Fiesta de la Ashura en versión "ligth" celebrada en Malmö el 14 de enero.
Malmö, ubicada en la Provincia de Escania, es la tercera ciudad más grande de Suecia.
Vean el vídeo.
Intolerante es la palabra más común para definir a los occidentales. Y tienen razón.
Somos tan intolerantes que en Malmö sucede ésto y como pueden ver, las únicas voces que se escuchan son las de ellos.
Si a los occidentales se nos ocurre hacer semejante acción en su tierra (o simplemente a los árabes cristianos), saliendo en procesión a celebrar la Semana Santa, nos decapitan a todos por infieles y blasfemia.
Cientos de mujeres cubiertas de pies a cabeza, solo la cara libre, estrictamente separadas de los hombres. Espectáculo digno de ver si fuera carnaval, pero no, no es carnaval. Rinden homenaje al nieto de Mahoma, al que consideran un mártir por morir en una guerra. Que rindan homenaje a un mártir ya es lo de menos, en todas partes se homenajean, pero aquí más bien, todo ese vocerio y fuerza simbolizan un poder que está creciendo en Europa y que el día menos pensado nos estallará en plena cara.
Hoy, dia 10 de febrero del mes de Muharram, los musulmanes celebran el Día de Ashura. Existen muchos motivos por los cuales merece la pena ayunar en este día.
El evento anual se denomina Ashura, y en éste los shiíes lloran la muerte del nieto de Mahoma hace 1.300 años.
Con esta ceremonia conmemoran el 700 aniversario de la muerte del martir más importante de los chiíes, el imán Husein (nieto del profeta del Islam Mahoma). Las autolesiones de los devotos expresan su sentido de culpabilidad por haber fallado al imán cuando más lo necesitaba.
Alrededor de medio millón de personas convirtieron la ceremonia religiosa de Ashura en Beirut en una pacífica protesta contra las caricaturas del profeta Mahoma, según ha informado CNN. En la imagen, un niño se hace cortes en la cabeza durante la procesión.
“A tu servicio, oh Mahoma, estamos a tu servicio, oh profeta de Dios”. Esta era la consigna que la muchedumbre gritaba puño en alto. Mientras que las fuerzas de seguridad aseguraban que la cifra de manifestantes rondaba los 400.000, Hezbollah situó este número en 700.000.
En la imagen, mujeres musulmanas durante el Ashura.
El líder de Hezbollah aseguró durante la ceremonia del Ashura, que no habría cesión mientras que los daneses no pidiesen disculpas por las viñetas y los Parlamentos Europeos y las asambleas nacionales en Europa prohiban a los medios insultar a Mahoma”.
Vista panorámica de la procesión de Ashura en Kerbala, Irak.
Musulmanes chiitas se golpean durante una procesión de duelo en la ciudad paquistaní de Quetta en el décimo mes santo del Moharam,dentro de la festividad del Ashura.
La ashura de este año estuvo marcada por la crisis de las viñetas de mahoma. Hombres chiíes musulmanes de Bahrein se hieren durante la celebración de la festividad en Manama, mientras pisan una bandera de Dinamarca.
Un chií se hace heridas en la cabeza en una ceremonia en Bagdad.
Este año esta fiesta de bárbaros “Ashura”, no solo ha tenido lugar en los países orientales. Desgraciadamente y para vergüenza de occidente también fue permitida su celebración en Barcelona, eso si, con un pequeño detalle que es de agradecer, no se les permitió el derramamiento de sangre, de momento…
A raíz de esta celebración he leído un articulo publicado por Pilar Rahola, una periodista cuestionada por unos y admirada por otros, pero en todo caso la valentía que demuestra en sus escritos hablando claro y directo del terrorismo islámico, es digno de admiración.
Para los que estéis interesados en su lectura este es el artículo:
Conectados a la Edad Media PILAR RAHOLA -EL PAÍS-
El gran Josep Pla aseguraba que el mejor escritor era aquel que plagiaba bien a los escritores anteriores. Me acojo a esta oportuna máxima para justificar el arranque de este artículo que vampirizo de una idea reciente de Alain Filkenkraut. Si existían los payasos sin fronteras, los médicos sin fronteras, los periodistas sin fronteras, etcétera, ahora estamos viviendo, en toda su eclosión, el fenómeno espectacular de los fanáticos sin fronteras.
Ciertamente, hay un mundo en este mundo que ha decidido anclar sus posaderas en la pura Edad Media, pero saben utilizar la tecnología del siglo XXI con la misma precisión que lo haría un posmoderno.
La triste metáfora que escribí en plena tragedia del 11-M, "nos matan con celulares vía satélite conectados con la Edad Media", no sólo sigue vigente, sino que consolida sus posiciones y aumenta sus retos.
Es así como la locura integrista bebe de las fuentes de las épicas de hace mil años, pero se conecta por Internet, construye webs donde alimenta el enfrentamiento y utiliza los medios de comunicación con más inteligencia que los propios periodistas.
Al Yazira, por ejemplo, llegó a convertir el degollamiento de personas en un reality show. Y así, blanqueado por la televisión, el fanatismo engrandece su influencia, transmuta su intolerancia en resistencia y hasta normaliza su presencia camuflando el carácter de pieza de antropología que realmente es.
Nada de lo que ocurre es normal, pero pasado por la televisión puede parecer normal que, en según qué lugares del mundo, miles de personas griten enfurecidas contra Occidente, que los niños participen en autolesiones bárbaras para glorificar a un señor que mataron hace centenares de años, o que las mujeres vivan segregadas hasta de su propia mirada.
Es tal la confusión que, en plena resaca por la orgía de fuego, grito y amenaza que nos han lanzado por ejercer el bien común de la libertad de expresión, muchos periódicos de Occidente han respirado contentos porque los chiíes de nuestras ciudades han celebrado pacíficamente su fiesta tradicional de la Ashura. Es decir, que hemos considerado una noticia excepcionalmente buena aquello que forma parte de la lógica de las cosas.
Realmente estamos bastante mal; pero no nos hemos quedado ahí, y llevados no se sabe si por una mala conciencia mayosesentaiochesca o por nuestro clásico paternalismo, hemos proyectado una mirada comprensiva, multiétnica y biodiversa hacia algunas tradiciones que ni son comprensibles, ni ayudan a preservar el patrimonio cultural de la humanidad, ni tienen otra gracia que la de visualizar el fanatismo de cerca.
La fiesta de la Ashura, con tipos sin camisa dándose latigazos en la espalda o puñetazos en el pecho, con todo el simbolismo del culto a la muerte, y con los niños viviéndolo -incluso en propia carne- como si fuera una fiesta, no es cultura. Es exposición pública de la catarsis colectiva característica del fanatismo, sea de la índole que sea.
Que ello se haya producido en las calles de Barcelona, y que nuestra querida televisión esté encantada de enseñarlo como ejemplo de "tradición vivida pacíficamente", nos delata hasta qué punto estamos perdiendo el control de lo que ocurre. O, lo que es lo mismo, hasta qué punto la dialéctica integrista gana espacios en las sociedades libres.
Filkenkraut lo explica muy bien en su artículo de Libération: "Sólo una ínfima minoría de los que, desde Pakistán hasta Argelia, protestan contra los dibujos daneses, podrían situar Dinamarca en un mapa de geografía.
Pero, ¡qué importa la geografía! En la edad de Internet, todo el mundo está en todas partes y todos somos ángeles. Y este es el horror".
No. La noticia no es, pues, que la Ashura de Barcelona se haya vivido sin matar a nadie, sólo faltaría, sino que nuestra población chií se apunta a la lectura fanática de su propia fe, y nosotros los miramos encantados, seducidos quizá por el colorido que siempre tiene el fanatismo.
Sumemos problemas. Por un lado estamos aplicando una autocensura brutal -resumida brillantemente en la portada satírica de El Jueves: "Estamos cagaos"- que ya ha modificado seriamente nuestra libertad.
Hoy, ¿nos atrevemos a decir todo lo que diríamos ayer? ¿No tenemos más miedo? Por el otro, algunos dirigentes, como Rodríguez Zapatero, lejos de asumir el reto de la libertad, conectan con la mejor tradición asustadiza de Europa, cuyo máximo exponente debió de ser sir Neville Chamberlain, y piden perdón sin pedirlo, pero pidiéndolo un poquito.
Con ello consolidan lo que nunca tendríamos que aceptar: que el interlocutor del mundo islámico no sea la voz crítica, democrática y pacífica del islam, sino la voz ruda, violenta y fanática del integrismo. ¿A quién pide perdón ZP? ¿A Salman Rushdie? ¿A la diputada somalí holandesa condenada a muerte por ser colaboradora de Teo Van Gogh? ¿A las mujeres que sufren la misoginia fundamentalista? ¿O pide perdón al Irán del enloquecido Ahmadinejad? En ese caso, no hace falta preguntarse quién está ganando.
Finalmente, en esta suma de capitulaciones -y con la excepción de la valentía de una parte de la prensa europea-, las voces críticas del islam están más escondidas que nunca, probablemente más asustadas de lo que nunca estuvieron. Pocos Ali Lambret aparecen en el panorama.
Está ganando el miedo, y como ello no lo podemos aceptar, transmutamos el miedo en paternalismo, en pretendida conciliación entre culturas y en retórica multicultural.
Así reducimos los límites de la libertad de expresión sin decirlo, prácticamente sin reconocerlo, porque estamos asustados sin querer saber que estamos asustados. ¿Quién lo dijo en los años del inicio del nazismo? "Cuando la población empieza a tener miedo, el miedo vence".