Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover
Los disturbios que empezaron en las afueras de París se han extendido hasta el centro de la capital francesa y a comunidades en otras partes del país. Miles de coches han sido quemados, la policía y hasta el personal médico ha sido atacados a tiros.
Como muchos otros disturbios, sea en Francia o en otro sitio, éste empezó por un incidente que justo había sucedido y fue entonces cuando se aprovechó la circunstancia para dar rienda suelta a los resentimientos y se desató la violencia. Dos jóvenes, vecinos de un barrio predominantemente musulmán, trataron de escapar de la policía escondiéndose en una instalación que transmitía electricidad y se electrocutaron por accidente.
Esta fue la chispa que encendió volátiles emociones. Pero esas emociones estaban allí, listas para ser encendidas, desde hace mucho tiempo.
Una cantidad considerable de musulmanes vive en Francia pero, en realidad, no son franceses. Mucha de esa población vive completamente aislada, en barrios de viviendas sociales lejos del centro de París, desconocidas para muchos parisinos y turistas.
Al igual que los barrios sociales en Estados Unidos, muchos de ellas son centros de degeneración social, anarquía y violencia. Hace 3 años, el profundo crítico social británico Theodore Dalrymple dijo haber visto “carcasas de coches quemados y destripados por todos lados” en estas áreas. Esto estaba en un ensayo titulado “Los bárbaros a las puertas de París” que fue vuelto a publicar en su penetrante libro “Nuestra cultura, lo que queda de ella”.
Mientras que el Doctor Dalrymple llamó a esta subclase musulmana “bárbaros”, un ministro francés que llamó “canallas” a los alborotadores provocó una inmediata indignación en su contra incluyendo críticas de, por lo menos, un miembro de su propio gobierno. Esta excesiva delicadeza de palabra y obra, añadida al rechazo subsiguiente de enfrentarse a la cruda realidad, representa una gran parte de los antecedentes de la descomposición de la ley y el orden más la degeneración social que viene a continuación.
Nada de esto es raro para Francia. Es un síntoma de una normal retirada de la realidad y de las duras decisiones que la realidad exige, no sólo en Europa sino también en retoños europeos como Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos de América.
Específicamente, los países europeos, han abierto sus puertas de par en par a una enorme oleada de inmigrantes musulmanes, que no tienen la más mínima intención de ser parte de la cultura de los países a los que emigran, sino que quieren hacer una réplica de sus propias culturas en esos países.
En nombre de la tolerancia, estos países han importado intolerancia, de la cual el creciente antisemitismo en Europa es solamente un ejemplo. En nombre del respeto a todas las culturas, las naciones occidentales han dado la bienvenida a gente que no respeta ni las culturas ni los derechos de los pueblos en los que se han afincado.
Durante las últimas elecciones, algunos universitarios republicanos que estaban apoyando al Presidente Bush en San Francisco State University, fueron atacados por alumnos de Oriente Medio, incluyendo a una mujer que caminó hacia uno de estos americanos y le dio una bofetada. Ellos sabían que podían hacer esto con toda impunidad.
En Míchigan, una comunidad musulmana llama al rezo a todo volumen varias veces al día sin reparar si ese sonido molesta a los habitantes nativos de la comunidad.
Los holandeses se quedaron en estado de shock cuando uno de sus cineastas fue asesinado por un extremista musulmán, por haberse atrevido a tener opiniones contrarias a lo que los extremistas tolerarían.
Nadie debería haberse sentido conmocionado. Hay gente que no se detiene hasta que la detienen y la mayoría de los medios de comunicación, las clases políticas y las élites culturales de Occidente no se atreven siquiera criticar y, mucho menos aún, a detener los peligros o la degeneración entre grupos vistos compasivamente como los desvalidos.
Ni todos los musulmanes, ni necesariamente una mayoría de musulmanes, representan un peligro cultural o físico. Pero hasta las organizaciones musulmanas “moderadas” en Occidente que deploran la violencia y tratan de desalentarla, en realidad alientan a sus seguidores a seguir siendo extranjeros en lugar de convertirse en parte de los países en los que viven.
Eso mismo hacen nuestros propios intelectuales y las élites políticas y culturales. La balcanización se ha glorificado como “diversidad” y la diversidad se ha convertido en algo demasiado sagrado como para profanarla con algo tan grosero como la cruda realidad de los hechos. Pero la realidad no es una opción. Nuestra supervivencia puede estar amenazada a largo plazo por la degeneración desde dentro –proveniente de muchos focos y de muchas maneras– como le sucedió al Imperio Romano.
El hospital ante las religiones observaciones recogidas por Claire Chartier. Como la escuela, esta institución laica se convierte en un terreno de solicitudes y a menudo de derivas - confesionales.
Isabelle Lévy, especialista del expediente, explica lo que está en juego.
Todos señalan el límite entre respeto de las creencias e imperativo médico. En diciembre de 2003, los expertos de la comisión Stasi sobre la laicidad descubrían, sorprendidos, los descontroles religiosos y como el hospital público se convirtió en un teatro: pasillos transformados en lugares de rezo, mujeres durmiendo en burka o negándose a ser examinadas por un medico en urgencias, internas con el “velo” por aquí o allí, psiquiatra extranjero atendiendo a los pacientes, en el sur de Francia, con el Corán sobre la mesa... Los expertos entonces habían preconizado la solucción en una ley de las obligaciones que los pacientes deben respetar".
Jean-Pierre Raffarin había encargado al Ministerio de la Salud que examinara el expediente. Escarmentado por el serial del velo en la escuela, la cuestión de la religión al hospital se plantea fácil, aunque los conflictos y las erupciones de violencia siguen siendo muy minoritarios, como desean precisarlo todos los empleados.
En este regreso obscurecido por la amenaza islamista, Isabelle Lévy, especialista de las prácticas religiosas y formadora en el medio hospitalario desde una decena de años, vuelve de nuevo sobre el tema con un libro muy completo, la Religión al hospital (Prensas del Renacimiento).
El profesional, destaca el autor, tiene por obligación tener en cuenta la dimensión espiritual de los enfermos. Pero esta obligación, inscrita en nuestro marco legislativo laico, tiene límites.
¿En qué medida el hospital puede satisfacer las peticiones de sus usuarios? ¿Dónde trazar la línea amarilla?
Algunos profesionales aceptaron contarnos, con pasión y a veces con un determinado desasosiego, algunas experiencias de su diario. Isabelle Lévy lo explica, de una forma personal al respecto ¡Lo que afecta, a leerles esto, es debido a las derivas confesionales son el resultado a veces de que se ocupan ellos mismos!
Algunos profesionales se ausentan regularmente para ir a rezar, reclaman llevar el velo o el kippa, otros se niegan a efectuar algunos actos como ocupar una herida hemorrágica, retirar una cuenca, otros aún se prohíben trabajar con colegas del otro sexo en la intimidad de una habitación.
Hace poco, en un hospital parisiense, un niño herido llega a las urgencias con sus padres. El médico de guardia exige que la madre salga de la sala mientras que se ocupa del niño. En cambio, obliga al padre - que no quería permanecer, por miedo a ver la sangre - a permanecer a su lado.
En otra parte, en Bretaña, un director de un hospital cierra una unidad de interrupción voluntaria del embarazo alegando erróneamente riesgos presupuestarios. ¡En el Norte, directores de asilo proporcionan sistemáticamente el rosario y crucifijo antes de la muerte a sus pensionistas, y esto ignorando su propia religión! ¡No es raro que decidiendo ellos mismos elijan si sus pacientes deben o no comer cerdo, y según su apellido, acudir o no a la misa!
¿Hechos tanto más inquietantes cuanto que las solicitudes de los pacientes son ahora más imperiosas?
Algunas mujeres musulmanes no quieren ser auscultadas por un hombre, algunas llegan incluso hasta parir en burka; mujeres judías se niegan a extraer su leche durante el shabbat, día en que la utilización de la electricidad está prohibida. Comadronas me informaron de los casos de parturientas judías que llegan hasta pedir que se detengan los aparatos de control. ¡Otros no quieren utilizar el ascensor para conducirlos a la sala de trabajo y exigen subir la escalera sin encender la luz!
¿Estas pretensiones son cada vez más frecuentes?
Desde hace cinco años, evolucionan, sobre todo del lado de los pacientes, que se atreven cada vez más a expresar solicitudes vinculadas a su confesión. Antes, la práctica religiosa se mencionaba poco al hospital. Algunos miembros del personal respetaban el ramadan sin hacerse notar. Las familias dudaban en formular solicitudes, porque comprendían las reacciones del personal. Cuando un paciente judío o musulmán veía llegar cerdo en su bandeja, no comía, pero no reclamaba nada. ¡Del golpe, algunos del personal decidieron cambiar el cerdo por pavo! Es intolerable. La organización hospitalaria se debe más a las solicitudes de los cristianos, por la simple razón que Francia es un país cristiano debido a su historia.
La misa, por ejemplo, casi siempre está garantizada el domingo y un sacerdote está presente todo el dia en el hospital. No es el caso absolutamente de los aumôniers judíos y musulmanes. Los judíos, por su parte, tienen solicitudes de culto muy estrictas, pero aceptan la mayor parte del tiempo ir contra algunas de sus prácticas en el recinto hospitalario. "la ley del país es la ley", nos dice el Talmud. A los ojos de algunos musulmanes, en cambio, una única ley que existe: es la del Corán.
¿Qué se debe hacer frente a estos excesos?
La laicidad no significa la denegación de la religión. Permite al contrario la libertad de culto dentro de los límites de la ley. Desgraciadamente hay pocas personas al hospital que conocen la ley. En cuanto a las religiones, por falta de cultura, se puede intentar decirlo todo o nada no es apto a contradecirse. ¡A falta de instruciones, es el reino de cualquier cosa en algunos establecimientos! La ley de 1905 obliga al que se ocupa a tener en cuenta la dimensión espiritual de los pacientes en los hospitales públicos. Así pues, en la habitación - pero solamente en este espacio – los creyéntes pueden rezar respetando el cumplimiento de la seguridad de los lugares y del descanso de los enfermos.
Por otra parte, la carta del paciente hospitalizado, publicada en 1995, establece que "todo establecimiento de salud debe respetar las creencias y convicciones de las personas acogidas". Se especifica que un paciente debe poder, "en la medida de lo posible", seguir los preceptos de su religión. "en la medida de lo posible": eso significa que las solicitudes deben ser compatibles con la organización del hospital y que es necesario hacer pasar por delante del culto el cuidado a los enfermos. El profesional debe explicar al paciente que puede o no puede hacer y adaptar sus decisiones al estado de salud del paciente y a las exigencias del servicio.
¿Cómo debe abordar estas cuestiones ultrasensibles el personal?
Pueden interrogar al paciente a su entrada: "Para mejorar las condiciones de su estancia, querría conocer sus hábitos alimentarios."
¿Cuáles son sus gustos? ¿Observan prohibiciones de origen religioso? ¿Tienen la práctica de dirigirse a un lugar de culto a rezar?
Si el paciente responde afirmativamente, el enfermero puede entonces preguntarle su religión, alegando que eso puede ayudar al hospital a asumirlo mejor (exámenes, régimen...). ¡Además cuando se escucha a un paciente, se le transmite más confianza! y conocer la religión del paciente permite evitar desaciertos médicos. En psiquiatría, los profesionales piensan a veces que sus enfermos son PORTADORES de (desordenes obsesionales compulsivos) porque utilizan solamente su mano derecha para alimentarse o lavarse. ¡En realidad, el Islam da al lado izquierdo por impuro! Otro ejemplo: me acuerdo de un difunto musulmán presentado a su familia con las manos juntas por los enfermeros. ¡Esta postura es considerada por el Islam (y el judaísmo) como una ofensa al desaparecido!
Porqué el personal que se ocupa es reticente a abordar este tema ¿Por temor de poner en peligro la laicité o por ignorancia?
Es el resultado de una ausencia de cultura religiosa - no dije "fe" - en nuestra sociedad. Del golpe, algunos no se atreven a no replicar a pacientes que les piden todo y cualquier cosa por temor de profanar su culto. ¡Y las peticiones son cada vez más delirantes! Algunos pacientes alimentados por sonda reclaman bolsas de comida kosher; otros quieren aceptar la transfusión, pero con la sangre judía o musulmana. ¡! Otros aún exigen que su régimen sin sal o sin grasa sea tan kosher o halal. ¡Un hospital público no es ni un hotel ni un lugar de culto! Es necesario que el personal obtenga, en su formación, los elementos básicos de la cultura religiosa. En la actualidad, estos puntos se abordan bajo el ángulo ethnológico. Se plantean las cuestiones éticas y médicas demasiado raramente.
¿Hasta dónde se puede satisfacer las pretensiones de los enfermos?
Hay un punto sobre el cual no se puede comprometer: el imperativo de salud. Debe siempre pasar antes de las prohibiciones religiosas, y esto cualesquiera que sean los preceptos que deben infringirse. Por otra parte, todas las religiones toleran adaptaciones cuando el enfermo está en peligro de muerte o corre el riesgo de perder su integridad física o mental. Demasiados pacientes ignoran estos matices de primera importancia o hacen que parecen. Así pues, mujeres embarazadas se niegan a dejar de ayunar durante el ramadan por miedo del castigo divino. Con todo, el Corán estipula que un fiel no debe nunca poner su vida en peligro ni la de su niño. Estos hasta au-boutistes es a menudo joven gente que se oculta detrás el Libro, que conocen generalmente mal en sus interpretaciones.
¿Qué se puede, y que no se debe tolerar?
Se puede tolerar que un paciente rece en su habitación, se exige el respeto de prohibiciones alimentarías dentro del límite de las cartas propuestas y del régimen prescrito por el médico, anuncio para él objetos de culto... pero no se puede absolutamente tolerar que un paciente decide poner su vida en peligro o corre el riesgo de perder su integridad física o mental bajo pretexto de respetar un rito.
Las solicitudes de los pacientes desreglamentan el ritmo del hospital y plantean problemas de gestión diarias a los que se ocupan. Es menos a menudo una cuestión de medios que de buena voluntad. Los microondas están a disposición de las familias en los servicios. Cuando un paciente debe sufrir un examen a la hora de la comida, se le guarda su meseta y lo él calefacción. Un musulmán que hace el ramadan después de autorización médica puede perfectamente calefacción su plato a la hora que le conviene. Y luego las familias que quieren realmente respetar los rituales hacen generalmente lo que es necesario: los judíos proporcionan comida y concederse vajilla después de autorización médica, permisos pueden los días festivos... Algunos hospitales públicos obedecen a tradiciones contrarias a los valores occidentales, practicando reparaciones de virgo.
¿Es admisible?
¡No, pero, si el hospital se niega, la joven mujer encontrará algúien para rehacer su virgo sobre una mesa de cocina! ¡Y, cuando se recuperan a los enfermos a las urgencias, es peor! A menudo, se encuentra en un compromiso: la paciente paga su día de hospitalización a cambio del acto, ya que éste no debe nunca ser aceptado por la Seguridad social. Si debe ser así mismo para las circuncisiones rituales, no puede ser cuestión para las excisiones de las pequeñas muchachas, estrictamente prohibidas en Francia.
¿Es que, como sucede en la escuela, una ley para preservar la laicidad al hospital es necesaria?
¡El arsenal jurídico existente es suficiente pero no se aplica! Sería necesario hacerlo llegar a los trabajadores y a la opinión pública. Pero lo que es posible por la organización hospitalaria es bien diferente: ¡en numerosos establecimientos, es normal poder pasar por medio del aumônier católico para contactar el imam o el rabino! Ahora bien, al final de la vida, cada minutos cuentan. Es también a las familias suscitar las cuestiones de que se ocupan, o incluso informarlos y tomar sus disposiciones.
Así pues, cuando se programa una salida de hospitalización exactamente antes de la hora de principio del shabbat, pueden pedir al personal avanzar la hora de la salida. Incluso cosa para las citas de consulta o examen fijadas los días de las fiestas religiosas judías o musulmanes: es al paciente pedir su aplazamiento a otro día. Eso se le concederá si su estado de salud lo permite. Las religiones judíos y musulmanes, como el cristianismo, piden a su fieles elegir la vida y no una práctica ciega, estricta y rígida de los preceptos religiosos todos los días de su vida, en la alegría o aflicción.
Lexpress.fr/
Un ginecólogo de París, atacado por un musulmán al ir a examinar a su mujer La presión de los integristas islámicos sobre los servicios públicos en Francia para que se amolden a sus exigencias no para de crecer en los últimos años. Así lo puso de manifiesto un reciente informe de la Inspección General de la Administración (IGA), dependiente del Ministerio del Interior. Y así ha quedado de nuevo de manifiesto en un hospital de París, donde un ginecólogo fue agredido semanas atrás por el marido de una paciente que no toleraba que su mujer fuera examinada por un médico hombre.
El suceso se produjo el pasado mes de septiembre, pero ha salido ahora a la luz, después de que el Colegio Nacional de Ginecólogos decidiera hacerlo público para denunciar la situación. El médico agredido, Jean-François Oury, jefe del servicio de guardia de la maternidad del hospital Robert Debré, en el distrito XIX - uno de los que concentra una mayor proporción de población musulmana-, se disponía a examinar a una mujer que acababa de dar a luz en un parto complicado cuando el marido, un joven magrebí, se abalanzó airado sobre él, profiriendo insultos, y le pegó una bofetada, según relataba ayer el diario Le Parisien.El médico llamó a la policía y presentó denuncia, mientras la pareja era trasladada a otro centro.
No era la primera vez que un marido airado atacaba a un ginecólogo. En agosto de 2003, otro médico, Stéphane Saint-Léger, sufrió una experiencia similar en el hospital de Aulnay-sous-Bois, en el departamento de Sena-Saint-Denis, en la periferia de la capital francesa. El agresor prohibió incluso al médico que se dirigiera a su mujer, obligada a su vez a mantener la boca cerrada. "Aquí soy y quien habla, ésta es tierra del Islam", dijo el energúmeno.
Los casos de violencia física son bastante raros, pero no así la violencia verbal y las presiones sobre el personal médico. Por lo general, los hospitales aceptan en la medida de lo posible las peticiones de las mujeres musulmanas de ser atendidas por otras mujeres, pero en casos de urgencia o simplemente de imposibilidad se pasa por alto. La misma comprensión muestran algunos médicos - no todos- ante las jóvenes que acuden pidiendo que les sea reconstruido el himen.
En muchos casos se acepta por el bien de la muchacha y se enmascara como una intervención de cirugía estética reconstructiva. Más difícil es que algún médico acepte firmar certificados de virginidad, pero lo cierto es que cada vez se piden más. Jacques Lansac, presidente del Colegio Nacional de Ginecólogos, expresaba ayer su alarma ante un fenómeno que está creciendo en los últimos tiempos. "He tratado durante años a muchas mujeres musulmanas sin problemas, estamos ante un fenómeno nuevo", aseguraba Lansac, quien en una entrevista en la cadena de televisión LCI insistía en que la religión debe seguir manteniéndose en el ámbito privado.
"En el hospital no pueden respetarse todas las costumbres", concluyó. La presión islamista, sin embargo, no se queda en los hospitales, según ponía de manifiesto el citado informe del IGA, sino que se dirige a otros servicios públicos en los que se intenta separar a hombre y mujeres, así sean cursos de formación o piscinas públicas.
En el que han muerto 57 personas. El número de heridos supera el centenar.- Entre las víctimas mortales hay 13 extranjeros.
La rama iraquí de Al Qaeda ha reivindicado esta mañana los tres atentados sincronizados que anoche sacudieron Ammán. Tres explosiones en otros tantos hoteles de la capital jordana causaron 57 muertos y algo más de un centenar de heridos lo que convierte en el peor ataque en la historia de Jordania, gran aliado de EE UU en la región. Las autoridades han anunciado la detención de varios sospechosos, aunque por ahora no han ofrecido más detalles.
Entre las víctimas hay al menos 13 extranjeros, además de 33 ciudadanos jordanos; se trata en concreto de seis iraquíes, dos chinos, dos bahrainíes, un saudí, un sirio y un indonesio; quedan todavía 13 cuerpos sin identificar.
El primer estallido se produjo a las 19.50 (hora peninsular española) en el hotel Radisson de Ammán, de cinco estrellas, frecuentado por turistas israelíes y ubicado en el oeste de la capital jordana. Muasher ha informado de que la acción fue perpetrada por un suicida que llevaba un cinturón con explosivos. La mayoría de las víctimas son de nacionalidad jordana.
Casi simultáneamente se produjo otra explosión en el hotel Grand Hyatt, perteneciente a una cadena estadounidense y situado en el centro de la ciudad. El viceprimer ministro ha dicho que este ataque ocurrió cuando un vehículo erró en su objetivo al tratar de romper la seguridad del edificio y explotó fuera del hotel. La tercera explosión afectó al hotel Days Inn.
Entre las víctimas ingresadas en hospital cercano hay, además de jordanos, alemanes e iraquíes, según fuentes médicas. En España, la Dirección General de Comunicación Exterior ha informado de que no tiene constancia de que haya víctimas españolas. El embajador en Ammán, Antonio López Martínez, se puso en contacto desde el principio con los establecimientos en los que se habían producido las explosiones. López Martínez confirmó que los doce españoles localizados en hoteles de Ammán están bien, incluso los cuatro que se encontraban hospedados en el hotel Radisson.
La rama de la organización terrorista Al Qaeda en Irak ha reivindicado el atentado en un comunicado difundido por la cadena de televisión Al Yazira. En un comunicado aparecido en internet que fue mostrado por la cadena de televisión Al Yazira, la "Organización de Al Qaeda en Mesopotamia" (Irak) se responsabiliza de estos atentados terroristas, los más graves registrados en Jordania.Esta organización está precisamente dirigida por un jordano, Abu Musab al Zarqaui, que desde hace años se encuentra prófugo de su propio país y quien fue condenado a muerte en Amán en 2002. "Algunos de nuestros mejores leones han lanzado un nuevo ataque contra varios antros. Han elegido los hoteles que el déspota jordano ha convertido en el patio de los enemigos de la fe, los judíos y los cruzados [cristianos]", dice el comunicado. Al Qaeda ha añadido esta explicación sobre las causas del atentado: “Se eligió estos hoteles porque se habían convertido en el lugar favorito de los servicios de inteligencia estadounidenses, israelíes y de otros países de la Europa occidental para llevar a cabo sus ataques invisibles, lo que ellos llaman la guerra contra el terror”.
Regreso del Rey El rey de Jordania, Abdulá II, que se encontraba de visita oficial en Kazajistán, condenó los atentados y anunció su inmediata vuelta a su país. Abdulá II calificó los hechos de "actos criminales cometidos por un grupo de pervertidos y engañados", según un comunicado publicado por la agencia de noticias jordana Petra. Jordania "no se dejará influir" en su batalla contra el terrorismo, añadió el monarca jordano, quien dijo que "la mano de la justicia atrapará a los criminales que han atentado contra civiles inocentes con sus actos cobardes".
El secretario general de la ONU, Kofi Annan se ha unido a la condena por los atentados y ha dicho que el pueblo de la zona ha sufrido un "azote" de terror. El secretario general de Naciones Unidas, que está precisamente de visita en Oriente Próximo, donde se ha entrevistado con las autoridades de Arabia Saudí y Egipto, anunció poco antes de la medianoche en España que suspendía la visita prevista a Jordania.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se ha sumado a las condolencias y condenas por los "despiadados" atentados terroristas. Bush ha ofrecido la colaboración de su Gobierno para capturar a los culpables. El primer ministro británico, Tony Blair, también ha enviado un mensaje de solidaridad con el gobierno jordano: "Debemos permanecer juntos contra el azote del terrorismo", ha dicho Blair.
Manifestación espontánea en Ammán Centenares de jordanos se han manifestado esta noche en Ammán para condenar los atentados. Los manifestantes se han congregado en el barrio de Yebel Amán, donde se encuentra el lujoso hotel Radisson, uno de los objetivos alcanzados por los terroristas. En su protesta han coreado frases como "Terroristas cobardes, sois agentes de Estados Unidos". Numerosas asociaciones civiles jordanas han convocado más manifestaciones para hoy en Ammán y otras ciudades del país.
Al menos 57 muertos en Ammán en tres atentados de Al Qaida contra hoteles de lujo Abu Musab al-Zarqaui, el hombre más buscado del mundo después de Bin Laden, es originario de Zarqa, ciudad situada a 30 kilómetros de la capital de Jordania.
Era cuestión de tiempo. Estaba escrito con tinta roja, del mismo color que la sangre derramada en sus múltiples atentados suicidas, en el guión de los terroristas islámicos. Jordania no podía salir indemne de esta ola de locura y terror. Estaba, en efecto, en el punto de mira de la red terrorista de Al Qaida. Lo había intentado en distintas ocasiones y había sido neutralizado en casi todas. Ayer, sin embargo, logró su objetivo.
Dos terroristas suicidas penetraron con escasos minutos de diferencia en dos hoteles de lujo de Ammán (el Radisson SAS y el Grand Hyatt), mientras que otro suicida acercaba su coche bomba a las puertas de un tercer hotel, el Days Inn. Era poco antes de las nueve de la noche y los tres se volaron en mil pedazos: junto al mostrador de recepción del Hyatt, en una sala de banquetes del Radisson en la que se estaba celebrando una boda, y a las puertas del Days Inn.
Uno tras otro, el eco de las bombas adheridas al cuerpo de los terroristas o escondidas en el cofre del coche apagó el bullicio nocturno de la capital. Una tras otras, las explosiones acabaron con la vida de al menos 57 personas, provocando cerca de dos centenares de heridos. La información fue facilitada por la televisión pública citando al viceprimer ministro jordano, Maruán al-Muasher.
Nada más conocerse los primeros detalles de los atentados (muy parecidos a los acaecidos hace sólo unos meses en el balneario egipcio de Sharm el-Sheij, en el Mar Rojo, que tuvieron como objetivo fundamental a los turistas israelíes que se atreven a disfrutar de sus vacaciones en la Península del Sinaí), las autoridades policiales jordanas señalaron con el dedo acusador a Al Qaida: «Los atentados llevan su sello».
Osama bin Laden tenía desde hace tiempo a Jordania entre ceja y ceja por su colaboración con Estados Unidos y su postura poco crítica a la guerra lanzada por Washington y Londres contra Irak. Además de por servir de base en la retaguardia a las tropas estadounidenses.
En el punto de mira
La elección de los hoteles tampoco fue casual. Muchos de los marines norteamericanos que sirven en Irak descansan en Ammán cuando tienen unos días de permiso y lo hacen en esos hoteles de lujo ayer atacados. Hoteles además que son frecuentados por turistas occidentales e incluso por ciudadanos israelíes que los toman como punto de partida para hacer la consabida excursión a Petra.
Los turistas españoles son también clientes habituales de dichos establecimientos, aunque al cierre de esta edición se desconocía si ciudadanos de nuestro país, albergados en esos hoteles, se encontraban entre las víctimas.
La guerra sin cuartel que las autoridades jordanas habían lanzado en los últimos dos años contra las redes extremistas islamistas había dado sus frutos. Varias de sus principales organizaciones (hasta diez células) habían sido desmanteladas. Varios de sus más destacados líderes han sido detenidos y se encuentran en prisión.
Pero nunca es suficiente si la mano que mece la cuna del terror lleva los anillos de Al Qaida y una vez más, por desgracia, volvió a demostrarse ayer. La influencia que algunos de los principales jefes de Al Qaida, como Abu Musab al-Zarqaui, responsable de los atentados suicidas suníes en Irak y nacido en Zarqa, a sólo una treintena de kilómetros de Ammán, es indudable
Caos en la capital
Nada más conocer la gravedad de los hechos, el Rey de Jordania, Abdalá II, convocó de urgencia a su Gobierno y a los responsables de seguridad del país para coordinar las operaciones de rescate y las investigaciones, así como establecer medidas de control adicionales no sólo en la capital sino en otras localidades de interés turístico como la propia Petra, los hoteles del Mar Muerto o la ciudad de Áqaba, en el Mar Rojo.
El Monarca hachemí condenó con dureza el atentado y prometió que no descansará hasta detener a los culpables del crimen. Hasta Palacio han llegado ya ofertas del FBI norteamericano o de Israel para colaborar en las investigaciones jordanas. También los servicios sanitarios hebreos se han mostrado disponibles para acudir a Ammán si resultara necesario. De hecho, la frontera del puente Allenby, entre Jordania e Israel, permaneció toda la noche abierta.
Calles cortadas
Ammán vivió una noche de tremendo caos, con muchas calles cortadas, el centro colapsado, los alrededores de los hoteles acordonados y decenas de ambulancias en una y otra dirección rumbo a los hospitales que apenas podían dar abasto ante la oleada de heridos que les llegaban.
Todas las oficinas del Gobierno, las escuelas y las universidades permanecerán hoy cerradas. Se ha recomendado a los ciudadanos de Ammán que se abstengan en la medida de lo posible de salir de sus casas para facilitar el trabajo de los servicios de emergencia y de seguridad.
Por desgracia, era cuestión de tiempo. Jordania no podía salir indemne de esta ola de locura y terror. Estaba, en efecto, en el punto de mira de la red terrorista de Al Qaida. Ya entrada la noche de ayer se demostró con un río de sangre.
Hace unos años muchas personas de España fueron con ayuda humanitaria a ayudar a a los bosnios de Kosovo y otras partes de la ex Yugoslavia donde los islámicos parecían las únicas víctimas del conflicto.
Cuando llegaron allí se encontraron con una realidad muy distinta. Oficinas que eran tapaderas del fundamentalismo mas radical y terrorista disimuladas con el rótulo de Oficinas de Ayuda a los Hermanos Musulmanes. Se encontraron que habían bancos de Arabia Saudita y de Sudan, sí de Sudán, que eran auténticos núcleos tapaderas de la financiación y el reclutamiento de fanáticos de la Guerra Santa contra los Serbios y Croatas, pero que en realidad parece ser, visto con la perspectiva de los años, un proyecto completo de instalar el conflicto en todo el continente europeo.
Esto lo han constatado miles de observadores en una zona, en donde actualmente no se ha acabado el odio yihadista contra las demás culturas y religiones, sino que se ha incrementado y existen grupos que han copado totalmente aldeas y pueblos de la zona en los cuales las mujeres van totalmente veladas o directamente con el nikan, que es peor que el burka.
Sería interesante saber cómo se identifican en España a estas personas del género femenino, musulmanas pakistaníes y árabes, con el rostro totalmente cubierto. Por otra parte nuestros amigos saudíes del petróleo no paran en su intento de protegerse y atentar contra los Derechos de la Mujer y la gente humilde en nombre del Islam.
Ahora en ese territorio prisión, feudo de los reyezuelos saudíes, déspotas de todo color vinculados a la familia real saudita y la extensa corte de príncipes saudíes corruptos y tiránicos, la mujeres lo tienen cada día peor. Ahora no podrán trabajar cuando se ponga el sol porque tendrán que estar en sus casas encerradas como manda el delirio de política machista salafista que pretende conservar los privilegios de los cuatro poderosos como se hacía setecientos años cuando Mahoma comenzó a imponerse por la liquidación de la oposición y de sus críticos.
Las mujeres de los radicales, (aquí estamos viendo lo mismo), deben caminar cuatro pasos detrás de su mahram, su tutor, que puede ser su marido, su padre o hijo, han de andar en silencio, totalmente cubiertas, mirando hacia abajo como manda esta tradición que no admite cambios porque el género y las tribus y clanes dominantes liderados por hombres viven muy bien imponiendo un orden del que son propietarios.
Se habría anunciado como "un choque desigual" este que ya está en marcha entre masas de jóvenes aburridos y sin miedo y unas clases políticas paralizadas por el pánico. En un lado están esos jóvenes magrebíes llenos de ira gratuita que sólo sonríen cuando la policía logra detenerlos y esposarlos y siempre que haya una cámara delante para documentar su desprecio al Estado.
Enfrente están un presidente Jacques Chirac que ya debiera dar lástima hasta al más despiadado de sus enemigos, y un Gobierno en el que, al principio, algunos casi se ponen a aplaudir los disturbios como bienvenido instrumento de lucha en el Gabinete.
Pero ¡ay!, ya no se ríe nadie y aunque tanto en Francia como en el resto de Europa, y por supuesto aquí en España, hay suficiente sencillez de espíritu como para que algunos hayan identificado ya al gran culpable en Nicolas Sarkozy, parece ganar terreno la tesis de que los culpables están en muchos puntos, tanto en el espacio como en el tiempo.
Y, sin embargo, se cae una y otra vez en el mismo error conceptual que ha llevado a las sociedades europeas a ser rehenes de los humores, las pasiones y las consignas de comunidades minoritarias, nacidas o no en su seno. Cuando en la mayor parte de las grandes ciudades francesas nadie está a salvo de los nuevos vándalos, el primer ministro, Dominique de Villepin, anunciaba ayer como remedio milagroso "medidas para la igualdad de oportunidades en los barrios deprimidos".
Cuando en los barrios deprimidos, los propietarios de automóvil, comercio o vivienda ansían desesperadamente orden y temen despertar desposeídos de todo lo que tienen, al responsable de la seguridad de su vida y hacienda le da por su lado poeta. Y después se sorprenden por el auge del racismo en los barrios obreros. ¿Cuánto hay que quemar?
Ante esta lógica perversa tan asumida por el poder ante las bandas que aterrorizan Francia, el descrédito del Estado y de su ya olvidado monopolio de la violencia es tal que lo extraño es que aún no compitan otros grupos con los ya activos.
Porque este problema será realmente grave cuando la ciudadanía hasta ahora pasiva llegue a la misma conclusión que los violentos (que se ha producido la abdicación del Estado) y organice sus somatenes y represalias. Entonces la pesadilla estará en marcha y Villepin se quedará solo con sus poemas sobre el multiculturalismo de fogata de campamento. Las piras serán otras y no las harán sólo unos.
En 10 días, el incendio social iniciado en un suburbio de París se ha extendido a toda Francia y aunque, increíblemente, no haya causado más que un muerto, los daños económicos, políticos y morales son ya incalculables.
Nos ha llegado algo antes de lo que pensaban los más pesimistas, pero no de otra forma que la augurada hace tiempo ya por nuestro premio Príncipe de Asturias Giovanni Sartori, y no sólo por él. Los mitos del inmigrante bueno por naturaleza o del nacionalista progresista oprimido, y de la felonía que supondría la aspiración de parte de la sociedad a vivir con los valores, las formas y la tradición de sus mayores, han quebrado la relación de los gobernantes con los ciudadanos más comprometidos con el Estado y más ignorados por él.
El desprecio de las minorías hacia ese Estado que las prima se ha convertido en la principal amenaza para la libertad y la seguridad de los ciudadanos europeos y de su sociedad abierta. Que este fenómeno haya entrado en una fase de máxima expresión -con la violencia ocasional, la amenaza sistemática- se debe en parte a esta trágica concatenación de constelaciones políticas nefastas que se ha producido en toda Europa desde hace casi un lustro -el grotesco dilema francés entre Le Pen y Chirac fue quizás el principio-.
Con recorrer mentalmente las capitales europeas se hace evidente que el proyecto europeo está en fase preagónica. Pero también que sólo la fatalidad podía hacer coincidir tamaños retos con semejante insolvencia.
HERMANN TERTSCH
La inmigración protagoniza la cumbre franco-española
PARÍS - La inmigración ha protagonizado la cumbre franco-española celebrada el jueves en París, en medio de la crisis que vive Francia por los disturbios protagonizados por jóvenes inmigrantes y los problemas que afronta España por la situación en Ceuta y Melilla.
Reunidos en París para la decimoctava cumbre entre ambos países, Jacques Chirac y José Luis Rodríguez Zapatero han apostado por una política europea de desarrollo que ponga freno a la inmigración clandestina.
"Europa tiene que comprometerse aún mucho más (...) lo que representa tres pilares de una política de inmigración adecuada: primero, coordinar el esfuerzo en el control de las fronteras; segundo, coordinar e impulsar los acuerdos de devolución y de inmigración coordinada con los países de los que procede la inmigración, y en tercer lugar, desarrollo", dijo el presidente del Gobierno.
Chirac declaró, en rueda de prensa conjunta con Zapatero, que abordaría los problemas de los más desfavorecidos en Francia "una vez que se restablezca el orden" tras semanas de episodios violentos que se han saldado con miles de coches calcinados.
Zapatero mostró su apoyo al Ejecutivo francés frente a la crisis, alegando que en todo Estado de derecho debía observarse una "tolerancia cero" respecto a la violencia y poner en marcha "políticas activas en materia social".
"Este no es un problema español, no es un problema marroquí, es un problema europeo, es también un problema mundial", dijo Chirac.
La solución, repitió, no es sólo en materia de seguridad, sino que pasa por un alza significativa de la ayuda pública al desarrollo en favor del continente africano. El presidente del Gobierno español viajará el próximo miércoles a Marruecos para exponerle al monarca alauí la propuesta española a la Unión Europea para colaborar con ese país contra la inmigración ilegal.
España y Marruecos han reforzado las fronteras de Ceuta y Melilla después de que en los últimos meses los numerosos intentos por saltar la valla que separa territorio marroquí de suelo español se hayan saldado con más de una decena de muertos de origen subsahariano.
Durante la cumbre, se impulsó también un consejo de Defensa y Seguridad entre ambos países para reforzar la cooperación militar y de inteligencia, además de firmar una declaración para colaborar en temas científicos y educativos.
Delincuencia e integrismo, detonantes de los graves disturbios registrados en un barrio de la capital francesa.
Coches abrasados tras los disturbios de la noche del jueves en Clichy-sous-bois
París- «¡Esto es Bagdad! ¡Esto es Bagdad!», gritaban decenas de jóvenes exaltados. Un telón de fuego les separaba de las fuerzas del orden, en una ventolera confusa de proyectiles, humo y sirenas... pero no era el cruento Iraq de la posguerra, sino Clichy-sous-bois, localidad deprimida a las afueras de París.
Los grupos de adolescentes que provocaron, en las dos últimas noches, graves disturbios en este barrio, tomaron a la Policía francesa por soldados norteamericanos y quisieron encarnar, ellos mismos, a los rebeldes iraquíes. Mucho más grave que un simple juego.
La causa de la rebelión urbana fue la muerte de dos adolescentes de 17 y 15 años, originarios de Túnez y Mali, electrocutados tras escalar el muro de un transformador eléctrico cuando escapaban de la Policía. Un tercer joven que les acompañaba, de 21 años y origen turco, está gravemente herido.
La noticia corrió como la pólvora entre los jóvenes del barrio, que ayer, por segunda noche consecutiva, volvieron a pertrecharse para atacar a la Policía incluso con balas reales, como la que percutió contra un coche de antidisturbios.
Como en un pequeño Bagdad. Ya lo avisaban sus gritos.
Lo ocurrido en Clichy-sous-bois es sólo un ejemplo más del drama diario que viven cientos de «barrios de riesgo» diseminados por toda Francia. El número total de estos suburbios, con una altísima tasa de criminalidad y un paro por encima del 20%, asciende a 630, según las cifras de un informe policial de 2004. Los servicios de información detectaron además, en 300 de ellos, un aumento del integrismo islámico. Son las zonas desheredadas de la République, aquí llamadas «banlieues», en las que viven 1.800.000 personas.
Viveros de delincuentes. Estos guetos brotan en todos los cinturones periféricos de las grandes ciudades, reconocibles por sus torres de 20 plantas, con cientos de minúsculos apartamentos de protección oficial, donde se hacinan familias de hasta más de diez miembros. Arrabales creados en los 60 y 70, donde el Estado alojó a las olas de inmigrantes, fundamentalmente magrebíes y del África subsahariana.
La ausencia de infraestructuras educativas, la huida de empresas y comercios a otros lugares, la articulación de algunos barrios en torno a nacionalidades o etnias, una economía sumergida dependiente de la criminalidad y una degradación social constante han moldeado una especie de burbujas marginales.
Treinta años después, esas burbujas explotan. «Aquí no hay maleantes, son sólo jóvenes que no tienen nada», explicaba ayer un habitante de Clichy-sous-bois a la televisión francesa. «La Policía los persiguió como si fueran bandidos y por eso escalaron el transformador, pero no lo eran», les defendía otro lugareño.
El primer ministro, Dominique de Villepin, se encargó de contradecirlos: «Se trataba de ladrones que estaban actuando».
Muchos de los jóvenes crecidos en estos barrios, agrupados en bandas, terminan por caer en las garras de la delincuencia. Triunfar cuando uno está obligado a escribir el nombre de un gueto en un formulario de trabajo no es fácil.
Tan generalizada está la discriminación por la raza o el lugar de residencia previa que el Gobierno estudia imponer por ley el currículum vitae anónimo, sin foto y sin dirección.
El amanecer después de la batalla contaba 29 coches particulares quemados, una guardería destrozada, el saqueo del edificio de correos y la destrucción de nueve furgonetas del servicio postal. Una de ellas fue estrellada en llamas contra el Ayuntamiento. «Una noche de disturbios. Otra más en Clichy-sous-bois», relató con hartazgo el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy. Él mismo reconoció que no es caso aislado: «Hay que poner fin a este inquietante fenómeno de violencia urbana que no existía hace 20 años».
Plan piloto.
El Gobierno dio un primer paso en marzo, aplicando un plan piloto urgente en 25 de estos puntos negros, que podría ser implantado en el resto. Pero Francia no tiene tiempo que perder.
Algunos gendarmes han debido mudarse del lugar donde prestan servicio porque sus hijos han sido agredidos o sus mujeres, declaraba un oficial a «Le Figaro» esta semana. Como reconocía un comisario lionés a este periodista: «En algunos barrios, como Venissieux [periferia de Lyon], tenemos incluso que escoltar a los bomberos. Cualquier persona o uniforme asimilado al Estado corre peligro».
Precisamente en Venissieux predicaba Abdelkader Bouziane, imán condenado esta semana a seis meses de prisión por haber instigado a la violencia contra las mujeres.
En la medianoche del martes, Nicolas Sarkozy visitó Argenteuil, localidad con uno de los mayores índices de criminalidad del extrarradio parisiense.
La autoridad del Estado fue acogida a golpe de proyectiles y piedras. «Los habitantes de los barrios difíciles tendrán derecho a la misma seguridad que el resto de los franceses», clamó Sarkozy, decidido a estirar el filón electoral conservador y presentarse como el nuevo «sheriff» de las zonas de Francia que más se asemejan al lejano Oeste.
¿Arde París? Varios suburbios de la capital francesa se suman a la revuelta juvenil de Clichy-sous-bois. Dos bomberos tratan de apagar un coche en llamas en la quinta noche de disturbios en el suburbio parisino de Clichy-sous-bois
Clichy-sous-bois
Inútil buscar el centro de Clichy. No existe. La localidad es un cúmulo de colonias de mala reputación, compuestas por edificios descascarillados de hasta 20 plantas, con los bajos atestados de grafittis, junto a otras zonas de apariencia tranquila, con hileras de casas bajas, como en cualquier cinturón de clase trabajadora de los que rodean las grandes ciudades.
El transporte es casi inexistente. Las infraestructuras, deficientes. Los comercios, escasos. Aquí, un restaurante turco, allí, una carnicería musulmana y alguna panadería. Ni una tienda de discos o ropa.
Si no fuese por los restos de coches calcinados, un simple paseo apenas deja entrever que en esas calles se libra una cruenta batalla, desde hace días, entre la Policía y los jóvenes del barrio, saldada con más de 50 detenciones. Hasta que, frenando ante una de las primeras rotondas del pueblo, como salidos de una película, se aparecen dos decenas de antidisturbios, con protecciones, cascos y armas en mano.
«Estamos aquí para evitar que ocurran los problemas. Y no al contrario, como dicen algunos», comenta secamente el jefe de la dotación.
Los disturbios comenzaron tras la muerte de Ziad y Banou, dos jóvenes de 15 y 17 años, el jueves, cuando huían o creían huir de la Policía. La mayoría de los habitantes de Clichy cree que los agentes «acorralaron a los chicos», que, presa del pánico, escalaron un transformador en el que murieron electrocutados.
Las autoridades, a pesar de continuos cambios de versión, sostienen que no hubo tal persecución. La granada lacrimógena policial lanzada al interior de la mezquita de la localidad, hace dos días, fue la gota que terminó por desbordar la ira. La última madrugada se saldó con otras 19 detenciones. Los primeros enjuiciados por enfrentarse a la Policía han sido ya condenados a dos meses de prisión.
Y, más preocupante aún, revueltas parecidas estallaron en otras cuatro localidades depauperadas de la periferia parisiense, como si otros suburbios hubiesen decidido solidarizarse con lo ocurrido en Clichy.
A 20 metros de la rotonda tomada por los antidisturbios, un restaurante McDonald’s parece reivindicar que la globalización también alcanza a Clichy-sous-bois. En su interior, a las 14:00 horas de ayer, una veintena de personas de al menos seis razas diferentes.
Ahmed, de 20 años y origen tunecino, reconoce que «podría ser uno de ellos» refiriéndose a los detenidos por lanzar piedras contra la Policía. «Estudio, ayudo a niños con problemas y no soy ningún delincuente.
Pero aquí vivimos en la miseria. Y tenemos que soportar continuos controles de identidad sólo porque el 90 % somos de origen extranjero, aunque seamos franceses.
Yo estuve cuatro horas en comisaría porque no llevaba la documentación cuando venía de hacer deporte. Por eso cuando ves a la poli, corres».
Abdul lleva un traje típico marroquí y camina fatigosamente a sus 60 años. Lleva 36 en Clichy-sous-bois y aún chapurrea el francés.
Una prueba del repliegue social en el que viven las poblaciones islámicas en localidades donde son mayoría. La desazón le obliga a repartir culpas: «Es triste todo lo que está pasando.
No tiene sentido lo que están haciendo los chicos [en referencia a los causantes de la revuelta], pero tampoco que cuando llamamos a la Policía por la delincuencia no venga nunca, y ahora tengamos el pueblo lleno».
La retahíla de quejas no tiene fin cuando se aborda a los jóvenes, que se sienten olvidados por el Estado y criminalizados apenas pronuncian las primeras letras del pueblo donde han nacido. «Aquí se puede vivir, no te roban cada vez que sales a la calle», afirma Tariq, ataviado con túnica y una prominente barba islámica, y vecino de Clichy desde hace 22 años, «y con la Policía de proximidad no había ningún problema.
Con los antidisturbios sí, porque no son de aquí, nos provocan y pertenecen casi todos al Frente Nacional», partido francés de ultraderecha.
Clichy es el punto negro del departamento de Seine Saint-Denis, al noreste de París. Los habitantes de las ciudades que rodean a esta localidad dormitorio evitan pasar por allí. Tampoco es muy difícil; nada invita a visitarla.
Una lacra con la que conviven sus 28.000 habitantes. «Somos una isla separada del mundo», se lamenta frente al Ayuntamiento Alí, de 25 años y titulado en Administración de empresas. «He querido mudarme, pero nadie quiere firmar un contrato porque vengo de Clichy.
Busco trabajo, pero no consigo el puesto por el lugar donde vivo». Cuando intuye la sorpresa del periodista, esboza una sonrisa irónica: «Es que esto no es como España, allí no hay guetos». Por Javier Gómez
Francia aplica el toque de queda en sus urbes por primera vez desde la guerra de Argelia El anuncio de la presencia ayer en Toulouse del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, acompañando a las fuerzas del orden precipitó el incendio de vehículos.
PARÍS. La aplicación práctica del toque de queda, por vez primera desde la guerra de Argelia (1954-62), en las ciudades y suburbios víctimas de incendios y violencias sin precedentes desde hace días es valorada por la opinión pública, recibe el apoyo crítico de la oposición socialista, es denunciada por comunistas y ecologistas y plantea inmensos problemas para una justicia desbordada por las detenciones masivas de niños, adolescentes y jóvenes.
Ante la Asamblea Nacional, para poner a la opinión pública como testigo, el primer ministro, Dominique de Villepin; el titular de Interior, Nicolas Sarkozy, y los portavoces de todos los grupos parlamentarios -socialista, comunista, ecologista, centrista y conservador- intercambiaron ayer graves advertencias y denuncias, que dan a la crisis un agrio perfume decadente: mientras arden las afueras de París, sus señorías se tiraban a la cabeza el miedo, el odio y treinta años de fracasos urbanísticos y sociales.
Una pesadilla no tan lejana.
Por su parte, la Unión Sindical de la Magistratura (USM) lanzó una nueva advertencia jurídica: «Los tribunales franceses y, en particular, los tribunales de la región parisina serán incapaces, materialmente, de afrontar las consecuencias inmediatas de la proclamación del toque de queda en los suburbios».
En doce días se han consumado 1.560 detenciones y 178 personas han sido encarceladas expeditivamente. Si los disturbios continuaran, el incremento de las detenciones pondría a los tribunales de justicia al borde del colapso inmediato.
Es una de las primeras consecuencias prácticas de la proclamación del toque de queda, recurriendo a una legislación de excepción de 1955, que solo había sido utilizada durante la guerra de Argelia, entre 1954 y 1962.
Para los hijos y nietos de los inmigrantes norteafricanos que conocieron aquella tragedia, se trata de un recuerdo que desentierra los peores fantasmas de odio, muerte y persecución.
Para policías y magistrados es una pesadilla: ¿qué hacer con centenares de adolescentes y jóvenes detenidos a los que será difícil juzgar con rapidez?
El fantasma de más muertes
Desde anoche, la aplicación expeditiva del toque de queda en muchas ciudades quizá permita restaurar una parodia de paz y tranquilidad armada. Pero nadie sabe qué pudiera incubarse durante las largas horas nocturnas de tal estado de excepción.
Mientras tanto, los distintos flecos de la crisis toman proporciones imprevisibles.
Las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS, antidisturbios), gendarmes, policías y bomberos son invitados a la «serenidad». «Sobre todo, no quiero dramas, ya hemos tenido bastantes», ha declarado Sarkozy. Pero los ataques con bolas de petanca y las respuestas con gases lacrimógenos pueden degenerar en cualquier momento: y el fantasma de los muertos pone a las fuerzas de seguridad al borde permanente del ataque de nervios.
En las alcaldías, escuelas y hospitales de los departamentos de la Isla de Francia se han multiplicado los llamamientos a la paz y la responsabilidad. Pero la prolongación de la crisis ha creado nuevos problemas: los garajes están abarrotados de coches incendiados; el desplazamiento en metro y autobuses en zonas sensibles complica la vida de muy mala manera; los sindicatos de maestros y profesores están desbordados por los problemas de cada día en zonas de riesgo.
Primeros experimentos
Ante ese clima de grave incertidumbre nacional, las primeras ciudades en decretar el toque de queda fueron, anoche, Amiens, Orleáns y Savigny-sur-Orge (Essone), en la periferia sur de París. Algunas otras ciudades, como Raincy (Seine-Saint-Denis), ya lo habían aplicado desde la tarde de ayer para intentar yugular las llamaradas nocturnas.
Los prefectos de la República tomarán la decisión de aplicar el mismo estado de excepción nocturna cuando lo consideren oportuno, si los disturbios no cesaran rápidamente.
Oficialmente, la posibilidad de aplicar el toque de queda en cualquier ciudad de Francia estará vigente hasta el próximo día 20, entre las 10 de la noche y las 6 de la mañana.
A la espera de acontecimientos, dispuesto a estar en primera línea del conflicto, Nicolas Sarkozy decidió acompañar a las fuerzas del orden anoche en Toulouse, donde el anuncio de su presencia precipitó el incendio de automóviles en alguna barriadas.
El Estado Francés invierte 8.599 millones de €uros en ayudas a la inmigración. La desintegración familiar en las 750 «zonas sensibles» de Francia, junto a la degradación de la educación, es un hecho denunciado por todos los sociólogos.
PARÍS. La ola sin precedentes de incendios y violencia suburbana ha estallado en apenas medio centenar de las 750 zonas oficialmente calificadas como «sensibles» en toda Francia, en las que el Estado invierte cada año más de 7.000 millones de euros en ayudas globales, a los que hay que añadir otros 1.599 millones de euros en concepto de ayudas a la integración, con un resultado aparentemente catastrófico.
La Asamblea Nacional debe comenzar esta tarde la discusión de los capítulos consagrados a las ciudades y viviendas, dependientes del Ministerio de Asuntos Sociales.
Desde septiembre pasado ya estaba previsto aumentar en un 13 por ciento las ayudas consagradas a intentar socorrer de muy distinta manera a los habitantes de los guetos sociales peor dotados.
Antes del nuevo plan de fondos de urgencia, ya estaba previsto invertir 7.190 millones de euros de ayudas entre las 750 zonas sensibles, repartidos de este modo, según los presupuestos oficiales del Estado:
-Ayudas a la mejora de la oferta de viviendas, 1.231 millones de euros
.-Ayudas para la compra de primera vivienda, 5.115 millones.
-Renovación urbana, 233 millones.
-Igualdad social y territorial, 611 millones.
A tales ayudas globales hay que añadir los 1.599 millones de euros consagrados expresamente a solidaridad e integración, repartidos en estos capítulos:
-Políticas a favor de la inclusión social, 1.010 millones de euros.
-Ayudas a la integración de extranjeros, 561 millones.
-Igualdad entre hombres y mujeres, 27.5 millones.
A esas partidas presupuestarias previstas oficialmente desde septiembre pasado, será necesario añadir el montante de las nuevas ayudas anunciadas ayer por Dominique de Villepin, el primer ministro:
más ayudas escolares, más ayudas a la integración, mayores exoneraciones fiscales para las empresas que den trabajo a jóvenes nacidos en familias de inmigrantes.
A esas ayudas pagadas con fondos de los presupuestos del Estado habría que añadir las ayudas de naturaleza muy similar pagadas con fondos municipales, de departamentos y regionales.
A colación de los nuevos disturbios provocados por los inmigrantes musulmanes en Francia contra el Estado galo, no esta de mas poner de relieve el tema de las políticas de integración que se nos vendió allá a finales de los 90 y principios del 2000, como la panacea, la formula ideal que asimilaría a los inmigrantes, sobretodo musulmanes, a nuestro modo de vida occidental.
Cuando la inmigración ya se empezaba vislumbrar como un problema de gran calado social, económico y cultural, la respuesta en vez de control y orden, fue la integración.
Por entonces Francia era el ejemplo a seguir, los políticos europeos del sistema nos decían que ese era el futuro y nos hablaban de una maravillosa sociedad color de rosa multicultural y mestiza, de la que Francia con su política de integración, era fiel reflejo de esa sociedad hacia la que tenia que encaminarse Europa.
Desconocemos si los políticos son consumidores habituales de sustancias psicotrópicas y alucinógenas, porque no se podía dar una valoración futura más fantasiosa y alejada de la realidad. El balance de esa política vista la situación actual y los hechos acontecidos, es de fracaso absoluto. Ahora tras años de inmigración y de políticas de integración podemos analizar los nulos resultados.
A nivel económico:
Ocasiona el gasto de miles y miles de millones de las arcas públicas, invertidos en cuantiosas ayudas, para NADA, un gasto enorme que año a año se multiplica, sin que nadie ponga fin, lo que esta provocando el colapso de los servicios sociales, la sanidad y la educación. Añadir a eso el racismo que se ejerce institucionalmente, con la injusta discriminación positiva, que desposee a millones de franceses de muchas ayudas sociales en beneficio de unos inmigrantes que aportan poco o nada al Estado.
A nivel social:
La guetizacion se ha convertido en el fenómeno característico de numerosas zonas y barrios de la periferia de las grandes ciudades, donde los inmigrantes han creado sus propios estados dentro de otro estado. Ahí en esas zonas impera la delincuencia y el desorden, los franceses tienen que emigrar forzosamente, y el estado galo ha sido eliminado del mapa, la policía ya no se atreve a patrullar y hasta los bomberos tienen que entrar en formación militar con vehículos blindados. Numerosos Liceos están tomados por la policía, con arcos detectores de metales y cámaras de vigilancia, ante el aumento de la violencia provocada por las bandas de inmigrantes.
A nivel cultural:
La islamizacion de Francia consecuencia de la permisividad otorgada para la construcción de mezquitas, donde los imanes han cultivado el odio ancestral hacia occidente y el infiel, haciendo llamamientos a la rebeldía y la desobediencia civil, se muestra como un acontecimiento de una peligrosidad potencial enorme, para un estado como Francia donde habitan cerca de 6 millones de musulmanes (el 10% de una población total de 60 millones).
La conclusión es clara: actualmente Francia es el fiel reflejo de la decadencia europea, que se avecina. Porque esto que ha ocurrido en nuestro país vecino, es la punta del iceberg de lo que vendrá después, hoy son hechos que se producen cada “x” tiempo, pero que se repiten cada vez con una asiduidad mayor, y no solo en el país galo, también en el resto de naciones europeas, veremos enfrentamientos similares de grupos de inmigrantes sobretodo musulmanes en franca rebeldía, enfrentándose contra el Estado y la sociedad civil.
Pero la clase política europea lejos de reaccionar sigue comportándose de forma indolente y muy alejada de los problemas reales que afectan a sus ciudadanos, porque la respuesta es dejar las cosas como hasta ahora, puertas abiertas y más fondos para la (des)integración económica, social y cultural.
De actuaciones contra la creciente islamizacion de Europa, ni hablar, al contrario se permite la construcción de mezquitas, se fomenta la cultura islámica, y la inmigración de musulmanes a Europa. ¿Que ocurren mas hechos como estos? La respuesta es siempre la misma son hechos aislados de una minoría fanatizada, no es lo habitual, nos dicen.
Si esta hubiera sido la primera vez podría ser creíble, pero la realidad es otra y vemos como el Islam con su avanzadilla de millones de inmigrantes golpea insistentemente, con mas fuerza, contra los cada vez mas débiles cimientos de los estados europeos.
Esos mismos estados europeos que actualmente pretenden acometer lo que podría ser catalogado, de producirse, como la mayor traición a Europa, la posible adhesión de Turquía a la UE, que con sus 73 millones de habitantes, la población musulmana de la UE aumentaría del 5% actual a cerca del 20% de la población total.
Duros momentos para Francia y Europa se vislumbran en el horizonte, la sombra de la media luna se cierne amenazante sobre Europa, al Sur con Marruecos, al Este con Turquía y Kosovo y en el interior la inmigración, la quinta columna del enemigo ancestral de Europa: el Islam.
André Maurois definió al francés como aquella persona que por su nacimiento no podía siquiera imaginarse ser otra cosa. Algo así como lo que los ingleses cantan en su “because he is an english man”.
Sin embargo, desde hace varias décadas la República, cogida en la trampa del “ius soli”, o derecho a la nacionalidad de todo aquel que nace en el territorio, ha convertido en franceses a millones de personas a las que les repugna en lo más hondo todo lo que representa.
En 1992 Giscard se atrevió a cuestionar dicha regla y proponer su reforma, lo que le costó el furibundo ataque de la izquierda que apeló a un razonamiento tan absurdo como el origen revolucionario de aquel principio.
Francia, como toda nación digna de ese calificativo, es el resultado del trabajo y sacrificio de generaciones, casi sedimentos culturales que han ido conformando lentamente una identidad y unos valores.
Dos Francias que se entrelazan: la heredera de la “fille ainée de l’église”, generalmente burguesa y provinciana, y la legataria de la Revolución, más parisina y canalla, produciendo un fruto delicado, complejo y sumamente contradictorio.
Sin embargo, la imprevisión y cobardía de la clase política, puede que hacer que de un plumazo histórico ese “savoir vivre” sea laminado por una horda medieval que desprecia todo lo que suene a democracia, separación de poderes y pluralidad.
Quienes tenemos vínculos de cariño y sangre con Francia no podemos dejar de gritar la impotencia y la rabia que produce un stablishment que desde 1980 ha hecho oídos sordos al clamor de un electorado que, aterrado, vio venir lo evidente. Como en otras partes, los profesionales de lo público evitaron minuciosamente enfrentarse a los problemas reales que condicionan la vida de la gente, centrándose en artificios que ha nadie preocupan.
Así, se regaló en bandeja el monopolio de un debate que era muy real al partido de Jean Marie Le Pen. Cuando en las últimas presidenciales el Frente Nacional pasó a la segunda vuelta, los bienpensantes concluyeron que una parte del electorado había enloquecido, y nadie quiso verlo como un grito desesperado de atención al Ejecutivo al que, en la segunda vuelta, muchos de ellos votaron.
Culminación de un proceso electoral surgido en 1984, potenciado por la pérfida reforma electoral de Mitterand que, al introducir con fuerza en la escena a la extrema derecha, impidió al resto de las formaciones compartir una parte de su mensaje, por correcto que fuera “in odium auctoris”.
De ahí la aversión que provoca Sarkozy, quién se limitó a llamar por su nombre a los que se comportan como “racaille”, no ante un foro selecto de franceses descendientes de San Luis, sino en la calle dirigiéndose a las siempre humildes víctimas del terrorismo callejero mayoritariamente norteafricanas.
Personaje a abatir no solo por sus posiciones sobre la inmigración, sino por representar la excepción liberal, que incluso se atreve a cuestionar la vulgata laicista imperante que ha privado de su alma profunda a Francia. También los ingleses de los años 30 prefirieron relegar al ostracismo a Churchill por tener el mal gusto de recordarles a diario la tragedia que se avecinaba.
La ecuación era imparable, en tanto que se aceptó la inmigración desbocada de una comunidad sin ninguna voluntad de asimilación o respeto a quién les acogía. Los mismos que en tromba violentaron su llegada, no pueden exigir que la nación que les dio la educación y la salud que sus países de origen les negaron también les asegure un empleo.
En 2001 Guillaume Faye publicó La colonización de Europa, discurso real sobre la inmigración y el Islam”. Tomando como premisa estadísticas poblacionales y de natalidad de los institutos oficiales, concluía la imparable conquista hostil de Francia por el Islam.
Enfrentamiento con la cruda realidad que le costó una condena del Tribunal Correccional de París por delito de incitación al odio racial …
Muy al contrario, los hijos de los portugueses, italianos o españoles que llegaron desde 1950 se han fundido literalmente en la sociedad francesa y nunca vivieron en guetos por decisión propia, demostrando que el problema no esta en el anfitrión sino en el invitado.
No menos desolador resulta lo poquito que sirve el ejemplo tan cercano en una España que se ha convertido en un coladero, a pesar de contar con la baza preciosa de la inmigración hispanoamericana.
Giovanni Sartori tuvo que gritárnoslo a la cara en un auditorio tan poco predispuesto para ello como la entrega de los premios “Príncipe de Asturias”.
No ha servido de nada y casi no ha tenido reflejo en unos medios centrados en los rizos de Fernando Alonso …
Fueron necesarios grandes esfuerzos el domingo para calmar la situación en esta aldea cristiana situada al este de Ramallah después de un ataque realizado por cientos de hombres musulmanes de las aldeas cercanas que dejaron multitud de casas y vehículos incendiados.
El ataque comenzó el sábado por la noche y se prolongó hasta el amanecer del domingo, cuando fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina intervinieron para dispersar a los atacantes.
Los residentes han dicho que fueron saqueadas varias casas y que muchas familias fueron obligadas a huir hacia Ramallah y a otras aldeas cristianas.
El ataque a la aldea, que cuenta con una población de 1.500 habitantes, fue desencadenado por el asesinato de una mujer musulmana de la aldea vecina de Deir Jarir producido a principios de esta semana.
La mujer de 30 años, según las fuentes de seguridad de la Autoridad Palestina, aparentemente fue asesinada por miembros de su familia por haber tenido un romance con un hombre cristiano de Taibe.“Cuando su familia descubrió que ella había estado involucrada en una relación prohibida con un cristiano, aparentemente la obligaron a tomar veneno”.
El ataque constituye uno de los peores realizados contra los cristianos de Judea y Samaria en muchos años. “Más de 500 hombres musulmanes, cantando Allahu akbar (Dios es grande) nos atacaron a la noche” Taibe, la única aldea de Samaria y Judea que está totalmente habitada por cristianos, es famosa por su fábrica de cerveza Taibe Beer, que fue establecida por la familia Khoury en 1994.
Los residentes son católicos romanos, ortodoxos griegos o católicos griegos. La aldea era llamada originalmente Efraim.
Lo mismo sucede en el sur del Sudan,donde los islamistas matan a decenas de miles de cristianos y animistas, en el sur de Indonesia muchos miles de cristianos y animistas han pagado con sus vidas el hecho de no ser musulmanes.
En Argelia, casi un centenar de miles de musulmanes demasiado tibios a gusto de los islamistas, han sido ejecutados, en muchos casos de un modo bárbaro. Todas esas víctimas no eran "occidentales", simplemente no eran buenos musulmanes, o eran infieles, ser kafir (infiel) es el pecado más grande, junto al politeísmo, en el Islam, y merece la muerte.