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28.4.04

Mezquitas sin control en España


La libertad religiosa es un hecho en España.

Cualquier ciudadano, cualquier extranjero, goza del derecho constitucional a practicar su propia religión y a no sufrir interrogatorio o discriminación por este motivo. Y en el ejercicio de este derecho, y como consecuencia de la inmigración magrebí, se han multiplicado por nuestra geografía los templos de oración al servicio de los musulmanes.

En 1992 existían 40 de estos oratorios mientras que hoy el número de mezquitas ha crecido hasta las 230. Una situación que no debiera causar problema alguno, pero que resulta hoy ciertamente preocupante por la amenaza del terrorismo de origen islamista y su relación con algunos de estos lugares religiosos, sobre todo evidenciada en los atentados del 11-S en Estados Unidos, y del pasado 11 de marzo en Madrid.

Los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad del Estado eran ya perfectamente conocedores, antes de los atentados de Atocha, de la presencia entre nosotros de integrantes de grupos terroristas, en su mayor parte vinculados a la red de Al Qaida, que se sirven de la protección que les proporcionan las mezquitas para reclutar a simpatizantes, reunir fondos para continuar su particular guerra o eludir la acción de la Justicia.
LA RAZÓN publica hoy, en exclusiva, que los servicios policiales consideran que al menos un tercio de las 55 mezquitas de las que se tiene noticia de su existencia en la Comunidad de Madrid tiene o ha tenido conexión con grupos radicales. Desde la propia Al Qaida a Hamas, pasando por los Hermanos Musulmanes.

Otros informes, hechos públicos recientemente, confirman el imparable crecimiento de la comunidad musulmana, que en algunas ocasiones se ve infiltrada por individuos de ideología extremista que formaron parte de las guerrillas mujaidines en Afganistán, Chechenia y Bosnia.

La religión islámica no tiene una estructura jerárquica al modo de la Iglesia católica u ortodoxa, o de las principales ramas del protestantismo. Un solo individuo, sin formación específica, puede alentar el desarrollo de una comunidad de fieles sin ningún tipo de dependencia orgánica y sin más control del contenido de su predicación que el que ejerzan los propios parroquianos.

El problema tiene, pues, una doble vertiente: por un lado, el respeto que nuestra Constitución garantiza al libre ejercicio de la religión y, por otro, la inexistencia de una jerarquía musulmana que se responsabilice del uso correcto de ese derecho.

Urge, por lo tanto, impulsar la creación de un Consejo Mulsulmán, integrado por los representantes de las principales comunidades islámicas de España, que actúe de valedor y garante de los derechos y deberes de nuestros nuevos vecinos.

Fuente:La Razón

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25.4.04

La lapidación como expiación


Amina Lawal, sentenciada a morir apedreada por un tribunal islámico, junto a su bebé

Amina Lawal y la shari'a

En octubre del 2001, Amina Lawal, una mujer del norte de Nigeria, fue condenada por adulterio tras quedarse embarazada más de nueve meses después de su divorcio. Su sentencia fue ser apedreada hasta morir, pero sólo una vez que hubiera destetado a su hijo, la prueba de su delito.
Esta sentencia debía cumplirse en algún momento del 2003.

La súplica de Amina Lawal atrajo un interés notable por todo el mundo. Una pregunta que pide hacerse a gritos es ‘¿por qué?’. ¿Sobre qué base un tribunal de la shari'a islámica nigeriana llega a este veredicto?. ¿Por qué la pena de muerte por adulterio debe ser la lapidación?. ¿Y por qué debe posponerse esta pena hasta que se destete al hijo de Amina?.

Mahoma como base de la shari'a islámica

Al utilizar términos como “medieval” o “bárbaro” para aludir a la sentencia de Amina Lawal, los comentaristas de los medios occidentales apenas vadearon las aguas del entendimiento. Comprender la base de esta determinación legal en la shari'a islámica es importante.

'Sharia' significa simplemente 'modo' — el modo de vida de la comunidad musulmana. ¿Pero sobre qué base se construye la shari'a islámica o el 'modo' islámico?.

La clave para entender la shari'a es el propio Mahoma, el Mensajero de Alá. Se toma su vida como ejemplo perfecto de todo lo que sigue, y su enseñanza como la única guía fiable hacia la virtud. Esto se establece por revelación divina en el Corán

Cualquiera que aspire a Alá y al Día del Juicio tiene el mejor ejemplo en verdad en el Apóstol de Alá (Sura, 33:21).

Lo que el Apóstol te ordena, acéptalo; y lo que él te prohíba, evítalo (Sura, 59:7).

Siempre que Alá y el Apóstol hayan decidido [sobre] una materia, no corresponde a un hombre o a una mujer fieles seguir un curso de su propia elección (Sura, 33:36).

La ley shari'a, como creación del islam clásico, representa la sistematización del ejemplo y enseñanzas de Mahoma. Fija el estándar para imponer lo correcto y prohibir lo erróneo. Las prácticas musulmanas tales como la caridad, que las mujeres lleven el hijab, y los cinco actos diarios de oración, todo toma su autoridad de las enseñanzas y el ejemplo de Mahoma.

La pena de lapidación en la shari'a

¿Qué ejemplo o enseñanza de Mahoma es probable que sea la base del veredicto del tribunal nigeriano de shari'a de que Amina Lawal debía ser lapidada por adulterio entonces?.

Esta pena es apoyada claramente por tradiciones seguras. Mahoma en persona dirigió la puesta en práctica de este castigo. Varias instancias registran casos diversos, por ejemplo, Ibn Umar informa haber atestiguado la lapidación de una pareja judía por adulterio:

“el Apóstol de Alá ordenó que los dos fueran apedreados hasta morir, y así fueron lapidados” (Sahih Bukhari, 8.809).
Otras tradiciones fiables enumeran el adulterio, junto con la apostasía y el asesinato de otro musulmán, como una de las tres razones legales para condenar a muerte a un musulmán. Deacuerdo con tradiciones tales como éstas, que se encuentran en las seis colecciones canónicas de hadiths, las cuatro escuelas de shari'a islámica acordaron que la pena para una adúltera casada es la lapidación, así que esta pena lleva siendo parte permanente de la shari'a desde sus inicios bajo Mahoma.

¿Por qué entonces la suspensión de la pena para una mujer embarazada hasta que su hijo nazca y sea destetado?. En esto, los jueces nigerianos demuestran también actuar según el ejemplo de Mahoma. El musulmán en su colección canónica de hadiths, relata la historia de “la mujer de Gamid”:

Llegó ante él [el Santo Profeta] una mujer de Gamid y dijo: 'Mensajero de Alá, he cometido adulterio, así que purifícame'. Él [el Santo Profeta] le dio la espalda. Al día siguiente ella dijo: Mensajero de Alá, ¿por qué me diste la espalda? … Por Alá, me he quedado embarazada'. Él dijo, 'bien, si insistes en ello, vete hasta que des a luz'. Cuando le indicaron llegó con el niño [envuelto] en un trapo, y dijo 'He aquí el niño al que he dado a luz'. Él le dijo 'fuera, y amamántalo hasta que lo destetes'. Cuando le hubo destetado, llegó a él (al Santo Profeta) con el niño, que tenía un trozo de pan en su mano. Ella dijo 'Apóstol de Alá, helo aquí, le he amamantado y come comida'. Él (el Santo Profeta) confió el niño a uno de los musulmanes y entonces dictó sentencia. Y la pusieron [a la mujer] en una zanja hasta su pecho y él ordenó a la gente y la apedrearon. (Sahih Musulmán, 4206)

La lapidación como expiación

Este hadith también revela un aspecto importante de esta pena: la lapidación se veía como penitencia de limpieza de su pecado de adulterio. Cuando la mujer de Gamid dice “purifícame”, ella pedía ser lapidada. El comentario islámico de este pasaje exalta varias veces su ejemplo piadoso.

Cuando un seguidor de 27 años de la Jihad Laskar indonesa conocido como “Abdaláh” -- no es su nombre real – confesó adulterio y fue condenado después a la pena capital por lapidación, fue ampliamente alabado como un héroe de la causa de la shari'a.
En mayo del 2001, la revista Suara Hidayatulah concedió 'un premio de Syariah' a la familia de Abdaláh por su ejemplo, entregándoles 10 millones de rupias. Wisnu Pramudya, editor de la revista Suara Hidayatulah, declaró en una ceremonia sencilla a la que asistieron varios líderes musulmanes indonesios que la lapidación de Abdaláh representaba un salto de gigante en la lucha de los musulmanes indonesios por salvar la nación mediante la implementación de la shari'a islámica.

¿Hay alternativa?

¿No hay otro modo de zanjar esto?. ¿No hay vía de escape del modo del profeta del Islam para el fiel devoto?. La Torah hebrea defiende la pena de muerte, pero el judaísmo y el cristianismo la han dejado a un lado. ¿Por qué el islam no va a ser capaz de hacer lo mismo?.

Para los cristianos, Jesús dispuso la práctica de la pena capital con la mujer sorprendida en adulterio (Juan, 8:7). El judaísmo rabínico también ha erradicado esta pena.

Mahoma anticipó que los musulmanes encontrarían esta ley difícil de administrar. En un discurso en el lecho de muerte, recogido por Ibn Ishaq en la historia temprana de la vida del Apóstol, Mahoma suplica a la comunidad musulmana continuar lapidando a las adúlteras.
Tras la muerte de Mahoma, el Califa Umar dio su discurso inaugural a la comunidad musulmana reunida en Medina. De todos los asuntos que podría haber elegido, Umar decide dedicar este sermón histórico a la pena por adulterio:

Alá envió a Mahoma con La Verdad y le reveló a él el libro sagrado, y entre lo que Alá reveló, se encontraba el verso de Rajam (lapidar a los casados, hombres y mujeres, que cometen adulterio) y recitamos este verso y lo entendimos y memorizamos. El Apóstol de Alá sí llevó a cabo el castigo de lapidar y nosotros lo hacemos después de él. Temo que después de que haya transcurrido mucho tiempo, alguien diga “por el Libro de Alá”, no encontramos el Verso de Rajam en el Libro de Alá, y así perdamos por abandono una obligación que Alá ha revelado.

Es desconcertante que este verso no aparezca en el Corán. Una interpretación clásica es que las palabras precisas del verso fueran obviadas, pero que la orden fuera conservada.

Mahoma estaba bien al tanto de la posibilidad de que esta ley fuera descuidada. También estaba al tanto de que los judíos habían abandonado la pena de lapidación en favor de castigos más humanos. Esto constituyó uno de los principales argumentos contra ellos, ya no observaban la ley que les había sido entregada por Dios. El Sahih Musulmán (párrafo 4214) deja constancia de que una serie de versos coránicos había sido 'eliminada' en aquella época, castigando a los judíos por abandonar la ley de la Torah, incluyendo la Sura 5:45:

Cualquiera que no juzgue según lo que hubo revelado Alá: tales son los que obran mal.

Esta condena explícita de los judíos por abandonar la lapidación dificulta que las generaciones posteriores de juristas musulmanes siguieran el ejemplo del judaísmo. Dado que se entendía que el islam clásico había corregido las corrupciones religiosas de los judíos, incluyendo su ausencia de adhesión a la Torah, ¿cómo podía aceptar el islam que el ejemplo de los judíos -- que Mahoma condenó específicamente -- era preferible al propio ejemplo de Mahoma?.

Uno podría concluir bien que insertar la pena de lapidación en la ley shari'a encuentra muchos apoyos dentro del islam.

Muchos musulmanes sí rechazan la lapidación, y ha habido voces musulmanas entre la condena mundial de la sentencia de Amina Lawal. Algunos precisan que el Corán no prescribe esta condena: todo lo que menciona son azotes por cópula ilegal (Sura, 24:2).

Por otra parte, los jueces del tribunal de shari'a de Nigeria estaban indudablemente enterados del fuerte apoyo en favor de la lapidación. No será suficiente condenar simplemente la sentencia de Amina Lawal como “anti islámica”, o como algo incompatible con los derechos humanos en el islam. Los fundamentos claros de lapidar a los adúlteros en el ejemplo y las enseñanzas de Mahoma necesitan ser profundamente reconocidos y tratados si los musulmanes conservadores van a eliminar esta pena de la shari'a islámica.

Una pregunta final

Por todo el mundo, la shari'a se encuentra bastante al alza. Durante los últimos 50 años, virtualmente todos los estados musulmanes han adoptado medidas, pequeñas no obstante, hacía reimplementarla. El caso de Pakistán es completamente típico. En 1947 se estableció un estado laico. En 1956 fue proclamado estado musulmán. En los 70 se estableció un tribunal de shari'a, y en 1984 la blasfemia contra el islam fue declarada ofensa capital.

Esta tendencia no puede ignorarse. La reintroducción en los libros del estado de la pena por lapidación en naciones tan distantes como Nigeria, Sudán o Malasia es sólo un síntoma del renacimiento mundial de la shari'a.

En marzo de 1999, John Garang, el presidente sudanés del Movimiento de Liberación de los Pueblos de Sudán, planteó la siguiente pregunta en una conferencia de prensa en Ginebra:

“Hago esta muy importante pregunta: ¿es la jihad un hecho religioso de aquellos que la declaran y la emprenden, o es una violación de los derechos humanos de los pueblos contra los que se declara y emprende?”.

John Garang se refería a la jihad sudanesa, declarada por Jartum contra los pueblos del sur de Sudán y las Montañas Nuba, como una faceta de la implementación de la shari'a islámica en el norte de Sudán.

Hoy, más de dos años después, la historia de Amina Lawal plantea la misma pregunta: ¿Es la puesta en práctica de la ley de la shari'a islámica un ejercicio de derecho religioso, porque se deriva del deseo comunitario de una fe de vivir según los principios de su religión?. ¿O priva la shari'a islámica a los seres humanos de derechos humanos fundamentales?

Ésta demostrará ser seguramente una de las cuestiones más acuciantes, difíciles y divisorias del siglo XXI.


* El presente artículo fue escrito en colaboración con Mark Durie. Mark es doctor en lingüística por la Universidad Nacional de Australia (ANU, 1984), y es uno de los pocos expertos en el lenguaje y cultura de los Acehneos, un pueblo musulmán de Indonesia, entre los que realizó una extensa investigación pionera entre 1980 y 1991, publicando tres libros y casi cien artículos. Harkness Fellow y miembro del Consejo Australiano de Académicos de Humanidades, investigador exterior en la Universidad de Leiden, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, la UCLA, la UC Santa Cruz y en Stanford, entra en el claustro de la Universidad de Melbourne en 1987, donde ocupa el cargo de Director del Departamento de Lingüística de 1990 a 1992, e investigador ARC de 1992 a 1997. Ministro anglicano en St Hilary, donde desarrolla teología comparativa, es profesor asociado de los Departamentos de Lingüística y Lingüística Aplicada de la Universidad de Melbourne.


24.4.04

Consideraciones sobre “Racismo”

En estos tiempos polémicos, el debate sobre Oriente Medio y el Islam es fácilmente sofocable. Todo lo que se necesita son algunos árabes contrariados, preferiblemente palestinos, o un puñado de izquierdistas occidentales que lancen una acusación de "racismo".
Entonces el presunto ofensor, ya sea un autor judío, un profesor cristiano o un disidente musulmán, es silenciado y evitado. De este modo, la acusación de "racismo" es similar a la de "capitalista burgués" en tiempos de Stalin.

El pretendido crimen es de orden esencial. Pretende cancelar la humanidad del acusado, así como los hechos reales del caso; y funciona. Así, el miedo a que uno pueda ser acusado de "racista", ya sea por musulmanes o por izquierdistas occidentales, es tan grande que la mayor parte de la gente o se une al coro de chacales orwellianos o rechaza "implicarse".

He aquí las normas de Alicia en el País de las Maravillas: no se permite que nadie, occidentales en especial y judíos en particular, acuse a los musulmanes de ser "racistas". Este mandamiento está en vigor incluso cuando los gobiernos musulmanes niegan la ciudadanía a judíos, emprenden el genocidio contra cristianos o negros, difunden la propaganda de odio más enfermiza contra los infieles o amenazan con "eliminar" a Israel con armas nucleares. Ni los izquierdistas occidentales políticamente correctos ni los líderes musulmanes llaman a eso "racismo".

La difamación se reserva, en cambio, para aquellos que documentan y desafían las barbaridades racistas perpetradas en nombre del Islam. Por consiguiente, dos de los pensadores más brillantes y apasionados de Europa, el francés Alain Finkielkraut y la italiana Oriana Fallaci, han sido condenados recientemente como "racistas" por decir la verdad sobre el Islam y sobre Israel. Pero hay otros muchos ejemplos. He aquí tres de América del Norte.
Considérese primero el caso de Howard Rotberg. En 2003 Rotberg, escritor y abogado canadiense, publicó su primera novela, una encantadora y desgarradora historia proisraelí titulada La segunda catástrofe: una novela acerca de un libro y su autor. Frecuentemente la vida imita al arte, y Rotberg pronto sufrió parte del destino de su personaje de ficción, el profesor Norman Rosenfeld.

Rotberg dio su primera conferencia en una librería Chapters en Waterloo, Ontario. De repente, dos musulmanes interrumpieron su discurso. El primer alborotador, que se identificó como palestino, le acusó de decir, o de pensar quizá, que "todos los musulmanes son terroristas". El alborotador admitió que no había leído el libro.

Un segundo hombre, que se identificó como kurdo iraquí, comenzó a "lanzar diatribas acerca de cómo los americanos y los israelíes son los verdaderos terroristas, y de que la democracia es verdaderamente fascista". No permitieron que Rotberg hablara. Según éste, utilizaron "tácticas de la Gestapo para interrumpir por completo [la] conferencia". Uno llamó a Rotberg, hijo de superviviente del Holocausto, "jodido judío".

Nadie del personal de la librería les detuvo; es decir, hasta que Rotberg respondió que "no iba a ser llamado jodido judío". En ese momento, un gerente del establecimiento apareció para decirle a Rotberg que dejara de jurar. Rotberg exigió que la tienda llamase a la policía. Según él, finalmente lo hicieron, pero muy a regañadientes. La policía, a su vez, rehusó arrestar a nadie por perturbar la paz: simplemente pidió a los molestadores de Rotberg que se mantuvieran lejos de la tienda. Asimismo, rehusó escoltar a Rotberg hasta su coche.

La editorial de Rotberg, Mantua Books (propiedad del propio autor), publicó una nota de prensa en la que anunciaba que anulaba sus próximas conferencias en las librerías Chapters/Indigo, dado que la seguridad no era apropiada. Según Rotberg, la directora de publicidad de Chapters "se subió por las paredes". Afirmó que había escuchado a Rotberg decir que "todos los musulmanes son terroristas". Incluso difundió una nota de prensa en la que se disculpaba por "cualquier comportamiento inapropiado o comentario racista tanto del autor invitado como de algunos de los asistentes al acto".

Para dejar las cosas claras, Rotberg reunió declaraciones juradas de testigos presenciales que confirman su versión de los hechos. Y presentó una demanda para exigir que la tienda se retractase por haber caracterización a Rotberg como un "racista".

Al emprender la defensa de su reputación, Rotberg libra una batalla en solitario: me dijo que ninguna organización canadiense judía o literaria está dispuesta a defender su causa.

¿Cuál fue el crimen de Rotberg? En primer lugar, no demonizó a Israel. En segundo lugar, no eligió una postura "neutral", en algún punto entre Hamas y los colonos desahuciados de Gaza. Se atrevió a hablar positivamente de Israel, veraz y apasionadamente. Pero, sobre todo, se atrevió a contar la verdad sobre el terrorismo palestino e islámico contra Israel. No merecía ser etiquetado como "racista" por nada de esto, ni ser tachado de "judío asqueroso". Lo que todo esto demuestra es la determinación de los islamistas radicales y sus apologistas a silenciar las voces críticas.

Hay también aquí un doble rasero. Rotberg leía en voz alta un trabajo de ficción. Normalmente, esto significa que a su protagonista se le debería haber permitido decir o hacer cualquier cosa. Por ejemplo, los críticos occidentales insisten, aun orgullosamente, en que las opiniones de los terroristas suicidas en Paradise Now no pueden ser confundidas con las del creador palestino de la película, que, después de todo, se sumergió en una representación "ficticia" de realidad psicológica. A los judíos proisraelíes y a sus aliados no se les permite la misma distinción. Así, Howard Rotberg puede ser atacado verbalmente, y tachado de "racista", por crear un personaje ficticio que se atreve a cuestionar los motivos y las acciones de los terroristas palestinos y musulmanes.

A continuación está el caso, en 2004, del profesor Thomas Klocek, de la Universidad De Paul. El profesor Klocek, que había dado clase en esa universidad durante quince años, acudió a un acto estudiantil en el campus y se puso a conversar con algunos estudiantes musulmanes partidarios de Hamas y la Yihad Islámica.

Defendió a Israel. Se preguntó si Rachel Corrie había sido asesinada a sangre fría o si los israelíes estaban realmente tratando a los palestinos del mismo modo en que Hitler trataba a los judíos, como afirmaban la literatura y los carteles de los estudiantes musulmanes. Insistió en que las fuerzas armadas israelíes "han ejercido una contención muy cuidadosa en su respuesta a lo que han sido atentados suicidas casi a diario".

Ocho estudiantes cayeron sobre el único profesor. Sobrevino un combate verbal. A pesar de su clara superioridad numérica, los estudiantes se colocaron el traje de víctimas y se quejaron de estar siendo "acosados" y "amenazados". Alegaron, además, que Klocek había hecho "observaciones racistas".

Los estudiantes se reunieron con sus consejeros, que alertaron a varios decanos administrativos. Éstos no perdieron tiempo a la hora de capitular ante los agitadores estudiantiles. Se disculparon ante los estudiantes ofendidos y suspendieron al profesor Klocek. A fecha de este escrito sigue en curso la demanda.

Por último, están mis propias experiencias. El pasado 14 de octubre pronuncié un discurso en el CUNY Graduate Center for the National Organization for Women of New York State (NOW-NYC). Para protestar por mi presencia, destacadas feministas de izquierdas –entre ellas Katha Pollitt, de la revista Nation, y la agitadora de NOW-NYC Pam Martens– redactaron una serie de cartas con las que humillar e intimidar tanto a NOW como al Graduate Center. El crimen que habían perpetrado era invitar a una oradora "pro Bush, pro guerra, neoconservadora" (esa soy yo, amigas).

Después, ellas o sus secuaces se las arreglaron para que WBAI, una emisora de odio patrocinada por los oyentes, acudiera y grabase el acto. En diciembre, el espacio de WBAI ‘El gozo de la resistencia’ difundía un programa "feminista" de una hora de duración en el que se emitió una versión cortada al milímetro de mi conferencia, con el propósito de denunciarme como "racista".

Estos críticos me caracterizaron correctamente como "el Christopher Hitchens del movimiento feminista", pero interpretaron incorrectamente mi oposición al relativismo multicultural como "racismo". Mi denuncia de las atrocidades perpetradas contra hombres y mujeres judías, musulmanas y cristianas de cualquier color era ofrecida como prueba de que soy "racista", en lo que constituía otra muestra más de que una no puede contar la verdad sobre el racismo (o el machismo, o la homofobia) musulmán sin ser etiquetada con la marca del racismo.

Estas feministas de izquierdas, o sus peones, prosiguieron con su vendetta. Alguien logró cancelar una entrevista que había concedido un año atrás, acerca de otra materia, con el argumento de que un entrevistador de NOW-New Jersey no debería otorgar crédito a una conocida "racista" y "homófoba" (de nuevo, como era de prever, ¡esa soy yo!). El entrevistador luchando, y espera emitir ese programa en el futuro.

Finalmente, una seguidora de mi obra intentó muy obstinadamente interesar a un programa de la NPR en que se me entrevistase en diciembre. Tras varias conversaciones, se le dijo que "no podían permitirse el grave problema y el castigo que tendrían que aguantar si se [me] permitía el acceso a sus ondas".

Mi trabajo ha tenido una acogida muy distinta entre las reformistas musulmanas. Cuando di testimonio ante el Senado sobre el apartheid islámico de género, una feminista iraní declaró: "¡Por fin! Una líder feminista americana que no está dispuesta a abandonarnos en aras de sus teorías de la relatividad cultural". Ella lo entiende. Mis detractoras feministas izquierdistas no.

Una no puede comprender por qué tantos musulmanes (pero no todos) hablan acaloradamente de racismo incluso donde no existe. Los cristianos caucásicos occidentales han sostenido opiniones "racistas" sobre gente que no era ni cristiana ni caucásica, y en el pasado colonizaron el inmediato mundo conocido. Algunos izquierdistas han argumentado que Francia ha provocado su propia intifada al continuar sosteniendo opiniones "racistas" respecto de su población inmigrante musulmana.

Pero otras fuentes de hostilidad musulmana son más difíciles de justificar. Desde un punto de vista cultural y religioso, a muchos musulmanes se les ha lavado incesantemente el cerebro contra todos los no musulmanes, y se les ha instado a expresarse, a menudo violentamente, cuando se sienten avergonzados o deshonrados. El abuso infantil sistemático, normalizado pero enérgicamente negado, en el seno de las familias árabes y musulmanas también puede llevar a una visión del mundo "paranoica", en la que el Otro siempre tiene la culpa del sufrimiento propio.

Desde un punto de vista psicológico, la mayor parte de los musulmanes ha crecido en sociedades de vergüenza y honor en las que han aprendido a culpar a otros, preferiblemente extranjeros, nunca a ellos mismos. En consecuencia, su pelaje cultural es muy delgado; carecen del hábito de la introspección y están poco dispuestos a asumir la responsabilidad individual por sus propios errores. Por encima de todo, nunca han sido entrenados sino para no criticar jamás a sus propios lideres, para utilizar a judíos y occidentales como chivos expiatorios del sufrimiento árabe y musulmán.

Esta tendencia hace que muchos árabes y musulmanes no sean dados a escuchar –o, a estos efectos, a contar– la verdad. Las benditas excepciones son normalmente encarceladas, torturadas y asesinadas, ya sea por sus propias familias o por el Estado.

Por último, demasiados musulmanes han sido profundamente "palestinizados", es decir, autorizados a desatar intifadas psicológicas y verbales, así como disturbios reales o terrorismo suicida, por una causa presumiblemente noble.

Así, responden a la crítica honesta cuestionando sin motivo las motivaciones de los críticos. Sirva de ejemplo típico una (antigua) amiga mía musulmana. Tras echar un vistazo a la lista de nombres de aquellos que recomendadan mi libro –una lista que incluía a Robert Spencer, a Daniel Pipes, a Alan Dershowitz, a David Horowitz, a Amir Taheri, a Ibn Warraq y Bat Ye'or– exclamó: "No quiero leer esto. Estás trabajando con racistas".

Si las reacciones de algunos musulmanes y árabes pueden explicarse así, ¿qué podemos decir de los izquierdistas, feministas incluidas, que también hablan de "racismo" donde no existe? Recientemente tuve una maravillosa charla con dos pioneras de segunda generación feminista que puede arrojar algo de luz sobre la cuestión. Ambas habían abandonado el movimiento a comienzos de los años 70, tras observar y experimentar el estilo abusivo y destructivo con que las feministas se trataban mutuamente. Una continúa siendo izquierdista, la otra no.

Una decía: "Tengo una amiga que es feminista de izquierdas. Es inocente, no es perversa en sentido alguno, pero es simplemente incapaz de cambiar su opinión, ni siquiera tras el 11 de Septiembre. Psicológicamente, empezar a pensar ‘a contracorriente’ es demasiado para ella. Está tan habituada a culpar a América de todo que necesita seguir culpándola, incluso del 11 de Septiembre. Hasta la fecha, ha sido incapaz de culpar a los yihadistas".


La otra ofrecía el siguiente análisis del pensamiento de las feministas de izquierdas: "Algunas personas no pueden vivir con la ambigüedad, sin dudas; con argumentos en competencia, con lo desconocido. Necesitan Respuestas Absolutas, incluso cuando ese refrito no encaja en la realidad de ninguna manera”. Creo que ambas tienen razón.

Los terroristas que empotraron los aviones contra el World Trade Center el 11 de Septiembre eran todos árabes musulmanes. Decirlo no le convierte a una en "racista", sino en relatora objetiva de los hechos. La red terrorista de Al Qaeda está compuesta únicamente de musulmanes. Decirlo no te convierte en "racista". Culpar del 11 de Septiembre al Mossad o a la CIA, como hacen muchos islamistas e izquierdistas radicales, es un ejemplo de pensamiento paranoide culturalmente autorizado.


Decir que los palestinos se involucran sistemáticamente en comportamientos bárbaros, como los linchamientos, los crímenes de honor, los bailes en las calles o el reparto de pasteles y caramelos tanto con motivo del 11-S como, más recientemente, cuando supieron que el primer ministro Sharon había sufrido un infarto, no te convierte en "racista".

Los apologistas que argumentan de otro modo suscriben un disparatado abanico de ideologías políticas y credos religiosos, pero siempre tienen esto en común: todos están decididos a hacer de la verdad un rehén de la acusación de "racismo
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Por Phyllis Chesler, psiquiatra. Autora de trece libros, entre los que se cuentan el reciente The death of feminism: what's next in the struggle for women's freedom y The new anti-semitism: the current crisis and waht we must do about it.

23.4.04

Roma, mezquitas para reclutar y financiar terroristas


La Justicia italiana cree que las mezquitas se utilizan para reclutar y financiar terroristas

La Policía detiene a tres islamistas magrebíes que frecuentaban un centro religioso en Florencia.

Sobre las alfombras de las mezquitas italianas han rezado algunos de los más sanguinarios terroristas, incluido el presunto cerebro del 11–M «El Egipcio».

Ayer la máxima figura jurídica de Italia, el procurador general del Tribunal Constitucional, hizo una inquietante advertencia: las mezquitas son utilizadas para «reclutar terroristas, así como para darles soporte y financiación». El magistrado se quejó de que el Gobierno no emplea recursos económicos suficientes para luchar contra el terrorismo. Varios imanes de Milán consultados por LA RAZÓN se amparan en las leyes para mantener abiertos sus centros.

Roma- A la mezquita de Viale Jenner, situada en un barrio obrero de la capital económica italiana (Milán), acuden miles de musulmanes cada semana. Su puerta, que camufla un taller mecánico, la han flanqueado algunos de los organizadores del 11 de septiembre, así como el «cerebro» de la matanza de Atocha, entre otros ilustres asesinos.
Desvelan fuentes judiciales que incluso Al Zarqawi, el siniestro lugarteniente de Ben Laden, tiene línea directa con el centro.

En Italia varios partidos políticos y asociaciones ciudadanas han exigido que la mezquita sea cerrada o, como poco, investigada. Sin embargo, mientras no haya pistas específicas o pruebas que demuestren la relación entre los religiosos y quienes por allí pasan, el aparato legal italiano no contempla ninguna de estas dos medidas. Ayer mismo la Policía detuvo en Florencia a tres jóvenes norteafricanos, sospechosos de pertenecer a una organización terrorista. Los integristas frecuentaban la mezquita de Sorgane que, sin embargo, sigue abierta.

Francesco Favara, máxima figura jurídica del país, se expresó ayer de manera muy clara al respecto durante el discurso sobre el estado de la Justicia, perdiendo un poco de vista la habitual prudencia que suelen demostrar los magistrados en este tipo de actos. Resulta cuanto menos significativo. Lo que dijo exactamente el presidente del Tribunal Constitucional es que está «preocupado» porque existen «indicios y sospechas» de que «algunos religiosos afincados en Italia están relacionados con el terrorismo internacional», concretamente en labores de «reclutamiento de activistas», «financiación» y «apoyo». Comentó, además, que muchas mezquitas son «lugar de encuentro y reunión».
Aclaró que los radicales consiguen mantenerse limpios porque utilizan «organizaciones no jerárquicas». Favara quiso añadir que el Gobierno italiano no ofrece suficientes fondos y que se niega, por ejemplo, a dar dinero para montar una buena base de datos sobre terrorismo. «Necesitaríamos además una gran especialización de las fuerzas investigadoras y del resto de actores, así como una mayor uniformidad de la jurisprudencia para hacer el proceso más eficaz», añadió, en su breve pero contundente aviso.

Entretanto, los imanes de las mezquitas más sospechosas siguen abrazando un discurso retórico que efectúan siempre ante la Prensa y la opinión pública. Y que suele cambiar sustancialmente de puertas adentro. LA RAZÓN habló ayer con Abdel Hamid Shaari, responsable de la mezquita de Viale Jenner, quien no negó que «podrían darse, como en cualquier otro sitio» reclutamientos dentro de su institución.

Ángel Villarino
La Razón Digital

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18.4.04

¿Qué se esconde bajo una mezquita?




La mezquita no solo es lugar de oración, sino, y principalmente, lugar donde se discuten, se toman y se imponen las consignas sociales y políticas a los "creyentes" musulmanes, que antes que sentirse miembros de la sociedad del país que les acoge son seguidores de un credo opuesto a los valores de las sociedades occidentales.

Cuando se discute acerca de la posibilidad de construir una mezquita o de conceder terrenos para el mismo fin, es necesario no dar por supuesto el conocimiento del objeto de la discusión.

La mezquita no es una iglesia musulmana, tiene sus funciones y sus normas. Hay una tendencia debida a la ignorancia del otro, a pensar que, en definitiva, el otro es más o menos idéntico a mí, o al menos parecido. En cambio tenemos que reconocer al otro como distinto, si no queremos admitirlo mentalmente. Por lo tanto, para entender lo que es una mezquita, hay que dirigir la mirada al Islam.

En la tradición musulmana, la mezquita (giâmi) es el lugar donde se reune la comunidad (como indica el nombre de giâmi, la raiz gm´ significa reunir) para arreglar todos sus asuntos: cuestiones sociales, culturales, políticas, como también para rezar. Todas las decisiones de la comunidad se toman en la mezquita. Querer limitar la mezquita a "un lugar de oración" es violar la tradición musulmana.

El viernes (yawm al-giumu´ ah) es el día en el que la comunidad se reune (como indica el nombre giumu´ ha). Se reune a mediodía para la oración pública seguida por la kutbah, esto es, por el discurso, que no es un pregón. Este discurso trata las cuestiones de la hora presente: políticas, sociales, morales, etc.. En muchos países musulmanes - por ejemplo en Egipto, el más poblado país musulmán árabe - todas las mezquitas son vigiladas los viernes, y las más importantes, acordonadas por la policía especial.
La razón es sencilla: las decisiones políticas salen de la mezquita durante la khutbah del viernes.

En la historia musulmana, casi todas las revoluciones y los levantamientos populares salieron de las mezquitas. La Jihâd, esto es, "la guerra en el camino de Dios", obligación de todo musulmán de defender la comunidad, es proclamada siempre en la mezquita, en la khutbah del viernes.

Es por lo tanto un error, hablando de la mezquita, hablar únicamente de un "lugar de culto". Como también es un error, hablando de la libertad de construir mezquitas, hacerlo en nombre de la libertad religiosa, en tanto que no se trata solamente de un lugar religioso, sino de una realidad polifacética (religiosa, cultural, social, política, etc.).

No se debe olvidar que el lugar dedicado a la oración del viernes es considerado por los musulmanes espacio sagrado que queda para siempre en manos de la comunidad, la cual decide quién tiene la facultad de ser admitido y quién en cambio lo profanaría. Por esta razón no se puede otorgar un terreno, por ejemplo por 50 años, para edificar una mezquita: este terreno jamás podrá ser devuelto.

Existen a menudo en los países musulmanes, en las ciudades, pequeñas "lugares de oración", llamados por lo general musallâ, esto es, lugares de oración. Son como "capillas" con capacidad para unas cincuenta personas ubicadas a menudo en la planta baja de una casa, en lugar de las viviendas.

Estos lugares, más discretos, son generalmente utilizados casi exclusivamente para la oración del mediodía, permitiendo a la gente de la calle o de los edificios cercanos rezar en paz.

Las mezquitas tienen normalmente un minarete desde donde el almuecín llama a la oración.

Estos minaretes tienen una función práctica y son ligeramente más altos de las casas que los rodean. En la historia asumieron a veces una función simbólica, de afirmación de la presencia musulmana, e incluso una función política de afirmación de la superioridad del Islam sobre las demás religiones. Su objetivo primordial es permitir a la voz humana llegar a quien vive cerca.

En este siglo, se añadieron a menudo megáfonos en los minaretes (sobre todo si cerca hay una iglesia o un barrio cristiano), y los almuecines añadieron también otras cosas a la llamada a la oración prolongándola.

Estas innovaciones son contrarias a la tradición musulmana y los países musulmanes rigorosos las condenan, como por ejemplo Arabia Saudí. En otros Estados, como Egipto, el uso del megáfono está limitado únicamente a la llamada (que dura alrededor de dos minutos) y está prohibido para el rezo del amanecer.

Finalmente hay que preguntarse quien financia mezquitas y centros islámicos. No es un secreto para nadie que gran parte de las mezquitas y centros islámicos de Europa son financiados por gobiernos foráneos, en especial por Arabia Saudí, que también impone a sus imanes.

Ahora bien, es archiconocido que en el mundo islámico sunita Arabia Saudí representa la tendencia más rígida, denominada wahhabita. No son éstos imanes los que podrán ayudar a los inmigrantes a integrarse en la sociedad occidental, ni a asumir la modernidad, condiciones necesarias para una convivencia serena con los autóctonos.

Tras haber aclarado el objeto de la discusión, nos permitimos algunos elementos de juicio. Permitir a los musulmanes tener lugares de oración en Occidente se da por supuesto. Sería con mucha probabilidad más conforme al contexto sociológico de los inmigrantes tener musallâs, esto es, "capillas" donde podrían reunirse para rezar. También les saldrían más baratas.

La mezquita, en tanto que centro socio-político-cultural musulmán, no puede entrar en la categoría de lugares de culto. Necesita ser examinada como tal. A la pública administración compete estudiar cómo ejercer un cierto control sobre tales centros, vista la función política que asumieron en la tradición islámica.

No se entiende en cambio, en base a cual razón una administración local tendría que regalar el terreno o una parte de la construcción. La oposición que se manifiesta un poco por toda Europa a la edificación de mezquitas puede estar originada por sentimientos de xenofobia, pero con más probabilidad procede del temor que se trate de un acto político de afirmación de una identidad distinta bajo todos los aspectos, demasiado ajena a la cultura y civilización occidental.

Si un centro musulmán sirviera para ayudar a los emigrados a integrarse en la sociedad europea, promoviendo cursos y otros servicios, habría que alentarlo, pues se trataría de construir juntos, emigrados y autóctonos, una sociedad común y solidaria. Cabría promocionarse (también materialmente) la constitución de grupos o asociaciones mixtos, constituidos por emigrados (no solamente musulmanes) y autóctonos, para fortalecer la integración de aquéllos en las sociedades europeas y la apertura hacia los inmigrantes.

Teniendo en cuenta la tradición musulmana de no distinguir religión, tradiciones, cultura, vida social y política, es importante que los responsables se informen bien para poner en práctica estas distinciones y estén muy atentos a no alentar la politicización (bajo cualquier forma) de los grupos de emigrados (sean o no sean musulmanes).

Samir Khalil Samir S.J

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17.4.04

Francia prohibe el "velo" en la escuela



Los islamistas radicales avivan las protestas contra la prohibición del velo en Francia.

Entre 10.000 y 20.000 musulmanes, en su mayoría mujeres, desfilan de nuevo en París La presión contra la ley que vetará el uso del velo islámico en la escuela pública francesa crece a medida que se acerca el inicio del trámite del polémico proyecto en la Asamblea.
La protesta alentada por sectores radicales del islam desborda el perímetro de Francia y se hace presente en otros países europeos y musulmanes.

Casi un mes después de la primera manifestación en defensa del velo islámico, que reunió espontáneamente a más de 3.000 personas en París, los grupos islamistas se han movilizado abiertamente en esta ocasión para alentar la protesta de los musulmanes contra la ley que a partir del próximo curso vetará la exhibición de signos religiosos en la escuela pública.
El proyecto será debatido en la Asamblea en febrero.

Entre 10.000 y 20.000 personas, según la policía o los organizadores, desfilaron ayer en una larga marcha por las calles de París que ha sacado definitivamente a la luz al Partido Musulmán de Francia (PMF), grupúsculo radical nacido en la periferia de Estrasburgo en 1997 y recluido hasta ahora en la capital de Alsacia, que pretende “recuperar los votos de los siete millones de musulmanes que han renunciado a regresar a su país” (sic).

El propio fundador del PMF, Mohamed Latrèche, un franco-argelino conocido por su obsesiva beligerancia antisionista y sus expresiones antisemitas, no dudó ayer en exhibirse en público y capitalizar la protesta.

Protegido por un férreo cordón integrado por jóvenes militantes chiitas próximos al movimiento libanés Hezbollah, el líder del PMF galvanizó desde un vehículo a los manifestantes con consignas radicales y descarnadas denuncias sobre la situación de los musulmanes en Francia. “La calle está reaccionando”, clamó dirigiéndose a Chirac. “Usted se ha equivocado y sólo los imbéciles no cambian de opinión”, añadió.
El partido de Latréche sacó un 9,92% de votos en las últimas legislativas y hasta ahora se concentra en la acción sobre el terreno y la propaganda, sin definirse sobre nuevos intentos en las urnas.

La gran marcha de ayer, que rivalizó con la manifestación ecologista contra la reanudación del programa nuclear francés, invirtió más de cuatro horas en su trayecto hasta la plaza de la Nación.
Estaba protagonizada por grupos de mujeres con atuendo islámico (“hijab” y, en algunos casos, el riguroso “niqab”), la mayoría jóvenes estudiantes que a menudo lucían pañuelos tricolores, protegidas por un infranqueable cordón de seguridad compuesto por hombres.

Al igual que en la primera manifestación de diciembre, abundaban los jóvenes militantes salafistas y chiitas procedentes de la periferia de la capital, foco inicial del movimiento.
Entre el alud de pancartas y consignas exhibidas en la marcha, en la que también se coreó “La marsellesa”, la mayoría clamaba en defensa del velo islámico (“la escuela es mi derecho, el velo es mi elección”), y la libertad religiosa (“velo, cruz y ‘kippa’, mismo combate”), así como alusiones al presidente (“Chirac, déjanos tranquilas”) y al voto (“yo tambien voto, no lo olvides”).
Salvo algún momento de tensión durante el incendiario discurso de Latréche, no hubo incidentes.

Además de París, varios miles de musulmanes se manifestaron también en otras ciudades. En Marsella fueron casi dos mil, y en Lille se rozó los tres mil manifestantes. En Toulouse, la policía contabilizó sólo algunos centenares, estimaciones que se repitieron de norte a sur, desde Niza hasta Poitiers y Mulhouse.

El radicalismo de Mohamed Latréche, instalado en 1962 en Estrasburgo y que a finales de los años setenta siguió formación religiosa en Damasco, ha hecho que las principales organizaciones del islam francés se hayan mantenido al margen.

A última hora, sin embargo, la influyente Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF), próxima al movimiento fundamentalista de origen egipcio Hermanos Musulmanes, decidió secundar la protesta ante la presión de sus bases y con el fin de no ceder el liderazgo al PMF.

La UOIF tiene amplia presencia en el Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), cuyo presidente y rector de la Gran Mezquita de París, el moderado Dalil Boubakeur, pidió públicamente no recurrir a las manifestaciones para “no asustar” al país y “evitar derivas contrarias al objetivo perseguido”. El propio ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, artífice e interlocutor del CFCM, exhortó vivamente al “apaciguamiento” para no enturbiar la situación. “Algunos están tentados de radicalizar las cosas y deformar la realidad”, ha dicho también Jean-François Copé, portavoz oficial del Gobierno.

Tras la respuesta de ayer, que colma las expectativas de Latrèche, el fundador del hasta ahora inexistente PMF ha convocado nuevas movilizaciones el 7 de febrero, día en que la Asamblea comienza el debate sobre la ley. Las dicrepancias apenas oscilan en torno al concepto “ostensible” elegido para definir los signos religiosos vetados en la escuela, ya que el PS y sectores de la mayoría prefieren el término “visible

La manifestación se extiende a todo el mundo

El islamismo cabalga bien sobre la globalización, y la manifestación pro velo de París se extendió ayer ante las representaciones diplomáticas francesas en varias ciudades del mundo, especialmente en Londres, Estocolmo, Berlín, Bruselas, Helsinki, Estambul, Ankara, Ammán, Beirut, Damasco, Gaza, Nablús, El Cairo, Kuwait, Jartum e incluso en Bagdad.

En Marruecos, la protesta fue prohibida por las autoridades.

Más de 3.000 personas se manifestaron ayer por el centro de Londres contra el proyecto de ley francés con eslóganes como “El ‘hijab’ (velo) es nuestro derecho” o “Stop a la guerra racista de Chirac”.

La protesta reunió a unos 2.000 manifestantes frente a la legación francesa en Estocolmo, unos 500 en Malmo y otros 300 en Göteborg.

La manifestación más grande del mundo árabe fue la de Beirut, la capital de Oriente Medio histórica y culturalmente más vinculada a Francia, que concentró a unas 2.500 personas.

El común denominador de los eslóganes que se lanzaban en todas estas manifestaciones, de Estocolmo a Jartum, era el mismo: la opción de llevar el velo forma parte de la libertad personal. “Libertad, fraternidad, igualdad... ¿teoría o práctica?”, rezaba una de las pancartas en la manifestación de Beirut.



15.4.04

Los datos demográficos de Alemania

Los datos demográficos de Alemania y las cifras de hablantes de alemán como primera o segunda lengua en Europa y el resto del mundo son un espejo de las transformaciones y las erupciones políticas, sociales y culturales que han agitado este país. No obstante, los hemos simplificado agrupando distintas etnias bajo el nombre del país de origen, sin tener en cuenta que algunas se hallan en proceso de reivindicación nacional y en permanente conflicto con el país de cobertura, como en el caso de los kurdos.




Población de Alemania (censo oficial de 1990 o anterior)
Alemanes
80,000.000
Extranjeros
5,242.000
turcos
1,553.000
serbo-croatas
652.000
italianos
548.000
kurdos
480.000
rusos
360.000
griegos
314.000
polacos
241.000
españoles
134.000
holandeses
101.000
farsi occid. (iraníes)
90.000
ingleses
86.000
portugueses
78.000
vietnamitas
60.000
marroquíes
45.000
chinos
40.000
tamiles
35.000
afganos
29.000
tunecinos
26.000
albaneses
25.000
indios
25.000
urdu (indo-pakistaníes)
23.000
japoneses
20.000
turoyo (turcos)
20.000
coreanos
14.000
letones
8.000
adigeos (Rep. Adygea)
2.000
Otros
228.000

El periodista Peter Ross (National Geographic Magazine, Mayo 1993) ha cifrado en 20 millones el número de inmigrantes legales y en 2 millones el de ilegales que inundan los campos y las ciudades europeas. La desmembración de la Unión Soviética y Yugoslavia, los episodios de Albania y la constante presión migratoria del Magreb están alimentando considerablemente la fuga hacia los territorios estables de Occidente. Desde la caída del telón de acero, la frontera austro-húngara se ha convertido en una de las más impenetrables, pero no puede impedir las constantes filtraciones de húngaros o gitanos rumanos que traspasan las barreras naturales vadeando ríos y sorteando montañas. Alemania, Austria, Italia y España son formidables búnkeres que tratan de impedir el paso libre a Europa occidental de polacos, checos, eslovacos, húngaros, rumanos, búlgaros, serbios, croatas, yugoslavos, bosnios, macedonios, albaneses, turcos, rusos, ciudadanos de países del Báltico, iraníes, iraquíes, afganos, paquistaníes, hindúes y africanos del norte, del sur, del centro, del este y del oeste. Muchos, empero, ya están dentro.

La emigración es el producto de la infelicidad. Un país en guerra consigo mismo o con sus vecinos, o que no ofrezca garantías de bienestar a sus ciudadanos -trabajo, libertad, educación y oportunidades sociales- provoca el éxodo hacia otros lugares donde son moneda corriente, como la actual Alemania. La expansión política y territorial, por el contrario, suele ser el resultado del desarrollo industrial y comercial, y se refleja en la búsqueda de nuevas reservas de dominio. Alemania, en el corazón de Europa, también ha mostrado este perfil, sobre todo a partir del ejemplo de Carlomagno. Muchos actos comerciales se han convertido en operaciones militares que han acabado con la paz y el equilibrio de los países afectados.

Paradójicamente, naciones que hoy cierran las puertas a quienes huyen de la opresión, el fundamentalismo religioso y la miseria en otro tiempo fueron tierras yermas que empujaron a millones de ciudadanos -suecos, noruegos, ingleses, irlandeses, portugueses, españoles, italianos, griegos, holandeses y los propios alemanes- a buscar en lugares remotos un plato caliente o un refugio contra la tiranía política y la intolerancia religiosa. Italia invadió Albania hace 60 años por la fuerza de las armas y ahora se muestra reacia a conceder asilo a los albaneses que llegan a sus costas con las manos desnudas y el estómago vacío. De Inglaterra salieron miles de refugiados, oportunistas y convictos para establecerse en las colonias del norte de América, en el corazón de África, en la India y en Australia. Durante siglos España ocupó y saqueó las tierras americanas, poniendo al borde de la extinción a parte de la población indígena. ¿Cómo puede entonces establecer cuotas de entrada a indigentes o a personas de cualquier nivel cultural procedentes de Honduras, Argentina, Paraguay, Uruguay, Perú u otra república hispanoamericana que desean establecerse en la Península? Alemania y Rusia dominaron medio mundo, haciendo y deshaciendo fronteras, trasladando poblaciones de su emplazamiento original, aniquilando etnias e imponiendo estructuras políticas despóticas. Es cierto que los últimos gobiernos alemanes han ido introduciendo códigos más flexibles (acaban de hacerse públicas las últimas medidas para regularizar la presencia de 4 millones de inmigrantes, muchos de ellos ilegales), pero no lo suficientemente como para dejar abiertas las puertas a la libre inmigración, a sabiendas de que cada emigrante suele reclamar el derecho a reunirse con su familia y que en pocos años se multiplica el número de residentes no nativos o descendientes de nativos de origen no alemán.
Pero ¿en qué consiste la germanidad? ¿Qué es la nacionalidad y qué el nacionalismo? En algunos casos, la antesala del prusianismo, como demostraron Alemania y sus ideólogos al calentar la guerra del 14. En 1915, Theodor Springman escribió en Deutschland und der Orient: “Con la ayuda de Turquía, podemos hacernos con India y China. Una vez conquistadas, Alemania podría civilizar y germanizar el mundo y convertir la lengua alemana en la lengua universal.” Su discurso suena a hueco en nuestro tiempo, pero no se puede olvidar la rotundidad con que se pronunció entonces buscando la elevación y la expansión del espíritu germánico a costa de los pueblos más débiles.
Sin embargo, la lengua es un impreciso punto de referencia. Echando una mirada al número de hablantes de alemán como primera o segunda lengua en todo el mundo (sin incluir, lógicamente, a los hablantes de alemán como idioma extranjero), se puede comprobar que la lengua no señala límites fiables.[1]
Hablantes de alemán en el mundo
Alemania
75,300.000
Austria
7,500.000
Estados Unidos
6,093.054
Suiza
4,220.000
Brasil
1,500.000
Francia
1,500.000
Polonia
1,400.000
Kazajistán
958.000
Rusia
896.000
Rumania
500.000
Argentina
400.000
Hungría
250.000
Rep. Checa
200.000
Bélgica
150.000
Australia
135.000
Kirguizistán
101.057
Sudáfrica
45.000
Uzbekistán
40.000
Chile
35.000
Ecuador
32.000
Liechtenstein
30.000
Uruguay
28.000
Dinamarca
23.000
Namibia
20.000
Eslovenia
20.000
Luxemburgo
9.200
Moldavia
7.000
Puerto Rico
1.453
Emiratos Árabes U.
1.300
TOTAL
121,000.000
Tan sorprendente dispersión del alemán -sobre todo la que se produjo durante el siglo XIX- es comparable a la de otras lenguas. Además, en Alemania se hablan 21 variedades lingüísticas, las más extendidas de las cuales tienen sus propios dialectos, algunos ininteligibles entre sí. El alto alemán (hochdeutsch), o alemán normativo, tiene las siguientes derivaciones dialectales: bávaro, schwäbisch, allemannisch, mainfränkisch, hessisch, palatino, rheinfränkisch, westfalés, sajón, turingio, brandenburgués y bajo alemán. El allemannisch es común en Austria, Alsacia (Francia) y Suiza (donde recibe el nombre de schwyzerdütsch), pero sólo se aproxima al alemán estándar en un 40%. El bávaro se extiende por Regensburg, Nuremburg, Bohemia occidental, la República Checa, los Alpes bávaros, el Tirol, Austria meridional y Salzburgo, junto con el dialecto heanzian de Burgenland, Carintia, Italia del norte y Gottschee, en Eslovenia. El alto alemán hace el papel de lengua franca, como suele ocurrir con todas las variedades normativizadas; con él resulta fácil cruzar las distintas regiones sin problemas de comunicación.

El danés es la lengua de 50.000 alemanes del sur de Schleswig. El frankisch se oye también en algunos rincones de Bélgica y Francia; el luxemburgués se considera un dialecto del frankisch. El frisón oriental es un patrimonio de las viejas generaciones -11.000 hablantes-, y no es inteligible con el frisón occidental de Holanda o el frisón del norte. Los distintos frisones tienen sus propias derivaciones, que la población conserva como reliquias del pasado.

El dialecto llamado bajo alemán, o plattdeutsch, que no ha sufrido los radicales cambios vocálicos del alto alemán en los siglos VIII y IX, tiene dos docenas de derivados dialectales, la mayoría de los cuales no son inteligibles entre sí. El bajo sajón es una variedad conocida solamente por 10 millones de alemanes, aunque es la lengua regional oficial de 8 estados. Quienes sólo hablan el alemán estándar son incapaces de entender el bajo sajón o cualquiera de sus subdialectos. Desciende del sajón antiguo, que también fue predecesor del inglés.

El sorbio inferior y el superior se hablan en las ciudades de Bautzen y Cottbusal, al este de Alemania, por unas 80.000 personas; algunas escuelas y ayuntamientos los emplean como lengua habitual de comunicación, resistiendo la presión del alemán oficial. En los Alpes y en la Selva Negra se oyen dos variantes de suabio bastante diferentes la una de la otra. El luxemburgués se habla en Biltburg, al oeste de Alemania. El franconio, o mainfränkisch, tiene pocos hablantes, que suelen entenderse en alemán estándar.
El polaco, con 241.000, el romaní, con 3.500, el romaní-sinte, con 30.500, el romaní-valaco, con 6.500, y el yeniche -lengua de nómadas judeo-romanís (no gitanos)- contribuyen a la diversidad lingüística de Alemania y son un fiel reflejo de la histórica variabilidad social y la permeabilidad de sus fronteras. Finalmente, el yiddisch, o judeo-alemán, con un número comprensiblemente impreciso de hablantes, ensancha la policromía de un país tan informe, en términos sociolingüísticos, como Alemania. El patrimonio lingüístico de los más de 5 millones de emigrantes procedentes de países no germánicos, más que una amenaza para la sociedad y la lengua alemanas -que, como tales, nunca pueden constituir unidades imperturbables- es un desfiladero que abre paso a territorios abiertos y exocéntricos, como corresponde a las civilizaciones más avanzadas y tolerantes.
[1] Datos de The Ethnologue (ediciones de 1996 y 2000). SIL International. Ed. Barbara F. Grimes. Reproducidos con su autorización.
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9.4.04

Los niños palestinos aspiran a ser "Shahid"

MOHAMED HADAD. 13 AÑOS. Admirador de Hamas, tiene pensado cómo será su acción mortal: comenzará tirando granadas y vaciará todo su cargador antes de lanzarse con un cinturón de explosivos.

INTIFADA

Seré un hombre bomba

Yahid, 14 años, tiene una única ilusión: inmolarse y matar soldados israelíes «pero no mujeres ni niños». Mohamed, 13 años, quiere entrar ya a formar parte de la resistencia. El enviado especial de CRONICA comprueba la veracidad de un estudio psiquiátrico sobre los niños palestinos.


Antes del 22 de julio de 2002, Yihad Hawitti, un adolescente palestino de 14 años, aún con cara y cuerpo niño, quería ser médico. Tras ese día, aspira a convertirse en terrorista suicida.Quién sabe si será el primer menor en estallar por los aires en pro de la causa palestina. Él, o Mohamed, o Rami, o Isa...

Los cuatro están dispuestos a ser mártires de la Intifada, kamikazes, terroristas suicidas, shahid en su propia jerga. «Desde que los israelíes asesinaron a mi madre y a dos de mis hermanos, mi única meta es convertirme en shahid», asegura el pequeño Yihad en su casa en el barrio de El Daraj, en la ciudad palestina de Gaza.

El 22 de julio de 2002, Yihad fue rescatado de entre los escombros a los que quedó reducida su casa. En el inmueble adyacente vivía clandestinamente Salah Shehade, dirigente del brazo armado del movimiento islamista Hamas. Y contra él iba dirigido el «ataque selectivo», en forma de bomba de una tonelada, que las Fuerzas Israelíes lanzaron desde un cazabombardero F-16. La explosión acabó con el entonces enemigo público número uno de Israel, pero se llevó también la vida de otros siete adultos y nueve menores de entre 18 meses y 17 años de edad.

Entre los muertos estaba la madre de Yihad, y su hermano Subji, de cinco años, y su otro hermano, Mohamed, de seis. Y Yihad ya nunca más pensó en la Medicina. «Al principio experimenté una profunda tristeza, pero con el paso del tiempo se hace cada vez más fuerte mi ansia de venganza», asegura.

Escucha sus palabras sin inmutarse el padre, Mahmud, quien trabaja como fontanero en el Ayuntamiento de la ciudad de Gaza. No será él, parece, quien corte las alas bélicas a un hijo no más lleno de odio que él mismo: «Aquel bombazo destrozó nuestra familia, así que si Yihad quiere perpetrar una operación suicida yo no seré quien se lo impida». Palabras de padre.

Un reciente estudio conducido por el reputado psiquiatra Eyad el- Sarraj, de 59 años, y realizado entre niños palestinos de hasta 12 años, demuestra que el caso de Yihad no es aislado.Por el contrario, la fiebre suicida parece haber germinado en miles de niños palestinos. Los datos en manos de Eyad el-Sarraj, quien tras estudiar en la Universidad de Londres volvió a su tierra para fundar el hospital psiquiátrico de Gaza, dicen que uno de cada cuatro quiere ser terrorista suicida.

FIEBRE SUICIDA

«Tras preguntar a una amplia muestra de niños de diferentes localidades de la Franja qué quieren ser cuando cumplan los 18 años, nos encontramos con que un porcentaje muy significativo aspira a ser shahid, lo que en el contexto local debe interpretarse como suicida», comenta este médico palestino de nacionalidad británica en su chalé del lujoso barrio de Rimal. «El 35% de los varones contestaron que su máxima aspiración es convertirse en mártires, mientras que entre las chicas llegó al 14%, lo que nos da una media de más del 24%. Algo realmente preocupante», explica.

«Yo no me inmolaría dentro de un autobús o en un centro comercial», dice Yihad, dando cuenta de sus planes de futuro. Habla sentado junto a un retrato póstumo de su hermano Subji. Su padre escucha su discurso desde el otro lado del cuarto de estar. Sobre la cabeza del patriarca cuelgan los rostros de los dos otros ausentes: la esposa Muna y el pequeño Mohamed. Poco después de enviudar, el fontanero volvió a contraer matrimonio y hoy por la casa corretea un bebé de cinco meses llamado también Mohamed, en honor del hermanastro muerto.

«Mi objetivo serán los soldados, no los civiles», continúa Yihad, quien asegura que no quiere generar en otros jóvenes israelíes la congoja que él ha sufrido en sus propias carnes. «Ni sus mujeres ni sus niños son culpables de lo que nos ha ocurrido, pero si el Ejército vuelve a efectuar nuevas incursiones en esta zona me presentaré voluntario para coger los explosivos».

Antes de que comenzara la segunda Intifada, la ejecución de atentados suicidas por parte de mujeres se presentaba como un imposible.Sin embargo, a día de hoy ya se contabilizan siete casos consumados y otra veintena de ocasiones en que las mujeres bomba fueron interceptadas por las fuerzas de seguridad israelíes antes de que pudieran hacer estallar su carga. Roto el tabú -primero por las organizaciones extremistas palestinas de carácter laico, pero luego también por las islamistas-, el primer caso de niño bomba podría ser tan sólo cuestión de tiempo.

«A pesar de que los portavoces de Hamas han dicho en repetidas ocasiones que los niños deben permanecer fuera de la contienda, nunca se sabe lo que podrían hacer otras como las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, que están formadas por grupos de gángsteres que no tienen disciplina ni siguen autoridad alguna», explica el-Sarraj. «No me parece probable en estos momentos, pero si es teóricamente posible», agrega el psiquiatra.

Mohamed Hadad encarna la figura del chuleta del barrio de El Daraj. Busca el respeto de los demás niños y la admiración de las niñas blandiendo una réplica casi perfecta de un fusil de asalto modelo kalashnikov. «Quiero entrar a formar parte de la resistencia, y participar en operaciones contra los israelíes», espeta con una determinación impropia para sus 13 años de edad.«Ya lo tengo pensado: comenzaré tirando varias granadas de mano, continuaré disparando hasta agotar el cargador y finalmente me lanzaré con un cinturón explosivo contra aquellos que todavía estén con vida».

Mohamed también tiene claro cuál es el modelo a seguir: el que marcan los islamistas de Hamas. «Sin duda, son los mejores, y me uniré a ellos en cuanto pueda», dice. Ningún miembro de su familia resultó directamente afectado por la explosión que mató a Salah Shehade y que se llevó a la familia de Yihad, pero ello no quita que quiera vengar lo ocurrido a sus amigos y vecinos.

Mientras Mohamed posa con su fusil en la misma calle en la que estalló el infierno el 22 de julio de 2002, un corro de niños lo contemplan con envidia. En un barrio pobre de paredes grises y tristes, llaman la atención las fachadas de las viviendas afectadas por la explosión, ahora reconstruidas y pintadas de blanco y verde. El inmueble en el que se escondían los Shehade y las casas adyacentes están llenos de niños que vivieron el horror de aquella brutal explosión.

«Como no se encuentre una salida al conflicto, y pronto», decía el-Sarraj, «vamos a tener largas colas de candidatos para perpetrar acciones suicidas. No sólo aquí, sino en otros países árabes y musulmanes». Y lo cierto es que en el barrio de El Daraj las palabras del psiquiatra parecen materializarse. Aquí, el porcentaje de menores candidatos al martirio es incluso mayor que el de la estadística general.

Al otro lado de la calle vive Hassan Hiyazi, padre de 12 hijos de entre uno y 20 años de edad. A sus 43 años, Hassan, que tiene un pequeño taller para la reparación de televisores y vídeos, apoya decididamente el terrorismo suicida como fórmula de resistencia.Incluso si el sacrificado es uno de los suyos. «Mire, yo ya estoy muy mayor para ello, pero si uno de mis hijos decide perpetrar una Amaliya [como se denominan genéricamente en árabe los atentados y otras acciones de lucha armada] contará con mi bendición», asegura.

«Ustedes los occidentales tienen una concepción equivocada de lo que aquí ocurre», elabora Hassan. «En Israel no hay civiles, sino que todos en algún momento de sus vidas son militares, pues todos hacen el servicio militar y van a la reserva, así que todos son objetivos legítimos».

En la noche del 22 de julio del 2002 Hassan tuvo la suerte de estar viendo la televisión en el cuarto de estar junto a toda su prole. «Si hubiéramos estado en los dormitorios, que quedaron destrozados por la onda expansiva, tendríamos algún muerto, pero Alhamdulilah [gracias a Dios] sólo sufrimos heridas».

Sin duda, el asesinato de Salah Shehade ha marcado a muchos palestinos, que vieron cómo la cúpula del Ejército israelí -entonces comandado por el actual ministro de Defensa, Saúl Mofaz- no mostraba ningún escrúpulo a la hora de diferenciar entre civiles y militares.

Eyad el-Sarraj traduce esta rabia a claves psiquiátricas. Según su análisis, el hecho de que los niños palestinos hayan visto cómo sus mayores mueren o son humillados a manos del Ejército israelí ha creado en los pequeños una sensación de desprotección.Al sentirse completamente vulnerables y desamparados, los niños palestinos han puesto sus ojos en las organizaciones radicales, a las que han convertido en sus nuevos referentes de autoridad y poder.

SANTIFICADOS

Así, la semilla del terrorismo anida en ellos alimentada en dos fuertes raíces. «En primer lugar, porque en el acto suicida se da una identificación con Dios, que a diferencia de sus padres, es onmipotente y siempre sale vencedor. Y en segundo lugar, porque la sociedad -frustrada por su impotencia ante el agresor, que es mucho más fuerte- santifica a los mártires, los convierte en una especie de sacerdotes, de profetas», argumenta Eyad el-Sarraj.

Son las consignas que marcan el ideario de Rami, de 17 años, el tercer hijo de Hassan Hiyazi, también fatídicamente marcado por lo del 22 de julio. «Los militares sabían perfectamente lo que ocurriría, lo que demuestra que ellos también matan civiles cuando lo consideran conveniente.

¿Es que no está claro que si tiras una bomba de 100 kilos en un barrio como éste, donde las casas están pegadas las unas a las otras, las paredes son tan frágiles como el cartón y las calles tan estrechas, no van a matar a gente inocente?», espeta con ira Rami, que el curso que viene querría comenzar a estudiar Ingeniería. «Acciones como ésta son las que luego provocan sus respectivas reacciones, así que ahí tiene lo que ocurrió poco después en la Universidad Hebrea».[Rami se refiere a un artefacto colocado por un terrorista suicida de Hamas que se saldó con ocho personas muertas y decenas de heridos].

Dice que no puede evitar sentirse orgulloso cada vez que tiene lugar lo que el califica como «acciones de resistencia». Ya sea en Palestina, en Irak o en Afganistán. «Antes yo no estaba de acuerdo con las Amaliyas, pero desde que vivimos el ataque contra la casa de aquí al lado pienso que no tenemos otra alternativa, dado que ellos son muy superiores tecnológicamente», se justifica.

CON EL APOYO DEL PADRE

Si se le pregunta cómo reaccionaría en el caso de que hubieran asesinado a su madre y algún hermano, tal como le ocurrió a su vecino Yihad Hawitti, si se le inquiere si contemplaría la posibilidad de perpetrar un atentado suicida, a Rami no le tiembla la voz.«No hace falta que maten a ningún miembro de mi familia, incluso ahora ya me lo planteo», dice.

El padre, Hassan, sigue con atención sus crudas palabras mientras reparte el té y los dulces que otra de las hijas ha traído en una bandeja. Y calla.

En Gaza se celebra la última jornada del mes sagrado del Ramadán, conocida como el Eid el-Fiter. Aprovechando que no tienen que ir al colegio, miles de niños palestinos han salido a las calles de las localidades y campos de refugiados de la Franja. Muchos llevan armas de plástico. Aparentemente, esta predilección por los juguetes bélicos no es sino un fenómeno de mímesis provocado por la omnipresencia de fuerzas de seguridad, por la asiduidad de imágenes violentas, ya sea en la pantalla del televisor o en vivo y en directo.

Pistolas plateadas, reproducciones -unas más logradas, otras más obvias- de fusiles M-16 o de kalashnikov. Algunas de estas imitaciones incluso disparan unas pequeñas bolitas de plástico amarillo, que se pueden apreciar en todas las esquinas del Omar el-Mukhtar, la principal avenida de la ciudad de Gaza.

A pocas manzanas de distancia vive el doctor Eyad el-Sarraj.En más de una ocasión, el psiquiatra ha solicitado a la Autoridad Nacional Palestina que limite la importación de estos artículos que fomentan la violencia infantil, así como que filtre los contenidos que se ven a través del televisor. «A diferencia de las televisiones occidentales, donde se da una censura de aquellas imágenes que pueden ser perjudiciales para el espectador infantil, aquí en Palestina se enseña todo».

En opinión de el-Sarraj habría que impedir que los niños vean los cuerpos desmembrados, la sangre, la violencia en su forma más pura. «Todo ello no hace sino aumentar el nivel de agresividad de la gente, especialmente de los niños y jóvenes que son los más sensibles», dice

Con casi 1.300.000 personas que viven en 210 kilómetros cuadrados (a pesar de que el total de la Franja asciende a 365 kilómetros, el resto está ocupado por asentamientos en los que viven unos 5.000 colonos israelíes, bases y zonas militares cerradas), Gaza es el territorio con la densidad más alta del mundo.

Según las estadísticas, el 45% de la población tiene menos de 15 años. Por ello, solucionar el problema de la violencia infantil se ha convertido en uno de los principales retos del proceso de paz que ahora intenta reactivarse a través de la Hoja de Ruta y de las nuevas iniciativas pacifistas: los Acuerdos de Ginebra y la llamada Voz del Pueblo.

«La violencia infantil y juvenil en los Territorios Palestinos es una bomba de relojería que tenemos que desactivar», advierte una vez más el-Sarraj, que hoy en día dirige el Gaza Community Mental Health Programme, una organización no gubernamental que trabaja especialmente con los niños, aunque también lo hace con las mujeres y las víctimas de la tortura.

Esta ONG del sector de la salud tiene un programa especial de intervención en los campos de refugiados, donde las condiciones de vida son totalmente precarias. La miseria es la principal cantera de reclutamiento para las organizaciones extremistas.

El campo de refugiados de Yabalia, con sus más de 100.000 habitantes, es uno de los más emblemáticos para el terrorismo suicida. De él han salido un gran número de shahids, muertos perpetrando atentados, en acciones de guerrilla o en combate con el Ejército israelí. Las calles de Yabalia se han convertido en un auténtico panteón de mártires, cuyos rostros aparecen reflejados en multitud de carteles pegados sobre las grises paredes.

MOHAMED, EL HÉROE

Uno de los pósters más repetidos evoca a la persona de Mohamed Salah, quien el 31 de diciembre del 2001 se infiltró en el lado israelí del paso fronterizo de Erez. Mató a dos soldados e hirió a varios más en la que constituye una de las pocas operaciones exitosas perpetradas por las organizaciones extremistas desde el interior de la Franja, que queda herméticamente aislada por una verja electrificada similar a la que se construye ahora alrededor de Cisjordania.

A sus 20 años, Mohamed Salah, tras demostrar la vulnerabilidad del todopoderoso Ejército israelí, se convirtió en el héroe de muchos niños palestinos. Entre los que le veneran está su hermano Isa, que a sus 16 años estudia en la escuela pública Ahmed Shuqueri.«La experiencia nos muestra cómo la resistencia es la única fórmula que nos permitirá alcanzar la libertad», señala Isa, quien cuando termine el colegio quiere estudiar Ciencias Químicas en la Universidad Islámica de Gaza.

En una discusión junto a cuatro compañeros suyos de clase, Isa, el mejor dotado retóricamente del grupo, preconiza el binomio cheguevariano del «patria o muerte» para el conjunto del mundo árabe e islámico. A su parecer, si no hubiera ahora resistencia en Irak, ya habrían entrado en Siria y estarían preparando la invasión de Irán. «Tanto el sionismo que sufrimos aquí como el imperialismo yanqui que está asolando Irak constituyen las dos caras de una misma moneda y deben ser combatidos de la forma que sea».

JORDI RIVERA. Gaza
El Mundo.

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