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21.8.04

Entrevista a Azar Nafisi “Ojalá un día Irán vuelva a oler a flores”

Entrevista: Azar Nafisi, profesora de literatura huida de Irán.

Nací en Teherán hace... ¡hum, eso es cosa mía! Viví allí hasta que, en 1997, abandoné Irán y me instalé en Washington. Soy profesora de Literatura en la Universidad Johns Hopkins. Estoy casada y tengo dos hijos, Negan (19) y Dana (18). ¿Política? Soy activista pro derechos humanos. ¿Religión? Nací musulmana ¡y hoy ya no sé lo que soy!

-¿Cómo vivió usted la revolución jomeinista en Irán, en 1978?
–Pasando rápidamente de la euforia a la angustia.

–¿Por qué?
–Porque yo, como todos, estaba harta de la dictadura política del sha. Pero cuando escuché al ayatolá Jomeiny sus disposiciones sobre las mujeres... ¡me asusté muchísimo!

–¿Qué disposiciones?
–Redujo la edad matrimonial de las mujeres de los 18 años... ¡a los 9 años!: les robaba así la infancia y su derecho a crecer libremente... Y recuperó la lapidación. Y rehabilitó la poligamia. Impuso el uso del velo. Inhabilitó a las mujeres para ejercer cargos públicos...

–Rescáteme un recuerdo de aquellos días.
–Acusaron al director de mi antiguo instituto de blasfemo, de haber ofendido a Dios: le hicieron entrar en un saco (a los impíos no se les puede tocar) y lo lapidaron.

–Perdóneme la crueldad de la pregunta: entre el sha y Jomeiny, ¿con quién se queda?
–Todos mis amigos y yo nos oponíamos al sha porque queríamos más libertad, más derechos, no menos de los pocos que teníamos. Lo que queríamos era vivir mejor, ¡no peor!

–¿Y qué sucedió para que no fuera así?
–Que en los movimientos de masas, en las situaciones caóticas, acaban siempre imponiéndose los extremismos, por desgracia.

–¿Qué lección saca para el futuro de Irán?
–Que la mayoría de los iraníes, incluidos los que éramos elites intelectuales, lo ignorábamos todo acerca de la democracia. ¡Lo que necesitamos ahora es educarnos sobre eso!

–¿Se culpa a sí misma también de aquello?
–Sí, todos fuimos culpables.

–¿A qué se dedicaba usted por entonces?
–En 1977 había regresado de Europa y Estados Unidos, de completar mi doctorado en literatura, y daba clases en la universidad.

–¿Y cómo era el ambiente universitario?
–Muchos amigos míos, opositores al sha desde el marxismo, fueron pronto ejecutados por Jomeiny. La lucha, que antes había sido política, ¡era ahora existencial!

–¿Y qué hacía usted?
–Intentaba dar mis clases de literatura. Pero me pusieron un comisario ideológico. Y empezaron a prohibirme ciertos libros...

–¿Qué libros?
–“Lolita”, de Nabokov. “El Gran Gatsby”, de Fitzgerald. Los de Jane Austen, Henry James... De hecho, han prohibido la novela como género: fabular es algo demasiado democrático... ¡Están prohibidas “Las mil y una noches”! Y poetas clásicos como Omar Khayam, del siglo XIII (“por ateo y materialista”), y Firdusi, nuestro poeta épico clásico del siglo XII (porque les evoca al sha), y una gran poetisa amorosa, por “prostituta”...

–La siempre delirante teocracia...
–La obsesión de los guardianes de la revolución jomeinista fue cerrar las universidades. Para impedirlo, nosotros hacíamos sentadas. Y nos acuchillaban, nos disparaban... Muchos estudiantes y profesores morían.

–¿Hasta cuándo soportó esta situación?
–En 1981 impusieron el velo obligatorio para dar clase. Me negué. Y fui expulsada. Tuve suerte: ¡a alumnas mías las asesinaron por haber quedado embarazadas! Y las “guardianas de la revolución” estiraban pestañas de las chicas por si llevaban rimel.

–Qué infierno.
–Mi familia tuvo suerte: mi padre había sido alcalde de Teherán con el sha, pero era un liberal y se había enfrentado a aquel gobierno. El sha lo encarceló y torturó. Eso le salvó luego la vida con los jomeinistas, aunque nos confiscaron tierras y propiedades.

–¿Qué recuerdos tiene del Irán de su niñez?
–Muy bellos, de una naturaleza hermosa, de jardines, chocolaterías, cafés... por los que paseaba con papá, y del olor a pan caliente, a flores, al jazmín que lo embriagaba todo...

–¿Nostalgia?
–También perdí la inocencia visitando a mi padre en la cárcel durante cuatro años... Pero con Jomeiny, el país entero se estragó. Ah, ojalá un día Irán vuelva a oler a flores...

–¿Qué hizo usted al dejar la universidad?
–Organicé en mi casa un aula clandestina: venían siete de mis alumnas, y allí leíamos las novelas prohibidas por los ayatolás. Reíamos, opinábamos... ¡estábamos restituyendo allí nuestra propia dignidad individual!

–¿Y cómo vivían ellas esas lecturas?
–En función de la opresión que sentían: ¡veían que a “Lolita” otro le imponía su sueño y su deseo (Humbert), como a ellas los ayatolás!, y que así no podían crecer libremente.

–¿Y qué sueñan hoy los jóvenes iraníes?
–Muchos ansían irse a Estados Unidos, ¡porque es el “Gran Satán” de los ayatolás, claro! Pero otros quieren quedarse y mejorar su país. Y esa presión está creando espacios.

–¿Es usted optimista acerca del futuro?
–¡Quiero serlo! El premio Nobel de la Paz a la abogada iraní Shirin Ebadi es importante. ¡Ella rompe el estereotipo que occidente tiene del islam!: es mujer, abogada, musulmana, sin velo y defensora de los derechos humanos, de la democracia... ¡Irán será así!

–Quizá Bush decida ayudar... invadiendo Irán: Kagan me dijo que Irán es un peligro...
–¡Sería muy estúpido hacer eso! Irán está cambiando desde dentro, y lo mejor que puede hacer Occidente hoy es apoyar al pueblo: a los movimientos pro derechos humanos, a los disidentes... ¡Eso da mucho ánimo allí! Presionemos, porque el Gobierno iraní es hoy sensible a su imagen en el mundo.

–Usted se fue de Irán... ¿Por qué no vuelve?
–Si volviese hoy, mi vida correría peligro. –Pues ojalá todo eso cambie muy pronto... –Irán creó un tipo de teocracia que fue modelo para el orbe islámico. Su derrota resonaría también en todo el islam: ¡daría alas a tantos millones de musulmanes demócratas...!

Publicada el 4 de diciembre de 2003 en La Vanguardia.



8.8.04

'Lolita' en Teherán" Azar Nafisi


Autor: AZAR NAFISI
Título: "Lolita" en Teherán
Editorial: El Aleph.

Biografía

Azar Nafisi nació en Teherán. Con trece años, abandonó su país para seguir estudiando en Europa y, sucesivamente, en los Estados Unidos.

En la universidad se incorpora a la Unión de los Estudiantes Iraníes, enfrentados al régimen del Cha, estudia Marx y los principales teóricos de izquierdas, asimismo dedicándose apasionadamente a la lectura de autores como Eliot, Auster, Plath, Nabokov y Fitzgerald.En 1979, año de la revolución de Komeini, regresa a Irán.Trabaja como asistenta en el Departamento de Inglés de la Universidad de Teherán, pero en 1981 es expulsada por rechazar el velo islámico que había llegado a ser obligatorio.

Vuelve a la enseñanza en 1987 como profesora asociada en la Free Islamic University, y sucesivamente en la Allameh-Tabatabaii de Teherán, distinguiéndose por sus ideas liberales, que siempre ha manifestado a pesar del clima de fuerte represión política.En 1994, un año antes de su retirada de la vida académica en Irán, publica un libro dedicado al escritor Vladimir Nabokov: Anti Terra. A critical Study of Vladimir Nabokov’s Novels.

En las universidades iraníes habían vuelto a separar a los hombres de las mujeres. Por sus pasillos patrullaba la guardia femenina, que hurgaba en los bolsos de las alumnas para requisar el colorete o un suave pintalabios, objetos pecaminosos para los integristas islámicos.

Quince años después de que Jomeini tomara el poder, en 1995, Teherán vivía un asedio fundamentalista que oscurecía periodos pasados de relativa apertura.

En esa época, una profesora de Literatura Inglesa, Azar Nafisi, harta de las restricciones de su universidad, se reunía cada jueves por la mañana en su casa con un grupo de siete de sus ex alumnas universitarias y empezó a leer los textos de su asignatura y comentar obras de la literatura occidental prohibidas por el régimen iraní con total libertad.Algunas de ellas venían de familias religiosas y conservadoras, otras eran laicas y progresistas y varias habían estado en prisión.

Experta en la obra de Vladimir Nabokov, eligió Lolita como libro para comentar.
La novela aborda el deseo de un cuarentón, Humbert Humbert, por una niña de 12 años, a la que lleva por las carreteras de Estados Unidos.La elección de Nafisi era arriesgada, ya que la junta de profesores de su universidad había eliminado la palabra «vino» de una obra de Ernest Hemingway y censuraba la obra de Emily Brontë porque en ella no se condena el adulterio, según relata la profesora en Leer ‘Lolita’ en Teherán.

La interpretación que ofrecieron las siete alumnas sobre el libro de Nabokov se basaba en su propia experiencia como mujeres en Irán.Si gran parte de los críticos, según Nafisi, catalogaban a la niña protagonista como una criatura mimada, caprichosa y perversa, las asistentes al curso privado de la profesora la veían como un ser indefenso, tierno, esclavo de un hombre que, en definitiva, la secuestra.El protagonista, Humbert, llama a la niña «querida y abyecta putilla», habla de sus «obscenas y jóvenes piernas», se queja de que desprecie sus urgencias sexuales.

Una de las alumnas, Nassrin, relacionó la historia con lo que le había pasado con un tío suyo, que alardeaba de ser «devoto y pío». Este familiar había abusado sexualmente de ella cuando tenía 11 años, aun cuando pretendía mantenerse casto y puro para su futuro matrimonio y se negaba a tener amistad con mujeres.

El tío de Nassrin cuidaba de ella tres veces por semana. Le ayudaba con el árabe y a veces con las matemáticas. También la manoseaba todo el cuerpo mientras repetía los tiempos verbales.A Lolita y a Nassrin les habían robado su infancia. La niña de la novela de Nabokov era una especie de criatura imaginada por su raptor. A la víctima no le había quedado más remedio que someterse a esa imagen elaborada por la fantasía de un hombre que decía quererla cuando en realidad estaba abusando de ella. De igual manera, dijo otra de las alumnas, Manna, los iraníes tuvieron que convertirse en un producto de la imaginación de Jomeini, y así en sus esclavos.

Las estudiantes de la profesora Nafisi sentían remordimientos sobre sus lecturas. Si la historia era tan trágica y abominable, ¿cómo les podía causar placer leerla?, se preguntaba Mitra.El clima de represión, orquestado por el Gobierno y aplaudido por los numerosos hombres que lo justificaban, les pasaba factura. Llegar tarde a clase, reírse en los pasillos y hablar con hombres estaba castigado.

El clásico del mundo árabe Las mil y una noches alcanzaba precios altísimos en el mercado negro, único espacio donde podía comprarse. Leer Lolita era, más que una afrenta, una blasfemia.

No obstante, cuando las alumnas de Nafisi acudían a su piso, se desprendían de los velos y los vestidos largos y se quedaban en camiseta o en ropa de color, un secreto cromático que les permitía respirar un aire de libertad mientras leían la novela de Nabokov, el gran amante del colorido de las mariposas.Los colores estaban vedados en Irán. El director de la censura cinematográfica en Irán tenía la vista maltrecha. Un ayudante se sentaba junto a él en las proyecciones de las películas y le contaba lo que sucedía en la pantalla. El censor indicaba lo que había que modificar mientras le escuchaba.

Las clases de Nafisi terminaron después de dos años. Hija de un rico diplomático encarcelado por el régimen chií, había estudiado en Suiza el bachillerato y en Oxford con una beca.

En 1987, entró como profesora en la Universidad de Allameh Tabatabai, la más liberal de Irán. En uno de los periodos más intransigentes de los ulemas, el centro fue vigilado en corto por los defensores de la revolución.

Entre los autores que debía abordar en sus clases se encontraban Henry James, Jane Austen y Scott Fitzgerald, escritores que escribieron con una libertad que no existe en Irán.

El resultado de aquella experiencia lo recoge la autora, que es actualmente profesora en la Universidad John Hopkins, en Estados Unidos, en esta obra, titulada gráficamente "Leer 'Lolita' en Teherán".

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La lectura es amena y didáctica haciendo reflexionar al lector sobre lo que representa la perdida de libertad, y en lo que se puede convertir nuestras vidas bajo las imposiciones de las dictaduras y los fundamentalismos.

A medida que avanza la lectura verdaderamente se siente pánico ante la idea que en occidente un día podamos perder la libertad que afortunadamente disfrutamos en la actualidad.

Entrevista Azar Nafisi