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2.3.15

“Hemos matado a ‘Charlie Hebdo’!”

La amenaza yihadista Una revista satírica libertaria, una institución de la República sin parangón en Europa, ha sido decapitada
RAFAEL POCH Corresponsal. París

Nueve años de amenazas

FEBRERO DEL 2006. Charlie Hebdo publica las primeras caricaturas de Mahoma. Un año después el caso es llevado a los tribunales por un grupo de asociaciones musulmanas –entre ellas, la Liga Mundial Musulmana, apoyada por Arabia Saudí– por supuesto racismo. El juez falla a favor del semanario alegando que las caricaturas se dirigían contra los terroristas más que contra los musulmanes.

NOVIEMBRE DEL 2011. Tras la victoria de los islamistas en las elecciones tunecinas, la revista satírica publica una edición especial con el nombre Charia Hebdo. Un ataque con objetos incendiarios destroza la redacción. Libération los acoge dos meses.

SEPTIEMBRE DEL 2012. Charlie Hebdo vuelve a crear polémica con caricaturas del profeta musulmán, siendo condenada por políticos y por religiosos. Salió en defensa del semanario el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, recordando que “la libertad de expresión constituye uno de los principios fundamentales de la República”.

ENERO DEL 2013. La revista publica una biografía en forma de cómic de Mahoma que provocó un ataque de hackers durante días.

La redacción del semanario satírico Charlie Hebdo se encuentra en el 10 de la calle Nicolas Appert. El barrio del distrito XI es un rosario de pequeñas callejas con modestos edificios modernos próximo al bulevar Richard Lenoir. Apenas dos horas después del atentado, algunos heridos, los menos graves, aún estaban siendo atendidos por los equipos médicos. La zona estaba vallada por la policía en medio de un trajín de ambulancias y sirenas que aún sin ver la sangre daban una idea de la gravedad de lo sucedido.

En los alrededores del lugar, corrillos de curiosos, periodistas y vecinos que intentaban acceder a sus viviendas a través de las barreras. Reuniendo sus fragmentarios testimonios se iba reconstruyendo, poco a poco, la película de los hechos. Sobre las once llegan dos hombres encapuchados y armados con fusiles kaláshnikov a bordo de un pequeño utilitario Citroën de color negro. Es la hora en la que la redacción del semanario celebra su consejo semanal –el último número había llegado ayer a los quioscos–, es decir planificación del próximo número y también balance del año, en presencia del grueso de sus empleados, circunstancia que los asesinos debían conocer. Su actuación fue profesional, militar, implacable y rápida. La dibujante Coco, que había ido a buscar a su hija a la guardería se los encuentra en la puerta del inmueble. De forma brutal le amenazan y le obligan a teclear el código de acceso. La redacción se encuentra en el segundo piso y allí están todos alrededor de la mesa. El tiroteo en ráfagas dura cinco minutos, se mata a conciencia. Coco que se refugia en un despacho, escucha 30 disparos invocaciones a Alá y el anuncio de que “se ha vengado al Profeta”. Mueren ocho periodistas, un policía encargado de la protección de uno de ellos y un invitado. Otra testigo citada por Paris Match describe así la escena: “Me topé con un baño de sangre, había muertos por todas partes”. Entre los vecinos algunos creen que son petardos, otros que ven a los hombres encapuchados y armados piensan en una película y solo al ver a policías asustados huyendo se dan cuenta de que ocurre algo serio.

Desde lo alto de un edificio de los alrededores alguien graba con su teléfono la retirada de los asesinos, incluida la fría ejecución de un policía, primero herido y luego rematado en la cabeza. El fiscal de París explicará por la tarde que ese enfrentamiento a tiros que costó la vida a un agente fue el tercero de la mañana en los alrededores del lugar. En el vídeo se oye cómo uno de los dos hombres antes de subirse en el coche en el que escapan grita “Hemos vengado al Profeta Mahoma! Hemos matado a Charlie Hebdo!”.

De lo segundo no hay la menor duda: verdaderamente han matado, literalmente, a Charlie Hebdo; el octogenario y entrañable Georges Wolinski, que ya era una institución francesa a mediados de los setenta, el hombre que más mujeres desnudas había dibujado en una vida, una persona que adoraba y respetaba a las mujeres. Jean Cabut (Cabu), el director de la publicación Stéphane Charbonnier (Charb), Tignous..., los padres fundadores de esta publicación, su alma, figuran entre los muertos. Iban a por ellos. Una cuenta de agravios acumulada a lo largo de muchos años por la irreverente sátira practicada sin distinción alguna de religiones: se pitorreaban de todas.

“Me topé con un baño de sangre, había muertos por todas partes”, relata una testigo del atentado
La última viñeta de Charb, aparecía ayer, en la página siete de la publicación. Terriblemente premonitoria. Presenta a un yihadista bajo el titular: “Todavía sin atentados en Francia”. “Pero esperen”, dice el personaje, ataviado con gorro afgano y kaláshnikov al hombro, “tenemos hasta fin de enero para presentar nuestras felicitaciones”. La felicitación llegó al filo de las once. “Era gente noble, que nunca hizo daño a nadie, todo eso se ha perdido para siempre, deja un agujero irreparable”, explica emocionado Philippe Val, que dirigió Charlie Hebdo durante 17 años. Gente valiente. “No tengo miedo de las represalias, no tengo niños, ni mujer, ni coche, ni crédito. Puede que parezca un poco pomposo, pero prefiero morir de pie que vivir de rodillas”, escribió el director de la publicación, Charb, hace dos años.

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