responsabilidad, porque rechazan en muchos aspectos la integración. Pero mientras que en Inglaterra hay un factor que es el terrorismo protagonizado por jóvenes de familias medio burguesas, en Francia se ha dado una clásica explosión de revuelta de barrios pobres, de la comunidad en la que hay más desempleo y que sufre más discriminación, incluso racial.

Como ha ocurrido en otros lugares…

Por ejemplo, en Los Ángeles. Son explosiones de periferias empobrecidas que construyen un gueto, como ocurre con muchos hispanos. Gente a menudo analfabeta o de escasísima cultura que llega, se encierra en pequeños o grandes espacios, no aprende la lengua y se condena a la pobreza, la degradación, la violencia, el narcotráfico… Yo creo que el melting pot americano ya no funciona.

¿Por qué?

Porque han inventado la doctrina del multiculturalismo, de reivindicación de las raíces, pero también de creación de guetos cerrados. Si el que quiere recuperar su identidad lo hace quedándose aislado de la comunidad en general, que es la del país que le acoge, se pone en marcha algo que funciona mal. Hay que distinguir entre multiculturalismo como situación de hecho –Suiza es multicultural, Canadá también– y la ideología del multiculturalismo, que dice que es bueno reinventar o reforzar la propia identidad y después cerrarse en comunidades que en realidad son guetos.
Yo combato la ideología; estoy en contra de inventar o reinventar una identidad, reforzarla y crear subsociedades cerradas que producen fenómenos de marginación e incluso de revuelta. Estoy en contra de esta ideología, y creo que las soluciones deben ser de tipo pluralista y no multicultural. El multiculturalismo no es una medicina, es una enfermedad; es una manera de empeorar las cosas. Pero hay líderes que hacen su carrera política sobre esta base; que son elegidos, se hacen famosos, salen en la televisión y luego viven de las rentas de esa ideología. Primero se crea la doctrina y luego se crea el oficio.

Y usted cree que esto es especialmente peligroso en Europa cuando entra en juego el factor religioso.

Sí, porque en Europa hay cada vez más islamistas, en parte inmigrantes clandestinos, que crean un problema muy grave de convivencia. Los turcos musulmanes que fueron a trabajar a Alemania –a través de una fórmula que algunos iluminados ahora critican, pero que ha sido muy válida– no plantearon esos problemas porque proceden de un país con normas democráticas, aunque sui géneris, desde hace ochenta años. El problema grave lo plantean los africanos que forman las capas más analfabetas y más empobrecidas del islam. Se puede hacer una analogía entre esta pobre gente y la vieja Europa cristiana. La actual Europa cristiana no es religiosa, no es fanática, como era con aquellos hombres que creían en brujas, en milagros… La Europa cristiana tuvo las mismas características que tienen hoy muchas poblaciones musulmanas. Después de las guerras de religión y del paso de la historia, ya no somos así; pero ellos vienen de países con estructuras teocráticas en las que no impera la voluntad del pueblo, sino la voluntad divina.

De la explosión demográfica africana hablaba en su libro ‘La tierra explota’.

El problema africano es gravísimo; se calcula que hay de 200 a 300 millones de personas que estarían dispuestas a ir a Europa a cualquier precio, aunque sea saltando verjas, como ha ocurrido en Melilla, o en pateras. Si no van tantos millones es porque no tienen el dinero para pagarse el viaje. Si lo tuvieran habría cientos de miles de personas intentando saltar la verja de Melilla o cruzar el Mediterráneo. Es decir, que lo único que nos mantiene protegidos es la extrema pobreza de esta gente a la que explotan los mercaderes de esclavos, esos piratas que les cobran 2.000 o 3.000 dólares por traerles; si no los tienen, no pueden llegar. Europa no puede ni debe acoger a millones de personas en estas condiciones.


Pero seguramente Europa necesita personas dispuestas a trabajar, con los índices de natalidad que tiene, con el futuro de las pensiones…

Ése no es un argumento sólido. La población mundial crece en unos 70 millones de personas al año. Europa, de manera muy inteligente, trata de frenar esta explosión. El discurso sobre las pensiones puede orientarse de otra manera, se puede retrasar la edad de la jubilación. Y hay mecanismos que no funcionan: hay gente que prefiere el seguro de desempleo a trabajar. Es un sistema equivocado de incentivos, y el desempleo en Europa es del 8% o el 10%, así que, ¿por qué no hacer que trabajen los europeos? El problema, en mi opinión, es que somos como un toro que embiste: tenemos que desarrollarnos más, que crecer más, todo más…, y lo único que nos preocupa es quién paga las pensiones. ¿Tenemos que llegar a ser 9.000 millones para pagar las pensiones? Es absurdo. Es mejor afrontar el problema de las pensiones ahora, no dejarlo para después; por ejemplo, retrasar la jubilación. En todo caso, los costes de afrontarlo siempre serán menores que los costes de seguir recibiendo inmigrantes no asimilados y no asimilables, que crean fortísimas tensiones internas y que destruyen la comunidad política.


¿Pero cómo se hace eso?

Bueno, si no hay sitio para más y no hay trabajo, tenemos que controlar todo lo posible la inmigración ilegal, como hacen todos los países que tienen este problema. Repito: no hay sitio y no hay trabajo. ¿Dónde van? No se sabe. ¿Quién les mantiene? No se sabe. Todos los que lleguen fuera de los cauces legales van a ir a las calles; no tienen ninguna cualificación, así que se dedican al tráfico de drogas, a la prostitución… Eso deteriora la situación en las ciudades europeas y crea problemas gravísimos. La Iglesia italiana siempre ha protegido a los inmigrantes sin papeles, pero cada vez que ellos ocupan una iglesia hace que les expulsen a toda velocidad. Los conventos están vacíos, ¿por qué no los llenan con estas personas? Porque una cosa es predicar y otra dar trigo. Si hay una población excesiva, y este exceso de población no es integrable y no encuentra trabajo, no se puede aceptar. No entiendo qué interés podrían tener los europeos en su autodestrucción.

¿Qué le pasa a la Europa política que usted critica?


Europa está enferma de ideologías suicidas. Hay un izquierdismo pacifista de origen en parte religioso… La crisis de la ideología de la izquierda ha creado un tercermundismo, una lógica que dice que para ser de izquierdas hay que ser tercermundista. Yo soy bastante de izquierdas, pero no veo la relación. La izquierda sufre una gravísima crisis de identidad. Yo creo que debería adoptar la causa de la ecología, abandonada por la derecha, cuyos intereses económicos son tales que ni siquiera quiere oír hablar de estas cosas. Si la izquierda abrazara esta causa salvaría el planeta, tendría un argumento sólido para luchar y se beneficiaría también a sí misma.

¿Y cómo es ese tercermundismo que tan poco le gusta?

Es un movimiento ciego y suicida, con varias manifestaciones. No hay nadie en Europa a quien le guste la guerra o que quiera la guerra; hemos tenido demasiadas guerras, nadie las quiere. Pero esta gente se instala en un pacifismo a ultranza que crea adversarios fantoches, molinos de viento… Es un pacifismo absoluto, sin condiciones, que invita a la guerra, a la agresión.
La izquierda más activista, en busca de una nueva identidad después de haber perdido sus ídolos y sus referencias, se ha quedado sin ideología y ha inventado la fuga hacia la izquierda, que es una tontería: es una fuga del que no tiene ideas ni sentido común y cae en el puro extremismo. Después está la izquierda reformista, que intenta frenar esto. Pero hay una parte de la izquierda activa, bastante fuerte en toda Europa, que practica el extremismo puro, y que consigue secuestrar a la izquierda más moderada. Esta otra izquierda podría recuperarse si, entre otras cosas, se aproximara a la ecología; pero está demasiado embebida en la memoria de su propio pasado, y no tiene suficiente imaginación o preparación para afrontar un mundo nuevo, sin las viejas ideologías muertas.


Usted ha calificado tambien de suicida el relativismo moral que cree que no hay que aplicar o exigir códigos fijos de conducta.

Yo creo que la tolerancia es el valor básico del pluralismo. Pero el relativismo es un comportamiento suicida: si todo equivale, nada vale. Los valores desaparecen. Pero yo soy un antiguo, hay valores que me gustan [risas]. El relativismo es una doctrina que se pretende moderna y que dice que todos los valores son iguales; es suicida, porque entonces no se puede criticar nada, todo es bueno: Al Qaeda tiene sus valores y hay que respetarlos… Yo creo que cada uno debe tener sus propios valores, y defenderlos si cree en ellos. La tolerancia dice que respetemos los valores de los otros. Los respetamos, pero eso no quiere decir que los aceptemos; los aceptaremos si llegamos a la conclusión de que son superiores.

Esta historia de que no hay que ofender a nadie, de que no hay que hablar de choque de culturas… Si lo hay, lo hay, y si no, pues estupendo. No sé muy bien qué hay de terrible en decirlo. ¿Es que hay que esconder la realidad? Si hay dos religiones monoteístas, una de las cuales se ha acalorado, se ha reanimado con la ayuda de la televisión, y hay una civilización teocrática, ideológicamente movilizada e invasiva –las religiones monoteístas dicen que su Dios es el único verdadero y lo que hacen es la guerra santa, como hizo el cristianismo–, entonces se crea un problema de autodefensa para los otros, que deben afrontar el choque o rendirse. A mí estas diplomacias políticamente correctas de lo que debe decirse o no… Hay quien dice “no, que se molestan, que se ofenden”… Mire, si hay una guerra, hay una guerra. “Ah, pero no hay que decirlo”. ¿Cómo que no? Si la hay, la hay.

Pero hará falta hacer algún esfuerzo para llegar a compromisos, para comprender a los otros…

Yo a los otros les entiendo estupendamente. Yo he leído el Corán, he leído mucha literatura, no soy tonto. Les entiendo de maravilla, y por eso digo que yo no quiero ser así. ¿Es que esto es ofensivo? Yo soy un estudioso, y, como tal, intento entender el mundo. E intento salvar la civilización en la que creo, que es la civilización occidental, que ha sido mejor que las otras desde el punto de vista ético y político. En la sociedad liberal-democrática podemos vivir casi todos; no vamos a la cárcel sin un debido proceso legal, etcétera. Esto es lo que ha primado en Occidente, que ha logrado crear una ciudad política vivible, bastante libre, y que da un amplio margen de seguridad al ciudadano. Naturalmente tiene sus inconvenientes, pero cuenta con todo esto de lo que hablamos.


A esta ‘ciudad política’ le convendría, por su propio interés, tener menos enemigos.


El enemigo se crea él solo, no lo crea Occidente. ¿Qué se puede hacer? Una sociedad liberal-democrática ya hace bastante: acepta a los inmigrantes y les integra en su ordenamiento social. Pero, como decía Ronald Reagan, hacen falta dos para bailar el tango. Si uno no quiere bailar, no hay nada que hacer. Le doy un ejemplo: ni siquiera somos capaces de definir el terrorismo, lo cual no es un asunto menor. ¿Por qué? Porque los países islámicos no quieren consentir que los palestinos que matan a italianos sean definidos como terroristas. ¿Qué tenemos que hacer, decir que el terrorismo no existe? No, el terrorismo existe, y si no logramos encontrar una definición jurídica común con el mundo islámico, tendremos que mantener la nuestra.
Los derechos humanos: me puedo equivocar, pero hace unos treinta años que se intenta convencer a las sociedades islámicas de que suscriban una declaración común de derechos humanos. ¡No se ha conseguido! Y no es por nuestra culpa, es que no quieren firmarla, porque los principios de los derechos no existen para la religión islámica, no son aceptables. Claro que queremos paz, ¿quién quiere hoy día la guerra? Pero esto no quiere decir que tengamos que rendirnos; tenemos que defendernos.


Ciertas cosas ocurridas dentro del modelo de los derechos humanos, por lo que respecta a Estados Unidos, tienen poca defensa. La guerra de Irak y algunos aspectos relacionados con ella: el aislamiento de los presos, Guantánamo, las acusaciones de tortura y de prisiones secretas…

Aquí no hay que confundir lo micro con lo macro. La guerra es siempre sucia. Todas esas cosas han ocurrido, por desgracia. La diferencia es que el mundo occidental admite esas revelaciones, y las dictaduras, no. Esto tiene poco que ver con la noción de cultura; la cultura es un conjunto de valores y creencias, y eso es lo que, en mi opinión, hace de Occidente el mejor sistema de los que ha habido hasta ahora en la historia: no se ha inventado nada mejor para la protección del individuo, para el respeto a la vida y a las personas.


Usted criticó la guerra, pero censuró luego a los críticos de la ocupación.

Yo estaba muy en contra de la intervención en Irak no porque supiera que había o no armas de destrucción masiva, que no lo sabía. Estaba en contra porque pensaba que, en términos de costes y beneficios, los costes serían probablemente mucho mayores, en la medida en que una guerra podía desencadenar el fanatismo islamista. Si encima no existen esas armas, todavía peor.

La guerra ha sido una terrible equivocación por la ingenuidad de los norteamericanos, que no se dieron cuenta de que activaban una mina que iba a galvanizar el fundamentalismo islámico y el terrorismo. El estropicio se hizo, y luego se mantuvo: no se invade un país que estaba vertebrado por su ejército para luego mandar a los soldados a su casa. Hasta los niños saben que toda esa gente sin trabajo se pasará a la resistencia, hará lo que haga falta… Son estupideces que no eran fáciles de prever. Han cometido muchos errores; pero ahora, con el estropicio hecho, una vez allí, yo sostengo que no hay que empeorar las cosas, y que, por tanto, retirarse al estilo Zapatero, irse de Irak, significa consentir la creación de un Estado terrorista con capacidad para producir armas de exterminio masivo, sobre todo bacteriológicas, fáciles de producir y muy peligrosas. No nos lo podemos permitir. La guerra ha sido un error, mal hecha y mal administrada; decir que ha sido gestionada de manera pueril es una gentileza, un eufemismo, pero hay que salir de allí sin permitir que se cree un Estado controlado por terroristas.

La guerra abrió una crisis en Europa, y entre Europa y EE UU. Entre las dos orillas del Atlántico tampoco se puede decir que hay mucho tango, ¿no?

Todo viene del 11-S. Los norteamericanos creen que no hemos entendido hasta qué punto les cambió, y me temo que tienen razón. Si el atentado hubiera destruido el Vaticano, también nosotros tendríamos un trauma. Para ellos lo ha sido, y no hay que subestimarlo. Después, el 11-S llevó al ataque contra Irak –si no, no habría ocurrido–, y eso provocó la discordia en el seno de Europa, y entre Europa y Estados Unidos. En este partido, todos han jugado mal.
Ha jugado mal [George] Bush, que yo creo que es un hombre de una estatura mental mínima, y que cada cosa que hace, la fastidia; pero también [Jacques] Chirac y [Gerhard] Schröder se pasaron de listos ante esta intervención que decían querer evitar. En realidad, Chirac quería humillar a Estados Unidos; esperó a que las tropas estuvieran desplegadas, allí, bajo el sol, para proponer el aplazamiento hasta septiembre. ¡Era una tomadura de pelo! Si Europa, y sobre todo Chirac –que es un gaullista de poca inteligencia, como hemos acabado por descubrir–, hubiera querido parar a Bush, lo hubiera hecho; pero Francia hizo su jueguecito de la grandeur y de su influencia en el mundo árabe –y los grandes contratos que tiene allí–, y Schröder tenía su problema electoral. Bush es uno de los peores líderes de la historia, pero se le hubiera podido frenar en lugar de empujarle estúpidamente a la guerra. Si hubiera tenido la autorización de la ONU, Sadam Husein, que sabía lo que pasó en 1991, habría cedido; no hubiera resistido la presión de una Europa unida en su apoyo a Estados Unidos. No habría hecho falta la intervención. Todos se pasaron de listos. Es una vergüenza para todos, y sobre todo para Chirac.

¿Dónde estuvieron los grandes líderes occidentales?

Hay un problema claro de falta de liderazgo. En aquella crisis, sólo Blair estuvo a la altura de las circunstancias, aunque también se equivocó. Afortunadamente, él participó en la guerra, porque si hubiera dejado solo a Bush… Blair fue valiente. Su discurso del anuncio de la intervención fue extraordinario. Es un auténtico líder, sabe hablar, tiene sus ideas, las defiende… ¡Ojo!, repito que también él se ha equivocado, pero tiene estatura de líder, y creo que es el único con esa dimensión de líder responsable.

¿Y qué pasa con Italia, con Silvio Berlusconi? ¿Cuánto cree que le queda al frente del Gobierno?

Bueno, de Italia mejor no hablar. Como la izquierda italiana, bajo la guía de Prodi, no es un derroche de inteligencia, y como Prodi se equivoca casi siempre, hasta es posible que Silvio Berlusconi vuelva a ganar. Tendría mucho mérito que no le derrotaran, pero son capaces. Sobre el papel, no hay duda de que Berlusconi tendría que salir vencido. Prodi tiene voluntad, pero ha demostrado poca habilidad; le conozco desde hace cincuenta años e incluso hemos sido amigos, pero… Déjeme que haga un inciso: tengo la sensación de que los políticos no aguantan el esfuerzo prolongado. He conocido a muchos, inteligentes y buenos, que treinta años después están quemados. No aguantan. Desde luego, el oficio de político es, objetivamente, muy duro; lo que pasa es que antes no había tanta televisión ni ellos tenían la manía de dar una entrevista cada día. Esta exposición a los medios, esta obligación que se crean de estar cada día delante de las cámaras, es lo que hace que al final estén quemados, que no les funcione ya la cabeza.


Hay demasiadas cosas que no van en el mundo, pero usted es un poco pesimista.

Soy un pesimista constructivo; es decir, pragmático. El pesimismo es útil. Si uno dice: esto no va, o esto va a acabar mal, quizá puede convencer a alguien de que haga algo. Si uno es un optimista y dice: todo es magnífico, todo va de maravilla, vivimos en el mejor de los mundos, eso es un desastre, es incitar a no hacer nada, a no cambiar nada. La gente no se da cuenta de la catástrofe ecológica ante la que estamos; la contaminación aumenta. El mundo va mal. Pero ya dije, hace veinte años, que vivimos en una cultura cuya complejidad es superior a nuestra capacidad de entenderla. La hemos construido nosotros, pero la gente que debería gestionar las sociedades liberal-democráticas, y todos sus problemas políticos, económicos y sociales, ya no tiene la capacidad necesaria para entender qué es lo que está pasando y qué se puede hacer. Ya no somos capaces de entender el mundo que hemos creado.

¿Y los medios de comunicación?, ¿no ayudan?

No, no mucho. Desde luego, la televisión no ayuda; al contrario. Menos mal que todavía somos capaces de leer, que la palabra escrita está ahí, que están los conceptos, la capacidad de abstracción que la televisión anula. Aunque también los periodistas están un poco quemados. Les hacen trabajar demasiado, o no están bien preparados. No sé en España, pero los medios italianos están llenos de chicos y chicas con muy buena voluntad a los que se pide que hagan una entrevista cada día. Y hacen entrevistas penosas; no porque sean estúpidos, sino porque no están preparados. Y no les dan tiempo para prepararse. Tienen que hacer la entrevista; van allí, y se tragan que alguien les diga que la Tierra es cuadrada. Ellos no cuestionan nada, no saben hacer preguntas e informan de que la Tierra es cuadrada. Y por otro lado, los periodistas más hechos son muy cautos, no quieren exponerse a protestas…, o no se arriesgan porque no saben lo suficiente de las cosas de las que escriben.
Hoy, los periódicos casi no hacen investigación. Es gravísimo; la investigacion es lo más importante, es la gran fuerza del diario, y los periodistas que saben hacerla han desaparecido casi, se están extinguiendo. Es cómodo para los políticos, pero es terrible para la sociedad. Los periodistas que van y vienen, hablan, contrastan, investigan y construyen una historia son ya pocos, una vieja guardia. Pero esto ya no es para la entrevista, ¿no?

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26.12.05

No es la Meca, ni Oriente Medio

No es la Meca, ni Oriente Medio, es la playa del Cocó en Alicante donde cientos de musulmanes rezan tras el cierre de la única mezquita de Alicante

Durante una hora, los fieles musulmanes se congregaron en la playa, bajo la atenta mirada de los traseúntes que llegaron a pensar que se trataba de un rodaje fílmico por la gran cantidad de cámaras de televisión y fotógrafos.

La subdelegada del Gobierno en Alicante, Etelvina Andreu, señaló que cómo no se trataba de una manifestación ni de un acto reivindicativo, sino que es una celebración de culto religioso en un Estado con libertad de culto, “la Subdelegación no tiene que otorgar ni negar ningún permiso”.

Que democrático y tolerante es Occidente donde se permite la libertad de culto, mientras en Oriente son perseguidos los cristianos.

Deberíamos tener en cuenta el trato que estan recibiendo en Oriente los cristianos y actuar con la misma reciprocidad, de esta forma defenderíamos a los cristianos que son tratados como ciudadanos de segunda, perseguidos y humillados sin contemplaciones.

20.12.05

Feliz Navidad !!!

A todos los cristianos del planeta, pero sobre todo no podemos olvidar en estos dias de amor y paz a los cristianos de Oriente Medio que son perseguidos.


Marchan al extranjero en gran número

El análisis explica que "hoy, tres cuartos del total de los cristianos de Belén viven fuera, y más aún de los cristianos de Jerusalén viven en Sydney, Australia, que en el lugar de su nacimiento. Hoy, los cristianos comprenden sólo el 2.5% de Jerusalén, aunque en ellos todavía se incluye a algunos de los que nacieron en la vieja ciudad cuando los cristianos todavía constituían una mayoría".

¿Por qué?

"¿Qué ha sucedido? ¿Por qué han habido tantos, y tan pocos reportados cristianos exiliados del Medio Oriente, con alrededor de 2 millones huyendo en los últimos 20 años? ¿Por qué es que de repente la mitad de todos los cristianos iraquíes emigraron clandestinamente en los últimos 10 años?", se preguntan los autores.

La intolerante presión

El informe responde que "la única gran causa es la presión de los radicales musulmanes. Para estar seguros, también han habido otras razones para estos exilios. Los cristianos educados del medio oriente algunas veces se han ido por razones económicas, otros para evitar el inicio de violentos conflictos".
Intencionada

Sin embargo, "un grupo entero de cristianos no abandona la tierra en donde sus ancestros han vivido cerca de 2000 años simplemente por buscar una sociedad más próspera. Esa gente ha tenido que ser presionada para salir. Y eso es precisamente lo que los radicales islámicos tratan de hacer".


Se prohíbe la conversión al cristianismo

El estudio desarrolla algunos de los casos más importantes:
"En Egipto, muchas leyes o costumbres favorecen a los musulmanes y su constitución proclama al Islam como la religión del estado. Es casi imposible construir o restaurar iglesias al tiempo que muchos miles de nuevos edificios musulmanes han sido aprobados por el estado. Las leyes prohiben las conversiones de musulmanes al cristianismo.


Violencia establecida contra el cristianismo

En Arabia Saudita, todos los ciudadanos deben ser musulmanes, es ilegal importar, fabricar o poseer materiales cristianos o no musulmanes, y los cristianos son encarcelados y deportados por esa causa.
Sudán ha seguido los códigos islámicos desde 1983 y se declaró a si mismo como país islámico en 1991.
Una brutal guerra civil emprendida por los musulmanes de Arabia del norte contra los cristianos y los africanos negros animistas del sur ha matado más de 2 millones de personas.

Persecución como antaño

En Afganistán la aplicación rigurosa de las leyes islámicas ha sembrado tal odio hacia los cristianos que no tubieron más iglesias abiertas ni un número significativos de cristianos reunidos en el país.
En Irán, los cristianos forman el 0.4 por ciento de la población. La pequeña población cristiana es tratada como una "segunda clase". La literatura cristiana es ilegal, los conversos del Islam a otra religión son perseguidos de muerte y la mayoría de la iglesias evangélicas son subterráneas".

18.12.05

ETA se convierte al Islam

Cualquier enemigo de España es amigo del separatismo vasco. Según el diplomático y diputado del PP Gustavo de Arístegui, entre 250 y 400 miembros de Jarrai se han convertido al Islam.

En su último libro Arístegui afirma que “la ideología islamista radical se extiende como una mancha de aceite y España constituye una de sus obsesiones. Reconquistar y reislamizar Al-Ándalus no es sólo un mito, un proyecto utópico, sino un verdadero objetivo por el que lucha con fuerza el terrorismo yihadista”.
Ya Bin Laden y otros integristas consideran Al Andalus como un territorio ocupado por infieles ( algo parecido a lo que ETA predica respecto a Vascongadas ocupada por España) que deb ser reconquistado. Según una shura emitida en 2001 por este fanático el sirio español Mustafá Setmarian Nasar, alias Abu Musab al Asuri, sería el emir encargado de esa reconquista de Al Andalus.

No existe aún dato objetivo alguno que vincule efectivamente a ETA con las células islamistas que atentaron en Madrid, pero lo que es innegable es la corriente de simpatía e incluso de admiración de los terroristas separatistas hacía el integrismo islámico.

Desde luego el terrorismo de ETA no es igual al del Islam, sus objetivos son diferentes. Los primeros persiguen crear una insignificante y ridícula republica socialista independiente de Euskadi y los segundos están enfrascados en una lucha que quiere revertir todo el orden mundial.

Pero curiosamente en España los islamistas han encontrado unos admiradores inesperados, los nostálgicos del marxismo, que ven en el Islam la única amenaza actual para acabar con el capitalismo. A este grupo pertenecen los etarras, como comunistas admiran a quien ha atacado con éxito a EE.UU., como antiespañoles aplauden a quienes han atentado contra España y han conseguido derribar al gobierno que les estaba poniendo contra las cuerdas, como terroristas envidian el poder de los asesinos islamistas.

No es de extrañar pues que los cachorros de hiena de jarrai se conviertan al Islam.

Publicado en: Minuto Digital el : 09/12/2005.

15.12.05

Porqué no soy un Musulmán




En Marzo de 1989, poco después de que el Ayatolá Khomeini publicara su decreto condenando a muerte a Salman Rushdie por su novela Los Versos Satánicos, el Observer Londinense publicó una carta anónima desde Pakistán.

En ella, el escritor, un Musulmán que no daba su nombre, indicaba que "Salman Rushdie habla por mí".
A continuación explicaba:
la mía es una voz que todavía no ha encontrado expresión en las columnas del periódico. Es la voz de los que han nacido Musulmanes pero desean cambiar una vez en edad adulta, pero no se permite bajo pena de muerte.

Alguien que no viva en una sociedad Islámica no puede imaginar las sanciones, tanto auto-impuestas como externas, que militan contra la expresión de incredulidad religiosa. "No creo en Dios" soy una elocución pública imposible incluso entre la familia y amigos... Así que contenemos nuestras lenguas, aquellos de nosotros que dudamos.

"Ibn Warraq" ha decidido no contener más la lengua. Identificado solamente como un hombre que creció en un país que ahora se llama república Islámica, que vive actualmente y enseña en Ohio, el decreto de Khomeini lo ultrajó tanto que escribió un libro que supera a Los Versos Satánicos en términos de sacrilegio.

En donde Rushdie ofrecía la crítica evasiva en un cuento de hadas de realismo mágico, Ibn Warraq trae una almádena académica con la tarea de demoler el Islam.
Escribir algo polémico contra el Islam, especialmente para un autor Musulmán de nacimiento, es un acto tan incendiario que el autor debe escribir bajo pseudónimo; no hacerlo sería un acto suicida.

¿Y qué hace a Ibn Warraq para tener que demostrar para valer este acto de desafío sin precedentes?. Una acusación bien investigada y absolutamente brillante, de alguna manera desorganizada, contra una de las mayores religiones del mundo. Mientras que el autor niega la pretensión de originalidad, ha leído lo bastante extensamente como para escribir un ensayo que ofrece una primera novela de representación de la fe que dejó atrás.

Para empezar, Ibn Warraq diverge de la academia Occidental actual para hacer la asombrosa afirmación de que Mahoma nunca existió, o que si existió, él no tenía nada que ver con el Qur'an.
En su lugar, ese libro santo fue fabricado un siglo o dos más tarde en Palestina, después "proyectado sobre el pasado a un punto de origen Árabe inventado".
Si el Qur'an es un fraude, no es sorprendente aprender que el autor encuentra poca autenticidad en otras partes de la tradición Islámica. Por ejemplo, despacha "La ley Islámica al completo" como una "creación fantástica fundada en falsificaciones y ficciones piadosas". Retrata al Islam entero, en pocas palabras, como una cocción de mentiras.

Habiéndose despachado así con la religión, Ibn Warraq empieza con la historia y la cultura.
Embistiendo contra la corrección política, condena las primeras conquistas Islámicas y condona el colonialismo Europeo. "Tocear hacia Arabia cinco veces al día", escribe, refiriéndose al rezo Islámico hacia La Meca, "debe ser con certeza el mayor símbolo de... imperialismo cultural".
En contraste, el control Europeo,"con todos sus defectos, benefició en última instancia a los gobernados tanto como a los gobernantes.
A pesar de ciertos incidentes infames, los poderes Europeos se manejaron, en conjunto, muy humanamente".

Al argumento convencional de que los logros de la civilización Islámica en el período medieval demuestran la grandeza del Islam, Ibn Warraq restablece la discusión Victoriana de que la civilización Islámica vino al mundo no debido a la ley del Qur'an y la Islámica sino a pesar de ella.
El estímulo a la ciencia y las artes vinieron de fuera del mundo Musulmán; dondequiera que reinase el Islam, estas realizaciones tuvieron lugar solamente donde la mano mortal de la autoridad Islámica se podría evitar.
Acreditar al Islam de las glorias culturales medievales, sostiene con certeza, sería como acreditar a la Inquisición de los descubrimientos de Galileo.

De vuelta al presente, Ibn Warraq argumenta que los Musulmanes han experimentado grandes dificultades para modernizarse porque el Islam está parado en las cuatro direcciones de su camino. Su orientación retrógrada dificulta el cambio: "Todas las innovaciones se desalientan en el Islam-cada problema se considera como un problema religioso más que como uno social o económico". Se diría que esta religión no tiene nada funcional que ofrecer.
"El Islam, el Islam político en particular, ha fracasado totalmente para hacer frente al mundo moderno y a toda la problemática social, económica y filosófica que lo acompaña".

El autor tampoco se aferra a la esperanza de que mejore. Tómese por ejemplo el tema de la protección de individuos por parte del estado: "El obstáculo principal del Islam para moverse de cualquier manera hacia los derechos humanos internacionales es Dios, o por ponerlo más claro... la reverencia hacia las fuentes, el Corán y la Sunna".

En un capítulo particularmente delicado, dado que él mismo es un Musulmán que vive en Occidente, Ibn Warraq discute la emigración Musulmana a Europa y Norteamérica.
Teme la importación de los comportamientos Islámicos y aconseja a los Británicos no hacer concesiones a las exigencias inmigrantes sino a mantenerse firmemente sobre sus principios tradicionales. "A menos que se ejerza gran vigilancia, es probable que todos acabemos encontrando a la sociedad Británica enormemente empobrecida moralmente" por la influencia Musulmán.
Al mismo tiempo, como beneficiario Musulmán Occidentalmente orientado y liberal, Ibn Warraq discute que la línea clave es la de filosofía personal basada y no basada (como lo pondría Samuel Huntington) en la adherencia religiosa. "La batalla final no será necesariamente entre el Islam y Occidente, sino entre los que valoran la libertad y los que no".
Esta discusión de hecho ofrece esperanza, implicando como implica que la gente de credos divergentes puede encontrar puntos en común.

En conjunto, el examen del Islam de Ibn Warraq es excepcionalmente severo: la religión se basa en el engaño; tuvo éxito a través de la agresión y la intimidación; hace retroceder el progreso; y es una "forma de totalitarismo". Examinando casi catorce siglos de historia, concluye, "los efectos de las enseñanzas del Corán han sido un desastre para la razón humana y el progreso social, intelectual, y moral".

Como si esto no fuera bastante, Ibn Warraq remata su blasfemia con un asalto contra lo que él llama la "arrogancia monoteísta" e incluso contra la religión como tal.
Se hace algunas preguntas interesantes, de la clase de las que ya no nos hacemos más en Occidente. "Si hay una evolución natural del politeísmo al monoteísmo, ¿entonces no habrá un desarrollo natural del monoteísmo al ateismo?".
En lugar de que Dios aparezca en lugares oscuros y circunstancias extremas, "¿Por qué no puede revelarse a las masas en persona en un estadio de fútbol durante la final de la World Cup"?.
En 1917, más que por un milagro en Fátima, Portugal, ¿por qué no puso Él fin a la carnicería del Frente Occidental?.

Esta discusión evidencia hasta qué punto ya no discutimos estos temas más en el conjunto de la vida intelectual Americana. Creyentes y ateos van por separado, demonizándose mutuamente enzarzarse en combate. Por esta razón, muchas de las aseveraciones anti-religiosas de Ibn Warraq son de una calidad asombrosamente refrescante.

Es difícil que un no Musulmán aprecie completamente la ofensa Ibn Warraq ha cometido, por la que su libro de protesta profunda y provocación asombrosa va más allá de cualquier cosa imaginable en nuestra cultura del usar-y-tirar.
No tenemos ninguna devoción comparable a la del Islam. En el reino religioso, por ejemplo, Joseph Heller convirtió varias parábolas Bíblicas en material pornográfico en su novela de 1984 Dios lo sabe, y ni siquiera nadie se dio cuenta. Martin Scorsese hizo frente a algunos piquetes a causa de su retrato de las experiencias sexuales de Jesucristo en la película de 1988 La Última Tentación de Cristo, pero ciertamente a ninguna amenaza contra su vida. Rushdie en persona ha puesto los pelos de punta recientemente en La India al reírse de Bal Thackeray, líder fundamentalista Hindú y ni por esas han llegado amenazas a su barrio.

En la arena política, Charles Murray y Dinesh D'Souza han publicado libros sobre el tema Americano más delicado por excelencia, el asunto de las diferentes habilidades raciales, y a consecuencia de ello ni uno ni otro han tenido que ocultarse.

En contraste, la blasfemia contra el Islam conduce al crimen- y no solo para Salman Rushdie o en lugares como Egipto o Bangladesh.
Al menos una de tales ejecuciones ha tenido lugar sobre suelo Americano.
Rashad Khalifa, un bioquímico Egipcio que vivía en Tucson, Arizona, analizó el Qur'an por ordenador y concluyó a través de algún algoritmo complejo que los dos versos finales del noveno capítulo no pertenecen al libro santo.
Esta visión le llevó eventualmente a declararse un profeta, una ofensa muy seria en el Islam (que sostiene que Mahoma era el último de los profetas).
Algunos meses después, el 31 de enero de 1990, asaltantes desconocidos - probablemente Musulmanes ortodoxos encolerizados por sus enseñanzas - apuñalaron a Khalifa hasta matarlo. Mientras que el caso sigue sin resolver, envió un mensaje claro y frío: hasta en los Estados Unidos, la desviación lleva a la muerte.

Escritores juzgados como poco amigos del Islam son asesinados continuamente. Docenas de periodistas han perdido sus vidas en Argelia así como escritores prominentes en Egipto y Turquía. Taslima Nasrin tuvo que huir de su Bangladesh nativo por esta razón. Un silencio terrible ha descendido sobre el mundo Musulmán, así que libros de esta clase sólo pueden publicarse en Occidente.

En este contexto, la reclamación de Ibn Warraq de su derecho a discrepar con los guardianes Islámicos es un choque. ¡Y mucho más cuando reclama hasta su derecho Occidental a hacerlo tan irrespetuosamente!. "Este libro es en primer lugar y principalmente un ejercicio de mi derecho a criticarlo todo y a cualquier cosa en el Islam - incluso a blasfemar, a cometer errores, a satirizar y a burlarme".

Por Qué No Soy un Musulmán tiene un cierto talante de mofa, pero también es un libro serio que provoca la reflexión. No clama por una pared de silencio, mucho menos por una fatwa como la de Rushdie sobre la vida del autor, sino por una respuesta igualmente competente de un Musulmán creyente.

11.12.05

España tierra del islam invadida por infieles

Entrevista a Gilles Kepel
"Los 'yihadistas' ven España como tierra del islam invadida por infieles"

Gilles Kepel especialista frances en el mundo musulmán profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París.

Gilles Kepel ha publicado más de una docena de ensayos sobre el tema. En el último de ellos, 'Fitna. Ver libro: Guerra en el corazón del islam', vuelve a incidir sobre los motivos del islamismo radical. Kepel cree que Europa es el campo de batalla entre los musulmanes que quieren evolucionar hacia la democracia y la modernidad, y aquellos otros que propugnan el 'yihadismo' más sangriento.

Si todo intelectual suele vivir rodeado de libros, el despacho del profesor Gilles Kepel representa el paroxismo de tal situación. Él mismo ha contribuido con una decena de ensayos dedicados al mundo musulmán, su especialidad en el Instituto de Estudios Políticos de París.

Ahora publica la versión en español del último de ellos, Fitna, palabra árabe que implica discordia y caos, subtitulado "Guerra en el corazón del islam".
La obra analiza los esfuerzos de los islamistas más radicales para galvanizar a las masas musulmanas contra el "enemigo cercano", los regímenes árabes en el poder, atacando al "enemigo lejano" con golpes tan espectaculares como el de septiembre de 2001 en Estados Unidos o el más reciente de marzo de 2004 en Madrid.

A juicio de Kepel, una de las claves del resultado de esa guerra interna reside en Europa, cuya sociedad constituye la vanguardia del combate entre los musulmanes del mundo que quieren evolucionar hacia la democracia y la modernidad y aquellos otros que agitan el espectro sangriento del yihadismo.

Pregunta.
¿Qué le lleva a ver a Europa como el lugar donde se juega la batalla por la evolución del islam?
Respuesta.
Actualmente hay más de diez millones de personas de origen musulmán en Europa Occidental. Una parte de ellos viven como inmigrantes y los demás tienen el estatuto de ciudadanos. Estas personas se encuentran entre dos situaciones, que pueden resumirse a partir de dos acontecimientos ocurridos en este otoño: por una parte, el asesinato del cineasta Theo van Gogh en Amsterdam por un joven de origen marroquí que creció en Holanda, y que cometió el crimen en nombre del salafismo (el islam más rigorista); mientras que, al otro borde del espectro, hemos asistido a las manifestaciones de franceses de origen musulmán en apoyo de los dos periodistas tomados como rehenes en Irak por secuestradores que amenazaban con matarles si no era abolida la ley contra los signos religiosos en la escuela.

P. ¿Quiere decir que hay dos modelos de islam en Europa: el que se integra en la sociedad y el que vive separado del resto?

R. De un lado vemos una Europa multicultural, de la cual Holanda es la expresión más fuerte, que ha favorecido todos los signos de afirmación religiosa y de identidad, considerando que los musulmanes podían vivir una especie de desarrollo separado -lo que en Holanda se denomina apartheid- y que al mismo tiempo garantizaría la calma pública.
En la Europa multicultural de la que hablo, los musulmanes constituyen un grupo yuxtapuesto a la sociedad y no integrado en ella.

P. ¿Como en Reino Unido?

R. En parte sí, sólo que en Holanda ese concepto ha ido aún más lejos. En este país, la población musulmana no se mezcla y mantiene sus criterios de identidad. El otro modelo es el de Francia, que sostiene una voluntad de integración y en el que no se distingue a las poblaciones de origen musulmán por su confesión religiosa; por ejemplo, está prohibido preguntar por esa cuestión a la hora de elaborar el censo.
El modelo francés de integración pretende mezclar a todas las personas con vocación de ser francesas y considerar que la identidad religiosa no define a nadie políticamente.

P. ¿Y qué piensa de España?

R. España es un país musulmán muy joven y muy viejo a la vez. Muy viejo porque ahí tenemos las raíces musulmanas de Andalucía, y al tiempo muy joven porque la mayor parte de los musulmanes en España son todavía inmigrantes y no han llegado al estatuto de ciudadanos.
Yo creo que España va a elegir su modelo en algún punto entre los dos que hemos evocado.
Este debate atraviesa hoy toda Europa. A través de la integración existe una posibilidad auténtica de aggiornamento del islam.
En las sociedades democráticas, donde el poder político no es autoritario y no necesita de la religión para legitimarse, el islam puede desarrollar la dimensión cultural, social y moral que le es propia, sin dejarse atrapar por la presión religiosa. Lo cual no es el caso en la mayor parte de los países de los que proceden esas poblaciones.

P. ¿Qué conclusiones ha extraído de los atentados de Madrid?

R. Muchas, que nos llevan al corazón del fracaso del movimiento islamista radical. Un anterior libro mío, traducido también al español y publicado antes del 11 de septiembre de 2001, me valió ataques por parte de personas que dijeron que yo no había entendido nada, porque no había declive alguno.

Los que pensaban así creyeron ver la fuerza del movimiento islamista en los atentados de Nueva York y Washington. En realidad, si se leen los textos del principal ideólogo de Al Qaeda, el imán Al Zawahiri, él explica por qué se lanzaron al terrorismo, lo que él llama "operaciones de martirio"; su tesis era que la guerrilla yihadista de los años noventa había fracasado en Argelia, en Egipto o en Bosnia, y que la violencia terrorista daba ocasión a movilizar a las masas y causar miedo al enemigo.

Ellos creían que la dimensión espectacular del 11 de septiembre de 2001 asustaría al adversario y galvanizaría a las masas para pasar a la acción y derribar a los regímenes árabes, hasta proclamar el Estado islámico.

P. Esos regímenes permanecen en pie tres años después.

R. Políticamente, el islamismo radical no ha conseguido tomar el poder en ninguna parte. Ya no controlan el único Estado próximo a ellos, el de los talibanes en Afganistán. Es verdad que se han producido decenas de atentados: Madrid, Mombasa, Casablanca, Riad, Yakarta... Los actos terroristas son perpetrados por pequeños grupos, bastante sofisticados intelectualmente y al mismo tiempo adoctrinados por la ideología yihadista, capaces de desencadenar actos violentos espectaculares, pero que no se traducen en movilización política de ningún tipo.

En el caso del 11 de marzo en Madrid estuvieron cerca. Esos atentados muestran que Europa constituye, para la nebulosa terrorista, un campo de batalla nuevo. Los yihadistas ven España como una de las tierras del islam invadidas por los infieles.

La gran mayoría de los musulmanes no cree actualmente en esa reivindicación, pero el problema es que un grupo poco numeroso y no muy rico puede comprar explosivos a un minero asturiano y provocar una matanza.

Otra razón, desde luego, fue la de obligar a salir de Irak al contingente militar español. Y como Al Qaeda pretende siempre movilizar a las masas, un acto espectacular, que da la sensación de ser la expresión de la voluntad de las masas musulmanas, tendrá una influencia no ya en los medios yihadistas, sino en el conjunto de la opinión que está contra la ocupación militar norteamericana en general.

P. ¿Para usted está claro que los autores del atentado del 11 de marzo buscaban la retirada de las tropas españolas de Irak?

R. Sí, pero la lógica de Al Qaeda no era lograr la retirada por la retirada, sino por el prestigio que esa operación podía reportarle en su estrategia y mostrar su capacidad para intervenir en la agenda política de un país europeo.

La mayoría política ha cambiado en España, y se puede discutir si eso ha sido la consecuencia de los atentados o de la mala gestión de los atentados por parte del ex jefe del Gobierno, José María Aznar.
Menos mal que los trenes elegidos por los terroristas llegaron con un poco de retraso, porque si los cuatro hubieran entrado al mismo tiempo en Atocha, que es una estación subterránea, el número de víctimas habría sido mayor que el del 11-S en Estados Unidos.

P. Ahora bien, si se trataba de hacer una demostración en Europa Occidental, también había tropas británicas o italianas implicadas en la ocupación de Irak. ¿Por qué cree usted que España fue escogida como blanco?

R. ¿Y por qué Mohamed Atta se estableció en Hamburgo y no en algún lugar de Francia, por ejemplo?
Escogieron Alemania como santuario para sus preparativos, porque los alemanes temen ser acusados de nazismo y sus leyes no permiten hacer nada respecto al mundo de las asociaciones religiosas: no las vigilan.
Francia les resulta un país más complicado porque, a raíz de numerosos atentados islamistas en los años ochenta y noventa, la policía ha sido formada contra esos fenómenos y en la legislación existen disposiciones sobre lo que se llama "asociación de malhechores", que permiten destruir rápidamente esas redes.
A diferencia de lo que EE UU ha hecho en Guantánamo, el derecho francés no ha recurrido al uso de zonas sin ley, porque el derecho da al Estado los medios necesarios para perseguir a los individuos sospechosos de actividades terroristas.

Cuando se dice que Aznar gestionó mal la situación, eso es verdad; pero también es cierto que la cultura policial y judicial española habían sido construidas esencialmente para la lucha contra ETA.
Estaban tan imbuidos de ello que no pudieron prever otras cosas. Con una rapidez notable, la policía española encontró el barrio donde se habían refugiado los terroristas, pero no se imaginó que éstos pudieran comportarse de un modo distinto al de los etarras.

En fin, por contestar a su pregunta, España se encontró en una fragilidad institucional bastante grande, política y policial, lo cual la convirtió en un blanco relativamente cómodo para los terroristas.

P. Es muy difícil garantizar a la población que no volverá a sufrir ataques tan tremendos. Y al mismo tiempo, España tiene que decidir qué hacer con las decenas de miles de inmigrantes magrebíes que llegan a su territorio. ¿Qué actitud seguir?

R. Esto nos devuelve a lo que hablábamos al principio de la conversación. ¿Se debe ir hacia una política de integración efectiva, para que los españoles de origen musulmán se conviertan en ciudadanos plenos? En mi opinión, este camino es el mejor antídoto contra el terrorismo.

Pero eso implica un trabajo a largo plazo. Aparentemente, la opción multicultural es más fácil, porque encuentra intermediarios inmediatamente, pero después se llega a la conclusión de que estos intermediarios no están en onda con la generación más joven.

España puede escoger aún cuál de los dos caminos le conviene más, mientras que otros países de Europa ya optaron con anterioridad, y ahora nos encontramos con el caso de Holanda, un país en que muchas personas quieren abandonar el multiculturalismo.

P. Precisamente, usted formó parte de la comisión presidida por Bernard Stasi que aconsejó la prohibición de signos religiosos en la escuela pública francesa.

R. El objetivo de esta comisión fue multiplicar los medios de mezclar a los jóvenes de origen musulmán, y de todos los demás orígenes, en el seno de la sociedad, de modo que compartir valores sea un objetivo más importante que la división en función de bases confesionales.

P. Supongo que usted, como francés, prefiere el modelo de integración que se intenta en su país, frente a otros ejemplos más multiculturales.

R. Como sabe, la Comisión Stasi fue reunida por el presidente de la República, Jacques Chirac, a la vista de las amenazas que pesaban sobre el principio del laicismo. Al comienzo de los trabajos, la mayor parte de los miembros de la comisión no éramos favorables a promover la prohibición de signos religiosos en la escuela, porque pensábamos que eso implicaba una polarización excesiva del conflicto.

Pero escuchamos decenas de testimonios de jóvenes, de profesores, de trabajadores sociales: nos informaron de las presiones sufridas por las chicas de origen musulmán para llevar el velo y de la voluntad de control hegemónico por parte de las asociaciones salafistas en Francia.
Tras ello, nos pareció necesario preconizar medidas legislativas, para no dejar a esta parte juvenil y frágil de la sociedad en poder de los religiosos más radicales.

Yo creo, en efecto, que la lógica de la integración es fundamental para el futuro de nuestros conciudadanos de origen musulmán. La otra opción es "los musulmanes de Europa", una especie de colonia irreductible, que explican hechos como el asesinato de Theo van Gogh.

P. Hace unos días, la democracia cristiana alemana ha acordado que el islamismo es una ideología totalitaria y que las personas que proceden de otros países deben aprender el alemán y aceptar normas de instrucción cívica. ¿Esto forma parte de las rectificaciones a las que se refería antes?

R. Hay que tener cuidado con las gesticulaciones políticas. Pero pienso, en general, que las medidas que favorecen la integración no son represivas, sino que incitan a la movilidad social a las poblaciones desfavorecidas.
Todo eso implica arbitrajes financieros, hoy difíciles de hacer en una Europa que no invierte y que está gestionada por grupos que quieren, ante todo, proteger las jubilaciones. Ésa es la desgraciada realidad en Francia o Alemania y puede llegar también a España.

P. Definitivamente, no cree usted en sociedades multiculturales...

R. Las sociedades europeas ya son multiculturales, de hecho; lo es incluso la francesa. Yo mismo llevo un nombre de origen checo, la familia de mi padre viene de la antigua Checoslovaquia y mi madre procede de una familia de agricultores del sur de Francia.

La sociedad francesa es una formidable mezcla de culturas, porque no se trata de borrar las diferencias ni de construir un sistema totalitario. Pero una sociedad sólo es viable a partir del momento en que lo común triunfa sobre la expresión de las divisiones; en caso contrario, se camina hacia la lógica de la balcanización.

P. ¿Piensa verdaderamente que está desarrollándose un conflicto en el seno del islam, cuando al mismo tiempo sostiene que la violencia se limita a minorías muy reducidas?

R. La guerra está destinada a tomar el poder. Bin Laden y los otros han lanzado la yihad contra Occidente, pero la guerra está produciéndose en el interior del islam: los chiíes y los suníes se desgarran en Irak, y el mismo peligro existe en Palestina tras la muerte de Arafat.
La fitna es el caos, la discordia, la amenaza que pesa sobre el mundo del islam, que los radicales proyectan al exterior a través de la yihad. La salida se encuentra, ante todo, en el aggiornamento del islam tal como se produce en el marco de Europa.

P. ¿Una buena integración de los musulmanes en Europa tendría efectos positivos en la democratización de los países árabes?

R. Absolutamente. Y ése también es uno de los grandes debates entre Europa y EE UU. Estados Unidos considera que la democratización de las sociedades árabes puede hacerse por arriba, y lo han intentado con Irak: la opción militar destruyó al régimen de Sadam, y ellos esperaban que la sociedad civil emergiera en cuanto se levantara la tapadera que le había puesto Sadam.

Sin embargo, este parto de la democracia con fórceps se olvidó de que Irak salía de doce años de embargo, durante los cuales se habían organizado grupos mafiosos o de protección en torno a tribus, mezquitas sunís o chiíes, que controlaron el acceso a los bienes que escaseaban a causa del embargo.

P. ¿Los neoconservadores norteamericanos confundieron Bagdad con Berlín Este?

R. Lo muestra el símbolo del derribo de la estatua de Sadam Husein: creyeron que era como derribar las estatuas de Stalin, Lenin o Ceaucescu . El modelo europeo es menos espectacular, pero su ambición es funcionar a través del ejemplo.

En Marruecos, Argelia o Túnez, prácticamente todo el mundo tiene un primo, un hermano, un tío, un sobrino que está en Madrid, Milán, Bruselas, Marsella... Los que viven en los países magrebíes siguen todo eso muy de cerca, y el vocabulario político en Marruecos o Argelia ha evolucionado considerablemente para acercarse a la norma europea, a través de la experiencia de los emigrantes. Yo creo que la presión democrática del ejemplo europeo va a extenderse cada vez más, como una mancha de aceite.

Otro ejemplo es el de Turquía: cualesquiera que sean las ambigüedades de la posición turca, los electores de las clases medias de Anatolia que votaron por el partido de Erdogan tienen tantas ganas de entrar en Europa que empujan a los islamistas turcos a echar agua al vino para acercarse a las normas europeas, si se me permite expresarlo así.

En definitiva, me parece claro que Europa tiene un poder de atracción; ambiguo, desde luego, y que puede volverse en contra, como hemos visto con los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

El Pais - JOAQUÍN PRIETO

10.12.05

¿Ideología totalitaria? ¿Nazismo Islamico?

A raíz de los atentados terroristas se ha iniciado un debate en toda Europa, que será largo y profundo, sobre los límites y el equilibrio entre libertad y seguridad.
En palabras del Ministro del Interior británico, la seguridad de poder viajar en metro sin peligro es más importante que el derecho a la privacidad de determinados datos sobre comunicaciones entre particulares.
Así pues, se trata de analizar qué libertades tenemos que aceptar que se restrinjan en beneficio de nuestra seguridad. Y en eso están, y seguirán, políticos y medios de comunicación europeos, con planteamientos diferentes y a veces contrapuestos.

A mi modesto entender, el planteamiento de partida es erróneo. No se debe comenzar a pensar en limitar nuestros derechos y libertades, sino en los de quienes se benefician de ellos para atacarnos masivamente. Sólo después de pensar y probar esta primera medida, y en relación con ella misma, habría que pensar en generalizarla si es necesario.

Es un hecho histórico fuera de toda duda que la inmensa mayoría de los alemanes durante el III Reich tuvieron connivencia con los nazis, o al menos con sus planteamientos. Por devoción o por obligación, pero lo hicieron.
Sin embargo, también es un hecho cierto que la mayoría de alemanes no masacraron judíos o comunistas en los campos de concentración.
Sin embargo, al terminar la guerra, los Aliados impulsaron un proceso de desnazificación sin contemplaciones en el que en principio todos los alemanes eran sospechosos de ser nazis o de haber colaborado con ellos.

La tolerancia cero con el nazismo obligaba a practicar procedimientos con los alemanes que EE.UU. o el Reino Unido jamás hubieran tolerado para sus ciudadanos. Pero todo el mundo tenía claro, tras comprobar la magnitud de los horrores del nazismo y la actitud hacia el mismo de los alemanes, que el fundamento jurídico de las democracias, la presunción de inocencia, no era de aplicación a los alemanes. Incluso para conseguir un trabajo un alemán tenía que aportar un certificado expedido por las autoridades de ocupación que manifestara que no tenía pasado nazi. Sin él era imposible trabajar y, lógicamente, la vida era durísima para los que no lo tenían.

Así, durante unos cuantos años, los que duró el proceso de desnazificación, en la Alemania ocupada por los Aliados occidentales los derechos y libertades democráticas no existieron para los alemanes, y sólo después de finalizado el proceso y delimitadas las responsabilidades se pudo iniciar la democratización de la sociedad, aunque la ideología nazi continuaba siendo perseguida con total severidad. Para ella no había libertad, lógicamente.

Incluso hoy día, muchos años después, todas las sociedades democráticas europeas prohíben expresamente la difusión de esa ideología e incluso la utilización de su simbología característica, basándose, como es lógico, en su carácter totalitario y contrario a los derechos humanos y a las propias libertades democráticas.

Con estos antecedentes, cabe preguntarse si no debiéramos plantearnos algo similar con la ideología islámica, a la vista de las terribles agresiones masivas que en su nombre se perpetran y de la amenaza continua que representa para nuestras libertades. Es decir, tenemos el derecho y el deber de analizarla para comprobar si se trata, al igual que el nazismo, de una ideología totalitaria, contraria a los derechos humanos y a las libertades democráticas. Porque si llegáramos a responder positivamente a esta cuestión, estaríamos tan legitimados para prohibir su difusión y la utilización de sus símbolos como en el caso del nazismo.

Para mí la clave para encontrar la respuesta a esta cuestión se encuentra en el Corán y en el reconocimiento de la propia comunidad islámica, la unma, de su carácter de ley de obligado cumplimiento para los musulmanes.
Pero lo esencial es esta segunda parte. No hay diferencias significativas entre los contenidos del Corán y de la Biblia, obviamente, ya que el primero fue redactado a partir del segundo, con textos a menudo similares.
Pero mientras la Biblia no es Ley en ningún país occidental avanzado, el Corán sí que lo es en todas las teocracias islámicas y además está en expansión. Este es un serio problema.
El Corán es un manifiesto ideológico, político, social, económico y jurídico que configura la vida diaria de los musulmanes y las relaciones de éstos entre sí y con los infieles. En el que se funden lo político y lo religioso, lo público y lo privado. Lo que se trata, por tanto, es de averiguar si esas relaciones responden o no a los principios del totalitarismo, de la negación de los derechos humanos y de la democracia. Porque si así fuera, éste y no otro debe ser el punto de partida de nuestra respuesta.

He leído que el padre de uno de los yihadistas del 7-J decía, absolutamente estupefacto: “He sido toda mi vida un buen musulmán y he procurado integrarme. No entiendo cómo ha pasado esto.” A la vista de su forma de vida en Inglaterra, lo segundo es absolutamente cierto. Lo que quizá sea dudoso a los ojos de muchos islamistas es lo primero.
Y es aquí donde radica el verdadero problema. Probablemente nunca sabremos si su hijo le consideraba un buen musulmán, lo que sería determinante para comprender el problema al que nos enfrentamos. Pero sí sabemos que muchos imanes considerarían que su hijo es mucho mejor musulmán que su padre, ya que practicó la yihad exterior, lo que no hizo el padre.
Tengo entendido que ser musulmán es relativamente fácil, pero mucho más difícil es ser buen musulmán, a lo que sin embargo todo musulmán está obligado.

En las teocracias musulmanas la fusión de lo político y lo religioso, de lo público y lo privado ha llevado incluso a la existencia de una policía moral.
En las sociedades occidentales, los buenos musulmanes piensan que se encuentran indefensos ante las continuas agresiones morales a que son sometidos por nuestras costumbres infieles. Las toleran, como no puede ser menos, pero les gustaría acabar con ellas, y si alcanzan poder político suficiente, luchan por implantar su ley moral.
Sirva como ejemplo que en varias localidades francesas, como Lille, han conseguido que piscinas municipales tengan horario sólo para mujeres, durante el cual incluso los trabajadores masculinos salen de las instalaciones. La brutal discriminación sexual, completamente contraria a los derechos humanos, está interiorizada por los buenos musulmanes.
Estos pueden proclamar en las sociedades occidentales que no discriminan a las mujeres, porque no es políticamente correcto decir lo contrario. Pero en su fuero interno saben que no es así, porque el Corán establece de forma inequívoca que hombres y mujeres no son iguales, ni ontológicamente ni ante Alá.

Otro aspecto importante del islamismo se ha manifestado también el 7-J: su voluntad proselitista. Sorprendentemente, el cuarto y último yihadista identificado por la policía era un joven británico de ascendencia jamaicana. No es de extrañar la tardanza de la policía en hacerlo público. Es que resulta muy difícil de imaginar un jamaicano yihadista.
Pero es un hecho innegable: fue proselitizado para la causa y es responsable de numerosas muertes. De la misma manera que es innegable que en la mayoría del mundo el Islam está es expansión y aumenta geométricamente el número de yihadistas.

La teocratización no es patrimonio del islamismo. La cristiandad sabe mucho de esto, porque durante siglos también ha operado con ella, la Inquisición es buena muestra. Pero, a partir de la Ilustración, las sociedades occidentales se fueron liberando de esta lacra que atenta contra lo más esencial del ser humano: su libertad y autonomía. La Ilustración propuso a la humanidad salir de su culpable minoría de edad.

Pero la ideología islámica obliga a los humanos a seguir en minoría de edad y la fusión del poder político y religioso garantiza la represión del que se resista. El Islam no ha tenido una Ilustración. El lema kantiano “Atrévete a saber” carece de sentido para ellos, porque para el buen musulmán profundizar en el conocimiento es profundizar en el conocimiento del Corán. No es de extrañar, a la vista de esto, que el desarrollo de la ciencia y la tecnología, pero también de la política y la sociedad, haya tomado caminos muy diferentes en Occidente y en el Islam.

Y si el Islam no ha tenido una Ilustración, menos aún ha tenido unas revoluciones americana, francesa y rusa. Libertad, autonomía, igualdad, derechos individuales, justicia social y fraternidad entre todas las personas con independencia de su nacimiento, raza, sexo y creencias constituyen un estado civilizatorio del que el Islam no participa en absoluto. Es más, es que se encuentra en franca contradicción con la ley islámica en cuestiones fundamentales sobre derechos humanos y desarrollo democrático.

Esto es algo que debe preocupar por igual a musulmanes moderados y a occidentales, en una aldea global en la que la circulación de personas, ideas, dinero y productos es cada vez más rápida, en la que se desdibujan las fronteras físicas y existe gran interpenetración social, política y económica.
La existencia de una mayoría islámica en estado civilizatorio incompatible con el desarrollo citado (aunque utilice buena parte de sus logros técnicos) tiene que ser resuelta por los propios islámicos, encabezados sus líderes político-religiosos.

Tienen que hacer su propia Ilustración, sus propias revoluciones similares a las americana y francesa. ¿Cómo? Como puedan, como quieran, pero que las hagan. Porque si no ponen ellos en marcha un proceso radical de separación entre lo religioso y lo político, entre lo privado y lo público, que lleve aparejado cambios igualmente radicales en su sociedad en todos los ámbitos, seremos los occidentales los que nos veremos en la obligación de hacerlo. En propia defensa y para frenar el expansionismo islámico, el expansionismo de un estado civilizatorio que no se corresponde con las posibilidades del ser humano y con las realidades del s. XXI.

Y, mientras tanto, tenemos también la obligación de frenarlo en el seno de nuestras propias sociedades. En la U.E. se calcula que hay unos veinte millones de musulmanes, de los que la inmensa mayoría es practicante y una tercera parte simpatiza expresamente con las prácticas terroristas como expresión de la yihad. Esto es, en mi opinión absolutamente intolerable.

Con este caldo de cultivo, con este sustrato, lo sorprendente es que no haya más masacres terroristas. Hay que apuntarlo al buen hacer de las fuerzas y cuerpos de seguridad de los estados, así como de sus servicios de inteligencia. Lo que ocurre es que alcanzar el 100% de seguridad es sencillamente imposible. Y el riesgo de que alguno de los próximos atentados se haga con armas químicas, bacteriológicas o nucleares aumenta por momentos.

Por tanto, es mi opinión que ha llegado el momento de actuar contra ese caldo de cultivo islámico posibilitado precisamente por nuestro propio estado civilizatorio de libertades y derechos. ¿Restringiendo nuestras libertades? No, en principio, sino restringiendo las de los islamistas. ¿Por el mero hecho de serlo? Sí, en principio, como se actuó así contra los alemanes, considerándolos en principio sospechosos de nazismo. Y como se sigue actuando ahora contra las organizaciones nazis o sospechosas de serlo.

Hay que conseguir que el buen musulmán no se encuentre cómodo en nuestra cultura, al revés de lo que propugnan los partidarios de la multiculturalidad y de la alianza de civilizaciones.
Nada de diferentes horarios de piscinas para mujeres y hombres, nada de vestimentas femeninas islámicas, pero ni en la escuela ni en la calle. Nada de atenciones especiales a las pacientes musulmanas para que las atiendan doctoras y no doctores. Nada de mezquitas ni crecientes. Nada de comida halal ni fiesta del cordero. Todo ello y mucho más, símbolos de una ideología totalitaria y contraria a los derechos humanos, puede y debe ser prohibido en nuestras sociedades.
Y si algún musulmán no está de acuerdo, que se vuelva a su teocracia. En mi opinión, en Occidente tienen cabida los malos musulmanes, no los buenos. Porque, desde mi punto de vista, los buenos musulmanes son malos ciudadanos de Europa en el siglo XXI. Como también sería un mal ciudadano un cruzado cristiano del siglo. XI.

6.12.05

La Obsesión por Reconquistar Al-Ándalus


LA YIHAD EN ESPAÑA: LA OBSESIÓN POR RECONQUISTAR AL-ÁNDALUS

Autor: GUSTAVO DE ARÍSTEGUI

Editorial: LA ESFERA DE LOS LIBRO

Introducción

El radicalismo islámico no empezó el 11 de septiembre de 2001. El más grave problema es que no hemos reflexionado lo suficiente sobre la trascendencia histórica, social, económica y política que puede llegar a tener para nuestro país la profunda obsesión que sobre España padecen el islam ultraconservador y el islamismo radical.

El atentado de Casablanca supuso una seria sacudida y, sin embargo, la opinión pública siguió pensando que esas cosas siempre les pasan a otros. Existe una preocupante ignorancia en Europa en general y en España en particular sobre este brutal fenómeno que es el terrorismo yihadista. Después del más negro día de la reciente historia de nuestro país, han proliferado toda clase de estudios sobre el 11-M.

Algunos son muy buenos, otros son libros de circunstancia, encargos escritos a toda prisa, sin cuidado y, lo que es peor, sin conocimiento ni rigor. La inmensa mayoría se quedan en los aspectos operativos, sin duda muy importantes, pero centrados en el análisis de las consecuencias, no de las causas.

Algunos son extraordinariamente serios y meticulosos. Los trabajos de Miguel Platón, Casimiro García Abadillo o José María Irujo se cuentan sin duda entre los mejores. Conviene decir desde estas primeras líneas que la presente obra no trata sobre el 11-M: haré la mención mínimamente exigible, pero no voy a tratar de abrir nuevos ángulos sobre una investigación aún en marcha, sobre unos hechos de los que, no me cabe la menor duda, acabaremos conociendo en todos sus extremos.

Mi intención es tratar de escribir una guía que permita entender las razones que mueven al islamismo radical y al yihadismo a atacar a nuestro país. En mi último trabajo, el análisis era más general, y mucho de lo que allí dije puede ayudar a entender lo que le ocurre a España. Sin embargo, no es suficiente: España es un país emblemático para el islam, tanto moderado como conservador o ultraconservador, y supone una verdadera obsesión para el islamismo radical.

No es algo que deba ser tomado a la ligera. Quienes eligen mirar a otro lado, no hacer nada o creer que no hablar del tema, no enfrentarse a él, nos va a preservar de la furia del terror yihadista, están siendo, más que irresponsables, temerarios, y, lo que es peor, están jugando con nuestra libertad y seguridad.


El islamismo radical, como combustible de las mayores atrocidades conocidas, no es nuevo y desde luego no lo es para España: fuimos los primeros en sufrir el zarpazo de la intolerancia religioso-ideológica de los antecedentes del islamismo radical en la Edad Media. Los almorávides y los almohades son, de hecho, y como veremos en sus correspondientes capítulos, el embrión de los opresivos regímenes islamistas radicales que se han desarrollado en la historia de algunos países. Por ello un estudio sosegado de sus antecedentes e historia es materia obligada de este libro.

También conviene deshacer algunos mitos, como el de la 'perfecta convivencia' de las tres culturas, que fue más una coexistencia tolerada y muchas veces jalonada de feroces persecuciones por una y otra parte, antes que el idílico escenario que una parte de nuestra historiografía ha querido presentar. Es preciso ser valientes y tener sentido crítico con todas las épocas de nuestra historia, no sólo con las que menos nos gusten. No escatimaré críticas y prometo al lector no ser políticamente correcto en torno a nuestros mitos históricos.

Otro asunto de trascendental importancia es que no somos conscientes de lo que sobre España y el mito Al-Ándalus se enseña en colegios y madrazas de todo el mundo islámico, especialmente en el entorno árabe, donde se mira con cariño a la par que con profunda nostalgia ese glorioso pasado andalusí. Un pasado del que los que nos quedamos aquí también somos partícipes y propietarios, pequeño detalle que siempre se obvia en los más sesudos análisis que he podido leer.

En diciembre de 1984 tuve el primer toque de atención. Como ya he contado en infinidad de ocasiones, un venerable jerarca sunní de la gran Mezquita de los Omeyas de Damasco me confió, tras horas de grata conversación saboreando un dulcísimo té, que 'nos liberarían de la corrupción occidental'.Tenía veintiún años, y los escalofríos tras escucharle me duraron varios días. De hecho, creo que no se me han pasado aún.

El muftí en cuestión era un hombre de la plena confianza del régimen laico sirio, que acababa de reprimir implacablemente una revuelta en la ciudad de Hama. Sin embargo, los ejemplos no terminan ahí: en muchísimos colegios de la umma (la comunidad de creyentes) se emplean mapas en los que gran parte de la península Ibérica aparece pintada de verde, considerando que nuestro país -y también Portugal- sigue siendo Dar al-Islam (Tierra de Islam).

Hace bien poco leí un breve libro de la colección británica 'The No Nonsense Guides', en la que sus autores, Ziauddin Sardar y Merryl Wyn Davies afirmaban, no sin razón, que una de las principales causas de la expansión del islamismo radical ha sido el colonialismo. Ahora bien, el problema es que manejan un concepto absolutamente disparatado de lo que es colonialismo, cuyo comienzo sitúan en la Reconquista española.

Se trata de dos musulmanes moderados, uno de ellos es la productora de programas religiosos de la BBC. Que en un libro de este tipo se digan cosas así no es una cuestión menor, y me temo que no somos capaces aún de evaluar lo que afirmaciones similares representan, pero esto es lo que intentaré analizar en estas páginas. España y Portugal corresponden casi en su totalidad a lo que históricamente se considera Al-Ándalus, y por eso gozamos de buen nombre y de una imagen positiva que cae bien en casi todo el mundo islámico, sobre todo en los países árabes.

Sin embargo, en el caso de los musulmanes más radicales la reconquista de todos los territorios que alguna vez estuvieron bajo el dominio del islam constituye uno de los ejes ideológicos centrales. Al-Ándalus es el más emblemático y paradigmático de estos territorios perdidos. Una tendencia que no sólo sectores violentos favorecen, sino que incluso historiadores, analistas y periódicos 'moderados' han llegado a promover.

Es una cuestión de enorme complejidad, y me preocupa especialmente la falta de conciencia y el errado diagnóstico que algunas de las más señeras figuras del mundo académico y periodístico tienen sobre este inminente y grave riesgo, sin contar con la complacencia e irresponsable ignorancia de algunos políticos sobre el asunto.
No estudiar el fenómeno y sus raíces no va a evitar la tragedia. Sin embargo, ¿dónde está el límite entre el símbolo, el mito y el convertirse en objetivo? Ésta es una de las claves que vamos a tratar de desentrañar en este trabajo. No parece probable que los planes de total recuperación de Al-Ándalus sean mínimamente viables, pero su imposibilidad no evitará una cuota de sufrimiento, terror e incertidumbre. De hecho, es posible que lo peor no haya pasado.

Por otra parte, aunque hayamos empezado con un clamoroso retraso siempre es posible enderezar el rumbo. Resulta muy preocupante que los intereses cortoplacistas de algunos hayan confundido las causas de la aparición del terrorismo yihadista en nuestro país. No tuvo nada que ver con Iraq. Esta guerra constituyó una eficaz excusa para algunos, pero España lleva en el radar del yihadismo desde que existe tal movimiento, y no querer ver esta realidad, no es que sea una mezquindad, es una actitud peligrosa, obtusa y miope.

Debemos mantener la cabeza fría. Se están dando demasiados intentos de identificar islam con terrorismo, y demasiadas veces nos dicen que la religión y su civilización son el problema. El islamismo radical es la ideología que alimenta al terrorismo yihadista; su primera víctima es el islam y los musulmanes moderados. ¿Es inevitable la confrontación entre Occidente y el islam?
No. Sólo las actitudes de algunos pueden llegar a hacerla inevitable, actitudes como la ignorancia, la laxitud, la permisividad y la falta de firmeza frente al terror. Esto, así como las injustas y disparatadas generalizaciones, pueden incendiar el polvorín. Hay aproximadamente 1.350 millones de musulmanes en el mundo, ¿Se puede decir de verdad que todos son nuestros enemigos? ¿A qué estúpida y perversa mente se le podría ocurrir semejante dislate?

Sin embargo, no podemos ignorar que la situación ha empeorado dramáticamente en los últimos años. Hace veinte años eran entre un 5 y un 7 por ciento; hace diez entre el 15 y el 20 por ciento. En los últimos años el islamismo radical ha crecido de manera exponencial, tal como indican las cifras que maneja el estudio 'Cómo vencer a los yihadistas', coordinado por Richard Clarke.

En esta obra se indica que de 300 a 500 millones de musulmanes simpatizan con los yihadistas, lo que no significa que todos ellos sean terroristas. No obstante, sí hay decenas de miles de terroristas, tal es el dato que maneja Rohan Gunaratna en su excelente libro Inside Al-Qaeda, en el que revela que decenas de miles de muyahidin (mal llamados combatientes) pasaron por los centros de entrenamiento de la red, sin contar con las demás organizaciones terroristas que tienen sus propios campos.

Tampoco hay que omitir el terrible hecho de que seguramente haya cientos de miles de personas dispuestas a colaborar con los yihadistas de algún modo, ya sea por medio de contribuciones económicas, escondiendo o ayudando a terroristas, extendiendo su mensaje de odio y fanatismo o justificando la barbarie. Por otra parte, en los últimos años han sido las contribuciones privadas las que más han crecido en la financiación del yihadismo.

La vinculación del yihadismo al crimen común y organizado se encuentra en constante expansión, y España no es una excepción a esa terrorífica regla. El fraude a pequeña y gran escala, la falsificación de tarjetas de crédito, los asaltos y robos a mano armada, así como el tráfico de drogas y de seres humanos se cuentan entre las fuentes más importantes de ingresos de las organizaciones terroristas actuales. Éste es un tema al que vamos a dedicar especial atención en las páginas que siguen.

Por otra parte, desde los tiempos de la dictadura se vienen cometiendo graves e incomprensibles errores de evaluación sobre las verdaderas intenciones de algunas organizaciones. El ejemplo más claro es el de la Sociedad para el Retorno del islam a Al-Ándalus, fundada en 1976. Como denuncia el profesor José Luis Sánchez Nogales en su libro El islam entre nosotros, este grupo tiene como objeto la reconquista de Al-Ándalus para el islam. Algunas de las organizaciones más sanguinarias del yihadismo internacional cuentan con sólidas bases en Europa, también en España.

Sin embargo, éste no va a ser el único problema para la seguridad de nuestro continente ni de España. Muchas pequeñas células de fanáticos se formarán de manera espontánea, inspiradas por el mensaje yihadista, sin estar necesariamente vinculadas a ninguna organización en concreto. A su vez, las organizaciones terroristas las usarán e incluso en algún caso las integrarán en su esquema operativo (nunca en su estructura, pues sería un riesgo demasiado grande para la organización madre).
En Europa las bandas más temibles siguen siendo el Grupo Salafista de Predicación y Combate o el Grupo Islámico de Combate Marroquí, si bien estos últimos no cuentan con la penetración, presencia y organización en Europa de que, al parecer, gozan los primeros.

Este libro no pretende ser una historia del radicalismo en España ni un estudio del terrorismo islamista desde el punto de vista operativo: de este tipo de trabajos hay ya más que suficientes en el mercado editorial. He pretendido escribir un libro que ayude a la opinión pública en general y española en particular a entender qué es lo que nos ha golpeado, de dónde viene y qué excusas esgrimen (me niego rotundamente a emplear la palabra «causas», creo que es un craso error estratégico, una nueva derrota en la interminable guerra semántica que libramos con el terror).

Es éste un libro de análisis político que pretende tener rigor histórico y académico, pero siempre de una forma accesible a quienes no son expertos. También es un ensayo muy personal, cargado de mis opiniones, análisis y vivencias, un material que creo le otorga la experiencia de muchos años de vida en el mundo islámico y muchos más años de estudio y reflexión.

En mi experiencia se reflejan también mi paso por el Ministerio del Interior y la Comisión Nacional de Libertad Religiosa. No pretendo que el mío sea el único análisis válido sobre el asunto, pero no he encontrado en otras páginas el punto de vista que he tratado de verter en éstas, sistematizado como está y con algunas tesis que, sin ser únicas, son razonablemente originales y en ocasiones hasta audaces.
Tampoco me limitaré al estudio, sino que aventuraré algunas recetas para combatir el terrorismo, pues creo fundamental para tener éxito, la necesidad de comprender y diseccionar al máximo el monstruo que nos acecha.

La ideología islamista radical se extiende como una mancha de aceite. El propio primer ministro británico reconoció en su discurso tras los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres que no se trataba de hechos aislados.Tony Blair afirmó: «Éste no es un hecho criminal aislado: es una ideología maléfica y extrema cuyas raíces se encuentran en una pervertida y venenosa manipulación del islam.» Sin embargo, y coincidiendo completamente con esta lúcida definición del señor Blair, no podemos olvidar que el crecimiento exponencial que ha experimentado el islamismo y su manifestación terrorista, el yihadismo, no puede dejarnos indiferentes.

Hoy se calcula que más del 30 por ciento de los musulmanes presenta algún grado de identificación con el yihadismo. Como hemos dicho, no todos son terroristas, pero los sentimientos de algunos van desde la comprensión por la barbarie hasta la más absoluta y total colaboración y complicidad. El grado siguiente es, obviamente, convertirse en terroristas activos.
El fenómeno es muy preocupante, y España es un objetivo fundamental en la estrategia perversa, violenta y expansiva de estos movimientos y organizaciones. En este libro pretendo dar al lector algunas claves para ayudarle a desentrañar las complejidades de un fenómeno que nos amenaza de forma permanente y activa, que no descansará hasta conquistarnos y someternos o hasta que logremos derrotarlo. No caben alternativas.

Las páginas que siguen pretenden ser una contribución a esa lucha, pues en la misma medida en que la opinión pública esté informada y conozca los verdaderos objetivos de los terroristas islamistas, nos encontraremos más cerca de la derrota del yihadismo.

Sus ideólogos y terroristas tienen un concepto del tiempo muy distinto del occidental. La gran mayoría de ellos no tiene prisa por ver resultados: se conforman con ser un engranaje más de la inmensa maquinaria de la barbarie y del terror de la que forman parte, esperando que su 'victoria' llegue algún día, aunque sea en vida de sus tataranietos. Con esa misma tenacidad y determinación, y si cabe con un grado más, debemos afrontar la lucha contra esta lacra.

Occidente, las democracias y especialmente España debemos ser conscientes de la grave amenaza que este fenómeno supone. No cabe mirar a otro lado, ignorar el problema, complacer a sus 'embajadores' más presentables en la esperanza de escapar a su ira. No podemos seguir por la senda que lleva a la derrota por el camino de la corrección política y de los complejos.

Estas actitudes les han proporcionado inmensos espacios de maniobra y en gran medida han anestesiado a nuestras sociedades, que sólo han despertado por el horror de las bombas y de los muertos. Éste es uno más de mis pasos adelante, de mi compromiso en la lucha por la libertad, la democracia, los derechos y libertades fundamentales, el pluralismo y la tolerancia.

No daré ni un paso atrás, seguiré denunciando y luchando contra estas venenosas y maléficas víboras hasta mi último aliento. Yo sólo les pido a los lectores que no tengan miedo, que sean conscientes de que somos más y mejores, y que sepan que no nos pueden matar a todos, y que la superioridad ética y moral de la democracia sin duda vencerá.