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29.6.08

La Aldea del Alemán (Boualem Sansal)

Boualem Sansal - Le village de l'allemand (1)

Boualem Sansal - Le village de l'allemand (2)

Título: La aldea del Alemán
Autor: Boualem Sansal



Esta es la historia de dos hermanos, de dos musulmanes franceses nacidos en Argelia en un pueblecito cerca de Sétif, de padre alemán y madre argelina. Ambos fueron enviados a Francia muy jóvenes para "labrarse un futuro". Rachel, el "triunfador" hermano mayor, acumula títulos y trabaja en una multinacional. Malrich, el hermano menor, malgasta su juventud en uno de aquellos suburbios de París donde confluyen el fracaso, la pobreza y la revuelta. Eso es, una vida sin cultura, con un viejo comisario de policía "de proximidad" sorprendentemente comprensivo como único interlocutor

Los dos hermanos nunca han vuelto a Argelia, pero su vida se ve alterada de repente cuando en el pueblo unos terroristas islamistas del GIA degüellan a una treintena de habitantes, entre los cuales se encuentran sus padres.

Cuando Rachel viene a recogerse ante la tumba de sus padres descubre lo impensable en el fondo de una vieja maleta. Su padre, Hans Schiller, oficial de las SS empleado por sus conocimientos científicos, en la solución final durante la Segunda Guerra Mundial, es responsable directa e indirectamente de la muerte de miles de personas en los campos de concentración nazis. Salvado al final de la guerra por el Grupo 92, una versión del célebre grupo de Odessa, que hizo salir de Alemania a centenares de criminales nazis y los colocó en casi todas partes, Hans Schiller es recibido por los servicios secretos egipcios y, después, enviado por Nasser como experto en el ELN (Ejército de Liberación Nacional argelino).

Convertido al islam, nuestro SS es un personaje conocido y respetado, y su muerte se debe únicamente al puro azar de una carnicería ciega perpetrada en Argelia por los islamistas en los años ochenta. "Este personaje es real", dice Boualem Sansal, uno de los más grandes escritores argelinos contemporáneos, "en la región lo veíamos como un héroe, un hombre santo... Su pueblo era llamado el pueblo del alemán".

Que el Ejército de Liberación Nacional argelino estuviera formado en parte por un oficial de las SS no es de entrada un dato sin interés para la historia real. Pero lo que hace la especificidad extraordinaria de esta novela es el hecho de que, al hilo de sus investigaciones y a través de su personaje, un escritor musulmán se meta por primera vez en la piel de un judío martirizado y exterminado en un campo de concentración nazi.

A partir de aquí, la novela se convierte en una búsqueda de la verdad. Rachel quiere saber quién era su padre y cómo "hombres sanos de cuerpo y espíritu como (mi) padre aceptaron despojarse de su humanidad y transformarse en máquinas de la muerte... Mi padre actuó por sí mismo, con plena conciencia, y la prueba de ello es que otros se negaron a hacerlo". Y sigue: "Una vez cometido el crimen, papá tenía todavía la posibilidad de entregarse a la justicia y recuperar la dignidad. Huyó..., dejó el crimen impune, lo tapó con su silencio".

Rachel va hasta el fondo del horror y recorre de nuevo el camino que hizo su padre: Hamburgo, Uelzen, la Wehrmacht, las SS, los campos de prisioneros, Dachau, Buchenwald, Auschwitz... En todas partes, "él obedeció órdenes y cumplió su deber como soldado".

En el curso de su largo viaje, sigue la huella de su padre y lee todos los libros y los documentos más técnicos sobre el tema del exterminio en masa: la recogida, el transporte, la selección, la logística ferroviaria, las pruebas hechas en Francfort con cobayas humanas para dar con la buena fórmula, el gas exacto, determinar las cantidades y la calidad del Zyklon B necesarios, la gestión de las reservas, el tamaño, la forma y la temperatura ideales de las cámaras de gas. "Gestionar una explotación de estas características no es tan fácil como parece..., coordinar veinticinco campos de exterminio dispersos en varios países es una tarea titánica que hoy en día provocaría la caída de más de un gobierno", dice.

Rachel finaliza su viaje al fondo del horror con la lectura de Mein kampf. Pierde su trabajo en la multinacional, a su mujer, que ya no entiende nada, y, al final, incluso su vida. Carga con la culpa del padre y pone fin a sus días de la misma manera en que se gaseaba a los judíos, es decir, inhalando el humo del tubo de escape de su coche. "Remonto en el tiempo, hurgo en las tinieblas, voy a investigar la mayor desgracia del mundo e intentar comprenderla... Tengo tanto miedo de encontrar a mi padre allí donde no es debido, allí donde ningún hombre puede estar, sin dejar a la vez de ser un hombre...".

Después del suicidio de Rachel, Malrich, el hermano menor, retoma la historia en el mismo punto de partida. Aunque, a diferencia de Rachel, lo que le obsesiona no es el pasado nazi del padre. A partir del mismo hecho inicial surgen dos reflexiones y dos trayectorias distintas.
Más que volver al nazismo que ya forma parte del pasado, Malrich se interesará por un islamismo mucho más actual: el de los barbudos que no predican solamente en Argelia u otros países lejanos sino también en el corazón de la democracia que es Francia, en los suburbios más desfavorecidos y en los ZUS (zona urbana sensible) donde los jóvenes desempleados, sin dinero, sin apenas cultura, víctimas de una mala escolarización y poco integrados son manipulados, adoctrinados, presionados, amenazados e incluso asesinados.

Ésta es la vida de Nadia, una francesa de origen magrebí, beurette de 16 años, aprendiz de peluquera, que es encontrada muerta tras ser calcinada con un soplete en los sótanos de una casa del barrio. Un barbudo la había avisado: se merecía el castigo de Alá por llevar el pelo fosforescente y salir con chicos blancos.

Entre el asesinato de los padres en Argelia y el de la chica en un suburbio de París existen parecidos tanto en la causa como en el efecto. Para Boualem Sansal, de la misma manera que los nazis sometieron al pueblo alemán y abusaron sistemáticamente de él, los barbudos de las barriadas francesas o europeas imponen sus leyes a los jóvenes, a las chicas y a las mujeres: ninguna libertad, ninguna educación libre para las chicas, la obligación de llevar el velo islámico y el miedo.

"Nada ha cambiado en el barrio en diez años salvo que han llegado los islamistas..., y en muy poco tiempo han levantado tropas y tomado el poder... Pronto se ha producido el vacío. Las empresas se han deslocalizado, como los comercios y las oficinas, el trapicheo que ayudaba a los desempleados a armarse de paciencia... Es la técnica que utilizan", escribe Malrich, quien se dejó adoctrinar durante un tiempo. "Cuando llegaron los primeros islamistas, les aplaudimos.
Eran divertidos, llevaban el rosario en bandolera y la barba desordenada. Eran un puñado, nosotros éramos más y sólo queríamos ser su mano derecha...". Malrich hace un paralelismo entre los métodos empleados por los nazis y los de los islamistas: "Cuando pienso en nuestro barrio, en sus habitantes militarizados por el imán, rodeados de barbudos en chilaba y de gamberros, humillados por los kapos, en esta pobre Nadia carbonizada. Entonces, pienso en mi padre...".

La adopción de palabras como kapo para describir la situación de un suburbio parisiense ilustra a la perfección lo que quiere hacernos entender el autor. ¿Qué hacen los islamistas? "Nos han enseñado que no hay nada más apasionante que odiar a los demás y desearles la muerte". Cuando el grupo de jóvenes fue reconocido "apto para la yihad", el imán fue nombrándolos uno a uno: "Éste es el judío, el sarnoso, el peor de todos, este otro es el cristiano, el hipócrita, el maldito, aquél el comunista, el monstruo que deshonra a Alá". Vienen luego el musulmán laico, el árabe occidentalizado y la mujer libre, todos ellos perros y perras "que merecen una muerte cruel". Después los intelectuales y los drogadictos. Y Francia se les "aparece en todo su horror, podrida hasta los huesos...".

Muchos salen casi indemnes de este adoctrinamiento, pero otros "se hunden en el delirio. Quien no logra curarse de la peste verde es un hombre perdido por los siglos de los siglos". Malrich y sus amigos deciden pelearse con los islamistas del barrio. Escribe incluso una carta al ministro del Interior: "Han colonizado nuestro barrio: todavía no es un campo de exterminio pero sí un campo de concentración..., nos olvidamos poco a poco de que vivimos en Francia... El barrio será dentro de poco tiempo una república islámica plenamente constituida".

"La ambigüedad y lo inexplicable son los ingredientes básicos para quien quiera convertirse en fanático". Es la ambigüedad que muchas veces encontramos entre los creyentes o los intelectuales musulmanes más "tolerantes", como Tariq Ramadan, que prefiere pedir una moratoria antes que pronunciarse en contra de la lapidación de la mujer adúltera.

Esta novela, de un cuidado extremo en su forma literaria, es también una llamada a la atención. Podemos preguntarnos por qué hasta la fecha nadie se ha preocupado ni ha estudiado con la debida atención las relaciones entre islamismo y nacionalsocialismo. Sin embargo, al menos tres grandes dignatarios islamistas históricos reivindicaron el nazismo como ideología y como práctica:
- El gran mufti de Jerusalén Al Husseini;
- Hassan al Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes, en Egipto;
- Mohamdi Saïd, en Argel, uno de los tres fundadores del ELN, voluntario y luego oficial de la Wermacht durante la Segunda Guerra.

Traducción de Martí Sampons.
Le village de l'Allemand ou le journal des frères Schiller. "El pueblo del Aleman" o "Diario de los hermanos Schiller"

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28.6.08

El velo, "hijab" de la discordia

Más musulmanas con velo. ¿Porque quieren?

El pañuelo islámico, que critica la ministra Aído, gana presencia en la juventud - Por tradición, pero también como gesto militante

Para algunas, ir tapadas es una protección ante el frenesí masculino

"Soy creyente y considero el velo una opresión", dice Fadela Amara

La mayoría niega que les hayan obligado a taparse la cabeza

En Turquía, la lucha por el laicismo se libra en el armario femenino


Las mujeres musulmanas llevan velo porque les da la gana. Nadie se lo impone.

Así de tajantes han respondido las autoridades islámicas en España a las declaraciones de Bibiana Aído, la ministra de Igualdad, dispuesta a desafiar a la corrección política con tal de hacer llegar su mensaje. Aído criticó las restricciones que el islam impone en la indumentaria de la mujer, destapando una vez más la caja de Pandora del hiyab y los derechos de la mujer.

Mientras parte del feminismo occidental ha convertido el velo en símbolo de sumisión, las mujeres musulmanas, progresistas y conservadoras, se quejan de la obsesión por un trozo de tela que consideran parte de su cultura y que -aseguran- nadie les impone ni les quita derechos. Pero estas decisiones están muy condicionadas, sobre todo, por el clima político y social reinante tras el 11 de septiembre. El deseo de defender su identidad ante la islamofobia occidental, junto a algo tan trivial como la moda, ha animado a muchas mujeres a cubrirse.

Esta marea político-religiosa hace que a la hora de la verdad, sean una minoría las mujeres que se planteen conscientemente la decisión de llevar o no el velo. Para millones de ellas, no hay elección posible.

"Esta historia de los Gobiernos europeos y el velo es contagiosa. Francia ha conseguido contaminar incluso a España, un país más cercano que otros al mundo musulmán", se queja desde Rabat Nadia Yassine, líder del movimiento islamista Justicia y Espiritualidad, perseguido por el Gobierno marroquí. Yassine admite que a algunas chicas sus familias les obligan a taparse la cabeza, "pero muchas lo deciden libremente". "En Europa no se dan cuenta de que más allá de cuestiones políticas o religiosas, el velo es una moda que arrasa. Las jóvenes ven a las modelos en la tele y les gusta", sostiene Yassine.

"Desde luego, a mí nadie me obligó a ponérmelo; es más, a mi familia no le hizo demasiada gracia", dice Angelica Oballe, una alemana de 21 años que hace apenas unos meses se convirtió al islam y emigró a Oriente Próximo. Hoy, Oballe pasea por Jerusalén con los ojos perfilados de kohl, falda larga y colorido pañuelo en la cabeza. Decidió vestir así a los 20 años "porque el Corán lo ordena", pero, sobre todo, porque se siente "más protegida y respetuosa con Dios". "Fue una decisión libre que tiene que ver con mi forma de relacionarme con Dios, pero también es una manera de demostrar que estoy orgullosa de ser musulmana, que no tengo por qué esconderme".

Menos entusiasta se muestra Mina Chebaa, quien, a sus 38 años, resopla cuando se le pregunta por el velo. Dice que no entiende la cansina obsesión occidental por "liberarlas" del yugo textil. "Estamos hartas. Si les preocupan los derechos de las mujeres, que se preocupen de las maltratadas, o de impedir que las mujeres con velo no tengan acceso a los trabajos en la Administración".

Chebaa, miembro de la plataforma para la emancipación de las mujeres musulmanas en Bélgica, admite que hay maridos que obligan a sus mujeres a velarse, pero afirma que son minoría. Ella decidió cubrirse muy tarde, a los 25 años, cuatro después de casarse. "Fue una decisión fruto de un proceso de búsqueda de mi identidad", explica.

Muchas musulmanas se ríen cuando escuchan a una occidental preocuparse porque van tapadas. Algunas presumen de que en su cultura lo que cuenta es la belleza interior y no las mechas o el bronceado. En Líbano, Marruecos, Egipto... a lo largo y ancho del mundo musulmán se escuchan parecidos argumentos de boca de mujeres de distinto signo político o fervor religioso.

Para buena parte de la opinión pública europea, laicistas y feministas incluidos, que las mujeres se cubran, al margen del grado de libertad con el que lo hagan, constituye un acto de sumisión y una pérdida de derechos. Explicaba muy bien esta posición hace meses en una entrevista con este diario Fadela Amara, hoy secretaria de Estado francés y fundadora de Ni Putas Ni Sumisas, organización que combate activamente el uso del pañuelo. Amara, contraria a cualquier tipo de relativismo cultural cuando están en juego los derechos de las mujeres, considera el velo un acto de sumisión en estado puro.

"Hay que distinguir entre religión y tradiciones arcaicas. La interpretación de los textos religiosos siempre se ha hecho por y para los hombres. Yo soy musulmana y considero el velo como un instrumento de opresión. Su historia está ligada no tanto al islam como a sociedades patriarcales", decía Amara.

En el caso de Samah, una veinteañera beirutí, casada con un clérigo de Hezbolá a la que ni se le ocurre la posibilidad de no cubrirse, la religión fue un factor determinante. Un chador negro, de la cabeza a los pies, no deja que se adivine ni una curva en su cuerpo. Su rostro, muy dulce, queda enmarcado por la tela desde el nacimiento del cabello hasta la barbilla. Ella cree que la prenda es una protección ante la incontrolable biología masculina. Sus palabras son elocuentes: "Ellos son diferentes. Siempre tienen ganas de sexo.
Por eso, no hay que provocarles. Si una mujer va con escote y minifalda, ¿qué va a hacer el hombre? Pues violar a la primera que pille".
Preocupada porque la periodista anduviera con la melena al aire, la obsequió con un libro, La cuestión del hiyab, un argumentario editado por la organización para la propagación islámica de Teherán. El manual explica que si la mujer se cubre de acuerdo con el islam, "le permite adquirir prestancia y respeto y la protege de individuos frívolos e inmorales".

Además de moda, instrumento de liberación o protección ante el frenesí masculino, el velo ha cobrado fuerza en los últimos años como símbolo de identidad. Si Occidente no las quiere, ellas le vuelven la espalda y se aferran a las tradiciones. Las cabezas cubiertas avanzan en la tradicionalmente laica sociedad palestina, en Turquía, Egipto, en las segundas y terceras generaciones de musulmanes en Europa... "Es un fenómeno que se extiende no sólo por el Magreb u Oriente Próximo, sino también por Bangladesh, Indonesia... Las mujeres se han convertido en el campo de batalla entre Oriente y Occidente tras el 11-S", sostiene la feminista turca Liz Erçevik.

Ella cree que el debate se plantea en términos muy simplistas -velo sí o velo no- y que hay que ver por qué cada vez más mujeres usan el pañuelo. "Por un lado, Occidente invade Kuwait o Afganistán para liberar a las mujeres y, por otro, los líderes musulmanes las instrumentalizan para reforzar la identidad nacional. Este debate polarizado lo único que hace es menguar los derechos de las mujeres", sostiene Erçevik por teléfono desde Estambul.

En Turquía, probablemente más que en ningún otro país, está claro que la batalla política entre la oposición laicista y el Gobierno se libra en el guardarropa femenino. El Tribunal Constitucional acaba de anular la ley que permitía ir con velo a la universidad. La prohibición ha obligado a algunas mujeres a ocultarse o a ponerse pelucas o gorros para sortear la vigilancia, mientras que otras dejan de estudiar. "Como feministas no estamos dispuestas a renunciar al derecho a la educación. Además, es una medida que profundiza en la discriminación, porque sólo nos afecta a nosotras", añade Erçevik.

El ataque a la igualdad que denuncia es precisamente la idea que se escondía tras el discurso de Aído. De él se desprende que para la ministra el problema fundamental no son las imposiciones de una u otra religión, sino la forma desigual en que se aplican. Es decir, que cuando una cultura limita las libertades individuales, a las mujeres les toca casi siempre la peor parte. "¿Por qué los islámicos y los mayas no tienen que cargar con el peso de la identidad cultural y ellas, por el contrario, tienen que mostrarla como la prueba más rotunda de que esas culturas existen?", fueron sus palabras, que provocaron el inmediato salto a la yugular de los líderes islámicos. Le espetaron que las musulmanas visten el pañuelo "porque les da la gana, y no porque nadie les obligue". Y le pidieron que "no hable de lo que no sabe".

En España, mientras el PP dijo en plena campaña electoral que quería incluir la cuestión del velo en el famoso contrato de integración de inmigrantes, el Gobierno no se ha decantado por regular esta materia. "Lo más importante es ser sumamente respetuoso con los hábitos y culturas de cada país, teniendo mucho cuidado en que esas tradiciones culturales no ataquen a la libertad ni supongan una vulneración de la libertad a las personas o un ataque a los derechos humanos", apuntó ayer la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

El laissez faire español, como el británico o el alemán, dista de las restricciones francesas. Francia, la gran valedora del laicismo, prohibió en 2004 el uso de signos religiosos en las escuelas públicas, lo que suscitó una marea de rechazo en el mundo musulmán. Países como Bélgica y Holanda se han decantado también por poner coto a los dictados religiosos. Mientras la ciudad belga de Amberes ha prohibido el uso del velo a las funcionarias que trabajan cara al público, en Holanda no se permite vestir el burka en las escuelas y centros oficiales. Lo que está claro es que, de momento, los países europeos no han sabido o no han querido adoptar una postura común. Y que los intentos de regulación han levantado ampollas.

En Estados Unidos, donde no se restringe el uso del pañuelo, las mujeres musulmanas no corren mejor suerte y, en general, como en el resto de Occidente, se asocia la cabeza cubierta a una restricción de sus derechos y a una cultura democrática cuando menos deficiente, lejos del poder liberador que alguna de estas mujeres le atribuyen al velo. Y si no, que se lo pregunten a Hebba Aref y a Shimaa Abdelfadeel, a las que se les prohibió subir al escenario en un reciente mitin de Barak Obama por llevarlo. El senador cristiano no quiso dejarse ver con esas mujeres, no fueran a creer sus votantes que tiene algo que ver con las oprimidas musulmanas.

27.6.08

Cristianos perseguidos en Egipto


La violencia contra los coptos arreció en las últimas semanas.

Una declaración de los coptos en los Estados Unidos emitida el 10 de junio pasado expresa: "La Asociación de los Coptos en los Estados Unidos denuncia los bárbaros ataques contra los coptos en Egipto, durante dos semanas consecutivas.
En el último ataque murió una joven víctima : Milad Ibrahim Farah en la aldea de Dyfish Samalot. Este crimen constituyó la culminación de una semana de terrorismo contra los coptos y sus vidas. Comenzó con la muerte de cuatro coptos en una operación en Zeuiton (que recuerda las operaciones terroristas islámicas contra los coptos y sus comercios en la década del noventa), siguió con el ataque al monasterio de Abu Fana y llevó al secuestro, intimidación abuso y heridas a tres monjes. La Asociación de los Coptos repudia las declaraciones del gobernador de El Minya, que pretende que ambas partes son responsables de la violencia. Vale la pena señalar que este es el incidente N.17 de ataque al monasterio sin intervención de la fuerza pública y el gobierno."

Los coptos en Egipto son uno de los grupos cristianos más antiguos del mundo. Nadie sabe con exactitud cuántos son, pero la estimación más comúnmente aceptada es de 6.5 millones. Se rigen por el rito ortodoxo griego y su jefe, el patriarca de Alejandría que hoy reside en El Cairo, es electo de por vida. Si bien el centro de su Iglesia y la mayoría de sus miembros están en Egipto, hay 1.2 millones dispersos en Estados Unidos, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Holanda, Brasil y varios países de Asia y África. A lo largo de la historia, desde el primer siglo de nuestra Era, los coptos generalmente tuvieron buenas relaciones con los demás habitantes de Egipto. Es cierto, no faltaron momentos de tensión política. Por ejemplo, el actual patriarca, Chenuda III estuvo un tiempo en arresto domiciliario en 1981 bajo la presidencia de Anwar Sadat. Pero los coptos fueron una de las minorías que tuvo menos problemas en el mundo musulmán….hasta la década pasada cuando el radicalismo islámico empezó a soñar con hacerse con el poder político en el mundo entero por medio de la "jihad".

La violencia contra los coptos arreció en las últimas semanas. Una declaración de los coptos en los Estados Unidos emitida el 10 de junio pasado expresa: "La Asociación de los Coptos en los Estados Unidos denuncia los bárbaros ataques contra los coptos en Egipto, durante dos semanas consecutivas. En el último ataque murió una joven víctima : Milad Ibrahim Farah en la aldea de Dyfish Samalot. Este crimen constituyó la culminación de una semana de terrorismo contra los coptos y sus vidas. Comenzó con la muerte de cuatro coptos en una operación en Zeuiton (que recuerda las operaciones terroristas islámicas contra los coptos y sus comercios en la década del noventa), siguió con el ataque al monasterio de Abu Fana y llevó al secuestro, intimidación abuso y heridas a tres monjes. La Asociación de los Coptos repudia las declaraciones del gobernador de El Minya, que pretende que ambas partes son responsables de la violencia. Vale la pena señalar que este es el incidente N.17 de ataque al monasterio sin intervención de la fuerza pública y el gobierno."

Por su parte, el escritor egipcio Ahmad al Aswani, publicó un duro ataque a los islamistas, al gobierno egipcio y hasta a las autoridades coptas a las que acusa de minimizar los incidentes. Entre otras cosas escribió en un artículo publicado en el sitio liberal en Internet, Aafaq.org :

"Como siempre, todos repudian y condenan, y la prensa oficial desmiente que detrás de la violencia haya habido alguna causa sectaria o terrorista…. En otras ocasiones, la excusa habitual es que el criminal era una persona mentalmente inestable y no comprendía lo que hacía"
"Si seguimos lo que sucedió en todos estos casos es que los criminales desaparecen y no son llevados a juicio. No se oye hablar más de ellos".

"En incidentes masivos, como las marchas después de las oraciones de los viernes, luego de que los imanes exhortan a los fieles a quemar las casas de los coptos de sus aldeas, con el pretexto de que esos "infieles" pretendían convertir una de esas casas en una iglesia. Más tarde las acusaciones resultan ser inventadas pero esto solo se prueba luego de que casas, negocios y automóviles fueron quemados y la policía y los funcionarios del gobierno llegan para comprobar que todo está bien quemado. Luego, los diarios, como siempre, acusan a quienes difunden "falsos rumores" acerca de estos acontecimientos y los acusan de ser agentes de Israel o de los Estados Unidos".

“El tema termina sin ninguna investigación y nadie es juzgado, como si nada hubiera sucedido. Luego de un período de calma, vuelven los mismos incidentes, las mismas repuestas y una promesa de que una nueva ley del Parlamento para unificar la ley sobre casas de culto va a resolver todos los problemas, cuando una ley semejante no existe ni va a existir."

Al Aswani acusa al liderazgo copto en Egipto, encabezado por su Eminencia el Patriarca Shenuda III de minimizar los incidentes para no irritar al gobierno.

Dice el escritor egipcio: "Si bien creo firmemente que la mayoría de los musulmanes de Egipto apoyan a sus hermanos coptos y condenan estos incidentes, a la luz de la incitación de clérigos musulmanes en los canales de televisión musulmanes es necesario admitir que lamentablemente las cosas cambiaron, con la sospechada colaboración del gobierno.

El escritor egipcio opositor no tiene dudas acerca de los objetivos de la campaña anti-copta: "Lo que sucede es un intento de aterrorizar a los coptos de Egipto y de obligarlos a emigrar o de convertirse al Islam para protegerse a sí mismos, a sus familias y sus propiedades de confiscaciones propuestas en muchas publicaciones islámicas".
Lo único difícil de entender en todos estos acontecimientos es su escasa difusión en la prensa internacional y la débil y casi inexistente reacción de las organizaciones cristianas en el mundo.

Autor, Egon Friedler es escritor y periodista uruguayo, nacido en Viena. Corresponsal de prestigiosos diarios de Europa y América.

Fuente, La republica. Uruguay

Si esto sucede en Egipto donde presuntamente las noticias nos hablan de una convivencia respetuosa y pacifica con los Coptos, podemos imaginar como es la vida de los cristianos en el resto de países islámicos, o mejor no lo imaginemos, basta con buscar en el Blog, “persecución de los cristianos” y comprobar la triste realidad y la falsedad con la que las noticias de Europa nos hostigan haciéndonos creer que la convivencia con el Islam es posible.

26.6.08

La vestimenta de las musulmanas "imposición cultural"

Un grupo de mujeres musulmanas pasean por la Rambla de Barcelona.
Foto: Santiago Bartolomé
Para la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, "no todas las prácticas culturales deben ser respetadas"

El gobierno la contradice y se declara a favor de "respetar las tradiciones culturales" mientras se ajusten a la ley.


La Alianza de las Civilizaciones promovida por el presidente Zapatero topó ayer con la torpeza verbal de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, quien parece dispuesta a que todas y cada una de sus intervenciones públicas se cuenten por polémicas.

La inventora de la célebre expresión "miembros y miembras" utilizó esta vez unas jornadas sobre el papel femenino en la Alianza de las Civilizaciones para criticar que los hombres musulmanes puedan vestir en España "al modo occidental" mientras que las mujeres se ven obligadas a llevar prendas largas y pañuelos en la cabeza por "imposición cultural".

En una cuestión tan delicada como las diferencias culturales entre el mundo cristiano y el islámico, Aí- do se deslizó por la complicada pendiente de censurar el vestuario musulmán como forma de discriminación femenina. Lo hizo, además, en la inauguración de unas jornadas organizadas por el PSOE para impulsar la participación de las mujeres en el anhelado diálogo entre civilizaciones.

Desde su recién estrenado departamento, tan ajeno a los difíciles equilibrios que exige la política exterior, la ministra antepuso su condición de feminista a la necesidad de relajar y diluir la tensión entre dos mundos contrapuestos.

DERECHOS HUMANOS
Aído se preguntó si se deben respetar "todas" las tradiciones culturales o "solo algunas". O lo que es igual, si resulta compatible ese respeto con mantener "posiciones críticas con algunas prácticas culturales lesivas para los derechos de las mujeres". Y ahí fue donde citó los controvertidos ejemplos: "En nuestro país, los hombres árabes y musulmanes pueden vestir al modo occidental porque su cultura no les exige que porten ningún símbolo. Ellas, sin embargo, llevan vestidos largos que les tapan el cuerpo y también un pañuelo sobre la cabeza que les cubre el cabello".

Tras recordar que las mujeres mayas se ven obligadas por "exigencia cultural" a vestir "ropas de su etnia", se preguntó por qué los hombres musulmanes y los mayas "no tienen que cargar con el peso de la identidad cultural" y las mujeres, por el contrario, "tiene que mostrarla como la prueba más rotunda de que esas culturas existen". "No todas las prácticas culturales tienen que ser protegidas y respetadas", sentenció.

PLANTEAMIENTO SIMILAR
La reflexión de Aído enlaza con la polémica en que se vio envuelta la exministra de Educación del Gobierno del PP Pilar del Castillo tras apoyar la decisión de un colegio madrileño de impedir a una niña marroquí llevar en clase el tradicional pañuelo musulmán en la cabeza. Del Castillo subrayó que lo importante de ponerse el hijab era ver "si eso condiciona que una persona se eduque en los valores de nuestra sociedad".

De la Vega matiza las palabras de Aído sobre la vestimenta de las musulmanas
La "posición inicial del Gobierno es el respeto a las tradiciones culturales" siempre y cuando éstas respeten a su vez la legislación, ha asegurado hoy la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, en relación a las declaraciones de la titular de Igualdad, Bibiana Aído, sobre la vestimenta de las mujeres musulmanas y el uso del pañuelo que les cubre la cabeza.

En declaraciones a TVE, De la Vega ha reconocido que Aído ha introducido con sus palabras "un debate importante, que es el de las identidades, las prácticas y las diferencias culturales".Sin embargo, ha apuntado que "lo más importante es ser sumamente respetuoso con los hábitos y culturas de cada país, teniendo mucho cuidado en que esas tradiciones culturales no ataquen a la libertad ni supongan una vulneración de la libertad a las personas o un ataque a los derechos humanos".

¿El velo una imposición sexista o un signo cultural?

La sociedad española debe decidir si aborda la cuestión del velo sólo como una imposición religiosa o también como una forma de discriminación de la mujer

Fadela Amala, presidenta de la organización feminista francesa Ni Putes ni Soumises, se define como musulmana creyente, pero el velo no tiene para ella nada que ver con el Islam.
"El feminismo musulmán existe, pero no podemos seguir un proceso de emancipación llevando en la cabeza herramientas de sumisión - afirma-.

Francia resolvió el debate de la laicidad prohibiendo los signos religiosos en los centros educativos y públicos, pero no se trata de poner al mismo nivel la cruz y el velo: éste se ha convertido en signo de un proyecto de sumisión para las mujeres".

El debate sobre el velo en Europa sigue empañado por intereses ideológicos. Desde el 11-S, muchas mujeres se han visto presionadas a llevarlo a causa de la radicalización en las mezquitas. Por otro lado, las derechas conservadoras acusan a las tendencias laicistas de instrumentalizar el velo islámico en contra de la religión. La inmigración, por su parte, se ve amenazada por los grupos reacios a la multiculturalidad. Para acabar de condimentar el caldo, desde EE. UU. denuncian la xenofobia europea: "Detrás de afirmaciones de laicismo y del discurso progresista que se citan en el debate sobre el pañuelo en Europa se encuentra la actitud provinciana del ´no, en nuestro país no puedes´", dice la revista Time.

En medio de esta confusa vorágine que envuelve a la opinión pública - algunas chicas acuden hoy a la escuela con el hiyab a modo de bandana para protestar contra su sociedad y la europea-, la iraní Chahdort Djavann advertía en su libro Abajo el velo:"No se puede educar a las niñas a la sombra de un velo, con un espíritu de inferioridad, ni que la cultura sea una coartada de la religión, y la religión una coartada de la discriminación sexista".

Pero las comunidades musulmanas reaccionan al debate reclamando "respeto" a sus "signos de identidad".
En España, sin ir más lejos, hay voces que plantean el debate como un asunto netamente religioso que enfrenta a quienes defienden el respeto a los símbolos como parte de la libertad religiosa y quienes abogan por un Estado laico donde lo religioso quede desterrado de la vida pública.

El cortometraje Hiyab, del alicantino Xavi Sala,
cosecha premios por su postura de tolerancia con el velo en la escuela, pero entre los argumentos que en él se esgrimen para disuadir a una alumna (véase texto adjunto), ninguno hace hincapié en el carácter sexista del velo. Con todo, la tolerancia en favor del relativismo cultural no es una estrategia para quienes luchan por la emancipación de la mujer musulmana y consideran el velo herramienta de opresión...

"Si en los países de acogida aceptamos el relativismo cultural, tendremos que aceptar prácticas arcaicas que oprimen a la mujer y Europa va a vivir una regresión respecto al estatus de la mujer", alertaba Fadela Amara en un reciente debate en el centro Francesca Bonnemaison de Barcelona. "En Francia se calculan unos 70.000 matrimonios forzados, y se sigue practicando la ablación y la poligamia. Hay que dejar claro que no es racista luchar por la emancipación de estas mujeres y decir no a las tradiciones que las oprimen", dice. Pero apelar a la laicidad en la esfera pública no está dando los resultados esperados. "Cada vez que se multiplican los motivos para odiar a Occidente, las filas de mujeres veladas aumentan, lo que explica que la comunidad que se está volviendo a poner el velo es la de musulmanas inmigrantes que afirman así su identidad", señala la socióloga libanesa Dalal Visir en el diario londinense Al Hayat.

La deriva de intolerancia de la ministra holandesa de inmigración Rita Verdonk a cuenta del velo ha convencido a parte de su electorado de que no es una buena idea prohibirlo. Hay que dejarlas que vistan como quieran, al fin y al cabo es cultural, se dice en Amsterdam.
Al otro lado del charco, una editorial en The Washington Post critica a Verdonk: "Atacar a la cultura musulmana no ayuda en modo alguno a disminuir la amenaza terrorista".

Salwa el Gharbi, del departamento de investigación cultural de la Unesco en Barcelona, explica a La Vanguardia de qué modo se ha instrumentalizado el velo. "Tanto desde el laicismo como al valorarlo como práctica religiosa", dice la también presidenta de la Associació de Dones Amazigues.

El Gharbi considera que nadie tiene derecho a decirles a las mujeres musulmanas qué deben hacer. "La vestimenta, la higiene, la gastronomía, el trato con el otro... forman parte de una cultura; viene con ellas tras generaciones. En cambio aquí, en Occidente, se comparan dos planos distintos: islam y sociedad laica occidental".

En este sentido, El Gharbi denuncia una islamización de la inmigración marroquí en España y reivindica la definición histórica y geográfica de Marruecos que es amaziga, no árabe. "Cuando llegamos aquí no se nos deja escoger: sólo podemos ser musulmanes y a menudo practicantes. Si queremos hacer celebraciones de carácter cultural no es fácil, pues la administración las considera un capricho. Así se convierte a toda la comunidad en un referente religioso cuando en realidad el Islam es sólo un aspecto más en las sociedades de origen, casi sin poder. Es aquí donde se vuelve focal y eso condiciona la mentalidad de la gente".

Occidente, se lamenta El Gharbi, no reflexiona sobre los contrastes de medievalismo y modernidad de Marruecos. "La inmigración no es el problema, sino su gestión, la gestión de la diversidad. Lo importante son las políticas de integración. Aquí señalamos y tiramos pelotas fuera diciendo son ellos, nosotros somos laicistas, abiertos, modernos,pero si tenemos una política de exclusión social tendremos eso: fanatismo, enraizamiento identitario".

En cuanto al velo como una herramienta que convierte a la mujer en objeto sexual, El Gharbi considera que la burka sí la discrimina, la hace prisionera de su imagen y la vuelve objeto sexual desde un principio. "Tanto taparla como destaparla al extremo son formas de maltrato, pues al igual que la burka, que la anula totalmente y la convierte en fantasma, la desnudez de la mujer también puede ser una explotación de su cuerpo". En cambio el velo, dice, gusta a muchas mujeres: "Lo llevan por convicción".

¿Por convincción? por convicción no sucede esto:

Musulmán asesina a su hija

El velo de los desvelos

21.6.08

¿Es el Islam compatible con la Democracia?


En nuestra tradición intelectual, el debate es una especie en peligro de extinción. Deslumbrantes o predecibles, las voces de nuestra República de las Letras apelan a la empatía o el rechazo, no al convencimiento, mucho menos persiguen el cambio de parecer razonado. Se busca el aplauso de los partidarios y la rechifla de los adversarios, no el argumento que matice, conceda, transforme.

El diálogo se ha vuelto un archipiélago de islas autónomas, un ejercicio autista. Justamente para romper esta inercia, en el marco del Fórum de las Culturas celebrado recientemente en Monterrey, Letras Libres y Foreign Policy organizaron una serie de diálogos, sobre los temas fundamentales de nuestro tiempo, invitando a personalidades con visiones del mundo, y sus problemas, claramente confrontadas.

Ayaan Hirsi Ali nació en Somalia y es conocida mundialmente por su trabajo como defensora de los derechos humanos y de las mujeres que sufren la intolerancia del islam.

Ha sido miembro del Parlamento holandés y es la realizadora, junto con el cineasta Theo van Gogh, del filme Submission. La revista Time la nombró una de las personas más influyentes de nuestro tiempo. Actualmente es investigadora en el American Enterprise Institute de Washington.

Husain Haqqani nació en Pakistán y es periodista, académico y diplomático. Ha sido profesor en la Universidad Johns Hopkins, consejero de tres primeros ministros pakistaníes y colaborador de The Wall Street Journal, The New York Times, Foreign Policy y el Financial Times. Actualmente se desempeña como director del Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad de Boston.


En este contexto se suscitó el irrepetible diálogo entre Ayaan Hirsi Ali y Husain Haqqani sobre la compatibilidad, o no, entre el islam y la democracia.
A continuación este excepcional intercambio de ideas sobre uno de los asuntos del mundo que determina nuestra hora presente.

Por Ayaan Hirsi Ali vs. Husain Haqqani

Jesús Silva-Herzog Márquez: A lo largo de este debate abordaremos una de las cuestiones más importantes de la política contemporánea, a saber: la relación entre política y religión, entre las lealtades del ciudadano y las lealtades del creyente. ¿Están estas lealtades destinadas a chocar? ¿Pueden ser compatibles de algún modo? Esta noche tenemos la oportunidad de hablar con dos protagonistas de este asunto central, que no sólo han debatido esta cuestión como intelectuales, en la prensa y a través de libros e investigaciones, sino también como activistas, como ciudadanos que se preocupan por cuanto sucede a su alrededor. Y por eso agradecemos la participación de Husain Haqqani, aquí en Monterrey, y de Ayaan Hirsi Ali, desde Washington, DC. Lamentamos que Ayaan Hirsi Ali no haya podido estar con nosotros. ¿Cómo se encuentra? ¿Cuáles fueron las razones por las cuales no pudo estar aquí hoy con nosotros, Ayaan?

Ayaan Hirsi Ali: Señor Silva-Herzog Márquez, no puedo estar ahí con ustedes esta noche por razones de seguridad. Y me habría encantado estar, me habría encantado debatir con el señor Haqqani. Nos conocimos en Aspen y considero que es un hombre encantador y sensato. Y, en relación a la pregunta del debate de esta noche, ¿son el islam y la democracia compatibles?, no me imagino a ningún demócrata dispuesto a amenazar al señor Haqqani para que no asista a algún tipo de debate. Y mi ausencia esta noche en México demuestra, ilustra, el hecho de que el islam y la democracia son tan incompatibles que aquellos que desean practicar el islam puro impiden que yo atienda a un debate con el señor Haqqani. Lamento decirlo, pero a esto se reduce todo.

Jesús Silva-Herzog Márquez: ¿Pero estamos haciendo la pregunta adecuada? ¿Es acertado pensar al islam como una ideología unificada, algo parecido a una esencia hermética que deberíamos considerar como una ideología ajena, diferente e incompatible con la democracia? No estoy seguro de que el uso singular de la palabra “islam” sea la forma correcta de formular el problema de la democracia contemporánea. Amartya Sen, por ejemplo, ha sostenido que asignar a individuos o, peor aún, a comunidades una identidad única, de alguna forma empequeñece a los seres humanos. ¿Es esta forma de entender las identidades, la identidad del islam como una identidad excluyente, una manera razonable de definir los retos a los que nos enfrentamos al abordar el problema de la democracia y la religión?

Husain Haqqani: Primero que todo, permítanme decir que soy yo quien más lamenta la ausencia de Ayaan Hirsi Ali. Su coraje había despertado mi admiración incluso antes de nuestro encuentro en Aspen. Su historia personal es impactante, ha tenido que soportar amenazas personales y sufrimiento, y necesita respeto y protección. No estoy de acuerdo con ella, pero haré lo que sea posible para que pueda expresar sus argumentos sin correr ningún tipo de riesgo. Y me gustaría que hubiera más gente en el mundo musulmán dispuesta a hacer lo mismo. La buena noticia es que ya hay muchos.
Es importante recordar que en el mundo islámico hay mil cuatrocientos millones de musulmanes. Aquí, este auditorio es sólo de unos pocos cientos. Por favor, levanten la mano los que se identifican como católicos. Bastantes, por lo visto. Ahora, entre aquellos que levantaron la mano identificándose como católicos, por favor díganme cuántos han escuchado aquella declaración del papa Benedicto XVI que se llama Dominus Iesus y en que el Papa básicamente argumenta que todas las ramas del cristianismo que se separan del catolicismo romano son incorrectas, y que sólo la Iglesia Católica Romana es la mediadora de la salvación.
Entre aquellos que levantaron la mano identificándose como católicos, ¿cuántos están de acuerdo con el Papa? Ninguno. Con esto pruebo lo que quiero decir. La cuestión es ésta: si unos cuantos centenares de personas que se consideran católicos no están de acuerdo con el líder de la Iglesia Católica, entonces ¿cómo van a compartir una sola definición de lo que es ser un musulmán mil millones de musulmanes? La definición de mi padre difería de la mía. Y la definición que tienen mis hijos mientras juegan con sus videojuegos es muy diferente de mi definición.

El islam es una fuerza dinámica, como cualquier otra fe. ¿Está el mundo musulmán en crisis? ¡Desde luego! Lean mis escritos, disponibles en www.husainhaqqani.com. En ellos critico el desarrollo del mundo musulmán, en ocasiones incluso con más vehemencia que mi amiga –espero poder considerarla mi amiga– Ayaan Hirsi Ali. Lo que nos diferencia es que yo no creo en esa noción del islam puro. Sí, hay quienes afirman que su islam es puro. Pero hay otros que afirman que hay otro tipo de islam puro. Entonces la pregunta no debe ser: ¿es el islam compatible con la democracia?, sino: ¿por qué en la mayor parte del mundo musulmán no hay democracia? Ésta es una pregunta que puede evaluarse empíricamente. Es una pregunta política, es una pregunta sociológica. Cuando la gente trata de crear una dicotomía entre el islam y la democracia, el islam y la modernidad o el islam y las minifaldas, hace falsas dicotomías porque lo reducen todo a un argumento teológico, y en el mundo de la teología hay más argumentos que en ninguna otra faceta de la existencia humana.

Jesús Silva-Herzog Márquez: ¿Es una falsa dicotomía, Ayaan? ¿Podemos ver al islam como una fuerza dinámica compatible con distintos sistemas políticos, o es definitivamente incompatible con el régimen democrático?

Ayaan Hirsi Ali: Quiero empezar señalándole a la audiencia, al igual que lo ha hecho el honorable embajador Haqqani, que los católicos que no han levantado la mano ante las afirmaciones del Papa y que, por lo mismo, discrepan de ellas, pueden estar tranquilos porque el Papa no va a mandar tropas a matarlos ni los va a perseguir de ningún modo.
La separación de la Iglesia y el Estado, de la divinidad, de aquello que es divino y aquello que es profano, ha sido resuelta en el catolicismo desde los tiempos de Thomas Hobbes. De modo que su audiencia puede dormir esta noche sin temor, mientras que si fuera musulmana y discrepara con el Profeta, por ejemplo, o con el Corán o la sunna, el ejemplo del Profeta, entonces tendrían que considerar seriamente la posibilidad de ser asesinados, amenazados, intimidados.

Eso me conduce, antes de que continuemos, al punto en el que coincido con el embajador Haqqani: como individuos, los musulmanes no son distintos de los católicos, los judíos, los ateos o cualquier otro grupo. Cada individuo es responsable de sus propios pensamientos y acciones. Lo que estamos debatiendo esta noche es si el islam como un conjunto de ideas y la democracia como un conjunto de ideas son compatibles.
Islam significa la sumisión a la voluntad de Dios. ¿Dónde encontramos la voluntad de Dios? Está en el Corán, o Libro Sagrado. Para muchos musulmanes, no todos, ésta es la inmutable palabra de Dios y el hadiz, o dichos y hechos del Profeta. Si un hombre joven como Mohammed Bouyeri, el hombre que mató a Theo van Gogh, lee en el Corán que el infiel que insulte a Dios merece ser asesinado, y lo hace, entonces estamos hablando de consistencia entre el creyente particular y su interpretación del Corán.

No discrepo con el embajador Haqqani en cuanto a los individuos musulmanes ni en qué tan fieles van a ser al Corán. Pero, en cuanto al 11 de septiembre de 2001, la pregunta a la que nos enfrentamos es cuántos musulmanes, bien sea en Occidente o en los países islámicos, están dispuestos a desligar los mandamientos del Corán o del hadiz del contexto del siglo VII y ponerlos en práctica en el siglo XXI. El número es inquietante, es un número que crece, y es esto, señor embajador, lo que nosotros, nacidos en el islam, deberíamos estar combatiendo. Yo discrepo en muchos temas con el Papa, y él sabe que lo hago, también su audiencia. Pero él no me va a matar. Y yo no me puedo reunir hoy con usted porque temo que hay musulmanes que sí están dispuestos a hacerlo. Y los que hemos nacido en el islam no protestamos porque estamos muy preocupados por la imagen del islam.

Husain Haqqani: Mi respuesta sería que eso es proyectar una experiencia individual en un marco más grande. Por ejemplo, la persona que mató a Theo van Gogh. Era un hombre malo que hizo algo incorrecto. La pregunta es: ¿mil cuatrocientos millones de musulmanes se levantaron y dijeron: “Me enteré de que Theo van Gogh dijo esto o hizo aquello y por lo tanto lo voy a matar”? No. Y por eso la conducta de un individuo y la conducta de muchos individuos –y concuerdo absolutamente con usted en eso, el número de esas personas está aumentando– no puede imputársele al islam.

Después del 11-S, no sé si lo leyeron, un hombre en Arizona tomó su pistola y fue hasta una estación de servicio. Se encontró con un hombre que vestía un turbante. Era un sij, no un musulmán, pero el hombre pensó que, debido a que llevaba un turbante, era igual que Osama bin Laden, y lo mató. Ésa es la batalla del que mató a Theo van Gogh y del que mató a este hombre en Arizona, que no tenía culpa de nada. Siempre habrá individuos que pensarán que su fe, su religión, su nacionalismo o lo que sea, los obliga a tomar medidas extremas.
Ahora déjeme volver al 11-S. Personalmente pienso que este debate está enmarcado por el 11-S. Tom Friedman escribió un artículo en The New York Times, titulado “El 11-S ha terminado”, tratando de decirles a los estadounidenses que no piensen que el mundo entero fue creado con Adán y Eva, según la Biblia y el Corán, o hace millones y millones de años a través de la evolución, según la ciencia, sino el 11 de septiembre. Se da esta simplificación. Sí, hay gente extremista en el mundo musulmán. Y lamento que haya ese tipo de personas dispuestas a matar en el nombre del islam. Pero hay personas dispuestas a matar en el nombre de otras religiones. Hay personas dispuestas a matar en el nombre de otras creencias. En ninguna de las grandes tragedias del siglo XX estuvo involucrado el islam.
El Holocausto, el nazismo, nada tuvieron que ver con el islam. Stalin, un ateo, mató a millones de personas en la Unión Soviética. ¿Tenía algo que ver con el islam? Mao Tse Tung mató a millones de personas. Algunos seres humanos son propensos a las acciones extremistas. Algunos se servirán de una ideología; otros, de otra. Algunos se servirán de un conjunto de creencias; otros, de otro. Algunos se justificarán diciendo que están deprimidos, y que por eso van a matar. Cosas así van a pasar.
Lo que quiero decir es que a personas como el asesino de Theo van Gogh, a personas como quienes amenazan su vida, debemos confrontarlas a través de nuestra acción colectiva. Yo me uno a usted para protegerla. Pero, al mismo tiempo, pienso que debería reconsiderar sus argumentos. Sus argumentos deberían plantearse en términos intelectuales, y no con contrastes del tipo islam malo, alguna otra cosa buena. La evidencia anecdótica, desde luego, es enorme.
Pero no hay evidencia empírica de que todos los musulmanes inspirados por el islam se levanten cada mañana pensando a quién van a matar. Y tampoco es verdad que, hoy en día, el islam sea la única fuente de violencia en el mundo. Esto es mezclar manzanas con naranjas. No estoy negando las amenazas que usted y otros críticos del islam sufren. Se debe garantizar su protección. Los musulmanes deben levantarse en su defensa. A propósito, yo defendí a Salman Rushdie y contribuí con un capítulo en un libro en su defensa que está por publicarse.

Me encantaría trabajar con usted en el futuro. Voy a estar ahí para defender a cualquier musulmán que discrepe con el islam, porque creo que tienen el derecho de hacerlo. Pero, al mismo tiempo, afirmo que, aunque esas personas que la amenazan obran en nombre del islam, el que la amenacen no hace parte constitutiva del islam. Y hacer que parezca que es una parte integral del islam es injusto para quienes intentamos movilizar al mundo musulmán por un camino democrático, reformista, liberal, por un camino que lo acerque al resto del mundo y no que lo aleje.

Jesús Silva-Herzog Márquez: Ayaan, usted ha sostenido lo contrario, que la violencia no es algo anecdótico, que no es sólo algo que se defiende en nombre del islam sino que está arraigado en la palabra sagrada del islam. ¿Es así?

Ayaan Hirsi Ali: Sí, y lo hice definiendo lo que entiendo por islam. Y debo señalar que el embajador Haqqani ha sido ambiguo en su definición del islam. Yo he señalado el punto de referencia de cada musulmán: el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, y la sunna, la guía moral legada por el Profeta. Me complace la referencia que el embajador Haqqani hizo a Stalin y a Mao. Stalin y Mao fueron inspirados por ideas –el comunismo–, eran sólo dos individuos, pero obtuvieron el apoyo de muchas personas porque prometieron una realidad utópica que no podían realizar. Prometieron justicia e igualdad y el resultado fue el totalitarismo. Eso fue el comunismo.

En los años cuarenta, cincuenta y sesenta no entendimos lo que era, sino hasta 1989, y lo combatimos. Dijimos que el tipo de utopía que prometían era incompatible con la democracia. E hicimos un llamamiento a los individuos: Prusianos, polacos, aquellos que se encuentran detrás del Telón de Acero, no se adhieran a las ideas comunistas. No les conviene. Yo aplico la misma definición de individuos a los musulmanes. Son prójimos. Son mi padre, son mi madre, son mi familia. Y me gustaría poder razonar y decirles que el conjunto de ideas, la filosofía política, el modo de vida prometido por el islam, no sólo es incompatible con la democracia sino que es perjudicial para ellos. ¿Hay evidencia empírica para afirmar esto? Sí. En todos los lugares donde ha arraigado el conjunto de creencias legado por el Profeta y basado en la revelación, se ha implantado la sharia. Arabia Saudita, Irán, partes de Pakistán, Nigeria. Allí donde se ha implantado, ha sido perjudicial, ha conducido a matanzas, amputaciones, tiranías.
La democracia es mejor. ¿Por qué? ¿Qué es la democracia? La democracia no es un sistema perfecto. No es perfecta, pero asienta los conflictos humanos en una infraestructura donde podemos resolver todos nuestros problemas con palabras. Tenemos instituciones que, en caso de discrepancia, nos permiten hacer peticiones, acudir al parlamento, acudir al tribunal. El islam, como conjunto de ideas, no es compatible con la democracia porque, al contrario que la democracia, niega la vida. El islam, al contrario que la democracia, niega la libertad. El islam, al contrario que la democracia, niega los derechos de la mujer e impone la pena de muerte para los homosexuales. La democracia no es un sistema perfecto. Pero, definitivamente, es incompatible con el islam.

Jesús Silva-Herzog Márquez: Usted formuló la pregunta de la evidencia empírica. ¿Qué nos revela la evidencia empírica sobre esta relación, esta compleja relación entre un conjunto de ideas y un conjunto de instituciones? ¿Los hechos están negando definitivamente la compatibilidad del islam y la democracia?

Husain Haqqani: Primero permítame abordar el asunto de la definición del islam. Todas las religiones tienen una definición breve. Por ejemplo, si usted pregunta cuál es la definición del catolicismo, un católico le responderá que el catolicismo se define, básicamente, como la creencia en la salvación a través de la Iglesia Católica. Pero eso no es el catolicismo, eso no agota la definición del catolicismo. Sí, el islam es el sometimiento a Dios, tal y como lo recoge el Corán y la sunna. Pero en el curso de catorce siglos la gente ha interpretado esto de millones de maneras. Mil millones de personas no tienen la misma definición. Ahora, yo comprendo totalmente a alguien que crece en un ambiente marcado por una familia rigurosa, que tiene una visión muy angosta del islam.

Yo me considero afortunado. Vengo de una familia de teólogos. Mi bisabuelo y mi abuelo eran exégetas del Corán. Mi padre fue un teólogo que, en determinado momento, dijo: “No quiero ser teólogo, quiero ser abogado.” Yo crecí yendo a un colegio islámico y, al mismo tiempo, recibiendo una educación secular. También estudié el Corán. Y el hadiz. Y todo está abierto a la interpretación. Lo que Ayaan Hirsi Ali dice es cierto. Hay algunas personas que interpretan el islam y lo usan para justificar su violencia, sus puntos de vista rígidos, sus extremismos. De modo que si ella está refiriéndose a los talibanes, si está refiriéndose a Al Qaeda, si está refiriéndose a los discípulos de la Hermandad Musulmana de Egipto, si está refiriéndose a los autodenominados partidos islámicos en los países musulmanes que pretenden instaurar la sharia según las normas del siglo VII, entonces los dos estamos de acuerdo.

Estrechémonos la mano a través del ciberespacio y concluyamos ya mismo el debate. No hay debate. Lo que quiero señalar es que Ayaan Hirsi Ali y muchos otros usan la palabra islam para describir sólo a un grupo de personas dentro del islam. Es como usar la palabra cristiano para referirse a un hombre o a un grupo reducido de personas. Es como usar la palabra cristiano para referirse a Timothy McVeigh. ¿Alguien lo recuerda? Fue el responsable de la bomba de Oklahoma. Era un terrorista. Representaba a determinado movimiento. Concuerdo con Ayaan, este movimiento tiene menos miembros y hay mucha más gente combatiéndolo. Y creo que deben ser marginados.

Pero la elección de la frase crea un problema. ¿Cuál? Que cuando se pone en esos términos –“el problema está en el islam”–, eso significa que el problema está en Husain Haqqani, y también en Ayaan, en caso de que ella quisiera ser identificada con la palabra islam, y también está en todos los que creen o quieren creer. ¿Recuerda la famosa frase de Salvador Dalí? Cuando le preguntaron en qué sentido era católico, hizo una pausa y dijo: “Ah, soy practicante, pero no creo.” De modo que las personas tienen diversas formas de relacionarse con su fe, varias formas de relacionarse con sus religiones.

¿Cuál es la realidad de la situación? Permítame hacer un resumen porque los dos hemos hablado de demografía en el mundo musulmán. El mundo musulmán comprende hoy a mil cuatrocientos millones de personas. El 81 por ciento vive en 57 países que tienen mayoría musulmana. Sólo cinco de ellos están clasificados como países “libres” por la Freedom House. Esos cinco países son: Benín, Guyana, Malí, Senegal y Surinam. Ninguno de los países árabes se considera libre o democrático.
En el mundo musulmán, el poder de consumo per cápita es, aproximadamente, de 3,700 dólares, comparado con los 28,000 dólares del mundo desarrollado. La suma combinada del producto interno bruto de estos 57 países musulmanes es menor que el producto interno bruto de Francia. El producto interno bruto de todo el mundo árabe es inferior al de España. Cuarenta y siete por ciento de los musulmanes son analfabetos, no pueden leer ni escribir, nunca han asistido a la escuela. Hay, por lo tanto, una crisis de conocimiento en el mundo musulmán.

El árabe es el idioma de casi trescientos millones de personas, pero anualmente se publican más libros en griego, idioma que sólo hablan quince millones de personas. Sólo hay quinientas universidades en el mundo musulmán, comparadas con las cinco mil que hay en Estados Unidos y las ocho mil que hay en la India. Ahora, ¿se encuentra el mundo musulmán en medio de una crisis material, política, social, sociológica, tecnológica? ¡Desde luego! ¿Puede esta crisis ser la responsable de que algunos se empeñen en sumergirse en la historia islámica –en la época del Profeta, el siglo VII, sobre la cual, por cierto, no tenemos archivos históricos precisos– y buscar ejemplo en la vida del Profeta? ¿Quién escribió qué en el siglo VII? ¿Tenemos archivos precisos de ese período? Aun así quieren recrearlo. Y todos los utopistas son violentos; también concuerdo con Ayaan Hirsi Ali en esto. Pero el islam y el mundo musulmán no se agotan en los utopistas.

Hoy en día, poblaciones numerosas de musulmanes viven en democracias. Indonesia, que es la población musulmana más numerosa. La India, que es la segunda más grande. Bangladesh y Pakistán han alternado. Y Turquía. Entonces, ¿cuál es el problema con países como Irán? ¿Cuál es el problema con el Medio Oriente árabe? Hay problemas históricos y políticos. Hablemos de ellos, tratemos de solucionarlos, no usemos ni intentemos usar la ideología de los sectores extremistas que actúan en el nombre del islam para vapulear al islam. Eso crea un abismo entre los musulmanes y los no musulmanes, y cierra las puertas del diálogo.

Jesús Silva-Herzog Márquez: Reconocer que puede haber un camino a la modernidad en el mundo musulmán, por ejemplo en Turquía, o quizás en la India, ¿no debilita sus argumentos en contra de la compatibilidad de la democracia y el islam? ¿Qué conclusión extrae de estos casos en los que instituciones liberales, instituciones democráticas, han florecido en suelo islámico?

Ayaan Hirsi Ali: Tengo que empezar agradeciendo al embajador Haqqani por hacer una descripción numérica de la crisis del mundo musulmán. ¿En qué estamos de acuerdo? Ambos reconocemos la crisis. A ambos nos disgusta. Ambos estamos involucrados en el debate. La pregunta es en qué medida esa crisis tiene o no tiene que ver con las enseñanzas y los principios básicos del islam.
Si, por ejemplo, la Hermandad Islámica busca responder a la crisis en nombre del islam –el Corán, el ejemplo del Profeta–, procede a imponer una teocracia en Argelia.
Cuando Arabia Saudita obtuvo la independencia, decidió imponer una teocracia con un currículo escolar que contenía un ochenta por ciento de enseñanzas islámicas. Por eso tuvieron que importar los conocimientos especializados que necesitaban de nuestro mundo, de lugares ajenos a Arabia Saudí o el mundo islámico.
Observe su propio país, Pakistán. Observe la anarquía que reina en mi país, Somalia. Cada vez, cuando tratamos de enfrentar retos humanos normales, como la cohesión social, la sequía, el conocimiento y demás, siempre apelamos a la religión, a diferencia de católicos, judíos y protestantes, que han logrado separar los problemas. Siempre que apelamos al islam, la crisis en que nos encontramos se agudiza.

Nuestra ignorancia se hace más profunda porque pensamos que todo el conocimiento está en el Corán, que no necesitamos aprender, que no necesitamos nada más porque Dios va a cuidar de nosotros. Yo estoy tan perturbada y molesta como lo está usted por la crisis que atraviesa el mundo islámico. Nuestra mayor diferencia es que usted apunta a factores externos. El problema debe residir fuera del islam. Y yo estoy diciendo, por primera vez, y pertenezco a una generación que no tuvo que sufrir la opresión del hombre blanco o la opresión de algún agente externo, que tal vez hay algo que estamos haciendo mal. Quizás deberíamos liberar a nuestras mujeres. Quizás su himen sea mucho menos importante que sus vidas, su acceso a la educación, el control sobre sus propios cuerpos. Quizás es mejor que sigamos el camino de la ciencia, del conocimiento verdadero, como contrapeso a lo que enseñan el clero y el Corán.
Y sólo si nosotros, como los cristianos y como los judíos, sólo si practicamos ese tipo de duda y autorreflexión y dejamos las enseñanzas del siglo VII en el siglo VII, lograremos ponernos al día con el mundo del siglo XXI. Pero eso sólo va a comenzar –le guste o no– cuando se convierta en una prioridad; no protegiendo la imagen del islam sino criticándola. Y quizás de esa clase de autorreflexión, de esa clase de duda, vendrá el progreso y mejoraremos. Y quizás quienes están interesados en la teología encuentren entonces una teología que separe lo divino y lo mundano. Embajador Haqqani, espero que se una a mí en este propósito. Y de hacerlo, lo invitaría a que dijera: “Sí, la democracia, con todos sus defectos, es mucho mejor que una teocracia islámica.”

Husain Haqqani: Yo, desde luego, no tengo nada que decir en favor de la teocracia. Pienso que usted y yo no podemos estar del mismo lado por una simple razón: usted ha decidido aislarse del redil islámico y reformarlo desde afuera. Yo quiero permanecer en el rebaño islámico y reformarlo desde adentro. Y estoy dispuesto a apostar –aunque las apuestas están prohibidas por el islam– a que mis oportunidades de éxito son mayores que las suyas, por la simple razón de que toda reforma, todo cambio, ha venido siempre desde adentro, no desde afuera.

Usted no expuso mi análisis del mundo musulmán en la forma en que yo lo hice. Yo no estoy diciendo que sean factores externos; son factores internos. El mundo islámico tiene una crisis interna. Estoy diciendo que la crisis es política. Estoy diciendo que la crisis es sociológica. Estoy diciendo que la crisis está arraigada en actitudes hacia la tecnología. Y estoy de acuerdo con usted: en actitudes hacia la mujer. Estoy de acuerdo con usted en que la obsesión con el himen de la mujer y no con su cabeza es una fuente de problemas. Pero no se lo atribuyo todo al islam. Y voy a dar una explicación rápida, en dos minutos.

Ese análisis es ahistórico porque no toma en cuenta los catorce siglos de historia islámica. Ha habido momentos en la historia islámica en que hubo ilustración, discusiones y debates abiertos. La gente se olvida. Egipto, en 1913, decidió hacer una Constitución. En 1923 redactaron una Constitución y empezaron a vivir en una democracia. La Hermandad Islámica, que surgió en 1928, nunca obtuvo voto alguno. El partido que fue elegido –hubo diez elecciones entre 1923 y 1952–, y cada parlamento, fue anulado por el rey, que actuaba en favor de los británicos, porque a los británicos no les gustaban los nacionalistas egipcios que querían tomar el control sobre el Canal de Suez. En 1905 en Irán hubo una revolución constitucional, que resultó en una Constitución en contra del rey, la teocracia y la monarquía. Querían un parlamento. ¿Cómo terminó todo? En la famosa intervención estadounidense de 1953 para instalar al shah como monarca absoluto y favorecer los intereses de la compañía petrolera angloiraní.
Ahora, escúcheme con atención.
No estoy diciendo que se debe culpar a los extranjeros por los problemas de los musulmanes. No. Si en ese momento los iraníes hubieran tenido las agallas para enfrentarlos, habrían podido mantenerlos al margen. Pero todo lo que estoy diciendo es que esa formulación es muy simple. El problema no son sus ideas, sino lo que considero una manera simplificada de formularlas –“el islam es el problema”–, que, básicamente, complace a cierta audiencia.
Déjeme recordarle que el eslogan de la Hermandad Musulmana es: “El islam es la solución.” Mi opinión es que el islam no es ni el problema ni la solución.

Los musulmanes tienen problemas políticos que deben resolverse con la ciencia política, problemas económicos que deben resolverse con la economía, problemas de actitud hacia las mujeres que deben resolverse con el feminismo, problemas de desarrollo social que deben resolverse con desarrollo social. Crear una dicotomía del islam es la fuente del problema. Y Osama bin Laden y sus seguidores dicen: “Oh, el islam lo resolverá todo.” Eso es un error. El islam, como otras religiones, puede ser parte de la vida de las personas, y la gente debería tener la oportunidad de practicarlo y –concuerdo con usted en este punto– de interpretarlo de diversas formas.

Una última cosa, no menos importante: en los siglos XIX y XX varios académicos escribieron nuevas interpretaciones, libros reformistas acerca del islam. ¿Por qué se debilitaron estas voces? Eran fuertes. Recuerdo que de niño, y crecí en los sesenta, yo estaba totalmente cautivado por pensadores islamistas reformadores. Gente que hablaba de la liberación de la mujer. Gente que decía que no era importante si la mujer se cubría la cabeza o no; que debían tener los mismos derechos que sus maridos. ¿Por qué estas personas quedaron relegadas? De nuevo, una sutil corrección histórica.
Arabia Saudí no se independizó de los británicos. Arabia Saudí obtuvo su independencia del Imperio Otomano. Los británicos estuvieron involucrados. Hubo dos agentes británicos: uno fue el gobierno británico con sede en El Cairo, y el otro fue el gobierno británico con sede en la India. Hay un gran libro de David Fromkin sobre el tema, A Peace to End All Peace, que lo describe con gran precesión histórica.
Los británicos en El Cairo apoyaron a la familia hachemita, que finalmente ubicaron en Jordania e Iraq, pero no consiguieron ubicarla en lo que hoy es Arabia Saudí. Arabia Saudí no es un país. Es una parte de Arabia con el nombre Saudí, que es el nombre añadido de una familia. La familia Saudí fue una pequeña banda de merodeadores de la provincia de Nejd. Y el gobierno británico en la India consideró más útil a esta gente porque sabían que había petróleo bajo sus arenas, y los ayudó a instalarse. ¿Tenían alguna otra opción los musulmanes? ¿No debe señalarse que la política imperial, año tras año hasta el 11-S, no vio ningún problema en apoyar a los extremistas islámicos?
Yo pertenezco en Pakistán a un partido totalmente secular, que ganó las elecciones en 1977. Pero hubo un golpe ese mismo año y el primer ministro secular, con cuya hija, Benazir Bhutto, tuve y aún tengo el honor de trabajar, fue ejecutado. ¿Y qué hicieron los estadounidenses? La CIA les bombeó miles de millones de dólares e introdujo a los saudíes en Pakistán para crear ese monstruo llamado Osama bin Laden con el fin de que combatiera a la Unión Soviética. Entonces, adoptemos un punto de vista histórico y no lo simplifiquemos todo con un solo brochazo ni digamos: “Islam, islam, islam, todo es por culpa del islam.”

Jesús Silva-Herzog Márquez: ¿Qué opina usted, Ayaan?, ¿es su postura sobre el islam ahistórica?, ¿es una formulación simplificada de un fenómeno supremamente complejo?

Ayaan Hirsi Ali: Yo lo veo de forma diferente. Yo no diría que es ahistórico, pero la historia no pende de un árbol como una manzana madura que nos cae sobre la cabeza y estalla. Cuando el señor embajador Haqqani dice que hay actitudes políticas y sociológicas hacia las mujeres, lo que vemos es que estas actitudes están inspiradas por algo. El islam fue fundado en una sociedad tribal del desierto. Muchas características de esa sociedad árabe del desierto fueron consagradas en lo que ha sido denominado y seguimos denominando islam.
Si mira a los individuos, teólogos como Maududi, Wahhab y Qutb, lo que vemos es que algunos de ellos estaban más interesados en el poder, como Maududi, y otros más inspirados por las ideas, como Qutb. Son los hombres que inspiran a la acción. El ejemplo que extraen del profeta Mahoma es mucho más consistente, y eso es lo que hace poderosa la postura de Bin Laden. La razón por la que personas, independientemente de su raza, su color, su idioma, su país, apoyan ahora a Bin Laden, es que aquello que dice es consistente con lo que dicen las Escrituras Sagradas de los musulmanes: el Corán y el ejemplo del Profeta.
Luego, sí, el embajador Haqqani acierta, es político, pero es una política inspirada por el islam. Es una sociología inspirada por el islam. Son actitudes hacia las mujeres extraídas del Corán y del ejemplo del Profeta. Hay teólogos que dicen: “Dejemos todo eso a un lado.” Y han venido diciendo lo mismo desde el inicio del islam hasta nuestros días.
Teólogos musulmanes muy ilustrados que han dicho: “Progresemos, sigamos la senda del resto del mundo.” Pero esos individuos, una pequeña minoría, nunca han dejado de serlo porque los han matado, los han perseguido, los han rechazado, y eso es lo que ha venido ocurriendo hasta el día de hoy.

En cuanto al argumento sobre la colonización, piensen en Estados Unidos, el único superpoder que queda. Fue fundado, usando la descripción que el embajador Haqqani emplea para Arabia Saudita, por una banda de merodeadores que solían ser llamados cowboys. Y se independizaron de Gran Bretaña, que los oprimía. La combatieron. ¿Y por qué? ¿Qué hicieron? Construyeron un imperio. Porque separaron la Iglesia del Estado.
Hay otros ejemplos. Pienso en Israel, en los judíos. No puedo pensar en otro grupo de personas en la historia humana que haya sufrido más persecuciones. Los judíos han sido asesinados, violados; han sido víctimas de intentos de genocidio. Y construyeron un Estado llamado Israel en una franja de desierto. Ahí es donde el argumento colonialista deja de funcionar. ¿Qué hicieron los israelíes? Separaron la Iglesia del Estado. Crearon una democracia donde se puede ser cristiano, musulmán, judío, lo que usted quiera. Hay un Estado secular, vida, libertad, búsqueda de felicidad. No es perfecto, eso no significa que todo el mundo sea libre, que todo el mundo sea feliz, pero sí que los hombres y las mujeres resuelven los problemas entre ellos mediante palabras, mediante instituciones que hacen la vida en la tierra posible y no apegados a un documento ni al ejemplo moral de un hombre del siglo VII.

El embajador Haqqani no es de ésos. Usted es un liberal, un progresista, usted es maravilloso. Usted podría ser mi mejor amigo. Pero usted no representa a aquellos musulmanes que quieren ser consecuentes con el Corán. Por favor, reconozca eso.

Jesús Silva-Herzog Márquez: Profesor Haqqani, usted ha puesto sobre la mesa el tema de la evocación de un pensamiento islámico reformista. ¿Qué ha pasado con la filosofía, o la economía, o la política reformista en el mundo islámico? ¿Es algo sobre lo cual podríamos ser optimistas? ¿O deberíamos preocuparnos?

Husain Haqqani: Soy optimista por naturaleza y, desde luego, espero establecer una relación de amistad con Ayaan Hirsi Ali. Tendremos que buscar una manera de solucionar sus problemas de seguridad. Usted debe ser libre para reunirse, porque a mí no me gustan las reuniones con mucha gente armada a mi alrededor.

Ayaan Hirsi Ali: Dígale eso a los yihadistas.

Husain Haqqani: Eso también es verdad. Ya que no tengo comunicación con los yihadistas, que también han lanzado fatwas contra mí, quizás los dos podamos vivir en un búnker. Pero a lo que voy es a que los padres fundadores de Estados Unidos se ofenderían si se los describiera como una banda de cowboys merodeadores; muchos de ellos fueron eminentes académicos, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton y, en particular, Thomas Jefferson.
El sector reformista del mundo musulmán perdió impulso en los cincuenta y sesenta, hasta entonces las ideas reformistas fueron bastante fuertes. Y tuvo que ver con la geopolítica. Yo no hago una apología de los musulmanes que dicen: “Oh, todo lo que ocurre es por culpa de los occidentales y los colonizadores.” Siempre les pregunto por qué fueron colonizados. Fueron colonizados porque eran débiles. Ustedes no son débiles porque hayan sido colonizados, ustedes fueron colonizados porque eran débiles. Critico ese tipo de explicaciones. Pero debemos entender que el desenvolvimiento de la Guerra Fría fortaleció a los yihadistas y no a los reformistas. Especialmente durante ese período... no sé si saben, si están familiarizados con la Doctrina Eisenhower.

En los cincuenta, el presidente Eisenhower concluyó que era más fácil detener la expansión del comunismo en el mundo musulmán empleando el islam como un argumento en contra del comunismo. En ese entonces, estos grupos eran pequeños. Es muy interesante que Sayyid Qutb, ya mencionado, a quien se considera el vocero de la línea dura de la Hermandad Musulmana, debido a que Osama bin Laden se inspira en él, fuera llevado a Estados Unidos en 1949 como invitado del gobierno estadounidense. El guía que tuvo en Estados Unidos fue bastante tonto. Decidió mostrarle la buena vida. Lo llevó a todos los bares de chicas, y lo llevó a todo lo que podría resultar divertido en 1949.
Qutb se molestó y regresó para escribir un libro en el que decía que en la civilización occidental sólo había dos cosas: dinero y sexo. Y, si se tiene aquél, se puede obtener éste. Por lo tanto, esa civilización merece ser eliminada. En cierta forma, el acercamiento occidental al problema generó un problema aún mayor. Me temo que algunos de nuestros amigos, a pesar de que tienen las mejores intenciones, están haciendo esto: dicen que toda la culpa la tiene el profeta Mahoma, toda la culpa la tiene el Corán. Miren, hay versos en la Biblia que son muy violentos o que animan a la violencia. Hay encíclicas escritas por teólogos cristianos en los siglos V, VI, y VII que aún siguen vigentes. La gente aún los lee, pero los interpreta de forma distinta. Cada texto se puede interpretar de formas distintas. Y pienso que el Corán y las ideas básicas del islam se pueden interpretar de varias formas. Y si alguien se siente incómodo con ellas, también me parece bien. No tienen por qué gustarle.
Pero trate de entender el proceso estratégico de las reformas. El reformista Martín Lutero venía del clero católico. El reformista del judaísmo, el rabino Meyer, venía del clero judaico. Cualquiera que se declare ateo de antemano, que rechace las ideas básicas de la religión, que reniegue del Profeta, no va a encontrar gente dispuesta a aceptarlo y decir: “Ésta es la persona que va a reformar mi fe.” La reforma debe retomar lo que existe y dar a entender que hay otras cosas que son más importantes.

El profeta Mahoma se describe en el Corán como el conquistador, el guerrero; pero también como el mensajero de la paz. El truco consiste en encontrar la voz que habla de la paz en lugar de la guerra. Ésa es la metodología empleada para cambiar las religiones. Lo que tenemos es un problema metodológico.

Jesús Silva-Herzog Márquez: Ayaan, según lo expuesto, ¿la reforma es imposible?, ¿qué depara el futuro para el mundo islámico?

Ayaan Hirsi Ali: Yo nunca he dicho que la reforma sea imposible. No me gusta que me atribuyan esa postura. Soy una partidaria del acercamiento moral. Acercamientos morales estratégicos. No creo que sólo sirva un acercamiento. Lo sé porque me han bombardeado con este argumento en los últimos cinco años, me han repetido que todo debe basarse en un solo tipo de acercamiento, que consiste, como lo sugiere el embajador Haqqani, en que las personas con un pie dentro y otro fuera de la fe, atraigan a la masa para que siga las reformas. Yo no creo en eso.
Yo creo que más estrategias son viables. Por ejemplo, la mía: yo estoy adentro, yo nunca me he considerado ajena al mundo islámico. Y siempre he criticado las escrituras, la teoría, nunca a los individuos. Creo en los derechos humanos. Y también creo que la razón es un atributo universal. Cada musulmán está dotado de razón, y lo único que estoy diciendo es que apelemos a esa facultad.
Y si como musulmán usted lee un mandamiento en el Corán que dice: “Mata y conspira contra los infieles”, y hay un imán o una figura del clero diciendo: “Eso es lo que deberíamos estar haciendo”, lo que yo digo es que debemos apelar a la razón individual y decir: “No, yo no quiero matar, esto fue escrito en el siglo VII o en el VIII.” No estoy sugiriendo un ateísmo generalizado. Lo único que estoy diciendo es que tratemos a los individuos musulmanes de la misma forma en que tratamos a los cristianos, a los judíos, a los comunistas y a cualquier individuo en el mundo que afirma obtener inspiración de un conjunto de ideas. Y eso es legítimo.

Y pienso que cuando hablamos de Timothy McVeigh y Amir, el asesino de Rabin en Israel, de estos fundamentalistas, lo que vemos es que las personas en cuyo nombre dicen estar luchando los condenan. ¿Qué vemos en el mundo musulmán? Vemos manifestaciones de musulmanes en las calles protestando por las caricaturas, protestando por el libro de Salman Rushdie, protestando por el futbol. La gente protesta por estas cosas. Pero no vemos manifestaciones de musulmanes, ni siquiera a pequeños grupos, protestando en contra de las decapitaciones, las guerras, las bombas, la opresión de la mujer o el asesinato de homosexuales que se cometen en nombre del islam.

Usted habla de los estadounidenses y hace referencia, por ejemplo, a la invitación que le hicieron a Qutb. A los estadounidenses, y creo que no hay problema en decirlo, les encantan los freak shows. Invitaron a Ahmadineyad a la Universidad de Columbia. ¿Qué opinión le merece? Es un grupo de gente en la Universidad de Columbia que dice: “Queremos tener un diálogo con este loco que quiere borrar a Israel del mapa, que está desarrollando una bomba nuclear, que no quiere hablar.”
Es lo mismo. Pero justamente eso es una democracia. Lo intentamos, intentamos hablar y agotar todas las posibilidades de resolver un conflicto mediante las palabras. Y si eso no lo resuelve, entonces se apela a la violencia.

En el islam ocurre lo contrario. Empezamos con la violencia. Yo condeno la teología. Y lo hago como miembro del mundo musulmán. Y creo que desahuciando y rechazando a las personas que se niegan a apoyar a Alá o al Profeta, o ese concepto de teología en que cabe el asesinato, la mutilación y la decapitación, no se beneficia a nuestro pueblo, a aquellos que nacieron en el islam. Debo hablar en contra de todo esto, no puedo aceptar este tipo de cosas.

Por Ayaan Hirsi Ali y
Husain Haqqani


Entrevista realizada por Letras Libres donde los amantes de la lectura pueden encontrar en esta dirección: http://www.letraslibres.com/index.php?art=12815un magnifico razonamiento sobre las declaraciones de Husain Haqqani.

A modo de resumen esta seria la conclusión:

El diplomático paquistaní intentaba quitar hierro a la crítica de Hirsi Ali, sirviéndose de unos argumentos defensivos que vienen siendo habituales en los portavoces del islam.
En primera línea, la amalgama: todas las religiones tienen su cuota de violencia, verdad a medias ya que eso no exime de la necesidad de comprobar cuál es el grado y cuáles son los fundamentos doctrinales de tal violencia.
En segundo lugar, la relativización del problema, al proponer que todo es cuestión de interpretaciones, de manera que existiría un Mahoma guerrero y un Mahoma mensajero de paz, a elección del exegeta.
“Cada texto se puede interpretar de formas distintas”, nueva verdad a medias, porque los significados admiten un campo de variación, examen de las connotaciones, etcétera, pero rara vez un pensador coherente como es el Profeta (o su inspirador divino) ofrece una cosa y la contraria al mismo tiempo.

No cabe entonces un abanico de interpretaciones; sí en cambio que se den versiones erróneas, insuficientes o engañosas, como esa propuesta de Mahoma “mensajero de paz”, si no puntualizamos que se trata de paz entre los creyentes, en el sentido de la vieja canción anarquista Addio Lugano bella, que hablaba de “la pace tra gli oppressi, la guerra all’opressor”. A Haqqani su sofisma le vale para afirmar rotundamente que el islam no es el problema.

Y cómo no, si hay radicalismos, advierte Haqqani, la responsabilidad nos es transferida: “el acercamiento occidental al problema generó un problema aun mayor”.
Afirmación tremenda, ya que ese “mayor que” tiene como referente la teoría islamista de Sayyid Qutb, cuyos Hitos del camino son el punto de arranque del yihadismo.

De haber sido Haqqani un islamista radical, su argumentación no sorprendería a nadie. Lo grave es que un intelectual de gran calidad que se define como laico y que ha militado efectivamente en el principal partido laico del país, fundado por el padre de Benazir Ali Bhutto, rehuya de entrada toda crítica del islamismo y del yihadismo, recurriendo a la cortina de humo de que todas las religiones son parecidas y las interpretaciones siempre abiertas, sin que nada pueda ser imputado a la doctrina islámica en sí misma.

Algo así como si en el campo del pensamiento social y de los movimientos políticos alguien afirmara que las teorías de Marx y de Lenin son susceptibles de ser vistas a través de muchos prismas, que el funcionamiento de la dictadura del proletariado en versión estaliniana no les concierne y que todas las ideologías políticas tienen un fondo de violencia, por lo cual no resulta lícito aislar al jacobinismo, al fascismo o al leninismo en cuanto matrices del terror de Estado ejercido en cada una de sus experiencias históricas.


Interesante entrevista, lastima que Ayaan Hirsi Ali se ha dejado muchas preguntas en el tintero, una crucial bajo mi punto de vista, es sin duda sobre el motivo que les induce a los musulmanes a invadir Europa, teniendo en cuenta que nuestra forma de vida les resulta tan odiosa y como es obvio no existe la mínima posibilidad de una integración respetuosa, hasta el punto que lo único que pretenden es crear sus propios ghuettos, sus miles de mezquitas, sus clases del Corán, sus hospitales, sus cementerios, sus propias leyes Sharia y todas sus ancestrales tradiciones. De tal manera que en vez de esforzarse y adaptarse y vivir en libertad y democracia solo les interesa crear un Oriente dentro de Occidente.
Esta seria una buena pregunta seguramente sin respuesta.

20.6.08

La inmigración, una amenaza para la identidad de los pueblos

Un informe pone contra las cuerdas el mito "progre" de la inmigración

Un torpedo a la línea de flotación del buenismo de la progresía de charanga y pandereta. Eso representa un documentado informe en el que las críticas a la inmigración dejan la boca abierta.

Había decidido escribir acerca de cuestiones positivas –como ha sucedido con los dos últimos artículos sobre el deber y sobre el heroísmo- pero un documento que ha caído recientemente en mis manos me devuelve a la perspectiva crítica para con lo establecido.

En octubre de 2007 fue publicado en Washington D.C., dentro de la iniciativa diseñada por el "Pew Research Center" y denominada "The Pew Global Attitudes Project" bajo la presidencia de la ex secretaria de Estado norteamericana Madelaine Albright, un informe de 144 páginas titulado World wellcomes international trade but not immigration (El mundo acepta el comercio internacional pero no la inmigración).
Los autores han realizado un total de 45.239 encuestas en 47 países de todo el planeta para estimar la percepción de los ciudadanos acerca del fenómeno migratorio.

El resultado no puede ser más sugestivo para la crítica política y social, pese a que sabemos de sobra que es la típica noticia que no saldrá nunca en los medios usuales.
El caso es que la mayoría de los países perciben de manera positiva el comercio internacional y las empresas multinacionales si bien casi la mitad de los 35 países que fueron encuestados en 2002 y 2007 han expresado un creciente pesimismo acerca de las bondades del libre comercio.
De entre todos estos países, la perspectiva más negra corresponde a los ciudadanos de los Estados Unidos, un lugar donde cada vez son más escépticos acerca del comercio internacional.

Pero si esta tendencia es ligeramente a la baja, y en general muchos países consideran positivo el comercio entre países, únicamente 3 países de entre los 47 encuestados en 2007 –Corea del Sur, Perú y los territorios palestinos- parecen mostrarse en desacuerdo con la afirmación "debemos controlar y restringir más la inmigración".

El resto oscila entre un acuerdo a la afirmación anterior que ronda el 90% (Costa de Marfil, Malasia e Indonesia) y valores algo inferiores característicos de los países occidentales (España 77%, Italia 87%, Gran Bretaña 75%, Francia 68%, Alemania 65%, Estados Unidos 75%, Canadá 62%). Incluso China muestra su acuerdo a la anterior afirmación (52%), bastante por encima de los contraopinantes (39%).

Obsérvese que nadie ha preguntado a los encuestados acerca de sus preferencias nacionales o de sus prejuicios étnicos, sino acerca de un fenómeno que puede ser rechazado por razones que nada tienen que ver con dichos prejuicios. Al parecer, para más inri, según el informe (pág. 27), en la mayoría de los países el rechazo a la inmigración tiene que ver con el miedo a perder su identidad cultural. Este punto es recalcado varias veces a lo largo del texto.

Por lo tanto podríamos decir que existen sólidas razones para creer que el mundo entero es "xenófobo" y que los pueblos no quieren la inmigración; más bien la consideran una amenaza.

Esta expresión de la "voluntad general" –en puridad democrática jamás puesta de relieve por ningún partido- contrasta con la apabullante unanimidad con la que medios de comunicación y clase política pretenden educar a la población en las bondades de dicho fenómeno.

Esta sorprendente filosofía de interpretar a priori la "voluntad popular" y cambiar las opiniones de la gente, a golpe de propaganda reiterativa y abrumadora, en el sentido de lo que de antemano –y desde el poder- se juzga perjudicial, parece estar bastante extendida entre la clase política.
En lógica democrática, debería perseguirse desde los medios a quienes defienden la inmigración –desde los neoliberales hasta la extrema izquierda, pasando por toda una constelación de ONGs neopoliciales- y no a los detractores sensatos del fenómeno.

Es exactamente la misma situación que se da en las elecciones americanas, en las que el creciente descontento con la "economía globalizada" y el capitalismo rampante no tiene ni un solo defensor entre los candidatos en liza, que hacen como oídos sordos a lo que ya es un clamor sobre todo entre las clases trabajadoras más desfavorecidas.

Y es que parece como si en algún lugar donde descansa el verdadero poder se hubiera decidido lo que hay que pensar y lo que no, y se hubiera así mismo impuesto a golpe de terrorismo mediático la idea de que la deslocalización de activos económicos en carne –que eso es la inmigración- es algo positivo y deseable que todos debemos aceptar practicando una "tolerancia" suicida.

El lavado de cerebro es tan intenso que, de vuelta a casa, contemplo el anuncio de una revista "cristiana" que, en la torre de una Iglesia anuncia que "ningún cristiano es racista".
Suponemos que por "racista" se entenderá el mismo pandemonium que divulga la propaganda oficial del ultracapitalismo, y que comprende desde el señor que rechaza la inmigración porque se siente amenazado por mafias de países exóticos hasta el psicópata que se divierte ejerciendo la violencia contra extranjeros.

Frívolamente, la Iglesia pretende sustraer la dimensión social del fenómeno que el capitalismo manipula para destruir la identidad y la libertad de los pueblos, y convertirlo exclusivamente en una especie de drama de "reality show". Esta mezcolanza irracional e interesada muestra hasta que punto ciertos sectores de la Iglesia han alcanzado un conformismo tácito con la modernidad y, en consecuencia, hasta que punto parte de la Iglesia ha renunciado a luchar contra la visión economicista del mundo que está por igual en la base del capitalismo y de la inmigración.

Por suerte, quedan aún rescoldos de la sabiduría instintiva de los pueblos. Unos pueblos que quieren seguir siendo lo que son y que continúan siendo un tremendo enemigo a batir por los Señores del Dinero. Ello demuestra que la afirmación de la conciencia nacional y las tradiciones son el valladar más fuerte que existe ante los que quieren convertir la vida de los hombres en mero objeto de comercio.

Eduardo Arroyo
El Semanal Digital