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2.10.09

La obra póstuma de Oriana Fallaci



Oriana Fallaci vuelve a la vida con una novela

Consciente de que el cáncer la minaba día a día, la periodista italiana acometió la titánica empresa de narrar la historia de su familia. La novela, 'Un sombrero lleno de cerezas', quedó inconclusa, pero su heredero decidió publicarla enfrentándose a su madre, hermana de la escritora fallecida. El libro, del que ofrecemos un adelanto, se publica este martes en nuestro país.

Por: Irene Herández Velasco. Fotografía: de Angelo Cozzi

O se la ama o se la odia. O se la detesta o se la venera. Tres años después de su muerte, Oriana Fallaci (Florencia, 1929-2006) sigue sin dejar indiferente a nadie. Para algunos siempre será la valerosa mujer que, tras los atentados del 11-S y desafiando los esquemas de lo políticamente correcto, emprendió una cruzada contra el Islam y denunció sin medias tintas el peligro de que Occidente acabe sometido a los dictados del Corán.

Para otros, sin embargo, la famosa escritora y periodista italiana representa la xenofobia más lamentable y contumaz, el ejemplo más espantoso de adónde puede llegar el odio irracional contra los musulmanes. Ambas posiciones siguen tan enconadamente enfrentadas que en cuanto se desempolva la ya vieja idea de dedicarle a la Fallaci una calle en su Florencia natal, por poner un ejemplo, estalla una feroz controversia. Porque, como les pasa a muchos grandes personajes, esta genial reportera y fumadora empedernida a la que un cáncer de mama quitó la vida el 15 de septiembre de 2006 sigue dando que hablar. Y no sólo porque, para conmemorar el tercer aniversario de su muerte, un sacerdote conocido en Italia como "el párroco anti-Islam" por su visceral rechazo de la religión musulmana y al que la propia Fallaci alabó en su ya famoso libro 'La fuerza y el orgullo', haya oficiado una misa en su honor. Más allá de sus controvertidas posiciones ideológicas, esa italiana tan apasionada como descarnada sigue siendo noticia por sí misma.

¿Es posible que, torturada por el dolor, solicitara a los médicos que le practicaran la eutanasia y que éstos accedieran a poner fin a su agonía con una inyección de morfina? ¿A cuánto asciende el legado económico dejado por esta mujer, de cuyos libros se han vendido en todo el mundo más de 20 millones de ejemplares? ¿Era realmente tan egoísta e insufrible como la describe su sobrino favorito y único heredero? ¿Quería que viera la luz su último libro o se negaba rotundamente a su publicación?

Éstos son tan sólo algunos de los interrogantes surgidos tras la desaparición de la que, para muchos, es la mejor entrevistadora del siglo XX y la conciencia crítica de Occidente. El más inquietante, quizás, tiene que ver con 'Un sombrero lleno de cerezas', la ambiciosa novela histórica a la que Fallaci dedicó buena parte de los 10 largos años que –desde 1991 y hasta 2001 y sabiéndose ya enferma de cáncer–, permaneció alejada del mundanal ruido, retirada del periodismo y enclaustrada en su apartamento en el número 222 de la calle 61 de Nueva York.

REALES Y FICTICIOS.

De "mi criatura", como la escritora denominaba a esa monumental obra, se agotaron en Italia 500.000 ejemplares sólo en los tres primeros días tras su salida a la venta. El libro cuenta la historia de la familia Fallaci, desde mediados del siglo XVII hasta 1889, a través de medio centenar de personajes tanto reales como ficticios.

La reportera que puso contra las cuerdas a Henry Kissinger o al ayatolá Jomeini dedicó años a rastrear entre legajos y archivos la historia de su estirpe. Pero la duda trascendental que planea sobre esa imponente saga épica que recorre cinco generaciones es si la aguerrida periodista quería realmente que esa novela, que dejó incompleta y a la que nunca llegó a poner el punto final, viese la luz.

Según Paola, su hermana, la respuesta es rotunda y categóricamente no. "En este momento, Oriana debe de estar blasfemando", aseguraba tras la publicación en Italia, en julio de 2008, de 'Un sombrero lleno de cerezas'. "Me la imagino entrando en cualquier momento por aquella puerta y montando una de sus terribles escenas".

Paola, que al igual que su hermana Oriana no tiene lo que se dice un carácter fácil, no se anda con rodeos: "Que no me toquen las pelotas... Había dos copias de ese libro. Una la tenía Oriana y la otra la tengo yo. Y ella no quería que fuese publicado. Tengo notas suyas en las que escribió: 'Antes que verlo publicado, lo quemo'. De hecho, durante años, varios editores le pidieron publicarlo y ella siempre se negó, porque el libro estaba incompleto", ha asegurado en declaraciones a la prensa italiana.

Sin embargo, detrás de la monumental bronca montada por Paola a propósito de la salida al mercado de la obra, algunos no pueden evitar ver un atisbo de rencor por haberse visto excluida del testamento de la Fallaci. Porque Oriana, que llevaba años peleada con ella, no le dejó ni un miserable euro.

La escritora y periodista, visceral hasta la médula y que murió sin hijos, decidió legar toda su fortuna a uno de los dos vástagos de Paola, Edoardo Perazzi, de 43 años, quien, por supuesto, no se habla con su madre. La cifra exacta de lo que le ha podido caer en suerte se desconoce, pero el propio interesado asegura que, tras pagar los preceptivos impuestos en Estados Unidos, la herencia de la tía ha quedado reducida a muy poquita cosa.

Sin embargo, y como heredero universal de Oriana Fallaci, Perazzi es dueño de los derechos de autor de todas las obras de la reportera, incluida, por ejemplo, 'La rabia y el orgullo' (2001), el primer libro en el que la periodista arremetió contra el fanatismo que, a su juicio, entraña el Islam y contra los gobernantes occidentales que, en nombre de lo políticamente correcto, favorecen el apoyo a la cultura islámica.
Ese libro, del que sólo en Italia se vendieron 1,5 millones de ejemplares, acaba de ser reeditado en el país transalpino en edición de bolsillo. Y, por supuesto, Perazzi también tiene en sus manos el copyright de Un sombrero lleno de cerezas, publicado a título póstumo. De hecho, fue él quien decidió llevar a la imprenta ese libro, asegurando que su tía le había autorizado expresamente a publicarlo.

"En agosto de 2006, en su último mes de vida, me daba instrucciones de todo tipo, pero no me hablaba nunca de la novela. Un día me armé de valor. 'Oriana, tengo aquí a este 'hijo' tuyo (llamaba así a sus libros) y no sé qué debo hacer con él. ¿Lo publico? ¿Lo guardo en un banco? ¿Lo quemo?'", cuenta Perazzi. "¿Estás loco? Pues claro que tienes que publicarlo. ¡Comprueba que no haya gilipolleces y publícalo!", asegura que le respondió la tía.

Pero aun siendo el heredero único de la Fallaci y su sobrino preferido, Edoardo Perazzi no puede evitar hacer un retrato bastante terrible de su tía, famosa por su espantoso temperamento. Esclavista, lianta, severa y tacaña son sólo algunos de los calificativos que le dedica... Asegura que conoce al milímetro el apartamento que la Fallaci tenía en Nueva York. "¡Qué remedio! Me hizo fregarlo y lustrarlo millones de veces. Ibas a visitarla y ella, que siempre solía estar sola, te esclavizaba", se lamentaba el año pasado en una entrevista al semanario 'Panorama'.

CAMARERO DE SEAN CONNERY.

"Me acuerdo que, una vez, cuando estaba en el primer año de la Universidad de Chicago, me dijo: 'Pobrecito, ¿qué haces allí tan sólo? Ven a verme, te preparo una buena comilona aquí en Nueva York'. Yo caí en la trampa, aunque ya me pareció un poco sospechoso que, en lugar de un billete de avión, me enviara uno para viajar en autobús de línea. El caso es que, tras un día y medio de viaje, llamé a su puerta reventado de cansancio, sucio. Ella me hizo lavarme a toda prisa. Tenía como invitados a Sean Connery y a su mujer... Durante un día hice de camarero y, después, me mandó de vuelta a la universidad, pero sólo tras hacerme fregar todos los platos". El sobrinísimo también asegura que la Fallaci acumulaba en su vivienda un montón de basura. "Los incautos a los que admitía en su casa eran explotados como mano de obra para tirar los cientos de botellas de aceite vacías y todas las demás cosas que amontonaba".

Pero, por si esos escabrosos detalles sobre la faceta más privada de la escritora y periodista no fueran suficientes, Paola se ha encargado de añadir alguno más. Como afirmar que la Fallaci –quien a pesar de su declarado y militante ateísmo (lo que no le impidió declarar su admiración por el Papa Benedicto XVI a propósito de su férrea defensa de las raíces cristianas de Europa) se manifestó en contra de que le fuera practicada la eutanasia a Terri Schiavo, la norteamericana que pasó 15 años en estado vegetativo– acabó ella misma recurriendo a esa práctica, rigurosamente prohibida por la legislación italiana.

UN ESQUELETO.

"Regresó a Florencia en camilla. Era un esqueleto. En Nueva York se había sometido a terapias tremendas. Sufría muchísimo y pidió una inyección de morfina, sabiendo perfectamente que no volvería a despertarse, y sabiéndolo también la clínica", contaba Paola el año pasado al periódico 'La Stampa'. "Suplicó: 'Haced algo, ayudadme', y esa ayuda fue la morfina. Podéis decir lo que queráis, pero esa práctica se llama eutanasia". Sin embargo, la clínica Santa Clara de Florencia, donde murió, ha desmentido categóricamente las palabras de Paola. Y lo mismo ha hecho Edoardo Perazzi.

En realidad, todo ello no son más que pinceladas en la historia de una mujer que nació bajo la dictadura de Mussolini, que a los 10 años participó activamente junto a su padre en un movimiento clandestino de resistencia, que a los 14 recibió un reconocimiento de honor de parte del ejército italiano por su activismo durante la guerra, que a los 16 comenzó a trabajar como reportera en Florencia. "La primera vez que me senté detrás de una máquina de escribir me enamoré de las palabras, que brotaban como gotas, una a una, y se quedaban sobre la hoja... Cada gota se convertía en algo que, si hubiera pronunciado, se habría ido volando, pero sobre las páginas esas palabras se volvían tangibles", dijo en una entrevista en 1979.

Su inmenso talento la catapultó muy pronto al éxito, lo que la llevó a entrevistar a figuras políticas de gran relieve y a cubrir los grandes acontecimientos internacionales. Su estilo directísimo y descarnado hizo el resto... Como en aquella famosa entrevista que en 1979 la reunió con el ayatolá Jomeini y ante el cual se 'atrevió' a cuestionar la obligación de las mujeres iraníes de llevar chador.
"A usted no le importa. Nuestras costumbres a usted no le importan. Si a usted no le gusta la vestimenta iraní no está obligada a llevarla, dado que es para mujeres jóvenes y señoras respetables", le espetó el líder religioso de Irán. Y la Fallaci, que se había visto obligada a ponerse un chador para poder entrevistarle, no se lo pensó dos veces. "Muy amable, Imán, me voy a liberar inmediatamente de este estúpido trapo medieval", le respondió, al tiempo que se lo quitaba.

Entrevistas y obra de Oriana Fallaci:

Oriana Fallaci deja un mensaje póstumo al mundo

El legado de Oriana Fallaci

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¿Que Diálogo entre Civilizaciones?

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Oriana Fallaci "Un sermón para Occidente"

La Rabia y el Orgullo (Oriana Fallaci)

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2 comentarios :

  1. Tauro5/10/09

    La gente con caracter ,que no se deja arrastrar por las masas, es digna de admirar,hay que tenerlos muy bien puestos para contestar asi al Ayatolá .Ya había oído hablar de Oriana Fallaci en tu blog, lo que no sabía es que había muerto de cancer.A ver si encuentro algun libro de ella para echarle un vistazo.

    "Si Dios no contenta a todo el mundo, no lo voy a hacer yo."
    (Cristiano Ronaldo.)

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  2. María Luisa Pieschacón10/11/10

    Muy al margén de la polemización de su hipotesis antiislamica, no hay duda que la historia del periodismo y la letras se enriqueció con esta mujer de extraordinario talento,beligerancia y doiminio de la palabra.

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