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30.5.07

Cuando veas arder las sinagogas...

La lección de la historia, repetida a lo largo de siglos, es que donde arden las sinagogas, pronto arden las iglesias. Hace apenas un año, las sinagogas abandonadas de Gaza eran profanadas y quemadas. No hubo ninguna condena, excepto por parte de aquellos de nosotros que sabíamos que una sociedad que prende fuego a una sinagoga también secuestra, asesina y siembra el terror.

Hubo poco lamento por las bellas casas de oración que fueron atacadas por tumultos enfurecidos, excepto por parte de aquellos de nosotros que sabíamos que lo que apareció ese día en Gaza era que la gente estaba convencida de haber ganado. Vieron la retirada como el inicio de su victoria; la debilidad como su fuerza. Lo que hicieron con las sinagogas lo harían con las iglesias una vez se proporcionase "el motivo".

Lo que sale de Gaza, de Irak, de Afganistán, es un movimiento encaminado a llevar al Islam al gobierno del mundo.
Este movimiento es tan intolerante que un dibujo es suficiente para incitar al asesinato, y una palabra errante es suficiente para justificar disturbios y la reducción a cenizas de lugares sagrados. El mundo cristiano y el mundo judío se resisten a reconocer estas verdades porque son tan desagradables con respecto al mundo que queremos creer que existe como el fichado racial.
No nos gusta la idea de que es posible determinar la amenaza que supone alguien basándose en su apariencia étnica. Es racista. Está mal.

Aunque ninguna anciana judía de 67 años tenga planes de secuestrar aviones o volar edificios por los aires, siendo justos, debemos detenerla y registrarla igual que a un varón musulmán joven. Y si, durante el tiempo que nos lleva registrar a ésa anciana, Abdaláh o Mohammed logran atravesar de rositas el control de seguridad y vuelan algo por los aires, al menos tenemos nuestra humanidad. Por lo menos no señalamos a todo un grupo étnico. Puede que tengamos treinta funerales a los que asistir, pero tenemos nuestra humanidad.
No obstante, este concepto está desapareciendo conforme pequeños "errores" provocan reacciones violentas en el mundo musulmán, y al margen de cómo intentemos comprender o justificar, la idea en el fondo es simplemente que nosotros, los del mundo occidental, no actuamos de esa manera. No montamos disturbios cuando se nos insulta; no prendemos fuego cuando se nos molesta.

Primero fueron unas viñetas en Dinamarca que mostraban una caricatura de la cara de Mahoma. De mal gusto y trasnochado. ¿Pero justificación de un crimen? No en el mundo occidental.
Pero en el mundo árabe, fueron suficiente para provocar disturbios y llevar a varias muertes y una recompensa de un millón de dólares por la cabeza del viñetista. Llamativamente, cuando toda una exhibición "artística" de viñetas contra Israel ridiculizando el Holocausto era convocada oficialmente en Irán hace poco, no hubo disturbios en el mundo, no hubo edificios ardiendo, no hubo amenazas de muerte. Vaya usted a saber porqué.

Cuando el Presidente de Irán hace llamamientos a la destrucción de Israel, y presumiblemente a los casi 6 millones de judíos dentro de sus fronteras, no hay disturbios, no hay amenazas de muerte, no hay mezquitas ardiendo ni periodistas secuestrados.
Cuando los judíos son atacados en Rusia, Francia, la ex-Yugoslavia, Inglaterra o Bélgica, no hay manifestaciones violentas, ni disturbios ni amenazas de muerte.

Ahora el Papa ha mencionado unas cuantas palabras, quizá trasnochadas o quizá mal elaboradas, pero el resultado es el mismo. El mundo árabe está en llamas. A pesar de las palabras de calma del organizador de la manifestación de Yakarta de que "nosotros los musulmanes no tenemos carácter violento", la violencia parece prevalecer. Varias iglesias de zonas palestinas han sido incendiadas.

El representante en funciones del Primer Ministro turco decía que el Papa "va a pasar a la historia en la misma categoría que líderes como Hitler o Mussolini". Hitler fue responsable del asesinato de 10 millones de personas al menos, según las estimaciones más modestas. Su aliado próximo, Mussolini, establecía una dictadura fascista en Italia.

Tener un líder islámico que compara al Papa con estos hombres perversos ayuda a arrojar luz sobre la presente guerra propagandística encaminada a retratar a los musulmanes como víctimas en lugar de como agresores.
Pero la realidad se encuentra en las llamas de las iglesias, las balas disparadas al aire, y las bombas incendiarias lanzadas en Gaza. El año pasado, el mundo permaneció en silencio ante la atrocidad de sinagogas reducidas a cenizas. Apenas un año después, la lección se repite.

*Paula R. Stern es profesora adjunta de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad de Columbia y periodista freelance. Sus artículos han aparecido en The Washington Post, The New York Times o el Miami Herald.


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29.5.07

Europa y EUA: multiculturalismo y Unilateralidad


Cómo Europa y América se enfrentan a su futuro y al Islamismo: la auto-negación multicultural o la lucha unilateral.

Desde el 11S y el 11M en Occidente hay básicamente dos actitudes político-sociológicas. Por un lado, una amalgama de negacionistas, cesionistas-apaciguadores y multiculturalistas. Por otro lado, encontramos a aquellos que están dispuestos a mirar cara a cara al enemigo interno y externo -el nacionalismo y el islamismo- y a enfrentarse con ellos.

Los primeros niegan que estemos en una guerra global. Pero dado que el ataque a Occidente es un hecho real y tangible echan la culpa sobre todos nosotros y nuestros valores. Insisten en que hay otras sociedades con otras culturas que históricamente se han visto machacadas por Occidente. Y esto se propaga como una verdad incuestionable. Por lo tanto lo que Occidente debería hacer es pedir perdón y ceder a las pretensiones políticas, culturales y mentales de esas otras sociedades, culturas y religiones. Sólo así se puede apaciguar tanto odio contra Occidente y poner fin a los problemas.

En base a estos postulados la amalgama de negacionistas, cesionistas-apaciguadores y multiculturalistas reclama un nuevo modelo cultural: la alianza de civilizaciones y la equiparación e igualación de culturas, valores y tradiciones. Alcanzada esta meta al fin se viviría en una indefinida "paz cósmica": la Nueva Era.

El éxito cultural, social, económico y político de esta propuesta reside en que mediante ella es posible suprimir del consciente y subconsciente -individual y colectivo- la enorme zozobra y turbación que pudiera ocasionar el espectro de una guerra global sin límites geográficos y temporales. Las consecuencias de esta conducta son muy graves: se subvierten y se eliminan nuestras raíces judeocristianas, produciéndose el vaciado cultural que lleva al colapso y, finalmente, al derrumbe de Occidente.

Ante el islamismo en la Unión Europea domina la mentalidad cesionista-apaciguadora y multiculturalista, tanto entre las elites políticas y económicas como entre la población. Sin embargo en Estados Unidos todavía hay importantes sectores que se resisten a ceder posiciones ante esta ruina cultural. A Europa le falta lo que Estados Unidos aún tiene: la conciencia de que las raíces de su ser residen en los valores judeocristianos y la convicción de que a esto no se puede renunciar.

Los datos son bien claros: los Estados Unidos cuentan con una población de 280 millones de personas, un PNB de 7 billones de dólares y emplea en defensa más de 272 mil millones de dólares. Mientras la Unión Europea, abarcando una población de unos 375 millones de personas y con un PNB cercano a los 10 billones de dólares, apenas gasta 130.000 millones de dólares en defensa. Además la Unión Europea rechaza equiparar su presupuesto militar al de los Estados Unidos y reacciona ceñuda y airadamente ante cualquier propuesta militar y de defensa que provenga del gobierno norteamericano.

Esta es la situación que ha obligado a los Estados Unidos a realizar intervenciones militares en diversas partes del mundo casi en solitario y de modo unilateral bajo la doctrina de la anticipación. Ante el cesionismo europeo Estados Unidos ha optado por derrotar al enemigo y occidentalizarlo. Al contrario que la Unión Europea, Estados Unidos ha optado por defenderse por lo que al mismo tiempo está defendiendo a Occidente. Para ello ha proyectado crear un Gran Oriente Medio. Y pretende hacerlo realidad incluso en solitario si fuese preciso.

Esta Grand Estrategy norteamericana se sustenta sobre un pilar primordial: acabar con los regímenes islamistas y levantar estructuras políticas basadas en mentalidades guiadas por los valores y principios de la democracia liberal. Este ideal no es nuevo. Ataturk lo llevó a cabo en Turquía. También se desarrolló con éxito en Alemania con el plan de desnazificación y en Japón con los programas reeducación. Por lo tanto pretender generar un cambio mental y cultural en la Umma no es una fantasía ni un sueño. Requiere convicción, fortaleza, templanza y también justicia y prudencia. Y capacidad para soportar y vivir el sufrimiento.

En contraposición, la Unión Europea -y su sociedad- no está dispuesta a realizar sacrificios por lo que ha renunciado a sí misma. A corto y medio plazo es más sencillo, menos costoso y doloroso pactar con el enemigo y ceder. Alianza de Civilizaciones, lo llaman los políticos europeos. Este es el camino directo al abandono de los principios que constituyen la base de toda sociedad libre y democrática.

Sin embargo Europa no siempre ha sido así. La, antiguamente llamada, Cristiandad no fue un mundo y una cultura negacionista de sí misma ni cesionista ante sus enemigos. Durante la Edad Media Europa fue un mundo de continuado renacimiento y de permanente defensa audaz de su propio ser greco-romano y cristiano frente a la amenaza del Islam. Éste fue también el espíritu que suscitó la decisión de emprender las Cruzadas llevando la defensa de la Cristiandad al territorio conquistado por el Islam. Esta acción estuvo sostenida por la conciencia colectiva de Recuperatio de lo que hasta no hacía mucho había sido parte del mundo greco-romano y judeocristiano: el Mediterráneo ocupado por el Islam desde España a Palestina.

Se podrían poner infinidad de ejemplos donde todo esto es bien evidente pero baste con señalar algún caso, como la arenga de Luís Portocarrero (cuñado del Gran Capitán Fernández de Córdoba) en la defensa de la ciudad de Alhama, a punto de sucumbir al cerco de los muslimes (1483):

"Avéis demostrado fasta aquí devoçión y esfueço en la defensa destos muros" y "vençidos ya de flaqueza ¿por qué lugar os parece que podemos salir para salvar la vida?". "Si solo por miedo desamparásemos estos muros con razón seríamos llamados homes livianos que a todo se ofrecen sin deliberación y se retraen sin vergüenza queriendo antes la afrenta" que morir "faciendo nuestro dever" "dando buena cuenta a Dios de nuestras ánimas". "¿Qué, pues, falleçe aquí salvo esfuerço de buenos homes y devoción de buenos cristianos para pelear en defensa de nuestra Fe y de nuestra Ley? "Vos aseguro que devemos morir defendiendo Alhama, y no vivir cautivos de los moros", "devemos tener firme esperanza que ni Dios desamparará a su pueblo, ni nuestro rey olvidará a su gente".

Nosotros somos herederos de esto, es lo que nos hace ser occidentales y nos conforma como Occidente. Un único bloque de civilización, una unilateralidad. Burke lo tenía muy claro. Entendía Europa como una gran comunidad de naciones con una herencia moral y jurídica común. Herencia que no es otra que los principios de la libertad individual con moral y responsabilidad, fundamentado todo ello en el Imperio de la Ley y en los valores cristianos. Y estos principios son el cimiento de las Instituciones Civiles.

Por eso creo que es reversible el camino de pugna que la Unión Europea lleva contra los Estados Unidos desde que este decidió intervenir en Irak. Creo que es posible transformar la mentalidad cesionsita y multicultural, tan dominante actualmente en Europa, por otra de firmeza en la defensa de nuestros valores y principios. Creo que es posible reconstruir la mentalidad de que Occidente forma un único bloque, una unilateralidad. El reto que los europeos tenemos por delante no es sólo ayudar a los Estados Unidos a propagar los principios liberales y cristianos en la Umma sino también, y principalmente, irradiarlos en nuestra propia Tierra de Europa.


Publicado en American Review
Por Antonio R. Peña Izquierdo

28.5.07

Algo se mueve en el mundo árabe


EL RADICALISMO ISLÁMICO, EN EL DISPARADERO

Una de mis mayores y más frecuentes críticas al mundo árabe es que no ejerce la autocrítica. Una de las más graves debilidades del liderazgo, la intelligentsia y la masa árabes ha sido su seguimiento, ciego y temerario, del extremismo.

Si bien se encuentra fracturado y profundamente dividido, el mundo árabe ha estado siempre presto a mostrarse ante el resto del planeta como un frente unido y cohesionado. Pero ahora, súbitamente, vemos que tal fachada presenta grietas. Así, se escuchan voces, en la prensa y en el espacio público, que hablan con amor del pueblo pero critican el rumbo que ha adoptado el mundo árabe.

El fundamentalismo islámico está siendo sometido a castigo por hacer del árabe un mundo violento, y se le está culpando de alterar el tejido de la vida árabe y de convertir cada faceta de la misma en un acto de destrucción. Asimismo, se le está recordando que no es la única, ni la definitiva, fuerza de decisión en lo relacionado con la vida, el estilo de vida o la diplomacia árabes.

La intimidación está dejando de tener efecto, y el temor a destruir el mito de la unidad árabe se está desvaneciendo. El miedo a que el mundo árabe quede subsumido por completo en la violencia y la destrucción ha alcanzado tal envergadura que ya no es posible acallarlo. Al abrazar la violencia y convertirla en la primera herramienta para la resolución de conflictos, tanto en el interior como en el exterior, la imagen del mundo árabe no sólo ha empeorado a ojos del resto del planeta, sino a ojos de los propios árabes.

Hosni Mubarak, referente y consejero político de buena parte del mundo árabe, ha sido el primero de los líderes árabes en reconocer que el islam ha adoptado un derrotero equivocado y en pronunciarse a favor del cambio. Mubarak difundió recientemente su mensaje a través de los medios egipcios. Así, y ante las cámaras de televisión, el rais, un tipo sin pelos en la lengua, dijo:

¿No deberíamos los musulmanes asumir una parte de responsabilidad por esas ideas erróneas que se difunden sobre el islam? ¿Hemos cumplido con nuestro deber de corregir la imagen del islam y de los musulmanes? ¿Qué hemos hecho ante un terrorismo que se cubre con los ropajes del islam y atenta contra la vida de la gente?

En esencia, Mubarak estaba diciendo a sus homólogos musulmanes, y a todos sus correligionarios, que el futuro del mundo árabe está en sus propias manos, que los árabes deben asumir un papel de primer orden en la visión que de ellos se tiene en el resto del planeta, que no han hecho nada por plantar cara a los asesinos de gente inocente y que, en vez de esto último, han apoyado a los terroristas apoyando a los radicales islámicos. Mubarak se decantó por un lenguaje duro para definir con claridad una realidad todavía más dura.

Con todo, aun más reveladoras –y mucho más sorprendentes que las críticas de Mubarak– son la preocupación y la condena expresadas por el Dr. Ghazi Hamad, uno de los principales portavoces de Hamás. Sí, de Hamás. En un artículo bastante crítico publicado en el semanario palestino Al Ayam, Hamad se planteaba algunas preguntas, muy sentidas y razonadas, que dejaban en muy mal lugar a su propia sociedad. Así, le reprochaba haber abrazado la violencia como medio de vida y permitido que la fuerza suplantase a las demás formas de expresión:

¿Realmente somos una sociedad violenta? ¿Estamos enfermos del mal crónico de la violencia? ¿Nos hemos convertido en gente que cree que sólo mediante la violencia, con una bala, un obús, un panfleto incendiario o una salva de insultos, pueden resolverse todos sus problemas?

Verdaderamente, se trata de una de las escasísimas veces, en mucho tiempo, que doy con un material de esta naturaleza procedente de Oriente Medio. Hasta la fecha, la mejor y más seria autocrítica procedía de musulmanes expatriados que hablaban o escribían desde la seguridad que les brinda Occidente, para el principal periódico árabe (radicado en Londres), la cadena Al Yazira o el New York Times.

El mundo musulmán ha sucumbido a su propia violencia. El radicalismo islámico propugnó que la respuesta al mundo no musulmán fuera la violencia y lo consiguió. Pero ahora la violencia se ha esparcido y ha devorado al mundo al que se suponía iba a proteger.

El terror y la violencia islámicas continuarán persiguiéndonos en Occidente, pero primero perseguirán y destruirán la cultura y la sociedad árabes. Primero harán que el mundo árabe implosione y se autodestruya.

La amenaza de la violencia islámica contra el mundo occidental es real, pero no existencial. La verdadera tragedia es que el mundo islámico ha dado tanto valor al sobadísimo mito de la unidad árabe por encima de todo que lo ha dotado de poder para destruir el valor de la vida humana.

MICAH D. HALPERN, especialista en Oriente Medio y fundamentalismo islámico y autor de WHAT YOU NEED TO KNOW ABOUT:TERROR

26.5.07

Un desertor de la Jihad descubre Arabia Saudita

La historia, publicada en el "Sunday Times" de Londres del 21 de abril 2007 es tan curiosa como inquietante. Está firmada por Ed Hussain, presuntamente un seudónimo y su autor confiesa que hace pocos años era un ardiente islamista.

El articulista no da demasiados detalles de su vida privada, pero de su relato se infiere que vive en Londres, está casado con una británica y viajó a Arabia Saudita en misión del "British Council".

El ex militante islámico comienza por señalar que, junto con su esposa, disfrutó mucho de su nuevo y lujoso régimen de vida en Jedda: un jeep reluciente, dos piscinas, ayuda doméstica y un salario libre de impuestos. Pero su primera decepción tuvo lugar en una visita al barrio de Karantina donde vio la miseria abyecta de negros sudafricanos que viven en Arabia Saudita sin pasaportes y están alojados en chozas miserables. En ese momento recordó que Gran Bretaña, su país, había dado refugio a miles de africanos negros de Somalia y Sudán, que tenían sus mezquitas, podían llevar libremente su vida religiosa y habían recibido viviendas del Estado.

Ante esa realidad, sus sueños juveniles de la umma (comunidad islámica) le parecieron fantasiosos. Solo en el confort de Gran Bretaña los islamistas podían plantear eslóganes utópicos acerca de un solo gobierno y un estado en constante expansión para una comunidad musulmana única. La realidad árabe racista nunca aceptaría a blancos y negros como iguales.

Hussain llegó a la conclusión de que el racismo forma parte integral de la sociedad saudita. Sus estudiantes solían emplear términos despectivos para los negros africanos. Incluso árabes de piel más oscura eran considerados inferiores a los de piel más clara.

Pero no menos que el racismo le chocó el abismo entre hombres y mujeres en la sociedad. Le sorprendió el acoso a su mujer ; aunque vestía de acuerdo a la usanza musulmana con una larga "abaya" negra y se cubría el pelo con un velo, cuando le dejaba sola en el supermercado por unos minutos, los hombres que pasaban le susurraban obscenidades.

Entre otros casos de horror le contaron la historia de un trabajador filipino que había traído a su novia para vivir con él. Después de visitar una zona comercial, tomaron un taxi a casa. A mitad de camino, el chofer saudita se quejó de que el coche tenía un desperfecto y le pidió al pasajero que bajara a empujarlo. Cuando el filipino bajó para acceder al pedido, el saudita escapó con el coche a toda velocidad. Meses después, el trabajador filipino no tenía noticias de su novia. Las historias del rapto de mujeres son comunes en un país en el que los jóvenes están agobiados por la frustración sexual. En ocasión del casamiento de un amigo saudita en un hotel de lujo, las mujeres temían salir de sus habitaciones por temor a ser secuestradas por los guardaespaldas de un príncipe saudita que también se alojaba en el hotel.

¿Acaso el velo y la segregación de las mujeres no impedía la promiscuidad? Al contrario, le aseguraron sus amigos, son las estrictas normas islámicas las causantes de la frustración sexual de la juventud.

Hussain cuenta que el British Council introdujo el acceso libre a Internet con fines educativos. En pocos días los estudiantes habían bajado la más obscena pornografía de lugares prohibidos en Arabia Saudita pero de fácil acceso en conexión satelital. La obsesión por el sexo en Arabia Saudita alcanza niveles inquietantes: la violación de personas de ambos sexos ocurre con frecuencia y ocasionalmente llega a la prensa nacional habitualmente censurada.

El articulista se enteró por sus estudiantes acerca de un día de marzo de 2002 en el que la Muttawa (policía religiosa) prohibió a los bomberos entrar a una escuela en llamas porque las niñas que estaban adentro no tenían puesto el velo. El resultado de la prohibición fue que 15 jóvenes murieron quemadas, pero el wahabismo impuso sus normas de estricta separación de los sexos.

A juicio de Hussain, hay dos corrientes principales en el Islam wahabita dominante en Arabia Saudita. Una apoya a la monarquía de manera incondicional, mientras otra considera que ésta debe ser derrocada por la fuerza y el poder debe ser tomado por el clero. Osama Bin Laden y Al Qaeda apoyan a la segunda tendencia.

El 7 de julio de 2005, el día de los atentados en Londres, Hussain y su esposa cenaron con un banquero saudita que había asesorado a cuatro ministros. Ambas parejas hablaron de sus viajes y el banquero habló con satisfacción del tiempo que pasó en Londres pero no manifestó mayor preocupación por los atentados y sus víctimas. "Yo supongo que van a decir que Bin Laden estuvo detrás de los ataques. Ellos nos culparon por el 11 de setiembre."

Hussain preguntó: "En base a su educación en escuelas sauditas ¿piensa que puede haber alguna conexión entre la forma en que se enseña el Islam a los niños y la acción de los 15 sauditas el 11 de setiembre?

La respuesta fue inmediata: "No, porque los sauditas no fueron responsables. Los que secuestraron el aparato no fueron sauditas. La ausencia de su trabajo de 1.246 judíos demuestra que fueron los judíos los que estuvieron detrás de los ataques en Nueva York". La repetición de una obvia mentira no impresionó tanto al maestro británico, desertor de la jihad, como la franca y alegre admisión de algunos de sus alumnos de que querían ir a Londres para tirar bombas y matar infieles.

Su conclusión: "Mi estadía en Arabia Saudita me convenció de que el wahabismo, corriente extremista del Islam unido a un Islam politizado (islamismo) está causando un desastre tras otro en el mundo. Esta ideología de odio, en la que yo una vez creí, no es solo una amenaza para el Islam y los musulmanes, sino para todo el mundo civilizado".


24.5.07

Chirac de Arabia, (la historia te juzga)

El verdadero rostro de Jacques Chirac y su anticristianismo virulento; la necesidad de un diálogo sobre la relación fe y razón con el islam, con vistas a su conversión.

EN CUANTO A RELIGIÓN

“En 1980 el alcalde de la capital de un País europeo va a Roma, de visita al Papa recientemente elegido, Juan Pablo II, para tratar de explicarle dónde sería mejor que fuera – y no fuera – en el transcurso de su próxima visita en aquél País.
No obteniendo satisfacción por parte de Papa Wojtyla, que – que como se descubrirá durante los años siguientes – es todo menos aquél polaco ingenuo y manipulable que una cierta prensa en aquéllos años describe, el alcalde declara que ha llegado la hora de “vomitar la civilización romana que nos ha despojado de nuestra identidad y de nuestra alma celta”. “[...] El cristianismo – prosigue el hombre político, que ya había sido primer ministro de su País (pero que entonces ya no lo era) – no tiene ni la antigüedad, ni la tolerancia ni la verdadera profundidad mística de las grandes religiones asiáticas. Nuestras raíces no se encuentran ciertamente aquí en Roma, y es una impostura pretender que nosotros hayamos nacido de Roma y de Atenas”.

“El personaje en cuestión se llama Jacques Chirac, y el hecho que un hombre con ideas semejantes haya dominado la política europea por más de un cuarto de siglo dice mucho acerca de la actual trágica condición de Europa.
En cuanto a los Estados Unidos, una vez elegido presidente de la República francesa, Chirac declarará: “Tengo un principio sencillo en política exterior. Miro lo que hacen los americanos y hago lo contrario. Es entonces cuando estoy seguro que tengo razón”. Un colaborador suyo asegura que “el anti-americanismo entendido como rechazo de Occidente (...) forma parte del núcleo duro de sus convicciones”.

“Son algunas perlas de Chirac d’Arabie, un libro harto esperado en Francia y recién publicado por la editorial Grasset, donde dos periodistas del diario Libération (con un pasado trotzskista y un presente socialista), Christophe Boltanski y Eric Aeschimann, narran la larga historia de las relaciones entre el presidente y los Países islámicos. A pesar de los prejuicios políticos de los autores, el libro es de gran interés.

Asoma el retrato de un hombre significado por su rechazo de Occidente. Bajo el influjo de una cierta cultura "tradicionalista"
– que por otra parte los autores del libro conocen poco, privándonos de tal modo de referencias más precisas, que hubiera sido en cambio de extremo interés conocer -, a catorce años el bachiller Chirac estudia el sánscrito y proclama que la verdadera Tradición sobrevive solamente en Oriente y en particular en las doctrinas de India.

HUSSEIN, HITLER & aledaños

“Militar en Argelia – donde, según cuanto él mismo refiere, da importancia a tener su primera experiencia sexual de manera asimismo “no occidental”, en un burdel de la casbah de Argel -, se convence que la Tradición no vive sólo en India, sino también y sobre todo en el islam. El filo-islamismo de Chirac procede por tanto de una confusa aproximación a un cierto tradicionalismo no católico, y es distinto del tradicional filoislamismo de la diplomacia francesa influida por el estudioso católico del islam Louis Massignon. Este último era de hecho filochií, mientras Chirac ha siempre desconfiado de los chiíes prefiriendo a los sunníes, de aquí la plurianual amistad (y los negocios) con el libanés Rafic Hariri y los anatemas tras el asesinato de Hariri en 2005 contra el régimen alauita (esto es, adherido a un cisma chií) sirio, un régimen a su tiempo substancialmente inventado por una diplomacia francesa ampliamente inspirada por Massignon.

“Pero para Boltanski y Aeschimann se trata de un “exotismo” de aficionado, que no ahonda en las tradiciones que dice amar y que – transformado en política – se traduce en una predilección por “el islam de los jefes” (preferentemente déspotas) respecto del “islam de los pueblos”. De aquí los aspectos más incómodos para Chirac del libro, entre los cuales sobresale la cordial relación con Sadam Hussein, surgida cuando Sadam era el jefe de los servicios secretos iraquíes y alimentado por el común amor por el lujo (que en otras épocas también ha unido Chirac a tantos déspotas africanos).

Aviones especiales iraquíes llevaban a Chirac a París las exquisitas carpas del Tigris, recién pescadas, mientras Sadam llegaba en incógnito a Provenza para asistir a falsas corridas organizadas por el amigo presidente. Puesto que los autores pertenecen a una Izquierda francesa antiamericana, para ellos Chirac sobre la última guerra en Iraq ha dicho cosas acertadas, pero por la razón equivocada: la defensa del régimen de Sadam, que a su tiempo había denominado nada menos que “el De Gaulle de Oriente Medio” y con el cual, según el ex embajador de Iraq en la ONU Amir Alanbari, el presidente francés, al menos hasta la invasión de Kuwait, mantenía “una relación cordial que iba más allá de la que normalmente existe ente dirigentes políticos de distintos países”.

“Ni se trata únicamente de simpatía humana – ya de por sí inexplicable para con un criminal habitualmente descrito como arrogante y maleducado como Sadam – ya que no falta un elemento ideológico. Frente a la ideología baathista del partido de Sadam, Chirac se entusiasma y comenta que ella conjuga “el nacionalismo en el mejor sentido del término y el socialismo como forma de movilizar las energías y de organizar la sociedad del mañana, ambos sentimientos muy próximos al corazón de los franceses”. Nacionalismo más socialismo dan como resultado nacional-socialismo, pero Chirac no se da cuenta. ¿O quizás sí?

Entre sus colaboradores, sostienen los autores de Chirac d’Arabie, “cuando Sadam usa el gas contra la población curda de su País, algunos no dudan en afirmar que a fin de cuentas es algo que se puede comparar a la lucha de los Bleus [que en este caso no son los jugadores de la selección francesa de fútbol, sino los feroces soldados de la represión jacobina durante el Terror] contra los Vendeanos”. Resulta inútil matizar que las simpatías de Chirac no van dirigidas a los Vendeanos (Antiguos guerreros de la región del Loira).

“El balance final de un libro que, pese a estar demasiado volcado en los negocios sospechosos, en las maletas de euros y dólares que llegan de los déspotas árabes a París, como por otra parte es típico de autores de cierta escuela periodística de la izquierda francesa, ofrece sin embargo importantes elementos ideológicos” (1).

En efecto, el más importante de estos elementos ideológicos es el arcaismo de Chirac con respecto al islam. Mantener el orden público en los países islámicos apoyando preferentemente déspotas laicistas y criminales, y oponiéndose a toda evolución
“democrática” (que no tiene porque ser “liberal” y “relativista”, sino respetuosa del derecho de la sociedad a participar libremente en la res pública respetando el derecho a la libertad religiosa – también de las mayorías islámicas junto con el de las minorías religiosas – y demás derechos fundamentales de la persona) sólo porque se considera “algo americano”, es algo que ya no funciona.

Uno tras otro, los déspotas muerden polvo, y los pueblos no perdonan a quienes los habían apoyado. El fracaso de Chirac debería enseñar mucho a Zapatero y a su gobieno, pero también a cierta derecha (incluidos algunos católicos), que se engañan creyendo que las dictaduras militares en los países islámicos puedan constituir todavía por mucho tiempo una alternativa al terrorismo y al fundamentalismo. En realidad, el presente y el futuro del islam es y será religioso.

Por lo tanto, es en el diálogo con un islam religioso dispuesto a dialogar acerca de la relación existente entre fe y razón (como bien nos ha ilustrado Benedicto XVI en su lección magistral de Ratisbona [2]), y que no tenga reparos a la hora de condenar todo tipo de terrorismo (no sólo a Ben Laden, sino también a los terroristas de Hamas y Hizbolá), donde se pueden echar las bases para una coexistencia que desarme, en la medida de lo posible, una confrontación destinada a un conflicto de dimensiones apocalípticas y para el que no estamos preparados.

Diálogo, por otra parte, que si bien tiene como objetivo el reconocimiento por parte del islam de una ley natural universal (la “gramática escrita en el corazón del hombre por su divino Creador”, como bien nos recuerda una vez más Benedicto XVI) y, por ende, el reconocimiento de los derechos fundamentales de la persona (in primis, el derecho a profesar y practicar libremente su propia fe, como también el de cambiar libremente de religión), no debería perder jamás de vista su fin último: la conversión de los musulmanes a la única y verdadera religión, Una, Santa, Católica y Apostólica.

Publicado por Ángel Expósito Correa el 12-02-2007


RESUMEN DEL LIBRO

Ha llegado el momento de hacer un análisis a Jacques Chirac.
Para muchos franceses, sigue siendo el hombre que dijo no a la guerra en Irak. El hombre del diálogo y la mano tendida. En resumen el amigo de los árabes. La realidad no es tan simple, ni tampoco tan aduladora.

Los autores de “Chirac de Arabia”, después de una investigación exhaustiva, nos ofrecen el retrato de un Jefe de Estado, de un hombre que no le gusta Occidente y que el Este le cautiva.

Después de su servicio militar en Argelia hasta la posición que adopto sobre el Líbano, el Presidente duda entre la prudencia estratégica, el coraje de fachada, y el carisma colonial.
Este libro sin concesiones abre el inventario de nuestra Política Exterior: contratos armamentistas y consejos paternalistas, relaciones personales e intermedias.

¿Chirac a sabiendas vendió la tecnología nuclear a Saddam Hussein?
¿Hizo retrasar la liberación de los rehenes franceses en el Líbano?
¿Por qué se mostró tan complaciente hacia los líderes autócratas, desde Hafez EL-Assad a la familia real saudí, de Mohamed VI a Bouteflika?
¿Tomó partido con Arafat contra Israel?
¿Cómo explicar su apoyo indefectible al clan Hariri?
¿La política árabe en Francia, emblema nacional, está simplemente en curso de desaparición?

Monmar

22.5.07

La brecha antropológica existente entre el Islam y Europa

RELACIONES ENTRE EL ISLAM Y EUROPA.

El balance sobre la presencia islámica en los distintos países europeos nos ayudará a extraer unas conclusiones de carácter universal.

TURCOS EN ALEMANIA

En 1961, en la República Federal Alemana se encontraban en torno a 700.000 extranjeros, la mayoría de origen latino. En cuarenta y cinco años esta cifras se ha multiplicado por doce y ha pasado a 9.000.000, lo que supone un 10% de la población. Vale la pena atender a estas cifras. Se ha pasado del 1 al 10% en 45 años.
En España ese tramo lo hemos recorrido en apenas 6 años.
Ahora bien, a lo largo de esos 45 años, el flujo de inmigrantes no ha sido constante, sino que ha alternado verdaderas oleadas con reflujos relativos. La estadística registra unos “dientes de sierra” ascendentes. Hoy, cuando ya no hay una Alemania a reconstruir, cuando el tejido industrial y agrario está en recesión, la inmigración, tal como se podía prever, está siendo percibida como conflicto por buena parte de la población.

La primera oleada se había producido entre 1961 y 1973. Luego se detuvo, para recuperarse nuevamente a partir de 1978 al aplicarse la ley de reagrupación familiar y a la llegada de asilados políticos.
En 1983 se facilitó el retorno a sus países de origen a quienes lo desearan y en los dos años siguientes, el saldo migratorio resultó negativo. Pero, a partir de 1985, volvió a aumentar a causa de la llegada masiva de refugiados de las guerras Balcánicas. El punto álgido de esta tercera oleada migratoria se alcanzó entre 1988 y 1990 llegando al 8’4% el porcentaje de población extranjera. Pero en 1991 se produjo la reunificación de las dos Alemanias y, bruscamente, se pasó a un Estado con 80 millones de habitantes.

Dado que en Alemania Oriental apenas residían inmigrantes, el porcentaje global descendió momentáneamente. Pero en 1993 ya se había disparado de nuevo y volvía al 8’5%. En la actualidad se ha llegado al límite del 10%, con una notable desaceleración compensada por el nacimiento de hijos de inmigrantes, cuya tasa de natalidad, como es habitual, supera con mucho a la de los alemanes.
En las dos primeras oleadas migratorias, los turcos constituyeron el grupo nacional mayoritario. Hoy, su número es tres veces superior al de inmigrantes procedentes de la antigua Yugoslavia, que constituyen el grupo inmediamente siguiente en número.

En 2001, de los 7.500.000 de inmigrantes legales, dos eran turcos y de estos, un tercio habían nacido en Alemania. Los turcos menores de 20 años residentes en Alemania en el año 2000, eran un 1.250.000 y se aproximaban a dos a principios de 2006.

La reconstrucción de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial se prolongó hasta finales de los años 60. Fue entonces cuando se percibieron las consecuencias de las pérdidas en vidas humanas ocasionadas por el conflicto. Sin embargo, la expansión económica alemana había empezado antes. A principios de la década de los sesenta, ya era evidente que Alemania, renunciando a aventuras bélicas y reduciendo al mínimo el presupuesto de defensa, estaba invirtiendo solamente en su propio desarrollo. La combinación del esfuerzo por la reconstrucción de Alemania, unido al “boom” económico y a la merma de población activa a causa de las bajas en el conflicto, hizo inevitable la llegada de contingentes de trabajadores al país.

En 1961, el número de ofertas de trabajo no cubiertas ascendía a 500.000, mientras que solamente 180.000 alemanes se encontraban en las listas del paro. Se había alcanzado el pleno empleo. Por entonces la demanda de puestos de trabajo se iba cubriendo con alemanes del Este que huían de la carestía y de la represión política, pero cuando se construyó el Muro de Berlín y se reforzó la vigilancia en la frontera entre las dos Alemanias este flujo se interrumpió y entonces fue preciso recurrir a la inmigración.

La intención de la inmigración turca

De todas formas, inicialmente, la inmigración se reguló milimétricamente. A partir de 1955 el gobierno alemán firmó acuerdos con distintos países para facilitar el acceso al mercado de trabajo alemán (con Italia en 1955, con España en 1960, con Grecia en 1961, y, posteriormente con Portugal, Yugoslavia, Marruecos…
Con Turquía el acuerdo se había firmado el 31 de octubre de 1961 cuando el gobierno de ese país liberalizó la salida de sus ciudadanos al extranjero. A partir de ese momento empezó a llegar una riada migratoria procedente de las zonas más deprimidas de Turquía. Ciertamente no iban a ocupar empleos cualificados, pero, en tanto procedían de regiones rurales del oriente de la Península Anatólica, estaban habituados a trabajos agrarios.

En las grandes ciudades turcas se establecieron 500 “oficinas de intermediación” que facilitaban el camino hacia Alemania. El acuerdo turco-alemán, preveía que los inmigrantes fueran sometidos a un examen médico riguroso y a un certificado de penales. Quien estuviera aquejado de infecciones o enfermedades graves, o quien hubiera estado condenado a prisión en los últimos cinco años, era formalmente rechazado[1].

La intención de los turcos que emigraban a Alemania era, inicialmente, la misma que la de los españoles e italianos que, en la misma época (años sesenta), hacían otro tanto. Se trataba de permanecer unos cuantos años en Alemania trabajando duramente para emprender luego el viaje de retorno con algunos ahorros que permitieran montar algún pequeño negocio o comercio. Durante el tiempo que permanecían en el país iban girando a sus familiares pequeñas cantidades de marcos que les permitían vivir dignamente en su país. Este esquema permitía era extremadamente ventajoso para ambas partes, al menos sobre el papel.

Por una parte, los trabajadores turcos regresaban a su país con medios suficientes como para ascender unos cuantos peldaños en la escala social. Además, durante su estancia en Alemania, aprendían técnicas de trabajo y de organización para ellos desconocidas que les permitiría, o bien ser contratados como trabajadores especializados al regreso a su país, o bien aplicar estos conocimientos a sus propios negocios.

Para Alemania, por su parte, existía la posibilidad de una “rotación laboral”. Se preveía que siempre existiera un contingente de trabajadores en permanente flujo –unos regresaban a su país, otros nuevos llegaban a Alemana- lo que garantizaba que solamente permanecían en suelo alemán trabajadores en activo que el propio mercado de trabajo se encargaba de regular.
Ni la seguridad social se sobrecargaría con familiares a cargo de los trabajadores en activo, ni se formarían guetos, ni se resentiría el sistema educativo o la seguridad ciudadana: quien no tenía contrato de trabajo o quien era despedido del empleo y en un plazo concreto no encontraba otro, debía volver a su país. Tal era el concepto de “trabajadores invitados”.

Pero lo que en teoría era un panorama excepcionalmente ventajoso para ambas partes, pronto se comprobó que no satisfacía a ninguna. Los primeros disconformes con este planteamiento fueron los empresarios que veían como los trabajadores que tanto les había costado formar, regresaban a su país, justo cuando empezaban a ser productivos. El sistema de la “rotación” les obligaba a una formación profesional sin descanso y sin esperanza.

La parte turca no estaba menos descontenta. Los primeros inmigrantes que regresaron a su país, no habían podido amasar el dinero suficiente como para poder montar negocios rentables. Esto disuadió a otros contingentes de intentar el retorno. Bruscamente, el gobierno alemán, entendió que la rotación se había detenido. Llegaban más, pero regresaban muy pocos. Además las circunstancias políticas y económicas de Turquía no animaban al retorno. La inflación galopante hacía que los marcos ganados tras años de ímprobos esfuerzos, nada más ingresados en bancos turcos empezaban un rápido proceso de devaluación que impedía cualquier inversión.

Para colmo en 1973 el ejército egipcio cruzó el Canal de Suez y abrió el paso a la Tercera Guerra Árabe-Israelí. El fatal desenlace de este conflicto para los ejércitos árabes hizo que, en represalia, se redujera la producción de petróleo y se aumentara su precio. Esto provocó una recesión económica internacional. Unas empresas cerraron y otras abandonaron sus programas de expansión.

La contratación de turcos se paró en seco. Y en 1974, el millón de turcos que se encontraban en el país empezaban a ser un problema. Sobraban.
El gobierno de Willy Brandt, cesó la contratación de extranjeros y de primar el retorno con aportaciones económicas. El remedio fue peor que la enfermedad: los que estaban en el país decidieron permanecer aunque fuera en el paro; en el fondo, para ellos, era mejor eso que volver a la miseria de la que habían salido. Para colmo la ley de “reagrupación familiar”, aprobada en 1974, hizo aumentar la cifra de residentes turcos. Este fenómeno se prolongó durante todos los años 70 y 80. Y, a esto se añadía otro fenómeno. Si hasta principios de los 70, el 80% de los turcos llegados a Alemania eran varones, a partir de entonces, empezó a formarse una incipiente comunidad femenina de origen turco, que dio lugar a nuevos matrimonios.

Pero, mientras que los matrimonios mixtos fueron escasos, proliferaron los matrimonios entre miembros de la misma comunidad y eso dio lugar a una numerosa descendencia. A partir de ese momento, las ciudades dormitorio en donde residían los turcos empezaron a transformarse en verdaderos guetos. Finalmente, la situación política turca expidió al exilio a disidentes políticos que pidieron asilo en Alemania. Solo en 1980, cuando se produjo el golpe de Estado en Turquía, entraron por este canal 200.000 nuevos inmigrantes. En 1981 rondaban en torno al millón y medio.

El gobierno de Helmul Kohl se decidió a estimular el retorno de inmigrantes. En 1983 se estableció que todos aquellos inmigrantes que desearan retornar al país de origen entre el noviembre de 1983 y octubre de 1984, recibirían una prima de 10.500 marcos, más 1.500 por cada hijo, además de las restituciones de las prestaciones por jubilación entregadas a la Seguridad Social.
Pero los turcos respondieron escasamente a esta oferta. Del 1.600.000 turcos que se encontraban regularizados en ese momento, solamente 250.000 regresaron a su país.
Las compensaciones económicas no compensaban el abandono del paraíso alemán y la inmersión en la estabilidad turca. En 1993, cuatro de cada cinco inmigrantes turcos no quería regresar a su país.

Desde los años 60 muchas cosas habían cambiado en Turquía. El país, lentamente y, frecuentemente a empellones, iba desarrollándose paulatinamente. La población rural estaba migrando a las ciudades y el trabajo empezaba a proliferar. El país incluso se había convertido en receptor de inmigrantes. Cuando Jhomeini subió al poder, trescientos mil ciudadanos iraníes prefirieron exiliarse, por motivos políticos en Turquía.

Así mismo, el país recibió a decenas de miles de turcos que residían en Bulgaria en una situación de discriminación. Pero, en lo que se refería a Alemania, si bien, anualmente entre 30 y 40.000 turcos regresan a su país, una cantidad mayor decide emprender el camino de la inmigración. Y ya no se trata de trabajadores, sino de familiares de inmigrantes o bien mujeres que viajan a Alemania llamadas por los que serán sus maridos.

Hoy, entre cuatro y cinco millones de turcos viven en el extranjero, el 80% de los cuales está radicado en Alemania. Los que llegaron como “gastarbeiter” (trabajadores invitados), con carácter de provisionalidad y con intención de retorno, se han convertido con el paso del tiempo en habitantes de guetos instalados sobre territorio alemán sin la más mínima intención de regresar a su país, pero tampoco de integrase en la sociedad alemana, más allá del disfrute de sus ayudas sociales.

Sociología de la emigración turca en Alemania

La población turca es joven mientras la edad media de la población alemana sigue creciendo. Los mayores de 65 años de origen alemán son cuatro veces mayores que la población turca de la misma edad. Pero empieza a haber una fracción importante de la población turca que se aproximarse a la edad de jubilación, lo que va a suponer un esfuerzo suplementario a la Seguridad Social alemana. Pero, desde luego, la parte sustancial y preocupante de la emigración turca son los menores de 20 años que…

Renania del Norte-Westfalia es la región en la que concentra mayor inmigración turca, con un 34% del total de originarios de ese país. En este lander y en Baden-Wurtemberg, Baviera y Hesse vivían en 2002 tres de cada cuatro inmigrantes turcos, concentrados en las grandes ciudades. Esto indica que los turcos que, inicialmente, se integraron en tareas agrícolas, poco a poco, han ido abandonándolas e instalándose en las ciudades; precisamente por eso los guetos turcos han podido cuajar con facilidad a partir de los años 80. Sin embargo en los landers pertenecientes a la antigua República Democrática Alemana el porcentaje era imperceptible.

Otro problema que se contempla en Alemania (y, por extensión, en toda Europa) es que la inmigración, que, inicialmente, había llegado para cubrir los empleos que la mano de obra nacional no podía absorber, finalmente han terminado teniendo una tasa de paro muy similar a la de esta mano de obra. Parece normal que solamente la mitad de la población alemana esté integrada en los circuitos laborales, lo que no parece tan normal es que entre la población inmigrante ocurra justamente lo mismo.

En 2005, el 10% de los que buscan trabajo en Alemania son de origen extranjero, cifra que corresponde exactamente al porcentaje de extranjeros residentes en el país. Desde los años 80 la tasa de paro de la población turca fue creciendo hasta igualar en el momento actual a la alemana, pero en el momento actual, la tasa de mujeres inmigrantes en paro ya dobla a la de mujeres alemanas en la misma situación. Pero, en el futuro este estado de cosas va a agravarse. Dado que la tasa de natalidad de los alemanes es cuatro veces inferior a la de los turcos, dentro de diez años empezarán a entrar, proporcionalmente, más turcos que alemanes en el mercado de trabajo.

En los últimos 25 años, la tasa de ocupación de los extranjeros se ha ido reducido significativamente. Mientras que en 1975, el 53% de éstos tenía ocupación, en 1999 el porcentaje se situaba en el 39,5%, en la actualidad, la tasa de empleo de los extranjeros es inferior a la de los alemanes y la de los turcos aún más. En 1975, del millón de turcos residentes en Alemania, la mitad tenían empleo; pero en 1999, sobre dos millones oficiales (algo más, en realidad) apenas trabajaban 780.000, es decir, el porcentaje había descendido del 53% al 38%.

La mayoría de turcos trabajan en la industria, en la minería, en el textil y en el sector limpieza, pero apenas se encuentran casi completamente ausentes en el sector servicios y en trabajos cualificados. El sector que más ha crecido en los últimos años es el de autónomos que entre 1985 y 2000 se había multiplicado por tres, mientras que la población turca en Alemania solamente se había duplicado. La mayoría de autónomos tiene que ver con comercio minorista y gastronomía. Se trata en su mayoría de inmigrantes de segunda generación

En estos momentos residen en Alemania en torno a cuatro millones de inmigrantes, de los cuales casi la mitad son turcos. Junto con Luxemburgo, Austria y Bélgica, Alemania es uno de los países con mayor tasa de población extranjera. A partir de la regularización masiva de 2005, España se ha integrado en este pelotón. Estas cifras impusieron diferentes reformas de la legislación de extranjería.
Al igual que en la España de Zapatero, también en Alemania la coalición de socialdemócratas y ecologistas, promovió una legislación extremadamente generosa con los inmigrantes, a partir de la cual se disparó la «xenofobia» y los episodios de racismo.

Inicialmente, esta ley preveía dar la nacionalidad alemana a todos los que hubieran nacido sobre territorio alemán. La oposición de los democristianos y socialcristianos bávaros y, la inquietud evidente con la que respondió la calle, hicieron ue el gobierno Schröder atenuara algunas de las medidas más “progresistas” de dicho proyecto.

La ley entró en vigor en enero del 2000 y reconoce automáticamente la nacionalidad alemana a aquellos hijos recién nacidos cuyo padre o madre hayan residido durante un mínimo de ocho años en el país y a los menores de diez años en la fecha de entrada en vigor de la ley, nacidos en Alemania o inmigrados con sus padres. Se concedía igualmente la nacionalidad alemana a los extranjeros que residieran más de ocho años en Alemania.

En 1976 se registraron 10.000 solicitudes de asilo y cuatro años después, esta cifra se había multiplicado por diez, a cauda del golpe de Estado. Entre 1986 y 1989, esta cifra volvió a elevarse. El Estado alemán se vio obligado a introducir el visado obligatorio para ciudadanos procedentes de Turquía y endurecer las condiciones de asilo. Era evidente que muchos de los que habían solicitado asilo encubrían una inmigración económica.

En 1992, se alcanzó la escalofriante cifra de 438.000 solicitudes de asilo. La petición de asilo era el “coladero” para burlar la ley de inmigración. El gobierno alemán tardó en reaccionar. Cualquier medida tendente a limitarlo era utilizado por la izquierda y la extrema-izquierda para tronar contra lo que llamaban “aparición de tendencias xenófobas y totalitarias”. Lo cierto es que los propios socialdemócratas debieron limitar las subvenciones concedidas a los reales o supuestos exiliados políticos, les prohibieron ejercer cualquier trabajo mientras duraba la tramitación de la solicitud y anularon algunas de las prestaciones económicas, sustituyéndolas por entregas en especie.

En realidad, los socialdemócratas y verdes tenían otros intereses mucho menos confesables. La fractura entre derecha e izquierda era notable en la sociedad alemana. La izquierda veía como la clase obrera, la tradicional cantera de votos de la socialdemocracia, se iba diluyendo como un azucarillo. Así pues, era preciso buscar un electorado de reemplazo. Facilitando el acceso de los inmigrantes a la nacionalidad alemana, se les convertía, como por arte de magia, en nuevos electores, aparentemente predispuestos a entregar el voto a sus beneficiarios.

Por otra parte, calculaban los socialdemócratas, era difícil que la derecha cristiana decidiera hacer de la inmigración una bandera a causa de la facilidad con que podía recibir calificaciones de xenofobia y racismo. Y, en cuanto a las pequeñas formaciones de extrema-derecha, si iban a erosionar a alguien en su crecimiento, seguramente era a la derecha. Además, la CDU creía sinceramente que era preciso mejorar las garantías jurídicas de los extranjeros residentes en Alemania y tenía fe en que era preciso realizar un esfuerzo de integración.

El pueblo alemán considera a los inmigrantes, especialmente a los de los países árabes, como “diferentes”, por eso la sociedad alemana no se ha tomado con excesiva pasión el debate sobre los signos externos islámicos. Estos signos aumentan la sensación de “diferencia”. Llama la atención que la posición más hostil hacia la inmigración proceda de los länders de la antigua República Democrática Alemana, donde hay menos inmigración, y que las resistencias en el Este y en el Oeste aumenten desmesuradamente cuando se habla de inmigrantes de origen musulmán.

La cosa no es nueva. Ya en 1966 los inmigrantes eran percibidos como problema. En aquella lejana fecha, dos tercios de la población expresaban la preferencia de «librarse» de los inmigrantes. Diez años después, seis de cada diez alemanes pensaban que los extranjeros debían retornar a sus países en períodos de crisis económica. A partir de principios de los años 80, el 82% de los alemanes declaraba que había demasiados extranjeros. En el año 2000, no se valoraba favorablemente la competencia laboral de los inmigrantes, los intentos de integrarlos en la política y en las instituciones eran contemplados con desconfianza; y mayoritariamente opinaban que la integración de los inmigrantes dependía de los inmigrantes mismos y de sus propios esfuerzos.

La cuestión religiosa entre los turcos

El Islam, es, en la tierra de Lutero y de Meister Eckhardt, la segunda religión por número de seguidores. A los emigrantes turcos se unen los marroquíes y los bosnio-musulmanes. En total, en torno a cinco millones de islamistas de los que un 7% no tienen el más mínimo reparo en declarar a los encuestadores que son «muy religiosos», dicho en términos “políticamente correctos”, lo cual, en un lenguaje más coloquial equivale a hablar de fundamentalistas religiosas.

En esa misma encuesta el 93% de los encuestados se declararon musulmanes, practicar el Ramadán, respetar las prescripciones sobre alimentación y dar limosna. Este factor religioso explica suficientemente el porqué apenas existen matrimonios de turcos con mujeres alemanas. Es más, encuestados sobre este tema, al 60% le producía “malestar” cualquier forma de matrimonio mixto. Incluso los más jóvenes –alemanci- mantienen estas reservas y participan en las fiestas comunitarias.

Existe una gran preocupación en los servicios de seguridad del Estado por la influencia cada vez mayor de las organizaciones fundamentalistas entre los jóvenes. Los datos publicados hasta la fecha no son concluyentes, pero demuestran muy a las claras que los jóvenes de origen turco, en ocasiones nietos de inmigrantes de primera generación, dan muestras de canalizar sus ímpetus de rebeldía hacia el fundamentalismo.

El sistema educativo alemán registra unos porcentajes extremadamente altos de fracaso escolar en el caso de estudiantes de origen turco. En este sentido el fenómeno es extremadamente parecido al que generó en Francia la “intifada” de otoño del 2005, los adolescentes de origen turco abominan los ritmos de trabajo de sus padres, quieren tener acceso a los escaparates de consumo sin agotarse en interminables jornadas laborales. Ni se sienten alemanes en Alemania, ni turcos en Turquía. A diferencia de los inmigrantes de primera generación para los que sus raíces estaban claras –eran turcos que habían ido a trabajar al extranjero- para los hijos y nietos de esa generación, las cosas son bastante más complejas: tienen un problema de identidad. No son ni turcos ni alemanes. Experimentan una carencia de puntos de referencia y perciben el rechazo en el entorno, saben que no son como los alemanes, pero tampoco tienen muy claro qué son exactamente. Y es en medio de esta confusión, falta de raíces y de arraigo, cuando aparecen las organizaciones islamistas y su tarea de captación.

Los “Lobos Grises”, asociación de jóvenes vinculados al Partido de Acción Nacional de Alparslan Türkes, les ofrece todos los servicios a los que un joven puede aspirar en Alemania.
Se irá de vacaciones en colonias y campamentos de los “Lobos Grises”, seguirá cursos de informática o asistirá a fiestas de fin de semana, con los “Lobos Grises”, participará en la liga de fútbol o en las clases de religión islámica… junto a los “Lobos Grises”.

Un estudio confirma que una cuarta parte de los menores de 25 años tienen relaciones continuada con esta asociación y otras similares y un 43% mantiene un contacto ocasional. Allí, lejos de aprender tolerancia y recibir un impulso para su integración en la sociedad que acogió a sus padres y les vio nacer a ellos, les imbuyen un sentimiento de superiores que florece en un terreno abonado por el resentimiento y el fracaso escolar. Pertenecen al Islam, la “única religión verdadera”. Y, no sólo eso, sino que aprenden lo que es la “guerra santa”, y conceptos como “el infiel”, la “umma”, el “dar-al-Islam”, etc. Así, en poco tiempo, pasan del escepticismo, y la falta de identificación positiva con la comunidad de acogida, a una hostilidad manifiesta canalizada por el espíritu religioso.

Nada podría favorecer menos la integración que este tipo de planteamiento. Cuando se produce este fenómeno, la condescendencia de medidas tales como introducir en las escuelas clases optativas de religión islámica, es percibida como un signo de debilidad. Alemania, en este terreno, ha seguido la misma trayectoria que Francia, Bélgica, Holanda o Gran Bretaña.

En la actualidad existen unos 650.000 alumnos musulmanes en primaria. La ley de educación alemana permite que se impartan clases de religión y cultura isámica en la clase de lengua materna. Estas clases, aunque son voluntarias, corren a cargo de las mezquitas. El 89% de los niños procedentes de familias de religión islámica, asisten voluntariamente a estas clases… aunque sus padres se autodefinan como “poco o nada religiosos”.

La comunidad turca en Alemania está en proceso de islamización. De hecho siempre ha sido una comunidad confesionalmente islámica, la novedad estriba en que esto ocurre ahora, justo cuando es evidente que estamos ante un conflicto de civilizaciones. Y, por otra parte, esta islamización, especialmente entre los jóvenes no se está haciendo por líderes religiosos que crean en la tolerancia y la integración, sino por formaciones fundamentalistas.

Asociacionismo islámico emanado de las mezquitas

Tras el golpe militar de septiembre de 1980 aparecen asociaciones turcas que empiezan a plantear constantemente derechos y reivindicaciones. La inmensa mayoría de estas tres mil asociaciones han emanado de las mezquitas. Sus actividades habituales consisten en organizar peregrinaciones a la Meca, cursos de filosofía coránica, ceremonias y actividades de ocio.

Los incentivos para este asociacionismo radican en las subvenciones recibidas por los distintos entes del Estado. Sobre todo, han contribuido a fortalecerla identidad turca en Alemania. Estas asociaciones están agrupadas en tres federaciones: la Unión Turco-Islámica (DITIB), dependiente del gobierno turco y es de carácter moderado, cuenta con 150.000 afiliados; la Comunidad Islámica Milli Görus (IGMG), con una línea antikemalista su principal reivindicación es obtener el reconocimiento oficial de los islamistas como minoría religiosa en Alemania, con 30.000 afiliados está vinculado al Partido de la Prosperidad y cuenta con más de 500 mezquitas; la Unión de Centros de Cultura Turcos (VIKZ), conservadora y laicista, cuenta con unos 20.000 afiliados y se declara independiente de cualquiera de los partidos políticos que actúan en Turquía.

Existen otras pequeñas organizaciones más radicales de orientación islámica no incorporadas a estas tres grandes federaciones y, por tanto, de difícil control. El 36% de los asistentes a las mezquitas están incorporados a alguna asociación. Hay que tener en cuenta que los kurdos, turcos de pasaporte que no de identidad, no se contabilizan como asistentes a las mezquitas. En Alemania residen en torno a medio millón de kurdos de los cuales un 2% está afiliado al Partido Obrero del Kurdistán, considerado como extremista por las autoridades alemanas.

El Ministerio del Interior alemán ha calculado que, en torno a 30.000 personas están vinculadas a asociaciones islamistas radicales. Estas asociaciones radicales pasaron desapercibidas para la población hasta que se produjeron los atentados del 11-S y emergió la figura –o el mito- de Bin Laden.
La inquietud aumenta cuando se intuye que no todos los extremistas están afiliados a asociaciones y la sensación de que, sin duda, los más radicales y más dispuestos para la acción, han trenzado redes clandestinas. No hay que olvidar que el “Comando Meliani”, al que la seguridad norteamericana y alemana, atribuyó cierto nivel de responsabilidades en los atentados del 11-S, estaba radicado en Hamburgo.

Cuando el número de turcos nacionalizados alemanes empezó a ser notable y tener cierta presencia electoral, todos los partidos políticos (salvo la extrema-derecha, naturalmente) constituyeron correas de transmisión entre esta comunidad. La Federación de Asociaciones Socialdemócratas Turcas (HDF) colabora con el SPD, mientras que la Amistad Turco-Alemana y la Unión Turco Alemana, lo hacen con la CDU y la Unión Liberal Turco-Alemana (LTD) se vincula con el Partido Liberal.
Finalmente, los verdes terminaron constituyendo también el InmiGrün, para promover la interculturalidad y la lucha contra la xenofobia y el racismo. En general, la militancia de todas estas asociaciones es escasa y su composición incluye, sobre todo, a turcos que se forjan esperanzas de realizar una pequeña carrera política como asesores de inmigración de los partidos o de los grupos municipales.

La realidad es que la inmensa mayoría de la comunidad turca está de espaldas a la política alemana. Sólo un 11% de encuestados muestra algún interés por la cosa pública alemana. De este porcentaje las preferencias se orientan hacia el SPD (64%), siguiendo luego el Partido Verde (9%), lo que nos confirma en nuestra tesis de que la pérdida del electorado tradicional –es decir, la conveniente electoral y no la ideología- impulsó al SPD a adoptar medidas que popularizaran su imagen entre la inmigración turca. Es significativo que de los 900.000 militantes del SPD, 25.000 sean de origen turco.

En los ayuntamientos alemanes existen los llamados “consejos de extranjeros”, el medio para establecer la participación de los inmigrantes en la política local, tramitar sus reivindicaciones y lograr mayores niveles de integración. Pero también aquí existe un desinterés absoluto por este canal participativo. Tan solo el 10% de los inmigrantes –frecuentemente procedentes de países de la UE- participan en la actividad de estos consejos.

Los turcos no pueden quejarse sobre las ayudas que reciben de la administración. Por ley están equiparados a los alemanes de origen. Las encuestas indican que estas ayudas benefician más a los turcos que a los alemanes. En 2002, por ejemplo 2.760.000 beneficiarios de subsidios, el 22% eran extranjeros (9% de la población en aquel momento).
El términos globales, un 2,9% de los alemanes recibía prestaciones, por un 8,4% de extranjeros. La idea era que extender los derechos sociales a los inmigrantes contribuiría a su integración.
En realidad ha contribuido a su relajación. Si hay subsidios ¿para qué esforzarse excesivamente en trabajar? No es, naturalmente, un caso que se dé solamente en Alemania, en toda Europa, incluida España, contra más derechos, subsidios y ayudas se dan, más disminuye la población activa inmigrante y más se sumerge en el trabajo negro.

La catástrofe educativa turco-alemana

El paro ha afectado especialmente a la población turca. Si ésta representaba en 2000 al 30% de los inmigrantes residentes en Alemania, su porcentaje de parados subía hasta el 40%. Con casi 200.000 parados, por cada cuatro trabajadores turcos en activo había uno en paro. Y, en principio, resulta incomprensible en que otras comunidades como la yugoslava por cada once trabajadores haya uno en paro. La cifra turca es superior a cualquier otra. Esto se suele interpretar a causa de la “xenofobia” y el “racismo” de los empleadores alemanes, pero existe otra posibilidad mucho más: los empleadores valoran la capacitación, el interés y la preparación profesional de los aspirantes al puesto de trabajo. Y en el terreno de la formación profesional, los turcos son ampliamente deficitarios.

Entre el 70 y el 75% de los trabajadores turcos en activo en Alemania, tenían solamente estudios primarios. El 70% de jóvenes alemanes entre 15 y 18 años se forman profesionalmente. Esta cifra desciende nuevamente a la mitad entre los turcos. Entre la población alemana este porcentaje se reduce a la mitad. En ese grupo de edades el 40% de turcos que iniciaban un curso de formación profesional, no lograban concluir los estudios; el porcentaje descendía al 15% entre los alemanes. A igualdad de posibilidades de formación, los turcos tienen la mitad de interés en seguir cursos de capacitación que los alemanes.

Una encuesta demostró que el 15% de las mujeres turcas jóvenes no tienen ningún título, ni siquiera el de estudios primarios, pero este porcentaje se reduce al 3% entre los varones. Esto explica las elevadas tasas de paro entre los jóvenes turcos, pero también la responsabilidad de las familias en esta situación. Los padres turcos parecen no saber atribuir la importancia correcta a la formación profesional.

Si a la carencia de titulación y de formación adecuada, unimos el escaso dominio de la lengua alemana, entenderemos la falta de competitividad de buena parte de los jóvenes turcos hijos o nietos de inmigrantes de primera generación. El hecho de que estos primeros inmigrantes lograran insertarse en el mecanismo productivo alemán, en las mismas condiciones de falta de titulación y escasa capacidad para manejar la lengua de Goethe, no implica que treinta o cuarenta años después, pueda repetirse el mismo proceso.

La sociedad actual es mucho más competitiva que la de entonces, y los puestos de trabajo escasean mucho más. Precisamente por eso la comunidad turca tiene unas tasas de paro entre sus jóvenes muy superiores a los de cualquier otra comunidad inmigrante. Los jóvenes españoles hijos de inmigrantes tienen unas tasas de éxito en la formación profesional espectaculares sin recibir ayudas. Sin embargo, los turcos se benefician de ayudas que no reciben los inmigrantes comunitarios entre ellos los españoles. Entonces ¿qué está ocurriendo con los turcos?

El mismo problema ocurre con los argelinos en Francia y con los marroquíes en España. Así pues, estamos ante un problema que se reproduce en toda Europa: el rendimiento de los estudiantes procedentes de Turquía, Marruecos o Argelia, es extremadamente inferior al de otras comunidades de inmigrantes y al de los jóvenes de los países de acogida.

Así pues, no es en el sistema educativo de los países de acogida en donde radica el problema, sino en las comunidades inmigrantes. Y estas comunidades tienen un rasgo común: son islámicas. Por algún motivo, el Islam encaja mal en el estilo de vida occidental. Al menos en lo que se refiere al estudio, porque en lo que se refiere al consumo, los turcos están por delante de cualquier otra comunidad inmigrante, e incluso de los propios alemanes. Veamos algunas cifras.

Mientras que el 53% de los hogares alemanes dispone de automóvil, esta cifra se eleva hasta el 67% entre los turcos. La posesión de sofisticados equipos de alta fidelidad asciende al 48% entre los hogares alemanes, pero sube hasta el 62% en los turcos.
A esto se une la creciente tendencia de los turcos –que ya no tienen intención de regresar a su país- a comprar un piso de propiedad. Esto ha hecho que algunos barrios de las grandes ciudades (Berlín-Kreuzberg, Duisburg-Hüttenheim y Hamburgo-Wilhelmsburg) se hayan convertido en lugares preferentes de residencia para los turcos.

En la actualidad un 22% de turcos poseen pisos de propiedad. Esos pisos están situados en zonas de alta concentración de pisos de alquiler habitados por turcos y han generado en torno suyo una innegable “economía étnica” formada por todo tipo de pequeños comercios cuyos clientes son casi exclusivamente miembros de la propia comunidad turca. Quienes trabajan en estos circuitos, prácticamente no necesitan perfeccionar su alemán; incluso su ocio se consuma en la lengua originaria.

Estas cifras son indicativas de tres fenómenos:
1) que buena parte de la población turca inmigrante no tiene intención de regresar a su país,
2) que la reagrupación familiar ha hecho disminuir sustancialmente las remesas de dinero enviadas a Turquía y el excedente económico se orienta hacia un consumo desenfrenado y
3) que la comunidad turca está escindida interiormente entre la fidelidad a sus orígenes étnicos y culturales de un lado y las formas más degradadas del estilo de vida occidental. El consumismo es, de hecho, el único terreno en el que la comunidad turca ha intentado imitar a la alemana.

Lo más sorprendente de algunos intelectuales alemanes es que todos sus desvelos intelectuales parecen consagrados en exclusiva a la inmigración y, más en concreto, a la inmigración turca.

Para estos intelectuales solamente existirá una verdadera democratización en Alemania, cuando todos los inmigrantes gocen de los mismos derechos que los alemanes... Esto implica una completa integración de los turcos en la sociedad alemana.
Naturalmente, estos intelectuales no se han planteado cuál es la voluntad de la comunidad turca. Simplemente han decidido unilateralmente que los turcos deben tener los mismos derechos que los alemanes de origen. Todo lo que no sea eso es racismo, xenofobia y totalitarismo fascista. Suelen equiparar el antisemitismo a la más mínima reserva que pudiera expresarse ante la comunidad turca e ignoran deliberadamente que un 3% de la comunidad turca se niega –una encuesta así lo establece- a tener amistad con alemanes, un 20%, por voluntad propia, tiene la menor relación posible con alemanes…

Ahora bien, parece evidente que, a pesar del trabajo “educativo” de estos intelectuales, existen ciertas reservas entre la población alemana a firmar contratos de inquilinato, dar trabajo o trabar amistad con turcos. Y esto es lo más significativo: no es el rechazo al extranjero, sino el rechazo al turco y al islamista, el que se pone de manifiesto en la sociedad alemana.

Ni los españoles ayer, ni los yugoslavos, griegos o italianos hoy, experimentar así esta discriminación. Y, en realidad, hablan lenguas diferentes, tienen peculiaridades étnicas y antropológicas distintas e incluso su religión no coincide necesariamente con la de los alemanes de origen.

¿Por qué los turcos y los islamistas son discriminados y en cambio otros grupos de inmigrantes no?
La pregunta puede formularse también de otra manera: ¿Por qué los inmigrantes islamistas en Alemania son de difícil integración, mientras que otras comunidades se integran con facilidad? ¿No será que el problema no está en la sociedad alemana sino en la comunidad turca? O lo que es peor, ¿por qué estas mismas situaciones se repiten en toda la Europa receptora de inmigración?

Las respuestas son muchas e incluso contradictorios y, se tiene tendencia a pensar que dependen de la orientación política de quien responda. Para un progresista, el turco es víctima de las discriminaciones sin fin de una sociedad racista y que le resulta extremadamente hostil; para un xenófobo y racista, el turco es un delincuente que ha llegado para chupar la sangre y los recursos generados por el pueblo alemán. Las cosas, evidentemente, son mucho más complejas.

El hecho incontrovertible es que el gobierno alemán y los demás gobiernos europeos han hecho lo divino y lo humano por intentar integrar a las comunidades inmigrantes de origen islámico, sin lograr el más mínimo resultado. Otras comunidades, tal como hemos visto –españoles y portugueses entre ellos- se han adaptado espontánea y perfectamente en Alemania y Suiza, en Francia y Holanda, sin que se hayan invertido esfuerzos ni fondos en procurarlo. Ese es el dato objetivo ligado, fundamentalmente, a comunidades musulmanas.

Tal como analizaremos en otro punto, el problema de la sociología “políticamente correcta” es que parte de una base científicamente incorrecta: excluir de partida la responsabilidad de las comunidades musulmanas en la segregación que experimentan y que afectan de manera infinitamente menor a otros colectivos inmigrantes.

Así pues estamos obligados a una conclusión: la brecha antropológica que existe entre el Islam y Europa es de tal magnitud que cualquier intento de reducirla es vano e infructuoso. Las cosas se agravan con la pretensión del Islam de ser la única religión verdadera y la revelación divina más completa y perfecta. La existencia de la brecha antropológica objetiva lleva a una inadaptación radical a la modernidad y a todo lo que representa: tolerancia, igualdad de la mujer, democracia, libertad de expresión, competitividad, etc., provoca la inevitable marginación de la inmigración islamista.

El único punto de apoyo para evitar el complejo de inferioridad permanente, lo da la religión islámica: marginados, si; poco competitivos, también; ocupando puestos de trabajo subalternos y sin cualificación… todo lo que se quiera, pero “Alá es grande y recompensa a sus fieles”. Siempre queda superar el complejo de inferioridad real o supuesto, con la contrapartida de poseer la única religión verdadera.

Así pues, el ciclo de la marginación se cierra con una especie de revancha espiritual, inseparable, por lo demás, del rechazo y la desconfianza hacia el no islamista. Situación endiablada y sin posibilidades de ser reconducida.
_____________________________

[1] Hace falta meditar sobre este acuerdo, especialmente si tenemos en cuenta que, a partir de mediados de 2005, los contingentes de inmigración ilegal que están llegando a España procedentes del África Subsahariana tienen un notable porcentaje de enfermedades infecciosas e, incluso, por lo que se refiere a los afectados por el SIDA, el reclamo no es otro que el de acogerse a los tratamientos gratuitos contra esta enfermedad.

Si tenemos en cuenta que se calcula que el número de africanos contagiados por el SIDA oscila entre 30 y 50 millones, nos daremos cuenta de que el “efecto llamada” no deriva solo de la posibilidad de ganarse la vida trabajando, sino también de acceder a unas condiciones sanitarias infinitamente mejores que en el país de origen.

Pero el derecho de toda persona a recibir un tratamiento médico, no puede de ninguna manera hacer olvidar que la Seguridad Social española está actualmente excesivamente sobrecargada por tratamientos de este tipo. Las sucesivas reformas de la Ley de Inmigración deberían haber tomado como modelo la legislación alemana de los años sesenta sobre esta materia en lugar de aceptar el hecho consumado y violento de las regularizaciones masivas de ilegales.
El ilegal ha forzado una ley y, por tanto, como cualquier infractor debe ser castigado. No hacerlo, simplemente, y plegarse al hecho consumado de su presencia en España, constituye el “efecto llamada” más radical, tal como ha demostrado el hecho de que un año después de la regularización masiva de febrero-mayo de 2005, en un año haya llegado otro millón de inmigrantes ilegales que, sin duda, serán regularizados tras las elecciones de 2008…

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis –

19.5.07

Financiación de la Mezquita en Los Bermejales, Sevilla


Los promotores de la mezquita no harán público el origen de su financiación

El presidente de la Comunidad Islámica de España, Malik Ruiz, y miembros de la Fundación Mezquita de Sevilla, comparecieron ayer en el hotel Al Andalus para explicar el origen y fuentes de financiación del proyecto de construcción de la mezquita de Sevilla, aunque en todo momento se refirieron a «donantes privados que quieren mantener su anonimato».

Los promotores aseguraron la procedencia «legítima y legal» de la financiación del proyecto, valorado en más de seis millones de euros, e insistieron en que el Ayuntamiento de Sevilla conoce perfectamente la identidad de los donantes, al menos de los dos «hombres de negocio, ricos» que hasta ahora han colaborado para el pago de los casi 100.000 euros que, según los promotores, se han entregado a la Gerencia de Urbanismo. Con este dinero se habría hecho frente al pago de tasas y licencias y al canon por la cesión del suelo, canon del que, sin embargo, el Ayuntamiento les exoneró.

El presidente de la Comunidad Islámica, uno de los órganos representados en la Comisión Islámica de España, constituido en Granada hace 30 años, defendió la independencia de su organización y negó vínculos a ningún país ni organización existente en el mundo islámico, «excepto los tradicionales lazos religiosos entre musulmanes», al tiempo que anunció una demanda contra el Partido Andalucista, cuyo candidato, Agustín Villar, dijo sospechar de la presencia de capital procedente de la organización terrorista Al Qaeda en el proyecto sevillano.

Malik recalcó que su financiación son «donaciones de la más diversas procedencia y siempre sin otorgar a los donantes ningún tipo de condicionamiento posterior, doctrinal e ideológico o político». Al tiempo, recalcó que es «norma generalizada en nuestra entidad mostrar a las autoridades competentes la procedencia, el medio y el destino de cualquier donación».

Emirato de Sharjah

Aunque desde hace tres años fuentes de la comunidad han mantenido al emir de Sharjah como principal mecenas del proyecto, ayer Malik Ruiz descartó la participación de Sheikh Sultan al Qasimi en la construcción de la mezquita de Bermejales.
El emirato, que abanderó el pasado año el boicot a Dinamarca tras la «crisis de las caricaturas», financió buena parte de la construcción de la mezquita de Granada, donde tiene su sede la Comunidad Islámica Española.
Ese Emirato, según Malik, no participa «en absoluto, ni en su financiación ni en ningún tipo de ayuda o colaboración» con el proyecto de Sevilla. Posteriormente, los promotores reconocieron que no tendrían inconveniente de que les llegaran fondos desde el Emirato de Sharjah, «ya que por nuestra parte sólo tenemos agradecimiento por su desinteresada ayuda en Granada».

También desvincularon a Antonio Romero, supuesto contacto entre el Emirato y España, que en su día confirmó haber mantenido contacto con el alcalde de Sevilla en agosto de 2004 para negociar la cesión de los terrenos de la mezquita y del que sólo dicen fue quien llevó a Granada al emir Al Qasimi durante un viaje de negocios particular. Aquel encuentro propició el acuerdo económico para culminar las obras de la mezquita mayor del Albaicín, que se pone como modelo para Sevilla.

Con todo, los miembros de la fundación que promueve la mezquita sevillana mantienen que no harán público el origen de las aportaciones que reciben. El director de la Mezquita de Granada, Abdulhasib Castiñeira, aseguró que «si lo hiciéramos probablemente se retirarían» del proyecto.
«De momento no hay ninguna personalidad específica tras nuestro proyecto, si la hubiera, la comunicaríamos en el momento que creamos conveniente y las autoridades competentes -remarcó- que necesitan saber de quién viene a dónde va y por el medio que va ese dinero, lo conocen al dedillo».

Otro de los aspectos destacados en la rueda de prensa ofrecida ayer era el relativo a la identidad de las comunidades, organizaciones o colectivos islámicos que están vinculados con el proyecto de Sevilla, provincia en la que están registradas diez organizaciones islámicas que reúnen a unos 7.000 musulmanes. Jalib Nieto, uno de los fundadores de la Comunidad Islámica de Sevilla, reconoció que en la Fundación Mezquita de Sevilla, promotora del proyecto, no está representada ninguna comunidad, sino sólo particulares con la finalidad de construir una gran mezquita en Sevilla y un centro cultural de difusión del Islam.

Fundación de particulares

La Fundación fue constituida en septiembre de 2004, y se reconoció en el BOE en abril de 2005, sólo un mes antes de que el Ayuntamiento le otorgase documentalmente la cesión de 6.000 metros cuadrados de terreno público municipal, calificado como de interés público y social en el barrio de Bermejales. Según consta en el acta de constitución, sus miembros son seis personas: Miguel Ángel Ruiz Callejas (Malik Ruiz); Juan Antonio Jiménez Montes, presidente de la Comunidad Islámica de Sevilla; José Manuel Espinosa Cia, Joaquín Nieto Moreno (Jalid Nieto), Moisés Gutiérrez Fraguas (Abdes Salam Gutiérrez), secretario de la Comunidad Islámica de España y Antonio Vento Fraile.

Esta fundación tiene su sede en la Plaza Ponce de León, donde radica igualmente la comunidad Islámica Al Morabitun, movimiento islámico auspiciado en los años ochenta por Shayj Abdelqadir as Sufi, y sobre el que pivota tanto la mezquita granadina como el proyecto de Sevilla.
Sus convicciones son, según expresaron ayer, «el rechazo a los reformismos modernistas, y todo aquello que ha sido añadido, y la búsqueda desde el origen de la tradición más pura y genuina, buscando el conocimiento del Islam, allí donde hemos considerado que se ha mantenido sin contaminaciones y libre de cualquier otro interés económico o político».

Los miembros de la fundación se mostraron contrarios a la ubicación que les dio el Ayuntamiento en Bermejales, ya que pretendían una ubicación céntrica, pero advierten que no renunciarán a los terrenos a pesar del rechazo social al proyecto en el barrio. Un rechazo que achacaron a «señoritos andaluces y caciques provincianos». Durante buena parte de su intervención, los representantes de la comunidad aseguraron sentirse objetivo de una campaña de descrédito contra ellos en particular y los musulmanes en general.

Bermejales 2000

Ayer, tras la rueda de prensa, la presidenta de la Asociación de Vecinos de Los Bermejales 2000 de Sevilla, Conchita Rivas -representativa de 1.400 familias del barrio, un 80 por ciento de su población-, exigió a la Comunidad Islámica que «facilite los nombres de los donantes del dinero para la construcción de la anunciada mezquita en el barrio». La presidenta vecinal se mostró sorprendida por la falta de explicaciones, ya que «no dicen los nombres de los donantes del dinero porque no les da la gana» y si «no tienen nada que ocultar que lo digan», aseguró a Efe.
La presidenta vecinal anunció una concentración para el 22 de mayo, a las 19.00 horas en contra de la construcción de la mezquita.

Miembros de la Comunidad Islámica de España, durante la rueda de prensa ofrecida ayer en el Hotel Al-Andalus.
Fuente: ABC.es

17.5.07

La reconquista islámica de Andalucia

De los moriscos a las organizaciones contemporáneas: Conversos musulmanes españoles ejercen como la 'quinta columna' de la ‘reconquista’ islámica de Andalucía

En 1968, en tiempos en los que la corrección política no había ahogado también a los estudios históricos, la principal revista de historiografía de Estados Unidos, la American Historical Review, publicaba un ensayo titulado: “Los moriscos: la quinta columna otomana en la España del siglo XVI”.
No se puede decir que su autor, Adrew C. Hess, sea precisamente un ‘islamófobo’. Además de referencia mundial en el estudio de la civilización islámica, pasada y presente, ha trabajado y trabaja como profesor en los departamentos de asuntos exteriores de varios países del Golfo y como ejecutivo en la saudí Arabian American Oil Company.

Sin embargo, mientras exigen la nacionalidad española para los descendientes de los moriscos, organizaciones de conversos españoles califican de “revisionistas” o, simplemente, de “fascistas”, a historiadores españoles contemporáneos que plantean cómo los moriscos fueron expulsados de España tras un siglo de ‘colaboracionismo’ con el Imperio Otomano en el sabotaje del ya unificado estado español.

Sin embargo, la ‘revancha’ musulmana esta vez no necesita de espadas jinetas sino de la masiva cantidad de petrodólares con que el islam árabe más reaccionario está inundando su mítica Al Ándalus, y donde los conversos españoles están actuando como agentes en la ‘reconquista’ de la tierra ‘aún’ bajo dominio infiel, mientras los cristianos se ven obligados a celebrar "en secreto" la navidad en el vecino Marruecos.

Hasta el Financial Times certificaba este fin de semana cómo “el islam regresa a una tolerante Andalucía”.

Sin embargo, en un reportaje en el que la candidez de la corresponsal del diario británico, Victoria Burnett, fue ampliamente aprovechada por las conversas musulmanas por ella entrevistadas, la sensación de que una idílica y dulce convivencia empieza a renacer en Andalucía entre ‘cristianos’ y ‘musulmanes’ culminaba con la emocionada declaración de una de las cuestionadas: “Es muy difícil convencer a alguien que ha visto la Alhambra de que el islam es brutal y violento”, en un cierre de fiesta en el que la ignorancia de la británica sobre los sultanes nazaríes granadinos fue convenientemente rellenada por el mito de una Al Ándalus tolerante frente a la oscurantista cristiandad.

Hacia 'La Meca' española

Más informado sobre lo que de verdad está sucediendo en Granada pero también en Sevilla y, muy especialmente, en Córdoba, estaba el simultáneo reportaje del diario español ABC, que abría con un contundente titular: Grupos islámicos españoles quieren construir en Córdoba una mezquita que sea ‘La Meca’ europea”.
Muy significativamente firmado sólo con iniciales, el reportaje denuncia la penetración del islam más reaccionario de varios países del Golfo, en especial de la propia Arabia Saudí, a través de la financiación de diversas y gigantescas mezquitas en Andalucía, una de ellas en Córdoba.

De esta forma, en la heredera de la antigua capital del califato omeya se intenta que las autoridades aprueben el proyecto de construcción de la que sería la segunda mezquita más grande del mundo dentro de un plan de creación de una ‘Meca occidental’ que sirva de referencia y destino de peregrinación para los millones de musulmanes que ya habitan en España y en el resto de Europa.

Es en este esfuerzo en el que los conversos están abandonándose a la masiva financiación árabe y en el que esos mismos musulmanes españoles, algunos militando estratégicamente en el PSOE andaluz, actúan de ‘agentes internos’ para la penetración del wahabismo saudí más estricto cuando no brutal.

Convertidos y adversarios

Carece, sin embargo, la información del diario español de la contextualización de los distintos grupos de conversos españoles, muy distintos entre sí y hasta radicalmente enfrentados entre ellos, en un rango que va desde los nuevos dirigentes de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) -quienes hace un año se hacían con el poder de la organización que representa al islam español ante el estado- hasta los conversos de la Junta Islámica, representantes históricos de la religión musulmana en España, y que fueron desbancados por los anteriores en lo que éstos calificaron de un golpe de mano financiado con “dinero marroquí y saudí” en la estrategia de ambos países por hacerse con el control de la creciente población islámica española.

Mientras los nuevos dirigentes españoles conversos de la FEERI miran hacia La Meca saudí y a su interpretación rigorista del islam sustentada por el diluvio sin fin de petrodólares, los conversos de la Junta Islámica no sólo rechazan al wahabismo como una 'reforma' estrictamente musulmana sino que prefieren abandonarse tanto al racismo negro y antisionista de la musulmana Nación del Islam de Louis Farrakhan como a la rendida admiración de los jerarcas y dictadores populistas latinoamericanos así como al antiamericanismo más primario o a las más retorcidas teorías antiisraelíes, básicamente sostenido todo ello desde la publicación en su medio en Internet de los virulentos análisis de grandes nodos antisistema en la Red, siempre en apoyo del islamismo radical o, directamente, en comprensión del terrorista.

'Quinta columna'

Enfrentadas ambas corrientes con rencor creciente, sin embargo, su fin es el mismo: la recuperación del islam en Andalucía como una fuerza activa que va desde las masivas mezquitas de los prosaudíes -pasando por el más callado pero profundo activismo de los morabitos, que llega en su proselitismo hasta los empobrecidos indígenas americanos- hasta las más 'pequeñas' pero significativas y constantes reclamaciones de la Junta Islámica para que se abra al culto musulmán la Catedral de Córdoba, antigua mezquita, o se conceda la nacionalidad española a los descendientes de unos moriscos que, en la estela de Hess, el profesor de la Universidad de Málaga, J. E. López de Coca Castañer, también pone en contexto en su íntima relación con el Imperio Otomano durante la “caída del reino de Granada” (pdf).

En todo caso, si los historiadores más independientes -cuando no, muy próximos al islam y a sus estados confesionales, como Hess- califican a los moriscos del XVI como la ‘quinta columna’ del Imperio Otomano en sus asaltos a la España cristiana, algo vuelve a revivirse con la acción de los conversos españoles, en alianza tácita cuando no explícita con el resurgir de un islam de distintos matices que va del maridaje intelectual con grupos antisistema de indisimulada vocación de destrucción democrática a la abierta ofensiva extranjerizante en la que otros conversos españoles muellemente se abandonan a la furiosa tempestad de poco espiritual oro que llega desde los desiertos árabes.

Javier Monjas - Madrid
Nuevo digital.com

15.5.07

Vade retro, Islam


Sandro Magíster es un especialista en cuestiones religiosas y en el estudio de conflictos que los siglos han venido arrastrando y que son resistentes al progreso de la inteligencia.

Los musulmanes abren mezquitas en Europa y se casan con mujeres católicas; en cambio, entre ellos persiguen a los cristianos. Al enemigo musulmán la Iglesia le pide ia par conditio (igualdad de condiciones), mientras fomenta “el conflicto secular entre los dos mundos religiosos y culturales”. Por esta razón, Magíster piensa que Juan Pablo II, por un lado, pide perdón por las cruzadas y, por otro, “haría de buena gana una moderna y pacífica cruzada antimusulmana”.

El papa Juan Pablo II pidió perdón por las cruzadas antiguas. Pero hoy la Iglesia haría de buena gana una moderna y pacífica cruzada antimusulmana, porque siente que el enemigo islámico presiona en la línea limítrofe, y sobre todo lo ve acechando y actuando también en las tierras de la antigua cristiandad: en Europa, en Italia. Esta segunda práctica es la gran novedad en el conflicto secular entre los dos mundos religiosos y culturales.

La línea limítrofe externa, el limes, corta África en dos y va desde Arabia hasta Filipinas. Las noticias que llegan al Vaticano desde esta frontera bastarían para crear la alarma. En Nigeria, con la mitad de la población cristiana y la mitad musulmana, en las primeras semanas del 2000 hubo más de mil muertos; poco antes una matanza en el norte del país por obra de los musulmanes; después, en el sur una contramatanza por obra de los cristianos. En Sudán, guerra civil interminable entre el norte musulmán y el sur animista y cristiano.

En enero pasado, veintiún víctimas en Egipto, entre ellas diecinueve cristianos, en los asaltos de musulmanes a casas e iglesias coptas. En Yemen mataron a unas hermanas de la orden de la madre Teresa de Calcuta. En Pakistán están a la orden del día procesos a cristianos por “impiedad”, que son condenados a la pena capital. En signo de protesta, John Joseph, un obispo católico, se quitó la vida en la escalinata de la iglesia. En Indonesia, después de las matanzas de Timor siguieron en las Molucas los progrom anticristianos.

La preocupación del Vaticano es que en los países con población predominantemente musulmana los cristianos no tienen igualdades civiles. En Roma los musulmanes han construido su gran mezquita, pero en Arabia Saudita no hay iglesias cristianas y el sólo hecho de tener un evangelio es delito. El Papa y sus diplomáticos tienden la mano a los jefes musulmanes moderados: en Egipto al jeque de Al Azhar, en Indonesia al nuevo presidente Abdurrahman Wahid y desde Nigeria han recibido con alivio la noticia del retiro de la imposición de la ley islámica para las minorías cristianas, chispa de las matanzas recientes.

Pero el diagnóstico general es muy alarmante. El jesuita Thomas Michel, el mayor experto vaticano del islamismo, lo formula así: “Los reformadores musulmanes, los que propugnan el regreso a la pureza originaria del Islam, ven a Occidente y a la modernidad como el enemigo. Están convencidos de que Occidente, después de haber cristianizado a Europa, quiere ahora destruir al Islam como su último bastión religioso, y en consecuencia contraatacan.”

Y lo hacen llevando su lucha a las mismas tierras del enemigo: en Europa, en Italia. He aquí la novedad que tanto alarma a la Iglesia: la apertura de un frente interno. La Iglesia tiene antenas sensibles. Sabe que el liderazgo de veinticuatro millones de musulmanes hoy presentes en Europa está cada vez más controlado por los autores del regreso a un Islam puro. Intuye el peligro: si éstos verdaderamente consideran ya muerto o agonizante al cristianismo en Europa, su objetivo no es la integración, sino la conquista.

Don Pierino Gelmini, predicador que cuenta con un considerable auditorio, dio voz a un temor difuso: “En otro tiempo venían a depredar nuestras ciudades, ahora vienen a casarse con mujeres católicas y a convertirlas.” Tampoco el apacible secretario de la Conferencia Episcopal italiana, el obispo Ennio Antonelli, brazo derecho del cardenal Camillo Ruini, se ha quedado atrás. Dijo que hay que poner un alto a las demasiadas autorizaciones de la Iglesia a favor de los matrimonios entre musulmanes y católicos; alto al ofrecimiento de iglesias y salas parroquiales a los musulmanes; sobre todo alto a la carrera del acuerdo entre el Estado italiano y la comunidad musulmana: “No está dicho que el Estado deba tener acuerdos con todos.”

Los matrimonios hasta hoy celebrados en Italia entre musulmanes y católicos son alrededor de doce mil, de los cuales anualmente un centenar tiene el placet de la Iglesia. El Islam prohibe estrictamente a una mujer musulmana casarse con un no musulmán, pero permite a un musulmán casarse con una cristiana y a ésta conservar su religión, con tal de que los hijos sean educados en la religión islámica y que la madre no pretenda tener algún derecho de custodia sobre ellos. Esto sin contar las otras desigualdades a favor del sexo masculino.

En 1995 los obispos habían puesto en guardia acerca de los riesgos a los que las mujeres católicas se iban a enfrentar. Pero el balance que hoy hacen es todavía más severo. No sólo gran parte de las mujeres casadas con musulmanes se convierte al Islam “por conveniencia”, sino que muchos de estos matrimonios se desintegran y los hijos son sistemáticamente arrebatados a las madres.

Existe además el fenómeno de la poligamia, practicada dando vuelta a las prohibiciones de la ley. El musulmán ya casado por lo civil puede contraer matrimonio con otras mujeres simplemente en la mezquita, con un ritual sin registro. Un caso italiano: Abulkar Fall Mamour, imán de la iglesia de Carmagnola, ya casado civilmente con una convertida, tomó como segunda esposa a Aisha, otra convertida que según el registro civil es Barbara Farina, la primera que obtuvo en Italia el derecho de aparecer en la foto de sus credenciales con la cabeza cubierta por el velo islámico.

En Italia, las organizaciones musulmanas que presionan por un acuerdo con el Estado también han incluido entre sus peticiones el derecho de celebrar y disolver los matrimonios según las leyes islámicas, “sin ningún efecto o relevancia civil”. Rengo Guolo, de la Universidad de Padua y el más agudo analista de las estrategias musulmanas en Italia y en Europa, comenta: “Se trata de pretender una especie de extraterritorialidad. Los efectos, con sus devastadoras implicaciones, no tardarían en manifestarse.”

Guolo distingue dos principales corrientes islamitas. La primera es la de los radicales, encendidos autores de la jihad: lucha por la fe. Son radicales los líderes del Instituto Cultural Islámico de la avenida Jenner en Milán: egipcios, sirios, algerinos, todos opositores a los respectivos regímenes de sus países. El egipcio Abu Imad es el imán de su mezquita. En su lista no hay italianos convertidos. Consideran a Occidente “casa de la guerra”, pero todavía le conceden una tregua, sosteniendo más bien a sus compañeros de militancia que luchan en su patria. Entre los países europeos, Inglaterra es la que alberga a los grupos más activos y vociferantes de islamitas radicales, incluida la representación del Frente Internacional Islámico a favor de la jihad contra judíos y cruzadas del escurridizo superterrorista Osama bin Laden.

La segunda corriente, mucho más difundida, es la de los neotradicionalistas. Su faro no es la jihad, sino más bien la hijra, la hégira, el exilio voluntario de Mahoma a Medina. En la tierra infiel europea tratan de crear espacios purificados, de intensa vida comunitaria islámica, y para lograrlo aceptan negociar con los Estados. Guolo explica: “Con los pactos quieren obtener el reconocimiento de algunos derechos de grupo sobre una base religiosa, pero sin contraer ningún pacto de lealtad hacia el Estado que los acoge, que permanece siendo impío.”

Los neotradicionalistas quieren sobreponer una nueva identidad comunitaria, supranacional, a las identidades nacionales de los musulmanes emigrados a Europa. De hecho se refieren no a las patrias de origen, sino a las grandes internacionales islámicas como la Liga Mundial y los Hermanos Musulmanes que los financian. En Italia, desde hace años tratan de unificar a la comunidad musulmana a través del control de centenares de mezquitas y buscan asumir su representación, ostentándose frente al gobierno como los interlocutores autorizados para el acuerdo.

Casi lo han logrado. El frente más activo de los neotradicionalistas pertenece al Centro Islámico de Milán y de Lombardía, animado por los Hermanos Musulmanes llegados de Siria y de Egipto, que a su vez han creado a nivel nacional la Unión de las Comunidades Islámicas en Italia. Ya en 1990 la ucoii presentó al gobierno un esbozo para el acuerdo, pero el camino se vio obstruido por el Centro Islámico Cultural de Italia, de la mezquita de Roma, guía de las embajadas árabes. La oposición llegaba sobre todo de Marruecos, que no quería perder el control de sus numerosos emigrados a favor de los aborrecidos Hermanos Musulmanes. Sin embargo, en 1998 la ucoii logró ponerse de acuerdo con Arabia Saudita, otro gran patrón de la mezquita de Roma, para aislar a Marruecos. Nació un nuevo organismo representativo: el Consejo Islámico de Italia, cuyo presidente es el sirio Mohamed Nur Dachan, quien ya era jefe de la ucoii y líder histórico de los Hermanos Musulmanes. Su vicepresidente es el convertido Mario Scialoja, ex embajador de Italia en Arabia Saudita. El gobierno italiano está listo para negociar. Pero ¿qué pasaría si escuchara a la Iglesia?

Sandro Magíster
Traducción de Annunziata Rossi