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31.10.06

¿Por qué nos odian?


Libertad: verdadero o falso


¿Por qué nos odian? Ellos odian nuestra libertad: nuestra libertad religiosa, nuestra libertad de palabra, nuestra libertad de reunirnos y discrepar los unos con los otros.
George W. Bush

En los Estados Unidos constantemente se menciona la palabra libertad como término que describe el autogobierno y el concepto de soberanía del pueblo. La palabra misma evoca el orgullo y el patriotismo e integra nuestros mitos nacionales.
El término abarca la idea de liberar el potencial humano, las oportunidades, el individualismo y la confianza en uno mismo.

La libertad y el ideal estadounidense de autorrealización individual son una misma cosa.Menor comprensión ha recibido el hecho de que los muhahidin también luchen por la libertad, pero por la libertad cuya definición es muy diferente.

De acuerdo al filósofo musulmán Sayyid Qutb, Esta din [religión] es una declaración universal de la libertad del hombre de ser esclavo de otros hombres y de ser esclavo de sus propios deseos, pues también ésta es una forma de la servidumbre humana.
Es una declaración de que la soberanía pertenece solamente a Alá, el señor de todos los mundos.

Ese aserto se contrapone a todos los sistemas que se basan en la soberanía del hombre; es decir que desafía a los sistemas en los cuales el hombre procura usurpar el atributo de la soberanía divina.
Cualquier sistema en el que las decisiones finales sean conferidas a los seres humanos, y en el cual los hombres sean la fuente de toda autoridad, deifica a los seres humanos al designar como señores sobre los hombres a otros que no son Alá. (Milestones, Pág. 47)

En términos islámicos, el concepto occidental de la soberanía política que reside en el pueblo es una idolatría, pues el Islam considera que la palabra de Alá, tal como fue dada a través de Mahoma, es la única fuente legítima de legislación y que, además, la obediencia a la ley de Alá es la única forma de culto permitida.

Esas dos ideas: que la divinidad es legisladora, y que el culto está constituido por la obediencia a la ley, son los conceptos más extraños a los que la mente occidental debe enfrentarse cuando analiza el Islam.
Esos conceptos se combinan para dar origen a la exigencia islámica de soberanía territorial, algo que es completamente excepcional en las religiones del mundo.

De acuerdo a la doctrina islámica, si un musulmán obedece las leyes del hombre, como debe hacerlo, por ejemplo, si reside en un estado occidental moderno, en tal caso el musulmán realmente rinde culto al hombre y se torna un idólatra culpable de širk – venera a otro que no es Alá, el dios único.
Para el musulmán es ese un grave pecado, de modo que para expiarlo debe hacerse partícipe de la lucha contra la ??hiliyya , es decir, contra toda la cultura y las ideas no-musulmanas, ya que se considera que éstas han surgido porque se ha ignorado la verdad del Islam.

Y dado que el Islam veda la crítica de sí mismo, conforma con todas las definiciones un sistema de pensamiento completamente cerrado, incluida la definición autosuficiente de libertad.
Qutb lo dice expresamente:Dado que el objetivo del Islam es la categórica declaración de la libertad del hombre, no en el mero plano filosófico, sino también en la vida real, [el Islam] debe utilizar la yihad.
No importa que el solar patrio del Islam –en el verdadero sentido islámico, el dar al-Islam — esté en una situación de paz o que esté amenazado por sus vecinos.

Cuando el Islam convoca a la paz, su objetivo no es una paz superficial que presuponga nada más que aquella parte de la Tierra en la que residen los seguidores del Islam debe permanecer segura. La paz del Islam significa que la d?n (es decir, la ley de la sociedad) sea purificada por Alá, que todas las personas deban obedecer única y exclusivamente a Alá, y que todo sistema que permita que algunas personas gobiernen a otras deba ser abolido. (Milestones, pág. 51)

De tal manera, esa lucha no es una fase temporaria, sino un estado eterno, porque lo verdadero y lo falso no pueden coexistir en esta Tierra.
Siempre que el Islam ha efectuado la declaración universal de que el señorío de Alá debe ser establecido en toda la Tierra y que los hombres deben ser libres de servidumbre a otros hombres, los usurpadores de la autoridad de Alá en la Tierra han atentado fieramente contra esa autoridad; nunca la han tolerado.
El Islam está obligado a devolver el golpe y a liberar a los hombres, en toda la Tierra, de las garras de esos usurpadores.

La eterna lucha por la libertad del hombre continuará hasta que todas las religiones sean para Alá y el hombre sea libre para venerar y obedecer a su Protector. (Milestones, pág.53)
Consideremos la frase "lo verdadero y lo falso no pueden coexistir." Este es un concepto central en el pensamiento islámico: todo lo "falso" debe ser destruido.
En consecuencia, cuando todas las otras culturas vienen a caer bajo la dominación islámica, al fin y al cabo son aniquiladas por el Islam, incluidos el arte, la música, los libros, los artefactos culturales de cualquier clase y, por supuesto, la historia.
Todos son eliminados de raíz porque esas cosas no son islámicas y, por ende, son consideradas despreciables.

El genocidio cultural es lo que procura cumplir a cabalidad la ?ih?d bajo todas sus formas: la propaganda, la demografía, el soborno, la extorsión y, finalmente, la violencia. Y procura eliminar esas culturas porque sus cosas de entidad obstaculizan la realización del Islam perfecto.

Citemos nuevamente a Qutb,Las razones de la Yihad…son éstas: establecer la autoridad de Alá en la Tierra; disponer los asuntos humanos de acuerdo a la verdadera guía que Alá provee; abolir todas las fuerzas satánicas y todos los sistemas satánicos de vida; eliminar el señorío de unos hombres sobre otros, dado que todos los hombres son criaturas de Alá y nadie tiene autoridad para hacer esclavos suyos a otros, o para dictarles leyes arbitrarias. Estas razones son suficientes para proclamar la yihad.

Sin embargo, siempre debemos tener presente que en religión no hay compulsión; es decir, una vez que los hombres sean libres del señorío de otros hombres, la ley que gobierne todos los asuntos civiles será completamente la de Alá, en tanto que nadie será forzado para que cambie sus creencias y para que acepte el Islam. (Milestones, pág. 57)

En ese razonamiento es cardinal la idea de que la soberanía de Alá deba ser realizada sobre territorio físico real, pues uno de los atributos esenciales de Alá es ser legislador para la colectividad. La idea de la voluntad de Dios que reina en el corazón del creyente individual, el reino de los cielos en el interior del ser humano, es una idea ajena al Islam; los musulmanes consideran que es una corrupción de la verdad.

En esa religión colectivista, el individuo aislado del proceder del colectivo no puede lograr la felicidad y la realización, porque a la libertad sólo se la encuentra cuando el individuo se abisma completamente en el sistema social, político y religioso.

Esta concepción de la felicidad y de la autorrealización, de la realización del potencial del individuo, contradice nuestra concepción. En el Islam solamente es dado encontrar la paz mediante la pérdida total de la individualidad y mediante la completa obediencia al sistema.
Cuando en algún tiempo futuro todos los seres humanos vivan exactamente del mismo modo, oren exactamente al mismo tiempo y repitan exactamente las mismas oraciones, entonces y sólo entonces será satisfecho Alá y la humanidad llegará a justificarse.

El Islam jamás considera la felicidad humana de por sí, y el logro de la perfección es un acto netamente colectivo. Alá solo se ocupa con la umma , jamás con la persona (desde Mahoma) o con lo personal.
Al propósito humano sólo se lo encuentra en la conformidad. Porque es de naturaleza espiritual y porque se manifiesta individualmente, la religión de Alá, que es expresamente material, no reconoce el concepto del reino de los cielos. "La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron".

Los empeños de los musulmanes por apropiarse del cristianismo (Jesús como musulmán "palestino", esclavo de Alá) acaso revelen el temor a tratar con las palabras del "Carpintero Judío" en sus propios términos.

Entre los musulmanes es casi total la ignorancia del cristianismo y por supuesto, así se conservará dicha ignorancia, mediante el asesinato de misioneros y la prohibición de la Biblia en los territorios controlados por musulmanes.
El Islam asevera que las palabras de Cristo son corruptas mentiras. En la mentalidad occidental, para que pueda existir la libertad también deben existir el mal o el mal en potencia; de otro modo, la libertad tal como la concebimos es imposible.

El hombre debe ser libre para escoger entre lo verdadero y lo falso, entre la realidad y sus propios engaños. De hecho, la falsa creencia humana, es decir, el acoger con premeditación la irrealidad, indudablemente es una fuente de mal en el mundo. Y los no-musulmanes pueden reconocer fácilmente la naturaleza irreal de la mítica umma y que la umma es completamente análoga al mítico colectivo comunista o al mítico Tercer Reich.

Qutb suena otra vez notablemente como Karl Marx.Luego de aniquilar la fuerza tiránica, ya sea la tiranía racial o la política, o la dominación de una clase por otra dentro de la misma raza, el Islam estableció en nuevo sistema social, económico y político, en el cual todos los hombres y las mujeres disfrutan la misma libertad. (Milestones, pág. 49).

En verdad, sin embargo, el hombre camina por la cuerda floja, entre la prisión espiritual de la conformidad con las costumbres tradicionales públicamente aceptadas y la prisión que nace de su propio egoísmo personal y de sus ansias de irrealidad. Entonces, el cultivo del autocontrol es indispensable para la verdadera libertad, tal como es reconocida por todas las religiones principales del mundo.

Mediante el autocontrol, las acciones humanas no son forzadas por los apetitos sensuales ni por el temor al castigo divino o al castigo social. El autodominio se torna la clave tanto de la paz cuanto de la libertad, porque abre la posibilidad de la elección personal que se basa en la autorreflexión individual. La conformidad forzada, tal como se la ve en el Islam, solo puede matar la fe individual, aún cuando alegue que libera al hombre mediante la obediencia al sistema de Alá.

Esto no es solamente engañoso, sino que también es peligroso. De hecho, la verdadera fe es una gran emancipadora, pues la fe, definida con propiedad, es la real conexión viviente entre el creyente individual y su fuente divina de amor y vida.
Mediante la fe sentimos la presencia del Padre y somos capaces de discernir Su voluntad, de distinguir el bien del mal, la probidad del pecado y la verdad de la falsedad.

La fe es el mecanismo que le permite al hombre la búsqueda de Dios; es decir, la búsqueda de la realidad. Por otra parte, el Islam es el destructor de la fe y el dador de engaño, y no crea entre sus adherentes nada que no sea la más profunda infelicidad que nace de la más absoluta autonegación.

La idea de que Dios desearía la felicidad humana es completamente extraña al Islam, pues de acuerdo a su doctrina, Alá no valora lo individual sino solamente por su contribución a lo colectivo. En el Islam no existe la idea de que la personalidad individual tiene valor en sí misma y por sí misma. Por ello, en cuanto nace de un único pensamiento individual, el arte no puede ser valorado y mucho menos puede ser atesorado o preservado.

El Islam lo significa todo, el musulmán individual no significa nada si no en cuanto es un vehículo para la difusión del Islam. Islam uber alles. Islam for ever. Islam por siempre. Islam. Islam. Islam. Así pues, lo que ha hecho el sistema islámico es usurpar el lugar de Dios en las vidas de sus creyentes. Ha hecho que les sea innecesario un Dios espiritual. Lo único que necesitan es conocer el sistema islámico y obedecerlo.

Deben memorizar las palabras fijas del Corán, pero no se requiere conocer a Dios como ser espiritual viviente. No solo no se requiere, ni siquiera se considera.
Los musulmanes solo pueden ansiar vidas de amargo sacrificio o vidas que culminarán en la autoaniquilación. Les han sido negados la real aventura de la fe para encontrar a Dios y el ser liberado por Su amor, así como también la maduración para conocerlo.

Por supuesto, la libertad que se les promete a los musulmanes es totalmente engañosa, pues la realidad del Islam es la expresa esclavitud --física, psicológica y espiritual— sin consuelo, sin descanso, sin paz Todos los días somos testigos de su fanatismo impulsado por el miedo, como prueba definitiva de que la religión, reducida a política, no puede ocupar el lugar de la religión verdadera o suplantar a la verdadera fe religiosa sin horrendas consecuencias.
Quienes piensan que el Islam provee alguna especie de consuelo o alivio a sus miles de millones de adherentes, deben pensar de nuevo.

29.10.06

Berlin suspende la "Opera Idomeneo de Mozart" por miedo al Islam

Europa ha de esclarecer qué comporta entenderse con el mundo musulmán partiendo de principios que son inalienables

Respeto pero no coacción

Aveces hay que ser repetitivo. Conviene serlo cuando hay que salir al paso de hechos que afectan a algo tan sustancial como el Estado de derecho, el disfrute de las libertades fundamentales.

Se están sucediendo con demasiada frecuencia acontecimientos que obligan a la claridad. A tomar partido, sí. A ejercer un esfuerzo por discernir lo que es esencial y lo que no. Por ver hasta dónde se puede dialogar, buscar un entendimiento. Y a qué obliga conseguir la convivencia cívica en paz.

En Europa ha llegado el momento de esclarecer qué comporta el respeto de la multiculturalidad. Sobre todo cuando ésta afecta ya a algo tan básico como la libertad de conciencia y a algunas de sus manifestaciones más visibles e inalienables: libertad de palabra, de exposición de las ideas, de creación artística.

Sin este posicionamiento previo, no es correcto enfrentarse a lo ocurrido con una distancia de tan pocos días. Primero por unas palabras del Papa Ratzinger; después por la decisión de cancelar la representación en la (fantástica e increible) Ópera de Berlín del Idomeneo de Mozart.
Porque de ideas se trata en el caso de Benedicto XVI; de creación artística en el de la Ópera de Berlín.

Todavía estamos envueltos en el debate sobre la cita histórica del Pontífice en un acto académico de la Universidad de Ratisbona, que no sólo provocó polémico rechazo sino desabridas, a veces agresivas manifestaciones de ira.

Y se produce ahora lo de Berlín. El islamismo está aquí, en Europa. Actuante, como aportación o como problema. No nos engañemos, no es la Europa de hace cincuenta, treinta años.
Hablar de choque o de diálogo entre civilizaciones queda bien. Pero mejor si se desciende a lo concreto. Y esto comienza ya a tener una historia, una continuidad que nos lleva por una parte al asesinato en el 2004 del cineasta holandés Theo van Gogh por un fanático musulmán; a las reacciones desmesuradas por la publicación de unas caricaturas de Mahoma en el periódico danés Jillands Posten en el 2005; a las amenazas contra la diputada holandesa de origen somalí Ayaan Hirsi Ali por sus denuncias sobre la violencia física y psicológica que padece la mujer en gran parte del mundo musulmán.

Todos estos hechos tienen algo en común. Es la presencia dentro y fuera de Europa de un islamismo fundamentalista que rechaza airada o violentamente cualquier tipo de libertad de criterio crítico referente a la religión mahometana. Lo sagrado como intocable, concebido como suprema ley, absolutamente incompatible con los principios legales de secularización que rigen en los estados de la Europa actual.

Es un tabú que no tendría el carácter alarmante con que merece ser entendido si no fuera acompañado por algunos, casi ya apremiantes, aspectos. Incide de manera creciente en las relaciones con un mundo musulmán que el activismo radical islámico orienta contra Occidente, utilizando una mezcla de victimismo y exigencia de rendición de cuentas. Y se traduce frecuentemente en uso de la violencia. El sustrato de los grandes atentados siempre está presente. Y existen presiones o actos criminales aislados como el asesinato de Van Gogh.

Esta realidad crea en algunos sectores de la opinión europea una especie de complejo de culpabilidad que no ayuda ni siquiera a una aportación sincera y conveniente respecto a las injusticias y desigualdades históricas y presentes, en las cuales existe una responsabilidad occidental que no es adecuado callar. Y que sin duda han contribuido a la extensión misma del fundamentalismo islamista.

Comportamiento que, además, contribuye a amordazar la autocrítica en el mundo musulmán. En los casos citados, ha sido frecuente una actitud poco digna de abdicación, alegando respeto al otro mientras en estados musulmanes eran detenidos periodistas o intelectuales discrepantes y se desataban enfebrecidas olas de violencia.

En el episodio de las caricaturas de Mahoma publicadas por el Jillands Posten,el director del periódico apoyó a los dibujantes pero acabó pidiendo disculpas. Y el jefe del Gobierno danés, que no podía legalmente manifestarse contra la libertad de prensa, hizo malabarismos para detener en lo posible la ola de furia de musulmanes.
Más tarde, los caricaturistas implicados fueron discretamente alejados. Aunque parte de la prensa europea publicó las caricaturas en acto de solidaridad y la Comisión Europea recordó que la libertad de prensa es un derecho fundamental.

Más turbio fue lo ocurrido con la diputada Ayan Hirsi Ali. En Holanda. La Holanda pionera de las libertades cívicas. Estaba amenazada ASTROMUJOFF con seguir la funesta suerte del cineasta Theo van Gogh, con quien colaboró en la creación de la película Sumisión sobre la condición de la mujer en las sociedades sometidas a las prácticas coránicas.

Mario Vargas Llosa publicó en El País un artículo valiente sobre su caso. Trataba sin ambages de las argucias legales con que la ministra del Interior consiguió desposeerla de la ciudadanía holandesa y, por tanto, de su condición de diputada, que lo era por el mismo partido de la ministra. Previamente, un juez había sentenciado a favor de los vecinos de Ayan Hirsi Ali que pedían que abandonara el piso donde vivía "por el peligro de que terroristas islamistas incendiaran o bombardearan el edificio", como decía Vargas Llosa.

La ex diputada se trasladó a Estados Unidos. Progresivamente descubrimos una cara turbia en la Europa de las libertades, del derecho de acogida. Ley, tolerancia, civismo, sí, pero según cómo. En nombre del respeto, prevalece la impiedad religiosa casi bajo sospecha de culpa. Permisividad social, sexual.

Pero respecto al fanatismo islamista, mucho cuidado. Aparecen prudentes distingos, argumentaciones casuísticas. Por lo menos lo ocurrido en Berlín desmonta ambigüedades.

La directora de la Ópera lo ha dicho sin pelos en la lengua: Idomeneo de Mozart en la versión de Hans Nuenfels no se representará porque la seguridad de los artistas y del público pasa por delante de la libertad artística, ya que Nuenfels añadió un final en que aparecen degolladas las cabezas de Cristo, Buda, Poseidón y Mahoma.

Así que, miedo. Autocensura en la impecable democracia alemana. Premio al fundamentalismo, al terrorismo islamista. Y mal punto de partida para el diálogo que en la misma capital alemana ha comenzado entre el Gobierno y dirigentes musulmanes.

La voz no le ha vacilado a la canciller Merkel al expresarse contra la decisión de la directora de la Ópera de Berlín. Ni al ministro del Interior, Schäuble, que habla de una decisión ridícula, estúpida, inaceptable.
Bien. Como Idomeneo no pasa, valen Las bodas de Figaro.Mozart, al fin y al cabo. Susanna, Querubino, el Conde, la Condesa, que no traen problemas. Aquel ligero, desenfadado "per finirla lietamente / e all´usanza teatrale / una azion matrimoniale / le faremo ora seguir".

Recuerdo a Cioran: "¿Dónde encontrar en otra parte (que en Europa) a un Monteverdi, un Bach, un Mozart? Gracias a ella (la música) Occidente revela su fisonomía y alcanza su profundidad".
Y Occidente es en esto Europa con absoluta primacía, la Europa ahora dubitativa, insegura.

Se cumplen este año doscientos años del nacimiento de John Stuart Mill, que escribió en Sobre la libertad:"Todo lo que tiende a destruir la individualidad es despotismo (...), tanto si se pretende imponer la voluntad de Dios como si se quiere hacer acatar los mandatos de los hombres". Nada que añadir.

Fuente: La Vanguardia




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27.10.06

¿Islamo-fascismo o islamo-nazismo?

¿Islamo-fascismo o islamo-nazismo?; los chiíes a la conquista de la Umma; el silencio de los lobos musulmanes; la oposición chií al proyecto de Ahmadineyad; la ambigüedad de ciertos ambientes cristianos medio-orientales y occidentales; la indiferencia de Occidente como arma contra el Papa.

Resulta curioso que el „progresista“ gobierno de España y sus correas de transmisión en los medios de comunicación no dediquen parte de su tiempo a debatir sobre el término utilizado por el presidente americano Bush para definir a los terroristas islámicos: “islamo-fascismo”.
Y ello porque el término, como nos refiere el sociólogo de las religiones Massimo Introvigne, ha sido acuñado por intelectuales liberal americanos, esto es, “progresistas”.
En realidad, independientemente de la intención táctica de Bush por usar un término creado por sus adversarios políticos, es inexacto hablar de “islamo-fascismo” ya que el término que mejor define a la galaxia islamo-terrorista es el de “islamo-nazi”.

En efecto, como nos cuenta el anteriormente citado sociólogo Massimo Introvigne, “[...] Sobre todo desde que Ahmadineyad se ha apoderado del régimen iraní, éste se ha convertido en lo más parecido al nacional-socialismo que el mundo haya conocido en su historia.

Cierto, las raíces culturales de la Alemania de Hitler y del Irán de los ayatolás son distintas. Pero los sociólogos han puesto en evidencia como el milenarismo, la espera de acontecimientos apocalípticos y de una inminente transformación radical del mundo, son una categoría universal que, aunque se decline con lenguajes distintos, tiende a producir los mismos resultados mortíferos.

Hitler pensaba en un Reich milenario dominado por la raza aria, una “Alemania de mil años” cuyos ejércitos sojuzgarían al mundo entero.

Ahmadineyad, que se inspira en los temas más milenaristas del complejo pensamiento de Jomeini, cree firmemente en el mito chií del imán escondido que saldrá a la superficie de su plurisecular ocultación para guiar la Shia en la conquista del mundo.
“Piensa realmente que el imán escondido emergerá de un pozo de una remota región iraní, alrededor de la cual ya ha ordenado construir un lujoso palacio para acogerlo y hoteles de siete estrellas.


Ben Laden, por su parte, utiliza una literatura sunní, sobre todo egipcia, centrada en el choque final entre el Dajjal, el Anticristo, y el Mesías islámico, el Mahdi . Ni valen las objeciones del sociólogo asesor de Chirac, Gilles Kepel, según el cual no se puede hablar de fascismo o nacionalsocialismo, porque Mussolini y Hitler tenían un seguimiento masivo que Ben Laden o Nasrallah no tienen: cierto, los terroristas activos son (relativamente) pocos, pero los fundamentalistas son millones” .

“La locura milenarista necesita siempre de un chivo expiatorio que destruir para que el plan del mesías milenario de turno triunfe. Para Hitler y para Ahmadineyad el chivo expiatorio es el mismo: los judíos. Cada día el presidente iraní predica con más claridad el exterminio no sólo de Israel sino de los judíos en general, exactamente como Hitler en los años treinta. Nasrallah es su eco.

Y, como entonces, hay una clase política del mundo libre que se tapa los oídos para no escuchar. ¿Vamos al Líbano a luchar contra el islamo-nazismo o a protegerlo de Israel? Si la respuesta será ambigua, retumbarán ecos siniestros de la conferencia de Munich de 1938, donde Europa frente al nazismo – como dijo Churchill – “eligió la vergüenza para no tener la guerra, y acabó por tener la guerra y la vergüenza” .

Preparémonos pues, si no queremos repetir los errores de la historia, a librar una batalla cultural que desaloje al discurso imperante de la nueva alianza antioccidental (y anticristiana) islamo-social-comuno-mundialista ya que sólo de esta manera podremos mirar, sin miedo pero con realismo, al enemigo en la cara y plantarle batalla.
De lo contrario, a fuerza de pacifismos y antiamericanismos a veces invocados desde ciertos ambientes católicos de forma cuando menos superficial, nos veremos abocados a la desaparición del mundo occidental y cristiano (en especial europeo) en aras de una civilización islámica.

Pues no nos engañemos: si hoy no apoyamos a quienes luchan en primera línea contra el terrorismo islámico, esto es Israel, (y ello independientemente de los elementos religiosos, culturales, históricos, etc., que nos separan de los que por otra parte podemos y debemos considerar (a ciertas condiciones) “hermanos mayores” debido a nuestra herencia espiritual semita – Pío XI dixit), estaremos favoreciendo el triunfo de la alianza entre Al Qaeda, Irán y (aunque reducido al rango de Estado satélite) Siria, con todas las consecuencias funestas (inclusive una posible guerra nuclear) que ello acarrearía.

Todo esto junto al proceso de descristianización y cristofobia que contradistingue a Europa en general, y a España en particular, sin olvidar la política suicida y demagógica frente al fenómeno de la inmigración (en especial islámica) nos da una idea de cuál podría ser nuestro porvenir.

De aquí la necesidad de un sano realismo pragmático que sepa conciliar la reconquista católica de la sociedad (a través, in primis, de nuestra conversión diaria y de nuestro testimonio individual y asociativo) con una visión clara y realista de quiénes son nuestros aliados y nuestros enemigos, haciendo oídos sordos a los cantos de sirena de aquellos que con la excusa de la paz, del antiamericanismo y de la política “desproporcionada” de Israel, quieren vendarnos los ojos para que no podamos salvarnos del precipicio.

2. A alguien, quizás, le llame la atención que haya nombrado a Al Qaeda, a Irán y a Siria y no a otros países musulmanes cuando no al islam en su totalidad.
¿Significa ello que no considere a países como Arabia Saudí, Sudán, Somalia, etc., o al islam como un peligro?
En absoluto. Únicamente con ello quería evidenciar un elemento (a su vez manifestación clara de la guerra civil intra-islámica auténtico detonante de la Cuarta Guerra Mundial en curso) que ha pasado desapercibido a los más durante el conflicto que ha opuesto Israel al satélite terrorista de Irán y Siria en Líbano, Hizbulá: el silencio sonoro de las calles musulmanas.

En efecto, remitiéndome una vez más al sociólogo (y experto de islam y de terrorismo islámico) Massimo Introvigne, “[...] Desde hace años era suficiente una mínima retorsión israelí para que desde Yakarta a Trípoli masas movilizadas por regímenes o por organizaciones fundamentalistas como los Hermanos Musulmanes invadieran las calles gritando “Muerte a Israel”.
Esta vez las calles árabes no asisten a movilizaciones. La diferencia con lo ocurrido hace apenas unos meses a causa de las viñetas danesas llama poderosamente la atención.

“Lo que ocurre es que ya sean los dictadores nacionalistas (como Gadafi) ya sean sus enemigos, los Hermanos Musulmanes, entienden perfectamente aquello que los documentos de la ONU y del G8 no dicen, esto es, que el ataque a Israel no es una iniciativa espontánea de los Hizbulá y de Hamas sino que ha sido programado (desde hace meses), financiada y dirigida por Teherán y Damasco.


La ONU y el G8 no pueden decirlo por los vetos de una Francia fiel a su tradición filosiria y antiamericana. Pero los musulmanes lo saben. Los jefes de Estado nacionalistas han entendido perfectamente que está en juego la hegemonía sobre todo el mundo árabe por parte de una nueva cúpula, cuya cabeza está en Teherán, que ha reducido a Siria al rango de Estado satélite y que – tras haber inducido a Ben Laden a librarse del anti-chií al-Zarqawi proporcionando a los americanos información sobre su paradero – ha reclutado también a Al Qaeda.

“Esta cúpula, cuyo líder Ahmadineyad cree en un islam apocalíptico y espera con fervor el fin del mundo, considera a los dictadores nacionalistas laicos como una peste que infecta al mundo islámico.

Tolera Assad en Siria porque su familia no es laica sino alauita, seguidora de una forma extremista chií sobre cuya heterodoxia Ahmadineyad ha decidido cerrar un ojo.

En cuanto a los Hermanos Musulmanes, la familia Assad en Siria ha asesinado unos setenta y cinco mil.
Los Hermanos además son sunníes y el trato recibido por las minorías sunníes allí donde llegan los chiíes iraníes no les deja esperar nada bueno.

En teoría también Ben Laden es sunní, pero su ideología ya se puede considerar como un tercer islam, apocalíptico y violento, que pasa por encima de la tradicional distinción entre sunníes y chiíes y que – con el uso desenfadado del tráfico de drogas y sus relaciones con el hampa en distintos países – poco o nada tiene que ver con la puritana (y anti-chií) tradición wahhabita de Arabia Saudí en la cual el superterrorista ha sido educado”.

Cabe apuntar que no obstante la adhesión discreta de Ben Laden a la alianza con Irán y Siria (que no olvidemos trata de cambiar las relaciones de fuerza en el mundo islámico, donde los chiíes representan un 15% del total frente a los sunníes que constituyen un 80% con un resto – 5% – de denominaciones menores), el plan de Irán (y subordinamente de Siria) ha creado preocupación en la red terrorista del millonario saudí. En efecto, a los dirigentes (empezando por el número dos Al Zawahiri) y a los comandantes de segunda generación de Arabia Saudí, Pakistán e Iraq han llegado por medio de internet muchas críticas a los errores estratégicos y doctrinales de Hizbulá y, por tanto, implícitamente a Irán.

Estando así las cosas, la más numerosa manifestación anti-israelí ha tenido lugar en Cuba y contra Israel protestan más José Blanco, Moratinos y Zapatero que Gadafi.
Los reyes de Marruecos, de Jordania, de Arabia Saudí dicen en privado a los americanos lo que no pueden decir públicamente: ninguna paz es posible hasta que no se acabe con los regímenes de Teherán y de Damasco. Los Hermanos Musulmanes son una organización compleja y plétora de corrientes, a alguna de las cuales no le disgustaría lo más mínimo el derrocamiento de Ahmadineyad. Por ello las calles musulmanas siguen haciendo ruido con su silencio.

3. Frente a la preocupación que despierta en el mundo sunní (y no sólo en él como veremos) el plan de Irán, algunos consideran que se debería aprovechar la rivalidad entre chiíes y sunníes a favor de Occidente. Se olvidan, sin embargo, que ello podría desestabilizar las fragilísimas democracias de Iraq y Líbano, que para sobrevivir necesitan de la colaboración de ambos ramos del islam. Un afamado estudioso de la Shia, el iraní profesor en América Vali Nasr, propone en un ensayo publicado en Foreign Affairs que está dando la vuelta de la diplomacia mundial (Vaticano incluído) el diálogo directo con Irán y Hizbulá como único camino para evitar la guerra atómica, inevitable porque Irán de una u otra manera se hará con ella.
La tesis (ya muy dudosa de por sí) tiene el defecto de ignorar la naturaleza milenarista y apocalíptica de la ideología de Ahmadineyad y de Hizbulá: con quien espera el fin del mundo y el exterminio de los judíos no se puede dialogar.

Puede haber otro camino. Las críticas durísimas que las máximas autoridades religiosas chiíes libanesas dirigen al líder de Hizbulá Nasralá, acusándolo de aventurismo y de no representar a todos los chiíes del Líbano, constituyen una novedad histórica. Tradicionalmente la tradición chií ha predicado la obediencia a las autoridades constituidas, independientemente de su afiliación ideológica, y precisamente en el mundo chií ha surgido en los años previos a la Primera Guerra Mundial el movimiento moderado denominado “constitucionalista”, uno de los primeros intentos de conciliar pensamiento islámico y democracia moderna.
Cierto, todo ha cambiado con Jomeini y su revolución iraní de 1979. Pero Jomeini, que ha reemplazado el constitucionalismo con la teocracia del “gobierno del jurista islámico” no ha representado nunca a todo el mundo chií, y no faltan sus críticos en el propio Irán.

El representante de más alto grado mundial de la jerarquía de los chiíes (que, a diferencia de los sunníes, tienen un “clero”) es el ayatolá Sistani de Nayaf, en Iraq, prudente pero inteligente protagonista del diálogo con Occidente y los Estados Unidos.
Azerbaiyán, otro Estado a mayoría chií con grandes recursos debido al petróleo, tiene una jerarquía religiosa moderada, a la cual hace referencia la minoría chií de la cristiana Georgia. Los chiíes de Arabia Saudí, por mucho tiempo discriminados, han abierto un canal de diálogo con el rey Abdalá, que ha conseguido substraerlos a la influencia iraní apuntándose un éxito nada despreciable. Ahora también la jerarquía chií libanesa critica a Hizbulá.

No todos los chiíes (al igual que el resto de los musulmanes) son terroristas. Dialogar con la Shia moderada e insistir en el hecho que la postura chií tradicional es distinta de la de Ahmadineyad y Nasralá puede ser una baza importante para aislar a los terroristas y a aquéllos que los apoyan.
Es una lástima que la Unión Europea (presa de su obsesión progresista y antiamericana de la que nada bueno se puede esperar) no se dé cuenta de estos desarrollos y siga empecinada (teniendo como “vanguardia” ridícula e infantil al payaso de Zapatero y a su corte de bufones) en considerar como únicos y legítimos representantes del mundo chií a Hizbulá y al gobierno de Teherán.

4. Durante muchos años el eslógan “mejor rojos que muertos” ha tratado de convercernos que si el riesgo era el de morir asesinados, valía la pena dejarse de zarandajas anticomunistas y plegarse a los regímenes comunistas. También en las Iglesias cristianas de los países comunistas, junto a una multitud de mártires, había quienes ponían por las nubes a los regímenes en el poder (cuando no colaboraban con ellos).
La ley islámica, la sharia, establece para los cristianos y los judíos el estado de dhimmi, “protegidos”. Estos no pueden desarrollar ninguna actividad misionera, ni acceder a los cargos públicos más importantes, y tienen que pagar impuestos más altos: en definitiva, son ciudadanos de segunda división, pero al menos salvan el pellejo (aunque siempre están en la cuerda floja dependiendo de muchos factores, no último, la escula jurídica islámica que acceda al poder).

Resulta siempre muy desagradable criticar aquellas personas que todos los días arriesgan sus vidas y que hoy están tentadas por un “mejor dhimmi que muertos” (un servidor ha dedicado varios artículos e iniciativas al genocidio anticristiano en los países musulmanes). Sin embargo, cuando este desasosiego es aprovechado en el extranjero, no sería correcto callar.

En Palestina y en Líbano no son solamente políticos y militares cristianos – que dan la sensación de buscar venganza por no haber sido ayudados (cuando lo necesitaban) por Occidente, como el general Aoun – a ponerse al servicio de Hizbulá, aceptando de hecho la postura de dhimmi ideológico hoy con la perspectiva de convertirse en dhimmi de honor (esto es, en su plenitud) mañana.

También algunas autoridades religiosas cristianas hablan aparentemente de teología pero lo hacen de forma tan ambigua que favorecen objetivamente la propaganda de Hizbulá y de Hamas. Hace unas semanas cuatro obispos de Palestina – el latino-católico, Michel Sabbah, el sirio-ortodoxo, un luterano y un anglicano – han publicado un documento contra el “sionismo cristiano”, una teología difundida en la corriente denominada evangélica, esto es, conservadora, mayoritaria en el protestantismo de los Estados Unidos, que se enmarca en una compleja visión del inminente fin del mundo dentro de la cual el Estado de Israel tiene una función preparatoria querida por Dios.

Si con el documento en cuestión se quiere afirmar que esta forma de milenarismo no es compartida por católicos y ortodoxos (y tampoco por luteranos y anglicanos), se afirma una obviedad. Pero el momento elegido es sospechoso, y se aprovecha la ocasión para decir que “los gobiernos de Israel y Estados Unidos, actualmente están imponiendo su dominación sobre Palestina” y son culpables de “colonización, apartheid e imperialismo”, frases que no desafinarían en un documento de Hizbulá o de Hamas.

También el jesuita egipcio, pero que ha vivido muchos años en Líbano, padre Samir Khalil Samir, estimado por el Papa (y por el abajo firmante, tan es así que he traducido un artículo suyo dedicado al problema de las mezquitas por su conomiento enciclopédico del islam, ha propuesto un programa de paz en diez puntos (algunos razonables) en los cuales, sin embargo, defiende que la única y sóla raíz del problema medio-oriental no es el terrorismo sino la misma creación tras el Holocausto del Estado de Israel en 1948, “una injusticia contra la población palestina”.

Entre sus propuestas está el famoso “derecho al retorno”, al menos parcial, de los palestinos que han abandonado Israel en los años 1940 y 1950, condición que destruiría al Estado judío, transformándolo en un Estado islámico (con los cristianos sometidos a la condición de dhimmi) y que ningún gobernante israelí aceptará jamás siquiera que se pueda discutir.

Todo esto no es tanto una crítica de los dirigentes cristianos medio-orientales, que todos los días corren el riesgo de ser acuchillados o incluso acabar peor. Son más culpables quienes aprovechan cínicamente (o inconscientemente) sus declaraciones en Occidente, para justificar políticas anti-israelíes y antiamericanas o para repetir estribillos antisemitas donde, de cualquier cosa que ocurra en Oriente Medio, serán siempre y sólo culpables los judíos.

5. Muy distinta, en cambio, es la postura del Papa Benedicto XVI. En efecto, partiendo de una cita de un emperador bizantino definida por él mismo como “brusca” – con lo cual su precisación según la cual estas antiguas palabras no entendía asumirlas como propias raya lo obvio, y tampoco configuran – por mucho que le pese al indigente mental y moral de Pepiño Blanco y demás ralea del gobierno – una petición de perdón a los musulmanes –

Benedicto XVI ha roto el acuerdo tácito entre los hombres políticos de Occidente y el islam, inaugurado tras el 11-S. Se podía y se debía condenar el terrorismo. Incluso se podía hablar mal del fundamentalismo.
Pero todo debía mantenerse en el terreno del orden público, sin jamás tocar el tema de las raíces teológicas profundas de la conexión entre islam y violencia.
Esta conexión no consiste en una desviación del Corán sino en algunas suras del mismo Corán; no en un malentendido de Mahoma sino en enseñanzas concretas de la segunda fase de su doctrina; no en una idea de Dios inventada por Ben Laden sino en la noción misma de la divinidad que ha prevalecido históricamente en el recorrido de la teología islámica. Esto es lo que ha dicho el Papa en Ratisbona, y que no ha desmentido sucesivamente.

Sin menoscabo de la búsqueda del diálogo con un islam que sea realmente distinto y moderado (todavía muy frágil e incipiente), el Papa ha roto el acuerdo por el cual se debería hablar sólo y únicamente de policía y jamás de teología.
El mismo Bush y Blair habían proclamado el islam una “religión de paz”, prosiguiendo con la ficción – que hace prevalecer la razón política sobre la razón histórica – según la cual la frágil minoría moderada sería la única capacitada a representar el “verdadero” islam.

Cinco años después del 11-S, tras las aberrantes declaraciones de Ahmadineyad, el terrorismo renovado de Hamas y de Hizbolá, el reclutamiento continuo también en Occidente de terroristas suicidas de Al Qaeda, el Papa ha decidido que se ha acabado el tiempo de las ambigüedades y ha llegado el tiempo de la claridad.

Tras una primera reacción airada, en el mudo islámico se han levantado voces de sentido común disponibles a admitir que lo dicho por el Papa merece cuando menos una seria reflexión. Por el contrario, en Occidente ha ido mucho peor.
Hemos visto a tres tipos de críticos que no sólo no defendieron al Papa, sino que incluso arremetieron contra él.

-Los primeros son los ignorantes, que nada saben de islam, nada de historia de las religiones y tampoco tienen las categorías para entender un discurso difícil como el de Ratisbona.

-Los segundos – como el New York Times – son los defensores del acuerdo tácito según el cual algunas autoridades islámicas condenan el terrorismo y Occidente en cambio renuncia a investigar sobre las raíces teológicas de aquél. En lugar de rasgarse las vestiduras por las verdades sobre el islam dichas por Benedicto XVI, deberían admitir que el acuerdo no ha funcionado, ya que el terrorismo continúa, y que donde ha fracasado la policía es correcto que vuelva la teología.

-Los terceros son los laicistas, que desprecian al Papa por Papa, y para los cuales toda ocasión es buena para arremeter contra el Santo Padre (por supuesto, también cabe la posibilidad que los críticos de Benedicto XVI sean una síntesis de los tres tipos como parecen indicar los rebuznos del gobierno que padecemos).
Sea como fuere, en el actual choque de civilizaciones, el Papa ha sido el único que ha tenido el valor de renunciar a lo políticamente correcto y alinearse sin reticencias con Occidente y con sus valores: como agradecimiento, Occidente lo ha dejado solo.

Por Ángel Expósito Correa

25.10.06

La Fiesta de "Moros y Cristianos"

Musulmanes piden suprimir las fiestas de Moros y Cristianos 'por no caber en la España democrática'


El presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (Feeri), el imán de la mezquita La Unión de Málaga, Félix Herrero, exigió que se suspendan las tradicionales Fiestas de Moros y Cristianos que se celebran en Andalucía, Aragón y Comunidad Valenciana por la imagen que se da del pueblo musulmán y consideró que "no tienen cabida en la España democrática".

Herrero se preguntó qué reacción tendría la población de determinados pueblos si se celebrara la entrada de las tropas de Franco "y el consiguiente castigo que infringió a la población".

"No tienen cabida en la España democrática de hoy día", declaró, y por ello reclamó que, "en aras de la buena convivencia", se supriman estas actividades en los diferentes pueblos españoles. "A estas fiestas hay que aplicarles el mismo criterio y, con el fin de la buena convivencia, deben desaparecer", subrayó.

Para el presidente de la Feeri, "en una España democrática, donde están representadas todas las confesiones religiosas, estas celebraciones de conquistas deben desaparecer". Además, expuso que el origen de estas fiestas no se encuentra en la época de la Conquista, sino posteriormente y señaló que algunas representaciones se añadieron después.

En este sentido, aludió a los actos "ofensivos" contra Mahoma que se dan en algunos pueblos valencianos, caso de los valencianos Bocairent y Beneixama -que han suprimido algunas de las actividades-, donde las fiestas de moros y cristianos concluían con la reconquista de un castillo por el bando cristiano y la destrucción con petardos de una efigie de cerca de tres metros llamada La Mahoma.

En este sentido, señaló que, según le han transmitido, la tradición de esta representación data del siglo XIX. "Como cualquier otra representación de islamofobia o racismo debe eliminarse", concluyó Herrero.

La Fiesta de Moros y Cristianos nace para rememorar la Reconquista de la Península Ibérica. El mayor número de festividades se dan en la Comunidad Valenciana, sobre todo en la provincia de Alicante. En Andalucía, se representan en localidades de Granada, Almería o Jaén. También en la Serranía de Ronda (Málaga) y en Andalucía occidental sólo en la localidad gaditana de Benamahoma, el primer fin de semana de agosto.

La Toma de Granada

En la misma línea, el presidente de la Comisión Islámica de España y gerente de la Fundación Mezquita de Granada, Malik Ruiz, no vio inconvenientes en la celebración de estas fiestas siempre que no haya elementos que puedan ser motivo de provocación y genere discordias, por lo que pidió que se supriman cuantas imágenes o representaciones ofensivas se den contra el pueblo musulmán.

En cuanto a la celebración de la Toma de Granada que se conmemora el 2 de enero, Ruiz detalló que "hace unos años era motivo de crispación y dificultad pero nosotros no hemos visto ningún impedimento" aunque significó que "no hubo ninguna toma sino un cambio de dinastía pactado por el desfallecimiento de la sociedad musulmana y el auge de la cristiana".

En definitiva y al igual que con la polémica sobre la suspensión de la ópera 'Idomeneo' de Mozart en el Deutsche Oper de Berlín donde se representa la decapitación de las cabezas de Mahoma, Buda, Jesucristo y Neptuno, el gerente de la Comunidad Islámica de España valoró el diálogo y pidió a la sociedad una reflexión sobre la necesidad de "no tocar algunos aspectos que generan reacciones viscerales en algunos grupos".

"No vamos a justificar nunca acciones violentas pero hay que ser comedidos y tener en cuenta lo que para nosotros significa el profeta Mahoma. No se puede tomar a la ligera porque puede derivar en elementos de discordia", expuso.

Acerca de este tema, el presidente de la Feeri se preguntó por los "intereses que hay detrás" y no comprendió la suspensión de la ópera ante las supuestas amenazas, en lugar de pedir la protección de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Según las crónicas, el origen de La Mahoma se remonta al siglo XV en Jaén, en 1463. Una efigie de Mahoma, llamado Mahomad, que simboliza en el bando moro lo que el apóstol Santiago en el bando cristiano.

En aquellas primigenias fiestas de moros y cristianos, la figura terminaba arrojada a la fuente de la plaza de la Magdalena. Desde Andalucía el festejo habría emigrado, y arraigó en Levante, con rituales que incluían la mutilación del muñeco, aunque ya prácticamente han desaparecido estas representaciones.

EUROPA PRESS
Sevilla


Srs del Feeri, me gustaría que se preocuparan en transmitir a los musulmanes que residen en España los valores democráticos de nuestra sociedad.

Si pusieran el mismo empeño en defender nuestras leyes democráticas tengo la seguridad que los musulmanes serian un poco mas respetuoso y tolerantes con nuestras costumbres, fiestas, y hábitos de la sociedad que los acoge, al fin de cuentas no olviden que nadie les ha llamado ni obligado a vivir en España.

Para las democracias occidentales algunas de sus costumbres como la poligamia, la separación de niños y niñas en natación, esa necesidad de imponer que las jóvenes tengan que acudir veladas para asistir a clases, con el fin de provocar, me parece una constante que deberían tener en cuenta antes de reclamar cambios en nuestra sociedad.

¿Por que no se preocupan en denunciar la ablación y las costumbres vejatorias y ancestrales a que están sometidas las mujeres en oriente? Parecen temas más importantes que unas simples celebraciones festivas ¿No les parece?

Son ustedes, es la comunidad musulmana la que se instala dentro de las democracias occidentales, y eso también tiene un precio para los musulmanes, tienen y deben acostumbrarse que la libertad de expresión es un bien inamovible en Europa, las “Chirigotas en Cádiz”, las “fiestas de Moros y Cristianos” y signos que nos recuerdan que los moros nos invadieron en el pasado, nos pertenece la elección de exhibirlos, y celebrar nuestras fiestas sin ser cuestionados, no estamos dispuestos a ceder.

¿Les gustaría que occidente no les permitiera celebrar el Ramadan? Solo por que nos parece grotesco realizar ayuno todo el día, para alimentarse como un hambriento durante toda la noche? Que ayuno mas extraño, para el que lo cumple… que yo he visto tomar teé y KarKadé a escondidas pensando que nadie los observaba.

Dejémonos de reclamaciones, y de tonterías, y cada cual que aguante su vela, que bien, lo que se dice bien, jamás nos hemos llevado los moros y los cristianos, tan solo nos soportamos y nadie sabe por cuanto tiempo, la furia mora ya la hemos visto por las calles de Berlín, Londres, Dinamarca, Brúselas, Holanda y en media Europa, esperemos que no se llene el saco de la paciencia y estalle la furia cristina, Y ACABEMOS LIÁNDOLA.

23.10.06

Un Islam enfrentado con los valores europeos


Cada vez más personas de tendencias políticas mayoritarias argumentan que el islam no puede reconciliarse con los valores europeos"

En la británica Windsor, el ataque de un grupo de jóvenes musulmanes a una mujer blanca y a su hija adolescente provocó un nuevo estallido de violencia que está cuestionando la presencia de la Reina en su residencia de la localidad. En Dinamarca, el gobierno ya vuelve a intentar tranquilizar a los embajadores musulmanes después de que la televisión del país mostrara unas nuevas caricaturas de Mahoma elaboradas por un grupo antiinmigrantes. En Teherán ya están atacando la embajada danesa en respuesta. En el aeropuerto de Minneapolis, taxistas musulmanes se niegan a llevar a pasajeros que porten alcohol. En Australia, otra adolescente anuncia a su padre musulmán que desea convertirse al cristianismo y la escena termina con un baño de sangre en la familia. Todo ello en los últimos e inmediatos días, entre otros muchos incidentes en todo el mundo. En Nueva York, el tradicionalmente tolerante e izquierdista New York Times constataba ayer cómo posiciones históricas de ‘ultraderecha’ ya son compartidas por políticos y ciudadanos moderados del centro y la izquierda europea.

Límites para la tolerancia

Recorriendo los constantes incidentes en los que los musulmanes se ven envueltos, y cómo cada vez se extiende más el rechazo hacia esa comunidad en cada vez más amplios sectores del arco político europeo, siempre en dirección hacia la izquierda, los articulistas, tras referir los temores del joven de Amberes, constataban: “Su preocupación es compartida por centristas en toda Europa, furiosos con los ataques terroristas en el nombre de la religión en un continente que la ha abandonado ampliamente, (un continente) inquieto con que cualquier crítica al islam o a la inmigración musulmana provoque amenazas de violencia”.

“Durante muchos años, quienes levantaban sus voces pertenecían en su mayor parte a la extrema derecha. Ahora, quienes son vistos normalmente como moderados -tanto la gente de a pie como los políticos- se están preguntando si los una vez incuestionables valores de la tolerancia y el multiculturalismo deberían tener límites”, continúa el largo reportaje del diario ‘progresista’ neoyorquino.

Y es precisamente alguien que se autocalifica como ‘progresista’ quien apuntala esta impresión.

Ultraderecha projudía, izquierda antiislámica

Afirma Joost Lagendik, un parlamentario holandés de la Izquierda Verde: “Un montón de gente progresista -no estamos hablando sobre nacionalistas o sobre la extrema derecha- está diciendo: ‘Ahora tenemos esta religión, que juega un papel y que amenaza nuestras suposiciones sobre lo que aprendimos en los 60 y en los 70”. “Ahora los europeos están discutiendo los límites de la tolerancia, la derecha con creciente estridencia; la izquierda con ansiedad”, sentencia el New York Times.

El reportaje se realiza desde Amberes, en el entorno donde, a pesar del vacío político que se hizo sobre él, ha experimentado un muy destacado avance electoral el Vlaams Belang, calificado habitualmente de extrema derecha nacionalista y antiimigración, en especial, la musulmana, pero que no dudó en solicitar -y conseguir- el apoyo de la comunidad judía frente a lo que considera un riesgo común.

El propio diario Haaretz, referencia progresista en Israel, informaba de que muy probablemente los 4.000 judíos ultraortodoxos de Amberes más una parte muy significativa de los judíos más moderados habrían apoyado a un partido de una posición política que, antes de las graves tensiones y distorsiones que está generando la comunidad musulmana en Europa, habría sido, probablemente, antijudío.

Taxistas islámicos

En Windsor, el ataque de un grupo de musulmanes de una central lechera islámica a una mujer blanca y a su hija adolescente quienes, precisamente, iban a protestar contra un ataque anterior realizado por los mismos sujetos, provocaba la semana pasada varios días de violencia que concluyeron con el lanzamiento de un cóctel molotov a la lechería-centro cultural musulmán de donde partieron los agresores con horcas, tuberías y otras armas. La tensión entre las comunidades es tan grave que la Reina de Inglaterra se plantea no acudir a su residencia de la localidad, apuntaba el Sun, sensacionalista pero habitualmente bien informado sobre asuntos de la realeza británica.

Y mientras en Dinamarca intentan apagar otro nuevo estallido de violencia en relación con unas nuevas viñetas sobre Mahoma aparecidas en la televisión, en lo que, básicamente, es un desesperado intento por que la industria danesa no se vea de nuevo boicoteada en el orbe musulmán y árabe, en los multiculturales Estados Unidos también comienzan a tener problemas en una sucesión de pequeños incidentes cada vez más aparatosos.

Decenas de taxistas musulmanes del aeropuerto de Minneapolis anunciaron que no transportarían, por motivos religiosos, a ningún pasajero que portara alcohol, habitualmente recién comprado en alguna de las tiendas libres de impuestos del complejo aeroportuario. Muchas voces se levantaron denunciando la discriminación religiosa a la que eran sometidos los no musulmanes y cómo ese colectivo estaba intentando imponer su fe a la generalidad de los ciudadanos.

Conversión sangrienta

Sin embargo, las autoridades llegaron a idear un plan para identificar con una luz en el techo de los vehículos a aquellos que no iban a admitir viajeros con botellas de alcohol.
La respuesta abrumadoramente negativa al intento de los taxistas musulmanes integristas -pero también el temor de que los viajeros se procuraran otros medios de transporte- ha provocado la cancelación del plan, aunque el conflicto continúa y se prevén más negociaciones para intentar llegar a un acuerdo con los exigentes conductores islámicos.

Y si en Europa y en Estados Unidos se producían y reproducían los conflictos, en la otra gran zona occidental del mundo.

En Australia, una adolescente de 17 años comunicaba el lunes a su estricto padre musulmán que deseaba abandonar la religión de la familia para hacerse cristiana. Minutos después, la joven salía gritando y pidiendo auxilio, en ropa interior y con aparatosos arañazos.
En el interior, la madre apareció muerta, acuchillada en medio de un charco de sangre, y el padre se encuentra en condición crítica también por heridas de puñal.
Por su parte, la joven se recupera de la crisis desencadenada por su trágica conversión religiosa.

Nuevo Digital- Javier Monjas


22.10.06

Musulmanes moderados una minoría perseguida

Musulmanes Moderados bajo asedio en sus países y en Occidente.

Las voces de la moderación o de la reforma dentro de las comunidades islámicas se encuentran en una desventaja característica, porque los yihadistas saben utilizar el Corán y la Sunnah contra ellos con tanta eficacia como para dar total credibilidad a sus acusaciones de apostasía. Es amargamente irónico que los observadores occidentales no musulmanes que saben poco o nada acerca del Islam asuman que las voces del liberalismo y reforma son las predominantes dentro de las comunidades islámicas, porque realmente no lo son.


Desde que comenzara a trabajar en mi nuevo libro La verdad sobre Mahoma, con frecuencia se me pregunta si supondrá algún bien debatir las acciones de Mahoma que los jihadistas utilizan para justificar la violencia.

¿No alienará eso a los musulmanes moderados? Yo respondo que en la práctica no puede tener lugar ninguna reforma islámica sin el reconocimiento de que existen elementos del Corán y del ejemplo de Mahoma que precisan de reevaluación: ¿cómo pueden tener éxito los reformistas si nadie admite que haya algo que necesite reforma?

Al mismo tiempo, sin embargo, los reformistas islámicos tienen una tarea difícil. A menudo son señalados por los yihadistas como apóstatas, y con frecuencia son amenazados físicamente.
Farzana Hassán Shahid, la nueva presidenta del Congreso Musulmán Canadiense (MCC), es la víctima más reciente de este fenómeno. Después de que sus opiniones liberales en muchos temas islámicos extremadamente dedicados se dieran a conocer, empezó a recibir amenazas de muerte de extremistas musulmanes que consideraban sus posturas prueba de su alejamiento del Islam.

Uno la llamó "la hermana pequeña de Satán". Otro acorraló a su marido en una mezquita de Ontario y exigió que "controlara a su esposa".
En consecuencia, explicaba Farzana Hassán Shahid, "existe un temor subyacente todo el tiempo... ésa sensación incómoda es parte de mi vida cotidiana.
He sido declarada apóstata en dos ocasiones, por oponerme a la sharia [ley islámica]. Hemos solicitado a [el Fiscal General de Ontario] Michael Bryant que incluya o reconozca la acusación de blasfemia o apostasía en las leyes de incitación al odio existentes de modo que el marco público y legal sea sensible en esta materia".

Hassán Shahid no es la primera empleada del MCC en ser objetivo de los jihadistas. Hasta hace poco, Tarek Fatah fue el director de comunicaciones del MCC. Pero en agosto dimitía de su cargo súbitamente, así como de la junta del grupo, suspendiendo todo vínculo con la organización, aunque había sido uno de sus fundadores.

Fatah tenía excelentes motivos para querer apartarse de la línea de fuego. Llevaba siendo desde hacía tiempo uno de los portavoces musulmanes de más alto nivel de Canadá: fue presentador de Muslim Chronicle, un programa de televisión de actualidad acerca de los musulmanes en Canadá.
Y en calidad de director de comunicaciones del Congreso Musulmán Canadiense nunca se amilanó por la controversia, aprobando posturas sobre los derechos de los homosexuales y otros temas que se desviaban de la ortodoxia islámica - posturas de las que Hassán Shahid se hace ahora eco.
Fatah se opuso incluso a la campaña del 2005 para introducir en Canadá tribunales de arbitraje basados en la ley islámica.

Todo eso exige valor. Pero en lugar de recibir las felicitaciones de la comunidad musulmana canadiense en conjunto, Fatah se convirtió en el objetivo de una campaña de correos electrónicos iniciada por un grupo estudiantil musulmán, el Congreso Islámico Canadiense (CIC).
El CIC afirmaba que Fatah no representaba a la mayoría de los musulmanes canadienses.
Fatah comentaba: "Esto es todo lo que uno puede aproximarse a decretar una amenaza de muerte, puesto que me sitúa como apóstata y blasfemo".

Y Fatah, al igual que Hassán Shahid, recibió amenazas de muerte a renglón seguido. Declaró ante la policía de Toronto que llevaba desde el 2003 recibiendo amenazas de muerte, pero que últimamente se habían incrementado. Y eran de contenido lo bastante creíble como para hacerle dimitir y apartarse de la escena pública.

Las voces de la moderación o de la reforma dentro de las comunidades islámicas se encuentran en una desventaja característica, porque los yihadistas saben utilizar el Corán y la Sunnah contra ellos con tanta eficacia como para dar total credibilidad a sus acusaciones de apostasía.

Asimismo, todas las escuelas de Derecho islámico ordenan que un varón apóstata tiene que ser asesinado -- un mandamiento apoyado en las enseñanzas de Mahoma, que dijo, "Si alguno [un musulmán] abandona su religión, mátalo'" (Bujari 4.52.260). De este modo, una amenaza de muerte puede convertirse en un acto de piedad.

Es amargamente irónico que los observadores occidentales no musulmanes que saben poco o nada acerca del Islam asuman que las voces del liberalismo y reforma son las predominantes dentro de las comunidades islámicas en Occidente y por todas partes, cuando la realidad es que la gente como Hassán Shahid o Fatah son, a pesar de su popularidad entre los occidentales a los que les gusta enorgullecerse de "tolerancia", sólo marginalmente influyentes entre los musulmanes -- y son, por encima de todo, perseguidos.

Los reformistas musulmanes se merecen todo el apoyo que podamos darles. Pero deberíamos dejar de engañarnos pensando que son mayoría.
Y por encima de todo, los funcionarios del gobierno y de las fuerzas del orden deberían dejar de formular políticas según la premisa de que la gente como Farzana Hassán Shahid o Tarek Fatah son mayoría.

Para completar esta información:

La crisis del Islam moderno

Webislam "Un Islam a la carta"

21.10.06

El Islam se impuso mediante la violencia


Un clérigo musulmán iraní exhibe en una mano el libro sagrado del Corán, y en la otra una fotografía del ayatolá Rujola Jomeini, durante una de las jornadas de protesta ocasionadas por las palabras del Papa, en las que asoció la violencia con el Islam.

«La violencia extrema, la violencia terrorista, proviene de medios que se basan en el Islam»

El Cristianismo y el Islam frente a la violencia, tema que cobra actualidad tras palabras del Papa.

La polémica alcanza no solo a fieles musulmanes, sino también a los estudiosos del tema.
Ásbel López ha entrevistado en París para el diario ‘El Tiempo’ al periodista, historiador y crítico literario Jean Sévillia, autor de ‘Históricamente correcto’ y ‘El terrorismo intelectual de 1945 a nuestra era’. Por su interés, reproducimos a continuación la entrevista.

Tras el discurso del Papa Benedicto XVI, numerosos periodistas e intelectuales subrayaron que el Islam no tenía el monopolio de la violencia. La historia del cristianismo también tiene páginas sangrientas como las cruzadas y la inquisición.

Esto forma parte de una campaña de desinformación contra el cristianismo y contra la Iglesia que consiste en sacar los hechos de su contexto. La historia es una ciencia compleja que no admite simplificaciones. Los hechos deben ser juzgados en su época. Si se juzga la historia con los criterios sociales, culturales o mentales de hoy, se corre el riesgo de caer en anacronismos. No se puede globalizar una explicación para decir que hay violencia del lado del cristianismo y no hay del lado del Islam. O viceversa.

Pero las cruzadas no son un capitulo glorioso de la historia del cristianismo.

Cuando se dice que las cruzadas fueron una agresión del mundo cristiano contra el mundo musulmán se olvida que el Islam se impuso mediante la violencia en tierras que ya habían sido cristianizadas.

El progreso del Islam se hizo destruyendo las sociedades cristianas que ya estaban instaladas ahí, por ejemplo reduciendo a los cristianos a ciudadanos de segunda clase.

Este fue el caso de la España musulmana en torno a la cual se ha creado una mitología sobre la coexistencia pacífica en Andalucía de diversas religiones.
En esa época, los cristianos y los judíos se hallaban en una situación de inferioridad social, debían pagar un impuesto especial, portar vestidos especiales para distinguirse del resto de la población.

Diría usted entonces que el Islam sí es una religión violenta.

No, no se puede generalizar. Los textos sagrados del Corán tienen varias interpretaciones, lo que plantea una gran dificultad. Hay contradicciones porque hay capítulos (o 'suras') que llaman a la paz mientras que otros llaman a la violencia.

¿Y quién zanja estas discusiones?

Ese es el problema, nadie. El Islam no es una religión unificada, por lo tanto no hay el equivalente de una jerarquía como en la Iglesia. Nunca sabemos quién habla, quién tiene derecho a dar la buena interpretación del Corán. Esto torna compleja toda interpretación del Islam porque hoy en día tenemos islamistas que hacen una interpretación excesivamente rigorista de ese texto sagrado y que son muy intolerantes hacia otras culturas. Pero también hay otros musulmanes moderados que, basados en el mismo Corán, nos explican que el Islam es una religión de tolerancia y amor.

Hoy constatamos que hay terroristas que se justifican en el Islam...

Si limitamos nuestra observación histórica al momento presente, tenemos que decir que la violencia extrema, la violencia terrorista, proviene de medios que se basan en el Islam, de una lectura del Islam. Por supuesto no es la única lectura que podemos atribuir al Corán, pero en todo caso hoy comprobamos que esta lectura viene de esa cultura. En el mundo actual no tenemos el equivalente de un terrorismo cristiano.

¿Podemos decir entonces que el Islam es en la actualidad mas violento que el cristianismo?

Hay una lectura del Islam que puede ser violenta, esto es innegable. No digo que sea la única, pero a partir de los textos sagrados se puede hacer una lectura muy violenta.
Estamos en una fase histórica de expansión del Islam en cuyo seno hay una fuerte corriente fundamentalista, que ejerce una presión sobre el conjunto de los musulmanes y que en cierta forma los toma como rehenes. Porque los musulmanes moderados viven bajo una sospecha constante de los musulmanes más radicales. Y aquí existe un peligro potencial que amenaza a todo Occidente. Pero no es un peligro tan grande como, digamos, el nazismo durante la segunda guerra mundial porque todos los países musulmanes no tienen la misma política, no hay una jerarquía mundial organizada y unificada.

Mahoma, a diferencia de Cristo, también fue un jefe guerrero.

Este dato tampoco favorece la visión pacifista del Islam... Esto es una evidencia histórica. Hoy el terrorismo intelectual no lo deja decir, pero es un hecho que Mahoma en su vida fue un guerrero. Su actitud era mucho mas guerrera que la de Cristo, que era un hombre pacifico cuyo mensaje está fundado en el amor y en el respeto de los demás.

Cuando se compara las dos religiones, vemos que hay una que tiene un discurso del perdón y el amor, y esto es un dato histórico, incluso si los hombres, siendo lo que son, no han respetado esos preceptos. Mientras que hay otra religión de la cual podemos extraer un discurso extremadamente violento que puede ser utilizado contra las otras culturas.
Un político francés recomendó no batir las religiones porque son nitroglicerina. ¿Qué piensa de esta declaración?

La ausencia de religión también es nitroglicerina. No podemos reprochar a las religiones destruir el mundo, las religiones también han construido el mundo. No hay explicación del mundo que no sea religiosa, incluso si es una construcción inversa, negativa.
El comunismo, en cierta forma, era una religión, una religión invertida, pero tenía formas religiosas. En cuanto a la no religión, ésta conduce al nihilismo, que también es destructor y engendra una violencia extrema.

Ásbel López entrevista a Jean Sévillia

18.10.06

La espada de Mahoma

La espada de Mahoma excomulgada por Benedicto XVI


El Papa, al igual que Theo van Gogh, Salman Rushdie, los dibujantes de viñetas daneses, Ayan Hirsi Alli o el escritor Naguib Mahfuz, condenado por los fundamentalistas islámicos

En los últimos tiempos, quienes determinan cada vez más el discurso del Islam son los fundamentalistas y no los musulmanes moderados. Más de mil millones de islamitas iniciaron este fin de semana el Ramadán, su mes sagrado de ayuno, en medio de tensiones con Occidente exacerbadas por las palabras del papa Benedicto XVI y los conflictos armados que sacuden a los países árabe-musulmanes.

Para el guía supremo iraní, el Ayatola Ali Jameini, las declaraciones de Benedicto XVI son el "último eslabón" de una "cruzada" estadounidense-israelí que busca "conspirar" contra el Islam. Hoy se persigue y se mata en nombre de Alá. Y el Papa ingresó en la lista de los condenados por los fundamentalistas, como Theo van Gogh, Salman Rushdie, los dibujantes de viñetas daneses, Ayan Hirsi Alli o el escritor Naguib Mahfuz. Su pecado fue hablar, opinar.

Este debería ser un mes de calma y piedad para los musulmanes. Deben abstenerse de comer, beber o mantener relaciones sexuales desde el amanecer hasta la puesta del sol. Pero según la tradición, es también un mes de combate, donde la Yihad o Guerra Santa será coronada de triunfos

En el Islam contemporáneo este aspecto tradicional ha desaparecido y cedido lugar al ambiente festivo de las largas veladas familiares durante el noveno mes del año lunar. Pero algunos grupos radicales, lo han invocado para multiplicar sus ataques. El número de muertos en nombre de Alá mostrará su fe. "¡Por nuestra alma, por nuestra sangre, nos sacrificaremos por ti, Oh mensajero de Dios!", exclamarán fanáticamente.

Este año el blanco de los extremistas es el Papa, como figura emblemática de los cristianos, que levantó fuertes protestas en el mundo musulmán al sugerir que existe un lazo implícito entre el Islam y la violencia.

43 líneas

El pontífice pretendía hablar de fe y razón. El objetivo era defender la racionalidad del cristianismo, la religión que surge de la convergencia de fe bíblica y filosofía griega, la religión que "creó Europa". El texto que leyó el Pontífice tenía unas 300 líneas, de las que 43 estaba dedicadas al Islam.

Habló en la Universidad de Ratisbona, donde fue profesor de Teología Dogmática entre 1969 y 1978. "El Papa cometió el error de hablar como profesor ante sus colegas de la Universidad en la que una vez enseñó", indicó el historiador de la Iglesia Alberto Melloni.

Benedicto XVI no fue visto como un profesor, sino como el máximo líder espiritual de 1.100 millones de católicos romanos en todo el mundo.

Recordó un diálogo de 1391 entre el emperador bizantino Manuel II Pale y "un persa culto", sobre el Islam, el Cristianismo y las verdades de ambos. El emperador dice, y esta es la frase más incriminada por las protestas musulmanas, "Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solo cosas malas y deshumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba".

El emperador bizantino sostiene que la difusión de la violencia está en contraste con Dios y que la violencia es irracional. "Dios no se complace con la sangre", agrega.

"Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios". Esta última frase es la fundamental, dice Ratzinger.
A partir de estos datos y con otros razonamientos, el Papa defendió que el Cristianismo tiene una sustancia de armoniosa relación entre fe y razón y que rechaza la violencia. Benedicto XVI condenó la Yihad, la Guerra Santa, como irracional, lo cual la opone "a la esencia de Dios".

El diario italiano La Repubblica resumió las palabras así: "Ratzinger excomulga la espada de Mahoma".

La reacción fue inmediata. Grupos islamistas en Irak y la Franja de Gaza, entre otras naciones, han amenazado con atacar blancos cristianos, inclusive el Vaticano. La rama iraquí de la red terrorista Al Qaeda prometió continuar la Yihad hasta "la derrota" de Occidente. Manifestaciones, quema de algunos templos, el asesinato de una monja italiana en Somalía, el fusilamiento de tres campesinos cristianos en Indonesia, entre otras, fueron las consecuencias.

El Sumo Pontífice se dijo "sumamente afligido" por la reacción ante su discurso, y consideró que sus palabras habían sido "mal interpretadas". Tuvo que pedir excusas tres veces en sendas intervenciones públicas. El lunes recibirá en audiencia a los embajadores de los países islámicos y volverá a excusarse personalmente. El Vaticano deberá reconstruir la confianza creada por el Papa Juan Pablo II, el primer sumo pontífice católico en visitar una mezquita y en pedir disculpas por los crímenes pasados de la Iglesia, incluyendo los cometidos durante las cruzadas contra el mundo musulmán en la Edad Media.

Un hombre de Dios asegura que, en nombre de Dios, no se puede matar. Y tiene que pedir perdón, afirman indignados los que defienden el derecho del Pontífice a opinar libremente.

"Aquello que los dictadores, islámicos o no, no pueden soportar, es la recurrencia de Benedicto al principio de la razón, pues la razón, o el Logos, se encuentra, en las palabras del Papa, no sólo al principio de la teología cristiana, sino que también en los orígenes mismos de la vida democrática. Toda dictadura es irracional, y todas los dictadores (y los que quieren serlo) han declarado una guerra a la razón. Eso es lo que no pueden soportar en el discurso filosófico y teológico del Papa", dijo Fernando Mires, autor del libro" El Pensamiento de Benedicto XVI.

Falta de libertades

Ortega y Gasset decía que la fe mahometana consiste, ante todo, en creer que los demás no tienen derecho a creer lo que nosotros no creemos. Sin duda el Islam de hoy es mucho más diverso y evolutivo, pero a la vez hay un inquietante desequilibrio entre las minorías radicales y la mayoría moderada. En los últimos tiempos, quienes determinan cada vez más el tono del Islam son los fundamentalistas y no la moderación, opina el escritor y miembro asesor de Infomedio Valentí Puig.

Según el último informe anual de Freedom House, el número de países considerados libres para las practicas religiosas era de 98; los no libres eran 45.

Entre los países con índice más elevado de represión religiosa están Birmania, China, Eritrea, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudí, Sudán, Vietnam, Turkmenistán, Pakistán y Uzbekistán, entre otros

La libertad individual, no es para el Islam algo digno de defender. Después de todo, Islam significa "sumisión", y musulmán significa "sometido a Alá", sostiene Jonathan David Carson en The American Thinker

La falta de democracia, libertad y Derechos Humanos en el mundo islámico no puede ser negada. El Concejo Permanente para la Investigación de Intelectuales y Juicio Legal Religioso, un órgano del Ministerio de Dotaciones Religiosas saudita, prohibió la construcción de casas de culto no-musulmanas en países islámicos.

Los fatwa declararon que se prohibía a los no-musulmanes establecer una posición segura en la Península Arábiga, recibir la ciudadanía saudita, o comprar propiedades. Todas las religiones diferentes al Islam son herejía para los fundamentalistas.

Condenados por opinar

El problema no son las palabras de Benedicto XVI. Theo van Gogh, Salman Rushdie, los dibujantes de viñetas daneses, Ayan Hirsi Alli, el escritor Naguib Mahfuz, cuya reciente muerte recordó el calvario que sufrió en manos de la intolerancia. Todos ellos fueron culpables para los fanáticos del Islam de opinar y hablar libremente. Fueron perseguidos amenazados y algunos pagaron con su vida

Para quienes temen, como dice el profesor Huntington, un choque de civilizaciones, los hechos parecen darle la razón.

Ese Islam moderado ­ que según el ex presidente Bill Clinton es el más perjudicado por las palabras del Papa- el que iba a ser la solución para millones de musulmanes, está tardando mucho en dejarse oír.

En nombre de Alá, como en siglos pasados lo hizo el Cristianismo, hoy se mata. Miles de muertos inocentes, desde Nueva York hasta Madrid y Londres, desde Beslan hasta Bombay, lo avalan trágicamente. Miles de suicidas están listos para asesinar en nombre del profeta.

"Desgraciadamente vivimos una trágica inversión de valores: las voces surgen, masivas, histéricas y amenazadoras, para violentar a los críticos. Miles vociferando en las calles porqué un Papa ha hablado contra la violencia. ¿Dónde están esos miles cuando, en nombre de su Dios, se masacran ciudadanos en trenes, autobuses y aviones? Hay un Islam que está muy enfermo y, por desgracia, es el Islam que impone su voz.
Ese Islam hoy silencia a Ratzinger y ayer lo hizo con otros. Por eso me atrevo a decir que las disculpas del Papa no son un éxito de la prudencia, son una derrota de la razón. Un quiebro, -otro-, de la libertad", opina la ex vice alcaldesa de Barcelona y columnista de El País de Madrid, la izquierdista Pilar Rahola.

Fuente:larepublica.com

16.10.06

El progresismo occidental frente al islamismo



En aras de la exaltación de la diversidad cultural, de la santificación del respeto a la otredad y de la glorificación de lo políticamente correcto hemos arribado a una situación absurda en lo que respecta a la denuncia del terrorismo islámico.



Estallan en mil pedazos subtes en Londres, trenes en Bombay y en Madrid, autobuses en Jerusalén; rascacielos en Nueva York, hoteles en Egipto, Indonesia, Marruecos, y en Occidente aún parece haber espacio para el decoro y la sensibilidad hacia aquellos que, con vistas a alcanzar el Paraíso, están transformando la Tierra en un infierno.

Ahora sabemos que en Inglaterra, víctima reciente del terror musulmán, el influyente diario The Guardian tenía entre sus colaboradores a un militante de la agrupación integrista Hizb ut Tahrir, con vínculos con el terrorismo islámico. El periodista en cuestión, Aslam Dilpazier, había sido contratado por el diario "para acrecentar la diversidad étnica en la redacción", según explicaron fuentes internas del medio.

Organizaciones radicales como Al Muhajiroun –que bregó para que "la bandera negra del Islam flamee sobre Downing Street"– y personajes como el jeque Omar Bakri Muhamad –que regularmente llamaba a la guerra santa contra Occidente– habían sido largamente tolerados en la tierra de Su Majestad.

Asimismo, un informe conjunto de los ministerios británicos de Interior y Exterior de mediados del año pasado, titulado Jóvenes Musulmanes y el Extremismo, sugería que "el término fundamentalismo islámico es inadecuado y debería evitarse, porque algunos musulmanes perfectamente moderados probablemente lo perciban como un comentario negativo a propósito de su aproximación a su fe", y recomendaba "persuadir al público y a la prensa de que los musulmanes no son el enemigo interno".

Esto fue unos meses antes de los atentados múltiples del 7 de Julio, perpetrados por musulmanes británicos de ascendencia paquistaní. Esta desubicada rectitud política persistió aun luego de los ataques: la BBC tildó a los atacantes de "terroristas" sólo por un breve período; apenas unas horas después de la masacre abandonó el término, llegando incluso a reemplazar dicha palabra de informes ya publicados en su website por la más aséptica bombers, "que ponen bombas".

Esta cortesía delirante no es patrimonio exclusivo de los británicos. Al propio pueblo estadounidense le tomó casi tres años utilizar las palabras "terrorismo islámico" para definir al enemigo que enfrenta. Ello sucedió cuando la comisión investigadora de la gestión de la comunidad de inteligencia estadounidense previa al 11-S concluyó que EEUU no estaba enrolado en una genérica y vagamente descripta "lucha contra el terror", sino contra el "terrorismo islámico".

Durante el 11º acto de conmemoración de la voladura de la AMIA, celebrado en Buenos Aires menos de dos semanas después de los atentados acaecidos en Londres, ni uno solo de los oradores fue capaz de pronunciar la palabra "islámico" en sus discursos, optando en su lugar por denunciar genéricamente a los "terroristas" y a los "fundamentalistas" que perpetraron la matanza de 85 civiles en nuestra patria.

Y todavía subsiste la farsa en los aeropuertos internacionales de efectuar chequeos al azar; como si revisar la cartera de una anciana chilena o los zapatos de un niño sueco fueran a aumentar la seguridad de los pasajeros, en lugar de inspeccionar a individuos que respondan al perfil del sospechoso típico.

Ciertamente, por momentos parecería que Occidente se hallara bajo el hechizo de una profundamente desquiciada pseudotolerancia progresista. Así, el Comité Internacional de la Cruz Roja –cuyos miembros musulmanes han objetado por décadas la aceptación del Maguen David Adom, la agencia humanitaria israelí, finalmente incorporada muy poco tiempo atrás– debe abstenerse de usar la cruz cuando opera en Irak, porque a los musulmanes iraquíes no les agradan los símbolos cristianos.

La elitista universidad de Yale aceptó como alumno a Rahmatulla Hashemi, ex vocero del régimen talibán, sin que éste diera muestra pública de arrepentimiento.

Inglaterra consideró anular la conmemoración del Día del Holocausto porque, de alguna manera, era ofensivo para los musulmanes del país; finalmente, Tony Blair rechazó la idea de englobar la Shoá dentro de un genérico Día del Genocidio.

La municipalidad de Sevilla ha removido la figura del Rey Ferdinando III (patrón y santo de la ciudad) de sus celebraciones porque éste luchó contra los moros durante 27 años, tantos siglos atrás.

En Italia se ha considerado quitar un fresco de Dante que adorna el techo de la catedral de Bolonia porque Mahoma aparece en el infierno.

Mohamed Bouyeri –el musulmán holandés de ascendencia marroquí que degolló al cineasta Theo van Gogh en Ámsterdam, en plena vía pública, por un film sobre el status de la mujer en tierras musulmanas, que, según él, ofendía al Islam– había sido presentado en la prensa holandesa, dos años antes, como un ejemplo de buena integración cultural.


En esta nación, cerca del 80% de la población estuvo a favor de expulsar de su patria a Ayaan Hirsi Ali, una firme crítica del Islam radical, apelando como excusa a un tecnicismo burocrático.

En las escuelas secundarias de Dinamarca, cuyo secularismo les ha impedido introducir la Biblia como material de estudio, se enseña no obstante el Corán.

En Suiza, Tariq Ramadán –nieto de Hasan al Banna, fundador de la Hermandad Musulmana, y él mismo un polémico radical– es profesor en la Universidad de Friburgo y una reconocida figura mediática.

Sami al Arian –personaje vinculado a agrupaciones fundamentalistas– fue profesor en la Florida International University hasta que un escándalo precipitó su destitución.


usuf al Qaradaui –buscado bajo cargos de terrorismo por las autoridades egipcias, y clérigo que aprueba golpizas a las esposas musulmanas y la pena de muerte para los homosexuales– fue recibido el año pasado en una ceremonia oficial por el alcalde de Londres.

Y, por supuesto, existe Hollywood, esa meca del progresismo occidental en la que incluso películas realizadas luego del 11 de Septiembre denotan dificultad en presentar a los musulmanes en el rol de los malvados.


El film La suma de todos los miedos presenta a neonazis europeos en el papel de los malhechores que desean hacer explotar una bomba atómica en suelo estadounidense. Se trata de la versión en celuloide de una novela homónima de Tom Clancy en la que quienes planean semejante atrocidad son en realidad terroristas palestinos.

No es coincidente que haya tomado un caso del cine, puesto que, como están dadas las cosas, éste y nuestra realidad tienen en la ficción su común denominador.
Es difícil determinar quién es más ilusorio en su percepción del Islam fundamentalista, si los creativos de la industria del celuloide o la legión de periodistas, políticos e intelectuales que gestan la forma políticamente correcta de captar y representar dicho fenómeno.

Esta cosmovisión ingenua y derrotista de la intelligentsia occidental quedó legendariamente plasmada en estas palabras del escritor norteamericano John Updike, quien poco tiempo atrás decía al New York Times, acerca de su nueva novela, titulada Terrorist: "No pueden pedir, en cierta forma, un retrato de un terrorista más compasivo y tierno que el mío".

En el hecho de que ninguno de estos intelectuales pueda entender que no es precisamente nuestra compasión y ternura lo que debemos brindar a los islamistas fanatizados decididos a aniquilarnos yace la clave de la tragedia occidental.

Por Julián Schvindlerman, escritor y analista político.

14.10.06

La crisis del Islam moderno

Las tendencias reformistas del Islam se encuentran paralizadas, por lo que no pueden responder de manera adecuada a los argumentos de los fundamentalistas. Tal es la opinión del erudito egipcio Nasr Hamid Abu Zayd, quien se encuentra exiliado en Holanda. La única salida es considerar el Corán como un producto de la historia.


Acomienzos de los años 90, Nasr Hamid Abu Zayd provocó la ira del sector religioso en Egipto al proponerse estudiar el Corán en un contexto histórico.

Un tribunal egipcio lo encontró culpable de apostasía, crimen que, según la legislación islámica sharia, debe castigarse con la muerte.
Aunque la sharia o Ley Islámica no se aplica en Egipto, Abu Zayd temía por su vida. Decidió exiliarse en Holanda, donde trabaja en la Universidad de Leiden y en la Universidad Humanística de Utrecht. En Occidente, Abu Zayd es considerado uno de los pensadores más críticos del Islam contemporáneo.
En noviembre del año 2005 fue galardonado con el premio Ibn Rushd de la Libertad de Pensamiento.

Al igual que otros reformistas musulmanes, la misión principal de Abu Zayd es reconciliar el Islam con los ideales modernos de libertad, democracia y derechos humanos. El erudito sostiene que el pensamiento reformista actual no logra este objetivo porque elude el debate fundamental sobre la naturaleza de los textos del Corán.

Durante la Edad Media, varios eruditos islámicos redactaron una detallada legislación, considerándola obligatoria en todo lugar y momento. Desde finales del siglo XIX, reformistas musulmanes como el egipcio Mohammed Abduh han cuestionado la validez de esta jurisprudencia, demandando una nueva interpretación del Corán (ijtihad) que mejor se adapte a las exigencias de los nuevos tiempos.

Sin embargo, los reformistas no se atrevieron a cuestionar algo mucho más esencial: la dominante visión dentro del Islam de que el Corán es la palabra de Dios, y que siempre debe por lo tanto aplicarse literalmente. La mayoría de los reformistas optó por manejar el Corán de una manera pragmática, enfocando su atención en aquellos versos que coincidían con sus planes, mientras que ignoraban las partes del Corán incompatibles con su ideología.

Según Abu Zayd, este enfoque continúa dominando el pensamiento reformista islámico, representado hoy día por el egipcio Mohammed Ammara y el pensador musulmán europeo Tariq Ramadan, entre otros.

El Corán contiene versos que resultan irreconciliables con las normas estipuladas por los actuales tratados sobre derechos humanos.
El libro religioso permite la esclavitud.
Impone penas medievales como la amputación de una mano en caso de robo.
Establece un impuesto especial (jizya) para aquellos que no son musulmanes.
Discrimina a las mujeres, otorgándoles por ejemplo menos beneficios que a los hombres en el derecho hereditario.

Al ignorar el problema que estos versos implican, los reformistas se ven imposibilitados a formular una respuesta adecuada a los fundamentalistas que pretenden aplicar literalmente el contenido de estos versos. Abu Zayd sostiene que ésta es la esencia de la parálisis que el pensamiento reformista islámico está sufriendo en la actualidad:
"Esta tendencia de los reformistas lleva a un camino sin salida a la modernización del pensamiento islámico.
Nunca se hallará una solución si se sigue considerando el Corán como algo incuestionable".

Para Abu Zayd, la única posibilidad para lograr reformas concretas reside en un enfoque histórico. El Corán no es un texto estático con normas perfectas que puedan regir eternamente, dice el erudito, sino que es más bien un "discurso dinámico" que interacciona continuamente con las necesidades humanas, en diferentes contextos históricos.

El libro contiene tanto valores universales como aplicaciones de dicho valores según las circunstancias de una determinada época. Si se quiere comprender la sabiduría de estas aplicaciones, hay que considerarlas en su marco histórico.
Como ejemplo, Abu Zayd cita el verso del Corán que estipula que las mujeres sólo pueden recibir la mitad de la cantidad total de la herencia que le corresponde a los hombres. Si se tiene en cuenta que antes de la llegada del Islam a la mujer no le correspondía nada, esta norma es, vista desde su contexto histórico, un avance revolucionario.

El principio que rige esta norma sería, aplicado a la actualidad, que los hombre y las mujeres deben ser iguales ante la ley.Nasr Abu Zayd admite que para la mayoría de los musulmanes, contemplar el Corán desde una perspectiva histórica es un paso trascendental:"Los musulmanes temen que al reconocer la dimensión histórica del Corán, éste pueda perder su carácter sagrado. Comprendo este temor, pero no es razón suficiente para impedirnos enfocar el Corán en un contexto histórico."

El erudito considera que todo sería más viable si los musulmanes tuvieran en cuenta que la idea del Corán como un producto de la historia no es nada nuevo en la teología islámica. Tampoco se trata en absoluto de una invención de Occidente para minar la credibilidad de esta obra religiosa.

En el siglo IX, los mutazilites, escuela teológica del Islam que usaba la razón y la lógica rigurosa, ya consideraba el Corán como "creado", lo que en términos contemporáneos simplemente significa que el libro se consideraba un producto histórico. Esta visión era en dicha época tan polémica como en la actualidad, y terminó siendo desplazada por la visión ortodoxa del Corán como equivalente a la palabra divina, sin comienzo ni fin. La tarea de los reformistas contemporáneos consistiría en revivir las antiguas concepciones de los mutazilites.

Michael Hoebink
16-10-2006