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3.8.12

Cadena perpetua para un matrimonio que mató a su hija en un crimen de honor


Un matrimonio de origen pakistaní de Cheshire, en el norte de Inglaterra, fue hoy condenado a cadena perpetua por el asesinato de su hija, una adolescente de 17 años fallecida hace siete años en un posible "crimen de honor".

 Los padres de Shafilea Ahmed, Farzana e Ifitkhar.| Reuters

Shafilea Hamed, de 17 años, fue vista por última vez con vida en septiembre de 2003 y su cadáver fue encontrado en la orilla del río Kent, en el condado inglés de Cumbria (norte), en febrero del año siguiente, en avanzado estado de descomposición.

A finales del año pasado, sus padres, Iftikhar Ahmed, de 52 años, y Farzana Ahmed, de 49, fueron acusados formalmente y procesados por su muerte tras asfixiar a la joven con una bolsa de plástico.

Tras declararles hoy culpables del crimen, el juez Roderick Evans aseguró al imponer la cadena perpetua -lo que supone un mínimo de 25 años- que "su preocupación" por verse avergonzados ante su comunidad "fue mayor que el amor hacia su hija".

Su actitud es la del Pakistán rural

 

"Ustedes eligieron criar a su familia en Warrington (Cheshire) y, aunque vivían en Warrington, sus actitudes sociales y culturales son las de la Pakistán rural y son esas las que ustedes impusieron sobre sus hijos", dijo el magistrado.

La pareja siempre ha negado su implicación en la muerte de la joven, que quería estudiar derecho.

"Ustedes se opusieron a que (Shafilea) vistiese ropa occidental y se opusieron a que tuviese contacto con chicos. Se la situó entre dos culturas, la cultura y modo de vida que ella veía a su alrededor y quería adoptar, y la cultura y modo de vida que ustedes querían imponerle", añadió el juez.

En su declaración al tribunal de Chester (norte de Inglaterra), la hermana de Shafilea, Alesha, de 23 años, dijo durante el proceso que sus padres la empujaron contra el sofá de la casa, le pusieron una bolsa de plástico en la boca y la mataron en presencia de sus otros hijos.

Iftikhar y Farzana Ahmed habían sido detenidos en dos ocasiones, en diciembre de 2003 por secuestro y en 2010 por asesinato. En ambos casos fueron puestos en libertad, primero por falta de pruebas y después, en 2010, ya bajo fianza. Una investigación judicial llevada a cabo en 2008 concluyó que la adolescente murió asfixiada.

Este caso ha sido tratado en el Reino Unido como un posible "crimen de honor", aquel que se realiza contra un pariente que ha causado vergüenza o deshonor a la familia a través de un acto considerado denigrante.

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31.7.12

VIOLENCIA POR EL HONOR EN AMERICA

 Aiya Altemeemi, de 19 años, sufrió un castigo en febrero pasado que ninguno de sus compañeros de escuela en Phoenix, Arizona, podría haber imaginado: su padre le cortó la garganta con un cuchillo de cocina. Cuando escapó a su habitación, su madre y sus hermanas la siguieron, la ataron a la cama, sellaron su boca con cinta, y la golpearon. No era la primera vez: antes, cuando Aiya había expresado reservas acerca de casarse con el hombre de 38 años de edad al que sus padres  habían elegido como marido, su madre la había atado a la misma cama y la quemó con una cuchara caliente.


A pesar de todo, Aiya, que llegó de Irak con sus padres cuando tenía tres años, les dice a los periodistas que entiende el maltrato a la que la sometió su madre: "Porque hablé con un chico y eso no es normal en mi religión. Mi religión dice que no puedo hablar con muchachos".

No es la única historia, hay muchas como las suyas. Es lo que se conoce como "violencia de honor". Los malos tratos no solo incluyen golpes, también ataques con ácido, quemaduras, rotura de nariz (particularmente en las comunidades de Pakistan y Afganistán) y otras formas de mutilación.

Este tipo de incidentes han sido foco de atención en Europa durante varios años, en gran parte gracias a los esfuerzos de la activista somalí-holandesa Ayaan Hirsi Ali, que sacó el problema  a la luz en los Países Bajos hace unos diez años. Desde entonces las estadísticas son alarmantes: de 400 a 600 incidentes de "violencia de honor" se registran anualmente en los Países Bajos, y alrededor de 12 "crímenes de honor" al año en Alemania y Holanda. En Inglaterra, directores de un centro de ayuda, reciben alrededor de 500 llamadas al mes, pidiendo ayuda por violecia de honor y la policía estima que hay entre 3.ooo y 17.ooo casos anuales. Un informe reciente afirma que una quinta parte de los inmigrantes el sur de Asia, creen justificada la vergüenza de las familias para proceder a la violencia.

Los estadounidenses, sin embargo, se negaban a aceptar la idea de que la violencia de honor se produjera en su suelo, al igual que, hasta hace poco, insistían en que la radicalización de los musulmanes en Europa no era problema que podría confrontar a los estadounidenses. Sin embargo, eventos como el de Nidal Malik Hassan autor del tiroteo que causó la muerte de 13 personas y dejó heridas a 30 en la base militar de Fort Hood, en Tejas, y el de Faisal Shahzad, que intentó poner una bomba en Times Square, les hacen ver que el islamismo radical está vivo y bien vivo en EE.UU, y con él, basada en cultura y religión, la violencia contra las mujeres.

CBS News informó que, según una encuesta llevada a cabo en más de 500 servicios sociales, agencias religiosas, legales, educativas y médicos, el 67% respondió que creían que había casos de matrimonio forzado, pero que solo el 16% sentía que su organismo estaba preparado para lidiar con la situación. Sin embargo nadie investigó el problema. Ahora el congresista Frank Wolf ha presentado un proyecto que promete dejar en claro cuan grande es el problema y, si es neesario, desarrollar programas para hacerle frente.

Los estadounidenses son conscientes de los crímenes de honor, pero son menos conscientes de la violencia de honor. Muchas de las víctimas de la violencia son a menudo inmigrantes musulmanas con poco o ningún conocimiento de los recursos disponibles a su favor, pues tienen poco contacto con el exterior pues, a menudo, ni siquiera se les permite tener acceso al mundo exterior, excepto cuando van acompañadas de un varón de la familia.

Además, en estos casos de violencia de honor, toda la familia, incluso la comunidad, está involucrada. No pueden refugiarse en casas de amigos o familiares y algunas de las niñas o mujeres, terminan siendo asesinadas. Muchas de las que se niegan al matrimonio, o se enamoran de un chico no aceptado por sus padres, o que están demasiado occidentalizadas, no están seguras incluso ni en los refugios de violencia doméstica. La situación se ha vuelto tan difícil, que en los Países Bajos, las niñas son secuestradas en las celdas de las prisiones, el único lugar donde pueden estar seguros de que son seguros. En la calle, solo aparecen en público disfrazadas con pelucas y máscaras. Otras, incapaces de resolver el conflicto de matrimonio obligado, o haber sido violadas por desconocidos, terminan con su vida. Carla Rus, psiquiatra especializada en trabajar con estas mujeres en los Países Bajos, informa que el suicidio entre jóvenes hindues y mujeres musulmanas es hasta cinco veces mayor que entre el resto de la población.

No solo Aiya Altameemi, también las jovénes Jessica Mokdad, 20 años, asesinada por su padre, inmigrante iraquí; Noor Al-Maleki, 20 años, también iraquí atropellada por su padre con el coche familiar; Aasiya Hassan, degollada por su marido cuando ella le amenazó con dejar su matrimonio; y muchas, muchas más. 

Pueden ver el artículo completo AQUI

28.5.12

Crímenes en familia: chicas que mueren por ser "demasiado occidentales"

Cada cierto tiempo, la opinión pública se conmueve por la muerte de jóvenes musulmanas que mueren a manos de sus familiares, en la mayoría de los casos por sus propios padres. 

La causa: las chicas son demasiado occidentales: quieren estudiar, conducir, navegar por Internet o se niegan a una boda pactada. La paradoja es que esos asesinatos se cometen en países de Occidente, donde las familias han emigrado y en cuyas sociedades las muchachas quieren encajar.

 

Según les conté ayer en el post "El crimen de honor" que conmueve al Reino Unido, ahora son los británicos los que asisten escandalizados al juicio contra Iftikhar y Farzana Ahmed, denunciados por su hija Alesha Ahmed, a quienes acusa de matar hace nueve años a su hermana Shafilea, cuyo cadáver apareció en un solar cerca de su casa. Alesa Ahmed ha confesado que vio como a sus padres asfixiaban a su hermana.

“Le metieron una bolsa de plástico en la boca y la sofocaron", relató Alesha durante el juicio celebrado en Chester, al este de Inglaterra. "Pude ver sus ojos abiertos y cómo se quedaba sin aire. Se orinó encima porque estaba luchando por su vida. Pero ellos la cogieron por la cabeza y le dejaron la bolsa en la boca hasta que dejó de respirar”.

La hermana de la joven presuntamente asesinada por sus padres confesó hace dos años porque temió que le fuera a pasar lo mismo ya que al igual que le ocurrió a Shafilea, los progenitores querían enviarla a Pakistan y estaban negociando un matrimonio convenido.

El "pecado" cometido por la muchacha asesinada era que le gustaba el rock, los pantalones vaqueros ceñidos y que compartía con su hermana un teléfono móvil donde tenían almacenados varios números de amigos de su clase, lo que provocaba la ira de sus padres.

Pero el caso de esta joven de origen pakistaní, nacida en Londres, no es un excepción.

Noor Faleh Almaleki
En noviembre de 2009, Noor Faleh Almaleki, una joven iraquí de 20 años que llevaba tiempo viviendo en EEUU con su familia, murió en un hospital de Arizona tras ser agredida por su propio padre. Faleh Hassan Noor Almaleki, de 48 años, atropelló con el coche a su hija porque "había roto su honor y el de su familia".

Según informó en su día la prensa estadounidense, Noor Faleh Almaleki fue obligada a casarse en Irak. Ella huyó y regresó con su novio a Arizona. Su padre nunca lo comprendió y la arrolló hasta la muerte con un todoterreno Jeep`Cherokee de 2,7 toneladas. Tras varios días agonizando en un hospital, los preciosos ojos de Noor, la chica que se creía a salvo en un país democrático, se cerraron para siempre. También resultó herida de gravedad la madre del novio.

El padre se había refugiado en EE.UU en 1995, huyendo de las guerras, la represión y los conflictos del Irak donde nació. Pero nunca llegó a compartir los valores morales y civicos de la sociedad que le acogió y jamás aceptó que su hija creciera como 'uno de ellos', o, mucho peor aun, como 'una de ellas'. Según lo que ha declarado a la policía, el devoto inmigrante consideraba que su hija se había vuelto "demasiado occidentalizada" y había abandonado los valores "tradicionales" de Irak. Así que decidió hacer lo único que podía hacer, en su modesta opinión.

Ese mismo año, en Canadá, Mahoma Shafía, un hombre de origen afgano, asesinó a sus tres hijas, de 19, 17 y 13 años (hijas de la segunda esposa), y a su primera esposa, con ayuda de su hijo y su segunda a esposa. El juicio se celebró dos años después y los testigos de la causa afirmaron que la causa del delito era también que las chicas estaban demasiado occidentalizadas: iban a la biblioteca, pasaba mucho tiempo navegando por Internet y tenían amigos canadienses. Unos comportamientos ‘rebeldes’ en todos los casos que sus familias les hicieron pagar con la vida.

Rona, Zainab, Geeti y Sahar
El 30 de junio de 2009, aparecieron en el interior de un vehículo sumergido en el Canal  Rideau (Kingston) los cuerpos sin vida de Zainab de 19 años, Sahar de 17 , Geeti de 13 y Rona Amir (la primera esposa de Mahoma Shafia) de 50. Según las autopsias practicadas, las víctimas fallecieron por ahogamiento, aunque no se ha podido acreditar si la muerte se produjo en el canal o en otro lugar.

Los acusados por este  “crimen de honor”  declararon al principio que en la noche de 29 al 30 de junio, mientras dormían, Zainab había cogido las llaves del automóvil para hacer un viaje de placer en compañía de las otras víctimas. Sin embargo, posteriormente la madre de Zainab, Sahar y Geeti, afirmó que “vieron cómo el coche se precipitaba al canal”, ante lo cual Mahoma Shafir perdió el conocimiento por el “dolor” y  su hijo estuvo a punto de desvanecerse”. Pero sólo al día siguiente, los desconsolados padres comunicaron a la policía el “suceso”.

 Fuente: Aquí
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Todos estos crímenes son horrorosos. Chicas jóvenes cuya vida se ve truncada por valores morales obsoletos de padres atrasados. Pero yo me pregunto... ¿Qué entiende esta gente por honor? Me explico:

-Son violadas por hermanos, tios, familiares, e incluso a veces los propios padres.

-Son violadas por vecinos y luego obligadas a casarse con ellos para lavar el "honor de los padres".

-Casan a sus hijas a la fuerza con personas que, la mayor parte de las veces, las humillan y las maltratan.

Viendo todo ésto ¿Quien defiende el honor de estas niñas, chicas, mujeres? Si todo se basa en el honor del padre o madre por "aquel que dirán, me señalarán con el dedo", se olvidan de defender el HONOR DE SUS HIJAS . No buscan justicia, no buscan que el violador, el maltratador,  pague por su acto criminal. No, el honor de las chicas no lo defiende nadie. El honor de esas jóvenes no solo lo echan a perder quienes las violan y maltratan,  lo echan a perder sus propios familiares.

Esta gente tiene un concepto muy retorcido de la palabra HONOR.

Pakistán.- Una asamblea tribal condena a muerte a cuatro mujeres y dos hombres por bailar juntos en una boda.

Una asamblea tribal local de la provincia de Jyber Pajtunjwa, en el noroeste de Pakistán, ha condenado a muerte a cuatro mujeres y dos hombres por haber "mancillado el honor" de sus familias al bailar juntos en una boda, según han informado la Policía y un familiar este lunes.


   Al parecer, los miembros de la asamblea han visto un vídeo de esas personas bailando durante la celebración de una boda, un comportamiento que, a su juicio, contraviene la costumbre tribal de la segregación por género. Las mujeres, que están casadas, fueron encerradas por sus respectivas familias políticas en una habitación en la localidad de Seertaiy, en el distrito de Kohistán.

   Muhamad Afzal, hermano mayor de dos de los hombres condenados a muerte, ha declarado al diario 'The Express Tribune' que "una asamblea tribal los ha declarado 'ghul'" (fornicadores) y "podrían ser ejecutados en cualquier momento". Sin embargo, los hombres condenados lograron huir.

   Afzal ha añadido que, al parecer, las mujeres cantaron canciones tradicionales y bailaron en presencia de hombres durante la celebración, que tuvo lugar hace dos meses en la localidad de Bando Baidar. Uno de los invitados los grabó en vídeo con su teléfono móvil y luego envió las imágenes a los familiares de las mujeres.

   "La asamblea no se ha molestado en escuchar a los acusados y los ha condenado a muerte", ha denunciado Afzal, que ha explicado que para ejecutar la sentencia ha encargado a 40 jóvenes que maten a los hombres condenados. Las mujeres están encerradas y "atadas con cuerdas" y "se están muriendo de hambre", ha añadido.

   La Policía ha confirmado que la asamblea ha sentenciado a muerte a esas seis personas. "He hablado con los ancianos tribales. Utilizaré todos los recursos disponibles para impedir las ejecuciones", ha afirmado el jefe de la Policía en Kohistán, que ha agregado que ya ha enviado un grupo de agentes a Seertaiy para que rescate a las mujeres.

   Tanto Afridi como Afzal han expresado sus dudas sobre el contenido del vídeo y este último ha asegurado que sus enemigos han falseado las imágenes para humillar a su familia, que posee "grandes extensiones" de tierras de labranza. "Han urdido un plan para quitarnos nuestras propiedades", ha indicado.

   Ambos han afirmado que en el vídeo no se ve a los hombres y las mujeres bailando juntos, sino en lugares distintos. Según la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, al menos 943 mujeres y niñas fueron asesinadas el año pasado por, supuestamente, haber mancillado el honor de sus familias.

Fuente: Aquí

27.5.12

El 'crimen de honor' que conmueve a Reino Unido

Unos padres paquistaníes, juzgados por matar a su hija 'demasiado occidental'

Los padres de Shafilea Ahmed, Farzana e Ifitkhar.| ReutersLos padres de Shafilea Ahmed, Farzana e Ifitkhar.| Reuters
  • El asesinato tuvo lugar en 2003 y había quedado como 'no resuelto'
  • La hermana de la víctima delató a su familia en 2010
  • 'Le metieron una bolsa de plástico en la boca y la sofocaron', dice
  • Los padres se enfrentan a cadena perpetua por asesinato
Durante siete años, Alesha Ahmed guardó el trágico secreto. Esta semana, protegida por una pantalla para no ver la cara a sus padres, la joven de origen paquistaní narró cómo su hermana Shafilea fue asesinada a los 17 años a manos de sus progenitores, Iftikhar y Farzana, y ante los ojos de sus propios hijos por ser "demasiado occidental".

"Le metieron una bolsa de plástico en la boca y la sofocaron", relató Alesha durante el juicio celebrado en Chester, al este de Inglaterra. "Pude ver sus ojos abiertos y cómo se quedaba sin aire. Se orinó encima porque estaba luchando por su vida. Pero ellos la cogieron por la cabeza y le dejaron la bolsa en la boca hasta que dejó de respirar".

El 'crimen de honor' ocurrió en 2003, pero Alesha Ahmed no delató a sus padres hasta 2010. Iftikhar y Farzana Ahmed fueron interrogados varias veces por la muerte violenta de su hija, cuyo cadáver apareció en un solar no muy lejos de su casa. Pero el matrimonio paquistaní detenido brevemente en su día por "secuestro"- había logrado eludir a los investigadores, que habían dado el caso como "no resuelto".

Rebeldía


Iftikhar y Farzana fueron detenidos finalmente hace dos años tras la confesión de Alesha, aunque siguen negando vehementemente el 'crimen de honor'. La hija pequeña asegura que durante todo este tiempo ha vivido "con miedo y traumatizada" por lo ocurrido, y que si decidió delatar a sus padres fue por temor a seguir el mismo camino que su hermana...

"Querían que fuera a Pakistán y habían elegido incluso quién sería mi marido", declaró Alesha, que a sus 23 años ha recordado como la "rebeldía" de Shafilea empezó cuando supo que sus padres tramaban su "matrimonio convenido" y querían enviarle de vuelta a su país.

En el dormitorio de Shafilea, la policía encontró la letra de varias canciones compuestas por la adolescente antes de morir y en las que quedaba muy patente el conflicto con sus padres: "Mi deseo de vivir me quema, pero ellos sólo piensan en el honor. Yo era una chica normal, tampoco pedí demasiado. Sólo quería encajar, pero mi cultura era diferente"...

Intento de suicidio


Shafilea, nacida en Inglaterra, hablaba en urdu con sus padres y cumplía con los ritos musulmanes en su casa, donde vivía con sus padres, tres hermanas y un hermano. Según Alesha, las dos compartían el gusto por el rock, vestían pantalones vaqueros ceñidos y compartían un teléfono móvil donde tenían almacenados varios números de amigos de su clase, lo que provocó la ira de sus padres.

Meses antes de morir, Shafilea llegó a beber lejía, estuvo hospitalizada y sufrió graves heridas en la garganta. En febrero del 2010, se escapó diez días de casa y llegó a confesar a la policía: "Mis padres quieren mandarme a Pakistán para casarme y quedarme allí".

En su declaración de esta semana ante el jurado, Alesha Ahmed confesó que sus propios problemas personales le llevaron a tomar "acciones imprudentes" como el robo orquestado por ella misma en su propia casa... "Pensé que ya no podía más. Me estaba volviendo loca. Al llegar a la Universidad vi que me esperaba lo mismo por lo que pasó mi hermana: no se puede vivir entre dos culturas e intentar complacer a todos".

Durante el juicio, Iftikhar y Farzana Ahmed, inseparables, han negado su implicación en la muerte de "nuestra bella e irremplazable hija". Los dos se enfrentan sin embargo a cadena perpetua por asesinato. Tras los últimos testimonios, el caso quedará visto para sentencia en los próximos días.

Fuente: El Mundo

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4.5.12

Chechenia: El Gobierno aprueba el asesinato de mujeres por miembros varones de su propia familia.

 En otras palabras, el gobierno aprobó dichos crímenes "de honor".

 El gobierno checheno ha respaldado abiertamente a las familias que matan a sus esposas que no respetan el sentido del honor en la república rusa; adoptó una interpretación fundamentalista del Islam, después de décadas de represión religiosa durante el régimen soviético.

En los últimos cinco años, los cuerpos de decenas de jóvenes mujeres chechenas fueron encontrados abandonados en el bosque, en los callejones y por las calles de la capital, Grozny, y sus pueblos vecinos.

El presidente checheno, Ramzan Kadyrov, anunció públicamente que estas mujeres muertas tenían "moral relajada" y fueron asesinados con razón por sus familiares masculinos. Añadió que las mujeres eran propiedad de sus maridos, y su principal función consiste en dar a luz.

"Si un hombre y una mujer retozan, ambos deben ser asesinados", dijo Kadyrov, que a menudo ha dicho que su meta era que Chechenia se convierta en "más islámico que los islamistas".

En Chechenia, hoy en día, el alcohol está prohibido, los códigos de vestimenta islámica se imponen y los matrimonios polígamos están soportadas por el gobierno.

Algunos observadores sostienen que este intento de imponer la ley islámica por el Sr. Kadyrov, viola la Constitución rusa, que garantiza la igualdad de derechos para hombres y mujeres y una separación de Iglesia y Estado.

"Somos una sociedad tradicional, conservadora, pero el Gobierno ha ido por la borda ", dijo Lipkhan Bazaeva, jefe de los Centro de dignidad de la mujer, una organización no gubernamental que promueve los derechos de las mujeres en Grozny. "Ellos están declarando límites inaceptables para las mujeres, como individuos, no tiene derechos, incluso si su marido le pega, a pesar de las leyes rusas".

Aunque los observadores coinciden en que los crímenes de honor están en aumento en Chechenia, el tema sigue siendo tabú entre la población local, por lo que las estadísticas oficiales son difíciles de conseguir.

"Se oye hablar de estos casos, casi todos los días", dijo un defensor de derechos humanos locales, que pidió que no se usara su nombre por temor por su seguridad. "Es difícil para mí investigar este tema, pero he trabajado en él con  Natasha Estemirova, (activista de derechos humanos) por un tiempo. Pero, ahora ya no está. Estoy demasiado asustado ahora. Ya casi he renunciado, de verdad."

Estemirova, que enfureció a las autoridades chechenas con las denuncias de tortura, los secuestros y las ejecuciones extrajudiciales, se encontró en el bosque en el año 2009 en la vecina región de Ingushetia con heridas de bala en la cabeza y el pecho. Su asesino o asesinos no han sido encontrados.

Fuente: Washington Times a través de Bivouac

13.3.12

EL CRIMEN MUSULMÁN CONTRA LAS MUJERES - SUMA Y SIGUE

MARRUECOS | Tenía 16 años

Una menor marroquí se suicida tras casarse obligada con su violador


Una menor marroquí de 16 años decidió poner fin a su vida en Larache (norte de Marruecos) tras ser obligada a casarse con su violador,diez años mayor que ella, y por el maltrato al que fue sometida.
Según explica el diario local Al Massae en su edición de hoy, el pasado sábado la joven decidió ingerir un veneno para ratas en la casa de la familia del marido, desesperada por el maltrato al que fue sometida por parte de ésta y de su esposo, así como del rechazo de su propio padre a recibirla en casa.
La historia remonta a hace un año cuando la familia de la víctima depositó una denuncia ante el fiscal general de Tánger acusando al agresor de violación sexual, apunta el diario. Tras una intervención de los conocidos de las dos familias, se decidió casar a la joven con su violador con la autorización del juez.
Este tipo de matrimonios es impuesto por la fuerza de la tradición, sobre todo en el ámbito rural para salvaguardar el honor de la joven y "resolver" el daño causado tras la violación. Asimismo, según el código penal marroquí el violador queda exento de sanción si admite casarse con su víctima
Hechos como este no son aislados. Recientemente los medios de comunicación publicaron el caso de una joven afgana que tuvo que decidir entre la cárcel y una vida junto a su violador. La mujer admitió que, si hubiera sido libre de elegir, jamás se habría casado.
Entre las reivindicaciones de los movimientos feministas figura la modificación de este artículo, que según Hafida Elbaz, directora de la Asociación Solidaridad Femenina, se trata de una "trampa" para evadir las sanciones.
FUENTE: logo elmundo.es
NO CREO NECESARIO HACER NINGÚN COMENTARIO. EL SALVAJISMO, EL ATRASO Y EL DESORDEN MENTAL EN LOS APETITOS MAS BAJOS Y RASTREROS, SON JUSTIFICADOS Y BENDECIDOS NO SOLO POR LA RELIGIÓN SI NO TAMBIÉN POR LA LEY QUE EMANA DE ESA RELIGIÓN.

TENEMOS DERECHO A INFORMAR Y A OPINAR. ESO ES TODO Y NO RENUNCIAMOS NI RENUNCIAREMOS A ELLO.

10.12.11

ENRIQUECIMIENTO CULTURAL EN EL REINO UNIDO

3000 víctimas de "crímenes por honor" en 2010

Y esto es una vez más las agresiones registradas por la policía. La cifra real es mucho mayor, ya que muchas víctimas no se atreven a quejarse por temor a represalias. ¿Vale la pena señalar que de acuerdo a la organización responsable de este estudio, la gran mayoría de estos crímenes de horror tiene lugar dentro de la comunidad musulmana?

La cultura islámica coloca " el honor "  de la familia entre los muslos de las muchachas. El "pudor" y la virginidad de estas ultimas son las joyas del clan familiar por las que debe velar. La reputación del clan, su honor, dependen directamente de eso. La consecuencia de estas representaciones mentales de otra época son estos actos de barbarie, los llamados crímenes de honor  que empujan con tanta frecuencia los límites del horror, sea allá, en el mundo islámico, o ahora aquí en Europa, el "enriquecimiento" de las fuerzas culturales.

Al mismo tiempo que esto sucede, los pequeños guardias verdes de la multiculturalismo, los inquisidores de la convivencia, los ayatolás del antirracismo, y otros profesionales de la indignación de geometría variable roncan a pierna suelta.


Una asociación ha identificado cerca de 3.000 víctimas de "crímenes por honor" en el país en 2010. Denuncias a la policía se han duplicado en un año en algunas áreas, incluyendo Londres.

Golpeadas, secuestradas, mutiladas, rociadas con ácido y muertas por haber dañado el honor de su familia. Esta realidad fue experimentada en 2010 por cerca de 3.000 mujeres jóvenes que viven en Gran Bretaña, según un estudio  publicado por la Organización para los derechos de las mujeres iraníes y los kurdos (Ikwro). Solo en la capital,  Londres, los "crímenes por honor" se han duplicado en un año, con cerca de 500 casos.

Los datos recogidos por primera vez en el país, fueron obtenidos por la asociación a través de la Freedom of Information Act, una ley promulgada en 2000 por el gobierno de Blair, que permite a todos los ciudadanos a tener acceso a una gran número de documentos administrativos. Ikwro ha enviado una petición a todas las fuerzas policiales para determinar el número de actos de violencia cometidos el año pasado en el nombre del "honor".

El total estimado de 2.823 incidentes, de acuerdo con la asociación puede ser aumentado por lo menos en 500 casos, 13 unidades de la policía, de 52, no respondieron a la solicitud. En algunas zonas, los casos reportados se han duplicado en un año. Ikwro también cree que estas cifras están subestimadas, muchas víctimas no se atreven a quejarse por temor a represalias.

"Un problema grave que afecta a miles de personas"

Para la asociación, la gran mayoría de las mujeres víctimas de la violencia provienen de familias del subcontinente indio, de Europa del Este y Oriente Medio. "Ellos son resistentes a más ataques a su libertad, como el matrimonio forzado decidido por sus familias. De hecho, son más vulnerables a la violencia ", dijo Fionnuala Ni Mhurchu The Guardian, responsable de la campaña Ikwro. "Estas cifras son importantes porque muestran que no es un fenómeno aislado. Más bien, es un problema grave que afecta a miles de personas cada año, algunos de ellos víctimas de violencia muy importante antes de hacer una queja. "

Estas mujeres se enfrentan a la ira de sus familias porque tienen un novio, se negaron a un matrimonio arreglado, violadas, o simplemente por hablar con los hombres. Otros son víctimas de la violencia porque son homosexuales, se maquillan, o se visten al estilo occidental. "Los culpables de estos crímenes son considerados héroes en su comunidad, ya que han defendido el honor de la familia y la reputación de la comunidad", dijo el director de la Ikwro Nammi, Dina en la BBC.

La asociación reclama que las autoridades británicas les den medios para luchar contra los "crímenes de honor". Un portavoz del Ministerio británico del Interior ha asegurado que el gobierno estaba "decidido a terminar con" la práctica. El Reino Unido es, junto con los Países Bajos, el único país de Europa que ha elaborado una política global en esta área de acuerdo con un informe de la fundación suiza Surgir.  La policía británica se dotó así de unidades especiales, mientras que todos los policías del país son formados desde el 2009 para reconocer los signos de violencia atadas al honor. Sitios de informaciones destinados a las  chicas jóvenes también han sido puestos en marcha para alentar a las víctimas a que denuncien a su familia. No existe política similar en Francia.

Fuente: Bivouac

Nota: El artículo viene en francés, con ese idioma me defiendo un poco, pero hace tanto que no lo practico que no tuve más remedio que acudir en ciertas frases al traductor en línea. Espero se entienda bien.

30.11.11

CRIMEN DE HONOR

A Sadia Sheikh la asesinó su familia por llevar una vida “demasiado occidental”

En Bélgica, ha comenzado el proceso por el asesinato de Sadia Sheik, una joven de 20 años, a la que su familia dio muerte por una cuestión de “honor”.

Sadia Sheik, de origen paquistaní,  murió de un disparo en octubre de 2007 en la ciudad belga de Mons, por vivir en pecado con un nativo del país y rechazar un matrimonio convenido. En el banquillo de los acusados se sientan sus padres, Tarik Mahmood Sheikh, de 61 años y Zahida, de 59; su hermana Sariya, de 22 y su hermano Mudusar, de 27. Todos ellos se enfrentan a una posible condena a cadena perpetua.

Los padres y la hermana de la víctima se han declarado inocentes, mientras que el hermano, Mudusar, se ha confesado culpable ante el Tribunal y ha exculpado del crimen al resto de la familia; sin embargo, las pruebas aportadas por la policía indican que todos los miembros de la familia participaron en la comisión del “crimen de honor”.

En el “crimen de honor”, que tiene su origen en la tradición islámica, siempre colabora activamente el entorno familiar incluyendo a tíos y primos, puesto que lo importante es lavar el buen nombre del clan. En ocasiones, cuando la mujer que ha mancillado la “honra” del grupo se encuentra en lugar alejado o seguro, so pretexto de una supuesta reconciliación, es requerida para mantener un fraternal encuentro con su familia, momento que es aprovechado para el ajuste de cuentas.

A finales de octubre de 2007, Sadia acudió al domicilio familiar creyendo que iba a ser perdonada por llevar una vida “demasiado occidental”, pero allí sus padres y hermanos la esperaban para darle muerte. Según la prensa belga, este es el primer caso de “crimen de honor” perpetrado en el país.

¿No sería mejor dejarla ir y repudiarla? ¿Dónde están las libertades? Matar por ¿cuestión de honor? Quitarle la vida a una joven de 20 años por unir su vida a un occidental no es cuestión de honor, eso es tener mala leche y el cerebro podrido. El honor a la familia no se lo ha quitado la niña. Lo ha perdido la familia cometiendo tan atroz acto. A matar con traición y alevosia yo lo llamo asesinato, no cuestión de honor.  Para que luego digan que no son extremistas.

Qué puedo decir, en algún momento de nuestra vida tal vez podamos tomar la justicia por nuestra mano, si es que la Justicia no es justiciera, que últimamente ésta anda muy perdida. Ve de más para algunos y anda ciega para otros.

Espero que a la Justicia belga le caiga la venda de los ojos y les dé el castigo que se merecen por haber asesinado a la niña. Que no se duerman en los laureles que desde los imanes establecieron sus leyes en sus barrios, como se dejen, van a poder ellos. A ver si despiertan de una vez los belgas.

Fuente: Minuto digital

5.4.11

Italia: se le deniega al Islam el estatus de religión y el acceso a los ingresos del impuesto de sociedades

Islam y sus exigencias a cambio de nada.

El Islam no es una religión establecida en Italia y sólo hay una mezquita oficial en el país, Gran Mezquita de Roma (foto)

Los políticos de la coalición gobernante citan a los imanes radicales, la poligamia y la falta de respeto de los derechos de las mujeres por los inmigrantes musulmanes como obstáculos para reconocer el Islam como una religión oficial en Italia.

Islam suma y sigue y seguirá puesto que todas las comunidades musulmanas son sólo los tentáculos de una sola. Saben, al menos hasta ahora que el plan les va saliendo bien. Que el mejor método de ir adquiriendo poder es sencillo: Apelar una vez mas y otra y otra al victimismo.

Victimismo que yo tacho de cinismo. Ellos exigen, ellos se ofenden, ellos se presentan como las victimas de todo, a saber: Nos tildan de intolerantes, de racistas, de ser unos completos ignorantes del islam...exigen ,exigen y exigen.

Pero el colmo de su descaro y su sinvergonzonería es que mientras ellos se presentan como probrecitos discriminados y piden y abusan de nuestros derechos de libertad y democracia para conseguir todo.¿Qué ofrecen a cambio?
Imposición del islam, lo que significa que (según ellos) nosotros DEBEMOS de ser tolerantes y ceder ante su sistema político-religioso.  

Y el intercambio de tolerancia , libertad y democracia debemos consentir como si tal cosa:
La poligamia (las mujeres no pueden elegir, sólo los hombres)
La pederastia: desde que tienen las niñas un añito pueden abusar de ellas sin llegar a la penetracion.
La violación: Cuando una niña entre 6 y 9 años es vendida (con el pacto de sus padres) ya está "preparada" para ser penetrada y ser la mitad del hombre al que debe de estar sometida toda la vida.
La homofobia: En los derechos Humanos islamistas, es deber de todo musulmán, ejecutar a los homosexuales.
En la educación de los niños: Debemos admitir, que en las madrasas (escuelas islamicas) durante los primeros años no se les den materias como matematicas,etc..puesto que las criaturas deben de estar sometidas bajo malos tratos solamente a memorizar el coran continuamente y sin hacer preguntas.

Las lapidaciones: también recogidas por el islam, debemos "comprender" que hay que hacer lo que el coran manda y asesinar a mujeres, hombres y niños (el año pasado lapidaron 1200 niños ¡¡¡ hijos del pecado¡¡¡
La violaciones:No estan recogidas como delito del hombre en el islam sino que la niña o mujer violada debe de ser azotada, encarcelada o asesinada por ofensas al islam y para lavar el honor islamico de la familia.
Su justicia es = el coran
Sus derechos son= el coran
La guerra contra el infiel= lo ordena el coran y deben de cumpilrlo.
Ante ellos todos somos INFIELES, osea inferiores a un musulman y deben someternos o asesinarnos.
La unica ley es el islam.

Así que nos encontramos con el colmo del abuso de la comunidad musulmana ante y en unos paises tolerantes.
Nos ofrecen un gobierno del terror y tirania exigiendonos tolerancia y justicia
La homosexualidad està extrictamente prohibida es delito de muerte.
En cambio los abusos a niños son como ellos lo denominan "PARA EL PLACER" con lo cual mujeres, homosexuales, niñas y niños están sometidos a un trato brutal y continuo de agresiones fisicas y sexuales.

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8.12.10

Abusos sexuales en familias musulmanas

Se llaman Zohra, Rabea, Ibtisam y Saïda, y son víctimas del abuso sexual. Los autores: su padre, tío, primo o hermano.

Estas mujeres holando-marroquíes han decidido romper el silencio de años porque saben que hay muchas otras musulmanas víctimas. Una asistente social: “Tabúes, secretos, silencio, vergüenza y una comunidad cerrada son casi una receta para el abuso sexual.”

La cultura del honor dentro de la familia fue la causa del largo silencio de Zohra, Rabea, Ibtisam y Saïda. Ahora cuentan su historia para romper el tabú del abuso sexual dentro de las familias islamitas. Ya no se sienten víctimas. Ahora, su misión es ayudar a otras mujeres.

Jóvenes víctimas
Sus historias son diferentes pero también tienen mucho en común. Todas tenían cuatro o cinco años cuando fueron abusadas por un familiar. Las niñas callaron bajo presión de amenazas pero, sobre todo, por temor a violar el honor familiar. Y por el riesgo de que sus familias les echaran la culpa y fueran repudiadas. Denunciar el hecho a la policía era algo que no se les había pasado por la cabeza. Incluso ahora es un paso demasiado radical.

Rabea fue abusada por su padre a muy temprana edad. Quedó traumatizada y se convirtió en rebelde:
“Es algo anti-natural. Cuando te agreden en la escuela o en la calle acudes a tus padres o a tus profesores. Pero este es tu padre. Se rompen los esquemas. No sabía cómo contarlo ni a quién. Corrí el riesgo de terminar en la prostitución pero afortunadamente me libré de ello. El apoyo de otras personas y la fe en Jesucristo finalmente me dieron la fuerza.’

Zohra guardó su historia durante años. Relata que fue violada por su primo en Marruecos a los cinco años de edad: ‘Estaba alojada en casa de mi tía y mi primo me cuidaba. Todo lo que ocurrió ese día está grabado en mi memoria. Me quitó todo lo que tenía. Mi tía nos descubrió. No me permitieron contárselo a mis padres. Ella lo negaría. Nadie me creería. Perdí toda la confianza. La violencia sexual te deja una herida, pero he aprendido que también se puede curar.’

Receta para el abuso

Kristina Aamand ha escuchado historias similares. Trabaja en un centro de urgencia para niñas en Dinamarca, donde también hay muchos inmigrantes musulmanes. ‘Esto ocurre en familias alóctonas y autóctonas. Nunca poníamos la atención en los musulmanes. Durante mi estudio aprendí que no había nada que aprender sobre abuso sexual en países islamistas porque el incesto está prohibido por el Islam, y por lo tanto no ocurre. Una muestra de gran ingenuidad. Tabúes, secretos, silencio y vergüenza y una comunidad cerrada son casi una receta para el abuso sexual.’

Ibtisam fue abusada casi diariamente por su hermano entre sus seis y doce años. ‘Si lo contaba, él iba a decir que era por mi culpa. Me asesinarían o me expulsarían. Me sentía sucia, infeliz y repudiada por mi propia familia y me sentía muy sola. Era una niña que no tenía vida. Respiraba, nada más.’ El abuso se detuvo un año después que Ibtisam amenazara a su hermano de que contaría todo.

Saïda fue víctima de varios hombres, y todavía sufre las consecuencias. ‘Desde mis cuatro hasta mis veinte años he sido abusada por varias personas. Me dejaron mental y físicamente destruida. Tenía miedo. Todavía me resulta imposible aceptar intimidad de los hombres, no puedo enamorarme. No he tenido una juventud o una pubertad normal.’ El médico la declaró enferma mental. Hace unos años, Saïda comenzó a trabajar en un proyecto en el que descubrió que había muchas otras niñas y jóvenes islamitas que habían sido abusadas y no se atrevían a contar su historia.

Otras señales

Las historias de Zohra, Rabea, Ibtisam y Saïda no son las únicas señales. Hay otras que sugieren abuso sexual en el seno de familias musulmanas. El centro de asistencia Fier Friesland acoge a víctimas de violencia relacionada con el honor. Allí se observa que la mitad de las jóvenes que fueron acogidas entre 2008 y 2010 (45 de las 86) también habían sido abusadas por un familiar. Se trataba generalmente de niñas de origen marroquí o turco, pero también había jóvenes de origen iraquí, afgano y kurdo.

Zohra, Ibtisam, Saïda y Rabea han cumplido ya los treinta años y han podido volver a encaminar sus vidas. Mantienen contactos esporádicos con sus familias. Ellas incitan a las mujeres a contar su historia a personas de confianza. ‘No están solas. Mi experiencia es que cada vez se hace más fácil contar tu historia. Espero que las víctimas puedan encontrar fuerza en nuestras conversaciones’, dice Ibtisam.

Sin denuncias, sin cifras, sin ayuda

Las niñas islamitas son invisibles en los archivos. También sus agresores. Zohra Acherrat, psiquiatra en el centro de atención de urgencia Fier Friesland: ‘En casos de delitos sexuales los hombres musulmanes están sub representados, por eso también pasan inadvertidos. En muchos casos, las jóvenes no presentan una denuncia. El abuso permanece escondido.’

Los casos esporádicos de incesto que se denuncian no sólo se registran en Holanda. Asistentes sociales en Marruecos y Dinamarca saben que allí también ocurre pero no se dispone de cifras.
Y la falta de cifras significa: falta de ayuda. Willem Timmer, de un centro nacional de estudio sobre violencia relacionada con el honor: ‘No partimos de historias de mujeres individuales sino de investigación de cientos de archivos. De ellos no se desprende que el incesto dentro de las familias musulmanas sea más frecuente que en las familias autóctonas.’

Por Belinda van Steijn
Radio Nederland

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7.10.10

La pesadilla de las 'mujeres fornicadoras' de Argelia

Dos mujeres argelinas caminan solas por la calle. | Ap
* Las mujeres fueron agredidas, violadas y dejadas por muertas en la calle
* Sólo tres hombres de sus 300 agresores fueron condenados a penas de prisión


Cientos de argelinas se han trasladado en los últimos años a la ciudad petrolera de Hassi Messaoud en busca de trabajo. Muchas de ellas son solteras, viudas o divorciadas. En 2001 un imam llamó a la 'yihad' contra estas mujeres "inmorales" que viven solas. Fueron asaltadas, agredidas, violadas y dejadas por muertas por bandas de hombres. Hace unos meses el horror ha vuelto a sus casas.

Cocineras o secretarias de día, prostitutas de noche. Es la fama que se han ganado a lo largo de los últimos años las mujeres de Hassi Messaoud, una ciudad petrolera del sudeste argelino al abrigo de cuyo crecimiento se han generado cientos de puestos de trabajo, muchos de ellos ocupados por solteras, viudas o divorciadas que viven sin la presencia de una figura masculina a su lado.

Estar solas en el hogar, o con sus hijos, ha sido su pecado y la causa de su linchamiento público. Las agresiones se han repetido en las últimas semanas, pero todo comenzó en 2001. Entonces, un imam extremista, Amar Taleb, las acusó de "inmorales" y llamó a una "yihad contra el diablo" para "dar caza a las mujeres fornicadoras". Su discurso las convirtió en víctimas de robos, agresiones físicas, mutilaciones y violaciones.

La noche del 13 al 14 de julio, horas después del sermón de Taleb, unos 300 hombres se lanzaron arma blanca en mano y animados por el imán hacia el barrio de El-Haïcha (que curiosamente significa "la bestia"), donde residen muchas de las mujeres; algunas de ellas terminaron desnudas en la calle, otras fueron enterradas vivas, sus casas fueron saqueadas, algunas quemadas.

Las agresiones se repitieron durante varios días en barrios diferentes y según periódicos como 'La Tribune' hubo entre cuatro y seis muertas; extremo que siempre negaron las autoridades.

Rondas policiales

Hace un mes la pesadilla volvió a apoderarse de Hassi Messaoud. "Desde que intervenimos la Policía ha empezado a aceptar las denuncias de las mujeres y hace rondas para mantener la seguridad", declara a ELMUNDO.es con orgullo Cherifa Buata, psicóloga argelina y representante del Colectivo Solidaridad con las mujeres de Hassi Messaud, creado el pasado 25 de abril por diversas ong de Argelia.

"Nuestro objetivo -continúa- era que estuvieran más protegidas, porque hace unas semanas se repitieron las agresiones físicas y los robos, les sustrajeron su dinero o sus joyas; están muertas de miedo", asegura al tiempo que recuerda que "en 2001 fue mucho peor, algo bárbaro y horroroso".

La mayoría de mujeres instaladas en Hassi Messaoud, dice Buata, procede de otras ciudades, "algunas vienen del norte para buscar trabajo y las que viven solas son muy vulnerables en una sociedad patriarcal como la argelina". Muchas de ellas, a pesar de las agresiones, deciden no denunciar. "Están muertas de miedo y temen perder sus trabajos".

Dejadas por muertas

"Me desgarraron los muslos y el vientre. Todo mi ser y todos mis miembros estaban ensangrentados; eran varios sobre mí". Con estas palabras recuerda la fatídica noche del 14 de julio de 2001 Rahmouna Salah, una de las mujeres agredidas entonces. Fatiha Maamoura era una de sus vecinas: "Uno de ellos, un monstruo, me lanzó sobre su hombro como un animal de matadero y me arrastró hasta el cementerio cercano para violarme, amenazando con degollarme con un pedazo de chatarra".

Rahmouna y Fatiha han sido de las únicas mujeres que se han atrevido a denunciar su situación –a pesar de que sólo tres hombres de sus 300 agresores fueron condenados a penas de prisión- y a exponer sus casos negro sobre blanco en el libro 'Laissées por mortes (Dejadas por muertas)', publicado en febrero de 2001 en el que la comediante argelina Nadia Kaci ha recogido sus testimonios. A pesar de que desde 2001 no se habían producido "otra vez con frecuencia" episodios violentos, "todos los días las mujeres de Hassi Messaoud son insultadas y humilladas porque para muchos hombres es inimaginable que vivan solas", concluye Buata. Ese ha sido su único crimen.

Erena Calvo | Rabat
El Mundo.es

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9.9.10

El "honor", una excusa para el horror


Unas 20.000 mujeres son asesinadas por año en todo el mundo por haber "deshonrado" a sus familias

BEIRUT.- Robert Fisk - The Independent 
Es una tragedia, un horror, un crimen de lesa humanidad. Los detalles de los asesinatos -de mujeres decapitadas, quemadas hasta la muerte, lapidadas, apuñaladas, electrocutadas, estranguladas y sepultadas vivas en nombre del "honor" de sus familias- son tan brutales como vergonzosos.

Muchos organizaciones de Medio Oriente y el sudeste asiático sospechan que el número de víctimas cuadruplica la última cifra de las Naciones Unidas, que consigna alrededor de 5000 muertes por año. La mayoría de las víctimas son jóvenes, muchas adolescentes, y son masacradas según una repugnante tradición que se remonta a cientos de años, pero que ahora rige en la mitad del planeta.

Una investigación de 10 meses de The Independent en Jordania, Paquistán, Egipto, Gaza y Cisjordania ha desenterrado espeluznantes detalles de los horrorosos asesinatos. También los hombres son ejecutados por el "honor" y, pese a que los periodistas han identificado esta práctica como una costumbre mayormente musulmana, las comunidades cristianas e hindú también han caído en crímenes semejantes. De hecho, el "honor" (o "ird") de familias, comunidades y tribus trasciende la religión y la misericordia. Pero los grupos defensores de las mujeres, las organizaciones de derechos humanos y Amnesty International indican que la matanza de inocentes por haber "deshonrado" a sus familias crece año a año.

Las mujeres kurdas en Irak y las palestinas en Jordania, Paquistán y Turquía parecen ser las peores infractoras, pero la libertad de prensa en esos países posiblemente compense el secreto que rodea los crímenes por "honor" en Egipto -país que falsamente afirma que no hay ningún caso allí- y en otras naciones de Medio Oriente y el Golfo.

Pero los crímenes de honor ya se propagaron a Gran Bretaña, Bélgica, Rusia, Canadá y otros países. Las autoridades de seguridad y los tribunales de gran parte de Medio Oriente han prestado su connivencia para reducir o derogar las sentencias por el asesinato familiar de mujeres, con frecuencia clasificando los casos como suicidio.

¿Cómo se podría reaccionar ante un hombre -y esto ha ocurrido tanto en Jordania como en Egipto- que viola a su propia hija y después, cuando queda embarazada, la mata para salvar el "honor" de su familia? ¿O ante el caso del turco, padre y abuelo de la provincia de Adiyaman, que en febrero sepultó viva a su hija Medine Mehmik, de 16 años, por "entablar amistad con muchachos"? El cuerpo fue encontrado 40 días después, de cuclillas y con las manos atadas.

¿O ante el caso de Aisha Duhulow, de 13 años, que en Somalia, en 2008, fue arrastrada frente a miles de personas hasta un agujero para ser enterrada hasta el cuello y lapidada por 50 hombres por cometer adulterio?

Al cabo de diez minutos, la desenterraron y, al advertir que aún vivía, fue vuelta a enterrar para continuar la lapidación. ¿Su delito? Había sido violada por tres hombres y, fatalmente, su familia decidió informar el hecho a la milicia Al-Shabab.

¿O el caso del "juez" islámico, también de Somalia, que anunció en 2009 la lapidación de una mujer por haber tenido un affaire ? Su amante sólo recibió un castigo de 100 latigazos.

Para que estos actos -y las víctimas- no sean olvidados, ofrecemos el relato de los sufrimientos de apenas un puñado de mujeres, elegidas al azar, país por país, crimen tras crimen.

En marzo, Munawar Gul baleó y mató a su hermana de 20 años, en Saanga, Paquistán, junto con el hombre del que sospechaba que mantenía "relaciones ilícitas" con ella.

En agosto de 2008, en Beluchistán, cinco mujeres fueron sepultadas vivas por "crímenes de honor": tres de ellas -Hameeda, Raheema y Fauzia- eran adolescentes que, tras haber sido golpeadas y baleadas, fueron arrojadas con vida a una zanja, donde luego fueron cubiertas con piedras y tierra. Cuando las dos mujeres mayores, de 45 y 38 años, protestaron, sufrieron el mismo destino. Las tres más jóvenes habían intentado elegir a sus esposos.
Israr Ullah Zehri, senador y miembro del Partido Nacionalista de Baluchistan, ha justificado ante el Parlamento Pakistaní el acto de barbarie cometido en su región como castigo a su osadía por pretender la libertad de escoger marido y no someterse dócilmente a matrimonios forzosos.
El tipo lo ha justificado alegando que se trata de una benemérita tradición que merece ser defendida y que sólo los inmorales lamentan la existencia de ese tipo de castigos. Así estan las cosas en Pakistan.
En el Parlamento paquistaní, Israr ullah Zehri aludió a los asesinatos como parte de una "tradición de siglos" que él mismo "seguiría defendiendo".

Aún más indignante, la violación también se emplea como castigo en los crímenes de "honor". En 2002, en el Punjab, un "jurado" tribal alegó que un chico de 11 años de la tribu gujar, Abdul Shakoor, había caminado sin compañía con una mujer de 30 años de la tribu mastoi, hecho que "deshonró" a los mastoi.

Los ancianos decidieron que para "devolverle" el honor a la tribu, la hermana de 18 años del chico, Mukhtaran Bibi, debía ser violada grupalmente. El padre de la joven obedientemente llevó a la joven ante este "jurado".

Cuatro hombres, incluyendo un miembro del jurado, la arrastraron hasta una choza y la violaron mientras unos 100 hombres los aclamaban. Pasó una semana antes de que se registrara el delito como "queja".

«Yo, Mukhtaran Bibi, la hija mayor de mi padre, Ghulam Farid, perdí la conciencia de mí misma, pero nunca olvidaré las caras de aquellos brutos. Para ellos, una mujer no es más que un objeto de posesión, de honor o de venganza. Se casan con ella o la violan según su concepción del orgullo tribal. Saben que una mujer humillada así no tiene otra salida más que el suicidio. Ni siquiera necesitan utilizar sus armas. La violación la mata. La violación es el arma suprema. Ni siquiera me pegaron, estaba a su merced de todas formas, con mis parientes bajo su amenaza y mi hermano en la cárcel. No podía librarme y no me libré. Yo no les concedo mi perdón, ni mucho menos, pero intento explicar a los extranjeros, que me acribillan a preguntas, cómo funciona la sociedad del Penjab, una provincia donde el crimen de honor desdichadamente es corriente. He nacido en un país, estoy sometida a sus leyes y no ignoro que, como todas las demás mujeres, pertenezco a los hombres de mi familia, como si fuese un objeto con el que pueden hacer lo que quieran. La sumisión es de rigor. La verdadera pregunta que mi país debe plantearse es muy simple: si la mujer es el honor del hombre, ¿por qué quiere violar o matar este honor?»

Los ataques con ácido también son frecuentes. The Independent consignó en 2001 el caso de Bilal Khar, de Karachi, que le arrojó ácido a la cara a su esposa Fakhra Yunu cuando ella lo dejó para volver a la casa de su madre. El ácido le fundió los labios, le quemó todo el pelo, los pechos y una oreja y convirtió su rostro en "una masa de goma quemada".

Hace más de 10 años, la Comisión de Derechos Humanos de Paquistán registraba un promedio anual de 1000 asesinatos de "honor". Pero si Paquistán parece tener el récord de crímenes de "honor" -y recordemos que muchos países afirman falsamente que no cumplen con esa tradición-, Turquía seguramente ocupa un segundo puesto muy próximo. Entre 2000 y 2006, 480 mujeres -20% de ellas de entre 19 y 25 años- fueron asesinadas por crímenes de honor. Otras estadísticas turcas revelan que por lo menos 200 mujeres son asesinadas por "honor" anualmente. Estas cifras se consideran ahora una enorme subestimación.

Muchos de los asesinatos se produjeron en las áreas kurdas, pero el asesinato de "honor" de mujeres no es exclusivamente un crimen kurdo. En 2001, Sait Kina mató a puñaladas a su hija de 13 años por hablar con chicos en la calle. La atacó en el baño con un hacha y un cuchillo. Cuando la policía halló el cadáver, descubrió que la cabeza había sido tan mutilada que la familia se la había atado con un pañuelo. Kina le dijo a la policía: "Cumplí con mi deber".

Con aceite hirviendo

El activista británico kurdo Aso Kamal, de la Red Dooa Contra la Violencia, cree que entre 1991 y 2007 fueron asesinadas 12.500 mujeres por razones de "honor" solamente en las tres provincias kurdas de Irak. Muchas familias ordenan a las mujeres que se suiciden quemándose con aceite hirviendo.

En los territorios palestinos, Human Rights Watch ha acusado desde hace tiempo al sistema policial y judicial por el fracaso casi total de la protección de las mujeres de las matanzas de "honor". Consideremos, por ejemplo, el caso de la chica de 17 años que en 2005 fue estrangulada por su hermano por haberse embarazado... de su propio padre, que también estuvo presente durante el crimen.

Hasta en el liberal Líbano se han producido asesinatos de "honor", el más notorio el de una mujer de 31 años, Mona Kaham, cuyo padre le cortó la garganta tras enterarse de que había quedado embarazada de su primo. No resulta sorprendente que una encuesta revelara que el 90,7% de los libaneses se oponían a los asesinatos de "honor". Entre los pocos que los aprobaban, varios creían que contribuían a limitar los matrimonios interreligiosos.

Las disputas tribales suelen provocar asesinatos de "honor" en Irán y Afganistán. En Irán, por ejemplo, un funcionario de la provincia étnica árabe de Juzestán afirmó en 2003 que 45 jóvenes habían sido asesinadas en ejecuciones de "honor" en dos meses. Todas fueron ejecutadas porque se negaron a acceder a un matrimonio convenido, por no respetar el código de vestimenta islámico o por tener contacto con hombres.

A través del oscuro velo de los castigos de las aldeas afganas, atisbamos ocasionalmente el terror de las ejecuciones de adolescentes. Cuando Siddiqam, de apenas 19 años, y su novio Jayyam fueron llevados este mes ante un tribunal religioso aprobado por los talibanes en Kunduz, sus últimas palabras fueron: "Nos amamos, pase lo que pase". En la plaza del mercado de Mulla Quli, una multitud -que incluía a familiares de ambos jóvenes- lapidó a ambos.

Y también a "Occidente", como nos gusta llamarlo, las familias inmigrantes han traído a veces, en su equipaje, las crueles tradiciones de sus aldeas: un inmigrante azerí fue enjuiciado en San Petersburgo por contratar a alguien para matar a su hija porque la joven "había desobedecido la tradición nacional" poniéndose una minifalda; cerca de la ciudad belga de Charleroi, Sadia Sheikh fue asesinada de un balazo por su hermano por haberse negado a casarse con un paquistaní elegido por su familia; en Toronto, Kamikar Kaur Dhillon le cortó la garganta a su nuera, Amandeep, porque quería separarse del marido -un matrimonio convenido-. Dhillon le dijo a la policía que esa separación "deshonraría el apellido".

Estos son tan sólo algunos asesinatos, unos pocos nombres, una pequeña selección de historias horrorosas que ocurrieron en todo el mundo, con el propósito de demostrar la penetrante infección de algo que debe reconocerse como un crimen masivo, una tradición de salvajismo familiar que no admite ninguna intervención piadosa, ninguna ley estatal, y que rara vez provoca algún remordimiento.

Traducción de Mirta Rosenberg

© The Independent, distribuido por Universal Uclick
ALGUNOS CASOS KARACHI, PAQUISTAN/2001
Fakhra Khar

Su esposo le arrojó ácido en el rostro después de que ella lo dejó.
LONDRES, GRAN BRETAÑA/2002
Heshu Yones

Fue apuñalada por su padre a los 16 años por tener un novio cristiano.
NINIVE, IRAK
2007/Du?a Khalil Aswad

Fue lapidada a los 17 años por una turba de 2000 personas por enamorarse de un hombre de otra tribu.
KHAIRPU, PAQUISTAN/2008
Tasleem Solangi

Fue acusada a los 17 años de inmoralidad y se la arrojó a los perros antes de ser asesinada por familiares políticos.

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31.7.10

Espeluznante portada de Time: una mujer afgana mutilada, sin nariz ni orejas



La prestigiosa revista publica una impactante portada en la que aparece Aisha, una joven afgana de 18 años a la que los talibán cortaron la nariz y las orejas. La publicación ha justificado la explicitud de su portada, ante la avalancha de críticas.

"Nuestra imagen de la portada de esta semana es poderosa, sorprendente e inquietante". Así comienza el reportaje de Time, que lleva por título "Lo que ocurre si dejamos Afganistán". En ella, vemos a Aisha, afgana de 18 años, que sufrido algunas de las peores torturas que infligen los talibán a sus mujeres.

Según la publicación, la joven quiere que "el mundo vea el efecto que el resurgimiento de los talibán podría tener en las mujeres de Afganistán" y por ello presta su mutilada imagen. Las orejas y la nariz le fueron cortadas por un comandante talibán, cuando trataba de huir de la casa de unos familiares que la maltrataban.

Explican en sus páginas que la intención de Time es cuestionar la posible salida de EEUU de Afganistán, o la negociación con los talibán para alcanzar una paz rápida en el país. Así, poniendo ante los ojos del espectador las prácticas más cruentas de esos terroristas, pretenden alertar del escenario devastador que quedará si finalmente Obama y sus aliados ceden ante las presiones, y decide dar carpetazo a la situación afgana por la vía rápida.

Conscientes del impacto que generaría la imagen de Aisha, en la revista se curan en salud, y argumentan a favor de su publicación: "Pensé mucho sobre si poner esta imagen en la portada de TIME" explica Richard Stengel, editor de la revista. Aclara que: "En primer lugar me aseguré de la seguridad de Aisha, y de que entendía lo que significaría la portada. Ella sabía que se convertiría en un símbolo del precio que tienen que pagar las mujeres afganas por la represiva ideología talibán". Además, confirmó que la joven se encontraba en una localización secreta, protegida por guardias armados, y a la espera de ser operada gracias a la organización humanitaria Grossman Burn Foundation.

Y después, según cuenta, Stengel se topó con las implicaciones éticas y emocionales de publicar una fotografía tan explícita en portada. "Soy muy consciente de que esta imagen quizá sea vista por niños, a los que sin duda les resultará molesto. Por ello, hemos consultado con un gran número de psicólogos sobre su impacto potencial". Así, el editor explica que finalmente, y tras mostrarle la imagen a sus hijos de 9 y 12 años optó por su publicación: "A pesar de todo, le suceden cosas malas a la gente, y es parte de nuestro trabajo explicar a qué se enfrentan. Al final, sentí que la imagen es una ventana a la realidad de lo que está ocurriendo allí – y lo que peude apsar- en una guerra que parece ambigua y nos incluye a todos. Prefiero mostrarles a los lectores la crueldad de los talibanes que hacer que lo ignoren" argumenta.

Aún así, Stengel se disculpa con los lectores que puedan sentirse ofendidos, y deja abierto un foro especial para comentar su opnión acerca de la portada, así como un reportaje en vídeo más extenso que narra la situación de Aisha, y de la mujer afgana en general. En cualquier caso, la publicación ha conseguido relanzar el perenne debate sobre la delgada línea que separa el sensacionalismo de la información en las fotografías periodísticas.

Fuente: Libertad Digital, 31 07 2010

13.3.10

Reflexiones sobre la revolución en Europa (Christopher Caldwell)

Resumen extenso pero didáctico del nuevo y controvertido libro del periodista estadounidense Christopher Caldwell, “Reflections on the Revolution in Europe” a pesar de su extensión y a pesar que muchas estadísticas y datos ya nos resultan iterativos, creo que vale la pena leerlo, nunca está de más recordar la situación en la que se encuentra Europa.

REFLEXIONES SOBRE LA REVOLUCIÓN EN EUROPA

Citando al distinguido estudioso del islam estadounidense Bernard Lewis, Caldwell prevé que a finales del siglo XXI Europa será parte del “occidente árabe"


por Mark Lilla - Para Asteion

Primero que nada, algunas estadísticas:

-De los alrededor de 375 millones de habitantes de Europa, entre 15 y 17 de ellos son musulmanes. Cinco millones viven en Francia, cuatro millones en Alemania y dos en Gran Bretaña. Hay sólo nueve millones de suecos.

-Los musulmanes son un 25 por ciento de la población de ciudades como Marsella y Róterdam, el 20 por ciento de Malmö, el 15 por ciento de Bruselas y Birmingham y el 20 por ciento de Londres. La ratio anual de crecimiento de la población nacida en el extranjero en España es aproximadamente del 22 por ciento. El Consejo de Inteligencia Nacional de Naciones Unidas informa de que en 2025 la población musulmana de Europa se habrá duplicado.

-Una quinta parte de los niños de Copenhague, la mitad de los niños de Londres, un tercio de los niños de París y una cuarta parte de los niños de Milán son hijos de madres extranjeras. Aunque los índices de reproducción de los musulmanes parecen estar descendiendo, son un 50 por ciento más altos que los de los europeos no musulmanes.

-Aunque las vías tradicionales para la inmigración están casi cerradas en la mayoría de países europeos, el número de inmigrantes sigue subiendo debido a las políticas concernientes al asilo político y especialmente a la reunión familiar. La inmigración relacionada con la familia es un 78 por ciento del total en Francia y un 60 por ciento en Gran Bretaña, donde una gran proporción son novias procedentes de Pakistán y Bangladesh. Alemania deja entrar a 25.000 novias al año, sobre todo turcas; la mitad de los hombres turcos buscan novias extranjeras. Un 60 por ciento de las bodas pakistaníes y bangladesíes en Gran Bretaña se conciertan con esposas nacidas en el extranjero.

-Puesto que las economías europeas se han convertido en postindustriales, el desempleo entre los inmigrantes se ha disparado, y con él lo ha hecho la carga que supone para los servicios sociales. En 1973, un 65 por ciento de los inmigrantes en Alemania trabajaban; en 1983, diez años más tarde, sólo lo hacían un 38 por ciento. Dos tercios de los imanes franceses viven del estado de bienestar.

-Un estudio de 2007 indicó que un 31 por ciento de los musulmanes británicos sienten que tienen más en común con otros musulmanes de todo el mundo que con sus compatriotas. Sólo 50 por ciento consideraban a Gran Bretaña “mi país”. Sólo hay 330 musulmanes en las fuerzas armadas británicas.

-Un 85 por ciento de los musulmanes franceses dicen que la religión es muy importante para sus vidas, en oposición a un 35 por ciento de no musulmanes. El 68 por ciento de los turcos alemanes piensan que sólo hay una verdadera religión, mientras que sólo lo piensan un seis por ciento de los alemanes nativos. En 2007, un estudio arrojó que un 53 por ciento de los musulmanes británicos prefieren que las mujeres lleven la cabeza cubierta; las cifras son incluso más altas entre los de 18 y 24 años (74 por ciento). Un 36 por ciento del mismo grupo de edad afirma que la conversión está prohibida y debe castigarse con la muerte.

-Mientras Europa se muestra más abierta a la cultura musulmana, no ha habido reciprocidad en el mundo musulmán. España traduce más libros extranjeros en un año de lo que lo han hecho todos los países árabes desde el siglo IX.

Estas son sólo un puñado de llamativas estadísticas recogidas en el nuevo y controvertido libro del periodista estadounidense Christopher Caldwell, Reflections on the Revolution in Europe. Y aunque algunas de estas cifras han sido puestas en duda o reinterpretadas, la mayoría de ellas son aceptadas incluso por los más duros críticos de Caldwell, aunque tienden a reinterpretarlas y a señalar estudios optimistas sobre la asimilación que Caldwell ignora. Pero el centro de la controversia no son las cifras, sino la propia Europa: su historia reciente, la imagen que tiene de sí misma, sus fortalezas y debilidades, su futuro. Y, sobre estos temas, el libro poderoso, alarmante y en última instancia frustrante de Caldwell tiene mucho que decir. Debido a los recientes debates sobre la inmigración en Japón, vale la pena prestarle atención a este libro.

La historia que cuenta Caldwell es clara. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Europa occidental se convirtió en una sociedad multiétnica “en un ataque de distracción”. Los inmigrantes fueron primero invitados para llenar vacíos temporales en la mano de obra durante la recuperación de posguerra con la idea de que ganarían dinero y después se irían a su casa. Pero la mayoría no lo hizo, especialmente los musulmanes procedentes de Turquía, el Magreb, África y el sur de Asia. Se quedaron y formaron familias a pesar de que hallaron dificultades para integrarse en la sociedad europea. Las encuestas de opinión de un año tras otro han mostrado una persistente aversión a este proceso entre los votantes europeos, pero por una serie de razones –ilusiones acerca de los beneficios económicos de la mano de obra inmigrante, la culpa poscolonial y el miedo a resucitar “viejos demonios” de nacionalismo y racismo que desgarraron Europa en el siglo XX– la inmigración ha continuado. Por elevadas que sean las razones, sostiene Caldwell, los resultados, al menos por lo que respecta a la inmigración musulmana, han sido desastrosos.

Ahora Europa se halla con una población grande y rápidamente creciente de no europeos cada vez más hostiles a las normas básicas de la democracia liberal, y esta hostilidad se traducirá con el tiempo en un poder electoral que podría transformar el continente y hacerlo menos tolerante y libre. Citando al distinguido estudioso del islam estadounidense Bernard Lewis, Caldwell prevé que a finales del siglo XXI Europa será parte del “occidente árabe, del Magreb”.

Éste es el argumento de Caldwell, y se apoya con fuerza en un agudo análisis de las tendencias demográficas. Como ya se ha dicho, el cambio en el paisaje demográfico europeo ha sido enorme en las últimas cuatro décadas, a lo que han contribuido políticas cortas de miras. Ya en los años setenta la mayoría de los países europeos reconocían que los “trabajadores invitados” no se estaban marchando, que sus índices de reproducción eran mucho más altos que los de las poblaciones nativas y que muchos hijos de inmigrantes tenían aún tremendas dificultades para integrarse en la sociedad europea. Un gobierno tras otro en un país tras otro afirmaban que estaban trabajando para ralentizar o detener la inmigración, pero la población no nativa ha seguido creciendo. ¿Por qué ha sido así, se pregunta Caldwell?

Parte de la respuesta tiene que ver con las equivocadas políticas inmigratorias inspiradas por el humanitarismo. La más importante tiene que ver con la reunión familiar. Muchos países de todo el mundo consideran una obligación moral reunir a los inmigrantes con sus esposas, hijos y en ocasiones abuelos; también calculan que la reunión facilitará su integración en la sociedad. Pero ésta no ha sido la experiencia europea con la inmigración musulmana, y la principal razón para ello es la preferencia de muchos musulmanes varones por novias de sus países de origen, mujeres “no manchadas” por la corrupción moral y la libertad que encuentran en las sociedades occidentales modernas. Sus esposas importadas son problemáticas porque por lo general no están educadas y no hablan el idioma de su país anfitrión. Llevan vidas restringidas en casa, con frecuencia están reprimidas o sufren violencia doméstica (o, en los casos más dramáticos, son víctimas de asesinatos de honor) y tienen índices de reproducción muy altos. Su presencia renueva el depósito de inmigrantes desde el fondo, por así decirlo, y retrasa la asimilación de toda la familia. Y, si los hijos varones de estas mujeres buscan a su vez novias de su país de origen, el ciclo continúa y la población inmigrante sigue creciendo apartada. Las cifras son elevadas. Durante los últimos quince años, Alemania ha dejado entrar a medio millón de esposas musulmanas importadas, sobre todo procedentes de Turquía, a pesar de que la política explícita del país ha sido restringir esa costumbre, si no acabar con ella. (En Francia, el problema se ve acrecentado por la práctica común de la poligamia entre los musulmanes africanos.)

Una segunda política equivocada, en opinión de Caldwell, tiene que ver con el asilo político, que, considera, fue hasta hace poco concedido con demasiada frecuencia. Caldwell reconoce el imperativo moral de ofrecer asilo a los que lo buscan de verdad, pero hace hincapié en lo difícil que resulta determinar quién lo necesita en realidad, puesto que los países de origen de quienes buscan asilo son con frecuencia políticamente opresivos, pero también están siempre económicamente estancados. La conciencia sobre la difícil situación de los refugiados creció durante los años ochenta con el éxodo en barco de camboyanos y vietnamitas, y con el colapso de las esperanzas revolucionarias en los años noventa, el apoyo a inmigrantes y buscadores de asilo se convirtió en un rasgo definitorio de la izquierda europea. La hospitalidad es una vieja y noble práctica en la mayoría de las culturas, pero tradicionalmente, sugiere Caldwell, era concedida temporalmente y con la condición de que no se ofendiera al anfitrión. Hoy el asilo es permanente e incondicional.

Había muchas razones para dar asilo en los años noventa, dado el número de refugiados (en su mayoría musulmanes) de crisis políticas en los Balcanes, Irán, Iraq, Somalia y la Turquía oriental. En la última época, sin embargo, los gobiernos europeos han sido más selectivos en la concesión de estatus de asilado, aunque a los que ya disponían de él se les permitió llevarse consigo a otros por las políticas de reunión familiar. Con todo, los campos para grandes grupos de buscadores de asilo siguen existiendo –en el norte de Francia, en las Canarias españolas y en las islas italianas de Lampedusa y Pantelleria. En 2006, 30.000 africanos llegaron en cayucos a las Islas Canarias (y 3.000 murieron en el viaje) y 10.000 llegaron a las islas italianas.

Otra serie de políticas que agravan el problema inmigratorio europeo, sugiere Caldwell, tiene que ver con la vivienda y el desarrollo urbano. Las comunidades inmigrantes están cada vez más segregadas en Europa, las grandes ciudades tienen ahora barrios de inmigrantes que muestran todas las patologías de los guetos negros estadounidenses, como el crimen, el desempleo y una resistencia compartida a la integración social (empezando por la integración lingüística). La situación parece más dramática en Francia, donde en el período de posguerra sucesivos gobiernos llevaron a cabo políticas de vivienda que sacaban de manera efectiva a residentes pobres del centro de las ciudades a modernistas “ciudades radiantes” en la periferia que, por estar apartadas, estaban lejos de las fuentes de trabajo, carecían de su propia base comercial, eran arquitectónicamente brutales, ofrecían pocos espacios para actividades juveniles y cada vez se segregaron más de acuerdo con criterios raciales y étnicos. En los últimos años estas banlieues han sido escenario de terror criminal (incluyendo violaciones sistemáticas) y alzamientos espontáneos contra las fuerzas policiales que dejan a gente muerta y herida y propiedades destruidas. Son islas de miseria que uno no ve cuando visita los distritos históricos de ciudades como París.

Finalmente, hay fuerzas económicas que frenan la asimilación de inmigrantes en las sociedades europeas. Originalmente, por supuesto, los inmigrantes fueron invitados a Europa para que alimentaran el crecimiento económico después de la Segunda Guerra Mundial, lo que por breve tiempo hicieron. Y después su presencia estuvo justificada porque aceptaban “trabajos que nadie más quería hacer” y contribuían al mantenimiento del estado de bienestar ahí donde la población nativa envejecía y no se reproducía. Pero como argumenta convincentemente Caldwell, un importante efecto de toda esta mano de obra barata fue posponer la modernización de las industrias manteniendo la mano de obra artificialmente barata. Había muchos trabajadores para manejar maquinarias atrasadas, y muchos más para trabajar en granjas, atender en restaurantes y mantener la infraestructura europea: sus maravillosos parques, sus grandes ciudades, sus monumentos. Pero la no inversión en investigación y tecnología acabó haciendo que el crecimiento económico se frenara en Europa en los años ochenta, lo que llevó a un estancamiento del mercado de trabajo y el alza del desempleo entre nativos e inmigrantes por igual.

De repente, dada su dependencia del estado de bienestar, los inmigrantes se convirtieron en una carga económica neta, y sus elevados índices de reproducción auguraron una crisis inminente en la financiación de los programas sociales cuando ellos y sus hijos envejecieran. Mientras tanto, países con costes laborales más elevados se vieron obligados a modernizarse en los ochenta, lo que llevó a un crecimiento sostenido en Asia y Norteamérica.

Desde la creación de la Unión Europea las economías de la zona han revivido y (a pesar de la actual crisis) van a crecer, pero los nuevos empleos que producen tienden a estar en sectores postindustriales –tecnología, servicios especializados– y para esos trabajos muchos inmigrantes no pueden competir, dada su insuficiente educación y su falta de dominio del idioma. Incluso la segunda y la tercera generación de inmigrantes permanecen en la base de la mano de obra debido a la falta de educación superior y de dominio lingüístico entre los hombres. (Caldwell señala, y es interesante, que las mujeres inmigrantes con frecuencia salen adelante más fácilmente en la nueva economía si gozan de educación. En las facultades de derecho de Holanda, por ejemplo, hay el doble de mujeres inmigrantes que de hombres inmigrantes.)

El análisis de Caldwell de las fuentes demográficas, políticas y económicas del problema de la inmigración en Europa es atractivo, como han reconocido muchos de sus críticos, aunque ellos saquen conclusiones menos apocalípticas de los datos. Lo que ha hecho que su libro sea controvertido es su afirmación de que Europa está experimentando un incorregible “choque de civilizaciones”, no entre distintas naciones y culturas, sino en el interior de sus propias fronteras entre los nativos (es decir, blancos) y los inmigrantes musulmanes y sus descendientes. Se está desarrollando una batalla por el futuro político y cultural de Europa, y un islam confiado podría pronto amenazar la democracia liberal en la Europa occidental.

Los críticos de Caldwell, por otro lado, están por lo general de acuerdo en que, a pesar de las amenazas terroristas, los musulmanes europeos están encaminándose a la asimilación en sociedades más multiculturales, y que las barreras que quedan son sobre todo culpa de poblaciones nativas xenófobas. Caldwell no acepta esto ni por un momento. No sólo cree que la mayoría de los europeos musulmanes no desean integrarse, sino que en lo básico está de acuerdo con su razonamiento: en la frase más controvertida del libro, declara: “El islam no es en ningún sentido la religión de Europa y no es en ningún sentido la cultura de Europa.” Tomada literalmente, esta afirmación es obviamente cierta; pero tomada como predicción sobre la futura integración de los musulmanes y el islam en la sociedad europea se trata de una afirmación muy contundente, especialmente viniendo de alguien que reconoce que no es estudioso del islam y no sabe árabe. Pero, ingeniosamente, Caldwell no basa su afirmación en algún análisis espurio de la “esencia” del islam, ni relaciona a los musulmanes europeos como un todo con actos de terrorismo y crueldad doméstica. En lugar de eso infiere su conclusión del comportamiento de los musulmanes europeos y de sus puntos de vista expresados en sondeos de opinión. De ahí la importancia de las estadísticas mencionadas anteriormente acerca de las actitudes sobre los países y la religión de sus anfitriones, que son sin duda inquietantes.

Su conclusión es que los musulmanes son distintos de otros grupos inmigrantes debido a la condición del islam contemporáneo, que es cada vez más conservador, intolerante, defensivo y (al mismo tiempo) asertivo en todo el mundo. Después de examinar los datos de las encuestas, lanza contra los musulmanes europeos la misma acusación que en el pasado se lanzara contra los judíos europeos: doble lealtad. Y se defiende por hacerlo.
Lo que hace que el vínculo con el islam contemporáneo sea distinto que el vínculo con el judaísmo o el cristianismo, afirma, es que es más que un vínculo arraigado en el pasado, en la nostalgia: está movido por un programa político que tiene por fin dar forma al presente y al futuro. Esta causa, no la creencia religiosa, se ha convertido en una nueva y peligrosa fuente de identidad compartida.

Es significativo, sugiere Caldwell, que la tercera generación de musulmanes de ascendencia inmigrante tiende más a sostener puntos de vista religiosos conservadores y a identificarse con el islam mundial que la segunda generación. Es también significativo que el islam político se haya convertido en fuente de unidad entre distintos grupos de inmigrantes musulmanes. En el seno de los países musulmanes, y entre ellos, hay mucha tensión y en ocasiones conflictos entre distintas sectas y variantes nacionales de la fe islámica. Pero, entre los inmigrantes europeos, el “islam” se ha convertido en una fuerza monolítica de resistencia a la cultura occidental, el fundamento de una identidad social compartida por musulmanes de África, Oriente Medio y el sur de Asia, sean suníes o chiíes. Lo que uno ve entre los hijos de inmigrantes de tercera generación, dice, no es asimilación sino disimilación inspirada por la causa global de defender al islam.

A esto, los críticos de Caldwell responden que, con el tiempo, el islam europeo se adaptará a la democracia moderna en el siglo XXI como lo hicieron el cristianismo y el judaísmo en el XX. Caldwell considera esas esperanzas de liberalización teológica o “comprensión entre fes” una fantasía peligrosa.
El diálogo religioso requiere reciprocidad, y Caldwell no ve apertura en el islam contemporáneo ni hacia otras fes ni hacia las ideas de la democracia liberal. O, más bien, ve esa apertura limitada a ciertas élites e intelectuales musulmanes, aunque de la mayoría de ellos –como el reformista Tariq Ramadan– desconfía y los acusa de doble juego. En la base, o entre musulmanes educados desafectos, el islam europeo es islamista, y el islamismo es una amenaza para las democracias occidentales mayor de lo que lo fue el comunismo. Es una ideología totalizadora que se ajusta a una amplia gama de quejas, produce solidaridad y es simple, capaz de ser comprendida por cualquiera, de un profesor universitario a un joven descontento de una banlieue parisina. Y, señala de una forma inquietante, probablemente haya más radicales islamistas en Europa hoy que bolcheviques en la Rusia prerrevolucionaria.

Esto es, por supuesto, una comparación absurda sobre la que los críticos de Caldwell se han abalanzado. Los bolcheviques consiguieron el poder por la fuerza, y no hay ninguna perspectiva de golpes de Estado musulmanes en la Europa occidental. La mayoría de los inmigrantes musulmanes, afirman, vienen a Europa o con la esperanza de convertirse en parte de la cultura europea mayor o para mantener sus comunidades étnicas y religiosas en el seno de la estructura de democracias liberales constitucionales que reconocen sus derechos y les dejan en paz. Y, aunque las estadísticas de Caldwell sobre cuestiones demográficas y políticas son por lo general precisas, no logra reconocer que muchos de esos números tienden hacia una misma dirección: los índices de reproducción de inmigrantes están descendiendo lentamente, menos musulmanes europeos asisten a servicios religiosos, etcétera. Caldwell es un escritor serio y debe saberlo, de modo que el lector se queda preguntándose por qué presenta esa visión irremisiblemente parcial del estado actual de los musulmanes europeos, sin reconocer que existen señales esperanzadoras de integración. Es sólo al final del libro cuando descubrimos por qué: el principal objetivo de Caldwell no son los musulmanes europeos, su verdadero tema es el colapso interior de la cultura europea frente a un reto existencial.

Los alemanes, como de costumbre, tienen una excelente palabra para describir la actitud que da forma a todo el libro de Caldwell: Kulturpessimismus, “pesimismo cultural”. Fue una actitud desarrollada por vez primera en la derecha política tras la Revolución francesa, y se convirtió en una importante fuerza intelectual y política en Europa a principios del siglo XX, especialmente en Alemania. El ejemplo clásico de Kulturpessimismus es Der Untergang des Abendlandes, La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, que fue publicado al fin de la Primera Guerra Mundial y fue enormemente influyente en Alemania y más allá de sus fronteras. Spengler retrataba a Occidente como una cultura cansada que había perdido su esencia vital y ya no estaba segura de sus fines. Occidente no estaba derrumbándose ante un reto militar, estaba derrumbándose desde su interior debido al liberalismo, el materialismo, el capitalismo, el socialismo, el pacifismo, el arte moderno y el relativismo cultural. Las grandes culturas, sostenía, se mantienen unidas por una esencia racial; no en el sentido biológico, sino en el sentido tribal de un pueblo que comparte una tierra común, un pasado común y un destino común. Cuando se pierde esa esencia, la cultura se viene abajo.

El libro de Caldwell expresa un pesimismo cultural contemporáneo que, curiosamente, uno raramente se encuentra en la Europa que él ve al borde del colapso. Uno lo encuentra casi exclusivamente entre los neoconservadores estadounidenses con los que está aliado. Caldwell ha trabajado en un buen número de publicaciones neoconservadoras y actualmente es editor senior del Weekly Standard, la revista más influyente de esta familia ideológica estadounidense.
Es central en el pensamiento neoconservador desde los años setenta la idea (derivada de Leo Strauss, entre otros) de que las élites culturales en Occidente lo estaban minando al promover el relativismo cultural en casa y la retirada de la lucha con el comunismo en el extranjero.
Aunque con el colapso del comunismo europeo hace veinte años los neoconservadores perdieron su principal adversario ideológico, el auge del islam radical en la última década los ha resucitado; también ha inspirado nuevas llamadas a que América se imponga a sí misma y sus valores en el mundo y lidere ataques contra aquellos que son “blandos” ante los retos militares y culturales que esta nueva ideología plantea. (A mi modo de ver, este programa para rejuvenecer Estados Unidos por medio de la lucha con un enemigo existencial fue lo que en realidad inspiró la decisión de la administración Bush de derrocar a Saddam Hussein tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.)
Los neoconservadores están profundamente comprometidos con los argumentos acerca de la “guerra contra el terror”, pero hasta ahora tenían poco que decir sobre el reto cultural del islam político, puesto que Estados Unidos tiene, en comparación con Europa, una población musulmana relativamente pequeña y bien integrada.

Volviéndose hacia la experiencia europea con la integración musulmana, con todo, Caldwell ha dado a los neoconservadores el libro que querían y necesitaban sobre la debilidad cultural de Occidente hoy.
Esto no significa que las pruebas y los argumentos que Caldwell muestra no sean convincentes por sí mismos. Los datos demográficos y de sondeos que ha recopilado son sin duda preocupantes, como lo es la falta de disposición que demuestran las élites políticas y culturales europeas para tomar decisiones duras que reconduzcan los problemas.
Señala que, según recientes sondeos, sólo 19 por ciento de los europeos creen que la inmigración ha sido buena para sus países, y que un 57 por ciento creen que hay demasiados extranjeros en sus sociedades. Y justo este noviembre pasado los ciudadanos suizos votaron ampliamente en favor de prohibir la construcción de minaretes en el país. ¿Por qué este escepticismo compartido, y esta absoluta hostilidad, hacia la inmigración no se ha traducido en políticas que controlarían más duramente la inmigración y preservarían la integridad cultural de Europa? Porque, sostiene Caldwell, las élites europeas han criminalizado de manera absoluta la expresión de puntos de vista contrarios a la inmigración, han demonizado a los políticos que los airean y los han acusado de “azuzar el odio”. En países como Francia, Alemania y los Países Bajos el antirracismo se ha convertido en un amplio programa político destinado a que Europa haga penitencia por sus pecados del pasado y a crear sociedades multiculturales con vínculos débiles con sus pasados nacionales.

 Cuando un periódico holandés publicó caricaturas que retrataban a Mahoma bajo una luz satírica y musulmanes de todo el mundo reaccionaron contra ellas, a veces violentamente, amenazando al periódico y a los dibujantes, la opinión de muchos intelectuales y políticos europeos era que debían suprimirse las imágenes, y no defendieron instintivamente el derecho de los periódicos a publicar lo que quieran ni condenaron las amenazas de violencia. (Y resultaron ser veraces: uno de los dibujantes implicados en el incidente escapó por los pelos del ataque mortal de un asesino radical musulmán en la primera semana de enero de este año.)

Y recordemos que en 2006, cuando una ópera alemana que presentaba la obra de Mozart Idomeneo fue amenazada por radicales musulmanes por mostrar la cabeza cortada de Mahoma (y Jesús, y Buda) en el escenario, como se indica en el libreto, las fuerzas de seguridad estatales aconsejaron a la ópera que cancelara la producción, cosa que hizo.

Caldwell recoge muchos sucesos como estos, desde la fatwa contra el novelista Salman Rushdie en 1989 hasta el presente, los cuales, sostiene, demuestran que las élites europeas ya no están dispuestas a defender sus principios políticos y sus valores culturales ante un desafío. Su argumento no es débil.

Pero ¿adónde lleva finalmente? Caldwell podría haberse limitado a escribir un libro que llamara la atención de los europeos sobre sus fracasos a la hora de enfrentarse a los retos y las patologías de la inmigración musulmana masiva, y quizá sugerido políticas prácticas para aliviarlos de algún modo. En ocasiones lo hace.

Señala que aunque Canadá tiene una cuantiosa población nacida en el extranjero (un 20 por ciento), la mayoría se ha integrado con éxito porque Canadá es muy selectiva con respecto a quién deja entrar, y favorece a los que tienen educación, dominan el idioma y tienen perspectivas de empleo; también lleva a cabo comprobaciones económicas, médicas y de seguridad a todos los aspirantes.

Dinamarca, por su parte, ha hecho lo que ha podido para detener la marea de novias extranjeras a través de la estricta política de probar y esperar antes de otorgarles la residencia y negando a la mayoría de ciudadanos daneses menores de 24 años la residencia en el país si están casados con una mujer que no es de la Unión Europea.

Caldwell también elogia los esfuerzos del presidente francés Nicolas Sarkozy (hijo de inmigrantes húngaros) para hacer que Francia sea más hospitalaria con las diferencias culturales mientras, al mismo tiempo, muestra mano dura con el crimen y la necesidad de que todos los inmigrantes y sus hijos se conviertan en ciudadanos de pleno derecho partidarios de los derechos proclamados en la Declaración de los Derechos Humanos y la Constitución francesas. (Incluso ha lanzado una campaña contra la burka, una prenda que cubre todo el cuerpo que algunas musulmanas llevan fuera de casa, con el argumento de que es una señal de opresión y les impide participar igualmente como ciudadanas.) En Sarkozy, Caldwell halla un modelo de líder europeo al que le gustaría ver enfrentándose al problema de la inmigración con humanidad mientras se niega a ceder en los principios políticos básicos de la democracia liberal europea.

Pero Reflections on the Revolution in Europe no acaba con la recomendación de algunas políticas, o con una explicación de avances esperanzadores en políticas de inmigración. Acaba donde probablemente empezó en la mente de su autor, en un profundo Kulturpessimismus. La última frase del libro podría haber sido escrita perfectamente por un spengleriano de principios del siglo XX: “Cuando una cultura insegura, maleable y relativista se topa con una cultura afianzada, segura y fortalecida por doctrinas comunes, es normalmente la primera la que cambia para encajar en la segunda.”


El libro acaba siendo una profecía sobre Europa, una llamada a que ésta se despierte y rejuvenezca, o se prepare para convertirse en “parte del occidente arábico, del Magreb”. También da unas bienvenidas municiones a los neoconservadores estadounidenses en su lucha contra las “élites culturales” occidentales que se niegan a librar la batalla correcta contra el nuevo enemigo. Y, finalmente, nos recuerda con qué frecuencia los argumentos sobre la inmigración están inspirados en ansiedades sobre el objetivo nacional y el destino histórico y no en problemas concretos e inmediatos.~

Traducción de Ramón González Férriz
LETRAS LIBRES

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