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14.1.11

El rezo de los musulmane en la calle es una forma de ocupación.

Chalghoumi, imán de Drancy, representa a un islam diferente y liberal. Los integristas le acosan. Y él insiste: hay muchos imanes moderados que tienen miedo

«He sido amenazado por predicar un islam tolerante»

Hassen Chalghoumi, imán de Drancy, es un caso único: defiende la ley contra el burka, denuncia el extremismo islamista, defiende el diálogo con cristianos y judíos, teme que los radicales continúen su expansión en Francia y Europa. Acaba de publica un libro, Por un Islam de Francia (Cherche Midi Editor) que es un manifiesto contra el integrismo, a favor de la laicidad, en defensa de los valores nacionales de Francia y de un islam tolerante.

—Entre el 40 y el 60 por ciento de los franceses y alemanes estiman que los musulmanes se integran mal.

—Los musulmanes son víctimas, al mismo tiempo, del racismo ordinario, de la incomprensión y de la acción criminal de los islamistas radicales. Por eso creo urgente la necesidad de liberar a los musulmanes de la propaganda extremista, de las prédicas integristas, que hacen algo mucho peor que dar una imagen horrible del islam: están engañando a los musulmanes, están sembrando el odio.

—Marine Le Pen ha comparado el rezo y la prédica musulmana en la calle con una ocupación extranjera.

—Marine Le Pen defiende el racismo de manera temible. Pero, en este caso, tiene razón. Muchos imanes en Francia predican la guerra santa. Para ellos, el rezo en la calle es una forma de ocupación. En alguna de las mezquinas citadas por Marine Le Pen, en París, es cierto que ya fue asesinado un imán moderado.

—¿Cómo difunden el odio?

—En algunas ciudades de la periferia, los islamistas radicales son muy influyentes. Y nadie les para los pies. En mi mezquita, yo predico la comprensión, el diálogo, la tolerancia. Han instalado otra mezquita a dos pasos. Y desde allí me denuncian y acosan. Han amenazado y acosado a mi familia. Han quemado mi coche. Dicen que soy un imán renegado, prosionista y procristiano. Esperan utilizar la entrada en vigor de la Ley contra el Burka para lanzar nuevas campañas contra Francia y contra el islam tolerante.

—¿Qué opina del burka?

—Creo que el Estado debe defender valores. El burka no tiene nada que ver con el islam, ni con el Corán ni con la tradición religiosa musulmana. No hay sitio para el burka en Francia. El burka es una prisión para la mujer. Es necesario defender la dignidad de la mujer. El burka es un instrumento de dominación sexista manejado de manera criminal por una horda de integristas. Por eso defiendo la Ley contra el burka, que será muy difícil de aplicar.

—¿Por qué?

—Porque los integristas la van a utilizar como arma de guerra contra Francia, en el territorio nacional y en el extranjero. Y Al Qaida lo utilizará como arma de guerra. Son de esperar amenazas de atentados terroristas.

—¿Como combatir esas amenazas?

—Es necesario que los imanes del islam de Francia sean franceses y formados en Francia. Los imanes deben conocer y defender la historia y los valores de Francia. Hasta ahora, una gran mayoría son funcionarios de países extranjeros, que importan a Francia muchos conflictos. Hay que acabar con la importación de la guerra civil argelina, o del conflicto entre Israel y los palestinos. El Estado debe intervenir en las mezquitas donde se propaga el odio y la guerra santa. El Estado debe asegurar la independencia económica que hoy no tienen las mezquitas que dependen de dinero extranjero: dinero que permite importar integrismo. En Francia hay un islam moderado, tolerante. Pero los imanes moderados tienen miedo.

JUAN P. QUIÑONERO
ABC.es






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