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7.9.11

¿Cómo será el futuro próximo del Mediterráneo?

Es de temer que la zona sea campo de batalla entre aquellos que procurarán satisfacer sus necesidades energéticas o bien entre aquellos que confrontarán sus ideologías. Entre estas que se presume estarán en liza figuran las religiosas. En este sentido la expansión del Islam continúa generando grandes temores.

El Islam irrumpe en el siglo 7 de nuestra era y su dinámica lo lleva a ocupar extensos territorios que en solo 100 años permiten que los guerreros de la media luna caigan derrotados en el año 732 en el corazón de Francia, en la histórica ciudad de Poitiers, para iniciar un retroceso militar. Ocho siglos de ocupación en España conceden a seguidores de esta religión un presunto derecho sobre la región siendo el Mediterráneo el escenario donde se afrontaron sus creyentes con los de otros credos.

Las luchas entre Moros y Cristianos fueron endémicas durante siglos. La historia del arte, la literatura, el vivir político, la moda, las costumbres, la lengua y las ciencias fueron influenciadas por esta presencia que adquirió títulos que aspiran validar sus derechos.

Presencia en la ribera mediterránea norte africana, donde el Islam se extiende sobre las poblaciones bereberes y locales imponiendo progresivamente su cultura y su religión generaron una alternativa opuesta a los principios del cristianismo, hegemónico en la vertiente europea que hace mirarse con recelo durante trece siglos, articulando una convivencia a veces difícil, a veces polémica pero siempre ardua y cuestionable en su integración y que marcaron esos siglos que van del advenimiento del Profeta Mahoma hasta la fecha.

La historia del mundo demuestra que las principales razones que fomentaron las guerras estaban basadas en divergencias religiosas, a tal punto que algunos creen que de no aceptarse la figura de la divinidad, sea en cualquiera de sus formas, el mundo habría sido mas tolerante y menos belicoso.

Las creencias, acentuadas por la intolerancia, impusieron sus respectivos antagonismos dogmáticos y totalitarios donde la búsqueda del convencer al otro, cuando no adoctrinar, era el fundamento básico del accionar político.

Cruzadas y conquistas de base religiosa se antepusieron a las ambiciones materiales y ejercieron una influencia en las orillas del Mare Nostrum procurando imponer su propia hegemonía. Hoy resulta difícil desconocer los fundamentos de nuestras propias convicciones para aceptar la presencia del otro, y máxime cuando el otro reza en posición distinta.

Preeminencia de la técnica y del saber en los siglos XVIII y XIX, determinaron ejércitos mas potentes y prepotentes en los europeos que los más laxos del mundo islámico. Apetencias coloniales impusieron un dominio que se extendió a todos los países de Africa y en base a presunta evangelización se impusieron criterios económico comerciales que se abatieron, la mayor parte impiadosamente, en búsqueda de la satisfacción de intereses fundados en un mejor beneficio.

La historia de la colonización tiene suficientes páginas negras como para abundar en ellas. Baste decir que hubo un colonizador del norte y un colonizado del sur y que nunca se reencontraron con coincidencias en el campo religioso.

Hubo esfuerzos denodados para imponer la fe europea. En mi vivencia tunecina recogí varias veces la crítica sobre un congreso eucarístico celebrado en los años previos a la 2ª Guerra Mundial, donde los hijos de los colonizadores desfilaron por las arterias principales de la ciudad de Túnez disfrazados de Cruzados. Aún hoy la palabra cruzada, que lamentablemente volvió a emplear el Presidente Bush en su guerra de Irak y Afganistán, genera molestias enormes en la población local.

Las primeras medidas de las autoridades tunecinas luego de su independencia fue la de limitar el culto del cristianismo, cerrando iglesias y dificultando la práctica pública del culto. La tolerancia nunca fue un estado de ánimo generalizado. Ya Voltaire en 1763, denostaba en su Tratado de la Tolerancia los horrores del catolicismo sobre los protestantes después de la aciaga Noche de San Bartolomé, del 24 de agosto de 1572. Los furores de la Inquisición aportan otras muestras de la intolerancia y otras religiones y sectas, lamentablemente, han contribuido en mucho a dar razón al pensador francés. Durante el siglo XX , la intolerancia alcanzó un grado inimaginable con genocidios que no lograron ocultar el odio religioso. Ya en este siglo, en los Balcanes hubo guerras que encontraban motivación en problemas religiosos insolubles en su larga historia y los ejemplos podrían llenar páginas de dolor y asombro.

El integrismo considerado como una deformación enfermiza del Islam actualiza esos problemas que creíamos superados. Renacer del Integrismo que coincide con el del terrorismo al que en su nueva forma podríamos ubicar después de la caída del Sha y triunfo de Khomeini y de la invasión soviética en Afganistán. Desde ese entonces se articulan nuevas y temidas agresiones que aún no tienen viso de terminar.

La descolonización en los países de Africa, generó un refluir de migrantes hacia los centros europeos necesitados de mano de obra para tareas menos gratas. La consecuente reunificación familiar y la apertura europea de los años 60 hasta los noventa, que coincidió con un período de progreso económico, motivó una continuidad del afluir de migrantes en tanto las exigencias laborales así lo requirieron. Dicha presencia hoy constituye en casi todos los países europeos una minoría considerable que presenta naturales exigencias donde no lograra una perfecta o adecuada integración.

El culto islámico se ve representado en esos migrantes constituyendo una apreciable minoría que ha obtenido reconocimiento en todos los países y la activa práctica religiosa de sus cultores se antepone a la frialdad que en este campo se observa en las poblaciones occidentales
Esta situación avala aún hoy el temor de una mayor expansión del Islam, ciertos autores hablan de Eurabia como prueba de la debilidad europea frente a este progreso y por ello la mayoría de las potencias europeas veían con complacencia la presencia de regímenes políticos que contuvieran la radicalización de las prácticas religiosas y que se buscara un Islam mas tolerante, menos extremista y menos dogmático.

Ben Ali y Moubarak coincidieron en una política que buscó permanentemente aplacar las ideologías y me consta que en Túnez, el gobierno controlaba a los imanes a fin que nos extralimitaran en sus prédicas sosteniendo principios religiosos radicalizados.
La irrupción de los extremistas jijadistas de Al Kaeda acentuó la conveniencia en sostener a dichos dictadores, omitiendo ver sus ruindades ya que eran un bastión contra el cundir de sectores de una religión que se temía. Se temía sin ver que hay diversidad de creyentes y grados de tolerancia en todas las religiones.

La caída sucesiva de todos los dictadores de la región, pues es de prever que Bachar el Assad sea el próximo y las dirigencias de Argelia, Jordania y Marruecos deberán hacer gala de concesiones a futuro si es que pretenden mantenerse en el poder, demuestra que hoy se ha hecho campo orégano a aquellos partidos que tienen sustento religioso y que en contrapartida da aliento al resurgir y progreso de ideologías extremistas en Europa.

Los Hermanos musulmanes en Egipto, el partido Ennhada en Túnez y la organización de la oposición rebelde y triunfante en Libia disponen de un elemento prioritario y de ventaja sobre los restantes partidos políticos, laicos en su mayoría. Esta radica en la unidad de las creencias y la imposición de unos principios que han vivido aletargados durante las dictaduras que satisfacían los intereses occidentales y que hoy buscan una salida fundamentada en el apoyo de la multitud de creyentes que en sus respectivas dolencias económicas encuentran solivio extraterrenal en la reivindicación activa de sus creencias religiosas.

Es de temer que el futuro del Mediterráneo no sea solamente un espacio de lucha por pretensiones económicas, que al fin de cuentas siempre encuentran paliativo y consenso, sino también de convicciones religiosas donde una de las partes se embandera en la ideología , que es de temer incurra en dogmatismo, frente a la restante que si bien no ha decretado la muerte de Dios se ha alejado de convicciones y prácticas alentadas por la divergencia casi herética del apetito al consumismo.

El futuro del Mediterráneo, mar materno de nuestra civilización, verá una lucha por el control del petróleo y de otras materias primas o por el predominio religioso?

La primavera árabe que generara expectativas auspiciosas para esos países donde la democracia vivía en somnolencia, mantendrá o no lineamientos que permitan formular coincidencias con las viejas potencias coloniales que también cabe formularse la pregunta si la historia les enseñó una lección de tolerancia y respeto.

Es de creer que el Mediterráneo recuperará la importancia estratégica que se había aletargado.

Jesús Fernando Taboada para Adnmundo.com
Embajador (R)

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