La III Guerra Mundial
Sermón del Viernes del [movimento panarabista] MP/clérigo del Hamas: Conquistaremos Roma, las dos Americas y Europa Oriental
En un sermón del Viernes que fue presentado en el canal de televisión de Hamas Al-Aqsa TV el 11 de abril del 2008, Yunis Al-Astal, MP y clérigo de Hamas, les dijo a los feligreses que Roma, "la capital de los católicos, o la "capital de los cruzados, sería conquistada pronto por el Islam, tal como lo fue Constantinopla. Esta entonces, dijo, se convertiría en "un puesto avanzado para las conquistas islámicas que se extenderán a través de Europa en su totalidad, y luego se volverán a las dos Americas, e incluso a Europa Oriental".
Lo siguiente son extractos del sermón de Al-Astal:
Para ver este clip de video, cliquear AQUÍ, o bien visite: http://www.memritv.org/clip/en/1739.htm.
Yunis Al-Astal: "Alá los ha escogido a ustedes para Él mismo y por Su religión, para que sirvan como el motor que lleve esta nación a la fase de sucesión, seguridad y consolidación del poder, e incluso a conquistas a través del da'wa y conquistas militares de las capitales del mundo entero.
"Muy pronto, Alá que lega, Roma será conquistada, al igual que Constantinopla lo fue, tal como fue profetizado por nuestro Profeta Muhammad.
"Hoy, Roma es la capital de los católicos, o la capital de los cruzados, que ha declarado su hostilidad al Islam, y ha plantado a los hermanos de los monos y los cerdos en Palestina con el propósito de prevenir el re-despertar del Islam. Esta capital suya será un puesto avanzado para las conquistas islámicas, que se extenderán a través de Europa en su totalidad, y luego se volverán hacia las dos Americas, e incluso hacia Europa Oriental.
"Yo creo que nuestros hijos, o nuestros nietos, heredarán nuestro jihad y nuestros sacrificios, y, Alá que lega, los comandantes de la conquista vendrán de entre ellos.
"Hoy, nosotros implantamos estas buenas noticias en sus almas - y por medio de las mezquitas y los libros del Corán y la historia de nuestros Profetas, sus compañeros, y los grandes líderes, los prepararemos para la misión de salvar a la humanidad del fuego del infierno en cuyo borde están".
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MEMRIT The Middle East Media Research Institute (Instituto de Investigacion de Medios de Información en Medio Oriente)
Serie Comunicados Especiales - No. 1895
14 de Abril de 2008
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31.7.08
Conquistaremos Roma, las dos Americas y Europa Oriental
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30.7.08
Inmigración musulmana "Los musulmanes somos el futuro"
"Los musulmanes somos el futuro" [Entrevista a Tariq Ramadan]

Admirado por los jóvenes árabes que pueblan los suburbios de París, juzgado con desconfianza por funcionarios y legisladores europeos, que lo ven como una amenaza, Tariq Ramadan se ha convertido en la voz más audaz de la intelectualidad musulmana. Una voz que advierte: la inmigración árabe provocará "la renovación del islam" pero, aun antes, la "islamización de Europa". "El Viejo Continente –escribió–, debe aprender a compartir, por las buenas o por las malas".
En 2003, la televisión francesa emitió un debate (ya mítico) en torno de la cuestión de la laicidad, enfrentando al entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, y a un intelectual suizo de origen egipcio, considerado “el más influyente teórico del islam europeo”, Tariq Ramadan. El tema: ¿pueden o no las niñas musulmanas ir con velo a la escuela? El fascinante debate lo ganó por goleada el actual presidente de Francia: Sarkozy exhibió un verbo agresivo y una inteligencia feroz. Años más tarde, Ramadan explicó que le constaba que esa noche “Sarkozy había prometido a sus allegados aplastarme”. ¿Quién es Ramadan, para que el presidente de Francia considere necesario aplastarlo?
Nacido en Ginebra, Ramadan pertenece por derecho propio a la aristocracia del pensamiento islámico: puede aspirar a un tratamiento de “emir” (“un privilegio al que prefiero renunciar”, dice) y es doctor en Filosofía además de ulema, es decir doctor en ley musulmana. El primer título lo obtuvo en Suiza con una tesis sobre la obra de Nietzsche y el segundo, en la Universidad Islámica de Al-Azhar, El Cairo. Es también autor de numerosos libros sobre el islam y los casetes con sus discursos se venden por cientos de miles entre los jóvenes árabes de las banlieues calientes de París, Ginebra, Marsella o Bruselas.
La revista Time lo nombró “uno de los 100 hombres más influyentes del mundo”. El filósofo francés Bernard-Henry Lévy lo definió como “un polemista temible”. Ha formado parte del “Consejo de Sabios” nombrado por Romano Prodi para “el diálogo de civilizaciones euro-mediterráneo” y Tony Blair lo invitó a unirse a una comisión para analizar causas y consecuencias de los atentados islamistas de Londres. En Gran Bretaña aceptó igualmente un puesto en el prestigioso Saint Anthony's College de Oxford, donde disertó sobre “pensamiento islámico”.
Ramadan cree que la inmigración musulmana en Europa provocará, con el paso del tiempo, “la necesaria renovación del islam” y, de paso, la “islamización de Europa”, según sus (muy) numerosos detractores y enemigos declarados. La acusación más habitual en relación con Ramadan es que su pensamiento tiene dos caras: una amable, democrática, racional y occidental que esgrime en sus encuentros con la prensa o los políticos;
y otra conservador e intolerante que ofrece en árabe a sus seguidores islámicos de los suburbios de las capitales europeas, ahogados en fundamentalismo. “No tengo ningún doble discurso –se inflama Ramadan–, sostengo las mismas tesis en la mezquita y en la calle”.
Pero, por lo visto, la duda y la sospecha de sus vínculos con círculos fundamentalistas fueron suficientes para que las autoridades de Estados Unidos le revocaran el 28 de julio de 2004 su visa para ir a enseñar en la Universidad de Notre Dame, en Indiana. El Departamento de Seguridad Interior (DHS) esgrimió razones “de seguridad pública”.
Una polémica más reciente enfrentó a Ramadan con los pensadores franceses (todos ellos judíos) Alain Finkielkraut, Bernard-Henry Lévy, André Glucksmann y Bernard Kouchner, actual canciller de ese país. A partir de dos entrevistas realizadas en Ginebra y Londres, algunas respuestas de Ramadan sobre ésta y otras polémicas.
ALMA MAGAZINE: Ha dicho que “reconoce el derecho a la existencia del Estado de Israel” y que los judíos son sus “hermanos del libro”. ¿Lo mantiene?
TARIQ RAMADAN: Absolutamente. Israel es un hecho. Es inaceptable legitimar elementos antisemitas en el discurso musulmán. Hay que diferenciar entre la crítica al Estado de Israel, legítima como cualquier crítica política, y el mantenimiento de posturas racistas a partir de la política israelí.
AM: ¿Repite esas ideas ante los miles de jóvenes magrebíes que le siguen en los suburbios de Marsella, Ginebra o Londres?
T.R.: En uno de mis discursos sobre el Corán digo claramente que es “inadmisible hacer una amalgama entre los judíos y el Estado de Israel”. Mantengo esto en público y en privado; tanto en la mezquita como afuera.
AM: Precisamente, la acusación más habitual hacia usted es: “maestro del doble discurso”.
T.R.: Deberían aportar pruebas de ese doble discurso; los periodistas recogen mi discurso y lo reconstruyen.
AM: Declaró que hay que aplicar una “moratoria indefinida” respecto a la lapidación de las adúlteras y los castigos corporales. ¿Qué significa?
T.R.: He dicho que hay que aplicar una “moratoria absoluta” de la pena de muerte, la lapidación y los castigos corporales en el mundo musulmán. Los sabios musulmanes dicen que, a pesar de que estos castigos están contemplados en el Corán, son muy raramente aplicables. Luego he visto con mis propios ojos la realidad. Dado que los doctores de la ley no están de acuerdo sobre la aplicación de las penas, se debe beneficiar siempre a la víctima. Pero sólo pueden funcionar los argumentos islámicos contra las leyes islámicas. No puede haber solución a esto si no sale del interior del mundo musulmán.
AM: Son más las opiniones críticas que favorables hacia usted y su obra. ¿Cómo define su trabajo?
T.R.: Soy un intelectual que intenta releer el islam a la luz de nuestro contexto contemporáneo, tanto del mundo occidental como musulmán. Quiero, desde el interior de la civilización musulmana, asumir los desafíos de la sociedad contemporánea y poder ser un europeo musulmán y vivir en mi sociedad. No sólo integrándome sino también contribuyendo. Deseo que el mundo musulmán sea partícipe del concierto de las naciones dentro de un marco de pluralismo.
La idea de que no existe más que “una sola civilización posible”, Occidente, y que las demás culturas deben alinearse con ella no es buena ni para Occidente ni para las otras civilizaciones. Estoy a mitad de camino entre dos universos de referencia. Interpelo mi propio marco musulmán, del cual soy muy crítico. En Europa, les digo que el destino de los musulmanes no es la asimilación; no estamos destinados a desaparecer. Vamos a seguir siendo lo que somos.
AM: Francia integró a rusos, judíos, españoles, italianos. ¿Por qué los árabes parecen los únicos incapaces de integrarse en el modelo republicano?
T.R.: Los españoles o los italianos han logrado integrarse dado que han pasado más tiempo en Francia. No se puede juzgar a la gente sobre la base de dos generaciones. Pero lo que usted dice es cierto: no es sólo un problema de Francia, sino que también se debe culpar a estas poblaciones que durante largo tiempo se han marginado, alejado de la sociedad. Incluso a nivel intelectual y psicológico. El “síndrome del colonizado” perdura. Las responsabilidades están compartidas.
Francia debe dejar de mirar al islam como una religión extranjera (toda Europa debe darse cuenta: el islam es ya una religión europea). Y los musulmanes deben dejar de hacer responsable de sus problemas a la sociedad de acogida y deben terminar con su eterna auto-victimización y marginalización intelectual. Toda crítica es percibida como contraria al islam, pero no toda crítica es necesariamente “islamófoba”. Hay que entender que en el mundo musulmán nadie tiene derecho a tocar las religiones y en Occidente existe el derecho a, incluso, reírse de la religión. El musulmán debe comprender que en Europa y en Estados Unidos ha cambiado de universo.
AM: ¿Cómo ve la situación de Oriente? Se habla de la “primavera árabe”. ¿Está de acuerdo?
T.R.: No. La supuesta “primavera árabe” es la emergencia de ciertos procesos democráticos en el mundo musulmán, pero las dictaduras siguen siendo la regla. Es hora de que los intelectuales árabes renueven su discurso de que “todo es culpa de Israel”. Israel no es responsable de nuestra falta de conciencia política.
AM: ¿Cabe esperar una renovación del islam? ¿Sería deseable?
T.R.: El futuro del islam pasa en gran parte por Occidente pues aquí está la democracia, o sea, el espacio de libertad. Debemos empezar a pensar el islam en términos de “derecho a” y no exclusivamente de “obligación de”. La tradición musulmana se basa sobre lo que la religión obliga, pero no desarrollamos aún un discurso sobre el islam como un espacio de derechos.
AM: ¿Cree que es posible la convivencia entre el islam practicante y un Occidente laico y republicano?
T.R.: No hay contradicción entre los principios y fundamentos del islam y la democracia, pero cada país debe encontrar su propio modelo. Por lo pronto, hay en Europa millones de musulmanes integrados en el proceso democrático y hay que dejar de verlos como extranjeros.
AM: El islam es una visión del mundo que abarca lo espiritual y lo terrenal. ¿No hay incompatibilidad de principio con la democracia laica en un sistema que mezcla lo político y lo religioso?
T.R.: Yo objeto esta intrusión de la esfera privada dentro de lo público. La dimensión espiritual debe estar separada de la terrena, aunque eso no implica un divorcio radical de ambas. Ahí no hay ninguna contradicción con la tradición musulmana.
AM: Se dice que su estrategia pasa por invitar a los musulmanes de Europa a participar en la vida política de sus países a fin de “islamizar” las leyes nacionales. Un Caballo de Troya islámico.
T.R.: Esa es la vieja acusación de “entrismo”. Ayer, los musulmanes estaban en el gueto y se les acusaba de aislarse y de propugnar el “comunitarismo”. Son los que no pueden considerarme a mí como suizo o europeo. Les molesto, les doy miedo. Siempre fue más fácil identificar al enemigo a través de la alteridad que cuando el enemigo elimina su diferencia y se convierte en uno más.
AM: ¿Cree que la comunidad musulmana condena con suficiente firmeza los ataques terroristas? Ninguna autoridad religiosa declaró una “fatwua” a Bin Laden.
T.R.: Ante los atentados y el recrudecimiento del terrorismo fundamentalista a escala mundial los musulmanes deberían ponerse en pie. Denunciar esa violencia. Todas las organizaciones musulmanas del Reino Unido, o casi todas, condenaron unánimemente los atentados de Londres. Pero los medios no están interesados en las personas que intentan construir puentes sino en los que intentan destruirlos.
AM: En un editorial escribió que “Europa debe aprender a compartir, por las buenas o por las malas”. Suena a amenaza…
T.R.: Los ciudadanos musulmanes debemos tener el derecho de compartir todo en nuestros países, incluido el poder real, pero, ¿quieren esto los europeos? Me temo que no, pero no tendrán otra solución a mediano o largo plazo. Soy un europeo de confesión musulmana y, lo quieran o no, somos el futuro. Yo no invito a los musulmanes a que “islamicen” Europa, sino que invito a Europa a que comprenda que el islam ya está en ella y que los musulmanes son ciudadanos de pleno derecho. Los europeos ¿están preparados para aceptar que los musulmanes tienen algo que aportar a esta sociedad? ¿Europa admite tener ciudadanos de confesión musulmana?
AM: ¿Y si la respuesta fuera “no”?
T.R.: Al menos los términos del debate estarían claros. Europa tiene miedo y desconfía. Yo digo: abran los espacios de confianza. No podremos construir nada desde la sospecha y el miedo.
AM: ¿Qué es lo mínimo que cabe esperar de una persona para considerarla integrante de su sociedad, basta un pasaporte?
T.R.: Es ciudadano aquel que detenta un pasaporte, respeta las leyes del país y es activo socialmente. Pero lo cierto es que no estoy de acuerdo con la pregunta. No creo que haya “mínimos exigibles” de pertenencia. Aunque es preocupante ver que el discurso tradicional sobre la inmigración de la ultraderecha se banalizó y hoy lo esgrimen casi todos los partidos.
AM: ¿Puede pertenecer a la sociedad un hombre que no habla el idioma del país de acogida?
T.R.: No. Debe hablar el idioma, conocer las tradiciones, la historia, las instituciones y las leyes del país donde vive.
AM: ¿Qué piensa de los problemas que genera el velo islámico?
T.R.: No podemos pedirle a una niña musulmana que deje de ir a la escuela por respeto al velo. Pero tampoco es bueno que todas las niñas musulmanas terminen realizando sus estudios en escuelas coránicas. Entre el velo y la educación, debe primar esta última. Eso está antes que el respeto a las tradiciones religiosas. Lo que necesitamos es la mezcla social. Debemos ir radicalmente contra la tendencia natural y comprensible de los inmigrantes de agruparse entre iguales. En Londres, hay escuelas públicas con 99% de estudiantes paquistaníes. Eso es intolerable.
AM: ¿Qué ocurre, en su opinión, en el caso de que un musulmán tenga un hijo homosexual?
T.R.: La homosexualidad, según la tradición islámica, “no forma parte del plan divino” pero el respeto a la dignidad del ser humano debería estar por encima de las tradiciones religiosas.
AM: ¿El sida es un castigo de dios?
T.R.: No diría eso; aunque todas las religiones asocian la enfermedad al castigo divino.
AM: ¿Una mujer musulmana puede casarse con un “infiel” y seguir siendo miembro de la “nación del islam”, o “Umma”?
T.R.: Según la tradición, no. Pero nada en la ley musulmana dice que debamos expulsarlas de la comunidad. Cuando me consultan al respecto digo que sean conscientes de las enormes dificultades que esa elección encierra.
AM: Israel –ha dicho– no es la causa del problema del mundo árabe-musulmán, sino su consecuencia directa. ¿Cual sería el problema, entonces?
T.R.: No hay un problema, sino muchos. Uno es el eterno culpar de nuestros dramas y carencias a los sionistas, estadounidenses o europeos. ¡Nosotros somos la causa de nuestros problemas y miserias! Los intelectuales árabes no cumplen su rol; carecemos de proyecto social y político. En los 60, Mohammed Iqbal, influyente pensador del islam, dijo algo que explica bien el tema: “Los países árabes fuimos colonizados porque éramos colonizables”.
Alma Magazine
Texto: Rodrigo Carrizo Couto
Culpabilización autóctona e inmigración musulmana
Nuestra época contemporánea está marcada por una rápida afro-islamización del Viejo Continente, sin que podamos descartar la hipótesis de una geopolítica de los movimientos migratorios con la población musulmana como vector principal. Recordemos que la historia del Islam está íntimamente ligada a la de los fenómenos migratorios de las poblaciones musulmanas en tierra de no-musulmanes y de aquellos que les han favorecido. [Mas...]
Texto: Hadrien Dekorte para la Nouvelle Revue d'Histoire

Admirado por los jóvenes árabes que pueblan los suburbios de París, juzgado con desconfianza por funcionarios y legisladores europeos, que lo ven como una amenaza, Tariq Ramadan se ha convertido en la voz más audaz de la intelectualidad musulmana. Una voz que advierte: la inmigración árabe provocará "la renovación del islam" pero, aun antes, la "islamización de Europa". "El Viejo Continente –escribió–, debe aprender a compartir, por las buenas o por las malas".
En 2003, la televisión francesa emitió un debate (ya mítico) en torno de la cuestión de la laicidad, enfrentando al entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, y a un intelectual suizo de origen egipcio, considerado “el más influyente teórico del islam europeo”, Tariq Ramadan. El tema: ¿pueden o no las niñas musulmanas ir con velo a la escuela? El fascinante debate lo ganó por goleada el actual presidente de Francia: Sarkozy exhibió un verbo agresivo y una inteligencia feroz. Años más tarde, Ramadan explicó que le constaba que esa noche “Sarkozy había prometido a sus allegados aplastarme”. ¿Quién es Ramadan, para que el presidente de Francia considere necesario aplastarlo?
Nacido en Ginebra, Ramadan pertenece por derecho propio a la aristocracia del pensamiento islámico: puede aspirar a un tratamiento de “emir” (“un privilegio al que prefiero renunciar”, dice) y es doctor en Filosofía además de ulema, es decir doctor en ley musulmana. El primer título lo obtuvo en Suiza con una tesis sobre la obra de Nietzsche y el segundo, en la Universidad Islámica de Al-Azhar, El Cairo. Es también autor de numerosos libros sobre el islam y los casetes con sus discursos se venden por cientos de miles entre los jóvenes árabes de las banlieues calientes de París, Ginebra, Marsella o Bruselas.
La revista Time lo nombró “uno de los 100 hombres más influyentes del mundo”. El filósofo francés Bernard-Henry Lévy lo definió como “un polemista temible”. Ha formado parte del “Consejo de Sabios” nombrado por Romano Prodi para “el diálogo de civilizaciones euro-mediterráneo” y Tony Blair lo invitó a unirse a una comisión para analizar causas y consecuencias de los atentados islamistas de Londres. En Gran Bretaña aceptó igualmente un puesto en el prestigioso Saint Anthony's College de Oxford, donde disertó sobre “pensamiento islámico”.
Ramadan cree que la inmigración musulmana en Europa provocará, con el paso del tiempo, “la necesaria renovación del islam” y, de paso, la “islamización de Europa”, según sus (muy) numerosos detractores y enemigos declarados. La acusación más habitual en relación con Ramadan es que su pensamiento tiene dos caras: una amable, democrática, racional y occidental que esgrime en sus encuentros con la prensa o los políticos;
y otra conservador e intolerante que ofrece en árabe a sus seguidores islámicos de los suburbios de las capitales europeas, ahogados en fundamentalismo. “No tengo ningún doble discurso –se inflama Ramadan–, sostengo las mismas tesis en la mezquita y en la calle”.
Pero, por lo visto, la duda y la sospecha de sus vínculos con círculos fundamentalistas fueron suficientes para que las autoridades de Estados Unidos le revocaran el 28 de julio de 2004 su visa para ir a enseñar en la Universidad de Notre Dame, en Indiana. El Departamento de Seguridad Interior (DHS) esgrimió razones “de seguridad pública”.
Una polémica más reciente enfrentó a Ramadan con los pensadores franceses (todos ellos judíos) Alain Finkielkraut, Bernard-Henry Lévy, André Glucksmann y Bernard Kouchner, actual canciller de ese país. A partir de dos entrevistas realizadas en Ginebra y Londres, algunas respuestas de Ramadan sobre ésta y otras polémicas.
ALMA MAGAZINE: Ha dicho que “reconoce el derecho a la existencia del Estado de Israel” y que los judíos son sus “hermanos del libro”. ¿Lo mantiene?
TARIQ RAMADAN: Absolutamente. Israel es un hecho. Es inaceptable legitimar elementos antisemitas en el discurso musulmán. Hay que diferenciar entre la crítica al Estado de Israel, legítima como cualquier crítica política, y el mantenimiento de posturas racistas a partir de la política israelí.
AM: ¿Repite esas ideas ante los miles de jóvenes magrebíes que le siguen en los suburbios de Marsella, Ginebra o Londres?
T.R.: En uno de mis discursos sobre el Corán digo claramente que es “inadmisible hacer una amalgama entre los judíos y el Estado de Israel”. Mantengo esto en público y en privado; tanto en la mezquita como afuera.
AM: Precisamente, la acusación más habitual hacia usted es: “maestro del doble discurso”.
T.R.: Deberían aportar pruebas de ese doble discurso; los periodistas recogen mi discurso y lo reconstruyen.
AM: Declaró que hay que aplicar una “moratoria indefinida” respecto a la lapidación de las adúlteras y los castigos corporales. ¿Qué significa?
T.R.: He dicho que hay que aplicar una “moratoria absoluta” de la pena de muerte, la lapidación y los castigos corporales en el mundo musulmán. Los sabios musulmanes dicen que, a pesar de que estos castigos están contemplados en el Corán, son muy raramente aplicables. Luego he visto con mis propios ojos la realidad. Dado que los doctores de la ley no están de acuerdo sobre la aplicación de las penas, se debe beneficiar siempre a la víctima. Pero sólo pueden funcionar los argumentos islámicos contra las leyes islámicas. No puede haber solución a esto si no sale del interior del mundo musulmán.
AM: Son más las opiniones críticas que favorables hacia usted y su obra. ¿Cómo define su trabajo?
T.R.: Soy un intelectual que intenta releer el islam a la luz de nuestro contexto contemporáneo, tanto del mundo occidental como musulmán. Quiero, desde el interior de la civilización musulmana, asumir los desafíos de la sociedad contemporánea y poder ser un europeo musulmán y vivir en mi sociedad. No sólo integrándome sino también contribuyendo. Deseo que el mundo musulmán sea partícipe del concierto de las naciones dentro de un marco de pluralismo.
La idea de que no existe más que “una sola civilización posible”, Occidente, y que las demás culturas deben alinearse con ella no es buena ni para Occidente ni para las otras civilizaciones. Estoy a mitad de camino entre dos universos de referencia. Interpelo mi propio marco musulmán, del cual soy muy crítico. En Europa, les digo que el destino de los musulmanes no es la asimilación; no estamos destinados a desaparecer. Vamos a seguir siendo lo que somos.
AM: Francia integró a rusos, judíos, españoles, italianos. ¿Por qué los árabes parecen los únicos incapaces de integrarse en el modelo republicano?
T.R.: Los españoles o los italianos han logrado integrarse dado que han pasado más tiempo en Francia. No se puede juzgar a la gente sobre la base de dos generaciones. Pero lo que usted dice es cierto: no es sólo un problema de Francia, sino que también se debe culpar a estas poblaciones que durante largo tiempo se han marginado, alejado de la sociedad. Incluso a nivel intelectual y psicológico. El “síndrome del colonizado” perdura. Las responsabilidades están compartidas.
Francia debe dejar de mirar al islam como una religión extranjera (toda Europa debe darse cuenta: el islam es ya una religión europea). Y los musulmanes deben dejar de hacer responsable de sus problemas a la sociedad de acogida y deben terminar con su eterna auto-victimización y marginalización intelectual. Toda crítica es percibida como contraria al islam, pero no toda crítica es necesariamente “islamófoba”. Hay que entender que en el mundo musulmán nadie tiene derecho a tocar las religiones y en Occidente existe el derecho a, incluso, reírse de la religión. El musulmán debe comprender que en Europa y en Estados Unidos ha cambiado de universo.
AM: ¿Cómo ve la situación de Oriente? Se habla de la “primavera árabe”. ¿Está de acuerdo?
T.R.: No. La supuesta “primavera árabe” es la emergencia de ciertos procesos democráticos en el mundo musulmán, pero las dictaduras siguen siendo la regla. Es hora de que los intelectuales árabes renueven su discurso de que “todo es culpa de Israel”. Israel no es responsable de nuestra falta de conciencia política.
AM: ¿Cabe esperar una renovación del islam? ¿Sería deseable?
T.R.: El futuro del islam pasa en gran parte por Occidente pues aquí está la democracia, o sea, el espacio de libertad. Debemos empezar a pensar el islam en términos de “derecho a” y no exclusivamente de “obligación de”. La tradición musulmana se basa sobre lo que la religión obliga, pero no desarrollamos aún un discurso sobre el islam como un espacio de derechos.
AM: ¿Cree que es posible la convivencia entre el islam practicante y un Occidente laico y republicano?
T.R.: No hay contradicción entre los principios y fundamentos del islam y la democracia, pero cada país debe encontrar su propio modelo. Por lo pronto, hay en Europa millones de musulmanes integrados en el proceso democrático y hay que dejar de verlos como extranjeros.
AM: El islam es una visión del mundo que abarca lo espiritual y lo terrenal. ¿No hay incompatibilidad de principio con la democracia laica en un sistema que mezcla lo político y lo religioso?
T.R.: Yo objeto esta intrusión de la esfera privada dentro de lo público. La dimensión espiritual debe estar separada de la terrena, aunque eso no implica un divorcio radical de ambas. Ahí no hay ninguna contradicción con la tradición musulmana.
AM: Se dice que su estrategia pasa por invitar a los musulmanes de Europa a participar en la vida política de sus países a fin de “islamizar” las leyes nacionales. Un Caballo de Troya islámico.
T.R.: Esa es la vieja acusación de “entrismo”. Ayer, los musulmanes estaban en el gueto y se les acusaba de aislarse y de propugnar el “comunitarismo”. Son los que no pueden considerarme a mí como suizo o europeo. Les molesto, les doy miedo. Siempre fue más fácil identificar al enemigo a través de la alteridad que cuando el enemigo elimina su diferencia y se convierte en uno más.
AM: ¿Cree que la comunidad musulmana condena con suficiente firmeza los ataques terroristas? Ninguna autoridad religiosa declaró una “fatwua” a Bin Laden.
T.R.: Ante los atentados y el recrudecimiento del terrorismo fundamentalista a escala mundial los musulmanes deberían ponerse en pie. Denunciar esa violencia. Todas las organizaciones musulmanas del Reino Unido, o casi todas, condenaron unánimemente los atentados de Londres. Pero los medios no están interesados en las personas que intentan construir puentes sino en los que intentan destruirlos.
AM: En un editorial escribió que “Europa debe aprender a compartir, por las buenas o por las malas”. Suena a amenaza…
T.R.: Los ciudadanos musulmanes debemos tener el derecho de compartir todo en nuestros países, incluido el poder real, pero, ¿quieren esto los europeos? Me temo que no, pero no tendrán otra solución a mediano o largo plazo. Soy un europeo de confesión musulmana y, lo quieran o no, somos el futuro. Yo no invito a los musulmanes a que “islamicen” Europa, sino que invito a Europa a que comprenda que el islam ya está en ella y que los musulmanes son ciudadanos de pleno derecho. Los europeos ¿están preparados para aceptar que los musulmanes tienen algo que aportar a esta sociedad? ¿Europa admite tener ciudadanos de confesión musulmana?
AM: ¿Y si la respuesta fuera “no”?
T.R.: Al menos los términos del debate estarían claros. Europa tiene miedo y desconfía. Yo digo: abran los espacios de confianza. No podremos construir nada desde la sospecha y el miedo.
AM: ¿Qué es lo mínimo que cabe esperar de una persona para considerarla integrante de su sociedad, basta un pasaporte?
T.R.: Es ciudadano aquel que detenta un pasaporte, respeta las leyes del país y es activo socialmente. Pero lo cierto es que no estoy de acuerdo con la pregunta. No creo que haya “mínimos exigibles” de pertenencia. Aunque es preocupante ver que el discurso tradicional sobre la inmigración de la ultraderecha se banalizó y hoy lo esgrimen casi todos los partidos.
AM: ¿Puede pertenecer a la sociedad un hombre que no habla el idioma del país de acogida?
T.R.: No. Debe hablar el idioma, conocer las tradiciones, la historia, las instituciones y las leyes del país donde vive.
AM: ¿Qué piensa de los problemas que genera el velo islámico?
T.R.: No podemos pedirle a una niña musulmana que deje de ir a la escuela por respeto al velo. Pero tampoco es bueno que todas las niñas musulmanas terminen realizando sus estudios en escuelas coránicas. Entre el velo y la educación, debe primar esta última. Eso está antes que el respeto a las tradiciones religiosas. Lo que necesitamos es la mezcla social. Debemos ir radicalmente contra la tendencia natural y comprensible de los inmigrantes de agruparse entre iguales. En Londres, hay escuelas públicas con 99% de estudiantes paquistaníes. Eso es intolerable.
AM: ¿Qué ocurre, en su opinión, en el caso de que un musulmán tenga un hijo homosexual?
T.R.: La homosexualidad, según la tradición islámica, “no forma parte del plan divino” pero el respeto a la dignidad del ser humano debería estar por encima de las tradiciones religiosas.
AM: ¿El sida es un castigo de dios?
T.R.: No diría eso; aunque todas las religiones asocian la enfermedad al castigo divino.
AM: ¿Una mujer musulmana puede casarse con un “infiel” y seguir siendo miembro de la “nación del islam”, o “Umma”?
T.R.: Según la tradición, no. Pero nada en la ley musulmana dice que debamos expulsarlas de la comunidad. Cuando me consultan al respecto digo que sean conscientes de las enormes dificultades que esa elección encierra.
AM: Israel –ha dicho– no es la causa del problema del mundo árabe-musulmán, sino su consecuencia directa. ¿Cual sería el problema, entonces?
T.R.: No hay un problema, sino muchos. Uno es el eterno culpar de nuestros dramas y carencias a los sionistas, estadounidenses o europeos. ¡Nosotros somos la causa de nuestros problemas y miserias! Los intelectuales árabes no cumplen su rol; carecemos de proyecto social y político. En los 60, Mohammed Iqbal, influyente pensador del islam, dijo algo que explica bien el tema: “Los países árabes fuimos colonizados porque éramos colonizables”.
Alma Magazine
Texto: Rodrigo Carrizo Couto
Culpabilización autóctona e inmigración musulmana
Nuestra época contemporánea está marcada por una rápida afro-islamización del Viejo Continente, sin que podamos descartar la hipótesis de una geopolítica de los movimientos migratorios con la población musulmana como vector principal. Recordemos que la historia del Islam está íntimamente ligada a la de los fenómenos migratorios de las poblaciones musulmanas en tierra de no-musulmanes y de aquellos que les han favorecido. [Mas...]
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Tariq Ramadan
28.7.08
El legado de Oriana Fallaci

Valiente, irreverente, objetiva, gran periodista y escritora, Oriana Fallaci tuvo esa especial cualidad de hacer que las palabras de los hombres y mujeres que entrevistó perduraran en el tiempo.
Uno de los libros que marcó mi adolescencia fue “Entrevista con la Historia”.
Gracias a él no sólo pude comprender parte de la historia mundial de la segunda mitad del siglo XX, sino que también conocer a una mujer excepcional.Valiente, irreverente, objetiva, gran periodista y escritora, Oriana Fallaci tuvo esa especial cualidad de hacer que las palabras de los hombres y mujeres que entrevistó perduraran en el tiempo, e incluso en su momento no estuvieran exentas de polémica y conflicto. Un ejemplo ello fue aquella entrevista efectuada en Karachi al presidente Pakistaní Ali Bhutto, de dramáticas consecuencias. Sus respuestas ocasionaron la suspensión de un tratado de Paz que debía firmar Bhutto con la entonces primer ministro de la India Indira Gadhi. La periodista no cedió a los ruegos del Pakistaní, quien le pedía dijera que la entrevista era inventada por ella y con ello salvar la vida de seiscientos millones de personas.
Los grandes de una época Kissinger, Golda Meir, Yasser Arafat e Indira Gandhi, entre otros, estuvieron frente a ella. Memorable fue el final de la entrevista al supersticioso emperador de Etiopia Hailé Selassié, quien se vanagloriaba que su dinastía descendía de la misma reina de Saba y Salomón, pero frente a la pregunta "¿Cómo mira Hailé Selassie, a la muerte?", acabó la conversación exclamando lleno de temor "¡quien es esta mujer! ¿de donde viene? ¿Qué quiere de mí?" y sin más la echó.
Lo que las amenazas de grupos islámicos no pudieron, lo hizo el cáncer, que se llevó a los 77 años a Oriana Fallaci y como Selassie nos podemos preguntar "¿qué quería esta mujer?". Sólo me surge una respuesta: que actuáramos como hombres, que pensáramos, que no nos dejemos engañar.
En este siglo XXI en que nos ha tocado estar insertos, se vive la historia en el instante mismo de su devenir y somos testigos directos de ella y sin embargo, los hombres estamos cada vez más castrados en nuestras capacidades intelectuales por los mismos medios de comunicación, quienes nos llenan de farándula y nos llevan a preocuparnos de la cosa menor. No pensamos en los hechos que ocurren. Si lo hiciéramos podríamos darnos cuenta que quienes detentan nuestros destinos no son mejores que nosotros, ni más fuertes, ni más iluminados, sino que son sólo hombres respecto de quienes “hay momentos en la vida en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación”.
Conciente de este deber civil, de éste desafío moral, Fallaci ocupó los últimos años de su vida en denunciar, con la valentía que la caracterizó, la descristianización de Occidente, “Occidente ya no siente amor por si mismo. En su propia historia solo ve lo que es deplorable y destructivo, mientras no ve lo que es grande y puro”, decía a The wall Street Journal en mayo de 2006.
Por eso no es de extrañar que esta atea cristiana (como le gustaba definirse) se identificara con la defensa de los valores de Occidente que hace Benedicto XVI: “me siento menos sola cuando leo libros de Ratzinger”, señalaba en la misma entrevista, y no es mera coincidencia que recién entronizado el nuevo Papa fuera la Fallaci la primera visita privada, quien luego de la cita señaló: “Fue una reunión entre espíritus libres”; “tengo confianza en Ratzinger. Es un gran pensador y es un hombre que cree en la razón. Defiende los valores occidentales cuando dice que es como si Europa ya no se quisiera así misma. El clama por Europa, sermonea a Europa. Somos aliados en ese aspecto. El lo hace en forma delicada y cortés mientras que yo lo hago brutalmente.”
Oriana Fallaci, que hizo que tantos poderosos dejaran registrado en las páginas de sus entrevistas lo que muchas veces querían callar, no nos silenció su gran preocupación por los valores de Occidente, y nos deja como legado sus palabras en la citada entrevista a The wall Street Journal: “en el momento en el que abandonas tus principios y tus valores estas muerto; tu civilización esta muerta, tu sociedad está muerta. Y punto".
Escrito por Oscar Pino Silva
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26.7.08
Las mezquitas que un día fueron iglesias (Videos)
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Church Convert to Mosque - Brick Lane Mosque
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Mezquita Azul (Turquía)
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24.7.08
Las mezquitas que un día fueron iglesias
Basílica de Santa Sofía. - Mezquita Azul
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El caso de Chipre
Y en otros de los puntos «calientes» de la actual Unión Europea, Chipre, la situación no es mejor. Tras la ocupación turca de parte de la isla en 1974, la minoría musulmana se vio reforzada y reconvirtió para sus rezos setenta y siete iglesias cristianas, según recoge el informe de los observadores internacionales enviados por Naciones Unidas. Otras muchas fueron destruidas o saqueadas. No es de extrañar, que su posición de apoyo a la ocupación de la pequeña isla mediterránea sea una de las principales trabas que aleja a Turquía de su ingreso en la Unión Europea.
Todos los artículos de interés sobre la Catedral de Córdoba
La Catedral de Córdoba y la nueva controversia con Mansur Escudero
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Las iglesias convertidas en Mezquitas: una historia olvidada
A lo largo de la historia del Imperio Otomano era costumbre convertir en mezquita la iglesia más grande cuando una ciudad no-musulmana era conquistada. Eso representaba el poder del sultán que reinaba bajo las reglas y los ordenes islámicos.
Cuando Solimán el Magnifico conquistó Belgrado en 1521 y entró en Budapest después de una serie de guerras con los vasallos de Carlos V, las iglesias de Budapest fueron convertidas en mezquitas. Igualmente, cuando Mehmed IV entró en Kamaniche, el punto extremo del Imperio Otomano en la parte norte (este fuerte ahora está en Ucrania), el destino de las grandes iglesias fue el mismo.
El sultán Mehmed II, el Conquistador, (sobrenombre que tomó después de haber conquistado Constantinopla) quería, como todos los sultanes de la Edad Clásica del imperio otomano, servir a la religión islámica. Por eso comenzó a mejorar su situación convirtiendo en mezquita Santa Sofía, el maravilloso templo de los emperadores del Imperio Romano Oriental. También quería crear una ciudad cosmopolita y para ello trajo artesanos griegos para reconstruir Estambul. Poco a poco, gracias a los inmigrantes Estambul o Konstantiniyye (el nombre que los sultanes usaban en la lengua turca antigua) se transformó en una ciudad de muchas culturas, así que las iglesias no utilizadas se convirtieron a mezquitas para servir a los musulmanes que vinieron de Anatolia.
La mezquita de Kalenderhane*
Se encuentra exactamente a la entrada de la calle que se sigue para ir a la obra maestra de la edad clásica otomana, la "Mezquita de Süleymaniye". La plaza contemporánea de Vezneciler o la plaza antigua de Filadelfion era un barrio bastante importante durante el Imperio Romano Oriental, justo antes de la invasión latina de 1204.
El nombre original es "Theotokos Kiriotissa". Hasta al principio de los años 60 no se sabía su auténtico nombre. Gracias a las excavaciones arqueológicas dirigidas por la universidad de Estambul se encontraron las ruinas de una iglesia ortodoxa y un baño, y también fueron descubiertos los frescos que cuentan la vida de San Francisco de Asís.
Es necesario hacer un comentario sobre este punto: después de la invasión latina en 1204 (el final dramático de la Cuarta Cruzada) los cruzados se detuvieron en Constantinopla y la invadieron. Estos frescos fueron hechos durante el reinado de Baudouin IX y son los primeros que describen a San Francisco (cuando fueron insertados sobre los muros de la iglesia, Santo Francisco había muerto hacia 25 años).
Durante el Imperio Otomano se convirtió en una mezquita utilizada por la secta islámica de los "Kalenderi" * y los "derviches" ( clérigos de una secta musulmana).
El último comentario sobre esta mezquita es su plano; la iglesia fue construida sobre una plata de cruz griega y su altar fue desplazado para rezar en dirección a la Meca.
(*) Kalender quiere decir despreocupado así que Kalenderhane es la casa de los despreocupados.
Se encuentra en el borde del Cuerno de Oro. La mezquita Rosa o la antigua iglesia "Ayia Theodosia" que fue construida hacia el siglo XI, tiene también el plano de la clásica cruz griega.
La característica más importante es la altitud del monumento. Entre las iglesias bizantinas es el templo más alto después de "Santa Sofía".
Antes de entrar, dar un paseo pequeño alrededor de los muros puede ser una buena lección sobre la arquitectura bizantina. Caminando alrededor de la mezquita se debe examinar el estilo clásico de la albañilería bizantina. Debajo de la mezquita se encuentran una cripta y una cisterna que normalmente están cerradas.
Después del paseo podemos entrar. El altar está desplazado y justo al lado del altar ortodoxo, se puede ver una escalera aunque su puerta casi siempre está cerrada. Arriba se encuentra una tumba y sobre su historia hay muchas leyendas. Una de ellas dice que es la tumba del ultimo emperador bizantino "Konstantinos Dragazes". Otra afirma que pertenece a un santo musulmán. La última, y puede ser que más interesante, asegura que uno de los apóstoles de Jesucristo se encuentra enterrado en esta tumba.
Sobre el origen de su nombre hay también una leyenda bastante interesante. Justo antes del día de la conquista de Constantinopla por los otomanos (29 Mayo 1453) era la fiesta ortodoxa de Theodosia. Toda la gente que vivía dentro de las murallas se reunió en la iglesia para que Dios protegiera la ciudad contra los infieles y pusieron rosas por todas partes. Pero el día siguiente las tropas otomanas entraron en la ciudad y cuando llegaron a Ayia Theodosia vieron las rosas. Al final se convirtió en mezquita y tomó el actual nombre de "Rosa".
Mezquita de Imaret-i Atik (o Eski Imaret )
Eski Imaret está muy cerca de "Pantakrator" (la mezquita de Zeyrek). Su nombre antiguo es "Pantepoptes" que significa "Quién todo lo ve".
La iglesia fue construida por la madre de Aleksios Komnenos; "Anna Dalassena" (la madre del autor de Alexiade; un libro clásico bizantino y también el fundador de la dinastía Komnenos) hacia finales del siglo XI.
Cuando la iglesia fue convertida por el sultán Mehmed II se utilizaba para dar gratuitamente comida a los pobres. Estos edificios tienen un nombre especial, imaret*, y Pantepoptes era un imaret de la mezquita de Zeyrek al principio de su conversión. De ahí tomó su nombre actual: "Imaret Antiguo".
El último comentario sobre la mezquita es que no tiene minarete y cuando examine los muros de la iglesia debe fijarse en los motivos de cruz.
Esta iglesia fue construida por un funcionario del imperio bizantino, "Konstantinos Lips". El edificio es un complejo como la mezquita de Zeyrek: estáformado por 2 capillas; la primera capilla fue construida hacia finales del siglo X. y la segunda fue hecha por la emperatriz "Teodora" (regalo de Dios) con la intención de construir una sepultura real.
Durante el reinado del sultán Beyaceto II, la mezquita fue utilizada como un monasterio islámico por la secta "Halvetiye". Las cúpulas pequeñas de la mezquita, diferentes con respecto a sus contemporáneas, remarcan la intención original: construir un monasterio. Por esta razón, la mezquita parece como un ejemplar de "Pantakrator". Dentro de la mezquita no se conservan los frescos bizantinos ni las iluminaciones originales pero las fachadas y las columnas interiores son una buena muestra de la arquitectura y la albañilería bizantinas.
Mezquita de Molla Gürani
Se encuentra cerca del acueducto de Valens en la calle de Tirebaz. La mayoría de las iglesias bizantinas de Estambul fue construida sobre una forma de cruz clásica griega y la mezquita de Molla Gürani o "Ayios Theodoros" obedece a esta regla.
Ahora en la mezquita contemporánea no queda ningún fresco pero quien la visite debe fijarse en la figura del pavo real sobre el minarete. Esta piedra de la figura pertenecía a la iglesia original.
Con todo el cinismo del mundo la junta islámica reclama derechos históricos sobre la Catedral de Córdoba
Mahoma asegura: «No se ha de quitar ningún objeto de una iglesia para utilizarlo en la construcción de una mezquita o de casas de los musulmanes». Sin embargo, un mínimo análisis histórico demuestra que no siempre se ha respetado.
En la carta que la Junta Islámica de Almodóvar del Río (Córdoba) remitió al Papa Benedicto XVI a finales de año en la que reclamaba el uso de la catedral de Córdoba para sus oraciones, justificaba sus intenciones transcribiendo una cita de Mahoma en la que declaraba la prohibición de «arrojar a un obispo de su obispado, a un sacerdote de su iglesia, a un ermitaño de su ermita.
No se ha de quitar ningún objeto de una iglesia para utilizarlo en la construcción de una mezquita o de casas de los musulmanes». La realidad, y un mínimo análisis histórico, demuestran que esta afirmación es tan falsa como otras afirmaciones de la carta.
La misma catedral de Córdoba, sobre la que ahora diversas entidades musulmanas reclaman sus supuestos derechos históricos, es un ejemplo paradigmático de esta práctica supuestamente prohibida por el profeta.
Con la conquista musulmana de la Península Ibérica, la conversión de las catedrales y las principales iglesias en mezquitas fue la práctica habitual.
En Córdoba, como en las poblaciones más importantes, los invasores islámicos se encontraron que la ciudad se organizaba en torno a la basílica de san Vicente mártir y el complejo episcopal visigótico.
Toledo, Zaragoza y Valencia
En un primer momento, el templo cumplió las funciones de mezquita, pero poco más tarde, las necesidades propias de oración de los musulmanes - la orientación hacia La Meca, la ausencia de ornamentos figurativos- llevó a la construcción del templo islámico, para lo que derribó la basílica cristiana y, como todavía se puede comprobar en una visita al lugar -y en contra de cita de Mahoma utilizada por la Junta Islámica-, se utilizaron algunos elementos arquitectónicos (como columnas y capiteles) para la construcción de la mezquita. Al igual que en Córdoba, los musulmanes que conquistaron la España visigoda, repitieron este proceso en ciudades como Toledo, Zaragoza o Valencia.
Sin embargo, las tribus norteafricanas que invadieron la península Ibérica no fueron las únicas empecinadas en contrariar los deseos de su profeta Mahoma recordados ahora por la Junta Islámica. Más al este, en la otra gran incursión dentro del antiguo imperio Romano, los otomanos se aprovecharon de los templos cristianos para dirigir su oración hacia La Meca.
De Estambul a Budapest
En su visita a Turquía hace poco más de un mes, Benedicto XVI, tuvo un minuto de recogimiento en la mezquita Azul de Estambul, pero en ningún momento evidenció dirigirse «al único Señor del cielo y la tierra» en su visita a otro lugar donde hubiera estado más justificada su oración, en la basílica de Santa Sofía.
Construida en el siglo VI, la iglesia de Hagia Sofía (la Divina Sabiduría) fue un templo cristiano hasta 1453, cuando Estambul cayó en manos de los otomanos y fue rápidamente convertida en mezquita.
A lo largo de la historia del Imperio Otomano era costumbre convertir en mezquita la iglesia más grande cuando una ciudad no-musulmana era conquistada. Eso representaba el poder del sultán que reinaba bajo las reglas y los ordenes islámicos.
Cuando Solimán el Magnifico conquistó Belgrado en 1521 y entró en Budapest después de una serie de guerras con los vasallos de Carlos V, las iglesias de Budapest fueron convertidas en mezquitas. Igualmente, cuando Mehmed IV entró en Kamaniche, el punto extremo del Imperio Otomano en la parte norte (este fuerte ahora está en Ucrania), el destino de las grandes iglesias fue el mismo.
El sultán Mehmed II, el Conquistador, (sobrenombre que tomó después de haber conquistado Constantinopla) quería, como todos los sultanes de la Edad Clásica del imperio otomano, servir a la religión islámica. Por eso comenzó a mejorar su situación convirtiendo en mezquita Santa Sofía, el maravilloso templo de los emperadores del Imperio Romano Oriental. También quería crear una ciudad cosmopolita y para ello trajo artesanos griegos para reconstruir Estambul. Poco a poco, gracias a los inmigrantes Estambul o Konstantiniyye (el nombre que los sultanes usaban en la lengua turca antigua) se transformó en una ciudad de muchas culturas, así que las iglesias no utilizadas se convirtieron a mezquitas para servir a los musulmanes que vinieron de Anatolia.
La mezquita de Kalenderhane*
Se encuentra exactamente a la entrada de la calle que se sigue para ir a la obra maestra de la edad clásica otomana, la "Mezquita de Süleymaniye". La plaza contemporánea de Vezneciler o la plaza antigua de Filadelfion era un barrio bastante importante durante el Imperio Romano Oriental, justo antes de la invasión latina de 1204.El nombre original es "Theotokos Kiriotissa". Hasta al principio de los años 60 no se sabía su auténtico nombre. Gracias a las excavaciones arqueológicas dirigidas por la universidad de Estambul se encontraron las ruinas de una iglesia ortodoxa y un baño, y también fueron descubiertos los frescos que cuentan la vida de San Francisco de Asís.
Es necesario hacer un comentario sobre este punto: después de la invasión latina en 1204 (el final dramático de la Cuarta Cruzada) los cruzados se detuvieron en Constantinopla y la invadieron. Estos frescos fueron hechos durante el reinado de Baudouin IX y son los primeros que describen a San Francisco (cuando fueron insertados sobre los muros de la iglesia, Santo Francisco había muerto hacia 25 años).
Durante el Imperio Otomano se convirtió en una mezquita utilizada por la secta islámica de los "Kalenderi" * y los "derviches" ( clérigos de una secta musulmana).
El último comentario sobre esta mezquita es su plano; la iglesia fue construida sobre una plata de cruz griega y su altar fue desplazado para rezar en dirección a la Meca.
(*) Kalender quiere decir despreocupado así que Kalenderhane es la casa de los despreocupados.
Mezquita de Gül (Rosa)
Se encuentra en el borde del Cuerno de Oro. La mezquita Rosa o la antigua iglesia "Ayia Theodosia" que fue construida hacia el siglo XI, tiene también el plano de la clásica cruz griega.La característica más importante es la altitud del monumento. Entre las iglesias bizantinas es el templo más alto después de "Santa Sofía".
Antes de entrar, dar un paseo pequeño alrededor de los muros puede ser una buena lección sobre la arquitectura bizantina. Caminando alrededor de la mezquita se debe examinar el estilo clásico de la albañilería bizantina. Debajo de la mezquita se encuentran una cripta y una cisterna que normalmente están cerradas.
Después del paseo podemos entrar. El altar está desplazado y justo al lado del altar ortodoxo, se puede ver una escalera aunque su puerta casi siempre está cerrada. Arriba se encuentra una tumba y sobre su historia hay muchas leyendas. Una de ellas dice que es la tumba del ultimo emperador bizantino "Konstantinos Dragazes". Otra afirma que pertenece a un santo musulmán. La última, y puede ser que más interesante, asegura que uno de los apóstoles de Jesucristo se encuentra enterrado en esta tumba.
Sobre el origen de su nombre hay también una leyenda bastante interesante. Justo antes del día de la conquista de Constantinopla por los otomanos (29 Mayo 1453) era la fiesta ortodoxa de Theodosia. Toda la gente que vivía dentro de las murallas se reunió en la iglesia para que Dios protegiera la ciudad contra los infieles y pusieron rosas por todas partes. Pero el día siguiente las tropas otomanas entraron en la ciudad y cuando llegaron a Ayia Theodosia vieron las rosas. Al final se convirtió en mezquita y tomó el actual nombre de "Rosa".
Mezquita de Imaret-i Atik (o Eski Imaret )
Eski Imaret está muy cerca de "Pantakrator" (la mezquita de Zeyrek). Su nombre antiguo es "Pantepoptes" que significa "Quién todo lo ve".La iglesia fue construida por la madre de Aleksios Komnenos; "Anna Dalassena" (la madre del autor de Alexiade; un libro clásico bizantino y también el fundador de la dinastía Komnenos) hacia finales del siglo XI.
Cuando la iglesia fue convertida por el sultán Mehmed II se utilizaba para dar gratuitamente comida a los pobres. Estos edificios tienen un nombre especial, imaret*, y Pantepoptes era un imaret de la mezquita de Zeyrek al principio de su conversión. De ahí tomó su nombre actual: "Imaret Antiguo".
El último comentario sobre la mezquita es que no tiene minarete y cuando examine los muros de la iglesia debe fijarse en los motivos de cruz.
Esta iglesia fue construida por un funcionario del imperio bizantino, "Konstantinos Lips". El edificio es un complejo como la mezquita de Zeyrek: estáformado por 2 capillas; la primera capilla fue construida hacia finales del siglo X. y la segunda fue hecha por la emperatriz "Teodora" (regalo de Dios) con la intención de construir una sepultura real.
Durante el reinado del sultán Beyaceto II, la mezquita fue utilizada como un monasterio islámico por la secta "Halvetiye". Las cúpulas pequeñas de la mezquita, diferentes con respecto a sus contemporáneas, remarcan la intención original: construir un monasterio. Por esta razón, la mezquita parece como un ejemplar de "Pantakrator". Dentro de la mezquita no se conservan los frescos bizantinos ni las iluminaciones originales pero las fachadas y las columnas interiores son una buena muestra de la arquitectura y la albañilería bizantinas.
Mezquita de Molla Gürani
Se encuentra cerca del acueducto de Valens en la calle de Tirebaz. La mayoría de las iglesias bizantinas de Estambul fue construida sobre una forma de cruz clásica griega y la mezquita de Molla Gürani o "Ayios Theodoros" obedece a esta regla.Ahora en la mezquita contemporánea no queda ningún fresco pero quien la visite debe fijarse en la figura del pavo real sobre el minarete. Esta piedra de la figura pertenecía a la iglesia original.
Con todo el cinismo del mundo la junta islámica reclama derechos históricos sobre la Catedral de Córdoba
Mahoma asegura: «No se ha de quitar ningún objeto de una iglesia para utilizarlo en la construcción de una mezquita o de casas de los musulmanes». Sin embargo, un mínimo análisis histórico demuestra que no siempre se ha respetado.En la carta que la Junta Islámica de Almodóvar del Río (Córdoba) remitió al Papa Benedicto XVI a finales de año en la que reclamaba el uso de la catedral de Córdoba para sus oraciones, justificaba sus intenciones transcribiendo una cita de Mahoma en la que declaraba la prohibición de «arrojar a un obispo de su obispado, a un sacerdote de su iglesia, a un ermitaño de su ermita.
No se ha de quitar ningún objeto de una iglesia para utilizarlo en la construcción de una mezquita o de casas de los musulmanes». La realidad, y un mínimo análisis histórico, demuestran que esta afirmación es tan falsa como otras afirmaciones de la carta.
La misma catedral de Córdoba, sobre la que ahora diversas entidades musulmanas reclaman sus supuestos derechos históricos, es un ejemplo paradigmático de esta práctica supuestamente prohibida por el profeta.
Con la conquista musulmana de la Península Ibérica, la conversión de las catedrales y las principales iglesias en mezquitas fue la práctica habitual.
En Córdoba, como en las poblaciones más importantes, los invasores islámicos se encontraron que la ciudad se organizaba en torno a la basílica de san Vicente mártir y el complejo episcopal visigótico.
Toledo, Zaragoza y Valencia
En un primer momento, el templo cumplió las funciones de mezquita, pero poco más tarde, las necesidades propias de oración de los musulmanes - la orientación hacia La Meca, la ausencia de ornamentos figurativos- llevó a la construcción del templo islámico, para lo que derribó la basílica cristiana y, como todavía se puede comprobar en una visita al lugar -y en contra de cita de Mahoma utilizada por la Junta Islámica-, se utilizaron algunos elementos arquitectónicos (como columnas y capiteles) para la construcción de la mezquita. Al igual que en Córdoba, los musulmanes que conquistaron la España visigoda, repitieron este proceso en ciudades como Toledo, Zaragoza o Valencia.
Sin embargo, las tribus norteafricanas que invadieron la península Ibérica no fueron las únicas empecinadas en contrariar los deseos de su profeta Mahoma recordados ahora por la Junta Islámica. Más al este, en la otra gran incursión dentro del antiguo imperio Romano, los otomanos se aprovecharon de los templos cristianos para dirigir su oración hacia La Meca.
De Estambul a Budapest
En su visita a Turquía hace poco más de un mes, Benedicto XVI, tuvo un minuto de recogimiento en la mezquita Azul de Estambul, pero en ningún momento evidenció dirigirse «al único Señor del cielo y la tierra» en su visita a otro lugar donde hubiera estado más justificada su oración, en la basílica de Santa Sofía.
Construida en el siglo VI, la iglesia de Hagia Sofía (la Divina Sabiduría) fue un templo cristiano hasta 1453, cuando Estambul cayó en manos de los otomanos y fue rápidamente convertida en mezquita.
Los musulmanes no tuvieron escrúpulos a la hora de destruir y cubrir los mosaicos que adornaban la enorme cúpula por tratarse de representaciones humanas, prohibidas por el Corán. El templo tuvo un uso islámico hasta que el fundador de la actual patria turca, el laicista Mustafá Kemal «Ataturk», lo convirtió en museo en 1935.
Otro Papa, Pablo VI, el primero en visitar el lugar en 1967, se arrodilló y rezó durante unos instantes ante un mosaico que representa a la Virgen María en una de las capillas laterales. Su gesto suscitó una crítica tan grande de los musulmanes que ninguno de sus sucesores (Juan Pablo II y Benedicto XVI) que ha vuelto al lugar se han atrevido a repetirlo.
Y en contra de lo que se pudiera argumentar, la práctica de convertir los templos cristianos en mezquitas, prohibida por Mahoma según la Junta Islámica, ha continuado hasta nuestros días.
Una de las imágenes que permanece en la retina de primeros momentos de la independencia de Argelia, en los años sesenta, es precisamente la ocupación de los templos cristianos por parte de la mayoría musulmana. Aunque en su vecino Marruecos, su anterior monarca Hassan II llegó a afirmar que en su país no ocurriría igual, y las iglesias no serían convertidas en mezquitas, lo cierto es que en los últimos tiempos, aquella buena intención no ha sido totalmente respetada y en ciudades como Casablanca, la mezquita de Palestina ha sido instalada en una iglesia católica construida en los años veinte del pasado siglo.
En la primera Guerra Mundial, el genocidio que los turcos practicaron contra la población armenia, que costó la vida a un millón de personas en apenas un lustro, también supuso la destrucción de más de quinientos templos cristianos y la conversión de doscientas ochenta y dos iglesias en mezquitas.
Otro Papa, Pablo VI, el primero en visitar el lugar en 1967, se arrodilló y rezó durante unos instantes ante un mosaico que representa a la Virgen María en una de las capillas laterales. Su gesto suscitó una crítica tan grande de los musulmanes que ninguno de sus sucesores (Juan Pablo II y Benedicto XVI) que ha vuelto al lugar se han atrevido a repetirlo.
Y en contra de lo que se pudiera argumentar, la práctica de convertir los templos cristianos en mezquitas, prohibida por Mahoma según la Junta Islámica, ha continuado hasta nuestros días.
Una de las imágenes que permanece en la retina de primeros momentos de la independencia de Argelia, en los años sesenta, es precisamente la ocupación de los templos cristianos por parte de la mayoría musulmana. Aunque en su vecino Marruecos, su anterior monarca Hassan II llegó a afirmar que en su país no ocurriría igual, y las iglesias no serían convertidas en mezquitas, lo cierto es que en los últimos tiempos, aquella buena intención no ha sido totalmente respetada y en ciudades como Casablanca, la mezquita de Palestina ha sido instalada en una iglesia católica construida en los años veinte del pasado siglo.
En la primera Guerra Mundial, el genocidio que los turcos practicaron contra la población armenia, que costó la vida a un millón de personas en apenas un lustro, también supuso la destrucción de más de quinientos templos cristianos y la conversión de doscientas ochenta y dos iglesias en mezquitas.
El caso de Chipre
Y en otros de los puntos «calientes» de la actual Unión Europea, Chipre, la situación no es mejor. Tras la ocupación turca de parte de la isla en 1974, la minoría musulmana se vio reforzada y reconvirtió para sus rezos setenta y siete iglesias cristianas, según recoge el informe de los observadores internacionales enviados por Naciones Unidas. Otras muchas fueron destruidas o saqueadas. No es de extrañar, que su posición de apoyo a la ocupación de la pequeña isla mediterránea sea una de las principales trabas que aleja a Turquía de su ingreso en la Unión Europea.
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20.7.08
Movimiento Mundial Murabitún (MMM) en España
El objetivo del presente trabajo es analizar el Movimiento Mundial Murabitún (MMM). (1)Para ello, se hace un análisis histórico, llevándolo hasta la actualidad a través de una descripción general de la comunidad islámica en España.
El análisis también se concentra en los fundamentos del MMM, los métodos de actuación, proyectos del moviendo aplicados a España, y las implicaciones desde la perspectiva de seguridad.
A todos los lectores que estén interesados en conocer, saber, sobre el Islam y sus actividades en España, les recomiendo que no dejen de leer este informe.
1. Descripción general del Movimiento Mundial Murabitún (MMM)
El nombre de “al-Murabitún” remite al menos a tres movimientos o grupos separados temporalmente aunque con un objetivo compartido: la lucha contra el infiel desviado del camino del Islam.
- El primer referente histórico lo constituyen los Murabitún de Al-Andalus (“hombres de la Ribat”), almorávides de la dinastía bereber – los más temidos guerreros de la época, por cierto– en los actuales Marruecos, Mauritania, Argelia Occidental y España entre 1056/1060 y 1147 d. C.
- El segundo, fundado por Ibrahim Qulaylaten 1972 fue una milicia en el oeste de Beirut desde el inicio de la guerra del Líbano (1975) hasta la guerra árabe-israelí de1982.
Este movimiento mantuvo una alianza con al-Fatah (Organización para la Liberación de Palestina, OLP), armándose a través del gobierno libanés.
La dispersión de la OLP y el desarme de los Murabitún por parte de Israel en 1982 debilitaron al movimiento paulatinamente.
- El tercero y último lo constituye el actual Movimiento Mundial Murabitún (MMM). Lo lidera Ian Dallas (Shaykh Abdalqadir Al-Murabit“as-Sufi” ad-Darqawy), convertido al Islam en 1963 (ó 1965, según las fuentes) y autoproclamado en 1968 sucesor de la Tariqah Darqawi del sur Marruecos, supuestamente tras recibir “autoridad espiritual” del Shaykh Muhammad Ibn Al-Habib, autoridad que también (supuestamente) recibió en 1976 en Benghazi (Libia) del Shaykh al-Fayturi.
Ambos extremos son cuestionados por una amplia mayoría de musulmanes. Según él mismo y sus biógrafos oficiales, es de origen escocés
2.Descripción general de la Comunidad Islámica en España ubicada en la ciudad de Granada y del Movimiento Murabitún en España
La Comunidad Islámica en España (en adelante, la Comunidad) es una entidad religiosa musulmana registrada el 19 de Septiembre de 1980 en la Sección Especial del Registro de Entidades Religiosas de la Dirección General de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia (nº de inscripción: 6653-SE/A), no adscrita a ninguna de las dos federaciones que actualmente representan la pluralidad organizativa del Islam en España:
FEERI (Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas) y
UCIDE (Unión de Comunidades Islámicas de España), que integran la CIE (Comisión Islámicade España).
Se trata de una comunidad articulada en torno a la Fundación Mezquita de Granada, a la que pertenece la Mezquita Mayor de Granada, inaugurada en julio de 2003 tras veintidós años de disputas, y adscrita al MMM.
Se trata de una comunidad sui géneris que presenta una serie de notas características que dificultan su clasificación o categorización; está integrada por no más de 200 conversos, [ver apartado conversos al Islam] mayoritariamente de nacionalidad española, y el resto de otras nacionalidades (sobre todo europeas), y surgió de la división a mediados de los años 80 de la primitiva Sociedad para el Retorno al Islam en España, que se había asentado en la ciudad de Granada en 1980.
Aparte de la red generada en la comunidad autónoma andaluza en general, y en las ciudades de Granada y Sevilla en particular, el Movimiento tiene comunidades relativamente importantes en San Sebastián, Mallorca, Tarragona, Orense y Madrid.
El caso de Mallorca resulta bastante significativo, no tanto por el número de adeptos como por su escasa visibilidad social, ya que su actividad se circunscribe prácticamente a su propia mezquita y a la escuela coránica o madraza donde, hasta hace poco, se formaba a los jóvenes miembros de la comunidad, así como a jóvenes procedentes de otras regiones españolas, según proyectos educativos y de acogida “internos”; formación que, al tratarse de una comunidad relativamente desligada del centro neurálgico del Movimiento en España (Granada), también tiene lugar en instituciones vinculadas a la Universidad de las Islas Baleares.
3. Fines fundacionales del MMMV
-En primer lugar, la reinstauración del califato mundial y la vuelta al pasado, tomando como referente la ciudad de Medina en tiempos del profeta Mahoma, que representaría para ellos el modelo ideal de sociedad, de perfección islámica, que se ha de perseguir; y al que actualmente sólo se aproxima en alguna medida, según Ian Dallas, el Reino de Marruecos. Afirmación que resulta sorprendente dadas las particularidades de la monarquía alawí.
No obstante, y como medida transitoria, debido a la dificultad de conseguir tal objetivo en el medio plazo, el Movimiento aspira a la creación provisional de “Estados” musulmanes dentro de los Estados en los que tiene presencia.
-En segundo lugar, y derivado de lo anterior, prevé la institución de un alto mando militar musulmán que pilote las estrategias y operaciones militares para reinstaurar el califato.
-En tercer lugar el apartado económico, su programa consiste en organizar la economía como mercado libre islámico, evitar que los musulmanes utilicen las instituciones financieras capitalistas, y sustituir el papel moneda por el dinar de oro y el dirham de plata.
El movimiento ya ha puesto en circulación estos dos tipos de moneda en su comunidad de Granada, acuñándolas en una ceca de la Calle de San Gregorio de dicha ciudad. En su opinión siguen las líneas maestras para un programa de implementación:
Primero, emitir y acuñar Dinares y Dirhams de acuerdo con el patrón tradicional de pesas y medidas.
Segundo, total libertad de comprar y vender toda cantidad de Dinares y Dirhams dentro de la Ley Islámica.
Tercero, facilitar el transporte y transferencia de oro para el comercio internacional por medio de una red de agencias designadas a lo largo de todo el mundo.
Y, finalmente, cambiar todos los billetes por Dinares y Dirhams recién acuñados y abolir todos los privilegios del papel moneda. Según ellos, el papel moneda es el responsable de lo que consideran el gran mal del mundo: la usura, detrás de la cual está, literalmente, la “raza de siempre, la judía”, una acusación al judaísmo de naturaleza radicalmente xenófoba que, como vamos a ver inmediatamente, entronca con el mito del control del mundo por parte de los judíos y las teorías conspiratorias de todo tipo.
4. Métodos de actuación
La actuación de la Comunidad presenta determinados elementos contradictorios o disonantes, por cuanto no parece concatenar de manera lógico-racional los fines que dice perseguir y los medios para alcanzarlos.
A esa conclusión conduce la información disponible:
La primera contradicción consiste en que el movimiento desarrolla una actividad de proselitismo continuo y predicación de un discurso que puede resultar atractivo para potenciales conversos, al combinar el sufismo andalusí con antiquísimas prácticas marroquíes, pero a la vez promueve entre sus seguidores un profundo aislamiento no sólo ya con respecto a la sociedad granadina no musulmana, sino con respecto al resto de comunidades islámicas asentadas en la ciudad, en la provincia, en la comunidad autónoma y en el Estado.
Si, como el propio MMM señala, su objetivo principal es la reinstauración del califato mundial, parece claro que el primer y más sensato paso debería consistir en tender algún tipo de puente, por mínimo que fuese, hacia los propios musulmanes, independientemente de las diferencias religiosas existentes entre ellos.
Hemos de introducir aquí, por tanto, tres elementos distintivos del movimiento: por un lado, autenticidad, unido al elitismo; y por otro lado, el sectarismo.
En efecto, Ian Dallas –que ha adoptado diferentes nombres a lo largo del tiempo hasta llegar al actual Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi– considera, o dice considerar, a sus seguidores como los auténticos musulmanes del mundo, los únicos capacitados para mejorar la situación del resto de musulmanes, todos los cuales, por otro lado, según él, se hallan en la senda equivocada al no formar parte de un movimiento que en Granada no supera los dos centenares de seguidores. De hecho, en su página Web personal se expresa en los siguientes términos:
Hace ochocientos años, los Morabitún fueron los más temidos guerreros de la floreciente civilización islámica. Partieron de un ‘ribat’ en las orillas del Níger, y barriendo hacia el Norte, a través del Magreb y hasta el sur de España, en una devastadora ola de conquista y destrucción de los débiles y corruptos pequeños reinos del momento, establecieron en la estela de su combate un glorioso periodo del Islam.
En las ascuas moribundas de una corrupta sociedad tecnológica, que casi ha destruido los fundamentos mismos de una vida humana saludable, los mares del cambio han transportado la misma ola de islam contra las orillas de Europa. A través de un Occidente pos-cristiano de oscuridad sin precedentes, los Morabitún están floreciendo como los dientes del dragón y han establecido comunidades centradas alrededor de ‘ribats’ opuestos de avanzada.
Nuestro poder, que amenaza a todos los que entran en contacto con nosotros, no procede de la ideología o la organización, sino de la completa sumisión al Divino Creador.
Como podemos observar, la retórica belicista y militarista y la palabra gruesa están muy presentes en su discurso, e incluso en su propia denominación:
“Murabitún”, que hace referencia a los mencionados guerreros medievales.
Obviamente cualquier movimiento u organización es libre de autodenominarse como crea conveniente, siempre y cuando la denominación respete la legalidad vigente. Pero el término “Murabitún” es tan inapropiado e invita tan poco al entendimiento como el de una hipotética organización que se denominase, por ejemplo, “Caballeros Cruzados por la implantación del Cristianismo en Arabia”.
El Movimiento está presente en algunos “puntos calientes” del planeta, como Chiapas (México), concretamente en San Cristóbal de las Casas. Allí ha conseguido la conformación de una comunidad (con sede en el barrio Ojo del Agua), integrada por indígenas tzotziles-chamulas, declarados en rebeldía contra el poder central mexicano.
El grupo se denomina la Comunidad Islámica en México. Su emir actual es el granadino Mohammed Nafia (Aureliano Pérez Yruela), el cual integra, junto a los españoles conversos – procedentes de la Comunidad en Granada – Esteban (Idris) López, Javier (Ibrahim) Coy, Javier (Suleiman) Lago, y el mexicano Luis García Miquel, la representación oficial del Movimiento Murabitún en Chiapas.
En 1995 Mohammed Nafia inició en esta zona el proceso de conversiones –principalmente de mujeres y líderes indígenas – por orden de Ian Dallas, quien ha logrado reproducir allí el proceso de consolidación comunitaria llevado a cabo en Granada en los años 80, incluyendo la compra de bienes inmuebles, la apertura de negocios, la difusión de la poligamia y la des-escolarización de los menores de edad (la comunidad se ocupa de su enseñanza de forma privada).
Gracias a la financiación de la fundación “Al Maktoum”, dirigida por el Shaykh Hamdan bin Rashid Al Maktoum – Ministro de Finanzas e Industria de los Emiratos Árabes Unidos (EAU)– y con sede precisamente en Escocia, la Comunidad Islámica en México cuenta con una mezquita y un colegio privado para los hijos.
También son frecuentes y contundentes las críticas vertidas por el MMM contra el cristianismo en general, y la Iglesia Católica en particular, a la que responsabiliza en buena medida de muchos de los padecimientos que sufren los musulmanes y la Humanidad.
Le reprocha, ante todo, su no reconocimiento del Profeta y del verdadero Dios, como refleja el siguiente fragmento aparecido en la página Web de la Comunidad:
Los católicos, por su rechazo a Medina al Munawwara, por su negativa a aceptar el triunfo del Islam y la victoria concedida al último de los Mensajeros y sello de los Profetas de Dios, están condenados a vivir bajo la opresión de los imperios.
Y, a veces, a crear ellos mismos imperios mundanos crueles, tiránicos que establecen la opresión, el abuso y la soberbia como principios de dominio.
La ortodoxia de la iglesia católica acepta el periodo de Meca como una misión profética verdadera (…) y, sin embargo, se niegan a admitir a Su Enviado (…)
Los cristianos no quieren reconocer que Allah le dio su ayuda [al Profeta] y que las cosas tomaron otro cariz.
Le reprocha, igualmente, su aceptación de la división entre Iglesia y Estado, entre religión y política, uno de los cimientos de las sociedades avanzadas: Eso es lo que los cristianos no quieren admitir, y al separar lo espiritual de lo mundano, la devoción a Dios del orden social, han vivido condenados a una práctica dualista fragmentada que le da a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César ¡Gloriaa Allah, a quien le pertenecen los Cielos y la Tierra y todo cuanto hay en ellos!.
Retomando la cuestión del aislamiento comunitario, buena prueba de ello lo constituye la mencionada no pertenencia de la Comunidad–aunque en eso no sea un caso excepcional en España – a ninguna de las dos federaciones nacionales, FEERI y UCIDE que integran la CIE.
Otra evidencia es el aumento en los últimos años del número de menores musulmanes que han dejado de asistir a las escuelas públicas o privadas, y que reciben su formación en viviendas particulares o en centros creados por la Comunidad para tal fin, muchos de ellos fuera de España (posteriormente realizan los exámenes oficiales que acreditan dichos estudios).
Aunque esta situación no es propiamente ilegal en términos jurídicos, sino más bien alegal, en nada favorece la integración social de estos menores.
Para los padres de la Comunidad, incorporar a sus hijos al sistema educativo español equivale a “ponerlos en manos del enemigo”, una muestra más de la interiorización de un lenguaje propio de escenarios de conflicto.
Tampoco resultan favorables para la integración las persistentes reticencias y obstáculos de los padres a someter a sus hijos a las pertinentes campañas de vacunación obligatorias según la legislación vigente.
Un segundo elemento disonante entre la teoría y la praxis de este movimiento viene constituido por la existencia de conexiones entre Ian Dallas y su entorno más cercano con determinadas redes nazis internacionales, conexiones que, aunque no parecen, por el momento y hasta donde podemos conocer, estar basadas más que en una serie de coincidencias que operan en el plano teórico-ideológico, no dejan de resultar potencialmente muy peligrosas, ya que demuestran la existencia de un profundo antijudaísmo, o, empleando la terminología actual, judeofobia; una alianza insostenible a largo plazo pero coyunturalmente fácil en la que Ian Dallas ha encontrado un importante punto de apoyo al unirse al principal enemigo histórico –el nazismo– del que considera su principal enemigo: el judaísmo; un desafortunado aliado con el que poco más que la judeofobia –el anti-capitalismo, a lo sumo, pero desde visiones muy dispares – puede compartir por el momento.
No obstante, se trata ésta de una alianza, entre movimientos u organizaciones islámicas rigoristas y de derecha extrema, de la que, por otro lado, se viene sospechando desde hace tiempo en determinados contextos.
De hecho, el uso de la lengua germana en el seno de la Comunidad, que resulta perfectamente verificable –y por supuesto legítimo–, es muy habitual, tanto que se sitúa incluso por encima del árabe, lo cual es llamativo y poco usual, teniendo encuenta la importancia de la misma para el Islam, para el cual fue elegida por Alá como medio de transmisión de su palabra.
Otra muestra es la germanofilia en general –legítima, repetimos, pero indicativa también de otra serie de aspectos preocupantes– demostrada por este movimiento, es su presencia en organizaciones como“Islamische Gemeinschaft in Deutschland/Weimar Institut e.V.” y “Muslim Lawyers e.V.”, así como el periódico/revista “Islamischer Zeitung”.
Además, el número de “Murabitún” en Alemania podemos situarlo hoy en torno a los 2.000, cuyo máximo responsable es Andreas (Abu Bakr) Rieger –relacionado simultáneamente con la extrema derecha antisemita – y cuya sede fue trasladada en el año 2000 a Postdam desde Weimar, que lo había sido desde 1996.
Un año antes (1995) Ian Dallas había emitido una fatua en reconocimiento póstumo del escritor romántico Goethe como musulmán.
Actualmente, el núcleo de la comunidad en Alemania está en Freiburg. La idea de desarrollar su política económica en Alemania, aparte de por cuestiones prácticas idiomáticas, radica en el sentimiento antisemita que profesa la comunidad. Según ellos, la influencia “sionista” en la actual economía Alemana, facilitada como “moneda de cambio” moral y económica, a raíz del derramamiento de sangre de la comunidad judía en la II Guerra Mundial.
Es decir, “luchar” contra el orden preestablecido en Alemania es luchar contra los judíos y, a su vez, análogo a “luchar” contra los cristianos católicos que expulsaron a sus antepasados de España.
Esta “lucha” hasta ahora está siendo sólo simbólica.
En 1991 un grupo de miembros (sólo hombres) de la Comunidad se manifestó a favor de la ocupación iraquí de Kuwait desfilando por la Gran Vía de Granada en formación paramilitar, uniformado con camisas de color verde, similares a las de color pardo de los nazis o azul de los falangistas, portando una pancarta explícita contra “El Estado Judío Mundial”.
Ha escrito Javier Valenzuela que Moisés (Musa) Gutiérrez, uno de los líderes de la Comunidad, trató en cierta ocasión, en presencia suya, de restar importancia a este hecho, que no negó en absoluto – entre otras razones porque resulta innegable–, asegurando que se trataba de (… ) una fase que tuvimos, pero que ya hemos superado.
Esa “fase”, por tanto, cuanto menos, ha existido. Puede que ya no exista, pero su mera existencia en el pasado resulta ya en símisma digna de preocupación y reflexión por nuestra parte.
¿Por qué existió? ¿Por qué, según Gutiérrez, ya no existe? ¿Realmente ya no existe?¿Cómo es posible que una comunidad renuncie a una parte de su ideología en unos pocos años? ¿Hasta qué punto entra dentro de la normalidad que un grupo de españoles conversos al Islam se manifieste emulando un desfile nazi para apoyar la invasión de un Estado por parte de otro y criticar a los judíos?
Además, en 1995 miembros de esta comunidad protagonizaron una nueva manifestación por la Gran Vía de Granada, esta vez a favor de la guerrilla de chechenia. No es descartable que este tipo de actuaciones obedezca al carácter extravagante y excéntrico de Ian Dallas, individuo escurridizo, impenetrable y enigmático que, junto a su entorno más próximo, ha sido relacionado con todo tipo de prácticas masónicas y esotéricas de naturaleza nazi, y sobre el cual existen literatura e informaciones de naturaleza extraordinaria y sorprendentemente dispar y contradictoria, hasta el punto de que son no pocos los que llegan a asegurar que se trata de un espía profesional adscrito al MI6 británico o al Mossad israelí, o a ambos simultáneamente.
Podría tratarse, asimismo, de actuaciones enmarcadas dentro de una estrategia realmente errática, pretendidamente errática o sólo aparentemente errática.
Como información relativamente accesoria para establecer el perfil de Ian Dallas podemos indicar que antes de su conversión al Islam fue diseñador gráfico, manager de The Beatles y gran amigo del director de cine Federico Fellini, en una de cuyas películas incluso tuvo un papel con el nombre de Maurice, pues estudió arte dramático en Londres); y de Eric Clapton, cuya canción Layla está inspirada en un libro que él mismo le prestó (“La historia de Layli y Majnun”).
El movimiento cuenta con miembros y/o sedes en lugares tan dispares como América del Norte, las Islas Bermudas, Sudáfrica (donde está fijada una de las residencias de Ian Dallas, que en 2006 inauguró en dicho país la Jumu’a Mosque of Cape Town y el Centre for the education of Muslim leaders), Nigeria, Francia, Dinamarca, Malasia, Australia y Turquía, país este último cuya entrada en la Unión Europea (UE) es fervorosamente apoyada por los “Murabitún” por su simbolismo en relación con el Califato.
Sin embargo, el círculo cercano de Ian Dallas está integrado fundamentalmente por ciudadanos británicos convertidos al Islam en los años 70, entre ellos ‘Umar Ibrahim Vadillo, “número dos” del MMM; Yasin Dutton, quizá el más erudito, profesor de estudios árabes e islámicos en la Universidad de Edimburgo; Asadullah Yate, doctorado por la Universidad de Cambridge; Abdul-Haqq (Rufus) Bewley, Aisha Bewley, Abdul-Aziz Redpath, MahmudLundh, Idris Mears, SalihBrandt, Isa Bryce y Abdusamad Clarke.
No obstante, la estructura de la organización no es propiamente jerárquica, sino concéntrica siempre en torno a la figura de Ian Dallas, líder cuya personalidad es objeto de culto y de ciega obediencia en el seno de la Comunidad y del MMM, lo que, junto a la intensa y profunda labor homogeneizante de que son objeto los fieles, los aproxima peligrosamente a las organizaciones sectarias y a las ideologías fascistas.
Efectivamente, Ian Dallas está totalmente fascinado por la figura de Hitler, de quien ha llegado a decir que fue, sin saberlo, el primer muyahidín de la historia y un genio visionario, lo que denota una postura extremadamente peligrosa y radical, que hace que esta organización haya de ser vigilada de cerca.
Financiación de la Comunidad
Fue la Libia de Gadafi la primera en financiar a la Comunidad en Granada, concretamente para la compra del solar situado junto a la Plaza de San Nicolás (en el alto Albaicín), sobre el que se construyó la actual Mezquita Mayor de Granada.
También lo han hecho otros Estados como Marruecos y Malasia, así como los
denominados “donantes particulares”, los cuales han aportado aproximadamente un millón y medio de euros a la Fundación Mezquita de Granada y a la propia Mezquita Mayor, cuya construcción pudo ser finalizada gracias a la entrada en escena en 1999 del emirato de Sharjah (Emiratos Árabes), que sorprendió a Arabia Saudí–que esperaba que la Comunidad le solicitase su financiación– al aportar los aproximadamente tres millones de euros que tal finalización requería, no sin antes imponer a la Comunidad una serie de requisitos internos, entre ellos la presencia en el órgano gestor de la mezquita y de la Fundación de un representante del emirato - Jamal Salem Al Turaifi-que garantizase el “buen uso” de los fondos invertidos.
La dotación íntegramente desembolsada para la constitución de la Fundación consistió en un millón de euros, valor de la finca descrita en la escritura de constitución y en la tasación incorporada a la rectificación, más 6.012 euros, montante sumado por la Comunidad en la entidad bancaria, haciendo un total de 1,006.012 euros.
Existe también, desde el principio, aunque ha ido perdiendo fuerza con el paso de los años, una vía de financiación propia basada en la explotación económica de teterías, reposterías, perfumerías, tiendas artesanales, etc., Proyectos del Movimiento Murabitún en España a corto plazo
Actualmente, se tiene conocimiento de dos, ambos en Andalucía: por un lado, la construcción de un gran centro de estudios árabes en el área metropolitana de la capital granadina, concretamente en el municipio de Jun.
Por otro lado, la construcción de una mezquita en el barrio de los Bermejales (Sevilla).
Finalmente la mezquita se construirá en la Isla de la Cartuja, donde el ayuntamiento [después de que los vecinos de los Bermejales rechazaran la abdicación en el barrio], les ha cedido los terrenos.
Respecto al primero, la inclusión de un amplio complejo deportivo de uso compartido entre los alumnos musulmanes del centro y los vecinos del municipio donde finalmente se instale es un reclamo atractivo desde el punto de vista de la política local. Los primeros contactos para su construcción se han llevado a cabo con el equipo de gobierno de Jun, municipio que dispone de una parcela de unos 800.000 metros cuadrados capaces de acoger la pretendida infraestructura comunitaria pero que, por el momento, no son urbanizables, sino protegidos, según el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Granada (POTAUG).
Al igual que sucedió con la Mezquita Mayor de Granada, la Comunidad ya prevé las fuentes de financiación.
En cuanto al segundo proyecto, fue real y viable hasta las elecciones autonómicas celebradas en mayo de 2007, tras las que el reelegido Alcalde de Sevilla decidió zanjar las constantes polémicas en torno a la ubicación de la mezquita y sus fuentes de financiación, que el Partido Andalucista (PA) situó directamente nada menos que en al-Qaida.
El proyecto, valorado en más de 6 millones de euros, de los que la comunidad asegura haber pagado más de 100.000 en concepto de tasas, licencias y canon por la cesión del suelo, iba a ser financiado, en palabras de la propia Comunidad Islámica en España, por donantes particulares de muy distintas nacionalidades, incluida la española, que tienen amor por esta ciudad, cuya identidad es ocultada por la comunidad.
La constitución de la Fundación Mezquita de Sevilla, inscrita el 21 de Abril de 2005 en la Subdirección General de Fundaciones y Mecenazgo del Ministerio de Cultura, se iba a constituir en el órgano gestor de la futura mezquita, auspiciado, en cualquier caso, por el presidente de la Comunidad Islámica en España, Miguel Ángel (Malik) Ruiz Callejas, Juan Antonio Jiménez Montes y José Manuel Espinosa Cia.
Implicaciones desde la óptica de la seguridad
La Comunidad Islámica en España y el MMM presentan un importante componente antisistema, a priori legítimo, que deja de serlo en el momento en que apelan ambiguamente al uso de la violencia para alcanzar objetivos y violentar el orden político-social legal y legítimamente constituido.
En 1990, Ian Dallas –que ha declarado como válido el modelo histórico de “conquista” de los Murabitún e invitó a los musulmanes ya en 1976 a seguir un Islam de base salafí– se expresaba en los siguientes términos:
El Islam aboga por la destrucción de los estados actuales y la emancipación de las comunidades natural esa aquéllos sometidos.
La Comunidad condenó los atentados del 11-S, pero de una manera ambigua, al señalar que aunque la política estadounidense produce el sufrimiento de muchos musulmanes en todo el mundo, el Islam prohíbe matar a los que “no combaten”.
Cabe preguntarse, por tanto, para esta comunidad quiénes se insertan en la categoría “combatientes” y si resulta legítimo actuar contra ellos.
Por otro lado, la Comunidad no condenó en un primer momento los atentados de Madrid, lo que resulta especialmente preocupante por tratarse de una comunidad compuesta mayoritariamente por ciudadanos españoles y por haber costado la vida estos atentados a numerosos musulmanes.
No tardó, sin embargo, demasiado, en condenarlos, por lo que parece que esta conducta obedecía definitivamente a una desafortunada estrategia tendente a levantar revuelo y provocar en un momento especialmente traumático para la sociedad española.
Para Ian Dallas –cuyo discurso no es nada usual en el seno del Islam, por decirlo de alguna manera– la organización terrorista al-Qaida no es sino una herramienta más al servicio de Estados Unidos, al que indirectamente “sigue el juego”, y el wahabismo un movimiento de traidores incultos que propagan una doctrina que ha sido definida por algunos ulemas de la India no ya como una secta desviada del islam, sino como una secta ortodoxa del judaísmo.
Se trata de consideraciones que producen perplejidad.
Para concluir, no existen evidencias que vinculen al MMM con el yihadismo.
Se trata ciertamente de un movimiento extravagante con una retórica radical, pero –salvo para sus propios seguidores– no puede concluirse que represente una amenaza para la seguridad de la sociedad.
Fuentes: Athena Intelligence Journal
Los Murabitum
(1) La palabra árabe muraabit deriva de una raíz que significa “vincular”, “atar”, “sujetar”, “prender” y “amarrar”; un morábito es por lo tanto un hombre sujeto, vinculado y amarrado a Dios.
El concepto está íntimamente ligado a la historia marroquí y a ciertos aspectos particulares del Islam que allí se desarrolló. Recordemos que el primero y más grande de los imperios bereberes, el que fundó Marraquesh y conquistó Andalucía en el siglo XI fue de hecho el de Al Murabitum, el de “los morábitos”, conocido en castellano como el imperio almorávide.
Los almorávides o murábitos “al-murabitum” (defensores del ribbat), lejos de ser sólo unos individuos piadosos, dedicados exclusivamente a la vida contemplativa, eran considerados una especie de santos-guerreros, defensores del rigorismo religioso y la guerra santa, fundamentalitas que habían logrado crear un imperio en le norte de África dirigidos por Yusuf-Ibn Tasufin y que pretendían conquistar toda la Península y extender la Jihad.
Los Almorávides dominarán la península del 1090 al 1172, imponiendo la intolerancia y el rechazo común de cristianos, judíos y musulmanes andalusíes hacia estos beréberes fanáticos y enemigos de la cultura. Solo un hombre resistirá el avance de la Jihad: Rodrigo Díaz de Vivar; El Cid Campeador.
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Los hijos de Alá, (discurso de Oriana Fallaci)
¿Que por qué quiero hacer este discurso sobre lo que tú llamas 'contraste entre las dos culturas'? Pues, si quieres saberlo, porque a mí me fastidia hablar incluso de dos culturas. Ponerlas sobre el mismo plano, como si fuesen dos realidades paralelas, de igual peso y de igual medida. Porque detrás de nuestra civilización están Homero, Sócrates, Platón, Aristóteles y Fidias, entre otros muchos. Está la antigua Grecia con su Partenón y su descubrimiento de la Democracia. Está la antigua Roma con su grandeza, sus leyes y su concepción de la Ley. Con su escultura, su literatura y su arquitectura. Sus palacios y sus anfiteatros, sus acueductos, sus puentes y sus calzadas. Está un revolucionario, aquel Cristo muerto en la cruz, que nos enseñó (y hay que tener paciencia si no lo hemos aprendido) el concepto del amor y de la justicia. Está incluso una Iglesia, que nos dio la Inquisición, de acuerdo. Que torturó y quemó 1.000 veces en la hoguera, de acuerdo. Que nos oprimió durante siglos, que durante siglos nos obligó sólo a esculpir y a pintar cristos y vírgenes, y que casi asesina a Galileo Galilei. Pero también contribuyó decisivamente a la Historia del Pensamiento, ¿sí o no?
Y, además, detrás de nuestra civilización está el Renacimiento. Están Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Rafael o la música de Bach, Mozart y Beethoven. Con Rossini, Donizetti, Verdi and company. Esa música sin la cual no sabemos vivir y que en su cultura, o en su supuesta cultura, está prohibida. Pobre de ti si tarareas una cancioncilla o los coros de Nabucco.
Y por último está la ciencia. Una ciencia que ha descubierto muchas enfermedades y las cura. Yo sigo viva, por ahora, gracias a nuestra ciencia, no a la de Mahoma. Una ciencia que ha inventado máquinas maravillosas. El tren, el coche, el avión, las naves espaciales con las que hemos ido a la Luna y quizás pronto vayamos a Marte. Una ciencia que ha cambiado la faz de este planeta con la electricidad, la radio, el teléfono, la televisión... Por cierto, ¿es verdad que los santones de la izquierda no quieren decir todo esto que yo acabo de enumerar? ¡Válgame Dios, qué bobos! No cambiarán jamás. Pues bien, hagamos ahora la pregunta fatal: y detrás de la otra cultura, ¿qué hay?
Busca, busca, porque yo sólo encuentro a Mahoma con su Corán y a Averroes con sus méritos de estudioso (los comentarios sobre Aristóteles, etc.), al que Arafat encasqueta el honor de haber creado incluso los números y las matemáticas. De nuevo chillándome en la cara, de nuevo cubriéndome de pollos, en 1972, me dijo que su cultura era superior a la mía, muy superior a la mía, porque sus antepasados habían inventado los números y las matemáticas.
MEMORIA
Pero Arafat tiene poca memoria. Por eso cambia de idea y se desmiente cada cinco minutos. Sus antepasados no inventaron los números ni las matemáticas. Inventaron la grafía de los números, que también nosotros, los infieles, utilizamos, y las matemáticas fueron concebidas casi al mismo tiempo por todas las antiguas civilizaciones. En Mesopotamia, en Grecia, en la India, en China, en Egipto y entre los mayas... Sus antepasados, ilustre señor Arafat, sólo nos han dejado unas cuantas bellas mezquitas y un libro con el que, desde hace 1.400 años, nos rompen las crismas mucho más que los cristianos nos la rompían con la Biblia y los hebreos con la Torá.
Y ahora veamos cuáles son los méritos que adornan al Corán. ¿Se puede hablar realmente de méritos del Corán? Desde que los hijos de Alá casi destruyeron Nueva York, los expertos del Islam no dejan de cantarme las alabanzas de Mahoma. Me explican que el Corán predica la paz, la fraternidad y la usticia.
(Por lo demás, lo dice hasta Bush, pobre Bush. Y es lógico que Bush tenga que tranquilizar a los 24 millones de musulmanes estadounidenses, convencerlos de que cuenten todo lo que saben sobre los eventuales parientes o amigos o conocidos fieles de Osama bin Laden).
¿Pero cómo se come eso con la historia del ojo por ojo y diente por diente? ¿Cómo se come con el chador y el velo que cubre el rostro de las musulmanas, que hasta para poder echarle una ojeada al prójimo esas infelices tienen que mirar a través de una tupida rejilla colocada a la altura de sus ojos? ¿Cómo se come
eso con la poligamia y con el principio de que las mujeres deben contar menos que los camellos, no deben ir a la escuela, no deben hacerse fotografías, etc?
¿Cómo se come eso con el veto a los alcoholes y con la pena de muerte para el que beba? Porque también esto está en el Corán. Y no me parece tan justo, tan fraterno ni tan pacífico.
Esta es, pues, mi respuesta a tu pregunta sobre el contraste de las dos culturas. En el mundo hay sitio para todos, digo yo. En su casa, cada cual hace lo que quiere. Y si en algunos países las mujeres son tan estúpidas que aceptan el chador e incluso el velo con rejilla a la altura de los ojos, peor para ellas. Si son tan estúpidas como para aceptar no ir a la escuela, no ir al doctor, no hacerse fotografías, etcétera, peor para ellas. Si son tan necias como para casarse con un badulaque que quiere tener cuatro mujeres, peor para ellas. Si sus maridos son tan bobos como para no beber vino ni cerveza, ídem. No seré yo quien se lo impida. Faltaría más. He sido educada en el concepto de libertad y mi madre siempre decía: «El mundo es bello porque es muy variado». Pero si me pretenden imponer todas esas cosas a mí, en mi casa...
Porque la verdad es que lo pretenden. Osama bin Laden afirma que todo el planeta Tierra debe ser musulmán, que tenemos que convertirnos al Islam, que por las buenas o por las malas él nos hará convertir, que para eso nos masacra y nos seguirá masacrando. Y esto no puede gustarnos, no. Debe darnos, por el contrario, razones más que suficientes para matarle a él.
CRUZADA
Pero la cosa no se resuelve, ni se termina, con la muerte de Osama bin Laden. Porque hay ya decenas de miles de Osamas bin Laden, y no están sólo en Afganistán y en los demás países árabes. Están en todas artes, y los más aguerridos están precisamente en Occidente. En nuestras ciudades, en nuestras calles, en nuestras universidades, en los laboratorios tecnológicos. Una tecnología que cualquier idiota puede manejar. Hace tiempo que comenzó la cruzada. Y funciona como un reloj suizo, sostenida por una fe y una perfidia sólo equiparable a la fe y a la perfidia de Torquemada cuando dirigía la Inquisición. De hecho, es imposible dialogar con ellos. Razonar, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o esperanza, un suicidio. Y el que crea lo contrario es un iluso.
Te lo dice una que conoció bastante bien ese tipo de fanatismo en Irán, Pakistán, Bangladesh, Arabia Saudí, Kuwait, Libia, Jordania, el Líbano y en su propia casa, es decir, en Italia. Una que lo ha experimentado incluso en muchos y muy variados episodios triviales y grotescos, con los que ha tenido confirmación absoluta de su fanatismo. Nunca olvidaré lo que me pasó en la embajada iraní de Roma, cuando fui a pedir un visado para viajar a Teherán, para entrevistar a Jomeini, y me presenté con las uñas pintadas de rojo. Para ellos, signo de inmoralidad. Me trataron como una prostituta a la que hay que quemar en la hoguera. Me querían obligar a quitarme el esmalte. Y si no les hubiese dicho lo que tenían que quitarse ellos, o incluso cortarse...
Nunca olvidaré tampoco lo que me pasó en Qom, la ciudad santa de Jomeini, donde como mujer fui rechazada en todos los hoteles. Para entrevistar a Jomeini tenía que ponerme un chador, para ponerme el chador tenía que quitarme los vaqueros y para quitarme los vaqueros quería utilizar el coche con el que había viajado desde Teherán. Pero el intérprete me lo impidió. «Está usted loca, loca de remate, hacer una cosa así en Qom es correr el riesgo de ser fusilada». Prefirió llevarme al antiguo Palacio Real, donde un guardia piadoso nos acogió y nos dejó la antigua Sala del Trono.
De hecho, yo me sentía como la Virgen que para dar a luz al Niño Jesús se refugia junto a José en el pesebre del asno y del buey. Pero a un hombre y a una
mujer no casados entre sí, el Corán les prohíbe estar en la misma estancia con la puerta cerrada y, hete aquí, que de pronto la puerta se abrió. El mulá dedicado al control de la moralidad irrumpió gritando «vergüenza, vergüenza, pecado, pecado». Y, para él, sólo había una forma de no terminar fusilados: casarnos. Firmar el acta de matrimonio que el mulá nos restregaba en las narices.
El problema era que el intérprete tenía una mujer española, una tal Consuelo, que no estaba dispuesta en absoluto a aceptar la poligamia y, además, yo no quería casarme con nadie. Y mucho menos con un iraní con esposa española y que no estaba dispuesta en absoluto a aceptar la poligamia. Al mismo tiempo, no quería morir fusilada ni perder la entrevista con Jomeini. En ese dilema me debatía cuando...
Te ríes, ¿verdad? Te parecen tonterías. Pues, entonces, no te cuento el final de este episodio. Para hacerte llorar te contaré el de 12 jovencitos impuros que, terminada la guerra de Bangladesh, vi ajusticiar en Dacca. Los ajusticiaron en el estadio de Dacca, a golpes de bayoneta en el tórax o en el vientre, ante la presencia de 20.000 fieles que, desde las tribunas, aplaudían en nombre de Dios. Chillaban «¡Allah akbar, Allah akbar!».
Lo sé, lo sé, en el Coliseo, los antiguos romanos, aquellos antiguos romanos de los que mi cultura se siente orgullosa, se divertían viendo morir a los cristianos como pasto de los leones. Lo sé, lo sé, en todos los países de Europa, los cristianos, aquellos cristianos a los que, a pesar de mi ateísmo, les reconozco la contribución que han hecho a la Historia del Pensamiento, se divertían viendo arder a los herejes. Pero, desde entonces, ha llovido mucho. Nos hemos vuelto más civilizados, e incluso los hijos de Alá deberían haber comprendido que ciertas cosas no se hacen.
Tras los 12 jovencitos impuros, mataron a un niño que, para intentar salvar al hermano condenado a muerte, se había abalanzado sobre los verdugos. Los militares le rompieron la cabeza a puntapiés con sus botas. Y si no me crees, vuelve a leer mi crónica y la crónica de los periodistas franceses y alemanes que, presos del terror como yo, estaban también allí. O mejor aún, mira las fotos que uno de ellos consiguió.
De todas formas, lo que quiero subrayar no es esto. Lo que quiero subrayar es que, concluido el acto, los 20.000 fieles (muchas mujeres entre ellos) abandonaron las tribunas y bajaron al terreno de juego. No de una forma despavorida, no. De una forma ordenada y solemne. Lentamente compusieron un cortejo y, siempre en nombre de Dios, pisaron a los cadáveres. Siempre gritando «¡Allah akbar, Allah akbar!». Los destruyeron como a las Torres Gemelas de Nueva York. Los redujeron a un tapiz sanguinolento de huesos rotos.
REHENES ESTADOUNIDENSES
Y así podría seguir hasta el infinito. Podría contarte cosas nunca dichas, cosas para ponerte los pelos de punta. Sobre el chocho de Jomeini, por ejemplo, que después de la entrevista celebró una asamblea en Qom para declarar que yo le acusaba de cortarle los pechos a las mujeres. De tal asamblea salió un vídeo que durante meses fue transmitido por la televisión de Teherán, de tal forma que, cuando al año siguiente volví a Teherán, fui arrestada apenas puse el pie en el aeropuerto. Y las pasé canutas, muy canutas.
Era la época de los rehenes estadounidenses. Podría hablarte de aquel Mujib Rahman que, siempre en Dacca, había ordenado a sus guerrilleros que me eliminasen por ser una europea peligrosa, y menos mal que un coronel inglés me salvó, poniendo su propia vida en peligro. O de aquel palestino, de nombre Habash, que me mantuvo durante 20 minutos con una metralleta colocada en la sien. ¡Dios mío, qué gente! Los únicos con los que mantuve una relación civilizada fueron el pobre Alí Bhutto, el primer ministro de Pakistán, ahorcado por ser demasiado amigo de Occidente, y el bravísimo rey de Jordania, Husein. Pero esos dos eran tan musulmanes como yo católica.
Pero aterricemos y veamos la conclusión de mi razonamiento. Una conclusión que seguro no les gustará a muchos, dado que defender la propia cultura, en Italia, se está convirtiendo en un pecado mortal. Y dado que, intimidados por la palabra «racista», impropiamente utilizada, todos callan como conejos. Yo no voy a levantar tiendas a La Meca. Yo no voy a cantar padrenuestros y avemarías ante la tumba de Mahoma. Yo no voy a hacer pipí en el mármol de sus mezquitas ni a hacer caca a los pies de sus minaretes.
Cuando me encuentro en sus países (de los que no guardo buen recuerdo), jamás olvido que soy huésped y extranjera. Estoy atenta a no ofenderles con costumbres, gestos o comportamientos que para nosotros son normales, pero que para ellos son inadmisibles. Los trato con obsequioso respeto, obsequiosa cortesía, me disculpo si por descuido o ignorancia infrinjo algunas de sus reglas o supersticiones.
Y este grito de dolor y de indignación te lo he escrito teniendo ante los ojos imágenes que no siempre eran las apocalípticas escenas con las que comencé mi discurso. A veces, en vez de dichas imágenes, veía otras, para mí simbólicas (y por lo tanto, indignantes), de la gran tienda con la que, el verano pasado, los musulmanes somalíes hollaron, ensuciaron y ultrajaron durante tres meses la plaza del Duomo de Florencia. Mi ciudad.
Una tienda levantada para censurar, condenar e insultar al Gobierno italiano que les albergaba, pero que no les concedía los visados necesarios para pasearse por Europa y no les dejaba introducir en Italia la horda de sus parientes: madres, abuelos, hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, cuñadas encinta e, incluso, parientes de los parientes. Una tienda situada al lado del bello Palacio del Arzobispado, en cuyas escalinatas dejaban sus sandalias o las babuchas que, en sus países, alinean fuera de las mezquitas. Y junto a las sandalias y a las babuchas, las botellas vacías de agua con la que se lavaban los pies antes de la oración. Una tienda colocada frente a la catedral con la cúpula de Brunelleschi y al lado del Bautisterio con las puertas de oro de Ghiberti.
Una tienda, por fin, amueblada como un vulgar apartamento: sillas, mesas, chaise-longues y colchones para dormir y hacer el amor, y hornos para cocer la comida y apestar la plaza con el humo y con el olor. Y, gracias a la inconsciencia del ENEL que ilumina nuestras obras de arte cuando quiere, luz eléctrica gratis.
Gracias a una grabadora, los gritos de un vociferante muecín que puntualmente exhortaba a los fieles, ensordecía a los infieles y tapaba el sonido de las campanas. Y junto a todo esto, los amarillos regueros de orina que profanaban los mármoles del Bautisterio (¡qué asco! ¡Tienen la meada larga estos hijos de Alá! ¿Cómo hacían para llegar al objetivo, separado de la verja de protección y, por lo tanto, distante casi dos metros de su aparato urinario?). Junto a los regueros amarillos de orina, el hedor de la mierda que bloqueaba el portón de San Salvador del obispo, la exquisita iglesia románica (del año 1000) que se encuentra a la espalda de la plaza del Duomo y que los hijos de Alá habían transformado en un cagatorio. Lo sé de primera mano.
Lo sé bien porque fui yo la que te llamé y te rogué que hablases de ellos en el Corriere, ¿recuerdas? Llamé también al alcalde, que tuvo la amabilidad de venir a mi casa. Me escuchó y me dio la razón: «Tiene razón, toda la razón...». Pero no hizo levantar la tienda. Se olvidó del tema o no fue capaz de conseguirlo. Llamé incluso al ministro de Exteriores, que era un florentino, un florentino de esos que hablan con acento muy florentino y, por lo tanto, perfecto conocedor de la situación. También él me escuchó. Y me dio la razón: «Sí, sí, tiene usted toda la razón». Pero no movió un dedo para quitar la tienda. Y no sólo eso sino que, además, rápidamente contentó a los hijos de Alá que orinaban en el Bautisterio y cagaban en San Salvatore del Obispo (me da la sensación de que de las abuelas, las madres, los hermanos y hermanas, los tíos y tías, los primos y las cuñadas encinta están ya donde querían estar. Es decir, en Florencia y en las demás ciudades de Europa).
Entonces cambié de sistema. Llamé a un simpático policía que dirige la oficina de seguridad de la ciudad y le dije: «Querido agente, no soy un político. Por eso, cuando digo que voy a hacer una cosa, la hago. Además conozco la guerra y hay ciertas cosas que me son familiares. Si mañana por la mañana no levantan la jodida tienda, la quemo. Juro por mi honor que la quemo y que ni siquiera un regimiento de carabineros conseguirá impedírmelo. Y por esto que acabo de confesarle, quiero, además, ser arrestada, llevada a la cárcel esposada. Así termino saliendo en todos los periódicos».
Pues bien, siendo más inteligente que todos los demás, al cabo de pocas horas hizo levantar la tienda. En el lugar de la tienda quedó sólo una inmensa y repugnante mancha de suciedad. Toda una victoria pírrica. Pírrica porque no influyó para nada en los demás estúpidos que, desde hace años, hieren y humillan a la que era la capital del arte, la cultura y la belleza. Pírrica porque no desanimó para nada a los otros arrogantísimos huéspedes de la ciudad: a los albaneses, sudaneses, bengalíes, tunecinos, argelinos, paquistaníes y nigerianos, que con tanto fervor contribuyen al comercio de la droga y de la prostitución, por lo que parece no prohibido por el Corán.
Sí, sí, están todos donde estaban antes de que mi policía levantase la tienda. Dentro de la plaza de los Uffizi, a los pies de la Torre de Giotto. Delante de la Logia de Orcagna, alrededor de la Logia de Porcellino. Frente a la Biblioteca Nacional, a la entrada de los museos. En el Puente Viejo, donde de vez en cuando se lían a cuchilladas o a tiros. En todos los lugares en los que han pretendido o conseguido que el municipio les financie (sí, señor, les financie).
En el atrio de la iglesia de San Lorenzo, donde se emborrachan con vino, cerveza y licores, raza de hipócritas, y donde profieren todo tipo de obscenidades a las mujeres. (El verano pasado, en ese atrio, me las dijeron incluso a mí, que soy ya una mujer mayor. Y, como es lógico, les planté cara. Sí, sí les planté cara. Uno sigue todavía allí, doliéndole los genitales). En medio de las históricas calles, donde campan a sus anchas con el pretexto de vender sus mercancías. Por mercancías entiendo bolsos y maletas copiadas de modelos protegidos con sus respectivas marcas y, por lo tanto, ilegales. Amén de sus postales, lapiceros, estatuillas africanas que los turistas ignorantes creen que son esculturas de Bernini, o ropa. («Je connais mes droits [Conozco mis derechos]», me espetó, en el Puente Viejo, uno al que vi vender ropa).
RESIGNACION
Y si al ciudadano se le ocurre protestar, si les responde que «esos derechos los vas a ejercer a tu casa», se le tacha inmediatamente de «racista, racista». Mucho cuidado con que un policía municipal se le acerque y le insinúe: «Señor hijo de Alá, excelencia, ¿no le molestaría demasiado apartarse un poquito para dejar pasar a la gente?». Se lo comen vivo. Lo agreden con sus navajas. O, como mínimo, insultan a su madre y a su progenie. «Racista, racista». Y la gente lo soporta todo, resignada. No reacciona ni siquiera cuando les gritas lo que mi abuelo gritaba durante la época del fascismo: «¿No os importa nada la dignidad? ¿No tenéis un poco de orgullo, cabestros?».
Sé que eso pasa también en otras ciudades. En Turín, por ejemplo. Esa Turín que hizo Italia y que, ahora, ya casi no parece una ciudad italiana. Parece Argel, Dacca, Nairobi, Damasco o Beirut. En Venecia. Esa Venecia en la que las palomas de la plaza de San Marcos fueron sustituidas por tapetes con la mercancía y, donde incluso Otelo se sentiría a disgusto. En Génova. Esa Génova donde los maravillosos palacios que Rubens admiraba tanto fueron secuestrados por ellos y se deterioran como bellas mujeres violadas. En Roma. Esa Roma donde el cinismo de la política, de la mentira, de todos los colores, los corteja con la esperanza de conseguir su futuro voto y donde los protege el mismísimo Papa. (Santidad, ¿por qué no los acoge, en nombre del Dios único, en el Vaticano? A condición, que quede claro, de que no ensucien incluso la Capilla Sixtina, las estatuas de Miguel Angel y los cuadros de Rafael).
TRABAJO
En fin, ahora soy yo la que no entiende. No entiendo por qué a los hijos de Alá en Italia se les llama «trabajadores extranjeros». O «mano de obra que necesitamos». No hay duda alguna de que algunos de ellos trabajan. Los italianos se han vuelto unos señoritingos. Van de vacaciones a las Seychelles y vienen a Nueva York a comprar ropa en Bloomingdale's. Se avergüenzan de trabajar como obreros y como campesinos y no quieren que se les asocie ya con el proletariado.
¿Pero aquellos de los que estoy hablando qué trabajadores son? ¿Qué trabajo hacen? ¿De qué forma suplen la necesidad de mano de obra que el ex proletario italiano ya no cubre? ¿Vagabundeando por la ciudad con el pretexto de las mercancías para vender? ¿Zanganeando y estropeando nuestros monumentos? ¿Rezando cinco veces al día?
Además, hay otra cosa que no entiendo. Si realmente son tan pobres, ¿quién les da el dinero para el viaje en los aviones o en los barcos que los traen a Italia? ¿Quién les da los 10 millones por cabeza (10 millones como mínimo) necesarios para comprarse el billete? ¿No se los estará pagando, al menos en parte, Osama bin Laden, con el objetivo de poner en marcha una conquista que no es sólo una conquista de almas, sino también una conquista de territorio?
Y aunque no se lo dé, esta historia no me convence. Aunque nuestros huéspedes fuesen absolutamente inocentes, aunque entre ellos no haya ninguno que quiera destruir la Torre de Pisa o la Torre de Giotto, ninguno que quiera obligarme a llevar el chador, ninguno que quiera quemarme en la hoguera de una nueva Inquisición, su presencia me alarma. Me produce desazón. Y se equivoca el que se plantea este fenómeno a la ligera o con optimismo. Se equivoca, sobre todo, quien compara la oleada migratoria que se está abatiendo sobre Italia y sobre Europa con la oleada migratoria que nos condujo a América en la segunda mitad del siglo XIX, incluso a finales del XIX y comienzos del XX. Y te digo el porqué.
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