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26.11.10

La islamización de Europa ya ha comenzado y está aquí

Miguel Ángel Ruiz Spínola es misionero salesiano en Pakistán: «Los musulmanes han olido el miedo de Occidente y además consideran que su papel es volver a acercar el mundo a Dios»

Entrevista a Miguel Ángel Ruiz Spínola

Siembra cristiana en territorio poco propicio. ¿Desde cuándo?
-La presencia de los salesianos nació con nuestro colegio de Lahore y con el de la ciudad de Quetta. Allí es un centro en el que la mitad de los alumnos son católicos y la otra mitad musulmanes.

-¿Es fácil esa convivencia?
-Se está volviendo más difícil. Era mucho más sencillo hace nueve años, cuando yo llegué. Pero se ha ido introduciendo en la sociedad que nosotros pertenecemos a una categoría inferior. «Pakistán» significa precisamente «la tierra de los puros» y, en consecuencia, nosotros somos impuros. Es como la situación de la mujer. Por ley, en Pakistán el testimonio de una mujer no tiene validez ante los Tribunales porque es solamente el 50 por cien de un testimonio válido. Solo el de dos mujeres cuenta igual que el de un hombre.

-De modo que en el caso de la cristiana Asia Bibi, condenada a muerte por blasfemar contra el Islam, confluyen todos los inconvenientes.
-Todo vino de que bebió agua de un pozo y otras mujeres musulmanes la acusaron de «contaminarlo». Y le aplicaron la maldita ley de la blasfemia. La sentencia ha salido ahora, pero esta mujer madre de cinco hijos se ha pasado un año encarcelada. Y yo me pregunto si a esta señora, si se anula su condena a muerte, la van a indemnizar cuando la liberen, como a los presos de Guantánamo. Los cristianos estamos expuestos e indefensos, y eso se repite en muchas situaciones. Esta ha sido una más.

-¿Se sienten allí un poco como en catacumbas?
-De alguna manera. El superior de los jesuitas en Pakistán, un sacerdote australiano, me ha dicho: «Miguel, hasta ahora el objetivo del Islam radical aquí en Pakistán ha sido imponerse sobre los musulmanes que no piensan así. No somos el objetivo número uno, pero el ataque en Irak de hace dos semanas puede hacer cambiar la marea. Cuando se den cuenta de que atacando a cristianos logran más atención e incluso pueden condicionar las decisiones de los gobiernos de Occidente, entonces la cosa se va a poner muy serias, no solo en Pakistán sino en toda la región».

-Mientras, en Occidente muchos se atreven a denigrar al Papa pero jamás al Islam.
-El problema es que el mundo musulmán ha olido el miedo de Occidente y, como ve que nuestra sociedad se está separando cada vez más de Dios, consideran que tienen el papel en la historia de acercar el mundo a Alá. Están cada vez más convencidos de que su presencia aquí es necesaria.

-¿Es una amenaza más allá del factor Al Qaida?
-Desde luego. La gente que participa de este entendimiento del Islam cree que la sociedad tiene que dejarles vivir su vida en primera instancia y después, cuando sean suficientes, impondrán ese estilo de vida en los demás. Este es el auténtico peligro, mucho más que Al Qaida.

-Precisamente el sacrificio del cordero ha sido declarado este año fiesta oficial en Ceuta y Melilla.
-Y mientras eliminamos fiestas religiosas nuestras tradicionales de hace siglos. Aquí es donde estamos perdiendo nuestra identidad y debilitándonos. Europa dentro de cincuenta años va a tener muy poquito que ver con la que conocemos hoy.

-¿Presiente una Europa islamizada?
-Es un proceso que ha comenzado. Hasta dónde puede llegar eso no lo podemos decir ninguno, pero que ha comenzado y está aquí, sí. Y que hay gente que insiste en negarlo, también.

-¿Y qué hemos de hacer los católicos?
-No vamos a devolver nunca mal con mal, eso iría contra nuestra propia fe. A nosotros lo que nos queda es seguir haciendo un trabajo duro de testimonio del Evangelio. Y eso no lo vamos a hacer reaccionando airadamente: si quitan el crucifijos de un aula y un padre está convencido de que esa es la fe que quiere transmitir a su hijo, pues que le pinte un crucifijo en el libro de lengua. Por ejemplo.

Contra el estigma
Recién llegado a España para participar en el Congreso Católicos y Vida Pública organizado por la Universidad San Pablo-CEU, Ruiz, un madrileño de 38 años que lleva ya casi una década en Pakistán, detalla los obstáculos a los que se enfrentan los cristianos en un país dominado por el Islam «en el que lo que más puntúa para ser médico es la recitación del Corán». Enfrascado en una meritoria labor educativa, es el director del Centro de Formación Profesional Don Bosco de Lahore, en el que se proporciona una salida laboral a jóvenes sin opciones de promoción social por ser pobres y, sobre todo, por ser católicos.

Blanca Torquemada
ABC

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