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13.3.11

No sin mi hija en Lampedusa

Una mujer alemana huye de un marido violento en patera, con su hija de 9 años, desde Túnez a la costa italiana

Para gran sorpresa de la policía italiana, una bellísima mujer alemana, alta y rubia, con una niña de 9 años en brazos, se encontraba en una de las 24 barcazas cargadas con 1.700 desesperados tunecinos que han desembarcado en las últimas 48 horas en Lampedusa.

Tina Rothkamm, de 40 años, ha llegado a la isla con su hija, apretujada en entre 120 jóvenes en una barca que representaba para ellos la esperanza de una nueva vida. Pero Tina no huía como ellos de la pobreza y de la guerra, sino del marido tunecino, después de un divorcio y un doloroso proceso judicial.

Hizo una travesía de 24 horas, «temblando por el frio y la angustia de que la nave no alcanzara la costa italiana», pero cuando por fin divisó Lampedusa «rompí a llorar por la emoción y alegría», ha contado Tina Rothkamm.

A «precio de mercado»

A la hora de indentificarse, contó a la policía que había sido víctima de un «amor acabado»: «Huyo de un marido violento que quería quitarme para siempre a mi hija. Pero ahora me siento feliz porque soy yo quien me la llevo a mi país». Tina Rothkamm, profesora en Dusseldorf, voló a la isla tunecina de Djerba para buscar a su hija, Amira Jasmine, que, según ella, el padre le había arrebatado ilegalmente. Intentó «mil veces» salir de Túnez en avión, pero cuenta que siempre le fue imposible porque su marido, que es médico, «cuenta con importantes influencias». Por eso le vino la idea de salir como un inmigrante más, pagando «el precio de mercado» (1.400 dólares) que cobran las mafias por el pasaje a Italia.

Al llegar a Lampedusa, Tina y su hija fueron conducidas como dos inmigrantes más al centro de acogida de la isla, con capacidad para acoger a 850 personas, pero ahora está abarrotado y se han habilitado literas para dar cabida a 1.250 prófugos. Sin embargo, Tina Rothkamm, consciente de sus derechos, pidió que la dejaran libre de inmediato: «En todo caso, me voy a un hotel, porque soy ciudadana alemana». El comisario de Lampedusa, Girolamo Di Fazio, realizó las averiguaciones oportunas ante la embajada alemana en Roma, comprobando la veracidad de una historia familiar llena de resentimiento y peleas durante años.

Tras establecer contacto con su embajada, Tina Rothkamm pasó la noche en un hotel con su hija. Como una turista más. Y ayer, relajada y feliz, atendió en el hotel a los medios informativos, acompañada de su hija, ojos grandes, perdidos y a veces alarmados. «Ha pasado mucho miedo», confesaba la madre.

ÁNGEL GÓMEZ FUENTES
CORRESPONSAL EN ROMA

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4.8.10

Se incrementa el número de los apóstatas del Islam que se atreven a dar la cara


WAFA SULTAN

«Cuanto más se prueba la atrocidad del terrorismo islamista, más musulmanes se distancian de su fe», dicen los expertos.

La psicóloga Wafa Sultan es una expatriada siria que reside y trabaja en los EE UU. Además, es una de los muchos apóstatas musulmanes que cada día abjuran públicamente del Islam y reivindican con orgullo la liberación de una religión que han vivido «como una forma de esclavitud intelectual percibida como verdadera fuente de odio».

En junio de 2005, Wafa Sultan publicó un artículo en el portal reformista www.annaqed.com titulado «Los Hermanos Musulmanes: ¿A quién están intentando engañar?». Desde entonces, la doctora se ha convertido en una de las más arrojadas militantes antiislámicas. En sólo siete días, Sultan se ha ganado dos veces la acusación de hereje y apóstata: la primera, en directo en la televisión Al Yazira, por parte de un profesor de la Universidad islámica Al Azhar, y después, con una «fatwa» (responso jurídico islámico) de condena por apostasía, anunciada a los fieles durante un sermón en una mezquita de Damasco. El predicador llegó a decir que «esta apóstata es más nociva para el Islam que las viñetas del profeta Mahoma».

En junio de 2005, Sultan ya había participado en un debate en Al Yazira, (Ver todos los vídeos de Wafa Sultan) pero esta vez ha ido más lejos. Con motivo de la aparición de las famosas viñetas, el 21 de febrero Wafa participó en en el programa «A contracorriente» de la cadena árabe, en un debate por videoconferencia que se emitió en directo, y en el que habló ante el profesor egipcio Ibrahim Al -Khouli. El vídeo ha sido recogido por la MEMRI TV y puede verse en www.ifilm.com/top100 (número 65): «Lo que vemos no es un choque de civilizaciones o de religiones -comienza Wafa- sino un choque entre una mentalidad medieval contra la del siglo XXI, entre la civilización y el atraso, la libertad y la represión, la democracia y la dictadura, quienes tratan a las mujeres como bestias y quienes las tratan como seres humanos», continúa.

Guerra de civilizaciones
Cuando el presentador Feisal al Kassem le pregunta: «¿Está diciendo que es un conflicto entre la civilización occidental y el atraso de los musulmanes?», Wafa responde rotunda: «Sí, exactamente». Y argumenta: «Son los musulmanes los que han desencadenado la guerra de civilizaciones, desde que el profeta del islam dijo: “Me ha sido ordenado combatir a la gente hasta que crean en Dios y en su profeta” y desde que han dividido a la gente entre musulmanes y no musulmanes».

Durante la entrevista se refiere también a judíos y budistas: «Los judíos han salido de una tragedia, el Holocausto, y han forzado al mundo a que los respetara, pero por sus conocimientos, no con el terror. La Humanidad debe muchos de los descubrimientos del siglo XIX y XX a científicos judíos. No hemos visto a un sólo judío hacerse explotar protestando por la muerte de los suyos, o a un budista quemar iglesias. Los musulmanes deberían preguntarse qué pueden hacer por la Humanidad, antes de exigir que ésta los respete», añade. «Mire, yo no soy cristiana, ni musulmana, ni judía. Soy un ser humano. No creo en un mundo sobrenatural, pero respeto el derecho de los demás a creer». «¿Es usted una hereje?», pregunta Al-Khouli. «Soy un ser humano que no cree en lo sobrenatural». «¿Es una hereje?», insiste el clérigo. «Porque entonces no podemos discutir, dado que usted blasfema contra el islam, el Corán y el Profeta». «Ésas son cuestiones personales», replica Wafa, y concluye:«Hermano, puede creer en piedras, mientras no me las lance. Es libre de adorar a quien quiera. ¡Pero deje a la gente tener sus propias creencias!».

Con nombre y apellidos
Sultan Wafa no es la única. El suyo es quizá el caso más reciente, pero el proceso de alejamiento es continuo, como lo reflejan los sitios de Internet www.apostatesofislam.com o www.faithfreedom.org. Desde que Ibn Warraq, un intelectual nacido musulmán en la India y acogido en los EE UU escribió el libro «Por qué no soy musulmán», la lista de los ex musulmanes ateos declarados o conversos ha aumentado considerablemente. El periodista italiano especialista en Islam, Magdi Allam, escribía hace unos días en el Corriere della Sera: «El boom ha llegado tras el 11-S. Cuanto más se evidencia la atrocidad del terrorismo islamista, más musulmanes toman la opción pública de distanciarse del Islam. Es un hecho positivo, no porque se hagan ateos o se conviertan a otro credo, sino porque afirman la primacía de la persona y de la cultura de la vida y de la libertad sobre una ideología que, en aras de una interpretación del Islam, desprecia a la persona y promueve la muerte».

Allam refiere otro caso impactante: el del ex musulmán y ateo declarado Messaoud Bouras, dirigente de la asociación francesa de magrebíes laicos, que en una entrevista ha explicado las razones que le han llevado a apostatar: «No rechazo sólo la ideología islamista, sino que he abjurado del Islam porque el Corán establece claramente una discriminación entre los musulmanes, que deben dominar, y los no musulmanes, que deben someterse», asegura. Según Bouras, «lo más chocante es el delirio paranoico contra los judíos. El odio contra los judíos está presente en todo el Corán: “Malditos sean, allá donde se encuentren, serán cogidos y caerán en la matanza”» (Sura XXXIII, 61).

Fuente: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=10210




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23.7.10

Aceptar el burka en España será un insulto

Pocas voces se expresan con tanta contundencia y claridad sobre temas tabú del mundo musulmán como lo hace la socióloga argelina, residente en Barcelona, Fátima Ayache. Sus palabras de rechazo hacia el burka tienen un doble valor porque provienen de su condición de mujer y musulmana, que además tuvo la valentía de enfrentarse en su momento al integrismo en Argelia.

La profesora Fátima Ayache, en el edificio central de la Universitat de Barcelona donde estudió Historia al llegar a Catalunya Marc Arias
Cuándo llegó a Catalunya?
Lo hice el 1 de agosto de 1989. Mi padre me dijo que no podía quedarme en Argel por el terrorismo, yo no quería ir a Francia, así que vine a Barcelona con la idea de hacer el doctorado sobre las relaciones entre los catalanes y los bereberes.

¿En Argel era profesora de instituto?
Había estudiado Ciencias Sociales y Políticas y llevaba diez años como profesora. Mi formación había sido en francés, pero con la llegada del integrismo en los años 80 empezaron a exigir que se enseñase en árabe. El país se dividió en dos, y fueron unos años muy, muy calientes.

¿Cómo se produjo ese proceso de arabización?
Llegaron profesores contratados de origen egipcio, sirio, a veces sin titulación, pero ellos eran quienes enseñaban árabe clásico. Pero eso sólo fue el inicio del integrismo. Pronto empezaron a decirnos a las mujeres que teníamos que taparnos, ponernos hiyab, vestidos largos... Y lo decían los imanes en las mezquitas y lo repetían los estudiantes. “El islam dice que no puedes ir con pantalones, que no puedes mostrar el pelo”, te decían. Fue muy duro. Mi profesor en la universidad, un liberal llamado Abassi Madani, se presentó un día con chilaba y barba y se convirtió en el líder del FIS.

¿Cuál fue su reacción?
Yo era muy rebelde, no podía aceptar aquello, iba a todas las manifestaciones. Además, mi familia ya estaba fichada. Mi padre era decano de la facultad de Tecnología, mi tío dirigía un diario. En casa éramos cuatro chicas, y siempre había podido opinar y estudiar, tenía voz, y de pronto me decían: “Tu sitio está en casa, tú estás para tener hijos”. Hay que haber estado allí para saber lo que supuso. Empezaron las violaciones en la universidad, a los estudiantes les comieron el coco, les dijeron que el Corán decía que la mujer ha de estar en casa.

Y empezó la violencia.
Fue terrible. Una noche escuchamos los gritos de los vecinos. No podías hacer nada, todos teníamos miedo. Al día siguiente descubrimos sus cabezas cortadas. A un tío mío lo mataron a la puerta de su casa delante de su hijo de seis años. A otro familiar fueron a buscarlo para que les pagase dinero; como no estaba, se llevaron a su hijo de 16 años. Y lo mataron.

Terrorismo en estado puro.
Es matar por matar. El integrismo no es un tema político, es delincuencia total, son gente que mata. Entraban en los colegios y mataban por placer. Empecé a tener miedo. (Al padre de Fátima lo mataron más tarde en el despacho de la universidad, cuando ella ya no estaba en Argel. No pudo ir ni a su entierro. Unas acciones que marcan para toda la vida. Aún ahora, dice que los petardos de Sant Joan la ponen nerviosa porque le recuerdan aquellos tiroteos.)

¿Y entonces decide irse?
No tenía seguridad, no tenía libertad, y más siendo mujer. Iba por la calle y tenía que mirar detrás. Pero no me daba la gana taparme. Ni me entraba en la cabeza que compañeros que un día era liberales pasaran a ser fanáticos. Me fui definitivamente en el 92, pero mi mente aún está allí. Me han quitado una parte de la vida.

Desde aquí, ¿cómo valora la polémica del burka?
El burka no existe en el islam, es un símbolo del integrismo puro, de la mujer sumisa. Yo digo: burka no, pero sin debate, sin darle importancia, como mujer musulmana que soy, aceptar el burka en España, país que me ha dado la libertad y me ha permitido tener voz propia, es un insulto. No tiene sentido que quieran traerlo aquí, que quieran que nuestros hijas se tapen de la cabeza a los pies para proteger su honor, cuando yo he visto integristas con la cara tapada para violar y he visto prostitutas que se ponen el hiyab o el burka. No puedo tolerar que le digan a una niña de seis años que tiene que llevar pañuelo: a esa edad no entiende la religión.

Se considera usted una refugiada?
No, gente como yo no queremos pedir asilo. Eso significaría perder nuestra identidad, perder nuestro país. “Vas a matarte viva si pides ser refugiada”, me dijo un día mi padre. Pero ahora la situación ha cambiado en Argelia. Es cierto, ha mejorado mucho. Los atentados son ya puntuales. Gracias al presidente de Argelia, el integrismo está controlado.

¿Lo difícil es entender por qué se produjo esa progresión tan rápida del integrismo?
Los cabezas del integrismo son gente muy preparada, con mucho poder. Luego captan a gente más sencilla. Utilizan a la gente pobre y la engañan con una falsa religión. Al salir del colegio los alumnos pasaban muchas horas en la mezquita y allí les enseñaban esas cosas. Algunos de esos alumnos se convirtieron en soldados de Dios y fueron a morir a Afganistán. Pero eso fue después, antes empezaron a presionar a las chicas de 13 y 14 años para que no fueran más a clase. A mí me decían que era pecadora y me amenazaban, me decían que no querían que fuera profesora.

¿Qué opina de la situación que se vive en España?
He perdido a muchas personas queridas y por eso me subleva ese integrismo camuflado, silencioso, que existe aquí.

En Barcelona ha trabajado en un grupo de investigación con Dolores Juliano en estudios sobre la prostitución en la inmigración. La prostitución es un tema tabú en el mundo musulmán.
Yo he aprendido mucho con esos trabajos de campo. El testimonio de algunas mujeres marroquíes que ejercían la prostitución era muy aleccionador. Una de ellas me dijo: “Mi cuerpo es mi empresa, nunca me había sentido valorada y apreciada como ahora, y además gano un dinero, ahora disfruto con el sexo, nada que ver con aquellas imposiciones de antes”. Y es que para las mujeres obligadas a casarse con 14 años con un hombre al que ni siquiera conocen es como una violación. Y encima deben estar a su disposición cuando él quiera, dependen de su dinero. Para algunas mujeres la prostitución ha sido una forma de liberarse, aunque parezca increíble.

Más recientemente ha intervenido en trabajos con menores inmigrantes no acompañados.
Sí, estuve tres meses en el Casal del Raval. Te das cuenta también de otra realidad. Muchos de ellos no son menores no acompañados, al contrario, han sido enviados por sus familias, incluso puede que tengan amigos y parientes aquí que les dicen dónde tienen que ir. Saben que aquí no estarán en la calle, que un día tendrán papeles y trabajo.

JOSEP PLAYÀ
La Vanguardia.com

4.6.10

O les enseñábamos el Libro de Familia o me moría desangrada en Dubái


Un matrimonio de Xàtiva vive una odisea en un hospital de los Emiratos Árabes porque los médicos creían que había cometido adulterio
02.06.10 VICENT SORIANO | XÀTIVA.

Las autoridades les dieron una hora para demostrar que estaban casados y así evitar ir la cárcel

Ana G. B. y su marido Javier S.G. no olvidarán fácilmente lo que debería haber sido un crucero de placer por los Emiratos Árabes y que se convirtió en una pesadilla para ambos dentro de la sala de un hospital de Dubai. Los dos setabenses contrataron con Costa Cruceros un viaje a bordo del barco Costa Luminosa, en el cual embarcaron en Dubai después de viajar a Zurich vía Madrid, para recorrer ciudades como Abu Dhabi, Al Fujayrah o la propia Dubai en una apretada agenda de ocho días de duración.

Pero cuando llevaban dos días de viaje en el barco, Ana, de 36 años, comenzó a sangrar vaginalmente de una forma anormal, por lo que solicitó la atención del médico de la embarcación, quien únicamente pudo intentar compensar la hemorragia mediante la colocación de un gotero, ordenar un reposo absoluto y dar aviso a una ambulancia para que esperase a la paciente a la llegada al puerto de Dubai, al que llegaron dos días después.

Ana fue trasladada al centro sanitario Nmc Spciality Hospital L. L.C. acompañada de su marido y una guía del barco, y tras una primera inspección por parte de personal sanitario femenino, se le diagnosticó un posible aborto como causa de las hemorragias, algo que la propia paciente desmintió, ya que apenas diez días antes había sido visitada por su ginecólogo y su periodo menstrual había sido normal.

No obstante, el personal médico siguió en su diagnóstico, por lo que procedieron a solicitar el Libro de Familia de la pareja para comprobar la relación entre ambos, ya que en los Emiratos Árabes las relaciones sexuales fuera del matrimonio son ilegales y pueden conllevar pena de prisión. De hecho, en enero, una ciudadana británica fue a denunciar una violación y acabó detenida por tener sexo extramatrimonial en Dubai.
El matrimonio de Xàtiva, que tiene una hija de ocho años, no llevaba encima el documento, por lo que Javier fue retenido de inmediato en el hospital por dos policías armados, exigiéndole que tenía como plazo máximo una hora para presentar el libro o en caso contrario sería encarcelado. Además, a su mujer no se la iba a atender mientras no se mostrase la acreditación de su matrimonio.

Ana recuerda el momento donde la impotencia se apoderó de ambos. «Yo me estaba desangrando y después supe que llegué a una gravedad extrema mientras mi marido intentaba tranquilizarme con los dos agentes al lado. Las mujeres sanitarias me miraban de forma despectiva. Me colocaron una vía y para ello me pincharon repetidas veces. O les enseñábamos el Libro de Familia o me moría desangrada en Dubai».
«Javier llamó a una empleada de la empresa para que fuese a nuestra casa y buscase el documento, y al final lo pudo mandar por fax al hospital cuando a mi marido estaban a punto de llevárselo. Sólo entonces procedieron a atenderme, y necesité tres bolsas de sangre para una transfusión antes de que me hiciesen un legrado. Estuve tres días ingresada», recuerda Ana.

Pero la historia no acabó ahí, ya que el día que tenían que salir del centro para volver a España se les exigió el pago de 3.400 euros pese a tener un seguro contratado. Lograron el dinero y escaparon del hospital cuando apenas quedaba una hora para la salida del avión.

Ana aún siente las lágrimas en los ojos cuando lo narra. «No quiero que a nadie le pase esto. Ellos quieren que se respeten sus derechos y su cultura pero la nuestra la pisotean. Ha sido una pesadilla y creía que nunca más volvería a ver ni a mi hija ni a mi marido».

lasprovincias.es

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El Coro de la Flotilla de ayuda a Gaza por fin nos canta la verdad (Sarcasmo)

Flotilla Choir presents: We Con the World
El Coro de la Flotilla presenta: Nosotros Engañamos al Mundo
Esto es buenísimo.






Traducción: Los MUSULMANES
...no son el problema, el resto del mundo lo es !
(según ellos)

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8.3.10

El dios del Islam es "el mayor terrorista', afirma el hijo de un líder de Hamas

(Actualización) 07/03/2010 - El hijo de un líder de Hamas que ha ayudado a las fuerzas de seguridad de Israel a luchar contra el grupo terrorista islámico afirma que no tiene miedo a morir.

Mosab Hassan Yousef ha declarado a la agencia de noticias AP que está dispuesto a hablar de las brutalidades de Hamas y los males del Islam, a pesar que corre el riesgo de ser capturado y asesinado.

Su libro "Las memorias de Yousef, Hijo de Hamas", ha salido a la venta esta semana y en el describe su relación con el servicio de seguridad israelí Shin Bet, durante más de 10 años.

Mosab Hassan Yousef asegura que el servicio de seguridad israelí tiene un trabajo importante. "Ellos están enfrentando una guerra muy sucia y difícil". "No estoy de acuerdo con todo lo que hacen y de hecho he manifestado estar en contra. Fuí sincero cuando estaba dentro de la organización y que conocen mi posición, y hoy que se sorprenden de lo que estoy diciendo públicamente".

Durante una entrevista concedida a AP, Yousef -ahora un cristiano comprometido - hizo comentarios muy fuertes contra el Islam, al afirmar que "El terrorista más grande es Alá del Corán, el dios del Corán, el dios del Islam". Yousef entiende que este comentario puede ofender a muchas personas -, pero que verdadera intención no es ofender.

Desde que dejó el Islam, Yousef está convencido que a medida que los musulmanes se acercan más Alá y a Mahoma, se vuelven más "inhumanos y terroristas ". Afirma que la lucha contra el terrorismo es en realidad una guerra entre dos dioses. "El dios del Corán por un lado, y el Dios de la Biblia por el otro". Señala  que el sistema islámico obliga a los musulmanes a convertirse en inhumanos.

El padre Yousef, el jeque Hassan Yousef, líder de Hamas, renegó de su hijo el pasado lunes. Pero el joven Yousef, dice que ahora adora a un Dios del que nunca renegará. "Un dios que te enseña a odiar y dice de sí mismo que 'yo soy el engaño [sic]', es diferente del Dios que te dice 'Te amo - no importa lo que hagas, tú eres mi hijo. "

Además añade que convertirse en cristiano, no era cuestión de dejar el Islam por otra religión. "Yo no soy una persona religiosa hoy en día. Yo soy un seguidor de Jesucristo, es simplemente una cuestión de una relación."


Hijo de alto dirigente de Hamas se ha convertido al cristianismo



10/08/2008 - El hijo de uno de los altos dirigentes de Hamas se ha convertido al cristianismo y ora porque algún día su familia también acepte a Jesucristo como su Salvador.

Masab Yousef, hijo Sheik Hassan Yousef líder de Hamás, declaró esta semana que había dejado el Islam y se había convertido al cristianismo en una entrevista exclusiva al periódico israelí Haaretz. Antes de esta entrevista nadie en su familia sabía nada de su conversión e incluso habían tenido contacto con él.

“Esta entrevista le abrirá a muchas personas los ojos, sacudirá al Islam desde sus raíces, no estoy exagerando”, dijo Yousef, quien reside en los Estados Unidos. "¿Se conoce otro caso donde el que un hijo de un dirigente de Hamas, que se crió con los principios del Islam, sale del allí en sentido opuesto?”

Yousef, quien ahora tiene 30 años tuvo su primer encuentro con el cristianismo hace 8 años en Jerusalén, cuando por curiosidad aceptó la invitación a escuchar algo del cristianismo. Después de eso se convirtió en un “entusiasta” de lo que había escuchado y en secreto comenzó a leer la Biblia todos los días.

"El versículo 'Ama a tu enemigo" tenido un gran impacto en mí", señaló Yousef. "En estos momento yo todavía era musulmán y pensaba que continuaría siéndolo. Pero cada día veía cosas terribles hechas en nombre de la religión por aquellos que consideran «grandes creyentes»".

"Estudié más a fondo el Islam y no he encontrado respuestas. Volví a examinar el Corán y los principios de esa fe y me di cuenta como esta errada y es engañosa".

Pero con el cristianismo, Yousef aseguró que podía entender como Dios se ha revelado por Jesucristo. Dijo que podía hablar de Dios y de Jesús días enteros, pero que los musulmanes en realidad no son capaces de decir nada acerca de Dios.

“Creo que el Islam es una gran mentira” acotó Yousef. “Estas personas que supuestamente representa la religión admiran mas a Mahoma que a Dios, matan a gente inocente en el nombre del Islam, maltratan a sus esposas y no tienen ninguna idea de quien es Dios".

“No dudo para nada que irán al infierno. Pero tengo un mensaje para ellos: Existe sólo un paraíso – y su camino es Jesús quien se sacrificó a si mismo en la Cruz por todos nosotros”,

Hace cuatro años Yousef decidió convertirse al cristianismo pero no se lo dijo a su familia. Seguía ayudando a su padre en actividades políticas y su padre sólo sabía que tenía algunos amigos cristianos.

“Me siento responsable. Era mejor para mí estar allí en lugar de estar con una pandilla de tontos que se envenenan su mente", declaró Yousef. "Traté de entender a esas personas, sus pensamientos, para poder cambiarlas desde adentro por el apoyo de una gran persona como lo es mi padre, quien no está de acuerdo ni apoya ataques suicidas".

Yousef describe a su padre como un líder moderado de Hamas.

Yousef ya estaba desencantado con el Islam antes de escuchar del cristianismo puesto que tuvo a los 18 años tuvo que ir a prisión por liderar un movimiento islámico en su escuela secundaria.

En prisión conoció a líderes de Hamas que según el describe "no tienen moral ni integridad" y ocultan la corrupción incluso mejor que los miembros del partido Fatah.

“Nadie sabe mejor que yo como operan" señaló al recordar como familias de Hamas fueron asesinadas por Israel mientras pedían una ayuda económica mientras que los líderes los abandonaron y derrocharon cientos de miles de dólares en tan sólo un mes para protegerse a si mismos.

“(En prisión) me di cuenta que en Hamas no hay nadie como mi padre. El es bueno y amistoso. Pero descubrí como sus colegas son... Después de recuperar mi libertad perdí la fe que tenía en aquellos que ostentosamente representan al Islam."

Hamas está considerado como un grupo terrorista por muchos países del mundo occidental. El grupo ha jurado públicamente destruir a Israel.

Pero ahora Yousef, el mayor de los hijos de Sheikh Yousef, dice que "admira" a Israel.

"Los judíos deben ser cautelosos: No deben nunca, pero nunca pactar paz con Hamas”, aconsejó Yousef. “El Islam, la ideología que los guía, no les permite pactar paz con los judíos. Ellos creen por tradición que el profeta Mahoma luchó contra los judíos y por lo tanto deben continuar luchando contra ellos a muerte".

Además denunció que “toda” la sociedad Palestina santifica la muerte y a los terroristas suicidas.

“En la cultura palestina un terrorista suicida se convierte en héroe, en un mártir. Sheiks les enseña a sus estudiantes "el heroísmo del shaheeds (mártir)'”,

Por otro lado Yousef resaltó como los miembros de Hamas fueron los primeros en usar bombas suicidas contra la población civil.

"Ellos (Hamas) están ciegos y son ignorantes. Es cierto que existen buenas y malas personas en cualquier bando, pero quienes apoyan a Hamas no entienden que están siendo dirigidos por malvados y crueles que lavan el cerebro de los niños haciéndoles creer que si cometen un acto suicida irán al paraíso”.

El cristiano convertido del Islam manifestó que no cree que el Islam dure más de 25 años, porque la verdad acerca del Islam será descubierta y se expondrá haciendo uso de los medios de comunicación del mundo actual.

Es por eso que Yousef espera "abrirles los ojos" a los musulmanes y "revelarles la verdad" en relación con el Islam y el cristianismo con el propósito de "sacarles de la oscuridad y de la prisión del Islam”.

“De esa forma tendrán oportunidad de corregir sus errores, de volverse en buenas personas y darle al Medio Este la oportunidad de vivir en paz”.

Yousef, quien ha asumido el nombre bíblico de José, dijo que sueña que un día se pueda convertir en un escritor para contar su historia personal y también acerca del conflicto en el Medio Este.

“Pero por ahora, mi intenciones son conseguir un trabajo y un lugar para vivir", pues ha dejado sus propiedades en Ramallah para poder vivir en libertad.

Señaló no tener dinero ni un apartamento donde vivir.

Confesó que casi se ha "convertido en uno de los sin hogar de los Estados Unidos, pero que las personas de la Iglesia me están ayudando y dependo de ellos".

Sueña además que un día pueda volver a su tierra y que su familia acepte a Jesucristo.

"Sé que estoy poniendo en peligro mi vida y soy responsable incluso de perder a mi padre, pero espero que él entienda esto y que Dios le dará y mi familia paciencia y les abrirá los a Jesús y al cristianismo ", dijo Yousef. "Tal vez un día pueda regresar a Palestina y al Ramallah con Jesús y con el Reino de Dios"

Fuente: Entre Cristianos



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4.2.09

Merkel exige al Papa claridad ante el Holocausto


Alemania protesta por el fin de la excomunión a un obispo negacionista

La canciller federal alemana, la democristiana Angela Merkel, pidió ayer a Benedicto XVI que "deje bien claro que no se puede negar" el Holocausto. Para Merkel, el Vaticano "no ha explicado satisfactoriamente" la decisión de revocar la excomunión de Richard Williamson. El obispo tradicionalista cuestiona el genocidio de los judíos. La negación del Holocausto es un delito en Alemania.

Con sus declaraciones, Merkel recoge la ola de indignación provocada por las decisiones recientes del bávaro Joseph Ratzinger. Merkel advirtió de que "una decisión del Vaticano que extienda la noción" de que se puede negar el asesinato de seis millones de judíos "no debe quedar sin consecuencias".

La rehabilitación, el pasado 24 de enero, de Williamson y otros tres obispos lefebvrianos inició un encendido debate público en Alemania. El vicepresidente del Consejo Central de los Judíos, Dieter Graumann, habló de "una señal tóxica contra la reconciliación". El grupo perdonado por el Papa se distingue por su antisemitismo y mantiene posiciones tridentinas contra el Islam, la homosexualidad y el protestantismo.

Ayer, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, recordó que la semana pasada el Papa mostró su "plena e indiscutible solidaridad" con los judíos y afirmó que el Holocausto era "un hecho histórico probado". El Papa "no podía haber sido más claro", replicó Lombardi a Merkel.

Sin embargo, las presiones aumentan también en el seno de la Iglesia. El cardenal y obispo de Maguncia, Karl Lehmann, habló en la noche del lunes de "catástrofe" y pidió explicaciones "de las más altas esferas" vaticanas. El cardenal alemán Walter Kasper dijo que estaba muy preocupado por el agrio debate sobre la figura del Papa, que fue tan celebrada por sus compatriotas hace un par de años.

Kasper habló de "deficiente comunicación" y de otros "accidentes laborales" de este pontificado. Entre éstos, figura la cita que hizo Ratzinger en 2006 de un emperador bizantino del siglo XV para ilustrar las tendencias violentas del Islam. El pasado Viernes Santo, pidió la "conversión" de los judíos. Y ha ordenado obispo de Linz a Gerhard Wagner, que acusa de satanismo a Harry Potter.

El País

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14.12.08

Mujeres, la sombra del islam chiíta

La desigualdad entre hombres y mujeres es una constante en Irán, país donde el radicalismo gobierna.

El primer pecado de Sarah es ser mujer. El segundo, haber nacido en Irán, en el corazón del islam chiíta. Y el tercero, no pensar como el resto.

Tiene 25 años, escucha música occidental a escondidas y está enamorada (platónicamente) de un futbolista de raíces portuguesas. Su pelo rubio rebelde se escapa por el hijab pañuelo que cubre la cabeza y el cuello que usa desde niña. Eso y la informe gabardina negra que la envuelve como una oruga en cautiverio la delatan como musulmana, pero su mirada y su sonrisa sin sonido aclaran la duda. Ella es distinta, no es religiosa y es infeliz en este país de apariencias, donde el chiísmo les impone a las mujeres una armadura oscura y las obliga a dejar de ser ellas mismas apenas pisan la calle.

El negro es el color de esta rama del islam que aglutina solo a un 10% de los musulmanes, pero es mayoría en Irak e Irán, y simboliza el martirio por el que pasaron sus guías o imanes.

En Irán, república teocrática, el chiísmo gobierna desde 1979 tras la revolución islámica impulsada por el Ayatola Jomeini, a quien Rosa Montero describió como “ese viejo de rostro sombrío, cejas enredadas y expresión de trueno”, y que enseñaba abiertamente cómo disponer de las mujeres desde pequeñas: “El hombre puede casarse con una niña menor de 9 años, incluso si la niña toma aún el pecho. Sin embargo, el hombre no puede realizar el coito con una niña menor de 9 años (Jomeini, Tahrirolvashyleh, 4º volumen, Irán 1990)”, adoctrinaba el líder de la Revolución Islámica, que murió en 1989, y a quien le sucede vitaliciamente el Ayatola Kamenei.

“Aquí es deber de una mujer cocinar y limpiar la casa. Mi misión en la vida debe ser servir a mi marido y prepararme para cuidar a mis hijos. Pero yo tengo otros sueños”, dice Sarah (nombre cambiado, como la mayoría del reportaje, por solicitud expresa de los entrevistados) ojos almendra y cuerpo de modelo Channel, que estudia Ingeniería en Electricidad en la Universidad Pública de Teherán.

En esta ciudad de más de 15 millones de habitantes la belleza de la mujer está condenada al encierro. No interesa si por causa del hijab exigencia obligatoria que se realiza en obediencia a Alá y a su profeta el pelo deja de oxigenarse, se pudre y se les cae, como les pasa, tarde o temprano, a todas.
Tampoco importa si hace calor en verano la temperatura sobrepasa los 35 grados, o si una chica quiere ser parte del equipo de fútbol todas las jugadoras en Irán usan siempre hijab y pantalones largos.

Descubrir la belleza femenina desordenaría el orden social, según el islam. Por eso, el profeta Mohamed mandó cubrirse a todas las mujeres, y en Irán esta regla rige inclusive para las extranjeras que van de visita.

Dahne, de 28 años y licenciada en literatura persa, defiende la tradición. “Una mujer debe respetar lo que manda el islam, porque si no cumple las reglas no puede llamarse musulmana”, dice en Esfahan, una ciudad donde casi todas visten el hijab completo las cubre desde las muñecas hasta los tobillos-. Esta es, junto a Yarz y Shiraz, la ciudad más conservadora en Irán. Aquí las mujeres con sus mantos negros cubren el ambiente.

Hasta allá ha ido Dahne de compras, desde su natal Hamedan, provincia del interior del país, donde la religión también se vive con intensidad.

En los pueblos el extremismo islámico es más frecuente que en Teherán, donde el 60% de los estudiantes universitarios es mujer. En la zona rural, las madres aún obligan a las hijas a usar el hijab completo, les prohíben maquillarse, limpiar su rostro y su cuerpo (depilarse), andar solas en las calles o con su novio antes del casamiento, ir a la universidad o casarse con quien ellas elijan. “Allí los matrimonios siguen siendo más por negocio que por amor”, dice Sarah.

Dahne, por ejemplo, usa el hijab entero. Y cree tener una fuerte razón para hacerlo: “No está bien que las mujeres muestren partes de su cuerpo, como el cuello o los brazos, porque el cuerpo de una mujer es algo muy precioso, y algo precioso uno lo guarda en un baúl en su casa, no lo pone en una vitrina como esperando que lo compren”.

Está casada hace 7 años y no tiene hijos. Cuando los tenga les enseñará a cultivar la religión islámica, esa que, como ella, practican mil quinientos millones de personas en el mundo. “Yo quiero tener una hija que la sociedad musulmana acepte, no que sea rechazada”, pide.

Las teheraníes dicen en voz baja (por miedo a la Policía) que desde que la revolución islámica puso a mandar a los líderes religiosos, todo es peor.

Esta revolución, liderada inicialmente por universitarios, derrocó la tiranía del Sha Mohammad Reza Pahlevi, en 1979. Fue la época en que los iraníes creyeron que habían llegado las libertades para todos. Pero lo que ocurrió fue que se instauró un régimen teocrático, donde son los líderes religiosos o Ayatollás los que tienen la última palabra. Junto a ellos, el gobierno del presidente Mahmud Ahmadineyad, en el poder desde 2005, persigue un apego total a la tradición chií y condena a las mujeres y hombres que la incumplan.

El acoso policial y de la inteligencia de los “guardianes de la revolución” se siente al respirar un poco más profundo el aire en Teherán, donde actúa, por ejemplo, una Policía especializada en cazar a las mujeres que visten de forma “indecorosa”.
Traducido literalmente del persa farsí (el idioma oficial), esta Policía se llama “de corregimiento de la moral”. Pero le llaman la “fashion police” o “policía de la moda”.

Son hombres uniformados de verde que persiguen, en motocicletas, a quienes llevan demasiado maquillaje, o tienen mal puesto el hijab, o no llevan un trapo largo que les tape las curvas del cuerpo hasta las rodillas. Si hallan a alguna rebelde, la llevan a la delegación de Policía y le darán una lección sobre la fe musulmana hasta que venga por ella algún pariente, hombre.

Otra regla manda a las mujeres no salir solas a la calle, sobre todo si son solteras. Siempre deben ir acompañadas por un hombre, y si ese hombre no es su pariente o su esposo, ellas deben seguirlo a dos metros de distancia. Y una especial para los buses: ellas deben ocupar los asientos de atrás, nunca pueden sentarse en los primeros.

La lucha de algunas ha conseguido, por ejemplo, que las mujeres puedan seguir carreras, como Derecho. Sin embargo, se les prohíbe dictar sentencias. Es decir: en Irán hay abogadas, pero no juezas.

La frase “está prohibido” es quizá la que más escuchará un extranjero cuando pisa por primera este país de 70 millones de personas, donde las mezquitas parecen ser el único alivio visual. En la retahíla de prohibiciones está, por supuesto, tener sexo fuera del matrimonio.

“Si no eres virgen, cuando te cases vas a ser ofendida por la familia de tu esposo. Te dirán que eres una chica enferma”, advierte Sarah. Pero antes “era peor”, porque “te hacían exámenes, y si no eras virgen, la mamá del novio impedía la boda”.

A ella por ejemplo, a sus 25 años, sus padres la controlan, y eso que no son tan religiosos. “Hasta el año pasado me prohibían llegar a casa pasadas las 12 de la noche. Ahora me dan permiso hasta las dos”, comenta.

Las mujeres deben cuidarse mucho de no quedar embarazadas. “Aquí no existen las madres solteras. La religión lo prohíbe y por eso te obligan a abortar”, revela. Y es que, según las reglas, si una chica queda embarazada la familia debe apartarla para siempre.

Tampoco es admisible que una mujer viva sola. “Si ella quiere vivir sola es porque es una prostituta. Eso es lo que todos pensarán de ella”.

Cualquier manifestación de cariño entre hombres y mujeres en público (tomarse la mano, darse un abrazo, besarse) está también prohibida. Las mujeres no pueden saludar con un beso en la mejilla o darles la mano a los hombres. Lo que deben hacer es una pequeña reverencia.

Zamir, un chico de 25 años que vive en Teherán, cuenta que una vez estaba en su auto con una amiga, a quien le dio un beso en la boca. “Un policía nos vio, y nos quiso llevar a la delegación. Tuvimos que pagarle una coima, como 20 dólares, para que no lo hiciera. Fue un beso muy caro”.

Las mujeres en Irán se quejan, siempre en voz baja, de que las reglas no son estrictas con los hombres. Por ejemplo, la religión les permite tener varias esposas. Esto lo pueden hacer solo los más adinerados, pero no es muy común en la clase media.

Además de varias esposas, la religión y el gobierno islámicos permiten que los hombres alquilen mujeres por el tiempo que deseen: horas, días, semanas, meses. A estas mujeres, en Teherán, les dicen despectivamente “jende”, que es una palabra muy fuerte para llamar a las prostitutas legales.

Los hombres casados que quieren tener otra mujer por un rato, lo único que deben hacer es ir ante un molá (especie de sacerdote en la religión católica) para que, mediante un contrato, él autorice la unión que no suele durar más que unas pocas horas.

Las esposas detestan esta práctica, pero no pueden hacer nada para cambiarla. Sobre esto, ellas coinciden en algo: “todos son infieles”.

“Los hombres siempre quieren hacer un mal, pagar un menor precio. No les gusta comprometerse”, dice Sogol, una chica de 22 años que estudia español en la universidad pública, y ha tenido, a escondidas, cuatro novios. “Aquí nuestro único entretenimiento es comer e ir al cine”, lamenta esta chica que dice que no es del todo religiosa, pero tiene “algunos pensamientos de fe”.

“Los hombres en Irán son protectores, celosos y 99% infieles”, describe. Pero una amiga de su universidad polemiza con ella en persa, defendiendo a los hombres.

“Ella dice que como en Irán hay demasiadas mujeres (más de la mitad de la población), entonces, ellos tienen que estar con dos a la vez. Pero que eso no está mal, porque es necesario”, traduce Sogol, quien piensa que las mujeres “somos más inteligentes y podemos hacer muchas más cosas que los hombres”.

Sin embargo, esto no lo puede decir en voz alta, pues sería mal vista por esta sociedad donde a las mujeres no se las escucha. “Así es la religión y tenemos que seguirla, aunque no nos guste”, dice un tanto resignada.

Pero ella y sus amigos han encontrado otra forma de divertirse, un tanto arriesgada: las fiestas clandestinas. “Hacemos fiestas privadas que son ilegales porque tomamos alcohol. En verano, al menos hacemos una fiesta por semana”, revela la chica que usa un pañuelo bastante colorido y un jean debajo de una larga gabardina.

“Yo voy a fiestas privadas también. Allí las mujeres no usan pañuelo y pueden beber alcohol. Pero si la Policía se entera de lo que estás haciendo te llevan preso, porque es prohibido”, confirma Zamir, un chico al que le gusta la bachata latinoamericana y el rap. “Es que la música tradicional es muy triste, es mejor que no la pongan”, agrega.

En el mundo musulmán no existen las discotecas, bares, pubs o cualquier sitio de entretenimiento parecido. Los conciertos que se hacen son de músicos nacionales.

Además, el gobierno de Ahmadineyad prohibió las películas y la música de Occidente, principalmente de Estados Unidos, país que mantiene un bloqueo comercial con esta nación islámica.

“Está prohibido ver películas donde aparezcan personas besándose, mucho peor teniendo sexo”, alerta Zamir.

Asimismo, el Gobierno restringe los espacios de socialización en Internet como el Hi 5 o el Facebook y las páginas con contenidos eróticos o sexuales. Si uno intenta ingresar, simplemente aparece un mensaje que avisa sobre su restricción.

En Irán se trabaja de sábado a jueves, porque el viernes es el día santo en el islam. Es el día de “fiesta” para la gente. Pero a Sogol le deprimen mucho los viernes, sobre todo por la tarde, “porque casi siempre tengo que estar con mi familia, comer con ellos, y no siempre tengo ganas. A veces me siento muy triste por no poder salir y divertirme”.

Marcela Noriega

Editora de Actualidad

1.12.08

Víctimas en Afganistán

Aziza no puede desvelar su identidad por razones de seguridad. Sus manos quedaron deformadas por las quemaduras causadas por su marido. Foto: Mònica Bernabé

La fotografía que ven en esta página corresponde a las manos de una joven afgana de 16 años, Aziza, cuyo marido le prendió fuego un día por no haber cocido bien el pan. Las quemaduras le dejaron medio cuerpo arrugado y los dedos deformados y soldados como si fueran barras de metal.

Aziza se casó a la fuerza cuando sólo tenía 12 años. Su padre pidió un préstamo a un comandante militar del norte de Afganistán, y después no pudo saldar la deuda. El comandante exigió entonces como pago casarse con alguna de sus dos hijas. Eligió primero a la mayor, una adolescente con formas ya de mujer, que huyó de casa tan pronto supo que pretendían esposarla con un hombre que le triplicaba la edad. Y después se fijó en Aziza, que no tuvo más remedio que aceptar lo que no quería: casarse a pesar de ser una niña e irse a vivir con un extraño. Así empezó su calvario.

Aziza reside ahora en una de las cuatro únicas casas de acogida para mujeres maltratadas que existen en Afganistán. Es un lugar secreto, en Kabul, regentado por la ONG local Humanitarian Assistance for the Women and Children of Afghanistan (HAWCA). Junto a ella, hay 19 jóvenes más. Todas adolescentes, algunas incluso con cara de niñas, que también sufrieron la violencia desde muy pronta edad, y tuvieron que huir del hogar.

Esta semana, todas ellas conmemoraron, ilusionadas, el Día Internacional contra la Violencia de Género. Lo hicieron con una función el 26 de noviembre, un día después de la celebración oficial para así no solaparse con los actos previstos en la ciudad. Leyeron poemas, entonaron canciones populares afganas que tienen letras tan significativas como "soy madre y no deseo tener una hija porque no quiero que sufra como yo", y pusieron en escena algunas de las muchas situaciones en que en Afganistán se atenta contra la dignidad y los derechos de las mujeres.

Lo hicieron visiblemente emocionadas porque, para ellas, aquello no era teatro, sino retazos de su propia vida.

A la función se invitó un público reducido, autoridades de confianza a las que se les pudiera revelar el lugar donde viven las jóvenes escondidas, una especie de cárcel de la que no pueden salir por su propia seguridad, pues les va la vida. La cita era a la una de la tarde, y a esa hora las chicas esperaban impacientes ver asomar, aunque sólo fuera una vez al año, caras nuevas en su cautiverio voluntario. Pero se hicieron la una, las dos y las tres –como dice Joaquín Sabina-, y allí no apareció nadie.

"Lo siento me he quedado en el despacho porque tengo mucho trabajo", dijo la responsable de temas de la mujer de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán (AIHRC), cuando se le llamó por teléfono para saber si finalmente se presentaría a la cita. Con una excusa similar se disculpó la representante del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem). La de la Comisión Europea contestó que estaba de viaje, a pesar de que el día anterior había confirmado la asistencia. Y más de lo mismo fue la respuesta de la representante del Ministerio de Asuntos de la Mujer.

A la responsable de la ONG convocante, Selay Ghaffar, se le veía con cara claramente disgustada. Todas aquellas instituciones que daban excusas habían estado presentes un día antes en el acto oficial de conmemoración del Día contra la Violencia de Género, en el que tantos discursos se hicieron referentes a esas jóvenes víctimas a las que ahora nadie importaba ver.

MÒNICA BERNABÉ desde Kabul

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13.9.08

Oriana Fallaci deja un mensaje póstumo al mundo


Este entrada es un pequeño homenaje a la escritora y periodista Orina Fallaci que murió de cáncer el 15.09.2006, hace ahora dos años lo cual no nos impide recordarla como se merece.
Oriana mantuvo siempre desde una posición liberal y laica su estilo literario, apasionado, controvertido y polemista. Ha tocado todo tipo de géneros, desde la opinión, a los reportajes, o las entrevistas a grandes personajes del siglo XX.
Para recordarla he elegido su “MENSAJE PÓSTUMO AL MUNDO”



UN MENSAJE PÓSTUMO AL MUNDO

La periodista se confesó en una entrevista para ser publicada a su muerte, las palabras de Oriana Fallaci desprenden una fuerza sublimar, y una libertad de expresión exenta de interesados prejuicios, destacando sobre todo su gran personalidad y su total indiferencia a las criticas mundanas. Es una satisfacción poder ofrecer a mis lectores este mensaje que seguro a nadie dejara indiferente.

LA VIDA

El señor Bin Laden dijo que la muerte es un fin, una conquista. La palabra que me ha horrorizado más es conquista. Para mí, para nuestra cultura, la conquista es la vida. Siempre he amado la vida con desesperación, con alegría. Cuando era muy joven, el recuerdo de los campos de concentración de Alemania formaba parte de nuestra vida diaria. Y me decía que si hubiese sido un niño judío y el Padre Eterno me hubiese preguntado: "¿Qué prefieres, morir de niño en un campo de concentración o no nacer?", yo le habría contestado: "Prefiero nacer, así sabré lo que se siente, aunque sea brevemente, al correr, al reír, al comer un helado y mirar el cielo azul". Cada uno de mis libros es un grito de odio por la muerte y un grito de alegría por la vida.

LA ENFERMEDAD

Estoy convencida de que el cáncer es una dolencia inteligente. Esta historia de la inteligencia se me ocurrió porque, cuando me quitaron esa cosa enorme me dije quiero verlo, guardarlo, es algo mío, quiero verlo.
A los dos días de la operación, fui al hospital a verlo al microscopio. Me impresionó muchísimo porque era una piedrecilla, nada más que una piedrecilla. Blanco, limpísimo, gracioso. Pero seccionado parecía una plaza enloquecida. Había algo vital e inteligente en aquellas células que luchaban entre sí. Me hicieron pensar en criaturas de otro planeta.
Empecé a llamarlo Extraterrestre y desde entonces comenzó un silencioso diálogo con él, un desafío a este enemigo que llevo dentro, como una especie de Bin Laden: nunca se sabe en qué cueva está. De vez en cuando sale por algún sitio donde no está el ejército estadounidense. Sólo estoy yo. Y cuando sale, lo hace para eliminarme. Entonces le suelto un discurso. Le digo: tú existes porque existo yo, eres un parásito mío, para vivir me necesitas a mí. Si me matas, tú también mueres. Este desafío se ha vuelto tan personal y tan humano que sigo fumando como antes, más que antes.

LA ENVIDIA

No me preguntéis el motivo de todas las maldades que se han escrito sobre mis libros. Cada vez que ocurre me pregunto, asombrada, perpleja, incrédula: ¿por qué?
No pertenezco a ningún partido, no pertenezco a ningún grupo, mejor dicho, a ninguna mafia literaria. Jamás digo nada de nadie ni insulto los libros de los demás. Si son malos, nunca digo que son malos. Ni siquiera digo que no me gustan. No lo digo porque sé que escribir un libro, sea bueno o malo, es muy fatigoso. Y me reconozco en esa fatiga, la respeto.

Entonces, ¿por qué? La gente asocia el éxito, la notoriedad, mejor dicho, la popularidad, con la felicidad. Por eso se pasa la vida poniendo verdes a los divos, a las divas, a los hombres de poder. De hecho, a los hombres de poder nunca se los fustiga por lo que deberían ser fustigados, por sus errores, sus abusos, sus incapacidades, sus culpas, las cosas por las que los ataco yo. La gente los ataca porque en su poder, en su éxito, ve un triunfo de la felicidad.
Pero la felicidad no tiene nada que ver con la fama, con la popularidad, con la fortuna económica que, de un modo u otro, se deriva del estatus del éxito. Es todo lo contrario: la fama, el éxito casi siempre son fuente de muchas infelicidades. La soledad, por ejemplo.

Todas las personas de éxito que he conocido eran personas que estaban profundamente solas. Aunque vivieran rodeadas de multitudes, reverenciadas por multitudes, o precisamente por eso. Además, está la vulnerabilidad; una persona que tiene fama y éxito siempre está más expuesta a los ataques, a las calumnias, a las heridas.
El aspecto más sórdido del cretinismo que acompaña casi siempre a la envidia es que las personas sencillas nunca odian, al contrario, aman a las personas de éxito porque transfieren en ellas sus sueños, sus ambiciones.

Quienes odian son las personas involucradas en cierto modo en el mecanismo del éxito de la persona envidiada. Es decir, las que hacen su mismo trabajo, las que pertenecen a su mundo. Pero tampoco lo entiendo. ¿Envidia de qué?

Mi vida ha sido durísima y muy infeliz. Aquellos a quienes más amaba están muertos. Siempre he ganado poco en relación con el éxito que he tenido y el trabajo que he hecho. Y he trabajado mucho, de verdad, muchísimo. Jamás tuve los sueldos fabulosos que ganan hoy los periodistas, por no hablar de los de los directores, ni siquiera me los he imaginado.

El cáncer que exterminó a toda mi familia me ha salido a mí también. Y desde que me ha salido, llevo una vida muy difícil. Sin embargo, sigo trabajando, viviendo dignamente, en silencio, por mi cuenta, sin poner verde a nadie, sin hablar siquiera de los demás.
Pero los de mi oficio me odian a muerte. A veces he tratado de hacer examen de conciencia. He intentado analizar si yo tenía la culpa y he llegado a la conclusión de que soy una mujer que puede ser altiva, soberbia, en la misma medida en que puede ser cordial y afectuosa. Tengo un sentido moral tan riguroso que llego a adoptar posturas implacables, lo reconozco. Pero soy indulgente en igual medida. Es más, soy generosa. Trato de entenderlo todo y a todos. O mejor dicho, las dos caras de la moneda. Y esto me hace justa. Me convierte en una persona de bien.

EL BALANCE

Soy ante todo y sobre todo una persona de bien. En mi vida no hay manchas. Nunca he hecho marranadas, ni he cometido traiciones ni perfidias. He sido dura, pero lo he sido con los demás en la misma medida que conmigo misma. La persona con la que soy más dura, menos indulgente y más implacable es precisamente Oriana. Siempre me veo defectos y por ello me castigo. ¿Qué defectos? Un exceso tal de rigor que puedo llamarlo maniqueísmo.
La incapacidad absoluta de perdonar. Puedo tratar de olvidar, pero siempre llega el momento en que recuerdo, y cuando el recuerdo aflora desde los abismos de las heridas encubiertas, la falta de perdón reaparece, impetuosa, implacable.
Hay en mí como una vena monacal que puede molestar a cierta gente, lo reconozco. Pero va acompañada de urbanidad; no conozco el chismorreo, la calumnia, la difamación. O las conozco en la medida en que las he sufrido en carne propia. Yo sólo envidio a las mujeres que tienen hijos. Nunca he podido tenerlos; se morían antes de nacer.

LA MATERNIDAD

Si me preguntáis cuál es para mí el símbolo de la belleza femenina, no pienso en la Venus de Milo ni en Sofia Loren. Pienso en una hermosa mujer preñada. Una mujer que lleva dentro otra vida tiene algo poderoso, triunfal, de una belleza incomparable. Una mujer deformada por un barrigón que contiene a otro ser humano. Una de las estatuas que más me conmueven es una prehistórica de una mujer preñada.
En cierta ocasión se la enseñé a un amigo y le dije: "Mira qué esplendor". Y él me contestó: "Querrás decir qué horror". Terminamos riñendo.

Respecto a la maternidad me enfado siempre, con pocas palabras también lo hice en un libro al referirme a que el italiano es el pueblo con la más baja natalidad de Occidente. Me parece una traición, una canallada contra el propio país, la propia cultura, la propia sociedad, ¡contra la vida! Tener el privilegio de traer al mundo a otro ser humano - ya sé que se precisan dos para traerlo al mundo, pero el privilegio de llevarlo en el vientre, de alimentarlo con la propia sangre, de cumplir con la responsabilidad de su llegada al mundo es completamente femenino-, dar a luz a otro ser humano, es la única manera de ser inmortal. Cuando has dado a luz a otro ser, al morir, no mueres, porque seguirás viviendo a través de ese ser, hecho de tu misma carne, de tu misma sangre.

Me pesa, sí, me pesa no dejar al menos un hijo cuando me muera. Por eso, cuando hablo de mis libros, siempre me refiero a ellos con la palabra hijos. Mi hijo, mis hijos. Pero mis hijos son hijos de papel. No de mi sangre. Y los hijos de papel no paren otros hijos de papel. No son más que una pobre ilusión de la maternidad.

LA VEJEZ

La vejez es, obviamente, una conquista. La alternativa, es decir, el cementerio, es mucho peor. Pero la mayor virtud de la vejez es la libertad. De joven no era libre. Luchaba por la libertad, soñaba con la libertad, pero no era libre.
La libertad que me rodeaba tras 1945, es decir, tras acabar la Segunda Guerra Mundial, era una libertad política, no psicológica. No lo era, porque yo era mujer y porque, precisamente, era joven. Al ir creciendo me fui haciendo más libre (...). Pero nunca me sentí completamente libre. Empecé a sentirlo más a medida que me fueron saliendo arrugas en la cara. Cuanto más profundas las arrugas, más libre me sentía y menos temía los juicios de los otros, las prepotencias de los otros, las incomprensiones. Cuando las arrugas llegaron a lo que son hoy, me sentí completamente libre. De hecho, empecé a decir que mis arrugas son mis medallas.

La vejez es una catarsis. Ya no temes a nadie; el único riesgo que existe es que si no tienes sentido ético, y yo lo tengo, llegas a pensar que todo te está permitido, que puedes hacerlo todo. Sabes más, cuando eres viejo entiendes (...). Está el problema físico, es cierto. Cuando somos viejos ya no podemos hacer las cosas que hacíamos de jóvenes. Tu cuerpo es como el viejo motor de un coche viejo; las piernas ya no corren como cuando eras joven, los pulmones no respiran como respiraban antes y el corazón, ¡ay!, te da cada chasco...

A los sesenta años fui a la guerra del Golfo (...). Cuando me dijeron que para ir con los estadounidenses al desierto había que (...) llevar una mochila que pesaba al menos 35 kilos, creí que me moría. No podía, no puedo cargar 35 kilos sobre los hombros. Ya no puedo (...).

ESCRIBIR

Escribir es el oficio más fatigoso del mundo. Cuando escribo, me canso, incluso físicamente. Me canso como un mozo de cuerda, como un minero, como los que hacen un trabajo pesado. Pese a ello, no puedo dejar de escribir.

BIN LADEN

Lo vi en la televisión. Se reían de los muertos (de las Torres Gemelas), se reían, y entonces sentí crecer dentro de mí un odio intenso (...). Sentí crecer en mí una repulsión física, algo que no suele ocurrirme, porque termino siempre por ceder a la piedad, y si no es piedad, es profesionalidad.

Como escritora tengo que ponerme en el lugar de todos, tengo que tratar de entrar en su cabeza. Y entendí cuál es el motivo de este odio. En el fondo están el instinto, los sentidos. Estoy obsesionada por el mal que emana de él. Es el Mal. Nadie puede negarle a esta gente la patente de personaje. Son grandes personajes. Es verdad que hemos contribuido a crearlos con los libros, la televisión, los periódicos, pero cuando el personaje no existe, ya puedes hacerle toda la publicidad que quieras, si no existe, no existe.
La verdad es que la atracción por ellos nace de lo que hacen (...). En mi opinión, la pregunta que hay que plantearse es:
¿por qué este mundo (...) produce personajes que nosotros no soñamos siquiera? Porque ellos tienen algo que a nosotros nos falta: pasión.
Tienen fe y pasión. En el mal, en negativo, pero la tienen.

Nosotros ya no la tenemos, la hemos perdido, nuestra forma de sociedad ha insensibilizado el ánimo, ha endurecido el corazón de la gente. Incluso en las relaciones amorosas hay menos pasión. En cuanto a la fe, en nuestro mundo ésa es una palabra desconocida. Ellos son más tontos que nosotros, pero son profundamente apasionados, y por tanto, más vitales. Hasta la guerra, que es un acto de pasión en negativo, la ferocidad, la sangre, se ha vuelto estéril, limpia. Esta falta de pasión se refleja en nuestra vida diaria, porque en lugar de la pasión tenemos el bienestar, la comodidad, el raciocinio. Todo lo que somos es fruto del raciocinio, no de la pasión.

EL BIENESTAR

En lugar de pasión hoy tenemos hedonismo (...). Las ciruelas sin hueso, el aire acondicionado. Yo me crié con frío, con hambre, con miedo. Tres dimensiones que hoy no se aceptan siquiera.

EL ENEMIGO

¿Respeto a los militares de Al Qaeda que ahora luchan en Tora Bora (en Afganistán, contra los estadounidenses)? Claro que sí. Tal vez cada uno de ellos sea un posible kamikaze dispuesto a lanzarse contra un objetivo civil y a matar a miles de civiles, incluidas las niñas de cuatro años. Pero en este momento y en estos días, no se comportan como kamikazes, se comportan como soldados. Y el enemigo que lucha siempre debe ser respetado.

Existe una gran diferencia entre los talibanes que tras tanto desgañitarse escapan y se rinden (...) y estos enemigos que combaten como los alemanes en 1945 en Berlín. Siempre sentí, incluso de jovencita, mucho respeto por mis enemigos alemanes que (...) combatían contra los rusos que habían sitiado la capital. Es lo que Al Qaeda hace en Tora Bora.

LA GUERRA

Entre las armas, las explosiones, el miedo, la muerte y yo existe una lúgubre familiaridad.
Es cierto lo que les grito a los hijos de Alá: nací en la guerra, me crié en la guerra, de guerra entiendo más que vosotros. Por la vida que he llevado, o sabe Dios por qué, lo veo todo en términos de guerra, de paz y de guerra.

Es mi referencia continua. Mi disciplina es militar (...). La guerra es el desafío supremo (...). Cuando te movilizas para entrar en combate, o cuando estás en él, nadie se ocupa de ti, nadie te mira. Estás solo contigo mismo. Eres tu propio juez (...). Existe otra lúgubre seducción. Es la monstruosa vitalidad que en sí misma trae la guerra. Nunca me sentí tan viva como después de una batalla de la que salí sana y salva. Quien en la guerra dice que no tiene miedo es un imbécil, un mentiroso (...). La cuestión está en hacer las cosas pasando por encima del miedo (...).

Después de haber ganado ese desafío es cuando te sientes tan vivo. Vivo como no te sientes siquiera en los momentos de alegría más embriagadores, en los momentos de amor más vertiginosos. Por desgracia, esto es lo que te da la guerra. El gran desafío: la vida o la muerte. El juego de dados.

Escuchemos a Santiago Carrillo en la entrevista que le hizo Oriana Fallaci en octubre del año 1975: "Yo a los comunistas les reprocho, si acaso, un orgullo y un triunfalismo exagerados. Se sienten siempre superiores a todo el mundo. Y distintos de todo el mundo. Tal vez sea porque los demás les hacen sentirse diferentes... Además, tienen otro defecto: apenas se convierten en un partido de masas, se vuelven soberbios". Sólo añadiría a estas sabias palabras que cuando se trata de un pequeño partido familiar ocurre exactamente lo mismo.

LUCIA ANNUNZIATA
La Vanguardia 17- 09 2006

El mundo recordara tu legado y tus advertencias, estés donde estés descansa en paz Oriana Fallaci.

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9.9.08

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Se alzan los velos en Kabul

'Nos habían robado la vida, pero la vida ha vuelto a nosotros'. Nafisa, una mujer de 45 años y madre de siete hijos, intenta resumirme con esta frase lo que para ella y su familia ha supuesto el fin de la pesadilla vivida durante los últimos cinco años.

Nafisa habla con desparpajo y parece que tiene prisa por volcar en palabras todos los sentimientos y sensaciones acumulados a lo largo de las últimas horas. 'Cuando escuché la radio empecé a gritar por la casa: ¡música, música!... Sentí que mi espíritu se elevaba'. No era para menos: al igual que la mayoría de los habitantes de Kabul, Nafisa llevaba esos cinco largos años sin escuchar una canción, una sola nota musical.

Nafisa y cuatro de sus hijos han aceptado invitarme a su casa, pese a que el padre se ha marchado al centro de la ciudad. Ha sido a propuesta mía. Caminaban por la calle, en fila india. Khomayan, hijo de 18 años, el primero. Le seguían tres mujeres cubiertas con burkas azules, y una niña de 10 años, con un pañuelo blanco a la cabeza, iba la última. Le pedí al intérprete que se dirigiera al muchacho, para no herir susceptibilidades, y le preguntara si podía hablar con las mujeres. Para muchos afganos es una ofensa que uno se dirija a las mujeres sin pedir permiso primero a los varones, aunque se trate de poco más de un adolescente.

A través de la rejilla del burka, Nafisa respondía a mis preguntas mientras decenas de curiosos se iban apelotonando a nuestro alrededor. Pregunté entonces si sería posible que siguiéramos la conversación en su casa, de forma distendida, sin estar rodeados por lo que ya era casi una multitud. Khomayan, ejerciendo de jefe de familia en ausencia del padre, respondió afirmativamente.

Nafisa y su marido eran profesores de manualidades en un orfanato regentado por una institución benéfica hasta que llegaron los talibanes. Fueron despedidos de su trabajo y tuvieron que agarrarse a lo que pudieron para sobrevivir. 'Toda la familia teje alfombras', explica Nafisa. Desde el menor de los hijos, de ocho años, hasta el mayor, de 22, pasan todo el día hilando en su propia casa. El producto de su trabajo lo venden a un almacén que les paga unos tres dólares por metro tejido.

Nafisa y su familia estaban durmiendo cuando los talibanes se retiraron de Kabul. Como muchos otros habitantes de la ciudad, a la mañana siguiente no podían dar crédito a la noticia de que sus opresores se habían marchado y las fuerzas de la Alianza del Norte estaban a punto de entrar en la capital afgana. 'Cuando nos levantamos se habían ido, sentimos una felicidad inmensa'. Aun así, Nafisa y sus hijas pasaron tres días sin atreverse a salir a la calle. Cuando las detuve en medio de una acera estaban dando su primer paseo.

'Ha sido terrorífico', afirma Nafisa, al recordar el pasado reciente, mientras permanecemos sentados en el suelo, sobre una alfombra, entre las cuatro paredes desnudas de una de las tres habitaciones de su humilde vivienda. 'El más mínimo delito estaba castigado con la penamás severa', añade, intentando explicar al extranjero el reinado del terror impuesto por el siniestro régimen talibán. 'A mí me detuvieron una vez en la calle y me dieron varios latigazos. Luego me llevaron a una comisaría y me cortaron el pelo porque decían que lo llevaba muy largo', recuerda Khomayan, interviniendo en la conversación.

A golpes de látigo

Una de las señales más evidentes estos días en Kabul de la evaporación del régimen talibán es la desaparición de la temida y todopoderosa policía religiosa, dependiente del Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio. Como puede atestiguar Khomayan por propia experiencia, la policía religiosa ejercía su poder de forma cruel y arbitraria, imponiendo a golpes de látigo las nuevas normas de conducta, que parecían más propias de una prisión que de una sociedad urbana. Pero es que los talibanes convirtieron Kabul y el resto del país en una gran cárcel regida por su ciego fanatismo.

'Es maravilloso pensar que mis hijas van a poder volver al colegio. Ahora apenas saben leer y escribir. Pero en el futuro no serán unas ignorantes', comenta con alivio Nafisa. Una de las primeras decisiones anunciadas por las nuevas autoridades de Kabul, por la Alianza del Norte, es el levantamiento de la prohibición de que las niñas vayan a la escuela. Las hijas de Nafisa, que dentro de casa no ocultan su rostro, se muestran excitadas al hablar de la posibilidad de ir al colegio. La mayor de las presentes tiene 16 años, se llama Fazela y asegura que quiere ser maestra. Ya casi ni se acuerda de cómo era la escuela a la que acudía de niña. 'Y podrán trabajar fuera de casa', añade Nafisa. Otra de las prohibiciones impuestas a la mujer por los misóginos del turbante negro era precisamente la de trabajar.

Kabul está en ebullición. Todo el mundo habla en las calles de la huida de los talibanes y la llegada de la Alianza del Norte. Todo el mundo significa, en términos afganos, los hombres. Pese a la caída del régimen talibán, son pocas las mujeres que se ven por la calle, y muchas menos las que se atreven a salir sin el burka. Se podrían contar con los dedos de una mano.

'Cuando pase un tiempo y veamos que la situación ha cambiado realmente y es segura, entonces nos quitaremos el burka', me ha comentado un rato antes Nafisa. 'Aunque vestiremos a la manera tradicional islámica'. Para Nafisa esa vestimenta correcta, a la luz del islam, significa ir tocadas con un pañuelo a la cabeza como el que lleva en público su hija menor.

En la calle Istiqlal, en una verja junto al bombardeado edificio de Ariana, las líneas aéreas afganas, varios puestos callejeros exhiben pósteres de todo tipo; los que más llaman la atención y los preferidos por los clientes son los de jóvenes muchachas. Entre ellos destaca el de Rani Mukarjee, una actriz de cine india muy popular en Afganistán, aunque hacía años que su rostro, como el de cualquier ser viviente, no podía exhibirse en público. Pero hay también afiches de jóvenes parejas, de niños y niñas rubios y de animales de compañía, como cachorros de perros y gatos.

En una imagen que resume muchas de las contradicciones en la capital afgana, una mujer cubierta con el burka se detiene a observar los pósteres de un Arnold Schwarzenegger exhibiendo musculatura mientras sujeta un arma, y de un
Sylvester Stallone con el torso descubierto y empuñando los guantes de boxeo. Le pregunto a la mujer si ha comprado algo y me asegura que no ha encontrado lo que busca. 'Pero la gente es ahora libre de comprar lo que quiera', añade con satisfacción.

Observar fotografías

También hay fotos en formato tarjeta postal. El dueño del puesto callejero explica que ha tenido todo el material guardado durante los últimos años en su casa, a la espera de poder ponerlos a la venta. Ahora lo ha hecho y no faltan clientes ni gente que se detenga simplemente por el gusto de observar las fotografías, la mayoría de escasa calidad.

No lejos de la calle Istiqlal se encuentra la calle Nadir Pastun. En apenas el centenar de metros que tienen de recorrido se suceden los comercios de productos electrónicos. Hoy es una de las calles más concurridas de Kabul y hay un revuelo enorme. En los escaparates han comenzado a aparecer, como por arte de magia, televisores, radiocasetes, videojuegos y antenas parabólicas.

En el interior de la Farooq Ishar Zay Store, su propietario, Mohamed Daud, me recibe efusivamente y me invita a un té. Se le ve eufórico y despliega una actividad y una energía que resultan agotadoras. 'Estábamos ciegos, con los ojos vendados; ahora ya podemos ver', me dice con satisfacción. Para Daud esa vuelta a la luz tiene mucho que ver con la prosperidad de su negocio. Asegura que está vendiendo 150 televisores diarios y pone en marcha el que tiene sobre el mostrador, conectado a una antena parabólica, y sintoniza un canal musical de la India.

'Si agarro a algún talibán lo ahogo con mis propias manos', prosigue Daud. Toda su mercancía ha sido traída de contrabando desde Pakistán. Lo ha estado haciendo durante años y vendiendo los aparatos, fundamentalmente de música, en la clandestinidad. Varios de sus alijos cayeron en manos talibanes y fueron inmediatamente destruidos. Ahora su negocio vuelve a florecer.

Entre las muchas negaciones a cualquier atisbo de vida impuestas por los talibanes estaba la de escuchar música. La música fue prohibida en la radio, en las calles, en las bodas. Ahora Mohib, un joven de 23 años, pasea calle arriba y abajo con un radiocasete bajo el brazo. Luce orgulloso su rostro recién rasurado. Por fin ha podido desafiar la obligación de dejarse crecer la barba impuesta por los talibanes. La música, estridente para mi gusto, sale a borbotones por el altavoz del aparato.

'Estamos muy contentos, ahora somos como cualquier ser humano', me cuenta Mohib mientras le pido que baje el volumen de su radiocasete para que nuestra conversación no sea un diálogo de sordos. De nuevo la gente se agrupa a nuestro alrededor. La expectación es enorme cada vez que aparece un extranjero y se pone a preguntar, tomar nota y recoger la conversación en una grabadora. Son también muchos años en los que apenas ha habido extranjeros en Kabul, y los pocos que había tenían muy limitados los movimientos. Además, siempre estaba la amenaza de ser víctimas de la polícia religiosa si se hablaba con los afganos sin una autorización previa. Hablar con las mujeres estaba estrictamente prohibido.

El bazar central de Kabul es uno de los lugares más bulliciosos de la ciudad. Los tenderetes exhiben distintas variedades de frutas y verduras, de frutos secos y golosinas, en medio de un continuo revolotear de moscas. En los comercios se puede encontrar prácticamente de todo, incluso productos occidentales, como Coca- Cola, Pepsi-Cola o Nescafé. No hay desabastecimiento ni lo ha habido, según cuenta la gente, durante los últimos tiempos. Pero la mayoría de la población apenas puede comprar esos productos. No ya los occidentales, cuyo precio es prohibitivo, sino la propia producción local. Uno de los grandes desafíos a los que tendrán que hacer frente las nuevas autoridades de Kabul es intentar que la situación económica deje de condenar a miles de familias al hambre, a una vida al borde de la supervivencia.

El filántropo Yajeb

A las puertas de un almacén textil, un centenar de mujeres, todas imbuidas en sus burkas, aguardan pacientemente. Vienen por la mañana y se marchan por la noche desde hace cuatro días, a la espera de que aparezca Haji Yajeb, el propietario. Yajeb ejerce de filántropo repartiendo comida entre los pobres. Las mujeres reciben una especie de cartilla de racionamiento que les da derecho a una ración de un kilo de arroz mezclado con algo de carne.

La primera mujer a la que me dirijo se llama Sohaila, tiene 35 años y es viuda. Como en el caso de la mayoría de las viudas, su situación es dramática. Prohibido el trabajo de la mujer, las viudas tienen que hacer auténticos malabarismos para
sobrevivir y mantener a sus hijos. En un país donde el principal oficio en los últimos 20 años ha sido el de las armas, el número de viudas es sobrecogedor. 'Los talibanes nos condenaron a morir poco a poco. Espero que el futuro Gobierno pueda alimentarnos', dice Sohaila sin demasiada convicción. O quizá es que resulta difícil calibrar el peso y el tono de las palabras cuando salen a través de la rejilla del burka y no se puede ver la mirada de quien nos habla.

Poco a poco se va formando un corro a nuestro alrededor y el revuelo va en aumento. Las mujeres creen que reparto algún tipo de ayuda. Comienza una dura pugna por acercarse a mí y desde detrás empiezan a empujar. En unos minutos la
situación se ha vuelto caótica y el intérprete me saca casi en volandas. La desesperación de esas mujeres puede adivinarse en sus frenéticos movimientos, por más que sea imposible ver sus rostros.

En el recorrido por las calles de la capital afgana la presencia de los hombres de la Alianza es patente. Fuertemente armados, los muyahidines recorren las avenidas o vigilan las principales intersecciones. Pero esa presencia no parece molestar a la población, aunque sea un signo inquietante de cara a la instauración de un futuro régimen democrático.

Fuera turbantes negros

Resulta sorprendente la rapidez con la que ha desaparecido de Kabul cualquier signo visible de los talibanes. El único rastro son los letreros a las puertas de algunos ministerios, en los que se lee 'Emirato Islámico de Afganistán', el nombre dado al país por el régimen talibán. Nadie a quien se pregunte en la calle dice la más mínima palabra positiva hacia ellos. Es seguro que algunos de los habitantes de la capital simpatizaban con ellos. Pero ahora lo ocultan o se ocultan ellos mismos. Ya no hay turbantes negros en las calles de Kabul, su seña de identidad.

Los símbolos del cambio en Kabul son aún escasos en muchos aspectos, como en lo relativo a las mujeres. Pero se trata quizá de un error de percepción a los ojos de un occidental. Lo que para un europeo puede parecer un detalle nimio se convierte en un mundo con relación a lo vivido hasta ahora por la población afgana. Uno sólo acierta a comprender la magnitud de ese cambio cuando logra hacerse a la idea del terror impuesto por los talibanes.

En la plaza Ariana sigue en pie el poste de tráfico del que los talibanes colgaron al ex presidente Mohamed Najibulá al día siguiente de ocupar Kabul, tras sacarlo de su refugio en unas instalaciones de la ONU y torturarlo salvajemente. El ex presidente del régimen prosoviético no era muy popular entre sus conciudadanos y pocos hubieran llorado su muerte. Pero la brutalidad y el ensañamiento con que los talibanes ajusticiaron a Najibulá hizo entender a muchos que el nuevo régimen no iba a mostrar misericordia hacia nadie. Afganistán era entonces un país abandonado a su suerte por la comunidad internacional.

'Espero que esta vez el mundo nos ayude', me dice Nafisa mientras apuramos el último sorbo de té. 'Cuando los comunistas cayeron todo el mundo nos abandonó y a nadie le importó nuestra suerte. Creo que podemos tener un futuro en paz, pero nos tienen que ayudar'. Insalah ('Dios lo quiera') añade, utilizando la expresión habitual en el mundo islámico. Insalah. Es la única respuesta que puedo ofrecerle.

Fran Sevilla
El País, 18 de noviembre de 2001

7.8.08

Hijo de un jeque se convierte al cristianismo

Hijo de un jeque se convierte al cristianismo y acusa a Hamás
En el seno del grupo islamista Hamás se sienten satisfechos por haber "aplastado a los Hiles", el último foco de Al Fatah en Gaza, pero muchos de sus líderes en Cisjordania -tanto los que andan en la clandestinidad como los que están encarcelados en Israel- siguen conmocionados por las explosivas declaraciones de uno de los suyos, Musab, hijo del diputado de Hamás el jeque Hassan Yousef, detenido en una prisión israelí desde 2005.

Musab ha tenido que irse hasta California para hablar por haberse convertido al cristianismo. Ahora se hace llamar Joseph y se atreve a lo que muy pocos. A atacar sin piedad a Hamás, dando la cara y respuestas en una entrevista publicada en el diario israelí 'Haaretz', que envió a un periodista a Estados Unidos para escuchar su versión:

"Han matado a mucha gente y han pegado a sus mujeres en nombre del Islam. No tengo dudas de que acabarán en el infierno (...) En la cultura palestina, el terrorista suicida es un héroe.
Abandono una sociedad que santifica la muerte. Los jeques explican en los colegios las virtudes y la gloria de los mártires para que muchos jóvenes sigan ese camino", explica Musab, consciente de que sus palabras y su conversión al cristianismo provocan dolor en su familia y rabia en el grupo islamista. "Reconozco que esta entrevista puede provocar un terremoto. ¿Qué caso conoces en el que un hijo de un líder de Hamás que ha crecido en el seno del Islam radical se manifieste en su contra?", afirma.

"Nací en una familia muy religiosa, basada en el odio a los israelíes. La primera vez que los ví fue cuando tenia 10 años y los soldados entraron en casa, para detener a mi padre. Su liderazgo en Hamás era un secreto para mí, no sabia nada, sólo que era un buen hombre y un gran padre que lo hace todo por sus hijos", explica antes de recordar: "Como ayudante de mi padre conocí a muchos líderes de Hamás.

Evidentemente, los seguidores de la organización no entienden que están liderados por gente mala y salvaje, que lava el cerebro de los niños para que cometan atentados suicidas y así lleguen al paraíso. Yo lo he visto y sé de que hablo".

Hace ocho años empezó su transformación religiosa: "Recibí la invitación en Jerusalén para escuchar una conferencia sobre el cristianismo. Empecé a interesarme, a leer la Biblia y me fascinó. Evidentemente, lo hice de forma clandestina. Ahora creo que la única forma de llegar al paraíso es a través de Jesús".

Sobre la corrupción, -una de las causas de la derrota electoral en el 2006 del grupo rival Al Fatah- tiene también su opinión: "Los líderes de Hamás no son tan estúpidos como los de Al Fatah que roban de día y enseguida les llaman corruptos. Los de Hamás reciben dinero de forma indirecta y lo invierten clandestinamente en empresas extranjeras o en acopiar mercaderías que luego venden en el mercado negro. Son ricos, pero de cara al exterior mantienen una vida modesta".

También envía un mensaje a Israel: "Los judíos deben saber que con Hamás nunca habrá paz. El Islam, la ideología que les dirige, no les dejará pactar un acuerdo de paz con los judíos. Para Hamás, los judíos no tienen derecho a vivir en Palestina y la paz con Israel viola la ley Islámica y el Corán".

14.6.07

El odio a Occidente, creyentes y laicos

Foto de la carretera de La Meca "Makkah", una “izquierda” para los musulmanes, y otra “derecha” para los infieles, si en Europa se realizaran estas diferencias no quiero pensar lo que sucedería.
Y a pesar de todos los improperios que recibimos de los musulmanes, entre los que podemos destacar la quema de iglesias, y la persecución y crímenes contra los cristianos, pues a pesar de todo, los únicos considerados racistas somos los europeos.

El siguiente testimonio es una vivencia escalofriante, nos lo narra la superviviente Brigitte Gabriel.

En 1975, cuando los musulmanes y palestinos declararon la Jihad sobre los cristianos libaneses, comenzaron a masacrar cristianos en una ciudad tras otra.

Me siento honrada y con orgullo de estar aquí hoy ante ustedes, una libanesa que habla a favor de Israel, la única democracia de Medio Oriente.

Como alguien que fue criada en un país árabe, quiero darles una ojeada en el corazón del mundo árabe.

Crecí en el Líbano, donde aprendí que los judíos son la maldad, Israel el demonio, y el único momento en que tendremos paz en el Medio Oriente será cuando matemos a todos los judíos, y los arrojemos al mar.

En 1975, cuando los musulmanes y palestinos declararon la Jihad sobre los cristianos libaneses, comenzaron a masacrar cristianos en una ciudad tras otra. Terminé viviendo en un refugio antibombas subterráneo desde los diez hasta los diecisiete años, sin electricidad, comiendo hierbas y arrastrándonos bajo las balas para conseguir agua.

Israel vino en ayuda de los cristianos en el Líbano. Mi madre fue herida por una bala musulmana, y fue llevada a un hospital israelí para su tratamiento. Cuando entramos a la sala de emergencia, me chocó lo que vi allí. Había cientos de heridos, musulmanes, cristianos libaneses y soldados israelíes tendidos en el suelo. Los médicos atendían a cada uno según sus heridas. Ellos atendieron a mi madre antes que al soldado israelí que estaba tendido a su lado. No vieron religión, ni afiliación política, vieron gente en necesidad, y ayudaron. Por primera vez en mi vida pude observar la calidad humana (que yo sé por cierto) mi cultura no habría mostrado a su enemigo. Experimenté el valor moral de los israelíes, que eran capaces de amar al enemigo aun en sus momentos más críticos.

Pasé 22 días en el hospital, días que cambiaron mi vida y la manera en que creía en la información recibida, la forma en que escuchaba la radio y la televisión. Me di cuenta que mi gobierno me había vendido una mentira fabricada acerca de los judíos e Israel, muy alejada de la realidad. Sabía por cierto que si fuese un judío en un hospital árabe, habría sido linchada y tirada afuera, mientras gritos jubilosos de Allahu Akbar ("Dios es grande"), se estarían escuchando a través del hospital y las calles adyacentes.

Hice amistad con familiares de los soldados israelíes heridos, una en particular, Rina, cuyo único hijo, un joven de 19 años, había sido herido en los ojos. Un día estaba yo con Rina cuando llegó una banda del ejército a tocar música para levantar el ánimo de los soldados heridos. Mientras rodeaban la cama del hijo de Rina tocando una canción sobre Jerusalén, Rina y yo comenzamos a llorar. Me sentí fuera de lugar y comencé a retirarme, y entonces Rina me tomó de la mano y me acercó de nuevo sin siquiera mirarme. Me sostuvo llorando y me dijo: "No es tu culpa". Y nos quedamos allí, las dos paradas, tomadas de las manos y llorando. ¡Qué contraste entre ella, una madre cuidando a su hijo único, deformado, y aún capaz de amarme a mí, su enemiga, y una madre musulmana, que envía a su hijo a explotarse en pedazos con tal de matar a algunos judíos o cristianos!

La diferencia entre el mundo árabe e Israel es la diferencia en valores y carácter. Es barbarie versus civilización. Es democracia versus dictadura. Es bondad versus maldad. Una vez, había un lugar especial en las profundidades del infierno para aquéllos que matan intencionalmente a niños. Ahora, el asesinato intencional de niños israelíes está legitimizado como "conflicto armado palestino".

Sin embargo, una vez que este comportamiento está legitimizado contra Israel, queda legitimizado para cualquier parte del mundo, constreñido por nada más que la creencia subjetiva de gente que se envuelve a sí misma en dinamita y clavos con el propósito de matar niños en el nombre de "Dios".

Porque los palestinos han sido llevados a creer que el asesinato de israelíes es una táctica legítima para lograr sus fines, el mundo entero sufre ahora la plaga del terrorismo, desde Nairobi a Nueva York, desde Moscú a Madrid, desde Bali a Beslan.

Justifican a los suicidas-bombas por la "desesperación por la ocupación". Permítanme decirles la verdad: El mayor acto de terrorismo suicida cometido por árabes contra el estado judío ocurrió diez semanas antes de que Israel declarara su independencia. El domingo 22 de febrero de 1948, adelantándose a la declaración de la Independencia de Israel, un camión bomba fue detonado en la calle Ben Yehuda, en lo que era entonces la sección judía de Jerusalén. Cincuenta y cuatro personas fueron asesinadas, y cientos, heridas. Por lo tanto, es obvio que el terrorismo árabe no es causado por la "desesperación por la ocupación", sino por la Sola idea de un estado judío.

Tantas veces en la historia de los últimos cien años, los ciudadanos fueron testigos, pero nada hicieron, permitiendo a la maldad prevalecer.

Así como América enfrentó y venció al comunismo, es ahora tiempo de enfrentar y luchar contra el terror del fanatismo religioso y la intolerancia. Es tiempo de defender al Estado de Israel, que está en la primera línea del frente en la guerra contra el terrorismo.

"Porque odian"


Una superviviente del terror islámico advierte a América", está firmado por Brigitte Gabriel. Esta es una versión editada de la entrevista realizada por Larry Elder.

Libramos una guerra que es mucho peor que el Nazismo y que nada contra lo que hayamos luchado antes porque ni siquiera los Nazis animaban a sus hijos a adosar bombas a sus cuerpos y después celebraban sus muertes, igual que las muertes de sus víctimas.


Larry Elder: Usted es de ascendencia libanesa cristiana. Cuando escucha lo que dijo Rosie O'Donnell, que el extremismo cristiano es tan malo como el extremismo islámico, ¿cómo reaccionó?

Brigitte Gabriel: Bien, no sé en qué país vive, pero yo no recuerdo cuándo fue la última vez que vi a un cristiano decapitar a alguien en televisión, o decapitar a alguien y anunciarlo en internet. No recuerdo escuchar a un cristiano predicar que los musulmanes son monos y cerdos porque están malditos por Jesús, el modo en que los musulmanes están enseñando que nosotros somos cerdos y monos.
No recuerdo la última vez que un cristiano entró en un parvulario, secuestró a los niños y empezó a dispararles por la espalda como hicieron los musulmanes en Beslán, en Rusia, cuando accedieron al recinto escolar y secuestraron a los niños y empezaron a masacrarlos y matarlos.
[Rosie] estaría mejor dando gracias de vivir en América porque si estuviera viviendo en Irán y se pronunciase contra su país -- o contra cualquier país árabe -- sería decapitada o enterrada textualmente medio cuerpo en el suelo, para ser lapidada.

Elder: ¿Estudió Islam?

Gabriel: No, no estudié Islam; yo viví el Islam. Yo viví en Oriente Medio. Leo el Corán en árabe -- no necesito traducción. Algo pasa con vivir en un lugar y ser testigo y proceder de una cultura y chivarte de esa cultura, y es muy distinto a alguien que se licencia en Islam y vive en Oriente Medio durante dos meses para poder escribir su tesis.

Elder: Usted se crió en el Líbano, tenía 10 años y vivía en el sur del Líbano cuando militantes musulmanes... entraron en tromba en su país y declararon la jihad contra los cristianos libaneses como usted.

Gabriel: Sí, mi 11 de Septiembre me sucedió en 1975 cuando era una niña de 10 años, viviendo a mi aire y preocupándome de mis cosas [en] una pequeña ciudad del sur del Líbano. Yo era hija única de un empresario y su esposa. Fui bendecida con una infancia maravillosa... me colmaron de amor y de todo con lo que la vida les había bendecido. Sin embargo, nuestras vidas dieron un vuelco porque en 1975, los musulmanes declararon la Guerra Santa a los cristianos del Líbano.

Mi hogar se hizo pedazos a mi alrededor, enterrado en los escombros, herido mientras los autores materiales gritaban "Alá ajbar" [Alá es grande]. Mi único crimen fue ser una cristiana residente en una ciudad cristiana. A los 10 años aprendí el significado de la palabra "infiel". Recibí un curso acelerado de supervivencia, no en las Girl Scouts, sino en el refugio antibombardeos en el que viví durante 7 años de mi vida en un frío sobrecogedor, oscuridad total, bebiendo agua estancada y comiendo hierba para vivir.

Recuerdo que a la edad de 13 años, me puse mi ropa de entierro para irme a dormir, esperando ser masacrada. A la edad de 20 años, había enterrado a la mayor parte de mis amigos, que fueron asesinados por musulmanes.

Elder: Usted llama a su libro una llamada a despertar. Díganos lo que Occidente no comprende acerca de lo que yo llamo islamofascismo. Y, ¿cree que "islamofascismo" es un término apropiado?

Gabriel: Sí, es un término apropiado. Luchamos contra el islamofascismo, libramos una guerra que es mucho peor que el Nazismo y que nada contra lo que hayamos luchado antes porque ni siquiera los Nazis animaban a sus hijos a adosar bombas a sus cuerpos y después celebraban sus muertes, igual que las muertes de sus víctimas. Los islamistas están animando a sus hijos a morir.

Elder: Hay 1.200 millones de musulmanes en el mundo. Analícelos por ideología.

Gabriel: No todos ellos son radicales. Estimamos que los radicales son entre el 15 y el 25%; eso se traduce en entre 180 y 300 millones de personas como Mohammad Atta, que están dispuestas a adosar bombas a sus cuerpos y perpetrar operaciones de martirio.

Bien, eso sigue siendo una minoría, 15 a 25%, pero 300 millones de Mohammad Attas preparados para esparcir su sangre por Occidente... Bien, el resto de ellos... desprecia a Occidente, odian nuestra occidentalización, nos creen moralmente corruptos, que estamos corrompiendo al mundo, y creen que somos una influencia tan mala para el mundo que es necesario pararnos a cualquier precio. Pueden no estar dispuestos a cometer operaciones de martirio por sí mismos, pero se sentarán y animarán y apoyarán a aquellos dispuestos a matarnos.

Elder: ¿Estamos ganando?

Gabriel: No, estamos perdiendo.

Por Larry Elder

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