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30.11.07

Francia: un ejército islámicamente correcto

Incorporar musulmanes a los Cuerpos de Seguridad del Estado y a las Fuerzas Armadas es una medida tan irresponsable y contraproducente como meter un zorro en un gallinero.

Es un ejemplo más de la inconsciencia de los que nos gobiernan y están llamados a preservar el bien común, en primer lugar la vida de los españoles.
Me pregunto por qué no les damos la llave de todos los polvorines de España en señal de amistad y "buen rollo" (así no tendrían que pasar fátigas a la hora de preparar atentados, y andar por esos andurriales asturianos afanando dinamita en cualquier sitio).

Noticias breves (y abreviadas):

1- En Saint-Cyr (la academia militar más importante de Francia) se proyecta poner en marcha un programa que permita la incorporación en gran escala de aspirantes a la alta oficialidad de los ejércitos franceses. "El objetivo es de poder contar algún día con el general Ben Babrouf o el coronel Mohamed"...

2- Un joven oficial paracaídista cuenta que en su unidad los JFOM (Jóvenes Franceses de Origen Magrebí, en la jerga militar) pasan sus jornadas en la cantina del cuartel bebiendo cerveza y viendo películas pornográficas, y que a la más mínima llamada al orden, dirigen al jefe de la unidad un informe denunciando el racismo del oficial, el cual es convocado por el coronel y obligado, por regla general, a anular la sancción...

3- En la Armada francesa, los oficiales no han olvidado el motín que tuvo lugar en 1999 a bordo del portaaviones Foch, cuando unos sesenta marineros voluntarios, todos de origen magrebí, tomaron como rehén a su oficial. Después de haberse parapetado durante dos días en la cafetería del navío, tuvieron que ser desalojados por un comando de fusileros marinos. Estos moros reaccionaron así contra un castigo infligido como consecuencia de una rebelión ocurrida en el transcurso de una misión a lo argo de las costas yugoslavas durante las cuales los aviones franceses habían efectuado incursiones de guerra sobre Kosovo, considerado por los reclutas musulmanes como un santuario islámico...

4- El capellán superior musulmán de los ejércitos franceses (¡pues si, eso existe!) está organizando la próxima peregrinación a La Meca de unos 40 soldados y capellanes musulmanes. Es un proyecto en el que ha puesto todo su empeño...

5- Los JFOM (Jóvenes Franceses de Origen Magrebí) protagonizan 3,5 veces más de casos de deserciones, 6 veces más casos de desobediencia, 6 veces más casos de agravio y ultraje a un superior, y 8 veces más de casos de insubordinación que el resto de la tropa.

6- Un informe del Ministerio de Defensa francés de enero del 2007 señala "la actitud intransigente y reivíndicativa cercana a la provocación" de los JFOM y de la "sobredelincuencia" de los mismos en el seno mismo de sus respectivos regimientos...

7- ¿Y si hubiese un conflicto entre Francia y Argelia? Aïcha, atraída por el Ejército, no se imagina haciéndola contra los suyos: "En mi cabeza soy argelina, no me siento francesa. Para mí el ejécito no es el hecho de servir a una nación, sino tener un empleo...

Pues eso.

(Sacado de una página web francesa llamada "François Desouche".
A.P.D

28.11.07

La Guerra que viene


Los acontecimientos de factura musulmana de los últimos tiempos (la "crisis del pañuelo islámico" en Francia, la "revuelta de los suburbios" también en el país vecino (ahora vivimos un nuevo rebrote), después el "asunto Mahoma" en medio mundo por unas caricaturas del Profeta, los atentados de Madrid y Londres, y algunos más abortados a tiempo, el asesinato de Theo Van Gogh, el creciente desafío iraní a Occidente, las continuas amenazas de Al-Qaeda a todos los infieles y renegados habidos y por haber, etc...) exponen claramente la verdadera naturaleza del problema que tiene Occidente con el Islam instalado en su propia casa, comportándose como en tierra conquistada y haciendo sus necesidades en nuestro patio.

El conflicto latente que existe entre dos mundos irreconciliables, entre dos universos antagónicos, el divorcio de dos mentalidades incompatibles, se manifiesta a diario cada vez con mayor acritud y agresividad, en un crescendo imparable que nos ha de llevar algún día no muy lejano a un clímax de violencia desatada, a un conflicto abierto, a una guerra inevitable.

Estamos asistiendo a las primeras escaramuzas de la gran deflagración por venir entre Occidente y el Islam. No se trata ya de especular sobre la posibilidad de un enfrentamiento que está en marcha, que ya tiene lugar, sino de saber cuanto tiempo falta para el desenlace de ese choque definitivo.El cielo amenaza agua: lloverá. Ignoramos cuando exactamente, la duración del aguacero y el resultado del temporal, pero sabemos que lloverá. A cántaros.

Tenemos en Europa unos veinte millones de musulmanes (sin contar Rusia ni los Balcanes): esta es la verdadera dimensión de la tormenta que se avecina. Y no es razonable esperar que las negras nubes que se ciernen sobre nuestras cabezas se vayan a desvanecer por un curioso e inédito capricho de la naturaleza o por un inmerecido regalo de la Providencia.

Este ejército de fanáticos, a la espera de una orden, pondrá en jaque a Occidente, incendiará Europa, la destrozará, la saqueará. Europa sólo se salvará si está dispuesta a ejercer, en el desempeño de su legítima defensa y de su inalienable derecho a la existencia, no ya la misma violencia que se va a desatar contra ella, sino una violencia superior, devastadora, inmisericorde, que erradique el cáncer islámico del continente europeo. Eso o desaparecer.

En Europa se empieza a registrar (sin duda lentamente todavía) un movimiento largamente esperado cuya gestación pronto dará los esperados frutos: la oposición activa al Islam, el rechazo organizado de esa monstruosa tiranía que quieren implantar en nuestro solar europeo esa legión de enardecidos sectarios de Mahoma dirigidos por imanes cortadores de cabezas y todo tipo de organizaciones integristas que actúan sin mayores obstáculos entre nosotros, arropados por una variopinta e infame colección de "compañeros de viaje" socialistas, comunistas, izquierdistas de distinto pelaje, demócratas de "toda la vida", liberales bien peinados, e incluso ... ¡feministas!, y el resto del elenco progre y bienpensante, artistas, medios de prensa, ONGs de toda laya e "intelectuales" a sueldo del régimen: la espuma de una sociedad que corre a su perdición.

Sólo España parece quedar, de momento, al margen de ese saludable movimiento, y declara muy ufana que prefiere convivir con la bestia que le corroe las entrañas a tener que hacer el esfuerzo de combatirla. Cuando la hiena nos salte al cuello, le ofreceremos una zanahoria. Aquí tenemos un Gobierno abanderado de la "Alianza de Civilizaciones" que ha hecho de España el nido favorito del integrismo islámico, regodeándose en el entreguismo más abyecto a los designios del Islam empeñado en la reedición de Al-Ándalus.

Mucho me temo que cuando la tensión degenere en enfrentamiento abierto y generalizado y el viento de la Historia se ponga a soplar en contra de la morisma, entonces recibiremos en España unos cuantos millones de refugiados musulmanes provenientes de una Europa justiciera que acometerá antes que nosotros la ineludible empresa de limpiar el continente de sus invasores, los cuales vendrán a acogerse en ese momento adverso a la hospitalidad de esta generosa tierra tan benéfica para el rebaño de Mahoma.

La guerra tendrá lugar, todo apunta en esa dirección, generará desplazamientos masivos de musulmanes que buscarán refugio, mientras arrecia la tormenta, la mayoría de ellos no en sus países de origen, sino en regiones de Europa menos hostiles para ellos, principalmente España.Es de prever para nuestro país una marea de moros provenientes de Francia, Bélgica, Holanda, los países escandinavos. Alemania, etc... para los próximos lustros, al ritmo creciente del movimiento antiislámico en la Europa transpirenaica.

De ocurrir así, de aquí a pocos años, entre la corriente del sur y el esperado aluvión del norte, más el prolífico producto de los vientres que ya están aquí en perpetua gestación, la población musulmana en España aumentará de forma vertiginosa y pronto hablaremos de millones de moros en nuestro país. Y habremos asistido, en menos de una generación, a la metamorfosis de España de "reserva espiritual de Occidente" a "corral mahometano" de Europa.La historia no está aún escrita, pero este es un escenario muy posible.

Todavía vamos a hablar mucho de todo esto; falta muy poco para que no se hable de otra cosa. Pero asimismo está cada vez más cerca el momento en que las palabras no alcancen para la solución de esta cuestión, y los análisis, los discursos y las proclamas dejen la delantera del escenario a los hechos "físicos" puros y duros, al desencadenamiento de una violencia necesaria y salutífera.

La hora se acerca en que nuestra libertad amenazada, nuestra cultura asediada, nuestras vidas en peligro nos exijan perentoriamente "facta, non verba" (hechos, no palabras).

Llegados al punto actual, en que el futuro no ofrece ya dudas, en que todos los velos de la incertidumbre se van cayendo uno a uno y se nos presenta la realidad en su total desnudez, libre de artificios y engaños, no debemos indignarnos ya más de la cuenta por el insolente desafío lanzado contra nuestra existencia y el brutal asalto a nuestra libertad por los salvajes y vociferantes enemigos de la civilización. Por el contrario, cuanto más nos rujan su odio, cuanto más nos presionen, cuanto más nos agredan, cuanto más nos ataquen, igualmente más cerca estará el momento de la reacción inevitable.

Debemos considerar, pues, con serenidad, la imparable subida de la tensión entre Occidente y el Islam, entre los europeos de antigua raza y esta bárbara legión de intrusos que empercuden nuestra casa. No nos queda más que desear que el desafío llegue pronto a un punto inasumible para nosotros, que la marabunta islámica traspase el umbral del no retorno y de las decisiones ineludibles. Cuanto antes reviente el abceso y fluya liberado el pus acumulado, más cerca estará la curación. Eso o morir de la pudrición.

Debemos saber que el problema que tenemos no podrá ser resuelto por medios pacíficos, y que nuestra equivocada mansedumbre no tendrá otro premio que un abominable yugo consentido de no reaccionar a tiempo y tener éxito en la empresa.
No cabe hacerse más ilusiones sobre una salida incruenta de este conflicto o hacer cálculos egoístas e irresponsables como suponer que el estallido está aún lejos en las décadas por venir.No, es cuestión de 5 o 10 años, tal vez 15, pero no muchos más.

La cuestión islámica tendrá que ser resuelta, aun con un baño de sangre que más que necesario se perfila como irremediable, sino Europa habrá llegado a su fin. Ha empezado la cuenta atrás. Esta guerra sólo puede tener dos salidas: la erradicación definitiva del Islam del suelo europeo o el fin de la civilización occidental en nuestro continente, un nuevo amanecer después de la pesadilla actual o las tinieblas de la interminable noche islámica.

Pronto llegará la hora decisiva en que nuestra desidia, nuestra cobardía, nuestra estupidez nos ponga ante la grave perspectiva de tener que optar por ser, como en los versos de Goethe, "yunque o martillo".(*)

Estamos al borde del abismo. Ellos o nosotros.

(*)("Debes elevarte o abismarte
debes dominar y ganar
o servir y perder
sufrir o triunfar
ser yunque o martillo")


A.P.D.
Monmar

27.11.07

La violencia regresa a París

INCENDIAN DOS COMISARÍAS DE POLICÍA Y TRES GARAJES
La muerte de dos jóvenes desata una jornada llena de violencia en un suburbio de París
El Gobierno ha contabilizado por el momento más de una veintena de coches incendiados.
El alcalde de Villiers-le-Bel exige 'una investigación imparcial y lo más rápido posible'

PARÍS.- La muerte de dos adolescentes Moushin, de 15 años, y su amigo Larami, de 16 tras chocar la moto en la que iban con un coche de policía en una localidad al norte de París desencadenó anoche disturbios que se extendieron a localidades próximas, con saqueos e incendios de comercios y coches, y ataques a dos comisarías.

Ocho policías y un bombero resultaron heridos, según los primeros datos de la prefectura (delegación del Gobierno) del departamento de Val d'Oise, que indicó que una comisaría de Villiers-le-Bel (donde estallaron los disturbios) fue incendiada y otra de la vecina localidad de Arnouville fue saqueada por grupos de jóvenes.

Los ataques acabaron a primera hora de la madrugada, con la llegada de refuerzos policiales, y esta mañana eran visibles varios comercios próximos a la estación de Villiers-le-Bel incendiados o saqueados.
La prefectura había indicado a medianoche que llevaba contabilizados más de una veintena de coches incendiados, así como un gran número de papeleras también destruidas por el fuego.

En una entrevista a la emisora France Info, el alcalde de Villiers-le-Bel, Didier Vaillant, pidió a los habitantes que hagan lo posible "para que la ciudad recupere la calma".
Vaillant exigió también "una investigación imparcial y lo más rápido posible" sobre la causa que originó los disturbios, la muerte de dos jóvenes de 15 y 16 años al chocar la moto en la que circulaban con un coche de policía.

El alcalde insistió en que se habían puesto barreras en torno a los dos vehículos implicados en el siniestro para conservar las pruebas con el objetivo de que la investigación judicial abierta este domingo se pueda llevar a cabo con objetividad.
Según la fiscal de la República en Pontoise (norte), localidad del departamento de Val d'Oise, al que pertenece Villiers le Bel, Marie Therese de Givry, un total de 40 funcionarios de policía resultaron heridos en las seis horas de enfrentamiento que siguieron a la muerte de los dos jóvenes.

La fiscal explicó además que el comisario que fue atacado con barras de hierro por los jóvenes cuando intentaba llegar al lugar del accidente sufre "heridas en la cara, tiene tres costillas rotas y un pulmón dañado".
Además, durante seis horas de violencia, al menos treinta vehículos, dos garajes y varias tiendas fueron incendiados.
La comisaría de policía de Villiers le Bel también fue pasto de las llamas y la de la cercana localidad de Arnouville acabó saqueada. Además, la estación de Arnouville-Villiers le Bel, cerrada por precaución, también sufrió destrozos parciales.

Según la versión policial, el accidente se produjo cuando un coche patrulla que circulaba este domingo por la tarde a velocidad reglamentaria y sin sirena en la calle Louis Michel al atravesar un cruce chocó de frente contra una moto de 'cross', cuyos dos ocupantes, sin casco, fallecieron.

Los incidentes de anoche recuerdan a la ola de disturbios que sacudió Francia hace poco más de dos años. Entonces, la muerte de dos adolescentes, electrocutados en un transformador eléctrico en una población del extrarradio de París, cuando huían de la policía, desencadenó actos violentos que rápidamente se extendieron a barrios conflictivos de todo el país y se prolongaron durante semanas.

lunes 26/11/2007
EFE

A. P. D. NOS OFRECE LA AMPLIACIÓN SOBRE LOS INCIDENTES, Y NOS FACILITA DATOS QUE LA PRENSA OMITE DELIBERADAMENTE .

De acuerdo a versiones obtenidas en otros medios, la información aquí expuesta estaría incompleta, al punto que corremos el riesgo de no comprender el verdadero alcance de los hechos en cuestión.

Supongo que esta es una copia literal de la noticia aparecida en algún medio de prensa. De ahí que la información esté desdibujada al no ofrecer todos los detalles que faciliten una visión más cercana a la realidad de lo acontecido.

Los detalles que faltan aquí, y que son, más que necesarios, imprescindibles para entender esos disturbios, son los siguientes: los dos adolescentes fallecidos eran magrebíes, la moto era robada y sus ocupantes estaban en plena fuga.
En la huida los ladrones chocaron contra un vehículo policial que iba a velocidad reglamentaria y sin la sirena puesta por la sencilla razón que no iba en persecución de los ladrones (lo que explica que fue la moto la que chocó el coche de la policia y no lo contrario).

La redacción de esta noticia, que no compete al dueño de este blog, que se limita en estos casos a "copiar y pegar" (tratando de eludir complicaciones con la censura) textos que aparecen en otros sitios, es un ejemplo del tipo de periodismo de desinformación que se estila en España, y no sólo aquí. Se trata de dar únicamente los datos que "interesan", y no aquellos considerados "incómodos" para ciertas "ideologías" en boga.

Si presentamos la muerte de estos dos jóvenes como resultado de un simple accidente (posiblemente motivado por una imprudencia policial, como planea por encima de la crónica de los hechos), estamos entonces ante un suceso banal de la vida díaria, por trágico que este sea.
Si decimos, en cambio, que dos magrebíes murieron durante una huida tras cometer una fechoría, entonces podemos estar induciendo a los lectores de la noticia a tener una idea negativa de ese "colectivo", tanto más que noticias de ese calibre, es decir delitos y crimenes cometidos por ese "colectivo" son el pan diario del acontecer de este país y de otros.

En esa voluntad de maquillar las noticias, de manipular los hechos hasta donde sea posible a fin de presentar una versión acorde a una ideología concreta o unos intereses determinados, aquí no se habla de la identidad étnica de los accidentados (dato determinante en las consecuencias del suceso), que lo ocurrido se encuadra dentro de un hecho delictivo y que los posteriores disturbios son obra de miembros de la misma comunidad étnica, apoyada siempre en estos casos por los negros de los mismos suburbios, siempre dispuestos a saquear e incendiar lo que sea.

Es de notar, por último, que la prensa española ha aprendido ya de sus homólogos franceses a ocultar, cuando se considera necesario, la identidad étnica o racial o la filiación religiosa de ciertas categorías de delicuentes y criminales con el subterfugio de llamar "jóvenes" a los delincuentes y criminales magrebíes o africanos cuando no se quiere identificarlos por su raza.
En Francia, esto de "jóvenes" es ya motivo de bromas, de chistes, de burla, de pitorreo, pues se sabe de sobra qué significa y los motivos que llevan a su uso. Presten atención a los telediarios y oirán cada vez más a menudo ese término en substitución de moros y negros, o de magrebíes y subsaharianos si prefieren. Pero sólo en noticias desfarorables para su imagen y reputación.

A.P.D

26.11.07

Europa califato universal.


Reproduzco para los lectores del Blog un interesante discurso ofrecido por el periodista, polemista, productor de radio y guionista GUILLAUME FAYE, el escritor cuenta con numerables obras literarias, entre las que se encuentra una de las mas reconocidas para los lectores “La Colonización de Europa”.

Hoy en día, mientras continua una carrera en la prensa popular, analiza la situación y lanza nuevas flechas ideológicas que corren el riesgo de hacer diana en todos los intentos.


Nunca desde la caída del Imperio Romano, Europa había experimentado una situación más dramática. Europa afronta la mayor amenaza de su historia sin saberlo o más bien sin querer darse cuenta de ello.

Los europeos son invadidos, ocupados y colonizados por los pueblos del Sur y por el Islam de forma rápida y masiva.

También se encuentran y sólo por su propia culpa, bajo el control de los Estados Unidos, que les hacen una despiadada guerra económica. Sin olvidar el derrumbe demográfico: no renovación de las generaciones y envejecimiento generalizado.

Están cegados por ideologías decadentistas y nihilistas, que les hacen ver con optimismo una regresión de la cultura y de la educación al primitivismo y al materialismo. Europa es el enfermo del Mundo. Tanto las clases políticas como las élites intelectuales son las colaboradoras de este suicidio étnico.
La tesis que defiendo es que no se trata de una inmigración sino de una colonización y de una invasión que están modificando el fondo biológico y etno-cultural de Europa, sin embargo también defiendo que no hay que ceder a la desesperación, que los combates no hacen más que comenzar, que los pueblos del mismo origen deben unirse.

La destrucción de la base etno-biológica

El balance demográfico de la invasión alógena de Francia y de Europa es aterrador. Un demógrafo reconocía en un libro reciente, La Francia africana que si nada cambia en 2040 más del 50% de la población será negra o árabe.
Ya en Francia y en Bélgica el 25% de los escolares no son de origen europeo y más del 30% de los recién nacidos.
Actualmente en Francia, de los 61 millones de habitantes hay muchos más de 10 millones de personas de origen extra-europeo, en constante crecimiento, con una natalidad muy superior a la de los autóctonos.

Cada año 100.000 no europeos son nacionalizados franceses y 300.000 alógenos, de los cuales la mayoría son ilegales, penetran en Francia, cuyas fronteras ya no están protegidas. La situación es la misma en toda Europa y estos hechos quizás anuncien el final de una civilización común.

Evidentemente las clases dirigentes aparentan no ver nada. Matemáticamente la raza blanca declina en el mundo entero, también en los Estados Unidos. Se dice que la superioridad tecnológica lo compensará, yo no lo creo: no existe otra riqueza más que los hombres. Una civilización se sustenta principalmente en lo que los romanos llamaban germen, es decir, la base etno-biológica, las raíces del árbol que alimentan la cultura y la civilización.

Esta invasión étnica masiva fue voluntariamente provocada en Francia y en Europa, a partir de los años 60, por el laxismo de los políticos tanto de izquierdas como de derechas, contaminados por las ideas trotskistas y marxistas, por el oportunismo de una patronal ávida de mano de obra barata, por la influencia de los intelectuales judíos que exigían una sociedad multirracial, por el imperativo de la religión de los derechos humanos, cuyo origen está en una laicización de la moral cristiana.

Estos colaboradores de la invasión, en Francia y en Europa, han instaurado una auténtica preferencia extranjera en detrimento de los ciudadanos autóctonos: los inmigrantes ilegales apenas son expulsados, se benefician de numerosas ventajas sociales y todo tipo de privilegios; en virtud del imperativo antirracista, son impunes y están protegidos por leyes discriminatorias, pese a que su presencia haya hecho explotar la criminalidad en proporciones colosales (más de 1000% en cincuenta años).

Somos invadidos tanto por las maternidades como a través de las fronteras porosas. La inmigración, junto con el declive demográfico será también para Europa un desastre económico. El coste de esta inmigración ha sido evaluado en 18 billones de dólares al año para Francia, acumulando el precio de la inseguridad y de las innumerables ayudas sociales que reciben los inmigrantes, incluyendo los ilegales.

Todo esto funciona como una bomba aspirante. Es mucho más interesante ser un parado subvencionado en Europa que trabajar en el tercer mundo. Los trabajadores cualificados y los creadores se expatrian, principalmente a los Estados Unidos y son remplazados por poblaciones no cualificadas venidas de África, que son bocas a alimentar y no brazos y cerebros.

Todo esto sumado al envejecimiento de la población significa que en el siglo XXI la economía europea amenaza con tercermundizarse y caer en una inevitable depresión.

La tercera ofensiva histórica del Islam

A este fenómeno de colonización étnica y masiva, se añade el hecho de que el Islam se pone a la cabeza de la ofensiva. Desde hace 1300 años, esta religión-ideología, totalitaria y agresiva, tiene como objetivo la invasión de Europa.
Sufrimos la tercera ofensiva histórica que se extiende hoy de Gibraltar a Indonesia.
La primera fue detenida en Poitiers, Francia por Carlos Martel en 732
La segunda en 1684 frente a los muros de Viena
La tercera tiene lugar hoy.
El Islam tiene una larga memoria y su objetivo es la instauración sobre todo nuestro continente de lo que Khomeini denominaba califato universal. La invasión de Europa ha comenzado y las cifras son alarmantes.

El continente, incluida Rusia, cuenta más de 55 millones de musulmanes, que aumentan un 6% cada año.
En Francia se cuentan más de 6 millones de mahometanos.
Como en Bélgica y en Gran Bretaña, exigen estar asociados al poder político.
El gobierno francés se equivoca al tomarse en serio el objetivo de transformar el país en una república islámica después del 2020, cuando el peso demográfico de los arabo-musulmanes se convierta en determinante.

El Estado financia la construcción de mezquitas para comprar la paz social; se cuentan ya 2.000, es decir, el doble que en Marruecos. El Islam es la segunda religión de Francia después del Catolicismo y la primera practicada. Jacques Chirac declaró recientemente Francia es ahora una potencia musulmana.

Por todas partes en Occidente se instala la creencia estúpida de que existe una diferencia entre el Islam y el islamismo y que un Islam laico, occidentalizado y moderado es posible. No lo es. Todo musulmán es un mudjaidin en potencia; el Islam es una teocracia que confunde lo espiritual con lo temporal, la fe con la ley y que quiere imponer en todas partes la Sharia, cuyos preceptos son irreconciliables con los de nuestra civilización.

Los estados musulmanes que colaboran con los Estados Unidos en su lucha antiterrorista, son absolutamente hipócritas, en particular Arabia y Pakistán. Cuando el Islam es todavía débil, practica el imperativo coránico de ardid y disimulo, pero el jihad, la guerra de conquista es el deber supremo. El terrorismo tanto como la invasión por la inmigración, están implícitamente recomendados en el Corán.

Los inicios de la guerra civil étnica en Europa

La criminalidad y la delincuencia en Europa occidental, cuyas causas son la inmigración de masas y el derrumbe de los valores cívicos, han alcanzado niveles insoportables.

En Francia en 2004, más de 100.000 coches han sido quemados y más de 80 policías han sido asesinados (Faye dice esto antes de los disturbios de finales de 2005, parece ser que dichos disturbios son una confirmación más de sus tesis). Todas las semanas disturbios raciales estallan en los extrarradios de las ciudades (ya antes de que lo viésemos por la televisión). En las escuelas públicas la violencia es una epidemia y el nivel escolar se derrumba en las clases multinacionales.

Entre los jóvenes de menos de 20 años hay un 20% de iletrados. Las agresiones contra los blancos se multiplican y sin embargo son negadas en nombre de la vulgata antirracista según la cual sólo los europeos pueden ser racistas.

Al mismo tiempo en varios países se ha puesto en marcha un arsenal represivo digno del comunismo soviético, que nos hace salir progresivamente del Estado de Derecho y entrar en un derecho ideológico y subjetivo. En la práctica, toda crítica al Islam y a la inmigración está prohibida. Yo mismo he pasado por múltiples procesos judiciales y he sido condenado al pago de una enorme multa por uno de mis libros La Colonización de Europa.

Una guerra civil étnica es previsible en varios países de la Unión Europea (hace poco vimos las primeras batallas en Francia y las perdimos). Guerra intestina, muchísimo más grave que el terrorismo, ya que un remplazamiento de la población, una especie de genocidio está ocurriendo con la complicidad o la ceguera de las clases dirigentes políticas y mediáticas, cuya ideología está dominada por el odio hacia la identidad étnica de sus propios pueblos y la pasión mórbida hacia el imperativo de mestizaje.

El estado francés fracasa totalmente en su utopía de integración en la República, porque se imagina que una coexistencia pacífica es posible en un territorio entre alógenos y autóctonos. No han leído a Aristóteles, que pensaba que en cualquier estado, la armonía y la democracia no son posibles más que si existe una homogeneidad y una connivencia étnicas, un parentesco cultural, noción a la que llamaba philia o amistad natural.
Las sociedades europeas se sumergen hoy en un caos étnico incontrolable.

Por ejemplo, yo que soy nativo del sudoeste de Francia, a orillas del Atlántico y que no hablo ni una sola palabra de ruso, me siento infinitamente más próximo de un ruso que de un árabe o de un africano francófonos e incluso con la ciudadanía francesa.

Crisis moral y arqueofuturismo

Esta situación se explica clínicamente por una especie de sida mental. Las desgracias que sufrimos son provocadas por el virus de un nihilismo interior, que Nietzsche había percibido ya, un derrumbe de las defensas vitales. Los europeos han entrado en un proceso de suicidio por propia iniciativa. Abren voluntariamente las puertas de sus ciudades.

- El primer síntoma es la xenofilia o preferencia sistemática por el extranjero, por el Otro antes que por el prójimo.
- El segundo es el etnomasoquismo es decir, la vergüenza y el odio hacia su propia civilización y sus orígenes.
- El tercero es la desvirilización, es decir el culto a la debilidad, del arrepentimiento y también de la preferencia que se da ahora a la homosexualidad masculina.

Los valores evidentes que constituyen la fuerza y condicionan la supervivencia de los pueblos en la Historia, son hoy considerados en Occidente como taras ridículas, honor, fidelidad, familia, fecundidad demográfica, orgullo de su civilización, patriotismo, voluntad de supervivencia en la Historia etc.
Pero esta decadencia es también consecuencia de la laicización de los principios de caridad universal del cristianismo y de su postulado central de igualitarismo individual, lo cual a dado lugar a la ideología de los derechos humanos.

Los europeos quizás deban inspirarse de que todavía existen en Rusia según lo que se me ha dicho. Por ejemplo, la conciencia explícita de pertenecer a una civilización superior y la afirmación de un derecho a la distancia. Hay que romper con el etnopluralismo, que es una forma de igualitarismo y revindicar el etnocentrismo y el derecho a vivir en nuestra casa sin el otro. Hay que desculpabilizar el cada uno en su casa.
De hecho, sólo los occidentales creen en las virtudes del mestizaje y ven el mundo futuro como un crisol. Sólo la ingenua Europa cree en el cosmopolitismo.

El siglo XXI estará dominado por el refuerzo, sobre todo en el Sur y el Oriente, de grandes bloques etno-religiosos homogéneos. El fin de la Historia de Francis Fukuyama no tendrá lugar. Es a una aceleración de la Historia a lo que vamos a asistir, en un contexto de choque de civilizaciones. Por lo tanto los europeos deben romper con el presentismo en el que han caído y considerarse de nuevo a sí mismos (a imagen del Islam, China o la India), como pueblos de larga vida, portadores de futuro.

No podrán operar esta revolución mental más que en el contexto de una crisis general, un choque violento que se producirá probablemente y del que hablaré más adelante. Los tiempos venideros, serán, tal como expliqué en un libro de título epónimo, arqueofuturistas, es decir que se cerrará el paréntesis envenenado y anti-vital de la modernidad.
Asistiremos al resurgir de los valores arcaicos y vitales y no lo superarán más que los pueblos que sean capaces de asociar a la ciencia futurista, el retorno de las tradiciones y del orden sociobiológico. Para los europeos, incluidos los rusos, los valores arqueofuturistas son a la vez fáusticos y ancestrales, a la imagen del árbol cuyas raíces se hunden en el suelo mientras que el tronco y las ramas suben hacia el cielo.

El nuevo imperialismo americano

Los europeos deben afrontar también lo que he llamado en uno de mis últimos libros nuevo imperialismo americano, mucho más duro que el de la guerra fría pero también más torpe. Desde la caída de la URSS, los gobernantes americanos han elegido la desmesura, la ubris. Buscando de manera fantasmagórica una dominación mundial, mediante una especie de simulacro de nuevo Imperio Romano.

Todo ello se explica por la ideología de los neoconservadores, muy ligados a los grupos de presión sionistas y animados de un mesianismo de misión divina que está próximo a la patología. ¿Cuáles son los objetivos de este nuevo imperialismo americano? Cercar y neutralizar a Rusia, impedir toda alianza entre esta última y una gran Europa (pesadilla del pentágono). Eliminar toda resistencia por parte del rival europeo haciendo entrar el Islam en Europa (por ejemplo Turquía, a la cual los americanos apadrinan), controlando completamente a los países de Europa central y oriental del antiguo imperio soviético, llevando a cabo una despiadada guerra económica a la Unión Europea, a la cual esta última ni siquiera se atreve a responder.

La cruzada americana para imponer por todas partes la democracia, sobre todo en la periferia de Rusia, está clara, democracia significa régimen pro-americano. Pero no debemos quejarnos de este juego americano, conforme a un deseo geoestratégico y talasocrático de dominar el continente. En la Historia, cada cual es responsable de su suerte.
Es por lo que siempre me he opuesto a lo que llamo antiamericanismo obsesivo e histérico muy presente en Francia y contraproductivo, victimizante y desresponsabilizador.

Hay que distinguir el adversario principal del enemigo principal, el primero busca dominar y debilitar, el segundo matar. No olvidemos la fórmula de Carl Schmitt: no eres sólo tú quien designa al enemigo, es sobre todo él quien te designa a ti. América y sobre todo sus dirigentes, son el adversario principal para Europa y Rusia en el plano geoestratégico, económico y cultural.

El enemigo principal son los pueblos del Sur, que frecuentemente bajo la bandera del Islam, proceden a la invasión del continente, sin olvidar a sus cómplices, todos los colaboradores de la clase política e intelectual, que les abren las puertas, evidentemente para gran satisfacción de Washington, que desea una Europa mestiza y sin identidad (Lo mismo quiere para los propios Estados Unidos).
Sin embargo, tanto los atlantistas como los antiamericanos pasionales sobreestiman a los Estados Unidos sin comprender que sólo son fuertes comparados con nuestra debilidad. Su catastrófica y contraproductiva ocupación del pequeño Irak, está ahí para demostrarlo.

En el siglo XXI los Estados Unidos ya no serán la primera potencia del mundo. Lo será la China o, si nosotros lo quisiéramos. Lo que llamaré a continuación Eurosiberia, es decir, la alianza unitaria entre la Europa peninsular y Rusia.

La convergencia de las catástrofes

He formulado la hipótesis de que la civilización mundial actual, fundada sobre creencias en los milagros y el mito del desarrollo indefinido, corre el riesgo de derrumbarse en el medio del siglo XXI. Existen por primera vez en la historia de la humanidad líneas dramatúrgicas, amenazas de crisis gigantes que convergen en el horizonte de 2010-2020 que pueden provocar un punto de ruptura: degradación del ecosistema planetario y cambios climáticos, agotamiento de las energías fósiles (petróleo) y de los recursos agrícolas o piscícolas, fragilización de una economía mundial especulativa y endeudada, retorno de epidemias, aumento de los nacionalismos, de los terrorismos y de la proliferación nuclear, agravación de la ofensiva mundial del Islam, envejecimiento dramático de la población de los países ricos que conjugada con la inmigración de masas puede traducirse en una regresión económica sin precedentes.

Tenemos que prepararnos para esta catástrofe gigante, que será el paso de una era a otra, que barrerá la modernidad y que quizá verá instalarse por un tiempo una nueva edad media. Esta catástrofe podría ser la ocasión de un renacimiento, ya que en la Historia, toda regeneración de una civilización pasa por el caos, sobre todo cuando esta civilización es, como la nuestra, metamórfica.

Eurosiberia

La Europa futura no puede considerarse según la forma fluida e ingobernable de la Unión Europea actual, que es una medusa sin poder soberano, de fronteras abiertas, dominada por el dogma librecambista, sometida a la voluntad a americana y a la OTAN. Hay que pensar en una futura Gran Europa imperial y federal.
Étnicamente homogénea (es decir, europea), fundamentada sobre grandes regiones autónomas y sobre todo, indefectiblemente aliada a Rusia. Este enorme bloque continental al que he nombrado Eurosiberia. Este erizo gigante que no será en absoluto ofensivo sino simplemente inatacable, será con diferencia la primera potencia mundial (el mundo venidero será el de los grandes bloques) y sobre todo deberá ser autocentrado y romper con los peligrosos dogmas de la mundialización.

Existirán perfectamente los medios de practicar la autarquía de los grandes espacios Concepto que he desarrollado junto con el Premio Nobel francés de economía Maurice Allais. El destino de la Europa peninsular no puede separarse del de la inmensa Rusia por razones etno-culturales y geopolíticas.
Por supuesto, impedir el nacimiento de tal Eurosiberia es un imperativo vital para la talasocracia mercante americana que (en contradicción con su supuesta lucha contra el terrorismo islámico) fomenta cínicamente la implantación del Islam en la Unión Europea y Rusia.

No he venido aquí a hablar del estado de Israel, diré unas palabras sin embargo. Por razones demográficas, creo que la utopía sionista fundada por Hertzl y Buber y materializada desde 1949 no durará más que la utopía comunista y que el Estado hebreo está condenado. Actualmente estoy preparando un ensayo sobre la nueva cuestión judía, que espero que será traducido al ruso.

Conclusión

Nunca se debe ser fatalista. La Historia está siempre abierta y presenta con frecuencia caprichos y vueltas de tuerca inesperadas. No olvidemos la fórmula de Guillermo de Orange: allí donde hay una voluntad hay un camino. Por el momento estamos en una fase de resistencia y de preparación para acontecimientos muy graves que se anuncian, por ejemplo la conjunción de las guerras étnicas y de una recesión económica gigante.

Por lo tanto, desde ahora hay que pensar en lo que vendrá después del caos y organizarse en consecuencia. Para terminar, he aquí la consigna que suelo difundir: de la resistencia a la reconquista, de la reconquista al renacimiento.

GUILLAUME FAYE
Moscú Mayo del 2005

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25.11.07

Un Burka por Amor (Reyes Monforte)

Reyes Monforte es periodista y escritora. Su trayectoria profesional ha estado marcada por su trabajo en la radio, donde ha dirigido y presentado distintos programas durante 15 años, entre los que cabe destacar País de locos y Cinco lunas, emitidos en Onda Cero y en Punto Radio, respectivamente. También ha colaborado en diversos programas de televisión en Telemadrid, Antena 3TV y La 2, ejerciendo de colaboradora y guionista en algunos de ellos.
Actualmente, es colaboradora del programa El mundo en portada, de Veo Televisión.


Su primer libro, Un burka por amor, publicado por Temas de Hoy, se convirtió en uno de los grandes éxitos editoriales de 2007 y la publicación en 2008 de Amor cruel ha consolidado a Reyes Monforte como una de las autoras más importantes del momento.

LA EMOTIVA HISTORIA DE UNA ESPAÑOLA ATRAPADA EN AFGANISTAN

Título del libro: Un Burka por amor
Autor: Monforte Reyes
Idioma: Castellano
Plaza edición: MADRID

Acerca de Un Burka por amor

Una noche, María Galerna se puso en contacto con el programa de Reyes Monforte "Cinco lunas" en Punto Radio. Su voz llegaba nítida y suave pidiendo ayuda desde Afganistán y relatando su increíble historia: María española, conoció en Londres a Nasrad, un afgano del que se enamoró perdidamente, hasta el punto de casarse, convertirse al islam y seguirle hasta Afganistán, donde tuvo que acatar las estrictas leyes del régimen talibán.
Con el comienzo de la guerra ambos quedaron atrapados en aquel país, sin dinero ni documentación, y en unas pésimas condiciones de vida que no impidieron a María dar a luz a dos hijos. Su tercer embarazo y la preocupación por la seguridad de su familia la empujaron a buscar ayuda para salir de allí, por lo que llamó a la radio para pedir ayuda. Un empresario mallorquín que se conmovió escuchando sus palabras, llenas de sufrimiento y desesperación, a través del programa, la ayudó a salir de Afganistán. Ahora, María, Nasrad y sus hijos viven en Mallorca.

Hoy, ya desde Mallorca y a través de la periodista que consiguió ayudarla, nos narra su historia de amor incondicional, pasión y lucha por sobrevivir en un país y una cultura extrañas. Una historia repleta de alegrías y penalidades que han terminado con el reencuentro con su marido, retenido durante varios meses más en su tierra natal.
Precioso Libro, donde se narran las costumbres, situaciones y vivencias de un pueblo y su cultura.
Facilito el link para los que queráis leer el libro completo:
http://www.mediafire.com/?jrjmdwjn2dz







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Islamización de Europa [además de recopilar los mejores artículos escritos por académicos de historia, teología y derecho islámicos, así como investigadores y especialistas del Islam] es tambien un punto de referencia y nexo de unión para muchas personas preocupadas por la amenaza de la islamización y sus costumbres ancestrales que se cierne sobre Occidente.

Dentro de este Blog encontrareis toda la información necesaria para constatar que lo que aquí denunciamos no es por cuestión de racismo ni xenofobia, simplemente un espacio en defensa de la igualdad entre hombres y mujeres, un lugar que se resiste a renunciar a la libertad lograda, y que lucha por la dignidad y el respeto. Derechos fundamentales que lamentablemente el Islam no contempla, peor aún no admite, la insumisión esta penalizado severamente incluso con la pena de muerte.

Para lograr estos propósitos y superarnos es importante conocer vuestra opinión.
Todas las opiniones respetuosas, tanto positivas como negativas, serán publicadas.

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24.11.07

Las religiones asesinas

Título: Las religiones asesinas
Autor: Élie Barnavi
Tradución: Carmen García Cela


Extracto de Las religiones asesinas, de Élie Barnavi.

Un fantasma recorre el mundo: el terrorismo basado en la religión. Este ensayo intenta explicar los resortes morales de este fenómeno político, sin duda el que más angustia causa en nuestros días: el nacimiento de lo que Barnavi llama "el fundamentalismo revolucionario". La forma del texto, una serie de "tesis" breves y sólidamente argumentadas, permite situar este fenómeno en el contexto histórico y cultural de la religión política en sentido amplio. Redactado con una prosa simple e ilustrado con ejemplos concretos, este libro no es una obra erudita, sino de combate. Y aspira a darle al ciudadano democrático un bagaje con el que enfrentarse a un enemigo muy diferente de todos los que le han amenazado en el pasado.

[...] el fundamentalismo revolucionario no es específicamente musulmán, aunque en nuestros días ése sea esencialmente el caso. Se trata de una actitud mental, que, según las épocas, se ha manifestado con mayor o menor vigor en todas las religiones reveladas. Para entender esta actitud, hay que recordar que los monoteísmos son religiones históricas cuya concepción del tiempo es lineal. Hubo un principio y habrá un fin. Entre ambos, un momento de revelación hizo nacer esa historia sagrada, necesariamente superior a todas las demás, o mejor, que ha de llegar ser necesariamente la de la Humanidad en su totalidad: el don de la Torá a Moisés en el monte Sinaí, el advenimiento de Cristo, la aparición del arcángel Gabriel a Mahoma.

Esta concepción de la historia, que desemboca en el Juicio Final, genera una angustia personal y colectiva cuyas implicaciones políticas pueden ser temibles. ¿Qué hacer mientras se espera al Redentor, anunciador del final de los tiempos y, por lo tanto, de las miserias del hombre? A esta pregunta, casi todos los dirigentes religiosos siempre han contestado: nada, no hay que hacer nada. Esperar humildemente, llevar con paciencia el sufrimiento, tener esperanza. El Mesías vendrá cuando llegue su hora, según la voluntad de Dios, cuyos caminos, como todos sabemos, son inescrutables. Pero otros, más impacientes, no han podido esperar. El fuego sagrado que les quemaba las venas les empujaba a la acción. Es necesario, decían, allanar el camino del Redentor.
Esta actitud, que se denomina "milenarismo" en el cristianismo porque aspira a adelantar la llegada del milenio, la edad de oro de mil años que supuestamente reinará en la tierra después del Segundo Advenimiento de Cristo, ha existido y sigue existiendo, ya lo veremos, en los tres monoteísmos. De ella procede el fundamentalismo revolucionario.

Ya sé lo que va a decirme. Me reprocha usted que ignore la dimensión social del fundamentalismo revolucionario. Me dirá que, de hecho, estas pretendidas actitudes religiosas ocultan reivindicaciones que no tienen nada que ver con la religión y mucho con la pobreza, las masas de parados, la miseria, el retraso cultural, económico y social, la frustración nacional, y vaya usted a saber cuántas cosas más. No estoy ignorando ninguna de esas cosas. De sobra sé que un conflicto religioso nunca atañe exclusivamente a la religión. Esto ya se cumplía cuando se produjeron las "auténticas" guerras de religión, las que ensangrentaron la Francia del siglo XVI y que, no por haber alzado hasta enfrentarlas a dos concepciones antagónicas del cristianismo, dejaban de implicar aspectos políticos, dinásticos y sociales, nacionales e internacionales. Y esto también se cumple hoy, está claro.

Sin embargo, entonces igual que ahora, la religión no es sólo un tupido abrigo con el que se cubrirían unos intereses inconfesables. Se trata de una auténtica causa, sin la cual puede que las demás no hubiesen alcanzado para encender un conflicto de envergadura, y, de haberlo hecho, no habrían desembocado en un conflicto semejante. A lo mejor, o a lo peor, no se trata de una causa más, sino de la primera de todas, aquélla que ofrece a las demás el cimiento ideológico que de otro modo les faltaría. Pues el fundamentalismo revolucionario es un sistema en el que la religión se aplica al campo político en su conjunto, reduciendo la complejidad de la vida a un único principio explicativo, violentamente excluyente con todos los demás. Al igual que el comunismo o el fascismo de no hace tanto, funciona como una ideología totalitaria.

Para los que estéis interesados en comprar este libro, también podéis leer este resumen que nos ofrece: José ANDRÉS-GALLEGO.

Éste es un libro breve, claro e inteligente. Es posible que peque adrede de sencillo. Tiene la erudición imprescindible y no da demasiadas vueltas a la búsqueda de matices. La finalidad es explícita: el autor, Élie Barnavi (Bucarest, Rumania, 1946) nos avisa de que el terrorismo islámico va a ser el gran reto del siglo XXI y que hay que dejarse de engaños. Escuetamente, enumera primero una serie de frases del Corán que son una llamada expresa a la violencia y, cuando uno ha quedado convencido con eso, incluye otra enumeración de frases coránicas que son una llamada al apostolado pacífico y a la caridad.
En el fondo, subyace la idea de que las religiones, en sí mismas, no tienen por qué orientarse hacia el terror, pero que en realidad casi todas ellas admiten una interpretación pacífica y otra violenta. Al final de Las religiones asesinas queda claro que toda religión nace como un germen que adquiere sus perfiles reales en la historia. Sólo que a veces -ésta es la tesis de Barnavi- aparece alguien que quiere volver a los orígenes: es el fundamentalista.

Digo que lo dice el profesor Barnavi, porque, en consecuencia, señala a Erasmo de Rotterdam como un ejemplo vivo de fundamentalismo, aunque fuera pacífico. Es más convincente cuando dice que, entre los fundamentalistas, es relativamente frecuente que haya quien da un segundo paso y recurre a la violencia. Enumera ejemplos importantes en el catolicismo, en el judaísmo, en el protestantismo... y se detiene en el Islam por la sola razón de que es el toro que nos toca lidiar.La tesis es convincente.

Élie Barnavi deduce taxativamente, de ello, que hay que dejarse de diálogos y alianzas de civilizaciones cuando con gentes que no quieren ni aliarse ni transigir. Y que todo lo que sea adentrarse por ese camino es un error que pagaremos. Pide, en suma, que el Estado -o sea los gobernantes- ponga las cosas en su sitio por medio de la ley y del ejercicio de la justicia, sin contemplaciones. Así, Barnavi parece inclinarse por el planteamiento francés: el Estado como garante de las libertades incluso para los que no desean ser libres (y de ahí lo de impedir que lleven velo las mujeres que quieren llevar velo).
No le gusta la solución estadounidense, que considera fundamentalista (pacífica). Pero no se le oculta que las rebeliones juveniles de los suburbios de algunas ciudades francesas, en los últimos años, prueban que hay otros factores que influyen en todo esto. Y son infinidad. No los sistematiza; van apareciendo en el libro y, por eso, pueden dar impresión de que el autor se contradice con ello. Pero lo cierto es que la gente es variopinta y cada cual se anima a hacerse terrorista por las inclinaciones más diversas que se puedan imaginar.

El profesor y ex embajador Barnavi no lo afirma; pero, en lo que afirma, se percibe una vez más la posibilidad de que, en el fondo, haya un ingrediente nihilista en el mundo islámico actual; ingrediente que quizá no terminamos de conocer y mucho menos comprender. En parte, el terrorismo islámico reproduce el placer de matar por el mero hecho de matar que se está registrando con asombro en la católica Iberoamérica, de uno a otro extremo.
Claro que allí es justamente un síntoma de retroceso del catolicismo y que es llamativo que el fenómeno se repita en el Islam, donde no parece que se pueda hablar de retroceso alguno, sino de todo lo contrario.

En este sentido, de pasada, se hace una acotación en el libro que no hay que echar en saco roto: la fijación del centro de la Iglesia en Roma -comenta Barnavi- fue una decisión genial para reforzar el poder y, por tanto, fortalecer la propia Iglesia, al situar el trono del papa lo más cerca posible del emperador y, en teoría, por encima de éste. Pero fue también su sentencia; porque lo que se provocó de ese modo fue justamente el fortalecimiento del estado. Así, podría decirse que la Iglesia vino a ser la creadora del estado, que fue el instrumento para, después, reducir a la Iglesia al ámbito privado, del que nunca -dice Barnavi (y Dios le oiga, si es que lo entendemos igual)- podrá salir.
En las religiones donde el poder civil y el religioso se confunden, las cosas están llamadas a ser bastante peores. Y el problema es que ése no es ya sólo el problema de los países islámicos, sino de más de media Europa.

Éste es un libro breve, claro e inteligente. Es posible que peque adrede de sencillo. Tiene la erudición imprescindible y no da demasiadas vueltas a la búsqueda de matices. La finalidad es explícita: el autor, Élie Barnavi (Bucarest, Rumania, 1946) nos avisa de que el terrorismo islámico va a ser el gran reto del siglo XXI y que hay que dejarse de engaños. Escuetamente, enumera primero una serie de frases del Corán que son una llamada expresa a la violencia y, cuando uno ha quedado convencido con eso, incluye otra enumeración de frases coránicas que son una llamada al apostolado pacífico y a la caridad. En el fondo, subyace la idea de que las religiones, en sí mismas, no tienen por qué orientarse hacia el terror, pero que en realidad casi todas ellas admiten una interpretación pacífica y otra violenta.

Al final de Las religiones asesinas queda claro que toda religión nace como un germen que adquiere sus perfiles reales en la historia. Sólo que a veces -ésta es la tesis de Barnavi- aparece alguien que quiere volver a los orígenes: es el fundamentalista. Digo que lo dice el profesor Barnavi, porque, en consecuencia, señala a Erasmo de Rotterdam como un ejemplo vivo de fundamentalismo, aunque fuera pacífico. Es más convincente cuando dice que, entre los fundamentalistas, es relativamente frecuente que haya quien da un segundo paso y recurre a la violencia. Enumera ejemplos importantes en el catolicismo, en el judaísmo, en el protestantismo... y se detiene en el Islam por la sola razón de que es el toro que nos toca lidiar.

La tesis es convincente. Élie Barnavi deduce taxativamente, de ello, que hay que dejarse de diálogos y alianzas de civilizaciones cuando con gentes que no quieren ni aliarse ni transigir. Y que todo lo que sea adentrarse por ese camino es un error que pagaremos. Pide, en suma, que el Estado -o sea los gobernantes- ponga las cosas en su sitio por medio de la ley y del ejercicio de la justicia, sin contemplaciones.

Así, Barnavi parece inclinarse por el planteamiento francés: el Estado como garante de las libertades incluso para los que no desean ser libres (y de ahí lo de impedir que lleven velo las mujeres que quieren llevar velo). No le gusta la solución estadounidense, que considera fundamentalista (pacífica). Pero no se le oculta que las rebeliones juveniles de los suburbios de algunas ciudades francesas, en los últimos años, prueban que hay otros factores que influyen en todo esto. Y son infinidad. No los sistematiza; van apareciendo en el libro y, por eso, pueden dar impresión de que el autor se contradice con ello. Pero lo cierto es que la gente es variopinta y cada cual se anima a hacerse terrorista por las inclinaciones más diversas que se puedan imaginar.

El profesor y ex embajador Barnavi no lo afirma; pero, en lo que afirma, se percibe una vez más la posibilidad de que, en el fondo, haya un ingrediente nihilista en el mundo islámico actual; ingrediente que quizá no terminamos de conocer y mucho menos comprender. En parte, el terrorismo islámico reproduce el placer de matar por el mero hecho de matar que se está registrando con asombro en la católica Iberoamérica, de uno a otro extremo. Claro que allí es justamente un síntoma de retroceso del catolicismo y que es llamativo que el fenómeno se repita en el Islam, donde no parece que se pueda hablar de retroceso alguno, sino de todo lo contrario. En este sentido, de pasada, se hace una acotación en el libro que no hay que echar en saco roto: la fijación del centro de la Iglesia en Roma -comenta Barnavi- fue una decisión genial para reforzar el poder y, por tanto, fortalecer la propia Iglesia, al situar el trono del papa lo más cerca posible del del emperador y, en teoría, por encima de éste. Pero fue también su sentencia; porque lo que se provocó de ese modo fue justamente el fortalecimiento del estado. Así, podría decirse que la Iglesia vino a ser la creadora del estado, que fue el instrumento para, después, reducir a la Iglesia al ámbito privado, del que nunca -dice Barnavi (y Dios le oiga, si es que lo entendemos igual)- podrá salir.

En las religiones donde el poder civil y el religioso se confunden, las cosas están llamadas a ser bastante peores. Y es el problema es que ése no es ya sólo el problema de los países islámicos, sino de más de media Europa.

José ANDRÉS-GALLEGO

23.11.07

Multicultural Londonistán

¿El mañana les pertenece?

Una investigación del Times ha descubierto que una agresiva secta islámica domina en la actualidad la mitad de las 1.350 mezquitas de Gran Bretaña.

¿Recuerdan aquella escena de la película Cabaret? Dos amigos frivolizando en medio de la ascensión nacionalsocialista…
“¿Todavía piensas que podréis controlarlos?”, le pregunta el británico a su amigo alemán, tras la canción del joven hitleriano…
En el corazón de la Europa liberal todavía creen que tienen la sartén por el mango. Pero, en algún lugar, un poder susurrante espera su momento.

El “Times” descubre que una secta islámica radical controla la mitad de las mezquitas británicas

Se trata de la secta sunita Deobandi. Un movimiento ultraconservador islámico que, entre otras cosas, dice que un musulmán que cultiva la amistad con cristianos, judíos o hindúes, ensucia la doctrina de Mahoma, y llama a sus fieles a derramar sangre por Alá.

Diecisiete de los veintiséis seminarios islámicos que hay en Gran Bretaña, subvencionados todos ellos por el Gobierno, están controlados por esta secta, que produce el 80% de los clérigos musulmanes de Gran Bretaña, según el artículo de Andrew Norfolk en la sección “Faith” del diario británico.

A su vez, en el Daily Telegraph, Philip Johnston y el corresponsal del periódico para Asia del Sur, Peter Foster, descubrían en un artículo que uno de los cuatro hombres sentenciados el pasado mes de julio por el complot terrorista frustrado tras el atentado del 7 de julio en los transportes de Londres, estaba ligado al grupo misionero islámico Tablighi, relacionado con la secta Deobandi.

La red o las redes de ONG’s relacionadas con el integrismo islámico están, de hecho, aún por investigar. No se trata de una, sino de decenas de ONG’s en el país conectadas con cientos en el extranjero.

El problema no es sólo la violencia

Una nota personal de este corresponsal. Esta misma mañana, camino de mi casa, en el noroeste de Londres, veo a dos chicas con velo “buzoneando” propaganda. La leo: North Harrow Community Centre… Se trata de una iniciativa -y cito textualmente- para combatir la fragmentación de la comunidad local, promoviendo la integración en la sociedad multicultural donde vivimos. El millonario desarrollo del centro está siendo promocionado por la Battlers Well Foundation, una organización misionera musulmana que trabaja en Irak, Pakistán y Líbano.

Maravilloso, ¿verdad? Los buenos musulmanes (porque éstos no creo que sean todos terroristas) vienen a ayudar a los pobres de espíritu y decadentes occidentales a crear una nueva sociedad, fundada en el respeto… y llena de inmigrantes asiáticos y norteafricanos con sus mezquitas. Pero es que, si no nos vuelan las pelotas, no nos molesta irnos al garete. La cosa es irse despacito y sin dolor.

Cuando ver a una mujer blanca (facciones anglosajonas y ojos azules) con velo y traje islámico empujando un carrito con un bebé mestizo, deja de ser anecdótico… Cuando ya no se trata sólo de la mezcla racial, sino, además, de la conversión cultural, el que te maten de un bombazo o de un abrazo te parece lo mismo. Y moriremos diciéndolo, apoyados en nuestro pilum mientras la lava del destino se acerca irremisiblemente.

¿Cómo pueden varias culturas sobrevivir en un mismo suelo sin tratar de imponerse unas a las otras, sobre todo cuando éstas son antagonistas? La única manera de que exista integración es que haya una cultura a la que integrarse, que permanezca directora, regente y hegemónica. Y se ve que la sociedad de consumo no puede someter a ciertas culturas, como ha sometido y diluido a la nuestra.

Y lo ha dicho el ex ministro italiano Gianni Alemanno: hay que dejar de sentirse viejos y en decadencia, y dejar de buscar esperanza en el extremo Oriente o el extremo Occidente; hay que reafirmar la propia identidad europea.

Las palabras sin vida: Europa y Occidente

No me malinterpreten. Los museos están llenos. Las catedrales están ahí. Hay nieve en las montañas. Los muchachos tienen músculos jóvenes y las muchachas vientres fértiles. Sí. Europa y Occidente tienen un pasado hecho, y un futuro… en potencia. En potencia, y no de hecho, porque el futuro no está escrito ni garantizado. El mañana pertenece a los que luchan por un mañana en el presente.

Hoy, como en otros momentos de la historia europea, vivimos tiempos recios, en los que nos jugamos la existencia de un futuro para los niños y niñas europeos. Un futuro relacionado con aquella Europa cuya cuna defendieron Leonidas y sus 300 en las Termópilas (que nadie piense que esa historia ha resucitado ahora por casualidad).
Aquella Europa de ojos que miraban al Universo y que dio forma al mundo con Roma. Esa Roma que más tarde extendió el mensaje de Cristo, convertido en Cruz Espada de justicia. Y también, la Europa del Renacimiento, la Modernidad y todas sus posibilidades, no sólo las negativas.

Hay que recordarla, vivirla y hacerla valer con nuevas formas en el presente, porque vale, y sobre todo, porque es nuestra. De otro modo, otros ocuparan nuestro lugar en la historia. Porque en la Naturaleza no existe el vacío.

Debemos de estar locos

Como dijo el ex secretario británico John Enoch Powell en su discurso “Rivers of Blood”: debemos de estar locos, literalmente locos…

Convivimos con aquellos que no piensan en otra cosa, más que en nuestra destrucción, por activa o por pasiva, en nombre de la libertad y la tolerancia.

Apoyamos el aborto y denigramos la familia, al mismo tiempo que promovemos el aflujo de inmigrantes con sus numerosas familias.

Despreciamos a nuestras iglesias, al mismo tiempo que subvencionamos mezquitas.

Pedimos menos competencias para el Estado que representa a la nación o el continente (en el caso de la UE), para que aquéllas pasen a corporaciones financieras internacionales que representan un capital sin nombre ni rostro.

Devoramos todo a nuestro paso, en esa carrera de huida de la realidad llamada consumo, sin pensar en lo que dejaremos a los que han de venir.

El fin no ha llegado aún

¿A alguno le gusta la mitología actual? Pues cito al mismísimo Aragorn de la trilogía de Tolkien:

“…Veo en vuestros ojos el mismo miedo que encogería mi propio corazón. Pudiera llegar el día en que el valor de los hombres decayera, en que olvidáramos a nuestros compañeros y se rompieran los lazos de nuestra comunidad, pero hoy no es ese día. En que una hora de lobos y escudos rotos rubricaran la consumación de la edad de los hombres, ¡pero hoy no es ese día!¡En este día lucharemos!¡Por todo aquello que vuestro corazón ama de esta buena tierra, os llamo a luchar, hombres del Oeste!”

¿Demasiado abismal?
Sin embargo el abismo existe, y cada día se hace más grande.
Será porque están ustedes mal situados para ver el abismo que yo veo aquí, en la multicultural Londonistán:


Las alcantarillas de Londonistán (Retrato de paisaje)

Saliendo de la clase de italiano, en Londres, me encontré con un llamativo anuncio en el pasillo. Era sobre una conferencia titulada: “Ascensión y caída de las naciones”. Interesante temática para un instituto de secundaria en nuestros días, ¿verdad? Para que vean que “nuestros jóvenes” no solo piensan en tonterías…

Más interesante aún, aunque cambiara la impresión inicial, es que la conferencia se realizaba en una mezquita local y, aunque se trata de un suburbio londinense y no de una ciudad asiática, los alumnos son mayoritariamente pertenecientes a “minorías” étnicas, africanos y asiáticos sobre todo.

Era la segunda vez que me encontraba con un anuncio de este “sector de opinión”. El primero fue acerca del conflicto árabe-israelí en Palestina. Sin embargo, dudo mucho que en otros centros de educación londinenses de mayoría blanca, europea o nativa se traten semejantes temas, en el contexto europeo: identidad, amenazas, conflictos, pasado, presente, futuro… De hecho, se evitan las Cruzadas, por ejemplo, para no herir sensibilidades.

Y bueno, algunos dirán que no es para alarmarse, que Europa sigue gobernada por los europeos, que sólo es reacción de los sectores desfavorecidos por la “falta de integración”… Y dirán también, con autosuficiencia y soberbia, que el MI5 ya los tendrá fichados, y que si intentan algo violento, les echarán el guante antes de que lo consigan.

Sin embargo, no es la represión la solución que me viene a la mente cuando veo a los jóvenes inmigrantes de todo el mundo extraeuropeo sublimar su natural rencor de inadaptado social en fe religiosa y sueños de Imperio Islámico. No. Inmediatamente me giro hacia “los míos” con ojos de sargento cabreado ante la desidia de la soldadesca y la dispersión de los oficiales…

Sí. Estamos en guerra, sólo que no se nota mucho… no se nota por culpa de “La Paz”.

Otros creen que si todo el mundo alcanza la “calidad de vida” y se desarma a los individuos de su necesidad de trascendencia, todo arreglado… Tareas, la primera, de dudosa estabilidad, y la segunda, imposible.

A dos minutos de aquí, subiendo la colina, se encuentra Harrow, la escuela donde estudió Sir Winston Churchill, en el municipio que representó Sir Oswald Mosley en el Parlamento, al inicio de su carrera política.
Allí los niños, no sólo anglosajones, sino cualquiera que pueda pagar las carísimas matrículas, se preparan para ser “élite”. Los pequeños patricios son educados en un régimen que mantiene pocas formas, y supongo que algo en el espíritu, de aquel Imperio de mercado y razones científicas.

Pero en las alcantarillas ya no hay gente con la misma fe y sangre, sino caras extrañas que se agrupan en legiones nihilistas o tras la espada del Islam. Frente a ellos: más nihilismo.

Por Curzio Malatesta
(Londres)


21.11.07

El islam y la ciencia

ERNEST RENAN Conferencia dictada en la Sorbona el 29 de marzo de 1883

Un dogma revelado siempre se opone a la investigación libre, que puede contradecirlo. El resultado de la ciencia no es expulsar, sino alejar siempre lo divino, alejarlo, digo, del mundo de los hechos particulares donde se creía verlo. La experiencia hace retroceder lo sobrenatural y restringe su dominio. Ahora bien, lo sobrenatural es la base de cualquier teología.

EL ISLAM Y LA CIENCIA

He recibido de este auditorio tantas demostraciones de su benevolente atención que me he atrevido hoy a tratar ante ustedes uno de los temas más sutiles, pleno de esas delicadas distinciones que hay que abordar resueltamente cuando se quiere sacar a la historia del campo de las aproximaciones. Lo que casi siempre causa los malentendidos en historia es la falta de precisión en el empleo de las palabras que designan las naciones y las razas.

Se habla de griegos, romanos, árabes, como si esas palabras designaran grupos humanos siempre idénticos a sí mismos, sin tener en cuenta los cambios producidos por las conquistas militares, religiosas o lingüísticas, por la moda y las grandes corrientes de todo tipo que permean la historia de la humanidad. La realidad no se rige por categorías tan simples.

Nosotros los franceses, por ejemplo, somos romanos por la lengua, griegos por la civilización y judíos por la religión. El hecho de la raza, vital en su origen, va perdiendo importancia a medida que los grandes hechos universales, llámense civilización griega, conquista romana, conquista griega, conquista germánica, cristianismo, islamismo, Renacimiento, filosofía o revolución, pasan como rodillos trituradores sobre las variedades primitivas de la familia humana y las obligan a confundirse en masas más o menos homogéneas.

Quisiera tratar de desembrollar junto con ustedes una de las más grandes confusiones de ideas que se han cometido en este orden, quisiera hablar del contenido equívoco de las palabras: ciencia árabe, filosofía árabe, arte árabe, ciencia musulmana y civilización musulmana. Las ideas vagas que se han formado sobre este punto han provocado muchos juicios falsos e incluso errores prácticos, a veces bastante graves.

Cualquier persona algo instruida en los aspectos de nuestra época ve claramente la inferioridad actual de los países musulmanes, la decadencia de los Estados gobernados por el islam, la nulidad intelectual de las razas que deben su cultura y su educación únicamente a esta religión. Todos aquellos que han estado en Oriente o en África se sorprenden de los alcances fatalmente limitados de un verdadero creyente, de esa especie de círculo de hierro que rodea su mente, cerrándola absolutamente a la ciencia, incapaz de aprender nada ni de abrirse a ninguna idea nueva.

A partir de su iniciación religiosa, como a la edad de diez o doce años, el niño musulmán, hasta entonces a veces bastante despierto, de repente se vuelve fanático, lleno de una absurda soberbia por poseer lo que él cree la verdad absoluta, disfrutando como de un privilegio lo que causa su inferioridad. Ese loco orgullo es el vicio radical del musulmán. La aparente simplicidad de su culto le inspira un desprecio poco justificado hacia las demás religiones. Convencido de que Dios da fortuna y poder a quien a Él le parezca bien, sin tener en cuenta educación ni mérito personal, el musulmán siente el más profundo desprecio por la educación, por la ciencia, por todo lo que constituye la mente europea.
Ese hábito inculcado por la fe musulmana es tan fuerte que todas las diferencias de raza y de nacionalidad desaparecen por el hecho de la conversión al islam. El berberisco, el sudanés, el circasiano, el malayo, el egipcio, el nubio, convertidos en musulmanes, no son ya berberiscos, sudaneses, egipcios, etcétera; son musulmanes.

Persia es la única excepción; ella ha conservado su propio carácter; porque Persia ha ocupado en el islam un lugar aparte; en el fondo es más chiita que musulmana.

Para atenuar las molestas deducciones contra el islam que uno se siente inclinado a sacar de un hecho tan general, muchas personas han señalado que, después de todo, esta decadencia puede ser tan sólo algo transitorio. Para tranquilizarse sobre el futuro, apelan al pasado. Esta civilización musulmana, ahora tan decaída, otrora fue brillante. Tuvo sabios y filósofos. Durante siglos, fue la maestra del Occidente cristiano.
¿Por qué habría dejado de serlo? Este es precisamente el punto sobre el que quisiera llevar el debate.
¿Hubo realmente una ciencia musulmana, o por lo menos una ciencia aceptada por el islam, tolerada por el islam?

En los hechos que se alegan hay una parte muy real de verdad. Sí; desde más o menos el año 775 hasta cerca de mediados del siglo XIII, es decir, durante aproximadamente cinco siglos, en los países musulmanes hubo sabios y pensadores muy distinguidos. Se puede decir, incluso, que durante esa época el mundo musulmán era superior, en cuanto a cultura intelectual, al mundo cristiano. Pero es importante analizar bien este hecho para no extraer consecuencias erróneas.
Es importante seguir siglo por siglo la historia de la civilización en Oriente, para tener en cuenta los diversos elementos que llevaron a esta superioridad momentánea, la cual pronto se convirtió en una inferioridad completamente característica.

Nada más ajeno a todo lo que puede llamarse filosofía o ciencia que el primer siglo del islam. Resultado de una lucha religiosa que duró varios siglos y mantuvo la conciencia de Arabia en suspenso entre las diversas formas de monoteísmo semítico, el islam está a mil leguas de todo lo que puede llamarse racionalismo o ciencia. Los caballeros árabes que se aferraron a él como pretexto para conquistar y saquear fueron, en su momento, los primeros guerreros del mundo; pero eran, sin duda, los hombres menos filósofos.
Un escritor oriental del siglo XIII, Abul-Faradj, al esbozar el carácter del pueblo árabe, se expresaba así: “La ciencia de ese pueblo, de la que tanto se vanaglorian, era la ciencia de la lengua, el conocimiento de sus modismos, la textura de los versos, la hábil composición de la prosa… En cuanto a la filosofía, Dios nada les enseñó y no crearon una propia”.

Nada más cierto. El árabe nómada, el más literario de los hombres, es de todos los humanos el menos místico, el menos llevado a la meditación. El árabe religioso se conforma, para explicar las cosas, con un Dios creador que rige el mundo directamente y se revela al hombre a través de profetas sucesivos. Así, mientras el islam estuvo en manos de la raza árabe, es decir, bajo los cuatro primeros califas y bajo los ommiades, no se produjo en su seno ningún movimiento intelectual de carácter profano.
Omar no incendió, como se repite a menudo, la biblioteca de Alejandría; esa biblioteca, en su época, había ido desapareciendo poco a poco; pero el principio que hizo triunfar en el mundo era realmente un principio destructor de la investigación erudita y del trabajo variado de la mente.

Todo cambió cuando, hacia el año 750, Persia se impuso e hizo triunfar a la dinastía de los hijos de Abbás sobre los Bani Omaya. El centro del islam se vio transportado a la región del Tigris y del Éufrates. Ahora bien, este país estaba lleno, además, de los indicios de una las más brillantes civilizaciones que haya conocido Oriente, la de los persas sasánidas, que habían llegado a su apogeo bajo el reinado de Cosroes Anuschirwan.
El arte y la industria florecían en ese país desde hacía siglos. Cosroes agregó la actividad intelectual. La filosofía, expulsada de Constantinopla, vino a refugiarse a Persia; Cosroes mandó traducir los libros de la India. Los cristianos nestorianos, que constituían el elemento más considerable de la población, eran versados en la ciencia y la filosofía griegas; la medicina estaba por completo en sus manos; sus obispos eran eruditos de la lógica y la geometría.

En las epopeyas persas, cuyo color local está tomado de la época sasánida, cuando Rustem quiere construir un puente, manda traer a un djathalikik (catholicós, nombre de los patriarcas u obispos nestorianos) como ingeniero.
La terrible ráfaga de viento del islam paró en seco durante unos cien años todo ese bello desarrollo iraní. Pero el advenimiento de los abásidas parecía una resurrección del resplandor de Cosroes.

La revolución que llevó a esta dinastía al trono la realizaron tropas persas, con jefes persas. Sus fundadores, Abul-Abbás y sobre todo Mansur, están siempre rodeados de persas. Son, en cierto modo, sasánidas resucitados; los consejeros íntimos, los preceptores de los príncipes, los primeros ministros son los Barmecidas, familia de la antigua Persia muy ilustre, que permaneció fiel al culto nacional, el parsismo, y se convirtió al islam tardíamente y sin convicción. Los nestorianos rodearon pronto a estos califas poco creyentes y se convirtieron, por una especie de privilegio exclusivo, en sus primeros médicos.

Una ciudad que tuvo en la historia de la mente humana un papel completamente aparte, la ciudad de Harrán, había seguido siendo pagana y había conservado toda la tradición científica de la antigüedad griega: proporcionó a la nueva escuela un considerable contingente de sabios ajenos a las religiones reveladas, sobre todo, hábiles astrónomos.

Bagdad se erigió como la capital de esta Persia renaciente. La lengua de la conquista, el árabe, no pudo ser suplantada, como tampoco pudo serlo la religión negada por completo; pero la mentalidad de esta nueva civilización fue esencialmente mixta. Ganaron los parsis y los cristianos; la administración, en particular la policía, quedó en manos de los cristianos. Todos esos brillantes califas, contemporáneos de nuestros carlovingios, Mansur, Harún-al-Raschid, Mamún, apenas si son musulmanes.

Practican exteriormente la religión de la que son los jefes, los papas, si podemos expresarnos así; pero su mente está en otra parte. Sienten curiosidad por todas las cosas, principalmente las cosas exóticas y paganas; interrogan a India, a la antigua Persia, a Grecia sobre todo. A veces, es verdad, los pietistas musulmanes llevan a la corte reacciones extrañas; el califa, en ciertos momentos, se muestra devoto y sacrifica a sus amigos infieles o librepensadores; después, el soplo de la independencia se impone de nuevo; entonces, el califa vuelve a llamar a sus sabios y a sus compañeros de placer, y se reinicia la vida libre, para gran escándalo de los musulmanes puritanos.

Esta es la explicación de esa curiosa y atractiva civilización de Bagdad, cuyas fábulas de las Mil y una noches han dejado huella en todas las imaginaciones, extraña mezcla de rigorismo oficial y relajamiento secreto, época de juventud e inconsecuencia, donde las artes serias y las artes de la vida dichosa florecieron gracias a la protección de jefes descreídos de una religión fanática; donde el libertino, aunque siempre bajo la amenaza de los castigos más crueles, es halagado y buscado en la corte.

Bajo el reinado de estos califas, a veces tolerantes, a veces perseguidores a pesar suyo, se desarrolló el libre pensamiento; los motecallemin o “discutidores” tenían sesiones donde se examinaban todas las religiones según la razón. Tenemos, por así decirlo, el informe de una de esas sesiones hecho por un devoto. Permítanme leérselo, tal como lo tradujo el señor Dozy.

Un doctor de Kairoán pregunta a un piadoso teólogo español, que había viajado desde Bagdad, si, durante su estancia en esa ciudad, no había asistido nunca a las sesiones de los montecallemín.
“Asistí dos veces” respondió el español, “pero me cuidé bien de no regresar.” “¿Por qué?”, le preguntó su interlocutor. “Juzgue usted”, respondió el viajero. “En la primera sesión a la que asistí, no sólo había musulmanes de todo tipo, ortodoxos y heterodoxos, sino también infieles, guebros, materialistas, ateos, judíos, cristianos; en resumen, había incrédulos de todos tipos.
Cada secta tenía su jefe, encargado de defender las opiniones que profesaba, y cada vez que uno de esos jefes entraba en la sala, todos se levantaban en señal de respeto y nadie retomaba su lugar antes de que el jefe se hubiese sentado.

La sala se llenó pronto y, cuando se vio que estaba completa, uno de los incrédulos tomó la palabra: ‘Estamos reunidos para razonar’, dijo. ‘Todos conocen las condiciones. Ustedes, musulmanes, no alegarán razones tomadas de su libro o fundadas sobre la autoridad de su profeta, ya que nosotros no creemos ni en uno ni en otro. Cada uno debe limitarse a argumentos extraídos de la razón.’ Todos aplaudieron estas palabras.” “Comprenderá”, agregó el español, “que después de haber escuchado tales cosas, ya no regresé a esa asamblea. Me propusieron visitar otra; pero era el mismo escándalo.”

Un verdadero movimiento filosófico y científico fue la consecuencia de esta disminución momentánea del rigor ortodoxo. Los médicos sirios cristianos, seguidores de las últimas escuelas griegas, eran muy versados en la filosofía peripatética, en matemáticas, medicina y astronomía. Los califas los utilizaron para traducir el árabe la enciclopedia de Aristóteles, a Euclides, Galeno y Ptolomeo, en una palabra, todo el conjunto de la ciencia griega tal como la tenían entonces.

Mentes activas,como Alkindi, empezaron a especular sobre los eternos problemas que el hombre se plantea sin poderlos resolver. Los llamaron filsuf (philosophos), y desde entonces esa palabra exótica fue tomada a mal para designar algo ajeno al islam.
Filsuf se convirtió para los musulmanes en una denominación temible, que entrañaba a menudo muerte o persecución, al igual que zendik y más tarde farmasún (francmasón). Era, hay que confesarlo, el racionalismo más completo que se roducía en el seno del islam. Una especie de sociedad filosófica que se llamaba los Ijuán-es-safa, “los hermanos de la sinceridad”, se puso a publicar una enciclopedia filosófica, notable por la sabiduría y la grandeza de sus ideas.

Dos grandes hombres, Alfarabi* y Avicena, pronto se colocaron a la altura de los pensadores más completos que hayan existido. La astronomía y el álgebra tuvieron, sobre todo en Persia, desarrollos notables. La química prosigue su largo trabajo subterráneo, que se revela al exterior a través de sorprendentes resultados, como la destilación, tal vez la pólvora.
La España musulmana sigue a Oriente en estos estudios; allí los judíos aportan una colaboración activa. Avempace, *Ibn-Tofail* y Averroes elevan el pensamiento filosófico del siglo XII a alturas donde no se le había visto llegar desde la Antigüedad.

Así, es a este gran conjunto filosófico al que acostumbramos llamar árabe, porque está escrito en árabe, aunque en realidad es grecosasánida. Sería más exacto decir griego; ya que el elemento verdaderamente fecundo de todo esto venía de Grecia. Se valía en esos tiempos de decadencia, en proporción de lo que se sabía de la antigua Grecia. Grecia era la única fuente del saber y del pensamiento recto. La superioridad de Siria y de Bagdad sobre el Occidente latino provenía únicamente de cuán próximas estaban ellas a la tradición griega.

Era más fácil tener un Euclides, un Ptolomeo, un Aristóteles en Harrán o en Bagdad que en París. ¡Ah, si los bizantinos hubieran sido unos guardianes menos celosos de tesoros que en ese momento apenas si se leían!; ¡si en el siglo VIII o en el XIX hubiera habido Besariones y Lascaris! No hubiéramos tenido necesidad de ese extraño rodeo que hizo que la ciencia griega nos llegara en el siglo XII a través de Siria, Bagdad, Córdoba y Toledo.

Pero esta especie de providencia secreta que hace que, cuando la llama de la mente humana se va a extinguir entre las manos de un pueblo, otro se encuentre ahí para relevarlo y volverla a encender dio un valor de primer orden a la obra, oscura sin aquella, de esos pobres sirios, de esos filsuf perseguidos, de esos harraníes cuya incredulidad los puso en el bando de la humanidad de entonces. Gracias a sus traducciones árabes de las obras de la ciencia y la filosofía griegas, Europa recibió el fermento necesario de tradición antigua para el nacimiento de su genio.

En efecto, mientras que Averroes, el último filósofo árabe, moría en Marruecos en la tristeza y el abandono, nuestro Occidente se encontraba en pleno despertar.
Abelardo ya había dado el grito del racionalismo renacentista. Europa encontró su genio y comenzó esta evolución extraordinaria cuyo último término sería la total emancipación de la mente humana. Aquí, sobre la montaña de Santa Genoveva, se creaba un sensorium nuevo para el trabajo de la mente. Lo que faltaba eran los libros, las fuentes puras de la Antigüedad. A primera vista parecería que hubiera sido más natural ir a pedirlos a las bibliotecas de Constantinopla, donde se encontraban los originales, y no recurrir a traducciones a menudo mediocres en una lengua que se prestaba poco para expresar el pensamiento griego.

Pero las discusiones religiosas habían creado entre el mundo latino y el mundo griego una deplorable antipatía; la funesta cruzada de 1204 no hizo sino exasperarla. Y además, no teníamos helenistas; tendríamos todavía que esperar trescientos años para tener un Lefèvre d’Étaples, un Budé.

A falta de la verdadera filosofía griega auténtica, que se hallaba en las bibliotecas bizantinas, fuimos a buscar a España una ciencia griega mal traducida y adulterada.
No hablaré de Gerberto, cuyos viajes entre los musulmanes son cosa muy dudosa; sin embargo, desde el siglo XI, Constantino el Africano es superior en conocimientos a su época y a su país, porque recibió una educación musulmana.
De 1130 a 1150, un colegio activo de traductores, establecido en Toledo bajo el patronazgo del arzobispo Raimundo, tradujo al latín las obras más importantes de la ciencia árabe. Desde los primeros años del siglo XIII, el Aristóteles árabe hizo su entrada triunfal en la Universidad de París. El Occidente se sacudió su inferioridad de cuatrocientos o quinientos años. Hasta ese momento, Europa había sido científicamente tributaria de los musulmanes.
Hacia mediados del siglo XIII, la balanza todavía es incierta. A partir de aproximadamente 1275, aparecen claramente dos movimientos: por una parte, los países musulmanes se sumen en la más triste decadencia intelectual; por la otra, Europa Occidental entra resueltamente por su cuenta en esta gran vía de la investigación científica de la verdad, inmensa curva cuya amplitud aún no ha podido ser medida.

¡Ay de aquel que se vuelve inútil para el progreso humano! Es eliminado casi de inmediato. Cuando la ciencia llamada árabe inoculó su germen de vida en el Occidente latino, desapareció. Mientras que Averroes llegó a las escuelas latinas con una fama casi equiparable a la de Aristóteles, sus correligionarios lo olvidaron.
Después de aproximadamente el año 1200, ya no hubo un solo filósofo árabe de renombre. La filosofía había sido siempre perseguida en el seno del islam, pero de una manera que no había logrado suprimirla. A partir de 1200, la reacción teológica la vence por completo. La filosofía es abolida en los países musulmanes.
Los historiadores y los polígrafos sólo hablan de ella como de un recuerdo, de un mal recuerdo. Los manuscritos filosóficos son destruidos y se vuelven raros. La astronomía sólo se tolera por la parte que sirve para determinar la orientación del rezo.
Pronto, la raza turca se apoderó de la hegemonía del islam e hizo prevalecer en todas partes su falta total de mente filosófica y científica. A partir de ese momento, con algunas raras excepciones como Ibn-Jaldún, el islam ya no tendrá ningún gran pensador; mató a la ciencia y a la filosofía dentro de su seno.

No he pretendido en absoluto, señores, disminuir el papel de esa gran ciencia llamada árabe que marcó una etapa tan importante en la historia de la mente humana.
Se ha exagerado su originalidad en algunos puntos, en particular en lo que se refiere a la astronomía; no hay que caer en el otro extremo, despreciándola sin medida. Entre la desaparición de la civilización antigua en el siglo VI y el nacimiento del genio europeo en los siglos XII y XIII, existió lo que se puede denominar el periodo árabe, durante el cual, la tradición de la mente humana se llevó a cabo a través de las regiones conquistadas por el Islam.
Esta ciencia llamada árabe, ¿qué tenía en realidad de árabe? La lengua, sólo la lengua. La conquista musulmana había llevado la lengua de Hedjaz hasta el fin del mundo. Al árabe le ocurrió lo que al latín, el cual se convirtió en Occidente en la expresión de sentimientos e ideas que nada tenían que ver con el antiguo Lacio. Averroes, Avicena y Albategni son tan árabes, como Alberto el Grande, Rogerio Bacon, Francis Bacon y Spinoza son latinos.

Asimismo, es un error tan grande atribuirle a Arabia la ciencia y la filosofía árabes como atribuirle toda la literatura cristiana latina, toda la escolástica, todo el Renacimiento, toda la ciencia del siglo XVI y parte de la del siglo XVII a la ciudad de Roma, porque todo eso está escrito en latín. Lo que sí es muy notable, en efecto, es que entre los filósofos y sabios llamados árabes, apenas si haya habido uno solo, Alkindi, de origen árabe; todos los demás eran persas, transoxianos,españoles, gente de Bojará, Samarcanda, Córdoba, Sevilla.
No sólo no eran árabes de sangre, sino que no tenían nada de árabe en su forma de pensar.
Utilizaban el árabe; pero les molestaba, como a los pensadores de la Edad Media les molestaba el latín, y lo destrozaban al usarlo. El árabe, que se presta bien para la poesía y para una cierta elocuencia, es un instrumento muy incómodo para la metafísica. Los filósofos y sabios árabes son, en general, escritores bastante malos.

Esa ciencia no es árabe. ¿Es acaso musulmana? ¿Ofreció el islamismo algún seguro secular a esas investigaciones racionales? ¡Oh, de ninguna manera! Este hermoso movimiento de estudios es totalmente obra de parsis, cristianos, judíos, harraníes, ismaelitas, musulmanes interiormente sublevados contra su propia religión. De los musulmanes ortodoxos no recibió más que maldiciones.
Mamún, el califa que mostró mayor celo para la introducción de la filosofía griega, fue condenado sin piedad por los teólogos; las desgracias que afligieron a su reinado fueron presentadas como castigos por su tolerancia a doctrinas ajenas al islam. No era raro que, para agradar a la multitud alborotada por los imanes, se quemaran en las plazas públicas o se arrojaran en los pozos y cisternas los libros de filosofía y astronomía.
A quienes cultivaban esos estudios los llamaban zendiks (infieles); los golpeaban en las calles, les quemaban sus casas y, con frecuencia, cuando quería ganar popularidad, el poder los mandaba matar.

Así que, en realidad, el islamismo siempre persiguió a la ciencia y a la filosofía. Terminó por asfixiarlas. Sólo hay que distinguir a este respecto dos periodos en la historia del islam; uno, desde sus comienzos hasta el siglo XII; el otro, desde el siglo XIII hasta nuestros días.
En el primer periodo, el islam, minado por las sectas y moderado por una especie de protestantismo (lo que llaman el motazilismo), estaba menos organizado y era menos fanático que lo que ha sido en el segundo periodo, cuando cayó en manos de las razas bárbaras y bereberes, razas pesadas, brutales y sin agudeza mental.

Los primeros árabes que se comprometieron en el movimiento apenas si creían en la misión del Profeta. Durante dos o tres siglos, la incredulidad apenas se disimula. Luego viene el reinado absoluto del dogma, sin ninguna separación posible de lo espiritual y lo temporal; el reinado con coerción y castigos corporales para quienes no practican.
La libertad nunca ha sido más profundamente herida que por una organización social donde la religión domina absolutamente la vida civil.

En los tiempos modernos, sólo hemos visto dos ejemplos de un régimen así; por una parte, los Estados musulmanes; por la otra, el antiguo Estado pontificio de la época del poder temporal.

Y hay que decir que el papado temporal no tuvo peso más que en un pequeño país, mientras que el islamismo oprime vastas porciones de nuestro globo y mantiene la idea más opuesta al progreso: el Estado fundado sobre una pretendida revelación, la teología que rige a la sociedad.

Los liberales que defienden el islam no lo conocen. El islam es la unión indiscernible de lo espiritual y lo temporal, es el reinado de un dogma, es la cadena más pesada que la humanidad haya cargado jamás. En la primera mitad de la Edad Media, lo repito, el islam apoyó la filosofía, porque no la pudo impedir; no la pudo impedir porque estaba sin cohesión, poco habilitado para el terror. La policía, como he dicho, estaba en manos de cristianos y ocupada principalmente en perseguir las tentativas de los partidarios de Alí.

Una infinidad de cosas pasaron a través de la malla de esa red tan laxa.
Pero cuando el islam dispuso de masas ardientemente creyentes, destruyó todo. El terror religioso y la hipocresía estuvieron a la orden del día. El islam fue liberal cuando fue débil, y violento cuando fue fuerte. No lo honremos por lo que no pudo suprimir. Honrar al islam por la filosofía y la ciencia que no pudo aniquilar primero es como honrar a los teólogos por los descubrimientos de la ciencia moderna.

Estos descubrimientos se hicieron a pesar de los teólogos. La teología occidental no ha sido menos persecutoria que la del islamismo. Sólo que ésta no ha tenido éxito, no ha destruido la mente moderna como el islamismo destruyó la mente de los países que conquistó.

En nuestro ccidente, la persecución teológica sólo triunfó en un único país: España. Ahí, un terrible sistema de opresión ha asfixiado la mente científica. Apresurémonos a decirlo, ese noble país tomará su revancha. En los países musulmanes pasó lo que hubiera ocurrido si la Inquisición, Felipe II y Pío V hubieran triunfado en su plan de detener le mente humana.

Francamente, siento mucha pena de estar agradecido a los genios del mal porque no lo hayan logrado. No; las religiones tienen sus grandes y bellos momentos, cuando consuelan y animan las partes débiles de nuestra pobre humanidad; pero no hay que elogiarlas por lo que nace a pesar de ellas, por aquello que intentaron sofocar en la cuna. No se hereda a la gente que uno asesina; los perseguidores no deben beneficiarse en absoluto de las cosas que persiguen.

Ahí está, sin embargo, el error que se comete por exceso de generosidad cuando se atribuye a la influencia del islam un movimiento que se produjo a pesar del islam, contra el islam, y que el islam, felizmente, no pudo impedir. Honrar al islam de Avicena, de Avenzoar, de Averroes, es como si se honrara al catolicismo de Galileo. La teología obstaculizó a Galileo; que no haya sido lo suficientemente fuerte para bloquearlo del todo no es una razón para que se le dé un gran reconocimiento.

¡Lejos de mí las palabras de amargura contra alguno de los símbolos en los que la conciencia humana ha buscado el descanso a miles de problemas insolubles que le presentan el universo y su destino! El islamismo tiene partes hermosas como religión; no he entrado nunca en una mezquita sin sentir una viva emoción, ¿diría?, sin un cierto pesar por no ser musulmán.
Pero, para la razón humana, el islamismo sólo ha sido perjudicial.
Las mentes que ha cerrado a la luz tal vez ya lo estaban por sus propios límites interiores; pero ha perseguido el libre pensamiento, no diría más violentamente que otros sistemas religiosos, pero sí más eficazmente.

Ha convertido a los países que ha conquistado en un campo cerrado a la cultura racional de la mente.

En efecto, lo que distingue esencialmente al musulmán es el odio a la ciencia, la convicción de que la investigación es inútil, frívola, casi impía: la ciencia de la naturaleza, porque es una competencia con Dios; la ciencia histórica, porque al
aplicarse a épocas anteriores al islam podría reavivar antiguos errores.
Uno de los testimonios más curiosos a este respecto es el del jeque Rifaa, que vivió muchos años en París como capellán de la Escuela Egipcia y quien, a su regreso a Egipto, escribió una obra llena de las observaciones más curiosas sobre la sociedad francesa.
Su idea fija es que la ciencia europea, sobre todo por su principio de la permanencia de las leyes de la naturaleza, es de cabo a rabo una herejía; y, hay que decirlo, desde el punto de vista del islam, no estaba del todo errado.
Un dogma revelado siempre se opone a la investigación libre, que puede contradecirlo. El resultado de la ciencia no es expulsar, sino alejar siempre lo divino, alejarlo, digo, del mundo de los hechos particulares donde se creía verlo.
La experiencia hace retroceder lo sobrenatural y restringe su dominio. Ahora bien, lo sobrenatural es la base de cualquier teología. El islam, al tratar a la ciencia como su enemiga, sólo es consecuente, pero es peligroso que sea demasiado consecuente. El islam ha tenido éxito para su desgracia. Al matar a la ciencia, se ha matado a sí mismo, se ha condenado en el mundo a una completa inferioridad.


Cuando se parte de esta idea de que la investigación es algo que atenta contra los derechos de Dios, inevitablemente se llega a la pereza mental, a la falta de precisión, a la incapacidad de ser exacto. Allah áalam, “Dios sabe mejor lo que es”, es la última palabra de cualquier discusión musulmana. Está bien creer en Dios, pero no tanto.
En los primeros tiempos de su estancia en Mosul, el señor Layard deseó, perspicaz como era, tener algunos datos sobre la población de la ciudad, sobre su comercio y sus tradiciones históricas. Se dirigió al cadí, que le dio la siguiente respuesta, cuya traducción debo a una comunicación afectuosa:
“¡Oh, mi ilustre amigo! ¡Oh, alegría de los vivos!
“Lo que tú me pides es a la vez inútil y dañino. Aunque todos mis días hayan transcurrido en este país, nunca se me ocurrió contar las casas ni informarme del número de sus habitantes. En cuanto a este que pone sus mercancías sobre sus mulas o aquél, en el fondo de su barca, de verdad, es algo que no me interesa para nada.

Respecto a la historia anterior de esta ciudad, sólo Dios la sabe, y sólo Él podría decir cuántos errores cometieron sus habitantes antes de la conquista del islamismo.
Sería peligroso para nosotros querer conocerlos.

“¡Oh, amigo mío! ¡Oh, mi cordero, no intentes conocer lo que no te concierne!
Has venido a vivir entre nosotros y nosotros te hemos dado la bienvenida: ¡Vete en paz! En verdad, todas las palabras que me has dicho no me han hecho ningún mal, pero el que habla es uno y el que escucha es otro. Según la costumbre de los hombres de tu nación, has recorrido muchas regiones hasta que ya no encuentres la felicidad en ningún lado. Nosotros (¡Bendito sea Dios!) hemos nacido aquí y no deseamos irnos.

“Escucha, ¡oh, hijo mío!, no hay ninguna sabiduría igual a la de creer en Dios. Él creó el mundo; ¿debemos tratar de igualarlo buscando penetrar en los misterios de Su creación? Ve aquella estrella que gira allá arriba alrededor de esa estrella, mira esa otra estrella que arrastra una cola y que tarda tanta años en venir y tantos años en alejarse; déjala, hijo mío, Aquél cuyas manos la formaron sabrá bien conducirla y dirigirla.

“Pero tú me dirás quizá: ‘¡Oh, hombre!, ¡retírate, porque yo soy más sabio que tú y he visto cosas que tú ignoras!’ Si piensas que esas cosas te han hecho mejor que yo, sé doblemente bienvenido; pero en cuanto a mí, yo bendigo a Dios de no buscar lo que no necesito.
Tú sabes cosas que no me interesan, y lo que has visto, yo lo desdeño. ¿Una ciencia más vasta te creará un segundo estómago? Y tus ojos, que van fisgoneando por todas partes, ¿te ayudarán a encontrar el paraíso?

“¡Oh, amigo mío!, si quieres ser feliz, exclama: ‘¡Sólo Dios es Dios!’ No hagas daño, y entonces no temerás ni a los hombres ni a la muerte, porque tu hora llegará.” Este cadí es muy filósofo a su manera; pero he aquí la diferencia.

Nos parece encantadora la carta del cadí, y a él le parecerá abominable lo que nosotros decimos aquí. Es que, por otra parte, para una sociedad las consecuencias de una mente así son funestas. De dos consecuencias que implica la falta de mentalidad científica, la superstición o el dogmatismo, la segunda es quizá peor que la primera. El Oriente no es supersticioso; su gran mal es el dogmatismo estrecho que se impone por la fuerza a la sociedad entera.
El fin de la humanidad no es quedarse en una ignorancia resignada; es la guerra implacable contra lo falso, la lucha contra el mal.

La ciencia es el alma de una sociedad, porque la ciencia es la razón. Ella crea la superioridad militar y la superioridad industrial. Ella creará un día la superioridad social, quiero decir, un estado de sociedad donde se procurará la cantidad de justicia que es compatible con la esencia del universo. La ciencia pone la fuerza al servicio de la razón. En Asia hay elementos de barbarie análogos a los que formaron los primeros ejércitos musulmanes y esos grandes ciclones de Atila y Gengis Khan. Pero la ciencia les corta el paso.

Si Omar, si Gengis Khan hubieran encontrado frente a ellos una buena artillería, no hubieran rebasado los límites de su desierto. No hay que detenerse en aberraciones momentáneas. ¿Qué tanto no se dijo al principio contra las armas de fuego, las cuales, sin embargo, han contribuido a la victoria de la civilización? Yo tengo la convicción de que la ciencia es buena, de que ella sola proporciona las armas contra el mal que se puede hacer con ella, que, en definitiva, sólo servirá el progreso, quiero decir, el verdadero progreso, el que es inseparable del respeto al hombre y a la libertad.

Traducción: Ofelia Arruti (CPTI);
revisión: Arturo Vázquez Barrón (CPTI);
transliteraciones del árabe: Fernando Cisneros


La publicación de este texto ha sido posible gracias a la información recibida de A.P.D . Muchas Gracias.

BIOGRAFIA

Renan Ernest Filósofo e historiador Frances.
Inicia estudios eclesiásticos, pero antes de ordenarse cuelga los hábitos y renuncia al sacerdocio. Dio clases en el Colegio de Francia y fue miembro de la Academia Francesa y de Inscripciones. Creía en el individuo y valoraba la ciencia por encima de la religión. Es autor de "Vida de Jesús", una obra que causó cierta discusión entre la sociedad gala por su trasfondo heterodoxo. También escribió otras obras como "Recuerdos de la infancia y la juventud", e "Historia del pueblo de Israel".