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30.6.06

El Islamita es mas peligroso que el terrorista


Entrevista a Antoine Sfrir, ensayista y politólogo, experto en Oriente Próximo.
«El islam no es «soluble» en la República Francesa o en el Reino de España»
Escritor, fundador de la revista «Cahiers de l´Orient», Sfeir responde así a la idea alumbrada por Rodríguez Zapatero:


«¿Alianza de Civilizaciones? Hablemos de cosas serias»

PARÍS. Antoine Sfeir (Beirut, Líbano, 1948) acaba de publicar un ensayo sobre el islam en Francia y Europa, titulado «Liberté, egalité, Islam.
La République FACE au communitarisme» (Ed. Tallandier).
Es uno de los firmantes del manifiesto promovido por Salman Rushdie, y que denuncia el islamismo como una amenaza totalitaria comparable al nazismo y el estalinismo.


-¿Cómo llega a la conclusión de que esta amenaza es real un libanés refugiado en Francia?-

A través de la reflexión diaria sobre varios problemas que convergen en la misma dirección. El velo, las mezquitas, el terrorismo interior... me incitaron hace tiempos a hacerme esta pregunta: ¿y si se tratase de una misma amenaza, multiforme, que pudiera culminar con la destrucción del modelo de integración republicano? Durante los últimos quince años, el repliegue «comunitarista», «multiculturalista», ha comenzado a minar los fundamentos de la República a través de muchos procesos convergentes: visibilidad creciente del islam, inquietudes sociales hacia su reconocimiento, ascensión y radicalización de las organizaciones islámicas, recuerdo del pasado colonial.
Desde hace meses, tengo la impresión de encontrarme en el Líbano destruido por el «comunitarismo» y el «multiculturalismo».

-¿Cuándo comenzó a pensar que estaba viviendo en Francia la experiencia ya vivida en el Líbano?

-Tuve por vez primera esa sensación cuando un ministro francés del Interior, Charles Pasqua, en 1994, comenzó a hablar del Consejo de franceses de Culto Musulmán, diciendo que la comunidad musulmana necesitaba representantes propios.
No comprendí por qué, en un país laico, esta o aquella sensibilidad religiosa necesitan representantes particulares.
A mi modo de ver, tal necesidad emanaba del Gobierno y no de la comunidad musulmana, que no se reconoce en absoluto en tal Consejo.

El 11-S sentí por segunda vez la misma sensación de encontrarme en el Líbano. Desde entonces, comenzó a consumarse una amalgama casi natural: «Todo árabe es musulmán; todo musulmán es islamista; y todo islamista es un terrorista». La crisis no ha dejado de agravarse.

Ahora proliferan las «comunidades» religiosas, étnicas, sexuales... alimentando divisiones profundas, y todas aspirando a manifestarse en la calle para reclamar reconocimientos materiales e identitarios.

-¿Por qué es peligrosa la manifestación de identidades culturales, étnicas o religiosas?

-Vengo de un país donde un ciudadano, yo, usted, cualquiera, no tenía existencia legal antes de ser bautizado y reconocido por los dignatarios musulmanes. Cuando quise inscribir a mi hija en un registro civil, en el Líbano, el funcionario me decía, inquieto, «le falta un papel». Yo preguntaba «¿qué papel?». Y él, molesto, me decía «un papel que certifique que usted es musulmán».

Una locura. Yo vengo de un país comunitarista, multicultural, mucho antes que nacional. A través de la ciudadanía y los principios cívicos, los hombres son iguales ante la ley, puesto que somos ciudadanos y solidarios en la aceptación de los principios comunes

.-En Francia, descubrimos que hay muchos ciudadanos negros o musulmanes que no se sienten franceses...-Un drama trágico.

En el caso de los musulmanes, el problema comienza en los años sesenta, cuando Francia fue a buscar mano de obra barata.

En el origen, las relaciones estaban claras: el trabajador recibía su sueldo, vivía y nadie pensaba que pudiera convertirse en ciudadano francés.
Sucesivos gobiernos, aceptando el principio del reagrupamiento familiar, y nuevas fórmulas de acceso a la ciudadanía francesa, crearon el problema de fondo. Se crearon nuevas familias. Se produjo un gigantesco movimiento de hipocresía. Muchos emigrantes llegaron con varias mujeres.

Y Francia las aceptaba: una mujer era declarada como esposa, la otra como hija, una tercera como hermana, o prima. A partir de la tercera generación ha estallado el problema, inmenso.
Los hijos o nietos de los primeros inmigrantes no conocen nada de sus países de origen, pero tampoco se consideran completamente franceses. Y, para complicar el problema, sus convicciones religiosas se perciben como una seña de identidad distinta y peligrosa, que se considera amenazante y se trata con un miedo irracional.

Los profesores recibieron la consigna de explicar el islam como una forma de antiamericanismo.

-¿Cuál es el peligro del islamismo en un país como Francia, o en Europa?

-El islamismo puede llegar a ser mucho más peligroso que el terrorismo. Los islamistas aspiran a crear una sociedad paralela, dentro de la comunidad nacional.
La sociedad islámica lo engloba todo: la vida social, la economía, la política, aspirando a controlarlo todo a través de los valores propios a su religión.

El islam no es «soluble» en la República Francesa o en el Reino de España: aspira a imponer sus propios valores. Por el contrario, los musulmanes, en tanto que individuos, son perfectamente «solubles». La inmensa mayoría viven su fe en paz en Francia, en España... en Europa.

-Islamismo, nazismo, estalinismo: ¿no es una comparación excesiva?-

El islamista es más peligroso que el terrorista. El terrorismo reclama un tratamiento policial, militar, judicial. El islamista se sirve de la retórica, es un populista, coquetea con la demagogia.

Y, con tales elementos, construye sociedades paralelas, que minan las sociedades libres. Es tan peligroso como el fascismo, como el nazismo, como el estalinismo, porque considera ilegal todo aquello que no es musulmán.

-Islamistas más o menos moderados, que incluso aconsejan a gobiernos europeos, ¿pueden ser tan peligrosos como los terroristas?

-¡Por supuesto! Los islamistas se consideran llamados a propagar el islam como religión única, a la que deben someterse todos los seres humanos.
El verdadero islamista es un proselitista nato, que aspira a someter a la Humanidad a la ley de Mahoma.

-¿Arabia Saudí es un estado tan peligroso como Irán?

-Debemos estudiar en detalle la retórica saudí. Los saudíes nos dicen: «Quienes nos hablan de los derechos del hombre son quienes se burlan de Mahoma». Las caricaturas danesas eran de mal gusto. Pero recuerde que los estallidos de violencia vinieron tras el encuentro de la Meca, después de varios meses de reflexión y avances de la retórica saudí.

-¿Occidente no percibe con claridad la amenaza?

-La crisis data de los años sesenta, cuando Washington impuso a Europa optar por Arabia Saudí frente a Naser, que era un militar laico. Desde entonces, Occidente apoya a los saudíes, que son musulmanes estrictos, ¡aliados del mundo libre en el que ellos no creen en absoluto! A partir de entonces, se detuvo la secularización de las sociedades árabes.

-¿Qué puede hacer Europa ante tal desafío histórico?-

Desde la otra orilla del Mediterráneo, Europa no existe. O es una simple oficina de subsidios. Existen Alemania, Francia, Italia, España. En tanto que actor, Europa no existe en Oriente Próximo. La presencia europea es una exigencia capital.

-El Gobierno español intenta promover como proyecto diplomático una Alianza de Civilizaciones. ¿Qué opinión le merece?

-Por favor, hablemos de cosas serias. Pura mitología. Algo así como Al Andalus para los musulmanes. En Damasco o Teherán utilizan la idea para sus propios fines.

ABC.es

25.6.06

Amina Lawal, de la lapidación al abandono.


Amina Lawal, símbolo de la lucha de los derechos de la mujer.



Hace casi tres años, una campaña mundial impidió que la lapidaran por haber tenido una hija después de divorciada. Icono de la lucha por los derechos de las mujeres, hoy vive pobre y enferma en Kurami, su aldea natal, al Norte de Nigeria.
Débil, enferma y sin posibilidades de alimentar a sus hijas. Así vive hoy Amina Lawal, la mujer que hace dos años y medio conmovió y movilizó a millones de personas en una campaña internacional sin precedentes que evitó su lapidación.

Amina volvió a su pueblo, tiene otra hija, Mariam, a la que a duras penas está amamantando, y depende de la ayuda de sus familiares con los que convive en una choza de barro.
Estoy triste porque estoy sola y no puedo cuidar bien de mis dos niñas. Tampoco me siento bien. Estoy enferma, pero son los problemas con los niños los que me hacen estar así. No tengo con qué alimentarlos”, le dijo al diario español El País.

Como en setiembre de 2003, cuando su rostro sereno llegó a los diarios y los televisores de todos los continentes, Amina sigue viviendo en Kurami una aldea agrícola y pobrísima. Entonces, un tribunal islámico la había condenado a morir apenas destetara a Wasila, su tercera hija, concebida fuera del matrimonio y cuando ya estaba divorciada.
Enterramiento hasta las axilas y apedreamiento hasta morir, esa es la pena para el adulterio prevista en el sistema jurídico basado en una interpretación ortodoxa del Corán vigente en 12 de los 18 estados del Norte de Nigeria.

¿Cómo es que llegó a eso? Amina, la menor de 13 hermanos, se casó por primera vez a los 14. De ese matrimonio de 12 años nacieron dos hijos. Se divorció y volvió a casarse, aunque por poco tiempo: “Estuvimos casados diez meses, porque yo sufría hemorragias y él no quería pagar mis medicamentos”, les contó a los periodistas que seguían su juicio. Después de ese segundo divorcio vino el nudo de la pesadilla: Yahaya Mohamed, sobrino lejano de su segundo marido comenzó a cortejarla. El noviazgo duró once meses. “Cuando fue evidente que que su familia no lo dejaría casarse conmigo, me sedujo y mantuvimos relaciones sexuales dos veces. Eso es todo”, contó incrédula.

Cuando se enteró del embarazo, el padrastro de Amina fue a quejarse al jefe del pueblo. El seductor aceptó su responsabilidad y prometió mantener al bebe, llamada Wasila. Muy poco después incumplió su promesa y Amina fue arrestada. El mismo juez que la condenó a muerte, exoneró a su amante.

La Corte de Apelaciones de Katsina invalidó ese dictamen y otro que en segunda instancia lo había confirmado. El fallo fue interpretado como el resultado de la impresionante campaña internacional a la que se sumaron millones de firmas a los pedidos de celebridades.
El revuelo hizo que el mismo presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, anunciara la suspensión de las lapidaciones. Con su bebe Wasila siempre a upa, y dando muestras de un estoicismo fuera de lo común, Amina se convirtió en ícono de la lucha por los derechos de las mujeres, sobre todo de las más pobres.

A los 34 años, Amina no parece poder despertar de la pesadilla: “Cuando me dejaron libre volví a Kurami. Todos me reciben siempre muy bien en esta aldea. Es mi casa. Me buscaron un marido que no me gustaba. Me casé y tuve otra niña, Mariam, a la que estoy amamantando todavía. Mi marido me abandonó a los seis meses de casarnos.

Estoy sola otra vez”, contó al medio español. El capítulo resumido así por la protagonista tiene sus particularidades. Después de ser absuelta y mientras todavía residía en Katsina, ciudad donde fue juzgada, la asociación encargada de su defensa le organizó un casting de maridos. Este hecho es curioso e inusual incluso en Nigeria, donde la mayoría de los matrimonios son concertados, pero mediante métodos más convencionales.

En este caso WRAPA (Avance y Protección Alternativa para los Derechos de la Mujer, según sus siglas en inglés) llamó a concurso público y luego se dedicó a entrevistar a los candidatos que aparecieron. Hoy, las integrantes de WRAPA reconocen que la iniciativa fue un error, pero alegan que sólo buscaban la estabilidad económica de Amina.Tras mucho buscar, la casaron con un hombre que vivía en Abuya (la capital de Nigeria) y que, si bien ya tenía una mujer, estaba dispuesto a hacerse cargo de ella.

El fracaso de ese matrimonio expuso la tragedia de su biografía y la de las tantas otras. Hoy, abandonada, pobre y enferma, Amina no tiene siquiera la libertad de recorrer la distancia mínima de su aldea. Ninguna mujer puede andar sin el permiso de su marido y el acompañamiento de un hombre de confianza. Cuando finalmente lo hacen, deben vestir una túnica que sólo deja ver sus caras. La cara extrañamente serena de la que no logra despertar de un mal sueño.

Fuente: Diario Clarín

23.6.06

La "Yihad" llega a Internet

El integrismo islámico también ataca en Internet. La Yihad electrónica tiene tiempo, aunque creció de forma exponencial a partir del 11-S.

Entre las víctimas más recientes de los fanáticos que quieren convertirnos a todos a la fe de Mahoma mediante el ataque a sitios web figuran varios sitios españoles, entre los que se encuentran el de una plataforma que rechaza la construcción de la mayor mezquita europea en Sevilla o los foros de Radio Sefarad, la emisora on line de la Federación de Comunidades Judías de España.
Estas últimas agresiones yihadistas a través de la Red han sido obra de un grupo de fundamentalistas con algún conocimiento informático (no debe de ser demasiado alto pues aprovechan una vulnerabilidad sobradamente conocida) que se ha puesto a sí mismo el altisonante "Internet Islamic Brigade".

Las motivaciones de estos yihadistas on line son las mismas que mueven al resto de los integristas islámicos de todo el mundo: el odio a la libertad, a occidente, a la modernidad. Es sueño de un mundo entero sometido a la más violenta y reaccionaria interpretación de la Sharia (la ley islámica).
Para ellos Internet es un instrumento (es de sobra conocido que Al Qaeda y otras organizaciones similares utilizan la Red para comunicarse), pero también un campo de batalla. Forma parte de esa Dar al Harb (la casa de la guerra) en la que hay que combatir para eliminar a todos los "enemigos" del Islam (para los fundamentalistas, todos aquellos que no quieran someterse a su visión del mundo) y llegar a transformarla en tierra (en este caso, espacio virtual) musulmana.
Lo terrible la Internet Islamic Brigade y otros grupúsculos e individuos similares es que no conciben que puedan estar actuando mal. Al contrario. Para ellos estos ataques son un acto sublime, una obligación religiosa, su aportación a aquellos que luchan por Dios.

Sin embargo no son más que criminales. No sólo son portadores de una ideología totalitaria, son bárbaros que tratan de extenderla mediante el ataque a los más elementales derechos de los demás. No sólo violan el de propiedad, puesto que nadie les ha dado permiso para meter mano en unos servidores que no son suyos. Atentan sobre todo contra la libertad de expresión.

Cuando se ataca un sitio web y se sustituye su contenido por otro lo que se busca es callar a quien dice algo que no gusta, dañar a aquel a quien se odia y de paso dejarle sin voz. Es lo que hacía aquel adolescente de 17 años detenido en Francia tras haber atacado con éxito más de 2.000 sitios web de todo el mundo.

El objetivo de estos delincuentes informáticos es especialmente repugnante, puesto que el objetivo de todos los integristas no es otro que el sometimiento del mundo entero a un califato totalitario en el que no tienen cabida los miembros de otras religiones ni tan siquiera los musulmanes no fundamentalistas.

No son héroes ni tan siquiera curiosos o simpáticos personajes que pululan por Internet. Son cómplices intelectuales de todos aquellos que, en aras dicho objetivo, asesinan cada año a cientos de personas en todo el mundo. Son los compañeros de los terroristas culpables de matanzas como las que la AMIA de Buenos Aires, el 11-S y el 11-M, las sufridas por los campesinos argelinos, los turistas que disfrutaban de sus vacaciones en Bali o Sharm el Sheik o quienes tomaban una pizza o viajaban en un autobús en Tel Aviv o Jerusalén.

Estos yihadistas electrónicos no son sólo los enemigos de quienes sufren sus acciones concretas. Son los enemigos de todos los que no compartimos su fanática visión del mundo.

Antonio José Chinchetru

20.6.06

La ley de la Shariah aceptada por occidente

Por todo Occidente, los musulmanes están haciendo exigencias novedosas y asertivas, y desafiando en algunos casos las meras premisas del estilo de vida europeo y norteamericano. ¿Cómo responder?

He aquí una regla general: ofrecer todos los derechos – pero rechazar taxativamente las demandas de privilegios especiales.
A modo de ejemplo, obsérvese dos controversias canadienses actuales.
La primera se refiere al establecimiento de tribunales voluntarios de Shariah (ley islámica) en Ontario. Esta idea es promovida por los grupos islamistas usuales, como el Council on American - Islamic Relations-Canadá o el Congreso Islámico Canadiense. Es opuesta destacadamente por los grupos feministas musulmanes, liderados por Homa Arjomand, que temen que los tribunales islámicos, a pesar de su naturaleza voluntaria, sean utilizados para reprimir los derechos de la mujer.

Me opongo a cualquier papel de la Shariah, una instancia medieval del derecho, en la vida pública hoy, pero mientras no fuercen a las mujeres en serio (¿crear un defensor para garantizar esto?) y mientras los veredictos islámicos se subordinen a la Carta de Derechos y Libertades de Canadá, no veo motivo para negar a los musulmanes, igual que a otros canadienses, el derecho a volver al arbitraje privado.

Por otra parte, la exigencia musulmana de una sala de oración exclusiva en la McGill University de Montreal es indignante e inaceptable. Como institución secular, la universidad no proporciona en principio a ningún grupo religioso un lugar permanente de oración en el campus. A pesar de esta política universal, la Asociación Estudiantil Musulmana, una parte del lobby wahabí, insiste exactamente en tal lugar, llegando a amenazar con una demanda de abuso de los derechos humanos si se ve desafiada. McGill debe permanecer firme.

La distinción principal es si las aspiraciones musulmanas encajan en un marco existente o no. Donde lo hagan, pueden ser acomodadas, como en el caso de:
Escuelas y universidades que cierren los días de la fiesta de Eid al-Adha.
Empleados masculinos a los que se permite llevar barba en Nueva Jersey.
La fundación de un cementerio islámico en Tennessee.
Los que se adhieren a otras religiones minoritarias pueden tomarse vacaciones, llevar barba o enterrar a sus difuntos en cementerios privados – así que, ¿por qué no los musulmanes?.
En cambio, los privilegios especiales del islam y de los musulmanes son inaceptables, por ejemplo:
-Crear un
órgano consultivo de gobierno únicamente para los musulmanes de América.
-Permitir barrios o eventos exclusivamente musulmanes
en América y Gran Bretaña.
-Segregar las zonas de baño en una piscina municipal exclusivamente para mujeres, como en Francia.
-Prohibir a hindúes y a judíos prestar testimonio bajo juramento en un caso de un islamista en Gran Bretaña.
-Modificar las leyes de ruido para difundir el adhán, o llamamiento a la oración, como en Hamtramck, Mich.
-Conceder a un preso el derecho, del que nunca se ha oído, a evitar un registro corporal en el estado de Nueva York.
-Explotar las escuelas y emisoras sufragadas por el contribuyente para convertir a los no musulmanes de América.
-Permitir que los estudiantes de escuelas financiadas por el contribuyente utilicen aulas vacías para oraciones en New Jersey.
-Juzgar ilegal la "vilificación religiosa" del islam en Australia.
-Castigar las opiniones anti islámicas con adoctrinamiento ordenado por un tribunal por parte de un islamista en Canadá.
-Prohibir enviar productos de cerdo o derivados del cerdo a los soldados americanos que desempeñan el servicio en Irak.
-Exigir que las soldado americanas en Arabia Saudí vistan la abaya, o trapo de la cabeza a los pies, proporcionadas por el gobierno americano.
-Aplicar
"las leyes de Rushdie" – o dejar que los musulmanes censuren la crítica al islam y a los musulmanes.

La línea divisoria en cada caso es si los musulmanes deben aceptar encajar en el orden existente o si aspiran a rehacerlo.


Trabajar dentro del sistema está bien, tomar el control de él no. En términos norteamericanos, los musulmanes tienen que aceptar el marco de la constitución, no darle la vuelta.
Este enfoque implica que las exigencias musulmanas deben ser juzgadas contra acciones previas y práctica actual, y no de modo abstracto. El contexto es crucial.


Está bien pues que el consejo regional de Alsacia, en Francia, ayude a financiar la Gran Mezquita de Estrasburgo, porque el mismo organismo también ayudó a pagar la remodelación de la Catedral de Estrasburgo y la Gran Sinagoga. Cuando la ciudad de Boston, Mass. vende tierra para un complejo islámico bastante por debajo del precio de mercado es harina de otro costal, un beneficio del que nunca se oyó con otros grupos religiosos de esa ciudad.

Los gobiernos occidentales y otras instituciones necesitan urgentemente señalar a los musulmanes que tienen que aceptar ser sólo uno de los muchos grupos religiosos, y que las aspiraciones a dominar fracasarán. Para este fin, los gobiernos necesitan decretar políticas consistentes y de principios que indiquen precisamente qué privilegios musulmanes son aceptables, y por qué.



Por Daniel Pipes


18.6.06

Islam en el mundo posterior al 11 de Septiembre

Un nuevo libro escrito por un misiólogo Adventista del Séptimo Día, "Islam en el mundo posterior al 11 de Septiembre", ha generado un interés masivo tanto en su versión original en lengua danesa como en una edición inglesa producida por la Stanborough Press (Casa Publicadora Stanborough) en Inglaterra.

El libro estará disponible a través de los Adventist Book Centers (Centros de libros adventistas) en los Estados Unidos.
El Dr. Borge Schantz, durante siete años el director iniciador del “Centro Adventista para estudios islámicos” de la iglesia mundial , y misionero a las naciones musulmanas en África Oriental y el Medio Oriente durante 14 años, es el autor del libro que ha pasado por tres ediciones en Dinamarca y pronto entrará a una segunda edición en inglés.

El libro fue escrito como una respuesta a los ataques terroristas del 11 de Septiembre del 2001 en los Estados Unidos, (como se supone) llevados a cabo por los miembros del grupo terrorista Al Quaida que dijo estar inspirado en el Islam para hacer lo que hicieron.

El Dr. Schantz, que obtuvo su doctorado en misiología del Seminario Teológico Fuller en Pasadena, California, dijo que él desea que los lectores obtengan una comprensión clara de lo que el Islam es y lo que no es.

“No hay ninguna duda de que la mayoría de los musulmanes en nuestro medio y en Europa y América son ciudadanos pacíficos, que acatan la ley.
Ellos quieren tener una buena vida de la misma manera como lo hace la mayoría de los cristianos”, dijo el Dr. Schantz en una entrevista telefónica con ANN desde su hogar en Bjaeverskov, Dinamarca.
“En su teología y profundamente en su comprensión personal, sin embargo, hay una noción de que el Islam con la ley de la Shariah debiera prevalecer en todas las naciones.
Es una religión mundial como el cristianismo, y ellos quieren extender el Islam a todas las personas. “Sin embargo, primariamente su ambición es conseguir que la Shariah sea introducida como el código legal con base religiosa en todos los países.

De esta manera un musulmán se verá asistido en su lucha contra las tentaciones y ayudado en su objetivo de entrar en el paraíso”, agregó.
La ley de la Shariah se deriva de varias fuentes islámicas: el Corán y las tradiciones (Hadith) construidas en vida de Mahoma , las que se ven como las más importantes.
Las penas perfiladas en la Shariah probablemente son las más rigurosas de cualquier sistema legal.
No sólo existe la pena de muerte prescrita para el adulterio y amputaciones de manos y pies por robar, sino hay también ejecución para la apostasía del Islam.

Aunque hay muchas circunstancias atenuantes en las cortes islámicas que permiten el perdón, las leyes estrictas con sus duros castigos todavía existen. Son consideradas como las reglas para la conducta que no pueden cambiarse porque fueron instituidas hace más de 1.000 años por Alá.

La lucha de una minoría de musulmanes en el Occidente por imponer los principios de la ley de la Shariah no sólo está creando tensión, es una extensa lucha cultural.

Puede compararse a un invitado en una casa que dicta cómo debe gobernarse la casa. Las razones, según Schantz, es que las leyes occidentales, en contraste con las reglas islámicas, se basan en tradiciones judeo-cristianas, con gran respeto y consideración por la libertad personal. “Un concepto interesante del pecado y la salvación entre el cristianismo y el Islam es que los cristianos oran, 'no nos dejes caer en la tentación.' Nosotros les enseñamos a nuestros niños a evitar los lugares con tentaciones.
En el Islam, las personas y cosas que tientan son destruidas o removidas.
Las mujeres se tapan, se ejecutan las prostitutas, los ídolos son destruidos con explosivos; y el alcohol, ciertas revistas, y la carne de cerdo son prohibidas”, dijo el Dr. Schantz .
“En el Islam usted no ora, 'no nos dejes caer en la tentación; ' usted no cree en un Espíritu Santo que guía su vida. Usted simplemente transforma las sociedades de tal manera que no hay ninguna tentación. De esta manera el camino al paraíso musulmán se hace más fácil”.Este punto de vista de la ley religiosa y el legalismo influye en la comprensión islámica del pecado y el acceso al paraíso, dijo el Dr. Schantz .

En el Islam no hay un concepto real de pecado comparado con la comprensión bíblica. Alá no puede verse afectado o herido por ninguna acción humana, explicó el Dr. Schantz. "La idea simplemente es: 'Usted se olvidó de seguir mis reglas - mejor regrese a estar en la línea.' No hay una petición real por perdón - usted regresa y vive de acuerdo con la Shariah y las enseñanzas coránicas".

Él continuó, “En una pacífica conversación con un distinguido profesor de Islamismo en una universidad india, se me explicó que aunque el Islam es una religión legalista dónde la obediencia es la condición para la vida eterna, no hay una garantía del paraíso. Si una persona pudiera ganar el paraíso por los hechos, el/ella estaría manipulando a Alá. Y eso no es posible.
Esto da un significado especial a la palabra árabe 'in sha'a-llah', o, 'si Dios lo quiere' “.Preguntado que cómo los cristianos debieran responder a la presencia de musulmanes en su comunidad, el Dr. Schantz enfatizó el pragmatismo, respeto y un evangelismo gentil. “Nosotros debemos tener un trato correcto con los musulmanes”, dijo.
“Nosotros nos inclinamos a comparar el cristianismo o el adventismo ideal con cómo los musulmanes practican su religión.

Por su parte, ellos comparan el islamismo ideal con cómo nosotros vivimos. En el nivel de la clase común dónde todas las religiones tienen partidarios, no hay ninguna diferencia real: todos estafan, mienten, roban, cometen adulterio, etc. Pero si usted compara los ideales, usted puede dialogar apaciblemente.

Al principio, enfatice los pocos puntos de similitud. Entonces después de que una relación significativa se ha establecido, pueden tratarse los temas cruciales donde hay diferencias. “Lo que yo quiero decir a mis hermanos y hermanas cristianos [es que] el prejuicio contra una persona debido al color de piel, raza, sexo, idioma y religión no es cristiano.

La caza de brujas contra individuos musulmanes debido a hechos realizados en el nombre del Islam es indigno. Sin embargo, dar testimonio, intentar convencer [a otros] sobre las enseñanzas falsas y peligrosas y lo que usted cree como una verdad de Dios es un deber cristiano. La evangelización no es un crimen odioso”, concluyó.

17.6.06

Holanda y su vergonzoso apaciguamiento del islamismo totalitario

El pueblo holandés ha expulsado a la heroica Aayan Hirsi Ali del parlamento, de Holanda y de Europa.
Su vergonzoso apaciguamiento del islamismo totalitario y criminal ha logrado lo que los yihadistas no pudieron hacer: ensombrecer a uno de los críticos más importantes de la yihad en Europa.

Bat Ye'or, la autora de Eurabia: el eje euro árabe, me dice que esto confirma "lo profundo que Europa se ha hundido. En lugar de estar agradecida a Hirsi Ali, ella es vetada".
Robert Spencer, autor de La guía políticamente incorrecta del Islam, me asegura que "Holanda preferiría convertirse en un estado con la sharia antes que soportar a alguien que intenta impedir que ocurra eso".

Para ser justa, Holanda ha reforzado recientemente sus políticas de inmigración en sentido que los musulmanes afirman que son "ofensivos" y "discriminatorios". Los futuros inmigrantes tendrán que pagar ahora 350 euros (430 dólares) para someterse a "un examen de integración cívica", tienen que hablar holandés ya, y deben indicar su disposición a vivir en un país en el que las playas nudistas y el matrimonio homosexual son legales. 

Esto representa un esfuerzo que tarde, mal y nunca, es serio a la hora de controlar la inmigración. Pero Holanda acaba también de sacrificar y exiliar a su profeta más importante. Theo von Gogh, colaborador de Hirsi Ali en la película Sumisión, fue asesinado por un holandés de segunda generación de origen marroquí. 

Desde entonces, Hirsi Ali ha vivido bajo vigilancia 24 horas. Sus vecinos holandeses no querían vivir cerca de un riesgo para la seguridad tan grande (que también rebajaba el valor de sus propiedades) y presentaron una demanda para desahuciarla. El 27 de abril lo lograron. A continuación, un documental emitido en Holanda que alega que Hirsi Ali había "mentido" con el fin de que se le concediera asilo político y ciudadanía holandesa. 

El ex Ministro de Inmigración Hilbrand Nawijn pedía que Hirsi Ali fuera "privada de su nacionalidad holandesa y deportada". Nawijn era jefe del Servicio de Inmigración y Naturalización cuando Hirsi Ali solicitó asilo. La propia familia de Hirsi Ali proporcionaba "pruebas" contra ella en la cinta. Según el Wall Street Journal, el 15 de mayo, la actual ministra de inmigración de Holanda comunicaba a Hirsi Ali que "su pasaporte, extendido en 1997, sería anulado".

Al igual que Oriana Fallaci, que no se atreve a viajar a su querida Italia natal o a Suiza por temor a ser detenida y juzgada por sus opiniones acerca del Islam, Hirsi Ali vivirá ahora en el exilio en América - el último, y quizá el único, reducto frente la yihad. ¿Se le concederá asilo político en América? Y si es así, ¿con qué argumentos?

El American Enterprise Institute (AEI) ha ofrecido un puesto a Hirsi Ali. Karlyn Bowman, del AEI, me comunica que "el Presidente Christopher DeMuth le extendió el 16 de mayo la oferta de convertirse en académico residente". Ali había visitado el AEI el año pasado y se dirigió a un reducido grupo de personas, que quedaron "impresionadas por su extraordinaria odisea y por su valor, encantadas con su trato fácil, y también impresionadas por los proyectos académicos que quería desarrollar".

De modo que, a una de las principales feministas del mundo le ha sido ofrecido un puesto prominente por una institución conservadora. No me sorprende. Mis propias opiniones acerca del apartheid religioso y de género islámicos han sido recibidas cálida y respetuosamente por los conservadores, mientras que tales opiniones han sido atacadas por muchas feministas como "nacionalistas blancas" y "racistas". Que yo sepa, el movimiento feminista americano, con su enorme acceso a cargos universitarios, no ha ofrecido un puesto a Hirsi Ali. 


Tal vez las feministas multiculturalmente correctas sean ambivalentes a la hora de desafiar la misoginia islamista - por temor a ser también ellas censuradas como "racistas", o amenazadas de muerte. En realidad, como documento en mi libro La muerte del feminismo: qué viene ahora en la lucha por la libertad de la mujer, entre la mayor parte de las feministas, la raza se superpone al género. Muchas feministas están hoy más preocupadas por la presunta "ocupación" de Palestina que por la ocupación de los cuerpos de las mujeres bajo el Islam, y tienden a culpar a América e Israel de los pecados del Islam.

La revista America's Nation presentaba una crítica a Hirsi Ali (que es negra y ex musulmana) como una "reaccionaria" que "echa al Islam toda la culpa" en lugar de culpar a "costumbres patriarcales", y por no centrarse en "el papel que Occidente ha jugado... a la hora de asistir el ascenso de los movimientos islamistas". Por otra parte, según la presidenta de NOW, Kim Gandy, "Hirsi Ali forzó el tratamiento de las mujeres inmigrantes en la escena pública de Holanda - y pagó por ello. Quizá su encendida defensa fuerce el tema también en la consciencia americana".

Sin embargo, las conciencias femeninas constituyen un desafío psicológico para muchas mujeres. Desafían las normas no establecidas del comportamiento femenino. Las conciencias no son ni conformistas ni pasivas. No pretenden complacer ni apaciguar a aquellos cuyas malas obras criminales denuncian. Las conciencias no son "indirectamente agresivas". Hirsi Ali no está difamando o censurando a otras mujeres -- el comportamiento apropiado para la agresión y la competición femeninas. Ella desafía pública y directamente la corrupta autoridad masculina en representación de las mujeres. Las mujeres menos valientes, incluyendo las feministas, pueden no identificarse con, o sentir compasión hacia ella. Además, las mujeres encuentran a menudo difícil apoyar a una mujer que disfruta de más atención pública que ellas.

¿Encontrará Hirsi Ali el apoyo que se merece en América? Ciertamente lo espero, pero no soy completamente optimista. La islamización de América también está en marcha. El proceso no es el mismo que el de Europa. A pesar del mito del todopoderoso lobby sionista, los islamistas y sus partidarios occidentales tienen una influencia cada vez mayor en los campus americanos y, en gran medida, los principales medios. Aquí, el discurso islamista de odio y las Grandes Mentiras a menudo son amparados por la libertad de expresión y como merecedoras de libertad académica. Mientras que en Europa muchos se solidarizaron con los viñetistas daneses y volvieron a publicar su trabajo ampliamente, las viñetas no aparecieron en los principales medios americanos.

A Hirsi Ali se le remite cada vez más a la traición holandesa a sus ciudadanos judíos durante el Holocausto - pero ella entra en América en un momento en el que funcionarios del American Israel Public Affairs Committee están siendo juzgados y el Pentágono ha comenzado a retirar autorizaciones de seguridad a empleados gubernamentales que poseen doble ciudadanía americana e israelí y cuyos parientes viven en Israel.

Como Fallaci, Hirsi Ali ha argumentado que, si Europa no hace frente a los islamistas, la civilización europea está sentenciada. Dice: "El Islam radical no está solamente contra mi. También está contra [mis vecinos holandeses]. Al haberme expulsado, los terroristas han ganado. Hace la situación más peligrosa para todos".

Está en lo cierto. Que Dios proteja a los Estados Unidos si no somos capaces de protegerla a ella y a todas las demás conciencias.


Por Phillys Chesler

14.6.06

La barbarie islámica

EN DEFENSA DE OCCIDENTE

Una vez estuve cautiva en Kabul. Por aquel entonces era la esposa de un encantador, seductor y occidentalizado musulmán afgano, a quien conocí en una universidad norteamericana. Mi purdah (cautiverio)fue de relativo buen tono, pero no lo era, para nada, la completa reclusión en que vivían las mujeres.

Cuando llegué a Kabul, un funcionario del aeropuerto me confiscó, con toda la amabilidad del mundo, mi pasaporte norteamericano. "No te preocupes, es sólo una formalidad", me aseguró mi marido. Nunca volví a ver ese pasaporte. Más tarde supe que se les hacía lo mismo a todas las extranjeras que habían contraído matrimonio con un afgano, quizá para imposibilitarles la huida.

De la noche a la mañana, mi marido se convirtió en un extraño. El hombre con quien había hablado de Camus, de Dostoiesvki, de Tennessee Williams y de cine italiano se había vuelto un extraño. Me trataba igual que su padre y su hermano mayor trataban a sus esposas: con frialdad, con un dejo de desdén y embarazo.

Durante los dos años que estuvimos saliendo, mi futuro marido jamás me dijo que su padre tenía tres mujeres y 21 hijos. Tampoco me dijo que lo que se esperaba de mí era que viviera como si me hubieran educado a la afgana, esto es, enclaustrada y rodeada sólo de mujeres. Que sólo pudiera salir a la calle acompañada de un varón de confianza. Que me pasara los días esperando a que mi marido regresara a casa, visitando a mis parientes femeninas o tejiendo ropa.

En EEUU, mi marido estaba orgulloso de que yo fuera una librepensadora y una rebelde nata. En Afganistán, mis críticas al trato que recibían las mujeres y los pobres le convertían en un elemento sospechoso, vulnerable. Se mofaba de mis reacciones, movidas por el horror.

¿Qué me horrorizaba? Lo que veía. ¿Y qué veía? Pues, por ejemplo, cómo se obligaba a las pobres mujeres emburkadas a ir en las traseras de los autobuses y a ceder a los hombres la vez en los bazares.

Veía que la poligamia y los matrimonios concertados (y los que tenían a menores por protagonistas) provocaban en las mujeres un sufrimiento crónico y rivalidades sin cuento entre hermanastros o entre las esposas de un mismo hombre. Que la subordinación y el secuestro de la mujer desembocaban en un profundo extrañamiento entre los sexos, origen de tantas palizas, de tantas violaciones dentro del matrimonio... y de prácticas homosexuales y pederastas entre los hombres (lo cual, por supuesto, se negaba vehementemente).

¿Qué más veía? Pues cómo mujeres frustradas, desatendidas e incultas atormentaban a sus nueras y a sus sirvientas. Cómo se prohibía a las mujeres rezar en las mezquitas. Como se prohibía a las mujeres acudir a un médico varón (eran sus maridos los que, sin que ellas estuvieran presentes, describían sus síntomas al galeno).

Tomados de uno en uno, los afganos eran deliciosamente corteses, pero el Afganistán que conocí era un bastión del analfabetismo, la pobreza, las enfermedades evitables y la traición. Y un Estado policial, una monarquía feudal y una teocracia rebosantes de paranoia y miedo.

Afganistán nunca había sido colonizado. Mis parientes decían: "Ni siquiera los británicos pudieron dominarnos". Por tanto, me vi obligada a concluir que la barbarie afgana era de cosecha propia, no un fruto podrido del "imperialismo occidental".

Antes, mucho antes de la llegada de los talibanes al poder en Afganistán, aprendí a no idealizar los países del Tercer Mundo, y a no confundir a sus repulsivos tiranos con libertadores. También aprendí que el apartheid sexual y religioso que se vive en los países musulmanes es de la casa, no un injerto de procedencia occidental, y que las costumbres de ese tipo son absoluta y no relativamente perversas.

Mucho antes de que Al Qaeda decapitase a Daniel Pearl en Pakistán, o a Nicholas Berg en Irak, comprendí que para un occidental, y especialmente para una occidental, es peligroso vivir en un país islámico.

Mirando las cosas con perspectiva, estoy segura de que mi supuesto feminismo occidental se forjó allí, en Afganistán, el más bonito y traidor de los países de Oriente Medio.

Numerosos intelectuales, ideólogos y feministas occidentales me han demonizado, tachado de reaccionaria y de racista "islamófoba", por sostener que es el islam, y no Israel, el más conspicuo practicante de ese tipo de apartheid a que antes me refería. Por decir que, si no hacemos frente, moral, económica y militarmente, a dicho apartheid, no sólo tendremos las manos manchadas de sangre inocente, sino que nos veremos arrasados por la sharia en el propio Occidente.

He sido acosada, amenazada, no invitada y desinvitada por defender estas ideas heréticas, así como por denunciar la epidémica violencia intramusulmana, de la que, increíblemente, se hace responsable a Israel.

Sin embargo, mis opiniones han encontrado el favor de las personas más valientes y progresistas que imaginarse quepa: los ex musulmanes y musulmanes laicos que se dieron cita en la histórica Conferencia Islámica celebrada recientemente en la Florida, a la que fui invitada para dirigir un debate.

El presidente de la reunión, Ibn Warraq, declaró: "Lo que necesitamos en estos momentos es que el mundo islámico experimente una Ilustración. Si no se le somete a un examen crítico, el islam seguirá siendo dogmático, fanático e intolerante; seguirá asfixiando el pensamiento, los Derechos Humanos, la individualidad, la originalidad y la verdad".

La Conferencia emitió una declaración en la que se aboga por una nueva Ilustración, se dice que someter el islam a crítica no es "islamofobia" y se vislumbra un "noble futuro" para el islam "como fe personal, no como doctrina política". Asimismo, se demanda la liberación del islam del cautiverio al que lo han sometido "las ambiciones de hombres ávidos de poder".

Ya va siendo hora de que los intelectuales occidentales que afirman ser antirracistas y estar comprometidos con los Derechos Humanos respalden a estos disidentes. Para ello debemos adoptar un patrón universal de Derechos Humanos y abandonar nuestra lealtad al relativismo multicultural, que justifica y hasta idealiza la barbarie islamista, el terrorismo totalitario y la persecución de las mujeres, de las minorías religiosas, de los homosexuales y de los intelectuales.

Nuestro repugnante rechazo a decidir entre civilización y barbarie, entre racionalismo ilustrado y fundamentalismo teocrático, pone en peligro y condena a las víctimas de la tiranía islámica.

Ibn Warraq ha escrito un libro demoledor que estará en las librerías el próximo verano. Se titula Defending the West: A Critique of Edward Said's Orientalism (Defendiendo a Occidente: una crítica al orientalismo de Edward Said). ¿Se atreverán los intelectuales occidentales a defender a Occidente?

PHYLLIS CHESLER, psiquiatra y autora de libros como The Death of Feminism, Letters to a Young Feminist y The New Anti-Semitism.

11.6.06

Holanda convertida en un estado de la Sharia

Durante algún tiempo, Holanda ha sido elogiada, o celebrada, como una tierra donde todo vale, pero ahora los holandeses han descubierto por fin que hay límites.

Ayaan Hirsi Ali, la valiente Parlamentaria holandesa que ha provocado amenazas de muerte por su crítica abierta a los derechos de la mujer en el Islam y la inmigración musulmana sin restricciones a Europa, ha dimitido del Parlamento y abandonará Holanda.

La Ministra de Inmigración, Rita Verdonk, ha provocado esto decidiendo de la noche a la mañana que el hecho -- que en la práctica ha sido de conocimiento público durante años, y nunca antes había provocado controversia -- de que Hirsi Ali, natural de Somalia, mintiera en su solicitud de asilo es motivo para privarle de su ciudadanía holandesa.

Hirsi Ali lleva años en el centro de la controversia tanto en Holanda como internacionalmente. Alcanzó la prominencia nacional en Holanda tras escribir una crítica de la estructura familiar islámica y el maltrato a la mujer, De Zoontjesfabriek ("La fábrica de hijos"). Salió elegida para el Parlamento holandés en enero del 2003.

Más destacadamente, trabajó con Theo Van Gogh en la película Sumisión, que documentada gráficamente el estatus de la mujer en las sociedades musulmanas y las raíces coránicas de su maltrato. Van Gogh, por supuesto, era asesinado posteriormente por un terrorista jihadista a causa de esta película, y la vida de Hirsi Ali era amenazada (como lo había sido antes).

Desde entonces ha vivido oculta, mudándose con frecuencia y acompañada en todo momento por vigilancia. Al mismo tiempo, su estatura internacional ha crecido, mientras ha continuado defendiendo tanto los principios occidentales de libertad como el de igualdad de dignidades dentro del Parlamento holandés, que están amenazados por la jihad global.
¿Por qué Verdonk actúa ahora en contra suya? Hirsi Ali admitió que mintió en el 2002, antes de convertirse en candidata al Parlamento. Su partido, del que Verdonk es miembro, no tuvo problemas con ello en aquel momento. Que Verdonk decida de pronto cuatro años después que las mentiras eran intolerables habla de su celo no en favor de imponer rigurosas políticas de inmigración, sino como modo de sacar por las bravas la política de Hirsi Ali del discurso público holandés. Uno pensaría que, mientras que nadie puede condonar las mentiras que contó para lograr asilo, las amenazas de muerte que ha recibido desde entonces podrían y se convertirían en motivo para concederle ciudadanía y asilo en base firme.

De modo que Hirsi Ali ha pagado un inmenso precio personal por hablar claro, como dijo en su discurso de dimisión el martes, acerca de "temas relacionados con el Islam -- tales como los impedimentos a la libertad de expresión, el rechazo a la separación de la iglesia del estado; la violencia doméstica extendida; las matanzas de honor; el repudio de las esposas; y el fracaso del islam a la hora de condenar la mutilación genital". Expresó satisfacción porque "estos temas ya no pueden barrerse bajo la alfombra en la capital de nuestro país. Algunas de las medidas que este gobierno ha comenzado a adoptar me dan satisfacción".

Algunos intentan ya barrerlas bajo la alfombra. El hecho de que una concesión de asilo por los pelos no esté a consideración desenmascara a Verdonk y sus aliados como oportunistas políticos cobardes de miras cortas solamente dados a la destrucción de una Casandra que les han dicho demasiadas verdades desagradables. Nasr Joemman, de la Organización de Contacto para Musulmanes y Gobierno (CMO) afirmaba así de sinceramente: "Celebro que abandone Holanda. Espero que mediante su partida, podamos continuar la construcción de una sociedad armoniosa".

Un sentimiento noble; pero a la luz de él, es importante notar algunos de los que se quedan en Holanda cuando Hirsi Ali se va. El jeque Fawaz, un imán de la mezquita As Soennah, en La Haya, admitía abiertamente que pretendió amenazar a Hirsi Ali cuando dijo que ella estaba "bajo la maldición de Alá" y que "sería arrastrada por el viento de los cambiantes tiempos".

No obstante, la Oficina Pública del Fiscal declinó tomar medidas contra el jeque Fawaz, encontrando sus amenazas a voz en grito no amenazantes. El alcalde de La Haya, Wim Deetman, decía poco después a Fawaz que "modere sus opiniones o abandone el país", pero hasta la fecha los funcionarios de inmigración de Verdonk no parecen haber tomado ninguna medida contra el imán, y evidentemente no existe en vigor ningún mecanismo para garantizar que en la práctica modera sus opiniones. Mientras que algunos imanes que defienden abiertamente la jihad violenta y el gobierno de la sharia han sido deportados, Fawaz se queda en Holanda.
Probablemente también estén aún en Holanda los atacantes marroquíes de Ebru Umar, una escritora que había ocupado la columna de prensa de Theo Van Gogh después de que Van Gogh fuera asesinado.

Es imposible determinar cuántos musulmanes que creen que el discurso crítico con el islam o Mahoma debe ser ilegalizado permanecen en Holanda; o quién espera ver Holanda convertida en un estado de la sharia en algún momento del futuro; o quién cree perfectamente razonable que el Corán ordene a los maridos apalear a sus esposas desobedientes (4:34); o quién cree incluso que las matanzas de honor o la mutilación genital pueden estar justificadas.

Nadie pregunta, ni responde, tales cuestiones de los inmigrantes musulmanes, en Holanda o en cualquier otra parte de Occidente. Pero lo que la debacle de Hirsi Ali ha demostrado es que sostener tales opiniones en Holanda hoy no es tan malo como el acto de llamar la atención sobre ellas y protestar en su contra. Tales protestas interfieren en la armoniosa sociedad que están intentando construir Nasr Joemman y Rita Verdonk.

La mañana del miércoles, muchos parlamentarios holandeses forzaban a Verdonk a reconsiderar su decisión, pero en cualquier caso es improbable que Hirsi Ali permanezca en Holanda. Verdonk y Joemman quedarán libres para construir su "armoniosa sociedad . ¿Qué tipo de sociedad será?

La caza y persecución de Hirsi Ali no es un buen augurio. Indican, en el mejor de los casos, que no será una sociedad crítica con los ultrajes de los derechos de la mujer contra los que ella ha hablado, que son impulsados por la doctrina y la práctica islámicas.

Estas violaciones, por tanto, continuarán. De igual manera, la armoniosa sociedad Verdonk Joemman censurará el debate que Hirsi Ali animó a propósito del avance de los dictámenes de la sharia en los Países Bajos. ¿Podrán operar sin esconderse por tanto aquellos que quieren crear un estado islámico en La Haya?

Ciertamente no habrá más voces de Casandra en el Parlamento holandés advirtiendo de la amenaza que supone la sharia a los derechos humanos y la igualdad de la dignidad de todos los pueblos. Y tanto peor para el Parlamento holandés y la sociedad holandesa. Los enemigos de Hirsi Ali van a descubrir que el cocodrilo al que arrojaron a su político más destacado vendrá a por ellos a continuación.

La propia Hirsi Ali, mientras tanto, ha anunciado su intención de venir a Estados Unidos a trabajar con el American Enterprise Institute. La pérdida de Europa es el beneficio de América, pero no es ocasión de regocijo para los americanos; la expulsión de Holanda de Hirsi Ali será vista enseguida como un paso significativo hacia la extinción de la luz no solamente en ese país, sino en toda Europa.

Robert Spencer

10.6.06

El trato de la ley islámica a otras religiones

El tributo de la jizya: ¿La igualdad y dignidad bajo la ley islámica?

Introducción

Los musulmanes afirman frecuentemente que otras comunidades religiosas han sido siempre tratadas con respeto y dignidad en un auténtico estado islámico.
En efecto, cuando se examina la literatura islámica, esta pretensión es notable por la frecuencia de su aparición. Por ejemplo, la autora musulmana Suzanne Haneef manifiesta con respecto a la actitud islámica hacia otras comunidades religiosas: “El islam no permite la discriminación en el tratamiento de otros seres humanos por la religión u otros criterios cualesquiera... Enfatiza la buena vecindad y el respeto por los vínculos de relación con los no-musulmanes... En la familia humana, los judíos y los cristianos, que comparten muchas creencias y valores con los musulmanes, constituyen lo que el islam denomina Ahl al-Kitab, esto es, el Pueblo de la Escritura, y por ello los musulmanes tienen una relación especial con ellos en tanto que compañeros “escriturarios”.

De igual manera el converso alemán Ahmed von Denffer, examinando la posición de los cristianos en el islam, declara que “esta claro que desde la perspectiva legal, los cristianos tienen derecho a tener sus propias normas.”
Desde lo que denomina “la perspectiva societaria”, trata del problema de la azora Maidah 5:51 que recomienda no tomar a los judíos y a los cristianos como “amigos”: Por otro lado, siendo los cristianos "ahl al-kitab" no pueden ser acosados o importunados por no ser musulmanes. Es verdad que el Corán nos recomienda no tomar a los judíos y a los cristianos como amigos, pero eso no significa que deben ser acosados o agredidos por ser no-musulmanes.
Hasta ese momento, todo muy positivo, pero ambos Haneef y von Denffer son musulmanes que viven en Occidente, que se relacionan con cristianos, y se dirigen a un público occidental. Así, su perspectiva estará condicionada por esa realidad.

Una actitud algo diferente es manifestada por un escritor musulmán radicado en Arabia Saudita, un estado gobernado en términos generales por el derecho islámico, y que prohíbe toda expresión de libertad religiosa.
En un país gobernado por musulmanes, un no-musulmán tiene garantizada su libertad de fe... A los musulmanes les está prohibido obligar a un no-musulmán a abrazar el islam, pero éste debe pagar el tributo a los musulmanes rápidamente y humildemente, someterse a las leyes islámicas, y no debe practicar sus rituales politeístas abiertamente.

En este artículo examinaré aspectos de la actitud del islam con los no-musulmanes, especialmente el tributo jizya, para considerar si la afirmación de Haneef en particular es válida.

Destacaré el derecho islámico, porque regula prácticamente las relaciones cotidianas. Como los musulmanes en Occidente, así como los del mundo musulmán, contemplan un Estado islámico con leyes islámicas como la sociedad ideal, es importante ver lo que ello significa en la práctica para los no-musulmanes, (por si el califato fuera alguna vez restaurado y establecido en Occidente).

1 - El valor de la vida humana

En Occidente, al menos en términos constitucionales, por mucho que en la práctica estén plasmados inadecuadamente en algunos lugares, la igualdad de los seres humanos es un presupuesto fundamental – “todos los hombres son iguales ante la ley”.
Por esta razón, a la justicia a menudo se la representa ciega en las fotografías; dado que la clase la religión o la raza de alguien son irrelevantes – la ley, al menos en lo que respecta a sus objetivos, se aplica a todos por igual, y protege a todos por igual.

En el derecho islámico, sin embargo, no es este el caso. La vida de un musulmán es considerada superior a la de un no-musulmán, en tanto que mientras un no-musulmán que mata a un musulmán sería ejecutado, lo contrario no ocurriría.
Esto a pesar de que el asesinato es considerado normalmente como un delito capital en el islam, con ejecuciones habituales en la mayoría de los Estados musulmanes.

Esta desigualdad se demuestra también en el valor de la muerte pagada a los no-musulmanes cuando tienen lugar un asesinato o lesiones, y que es la mitad de la de un musulmán.
En efecto, esta norma significa que un musulmán no debe recibir la retribución acostumbrada por asesinato si mata a un no-musulmán.
La ley deliberada y conscientemente deja sin protección a los no-musulmanes a diferencia de como obra con los musulmanes.
El punto de vista del derecho islámico no es que la vida humana sea sagrada, sino que la vida de los musulmanes sí lo es.

2 - El valor de los testimonios

Lo que hemos afirmado respecto a la justicia es muy pertinente cuando consideramos los testimonios en un juicio.
Las afirmaciones de Haneef pueden ponerse en duda inmediatamente, señalando que en el islam, el testimonio ante un tribunal de un no-musulmán se considera inferior al de un musulmán, una realidad que es sancionada oficialmente en Pakistán y otros países.

Esto significa en la práctica que si un musulmán comete un delito cualquiera contra un cristiano, sea robo, lesión o incluso violación, el cristiano debe conseguir al menos otro testigo cristiano para al menos igualar el testimonio del musulmán, e incluso entonces en la práctica se acepta que éste es un testigo más fidedigno.
Esta norma también conlleva la presunción insultante de que los no-musulmanes son intrínsecamente deshonestos, y testigos indignos sin tener derecho a merecer la confianza.
Obviamente, esto ocasiona a los no-musulmanes desventajas considerables, y resulta de importancia práctica cuando consideramos las frecuentes acusaciones de blasfemia lanzadas por musulmanes contra cristianos en lugares como Pakistán, que normalmente tienen una segunda motivación ( a menudo disputas personales o por tierras).

Tales condiciones legales dan a los musulmanes sin escrúpulos la idea de que “la veda está abierta” sobre las minorías.
Una norma similar amenaza los derechos hereditarios de las viudas cristianas de musulmanes. Una vez más, esto da una consigna de ser a los parientes de una viuda musulmanes y

Lo que hemos afirmado respecto a la justicia es muy pertinente cuando consideramos los testimonios en un juicio. Las afirmaciones de Haneef pueden ponerse en duda inmediatamente, señalando que en el islam, el testimonio ante un tribunal de un no-musulmán se considera inferior al de un musulmán, una realidad que es sancionada oficialmente en Pakistán y otros países. Esto significa en la práctica que si un musulmán comete un delito cualquiera contra un cristiano, sea robo, lesión o incluso violación, el cristiano debe conseguir al menos otro testigo cristiano para al menos igualar el testimonio del musulmán, e incluso entonces en la práctica se acepta que éste es un testigo más fidedigno. Esta norma también conlleva la presunción insultante de que los no-musulmanes son intrínsecamente deshonestos, y testigos indignos de confianza per se. Obviamente, esto ocasiona a los no-musulmanes desventajas considerables, y resulta de importancia práctica cuando consideramos las frecuentes acusaciones de blasfemia lanzadas por musulmanes contra cristianos en lugares como Pakistán, que normalmente tienen una segunda motivación ( a menudo disputas personales o por tierras). Tales condiciones legales dan a los musulmanes sin escrúpulos la idea de que “la veda está abierta” sobre las minorías.
Una norma similar amenaza los derechos hereditarios de las viudas cristianas de musulmanes. Una vez más, esto da una oportunidad a los parientes de una viuda a equiparar los musulmanes - deshonestos.

3. El valor de la dignidad humana

Lo que hemos examinado es muy importante cuando consideramos el asunto de la dignidad humana. De forma casi natural se sigue que si la vida de un no-musulmán es considerada inferior a la de un musulmán, la dignidad del primero será tenida en la misma falta de estima.

La violación en la mayoría de los países musulmanes conlleva normalmente la ejecución del culpable si la víctima es musulmana. Cuando la víctima es no-musulmana, y el perpetrador es un musulmán, no ocurre eso.
Así, el honor de una mujer cristiana no es considerado igual al de una musulmana. Esta norma es tremenda. Una disposición particularmente criticable tiene que ver con la viuda cristiana de un musulmán. Su diferencia religiosa impide su entierro en el mismo lugar.
Además, si ella está embarazada al morir, el feto, considerado musulmán, no puede ser enterrado en un cementerio cristiano, y así la mujer no puede ser enterrada allí tampoco, y debe serlo en un lugar “neutral”.
Incluso en la muerte a los cristianos se les niega a veces la dignidad.

4. El valor de la propiedad humana

El derecho a la defensa de la propiedad personal es considerado normalmente un derecho fundamental y su violación mediante robo se castiga en todas las sociedades, siempre, sin tener en cuenta la identidad religiosa del ladrón o de su víctima.

No es este el caso en todas las circunstancias en el derecho islámico. La situación es a veces algo ambigua, especialmente si están en juego objetos "haram" (prohibidos) para los musulmanes.
Otra norma, sin embargo, sugiere que si un musulmán roba un objeto a un cristiano, como un crucifijo de oro, y luego dice que lo hizo para destruir este objeto “infiel”, puede evitar la condena.

Por ello, no hay nada claramente definido en el derecho islámico que proteja la propiedad de los súbditos cristianos, como ocurre en la mayoría de los sistemas occidentales que protegen toda la propiedad por estar, al margen de la raza o de la religión de la gente.

5. Libertad religiosa

La mayoría de las constituciones occidentales garantizan hoy la libertad religiosa completa, en materia de opinión, práctica y difusión.
Una persona es completamente libre de mantener sus opiniones o cambiarlas, o incluso de no tener opiniones religiosas.

Bajo el derecho islámico, sin embargo, no es así. Mientras una persona es libre de ser musulmán, judío, cristiano o zoroastriano, no puede tener otra clase de opiniones religiosas, como ejemplificar que el paganismo esté prohibido.
Más aún, mientras un no-musulmán puede cambiar su religión por el islam o por otra fe “escrituraria”, un musulmán que deja el islam se enfrenta con la ejecución.
De esto se deriva que a los cristianos les está prohibido el proselitismo de los musulmanes, aunque no hay una prohibición recíproca para los musulmanes. Esto también concierne al matrimonio, ya que si un musulman apostata, el matrimonio se disuelve, y hay al menos un ejemplo reciente de ello en Egipto, donde un musulmán liberal fue declarado apóstata por un tribunal, y su matrimonio se disolvió, teniendo que escapar la pareja a Occidente, mostrando que la norma no es meramente teórica.

De forma más visible, mientras la era posbélica, especialmente desde los años 70, ha contemplado una firme oleada de construcción de mezquitas en Occidente, no ha habido contrapartida en la construcción de edificios cristianos en el mundo musulmán, porque la ley islámica sólo permite la reparación de los edificios existentes, prohibiendo la construcción de otros nuevos.
La misma ley prohíbe la presencia cristiana de cualquiera clase en la península arábiga, por lo que vemos la anomalía de que mientras los sauditas recientemente construyeron una mezquita gigantesca en Roma, no hay posible reciprocidad para los católicos (ni ningún otro grupo) de construir ni la menor capilla en Arabia Saudita.

No es simplemente cuestión de reciprocidad, pues los cristianos nacidos en el mundo musulmán carecen de este derecho también, mientras que los musulmanes pueden construir mezquitas libremente.

6. El tributo Jizya

La revolución americana combatió basándose en “ningún impuesto sin representación”, lo que significaba que la igualdad constitucional era un prerrequisito para el ejercicio soberano de imponer tributos.

El único fundamento para los diferentes niveles de tributación es la desigualdad socioeconómica, pero incluso aquí el impuesto es idéntico en naturaleza, es recaudado sin tener en cuenta los orígenes comunitarios de cada uno.
El principio de desigualdad en la contribución progresiva es la capacidad para pagar.
El impuesto recaudado no castiga a un hombre de negocios por su éxito. La negativa a pagar significará la multa o la cárcel, pero nunca la ejecución. Más todavía, el impuesto que uno paga le garantiza el derecho a la completa protección del Estado, y así la ciudadanía completa e igual. La finalidad del impuesto es la misma para con todos –procurar al Estado los medios para que garantice la seguridad y el bienestar de todos sus ciudadanos.


No es este el caso de la Jizya, que es un impuesto que solamente tienen que pagar los dhimmíes.
Tiene su origen en la azora Tauba 9:29, donde se reveló explícitamente como una señal de sometimiento de los no-musulmanes conquistados.

Por ello, el impuesto es claramente un tributo, y un signo de sometimiento, en ningún modo equivalente al impuesto-limosna del azaque.
El comentario de Yusuf Ali sobre la Jizya lo aclara.

1281 Jizya:
La raíz de la palabra significa compensación. El significado derivado, que se convirtió en el significado técnico, era de capitación recaudada a los que no aceptaban el islam, pero querían vivir bajo la protección del islam, y querían así tácitamente someterse a sus preceptos en el Estado musulmán. No había cantidad fijada permanentemente para ello. Se reconocía que aquellos cuya religión era tolerada no obstaculizarían a su vez la predicación y el progreso del islam. El Imán Shafií sugiere un dinar anual, que sería el dinar árabe de oro de los Estados musulmanes. El impuesto variaba en monto, y había exenciones para los pobres, para las mujeres y para los niños (según Abu Hanifa), para los esclavos, y para los monjes y los ermitaños. Siendo un impuesto sobre los varones sanos en edad militar, en cierto sentido era una conmutación del servicio militar.

Pero ver la siguiente nota. (9.29) 1282 An Yadin (literalmente, de la mano) ha sido interpretado de varias formas. La mano es el símbolo del poder y de la autoridad. Acepto la interpretación “en signo de sumisión voluntaria.” La Jizya era así en parte simbólica y en parte una conmutación del servicio militar, pero como la cantidad era insignificante y las exenciones numerosas, su carácter simbólico predominaba.

Abul Ala Mawdudi, exégeta coránico y fundador del grupo islámico pakistaní Jamaat-i-Islami no se excusaba respecto a la Jizya: “Los musulmanes deberían sentirse orgullosos de una ley tan humana como la de la Jizya. Porque es obvio que la libertad máxima que se puede conceder a los que no adoptan el camino de Allah, sino que optan por caminar por las vías del error, es que deben ser tolerados para llevar la vida que les gusta.”
Interpreta la exigencia coránica de la yihad como que tiene la finalidad de someter a los no-musulmanes, de forzarlos a pagar la Jizya como símbolo definitorio de su sometimiento:
“Los judíos y los cristianos... deben ser obligados a pagar la Jizya para acabar con su independencia y supremacía para que no sigan teniendo el dominio y la soberanía del país. Estos poderes deben serles arrebatados por los seguidores de la verdadera fe, que deben asumir la soberanía y conducir a los demás hacia el camino recto."

La consecuencia de esto es que en un Estado islámico –especialmente el califato- a los no-musulmanes debe prohibirse los puestos de gobierno, porque el Estado es para los musulmanes, quienes son los únicos verdaderos ciudadanos, mientras que los no-musulmanes son meramente residentes conquistados, y la Jizya significa esto: Que es por lo que el Estado islámico les ofrece la protección, si están dispuestos a vivir como dhimmíes pagando la Jizya, pero no puede permitir que sigan siendo los gobernantes supremos en ningún lugar ni establecer vías injustas ni imponérselas a otros.

Como este estado de cosas inevitablemente produce caos y desorden, es deber de los verdaderos musulmanes hacer lo posible para terminar con su gobierno infame y llevarlos a un orden justo.
Las diferencias de contribución muestran desigualdades de ciudadanía. Como símbolo de sometimiento significa que el Estado no es verdaderamente propiedad común de todos sus residentes permanentes, sino sólo de los musulmanes.

Los no-musulmanes son extraños conquistados. Muestra su condición inferior. También los castiga por su incredulidad hacia el islam. El derecho islámico establece claramente que la Jizya es punitiva en su naturaleza. Además, tiene que ser recaudada con humillación. Por ello, no es de ningún modo comparable a los sistemas impositivos occidentales. Incluso la contribución progresiva no es un “castigo” del éxito económico, ni es ningún impuesto en particular humillante.

Esto muestra que, en un Estado islámico, los no-musulmanes están esencialmente en una situación peor que los prisioneros en libertad condicional, porque siguen siendo castigados –no son considerados “ciudadanos buenos, respetuosos de las leyes” por más ejemplar que sea su conducta, sino más bien criminales con un permiso diario.

Su delito es su fe. Más todavía, su delito es capital por naturaleza –merecen la muerte. Esto demuestra el carácter único del tributo de Jizya– a diferencia de los impuestos occidentales, el pago no garantiza la igualdad y la libertad al que paga, sino más bien sólo el permiso para vivir por otro periodo fiscal; la omisión de su pago conlleva la muerte.

Una vez más, es más bien análogo a un reo en libertad condicional que visita regularmente el puesto de policía o el funcionario de la libertad vigilada para registrarse.

Es diferente del caso de alguien en Occidente que se niega a pagar su impuesto por cualquier motivo; por quebrantar la ley es castigado, aunque debemos insistir, no con la ejecución.

Lo contrario es cierto con la jizya –el mismo tributo es un castigo, y el contribuyente vive en la permanente amenaza de ser castigado por su fe hasta que se convierta. En resumen, los no-musulmanes viven bajo una amenaza de muerte permanente.

Conclusión

Solamente mediante el más atrevido vuelo de la imaginación se podría considerar la situación de los no-musulmanes sometidos a la ley islámica como si ésta les otorgara igualdad ciudadana, digan lo que quieran los apologistas musulmanes.

Igualmente, sólo un salto de la fantasía podría imaginar que tal situación es algo deseable para los no-musulmanes.

El tributo jizya en particular demuestra la inferioridad constitucional y la humillación que otorga tal disposición legal. Para los no-musulmanes es más bien como caminar permanentemente bajo la espada de Damocles, a punto de ser derribados en cualquier momento.

Si los musulmanes desean que los cristianos y otras personas consideren atractivo el orden político islámico, sus eruditos harían mejor en emprender una profunda tarea de ijtihad para revisar los aspectos de jurisprudencia y legislación islámicas que son especialmente ofensivos para los no-musulmanes.

Por Walter Short

8.6.06

El MITO DE AL-ANDALUS


¿ERAN ESPAÑOLES LOS MORISCOS?

EL MITO DE AL-ANDALUS

Calificar de mito a una idea-fuerza cuya andadura y capacidad de arrastre cuenta más de siglo y medio entraña varios riesgos.
El primero, desde luego, reside en la dificultad de abrir brecha en la sedimentada muralla de tópicos acumulados en el remanso de quietud y ausencia de críticas. Y como tal embalse no carece de dueños y beneficiarios, la menor mella que se le inflija suscita respuestas airadas, ofendidos sentimientos y ninguna intención de matizar o revisar. Y de autocríticas ni hablemos. Pero digámoslo en pocas palabras: la imagen edulcorada de un al-Andalus idílico (se suele apostillar frecuentemente con la palabra paraíso; y, en árabe, al-firdawsal-mafqud, el paraíso perdido), donde convivían en estado de gracia perenne los fieles de las tres culturas y las tres religiones, es insostenible e inencontrable, apenas comenzamos a leer los textos originales escritos por los protagonistas en esos siglos.

No fue peor ni mejor -en cuanto a categoría moral, que sería la base sobre la cual levantar todo el edificio- que el resto del mundo musulmán coetáneo o que la Europa de entonces. Disfrutó de etapas brillantes en algunas artes, en arquitectura o en asimilación de ciertas técnicas y supo transmitir -y no es poco- el legado helenístico recibido de los grandes centros culturales de Oriente (Nisapur, Bagdad, El Cairo, Rayy, etc...). Y fue, antes que nada, un país islámico, con todas las consecuencias que en la época eso significaba.

Pero su carácter periférico, mientras existió, constituía una dificultad insalvable para ser tomado como eje de nada por los muslimes del tiempo. Bien es verdad que, una vez desaparecido, se convirtió en ese paraíso perdido más arriba señalado, fuente perpetua y lacrimógena de nostalgias y viajes imaginarios por la nada, de escasa o nula relación con la España real que, desde la Edad Media, se había ido construyendo en pugna constante contra el islam peninsular. Una lucha de supervivencia por ambas partes, con dos fuerzas antagónicas y mutuamente excluyentes, en oposición radical y absoluta y animadas las dos por sendas religiones universales cuyo designio era abarcar a la Humanidad por entero.

Es preciso decirlo con crudeza: si había al-Andalus, no habría España; y viceversa, como sucedió al imponerse la sociedad cristiana y la cultura neolatina. Pero si decidimos retomar la lira y reiniciar los cantos a la tolerancia, a la exquisita sensualidad de los surtidores del Generalife y a la gran libertad que disfrutaban las mujeres cordobesas en el siglo XI, fuerza será que acudamos también a los hechos históricos conocidos que, no siempre, son tan felices: aplastamiento social y persecuciones intermitentes de cristianos, fugas masivas de éstos hacia el norte (hasta el siglo XII), conversiones colectivas forzadas, deportaciones en masa a Marruecos (ya en tiempos almohades), pogromos antijudíos (v.g., en Granada, 1066), martirio continuado de misioneros cristianos mientras se construían las bellísimas salas de la Alhambra… Porque la historia es toda y del balance general de aquellos sucesos brutales (de su totalidad) debemos extraer las conclusiones oportunas.

Al recordar esa mínima antología del reverso de la moneda no estamos condenando a al-Andalus ni estableciendo juicio moral alguno -todos actuaban de la misma manera-, simplemente intentamos equilibrar la panorámica y despojarla de exotismo y de reacciones viscerales en uno u otro sentido,aunque, de modo inevitable, podamos preguntarnos muy fríamente si el retorno a la civilización europea grecolatina fue beneficioso, o no, para la Península Ibérica; si habríamos debido aplastar y ocultar -como se hace en el norte de África- el brillantísimo pasado romano; o si nos hubiera acaecido algo de cuanto de bueno se hizo en todos los aspectos desde 1492. Y también, en otro orden de cosas -muy, muy hispanas-, si tiene una lógica mínima que gentes apellidadas López, Martínez o Gómez, de fenotipo similar al de santanderinos o asturianos que no conocen más lengua que la española, anden proclamando que su verdadera cultura es la árabe. Si no fuera patético sería chistoso.

Antes de entrar en el fondo del asunto, debemos abordar una cuestión terminológica previa nada desdeñable. Me refiero a los equívocos de contenido creados y fomentados fuera de España en el uso de ciertas palabras a través de otras lenguas, en especial del francés. Lo que en este idioma se designa como "andalous" en español lo expresamos con dos términos netamente diferenciados: "andaluz" (habitante o perteneciente a la actual Andalucía) y "andalusí" (relativo a al-Andalus) que, a veces, matizamos diciendo "hispanoárabe", "hispanomusulmán", etc. O, de manera más genérica y popular, con la voz "moro", que hasta el siglo XIX significaba sólo "musulmán" y "habitante del norte de África", sin connotación peyorativa ninguna.

Pero el éxito de andalous en escritores e historiadores franceses (nuestro puente hacia la Europa del siglo XIX) ha contribuido en gran medida a difundir un concepto sumamente erróneo: la existencia de una continuidad racial, social, cultural y anímica entre los andalusíes y los andaluces. De ahí ha derivado la confusión entre Andalucía y al-Andalus, que incluso los políticos andalucistas radicales manejan en la actualidad como si respondiera a una realidad tangible. Pero las objeciones a tal pretensión son dos y decisivas.

La primera es que, en árabe, al-Andalus no significa "Andalucía" sino la Hispania islámica, fuera cual fuera su extensión (con la frontera en el Duero, siglo X, o en Algeciras, siglo XIV). La segunda, tan importante como la anterior, consiste en que la noción de Andalucía surge con la conquista cristiana del Valle del Guadalquivir en el siglo XIII y no aparece en los términos territoriales con que la conocemos hasta 1833 cuando la división regional y provincial de Javier de Burgos, todavía vigente, incorpora un territorio netamente diferenciado hasta entonces, el reino de Granada (Málaga, Almería, Granada y parte de Jaén) a Andalucía para formar una unidad administrativa mayor.
De ahí el absurdo de imaginar una patria andaluza cuya identidad se pierde en la noche de los tiempos, con Argantonio bailando flamenco y Abderrahmán (cualquiera de ellos) deleitándose con el espíritu de los futuros versos de García Lorca. Una mera medida administrativa ha generado un concepto identitario. Pero Andalucía era una cosa y el reino de Granada, otra, como lo prueba, hasta la saciedad y el aburrimiento, toda la documentación existente (burocrática, histórica, literaria o de viajeros foráneos).

En esta misma línea actúa el empleo de los términos "España" y "españoles" para denominar a al-Andalus y los andalusíes. Es una pésima traducción cargadísima de ideología, pese a no ser esa la intención de sus creadores y difusores primeros. Dozy, Lévi-Provençal, así como algunos historiadores y arabistas españoles del XIX, en el muy loable intento de acercar y hacer más próxima -y digerible- la historia y sociedad de al-Andalus, de cara a sus contemporáneos, se aplicaron a utilizar la palabra "España" (por al-Andalus), cuando representa un concepto político, social y cultural no sólo diferenciado de al-Andalus sino en abierta oposición con el mismo. Y cuya vigencia palpable y sólida arranca del siglo XV. Expresiones como "los moros españoles", "los árabes españoles" o, simplemente, "los españoles" (sin adjetivar y referido a musulmanes de al-Andalus) menudean en textos de historiadores incluso recientes (P. Guichard, R. Arié, B. Vincent). No se trata meramente de negar la condición de españoles (lo cual no es ni bueno ni malo) a los andalusíes, es que -y esto es lo principal- ellos no se consideraban tal cosa, a la que detestaban.

Somos conscientes de la dificultad de contrarrestar ideas enquistadas en la imagen exterior de España, pero estimamos nuestra obligación hacerlo, por antipática que resulte la misión. Y es que el Mito de al-Andalus se basa en imágenes repetidas de forma mecánica más que en experiencias o realidades comprobadas y comprobables. Los viajeros y escritores románticos ingleses y franceses en la primera mitad del siglo XIX dejaron petrificada una imagen de España (y en especial de Andalucía, como la región más pintoresca) que ni siquiera en su tiempo era reflejo de una realidad global, sino ensamblada con los elementos más exóticos y chocantes para quienes, ávidos de rarezas, acudían a la Península. Elementos llamativos que demandaba su público lector.
Nada de extraño tiene, pues, que Mérimée desdeñe toda la arquitectura del centro y norte de España por encontrarla "demasiado parecida a la suya y sin el verdadero carácter español". Naturalmente, el verdadero es el que él decide. Nadie niega que hubiera bandoleros, gitanas y sombreros calañeses: por supuesto que los había y ellos los veían, pero también contemplaban a su alrededor otras realidades mucho más numerosas y presentes -y cuya existencia acababan reconociendo de mala gana y en poquito espacio- pero menos atractivas y excitantes, por reconocerse a sí mismos en ellas en una proporción excesivamente incómoda.

Magia, misterio, tipismo verdadero… son los ejes de búsqueda de todo europeo que cruza los Pirineos hacia el sur, así Edmundo de Amicis (1872) refleja y reproduce bien el universo de tópicos establecidos por sus predecesores: "Todos los sombreros son de copa, y además bastones, cadenas, condecoraciones, agujas y cintas en el ojal a millares. Las señoras, al margen de ciertos días de fiesta, visten a la francesa. Los antiguos botines de raso, la peineta, los colores vivos, es decir, el traje nacional han desaparecido. ¡Qué mal queda el sombrero de copa por las calles de Córdoba! ¿Cómo podéis seguir la moda bajo este hermoso cuadro oriental? ¿Por qué no os vestís como los árabes? Pasaban petimetres, obreros, niños y yo los miraba a todos con gran curiosidad, esperando encontrar en ellos alguna de aquellas fantasiosas figuras que Doré nos representó como ejemplos del tipo andaluz: aquel moreno, con gruesos labios y grandes ojos. No vi a ninguno (…) ninguna diferencia con las mujeres francesas y con las nuestras; el antiguo traje típico andaluz ha desaparecido de la ciudad" (1).

Claro que el que busca, encuentra y el mismo Amicis, aliviado y triunfal, concluye: "…por los barrios de la ciudad [Córdoba], en donde vi por primera vez a mujeres y a hombres de tipo verdaderamente andaluz, tal como yo me los había imaginado, con ojos, colores y actitudes árabes" (2). ¿Podrá sorprendernos que los escritores románticos españoles, seguidores fieles a la sazón de la moda francesa, encontraran -y con más motivo, porque sabían mejor dónde buscar- pervivencias árabes por todos los rincones? Tan bien asimilan el mecanismo, se imbuyen de tal modo de la fórmula, que cuando Pedro Antonio de Alarcón desembarca en Marruecos en 1860, va tan tranquilo afirmando que los auténticos moros son los de los libros y la verdadera realidad la de la imagen corriente ("Era un verdadero moro, esto es, un "moro de novela") (3).

Y tampoco ha de asombrarnos que algunos notables historiadores y arabistas franceses continúen apegados a la idea de la España pintoresca, tal vez por deformación profesional, o quizás por el peso de una corriente emotiva de historia ya larga. Aunque debamos reconocer que escritores españoles -historiadores ya no- les han seguido y les continúan siguiendo en el mantenimiento de esas imágenes del pasado que un análisis matizado y en detalle de cada caso nos muestra como insostenibles. Pero información aportando datos y visiones de los hechos perceptibles, insiste y agiganta con sus enormes medios la perduración de ideas erróneas o, al menos, deformadoras de la imagen al enseñar aspectos muy parciales del conjunto.

Veamos un ejemplo significativo y de gran difusión: la revista Méditerranée Magazine, hace dos años, en un grueso folleto de propaganda turística dedicado a España ofrecía al final una pequeña lista bibliográfica de libros que se recomendaban a los futuros viajeros para que mejor puedan entender el país, la mentalidad, las motivaciones, etc… -empeño digno de aprecio—-pero las dudas comienzan al comprobar que de los catorce textos narrativos o descriptivos propuestos, diez son de escritores de los siglos XVIII-XIX (Gautier, Hugo, Mérimée, Dumas, Chateaubriand, Davillier, etc.) y en cuanto a las obras dedicadas al arte y cuya lectura se sugiere, todas están centradas en Andalucía, excepto una que se ocupa de Santiago. Creo que el ejemplo expresa bien la forma en que se realimenta una imagen determinada que, por otra parte, es la que el turista espera encontrar.

En ese paisaje de tópicos, pintoresquismo a toda costa y tipismo comercial, el mito de al-Andalus no lo es todo, desde luego, pero representa una proporción considerable al estimarse dentro y fuera de España que el elemento moro, la vieja presencia musulmana, significa el factor menos europeo, más extraño y llamativo de toda nuestra historia y, en puridad, así es. O así fue, porque una cosa es hablar del pasado o estudiarlo y otra muy distinta verificar qué queda de esos tiempos y en qué medida está —o estuvo— vivo en nuestra sociedad. Y en ese sentido, sí podemos referirnos al Mito de al-Andalus. Se impone, pues, enunciar ya nuestra propia visión de al- Andalus, pero somos conscientes de que también podemos incurrir en el monopolio de la verdad, ofreciendo otra imagen no menos verdadera y auténtica de ese período de la historia de la Península Ibérica.
Y este resquemor de abogado del diablo nos paraliza un tanto a la hora de enumerar, aunque resumido, todo un conjunto de hechos lo más objetivos posibles, en uno y otro sentido; y, sobre todo, en el momento de valorar, interpretar o someter a discusión las desmelenadas pretensiones mudejaristas de Américo Castro, coartada erudita principal de toda esa corriente.

Razones de espacio nos obligan a centrar la atención en dos aspectos que estimamos cruciales: uno que afecta a la vida misma de al-Andalus (la cuestión de la tolerancia) y otro que concierne a lo sucedido desde el siglo XIII (la población). No nos detendremos en otros aspectos no menos importantes, como las pervivencias romanas y visigóticas que, con toda lógica, encontraron y en gran proporción utilizaron en su propio beneficio los conquistadores muslimes del siglo VIII. Me refiero, por ejemplo, al empleo en arquitectura del arco de herradura que tanto éxito alcanzaría más adelante; o a la subsistencia de los sistemas de comunicaciones (las famosas calzadas romanas), o a la organización administrativa, así como a la continuidad de técnicas agrícolas romanas que los invasores (nómadas pastores) prohijaron y han pasado a la Historia de divulgación como de origen hispanoárabe, aunque sea innegable la aportación de los moros hispanos precisamente en la asimilación y desarrollo de esas formas de trabajo en horticultura (tomadas de nabateos, caldeos, egipcios, sirios, persas o… romanos) y en la importación de ciertos cultivos (cítricos, por ejemplo). Sobre todo ello hay abundante bibliografía y no parece oportuno extenderse ahora.

Cuando los arabistas españoles del siglo XIX comenzaron a ofrecer a su sociedad las primeras compilaciones históricas, traducciones y poemas resucitados de al-Andalus, sabían que el ambiente y el estado de ánimo de la población eran resueltamente contrarios a aquellos momentos históricos que ellos intentaban revivir. La narrativa romántica que había entrado por el mismo camino tenía una labor más llevadera porque, al tratarse de ficciones, el factor fantástico, ineludible guiño en toda relación entre autor y lector, permitía libertades y sugerencias fáciles de tolerar y asimilar.

Por añadidura, la tradición literaria que venía de los siglos XVI y XVII arrastraba el recuerdo de las novelas moriscas, de los romances fronterizos o de la poesía morisca, obras todas ellas de la pluma de escritores españoles cristianos viejos que habían creado ese motivo literario, por alejado que estuviese de que subsistían en el Siglo de Oro. Pero investigadores, historiadores y arabistas no lo tenían tan fácil, porque -al menos en apariencia- los materiales que ellos exhumaban chocaban con laidentidad admitida y entronizada como representante de la nación española. Su trabajo iba no poco a contracorriente y algunos de ellos debían hacer notables equilibrios y juegos malabares para compaginar su admiración por Isabel la Católica con su simpatía por los moriscos. De ahí que hasta fechas ya próximas a nuestra actualidad este gremio profesional haya pugnado por acercar aquellas reconstrucciones del pasado a la mentalidad de los españoles presentes.

El intento de hispanizar (y hasta europeizar en algún caso) -como veíamos más arriba- a los muslimes de al-Andalus forma parte de esa visión; la exhibición de virtudes superiores, también. Por ejemplo, la tolerancia. Sánchez-Albornoz (4) lo dice con claridad, pese a no ser precisamente, o tal vez por ello, un entusiasta de los moros: "Otorgaban a la mujer una singular libertad callejera de difícil vinculación con los usos islámicos; lo comprueban algunas noticias de El collar de la paloma de Ibn Hazm y varias conocidas anécdotas históricas. Y le concedían una consideración y un respeto de pura estirpe hispánica. Pérès ha señalado la situación dispar de las mujeres hispanas frente a las orientales. ¿De dónde sino de la herencia temperamental preislámica podía proceder esa gracia, esa súbita vibración psicológica preislámica podía proceder esa gracia,psicológica, esa espontaneidad de Ibn Quzmán cuyo nombre -Gutmann- y cuya estampa física -era rubio y de ojos azules- acreditan a las claras su estirpe hispano-goda?". La tolerancia, ya con las mujeres, ya con las otras confesiones religiosas, habría sido, pues, debida a su condición de origen español.

Pero es que del lado "árabe" o "musulmán", que resaltaba -y resalta- el carácter netamente árabe (al menos en el plano cultural) de al-Andalus y de todas sus glorias -auténticas o ficticias-, esa tolerancia vendría a demostrar la capacidad integradora del islam y su respeto por todas las creencias. Ambos enfoques vienen a coincidir en el resultado de comprensión propuesto: la sociedad de al-Andalus constituía un modelo de tolerancia, una isla irrepetible e inencontrable en la Europa coetánea, aunque las comparaciones -desde la perspectiva árabe- no suelen extenderse al resto del mundo. Sin embargo, lo más razonable parece ser aceptar que las situaciones fueron cambiantes, sujetas a condicionamientos políticos y económicos que obligaban a los emires a tolerar en aspectos secundarios a las minorías sometidas -que pagaban altos impuestos- pero marcando con claridad su status inferior y aplastándolas físicamente siempre que pretendían excederse o traspasar los límites establecidos.

O aunque meramente se sospechara. Y quizás sea preciso admitir de alfaquíes, ulemas y muftíes (digamos el islam oficial) con unos comportamientos, por otro lado, relativamente más abiertos, por las mismas necesidades de la vida diaria. A este respecto puede ser ilustrativa la postura de rechazo y prohibición de música y canto que encontramos en el sufí Ibn ‘Arabi al-Mursi o en el Tratado de hisba de Ibn ‘Abdun (siglo XII), en tanto gentes acomodadas, gobernantes y clases populares se deleitaban cuanto podían oyendo música o versos.

Pero no echemos las campanas al vuelo: la inexistencia de una música sacra en el islam o en su liturgia nos indica con nitidez que el peso de las posturas oficiales no es mero testimonialismo retórico. La ambivalencia de las situaciones respecto a las minorías es constante: por una parte médicos y recaudadores judíos o comes ("condes" )(5) cristianos que rondaban las altas esferas de poder, evidentemente por interés recíproco; por otra, una ideología dominante de desprecio y marginación de las minorías, bien expresada y sin tapujos por Ibn ‘Abdun en su Tratado ("Debe prohibirse a las mujeres musulmanas que entren en las abominables iglesias, porque los clérigos son libertinos, fornicadores y sodomitas" (6) ; "no deben venderse ropas de leproso, de judío, de cristiano, ni tampoco de libertino" (7) , etc.) y en consonancia con la prohibición de relacionarse amistosamente con cristianos y judíos (Corán, 5-56). Las famosas y muy jaleadas tres culturas de hecho vivían en un régimen de apartheid real en que las comunidades, yuxtapuestas pero no mezcladas, coexistían en regímenes jurídicos, económicos y de rango social perfectamente distintos, dando lugar -si alguna circunstancia política impelía a ello- a persecuciones muy cruentas, como la acontecida a mediados del siglo I X contra los cristianos, en tiempos de Abderrahmán II, o contra los judíos en el siglo XII, hasta el extremo de que cuando llega la Reconquista en el XIII a Andalucía, la región estaba "limpia" de ellos, deportados unos a Marruecos y fugados los otros a los reinos cristianos del norte.

Esa relación conflictiva, intermitente en sus manifestaciones pero latente de modo continuado, se extiende hasta los momentos finales, cuando ya el poder musulmán se había hundido, pero subsistente la ideología de confrontación: en las capitulaciones de rendición de Zaragoza (1118) ante Alfonso I el Batallador los moros exigen de manera explícita que, en ningún caso, ningún judío pueda desempeñar cargo ni autoridad alguna sobre musulmanes, misma condición que estipulan casi cuatro siglos después los moros granadinos en sus capitulaciones con los Reyes Católicos a fines de 1491. Y por esas fechas, el jurisconsulto (muftí) al-Wansarisi prohíbe a los musulmanes permanecer en territorio ganado por los cristianos por el riesgo que corrían de terminar abandonando el islam, aunque también hubo opiniones contrarias. En otros órdenes de la vida cotidiana las normas de separación y sometimiento fueron la tónica generalizada: prohibición de matrimonios mixtos, prohibición de montar caballo macho en ciudad habitada por musulmanes, vigencia de tabúes alimentarios o prescripción de ropas de distintos colores a los usados por los musulmanes con una finalidad claramente discriminatoria. (8)

Pero, para ser objetivos y situar estos fenómenos en su contexto, es preciso recordar que en la España cristiana triunfante y sucesora de al-Andalus, se reprodujeron las mismas normativas de separación y aplastamiento de las minorías sometidas. Por tanto, insistimos en lo indicado más arriba: nuestra meta no es lanzar condena moral ninguna contra al-Andalus, pero tampoco santificarlo, tan sólo contemplarlo con criterios más lógicos y normales, más ajustados a las realidades humanas.

Un último aspecto -decisivo para la pervivencia, o no, del mito de al-Andalus- es el de la población. A grandes rasgos y con muy fundamentados estudios poblacionales en la mano (obra de los profesores Ladero Quesada y González Jiménez) se puede afirmar que los actuales habitantes de Andalucía y de España en general no descienden de los musulmanes de al-Andalus sino de los repobladores norteños y francos (de distintas procedencias europeas) que los sustituyeron.

Por consiguiente, no hay continuidad étnica, cultural ni social, ni supervivencia de rasgos básicos de la Hispania islámica, por más que viajeros foráneos y españoles a la caza de pedigrees exóticos se hayan empeñado en hallarlos. Es cierto que algunos de los monumentos supervivientes (la Alhambra, la Giralda, la Mezquita de Córdoba), por su enorme impacto visual, pueden inducir a extraer conclusiones equivocadas; y no lo es menos que el cien por cien no existe en nada. Es decir, después de las expulsiones hubo mudéjares y moriscos que, o bien no salieron, o bien regresaron de modo encubierto y, por supuesto, proclamándose cristianos, pero su número imposible de cuantificar en cualquier caso debió ser exiguo, tanto por las dificultades de movimiento y comunicación como por las graves penas que arrostraban los contraventores.

En el momento del gran avance de la Reconquista en el siglo XIII, en las principales ciudades (Sevilla, Córdoba) se forzó a los pobladores musulmanes a abandonarlas, mientras se permitía la permanencia en las áreas rurales, sobre todo de Sevilla y Huelva, hasta la gran revuelta de 1264 en que se comenzó la repoblación también de esos territorios , así como de Murcia, por la falta de confianza que suscitaban los moros restantes y su negativa fija a integrarse en la sociedad cristiana.

Hay que aclarar que la despoblación de musulmanes vino, desde el siglo XIII hasta el XVII, por dos vías diferentes pero complementarias: coerción por parte de los conquistadores cristianos (directa, o indirecta por medio de impuestos insostenibles) y abandono voluntario por no querer los musulmanes quedar bajo dominio cristiano. Las fatwas -cuyo paradigma son las de al-Wansarisi ya citado- en este sentido influyeron no poco en la decisión de marchar y el lento despoblamiento del sur durante los siglos XIV y XV conduce a que en los albores del siglo XVI los musulmanes ( mudéjares) del reino de Castilla sólo sumaban unas 25.000 almas y en Andalucía occidental unas 2000.

A partir de la toma de Granada en 1492 la política de la Corona alternó medidas de facilitar la salida voluntaria con la prohibición de hacerlo y, finalmente, con el decreto de expulsión(1609). La actitud de los musulmanes, por razones fáciles de comprender, tampoco estaba bien definida ni era unívoca y mientras unos se apegaban a la tierra, a sus negocios y propiedades, otros se fugaban en masa hacia el norte de África. La interdicción de emigrar de 1500 o de que los moriscos viviesen cerca del mar (obligándoseles sí como la paralela a portar salvoconductos para andar por las riberas) no pudieron impedir que numerosos pueblos de Málaga, Granada, Almería, Valencia, Alicante se escaparan enteros, por lo general con la ayuda de los piratas berberiscos.

Sin embargo, la gran sublevación de las Alpujarras (1568) forzó a otro cambio de rumbo, esta vez decisivo: se empezó a sopesar algo hasta entonces rechazado: la expulsión de los subsistentes, consumada entre 1609 y 1614. El resultado fue la repoblación con norteños y la desaparición de vestigios vivos que pudieran remontarse al pasado, un proceso, en todo caso, mucho más lento que el de la volatilización de los cristianos neolatinos tras la conquista musulmana del norte de África.

Por último, y para acabar de delinear el panorama, debemos recordar algo que con mucha frecuencia se pasa por alto: los movimientos de población, en todos los sentidos de la Rosa de los Vientos, dentro de España a lo largo de los siglos XVIII y XIX fueron constantes, por trashumancia, minería, trabajo agrícola estacional. Y, finalmente, por la industrialización del siglo XX. De ahí que la cohesión étnica y cultural de España sea un hecho irrebatible, por más que mitos de una u otra procedencia traten de crear impresiones más próximas a la fantasía que a cuanto podemos estudiar y observar.

Serafín Fanjul
Catedrático de Literatura Árabe de la Universidad Autónoma de Madrid


(1) Edmundo de Amicis, España. Diario de viaje de un turista escritor. P. 241 y ss. Madrid, 2000.
(2) Ibidem, p. 248.
(3) Pedro Antonio de Alarcón, Diario de un testigo de la guerra de África, 1860, vol I, p. 214, Madrid, 1942.
(4) C. Sánchez Albornoz, El islam de España y el Occidente, p. 65-66. Madrid, 1974.
(5) De hecho, jefes de la comunidad cristiana que dependían directamente del emir.
(6) Ibn ‘Abdun, Sevilla a comienzos del siglo XII (Tratado de hisba), p. 150. Madrid, 1948.
(7) Ibidem, p. 154.
(8) al-Wansarisi, al-Mi’yar al-mu’rib wa-l-yami’ al-mugrib ‘an fatawi ahl al-Andalus wa-l-Magrib, vol. VI, p. 421. Rabat-Beirut, 1981.

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