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23.11.07

Multicultural Londonistán

¿El mañana les pertenece?

Una investigación del Times ha descubierto que una agresiva secta islámica domina en la actualidad la mitad de las 1.350 mezquitas de Gran Bretaña.

¿Recuerdan aquella escena de la película Cabaret? Dos amigos frivolizando en medio de la ascensión nacionalsocialista…
“¿Todavía piensas que podréis controlarlos?”, le pregunta el británico a su amigo alemán, tras la canción del joven hitleriano…
En el corazón de la Europa liberal todavía creen que tienen la sartén por el mango. Pero, en algún lugar, un poder susurrante espera su momento.

El “Times” descubre que una secta islámica radical controla la mitad de las mezquitas británicas

Se trata de la secta sunita Deobandi. Un movimiento ultraconservador islámico que, entre otras cosas, dice que un musulmán que cultiva la amistad con cristianos, judíos o hindúes, ensucia la doctrina de Mahoma, y llama a sus fieles a derramar sangre por Alá.

Diecisiete de los veintiséis seminarios islámicos que hay en Gran Bretaña, subvencionados todos ellos por el Gobierno, están controlados por esta secta, que produce el 80% de los clérigos musulmanes de Gran Bretaña, según el artículo de Andrew Norfolk en la sección “Faith” del diario británico.

A su vez, en el Daily Telegraph, Philip Johnston y el corresponsal del periódico para Asia del Sur, Peter Foster, descubrían en un artículo que uno de los cuatro hombres sentenciados el pasado mes de julio por el complot terrorista frustrado tras el atentado del 7 de julio en los transportes de Londres, estaba ligado al grupo misionero islámico Tablighi, relacionado con la secta Deobandi.

La red o las redes de ONG’s relacionadas con el integrismo islámico están, de hecho, aún por investigar. No se trata de una, sino de decenas de ONG’s en el país conectadas con cientos en el extranjero.

El problema no es sólo la violencia

Una nota personal de este corresponsal. Esta misma mañana, camino de mi casa, en el noroeste de Londres, veo a dos chicas con velo “buzoneando” propaganda. La leo: North Harrow Community Centre… Se trata de una iniciativa -y cito textualmente- para combatir la fragmentación de la comunidad local, promoviendo la integración en la sociedad multicultural donde vivimos. El millonario desarrollo del centro está siendo promocionado por la Battlers Well Foundation, una organización misionera musulmana que trabaja en Irak, Pakistán y Líbano.

Maravilloso, ¿verdad? Los buenos musulmanes (porque éstos no creo que sean todos terroristas) vienen a ayudar a los pobres de espíritu y decadentes occidentales a crear una nueva sociedad, fundada en el respeto… y llena de inmigrantes asiáticos y norteafricanos con sus mezquitas. Pero es que, si no nos vuelan las pelotas, no nos molesta irnos al garete. La cosa es irse despacito y sin dolor.

Cuando ver a una mujer blanca (facciones anglosajonas y ojos azules) con velo y traje islámico empujando un carrito con un bebé mestizo, deja de ser anecdótico… Cuando ya no se trata sólo de la mezcla racial, sino, además, de la conversión cultural, el que te maten de un bombazo o de un abrazo te parece lo mismo. Y moriremos diciéndolo, apoyados en nuestro pilum mientras la lava del destino se acerca irremisiblemente.

¿Cómo pueden varias culturas sobrevivir en un mismo suelo sin tratar de imponerse unas a las otras, sobre todo cuando éstas son antagonistas? La única manera de que exista integración es que haya una cultura a la que integrarse, que permanezca directora, regente y hegemónica. Y se ve que la sociedad de consumo no puede someter a ciertas culturas, como ha sometido y diluido a la nuestra.

Y lo ha dicho el ex ministro italiano Gianni Alemanno: hay que dejar de sentirse viejos y en decadencia, y dejar de buscar esperanza en el extremo Oriente o el extremo Occidente; hay que reafirmar la propia identidad europea.

Las palabras sin vida: Europa y Occidente

No me malinterpreten. Los museos están llenos. Las catedrales están ahí. Hay nieve en las montañas. Los muchachos tienen músculos jóvenes y las muchachas vientres fértiles. Sí. Europa y Occidente tienen un pasado hecho, y un futuro… en potencia. En potencia, y no de hecho, porque el futuro no está escrito ni garantizado. El mañana pertenece a los que luchan por un mañana en el presente.

Hoy, como en otros momentos de la historia europea, vivimos tiempos recios, en los que nos jugamos la existencia de un futuro para los niños y niñas europeos. Un futuro relacionado con aquella Europa cuya cuna defendieron Leonidas y sus 300 en las Termópilas (que nadie piense que esa historia ha resucitado ahora por casualidad).
Aquella Europa de ojos que miraban al Universo y que dio forma al mundo con Roma. Esa Roma que más tarde extendió el mensaje de Cristo, convertido en Cruz Espada de justicia. Y también, la Europa del Renacimiento, la Modernidad y todas sus posibilidades, no sólo las negativas.

Hay que recordarla, vivirla y hacerla valer con nuevas formas en el presente, porque vale, y sobre todo, porque es nuestra. De otro modo, otros ocuparan nuestro lugar en la historia. Porque en la Naturaleza no existe el vacío.

Debemos de estar locos

Como dijo el ex secretario británico John Enoch Powell en su discurso “Rivers of Blood”: debemos de estar locos, literalmente locos…

Convivimos con aquellos que no piensan en otra cosa, más que en nuestra destrucción, por activa o por pasiva, en nombre de la libertad y la tolerancia.

Apoyamos el aborto y denigramos la familia, al mismo tiempo que promovemos el aflujo de inmigrantes con sus numerosas familias.

Despreciamos a nuestras iglesias, al mismo tiempo que subvencionamos mezquitas.

Pedimos menos competencias para el Estado que representa a la nación o el continente (en el caso de la UE), para que aquéllas pasen a corporaciones financieras internacionales que representan un capital sin nombre ni rostro.

Devoramos todo a nuestro paso, en esa carrera de huida de la realidad llamada consumo, sin pensar en lo que dejaremos a los que han de venir.

El fin no ha llegado aún

¿A alguno le gusta la mitología actual? Pues cito al mismísimo Aragorn de la trilogía de Tolkien:

“…Veo en vuestros ojos el mismo miedo que encogería mi propio corazón. Pudiera llegar el día en que el valor de los hombres decayera, en que olvidáramos a nuestros compañeros y se rompieran los lazos de nuestra comunidad, pero hoy no es ese día. En que una hora de lobos y escudos rotos rubricaran la consumación de la edad de los hombres, ¡pero hoy no es ese día!¡En este día lucharemos!¡Por todo aquello que vuestro corazón ama de esta buena tierra, os llamo a luchar, hombres del Oeste!”

¿Demasiado abismal?
Sin embargo el abismo existe, y cada día se hace más grande.
Será porque están ustedes mal situados para ver el abismo que yo veo aquí, en la multicultural Londonistán:


Las alcantarillas de Londonistán (Retrato de paisaje)

Saliendo de la clase de italiano, en Londres, me encontré con un llamativo anuncio en el pasillo. Era sobre una conferencia titulada: “Ascensión y caída de las naciones”. Interesante temática para un instituto de secundaria en nuestros días, ¿verdad? Para que vean que “nuestros jóvenes” no solo piensan en tonterías…

Más interesante aún, aunque cambiara la impresión inicial, es que la conferencia se realizaba en una mezquita local y, aunque se trata de un suburbio londinense y no de una ciudad asiática, los alumnos son mayoritariamente pertenecientes a “minorías” étnicas, africanos y asiáticos sobre todo.

Era la segunda vez que me encontraba con un anuncio de este “sector de opinión”. El primero fue acerca del conflicto árabe-israelí en Palestina. Sin embargo, dudo mucho que en otros centros de educación londinenses de mayoría blanca, europea o nativa se traten semejantes temas, en el contexto europeo: identidad, amenazas, conflictos, pasado, presente, futuro… De hecho, se evitan las Cruzadas, por ejemplo, para no herir sensibilidades.

Y bueno, algunos dirán que no es para alarmarse, que Europa sigue gobernada por los europeos, que sólo es reacción de los sectores desfavorecidos por la “falta de integración”… Y dirán también, con autosuficiencia y soberbia, que el MI5 ya los tendrá fichados, y que si intentan algo violento, les echarán el guante antes de que lo consigan.

Sin embargo, no es la represión la solución que me viene a la mente cuando veo a los jóvenes inmigrantes de todo el mundo extraeuropeo sublimar su natural rencor de inadaptado social en fe religiosa y sueños de Imperio Islámico. No. Inmediatamente me giro hacia “los míos” con ojos de sargento cabreado ante la desidia de la soldadesca y la dispersión de los oficiales…

Sí. Estamos en guerra, sólo que no se nota mucho… no se nota por culpa de “La Paz”.

Otros creen que si todo el mundo alcanza la “calidad de vida” y se desarma a los individuos de su necesidad de trascendencia, todo arreglado… Tareas, la primera, de dudosa estabilidad, y la segunda, imposible.

A dos minutos de aquí, subiendo la colina, se encuentra Harrow, la escuela donde estudió Sir Winston Churchill, en el municipio que representó Sir Oswald Mosley en el Parlamento, al inicio de su carrera política.
Allí los niños, no sólo anglosajones, sino cualquiera que pueda pagar las carísimas matrículas, se preparan para ser “élite”. Los pequeños patricios son educados en un régimen que mantiene pocas formas, y supongo que algo en el espíritu, de aquel Imperio de mercado y razones científicas.

Pero en las alcantarillas ya no hay gente con la misma fe y sangre, sino caras extrañas que se agrupan en legiones nihilistas o tras la espada del Islam. Frente a ellos: más nihilismo.

Por Curzio Malatesta
(Londres)


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